Cómo citar
Descargar cita

Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0.
Mostrar biografía de los autores
Artículos más leídos del mismo autor/a
- Miguel Alberto González González, ¿Qué se debe estudiar en psicología, y por qué?, Traducción del texto: “What should psychology study, and why” escrito por Jerome Seymour Bruner , Plumilla Educativa: Vol. 7 Núm. 1 (2010)
- Alba Patricia Aguirre Prada, Miguel Alberto González González, Lenguajes del poder. Algunas consideraciones para el estudio del tipo de sujeto que se le entrega a la sociedad , Plumilla Educativa: Vol. 9 Núm. 1 (2012)
- Miguel Alberto González González, Humanitas demens , Plumilla Educativa: Vol. 25 Núm. 1 (2020)
- Alex Nilson Meneses Oquendo, Bertha Aurora Muñoz Rodríguez, María Cristina Londoño Muñoz, Miguel Alberto González González, Configuraciones de poder en educación superior , Plumilla Educativa: Vol. 7 Núm. 1 (2010)
- Miguel Alberto González González, Deseo y necesidad de mundo: límites y horizontes , Plumilla Educativa: Vol. 5 Núm. 1 (2008)
- Miguel Alberto González González, El Jugador , Plumilla Educativa: Vol. 19 Núm. 1 (2017)
- Miguel Alberto González González, Nadie gana una guerra , Plumilla Educativa: Vol. 16 Núm. 2 (2015)
- Miguel Alberto González González, Conflicto, posconflicto armado , Plumilla Educativa: Vol. 17 Núm. 1 (2016)
- Miguel Alberto González González, Presentación , Plumilla Educativa: Vol. 11 Núm. 1 (2013)
- Miguel Alberto González González, ¿Adiós divino tesoro? , Plumilla Educativa: Vol. 15 Núm. 1 (2015)
Sólo el homo faber se comporta como señor y amo de toda la tierra. Arendt (2012, p. 168). La condición humana.
En lo ordinario o refinado, el faber dedica su ingenio a construir, a elaborar artefactos para su entorno y, como no, en repetidas ocasiones a destruir la naturaleza, al sentirse señor de su espacio, al creerse amo del universo le lleva a comportarse en rasgos devastadores.
Visitas del artículo 716 | Visitas PDF 410
Descargas
- Arendt (2012, p. 168). La condición humana