La estética del horrorismo como portadora de voces silenciadas
La estética del horrorismo como portadora de voces silenciadas
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Algunas constantes identitarias y subjetivas que definen parte de la identidad colombiana devienen de la dieta de miedo a la que ha estado expuesta nuestro país por varias décadas, situación que se reconfigura en las artes, especialmente en la ficción narrativa como amplio campo de significados y símbolos que manifiestan la vida de una nación. “Los ejércitos”, novela del escritor colombiano Evelio Rosero y ganadora del Premio Tusquest Editores de Novela en España 2006, evidencia un sentido profundo de la realidad socio-política violenta que embiste a gran parte del territorio colombiano. Su argumento determina el estado de indefensión y sometimiento de mujeres, hombres e infantes, donde el alucinado horror y la agresión extrema de los grupos armados definen sus vidas cotidianas.
Rosero es contundente al afirmar que en su novela “Los ejércitos” ha decidido hablar “de la situación humana, del civil, del desarmado, en mitad de una guerra degradada”, enfrentándonos así a una historia ficcional donde se cuestiona la ofensa intencional a la dignidad de las víctimas a manos de unos “ejércitos anónimos”, surgidos del Estado o de los rebeldes armados, que simbolizan la violencia unilateral, la fuerza de la desunión y la barbarie. Sus líneas ficcionales da resonancia a voces y silencios que concurren diferentes, y que proceden de lugares donde el dolor, la angustia y la desolación desmontan los discursos políticos, sociológicos o religiosos oficiales, simuladores, en su disonancia lingüística, de la temible verdad que acaba con poblaciones enteras en el territorio colombiano.
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