La crisis ambiental y el neoscurantismo filosófico
La crisis ambiental y el neoscurantismo filosófico
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La crisis del medio ambiente pasa por una serie de circunstancias que los humanos no hemos logrado enfrentar de manera clara, nos ha faltado lucidez, cuando no, osadía intelectual. Un ejemplo de ello es la debilidad de la filosofía para desafiar la problemática mundial en temas ambientales, y parece que estuviera de retorno a lo oscuro de la edad media, donde la filosofía fue evasiva, casi ausente de las discusiones sociales, dando así paso al dogma religioso que supo rodearse de perspectivas y pensadores con rasgos filosóficos. En pleno siglo XXI, las discusiones ambientales pasan por intereses políticos, jurídicos, económicos-científicos, mientras los filósofos se adormitaron, acallaron sus plumas, se escondieron para no dar puntadas decorosas en la discusión. El tema ambiental les preocupa a los demás, pero el pensar filosófico ambiental, tanto en occidente como en oriente es tan escaso, tan pobre como en la edad media lo fue la filosofía para afrontar la arremetida católica en el mundo occidental. De hecho, no se le pide a la filosofía que se convierta en la policía de los saberes, ni en jueza de nadie, misión que bien sabe asumir la epistemología, pero lo que se le exige es no ser inferior a su historia, abrir un espectro de interrogantes que, siquiera, ponga en duda todo el entramado en que se sabe acorralar el pensamiento o el comportamiento de la época. A lo largo de este discurrir se presentan algunas insinuaciones para abordar el tema ambiental que supere la mera curiosidad literaria o la dictadura de lo científico que, en muchos casos, se pliega a los instintos económicos.
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