Vol. 7 No. 1
ISSN: 2619-6336
Enero - Junio de 2024
Tempus Psicológico
ISSN 2619-6336
Nº 7(1), enero-junio de 2024
Revista de la Escuela de Psicología
Facultad de Ciencias Sociales y Humanas
Universidad de Manizales
Visibilidad
Escuela de Psicología
Facultad de Ciencias Sociales y Humanas
Universidad de Manizales
Cra. 9a. No. 19-03. Teléfono 887 9680 - Ext. 1683
E-mail: revistatempuspsicologico@umanizales.edu.co
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Tempus Psicológico es una publicación semestral de la Escuela de Psicología, de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, para la difusión del conocimiento científico relacionado con la Psicología.
Cobertura temática: psicología clínica y procesos de salud, psicología del desarrollo y de la educación, psicología social, psicología para el desarrollo humano y organizacional y todos los demás campos de investigación y acción de la psicología como ciencia y profesión.
Objetivo: difundir la investigación y la reflexión en psicología en la comunidad académica internacional, especialmente en Iberoamérica, y crear escuela de pensamiento en torno a los problemas de las sociedades latinoamericanas.
Público al que se dirige: profesores, estudiantes, investigadores y a todos los interesados en la disciplina psicológica.
Los artículos publicados no constituyen filosofía de la Universidad de Manizales y se publican bajo la responsabilidad de los autores.
Tempus Psicológico
Duván Emilio Ramírez Ospina
Rector
Yamilhet Andrade Arango Giraldo
Vicerrectora
Diego Enrique Ocampo Loaiza
Decano Facultad de Ciencias Sociales y Humanas
Lorena Aguirre Aldana
Directora de la Escuela de Psicología
Tempus Psicológico
Comité Científico
Scientific Comittee
Jaime Alberto Carmona Parra: Psicólogo, Doctor en Psicología Social. Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Manizales.
Florentino Moreno Martín: Psicólogo y Doctor en Psicología. Universidad Complutense de Madrid.
Concepción Fernández Villanueva: Psicóloga y Doctora en Psicología. Universidad Complutense de Madrid.
Paula Luengo Kanacri: Psicóloga: Doctora en Psicología, Profesora Investigadora Facultad de Ciencias Sociales, Escuela de Psicología, Pontifica Universidad Católica de Chile
Alejandro Chávez Rodríguez: Psicólogo, Doctor en Salud Pública, Universidad de Guadalajara (México)
Gladys Adamson: Licenciada en Psicología y Doctora en Psicología Social. Directora Escuela de Psicología Social del Sur. Argentina.
Jesús Morales Bermúdez: Filosofía y Antropología Social y Doctor en Antropología. Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica.
Rodrigo Mazo Zea: Psicólogo y Doctor en Psicología. Universidad Pontificia Bolivariana - Medellín.
Guillermo Castaño Pérez: Médico y Doctor en Psicología de la Salud. Universidad CES - Medellín.
Nelvia Victoria Lugo Agudelo: Psicóloga y Doctora en Ciencias Sociales. Universidad de Caldas.
Tempus Psicológico
Comité Editorial
Editorial committee
Editor
Jaime Alberto Carmona Parra
Coordinador Editorial
Alejandro Londoño Valencia
Asistentes Editoriales
Daniela Amaya Parra
Richar David Londoño
Revisión de estilo y normas APA: María Camila Gómez
Diagramación: Daniela Amaya Parra
7
Tempus Psicológico
Árbitros de este número
Referees of this number
Stefanella Costa Cordella. Universidad Diego Portales. Chile.
Antonio Martín Román. Universidad de Flores. Argentina.
Constanza Álvarez Sánchez. Universidad Javeriana. Colombia.
Laura Cristina Laverde Walter. Universidad CES. Medellin.
Teresita Morfin López. Universidad de Coruña. España.
Alba Del Pilar Vargas Espín. Universidad Técnica de Ambato. Ecuador.
Luis Miguel Sánchez Loyo. Universidad de Guadalajara. México.
Karla Patricia Valdés García. Universidad Autónoma de Coahuila. México.
Isabel Cristina Posada Zapata. Universidad de Antioquia. Medellin.
José Luis Jimenez. Universidad de La Salle. Bogotá.
Carmen Cecilia Caballero. Universidad de Magdalena. Santa Marta.
Andrés Camilo Delgado. Universidad de Manizales. Manizales.
Alejandro Londoño Valencia. Universidad de Manizales. Manizales.
Benilda Layne Bernal. Universidad Católica Luis Amigó. Medellin.
Marco Peña Jimenez. Université Paris Nanterre. París.
María del Pilar Salamanca Santos. Universidad de Ibagué. Tolima.
Tempus Psicológico
Editorial
Conectividad funcional del proceso de apego
Nancy Julieth Zapata Restrepo
Modelo Psicoterapéutico Integrativo de Formulación de Caso en el Contexto Contemporáneo
Integrative Psychotherapeutic Model of Case Formulation in the Contemporary
Context
Juan Carlos Jaramillo Estrada
Relación entre Conducta Suicida y Ansiedad en Estudiantes Universitarios
Relationship between suicidal behavior and anxiety in university students
Eliana Marcela López Arias, Tatiana Correa Becerra, Jaime Alberto Carmona Parra
Secuelas psicológicas en mujeres víctimas de abuso sexual en la infancia. Un estudio de teoría fundamentada.
Psychological sequelae in women victims of childhood sexual abuse. A grounded theory study
Hansel Duque, María Camila Villarreal Díaz, Aileen Karina Torres Solorzano
Abordaje de la conducta suicida por curso de vida: análisis de Caldas y Risaralda para las Rutas Integrales de Atención en Salud.
Approach to suicidal behavior across life course: an analysis of Caldas and Risaralda for the Comprehensive Health Care Routes
Stefanny Carvajal Pulgarín, Isabel Cristina Jaimes Montaña
Análisis de entrevistas cognitivas de la adaptación de la Salzburg Emotional Eating Scale al español
Analysis of cognitive interviews of the adaptation of the Salzburg Emotional Eating Scale to Spanish
Vanessa Monserrat Vázquez Vázquez, Felipe de Jesús Díaz Reséndiz, Lilián E. Bosques Brugada, Karina Franco Paredes
Teachers’ health and the students’ academic achievement: A systematic review of literature
La salud de los docentes y el rendimiento académico de los estudiantes: una revisión sistemática
de la literatura
Mónica Lorena Vargas Betancourt, Ricardo León Gómez Yepes
Validation of the Global Belief in a Just World Scale within the Spanish Population
Validación de la Escala Global de Creencia en un Mundo Justo en población española
Maria Luisa Ríos Rodríguez, Pilar Moreno Jiménez, Bernardo Hernández Ruiz
Perspectivas psicosociales del fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes
Psychosocial perspectives of the phenomenon of psychoactive substance consumption in adolescents
Valentina Valencia Orozco
Guía para los autores
64-85
35-63
Contenido
Tempus Psicológico
86-113
114-138
139-157
12-34
10-11
Tempus Psicológico
158-189
190-216
217-239
240-252
Apreciados autores y lectores, reciban un abrazo caluroso. Presentamos a ustedes este nuevo número 7.1 de la revista Tempus Psicológico. Con nueve artículos académicos que esperamos sean de interés y utilidad en sus búsquedas.
Los temas sobre los que tratan los artículos de este número son: “apego”, “psicoterapia integrativa”, “conducta suicida”, “ansiedad”, “abuso sexual”, “teoría fundamentada”, “infancia”, “adolescencia”, “juventud”, “entrevistas cognitivas”, “salud”, “creencias” “consumo de sustancias”. Sobre la procedencia de los artículos resaltamos dos internacionales (España y México), y siete nacionales: tres de Medellín, uno de Barranquilla y tres de Manizales. Dos de los artículos están en inglés y los otros siete en español.
Tal como lo anunciamos en el número anterior. La editorial de la revista será un espacio abierto para que algunos autores aporten reflexiones tipo ensayo que, desde algún campo de la psicología, aporten a la reflexión de algún aspecto de la vida cotidiana. A continuación, el ensayo de este número.
Los tres dolores del duelo por separación de una relación amorosa
Toda separación de un objeto de amor genera dolor psíquico. La elaboración de este dolor implica un proceso costoso para la subjetividad, que Freud denominó “trabajo del duelo”. En la legislación laboral de muchos países está prevista una licencia para quienes pierden un pariente por fallecimiento, justamente para que puedan dedicar esos días al trabajo del duelo. Quizás algunos duelos por separaciones amorosas deberían contar con licencias similares para que los dolientes pudieran dedicarse a drenar su dolor.
Otro aporte a la elaboración de los duelos por separaciones amorosas es la contribución a la comprensión de los mismos. Cuando comprendemos el origen, desarrollo y pronóstico de algo que nos hace sufrir, no disminuye el sufrimiento en sí mismo, pero si se hace más llevadero y permite que el sufriente se sitúe en una postura activa frente a él.
En todo proceso de enamoramiento y de construcción de una pareja existen tres componentes, que en la separación generan dolores específicos y hacen su aporte particular al dolor del duelo. Son ellos la idealización, el deseo y la imagen de sí. En algunos casos de rupturas intempestivas los tres dolores son simultáneos y cada uno potencia el de los otros dos. En otros casos, sobre todo en las parejas de larga data, se pueden dar de manera sucesiva, lo cual hace que alguno de ellos, incluso todos, puedan pasar inadvertidos.
La idealización es quizás uno de los elementos más genuinos del enamoramiento, es un fenómeno que puede llegar a extremos cercanos a la alucinación. Un ser humano en la cima del enamoramiento puede atribuir al objeto amado toda clase de atributos que nadie más ve en él e ignorar, o disimular, graves defectos que son evidentes para todos los demás. El desenamoramiento viene acompañado con un proceso de des-idealización, que puede ser muy doloroso cuando ocurre por un desengaño repentino, pero que puede pasar casi inadvertido en una pareja de larga data. En este último caso, el paso del tiempo, las pequeñas miserias cotidianas y los desencuentros inevitables de la vida diaria pueden explicar que muchas personas admitan no saber en qué momento dejaron de idealizar a su pareja.
La construcción de una relación de pareja brinda a sus integrantes un contexto propicio para el goce de la vida sexual que puede brindarles importantes experiencias de placer y de realización en esta importante esfera de la vida. Las rupturas fortuitas de parejas con una vida sexual activa suelen privar a los integrantes de la pareja de una fuente de satisfacción que no es despreciable. La interrupción abrupta de una vida sexual activa puede ser vivida como un profundo desgarramiento y las sensaciones concomitantes de displacer, incluso corporal, están a la orden del día. En las parejas de larga data también se puede generar la experiencia de una pérdida progresiva en este campo. En algunos casos esto es vivido dramáticamente por uno o ambos integrantes de la pareja y no pocas veces es compensado por medio de relaciones paralelas abiertas o encubiertas. No obstante, la mayoría de las parejas sobrellevan esta pérdida progresiva sin mayores dramatismos, en algunos casos, incluso, con una cierta indiferencia.
Pero el enamoramiento y la construcción de una relación de pareja también contribuyen a la construcción de la “imagen de sí” de los integrantes de la misma. Ante la pregunta acuciante: “quién soy yo”, la experiencia del amor de pareja contribuye a la construcción de una respuesta que para algunas personas en cierto momento de la vida puede ser fundamental: “yo soy la pareja de X”, “yo soy quien la ama”, “yo soy amado (o amada) por…”.
Cuando se rompe una pareja, de manera repentina o por el efecto del desgaste del tiempo, también hay un dolor por la “imagen de sí” que se pierde, una imagen que incluía en la definición de sí mismo: “ser la pareja de…”. Ciertamente con la ruptura se pueden perder también algunas comodidades, recursos o vínculos asociados a esa persona, pero la experiencia clínica muestra que es la pérdida en el campo de la autoimagen, la que puede implicar importantes sentimientos de angustia y desgarramiento subjetivo. No hay que perder de vista el aporte que en muchos casos hace el narcisismo en este campo, cuando la separación es vivida como una afrenta al amor propio. En síntesis, todo duelo por separación amorosa genera una crisis de identidad, es decir, pone en suspenso la respuesta a la pregunta “quien soy”, con los ingredientes psicosociales y narcisistas asociados.
Lo que resulta particularmente llamativo es que, en muchos casos de duelo por separación de la pareja, el dolor mayor sea el del “duelo por la imagen de sí”. Ocurre particularmente en separaciones de parejas de larga duración en las que la idealización desaparece sin dramatismo, el disfrute de la sexualidad se ve perturbado por contingencias cotidianas, va perdiendo su intensidad y se dirige a otros objetos, pero la pareja sigue junta por razones prácticas, en nombre del amor por los hijos, por costumbre o resignación; y, cuando sobreviene la separación o el divorcio aparece el gran desgarramiento, que no es por la caída del ideal o la privación de la satisfacción sexual, sino por la imagen de sí, por el dolor narcisista, por el malestar que aquí llamamos psicosocial, derivado de las interacciones con parientes y amigos, por la angustia que suscita el no tener una respuesta a la pregunta: ¿quién soy?.
Jaime Alberto Carmona Parra
Editor
Editorial
Tempus Psicológico
Tempus Psicológico
Conectividad funcional del proceso de apego
Functional connectivity of the attachment process
Artículo de investigación
Recibido: 30/03/2023 – Aprobado: 18/10/2023 - Publicado: 03/12/2023
ISSN - 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.4832.2024
F
Nancy Julieth Zapata Restrepo
Tempus Psicológico
Resumen
La seguridad vincular derivada del proceso de apego a la persona significativa ha estado asociado al desarrollo del bienestar psicológico cuando es adecuado, y al riesgo de presentar alguna psicopatología, cuando se ve alterado. Conocer los procesos cerebrales propios del desarrollo del apego y su subsecuente alteración amplía la comprensión del proceso de apego y sus efectos en el proceso vincular en la adultez. Objetivo: Describir los hallazgos recientes sobre el estilo de apego y su correlato con procesos cerebrales. Método: Se efectuó una revisión sistemática de artículos publicados en 2020, 2021 y 2022, fueron seleccionados 13 estudios. Resultados: Se encontró que existen diferencias en la anatomía cerebral de las personas de acuerdo a su estilo de apego; que están implicados en este proceso tanto áreas límbicas como corticales y que el principal neuromodulador es la oxitocina. Conclusión: Se evidencia, además, la importancia de establecer puentes entre los estudios basados en las neurociencias y aquellos ligados a la comprensión de la conducta o procesos cognitivos desde la práctica clínica, con el fin de ampliar y complejizar las construcciones teóricas del proceso de apego.
Palabras Clave: Apego, cerebro, inseguridad en el apego, conectividad cerebral
Abstract
The bond security derived from the process of attachment to the significant person has been associated with the development of psychological well-being when it is adequate and with the risk of presenting some psychopathology when it is altered. Knowing the brain processes typical of attachment development and its subsequent alteration broadens the understanding of the attachment process and its effects on the bonding process in adult life. This study aims to identify recent findings on attachment style and its relationship with brain processes. A systematic review of articles published in 2020, 2021 and 2022 was carried out, 13 studies were selected. It was found that there are variance in the brain anatomy of people according to their attachment style, that both limbic and cortical areas are involved in this process, and that the main neuromodulator is oxytocin. The importance of establishing bridges between studies based on neurosciences and those linked to the understanding of behavior or cognitive processes from clinical practice is evident, in order to broaden and make the theoretical constructions of the attachment process more complex.
Keywords: Attachment, brain, insecure attachment, brain connectivity
Tempus Psicológico
1 Universidad de San Buenaventura. Correo: julieth.zapatarestrepo@gmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3299-2721
Conectividad funcional del proceso de apego
Para citar este artículo
Zapata Restrepo, N. J. (2024). Conectividad Funcional Del Proceso De Apego. Tempus Psicológico, 7(1), 12-34
Nancy Julieth Zapata Restrepo 1
Tempus Psicológico
Peter Fonagy y colaboradores (1993; 2001) definen el vínculo como el proceso psicológico necesario para el crecimiento humano en el transcurso de su ciclo vital, el cual, además, implica una conexión afectiva que puede establecerse con un animal u otra persona y tiene constancia en el tiempo (Repetur & Quezada, 2005). El vínculo está atravesado por emociones, recuerdos, deseos, intenciones y expectativas, favoreciendo la comprensión interpersonal (Main, 1999).
Los procesos vinculares son explicados más claramente a través del concepto de apego propuesto por Bowlby (1969; 1973; 1980; 1989) quien parte de la idea de que las personas crecen en un escenario intersubjetivo, en el cual se gestan conexiones afectivas significativas y de reciprocidad. “Los bebés nacen con una serie de conductas de apego; mediante su mirada, su sonrisa, su llanto, etc. pueden llamar la atención del adulto que los atiende y obtener sus cuidados” (Rosser-Limiñana & Bueno-Bueno, 2011. p 335), de esta manera aseguran la supervivencia (Holmes & Slade, 2017; Fernández, 2022). La repetición de la experiencia de cuidado, otorgado generalmente por la madre o un cuidador principal, hace que el niño configure a este adulto como su figura de apego a quien acude ante situaciones de estrés (Marrone, 2014; Acuña-Bermúdez et al., 2020). Por ello, el bienestar psicológico depende, en gran parte, de la sensación de estabilidad y seguridad otorgada por este vínculo (Molero et al., 2011).
El desarrollo de múltiples investigaciones ha confirmado además la hipótesis de Bowlby, quien señala que para tener una disposición segura en la adultez es necesario tener experiencias de vinculación estables en la infancia, en esa vía tener un apego seguro es factor protector y tener un apego inseguro incrementa la probabilidad de presentar algún tipo de psicopatología en el transcurrir del desarrollo (Allen et al., 2007; Cassidy & Shaver, 2016; Fonagy et al., 1993; Madigan et al., 2020).
El apego ha sido pensado y tipificado de forma dimensional en un rango entre seguridad e inseguridad (Lecannelier et al., 2011) y de forma categorial, entre apego seguro y la tipificación de varios estilos de apego inseguro, diferenciados por las estrategias usadas para la regulación del estrés, estos estilos de apego son: ansioso ambivalente, evitativo y desorganizado (Seitún & Di Bartolo, 2019).
El apego seguro es comprendido como el derivado de un vínculo consistente entre el niño y el cuidador, en el que prima la disponibilidad afectiva y predictibilidad de la figura significativa, generando en el niño la confianza en el otro y la representación de valor de sí mismo (Bowlby, 2005).
En cambio, cuando la relación primaria está marcada por la ansiedad, la sobreprotección y la respuesta del cuidador se hace poco predecible para el niño, la estrategia del niño gira en torno al control de su figura de apego para reducir el riesgo de ser abandonado; esta amenaza permanente deja una huella en la representación del sí mismo del niño, el cual se constituye como devaluado, además necesita una co-regulación constante de parte de otros, a esta estrategia se le ha denominado apego ambivalente (Shaver & Mikulincer, 2010; Villagrán et al., 2022). Por su parte, el apego evitativo, ha sido designado para aquellas personas que privilegian el exceso de auto-regulación, en ellos prima la desconfianza frente a la disponibilidad del otro al que no pueden acudir ya que en su historia vincular el cuidador no estuvo disponible emocionalmente y por ello, vincularse se vuelve amenazante (Elling, et, al., 2022). Por último, el apego desorganizado no tiene una pauta predecible de respuesta ante el estrés, en su configuración psíquica la disociación ha sido la estrategia para conversar la integración yoica, estas personas se han asociado a infancias en las que el cuidador primario representaba la fuente de cuidado y la fuente de peligro al mismo tiempo, razón por la cual mantener dicho objeto disociado protege la parte buena del cuidador (Lecannelier, et al., 2011).
Ahora bien, en la población infantil la inseguridad en el apego está relacionada con problemáticas como el déficit de atención e hiperactividad (Rasmussen et al., 2019), conductas externalizantes como rabietas y actos agresivos, e internalizantes como miedo, ansiedad y depresión (Cooke et al., 2019). Otros estudios señalan que aproximadamente el 83% de los niños con apego inseguro presentan una historia de maltrato de sus cuidadores principales (Berthelot et al., 2015; Özcan et al., 2016).
En la adolescencia, las investigaciones han encontrado una asociación entre el apego inseguro de tipo ansioso y la presencia de fobias, ansiedad, rasgos paranoides (Camps-Pons et al., 2014), conflictos vinculares, rasgos de personalidad dependiente (Bartholomew & Horowitz, 1991; Sherry et al., 2007) y dificultades en la adaptación (McLewin & Muller 2006; Brown & Wright, 2003). Por otro lado, el apego de tipo evitativo es asociado con conductas delictivas, consumo abusivo de sustancias psicoactivas y características de personalidad esquizoides (Allen et al., 2007; Sherry et al., 2007) A su vez, en la adultez, la insatisfacción en la relación de pareja se ha asociado también con la inseguridad en el apego (Marrone, 2009), vinculado al miedo a la intimidad y la ansiedad (Otero-Rejón & 2016; Rivera et al., 2011) Las relaciones construidas por personas con un estilo de apego ansioso han reportado relaciones con la presencia de celos, obsesión y atracción sexual extrema (Guzmán & Contreras, 2012; Martínez et al., 2014). En individuos con una estrategia evitativa la asociación se ha reportado con baja calidad en el vínculo en general (Medina et al., 2016). Ahora bien, mantener un apego seguro, en cambio, se ha correlacionado positivamente con la satisfacción sexual (Rivera et al., 2011) y el bienestar vincular (Vidal-González et al., 2012).
Si bien los estudios sobre el apego se han concentrado en el análisis de la conducta y las cogniciones, conocer el correlato neurobiológico permite una mayor comprensión del fenómeno y favorece el desarrollo de propuestas interdisciplinarias para la intervención de las dificultades derivadas de un proceso de apego inseguro. Aunque la investigación en este ámbito es menor, se observa en aumento en las dos últimas décadas.
Aportes desde la neurobiología, como las realizadas por Cyrulnik (2013), refuerzan el postulado de que, en los años iniciales de la vida, la maduración del sistema nervioso demanda de este vínculo y de la respuesta sensible de quien opere como figura de apego. Las áreas subcorticales y corticales implicadas en el proceso de recompensa, función reflexiva e identificación emocional de los otros permiten el desarrollo del apego en la infancia y posibilitan que este se dé con otros vínculos en el transcurso de la vida (Chambers 2017). En seguimientos longitudinales que se han realizado a personas desde el nacimiento hasta la adultez, se describe la contribución de la oxitocina no sólo en la constitución del apego infantil sino también en la consolidación de vínculos de amistad y de pareja en la adultez (Feldman, 2017). Otras sustancias asociadas al proceso de vinculación son la dopamina y la serotonina (Calixto, 2018).
En esta misma línea, varios estudios de neuroimagen han demostrado que el cuerpo estriado tiene un papel importante en la explicación del apego adulto, con conexiones a otras regiones corticales asociadas a la modulación de la recompensa, la regulación emocional y la función reflexiva (Antonucci et al., 2018; Vrtička & Vuilleumier 2012). Respecto a la inseguridad en el apego, las personas con apego ansioso se relacionaron con una hipersensibilidad a los estímulos emocionales y bajo control desde lo cognitivo (Krause et al., 2018; Schneider-Hassloff et al., 2015). De manera opuesta, la estrategia de evitación del apego se ha conectado con un procesamiento de recompensa social embotado y una alteración en la regulación de emociones displacenteras (Strathearn et al., 2009). En los adultos, los volúmenes de las circunvoluciones temporal media y parahipocampal se asocian con la inseguridad del apego (Zhang et al., 2018).
Lo anterior muestra la importancia de articular a la explicación conductual, cognitiva y emocional del apego, su correlato neurobiológico, y de esta manera ampliar la comprensión de un proceso transversal en diferentes áreas de la vida y con alto impacto en el desarrollo tanto de la salud como de la enfermedad mental, comprendiendo las posibilidades de intervención y de cambio.
Metodología
Esta revisión sistemática se basó en la declaración Preferred Reporting Items for Systematic reviews and Meta-Analyses (PRISMA) (Page et al., 2021). Integra aquellos artículos producto de investigaciones que analizaron el estilo de apego y su relación con los procesos cerebrales.
Criterios de elegibilidad
Los artículos incluidos fueron aquellos que establecen una relación entre procesos cerebrales y el estilo de apego, publicados entre el 2020 y 2022, en inglés y español, con libre acceso para su lectura.
Fueron excluidos los estudios realizados con patologías específicas del desarrollo o neurológicas.
Estrategia de búsqueda
Los artículos se buscaron en tres bases de datos electrónicas: Scopus, Sciencedirect y Google Académico, se utilizó inicialmente como marcador de búsqueda las palabras en inglés: brain AND attachment AND style en el título y resumen, en ese orden y con dichos indicadores booleanos. El proceso de búsqueda comprendió el período de 2020 a 2022, sólo artículos de investigación en inglés y español que tuvieran libre acceso. En la búsqueda inicial se identificaron 138 artículos en Scopus y 136 en ScienceDirect, razón por la que se realiza una delimitación a estilo de apego evitativo como filtro en el cuerpo del texto, para asegurar que el trabajo discriminara entre los estilos de apego, por lo cual la búsqueda final fue: brain AND attachment (en título y resumen) AND avoidant style (en cuerpo del texto), se encontraron 7 artículos en Scopus y 37 en ScienceDirect. Estos artículos, como se había supuesto no se restringían al apego evitativo exclusivamente, pero lograban un trabajo que permitía la diferenciación entre los estilos de apego. Luego se agregaron 7 artículos de Google Académico por búsqueda en títulos y resúmenes que cumplían con los criterios de búsqueda, 5 de estos fueron revisiones sistemáticas que recogían la pregunta de investigación en años anteriores a este estudio, y dos productos de investigación. De estos 52 artículos se excluyeron tres investigaciones realizadas con población autista, dos con epilepsia, uno repetido en ambas bases de datos, de los cuales quedaron 46 artículos. Luego de leer los títulos y resúmenes quedaron 19 artículos que fueron revisados de manera completa; de los textos leídos fueron excluidos 5, quedando 13 artículos usados en el presente estudio. Este proceso puede observarse en la Figura 1.
Figura 1
Proceso de selección de los artículos
Resultados
La producción científica que articula el cerebro y el apego ha tenido un incremento en los últimos años, como ilustración de ello se encontró la siguiente progresión: un artículo publicado por año en Scopus antes del 2000, 4 en el 2009, 9 en el 2014 y 14 en el 2020. Siendo el 76,8% artículos de revista, principalmente de psicología 27,4%, de medicina el 26,3% y de neurociencias un 22,4%.
Los estudios revisados incluyen población infantil y adulta. El procedimiento más utilizado en las investigaciones, específicamente en aquellas que describen características anatómicas y procesos funcionales del cerebro, es la toma de imágenes de resonancia magnética funcional, con muestras que oscilaban entre un número de 31 a 130 participantes de todas las edades. En los estudios que dan reporte de los procesos de neuromodulación se usa un marcador bioquímico, uno de ellos fue el ensayo inmunoabsorbente ligado a enzimas - ELISA para el nivel de reacción en cadena, y otro hizo seguimiento por medio de la actividad electrodérmica.
En los instrumentos usados para evaluar el apego, la más utilizada fue la Escala de Relaciones Cuestionario – RSQ. Entre las tareas más comunes se encuentra el reconocimiento de imágenes y escenas que representan situaciones de estrés y separaciones; sin embargo, hubo un estudio que realizó evaluación tanto en reposo como con estimulación visual. También fue evaluada la sintomatología clínica con diferentes instrumentos.
Tabla 1
Descripción de los artículos incluidos
|
Autor |
Año |
Población |
N |
Tipo de estudio |
Comprensión del Apego |
Evaluación del proceso cerebral |
|
Eun et al. |
2021 |
Niños (9) |
68 |
Transversal |
Dimensional |
Resonancia magnética funcional |
|
Bracht et. al. |
2022 |
Adultos |
66 |
Experimental |
Categorial |
Resonancia magnética funcional |
|
Rogers et al. |
2022 |
Diada madre-niños / preadolescente |
51 |
Longitudinal |
Categorial |
Resonancia magnética funcional |
|
Kalina et al. |
2022 |
Niños (8-12) |
97 |
Longitudinal |
Dimensional |
Actividad electrodérmica |
|
Nasiriavanaki et al. |
2021 |
Adultos |
130 |
Transversal |
Categorial |
Resonancia magnética funcional |
|
Makita et al. |
2020 |
Niños y adolescentes |
25 |
Ensayo clínico |
Categorial |
Resonancia magnética funcional |
|
Nogueira et al. |
2021 |
Adulto mayor |
108 |
Ensayo clínico |
Categorial |
Marcador bioquímico |
|
Yan et al. |
2022 |
Adolescentes |
31 |
Transversal |
Categorial |
Resonancia magnética funcional |
|
Elling et al. |
2022 |
Artículos |
- |
Transversal |
Categorial |
Análisis funcional |
|
Cruz et al. |
2021 |
Artículos |
- |
Documental |
Categorial |
Análisis genético |
|
Valverde-Gómez |
2022 |
Artículos |
- |
Documental |
Dimensional |
Análisis genético |
|
Marsh et al |
2020 |
Artículos |
- |
Documental |
Dimensional |
Análisis genético |
|
Rabasot |
2021 |
Artículos |
- |
Documental |
Dimensional |
Análisis experimentos - hormonas |
De la revisión de los artículos emergen dos categorías; la primera, discrepancias en la conectividad funcional del cerebro entre individuos con apego seguro versus aquellos con apego inseguro, como se puede ver en la Tabla 2; y la segunda, descripción de neuromoduladores asociados al proceso de apego.
Tabla 2
Discrepancias en la conectividad funcional del cerebro entre individuos con apego seguro vs inseguro
|
Diferencias en la conectivida funcional |
|
|
Apego seguro |
Presenta mayor conectividad funcional en la región témporo-límbica. Asociado a la capacidad para dotar de información emocional a las percepciones. Asoció negativamente con la conectividad caudado-prefrontal, pero positivamente con la conectividad putamen-área visual (Jung et al., 2021). Esto tiene incidencia en los procesos de mentalización - las habilidades para comprenderse a sí mismo y a los demás. Mayor conectividad funcional entre la circunvolución parahipocampal y el caudado izquierdo (Jung et al., 2021). Permite la comunicación entre el circuito cortical con los subcorticales. En reposo, presenta mayor conectividad funcional en la corteza temporal medial con el putamen izquierdo, con vóxeles máximos en el polo temporal, el hipocampo, la circunvolución temporal superior y la circunvolución parahipocampal. También se encontró una mayor conectividad en la red visual, con vóxeles máximos en la corteza occipital superior, la circunvolución lingual , el cuneus y el surco calcarino. (Jung et al., 2021). En la red de putamen, el aumento de la conectividad del polo temporal y temporal medial derecho en niños con apego seguro fue significativo después de controlar el coeficiente intelectual, y se extendió a la parte orbital de la circunvolución frontal inferior (Jung et al., 2021).Presenta mayor conectividad funcional en la región témporo-límbica. Asociado a la capacidad para dotar de información emocional a las percepciones., 2021). |
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Apego inseguro |
Presenta deterioro en el funcionamiento de la corteza, lo que marca una tendencia a afectar el juicio de manera que se debilita la capacidad de discernimiento en su cotidianidad (Camacho, et al., 2021) Presenta mayor conectividad entre las circunvoluciones supramarginal y angular derechas y el putamen izquierdo. Lo correlacionó positivamente con las puntuaciones de problemas de atención (Jung et al., 2021). Los adolescentes inseguros exhibieron una activación significativamente mayor en el córtex del cíngulo anterior que se extiende a la PFC dorsomedial y la PFC dorsolateral en respuesta a señales aversivas en comparación con los adolescentes seguros en la condición de solos, pero no durante la presencia de los padres. (la presencia de los padres regula la ansiedad) (Rogers et al., 2022) |
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Disminución en el volumen del hipocampo (Bracht et. al., 2022), lo que se puede asociar con la regulación de estados emocionales y la memoria. En pacientes con depresión se asoció con deterioro de la microestructura de corteza prefrontal (Bracht et. al., 2022). Alteración en las redes amígdala-prefrontal y frontoestriatal ante situaciones de frustración (Yan et al., 2022) |
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Respuesta excesiva de la red sensoriomotora involucrada en la atención de estímulos sociales cerca del cuerpo. la red cortical parietofrontal que responde a los estímulos que están cerca o se acercan al cuerpo (Nasiriavanaki et. al., 2021). Mayor excitación autonómica ante las historias de miedo presentadas (Kalina et. al., 2022). |
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Apego reactivo |
Presentó cambios en la microestructura de la sustancia blanca en todo el cerebro. Mayor FA en el cuerpo del cuerpo calloso y en las llamadas vías de proyección y talámicas, incluyendo la corona radiata anterior, superior y posterior, y en la cápsula interna, en su brazo posterior, asociado a la regulación emocional (Makita et al., 2020). |
Respecto a la segunda categoría, descripción de neuromoduladores asociados al proceso de apego, se resaltan dos, la hormona oxitocina (OT) y el neurotransmisor dopaminérgico (Valverde-Gómez, 2022). La OT predice un apego seguro, y los estilos de apego son predecesores de formación de los rasgos de personalidad (Nogueira, 2021) y, además aumenta la confianza cooperativa, facilita los procesos filiatorios (Marsh et al., 2020) y se asocia con el impulso prosocial y altruista, con empatía emocional en las relaciones sociales y con procesos de mentalización (Rabasot, 2021). La dopamina con su operación en el núcleo accumbens es la encargada de las conductas activas que le permiten al niño buscar al cuidador y reconocer estímulos sociales (Valverde-Gómez, 2022).
El hipotálamo encargado de producir OT, de la mano de la amígdala y el cuerpo estriado se han denominado circuito del apego (Valverde-Gómez, 2022). Áreas límbicas y corticales, en conjunto, desempeñan importantes funciones en la formación de diferentes estilos de apego (Nogueira, 2021) y su alteración se asocia con la presencia de psicopatología (Elling et al. 2022).
Discusión
La revisión realizada muestra un desarrollo cerebral favorable para en las personas con apego seguro en contraste con la alteración de las áreas de regulación emocional cuando se presenta apego inseguro. Las dimensiones de mayor afectación en estos individuos son aquellas relacionadas con los procesos emocionales y la comunicación entre las regiones límbicas y la corteza, aspecto que se explica por la exposición prolongada que tienen los niños que desarrollan apego inseguro a situaciones de estrés mediadas, en muchas ocasiones, de forma inadecuada por el cuidador, lo que contrasta con estudios de años anteriores (Cyrulnik, 2013; Antonucci et al., 2018; Zhang et al., 2018) y explica además las diferencias neuroanatómicas encontradas.
Garciandía (2015) plantea que la mente emerge en el encuentro de dos cerebros, estableciendo la importancia tanto de la explicación biologicista sobre lo acontece con los seres humanos desde los procesos cerebrales y a la vez, rescata la dimensión intersubjetiva más validada por los ambientalistas. Si bien, ha sido un llamado antiguo la importancia de la integración entre las diferentes disciplinas intervinientes en la comprensión y atención de los fenómenos, se pasa constantemente por alto dicha integración. Para entender el impacto de las dimensiones neuro en la acción psicoterapéutica es importante tener en cuenta el reconocimiento y anticipación del impacto de los procesos vinculares en el desarrollo cerebral, aspecto que nos lleva a interrogar la intervención desde la medicalización sin un trabajo paralelo o previo ligado al restablecimiento de los vínculos primarios en el caso de los infantes, o a la reparación de las vulnerabilidades generadas por historias de maltrato o afectaciones vinculares que pueden desencadenar fallos en la constitución cerebral.
La comprensión del correlato neurobiológico y el funcionamiento cerebral de personas con una disposición de apego inseguro, posibilita la construcción de estrategias de intervención ajustadas a las condiciones no sólo de su modelo conductual y cognitivo, sino a los recursos disponibles con los que cuentan estas personas a nivel cerebral. Tanto el establecimiento de metas terapéuticas como el pronóstico deben adecuarse al conocimiento emergente producido por las diferentes disciplinas que estudian actualmente el proceso de apego.
Entre las limitaciones del estudio se encuentra la restricción de la ventana de búsqueda y bases de datos, que se sugiere se amplíe para próximas revisiones.
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Respecto a la segunda categoría, descripción de neuromoduladores asociados al proceso de apego, se resaltan dos, la hormona oxitocina (OT) y el neurotransmisor dopaminérgico (Valverde-Gómez, 2022). La OT predice un apego seguro, y los estilos de apego son predecesores de formación de los rasgos de personalidad (Nogueira, 2021) y, además aumenta la confianza cooperativa, facilita los procesos filiatorios (Marsh et al., 2020) y se asocia con el impulso prosocial y altruista, con empatía emocional en las relaciones sociales y con procesos de mentalización (Rabasot, 2021). La dopamina con su operación en el núcleo accumbens es la encargada de las conductas activas que le permiten al niño buscar al cuidador y reconocer estímulos sociales (Valverde-Gómez, 2022).
El hipotálamo encargado de producir OT, de la mano de la amígdala y el cuerpo estriado se han denominado circuito del apego (Valverde-Gómez, 2022). Áreas límbicas y corticales, en conjunto, desempeñan importantes funciones en la formación de diferentes estilos de apego (Nogueira, 2021) y su alteración se asocia con la presencia de psicopatología (Elling et al. 2022).
La revisión realizada muestra un desarrollo cerebral favorable para en las personas con apego seguro en contraste con la alteración de las áreas de regulación emocional cuando se presenta apego inseguro. Las dimensiones de mayor afectación en estos individuos son aquellas relacionadas con los procesos emocionales y la comunicación entre las regiones límbicas y la corteza, aspecto que se explica por la exposición prolongada que tienen los niños que desarrollan apego inseguro a situaciones de estrés mediadas, en muchas ocasiones, de forma inadecuada por el cuidador, lo que contrasta con estudios de años anteriores (Cyrulnik, 2013; Antonucci et al., 2018; Zhang et al., 2018) y explica además las diferencias neuroanatómicas encontradas.
Garciandía (2015) plantea que la mente emerge en el encuentro de dos cerebros, estableciendo la importancia tanto de la explicación biologicista sobre lo acontece con los seres humanos desde los procesos cerebrales y a la vez, rescata la dimensión intersubjetiva más validada por los ambientalistas. Si bien, ha sido un llamado antiguo la importancia de la integración entre las diferentes disciplinas intervinientes en la comprensión y atención de los fenómenos, se pasa constantemente por alto dicha integración. Para entender el impacto de las dimensiones neuro en la acción psicoterapéutica es importante tener en cuenta el reconocimiento y anticipación del impacto de los procesos vinculares en el desarrollo cerebral, aspecto que nos lleva a interrogar la intervención desde la medicalización sin un trabajo paralelo o previo ligado al restablecimiento de los vínculos primarios en el caso de los infantes, o a la reparación de las vulnerabilidades generadas por historias de maltrato o afectaciones vinculares que pueden desencadenar fallos en la constitución cerebral.
La comprensión del correlato neurobiológico y el funcionamiento cerebral de personas con una disposición de apego inseguro, posibilita la construcción de estrategias de intervención ajustadas a las condiciones no sólo de su modelo conductual y cognitivo, sino a los recursos disponibles con los que cuentan estas personas a nivel cerebral. Tanto el establecimiento de metas terapéuticas como el pronóstico deben adecuarse al conocimiento emergente producido por las diferentes disciplinas que estudian actualmente el proceso de apego.
Entre las limitaciones del estudio se encuentra la restricción de la ventana de búsqueda y bases de datos, que se sugiere se amplíe para próximas revisiones.
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La identificación y clasificación de la realidad no se refiere solo a las personas; la categorización social abarca también a objetos del mundo físico. Llamar ave a todo animal con alas que vuela, o vehículo a todo medio de transporte remite también a un proceso social de ordenamiento y sistematización social de la realidad (Vivas et al., 2020, 2021).
Estos etiquetamientos no son inocuos, ya que crean identidad y pertenencia de grupo (Trepte y Loy, 2017). Por ejemplo, llamar joven o viejo a una persona confiere una identidad grupal, creando expectativas (lo que se espera de esa persona). En el fondo estos etiquetamientos están en la base de las relaciones intergrupales. Las categorías clasificatorias crean identidad: lo que yo soy y lo que el otro es (o sea lo que yo no soy), orientando el comportamiento conmigo mismo y con los demás. Es por esto por lo que puedo reconocer y diferenciar mis pertenencias grupales (endogrupos) de las pertenencias ajenas (exogrupos) (Kawakami et al., 2021).
Las categorías más usuales a la hora de otorgar identidad y clasificar a las personas son, sin duda, el sexo y la edad, pero también juega el aspecto físico, la vestimenta, la actitud psicológica, entre otros, dependiendo del acceso que se tenga (presencia real, imágenes, narrativa verbal). El sexo (en cuanto condición biológica) es una variable dicotómica y relativamente inmodificable a lo largo de la vida. La edad tiene límites menos precisos y es muy variable a lo largo del ciclo vital. En relación con la distinción endogrupo-exogrupo a la que se ha hecho referencia, es importante tener presente que las categorizaciones involucran tanto a la persona que es objeto de estas, como al sujeto perceptor. En otras palabras, las categorizaciones varían según las personas a las que se aplican, pero también dependen de quienes son los sujetos perceptores (Rhodes y Baron, 2019). Es precisamente la interrelación entre sujeto-perceptor y objeto de percepción lo que constituye el eje central de la investigación que se reporta.
Es importante ubicar el presente estudio en el marco del desarrollo de la línea de investigación sobre representación social de las edades de la vida, iniciada hace varios años. La idea de base de este desarrollo es que hay una construcción social de las distintas etapas evolutivas y que dicha construcción depende de la propia etapa evolutiva, o sea que estas representaciones varían según las distintas edades. Esto es así por la condición temporal intrínseca del desarrollo psicobiológico. A medida que las personas avanzan en el desarrollo vital aumenta la temporalidad pasada y disminuye la perspectiva futura, a la inversa de lo que ocurre con el joven, que percibe que le queda mucho tiempo por delante. Pero esta evolución no es lineal. Así, si bien los jóvenes privilegian una temporalidad presente hedonista, sus metas futuras son de plazo relativamente cercano; recién con la adultez esta perspectiva se ensancha, volviéndose a reducir con la vejez, momento donde cobra predominancia la percepción del pasado, sobre todo con una visión centrada en las experiencias placenteras (Baikeli et al., 2021; Gagnon-Harvey et al., 2021; Laureiro-Martinez et al., 2017).
Entendiendo la representación social como un conocimiento pre-lógico, inconsciente, poco sistemático y con una impronta afectiva-emocional, las primeras investigaciones sobre representaciones de la vida apelaron a una técnica muy utilizada en los estudios de representación social: la asociación libre de palabras. Así, en una de las primeras investigaciones (Autor, 2015) se ha comparado el campo semántico resultante de cinco palabras asociadas libremente a las palabras inductoras: niño, joven, adulto, anciano, en una muestra de estudiantes universitarios (18-25 años). Un estudio análogo (Autor, 2016) abordó explícitamente la comparación entre una muestra de jóvenes y una de personas mayores (más de 65 años), permitiendo detectar diferencias perceptuales significativas, entre ellas una visión altamente idealizada que los adultos mayores tienen de los jóvenes y, recíprocamente, una mirada estereotipada de estos respecto a los mayores centrada en los problemas físicos más que en la experiencia de soledad y abandono, que sí reportan los de mayor edad. Como puede presumirse, estas incongruencias afectan negativamente las relaciones intergeneracionales.
En una investigación posterior (Autor, 2022) se agregó una nueva muestra de comparación inter-etaria: adultos (40-55 años). El estímulo inductor fue, en este caso, un set de seis fotos de personas: niña, joven, adulto y anciana (y dos fotos grupales distractoras), debiendo los participantes decir lo que veían, o sea describir el contenido de cada foto. La edad y el sexo fueron las referencias más frecuentes de los tres grupos etarios en las fotos individuales, seguidas de referencias sociológicas (profesión, vestimenta) y psicológicas (actitud, expresión gestual). Se encontraron coincidencias y disidencias, tanto inter-fotos, como inter-grupos etarios. Las disidencias más significativas fueron entre la foto de la anciana y las restantes, y entre la muestra de adultos-mayores y las otras muestras etarias.
En otra investigación (Autor, 2018) se analizaron los criterios clasificatorios de grupos de fotos de ocho personas, manera de constituir dos sub-grupos según un criterio justificatorio, esto en una muestra de jóvenes universitarios. En esta oportunidad se compararon dos condiciones: la mitad de la muestra debía clasificar un set de cuatro fotos de jóvenes y cuatro fotos de adultos, mientras que la otra mitad el set propuesto era de cuatro fotos de jóvenes y cuatro de adultos-mayores. Se solicitaban cuatro criterios clasificatorios. También aquí el sexo y la edad eran los criterios más recurrentes, seguido de criterios sociales y actitudinales. Pero hubo diferencias notorias entre el set jóvenes-adultos y el de jóvenes-adultos mayores, sobre todo en la relación entre sexo y edad como criterio privilegiado, constatándose el predominio del sexo en el primer set, y de la edad en el segundo. Si se tiene en cuenta que el sexo es una constante y la edad una variable, se concluye que esta gana protagonismo en cuanto la diferencia etaria es notoria (set jóvenes-mayores), o sea que la edad juega como criterio clasificatorio central en función de una distancia comparativa relativa (a mayor distancia comparativa, mayor visibilidad del criterio). En otras palabras, la edad juega como criterio identitario-clasificatorio no en sí misma, sino en función de la distancia comparativa (a mayor distancia, mayor predominancia).
Los antecedentes reseñados son el fundamento de la investigación que es objeto de este reporte, que consta de dos fases. Si bien el dispositivo instrumental de la primera fase es análogo al aludido en el párrafo anterior (cuatro criterios clasificatorios de sets de ocho fotos), en esta oportunidad (fase I) se comparan tres muestras de participantes: jóvenes, adultos y adultos-mayores. Aquí también se ofrecen sets que integran fotos de distintas edades; a los referidos sets de jóvenes-adultos y jóvenes-adultos mayores, se incluye además un set de fotos de adultos-adultos mayores. De esta manera se cubren todas las posibilidades de distancia relativa, tanto en lo que hace a las imágenes de los sets, como a la edad de los participantes. Esta mayor complejidad del diseño redunda sin duda en conclusiones más firmes.
La fase II, complementaria de la anterior, implica un diseño muy simple, pero que permite extraer conclusiones valiosas sobre la representación social de cuáles son las etapas de la vida y de sus límites cronológicos. En este caso, se trata de discriminar diferentes grupos etarios reconocibles dentro de un continuum cronológicamente ascendente de siete fotos de personas (de una niña a una anciana), trazando las líneas divisorias pertinentes. También aquí se comparan las respuestas de tres muestras de grupos etarios diferentes (jóvenes, adultos y mayores). Estos interrogantes ya habían sido planeados en el pasado (Autor, 2015), pero ahora se retoma con un dispositivo metodológico muy simple: definir límites etarios en una serie cronológicamente ascendente de siete fotos de personas (de una niña a un anciano).
Fase I
Objetivo
El objetivo de esta fase es determinar cuáles son los diferentes criterios clasificatorios de fotos de personas empleados por diferentes grupos etarios: jóvenes, adultos y adultos-mayores. Obviamente, la hipótesis es que, si bien hay ciertas coincidencias, la propia pertenencia a un grupo etario determina diferencias significativas.
Método
Participantes
Se comparan tres muestras: 183 jóvenes (18-25 años), 266 adultos (40-55 años) y 218 adultos-mayores (más de 65 años). El muestreo fue intencional no-probabilístico. Los participantes, en el primer caso, fueron estudiantes universitarios; los de los otros grupos etarios fue una selección individual libre dentro de su entorno realizada por estudiantes colaboradores independientes.
En la recolección de los datos se siguieron las normas éticas vigentes en la comunidad científica y prescripta por las agencias de acreditación, entre ellas el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Instrumento
Se aplicaron tres sets distintos de ocho fotos de personas (N, R y S), balanceando sistemáticamente en cada uno el sexo, la edad, el aspecto social (vestimenta y rasgos físico-sociales), y el aspecto psicológico (actitud y estado de ánimo). N incluía fotos de jóvenes y adultos; R fotos de jóvenes y adultos-mayores; S fotos de adultos y adultos-mayores. Dentro de cada grupo etario los tres sets fueron aplicados en proporción similar; de todas maneras, las desigualdades relativas fueron controladas a través de un análisis de porcentajes.
Procedimiento
El procedimiento se ajustó a la siguiente consigna: “A continuación se presentan 8 fotos de una serie de personas. La tarea consiste en agruparlas en dos grupos según algo que tengan en común. De hecho, hay diferentes criterios de clasificación. Los grupos no necesariamente deben tener la misma cantidad de fotos. Así, los dos grupos de fotos pueden ser de 4-4, 5-3, 6-2, o 7-1. En la parte para responder hay lugar para formular cuatro clasificaciones, pero no es necesario que hagas esa cantidad si no se te ocurre ningún otro criterio clasificatorio”.
Las respuestas eran anotadas en la hoja de respuesta por el propio participante o por el administrador.
Análisis de datos
Los datos fueron ingresados en una planilla SPSS, utilizándose dicho programa para el análisis descriptivo e inferencial. El análisis prioriza el primer criterio clasificatorio; también se analiza en forma independiente cada uno de los criterios utilizados en las cuatro clasificaciones. Como las tres muestras son de tamaño distinto, el análisis comparativo inter-grupos se realiza en base a porcentajes, al igual que el análisis inter-sets.
Básicamente el análisis compara los tres grupos etarios, rescatando coincidencias y diferencias, discriminando entre los tres sets de fotos (N, R, S). Para facilitar la comparabilidad, además de los valores absolutos, se incluyen los valores relativos (porcentajes).
La lectura de los resultados apunta a detectar tanto tendencias descriptivas, como diferencias estadísticamente significativas; en este caso se recurre a la prueba de chi-cuadrado, apta para variables nominales en muestras independientes.
Resultados
La tabla 1 presenta los valores, absolutos y en porcentajes, de los criterios de la primera clasificación realizada por las tres muestras etarias en cada uno de los sets de fotos (N, R y S). La primera clasificación es la que reviste particular relevancia.
Tabla 1.
Frecuencias (y sus correspondientes porcentajes) de los criterios empleados por la muestra de jóvenes, adultos y adultos mayores en la primera clasificación de los tres sets de fotos.
|
N (N%) |
R (R%) |
S (S%) |
Total Categoría (TC%) |
||
|
Jóvenes |
Sexo |
23 (46.0%) |
9 (17.3%) |
26 (32.1%) |
58 (31.7%) |
|
Edad |
6 (12.0%) |
30 (57.7%) |
18 (22.2%) |
54 (29.5%) |
|
|
Vestimenta |
9 (18.0%) |
2 (3.8%) |
2 (2.5%) |
13 (7.1%) |
|
|
Accesorios |
0 |
1 (1.9%) |
13 (16.0%) |
14 (7.6%) |
|
|
Referencia Social |
3 (6.0%) |
4 (7.7%) |
1 (1.2%) |
8 (4.4%) |
|
|
Referencia Psicológica |
5 (10.0%) |
4 (7.7%) |
15 (18.5%) |
24 (13.1%) |
|
|
Rasgo Físico |
2 (4.0%) |
0 |
4 (4.9%) |
6 (3.3%) |
|
|
Otro |
2 (4.0%) |
2 (3.8%) |
2 (2.5%) |
6 (3.3%) |
|
|
Total Muestral |
50 (100%) |
52 (100%) |
81 (100%) |
83 (100%) |
|
|
Adultos |
Sexo |
47 (63.5%) |
17 (17.0%) |
27 (29.7%) |
91 (34.3%) |
|
Edad |
7 (9.5%) |
51 (51.0%) |
34 (37.4%) |
92 (34.7%) |
|
|
Vestimenta |
7 (9.5%) |
8 (8.0%) |
1 (1.1%) |
16 (6.0%) |
|
|
Accesorios |
0 |
6 (6.0%) |
7 (7.7%) |
13 (4.9%) |
|
|
Referencia Social |
1 (1.4%) |
5 (5.0%) |
4 (4.4%) |
10 (3.8%) |
|
|
Referencia Psicológica |
7 (9.5%) |
6 (6.0%) |
13 (14.3%) |
26 (9.8%) |
|
|
Rasgo Físico |
1 (1.4%) |
1 (1.0%) |
2 (2.2%) |
4 (1.5%) |
|
|
Otro |
4 (5.5%) |
6 (6.0%) |
3 (3.3%) |
13 (4.9%) |
|
|
Total Muestral |
74 (100%) |
100 (100%) |
92 (100%) |
265 (100%) |
|
|
Mayores |
Sexo |
31 (44.3%) |
14 (17.1%) |
13 (19.7%) |
58 (26.6%) |
|
Edad |
6 (8.6%) |
40 (48.8%) |
20 (30.3%) |
66 (30.3%) |
|
|
Vestimenta |
8 (11.4%) |
8 (9.8%) |
0 |
16 (7.3%) |
|
|
Accesorios |
0 |
1 (1.2%) |
1 (1.5%) |
2 (0.9%) |
|
|
Referencia Social |
8 (11.4%) |
5 (6.1%) |
3 (4.5%) |
16 (7.3%) |
|
|
Referencia Psicológica |
8 (11.4%) |
5 (6.1%) |
25 (37.8%) |
38 (17.4%) |
|
|
Rasgo Físico |
6 (8.6%) |
5 (6.1%) |
1 (1.5%) |
12 (5.5%) |
|
|
Otro |
3 (4.3%) |
4 (4.8%) |
3 (4.5%) |
10 (4.6%) |
|
|
Total Muestral |
70 (100%) |
82 (100%) |
66 (100%) |
218 (100%) |
Fuente: elaboración propia.
Resulta evidente que el sexo y la edad son los criterios más utilizados en la primera clasificación por los tres grupos etarios, seguidos de las referencias psicológicas y de las referencias sociales. Los adultos-mayores registran valores más bajos en sexo y más altos en ambos tipos de referencias (chi* p<0,05). Las referencias psicológicas aluden a la expresión de alegría-seriedad y a la actitud personal buena-mala. Las referencias sociales se refieren al nivel social y al tipo de profesión u ocupación. Aquí cabe advertir que la vestimenta (formal-informal) también puede sumarse a las referencias sociales, por cuanto los entrevistados las consideran en general indicadores de nivel social-ocupación.
La discriminación entre los tres sets de fotos es importante porque implican distinto grado de diferencia etaria entre las fotos de cada set y también posibles identificaciones diferenciales entre los sujetos respondientes y las fotos de su misma edad. La distancia etaria entre las fotos es una variable que interactúa con la discriminación por sexo, que es una condición constante. Así, los valores de edad son manifiestamente más altos, en los tres grupos etarios, en R que, en N y S, explicable por la mayor distancia etaria entre las fotos de R. De todas maneras, esta mayor saliencia de la edad en dicho set es mayor en los jóvenes y adultos que en los adultos-mayores (chi* p<0,05).
Si se compara edad con sexo en los tres sets, se advierte que, en los tres grupos etarios, N registra valores significativamente más altos en sexo (respecto a edad), invirtiéndose esta relación en R y presentando un cierto equilibrio en S. En otras palabras, cuando la distancia etaria entre las fotos es mayor (R), la edad prima por sobre el sexo, sobre todo en los jóvenes. En S este predominio se atenúa en general.
La tabla 2 presenta los valores de frecuencia totales de cada uno de los criterios utilizados por las tres muestras en las cuatro clasificaciones, en los tres sets de fotos (N, R y S).
Tabla 2.
Frecuencias (y sus correspondientes porcentajes) totales de cada uno de los criterios empleados por la muestra de jóvenes, adultos y adultos mayores en las cuatro clasificaciones. Sólo se consideran Sexo, Edad, Vestimenta, Referencia social y Referencia psicológica.
|
N (N%) |
R (R%) |
S (S%) |
Total Categoría (TC%) |
||
|
Jóvenes |
Sexo |
35 (70.0%) |
24 (46.2%) |
62 (76.5%) |
121 (66.1%) |
|
Edad |
29 (58.0%) |
46 (88.5%) |
58 (71.6%) |
133 (72.7%) |
|
|
Vestimenta |
34 (68.0%) |
26 (50.0%) |
20 (24.7%) |
80 (43.7%) |
|
|
Referencia Social |
9 (18.0%) |
11 (21.2%) |
10 (12.3%) |
30 (16.4%) |
|
|
Referencia Psicológica |
30 (57.4%) |
22 (36.8%) |
55 (67.9%) |
107 (58.5%) |
|
|
Total Muestral |
50 (100%) |
52 (100%) |
81 (100%) |
183 (100%) |
|
|
Adultos |
Sexo |
63 (85.1%) |
67 (67.0%) |
55 (59.8%) |
185 (69.8%) |
|
Edad |
34 (45.9%) |
87 (87.0%) |
67 (72.8%) |
188 (70.9%) |
|
|
Vestimenta |
61 (82.5%) |
48 (48.0%) |
17 (18.5%) |
126 (47.5%) |
|
|
Referencia Social |
12 (16.3%) |
27 (27.0%) |
24 (26.2%) |
63 (23.8%) |
|
|
Referencia Psicológica |
49 (66.2%) |
35 (35.0%) |
49 (53.2%) |
133 (50.2%) |
|
|
Total Muestral |
74 (100%) |
100 (100%) |
92 (100%) |
265 (100%) |
|
|
Mayores |
Sexo |
43 (61.4%) |
38 (46.3%) |
23 (34.8%) |
104 (47.7%) |
|
Edad |
28 (40.0%) |
69 (84.1%) |
38 (57,6%) |
135 (61.9%) |
|
|
Vestimenta |
34 (48.6%) |
25 (30.5%) |
9 (13.6%) |
68 (31.2%) |
|
|
Referencia Social |
22 (31.4%) |
21 (25.6%) |
16 (24.2%) |
59 (27.1%) |
|
|
Referencia Psicológica |
39 (55.7%) |
39 (47.5%) |
52 (78.7%) |
130 (59.6%) |
|
|
Total Muestral |
70 (100%) |
82 (100%) |
66 (100%) |
218 (100%) |
Fuente: elaboración propia.
Los valores sumados de las cuatro clasificaciones coinciden, en general, con los de la primera clasificación. Los criterios más invocados son sexo, edad, referencia social (incluida vestimenta) y referencia psicológica, con diferencias menos marcadas que las halladas en la primera clasificación, lo cual es esperable tratándose de la suma de las cuatro clasificaciones. Al igual que lo encontrado en la primera clasificación, las frecuencias (porcentajes) de sexo son, respecto a edad, más altas en N que en R, donde la proporción se invierte, registrando S valores intermedios. Esto ocurre en los tres grupos etarios; sin embargo, en el total general de los tres sets, la utilización de la edad y el sexo como criterios clasificatorios es menos frecuente en los adultos-mayores que en los jóvenes y adultos, especialmente en lo que se refiere a sexo (chi* p<0,05). A su vez, las referencias sociales (incluida vestimenta) son más frecuentes en los adultos, a la inversa de las referencias psicológicas.
Discusión
Resulta evidente que la edad y el sexo son los criterios clasificatorios de personas más empleados. Se trata de la inter-relación entre dos tipos de factores: el sexo es una condición constante, en tanto que la edad es una condición variable. Esto determinó que se utilizaran tres sets distintos de fotos en cuanto a la condición etaria, en función de una mayor o menor distancia cronológica entre las personas, manteniendo constante la variabilidad por sexo; pero también los tres sets sirvieron para controlar la posible identificación de la edad de los sujetos encuestados con la de las personas de las fotos; por eso hay fotos de jóvenes, adultos y adultos-mayores en dos de los tres sets.
Los datos muestran que la distancia generacional de las fotos juega un rol determinante en utilizar al sexo o a la edad como criterio clasificatorio prioritario. A mayor distancia cronológica, la edad, como condición variable, aventaja al sexo, que una constante biológica; a menor distancia las proporciones se invierten. En otras palabras, el sexo es más invocado como criterio diferenciador en el set de fotos de jóvenes y adultos (N) que en el de jóvenes y adultos-mayores (R) (chi* p<0,05), a la inversa de lo que ocurre con la edad (chi* p<0,05). Aunque esto ocurre en los tres segmentos etarios, se observa que tanto el sexo como la edad tienen en general, en los adultos-mayores, menor saliencia a la hora de su utilización como criterio clasificatorio (chi* p<0,05). En el caso específico de la edad, los jóvenes y adultos recurren con más frecuencia a esta categoría diferenciadora cuando la clasificación involucra personas mayores (R y S); los adultos mayores lo hacen con menor frecuencia. Se diría que los jóvenes y adultos otorgan más importancia a la diferencia etaria cuando el set de fotos involucra personas mayores.
En cuanto a las referencias sociales (incluida la vestimenta), estas son más frecuentes en los jóvenes y los adultos, lo que puede interpretarse como una mayor propensión a considerar los aspectos que identifican a las personas como actores sociales (nivel social, ocupación), sobre todo cuando tal distinción involucra a fotos de jóvenes y adultos (N). O sea que los jóvenes y adultos apelan más a criterios de clasificación social, especialmente cuando el set es de fotos de personas jóvenes y de adultos. En cambio, cuando el set involucra fotos de adultos-mayores las referencias sociales de estos grupos etarios disminuyen.
Las referencias psicológicas son importantes para los tres grupos etarios, aunque se aprecia una tendencia más acentuada por parte de los adultos-mayores, lo que hablaría de una percepción más aguda de los estados emocionales y actitudinales de las personas.
Estos resultados son ampliamente coincidentes con los hallados en la investigación ya mencionada (Autor, 2018), especialmente en la comparación entre N y R en jóvenes, donde se constató una relación inversa entre sexo y edad en función de la distancia etaria entre las fotos de cada set. En la presente investigación se observa que esta relación, en el caso de los adultos-mayores, es menos extrema. En general, las respuestas de los adultos ocupan un lugar intermedio, en especial en el set S, que incluye fotos de adultos y de adultos-mayores. También en esto los resultados coinciden con los de otra de las investigaciones citadas (Autor, 2022), referida a la descripción de fotos individuales, donde la foto de la anciana recibía, de parte de los jóvenes, mayores frecuencias en edad que la recibida de parte de los adultos-mayores, a la inversa de lo que ocurría con sexo.
En conclusión, la pertenencia etaria genera coincidencia, pero también disidencias en el empleo de los criterios clasificatorios de los distintos sets de fotos. Coinciden en el mayor peso otorgado en general a la edad y el sexo, en primer lugar, y a las referencias sociales y psicológicas, en segundo lugar. Hay también coincidencias que aparecen cuando se analizan las respuestas en función del tipo de set (N, R, S). Aquí la distancia generacional entre las fotos juega en general un papel importante: a mayor distancia, mayor saliencia de la edad por sobre el sexo, y viceversa. Resulta evidente que la variable edad interactúa con la constante sexo, donde la visibilidad de una u otra depende de la distancia etaria de las fotos. Con todo, no es lo mismo la cercanía etaria joven-adulto (N) que la de adulto-adulto mayor (S); la segunda involucra más énfasis en la edad como criterio diferenciador, o sea que la presencia de fotos de mayores otorga más peso a la diferenciación etaria en relación con la diferenciación por sexo.
Dentro de esta discriminación entre N, R y S, los distintos grupos etarios mantienen ciertas diferencias, especialmente entre los jóvenes y los adultos-mayores, donde el peso de la edad y el sexo como criterio diferenciador es menos marcado. En cuanto a las referencias sociales y psicológicas, se constata mayor predominio de las primeras en los jóvenes y adultos, y una cierta tendencia al empleo de referencias psicológicas por parte de los adultos-mayores. Los jóvenes y los adultos serían más proclives a las categorizaciones sociales; los adultos-mayores a las atribuciones psicológicas, aunque este aspecto requeriría mayor profundización empírica.
El mayor mérito de este estudio es haber permitido avanzar, de modo sistemático, en una comparación inter-etaria del proceso de clasificación de personas, apuntando a detectar características descriptivas diferenciadoras. Algunas de estas características son estadísticamente significativas; otras deben ser consideradas indicadores de tendencias que requerirían mayor apoyo empírico. En cualquier caso, todas son relevantes desde un punto de vista teórico para comprender mejor el papel de la edad de pertenencia como variable diferenciadora del proceso de categorización y clasificación social.
Una dificultad encontrada, que marca una limitación, es el tamaño muestral diferente de cada grupo etario y de los distintos sets, lo que obliga a recurrir, en el análisis de los datos, a valores relativos o porcentajes. De todos modos, se prefirió optar por conservar la riqueza del relevamiento antes que recurrir a una homogeneización muestral que implicara prescindir de numerosos casos.
Otra limitación pueden ser ciertos sesgos filtrados en la elección de las fotos de los distintos sets. Por más que se hayan balanceado sistemáticamente los factores más importantes a controlar (sexo, edad, aspecto social, actitud psicológica), resulta difícil controlar la ingerencia de factores espúreos, como por ejemplo los accesorios y ciertos rasgos físicos (peso, cabello); eso demandaría ampliar el espectro de las fotos ofrecidas.
Fase II
Objetivo
Comparar el reconocimiento que los jóvenes, adultos y mayores hacen de los diferentes grupos etarios reconocibles dentro de un continuum de siete fotos de personas cronológicamente ascendente (desde la foto de una niña a otra de un anciano). Se esperan encontrar diferencias significativas entre las muestras.
Método
Participantes
Se comparan tres muestras: jóvenes (93), adultos (149) y mayores (102), todos de nivel socioeducativo medio. La participación fue individual, voluntaria (con consentimiento informado) y anónima.
Instrumento
Una serie de siete fotos cronológicamente ascendente de personas, desde la de una niña hasta la de un anciano.
Procedimiento
Cada participante debía trazar primero una línea vertical divisoria en la serie continua de siete fotos de personas de edad ascendente (de niña a anciano), para formar así dos grupos: las de menor y las de mayor edad. La consigna era: “Divida la siguiente serie de siete fotos de personas de diferente edad en dos grupos. Para ello trace una línea vertical divisoria donde corresponda”.
Inmediatamente debía trazar dos líneas divisorias, diferenciando así tres grupos etarios. Luego trazar tres líneas y, finalmente, cuatro líneas.
Resultados
Las tablas 3, 4, 5 y 6 presentan los resultados obtenidos según 1, 2, 3 y 4 líneas divisorias. Solo se incluyen las frecuencias mayores, con sus respectivos porcentajes. Cuando los porcentajes no alcanzan el 50% se marca una flecha que marca la dirección de la tendencia.
Tabla 3.
División del continuum etario en dos grupos (1 línea), según Jóvenes, Adultos y Mayores (solo se incluyen las frecuencias mayores).
1 2 3 4 5 6 7
Jóvenes 56
N=93 60,2%→
Adultos 63
N=149 42,3%→
Mayores 51
N=102 ←50,0%
Fuente: elaboración propia
Se advierte que los adultos-mayores incluyen la cuarta foto del continuum dentro del grupo más joven, en tanto que los otros grupos, sobre todo los jóvenes, trazan el límite etario más anticipadamente.
Tabla 4.
División del continuum etario en tres grupos (2 líneas), según Jóvenes, Adultos y Mayores (solo se incluyen las frecuencias mayores.
1 2 3 4 5 6 7
Jóvenes 67 72
N=93 72% 77,4%
Adultos 62 86
N=149 41,6%→ ←57,7%
Mayores 49 58
N=102 48,0%→ ←56,9%
Fuente: elaboración propia
Los datos muestran que los jóvenes persisten en el primer límite etario, incluyendo las fotos de la niña, el adolescente y el joven temprano en el primer grupo, mientras que los adultos y mayores trazan el límite a una edad más precoz. En la distinción entre la condición etaria intermedia (segundo grupo) y avanzada (tercer grupo) hay coincidencias entre los tres grupos, si bien hay una tendencia en los adultos y mayores a señalar un límite menos extremo.
Tabla 5.
División del continuum etario en cuatro grupos (3 líneas), según Jóvenes, Adultos y Mayores (solo se incluyen las frecuencias mayores.
1 2 3 4 5 6 7
Jóvenes 70 71 69
N=93 75,3% 77,2% 74,2%
Adultos 87 81 88
N=149 58,8%→ 54,7%→ 59,5%→
Mayores 49 50 55
N=102 ←48,0% 49,0%→ 53,9%→
Fuente: elaboración propia
La mayor diferencia se constata entre los mayores y los restantes grupos, sobre todo los jóvenes. En general, la foto de la niña se diferencia de las restantes. Se reitera en los jóvenes la asociación de la foto del adolescente y del joven precoz, constituyendo un segundo grupo; esta asociación no existe en los mayores, para quienes hay una escisión entre la foto del adolescente y la del joven precoz. También los jóvenes persisten en diferenciar claramente las fotos 5 y 6, dando lugar al reconocimiento de dos grupos etarios distintos; este límite es menos definido en los adultos y los mayores.
Tabla 6.
División del continuum etario en cinco grupos (4 líneas), según Jóvenes, Adultos y Mayores (solo se incluyen las frecuencias mayores.
1 2 3 4 5 6 7
Jóvenes 86 72 55 67
N=93 92,5% 77,4% ←59,1% 72,0%
Adultos 128 88 77 116
N=149 87,1% ←59,9% ←52,4% 79,5%
Mayores 77 56 58 76
N=102 77,0% ←56,0% 58,0%→ 76,0%
Fuente: elaboración propia
Los tres grupos etarios coinciden en reconocer a la foto de la niña y de la anciana (los extremos de la serie continua) como figuras separadas del resto, formando sendos grupos unipersonales. También coinciden en asociar las fotos del adolescente y del joven precoz (sobre todo los jóvenes), constituyendo un grupo intermedio. Por su parte, los adultos-mayores trazan el tercer límite en forma más centrista que los jóvenes y adultos, asociando las fotos 5 y 6 en un solo grupo.
Discusión
En general, las mayores diferencias ocurren entre los jóvenes y los adultos-mayores. Los primeros tienden a percibir como una unidad (vinculación más estrecha) las fotos de la niña, del adolescente y del joven precoz. Los mayores tienen una visión más extendida de la temporalidad juvenil.
En cuanto al segmento de fotos de mayor edad, los jóvenes separan más radicalmente las fotos 6 y 7 del resto, a la inversa de lo que hacen los adultos-mayores. Se diría que estos tienen una visión más centrista, discriminando más equilibradamente los grupos intermedios del continuum; por ejemplo, en la tabla 5 asocian la foto de la niña y del adolescente, y en la tabla 6 las fotos 5 y 6. Los adultos se ubican en posiciones intermedias.
Estos resultados son bastante coincidentes con los hallados por los autores en la fase I de la investigación ya citada (Autor, 2015), donde se encontró que la mayoría de los jóvenes piensan que la juventud termina a los 26 años o antes, y la adultez (o sea el comienzo de la vejez) a los 60 o 65 años. Como se aprecia, los jóvenes definen las fronteras entre etapas del ciclo vital con edades muy precoces. Lo contrario ocurriría conforme se avanza en la edad.
Referencias
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en donde los vínculos conllevan a la interacción y la atracción que surge en una pareja, generando estos una influencia en la elección de la pareja, en el modo de interactuar y en los afectos involucrados en la construcción y consolidación de una relación.
Como ya se ha podido evidenciar, en los resultados obtenidos de la investigación se obtuvo una alta correlación en cuanto al tipo de apego y las actitudes que puede llegar a analizar o a tener en cuenta un individuo para elegir a su pareja, permitiendo esto a la vez que se dé la consolidación de la relación y mayor o menor estabilidad en las mismas de acuerdo al apego establecido.
Conclusiones
En conclusión, teniendo en cuenta los objetivos planteados al principio de la investigación, se logra identificar los tipos de vínculo-apego que establecieron los participantes con sus padres y así mismo se logra identificar los factores que cada individuo tenía en cuenta para elegir a una pareja, para posteriormente relacionar estas dos variables.
Desde lo planteado por Espina (1996 citado por Ferraris, 2015), en el modelo circular-causal, específicamente el nivel de consciencia, se evidencia en todos los sujetos que participaron de la investigación, puesto que tienen en cuenta como base la raza, edad, religión, entre otros. Lo que les permite generar acercamientos para interactuar con las demás personas.
Además se evidencia que existe una relación negativa entre el apego inseguro y la satisfacción de la relación, en donde el efecto es más fuerte en el miembro de la pareja evaluado que en su pareja, aunque también depende de otros factores como la edad, el estado y tiempo de la relación entre otros, según lo planteado por Candel y Turliuc (2019). De la misma manera, se observa el cumplimiento de lo planteado por Ortiz et al. (2019) en cuanto a que las personas con estilos más seguros de apego, presentan menos confusiones emocionales, baja ansiedad y evitación, lo que les permite expresar de mejor manera sus emociones, y también a tener menores niveles de dependencia emocional y mayor estabilidad durante la etapa de noviazgo.
Por otro lado, no se logró evidenciar que los individuos evaluados generan una relación entre las diferentes parejas que han tenido a lo largo de su vida, sin embargo, si se evidencia en el vínculo-apego seguro un nivel de reciprocidad.
Teniendo en cuenta los resultados esperados de la investigación, se puede concluir que se dio cumplimiento con las hipótesis planteadas a lo largo del desarrollo de la investigación, es decir, las personas con un tipo de apego seguro eligen mejor a sus parejas ya que tienen en cuenta el modelo circular-causal. En cuanto a las personas con un tipo de apego inseguro, se logra evidenciar las dificultades para establecer una relación a largo plazo debido al miedo al abandono y esto además, con el hecho de que solo predomina un factor en el momento de elegir pareja.
Limitaciones y recomendaciones
Una limitante a la hora de realizar el estudio fue el difícil acceso a la población participante, puesto que para hacer parte de la investigación, los sujetos debían tener entre 20-40 años, haber tenido pareja al menos una vez en la vida, y haber vivido con ambos padres por lo menos hasta los 16 años.
Recomendamos a otros investigadores que quieran trabajar en esta misma línea, que se enfoquen en buscar más sobre el vínculo-apego y los efectos en las relaciones interpersonales que se forman durante la adultez, y cómo esto se ve relacionado con los fracasos amorosos.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no hay conflicto de interés.
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S11:“Cuando era pequeña, yo a fuerzas quería jugar futbol americano y no me dejaron jugar en el equipo, porque era mujer”.
Cinco mujeres señalaron al comportamiento “femenino” como característica a seguir durante la infancia según los estereotipos de su contexto. Además, su concepto de feminidad ha ido cambiando debido al contacto con otras ideas no tradicionales, así algunas personas de su núcleo primario y contextos familiares profesen ideas tradicionales e influyen considerablemente en sus concepciones sobre la feminidad:
S1: “Mucho tiempo quería ser… una mujer correcta, ‘bien acá’ [De alto valor o reconocimiento social]… pensaba…‘¿qué me iba a decir mi mamá?’… Me acuerdo que hace diez años yo… quería cumplir con el estereotipo como tal de femenino, cien por ciento. Con vestidos… siendo completamente dulce, amable… pero… gracias a la escuela… cambió mucho mi perspectiva de cómo yo era antes y me siento más a gusto. Pienso que de niña hubiera hecho más cosas o hubiera disfrutado más mi infancia, si no hubiera tenido tan arraigados estos estereotipos”
También abordaron el impacto de “los otros” en la feminidad, concordando en que existe un ideal sobre la mujer en cuanto a su físico, radicado en la silueta del cuerpo y los objetos que lo visten:
S8: “Me dijo: ‘Ay, es que mis amigas se arreglan más bonito que tú’, porque sus amigas sí usaban vestido y zapatitos, y yo no. Entonces… qué feo el que estén esperando algo de ti por ser mujer”.
La mayoría asumen el rol de feminidad acorde a los parámetros establecidos en su contexto comunitario y familiar, aunque desearan hacerlo de otras formas. En cuanto a la experiencia individual, destacan cómo los contextos en los que se desarrollan influyen de gran manera en cómo viven y expresan su feminidad:
org/articulos.php?id=202&a=Sexualidad-y-genero-nuevas-perspectivas-en-el-psicoanalisis-
contemporaneo
se muestra en la tabla 2, hubo una mayor representación del sexo femenino, abarcando un 58,7% del total de la muestra, mientras que el masculino conformó el 39,6%; además se presentó un único caso de una persona transgénero, representando el 1,58%.
En cuanto a la edad de los participantes se contó con un 31,7% de adolescentes que se encuentran en los 14 años; 26,9% en los 15 años; 19,4% en los 16 años y 22.2% de la muestra tiene 17 años. Cabe destacar que hubo una alta distribución entre las posibles cuatro edades, resaltando que fueron los adolescentes con 14 años de edad, aquellos con una mayor representación.
Con respecto a la variable de estado civil se evidencia una clara mayoría de adolescentes que se encuentran actualmente solteros, abarcando un 88.8% del total de la muestra, mientras que un 11,1% se encuentra actualmente en una relación de pareja.
En relación con el grado de escolaridad, se encontró que los grados sexto y séptimo representan
Tal como se observa en la tabla 3, los once esquemas cognitivos disfuncionales se presentan dentro de la muestra, en mayor o menor medida, resaltando que el esquema de abandono es el que menor prevalencia demuestra, con solo un 23,81%. Por el contrario, el esquema de inhibición emocional abarca el mayor porcentaje con un 61,9%. Adicionalmente, resulta práctico para el estudio incluir una tabla en la que se evidencie la diferente prevalencia de los esquemas según una de las variables sociodemográficas como el sexo. (Tabla 4).
Tabla 4
Resultados según Sexo, Cuestionario de esquemas de Young, YSQ-L2
|
Esquemas |
Masculino |
Femenino |
||
|
n |
% |
n |
% |
|
|
Abandono |
8 |
53,33 |
7 |
46,67 |
|
Insuficiente autocontrol/autodisciplina |
13 |
43,33 |
17 |
56,67 |
|
Desconfianza/abuso |
12 |
40,0 |
18 |
60,0 |
|
Deprivación Emocional |
11 |
50,0 |
11 |
50,0 |
|
Vulnerabilidad al Daño |
11 |
37,93 |
18 |
62,06 |
|
Autosacrificio |
5 |
22,72 |
17 |
77,27 |
|
Estándares Inflexibles I |
7 |
33,33 |
14 |
66,66 |
|
Estándares Inflexibles II |
7 |
38,89 |
11 |
61,11 |
|
Inhibición Emocional |
16 |
41,02 |
23 |
58,98 |
|
Derecho/Grandiosidad |
4 |
25,0 |
12 |
75,0 |
|
Entrampamiento |
8 |
40,0 |
12 |
60,0 |
Tal como se observa, la distribución en cada esquema cognitivo disfuncional en comparación con ambos se encuentran relativamente igualados, teniendo en cuenta que en la presente investigación hay una mayor representación de mujeres que de hombres. No obstante, resulta importante señalar que el esquema de autosacrificio tuvo la mayor diferencia entre ambos sexos, seguida de derecho/grandiosidad.
Antes de continuar al tema de la comparación entre los esquemas disfuncionales y algunas variables sociodemográficas resulta pertinente mencionar el valor obtenido en cuanto a la consistencia interna del instrumento dentro de la presente investigación. Se obtuvo un Alfa de Cronbach equivalente a 0,9434, lo cual indica que el instrumento posee una gran calidad técnica, ya que se aproxima a 1.
Dicho lo anterior, es momento de abordar el segmento final del apartado de resultados; es decir, la comparación entre los 11 esquemas cognitivos disfuncionales y 4 variables sociodemográficas: sexo, edad, estrato socioeconómico y el hecho de haber repetido alguna vez un grado académico. Para realizar dicha comparación se utilizó la prueba estadística no paramétrica Kruskal Wallis, la cual se fundamenta en el estadístico H, refiriéndose al análisis de prueba de hipótesis en función de la prueba chi χ², a un nivel de confiabilidad del 95%; así mismo, se realizaron pruebas de mínimos cuadrados. En la siguiente tabla, se expresa la comparación entre ambos elementos a través del Valor P, el cual ayuda a diferenciar resultados que son producto del azar del muestreo, de resultados que son estadísticamente significativos. Este valor se obtiene por medio de esta fórmula: Confiabilidad=(1-valor p)*100; el resultado es comparado con los siguientes parámetros: si el valor es mayor o igual a 95%, indica una diferencia significativa; si el valor es mayor o igual a 99%, esto indica una diferencia altamente significativa, y si el valor es menor a 95%; indica una diferencia no significativa. Cabe aclarar que este análisis no pretende correlacionar las variables debido al alcance descriptivo de la investigación; además, debido al reducido número de la muestra no es posible generalizar los resultados. Por lo tanto, la siguiente información funciona únicamente como un medio para mostrar el comportamiento de las variables sociodemográficas con respecto a los esquemas disfuncionales evaluados. (ver Tabla 5).
Tabla 5
Comparación entre los esquemas disfuncionales y algunas variables sociodemográficas
|
Esquemas |
Sexo |
Edad |
Repetición de año |
Estrato |
|
Abandono |
0,56147 |
0,780106 |
0,492046 |
0,303975 |
|
Insuficiente autocontrol |
0,524523 |
0,641204 |
0,0102524 |
0,874609 |
|
Desconfianza/abuso |
0,480473 |
0,994751 |
0,516988 |
0,402012 |
|
Deprivación Emocional |
0,996137 |
0,751774 |
0,380062 |
0,868092 |
|
Vulnerabilidad al Daño |
0,6114 |
0,118123 |
0,423446 |
0,605899 |
|
Autosacrificio |
0,061813 |
0,639292 |
0,7778 |
0,931523 |
|
Estándares Inflexibles I |
0,395177 |
0,140437 |
0,262371 |
0,889059 |
|
Estándares Inflexibles II |
0,961569 |
0,122612 |
0,535885 |
0,661815 |
|
Inhibición Emocional |
0,695218 |
0,993176 |
0,713935 |
0,295697 |
|
Derecho/Grandiosidad |
0,717537 |
0,984057 |
0,847881 |
0,365566 |
|
Entrampamiento |
0,830024 |
0,620185 |
0,36914 |
0,369646 |
Se puede evidenciar en una de las variables un resultado altamente significativo para el esquema de insuficiente autocontrol y su influencia con la variable de si ha repetido algún año, obteniendo un resultado de 0,0102524. Por otro lado, hubo una comparación que marca un indicio de significancia en el esquema de autosacrificio y la influencia del sexo con un resultado de 0,0618135. Sin embargo, no puede ser considerado como tal debido a la falta de una décima para alcanzar dicho objetivo. En lo que respecta a las demás variables con respecto a los demás esquemas se puede establecer que no se encontró influencia significativa entre ellos.
Discusión
Teniendo como base los resultados anteriores, es necesario mencionar que el sexo predominant, fue el femenino con un procentaje del 58.7%. Asimismo, la edad con una mayor prevalencia fueron los adolescentes de 14 años con un porcentaje del 31,7%; el grado con mayor frecuencia fue décimo con un porcentaje del 38,9%. Finalmente, un aspecto significativo en la muestra fue la gran cantidad de adolescentes en estrato 1, con un 30,16%. Ahora bien, después de abordar los datos sociodemográficos se procederá a dar una explicación de cada uno de los esquemas cognitivos disfuncionales evaluados en el Cuestionario de esquemas de Young, YSQ-L2 y su respectivo porcentaje.
En primer lugar, se tiene el esquema de abandono, que hace referencia a la creencia que los demás no pueden dar una ayuda fiable y estable; obtuvo un porcentaje del 23.81%, siendo este el esquema con menor frecuencia; se encuentra en la dimensión de desconexión y rechazo, por lo que se puede concluir que el esquema de abandono se caracteriza por personas las cuales fueron criadas en entornos en donde no hubo alimento, afecto, aceptación, ni estabilidad tanto económica como emocional (Rodríguez, 2009). Es un resultado significativo el que este esquema sea aquel con el menor porcentaje, ya que quiere decir que su crianza se dio en un entorno en donde hubo un adecuado proceso de educación y manejo por parte de sus padres, permitiéndole al menor un espacio de interacción, armonía y cariño al interior del hogar. Además, según Castrillón et al. (2005) este esquema ha sido considerado como un factor de vulnerabilidad en diferentes trastornos psicopatológicos, entre los que se destacan la depresión, la ansiedad social y los trastornos de la alimentación y el trastorno límite de la personalidad, por lo que es un aspecto positivo para la sociedad el que este esquema disfuncional no esté presente en estos adolescentes. Por otro lado, Calvete (2020) menciona que el esquema de abandono puede provocar, en los adolescentes, ansiedad y angustia ante una situación de separación.
En cuanto al esquema de insuficiente autocontrol, se encuentra en personas que no demuestran un autocontrol adecuado; en algunas ocasiones son impulsivos, pueden tener dificultad con la autodisciplina y tener problemas para controlar sus emociones (Rodríguez, 2009). Este esquema tuvo un porcentaje del 47,62%, por lo que tiene una frecuencia significativa en la investigación. Un aspecto a resaltar es que la presencia de este esquema disfuncional ocasiona diferentes comportamientos poco funcionales para las personas, como la ludopatía. Suelen considerar que tienen el control y la razón, de manera que suelen realizar exigencias absolutistas sobre cómo deben ser las cosas, cómo deben comportarse las personas o cómo deben desarrollarse situaciones específicas (Bahamón, 2013).
Es por esta razón que en este estudio se concluyó que uno de los esquemas característicos en este comportamiento son las personas con insuficiente autocontrol; aspecto que se debe prevenir y promover mediante capacitaciones o talleres sobre el manejo y control de estas conductas. Adicional a esto, Gómez (2020), en su investigación con adolescentes entre los 15 y 17 años, plantea tres indicadores característicos de este tipo de esquemas: incapacidad para reprimir impulsos y emociones; evitan la aceptación de responsabilidades, y hay un exceso por ser autocontrolador y autodisciplinado.
Con respecto al esquema de desconfianza/ abuso el individuo espera que las otras personas lo lastimen o se aprovechen de él (Rodríguez, 2009). Este esquema obtuvo un porcentaje del 47,62%. Al igual que el esquema anterior, este también tiene una frecuencia significativa en la investigación, por lo que se llega a la conclusión de que la presencia de esquemas cognitivos disfuncionales son un predictor de la agresión en jóvenes y adolescentes (Mate, 2017). Además, el tener este esquema, también presenta síntomas de ludopatía por lo que es necesario prevenir este tipo de comportamiento futuros en los adolescentes. Por otro lado, Urbiola et al (2019) encontraron, en su investigación con población entre los 13 y 31 años, que el esquema de desconfianza/ abuso está claramente correlacionado con la dependencia emocional.
En relación con el esquema de deprivación emocional este refleja la idea de que no es posible lograr una necesidad de apoyo emocional (en relación con la alimentación, la empatía y la protección) (Castrillón et al., 2005). Dicho esquema tuvo un porcentaje del 34,92%, lo que significa que no está tan marcado en los adolescentes; sin embargo, es importante prevenir algún tipo de comportamiento futuro en algunos adolescentes que presentan este esquema. Según (Bahamón, 2013) la deprivación emocional se relaciona con la creencia de que el deseo de lograr un grado normal de apoyo emocional no será adecuadamente satisfecho por los otros. Contemplando tres dimensiones de la privación: privación de cuidados (ausencia de atención, afecto, calidez o compañía), privación de empatía (ausencia de comprensión, escucha, apertura o de intercambio mutuo por parte de los otros) y privación de protección (ausencia de fortaleza, dirección o guía). Por esta razón, a pesar de que no tuvo una frecuencia significativa en la investigación, sí es necesario adoptar medidas de prevención con el propósito de anticipar posibles comportamientos disfuncionales en los adolescentes en su futuro. Según Urbiola et al. (2019) este esquema está también directamente relacionado con la dependencia emocional en adolescentes y jóvenes.
En cuanto al esquema de vulnerabilidad al daño hace referencia a que las personas esperan tener experiencias negativas que no pueden controlar, tales como crisis médicas, emocionales o naturales (Castrillón et al., 2005). Gómez (2020) menciona algunos indicios de comportamientos de adolescentes con este esquema: temor constante por sucesos inesperados, preocupación excesiva y ataques de ansiedad. Este esquema tuvo un porcentaje del 46,03% también tiene una frecuencia significativa en la investigación. Al encontrarse la presencia de este esquema, existe una creencia que se dirige hacia la anticipación de catástrofes inminentes e incontrolables. Estas anticipaciones se centran en uno o más de los siguientes aspectos: catástrofes médicas (por ejemplo: ataques cardíacos, cáncer, SIDA), catástrofes emocionales (por ejemplo: volverse loco, indigente o perder el control) y catástrofes externas (ejemplo: fallas en elevadores, ser atacado por criminales, accidentes aéreos, terremotos, etc.) (Bahamón, 2013).
Por último, se encuentra entrampamiento, el cual Castrillón et al. (2005) definen como una implicación y cercanía emocional con personas significativas para el individuo, que termina por limitar la individuación completa y una vida social normativa. Este esquema disfuncional logró abarcar al 31,74% de los adolescentes; implicando, con frecuencia, creencias de no poder sobrevivir sin el otro, sentimientos de fusión, e incluso llegando a cuestionar la propia individualidad. Así mismo, se ha ubicado como un predictor de agresividad y dependencia emocional en adolescentes, tal como un esquema asociado con la ludopatía (Estévez y Calvete, 2007; Mate, 2017; Gómez, 2020).
Una vez expuesto lo obtenido en cada uno de los esquemas cognitivos disfuncionales, se procede a profundizar en la comparación de dichos esquemas con respecto a las variables de sexo, edad, estrato socioecónomico, repitencia de algún grado escolar y la composición familiar. Teniendo en cuenta lo mencionado en el apartado de resultados, resulta claro que solo hubo una influencia significativa entre la variable repetir grado escolar y el esquema de insuficiente autocontrol; los demás esquemas y variables no presentaron dicha influencia.
Tal como se mencionó anteriormente, se obtuvo una influencia altamente significativa; este resultado se ve sustentado por Castrillón et al. (2005) cuando afirman que las personas con poco autocontrol se caracterizan por darse a impulsos positivos como el disfrute, afecto, juego, excitación sexual; siendo común encontrar que la persona pone un énfasis excesivo en las emociones y desprecia la racionalidad; puesto que los estudiantes que suelen repetir algún grado en su escolaridad no poseen control sobre sus propias conductas y decisiones, afectando su proceso de aprendizaje e interacción con los demás adolescentes. Así mismo, Iturregui (2017), en su investigación, encontró que el exceso de indulgencia y falta de dirección se logra evidenciar en creencias de superioridad, impulsividad y poco autocontrol, por lo que se concluye que esto está directamente vinculado con la dependencia emocional. Por esta razón, se permite vincular lo obtenido en el estudio de Iturregui con los resultados de la presente investigación. Asimismo, es importante resaltar que el esquema de insuficiente de autocontrol fue el único con el que el repetir algún grado escolar tuvo una influencia significativa.
En lo que respecta a la variable sexo no se obtuvo ningún tipo de influencia significativa con respecto a los 11 esquemas cognitivos disfuncionales. Tal como en este estudio, Iturregui (2017) tampoco obtuvo una relación entre las dimensiones las cuales componen los esquemas disfuncionales tempranos y la variable de sexo. Por el contrario, Mate (2017) logró evidenciar que los hombres tienen mayores puntuaciones en los esquemas cognitivos de deprivación emocional, estándares inflexibles I, inhibición emocional y derecho, mientras que las mujeres tienen mayores puntuaciones en los esquemas cognitivos de abandono y autosacrificio. Con respecto a este último cabe destacar que se obtuvo un breve indicio de relación con el sexo femenino; no obstante, no fue lo suficientemente sustancial para que marcara esta influencia.
Al igual que el sexo, tampoco se encontró una relación entre los esquemas disfuncionales y la edad. Sin embargo, en otras investigaciones como en Iturregui (2017) se logra demostrar una influencia entre ambas variables. En este caso se observó que la dimensión de desconexión y rechazo está especialmente presente en evaluados de 18 años, mientras que en la dimensión de tendencia hacia el otro son los adolescentes de 17 años y 19 años quienes presentan mayor prevalencia. Siguiendo estos resultados, se puede apreciar que la dimensión sobrevigilancia e inhibición se presenta en las diversas edades, especialmente a los 17 años, seguidos por aquellos que tienen 19 años. En el estudio de Flores y Vilca (2017) con adolescentes de 15 a 17 años hallaron que el esquema disfuncional prevalente es deprivación emocional. Adicionalmente, Mate (2017) en su estudio con menores de 12 a 18 años, encontró que los esquemas de insuficiente autocontrol, desconfianza/abuso, privación emocional, autosacrificio, vulnerabilidad al peligro, inhibición emocional y derecho, pueden asumir diferencias significativas teniendo en cuenta la variable edad. Cabe mencionar que un posible motivo para la ausencia de influencia entre ambas variables puede deberse a la reducida muestra de este estudio.
Como tercera variable se encuentra el estrato socioeconómico, en el cual no se halló una influencia con respecto a los diferentes esquemas cognitivos, y tampoco fueron encontrados antecedentes que exploraran esta variable y la compararan con los esquemas antes mencionados. Por lo tanto, no se cuenta con literatura suficiente relacionada con el tema, por lo cual se recomienda a futuros investigadores explorar esta variable y su posible impacto en futuros estudios.
Finalmente, se rescata la variable composición familiar, la cual, pese a no haber sido tenida en cuenta a la hora de contrastar datos sociodemográficos con esquemas disfuncionales, es relevante, puesto que existen antecedentes que obtuvieron resultados en torno a ella. En cuanto a esto, Iturregui (2017) destacó la existencia de una relación entre los esquemas disfuncionales tempranos y la dependencia emocional en todos los tipos de composición familiar.
Conflicto de interés
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
Conclusiones
Con respecto al objetivo general de la presente investigación, se concluyó que los principales esquemas cognitivos disfuncionales presentes en los 63 adolescentes de 14 a 17 años, que participaron en el presente estudio, de mayor a menor porcentaje, son: inhibición emocional, insuficiente autocontrol/ autodisciplina, desconfianza/abuso, y vulnerabilidad al daño. Finalmente, el esquema cognitivo disfuncional con menor porcentaje fue el de abandono. Por lo tanto, resulta clara la necesidad de desarrollar nuevas estrategias de intervención que se orienten hacia el correcto manejo de este tipo de sesgos cognitivos en la población objeto de estudio, ya que los esquemas antes mencionados pueden terminar por desencadenar comportamientos desadaptativos que terminan por afectar el diario vivir de cada uno de los participantes de la investigación.
Dentro de los resultados obtenidos, es necesario resaltar los esquemas cognitivos disfuncionales con una mayor representación dentro de la muestra del estudio. En primer lugar se ubica el esquema de inhibición emocional. Se logró evidenciar que los adolescentes de la muestra obtuvieron un puntaje significativo de 61,9% en dicho esquema, siendo el de mayor prevalencia; se puede correlacionar con conductas desadaptativas tales como ludopatía, agresión y rasgos de la personalidad por evitación (Estévez y Calvete, 2007; Mate, 2017; Jovev y Jackson, 2004; Gómez, 2020). Por ello es importante prestar mayor atención a las características de este esquema en futuras investigaciones y propuestas de intervención, a la hora de trabajar con este tipo de población en la región.
Sin embargo, inhibición emocional no es el único esquema con una alta representación dentro de la muestra; este fue seguido por insuficiente autocontrol. Las características principales de este esquema son: incapacidad para reprimir impulsos y emociones, evitan la aceptación de responsabilidades, y hay un exceso por ser autocontrolador y autodisciplinado (Rodríguez, 2009). Teniendo en cuenta el carácter disfuncional de dicho esquema y su alta representación dentro de la muestra, se llega a una conclusión similar a la de Bahamón (2013) y Gómez (2020) de tener en cuenta este esquema a la hora de realizar planes de intervención en población adolescente, debido a sus características inherentes.
Del mismo modo, la desconfianza/abuso también se presentó en los adolescentes, siendo un resultado coherente con otras investigaciones similares en Mate (2017), el cual halló una alta representación del presente esquema en adolescentes españoles entre los 12 y 18 años, así como por Urbiola et al (2019) en personas entre los 13 y 39 años. Por lo tanto, resulta evidente la necesidad de considerar el esquema de desconfianza/abuso como una problemática de alta importancia y alto impacto en la muestra de la presente investigación.
Cómo último esquema relevante, dentro de los resultados obtenidos, se encuentra vulnerabilidad al daño. Este se refiere a que las personas esperan tener experiencias negativas que no pueden controlar, tales como crisis médicas, emocionales o naturales (Castrillón et al., 2005), se puede asociar con las características del momento del ciclo vital que representa la adolescencia. En consecuencia, es pertinente involucrar el manejo de este esquema en futuros estudios y procesos de intervención en adolescentes de la muestra seleccionada.
En lo que respecta a los siete esquemas restantes, a pesar de tener una representación menor que los esquemas mencionados previamente, aun así, representan un factor de riesgo para los adolescentes involucrados en la investigación. De modo que no es viable ignorarlos en futuras investigaciones ni propuestas orientadas a la promoción de la salud y prevención de la enfermedad.
En relación con las características sociodemográficas, es necesario mencionar que el sexo predominante en esta investigación fue el femenino; asimismo, la edad con mayor prevalencia fueron los adolescentes de 14 años. Por otro lado, el grado con mayor frecuencia fue décimo; y finalmente, un aspecto significativo en la muestra fue la gran cantidad de adolescentes en estrato uno. Es conveniente aclarar que la muestra de este estudio no es lo suficientemente amplia como para generalizar los datos obtenidos a todos los adolescentes de 14 a 17 años en Armenia; sin embargo, se espera que puedan funcionar como un referente para futuras investigaciones que pretendan trabajar con esta población en el departamento del Quindío.
Tal como lo plantea Jeffrey Young, la adolescencia es aquella etapa del ciclo vital donde se decidirá el rumbo futuro de los esquemas cognitivos disfuncionales aprendidos durante la infancia. Por lo tanto, es importante conocer qué tipos de esquemas presentan los adolescentes en los contextos específicos para así poder orientar, de mejor manera, programas y actividades orientados a la promoción de la salud y prevención de
Puesto que la presente investigación tiene un alcance descriptivo, es inviable establecer correlaciones o relaciones causales entre los 11 esquemas disfuncionales y las variables sociodemográficas abordadas. No obstante, esto no descarta la posibilidad de establecer comparaciones entre ambas, llegando a la conclusión de que entre la muestra abordada solo existe una relación significativa, la cual es entre el haber repetido un grado escolar y el esquema de insuficiente autocontrol; mientras que todas las demás no lo fueron. Por supuesto, debido a la limitada muestra estos resultados son debatibles y deben ser contrastados a través de futuras investigaciones.
En el presente estudio se logró evidenciar una limitación significativa para la recolección de los datos. Debido a la pandemia por COVID-19, las diferentes instituciones del Quindío estaban trabajando de forma virtual, lo que obstaculizó y entorpeció el proceso de recogida de información, limitando así el número de adolescentes con los que era posible establecer contacto. Así que la principal limitación de esta investigación fue la reducida muestra a la que fue posible acceder, imposibilitando la generalización de los resultados obtenidos.
Como último punto, es conveniente realizar algunas recomendaciones tanto como para futuras investigaciones que deseen abordar el tema de la adolescencia y los esquemas cognitivos disfuncionales en Armenia, Quindío, como para la muestra del presente estudio. La primera recomendación recae en aumentar la muestra con el fin de poder generalizar lo obtenido. Posteriormente, es necesario complejizar el tipo de estudio, pasando de un alcance descriptivo a uno correlacional con muchas otras variables del entorno quindiano. Por otro lado, debe ser posible desarrollar proyectos comparativos entre la población adolescente con otros grupos etarios del municipio o departamento. A pesar de que no es un tema demasiado innovador, da paso a diversos estudios futuros que tengan como foco los esquemas cognitivos disfuncionales en el Departamento. Adicional a esto, el hecho de que la aplicación del instrumento haya sido virtual, pudo haber obstaculizado el correcto diligenciamiento del mismo, debido a los diferentes factores distractores en su entorno; se recomienda su gestión de forma presencial, ya que actualmente se cuentan con las condiciones y protocolos para hacerlo de esta forma. Finalmente, debido a la alta representatividad de los diversos esquemas cognitivos disfuncionales se recomienda prestar especial atención a los participantes del estudio con el fin de desarrollar propuestas de intervención aterrizadas a las necesidades de esta.
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Referencias
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Respecto a la segunda categoría, descripción de neuromoduladores asociados al proceso de apego, se resaltan dos, la hormona oxitocina (OT) y el neurotransmisor dopaminérgico (Valverde-Gómez, 2022). La OT predice un apego seguro, y los estilos de apego son predecesores de formación de los rasgos de personalidad (Nogueira, 2021) y, además aumenta la confianza cooperativa, facilita los procesos filiatorios (Marsh et al., 2020) y se asocia con el impulso prosocial y altruista, con empatía emocional en las relaciones sociales y con procesos de mentalización (Rabasot, 2021). La dopamina con su operación en el núcleo accumbens es la encargada de las conductas activas que le permiten al niño buscar al cuidador y reconocer estímulos sociales (Valverde-Gómez, 2022).
El hipotálamo encargado de producir OT, de la mano de la amígdala y el cuerpo estriado se han denominado circuito del apego (Valverde-Gómez, 2022). Áreas límbicas y corticales, en conjunto, desempeñan importantes funciones en la formación de diferentes estilos de apego (Nogueira, 2021) y su alteración se asocia con la presencia de psicopatología (Elling et al. 2022).
Discusión
La revisión realizada muestra un desarrollo cerebral favorable para en las personas con apego seguro en contraste con la alteración de las áreas de regulación emocional cuando se presenta apego inseguro. Las dimensiones de mayor afectación en estos individuos son aquellas relacionadas con los procesos emocionales y la comunicación entre las regiones límbicas y la corteza, aspecto que se explica por la exposición prolongada que tienen los niños que desarrollan apego inseguro a situaciones de estrés mediadas, en muchas ocasiones, de forma inadecuada por el cuidador, lo que contrasta con estudios de años anteriores (Cyrulnik, 2013; Antonucci et al., 2018; Zhang et al., 2018) y explica además las diferencias neuroanatómicas encontradas.
Garciandía (2015) plantea que la mente emerge en el encuentro de dos cerebros, estableciendo la importancia tanto de la explicación biologicista sobre lo acontece con los seres humanos desde los procesos cerebrales y a la vez, rescata la dimensión intersubjetiva más validada por los ambientalistas. Si bien, ha sido un llamado antiguo la importancia de la integración entre las diferentes disciplinas intervinientes en la comprensión y atención de los fenómenos, se pasa constantemente por alto dicha integración. Para entender el impacto de las dimensiones neuro en la acción psicoterapéutica es importante tener en cuenta el reconocimiento y anticipación del impacto de los procesos vinculares en el desarrollo cerebral, aspecto que nos lleva a interrogar la intervención desde la medicalización sin un trabajo paralelo o previo ligado al restablecimiento de los vínculos primarios en el caso de los infantes, o a la reparación de las vulnerabilidades generadas por historias de maltrato o afectaciones vinculares que pueden desencadenar fallos en la constitución cerebral.
La comprensión del correlato neurobiológico y el funcionamiento cerebral de personas con una disposición de apego inseguro, posibilita la construcción de estrategias de intervención ajustadas a las condiciones no sólo de su modelo conductual y cognitivo, sino a los recursos disponibles con los que cuentan estas personas a nivel cerebral. Tanto el establecimiento de metas terapéuticas como el pronóstico deben adecuarse al conocimiento emergente producido por las diferentes disciplinas que estudian actualmente el proceso de apego.
Entre las limitaciones del estudio se encuentra la restricción de la ventana de búsqueda y bases de datos, que se sugiere se amplíe para próximas revisiones.
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La identificación y clasificación de la realidad no se refiere solo a las personas; la categorización social abarca también a objetos del mundo físico. Llamar ave a todo animal con alas que vuela, o vehículo a todo medio de transporte remite también a un proceso social de ordenamiento y sistematización social de la realidad (Vivas et al., 2020, 2021).
Estos etiquetamientos no son inocuos, ya que crean identidad y pertenencia de grupo (Trepte y Loy, 2017). Por ejemplo, llamar joven o viejo a una persona confiere una identidad grupal, creando expectativas (lo que se espera de esa persona). En el fondo estos etiquetamientos están en la base de las relaciones intergrupales. Las categorías clasificatorias crean identidad: lo que yo soy y lo que el otro es (o sea lo que yo no soy), orientando el comportamiento conmigo mismo y con los demás. Es por esto por lo que puedo reconocer y diferenciar mis pertenencias grupales (endogrupos) de las pertenencias ajenas (exogrupos) (Kawakami et al., 2021).
Las categorías más usuales a la hora de otorgar identidad y clasificar a las personas son, sin duda, el sexo y la edad, pero también juega el aspecto físico, la vestimenta, la actitud psicológica, entre otros, dependiendo del acceso que se tenga (presencia real, imágenes, narrativa verbal). El sexo (en cuanto condición biológica) es una variable dicotómica y relativamente inmodificable a lo largo de la vida. La edad tiene límites menos precisos y es muy variable a lo largo del ciclo vital. En relación con la distinción endogrupo-exogrupo a la que se ha hecho referencia, es importante tener presente que las categorizaciones involucran tanto a la persona que es objeto de estas, como al sujeto perceptor. En otras palabras, las categorizaciones varían según las personas a las que se aplican, pero también dependen de quienes son los sujetos perceptores (Rhodes y Baron, 2019). Es precisamente la interrelación entre sujeto-perceptor y objeto de percepción lo que constituye el eje central de la investigación que se reporta.
Es importante ubicar el presente estudio en el marco del desarrollo de la línea de investigación sobre representación social de las edades de la vida, iniciada hace varios años. La idea de base de este desarrollo es que hay una construcción social de las distintas etapas evolutivas y que dicha construcción depende de la propia etapa evolutiva, o sea que estas representaciones varían según las distintas edades. Esto es así por la condición temporal intrínseca del desarrollo psicobiológico. A medida que las personas avanzan en el desarrollo vital aumenta la temporalidad pasada y disminuye la perspectiva futura, a la inversa de lo que ocurre con el joven, que percibe que le queda mucho tiempo por delante. Pero esta evolución no es lineal. Así, si bien los jóvenes privilegian una temporalidad presente hedonista, sus metas futuras son de plazo relativamente cercano; recién con la adultez esta perspectiva se ensancha, volviéndose a reducir con la vejez, momento donde cobra predominancia la percepción del pasado, sobre todo con una visión centrada en las experiencias placenteras (Baikeli et al., 2021; Gagnon-Harvey et al., 2021; Laureiro-Martinez et al., 2017).
Entendiendo la representación social como un conocimiento pre-lógico, inconsciente, poco sistemático y con una impronta afectiva-emocional, las primeras investigaciones sobre representaciones de la vida apelaron a una técnica muy utilizada en los estudios de representación social: la asociación libre de palabras. Así, en una de las primeras investigaciones (Autor, 2015) se ha comparado el campo semántico resultante de cinco palabras asociadas libremente a las palabras inductoras: niño, joven, adulto, anciano, en una muestra de estudiantes universitarios (18-25 años). Un estudio análogo (Autor, 2016) abordó explícitamente la comparación entre una muestra de jóvenes y una de personas mayores (más de 65 años), permitiendo detectar diferencias perceptuales significativas, entre ellas una visión altamente idealizada que los adultos mayores tienen de los jóvenes y, recíprocamente, una mirada estereotipada de estos respecto a los mayores centrada en los problemas físicos más que en la experiencia de soledad y abandono, que sí reportan los de mayor edad. Como puede presumirse, estas incongruencias afectan negativamente las relaciones intergeneracionales.
En una investigación posterior (Autor, 2022) se agregó una nueva muestra de comparación inter-etaria: adultos (40-55 años). El estímulo inductor fue, en este caso, un set de seis fotos de personas: niña, joven, adulto y anciana (y dos fotos grupales distractoras), debiendo los participantes decir lo que veían, o sea describir el contenido de cada foto. La edad y el sexo fueron las referencias más frecuentes de los tres grupos etarios en las fotos individuales, seguidas de referencias sociológicas (profesión, vestimenta) y psicológicas (actitud, expresión gestual). Se encontraron coincidencias y disidencias, tanto inter-fotos, como inter-grupos etarios. Las disidencias más significativas fueron entre la foto de la anciana y las restantes, y entre la muestra de adultos-mayores y las otras muestras etarias.
En otra investigación (Autor, 2018) se analizaron los criterios clasificatorios de grupos de fotos de ocho personas, manera de constituir dos sub-grupos según un criterio justificatorio, esto en una muestra de jóvenes universitarios. En esta oportunidad se compararon dos condiciones: la mitad de la muestra debía clasificar un set de cuatro fotos de jóvenes y cuatro fotos de adultos, mientras que la otra mitad el set propuesto era de cuatro fotos de jóvenes y cuatro de adultos-mayores. Se solicitaban cuatro criterios clasificatorios. También aquí el sexo y la edad eran los criterios más recurrentes, seguido de criterios sociales y actitudinales. Pero hubo diferencias notorias entre el set jóvenes-adultos y el de jóvenes-adultos mayores, sobre todo en la relación entre sexo y edad como criterio privilegiado, constatándose el predominio del sexo en el primer set, y de la edad en el segundo. Si se tiene en cuenta que el sexo es una constante y la edad una variable, se concluye que esta gana protagonismo en cuanto la diferencia etaria es notoria (set jóvenes-mayores), o sea que la edad juega como criterio clasificatorio central en función de una distancia comparativa relativa (a mayor distancia comparativa, mayor visibilidad del criterio). En otras palabras, la edad juega como criterio identitario-clasificatorio no en sí misma, sino en función de la distancia comparativa (a mayor distancia, mayor predominancia).
Los antecedentes reseñados son el fundamento de la investigación que es objeto de este reporte, que consta de dos fases. Si bien el dispositivo instrumental de la primera fase es análogo al aludido en el párrafo anterior (cuatro criterios clasificatorios de sets de ocho fotos), en esta oportunidad (fase I) se comparan tres muestras de participantes: jóvenes, adultos y adultos-mayores. Aquí también se ofrecen sets que integran fotos de distintas edades; a los referidos sets de jóvenes-adultos y jóvenes-adultos mayores, se incluye además un set de fotos de adultos-adultos mayores. De esta manera se cubren todas las posibilidades de distancia relativa, tanto en lo que hace a las imágenes de los sets, como a la edad de los participantes. Esta mayor complejidad del diseño redunda sin duda en conclusiones más firmes.
La fase II, complementaria de la anterior, implica un diseño muy simple, pero que permite extraer conclusiones valiosas sobre la representación social de cuáles son las etapas de la vida y de sus límites cronológicos. En este caso, se trata de discriminar diferentes grupos etarios reconocibles dentro de un continuum cronológicamente ascendente de siete fotos de personas (de una niña a una anciana), trazando las líneas divisorias pertinentes. También aquí se comparan las respuestas de tres muestras de grupos etarios diferentes (jóvenes, adultos y mayores). Estos interrogantes ya habían sido planeados en el pasado (Autor, 2015), pero ahora se retoma con un dispositivo metodológico muy simple: definir límites etarios en una serie cronológicamente ascendente de siete fotos de personas (de una niña a un anciano).
Fase I
Objetivo
El objetivo de esta fase es determinar cuáles son los diferentes criterios clasificatorios de fotos de personas empleados por diferentes grupos etarios: jóvenes, adultos y adultos-mayores. Obviamente, la hipótesis es que, si bien hay ciertas coincidencias, la propia pertenencia a un grupo etario determina diferencias significativas.
Método
Participantes
Se comparan tres muestras: 183 jóvenes (18-25 años), 266 adultos (40-55 años) y 218 adultos-mayores (más de 65 años). El muestreo fue intencional no-probabilístico. Los participantes, en el primer caso, fueron estudiantes universitarios; los de los otros grupos etarios fue una selección individual libre dentro de su entorno realizada por estudiantes colaboradores independientes.
En la recolección de los datos se siguieron las normas éticas vigentes en la comunidad científica y prescripta por las agencias de acreditación, entre ellas el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Instrumento
Se aplicaron tres sets distintos de ocho fotos de personas (N, R y S), balanceando sistemáticamente en cada uno el sexo, la edad, el aspecto social (vestimenta y rasgos físico-sociales), y el aspecto psicológico (actitud y estado de ánimo). N incluía fotos de jóvenes y adultos; R fotos de jóvenes y adultos-mayores; S fotos de adultos y adultos-mayores. Dentro de cada grupo etario los tres sets fueron aplicados en proporción similar; de todas maneras, las desigualdades relativas fueron controladas a través de un análisis de porcentajes.
Procedimiento
El procedimiento se ajustó a la siguiente consigna: “A continuación se presentan 8 fotos de una serie de personas. La tarea consiste en agruparlas en dos grupos según algo que tengan en común. De hecho, hay diferentes criterios de clasificación. Los grupos no necesariamente deben tener la misma cantidad de fotos. Así, los dos grupos de fotos pueden ser de 4-4, 5-3, 6-2, o 7-1. En la parte para responder hay lugar para formular cuatro clasificaciones, pero no es necesario que hagas esa cantidad si no se te ocurre ningún otro criterio clasificatorio”.
Las respuestas eran anotadas en la hoja de respuesta por el propio participante o por el administrador.
Análisis de datos
Los datos fueron ingresados en una planilla SPSS, utilizándose dicho programa para el análisis descriptivo e inferencial. El análisis prioriza el primer criterio clasificatorio; también se analiza en forma independiente cada uno de los criterios utilizados en las cuatro clasificaciones. Como las tres muestras son de tamaño distinto, el análisis comparativo inter-grupos se realiza en base a porcentajes, al igual que el análisis inter-sets.
Básicamente el análisis compara los tres grupos etarios, rescatando coincidencias y diferencias, discriminando entre los tres sets de fotos (N, R, S). Para facilitar la comparabilidad, además de los valores absolutos, se incluyen los valores relativos (porcentajes).
La lectura de los resultados apunta a detectar tanto tendencias descriptivas, como diferencias estadísticamente significativas; en este caso se recurre a la prueba de chi-cuadrado, apta para variables nominales en muestras independientes.
Resultados
La tabla 1 presenta los valores, absolutos y en porcentajes, de los criterios de la primera clasificación realizada por las tres muestras etarias en cada uno de los sets de fotos (N, R y S). La primera clasificación es la que reviste particular relevancia.
Tabla 1.
Frecuencias (y sus correspondientes porcentajes) de los criterios empleados por la muestra de jóvenes, adultos y adultos mayores en la primera clasificación de los tres sets de fotos.
|
N (N%) |
R (R%) |
S (S%) |
Total Categoría (TC%) |
||
|
Jóvenes |
Sexo |
23 (46.0%) |
9 (17.3%) |
26 (32.1%) |
58 (31.7%) |
|
Edad |
6 (12.0%) |
30 (57.7%) |
18 (22.2%) |
54 (29.5%) |
|
|
Vestimenta |
9 (18.0%) |
2 (3.8%) |
2 (2.5%) |
13 (7.1%) |
|
|
Accesorios |
0 |
1 (1.9%) |
13 (16.0%) |
14 (7.6%) |
|
|
Referencia Social |
3 (6.0%) |
4 (7.7%) |
1 (1.2%) |
8 (4.4%) |
|
|
Referencia Psicológica |
5 (10.0%) |
4 (7.7%) |
15 (18.5%) |
24 (13.1%) |
|
|
Rasgo Físico |
2 (4.0%) |
0 |
4 (4.9%) |
6 (3.3%) |
|
|
Otro |
2 (4.0%) |
2 (3.8%) |
2 (2.5%) |
6 (3.3%) |
|
|
Total Muestral |
50 (100%) |
52 (100%) |
81 (100%) |
83 (100%) |
|
|
Adultos |
Sexo |
47 (63.5%) |
17 (17.0%) |
27 (29.7%) |
91 (34.3%) |
|
Edad |
7 (9.5%) |
51 (51.0%) |
34 (37.4%) |
92 (34.7%) |
|
|
Vestimenta |
7 (9.5%) |
8 (8.0%) |
1 (1.1%) |
16 (6.0%) |
|
|
Accesorios |
0 |
6 (6.0%) |
7 (7.7%) |
13 (4.9%) |
|
|
Referencia Social |
1 (1.4%) |
5 (5.0%) |
4 (4.4%) |
10 (3.8%) |
|
|
Referencia Psicológica |
7 (9.5%) |
6 (6.0%) |
13 (14.3%) |
26 (9.8%) |
|
|
Rasgo Físico |
1 (1.4%) |
1 (1.0%) |
2 (2.2%) |
4 (1.5%) |
|
|
Otro |
4 (5.5%) |
6 (6.0%) |
3 (3.3%) |
13 (4.9%) |
|
|
Total Muestral |
74 (100%) |
100 (100%) |
92 (100%) |
265 (100%) |
|
|
Mayores |
Sexo |
31 (44.3%) |
14 (17.1%) |
13 (19.7%) |
58 (26.6%) |
|
Edad |
6 (8.6%) |
40 (48.8%) |
20 (30.3%) |
66 (30.3%) |
|
|
Vestimenta |
8 (11.4%) |
8 (9.8%) |
0 |
16 (7.3%) |
|
|
Accesorios |
0 |
1 (1.2%) |
1 (1.5%) |
2 (0.9%) |
|
|
Referencia Social |
8 (11.4%) |
5 (6.1%) |
3 (4.5%) |
16 (7.3%) |
|
|
Referencia Psicológica |
8 (11.4%) |
5 (6.1%) |
25 (37.8%) |
38 (17.4%) |
|
|
Rasgo Físico |
6 (8.6%) |
5 (6.1%) |
1 (1.5%) |
12 (5.5%) |
|
|
Otro |
3 (4.3%) |
4 (4.8%) |
3 (4.5%) |
10 (4.6%) |
|
|
Total Muestral |
70 (100%) |
82 (100%) |
66 (100%) |
218 (100%) |
Fuente: elaboración propia.
Resulta evidente que el sexo y la edad son los criterios más utilizados en la primera clasificación por los tres grupos etarios, seguidos de las referencias psicológicas y de las referencias sociales. Los adultos-mayores registran valores más bajos en sexo y más altos en ambos tipos de referencias (chi* p<0,05). Las referencias psicológicas aluden a la expresión de alegría-seriedad y a la actitud personal buena-mala. Las referencias sociales se refieren al nivel social y al tipo de profesión u ocupación. Aquí cabe advertir que la vestimenta (formal-informal) también puede sumarse a las referencias sociales, por cuanto los entrevistados las consideran en general indicadores de nivel social-ocupación.
La discriminación entre los tres sets de fotos es importante porque implican distinto grado de diferencia etaria entre las fotos de cada set y también posibles identificaciones diferenciales entre los sujetos respondientes y las fotos de su misma edad. La distancia etaria entre las fotos es una variable que interactúa con la discriminación por sexo, que es una condición constante. Así, los valores de edad son manifiestamente más altos, en los tres grupos etarios, en R que, en N y S, explicable por la mayor distancia etaria entre las fotos de R. De todas maneras, esta mayor saliencia de la edad en dicho set es mayor en los jóvenes y adultos que en los adultos-mayores (chi* p<0,05).
Si se compara edad con sexo en los tres sets, se advierte que, en los tres grupos etarios, N registra valores significativamente más altos en sexo (respecto a edad), invirtiéndose esta relación en R y presentando un cierto equilibrio en S. En otras palabras, cuando la distancia etaria entre las fotos es mayor (R), la edad prima por sobre el sexo, sobre todo en los jóvenes. En S este predominio se atenúa en general.
La tabla 2 presenta los valores de frecuencia totales de cada uno de los criterios utilizados por las tres muestras en las cuatro clasificaciones, en los tres sets de fotos (N, R y S).
Tabla 2.
Frecuencias (y sus correspondientes porcentajes) totales de cada uno de los criterios empleados por la muestra de jóvenes, adultos y adultos mayores en las cuatro clasificaciones. Sólo se consideran Sexo, Edad, Vestimenta, Referencia social y Referencia psicológica.
|
N (N%) |
R (R%) |
S (S%) |
Total Categoría (TC%) |
||
|
Jóvenes |
Sexo |
35 (70.0%) |
24 (46.2%) |
62 (76.5%) |
121 (66.1%) |
|
Edad |
29 (58.0%) |
46 (88.5%) |
58 (71.6%) |
133 (72.7%) |
|
|
Vestimenta |
34 (68.0%) |
26 (50.0%) |
20 (24.7%) |
80 (43.7%) |
|
|
Referencia Social |
9 (18.0%) |
11 (21.2%) |
10 (12.3%) |
30 (16.4%) |
|
|
Referencia Psicológica |
30 (57.4%) |
22 (36.8%) |
55 (67.9%) |
107 (58.5%) |
|
|
Total Muestral |
50 (100%) |
52 (100%) |
81 (100%) |
183 (100%) |
|
|
Adultos |
Sexo |
63 (85.1%) |
67 (67.0%) |
55 (59.8%) |
185 (69.8%) |
|
Edad |
34 (45.9%) |
87 (87.0%) |
67 (72.8%) |
188 (70.9%) |
|
|
Vestimenta |
61 (82.5%) |
48 (48.0%) |
17 (18.5%) |
126 (47.5%) |
|
|
Referencia Social |
12 (16.3%) |
27 (27.0%) |
24 (26.2%) |
63 (23.8%) |
|
|
Referencia Psicológica |
49 (66.2%) |
35 (35.0%) |
49 (53.2%) |
133 (50.2%) |
|
|
Total Muestral |
74 (100%) |
100 (100%) |
92 (100%) |
265 (100%) |
|
|
Mayores |
Sexo |
43 (61.4%) |
38 (46.3%) |
23 (34.8%) |
104 (47.7%) |
|
Edad |
28 (40.0%) |
69 (84.1%) |
38 (57,6%) |
135 (61.9%) |
|
|
Vestimenta |
34 (48.6%) |
25 (30.5%) |
9 (13.6%) |
68 (31.2%) |
|
|
Referencia Social |
22 (31.4%) |
21 (25.6%) |
16 (24.2%) |
59 (27.1%) |
|
|
Referencia Psicológica |
39 (55.7%) |
39 (47.5%) |
52 (78.7%) |
130 (59.6%) |
|
|
Total Muestral |
70 (100%) |
82 (100%) |
66 (100%) |
218 (100%) |
Fuente: elaboración propia.
Los valores sumados de las cuatro clasificaciones coinciden, en general, con los de la primera clasificación. Los criterios más invocados son sexo, edad, referencia social (incluida vestimenta) y referencia psicológica, con diferencias menos marcadas que las halladas en la primera clasificación, lo cual es esperable tratándose de la suma de las cuatro clasificaciones. Al igual que lo encontrado en la primera clasificación, las frecuencias (porcentajes) de sexo son, respecto a edad, más altas en N que en R, donde la proporción se invierte, registrando S valores intermedios. Esto ocurre en los tres grupos etarios; sin embargo, en el total general de los tres sets, la utilización de la edad y el sexo como criterios clasificatorios es menos frecuente en los adultos-mayores que en los jóvenes y adultos, especialmente en lo que se refiere a sexo (chi* p<0,05). A su vez, las referencias sociales (incluida vestimenta) son más frecuentes en los adultos, a la inversa de las referencias psicológicas.
Discusión
Resulta evidente que la edad y el sexo son los criterios clasificatorios de personas más empleados. Se trata de la inter-relación entre dos tipos de factores: el sexo es una condición constante, en tanto que la edad es una condición variable. Esto determinó que se utilizaran tres sets distintos de fotos en cuanto a la condición etaria, en función de una mayor o menor distancia cronológica entre las personas, manteniendo constante la variabilidad por sexo; pero también los tres sets sirvieron para controlar la posible identificación de la edad de los sujetos encuestados con la de las personas de las fotos; por eso hay fotos de jóvenes, adultos y adultos-mayores en dos de los tres sets.
Los datos muestran que la distancia generacional de las fotos juega un rol determinante en utilizar al sexo o a la edad como criterio clasificatorio prioritario. A mayor distancia cronológica, la edad, como condición variable, aventaja al sexo, que una constante biológica; a menor distancia las proporciones se invierten. En otras palabras, el sexo es más invocado como criterio diferenciador en el set de fotos de jóvenes y adultos (N) que en el de jóvenes y adultos-mayores (R) (chi* p<0,05), a la inversa de lo que ocurre con la edad (chi* p<0,05). Aunque esto ocurre en los tres segmentos etarios, se observa que tanto el sexo como la edad tienen en general, en los adultos-mayores, menor saliencia a la hora de su utilización como criterio clasificatorio (chi* p<0,05). En el caso específico de la edad, los jóvenes y adultos recurren con más frecuencia a esta categoría diferenciadora cuando la clasificación involucra personas mayores (R y S); los adultos mayores lo hacen con menor frecuencia. Se diría que los jóvenes y adultos otorgan más importancia a la diferencia etaria cuando el set de fotos involucra personas mayores.
En cuanto a las referencias sociales (incluida la vestimenta), estas son más frecuentes en los jóvenes y los adultos, lo que puede interpretarse como una mayor propensión a considerar los aspectos que identifican a las personas como actores sociales (nivel social, ocupación), sobre todo cuando tal distinción involucra a fotos de jóvenes y adultos (N). O sea que los jóvenes y adultos apelan más a criterios de clasificación social, especialmente cuando el set es de fotos de personas jóvenes y de adultos. En cambio, cuando el set involucra fotos de adultos-mayores las referencias sociales de estos grupos etarios disminuyen.
Las referencias psicológicas son importantes para los tres grupos etarios, aunque se aprecia una tendencia más acentuada por parte de los adultos-mayores, lo que hablaría de una percepción más aguda de los estados emocionales y actitudinales de las personas.
Estos resultados son ampliamente coincidentes con los hallados en la investigación ya mencionada (Autor, 2018), especialmente en la comparación entre N y R en jóvenes, donde se constató una relación inversa entre sexo y edad en función de la distancia etaria entre las fotos de cada set. En la presente investigación se observa que esta relación, en el caso de los adultos-mayores, es menos extrema. En general, las respuestas de los adultos ocupan un lugar intermedio, en especial en el set S, que incluye fotos de adultos y de adultos-mayores. También en esto los resultados coinciden con los de otra de las investigaciones citadas (Autor, 2022), referida a la descripción de fotos individuales, donde la foto de la anciana recibía, de parte de los jóvenes, mayores frecuencias en edad que la recibida de parte de los adultos-mayores, a la inversa de lo que ocurría con sexo.
En conclusión, la pertenencia etaria genera coincidencia, pero también disidencias en el empleo de los criterios clasificatorios de los distintos sets de fotos. Coinciden en el mayor peso otorgado en general a la edad y el sexo, en primer lugar, y a las referencias sociales y psicológicas, en segundo lugar. Hay también coincidencias que aparecen cuando se analizan las respuestas en función del tipo de set (N, R, S). Aquí la distancia generacional entre las fotos juega en general un papel importante: a mayor distancia, mayor saliencia de la edad por sobre el sexo, y viceversa. Resulta evidente que la variable edad interactúa con la constante sexo, donde la visibilidad de una u otra depende de la distancia etaria de las fotos. Con todo, no es lo mismo la cercanía etaria joven-adulto (N) que la de adulto-adulto mayor (S); la segunda involucra más énfasis en la edad como criterio diferenciador, o sea que la presencia de fotos de mayores otorga más peso a la diferenciación etaria en relación con la diferenciación por sexo.
Dentro de esta discriminación entre N, R y S, los distintos grupos etarios mantienen ciertas diferencias, especialmente entre los jóvenes y los adultos-mayores, donde el peso de la edad y el sexo como criterio diferenciador es menos marcado. En cuanto a las referencias sociales y psicológicas, se constata mayor predominio de las primeras en los jóvenes y adultos, y una cierta tendencia al empleo de referencias psicológicas por parte de los adultos-mayores. Los jóvenes y los adultos serían más proclives a las categorizaciones sociales; los adultos-mayores a las atribuciones psicológicas, aunque este aspecto requeriría mayor profundización empírica.
El mayor mérito de este estudio es haber permitido avanzar, de modo sistemático, en una comparación inter-etaria del proceso de clasificación de personas, apuntando a detectar características descriptivas diferenciadoras. Algunas de estas características son estadísticamente significativas; otras deben ser consideradas indicadores de tendencias que requerirían mayor apoyo empírico. En cualquier caso, todas son relevantes desde un punto de vista teórico para comprender mejor el papel de la edad de pertenencia como variable diferenciadora del proceso de categorización y clasificación social.
Una dificultad encontrada, que marca una limitación, es el tamaño muestral diferente de cada grupo etario y de los distintos sets, lo que obliga a recurrir, en el análisis de los datos, a valores relativos o porcentajes. De todos modos, se prefirió optar por conservar la riqueza del relevamiento antes que recurrir a una homogeneización muestral que implicara prescindir de numerosos casos.
Otra limitación pueden ser ciertos sesgos filtrados en la elección de las fotos de los distintos sets. Por más que se hayan balanceado sistemáticamente los factores más importantes a controlar (sexo, edad, aspecto social, actitud psicológica), resulta difícil controlar la ingerencia de factores espúreos, como por ejemplo los accesorios y ciertos rasgos físicos (peso, cabello); eso demandaría ampliar el espectro de las fotos ofrecidas.
Fase II
Objetivo
Comparar el reconocimiento que los jóvenes, adultos y mayores hacen de los diferentes grupos etarios reconocibles dentro de un continuum de siete fotos de personas cronológicamente ascendente (desde la foto de una niña a otra de un anciano). Se esperan encontrar diferencias significativas entre las muestras.
Método
Participantes
Se comparan tres muestras: jóvenes (93), adultos (149) y mayores (102), todos de nivel socioeducativo medio. La participación fue individual, voluntaria (con consentimiento informado) y anónima.
Instrumento
Una serie de siete fotos cronológicamente ascendente de personas, desde la de una niña hasta la de un anciano.
Procedimiento
Cada participante debía trazar primero una línea vertical divisoria en la serie continua de siete fotos de personas de edad ascendente (de niña a anciano), para formar así dos grupos: las de menor y las de mayor edad. La consigna era: “Divida la siguiente serie de siete fotos de personas de diferente edad en dos grupos. Para ello trace una línea vertical divisoria donde corresponda”.
Inmediatamente debía trazar dos líneas divisorias, diferenciando así tres grupos etarios. Luego trazar tres líneas y, finalmente, cuatro líneas.
Resultados
Las tablas 3, 4, 5 y 6 presentan los resultados obtenidos según 1, 2, 3 y 4 líneas divisorias. Solo se incluyen las frecuencias mayores, con sus respectivos porcentajes. Cuando los porcentajes no alcanzan el 50% se marca una flecha que marca la dirección de la tendencia.
Tabla 3.
División del continuum etario en dos grupos (1 línea), según Jóvenes, Adultos y Mayores (solo se incluyen las frecuencias mayores).
1 2 3 4 5 6 7
Jóvenes 56
N=93 60,2%→
Adultos 63
N=149 42,3%→
Mayores 51
N=102 ←50,0%
Fuente: elaboración propia
Se advierte que los adultos-mayores incluyen la cuarta foto del continuum dentro del grupo más joven, en tanto que los otros grupos, sobre todo los jóvenes, trazan el límite etario más anticipadamente.
Tabla 4.
División del continuum etario en tres grupos (2 líneas), según Jóvenes, Adultos y Mayores (solo se incluyen las frecuencias mayores.
1 2 3 4 5 6 7
Jóvenes 67 72
N=93 72% 77,4%
Adultos 62 86
N=149 41,6%→ ←57,7%
Mayores 49 58
N=102 48,0%→ ←56,9%
Fuente: elaboración propia
Los datos muestran que los jóvenes persisten en el primer límite etario, incluyendo las fotos de la niña, el adolescente y el joven temprano en el primer grupo, mientras que los adultos y mayores trazan el límite a una edad más precoz. En la distinción entre la condición etaria intermedia (segundo grupo) y avanzada (tercer grupo) hay coincidencias entre los tres grupos, si bien hay una tendencia en los adultos y mayores a señalar un límite menos extremo.
Tabla 5.
División del continuum etario en cuatro grupos (3 líneas), según Jóvenes, Adultos y Mayores (solo se incluyen las frecuencias mayores.
1 2 3 4 5 6 7
Jóvenes 70 71 69
N=93 75,3% 77,2% 74,2%
Adultos 87 81 88
N=149 58,8%→ 54,7%→ 59,5%→
Mayores 49 50 55
N=102 ←48,0% 49,0%→ 53,9%→
Fuente: elaboración propia
La mayor diferencia se constata entre los mayores y los restantes grupos, sobre todo los jóvenes. En general, la foto de la niña se diferencia de las restantes. Se reitera en los jóvenes la asociación de la foto del adolescente y del joven precoz, constituyendo un segundo grupo; esta asociación no existe en los mayores, para quienes hay una escisión entre la foto del adolescente y la del joven precoz. También los jóvenes persisten en diferenciar claramente las fotos 5 y 6, dando lugar al reconocimiento de dos grupos etarios distintos; este límite es menos definido en los adultos y los mayores.
Tabla 6.
División del continuum etario en cinco grupos (4 líneas), según Jóvenes, Adultos y Mayores (solo se incluyen las frecuencias mayores.
1 2 3 4 5 6 7
Jóvenes 86 72 55 67
N=93 92,5% 77,4% ←59,1% 72,0%
Adultos 128 88 77 116
N=149 87,1% ←59,9% ←52,4% 79,5%
Mayores 77 56 58 76
N=102 77,0% ←56,0% 58,0%→ 76,0%
Fuente: elaboración propia
Los tres grupos etarios coinciden en reconocer a la foto de la niña y de la anciana (los extremos de la serie continua) como figuras separadas del resto, formando sendos grupos unipersonales. También coinciden en asociar las fotos del adolescente y del joven precoz (sobre todo los jóvenes), constituyendo un grupo intermedio. Por su parte, los adultos-mayores trazan el tercer límite en forma más centrista que los jóvenes y adultos, asociando las fotos 5 y 6 en un solo grupo.
Discusión
En general, las mayores diferencias ocurren entre los jóvenes y los adultos-mayores. Los primeros tienden a percibir como una unidad (vinculación más estrecha) las fotos de la niña, del adolescente y del joven precoz. Los mayores tienen una visión más extendida de la temporalidad juvenil.
En cuanto al segmento de fotos de mayor edad, los jóvenes separan más radicalmente las fotos 6 y 7 del resto, a la inversa de lo que hacen los adultos-mayores. Se diría que estos tienen una visión más centrista, discriminando más equilibradamente los grupos intermedios del continuum; por ejemplo, en la tabla 5 asocian la foto de la niña y del adolescente, y en la tabla 6 las fotos 5 y 6. Los adultos se ubican en posiciones intermedias.
Estos resultados son bastante coincidentes con los hallados por los autores en la fase I de la investigación ya citada (Autor, 2015), donde se encontró que la mayoría de los jóvenes piensan que la juventud termina a los 26 años o antes, y la adultez (o sea el comienzo de la vejez) a los 60 o 65 años. Como se aprecia, los jóvenes definen las fronteras entre etapas del ciclo vital con edades muy precoces. Lo contrario ocurriría conforme se avanza en la edad.
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en donde los vínculos conllevan a la interacción y la atracción que surge en una pareja, generando estos una influencia en la elección de la pareja, en el modo de interactuar y en los afectos involucrados en la construcción y consolidación de una relación.
Como ya se ha podido evidenciar, en los resultados obtenidos de la investigación se obtuvo una alta correlación en cuanto al tipo de apego y las actitudes que puede llegar a analizar o a tener en cuenta un individuo para elegir a su pareja, permitiendo esto a la vez que se dé la consolidación de la relación y mayor o menor estabilidad en las mismas de acuerdo al apego establecido.
Conclusiones
En conclusión, teniendo en cuenta los objetivos planteados al principio de la investigación, se logra identificar los tipos de vínculo-apego que establecieron los participantes con sus padres y así mismo se logra identificar los factores que cada individuo tenía en cuenta para elegir a una pareja, para posteriormente relacionar estas dos variables.
Desde lo planteado por Espina (1996 citado por Ferraris, 2015), en el modelo circular-causal, específicamente el nivel de consciencia, se evidencia en todos los sujetos que participaron de la investigación, puesto que tienen en cuenta como base la raza, edad, religión, entre otros. Lo que les permite generar acercamientos para interactuar con las demás personas.
Además se evidencia que existe una relación negativa entre el apego inseguro y la satisfacción de la relación, en donde el efecto es más fuerte en el miembro de la pareja evaluado que en su pareja, aunque también depende de otros factores como la edad, el estado y tiempo de la relación entre otros, según lo planteado por Candel y Turliuc (2019). De la misma manera, se observa el cumplimiento de lo planteado por Ortiz et al. (2019) en cuanto a que las personas con estilos más seguros de apego, presentan menos confusiones emocionales, baja ansiedad y evitación, lo que les permite expresar de mejor manera sus emociones, y también a tener menores niveles de dependencia emocional y mayor estabilidad durante la etapa de noviazgo.
Por otro lado, no se logró evidenciar que los individuos evaluados generan una relación entre las diferentes parejas que han tenido a lo largo de su vida, sin embargo, si se evidencia en el vínculo-apego seguro un nivel de reciprocidad.
Teniendo en cuenta los resultados esperados de la investigación, se puede concluir que se dio cumplimiento con las hipótesis planteadas a lo largo del desarrollo de la investigación, es decir, las personas con un tipo de apego seguro eligen mejor a sus parejas ya que tienen en cuenta el modelo circular-causal. En cuanto a las personas con un tipo de apego inseguro, se logra evidenciar las dificultades para establecer una relación a largo plazo debido al miedo al abandono y esto además, con el hecho de que solo predomina un factor en el momento de elegir pareja.
Limitaciones y recomendaciones
Una limitante a la hora de realizar el estudio fue el difícil acceso a la población participante, puesto que para hacer parte de la investigación, los sujetos debían tener entre 20-40 años, haber tenido pareja al menos una vez en la vida, y haber vivido con ambos padres por lo menos hasta los 16 años.
Recomendamos a otros investigadores que quieran trabajar en esta misma línea, que se enfoquen en buscar más sobre el vínculo-apego y los efectos en las relaciones interpersonales que se forman durante la adultez, y cómo esto se ve relacionado con los fracasos amorosos.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no hay conflicto de interés.
Referencias
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S11:“Cuando era pequeña, yo a fuerzas quería jugar futbol americano y no me dejaron jugar en el equipo, porque era mujer”.
Cinco mujeres señalaron al comportamiento “femenino” como característica a seguir durante la infancia según los estereotipos de su contexto. Además, su concepto de feminidad ha ido cambiando debido al contacto con otras ideas no tradicionales, así algunas personas de su núcleo primario y contextos familiares profesen ideas tradicionales e influyen considerablemente en sus concepciones sobre la feminidad:
S1: “Mucho tiempo quería ser… una mujer correcta, ‘bien acá’ [De alto valor o reconocimiento social]… pensaba…‘¿qué me iba a decir mi mamá?’… Me acuerdo que hace diez años yo… quería cumplir con el estereotipo como tal de femenino, cien por ciento. Con vestidos… siendo completamente dulce, amable… pero… gracias a la escuela… cambió mucho mi perspectiva de cómo yo era antes y me siento más a gusto. Pienso que de niña hubiera hecho más cosas o hubiera disfrutado más mi infancia, si no hubiera tenido tan arraigados estos estereotipos”
También abordaron el impacto de “los otros” en la feminidad, concordando en que existe un ideal sobre la mujer en cuanto a su físico, radicado en la silueta del cuerpo y los objetos que lo visten:
S8: “Me dijo: ‘Ay, es que mis amigas se arreglan más bonito que tú’, porque sus amigas sí usaban vestido y zapatitos, y yo no. Entonces… qué feo el que estén esperando algo de ti por ser mujer”.
La mayoría asumen el rol de feminidad acorde a los parámetros establecidos en su contexto comunitario y familiar, aunque desearan hacerlo de otras formas. En cuanto a la experiencia individual, destacan cómo los contextos en los que se desarrollan influyen de gran manera en cómo viven y expresan su feminidad:
org/articulos.php?id=202&a=Sexualidad-y-genero-nuevas-perspectivas-en-el-psicoanalisis-
contemporaneo
se muestra en la tabla 2, hubo una mayor representación del sexo femenino, abarcando un 58,7% del total de la muestra, mientras que el masculino conformó el 39,6%; además se presentó un único caso de una persona transgénero, representando el 1,58%.
En cuanto a la edad de los participantes se contó con un 31,7% de adolescentes que se encuentran en los 14 años; 26,9% en los 15 años; 19,4% en los 16 años y 22.2% de la muestra tiene 17 años. Cabe destacar que hubo una alta distribución entre las posibles cuatro edades, resaltando que fueron los adolescentes con 14 años de edad, aquellos con una mayor representación.
Con respecto a la variable de estado civil se evidencia una clara mayoría de adolescentes que se encuentran actualmente solteros, abarcando un 88.8% del total de la muestra, mientras que un 11,1% se encuentra actualmente en una relación de pareja.
En relación con el grado de escolaridad, se encontró que los grados sexto y séptimo representan
Tal como se observa en la tabla 3, los once esquemas cognitivos disfuncionales se presentan dentro de la muestra, en mayor o menor medida, resaltando que el esquema de abandono es el que menor prevalencia demuestra, con solo un 23,81%. Por el contrario, el esquema de inhibición emocional abarca el mayor porcentaje con un 61,9%. Adicionalmente, resulta práctico para el estudio incluir una tabla en la que se evidencie la diferente prevalencia de los esquemas según una de las variables sociodemográficas como el sexo. (Tabla 4).
Tabla 4
Resultados según Sexo, Cuestionario de esquemas de Young, YSQ-L2
|
Esquemas |
Masculino |
Femenino |
||
|
n |
% |
n |
% |
|
|
Abandono |
8 |
53,33 |
7 |
46,67 |
|
Insuficiente autocontrol/autodisciplina |
13 |
43,33 |
17 |
56,67 |
|
Desconfianza/abuso |
12 |
40,0 |
18 |
60,0 |
|
Deprivación Emocional |
11 |
50,0 |
11 |
50,0 |
|
Vulnerabilidad al Daño |
11 |
37,93 |
18 |
62,06 |
|
Autosacrificio |
5 |
22,72 |
17 |
77,27 |
|
Estándares Inflexibles I |
7 |
33,33 |
14 |
66,66 |
|
Estándares Inflexibles II |
7 |
38,89 |
11 |
61,11 |
|
Inhibición Emocional |
16 |
41,02 |
23 |
58,98 |
|
Derecho/Grandiosidad |
4 |
25,0 |
12 |
75,0 |
|
Entrampamiento |
8 |
40,0 |
12 |
60,0 |
Tal como se observa, la distribución en cada esquema cognitivo disfuncional en comparación con ambos se encuentran relativamente igualados, teniendo en cuenta que en la presente investigación hay una mayor representación de mujeres que de hombres. No obstante, resulta importante señalar que el esquema de autosacrificio tuvo la mayor diferencia entre ambos sexos, seguida de derecho/grandiosidad.
Antes de continuar al tema de la comparación entre los esquemas disfuncionales y algunas variables sociodemográficas resulta pertinente mencionar el valor obtenido en cuanto a la consistencia interna del instrumento dentro de la presente investigación. Se obtuvo un Alfa de Cronbach equivalente a 0,9434, lo cual indica que el instrumento posee una gran calidad técnica, ya que se aproxima a 1.
Dicho lo anterior, es momento de abordar el segmento final del apartado de resultados; es decir, la comparación entre los 11 esquemas cognitivos disfuncionales y 4 variables sociodemográficas: sexo, edad, estrato socioeconómico y el hecho de haber repetido alguna vez un grado académico. Para realizar dicha comparación se utilizó la prueba estadística no paramétrica Kruskal Wallis, la cual se fundamenta en el estadístico H, refiriéndose al análisis de prueba de hipótesis en función de la prueba chi χ², a un nivel de confiabilidad del 95%; así mismo, se realizaron pruebas de mínimos cuadrados. En la siguiente tabla, se expresa la comparación entre ambos elementos a través del Valor P, el cual ayuda a diferenciar resultados que son producto del azar del muestreo, de resultados que son estadísticamente significativos. Este valor se obtiene por medio de esta fórmula: Confiabilidad=(1-valor p)*100; el resultado es comparado con los siguientes parámetros: si el valor es mayor o igual a 95%, indica una diferencia significativa; si el valor es mayor o igual a 99%, esto indica una diferencia altamente significativa, y si el valor es menor a 95%; indica una diferencia no significativa. Cabe aclarar que este análisis no pretende correlacionar las variables debido al alcance descriptivo de la investigación; además, debido al reducido número de la muestra no es posible generalizar los resultados. Por lo tanto, la siguiente información funciona únicamente como un medio para mostrar el comportamiento de las variables sociodemográficas con respecto a los esquemas disfuncionales evaluados. (ver Tabla 5).
Tabla 5
Comparación entre los esquemas disfuncionales y algunas variables sociodemográficas
|
Esquemas |
Sexo |
Edad |
Repetición de año |
Estrato |
|
Abandono |
0,56147 |
0,780106 |
0,492046 |
0,303975 |
|
Insuficiente autocontrol |
0,524523 |
0,641204 |
0,0102524 |
0,874609 |
|
Desconfianza/abuso |
0,480473 |
0,994751 |
0,516988 |
0,402012 |
|
Deprivación Emocional |
0,996137 |
0,751774 |
0,380062 |
0,868092 |
|
Vulnerabilidad al Daño |
0,6114 |
0,118123 |
0,423446 |
0,605899 |
|
Autosacrificio |
0,061813 |
0,639292 |
0,7778 |
0,931523 |
|
Estándares Inflexibles I |
0,395177 |
0,140437 |
0,262371 |
0,889059 |
|
Estándares Inflexibles II |
0,961569 |
0,122612 |
0,535885 |
0,661815 |
|
Inhibición Emocional |
0,695218 |
0,993176 |
0,713935 |
0,295697 |
|
Derecho/Grandiosidad |
0,717537 |
0,984057 |
0,847881 |
0,365566 |
|
Entrampamiento |
0,830024 |
0,620185 |
0,36914 |
0,369646 |
Se puede evidenciar en una de las variables un resultado altamente significativo para el esquema de insuficiente autocontrol y su influencia con la variable de si ha repetido algún año, obteniendo un resultado de 0,0102524. Por otro lado, hubo una comparación que marca un indicio de significancia en el esquema de autosacrificio y la influencia del sexo con un resultado de 0,0618135. Sin embargo, no puede ser considerado como tal debido a la falta de una décima para alcanzar dicho objetivo. En lo que respecta a las demás variables con respecto a los demás esquemas se puede establecer que no se encontró influencia significativa entre ellos.
Discusión
Teniendo como base los resultados anteriores, es necesario mencionar que el sexo predominant, fue el femenino con un procentaje del 58.7%. Asimismo, la edad con una mayor prevalencia fueron los adolescentes de 14 años con un porcentaje del 31,7%; el grado con mayor frecuencia fue décimo con un porcentaje del 38,9%. Finalmente, un aspecto significativo en la muestra fue la gran cantidad de adolescentes en estrato 1, con un 30,16%. Ahora bien, después de abordar los datos sociodemográficos se procederá a dar una explicación de cada uno de los esquemas cognitivos disfuncionales evaluados en el Cuestionario de esquemas de Young, YSQ-L2 y su respectivo porcentaje.
En primer lugar, se tiene el esquema de abandono, que hace referencia a la creencia que los demás no pueden dar una ayuda fiable y estable; obtuvo un porcentaje del 23.81%, siendo este el esquema con menor frecuencia; se encuentra en la dimensión de desconexión y rechazo, por lo que se puede concluir que el esquema de abandono se caracteriza por personas las cuales fueron criadas en entornos en donde no hubo alimento, afecto, aceptación, ni estabilidad tanto económica como emocional (Rodríguez, 2009). Es un resultado significativo el que este esquema sea aquel con el menor porcentaje, ya que quiere decir que su crianza se dio en un entorno en donde hubo un adecuado proceso de educación y manejo por parte de sus padres, permitiéndole al menor un espacio de interacción, armonía y cariño al interior del hogar. Además, según Castrillón et al. (2005) este esquema ha sido considerado como un factor de vulnerabilidad en diferentes trastornos psicopatológicos, entre los que se destacan la depresión, la ansiedad social y los trastornos de la alimentación y el trastorno límite de la personalidad, por lo que es un aspecto positivo para la sociedad el que este esquema disfuncional no esté presente en estos adolescentes. Por otro lado, Calvete (2020) menciona que el esquema de abandono puede provocar, en los adolescentes, ansiedad y angustia ante una situación de separación.
En cuanto al esquema de insuficiente autocontrol, se encuentra en personas que no demuestran un autocontrol adecuado; en algunas ocasiones son impulsivos, pueden tener dificultad con la autodisciplina y tener problemas para controlar sus emociones (Rodríguez, 2009). Este esquema tuvo un porcentaje del 47,62%, por lo que tiene una frecuencia significativa en la investigación. Un aspecto a resaltar es que la presencia de este esquema disfuncional ocasiona diferentes comportamientos poco funcionales para las personas, como la ludopatía. Suelen considerar que tienen el control y la razón, de manera que suelen realizar exigencias absolutistas sobre cómo deben ser las cosas, cómo deben comportarse las personas o cómo deben desarrollarse situaciones específicas (Bahamón, 2013).
Es por esta razón que en este estudio se concluyó que uno de los esquemas característicos en este comportamiento son las personas con insuficiente autocontrol; aspecto que se debe prevenir y promover mediante capacitaciones o talleres sobre el manejo y control de estas conductas. Adicional a esto, Gómez (2020), en su investigación con adolescentes entre los 15 y 17 años, plantea tres indicadores característicos de este tipo de esquemas: incapacidad para reprimir impulsos y emociones; evitan la aceptación de responsabilidades, y hay un exceso por ser autocontrolador y autodisciplinado.
Con respecto al esquema de desconfianza/ abuso el individuo espera que las otras personas lo lastimen o se aprovechen de él (Rodríguez, 2009). Este esquema obtuvo un porcentaje del 47,62%. Al igual que el esquema anterior, este también tiene una frecuencia significativa en la investigación, por lo que se llega a la conclusión de que la presencia de esquemas cognitivos disfuncionales son un predictor de la agresión en jóvenes y adolescentes (Mate, 2017). Además, el tener este esquema, también presenta síntomas de ludopatía por lo que es necesario prevenir este tipo de comportamiento futuros en los adolescentes. Por otro lado, Urbiola et al (2019) encontraron, en su investigación con población entre los 13 y 31 años, que el esquema de desconfianza/ abuso está claramente correlacionado con la dependencia emocional.
En relación con el esquema de deprivación emocional este refleja la idea de que no es posible lograr una necesidad de apoyo emocional (en relación con la alimentación, la empatía y la protección) (Castrillón et al., 2005). Dicho esquema tuvo un porcentaje del 34,92%, lo que significa que no está tan marcado en los adolescentes; sin embargo, es importante prevenir algún tipo de comportamiento futuro en algunos adolescentes que presentan este esquema. Según (Bahamón, 2013) la deprivación emocional se relaciona con la creencia de que el deseo de lograr un grado normal de apoyo emocional no será adecuadamente satisfecho por los otros. Contemplando tres dimensiones de la privación: privación de cuidados (ausencia de atención, afecto, calidez o compañía), privación de empatía (ausencia de comprensión, escucha, apertura o de intercambio mutuo por parte de los otros) y privación de protección (ausencia de fortaleza, dirección o guía). Por esta razón, a pesar de que no tuvo una frecuencia significativa en la investigación, sí es necesario adoptar medidas de prevención con el propósito de anticipar posibles comportamientos disfuncionales en los adolescentes en su futuro. Según Urbiola et al. (2019) este esquema está también directamente relacionado con la dependencia emocional en adolescentes y jóvenes.
En cuanto al esquema de vulnerabilidad al daño hace referencia a que las personas esperan tener experiencias negativas que no pueden controlar, tales como crisis médicas, emocionales o naturales (Castrillón et al., 2005). Gómez (2020) menciona algunos indicios de comportamientos de adolescentes con este esquema: temor constante por sucesos inesperados, preocupación excesiva y ataques de ansiedad. Este esquema tuvo un porcentaje del 46,03% también tiene una frecuencia significativa en la investigación. Al encontrarse la presencia de este esquema, existe una creencia que se dirige hacia la anticipación de catástrofes inminentes e incontrolables. Estas anticipaciones se centran en uno o más de los siguientes aspectos: catástrofes médicas (por ejemplo: ataques cardíacos, cáncer, SIDA), catástrofes emocionales (por ejemplo: volverse loco, indigente o perder el control) y catástrofes externas (ejemplo: fallas en elevadores, ser atacado por criminales, accidentes aéreos, terremotos, etc.) (Bahamón, 2013).
Por último, se encuentra entrampamiento, el cual Castrillón et al. (2005) definen como una implicación y cercanía emocional con personas significativas para el individuo, que termina por limitar la individuación completa y una vida social normativa. Este esquema disfuncional logró abarcar al 31,74% de los adolescentes; implicando, con frecuencia, creencias de no poder sobrevivir sin el otro, sentimientos de fusión, e incluso llegando a cuestionar la propia individualidad. Así mismo, se ha ubicado como un predictor de agresividad y dependencia emocional en adolescentes, tal como un esquema asociado con la ludopatía (Estévez y Calvete, 2007; Mate, 2017; Gómez, 2020).
Una vez expuesto lo obtenido en cada uno de los esquemas cognitivos disfuncionales, se procede a profundizar en la comparación de dichos esquemas con respecto a las variables de sexo, edad, estrato socioecónomico, repitencia de algún grado escolar y la composición familiar. Teniendo en cuenta lo mencionado en el apartado de resultados, resulta claro que solo hubo una influencia significativa entre la variable repetir grado escolar y el esquema de insuficiente autocontrol; los demás esquemas y variables no presentaron dicha influencia.
Tal como se mencionó anteriormente, se obtuvo una influencia altamente significativa; este resultado se ve sustentado por Castrillón et al. (2005) cuando afirman que las personas con poco autocontrol se caracterizan por darse a impulsos positivos como el disfrute, afecto, juego, excitación sexual; siendo común encontrar que la persona pone un énfasis excesivo en las emociones y desprecia la racionalidad; puesto que los estudiantes que suelen repetir algún grado en su escolaridad no poseen control sobre sus propias conductas y decisiones, afectando su proceso de aprendizaje e interacción con los demás adolescentes. Así mismo, Iturregui (2017), en su investigación, encontró que el exceso de indulgencia y falta de dirección se logra evidenciar en creencias de superioridad, impulsividad y poco autocontrol, por lo que se concluye que esto está directamente vinculado con la dependencia emocional. Por esta razón, se permite vincular lo obtenido en el estudio de Iturregui con los resultados de la presente investigación. Asimismo, es importante resaltar que el esquema de insuficiente de autocontrol fue el único con el que el repetir algún grado escolar tuvo una influencia significativa.
En lo que respecta a la variable sexo no se obtuvo ningún tipo de influencia significativa con respecto a los 11 esquemas cognitivos disfuncionales. Tal como en este estudio, Iturregui (2017) tampoco obtuvo una relación entre las dimensiones las cuales componen los esquemas disfuncionales tempranos y la variable de sexo. Por el contrario, Mate (2017) logró evidenciar que los hombres tienen mayores puntuaciones en los esquemas cognitivos de deprivación emocional, estándares inflexibles I, inhibición emocional y derecho, mientras que las mujeres tienen mayores puntuaciones en los esquemas cognitivos de abandono y autosacrificio. Con respecto a este último cabe destacar que se obtuvo un breve indicio de relación con el sexo femenino; no obstante, no fue lo suficientemente sustancial para que marcara esta influencia.
Al igual que el sexo, tampoco se encontró una relación entre los esquemas disfuncionales y la edad. Sin embargo, en otras investigaciones como en Iturregui (2017) se logra demostrar una influencia entre ambas variables. En este caso se observó que la dimensión de desconexión y rechazo está especialmente presente en evaluados de 18 años, mientras que en la dimensión de tendencia hacia el otro son los adolescentes de 17 años y 19 años quienes presentan mayor prevalencia. Siguiendo estos resultados, se puede apreciar que la dimensión sobrevigilancia e inhibición se presenta en las diversas edades, especialmente a los 17 años, seguidos por aquellos que tienen 19 años. En el estudio de Flores y Vilca (2017) con adolescentes de 15 a 17 años hallaron que el esquema disfuncional prevalente es deprivación emocional. Adicionalmente, Mate (2017) en su estudio con menores de 12 a 18 años, encontró que los esquemas de insuficiente autocontrol, desconfianza/abuso, privación emocional, autosacrificio, vulnerabilidad al peligro, inhibición emocional y derecho, pueden asumir diferencias significativas teniendo en cuenta la variable edad. Cabe mencionar que un posible motivo para la ausencia de influencia entre ambas variables puede deberse a la reducida muestra de este estudio.
Como tercera variable se encuentra el estrato socioeconómico, en el cual no se halló una influencia con respecto a los diferentes esquemas cognitivos, y tampoco fueron encontrados antecedentes que exploraran esta variable y la compararan con los esquemas antes mencionados. Por lo tanto, no se cuenta con literatura suficiente relacionada con el tema, por lo cual se recomienda a futuros investigadores explorar esta variable y su posible impacto en futuros estudios.
Finalmente, se rescata la variable composición familiar, la cual, pese a no haber sido tenida en cuenta a la hora de contrastar datos sociodemográficos con esquemas disfuncionales, es relevante, puesto que existen antecedentes que obtuvieron resultados en torno a ella. En cuanto a esto, Iturregui (2017) destacó la existencia de una relación entre los esquemas disfuncionales tempranos y la dependencia emocional en todos los tipos de composición familiar.
Conflicto de interés
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
Conclusiones
Con respecto al objetivo general de la presente investigación, se concluyó que los principales esquemas cognitivos disfuncionales presentes en los 63 adolescentes de 14 a 17 años, que participaron en el presente estudio, de mayor a menor porcentaje, son: inhibición emocional, insuficiente autocontrol/ autodisciplina, desconfianza/abuso, y vulnerabilidad al daño. Finalmente, el esquema cognitivo disfuncional con menor porcentaje fue el de abandono. Por lo tanto, resulta clara la necesidad de desarrollar nuevas estrategias de intervención que se orienten hacia el correcto manejo de este tipo de sesgos cognitivos en la población objeto de estudio, ya que los esquemas antes mencionados pueden terminar por desencadenar comportamientos desadaptativos que terminan por afectar el diario vivir de cada uno de los participantes de la investigación.
Dentro de los resultados obtenidos, es necesario resaltar los esquemas cognitivos disfuncionales con una mayor representación dentro de la muestra del estudio. En primer lugar se ubica el esquema de inhibición emocional. Se logró evidenciar que los adolescentes de la muestra obtuvieron un puntaje significativo de 61,9% en dicho esquema, siendo el de mayor prevalencia; se puede correlacionar con conductas desadaptativas tales como ludopatía, agresión y rasgos de la personalidad por evitación (Estévez y Calvete, 2007; Mate, 2017; Jovev y Jackson, 2004; Gómez, 2020). Por ello es importante prestar mayor atención a las características de este esquema en futuras investigaciones y propuestas de intervención, a la hora de trabajar con este tipo de población en la región.
Sin embargo, inhibición emocional no es el único esquema con una alta representación dentro de la muestra; este fue seguido por insuficiente autocontrol. Las características principales de este esquema son: incapacidad para reprimir impulsos y emociones, evitan la aceptación de responsabilidades, y hay un exceso por ser autocontrolador y autodisciplinado (Rodríguez, 2009). Teniendo en cuenta el carácter disfuncional de dicho esquema y su alta representación dentro de la muestra, se llega a una conclusión similar a la de Bahamón (2013) y Gómez (2020) de tener en cuenta este esquema a la hora de realizar planes de intervención en población adolescente, debido a sus características inherentes.
Del mismo modo, la desconfianza/abuso también se presentó en los adolescentes, siendo un resultado coherente con otras investigaciones similares en Mate (2017), el cual halló una alta representación del presente esquema en adolescentes españoles entre los 12 y 18 años, así como por Urbiola et al (2019) en personas entre los 13 y 39 años. Por lo tanto, resulta evidente la necesidad de considerar el esquema de desconfianza/abuso como una problemática de alta importancia y alto impacto en la muestra de la presente investigación.
Cómo último esquema relevante, dentro de los resultados obtenidos, se encuentra vulnerabilidad al daño. Este se refiere a que las personas esperan tener experiencias negativas que no pueden controlar, tales como crisis médicas, emocionales o naturales (Castrillón et al., 2005), se puede asociar con las características del momento del ciclo vital que representa la adolescencia. En consecuencia, es pertinente involucrar el manejo de este esquema en futuros estudios y procesos de intervención en adolescentes de la muestra seleccionada.
En lo que respecta a los siete esquemas restantes, a pesar de tener una representación menor que los esquemas mencionados previamente, aun así, representan un factor de riesgo para los adolescentes involucrados en la investigación. De modo que no es viable ignorarlos en futuras investigaciones ni propuestas orientadas a la promoción de la salud y prevención de la enfermedad.
En relación con las características sociodemográficas, es necesario mencionar que el sexo predominante en esta investigación fue el femenino; asimismo, la edad con mayor prevalencia fueron los adolescentes de 14 años. Por otro lado, el grado con mayor frecuencia fue décimo; y finalmente, un aspecto significativo en la muestra fue la gran cantidad de adolescentes en estrato uno. Es conveniente aclarar que la muestra de este estudio no es lo suficientemente amplia como para generalizar los datos obtenidos a todos los adolescentes de 14 a 17 años en Armenia; sin embargo, se espera que puedan funcionar como un referente para futuras investigaciones que pretendan trabajar con esta población en el departamento del Quindío.
Tal como lo plantea Jeffrey Young, la adolescencia es aquella etapa del ciclo vital donde se decidirá el rumbo futuro de los esquemas cognitivos disfuncionales aprendidos durante la infancia. Por lo tanto, es importante conocer qué tipos de esquemas presentan los adolescentes en los contextos específicos para así poder orientar, de mejor manera, programas y actividades orientados a la promoción de la salud y prevención de
Puesto que la presente investigación tiene un alcance descriptivo, es inviable establecer correlaciones o relaciones causales entre los 11 esquemas disfuncionales y las variables sociodemográficas abordadas. No obstante, esto no descarta la posibilidad de establecer comparaciones entre ambas, llegando a la conclusión de que entre la muestra abordada solo existe una relación significativa, la cual es entre el haber repetido un grado escolar y el esquema de insuficiente autocontrol; mientras que todas las demás no lo fueron. Por supuesto, debido a la limitada muestra estos resultados son debatibles y deben ser contrastados a través de futuras investigaciones.
En el presente estudio se logró evidenciar una limitación significativa para la recolección de los datos. Debido a la pandemia por COVID-19, las diferentes instituciones del Quindío estaban trabajando de forma virtual, lo que obstaculizó y entorpeció el proceso de recogida de información, limitando así el número de adolescentes con los que era posible establecer contacto. Así que la principal limitación de esta investigación fue la reducida muestra a la que fue posible acceder, imposibilitando la generalización de los resultados obtenidos.
Como último punto, es conveniente realizar algunas recomendaciones tanto como para futuras investigaciones que deseen abordar el tema de la adolescencia y los esquemas cognitivos disfuncionales en Armenia, Quindío, como para la muestra del presente estudio. La primera recomendación recae en aumentar la muestra con el fin de poder generalizar lo obtenido. Posteriormente, es necesario complejizar el tipo de estudio, pasando de un alcance descriptivo a uno correlacional con muchas otras variables del entorno quindiano. Por otro lado, debe ser posible desarrollar proyectos comparativos entre la población adolescente con otros grupos etarios del municipio o departamento. A pesar de que no es un tema demasiado innovador, da paso a diversos estudios futuros que tengan como foco los esquemas cognitivos disfuncionales en el Departamento. Adicional a esto, el hecho de que la aplicación del instrumento haya sido virtual, pudo haber obstaculizado el correcto diligenciamiento del mismo, debido a los diferentes factores distractores en su entorno; se recomienda su gestión de forma presencial, ya que actualmente se cuentan con las condiciones y protocolos para hacerlo de esta forma. Finalmente, debido a la alta representatividad de los diversos esquemas cognitivos disfuncionales se recomienda prestar especial atención a los participantes del estudio con el fin de desarrollar propuestas de intervención aterrizadas a las necesidades de esta.
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Young, J. (s.f). Terapia cognitiva para los trastornos de personalidad.: Un enfoque centrado en esquemas (3ª. ed.). Desclée de Brouwer
Introducción
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Modelo Psicoterapéutico Integrativo de Formulación de Caso en el Contexto Contemporáneo
Integrative Psychotherapeutic Model of Case Formulation in the Contemporary Context
Juan Carlos Jaramillo Estrada
Artículo de investigación
Recibido: 21/06/2023 – Aprobado: 24/10/2023 - Publicado: 03/12/2023
ISSN - 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.4890.2024
Volumen 7-1 2024
Resumen
La contemporaneidad ha transformado la cosmovisión en las últimas décadas. El neoliberalismo, la relativización de la verdad y la caída de los grandes metarrelatos generan sujetos proteiformes, individualistas, insatisfechos e inestables.
La pandemia potenció estas características, generando problemas de salud mental complejos en su abordaje psicoterapéutico debido a su novedad. Fenómenos como la diversidad identitaria, los síntomas médicamente inexplicables o los problemas asociados a la virtualidad, retan a los psicoterapeutas.
Una atención clínica pertinente, contextualizada y efectiva, requiere alternativa conceptuales y de intervención adecuadas a la época y a las subjetividades emergentes de ella, y exige actualizar los modelos de formulación de casos en psicoterapia
Se describe un modelo de formulación de caso en psicoterapia integrativa, adecuado al contexto contemporáneo, abierto a la pluralidad teórico/técnica y pertinente para las necesidades psicoterapéuticas actuales
Palabras clave: Psicoterapia, modelo, integral, contexto, salud mental.
Abstract
Contemporaneity has transformed the worldview in recent decades. Neoliberalism, the relativization of truth and the fall of the great meta-narratives generate protean, individualistic, dissatisfied and unstable subjects.
The pandemic enhanced these characteristics, generating mental health problems, complex in its psychotherapeutic approach due to its novelty. Phenomena such as identity diversity, medically inexplicable symptoms or problems associated with virtuality challenge psychotherapists.
Pertinent, contextualized and effective clinical care requires conceptual and interventionist alternatives appropriate to the times and to the subjectivities emerging from it, and requires updating the case formulation models in psychotherapy.
A case formulation model in integrative psychotherapy is described, appropriate to the contemporary context, open to theoretical/technical plurality and relevant to current psychotherapeutic needs.
Keywords: Psychotherapy, model, comprehensive, context, mental health.
Tempus Psicológico
1 Universidad CES. Correo: jjaramilloe@ces.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6120-1736
Modelo Psicoterapéutico Integrativo de Formulación de Caso en el Contexto Contemporáneo
Para citar este artículo
Jaramillo Estrada, J. C. (2024). Modelo Psicoterapéutico Integrativo de Formulación de Caso en el Contexto Contemporáneo. Tempus Psicológico, 7(1), 35-63
Juan Carlos Jaramillo Estrada1
Tempus Psicológico
A partir de los años setenta del siglo XX, el mundo asiste a una transformación radical de la cosmovisión imperante en la modernidad (Laje, 2022), lo que ha implicado cambios en los modos de vida y de ser de las personas alrededor del globo (Bauman, 2007; Lipovetsky, 2003). Estas transformaciones se han visto aupadas por la llegada del neoliberalismo, entendido como una visión del mundo que trasciende la lógica económica (Laval & Dardot, 2013), y la globalización, en la que el intercambio continuo de saberes y productos ha generado una transculturación de la que apenas estamos comenzando a evidenciar sus consecuencias (Flores, 2014). Como fenómeno transversal a ellas, las tecnologías de la información y comunicación han permitido y posibilitado niveles de penetración del neoliberalismo y la globalización hasta hace poco inimaginables (Chul Han, 2022; Sadin, 2022).
Con estos elementos como soportes esenciales del proceso de transformación global, la contemporaneidad, entendida como aquella época que discurre desde los años 70 del siglo XX hasta el momento actual, se caracteriza por una fuerte relativización de la verdad que se articula con el debilitamiento de las organizaciones disciplinares que hasta hace apenas años eran las garantes de la conservación y replicación de verdades universales, como la familia, la escuela o la iglesia (Bauman, 2002). Igualmente se evidencia un fuerte proceso de personalización en el cual el individualismo y la ruptura de la solidaridad entre las personas es una de sus principales características, llevando a que prime una ética del deseo en la que los individuos orientan sus proyectos futuros de una forma desafectada de la de los demás, en pos de obtener una satisfacción inmediata carente de esfuerzo o sufrimiento y orientada hacia el logro de la felicidad (Lipovetsky, 2006; Lipovetsky & Charles, 2014).
Estos cambios han implicado la emergencia de subjetividades que cuentan con unas características diferenciales sí se las compara con aquellas propias de la modernidad, en un tránsito tipo palimpsesto. Se destacan una baja tolerancia a la frustración, pobre control de impulsos, limitada capacidad de espera y la perdida de los horizontes colectivos cómo forjadores de los proyectos de vida, los cuales responden ahora a perspectivas individualizadas de autorrealización ligadas a las características neoliberales del desecho y el consumo (Jaramillo, Sandoval & Molina, 2017).
Estas subjetividades vivencian diversas problemáticas en salud mental: las cifras de trastornos depresivos, de pánico y ansiosos se encuentran hoy por hoy, y especialmente después de la pandemia de COVID-19, en niveles preocupantes (Organización Mundial de la Salud, [OMS], 2022). Igualmente, la relativización de la verdad y de las normas y los límites se liga a problemas asociados a la disregulación, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el trastorno afectivo bipolar y el trastorno oposicional desafiante (Organización Panamericana de la Salud, [OPS], 2022). También emergen nuevas demandas a los clínicos en la contemporaneidad ligadas a problemáticas en las que los síntomas médicamente inexplicables -tales como la fibromialgia o disautonomía- son altamente prevalentes (Husain & Chadler, 2021), o también aquellas asociadas a las miles de personas en duelo gracias a las pérdidas sufridas durante la pandemia COVID-19, o a las secuelas neuropsiquiátricas derivadas de la enfermedad (Rogers & Lewin, 2022). Esta situación requiere de una profunda revisión por parte de los psicoterapeutas de sus marcos conceptuales e interventivos, pues estos deben adecuarse a las características de la época y las subjetividades emergentes de ella si se quiere abordar adecuadamente las problemáticas objeto de atención clínica (Jaramillo & Sandoval, 2018).
Cómo respuesta a dicho requerimiento, se describe a continuación un modelo de formulación de caso psicoterapéutico de tipo integrativo que, gracias a su fundamentación ontológica relativista y paradigmas afines a ella como la epistemología compleja, comporta unas condiciones adecuadas para comprender e intervenir las problemáticas en salud mental de los sujetos en la contemporaneidad (Jaramillo, Escobar & Sandoval, 2015). En tanto integrativo, favorece dicha comprensión al considerar múltiples dimensiones de la existencia, haciéndolo pertinente para la elaboración de estrategias de intervención que puedan apuntar a la solución de tales problemáticas, contextualizadas en el marco de la contemporaneidad.
Este modelo de formulación de caso es el núcleo formativo de la maestría en clínica psicológica de la Universidad CES de Medellín, Colombia, la cual propende desde el año 2015 por una formación integrativa en psicoterapia; también ha servido como modelo de análisis de caso en cerca de 500 staff clínicos realizados en diversas instituciones clínicas en la misma ciudad desde el año 2016, y ha sido objeto de dos proyectos de investigación implementados en la misma universidad: “El método clínico en psicología, 2019-2021” e “Implementación del método clínico psicológico en los staff clínicos de la IPS CES Sabaneta, perspectiva de los psicoterapeutas, 2021-2022”. Son estos los insumos de los cuales emerge la propuesta que se describe a continuación.
La contemporaneidad
La contemporaneidad podría ser entendida como aquella época que discurre desde los años 70 del siglo XX hasta el momento actual (Jaramillo & Sandoval, 2018). Ella está siendo definida por diversos fenómenos, entre los cuales se destacan el neoliberalismo como cosmovisión, la globalización, y las tecnologías de la información y comunicación, entre las que se destaca, muy especialmente, el internet (Laval & Dardot, 2013). Esta época se caracteriza por una entronización de las lógicas de mercado cómo patrón dominante de las interacciones que se producen a nivel mundial, y en las que es preponderante el carácter global de las mismas (Chul Han, 2014). Ahora bien, esta situación se produce gracias a la aparición de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, las cuales han facilitado y promovido que los presupuestos de la cosmovisión neoliberal se conviertan en hegemónicos alrededor del globo gracias a su difusión de una manera rápida y profunda (Sadin, 2022).
Las condiciones geopolíticas, sociales, culturales, económicas y relacionales derivadas de la contemporaneidad constituyen el marco a partir del cual emergen unas subjetividades diferenciadas de aquellas que eran propias de la época moderna. Ya sea que se las denomine líquidas (Bauman, 2002), hipermodernas (Lipovetsky & Charles, 2014), proteiformes (Jaramillo, Sandoval & Molina, 2017), tiranas (Sadin, 2022), idiotas (Laje, 2023) o neoliberales (Laval, Dardot & Gerenger, 2018), se evidencia en ellas un tránsito de la ética de la responsabilidad y el trabajo hacia la ética del deseo, en un proceso intensivo de personalización que conduce al aislamiento de las personas, el debilitamiento de los lazos sociales y una sensación de insatisfacción permanente en la que el culto al “tú puedes ser lo que quieras ser” se convierte en un ideal autoesclavizador de los sujetos (Chul Han, 2022, Sadin, 2022). Como consecuencia de ello, pueden evidenciarse sendas modificaciones en las características estructurales de la personalidad, entre las que se destacan: una baja tolerancia a la frustración, limitado control de impulsos, reducida capacidad de espera, grandes dificultades en la resolución de problemas y un estado de insatisfacción permanente, las cuales parecieran responder a una nueva lógica de época en la cual, quien mejor se adapta es el que cambia continuamente (Bedoya, 2018; Jaramillo, Sandoval & Molina, 2017) (Carmona, Mejia & Bernal, 2004)
Demandas a la psicoterapia en la contemporaneidad
Las condiciones antes descritas constituyen el marco del cual emergen una serie de problemáticas en salud mental para los sujetos contemporáneos que son objeto prioritario de intervención para los psicoterapeutas en la actualidad, y las que deben ser entendidas como fruto de dichas condiciones si se quiere alcanzar una efectividad significativa al intervenirlas. Entre otras problemáticas, podrían mencionarse la depresión y ansiedad, con cifras de prevalencia cercanas al 30% (OMS, 2022), o aquellas derivadas de la pandemia, como los menores de edad que han quedado huérfanos por la muerte de uno o dos de sus cuidadores (Casas, 2022) y las secuelas físicas o emocionales de la enfermedad (Rogers & Lewin, 2022).
Es importante incluir entre las problemáticas actuales las afectaciones del estado de ánimo que no son psicopatologizables, como la languidez, caracterizada por un cuestionamiento al sentido de vida y al fundamento de la existencia, desmotivación y apatía muy fuertes pero que, sin embargo, no puede ser considerada como un cuadro depresivo, pues responde a cuestionamientos de orden existencial causados por las características de la época y potencializados por el aislamiento y la amenaza latente sentida durante largo tiempo en el período de la pandemia (Moreno & Carabias, 2021).
Son también relevantes aquellas demandas psicoterapéuticas relacionadas con los asuntos propios de la identidad (Botella, Grañó, Gamiz & Abey, 2008; National Geographic, 2017), el internet y la virtualidad (Díaz-Plaza, Novalbos-Ruiz, Rodríguez-Martín, Santi-Cano & Belmonte-Cortés, 2022; Torres, 2023), o las nuevas formas de organización familiar (Wainstein, 2011), las cuales generan tensiones conceptuales y técnicas en psicoterapia gracias a la novedad que representan, obligando a la construcción de nuevas formas de comprenderlas e intervenirlas a través de propuestas de formulación de casos adecuadas a las características y exigencias de la época contemporánea (Amores & Aza, 2016; Botella. Pacheco & Herrero, 2022; Fernández, 2003; Tarragona, 2006).
La alta incidencia y prevalencia de estas problemáticas, así como también las significativas afectaciones que producen en las personas que las padecen, obliga a pensar modelos de formulación de caso en psicoterapia adecuados a las condiciones de la época y las subjetividades propias de ella que permitan a los terapeutas entender el sentido de su emergencia en la contemporaneidad para, a partir de allí, encontrar las mejores alternativas de intervención.
Las psicoterapias integrativas
Sí bien los orígenes de las psicoterapias integrativas pueden rastrearse incluso en la obra de Freud, se encuentran como primeras referencias a ellas los trabajos realizados por French, en los que se proponía traducir algunos de los conceptos de la psicoterapia psicoanalítica en términos de aprendizaje (Norcross & Goldfried, 2005). Es también relevante el trabajo seminal realizado por Rosenzweig (1936), frecuentemente citado por la comparación realizada con la sentencia proferida por el pájaro Dodo en Alicia en el País de las Maravillas, a través de la cual afirmaba la similitud en la efectividad esperada para cada una de las principales orientaciones teóricas en psicoterapia.
Ya en el inicio de la década de los años cincuenta del siglo pasado, la propuesta de Miller y Dollard (1960) orientada a crear una teoría de la personalidad en la que articulaban el psicoanálisis freudiano y algunas teorías del aprendizaje, se convirtió en un verdadero hito para las terapias integrativas. Las décadas del 70 y 80 del siglo XX fueron, finalmente, el momento en el cual estas encontraron mayor reconocimiento a través de la creación, en 1983, de la Sociedad para la Exploración de la Integración en Psicoterapia y la publicación del primer Journal de Psicoterapia Ecléctica Integrativa en 1987 (Norcross & Goldfried, 2005).
De acuerdo con Goldfried (1982), las psicoterapias integrativas se proponen integrar diferentes modelos y técnicas para entender mejor y hacer avanzar la psicoterapia mediante la consideración de las perspectivas de diferentes enfoques. De esta manera, se oponen a las luchas tradicionales existentes entre las diversas escuelas de psicoterapia orientadas a su diferenciación y efectividad en las intervenciones. Por el contrario, lo que las terapias integrativas pretenden es la generación de diversas formas de articulación entre las orientaciones psicoterapéuticas, propiciando el intercambio de conceptos y técnicas alrededor de distintos modelos de integración, con miras a alcanzar una mayor efectividad en las intervenciones gracias a la amplitud y pluralidad conceptual y técnica que puede lograrse en la confluencia de múltiples perspectivas. Entre los modelos de integración más reconocidos se cuentan los siguientes (Pinsof, 2002; Prochaska & Norcross, 2018):
La formulación de casos clínicos en psicoterapia
La formulación de casos clínicos puede ser vista como una forma de conceptualizar y comprender los casos a través de una serie de reflexiones claras y concisas orientadas a la definición del problema, las condiciones relacionadas con su emergencia y mantenimiento, y la prospectiva en torno a las intervenciones que deben ser realizadas para producir el logro de los objetivos clínicos propuestos para generar un cambio (Johnstone & Dallos, 2014). En esta línea de sentido, la división de psicología clínica de la APA dice que la formulación psicológica es:
La suma a integración de los conocimientos qué son adquiridos a través de un proceso de evaluación que puede incorporar factores y procedimientos psicológicos biológicos y sistémicos. La formulación estará soportada en teorías e investigaciones psicológicas con el fin de dar un marco de trabajo que describe las necesidades o problemas de los clientes, las razones Cómo se han desarrollado y mantenido hasta la fecha (División de psicología clínica, 2010, p. 5).
Aunque hay marcadas diferencias en los diversos modelos de formulación de caso, tales como los factores en los cuales hace énfasis la intervención, los conceptos nucleares utilizados o el rol del terapeuta y el paciente (Johnstone & Dallos, 2014), en términos generales, las formulaciones de caso tienen elementos comunes, entre los que se destacan:
Resumir los elementos problemáticos nucleares de los pacientes, sugerir, basados en teorías psicológicas, las razones por las que el cliente ha desarrollado estos problemas en ese momento y situación específica, ofrecer un plan de intervención basado en procesos psicológicos y estar abiertos a la revisión y reformulación (Johnstone & Dallos, 2014, p. 6).
De esta manera, un modelo de formulación de caso se convierte en un elemento imprescindible para la atención psicoterapéutica, pues permite comprender las dimensiones que constituyen la situación problemática de una manera sincrónica y diacrónica, sustentando sus reflexiones a través de teorías que soportan y guían intervenciones orientadas al cambio terapéutico. Pueden encontrarse diversos modelos de formulación de caso en psicoterapia, como aquellos de corte cognitivo conductual, psicodinámico, sistémicos, narrativos, relativos a los constructos personales y relacionales e integrativos (Eells, 2007; González, 2008; Lambert, 2013; Nezu, Nezu & Lombardo, 2006). Justamente, la propuesta de formulación de caso clínico que se desarrolla a continuación se ubica dentro de aquellas propias del campo de las psicoterapias integrativas.
Descripción del modelo psicoterapéutico de formulación de caso integrativo
El modelo psicoterapéutico de formulación de caso integrativo tiene sus orígenes en la década de los años 90 del siglo XX, soportado en algunos desarrollos conceptuales orientados a la fundamentación de un tipo de razonamiento clínico propio de la psicología que no siguiese los preceptos del método clínico médico (Jaramillo, 2009). Esta idea recoge la intención explícitamente expresada por Witmer a principios del siglo XX, quien señaló que, si bien había tomado prestado el método clínico médico como fundamento de la psicología clínica debido al reconocimiento y trayectoria de este, era necesario para la psicología crear un método clínico propio diferenciado (Witmer, 1907).
Es destacable el hecho que, con el pasar de los años, el planteamiento de Witmer encontró cada vez menos eco entre los psicólogos clínicos dedicados a la psicoterapia, pudiéndose apreciar cómo estos se apegaron de una manera casi que exclusiva a la lógica clínica médica para sus desarrollos conceptuales, algo que se hizo evidente a partir del año de 1949 con la propuesta del modelo de Boulder como eje formativo de los psicólogos clínicos, el cual se ha extendido progresivamente por todo el mundo actualizándose a través de sus derivaciones formativas, como el modelo de Vail y el de Clinical Science (Berenbaum et al., 2021) .
No obstante, a partir de los años setenta del siglo XX comenzaron a gestarse una serie de condiciones contextuales, epistemológicas, antropológicas, conceptuales y relacionales que propiciaron la apertura a nuevas formas de pensar la psicoterapia (Carmona,2013) entre las cuales se incluyó el renacer de las perspectivas integrativas (Norcross, 2011). Esta situación ha conducido a la psicoterapia por caminos que recogen la intención de Witmer de crear un método clínico propio de la psicología, el cual se ha convertido en el fundamento de la emergencia del modelo de formulación de caso aquí descrito, y que se ha denominado “método clínico psicológico”.
Este modelo de formulación de caso es el núcleo formativo de la maestría en clínica psicológica de la Universidad CES de Medellín, Colombia, la cual propende desde el año 2015 por una formación integrativa en psicoterapia; también ha servido como modelo de análisis de caso en cerca de 500 staff clínicos realizados en diversas instituciones clínicas en la misma ciudad desde el año 2016, y ha sido objeto de dos proyectos de investigación implementados en la misma universidad: “El método clínico en psicología, 2019-2021” e “Implementación del método clínico psicológico en los staff clínicos de la IPS CES Sabaneta, perspectiva de los psicoterapeutas, 2021-2022”.
Se describen a continuación sus características esenciales, para lo cual se presentarán inicialmente los fundamentos del mismo y luego mostrar, de manera detallada, la ruta lógica que lo define, a través de sus ocho factores comunes constitutivos (Jaramillo, 2022).
Fundamentos
Los fundamentos del modelo psicoterapéutico de formulación de caso integrativo son: la contextualización en la contemporaneidad, su posición ontológica relativista, sus bases paradigmáticas complejas y su carácter integrativo.
El modelo incluye tres perspectivas de integración en psicoterapia, las cuales potencializan en su articulación las posibilidades reflexivas, conceptuales e interventivas: un primer elemento integrador guarda relación con los factores comunes de cambio, en la medida en que la ruta lógica que configura el modelo está constituida por ocho factores comunes que se relacionan de manera recursiva al interior del sistema. También se cuenta con distintas alternativas de integración asimilativa, en las que se asume que los psicoterapeutas que implementan el modelo cuentan con una orientación teórica de base a la cual se van incorporando nuevas teorías y técnicas pertinentes para la promoción del cambio esperado.
Finalmente, la integración multinivel tiene un lugar muy importante, pues las problemáticas objeto de la intervención clínica siempre son consideradas como emergentes de la interacción de múltiples planos de la existencia de los seres humanos, en cada uno de los cuales pueden plantearse distintos objetivos clínicos según sea la necesidad de la persona (Norcross & Wampold, 2010).
Ruta lógica del modelo de formulación de caso
El modelo sigue una ruta lógica constituida por ocho factores comunes de cambio que se articulan de manera recursiva, como se puede ver en la Figura 1:
Figura 1
Método clínico psicológico
Esquema de conceptualización basica

Podría describirse el movimiento a lo largo de esta ruta lógica de la siguiente manera (Jaramillo, 2022): el análisis de caso comienza con la consideración de las condiciones de entrada, prosigue con el establecimiento de los motivos de consulta y los objetivos clínicos para, posteriormente, realizar una aproximación comprensiva del caso a través de la elaboración del cuento. Una vez logrado este, se rastrean distintas teorías que puedan soportar conceptualmente -y de manera integrativa- dicha lectura comprensiva, para luego planear acciones orientadas al logro de los objetivos sustentadas en tales teorías, y orientadas a través de la lectura comprensiva alcanzada a través del cuento. Posteriormente se implementan las acciones y se evalúa el impacto que estas pueden haber tenido en los objetivos hacia los cuales iban dirigidas.
Esta evaluación de carácter recursivo permite revisar el logro de los objetivos, y con ellos las teorías utilizadas, el cuento formulado y las acciones implementadas, generando así un bucle que se retroalimenta como proceso de cambio continuo y permanente. Este bucle gira alrededor de un factor común denominado “el vínculo”, el cual es el centro del modelo, pues en este se realiza una lectura de las configuraciones vinculares del paciente y del terapeuta desde una perspectiva interaccionista (Blumer & Mugny, 1992), lectura que permite una comprensión de las problemáticas del paciente de manera relacional, transgeneracional y reflexiva -para el caso del terapeuta-.
Se describe a continuación cada uno de los elementos constitutivos del modelo de formulación de caso:
Es muy importante que los objetivos sean claramente definidos en cada recursión del proceso terapéutico, lo cual implica la necesidad de que sean acordados con el cliente. Tal como lo ha demostrado la abundante teoría asociada a la alianza terapéutica (Safran & Muran, 2005) uno de los elementos que genera mejor pronóstico en el proceso de cambio es, precisamente, la definición y acuerdo de objetivos entre el terapeuta y el cliente, y la posterior implementación de acciones orientadas a metas acordadas entre ambos. Por el carácter recursivo del modelo de formulación de caso que aquí se desarrolla, se entiende que los objetivos clínicos cambian a medida que el proceso avanza, debiendo realizarse reformulaciones continuas de los mismos que siguen una lógica fractal. Igualmente, es importante tener en cuenta la borrosidad como un elemento constituyente en la formulación de los objetivos, pues en muchas ocasiones estos deben responder a lógicas de carácter bivalente que solo pueden ser resueltas en tanto se las comprenda como elementos emergentes de un marco lógico mayor. El trabajo con pacientes que presentan fuertes disociaciones puede ser un excelente ejemplo de la necesidad de articular la lógica borrosa a la formulación de objetivos terapéuticos, en la medida en que estos deben incluir las contradicciones existentes entre las partes disociadas como elemento esencial para el logro de la integración que propicia el cambio.
Si bien puede pensarse que esta forma explicativa puede ser relativamente insuficiente para analizar un caso, para el modelo de formulación de caso propuesto ella se convierte en un insumo imprescindible, gracias a que dirige el planteamiento de los objetivos terapéuticos, la búsqueda de sustentación teórica para las intervenciones y la implementación de acciones orientadas a dichos objetivos. Así, con el cuento se pretende hacer evidente y activo un elemento que se encuentra presente en la práctica psicoterapéutica cotidiana, pero que generalmente es dejado de lado en los modelos de formulación de caso: la comprensión del caso del terapeuta, más allá de las formulaciones teóricas. Pueden encontrarse múltiples maneras de formalizar el cuento, ya sea narrativas, poéticas, musicales o de cualquier otra índole simbólica, pues su valor está en la capacidad de condensar la comprensión que el clínico tiene el caso, allende de su posición teórica.
El uso de la teoría así visto guarda una diferencia esencial con aquel que ocurre en las perspectivas psicoterapéuticas centradas en una orientación teórica, pues en ellas se asume que desde unos pocos marcos conceptuales pueden abordarse indistintamente todas las dimensiones de la existencia humana (Prochaska & Norcross, 2018). Por el contrario, la forma como es entendido el lugar de la teoría en el modelo de formulación de caso del método clínico psicológico permite asumirla como un insumo esencial que puede ser alimentado desde múltiples fuentes, según sea el plano vital que en el momento se esté abordando en psicoterapia.
Una vez se implementan las acciones, se hace necesario evaluar el impacto que estas han tenido en el objetivo hacia el cual iban dirigidas, actividad que permite cerrar la recursión de la ruta lógica que constituye el modelo de formulación de caso. A partir de esta evaluación puede determinarse si ocurrieron los cambios esperados en los objetivos o si se alcanzaron logros parciales, contando al mismo tiempo con explicaciones plausibles en torno a las razones por las cuales esto ha ocurrido; este proceso evaluativo permite reorganizar y ajustar la lectura comprensiva del caso -el cuento-, la teoría que la sustenta, la lectura de las configuraciones vinculares o las acciones llevadas a cabo, para el logro de los objetivos.
Así, al aproximarnos a la lectura del vínculo -o la obra de teatro, en el modelo de formulación de caso integrativo propuesto-, se realiza un abordaje de los principales personajes existentes en la vida de la persona a partir de la descripción detallada de los diferentes roles e interacciones que estos pueden ocupar en la trama vincular del paciente, reflexiones a partir de las cuales se puede elaborar una aproximación comprensiva de los aspectos vinculares que configuran y mantienen la problemática que lo trae a consulta. Con este marco comprensivo como base, los objetivos terapéuticos pueden ser orientados hacia la modificación de aquellos roles e interacciones problemáticas que mantienen las dificultades expresadas por el paciente, permitiendo considerar, al mismo tiempo, los pros y contras que dichas intervenciones podrían causar en el sistema.
La asunción de esta perspectiva interaccionista como eje central para la lectura del proceso de cambio en psicoterapia permite la articulación de diferentes teorías en los múltiples niveles de la experiencia del paciente, lo cual propicia una intervención de carácter eminentemente integrativo. Adicionalmente, al incluir el análisis de las configuraciones vinculares del terapeuta como elemento trascendental para la comprensión de las vivencias vinculares al interior del proceso terapéutico, se propende por un abordaje del caso en las que la auto reflexión del clínico ocupa un lugar preponderante. Por supuesto, se entiende que la lectura de la obra de teatro comporta un carácter procesual y recursivo, por lo cual debe ser realizada de manera continua a lo largo del proceso psicoterapéutico con miras a orientar de manera pertinente cada uno de los momentos recursivos del mismo.
Conclusiones
La formulación de caso aquí descrita incorpora una serie de elementos conceptuales que permiten sustentar su pertinencia y relevancia para orientar las acciones clínicas en la época actual. Se destacan entre dichos elementos:
Estas características permiten afirmar que el modelo de formulación de caso propuesto cuenta con unas excelentes condiciones para responder a las necesidades que las personas llevan a los espacios de psicoterapia en la contemporaneidad, pues estas son abordadas de manera contextual, comprendidas psicoterapéuticamente según sus características y necesidades específicas, e intervenidas con amplias lecturas integrales que favorecen una mejor comprensión y abordaje de los fenómenos clínicos.
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En los estudios sobre Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) en el contexto latinoamericano, se observa que gran parte de los consultantes no acuden a los servicios de salud, debido a que consideran que su sintomatología puede ser manejada por sí mismos. Generalmente se acude a los amigos, la familia, el vecino o al médico, teniendo en cuenta que acudir al psicólogo en la cultura latina es una conducta no instaurada, a diferencia de otras en la que se considera atípico no haber acudido a este tipo de profesional al menos una vez (Soler, 2019).
Cornejo (2021) reseña que generalmente se asiste a terapia cuando los recursos conductuales, cognitivos y estrategias para afrontar el trastorno, se han agotado. A los 24 años de edad se registra la edad promedio de inicio de la sintomatología en la población general de aparición en el 1,8% de los casos y se registra una prevalencia del Trastorno del 0,8% en hombres y del 2,5% en mujeres según datos del FES – Fundación para la Educación y el Desarrollo Social en el año 2003 y el Ministerio de Protección Social de Colombia – MPS (2015) también entidad contratante de dicho estudio. De igual manera el MPS en su más reciente encuesta nacional de Salud Mental, informa que entre 5.889 adultos que oscilaban entre 18 y 44 años de edad promedio, el 41,4 % había vivenciado por lo menos un evento de tipo traumático y el 3,3% de este porcentaje se encontraba en riesgo de hacer o desarrollar el trastorno con todas sus características. De acuerdo con un estudio realizado en el año 2013 por la OMS en 21 países, se encontró que más del 10% de las personas encuestadas fueron testigos de actos violentos, estimando que alrededor del 3,6% de la población mundial ha sufrido TEPT en el último año.
Luego de la exposición a un evento traumático, es posible desarrollar un TEPT, que genera en el individuo una disfunción cognitiva, al igual que afecta el entorno social, cultural y laboral. Como se menciona en el trabajo de Herrera y Cañas, este “produce cambios drásticos en las personas no solo a nivel psicológico debido a un acto violento, sino por los cambios cerebrales/fisiológicos que se experimentan y que inciden en problemas de salud mental y deterioro cognitivo” (2020, p. 311). Las autoras sostienen que mantener la respuesta estresora tiene el potencial de producir cambios estructurales y funcionales en el sistema nervioso, que puede finalmente readaptarse si la situación se resuelve o se aprende a afrontar.
El método de intervención utilizado en esta investigación fue la técnica terapéutica del Neurofeedback la cual se deriva de la aplicación de los principios de la psicofisiología, entendida como “el estudio de la relación entre los factores fisiológicos y los factores psicológicos o conductuales” (Rodas, 2009, p. 73). El neurofeedback a su vez se deriva del biofeedback que según Choliz y Capafons (1990) es “… un procedimiento consistente en suministrar información psicofísica que en condiciones normales el sujeto no puede disponer, con la intención de que al poseer dicha información el sujeto pueda modificar dichas variables orgánicas” (p. 396). Por tanto el objetivo de la Técnica del Neurofeedback será generar cambios permanentes en la respuesta fisiológica, emocional y conductual del sujeto, específicamente en sus patrones de ondas cerebrales mediante protocolos que permitan al sujeto observarlos, de manera que la información obtenida le permita efectuar modificaciones voluntarias de los registros mediante una retroalimentación constante.
A través de la aplicación de la técnica del Neurofeedback, el sujeto capta la información gráfica que representa sus ondas cerebrales y busca modificarlo a voluntad para acercarse a un criterio previamente establecido por el profesional tratante. De acuerdo con Gaviria et al. (2014) “se apoya en equipos, diseñados con el fin de que el paciente pueda detectar los cambios que se producen en la respuesta fisiológica seleccionada y, mediante procesos de condicionamiento clásico u operante, aprenda a modificar los valores de dicha señal” (p. 18).
En la medida en que las sesiones avanzan, los principios del condicionamiento operante se aplican (Carrobles, 1987), al suministrar un refuerzo positivo (que puede ser una imagen, sonido o mensaje verbal pregrabado), siempre que va alcanzado el criterio. Algunos de los objetivos que se pretenden alcanzar con esta técnica son el aprendizaje del control de las respuestas fisiológicas, el mantenimiento de la voluntariedad de dicho control y la eliminación de la dependencia del aparato de neuroretroalimentación conservando el control voluntario.
En el Neurofeedback pueden registrarse cinco tipos de ondas cerebrales, de acuerdo con Hammond (2011).
Una amplia variedad de estudios sobre el tratamiento de patologías evidencian la efectividad de esta técnica, como los de Scheinost et al. (2013), Dreis et al. (2015), Zilverstand et al. (2015) y Benioudakis et al. (2016) para trastornos de ansiedad; los trabajos de Ghosh et al. (2014), Mohan et al. (2015), Kirsch et al. (2015) y Lackner et al. (2015) sobre alcoholismo; las investigaciones de Linden (2014), Choobforoushzadeh et al. (2015), Rajeswaran y John (2016) y Sacchet y Gotlib (2016) en el campo de la depresión; los de Arns et al. (2009), Liu et al. (2103), Steiner et al. (2014) y Ali et al. (2015) acerca del TDAH; y los resultados de Schabus et al. (2013), Kinreich et al. (2014) y Vafaei et al. (2015) en torno a trastornos del sueño. Específicamente, para el caso del TEPT se encuentran estudios recientes de importancia como el de Chiba et al. (2019) quienes reportan una mejora significativa y menos índice de abandono de los pacientes diagnosticados con el trastorno en comparación con las terapias de exposición; Steingrimsson et al. (2020) que informan disminución de pensamientos suicidas, reducción de la medicación psicotrópica y mejoramiento de las funciones ejecutivas; Nicholson et al. (2020) quienes informan sobre efectos terapéuticos positivos asociados al restablecimiento de conexiones neuronales luego de aplicar protocolos de neurofeedback; Rogel et al. (2020) que concluyen que en niños con edades entre 6 y 13 años el entrenamiento con un protocolo de Neurofeedback permiten el mejoramiento del aprendizaje, aumento de la autoeficacia y desarrollo de mejores relaciones sociales; y, Askovic et al. (2020) quienes reportan una mejora del rendimiento conductual y una normalización del control cognitivo en adultos a quienes se les ha intervenido con neurofeedback.
Es de anotar que, para el presente estudio, se escogieron las ondas beta y theta intervenidas mediante la ubicación de una conexión monopolar en el punto T6 por la proximidad anatómica entre los lóbulos temporal, occipital y parietal. Dicha localización fue elegida a partir de la teoría de las unidades funcionales de Luria (1988) y la concordancia con el área de integración descrita por Cardinalli (2007) quien explica que:
la función de la corteza de asociación parietotemporooccipital es la de integrar los datos que llegan a través de las diferentes áreas sensoriales primarias y secundarias. Cumple también la función de transferencia de información de las áreas correspondientes a un sentido hacia otro… desempeña un papel esencial en la transformación de la percepción concreta en pensamiento abstracto, en la organización de esquemas internos y en la memorización de la experiencia organizada. (pp. 454-455)
Descripción del caso
Mujer de 22 años, a quien se nominará con el seudónimo Ángela, estado civil unión libre, con un hijo, estudiante universitaria, residente en la ciudad de Pereira (Colombia). Durante la evaluación inicial se determina que no tiene diagnóstico ni tratamiento previos. Describe que hace 10 años durante un viaje familiar fue retenida por la guerrilla por aproximadamente 2 horas, junto con su familia y un grupo numeroso de personas cuando se dirigían a un paseo en una zona rural. Durante ese tiempo fueron interrogados de manera agresiva por los miembros del grupo armado ilegal, observando cuando un señor padre de otra de las familias retenidas, fue golpeado y secuestrado, temiendo ella misma por su integridad física, la seguridad personal y de su familia. Posteriormente, se enteraron de que, este rapto, se trataba de un secuestro extorsivo. En la actualidad teme desplazarse por vía terrestre, cuando debe hacerlo, presenta respuestas fisiológicas incontrolables como sudoración excesiva, taquipnea y taquicardia, siendo acompañadas de hipervigilancia y una sensación permanente de que “algo malo va a suceder”. Este tipo de manifestaciones también se hacen presentes cuando se expone a estímulos sensitivos como olor a leña quemada o a gasolina, debido a que durante la situación traumática experimentada, percibió estos mismos olores en el ambiente, por lo que se deduce que se produjo un condicionamiento clásico que desencadena la respuesta desadaptativa.
Se entrega a Ángela el consentimiento informado el cual firma luego de ser explicadas las condiciones del tratamiento con la técnica del neurofeedback, de acuerdo con los parámetros éticos del trabajo con personas que exige la APA (2010).
Método
Se elige un diseño cuasi-experimental pretest-postest, el cual posibilita la verificación de la evolución del caso en el tiempo de ejecución y al momento de terminar la intervención, todo esto en cinco etapas como estructura del proceso de investigación.
Se encuentra que Ángela no tenía aun un diagnóstico clínico de TEPT efectuado por psicólogo o psiquiatra a partir de los criterios establecidos en el DSM 5 (APA, 2013) y se determina que la consultante no tenía historial de encontrarse bajo tratamiento farmacológico, teniendo en cuenta que se constituirían ellos en variables intervinientes que pudiesen haber alterado los resultados de la intervención. Por ende, la entrevista inicial semiestructurada se realizó en la primera etapa de esta investigación, la cual se basó fundamentalmente en la evaluación general de la consultante a partir de los criterios diagnósticos del DSM 5 para el TEPT.
Complementar los datos cualitativos clínicos obtenidos durante la primera etapa, fue el comienzo de la segunda, donde la aplicación de la escala de trauma DTS de Davidson (Bobes et al., 1999) fue el instrumento elegido para la aplicación, evaluando esta prueba de tamizaje la gravedad y la frecuencia de los síntomas ansiosos de los sujetos con diagnóstico de TEPT en una escala de 0 a 4. Seguidamente se determinó una línea de base, la cual presentaba una medición de las ondas cerebrales beta y theta en el punto T6 de acuerdo con el sistema internacional de colocación de electrodos (Talamillo, 2011) durante un minuto con un aparato H003 Multicanal I-330-C2 y bajo condiciones ambientales controladas, de tal manera que se pudiese establecer las mediciones de dichas ondas en estado de reposo, expresadas en milivoltios (mV). La decisión de aplicar el protocolo solo en el punto T6 se basó en análisis de otros trabajos que concluyeron con resultados exitosos en dicha localización, como los de Thompson y Thompson (2019), Cheonga y Kooa (2021) y Pranger (2022), en los que se evidencia la importancia de dicha ubicación como zona integradora de la información de los lóbulos cerebrales. La medición de la línea de base y las posteriores sesiones de intervención, se realizaron con los ojos abiertos con el fin de garantizar las mismas condiciones durante todo el proceso y se le instruyó para que durante el proceso de registro efectuara la recuperación de memorias asociadas al acontecimiento traumático.
Por espacio de una sesión y con una hora de intensidad, se inicia la tercera etapa con el entrenamiento a la consultante en la técnica de Neurofeedback. En esta se resolvían inquietudes y se orientaba a Ángela en la ejecución óptima de la técnica, con la instrucción de mantener los ojos abiertos, recuperar las memorias asociadas al acontecimiento traumático y posteriormente imaginar situaciones agradables hasta lograr la activación del estímulo indicador del alcance del criterio, calibrándose al mismo tiempo el equipo por parte de los investigadores.
Con una duración de 20 minutos de trabajo efectivo en la que se efectuaba la retroalimentación con la aparición paulatina de la imagen reforzante que indicaba el logro del criterio, se concreta la cuarta etapa, constituida por 5 sesiones de intervención directa con la Técnica de Neurofeedback durante cinco semanas. La disminución de ondas Beta y el aumento de ondas theta, fue la hipótesis propuesta para la intervención, esperándose que con este criterio se redujera la frecuencia y la gravedad de las manifestaciones clínicas del TEPT en Ángela, favoreciendo la aparición de estados de relajación.
La quinta etapa, se llevó a cabo en 3 sesiones de seguimiento, con una duración de tres semanas y tres momentos de medición, cada uno con una duración de 60 segundos.
La consolidación de los datos obtenidos a efectuar el pretest mediante la reevaluación de los criterios diagnósticos del DSM-5, una nueva aplicación de la escala de trauma DTS de Davidson y el análisis de toda la información, con el fin de determinar la manera cómo se desarrolló la intervención y poder retroalimentar a la consultante al concluir el proceso.
Diseño
El diseño general del proceso se puede representar de la siguiente manera:
O1–E–X1–X2–X3–X4–X5–S1–S2–S3–O2
Tabla 1.
Diseño del proceso de intervención con neurofeedback.
|
Paso |
Acciones |
|
O1 |
Etapas 1 y 2 - pretest con evaluación clínica, aplicación de la escala de trauma de Davidson y línea de base. |
|
E |
Etapa 3 - Sesión se entrenamiento en etapa 3 |
|
X1 a X5 |
Etapa 4 – Sesiones de intervención con neurofeedback |
|
S1 a S3: |
Etapa 5 - Sesiones de seguimiento |
|
O2: |
Postest - con revaloración clínica y segunda aplicación de la escala de trauma de Davidson |
Fuente: Elaboración propia.
Para el análisis de la información se empleó la técnica de Porcentaje de datos no solapados (PND) que de acuerdo con Sanz y García-Vera (2015) consiste en que:
…el porcentaje de datos de la fase de tratamiento que excede al dato más extremo de la LB, y se calcula contando el número de datos de la fase de tratamiento que superan (por encima en las medidas funcionales o por debajo en las medidas disfuncionales) al dato más extremo de la LB (el más alto en las medidas funcionales o el más bajo en las medidas disfuncionales) y dividiendo este número por el número total de datos en la fase de tratamiento. (p. 170)
Resultados
En la Tabla 2 pueden apreciarse los resultados iniciales de la evaluación de la consultante.
Tabla 2.
Resultados pretest (etapas 1 y 2) con evaluación de criterios diagnósticos de acuerdo con el DSM-5 y aplicación de la escala de trauma de Davidson.
|
Criterios DSM-5 |
|
|
para TEPT |
|
|
Criterio |
Numerales |
|
A |
1 |
|
B |
1, 2, 3 y 4 |
|
C |
1 y 2 |
|
D |
2 y 4 |
|
E |
2, 4 y 5 |
|
F |
Cumple |
|
G |
Cumple |
|
H |
Cumple |
|
Escala DTS Davidson |
|
|
Pretest |
|
|
Frecuencia |
Gravedad |
|
2,8 |
3,1 |
Fuente: Elaboración propia.
Así mismo pueden apreciarse en la Figura 1 los resultados de la toma de la línea base durante un minuto como complemento de la segunda etapa.
Figura 1.
Registro de la línea de base.

Fuente: Elaboración propia.
Los picos más altos de la figura 1 coinciden con momentos en los que Ángela realizó inhalaciones profundas que influyeron sobre el registro. A pesar de ello, no se consideraron como artefactos (nombre técnico en neurofeedback para posibles variables intervinientes) que alteraran de manera significativa las mediciones de las ondas, de tal modo que el registro fue considerado válido como línea de base.
De acuerdo con Peñate et al. (2014) es importante tener en cuenta varias consideraciones acerca del control de posibles variables intervinientes en el proceso de intervención con este tipo de técnica, sin embargo, se resalta la necesidad de efectuar un entrenamiento previo que permita al consultante comprender el funcionamiento de la técnica y reducir la frustración en las etapas iniciales.
Partiendo de las líneas de base tomadas para Beta (2,565833933 mV) y Theta (3,132486638 mV) en la tercera etapa (de entrenamiento) se le indica a Ángela que debe tratar de disminuir las primeras y aumentar las segundas al estar conectada al equipo H003 Multicanal I-330-C2, de modo que cada vez que logre hacerlo aparecerá en la pantalla un fragmento de una gran imagen que debe completar en el menor tiempo posible y que se acompaña también cada logro con la emisión de un sonido suave. La consultante debe tratar de identificar las acciones a nivel cognitivo que le permiten alcanzar el criterio y repetirlas para aumentar la frecuencia de logros. Tanto el fragmento de la imagen como el sonido actúan como refuerzo positivo de acuerdo con los principios del condicionamiento operante. Al aplicar el protocolo en el punto T6 se pretende que la modificación del patrón de ondas cerebrales en esta ubicación temporoparietooccipital disminuya la hipervigilancia y las manifestaciones de ansiedad asociadas al trastorno y aumente la capacidad de relajarse y de alcanzar un estado de bienestar general. Protocolos e intervenciones similares han sido aplicados en los trabajos de Egner y Gruzeliar (2003), Vernon et al. (2003), Egnar et al. (2004), Studer et al. (2014) y Mohammadi et al. (2015).
La duración de las sesiones posteriores (ver figura 2) en la cuarta etapa se estableció en 20 minutos con el fin de evitar el cansancio a nivel cognitivo y la disminución de aciertos con la consecuente frustración de la consultante. De igual forma, se cambió de manera periódica la configuración del equipo, en la medida en que Ángela alcanzaba mayor cantidad de logros, aumentando la exigencia del protocolo (Campbell, 2004) para lograr una consolidación de la retroalimentación. Así mismo se le orientó para que en las situaciones cotidianas, ante la presencia de algún síntoma del TEPT, aplicara las estrategias cognitivas que hubiese identificado como efectivas para el logro del criterio, con el fin de contrarrestarlo.
Figura 2.
Medias de cada onda (Beta en negro y Theta en gris) en mV por sesión.

Fuente: elaboración propia.
Puede apreciarse en la tabla 3 los resultados de la media obtenida para cada onda durante las 5 sesiones de la etapa 4 (de intervención) de acuerdo con el criterio de disminuir Beta y aumentar Theta.
Tabla 3.
Media de ondas en sesiones de observación.
|
|
Beta |
Theta |
|
Sesión 01 |
5,159807905 |
3,894902319 |
|
Sesión 02 |
4,625311361 |
4,088455903 |
|
Sesión 03 |
4,456276851 |
4,205807125 |
|
Sesión 04 |
4,400877476 |
5,526571514 |
|
Sesión 05 |
4,100877476 |
5,939417103 |
Fuente: elaboración propia.
Para la quinta etapa se diseñó una estrategia dividida en tres momentos consecutivos: medición inicial, autoestimulación encubierta y retroalimentación, todas ellas con una duración de un minuto. En la primera de ellas (medición inicial) se efectuó la medición del registro de ondas cerebrales Beta y Theta en estado de reposo. En la segunda (autoestimulación encubierta) se le solicitó a Ángela que recordara lo más vívidamente posible el evento traumático, tomando en el mismo momento el respectivo registro de ondas. En el tercer y último momento se le solicitó que aplicara la estrategia de retroalimentación que identificó en las etapas 3 y 4 con el fin de disminuir la respuesta ansiosa. Los resultados de esta fase se pueden apreciar en la tabla 4.
Tabla 4.
Registro de ondas en fase de seguimiento.
|
Seguimiento 1 |
||
|
|
Beta |
Theta |
|
Reposo |
3,715099327 |
2,721794599 |
|
Evoc. trauma |
4,708378024 |
1,389488068 |
|
Neurofeedback |
2,552966938 |
4,61645372 |
|
Seguimiento 2 |
||
|
|
Beta |
Theta |
|
Reposo |
4,169195015 |
3,154300673 |
|
Evoc. trauma |
5,141287529 |
1,752019515 |
|
Neurofeedback |
3,001364105 |
5,098219745 |
|
Seguimiento 3 |
||
|
|
Beta |
Theta |
|
Reposo |
3,7046028 |
2,747319428 |
|
Evoc. trauma |
4,720352993 |
1,444549233 |
|
Neurofeedback |
2,573600961 |
4,640245596 |
Fuente: elaboración propia.
Se puede apreciar mejor lo sucedido durante las tres sesiones de seguimiento en las figuras 3, 4 y 5.
Figura 3.
Medias de ondas - Seguimiento 1.

Fuente: elaboración propia.
Figura 4.
Medias de ondas - Seguimiento 2.

Fuente: elaboración propia.
Figura 5.
Medias de ondas - Seguimiento 3

Fuente: elaboración propia.
Aplicando la fórmula de la técnica estadística de análisis del porcentaje de datos no solapados partiendo de las medias de la línea de base, se obtuvieron los resultados que se pueden apreciar en la tabla 5.
Tabla 5.
PND de ondas Beta y Theta.
|
Dato máximo LB Beta |
8,354123116 |
|
PND de Beta - Sesión 1 |
88,29% |
|
PND de Beta - Sesión 2 |
92,70% |
|
PND de Beta - Sesión 3 |
93,99% |
|
PND de Beta - Sesión 4 |
94,67% |
|
PND de Beta - Sesión 5 |
95,44% |
|
Dato mínimo LB Theta |
0,003796997 |
|
PND de Theta - Sesión 1 |
100,00% |
|
PND de Theta - Sesión 2 |
100,00% |
|
PND de Theta - Sesión 3 |
100,00% |
|
PND de Theta - Sesión 4 |
100,00% |
|
PND de Theta - Sesión 5 |
100,00% |
|
Interpretación |
|
|
PND = % de datos no solapados |
|
|
LB = Línea de base |
|
|
Tratamiento inefectivo |
< 50% |
|
Efectividad dudosa |
50% a 69% |
|
Tratamiento muy efectivo |
70% o superior |
Fuente: elaboración propia.
El análisis de los resultados indica que la disminución de las ondas Beta y el aumento de las ondas Theta logrado durante las sesiones de la etapa 4, fueron muy significativos y la evolución de los mismos indicaría que el tratamiento tuvo un buen nivel de efectividad.
Discusión
A partir de la quinta fase, en la que se obtiene la verificación de los resultados obtenidos luego de la aplicación de todo el proceso, se puede notar cómo en los tres seguimientos se evidencia el mismo tipo de comportamiento de las ondas Beta y Theta. En los tres momentos en la fase de medición inicial, las ondas Beta se encuentran por encima de las Theta, lo cual corresponde a una medición en estado de vigilia. Para el momento de la autoestimulación cognitiva, en el cual se realiza la evocación del evento traumático, se muestra un aumento en las ondas Beta y una disminución de las ondas Theta, lo cual coincide con el patrón esperado para un estado de hipervigilancia y ansiedad, acompañado con una reducción de la relajación de la persona. Para el tercer y último momento correspondiente a la retroalimentación o neurofeedback, es claro el comportamiento totalmente opuesto al del momento inmediatamente anterior, puesto que las ondas Beta se reducen y las ondas Theta aumentan en gran medida, evidenciando una disminución de la hipervigilancia y un aumento del estado de relajación.
Finalmente, durante el postest, se reevalúa a Ángela en relación con la presencia de criterios diagnósticos del DSM-5 y la escala de trauma DTS de Davidson hallando los siguientes resultados:
Tabla 6.
Resultados postest de la escala de trauma de Davidson y criterios diagnósticos de acuerdo con el DSM-5.
|
Escala DTS Davidson |
|
|
Postest |
|
|
Frecuencia |
Gravedad |
|
0,8 |
0,6 |
|
Criterios DSM-5 |
|
|
para TEPT |
|
|
Criterio |
Numerales |
|
A |
No cumple |
|
B |
No cumple |
|
C |
No cumple |
|
D |
No cumple |
|
E |
No cumple |
|
F |
No cumple |
|
G |
No cumple |
|
H |
No cumple |
Fuente: elaboración propia.
Partiendo del análisis de los datos arrojados durante todo el seguimiento del caso de Ángela, el logro del criterio de modificación de las ondas Beta y Theta mediante el entrenamiento e intervención con la técnica del neurofeedback, así como su capacidad para reducir la hipervigilancia y las manifestaciones de ansiedad propias de la psicopatología, aumentando al mismo tiempo su estado de bienestar, permite inferir que el tratamiento ha sido efectivo, confirmándose así la hipótesis de trabajo.
A partir de los resultados obtenidos en el pretest y en el postest de la escala de trauma de Davidson se puede concluir que, existió una disminución del 62,5% en la gravedad de los síntomas y de un 50% de la frecuencia de estos. Por otro lado, la evaluación clínica final, a partir del DSM-5 arroja como resultado que actualmente no se cumplen los criterios diagnósticos asociados a la psicopatología, razón por la cual no debería considerarse actualmente como un diagnóstico asociado al caso.
Conclusiones
No existe un consenso absoluto en la comunidad científica que utiliza la técnica del neurofeedback, en torno al número mínimo o máximo de sesiones que se debe aplicar para alcanzar resultados óptimos en diferentes psicopatologías, como puede verse en los trabajos de múltiples autores como Hillard et al. (2013), Enriquez-Gepperta et al. (2014), Gruzelier, Thompson et al. (2014), Gruzelier, Holmes et al. (2014), Arns et al. (2014), Karch et al. (2015) y Saini y Agarwal (2015). Así las cosas, el haber alcanzado logros significativos en nueve sesiones mediante el protocolo establecido para el proceso de investigación, no es indicador de que este sea el número óptimo para el tratamiento de la psicopatología.
Teniendo en cuenta que en el diseño y en la metodología se dispuso un control riguroso sobre elementos medioambientales que pudiesen interferir con el proceso, constituyéndose en variables intervinientes, también existen particularidades propias de cada sujeto que pueden influir positiva o negativamente sobre los resultados finales de la intervención con la técnica del neurofeedback, como la estructura cognitiva, el grado de flexibilidad en los procesos de adaptación y aprendizaje, la fisiología y la experiencia previa.
Se le indicó a Ángela que la estrategia cognitiva aprendida, debería ser utilizada en su cotidianidad, permitiéndole alcanzar el criterio en los momentos en los cuales se desencadenara alguna manifestación del TEPT, lo que probablemente favoreció el logro de los resultados en pocas sesiones, conclusión a la que solo se llegó durante la fase de análisis de los resultados arrojados por el proceso. Se propone desarrollar una investigación en ese sentido, de tal manera que pudiesen evaluarse dos grupos sometidos a la técnica del neurofeedback, uno de ellos sin instruir su aplicación cotidiana ni la conexión a ningún equipo y otro que sí lo haga, con el fin de tener un criterio de comparación válido.
Las cifras asociadas a las diferentes mediciones realizadas durante las nueve sesiones de neurofeedback, permiten inferir que se dio un paulatino incremento en la capacidad de Ángela para controlar de manera voluntaria sus ondas cerebrales Beta y Theta, a partir del criterio meta presentado. Ello coincide con la disminución de los síntomas asociados al TEPT que se apreciaron en la comparación de los resultados de pretest y postest. Esto también se ve sustentado al analizar los resultados de la figura 5, ya que el comportamiento de las ondas Beta y Theta muestra el comportamiento esperado. Así, al estar las ondas Beta asociadas con el estado de vigilia, que se transforma en hipervigilancia al realizar evocación del evento traumático, se observa un incremento de la frecuencia de un 27,4% sobre la medición en estado de reposo y una posterior reducción del 69,5% sobre esta misma medición durante la etapa de retroalimentación realizada por Ángela, lo que indica la reducción de la atención sobre el estresor evocado. Por su parte, las ondas Theta, asociadas al estado de relajación, muestran una disminución en la frecuencia del 52,6% durante el momento de la evocación del evento traumático con respecto al estado de reposo y un aumento del 68,9% durante la etapa de retroalimentación, lo que indica un aumento en los niveles de relajación al aplicar la técnica.
Para validar el protocolo de manera que se pueda aplicar a la población en general, debe plantearse un estudio con una muestra significativa, en el que puedan valorarse los resultados de la misma, observando con cuidado el control riguroso de variables intervinientes y verificando si se presentan cambios positivos en la mayoría de los sujetos. En caso de demostrarse que se logra el control psicofisiológico y la mejoría de la sintomatología en esa eventual muestra, podría implementarse su aplicación terapéutica generalizada.
Existen múltiples posibilidades que permiten aplicar protocolos similares, pero con conexiones que permitan la medición en otros puntos del cerebro, por ejemplo, en el giro prefrontal que se relaciona con el desempeño en funciones ejecutivas (Ardila y Rosselli, 2007) de manera que pudiese establecerse si la modificación de las ondas cerebrales en ellos genera algún tipo de cambio beneficioso en este tipo de trastorno.
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posteriormente impulsar a Latinoamérica una vez se promulgara la Declaración Universal de los Derechos del Animal en 1977. Ecuador, Bolivia y Colombia fueron los primeros países en proponer 1.447 adopciones entre caninos y felinos; y para el 2020 fueron 879 (O.E. Rodas, comunicación personal, 09 de Marzo de 2021).
Existen otras instituciones y personas independientes que realizan procesos de rescate, adopción, esterilización y rehabilitación en la ciudad de Manizales, generalmente no cuentan con apoyo gubernamental; únicamente de empresas privadas que desean colaborar y donantes esporádicos. En el caso de la Corporación Huella Amiga, institución que dispuso sus medios e información para la presente investigación, en el periodo comprendido entre 2019 y 2020 entregó 338 animales en adopción entre caninos y felinos, todos ellos con vacunación, esterilización e implantación de microchip de identificación, como parte del proceso de tenencia responsable (C.B. Araque, comunicación personal, 15 de Diciembre de 2020).
Dado el marco anterior, el presente artículo da cuenta de la interacción existente entre el bienestar subjetivo y la adopción animal, en contextos de pandemia por COVID-19, en el municipio de Manizales (Caldas, Colombia). El Bienestar Subjetivo (BS) está relacionado con la noción de satisfacción que desarrolla cada persona en relación con su existencia. Se reconoce “como el resultado de tres componentes: la presencia predominante de sentimientos positivos, la ausencia o presencia no predominante de sentimientos negativos y la satisfacción con la vida” (Castellanos, 2016, p. 18). En consecuencia, está directamente ligado a la percepción y evaluación de las vivencias, experiencias y relaciones. En palabras de García (2002):
El bienestar puede alcanzarse, por lo tanto, a través de procesos tan internos o dependientes de la persona como pueden ser: el cambio de sus aspiraciones, la percepción que tiene de sí misma y de su entorno, la acción sobre ella misma o la modificación de sus circunstancias vitales. (p. 35)
El BS también abarca situaciones como la gratificación de las necesidades básicas fisiológicas y psicológicas. Por consiguiente, es multidimensional, en la medida que interactúan diferentes esferas del desarrollo humano, entre ellas la social, económica, emocional, física y espiritual. Está asociado a la calidad de vida percibida por cada persona, entendiendo que este análisis está “modulado por los procesos cognitivos vinculados a la evaluación que la persona realiza tanto de sus condiciones objetivas de vida, como del grado de satisfacción con cada una de ellas” (Urzúa y Caqueo, 2012, p. 65).
El componente de satisfacción con la vida tiene bastante relación con el concepto de BS, el cual está directamente implicado con las experiencias afectivas que además guardan relación con categorías como entorno familiar, social y laboral. El medio ambiente y los factores culturales tienen una alta incidencia en las percepciones de BS de los individuos (Goñi e Infante, 2010).
Es importante mencionar que el BS influye de manera significativa en la relación entre un animal de compañía y un ser humano; de esta relación se derivan distintas percepciones acerca de la felicidad y calidad de vida, en tanto se crea un vínculo psico-socio-afectivo entre el ser humano y el animal. Algunas personas pueden necesitar animales de compañía como soporte emocional o animal de servicio, como es el caso de las personas en tratamiento por epilepsia, que se ven beneficiadas al tener un canino que sea previamente entrenado para reaccionar antes de una convulsión. Esto, sin duda, podría considerarse un indicativo de calidad de vida en tanto la persona reduce su estrés y se previene dicha crisis (Hugues et al., 2012).
Adicionalmente, se ha identificado cómo la relación o tenencia de un animal impacta positivamente en la valoración de la vida que hacen los seres humanos, en el marco de procesos terapéuticos y psicoterapéuticos (Eraud, 2020; González, 2019; Pedrosa et al., 2017; Pulgarín y Orozco, 2016). En complemento a lo anterior, Gómez (2017) invita a tener presente que “las interacciones entre una persona y un animal no requieren ser del todo terapéuticas para que estas produzcan algún efecto en la persona” (p. 19). Así, la relación entre BS y tenencia de un animal marca una profunda línea en clave de valoración positiva de la existencia.
Estos elementos que median la configuración de realidad pueden ser entendidos desde la psicología social, en la medida que esta rama disciplinar se encarga de analizar los procesos cognitivos, afectivos y comportamentales de un sujeto en diferentes contextos, así como la influencia que los cambios contextuales pueden generar en el psiquismo (Baron y Byrne, 2005). Dichos cambios, como fue expuesto por García (2002), tienen un efecto innegable en el BS, dado que los sujetos reevalúan su existencia en directa asociación con las experiencias y vivencias epocales.
Por su parte, ha de entenderse para el presente artículo, la adopción de animales como la acción de hacerse responsable de un animal que ha pasado por una historia de abandono o ha crecido en las calles y necesita de un hogar. Dicho ejercicio de responsabilidad deviene en una decisión existencial, no instrumental, en tanto las esferas de desarrollo se ven impactadas al asumir el compromiso de bienestar de otra vida.
La incorporación de una mascota al hogar debe ser una decisión responsable tomada por todos los miembros de la familia, y no debe ser tomada a la ligera, ni por caprichos o por la novedad o el divertimento que trae una mascota pues estos se hacen adultos. Una mascota nunca debería ser un regalo sorpresa ni con la mejor de las intenciones¨. (Jaramillo, 2007, p. 68)
Los procesos de adopción de animales registran aumentos a nivel mundial, sin embargo, aún existen grandes retos para equilibrar la relación entre animales en situación de calle y quienes tienen un hogar (Fatjó, 2018; Do Nascimento et al., 2020). Esto implica, también, fortalecer el conocimiento en materia de tenencia de animales. Principalmente se busca que cada persona tenga claras las razones por las que adopta y, por supuesto, que sepa los cambios a los que va a enfrentarse.
Una adopción es un compromiso moral, económico y social por lo menos de 15 años continuos. Se hace necesario tener en cuenta la motivación para adoptar, el espacio en el que vivirá el animal, el tiempo con el que se cuenta diariamente –contrario a lo que se piensa, tanto gatos como perros necesitan atención y espacio para permanecer–, los recursos económicos, un factor muy importante es la decisión consensuada de los integrantes de la familia y, por supuesto, el tipo de animal de compañía que desean adoptar. En muchos casos las características de la familia, la residencia, el tiempo y el espacio no concuerdan con el querer del adoptante.
Método
La investigación realizada fue de corte cualitativo en la medida que se buscó identificar las razones de adoptabilidad de animales por parte de las personas y su relación con el bienestar subjetivo, todo esto en contexto de pandemia por COVID-19, siguiendo los planteamientos de Hernández et al. (2014) en tanto este tipo de investigación busca “comprender los fenómenos, explorándolos desde la perspectiva de los participantes en un ambiente natural y en relación con su contexto” (p. 358). Se utilizó una encuesta cualitativa para la recolección de información, tomando como referente a Jansen (2012), al indicar que la misma “no tiene como objetivo establecer las frecuencias, promedios u otros parámetros, sino determinar la diversidad de algún tema de interés dentro de una población dada” (p. 43).
Específicamente, se empleó la encuesta cualitativa preestructurada dado que fueron definidos inicialmente algunos campos de indagación, en sintonía con lo planteado por Jansen (2012) para este tipo de investigaciones. Así, la investigación se adelantó en cuatro fases: (1) recolección de información, (2) procesamiento de la información, (3) análisis e interpretación de la información y (4) comunicación de los hallazgos.
Como instrumento fue empleado un cuestionario virtual autoaplicado por los participantes, el cual constaba de trece (13) reactivos, distribuidos en tres dimensiones: aspectos sociodemográficos, reconocimiento de tenencia y razones de adoptabilidad. Los participantes fueron mayores de edad y dieron el consentimiento para el uso de la información con fines estadísticos e investigativos.
Se efectuó un muestreo no probabilístico, en sintonía con Hernández et al. (2014) en la medida que del universo posible de participantes se seleccionaron las personas que expresaron su intención de adoptabilidad con la Corporación Huella Amiga. Temporalmente se hizo recolección de información entre los meses de junio y septiembre del año 2020. La muestra total fue de 797 encuestas, sin embargo, la unidad de trabajo se redujo a 787, dado que las restantes no cumplían con la calidad de respuestas necesarias. Se empleó el análisis de contenido como técnica para la interpretación de la información recolectada. Como referencia directa a la voz de los participantes se utilizó una codificación simple donde “P” hace referencia a participantes, seguido de un número y el año en que respondió la encuesta, quedando: P-Número-Año.
Resultados
Las personas que desean adoptar un animal en la ciudad de Manizales, y que participaron en este estudio, se reconocen a sí mismas como trabajadoras en escenarios públicos y privados, estudiantes, amas de casa y pensionados. Habitan principalmente en casas en las que conviven entre dos y cuatro personas, con una privilegiada ausencia de niños en los sitios de residencia. La principal razón que enuncian para desarrollar procesos de adopción está situada en el amor y compromiso con la vida no humana; ello como una condición para el bienestar subjetivo.
Los resultados específicos se plantean en tres secciones: la primera da cuenta de los aspectos sociodemográficos de los participantes en el presente estudio; en segundo lugar, se refieren algunas características principales en relación con el reconocimiento de la tenencia animal; y para finalizar se exponen las razones de adoptabilidad de los participantes, configurando este escenario en el componente central de los resultados.
Aspectos sociodemográficos
Las características demográficas de los solicitantes de adopción serán presentadas en cuatro grandes elementos. El primero de ellos da cuenta de la ocupación, donde logra identificarse que el 77.62 % se reconocen como empleados. Un segundo elemento condensa aspectos sobre el tipo de vivienda de los participantes, aquí se refleja cómo el 62.75 % reside en una casa y el 54,89 % indica que la residencia es propia. En tercera línea se hace mención al número de personas que conforman el hogar, identificando que 31.51 % de los participantes conviven en escenarios con tres personas. Para finalizar, se explora la cantidad de niños que hacen presencia en el hogar, precisando que en el 51,6 % de los mismos no hay infantes.
Ocupación
La estabilidad económica de quienes desean integrar a su vida un animal es un aspecto de amplia relevancia, toda vez que con base en este elemento logra prefigurarse la satisfacción de necesidades básicas. Los resultados muestran que el 77.26 % de los participantes refiere estar trabajando en diferentes escenarios del sector público y privado. En complemento a ello, el 15.88% expresa ser estudiantes, seguidos del 4.32 % que ocupacionalmente se identifican como amas de casa. Por último, el 2.16 % manifiesta ser pensionados, seguidos de un 0.38 % que no refirieron alguna ocupación (ver Tabla 1).
Tabla 1
Ocupación de los participantes
|
Ocupación |
Número de personas |
Porcentaje sobre respuestas totales |
|
Empleado |
608 |
77,26 % |
|
No refiere |
3 |
0,38 % |
|
Pensionado |
17 |
2,16 % |
|
Estudiante |
125 |
15,88 % |
|
Ama de casa |
34 |
4,32 % |
Fuente: elaboración propia
Investigaciones asociadas a la materia han demostrado como la capacidad económica se relaciona directamente con la decisión de tenencia de animales. Específicamente, el aumento del poder adquisitivo en las clases sociales media y alta (Nieto et al., 2018; Muñoz, 2018), esta situación deviene en un movimiento psíquico donde el sujeto o conjunto de ellos, prefigura una realidad en la que se proyecta la situación futura con base en las realidades del presente, y desde allí se da vida a la posibilidad de vincular un nuevo ser vivo a la familia.
Vivienda
Las características de la vivienda a la cual llega el animal cobran relevancia en la medida que permiten precisar las condiciones físicas receptoras y, con base en ello, acompañar la selección del mismo procurando la mayor adaptabilidad posible entre espacio y dinámicas del animal. Los participantes expresaron que el 62.75 % habita una casa, seguidos del 35.45 % que lo hace en un apartamento y en menor medida existen residentes en fincas (1.78 %). Adicionalmente, se precisa que del total de 787 personas que se vincularon al presente estudio, el 54,89 % tiene residencia propia y el 45,11 % se encuentra pagando arriendo (ver Tabla 2).
Tabla 2
Tipo de vivienda de los participantes
|
Tipo de vivienda |
Número de personas |
Porcentaje sobre respuestas totales |
|
Apartamento |
279 |
35.45 % |
|
Casa |
494 |
62.75 % |
|
Finca |
14 |
1.78 % |
|
Propia |
432 |
54,89 % |
|
Arrendada |
355 |
45,11 % |
Fuente: elaboración propia
Los sentidos y significados que dan vida y se retroalimentan de las gramáticas de interacción familiar encuentran, entre sus delimitaciones, el espacio físico como campo de relación. Los animales presentes en el hogar tienen una transformación simbólica por parte de sus acompañantes, pasando a reconocerles como parte de la familia (Londoño-Taborda et al., 2019), esta dinámica psíquica implica tensionar la escritura espacial, de tal forma que el nuevo integrante cuente con las posibilidades necesarias para su desarrollo (Tarazona, 2020).
Personas en el hogar
La mayoría de hogares son integrados por 2, 3 y 4 personas (26.56%, 31.51%, y 24.65% respectivamente). El porcentaje de hogares integrados por una sola persona es de 5.84% y los porcentajes menores se refieren a hogares con 6, 7 y 8 personas (2.54%, 1.27%, 0.25%,). Adicionalmente, el 51.6% indica no tener niños o niñas en el hogar, seguidos de un 35,8 % donde hay un niño o niña (ver Tablas 3 y 4).
Tabla 3
Número de personas en el hogar de los participantes
|
Niños en el hogar |
Número |
Porcentaje sobre respuestas totales |
|
Ninguno |
406 |
51,6 % |
|
Uno |
282 |
35,8 % |
|
Dos |
91 |
11,6 % |
|
Más de dos |
8 |
1,0 % |
Fuente: elaboración propia
La re-configuración de la familia implica tensión y modificación de los límites de sentido que tradicionalmente se le habían adjudicado. Así, ya no es necesario un parentesco de sangre para dar vida a esta institución, tampoco lo es ahora pertenecer a la misma especie. Los participantes en esta investigación muestran como una apertura epistémica a formas de vida otras, se hace en nota privilegiadamente relacional. Encontrarse con lo otro deviene en incertidumbre creativa, misma que para este escenario y en sintonía con otros estudios, prefigura un rol para los animales de compañía en relación a cohesión y estabilización (Díaz y Rodríguez, 2019), así como tensión en nota del logos antropocéntrico dominante (Díaz, 2017).
Reconocimiento de tenencia
La experiencia de convivir con un animal posibilita el reconocimiento de sus necesidades específicas, los impactos en la dinámica familiar y las transformaciones necesarias en la cotidianidad, para que de esta manera se convierta en una experiencia satisfactoria para el animal y la familia que lo está acompañando, permite reconocer al animal desde la empatía y transitar hacia el cuidado y la identificación de sus derechos. Bajo este marco, la mayoría de los participantes indica no tener otro animal en casa (61 %). Por su parte, quienes sí lo tienen (39%), manifiestan ser acompañantes de perros y gatos principalmente. En complemento a ello el 93% de las personas indicaron tener los recursos necesarios (económicos y relacionales) para adelantar los ejercicios de vacunación, revisiones periódicas, esterilización e implantación de microchip de identificación lo que podría dar cuenta de un factor de responsabilidad que transversaliza la intención de adoptar un animal y no se limita únicamente en el querer, que en algunas ocasiones deriva posibles situaciones o acciones de negligencia para con el animal.
Razones de adoptabilidad
Disponer el psiquismo, la dinámica familiar y económica para la vinculación de una forma de vida no humana en el trasegar existencial, deviene en multiplicidad de motivaciones. Razón por la cual, el presente acápite de resultados se presenta en virtud de cuatro elementos: (1) Amor y compromiso con la vida como condición para el bienestar subjetivo; (2) El hogar con natura de la mano; (3) Retorno desde la ausencia; y (4) Cambios psíquicos: entre la soledad y la depresión. En cada uno de ellos se realiza una breve descripción del número de personas que posibilitaron la construcción de estos estadios así como sus voces, sentires e intenciones.
Amor y compromiso con la vida como condición para el bienestar subjetivo
“Los amamos” (P-364-2020), expresión categórica dada por uno de los participantes en relación con las razones que los llevan a adoptar un animal. Esta respuesta marca una línea general de motivaciones que se refuerza cuando P-714-2020 indica “tenemos compromiso social, económico y moral para brindarle un hogar en óptimas condiciones a nuestro gatito. El amor por los animales de mi hija y su deseo de adoptar, como muestra de su amor desinteresado”.
Esta apuesta psíquica de amor y compromiso, con vidas no humanas, se complementa con el deseo de satisfacción de elementos materiales y simbólicos condensados en lo que ha de nominarse como hogar; así fue expresado por los participantes: “acoger para dar un hogar” (P-11-2020); “amor para dar a un nuevo integrante de la familia” (P-46-2020); “dar hogar a un animalito y compañía para la familia” (P-136-2020); “dar hogar a quien lo necesita” (P-138-2020); y “dar oportunidad de un hogar responsable lleno de amor” (P-144-2020).
Adicionalmente, se refiere por parte de los participantes las proyecciones emocionales que un animal puede generar y cómo esto contribuye a modificar las percepciones sobre el desarrollo humano.
Inicialmente contribuir con la sociedad; adoptar evita que ellos estén expuestos a tantas cosas en la calle. La evolución de ellos en un hogar es gratificante y se crean lazos muy fuertes, ellos pueden demostrar mucho su agradecimiento y me parece importante la oportunidad que se les da y que de la misma manera nos permite crecer con ellos. (pp. 332-2020)
Ese crecimiento conjunto y relación de filiación marca un elemento central en el psiquismo, un encuentro psico-socio-afectivo duradero, como lo expresa P-110-2020: “querer una compañía por varios años”, da cuenta de la relación entre bienestar y las interacciones cercanas, a tal punto que frente a las posibilidades de pérdida es preciso restablecer esas conexiones en nota de bienestar: “el hecho que me motiva a adoptar es el amor por los gatos; además, la idea de volver a tener un gato que me robaron” (P-294-2020). El amor y compromiso por la vida, en nota de bienestar, fue expresado por 705 participantes (89,58 %), evidenciando con sus respuestas una clara relación de bienestar al convivir con animales.
Retorno desde la ausencia
Representan las relaciones psicoafectivas con vidas no humanas un escenario de amplia relevancia para el bienestar, a tal punto que la pérdida del animal, por diferentes razones, deviene en momentos de pausa para la mente, en configurar escenarios de disposición existencial para emprender nuevamente un camino vital en compañía de animales. Así lo refiere P-460-2020 “mi perrita se llamaba Kira, estuvo 14 años con nosotros y hace dos años murió a causa de una enfermedad genética; estábamos esperando el tiempo adecuado para volver a tener una mascota”
La fortaleza de estos lazos afectivos es tan potente, que implica la construcción de un mundo donde las vidas no humanas, compartidas por diferentes años, son revestidas perceptualmente por la connotación de hijo e hija.
Mi hijo peludo falleció hace un tiempito, adoptado a los siete años de vida de él, y conmigo duro 5. A sus 12 años falleció de un cáncer, pese a los esfuerzos no aguantó la cirugía. Aunque extraño a mi niño ya me siento lista para darle el chance a otro muchacho de amarlo y cambiarle su vida (P-451-2020)
Estas interacciones situadas, por un lado, en un tiempo cronos de relevancia, así como de vínculos fuertes a nivel emocional en nota de bienestar, se expresa, en mayor medida con perros y gatos, como se indicó en el acápite de razones de adoptabilidad. Sin embargo, no se limita allí, como fue evidenciado por P-438-2020: “mi conejo falleció el año pasado; lo tuvimos por 15 años y deseamos una nueva mascota. Me gusta la acuariofilia, tengo tres acuarios”
El retorno desde la ausencia, según las voces de los participantes, deviene en disponer el cuerpo psíquico para un nuevo encuentro con la vida animal, lo que fue expresado por 44 personas (5,59%).
El hogar con natura de la mano
La construcción y desarrollo de un hogar representa para los participantes la posibilidad de vincular en sus ejercicios vitales un animal: “siempre hemos deseado tener un gatico en casa y este sería el momento propicio, ya que tenemos residencia fija y propia” (P-687-2020). Esta expansión de la noción de hogar, para dar paso a otras formas de vida, representa para los participantes la valoración de elementos económicos y espaciales:
Siempre quisimos adoptar un perro, pero no vivíamos en una casa con el espacio necesario para su crecimiento. Ahora que estamos en otro ambiente y nos permite tener el espacio para la mascota, también tengo una hija de ocho años la cual está ilusionada con tener una mascota, también estamos en un momento difícil: tuvimos la pérdida de un ser querido y sería bueno para nosotras tener el cariño y el amor de una mascotica (P-703-2020).
Tomé la decisión con mi pareja de irnos a vivir juntos. Mi pareja es auxiliar de veterinaria apasionada por los animales y hace nueve meses murió su perrita de 14 años y fue un golpe muy duro para ella. Cuando nos fuimos a vivir juntos tomamos la decisión de tener un nuevo compañero de aventuras. Llevamos dos meses esperando la llegada del nuevo integrante, le estamos haciendo el gimnasio con nuestras propias manos y los juguetes para que sea el gato más feliz del planeta (P-758-2020).
El regreso a natura se plantea bajo características de cariño, disposición y apertura. Implica la reconfiguración del mundo psíquico actual, en nota de un posible para que una nueva forma de vida llegue. Estos elementos fueron expresados por 31 participantes (3,94 %).
Cambios psíquicos: entre la soledad y la depresión
“Soledad” (P-706-2020; P-354-2020) fue la palabra empleada por dos participantes para indicar sus razones para adoptar un animal. Este elemento, si bien estadísticamente no es relevante, narrativamente hablando es un escenario central, dado que los animales representan una línea de fuga para la sensación expresada por ellos. En complemento, se reconoce en la tenencia de un animal, beneficios para el bienestar y la salud mental: “tener una nueva oportunidad para mí, como para él, de volver a ser feliz” (P-740-2020); y: “mi nieta sufre de estrés y depresión entonces es bueno tener una mascota de compañía” (P-455-2020), fueron las expresiones utilizadas para dar cuenta de este aspecto. Los escenarios aquí mencionados fueron expuestos por siete participantes (0,89%).
Discusión y consideraciones finales
La interacción con Natura, en nota de re-configuración relacional, se ha convertido en un encuentro incierto. Los pasos dados como humanidad han estado soportados en una falsa necesidad de escisión, procurando alejamiento de todo aquello incapaz de responder al discurso hegemónico de visión ontológica de ser humano. Así, las gramáticas vitales se caminan en virtud de ánthrōpos, sus deseos, anhelos y sueños. Formas de escribir la vida que devienen en la configuración óntica de dos mundos, uno donde el centro de todo es la humanidad y, el otro, sencillamente alberga lo restante, lo residual, los modos de existencia no humanas. Estos dos mundos, alejados por la instauración de un logos occidental soportado en el dominio, se traducen en una relación de cosificación. Lo humano dispondrá de todo aquello que no se parezca a él.
Las prácticas eco-culturales presentes a lo largo del tiempo de occidente, reflejan el constante sentimiento de dominio, que solo se expresa ante aquello que está por conquistar. El sentido inicial y fundante del habitar se pervierte hacia el dominar. La escisión es una expresión del dominio, mientras que la integralidad es expresión del habitar. Por esta razón, el problema del cómo habitamos la tierra tiene que ver directamente con el problema de dicha escisión fundamental y fundante de una cultura caracterizada por el dominio. (Noguera, 2004, p. 30)
Cuando aquello que no es humano tiene por un único fin existencial ser conquistado, solo es posible establecer dinámicas de opresión para y hacia la vida. Esto se ha visto reflejado en los estudios de Escartín (2017) y González (2019), donde precisaron como la crueldad frente a los animales, era una práctica de construcción de conocimiento y medio para justificar la edificación de caminos hacia la gratificación del Homo sapiens. Al respecto, Noguera (2004) indica como la construcción cultural moderna se ha cimentado ampliamente en la germinación de una transición del “ethos del habitar respetuoso a un ethos del habitar bajo relaciones de dominio” (p. 31). Ahora bien, las preguntas emergentes en torno a la relación entre las diferentes formas de vida y sus posibilidades de cambio, precisan abordajes a gran escala, pero también despliegues en la íntima interacción psíquica; en este particular Guattari (1996) indica
La verdadera respuesta a la crisis ecológica sólo podrá hacerse a escala planetaria y a condición de que se realice una auténtica revolución política, social y cultural que reoriente los objetivos de la producción de los bienes materiales e inmateriales. Así pues, esta revolución no sólo deberá concernir a las relaciones de fuerzas visibles a gran escala, sino también a los campos moleculares de sensibilidad, de inteligencia y de deseo. (pp. 9-10)
Estos llamados a la sensibilidad y el deseo encuentran opciones comportamentales en los ejercicios de adopción animal, toda vez que los mismos, como exponen los resultados de esta investigación, brotan conforme las relaciones dadas en el hogar. Aquí, se evidencia una movilización psicosocial de amplia importancia. Si la naturalización y habituación prefiguran una realidad psíquica, es la problematización la que permite la construcción de otros mundos (Montero, 2004), ello se evidencia en las razones de adaptabilidad expuestas por los participantes, donde el mundo edificado guarda directa relación, en palabras de Noguera (2004), con el ethos del habitar respetuoso. Es preciso enfatizar que el retorno a Natura implica una transformación radical en las relaciones, para que las mismas se alejen del dominio, esta apuesta re-configurativa, se visibiliza en lo expresado en los resultados de este estudio, donde las personas disponen apertura epistémica para interactuar con otras formas de vida, en clave de re-conocimiento y respeto.
Estos marcos otros de re-encuentro con las formas de vida no humanas, alejados de la cosificación, parten, según lo encontrado en esta investigación, de una enunciación psíquica mediada por el bienestar. Aquel que se busca para sí y lo otro. Un EntreNos delimitado por la vida digna y el encuentro auténtico. Resultados similares obtuvo Díaz (2017) cuando identificó las tensiones ontológicas que devienen para la humanidad en la transformación comprensiva de la mascota y los animales de compañía, allí se precisa como ánthrōpos no es el único escenario de relevancia. A su vez, estudios posteriores adelantados por Díaz y Rodríguez (2019) enfatizan los cambios que se dan en el sistema familiar al incluir en este, formas de vida no humanas, sus afirmaciones con categóricas
No solo los humanos, sustitutos de humanos o quienes funcionan con roles humanos se configuran como integrantes de las familias, sino que también los animales, reconocidos como tales, lo hacen. En definitiva, son elementos del sistema familiar. La afinidad hacia los animales de compañía es considerada por los custodios como un vínculo de parentesco, el cual indica una conexión significativa y duradera, valorada tanto por las similitudes como por las diferencias que los animales comparten con los parientes humanos. (p. 59)
Con base en lo expuesto, los resultados de esta investigación permiten identificar una relación clara entre el bienestar subjetivo y las razones de adoptabilidad por parte de los participantes. Es una forma de configurar un EntreNos mediado por relaciones igualitarias de mutuo beneficio. Esta interacción deviene en las reconfiguraciones perceptuales de mundo, que se generan tanto para adoptantes que han perdido un animal, como para aquellos que han venido tomando la decisión tras varios años de reflexión. De igual manera, logra visibilizarse cómo prefigurar el escenario de adopción para los participantes produce sensaciones satisfactorias que materializan en expresiones de amor, cariño, compañía y compromiso, aquí, se denota una transformación relacional, pasado de la interacción de dominio a la de respeto. Este elemento posibilita la presencia de emociones gratificantes y genera sensaciones de bienestar, en relación a lo expuesto por Castellanos (2016).
Los participantes permiten visibilizar que, con base en su lectura de mundo, en la que se vinculan elementos familiares, noción de hogar, pérdidas y deseos de mejoría en la salud mental, están identificando las características internas y externas que, a su criterio, podrían modificarse para lograr una mayor presencia de sentimientos satisfactorios. Esto guarda total vínculo con lo expresado por algunos autores (García, 2002; Goñi e Infante, 2010; Urzúa y Caqueo, 2012) en investigaciones previas sobre bienestar subjetivo.
Es de anotar que la tendencia general de adoptantes está situada en participantes con empleo, presencia de otras personas en el hogar y sin niños. Esto permite identificar que el vínculo que se busca establecer con otras formas de vida está ligado especialmente al reconocimiento ontológico de validez y relevancia de los animales, compartir con ellos la existencia y demostrarse cariño mutuamente.
Lo expuesto hasta el momento posibilita precisar cómo la cognición, emoción y comportamiento de los seres humanos, en clave de compartir experiencia vital con otras formas de vida, se ve positivamente afectada, en la medida que todos los participantes refieren una prefiguración de sentimientos positivos al tener un animal en casa.
Estos sentimientos emergen en clave de un habitar en integralidad, donde las formas de vida, en su diversidad, se conocen y re-conocen. Ahora bien, no es posible desconocer que la recolección de información para esta investigación se adelantó durante la pandemia asociada al SARS-CoV-2 (COVID-19); esto en clave de tensión permite aperturar dos líneas de reflexión, mismas que requieren ser profundizadas en futuros trabajos.
Por una parte, se encuentra el asombro, desde los marcos de reflexión de la racionalidad occidental, de retornar a Natura, y como las relaciones que se establecen con ella, en nota de equivalencia epistémica, devienen en emociones gratificantes. Mayen y Utomo (2021), precisaron, cómo durante la pandemia por COVID-19 las personas que vincularon a su cotidianidad el habitar espacios, incluso en zonas urbanas, donde podían estar en contacto con formas de vida no humanas, referían mayores niveles de BS, en comparación, con quienes no articularon a su caminata vital el encuentro con Natura. Esto se relaciona directamente con los elementos expresados por los participantes en la presente investigación, quienes refirieron, en este momento de pandemia, una vinculación directa entre BS y adopción animal; en otras palabras, relaciones de equivalencia entre todas las formas de vida, devienen en BS.
Estos marcos de enunciación situados en el conocimiento y re-conocimiento de las formas de vida fueron expuestos por González et al. (2021) vinculados directamente al Buen Vivir o Sumak Kawsay, donde concluyeron que la configuración de armonías con los territorios, devienen en calidad de vida, incluso, en la actual pandemia; esto interactúa directamente con las características de adoptabilidad que enunciaron los participantes en esta investigación, donde, en el actual contexto de pandemia una de las formas de abordaje se centró en vincular a sus redes relacionales otras vidas, armonizar la interacción para construir vida de calidad.
Lo referido hasta el momento, posibilita la segunda línea de reflexión-tensión, delimitada en un cooperativismo reaccionario no sostenible. Esto precisa interpelar, en el contexto pos-pandemia, tanto las variaciones en número de solicitudes de adopción, sostenibilidad de la misma y calidad de vida de los animales de compañía adoptados, ello debido a que, como lo han identificado otras investigaciones, durante la subjetivación de la pandemia y la presencia inminente de la muerte o pérdida, se intensifican un conjunto de manifestaciones comportamentales, conducentes a procurar homeostasis emocional.
Así, Islam et al. (2021) identificaron cómo al reconocer en la intimidad psicológica la pandemia, se incrementaron considerablemente las compras en Estados Unidos, China, India y Pakistán; este comportamiento se ha denominado compras de pánico. Por su parte, Qalati et al., (2022) precisaron un incremento en la compra de juguetes sexuales, consumo de pornografía y uso de aplicaciones para tener citas en Australia, Colombia, Dinamarca, Reino Unido y Nueva Zelanda. En sintonía, Grossman et al. (2020) refieren incrementos en el consumo de alcohol en Estados Unidos, especialmente en aquellas personas que perciben un desequilibro en su bienestar.
Esta situación convoca a realizar un seguimiento especial a las personas y familias que adelantaron procesos de adopción animal durante la pandemia, en procura de identificar, que las razones expuestas no fuesen configuradas bajo los marcos de una crisis inminente asociada a la pandemia, toda vez que, de ser así, la adopción de animales estaría convirtiéndose en un comportamiento desplegado para lograr homeostasis emocional, sin reconocer, la validez ontológica de las otras formas de vida. En otras palabras, se sostendría una forma de cosificación en un contexto de crisis.
En complemento, también es pertinente analizar, cómo la práctica popularizada de “retorno a la normalidad” influye en las razones de adoptabilidad, y acompañamiento en la configuración de bienestar subjetivo, dado que los cambios en la intimidad suscitados por la pandemia, tal como lo han referido investigaciones previas, impactan en las dinámicas de interacción, de ahí la vital importancia de continuar con este tipo de investigaciones.
Conflicto de intereses
La autora y el autor no declaran conflicto de interés alguno.
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T
En relación con el abordaje de los pacientes, esta dimensión se refiere a las decisiones que los terapeutas tomaron en relación con las problemáticas presentadas. Se destacan aquí cinco factores: lo atinente a la concepción del trabajo; el modo en que se dio continuidad a los tratamientos; cómo se concibió y abordaron los aspectos vinculares; las particularidades que padecieron los tratamientos psicológicos en general; y el rol de la medicación en los tratamientos. En relación con la concepción del trabajo, se produjo una sensación de ruptura e incertidumbre, lo que llevó a una reorganización en lo inmediato, dándose lugar a los emergentes cotidianos. Esto posibilitó poner a prueba y estimular la flexibilidad por parte de los profesionales y pacientes. Dentro de las dificultades se debe recalcar el rol de la incertidumbre y la sensación de precariedad de las nuevas soluciones adoptadas de manera coyuntural. El impacto final fue la adecuación del plan de trabajo original para asegurar la contención de los pacientes.
La continuidad de los tratamientos y los aspectos vinculares implican el cese de la presencialidad, cuestión que posibilitó la valoración positiva y agradecimiento en el sostenimiento de las prestaciones. Dentro de las dificultades que se presentaron, se destacó la pérdida del contacto cara a cara, y la aparición de limitaciones en el registro de aspectos corporales y contextuales de los pacientes, y la incertidumbre en relación a cómo continuar. Esto impactó en un esfuerzo y cautela por parte de los profesionales en evitar intervenciones precipitadas, por las limitaciones de las condiciones de trabajo, y sensaciones comunicadas por los pacientes de que “no es lo mismo” la presencialidad que la asistencia de manera remota. No obstante, todo esto decantó en que la relación entre pacientes y terapeutas se tornó más personalizada por la continuidad del sostenimiento de los tratamientos.
Ángel (2014) plantea que en las personas que se autolesionan hay varios elementos constantes: el hecho de repetir el acto, el tema recurrente del cuerpo, los sentimientos de angustia y dolor, así como de culpa y no encontrarle sentido a la vida, elementos encontrados en la adolescente estudiada.
Acerca de la función que cumple el cutting en relación con el manejo de algunos estados emocionales, varios psicólogos (Suyemoto & MacDonald, 1995; Connors, 1996; Figueroa, 1998, citados por Manca, 2011) plantean que ayuda a contrarrestar estados intensos de frustración, ira, vergüenza, contribuyendo así a autorregular la afectividad. En la adolescente tuvieron mayor peso la vergüenza y la culpa, resultantes de la violación de que fue objeto, y el cutting le ayudaba a manejarlos (Suyemoto & MacDonald, 1995; Connors, 1996; Figueroa, 1998, citados por Manca, 2011).
Es así como esta autolesión o herida física en la piel de los brazos y otras partes del cuerpo, genera la aparición y salida de la sangre; y es el observar dicha sangre lo que se convierte en una forma de confrontación, que les permite recuperar el sentido de sí mismos (Acero, 2015). Entonces, esta sangre vertida por las heridas es una declaración de estar vivo, es decir, redime su propia existencia (Manca, 2011). Por lo tanto, el cuerpo, sus heridas y cicatrices sirven para unir el mundo interior con el exterior (Acero, 2015). Practicar cutting es una manera de sentirse vivo en medio de las situaciones difíciles y que les cuesta trabajo afrontar, conducta que se vuelve adictiva. Se explica en el DSM-5 que, cuando el comportamiento aparece con frecuencia, puede asociarse con una sensación de urgencia y de ansias, ocasionando un patrón de comportamiento que se asemeja a una adicción (APA, 2014).
El adolescente, para controlar y apropiarse de su cuerpo, arremete contra este por medio de la autolesión, la cual se convierte en una estrategia compensatoria para que ese dolor emocional, interno y silenciado, pueda tener una ruta de escape, de alivio y consuelo (Manca, 2011) como también para enfrentar las vicisitudes, enigmas y avatares propios de la adolescencia. Se trata de una acción deliberada (Ángel, 2014; Ávila y Pachar, 2016) y comúnmente repetitiva, la cual puede implementarse de forma crónica como una forma de reducir el estrés o malestar emocional. En otros casos se considera como una forma de lenguaje socialmente construida por los adolescentes (Mora, 2015).
De tal manera que el dolor emocional puede suscitar la autolesión con el propósito “de reconectarse con el sentido de mismidad y propiedad corporal a través del dolor, permitiéndoles sentirse reales y revitalizados (Villarroel, Jerez, Montenegro, Montes, Igor & Silva, 2013). Por lo tanto, “el dolor es el corazón del cutting” (Schnitter, 2017). Todo ello producto del análisis rígido y exigente de las situaciones y experiencias de vida, donde los pensamientos tremendistas le imposibilitan considerar otras creencias.
Cabe anotar que, además de los cambios hormonales y corporales, son características de este periodo la búsqueda de la identidad y el desarrollo de la personalidad (Viejo y Ortega, 2015). El adolescente se sitúa en una etapa de diferenciación en la que existe una clara desvinculación de la familia para pertenecer a un grupo de referencia con sus iguales (Zacarés et al., 2009). Aunque la mayoría de ellos presenta un desarrollo normal, este proceso, unido al desarrollo fisiológico, del autoconcepto y al incremento de las relaciones sociales, los convierte en una población de riesgo que puede desencadenar ciertas patologías o hábitos que se pueden presentar de forma transversal, tales como consumo de sustancias, conductas sexuales de riesgo, trastornos de conducta, conductas suicidas, autolesiones no suicidas, juego patológico y trastornos del comportamiento alimentario (Toro, 2010).
Las creencias irracionales, relacionadas con la condenación hacia las situaciones y hacia los demás, desencadenan una posición de victimización, generando culpa y, por ende, merecedor de castigo por parte sí mismos, lo que logran por medio de la autolesión.
En los pensamientos tremendistas y absolutistas la persona tiende a resaltar en exceso lo negativo de un acontecimiento, a percibirlo como completamente malo. Ellis formuló que la tendencia a terribilizar/catastrofizar es un determinante cognitivo de la perturbación emocional que consiste en que las personas tienden a ver los comportamientos propios o ajenos y los sucesos malos de la vida como terribles y horribles, en vez de desafortunados y desagradables. Esta conclusión conduce a la ansiedad y la depresión, y está basada en la filosofía exigente de que ciertas acciones o cosas no deberían pasar en absoluto y, si suceden, devendrán en una catástrofe (Ellis, 1990).
la TREC asume que las personas tienden a exagerar las situaciones (o condiciones de la vida) hasta definirlas como insoportables («no-puedo-soportantitis») en lugar de incomodas o difíciles. Esta conclusión conduce a sentirse angustiado o deprimido, a quejarse, lloriquear, compadecerse y victimizarse, y es fruto de una filosofía dogmática y exigente en que «las cosas tienen que suceder como yo quiero», y, si no es así, no es posible vivir y ser feliz (Ellis, 1990). Esta creencia es irracional porque la persona considera que no será capaz de soportar una situación, problema o condición. La consideración de un suceso como insoportable infravalora las capacidades de la persona para hacer frente a estas adversidades (Ellis, 1990).
A lo anterior se agregan las emociones insanas que sienten los adolescentes, que los ubican en un estado de dolor y sufrimiento que, a su vez, los paraliza, haciendo insoportable las adversidades que experimentan, lo que se convierte en un círculo vicioso de autocondenación, sufrimiento y dolor. Estos estados emocionales pueden derivar en trastornos afectivos como el trastorno depresivo mayor, trastorno distímico, trastorno bipolar y trastorno adaptativo con ánimo depresivo (Ulloa et al., 2013). Y esto obedece a que los adolescentes no buscan ayuda especializada oportunamente y a que los padres y maestros tienen poco conocimiento de los casos y del impacto que generan en la salud de ellos. Esta conducta en la mayoría de las ocasiones, representa un acting out o demanda de amor, atención y cuidados, sin representar el deseo real de morir (Simeon y Favazza, 2001).
La TREC distingue las emociones en saludables (o sanas) y no saludables (o insanas), Esto significa que ante un acontecimiento negativo la persona puede sentirse muy deprimida (emoción insana) y a su vez sentirse muy triste (emoción sana). El objetivo de la TREC no es cambiar la intensidad de la depresión, sino el cambio cualitativo de la depresión a la tristeza. Es así como la tristeza es una emoción saludable porque ayuda a asimilar una pérdida o un fracaso, mientras que la depresión sería una emoción no saludable porque impide asimilarlas. Es importante aclarar que no todas las emociones producto de un pensamiento racional son positivas, ni que las derivadas de un pensamiento irracional son todas negativas.
Cuando una persona siente una emoción, tiende a actuar de una determinada manera en función de lo que siente. Si siente una emoción insana, su primera reacción a corto plazo es protegerse para reducir o eliminar dicha emoción, pero resulta contraproducente a largo plazo. Este tipo de conducta le hace sentir mejor en el momento al minimizar el error, pero no le ayuda a conseguir sus objetivos a largo plazo. Su conducta es una manera de compensar su creencia. Si el comportamiento ayuda a conseguir los objetivos y metas de bienestar y realización personal a largo plazo se tratará entonces de una conducta adaptativa; mientras que si no contribuye a ello se trata de una conducta desadaptativa.
Todo comportamiento humano tiene un propósito o intención, más o menos consciente, de conseguir algo (iniciar, parar, evitar, reducir, intensificar o mantener un estado emocional). Así como provocar una respuesta en el ambiente o en otras personas, ya sea para castigar, culpar, obtener lo que se quiere, sacar provecho, llamar la atención u obtener el cariño y/o actuar de un modo acorde con los propios valores, normas y metas.
Las situaciones, pensamientos y emociones de la participante muestran la influencia a la conducta de cutting. Si se revisa el modelo ABC propuesto por Ellis, se logra evidenciar la relación entre las creencias irracionales, la conducta y las emociones que desencadenan el sufrimiento y dolor emocional de la adolescente, utilizando el cutting como medio para calmar su fuente de dolor.
Es necesario enfatizar que el cutting no es una conducta suicida pues su fin último no es terminar con la vida; se trata de un mecanismo de enfrentamiento autodestructivo. Estas manifestaciones autolesivas son un problema de salud pública que puede ser prevenible con intervenciones oportunas, que requieren la participación del sistema educativo, las familias, las instituciones de salud e incluso los medios de comunicación. El estudio realizado por Villarroel y otros (2013) enfatiza en la importancia de esclarecer el concepto de conducta autolesiva, estableciendo sus límites y factores de riesgo, lo que permite proponer un apropiado abordaje diagnóstico y terapéutico y una ayuda más eficiente a las personas que la presentan.
Subvalorar la intencionalidad autolítica de un paciente, malinterpretando sus motivaciones, puede conducir a la catástrofe de no identificar ni ofrecer ayuda a un potencial suicida. Finalmente se resalta que el abordaje comprensivo e integrado del paciente con conducta autolesiva y de su ambiente, permitirá planear un óptimo manejo terapéutico multidisciplinario. El apropiado entrenamiento de un profesional de la salud mental, en identificar las características y motivaciones de una conducta autolesiva específica, permite evaluar el riesgo vital de un paciente y planificar las intervenciones terapéuticas necesarias y suficientes en cada situación clínica.
Referencias
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Referencias
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Introducción
Modelo psicoterapéutico integrativo
Tempus Psicológico
Jaramillo, J.C.
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Relación entre conducta suicida y ansiedad en estudiantes universitarios
Relationship between suicidal behavior and anxiety in university students
Eliana Marcela López Arias
Tatiana Correa Becerra
Jaime Alberto Carmona Parra
Artículo de investigación
Recibido: 16/05/2023– Aprobado: 16/10/2023- Publicado: 03/12/2023
ISSN - 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.4562.2024
Volumen 7-1 2024
Resumen
Introducción/objetivos: El suicidio y la ansiedad son problemáticas prevalentes que afectan la salud mental de los estudiantes universitarios. Los objetivos de esta investigación fueron determinar la prevalencia de la conducta suicida y la ansiedad generalizada por sexo, edad y programa académico, y analizar la relación entre estas variables en estudiantes universitarios de una ciudad colombiana. Método: Investigación cuantitativa, no experimental, correlacional, aplicada a una muestra de 2.436 estudiantes (59,2 % mujeres, 40.4 % hombres) entre 16 y 51 años de edad. Los instrumentos utilizados fueron el Self-injurious Thoughts and Behaviors Interview; Columbia-Suicide Severity Rating Scale y la sección de trastornos de ansiedad de la Entrevista Diagnóstica Internacional Compuesta. El análisis de datos se realizó a través del software SPSS. Resultados: Se encontró que el 21,9 % de los estudiantes informó ideación suicida, 13,3 % plan suicida, 2 % intento de suicidio, 11,7 % autolesiones no suicidas y el 17 % trastorno de ansiedad generalizada en el último año. Se observa una mayor prevalencia de conductas suicidas y ansiedad en participantes de sexo femenino, en el rango de edad de 16 a 24 años, en los programas de psicología, medicina y derecho. También se observó asociación entre variables de estudio y de agrupación, encontrando que entre todas existía dependencia a excepción del grupo de edad e intento suicida. Conclusiones: Los resultados confirman una asociación estadísticamente significativa entre la conducta suicida y la ansiedad generalizada, que proporcionan información para el diseño e implementación de programas de prevención e intervención en los grupos de mayor riesgo en las instituciones de educación superior.
Palabras clave: conducta suicida, suicidio, ansiedad, estudiantes universitarios, prevención.
Introducción
El suicidio es un problema de salud pública que afecta la población general a nivel mundial, el cual ha tenido un incremento del 60 % en los últimos 50 años y se ha convertido en una de las principales causas de muerte en jóvenes de entre los 15 y 29 años de edad, siendo este el grupo de mayor riesgo a nivel mundial. La prevalencia del intento de suicidio es más difícil de conocer, se estima que por cada suicidio se pueden presentar hasta 20 intentos del mismo (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2019), identificándose mayor frecuencia del intento en el sexo femenino y la consumación en el sexo masculino (Cañón et al., 2017).
Los jóvenes, debido al momento de vida en el que se encuentran, pueden atravesar períodos críticos y eventos estresantes relacionados con el proyecto de vida, la elección de carrera y las demandas y responsabilidades académicas que los pueden hacer más vulnerables a desarrollar problemas de salud mental. Se ha encontrado que más de la mitad de los estudiantes universitarios se ven gravemente afectados en su salud mental, ya que se ven enfrentados a mayores demandas frente al futuro (Asif et al., 2020).
La ansiedad es uno de los principales problemas identificados en los estudiantes universitarios (Chan & Sun, 2020). Se han encontrado estudios que muestran prevalencias del 17,5 % (Farrer et al.,2016), 64,3 % (Wahed & Hassan, 2017), hasta un 88,4 % (Asif et al., 2020). Según los hallazgos de Fitzsimmons-Craft et al. (2021), aproximadamente un tercio de los estudiantes sufren ansiedad y solo entre el 20% y el 40 % que presentan algún trastorno mental reciben tratamiento. Asimismo, hay estudios que han encontrado diferencias por género, encontranndo que las mujeres presentan tasas más altas de ansiedad que los hombres (Farrer et al., 2016; Fawzy & Hamed, 2017; Wahed & Hassan, 2017).
Frente a la conducta suicida, se estima que la prevalencia en estudiantes universitarios es alta. Ashrafioun et al. (2016), encontraron que antes de culminar los estudios más de una décima parte de los estudiantes considerarían el suicidio y una sexta parte intentaría suicidarse.
En otros estudios se ha documentado que la ideación suicida tiende a ser mayor en el género femenino (Abdu et al., 2020), así como también los planes, intentos de suicidio y las conductas autolesivas (Atlam et al., 2017). Sin embargo, otras investigaciones han encontrado que no hay diferencias significativas respecto al sexo en el riesgo de suicidio (Parker et al., 2019), ni tampoco en la dimensión de la ideación suicida (Dachew et al., 2018).
Igualmente, se ha encontrado que la ansiedad puede asociarse con la conducta suicida, que en muchos casos termina cobrando la vida de los jóvenes, ya que una de las características de la ansiedad es el miedo y la incertidumbre al futuro, que puede llegar a ser un potencial factor de riesgo para el suicidio (Gselamu & Ha, 2020).
En las investigaciones recientes realizadas con estudiantes universitarios, se ha encontrado que el trastorno de ansiedad generalizada se asocia con todas las dimensiones de la conducta suicida (ideación, plan suicida e intento de suicidio) y se considera un factor de riesgo importante en el grupo de estudiantes universitarios (Bantjes et al., 2020; Becker et al., 2018; Gómez et al., 2018; Lew et al., 2019; Mortier et al., 2018; Shamsaei et al., 2019; Tang et al., 2018). Según los hallazgos de Parker et al. (2019) cuando la severidad de la ansiedad se encuentra entre moderada y grave, el riesgo de suicidio es mayor.
Como proponen Paschall & Bersamin (2018), la salud mental de los estudiantes debe ser una prioridad para las instituciones educativas. En este sentido, la identificación temprana y la intervención oportuna son determinantes para disminuir el riesgo de suicidio. Una de las estrategias para la prevención debe estar orientada a la evaluación y el tratamiento de los trastornos mentales y la comorbilidad psiquiátrica (Bantjes et al., 2020; OMS, 2019; Paschall & Bersamin, 2018).
Del mismo modo, ningún abordaje singular es suficiente y se requiere del trabajo integral e intersectorial entre el sector salud y el educativo, ya que el suicidio debe considerarse como un fenómeno complejo que interactúa con múltiples factores (OMS, 2019).
De acuerdo con lo anterior, el presente estudio pretende determinar la prevalencia de la conducta suicida y la ansiedad generalizada por sexo, edad y programa académico y analizar la relación entre estas variables en estudiantes universitarios de una ciudad colombiana, con el fin de proporcionar información que contribuya a la prevención del suicidio en este grupo poblacional.
Metodología
Tipo de estudio
Investigación cuantitativa, no experimental, correlacional
Participantes
Participaron voluntariamente 2.436 estudiantes inscritos en los diferentes programas de pregrado de una universidad privada de Manizales, Colombia. Los estudiantes se encontraban en edades comprendidas entre los 16 y los 51 años.
Como criterios de inclusión se determinó que fueran estudiantes matriculados en uno de los programas de pregrado de la universidad. Se excluyeron los estudiantes que no firmaron el consentimiento informado.
Instrumentos
Para evaluar la conducta suicida se tuvieron en cuenta las siguientes manifestaciones: ideación, plan suicida, intento de suicidio y conducta autolesiva no suicida, a través de la Self-injurious Thoughts and Behaviors Interview (SITBI) y la Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS).
La Self-injurious Thoughts and Behaviors Interview (SITBI) es una entrevista estructurada que evalúa la presencia, frecuencia y características de una amplia gama de pensamientos y comportamientos autolesivos, que incluyen ideas suicidas, planes suicidas, gestos suicidas, intentos de suicidio y autolesiones no suicidas. Está compuesta por 22 reactivos y ha sido utilizada a nivel internacional (Nock et al., 2007).
La Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS) es una escala que evalúa la severidad de la ideación y conducta suicida en el último mes en personas mayores de 12 años, la cual clasifica el riesgo en leve moderado o grave. Evalúa cuatro ítems: (1) severidad de la ideación suicida como ideas pasivas, activas, intención suicida con planificación y sin planificación, método específico y con real intención de llevarlo a cabo, (2) intensidad de la ideación, (3) comportamiento suicida y (4) grado de letalidad del intento. También existe una escala abreviada que está compuesta por seis reactivos y ha sido utilizada a nivel internacional (Abarca et al., 2018).
En cuanto a la ansiedad, se evaluó el trastorno de ansiedad generalizada a través de la sección D: Trastornos de ansiedad de la Entrevista Diagnóstica Internacional Compuesta WMH-CIDI-OMS (2001).
La entrevista Diagnóstica Internacional Compuesta WMH-CIDI-OMS (2001) es un instrumento autoaplicable para adultos, que permite obtener diagnósticos del DSM-IV y del CIE-10 por medios computarizados y que cuenta con una sección para trastornos de ansiedad como fobia, pánico y ansiedad generalizada. Los estudios han mostrado que cuenta con adecuados resultados de fiabilidad.
Procedimiento
Se realizó una convocatoria a todos los estudiantes de pregrado de la universidad, a través de los medios de comunicación institucionales, asimismo, se les envió al correo electrónico la información concerniente al proyecto de investigación. Se indicó que la participación era voluntaria, anónima y confidencial, con fines investigativos. El proyecto fue revisado y aprobado por el Comité de Ética en Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la universidad. Los estudiantes interesados que cumplieron los criterios de inclusión firmaron el consentimiento informado; para los menores de edad se tuvo en cuenta tanto el consentimiento del representante legal y al asentimiento del estudiante. Posteriormente, se aplicó una encuesta autoadministrada por internet entre enero y marzo de 2019, con una lógica compleja de saltos para minimizar el tiempo de administración. Se emplearon escalas previamente utilizadas y validadas.
Análisis estadístico
El análisis de la información recolectada mediante los diferentes instrumentos aplicados se llevó a cabo en el software de procesamiento estadístico SPSS versión 24. Para evaluar la existencia de asociación se utilizó la prueba Chi - Cuadrado y para determinar la fuerza de la asociación se utilizó el coeficiente de contingencia.
Resultados
Los resultados obtenidos se presentan en tres momentos: en el primero, se realiza una descripción sociodemográfica de la muestra; posteriormente, se presenta la prevalencia anual de comportamientos suicidas y del trastorno de ansiedad generalizada, según sexo, edad y programa académico; y finalmente, se muestran los resultados de prevalencia de los comportamientos suicidas en función del trastorno de ansiedad generalizada.
Descripción sociodemográfica
La muestra estuvo constituida por 2.436 participantes, 40.4 % de sexo masculino y 59.2 % de sexo femenino, con una edad promedio de 22.5 años (D.E. ± 5.3 años), en el rango de los 16 a 51 años de edad. En la tabla 1 se presenta la distribución por rangos de edad y por programas académicos.
Tabla 1
Distribución por rangos de edad y por programas académicos
|
Variable |
Categorías |
N |
% |
|
Grupo de edad |
16 a 20 años |
101 |
43,1 |
|
21 a 24 años |
830 |
34,1 |
|
|
25 a 39 años |
508 |
20,9 |
|
|
40 años y más |
47 |
1,9 |
|
|
Programa académico |
Medicina |
526 |
21,6 |
|
Contaduría pública |
400 |
16,4 |
|
|
Derecho |
339 |
13,9 |
|
|
Psicología |
303 |
12,4 |
|
|
Administración de empresas |
257 |
10,6 |
|
|
Ingeniería de sistemas y telecomunicaciones |
208 |
8,5 |
|
|
Mercadeo nacional e internacional |
176 |
7,2 |
|
|
Comunicación social y periodismo |
147 |
6,0 |
|
|
Licenciatura en educación básica primara con énfasis en inglés |
62 |
2,5 |
|
|
Flotantes |
18 |
0,7 |
Conducta suicida y trastorno de ansiedad generalizada por sexo, grupos de edad y programa académico
En la tabla 2 se presenta la prevalencia anual de comportamientos suicidas y del trastorno de ansiedad generalizada, según sexo, edad y programas académicos. Los resultados mostraron una mayor predominancia tanto de las conductas suicidas como del trastorno de ansiedad generalizada en los participantes de sexo femenino, en los rangos de edad de 16 a 20 años y 21 a 24 años, y en los estudiantes de los programas de psicología, medicina y derecho. También se encontró que, la cantidad de mujeres que manifestaron haber presentado trastorno de ansiedad fue casi el doble a la de hombres; los participantes por encima de los 40 años presentaron aproximadamente tres veces menos casos de ideación y planeación suicida y ningún caso de intento del mismo; además, medicina es el programa con mayor frecuencia de comportamientos suicidas, a pesar que en proporción a la muestra el porcentaje es mayor en psicología.
Adicionalmente, se analizó la asociación entre las variables de estudio y las variables de agrupación, encontrando que entre todas existía dependencia (valor p ≤ 0.05) a excepción de los grupos de edad y el intento suicida. Sin embargo, al verificar la fuerza de dichas asociaciones mediante el coeficiente de contingencia, se encontró que, para todas, el grado de asociación era bajo (coeficiente de contingencia ≤ 0.3).
Tabla 2
Prevalencia anual de comportamientos suicidas y del trastorno de ansiedad generalizada, según sexo, edad y programas académicos
Nota. *flotantes son aquellos estudiantes que no contaban con un código inicial e hicieron parte del estudio sin poder identificar a que programa pertenecían
Conductas suicidas vs. trastorno de ansiedad generalizada
En la tabla 3 se presenta el comportamiento de las conductas suicidas a partir de la existencia del trastorno de ansiedad generalizada. Los resultados mostraron que aproximadamente 2 de cada 3 casos de intento suicida también presentaron trastorno de ansiedad, y que en el caso de la planeación suicida la relación es de 1 de cada 2 casos. Respecto a la ideación y al hacerse daño sin intención de morir, la proporción también es cercana al 50 %, lo cual también se puede considerar alto. También se verificó la asociación de variables mediante la prueba de Chi-Cuadrado, encontrando que existía dependencia en todos los casos (valor p ≤0.05). En el caso de la ideación (coeficiente de contingencia = 0.342) y la planeación suicida (coeficiente de contingencia = 0.333) el grado de asociación se estableció como moderado; mientras que en el caso del intento suicida (coeficiente de contingencia = 0.192) y el hacerse daño sin intención de morir (coeficiente de contingencia = 0.273) el grado de asociación se consideró bajo.
Tabla 3
Conducta suicida por trastorno de ansiedad generalizada

Discusión y conclusiones
Después de analizar los resultados obtenidos en la investigación con respecto a la prevalencia de las conductas suicidas, se observaron tasas más altas que las de otras investigaciones, las cuales encontraron que para la ideación suicida la prevalencia estaba entre el 3,1 % y 19,9 %, para el plan suicida entre 3 % y 5,7 %, para el intento de suicidio un 0.6 % y para autolesiones no suicidas el 8,9 % (Blasco et al., 2019; Dachew et al., 2018; Miranda‐Mendizabal et al., 2019; Paul et al., 2015; Richmond et al., 2017; Shamsaei et al., 2019). Solo uno de los estudios presentó para la ideación suicida una prevalencia mayor con un 31 % (O’Neill et al., 2018), para las autolesiones no suicidas un 12.3 % (Gholamrezaei et al., 2017) y para el intento de suicidio, una prevalencia igual a la del presente estudio con un 2 % (Paul et al., 2015).
Para el trastorno de ansiedad generalizada en la presente investigación la prevalencia fue del 17 % en el último año, encontrándose una prevalencia mayor en otros estudios con tasas entre el 19,9 % y el 43,9% (Blasco et al., 2019; Ibrahim & Abdelreheem, 2015; Oyekcin et al., 2017; Shamsaei et al., 2019). Sólo uno de los estudios reflejó una frecuencia menor que la de este estudio con 12, 9 % (Mustafa et al., 2015).
También en el presente estudio se observó una mayor predominancia tanto de las conductas suicidas como del trastorno de ansiedad generalizada en las participantes de sexo femenino, lo cual es consistente con la mayoría de estudios revisados, que plantean que la conducta suicida en sus diferentes manifestaciones (ideación, plan suicida, intento de suicidio y autolesiones no suicidas) y el trastorno de ansiedad generalizada varían según el género y se presentan con mayor frecuencia en las mujeres (Becker et al., 2018; Ibrahim & Abdelreheem, 2015; King et al., 2020; Miranda‐Mendizabal et al., 2019; Mustafa et al., 2015; O’Neill et al., 2018). Sin embargo, hay que mencionar que no todos los estudios han encontrado lo mismo, ya que en otras investigaciones realizadas en universitarios, los estudios hallaron que el intento de suicidio es más frecuente en los hombres (Miranda‐Mendizabal et al., 2019), que no había diferencia significativa entre hombres y mujeres para la ideación suicida (Dachew et al., 2018) ni para las autolesiones no suicidas (Gholamrezaei et al., 2017) y que los hombres presentaban niveles significativamente más altos de ansiedad que las mujeres (Chan & Sun, 2020; Oyekcin et al., 2017)
Respecto a los rangos de edad, en este estudio se encontró mayor predominancia entre los 16 y los 20 años para la conducta suicida. Los participantes por encima de los 40 años presentaron aproximadamente tres veces menos casos de ideación y planeación suicida y ningún caso de intento de suicidio, lo cual confirma lo que ha documentado la OMS (2019) respecto a que los jóvenes entre 15 y 29 años son quienes presentan mayor riesgo de suicidio y que las intervenciones deberían focalizarse en los grupos de mayor riesgo. Contrario a lo anterior, uno de los estudios no encontró asociación entre ideación suicida y la edad (Dachew et al., 2018).
Frente a la ansiedad no se encontraron investigaciones que determinaran la prevalencia por grupos de edad, en la presente investigación se encontró mayor frecuencia en el grupo de 21 a 24 años. Sin embargo, la mayoría de investigaciones encontradas realizaron sus estudios con estudiantes que se encontraban en este mismo rango de edad, lo que podría confirmar lo hallado en este estudio.
En cuanto a los programas académicos, se encontró una mayor predominancia en estudiantes de los programas de psicología, medicina y derecho, tanto para conductas suicidas como para la ansiedad generalizada. Esto coincide con otras investigaciones que encontraron que los estudiantes de medicina y quienes estudian programas de cinco años poseen niveles significativamente más altos de ansiedad (Ibrahim & Abdelreheem, 2015; Chan & Sun, 2020). Opuesto a lo anterior, otra investigación señala que los estudiantes de ingeniería y los de la facultad de ciencias sociales presentan mayores niveles de ansiedad que los estudiantes de medicina (Naseem & Munaf, 2017). No se encontraron estudios que hicieran referencia a los estudiantes de psicología ni derecho frente a la ansiedad.
Además, el presente estudio encontró que medicina es el programa con mayor frecuencia de comportamientos suicidas, pese a que, en proporción a la muestra, el porcentaje era mayor en psicología, lo cual es consistente con algunos estudios que mencionan un nivel de riesgo alto en estudiantes de psicología (Gómez et al., 2018), y una alta prevalencia de la ideación suicida en los estudiantes de medicina (Desai et al., 2021). Asimismo, una de las investigaciones más recientes señala la poca frecuencia de estudios publicados en la literatura sobre las tasas de suicidio en los estudiantes de medicina (Blacker et al., 2019).
Por otro lado, esta investigación encontró que las diferentes manifestaciones de la conducta suicida se relacionaron con el trastorno de ansiedad generalizada. Los resultados afirman lo encontrado en otras investigaciones respecto a la asociación entre la conducta suicida y la ansiedad, siendo la ansiedad un factor de riesgo importante para comportamientos suicidas en los estudiantes universitarios (Becker et al., 2018; Blasco et al., 2019; Gholamrezaei et al., 2017; Gómez et al., 2018; Gselamu & Ha, 2020; Naseem & Munaf, 2017; Richmond et al., 2016; Tang et al., 2018).
Respecto al nivel de asociación de las variables de estudio y de agrupación se encontró dependencia entre todas las variables (valor p ≤ 0.05), a excepción de los grupos de edad y el intento suicida. Sin embargo, el grado de asociación fue bajo, excepto para el caso de la ideación y la planeación suicida con la ansiedad generalizada que se estableció como moderado. Esto da cuenta que cada variable por sí sola no explicaría el nivel de riesgo en la conducta suicida, no obstante, si se tiene en cuenta que al ir sumando varios factores de riesgo como los presentados en este estudio (la edad, el sexo, el programa académico y el trastorno de ansiedad generalizada), el riesgo de suicidio es mayor.
Asimismo, al ser el suicidio un fenómeno multicausal, en futuras investigaciones se deben explorar otras variables que permitan una mayor aproximación y explicación de este fenómeno que se ha convertido en un problema de salud pública, así como un abordaje integral que se vea reflejado en la disminución de los casos de conductas suicidas en los estudiantes.
Es importante resaltar que las investigaciones mencionadas en los párrafos anteriores se han realizado en el contexto de Norteamérica, Europa, Asia y África, por lo que habría que estudiar si hay similitudes o diferencias de la prevalencia de estos fenómenos en países latinoamericanos, ya que en las investigaciones revisadas no se encontraron estudios en esta región. También se encontraron pocos estudios que dividieran la muestra por programas académicos, y como se observó en este estudio, la conducta suicida y la ansiedad mostraron asociación con el programa de estudio. Se recomienda a futuras investigaciones considerar estos datos que permitirán obtener información que ayude a focalizar los grupos de riesgo en las instituciones educativas.
Finalmente, los resultados confirman la asociación entre la conducta suicida y la ansiedad generalizada, así como también con las variables de sexo, edad y programa académico y, además, proporcionan información para el desarrollo, diseño e implementación de programas de prevención e intervención en los grupos de mayor riesgo en las instituciones de educación superior. Se recomienda a las instituciones educativas integrar en sus programas de bienestar universitario la prevención de la conducta suicida y la comorbilidad psiquiátrica, y diseñar rutas de intervención para los grupos de mayor riesgo. A futuros investigadores en el área se les recomienda realizar estudios que evalúen la efectividad de las intervenciones diseñadas por las instituciones educativas a partir de los resultados.
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humor se concibe como una respuesta emocional positiva, innata, universal, social que surge en la interacción entre personas o en otras palabras “respuesta emocional de hilaridad dentro de un contexto social, provocada por la percepción de incongruencia lúdica, que se expresa por medio de la sonrisa” (Martin, 2009, p. 35). Así, el humor se suele expresar en la risa que surge a veces en contextos amigables (humor prosocial) o en situaciones desagradables como cuando varias personas se ríen del comportamiento o las características de otra persona para denigrar (humor hostil) con frecuencia apoyándose en el uso del sarcasmo y el cinismo.
Por un lado, el humor prosocial se caracteriza por propiciar emociones positivas, bienestar e interacciones que son amables con los demás (Martin, 2009). Este tipo de humor genera relaciones basadas en la cercanía (Fernández y Limón, 2012; Martin, 2008). Por otro lado, el humor hostil comunica distancia o reafirma el establecimiento de relaciones jerárquicas en escenarios sociales, y en ocasiones, se acompaña de agresión.
Lo anterior, no significa que un tipo u otro no puedan coexistir de alguna manera. Una persona puede hacer uso de ambos en distintos momentos de la vida. Esto es llamado por Martin (2009) como las dos caras del humor. Por un lado, permite el aumento de interacciones sociales positivas y, por el otro, podría incluso promover la reafirmación de diferencias entre grupos normativos respecto a grupos no normativos, ya que los primeros lo usarían para imponer formas de actuar, comportarse y ridiculizar a otros haciendo énfasis en lo que los hace “distintos” lo que se ha visto en escenarios escolares donde se asocia el humor hostil con la perpetración del acoso escolar (Sari, 2016; Steer et al., 2020).
Siguiendo lo anterior, el acoso escolar es definido como una relación de asimetría de poder entre una víctima y un perpetrador en la que existen diferentes tipos de agresión, que con frecuencia se repiten en el tiempo (Wells, et al., 2006). Asimismo, en estudios previos se evidencia cómo diferentes estilos de humor en la escuela harían que existan estudiantes con mayores probabilidades de ser víctima de bullying que otros (Kerla, 2016).
De la misma manera, se ha observado cómo los estudiantes en la escuela perciben que la razón central para rechazar a otros es “que no encajan con los demás” (Hoover, et al., 1992). En otros estudios características como, rasgos físicos asociados a comunidades étnicas, sobrepeso o tener una capacidad motora poco precisa o lenta respecto al promedio, resulta en una percepción de estos estudiantes como “extraños” (Bejerot et al., 2011). En el caso de los estudiantes que son perpetradores de acoso, se ha encontrado que tienden a caracterizarse por ser físicamente más resistentes que sus víctimas y buscar el reconocimiento social, influencia y poder (Juvonen et al., 2003). En este sentido, esto permite que existan factores que hacen más vulnerables a ciertos estudiantes de sufrir acoso escolar y a otros a ser perpetradores del mismo.
Estudios como los de Plenty et al. (2014) y Chaux (2003) evidencian cómo podría llegar a existir una relación entre el desarrollo de habilidades sociales como el humor y ser víctima de bullying, concluyendo que el uso del humor hostil está presente en el bullying y, que, por otro lado, el humor afiliativo o positivo tiene un rol importante en la promoción del bienestar y la interacción social adaptativa.
A pesar de la literatura acerca de la relación entre el humor y el bullying, la información sobre el rol de los observadores sigue siendo limitada y esto es una dificultad para establecer programas de intervención escolar que disminuyan los niveles de agresión (Guerra et al., 2011). Especialmente porque los observadores tienen un rol importante ya sea para eliminar, mantener o empeorar los niveles de bullying. En la mayoría de los casos se ve cómo los observadores atacan a la víctima o son pasivos ante las agresiones (Atlas y Pepper, 1998; Craig y Pepler, 1997) o, por el contrario, que cuando intervienen son capaces de frenar las agresiones de forma efectiva (Hawkins, et al., 2001).
Prevalencia del humor hostil en los colegios colombianos
Algunos estudios con muestras no representativas (García y Niño, 2018; González et al., 2014; Sánchez Ortiz y Sánchez Reales, 2018; Uribe et al., 2012) y muestras representativas (Bromberg et al., 2016; Duarte, 2005; Cuevas et al., 2009; Paredes et al., 2008) han reportado la prevalencia del humor hostil en las escuelas colombianas, desde el enfoque del acoso escolar o la violencia.
En la ciudad de Bogotá, Bromberg et al. (2016) realizaron un censo de clima escolar en varios colegios. Los autores encontraron que el 6% de los estudiantes percibe que las burlas casi nunca ocurren, el 22% que son raras y leves, el 43% que son ocasionales y las víctimas tienen que soportarlas, el 15% que son frecuentes y llegan a extremos, y el 14% que son muy frecuentes y terminan en violencia. Además, descubrieron que una de las principales razones por las que los estudiantes sentían que sus aulas eran inseguras era que no tenían libertad para hablar por miedo a que se burlaran de ellos. En otro estudio, el 52% de los estudiantes reportó que las burlas eran una forma de agresión, el 42% las usa cuando quiere agredir a otro y el 68% las usa como espectador en situaciones de agresión (García y Niño, 2018).
En la ciudad de Medellín, Duarte (2005) encontró que el 30% reportó ser blanco de agresiones verbales, como burlas, humillaciones, ofensas e ironías. Así mismo, González et al. (2014) encontraron que el 34% de los estudiantes víctimas de agresión fueron atacados únicamente con ridiculizaciones (apodos, burlas e insultos). Aproximadamente el 20% de los estudiantes lo utilizaban a diario. En Valle del Cauca, el 50% de un grupo de estudiantes reportó ser blanco de burlas, el 37% es imitado como forma de burlar, el 37% es objeto de burlas por su apariencia física y el 79% se ríe de ellos cuando cometen un error (Cuevas et al., 2009). En Cali, los estudiantes reportaron que el 43% de las veces las agresiones eran mediante burlas y apodos (Paredes et al., 2008). En Barranquilla, el 68% de los estudiantes reportaron la burla y la ridiculización como una de las situaciones que más afecta la convivencia (Sánchez Ortiz y Sánchez Reales, 2018). Finalmente, en un municipio de Santander, la burla fue la forma de agresión más reportada (24%; Uribe et al., 2012).
Estilos de humor y desarrollo vital
El sentido del humor es una habilidad blanda, que se desarrolla con el tiempo y en distintos momentos de la vida de una persona. Está relacionado con el desarrollo cognitivo y con la adquisición del lenguaje desde la infancia, y alcanza sus formas iniciales hacia los 7 años aproximadamente (McGhee, 1974). El humor se apoya de manera fundamental en la habilidad cognitiva para la metarrepresentación: el reconocimiento de la existencia de las palabras, su papel y las reglas con las que se produce en el lenguaje. En otras palabras, la habilidad para representar aquello sobre lo cual se está representando (Dennet, 2000). En ese sentido, a medida que los niños y niñas van creciendo su forma de producir y comprender los chistes se va transformando en función de su desarrollo cognitivo y verbal (Martin, 2010).
Se ha visto que, en el desarrollo vital, los niños y las niñas empiezan a usar estilos de humor entre los 10 y 12 años. A esta edad se han desarrollado habilidades sociales y cognitivas que les permiten entender cuándo usar un cierto tipo de humor, cómo interactuar con humor y responder a este. Es decir, es en este momento del desarrollo en el que los estilos de humor empiezan a usarse como una forma de comunicación con otros (Kuiper y Klein, 2006).
Actualmente, se distinguen cuatro tipos distintos de estilos de humor. Dos adaptativos y dos inadaptativos. Los dos adaptativos son el humor afiliativo y el de autoayuda. El humor afiliativo es usado por los individuos que buscan disminuir momentos de tensión, incomodidad con el objetivo de que los otros se sientan más a gusto en una interacción social. El de autoayuda o autorreferencial se usa buscando disminuir el estrés y aumentar los niveles de regulación emocional para tomar distancia de los problemas al flexibilizar o disminuir la gravedad de un suceso difícil (Kuiper y McHale, 2009). Los dos inadaptativos son el humor agresivo y el auto-destructivo. Por un lado, el primero usa el sarcasmo para divertirse a costa de otros de forma agresiva, y el autodestructivo busca burlarse de sí mismo, pero de forma denigrante para lograr divertir a otros (Martin, 2009).
Además de estar asociado con el desarrollo cognitivo, el sentido del humor (la capacidad para comprender y producir humor) se asocia con mayores niveles de competencia social y con un buen nivel de desempeño académico (Masten, 1986). Para dar un ejemplo, existe evidencia de que los estilos de humor adaptativos están relacionados positivamente con variables de ajuste como la autoestima, y negativamente con depresión y ansiedad (Martin et al., 2003; Kuiper y McHale, 2009).
El humor en el entorno escolar
El colegio además de ser un espacio de conocimientos académicos constituye un lugar privilegiado para el desarrollo de habilidades blandas como el sentido del humor. No solo por su potencial para jalonar los procesos de desarrollo del pensamiento, sino por las oportunidades que ofrecen para el desarrollo de competencias sociales, siendo estas el conjunto de conocimientos, destrezas y actitudes básicas para la realización personal y la integración social (Fernández-Poncela, 2012).
El sentido del humor en el colegio enriquece y facilita el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que al parecer el uso del humor se convierte en una herramienta para recordar mientras exista una relación entre la información relevante para el curso y el humor (Rojas, 2010). Para Toledo y Aparicio (2010) en el contexto escolar es fundamental la comprensión del humor, ya que es el sujeto el que es exhibido dentro del chiste, ameritando un clima positivo en el aula para evitar el daño de la persona. Tanto así, que cuando un docente establece un entorno divertido, produce motivación a sus estudiantes; cosa que los induce a estar más atentos y participativos en clase. Es decir que el humor se convierte en el motor del buen funcionamiento académico de los estudiantes.
El humor en el entorno escolar, sobre todo con estudiantes, es fundamental ya que permite reducir los niveles de ansiedad y se estimula la creatividad e imaginación (García, 2002). En efecto, para un salón de clases el humor y la risa permiten, al parecer, que el aprendizaje sea más estable y duradero, se preste más atención, se retenga más información y se expanda la imaginación limitando la pereza y generación de conflictos (Fernández-Poncela, 2012). En este sentido, el humor permite el diálogo, la escucha y solidaridad, y posiblemente un mayor nivel de compañerismo (Toledo y Aparicio, 2010). Adicionalmente, el sentido del humor genera una sensación de bienestar y crea un ambiente agradable entre estudiantes y docentes, cosa que incide en un aprendizaje más efectivo y divertido (Benítez, 2003).
En un estudio conducido por Abugarade et al. (2018) en la institución educativa Antimanque de Peñaflor (Chile) se plantearon el objetivo de identificar la diferencia que existe entre la autopercepción del estilo de humor de los profesores respecto la percepción y valoración que los estudiantes dan a este. Encontraron que el humor afiliativo (o prosocial) era predominante tanto en la autopercepción de los docentes como en la percepción de los estudiantes. Teniendo esto en consideración, se plantea que utilizar el humor positivo en el desarrollo de las clases beneficiaba el clima del aula, el aprendizaje y las relaciones interpersonales, además de promover la confianza, el respeto y la empatía. Esto, contrario a la utilización del humor agresivo entendido como “sarcasmo, ridículo o ironía” el cual se percibe como causa de un ambiente de hostilidad y perjudica las relaciones entre pares.
En congruencia con Abugarade et al. (2018), Falanga et al. (2014) exploraron la asociación entre los estilos de humor, las tendencias prosociales y la autoeficacia empática/social de jóvenes y niños estudiantes italianos. Al hablar de las tendencias prosociales, se hace referencia a la inclinación para ayudar a las personas en las diferentes situaciones sociales o psicológicas que pueden ser anónimas, públicas, emocionales, nefastas, altruistas (Carlo y Randall, 2002). En cuanto a la autoeficacia empática/social, se trata de aquellas creencias y habilidades individuales para estructurar y ejecutar acciones que permiten la organización y el control de situaciones sociales y personales reconociendo los límites y posibilidades personales (Bandura, 1986, 1997).
Se encontró que los niños utilizan el humor con el fin de burlarse de los demás y así “mejorar su imagen personal”. Adicionalmente, evidenciaron que los adolescentes presentaban bajos niveles de autoeficacia empática y altos niveles de autoeficacia social. Desde otro punto, encontraron que los adolescentes tienden a ayudar en situaciones críticas dependiendo del sexo y género. Los niños y adolescentes más jóvenes muestran más disposición para ayudar a otras personas en situaciones públicas, mientras que las niñas y adolescentes mayores tienden a ayudar a los demás cuando se trata de situaciones de evocación emocional, emergencia o crisis (Falanga et al., 2014).
Consecuente con lo encontrado por Falanga et al. (2014), Yip y Martin (2006) encontraron que los adolescentes entre más divertían a los demás y favorecían las relaciones interpersonales, más se percibían a sí mismos empáticos frente a la comprensión de los sentimientos y necesidades de los demás. Por otro lado, los niños entre más utilizaban el humor como estrategia de afrontamiento en situaciones de estrés, más se percibían a sí mismos con la capacidad de comprender las necesidades de los demás. Por el contrario, evidencian que los adolescentes entre más divertían a los demás a costa de sí mismos, menos se percibían como actores activos en las relaciones interpersonales. En cuanto a las tendencias prosociales, encontraron que cuanto más los adolescentes tienden a ayudar en situaciones emocionalmente críticas, más se perciben como capaces en circunstancias empáticas y sociales. De esta manera, consideran que utilizar el humor para divertir a los demás y favorecer las relaciones interpersonales se relaciona positivamente con la conducta de ayudar en situaciones emocionalmente críticas y extremas; y negativamente con la conducta prosocial en situaciones públicas y anónimas (Yip y Martin, 2006).
López et al. (2019) encontraron que el estilo de humor afiliativo carece de hostilidad. Sin embargo, plantean que el humor de mejora personal (es decir la capacidad de reírse o considerar cómica una situación adversa) promueve cambios positivos (Boerner et al., 2017), ya que se regulan emociones y evitan lastimarse a sí mismos o a otros. De manera que, el estilo de mejora personal en un ambiente educativo funciona como protector para evitar las agresiones verbales reemplazándolas por bromas y risas.
Funciones del humor hostil en el entorno escolar
Los estudiantes utilizan el humor hostil contra sus compañeros por diferentes razones o motivos. Dada la naturaleza hostil y agresiva de este tipo de humor, es probable que las funciones del humor hostil sean similares a las del acoso escolar. Hasta donde se conoce, pocas investigaciones han estudiado específicamente las motivaciones sobre el uso del humor hostil de forma independiente al bullying (McCleary Knox, 1976; Mills, 2001, 2018; Sherer y Clark, 2009; Strong, 2013).
Sherer y Clark (2009) identificaron cuatro motivaciones para las burlas en su estudio: a) diversión (reírse), b) exhibición (hacer reír a los espectadores, atraer la atención o parecer superior o inteligente), c) molestar (irritar al otro o castigarlo por algo que hizo) y d) afecto positivo (mostrar a la otra persona que es apreciada). Los autores descubrieron que la motivación más común era la diversión, independientemente del nivel escolar, y que los alumnos utilizan las burlas principalmente para herir los sentimientos del otro o expresar su desagrado. Di Cioccio (2001) describió en su escala la motivación agresiva como disminuir la confianza en uno mismo, dañar la propia imagen, molestar, avergonzar y herir a los demás.
Los alumnos solo utilizan el humor hostil en situaciones específicas y contra alumnos concretos. Principalmente, los alumnos objetivo-potenciales son aquellos que son descritos y percibidos como diferentes de alguna manera por sus compañeros, según las normas específicas de características y posesiones deseadas o aceptables (Horowitz et al., 2004; Sweeting y West, 2001). La literatura ha identificado algunas características en la apariencia física, la personalidad y el comportamiento, la familia y el entorno, el trasfondo social cultural, la escuela y el rendimiento académico, elementos que ponen a los estudiantes en riesgo de recibir un humor hostil o bullying. Algunas características de la apariencia física son la forma de vestir, la discapacidad física, la obesidad, la talla, la higiene personal, la expresión facial, el color de la piel. Las características de comportamiento son el nivel de socialización (demasiado introvertido/tímido o demasiado extrovertido), la forma de hablar, el acento, actuar como otra etnia o sexo, las preferencias (Horowitz et al., 2004; Sweeting y West, 2001).
Los alumnos podrían tener diversas motivaciones para utilizar el humor hostil en el contexto escolar. Strong (2013) estableció tres motivaciones principales: poder, shock y cultura. El humor como poder se utiliza para disminuir y marginar a alguien, o para construir jerarquías entre diferentes grupos (Odenbring y Johansson, 2021). El beneficio de una persona o grupo es a costa de otro (Strong, 2013). Los alumnos utilizan el humor para controlar el comportamiento de los demás para hacerlo más acorde con las normas y expectativas (Horowitz et al., 2004), y para ganar estatus ante los demás (Huuki et al., 2010). Asimismo, el humor podría utilizarse en la relación profesor-alumno cuando existe una incongruencia entre las acciones y los requisitos sociales sobre el rol (Šeďová, 2015). El humor como choque, se utiliza para escandalizar y llamar la atención. Los alumnos solo quieren ser populares o ser reconocidos por los demás, más no hay intención de herir. Por último, el humor como cultura (la cultura de la broma) consiste en utilizar el humor hostil para mejorar las relaciones.
Como se menciona anteriormente, el humor hostil es un fenómeno presente en los colegios, y es utilizado por parte de los estudiantes para mantener las jerarquías sociales y rechazar a los diferentes o lo que es diferente. Por este motivo, este artículo busca comprender cómo en una muestra de estudiantes observadores se entiende el papel del humor en un escenario de burla, centrados en a) cómo los estudiantes ven que otros reaccionan y, b) cuál es la ruta para gestionar este tipo de fenómenos en la escuela. Identificando la función del humor hostil en el contexto educativo, cómo el uso cambia a través de los grados escolares y el abordaje ante situaciones de humor hostil.
Método
Este estudio fue de corte cualitativo, se expuso a los estudiantes a un dibujo que representaba una situación de burla, y se analizó las respuestas sobre la interpretación de los dibujos. Se realizó un análisis de contenido definido por Cano y González (2015) como el proceso de identificación, codificación y categorización de ejes analíticos que surgen de los datos y busca generar abstracciones sobre los significados y relaciones que surgen de la información, trasciende al análisis puramente descriptivo.
Muestra y población
Estudiantes de dos instituciones públicas colombianas participaron en este estudio (una de Bogotá y otra de Ibagué). Para obtener una muestra representativa de todos los grados escolares, se trabajó con al menos un curso de cada grado escolar. El muestreo fue probabilístico por conveniencia, en el cual fueron incluidos aquellos estudiantes a quienes la institución permitió. Los estudiantes completaron el instrumento en grupos de aproximadamente cuatro personas. Cada grupo fue analizado como un caso grupal. Algunos grupos estaban compuestos por hombres (masculino), otros de solo mujeres (femenino) y otros eran mixtos. No hubo criterios de exclusión. El único criterio de inclusión fue que contaran con consentimiento informado y aceptaran el asentimiento informado. A continuación, se describe la muestra por cada grupo.
Bogotá. El instrumento fue respondido por un total de 140 estudiantes de una institución pública bogotana. En la tabla 1 se detalla el número de casos por género y grado.
Tabla 1.
Reporte de número de casos grupales en Bogotá
|
Género/ Grado |
Masculino |
Femenino |
Mixto |
Total de casos |
|
6° |
2 |
3 |
4 |
9 (36) |
|
7° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
8° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
9° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
10° |
2 |
2 |
4 |
8 (32) |
|
Total de casos |
10 (4) |
8 (32) |
17 (68) |
35 (140) |
Los números reportados entre paréntesis se refieren al número de participantes, que en promedio fueron 4 por cada grupo.
Fuente: elaboración propia.
Ibagué. Participaron 20 estudiantes de grado séptimo, noveno y décimo de un colegio público de la ciudad de Ibagué. En la tabla 2 se detalla el número de casos por género y grado.
Figura 1.
Dibujo representación de la burla
Fuente: elaboración propia
Procedimiento
Para iniciar la recolección de datos los asistentes de investigación previamente entrenados se presentaron, realizaron el asentimiento informado y posteriormente explicaron la finalidad de la actividad. Para ello se solicitó a los estudiantes organizarse en grupos de 4 personas. En el caso de los estudiantes, se le entregó a cada grupo una hoja con un dibujo con la imagen de burla seguida de la respuesta de cada pregunta mencionada arriba.
Dadas las circunstancias de la pandemia por COVID-19, la ejecución de la actividad tuvo algunas variaciones en encuentros posteriores por medios virtuales. Los instrumentos fueron adaptados por medio de la plataforma Typeforms (herramienta virtual para el desarrollo de formularios). Los asistentes de investigación solicitaban a uno de los integrantes compartir pantalla y con la participación de los otros tres estudiantes responder a cada pregunta. Si se presentaba alguna eventualidad y los estudiantes no podían compartir pantalla los facilitadores eran los encargados de compartir pantalla y completar la matriz siguiendo las instrucciones de los participantes.
Resultados
La Figura 2 muestra la nube de palabras obtenida en NVivo. Una de las palabras centrales en esta nube de frecuencia de palabras, es la de bullying. Los estudiantes de ambas ciudades tuvieron como coincidencia relacionar directamente el tema de la burla con el bullying. Así mismo, los actores que aparecen en el centro de la nube se referencian a estudiantes y profesores. Los primeros porque tienden a ser actores relevantes para el desarrollo de la situación, es decir están presentes como aquellos sujetos que se burlan de otros, como también aquellos que son víctimas de burla. De igual manera, es interesante que dentro de este escenario hay un reconocimiento a los actores involucrados de esta manera: una persona que se burla de un estudiante objetivo y otros dos, quienes apoyan al primer actor.
Figura 2.
Palabras más reportadas en el análisis en NVivo
Nvivo: Elaboración propia
Identificación problema ¿bullying es lo mismo que burla?
De sexto a once, al preguntarles a los estudiantes qué identifican que sucede, refieren que se trata de un caso de burla o bullying. Pareciera que los estudiantes entienden burla como sinónimo de bullying lo que lleva a pensar que los usos agresivos del humor pueden estar presentes de forma continua y sistemática en los casos de bullying cercanos a los estudiantes. Asimismo, son capaces de identificar los actores presentes en este tipo de casos.
Lo anterior, se observa cuando reportan la existencia de un agresor central, con mayor poder, que se acompaña de sus amigos o pareja, con quienes se burla de una víctima: “Pepito, Ramón, Héctor, Yumlay; Pepito, Ramón y Héctor son amigos y Yumalay es la víctima” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Los que le hacen bullying al niño y el niño al que le hacen bullying” (Estudiantes Bogotá, 2020). Lo que podría indicar que, además de identificar a los actores también son capaces de identificar las relaciones que establecen entre sí los agresores para demarcar niveles de jerarquía social.
Los estudiantes agresores son identificados con propósitos distintos para estar apoyando el bullying. Ya sea por cercanía social con el agresor o, por ejemplo, por percibir que los agresores poseen más estatus como se ve a continuación: “... Pepita es la agresora principal. Brayan apoya a Natalia por ser su pareja. Camilo es otro agresor para ser aceptado en el grupo de ellos...” (Estudiantes Bogotá, 2020). Es así como el tipo de relación identificado por los estudiantes incluye un tipo de vínculo entre los agresores, ya sea de apoyo social o instrumental. Apoyo social ya sea para reafirmar un vínculo personal o instrumental para ser aceptado por el grupo.
De igual manera, en ambas ciudades y sin diferencias de edad, todos los estudiantes identifican que en la situación se busca hacer sentir mal o humillar a una persona en específico: “En esta imagen observamos que a Pedro sus compañeros le dicen cosas ofensivas y les parece gracioso ver cómo su compañera sufre” (Estudiantes Ibagué, 2020). Es así como los estudiantes describen que existe un uso hostil del humor en el que hay algunas personas que encuentran divertido denigrar a otras.
Asimismo, al momento de identificar el problema parece que lo entienden como un fenómeno de discriminación y bullying a través del humor: “3 niños cebolla, 1 niño hongo. 3 niños que se burlan de alguien diferente” (Estudiantes Bogotá, 2020); “Se están burlando y le hacen bullying, lo discriminan” (Estudiantes Ibagué, 2020). En este sentido, parece que los estudiantes identifican el escenario de la burla como bullying, aludiendo a un nivel de similitud entre ambos fenómenos. Hasta aquí se encontró cómo los estudiantes desde grado sexto a once son capaces de identificar los actores involucrados en un episodio de bullying, y lo equiparan como sinónimo de burla. Ahora, estos estudiantes no tienen una relación clara dentro de lo que reportan, no se refieren a sus propias experiencias dentro de las narraciones, sino a la de aquellos que se enmarcan sea como agresor o como víctima, es decir, posiblemente estén en el papel de observadores. En este rol, no parecen ser responsables directamente de lo que ocurre, son más bien un “público silencioso” que observa y evalúa lo que ocurre.
El problema de “ser diferente” y su relación con el humor
Los estudiantes identifican que el humor hostil es una forma de discriminación de un grupo de personas que agreden a otra quien posee características distintas al resto. Es así como se percibe que “ser diferente” es una razón, y en ocasiones, una justificación para burlarse del otro. De esta manera, es el estudiante diferente el que se percibe como excluido, fuera de las expectativas sociales y en el que recae la responsabilidad del humor. Más allá del daño que pueda experimentar. El estudiante agredido entonces, se percibe como responsable y víctima de lo que le ocurre.
Para iniciar, las razones de la burla o el bullying, concepto que los estudiantes usan de forma intercambiable, varían de acuerdo a la edad de los estudiantes, pero se sostienen en la idea de lo problemático que es “ser diferente”. En sexto y séptimo mencionan como razones para ello tener un nombre distinto: “...Sus compañeros se están burlando por el nombre de la niña” (Estudiantes Ibagué, 2020); o por percibirse como insoportables para el resto: “..el bullying se presenta cuando alguien es demasiado insoportable” (Estudiantes Bogotá, 2020); “..porque Camilo no tiene papá” (Estudiantes Ibagué, 2020). Estas características, por ejemplo, convierten a ciertos estudiantes en un blanco para los agresores. Así la responsabilidad recae en el estudiante víctima, al que se le otorgan características relacionadas con su nombre, conformación familiar, o su temperamento, los cuales, no concuerdan con las expectativas sociales del grupo en cuestión. Por ende, estas características identificadas se usan como una especie de radar para usar el humor en contra de ciertos estudiantes por parte de otros, quienes se convierten en perpetradores del castigo “merecido” que conlleva ser diferente.
En octavo las respuestas son más generales y hacen referencia a las características diferentes de unos estudiantes sobre otros. Sin especificar con mucha precisión a qué se refieren cuando hablan de ser diferente: “Que le hacen bullying por ser diferente” (Estudiantes Bogotá, 2020). Sumado esto, los estudiantes reportan que se excluye a alguien por ser diferente, sino que además, es el grupo el que decide no aceptar esta diferencia. Es decir, el proceso de rechazo tanto como de aceptación dentro de un grupo es una elección: “Le hacen bullying por ser diferente a los demás, no lo aceptan como es” (Estudiantes Bogotá, 2020).
En noveno, se refiere que son las características físicas las que llevan a que una estudiante sea rechazada por otros: “A alguien le hacen discriminación por su tipo de pelo” (Estudiantes Ibagué, 2020). En noveno, décimo y once las respuestas arrojadas coinciden con octavo, en que no especifican el tipo de diferencia al que se refieren, pero agregan un componente adicional y son las consecuencias de la burla a nivel psicológico y afectan la salud mental de la víctima: “Lo que está pasando es que se burlan por la diferencia que le ven los tres compañeros y puede llegar a un problema de depresión y suicidio” (Estudiantes Ibagué, 2020); “..Que es diferente y no lo quieren por eso” (Estudiantes Bogotá, 2020); “...es un caso de Bullying y matoneo y exclusión hacia su compañera al punto de hacerla sentir mal, que hace que tenga problemas de autoestima, inseguridad y amor propio” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Gestión de la burla en la escuela
Frente a las formas para resolver o gestionar las agresiones relacionadas con el bullying, los estudiantes de todos los grados señalan la importancia de que los profesores, psicólogos o directivos intervengan siguiendo el conducto regular, dejan por fuera su rol de forma explícita o el de estudiantes pares dentro de esta resolución: “En muchos casos intervienen los docentes, ayudando a solucionar el problema hablando con los directivos y con el compañero atacado para que no lleguen a un problema más fuerte”(Estudiantes Ibagué, 2020); “Son los profesores los que intervienen” (Estudiantes Bogotá, 2020); “Intervienen los profesores para arreglar el problema y si no se da una solución se lleva a otras personas profesionales para arreglar el problema puede ser la psicóloga o el rector del colegio” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Así mismo, sugieren que, las formas de intervenir dentro de este tipo de situaciones no deberían dejarse en el conducto actual, sino que tendrían que incluir otras estrategias como la reflexión sobre lo ocurrido, acudir a las familias de los agresores, o sanciones de varios días: “Lo mejor es citar al acudiente para que hablen con sus hijos” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Llamar a los padres, avisar a los profesores, sanción de tres días y charla con el psicólogo” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Llamar a los padres de los abusadores”; “deberían hacer charlas para concientizar a los estudiantes de la situación tan grave que puede haber..” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Adicionalmente, solo los estudiantes de décimo y once refieren la importancia de que “si los docentes se enfocan más en el bullying ellos mismos podrían tener más seguridad para intervenir con los atacantes y preguntar qué es lo divertido de hacer sentir mal al otro”; “Los padres, profesores y otros estudiantes que sean buenos” (Estudiantes Ibagué, 2020). Esto evidencia una diferencia relevante, ya que entre más jóvenes parecen ser los estudiantes poseen una percepción menor de tener la capacidad para cambiar o mejorar la situación por sí solos. Lo que va cambiando a medida que crecen e incluso sugieren la participación de pares dentro de los episodios de agresión como se vio.
Es así como la diferencia parece volver más vulnerable a ciertos estudiantes que otros. Ya sea por características físicas, identitarias o psicológicas que no se ajustan a las expectativas del grupo normativo y se utilizan como justificación para utilizar el humor hostil. Este termina siendo una forma de comunicar y expresar rechazo, pero también, un ajuste social hacia lo normativo reafirma jerarquías y, podría disminuir la confianza porque le comunica a los estudiantes que no pueden “ser aceptados por quienes son”.
Discusión y conclusiones
Este estudio tuvo como objetivo evaluar los usos del humor hostil en dos instituciones públicas colombianas. Independientemente de la ciudad o la edad, los estudiantes reportaron que el humor hostil, en especial la burla, era usado por unos estudiantes con más poder contra otros considerados diferentes según las expectativas sociales. Varios estudiantes asociaron de forma natural una situación de burla con el matoneo escolar, lo cual sugiere, que es común que la burla se de en un contexto de matoneo y que no se limita a un episodio aislado.
Los resultados sugieren que el humor hostil es una herramienta que unos alumnos utilizan contra otros para controlar su comportamiento y hacerlo más acorde con las normas y expectativas, como Horowitz et al. (2004) señala. Los estudiantes reportaron explícitamente que la burla era usada contra aquellos estudiantes que son percibidos como diferentes, como Horowitz et al. (2004) y Sweeting y West (2001) mencionan. Aunque los estudiantes mencionaron algunas características como el nombre, la personalidad o la familia como diferencias que llevan a la burla, principalmente hubo ambigüedad en cuáles son estas características. Futuros estudios pueden profundizar en estos aspectos. La principal función reportada fue la de poder, según las categorías de Strong (2013). El humor hostil es usado principalmente por estudiantes con más poder o status que quieren marginar a otros y mantener las jerarquías sociales, lo cual concuerda, con que sea usado principalmente dentro de patrones de matoneo escolar. El humor hostil en los escenarios escolares reafirma jerarquías, fomenta la discriminación y disminuye la confianza de percibir que se tiene la posibilidad de intervenir a menos de que sea profesor o directivo de la institución.
Frente al uso del humor hostil, en especial la burla, se pueden encontrar semejanzas y diferencias teniendo en cuenta la variación de los grados escolares y las etapas de desarrollo de los estudiantes. En el caso de los estudiantes de sexto y séptimo, se puede evidenciar que no hay una claridad concreta sobre el término burla o bullying ya que lo utilizan de forma intercambiable. Así mismo, el causante de la burla puede deberse a aspectos identitarios como puede ser el nombre, núcleo familiar, o temperamento que no van acorde a las expectativas del grupo. Aspecto que se puede relacionar con lo planteado por Horowitz et al. (2004) o Sweeting y West (2001), coincidiendo que son estos elementos los que ponen a los estudiantes en riesgo de recibir burla o bullying.
En el caso de octavo, el eje principal para la presencia del humor hostil radica en las características diferentes de unos estudiantes sobre otros, y en la exclusión de otro por ser diferente tratándose de un rechazo voluntario y selectivo por parte del grupo. Tal como plantean Strong (2013), Odenbring y Johansson (2021) en la utilización del humor como poder para disminuir y marginar a alguien, o para construir jerarquías entre diferentes grupos.
En noveno, se puede notar que el eje para ejercer burla hacia alguien está determinado por las características físicas que además impulsan al rechazo de la persona. Diferente a lo encontrado en los grados décimo y once, donde se puede ver coincidencia en las respuestas con octavo y noveno, pero se agrega el componente de las consecuencias psicológicas y de salud mental al ser expuestos a la burla. Hallazgo que puede relacionarse con lo descrito por Di Cioccio (2001) ya que se impulsa la motivación agresiva como objetivo para disminuir la confianza en sí mismo, dañar la propia imagen, molestar, avergonzar y herir a los demás.
Este es uno de los primeros estudios que evalúa cómo los alumnos suelen abordar las situaciones de humor hostil. Al respecto, los estudiantes en general mostraron una falta de empoderamiento o capacidad para abordar estas situaciones. Ellos mencionan que son los adultos figuras de autoridad (profesores y psicólogos) los que suelen abordar estas situaciones. No obstante, principalmente en grados mayores, los estudiantes mostraron consciencia sobre las consecuencias psicológicas y la capacidad de que ellos puedan intervenir. Los estudiantes pueden razonar que el ser diferente no es un motivo para aceptar las intimidaciones y las burlas; por lo que es importante trabajar en intervenciones que integren a los estudiantes en el abordaje de la burla.
El presente estudio tuvo algunas limitaciones en los resultados que dificultan la interpretación de los resultados. El instrumento y la metodología fueron bastante estructurados, por lo que no se profundizó en aspectos de las respuestas de los estudiantes; por ejemplo, cuáles son las características consideradas “diferentes” que llevan a la burla. Futuros estudios pueden usar entrevistas semi-estructuradas o grupos focales para profundizar. A pesar de que hay una clara relación entre burla y matoneo escolar, el instrumento no permitió evaluar directamente qué tanto la burla hace parte del matoneo escolar, y evaluar otros usos del humor hostil. Futuros estudios pueden usar diferentes imágenes o situaciones en las que los personajes tengan cierto estatus o relación (por ejemplo, que sean amigos de la víctima de la burla).
Esto, relacionado también con el papel que juegan los estudiantes al presenciar burlas o bullying en contra de sus compañeros y permanecer como espectadores y no agentes de intervención. Si bien culturalmente se promueve el vivir de forma pacífica y en paz al no involucrarse en conflictos externos, esta indiferencia tiende a reforzar el papel de los agresores; así mismo, está determinada por lo que se ha llamado “la cultura del silencio”, para evitar caer en el señalamiento de soplón. Sin embargo, la indiferencia inmoviliza, aliena y deshumaniza a la persona (Carozo, 2015). Por este motivo, resulta importante que futuros estudios tengan en consideración el papel que juegan los espectadores al no intervenir en situaciones de burla o bullying en contra de sus compañeros; teniendo en cuenta el porqué de su papel y qué implicaciones tiene este en las relaciones interpersonales dentro de la convivencia escolar.
Los hallazgos de este estudio contribuyen en el diseño de programas o estrategias de intervención para la reducción de la violencia escolar, al igual que otros estudios muestran que la burla o el humor hostil son precursores de formas de agresión más intensas como el matoneo escolar (Johannessen, 2021; Macklem, 2003; Vessey et al., 2003); por lo cual, es necesario intervenir o trabajar sobre la burla y el humor hostil y no pasarlos por inofensivos. Las intervenciones para abordar el humor hostil deben comenzar con una evaluación de cómo este es usado en el contexto; por ejemplo, pueden invitar a los estudiantes a reflexionar y discutir sobre los desencadenantes y el abordaje escolar de la burla (Ramírez et al., 2022).
Toda situación de humor hostil debe ser abordada como un conflicto que afecta la convivencia escolar pacífica, por lo que sus intervenciones deben ser desde diferentes niveles y fomentando diversas habilidades como la gestión emocional, la toma de perspectiva, el cuestionamiento de creencias, la asertividad y la resolución de conflictos (Urbano et al., 2021). El abordaje de la burla comienza con enseñar a las personas cuando una burla hace parte del matoneo y qué respuestas se pueden dar para neutralizar (Macklem, 2003; Scarpaci, 2006). Además, entrenar a los observadores para que detengan o desincentiven la burla puede ser una buena estrategia (Midgett et al., 2017; Padgett y Notar, 2013; Salmivalli, 2014), e implementar estrategias de mediación entre pares (Urbano et al., 2021).
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La presente investigación buscó establecer la relación existente entre las características de internalización (ansiedad, depresión, ansiedad social, quejas somáticas, sintomatología postraumática y obsesión-compulsión), externalización (problemas de atención, hiperactividad-impulsividad, problemas de control de la ira, agresión, conducta desafiante, problemas de conducta y conducta antisocial de los individuos) y la desesperanza, donde la etapa de la adolescencia constituye una serie de cambios esenciales entre la culminación de la niñez para empezar la adultez, se determina por transformaciones en ámbitos biológicos, psicológicos y conductuales; estas se deben considerar como una edad crítica, puesto que dichos cambios afectan la vida personal y social, además, que dependen de las experiencias adquiridas en la infancia y de las circunstancias que los rodea en el momento (Almonte et al., 2003).
Este período de transición puede tener cambios tan abruptos en cuanto al desarrollo del individuo, genera diversos problemas dado que, si no existe una buena maduración mental, afectiva y emocional, se presentan dificultades en la adaptación de la persona, lo que puede terminar en rechazo a la autoridad parental, problemas sociales y académicos, problemas depresivos, e incluso conductas suicidas. Por la inhabilidad de enfrentar los cambios psicosociales que ocurren durante este período, como resultado de este desequilibrio, se encuentra que en gran parte de los adolescentes, estas conductas desadaptativas e incluso autodestructivas, son usadas como mecanismos de respuesta frente a la no adaptación del cambio (Berger, 2007).
Es así como se debe realizar una correlación con aspectos importantes con los que el individuo se vea permeado, como lo serían su ámbito familiar y el apoyo de los padres, la escuela y la comunidad en general en la que el joven se desenvuelva y, de esta manera, se podrá analizar de manera positiva o negativa el desarrollo del mismo. Si el desarrollo es positivo, tienden a ser personas con características y rasgos específicos en conjunto con el desarrollo afectivo en su ambiente; sin embargo, si es contrario su desarrollo, es decir, de manera negativa, su bienestar físico y mental se verá involucrado y tenderán a un desequilibrio en ambos aspectos de su vida, los cuales pueden desencadenar complicaciones como homicidios, suicidios o accidentes generalizados (Berger, 2007).
Cuando se habla de conductas internalizantes y externalizantes, se habla de aquellos problemas psicopatológicos que afectan la funcionalidad del individuo. Los problemas de internalización incluyen aquellas alteraciones de tipo emocional propias de los trastornos de ansiedad y depresión y, los problemas externalizantes incluyen problemas relacionados con comportamientos disruptivos, que suelen provocar conflictos en la interacción del individuo con su entorno, desatando problemas a nivel conductual y comportamental, que pueden desencadenar en trastornos de conducta y problemas de personalidad (Alarcón y Bárrig, 2015).
Para hablar de los trastornos mentales se debe mencionar que existe una manifestación distinta de cada uno de ellos, pero que en general es una combinación de alteraciones de pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás, que pueden llevar a un desajuste psíquico y que puede generar desesperanza en el individuo, ya que esta tiene una estrecha relación con la emoción y el comportamiento, debido a que las manifestaciones de rabia, tristeza, angustia, implican que hay aspectos desestabilizantes en el individuo y que pueden terminar desencadenando conductas negativas (Beck et al.,1974).
La desesperanza es esa atribución que hace el ser humano de manera negativa sobre causas, consecuencias e implicaciones de sucesos vitales negativos, por lo que se considera que la desesperanza es un factor de vulnerabilidad para los pensamientos suicidas; es como el primer paso para llegar a generar conductas negativas, debido a que las atribuciones que se hacen de los sucesos son negativos y por fallas de sí mismo; a menudo hay interpretaciones fatalistas y pensamientos de que nada de lo que está ocurriendo tiene solución y seguirá pasando en el futuro (Calvete et al., 2008).
Metodología
Tipo de investigación
Es una investigación cuantitativa no experimental, por lo tanto, no se busca manipular la naturaleza de las variables, sino que se observa el fenómeno tal y como se da en el contexto natural (Hernández et al., 2014).
Diseño
Con un diseño transeccional -correlacional, lo que indica que es una medida tomada en un solo momento donde se busca describir la relación directa entre más de una variable establecida en dicha investigación, en este caso se busca correlacionar las variables de desesperanza, internalización y externalización y determinar si existe o no una relación entre las mismas (Hernández et al., 2014).
Población y muestra
Adolescentes de 17 y 18 años de instituciones de educación media, tecnológica y universitaria de Armenia Quindío, bajo confiabilidad del 95% y error máximo permisible del 10%; la muestra estuvo conformada por 76 adolescentes.
Aspectos ético legales
Esta investigación se encontró enmarcada desde diferentes leyes que rigen el quehacer psicológico y profesional y propenden por el bienestar integral de los individuos, y así mismo se tuvo un consentimiento y un asentimiento que debía estar diligenciado por los padres de los menores de edad y el asentimiento que debía ser firmado por los participantes.
Instrumentos
Los datos se recolectaron mediante dos instrumentos: la Escala de Desesperanza de Beck. Cuestionario autoaplicado, creado y estructurado por Beck et al. (1974); posteriormente, adaptada por los españoles. Tiene 20 ítems, el tiempo de aplicación oscila entre 5 a 10 minutos. Fue implementado para personas entre 17 y 80 años de edad. Esta escala tiene como objetivo evaluar, desde un punto de vista subjetivo, las expectativas negativas que una persona tiene sobre su futuro y su bienestar (en qué medida es pesimista un individuo), así como su habilidad para salvar las dificultades y conseguir el éxito en su vida (Beck et al., 1974).
Asimismo, la prueba establece unos niveles de riesgo, los indicadores de evaluación están expuestos de manera que la escala arroja datos específicos para la identificación del nivel que la persona puede padecer bajo la premisa del suicidio, como puede verse en la Tabla 1.
Tabla 1
Niveles de riesgo
|
Riesgo |
Puntaje |
|
|
Bajo (0-8) |
Ninguno o mínimo |
0-3 |
|
Leve |
4-8 |
|
|
Alto (9-20) |
Moderado |
9-14 |
|
Alto |
15-20 |
|
|
Fuente: elaboración propia. |
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Por otro lado, se utilizó el Sistema de Evaluación de Niños y Adolescentes SENA, construido por Fernández-Pinto, et al. (2015), el cual permite la recolección de información desde diferentes ámbitos, personal, familiar y escolar; se encuentra constituido por nueve cuestionarios los cuales están divididos en: cuestionario Infantil de 3 a 6 años, Primaria de 6 a 12 años y Secundaria de 12 a 18 años. Cada cuestionario consta de un número de ítems; en el caso del autoinforme se encuentra que las preguntas oscilan entre 77 y 188 preguntas; en el de padres, el número total de ítems está entre 122 y 141; y, el de docentes, entre 129 y 154 preguntas. El cuestionario SENA permite valorar, desde diferentes perspectivas, las conductas del evaluado; por su enfoque multidimensional se logra la evaluación de un amplio conjunto de conductas mediante las escalas de problemas, de vulnerabilidad y de recursos personales.
La escala de problemas es el cuerpo central de la prueba SENA, allí se evalúan problemas psicológicos que alteran el funcionamiento integral del individuo y las posibles dificultades de adaptación en uno o varios de sus entornos principales de desarrollo. La escala de problemas se divide en conductas de tipo Internalizante, donde se evalúan la Depresión (DEP), Ansiedad (ANS), Ansiedad Social (ASC), Quejas somáticas (SOM), Sintomatología postraumática (PST) y Obsesión-compulsión (OBS) y, conductas de tipo Externalizante, donde se evalúa Inatención (ATE), Hiperactividad-impulsividad (HIP), Problemas de control de la ira (IRA), Agresión (AGR), Conducta desafiante DES) y Conducta antisocial (ANT).
Dentro de la escala de vulnerabilidad se evalúan aquellas características que pueden favorecer la aparición de algunos trastornos empeorando el pronóstico y, por último, se habla de la escala de recursos psicológicos o personales, escala que permite identificar los puntos fuertes y positivos con los que cuenta el individuo. Adicionalmente, cuenta con una escala de control que ayuda al profesional a determinar si las respuestas son fiables y válidas o, si por el contrario, la información está distorsionada o carece de veracidad
Procesamiento de datos
Se utilizó estadística descriptiva de medidas mínimas, máximas, medias y desviación estándar para cada una de las variables buscando analizar el rendimiento general de los participantes en las características de internalización, externalización y desesperanza; fortuitamente se utilizó la medida de dispersión y el método de correlación de Pearson por medio del programa estadístico STATGRAPHICS, con el fin de determinar si existía una relación entre las variables trabajadas y dar respuesta a la pregunta de investigación.
Resultados
Dando respuesta a los objetivos planteados en la investigación, se muestran a continuación los resultados obtenidos por medio de los instrumentos. Mediante el instrumento SENA se logró recolectar información de tres tipos de fuente: autoinforme, escuela y familia, lo que permitió contrastar las variables propuestas en un inicio (Internalización y Externalización) desde diferentes perspectivas. Adicional a esto, se muestran los resultados obtenidos de la prueba de Desesperanza de Beck. Finalmente, se exponen las correlaciones entre ambas variable. Dentro del análisis de resultados también se logró determinar los índices globales que permiten resumir en una única puntuación el nivel de problemas que puede estar enfrentando un individuo; de igual forma, se muestran los factores de riesgo más persistentes desde las tres miradas: padre, docente y adolescente.
La Tabla 2 muestra la distribución de los participantes considerando las variables sexo y edad conjuntamente, el siguiente estudio contó con una muestra poblacional de 76 sujetos de diferentes instituciones de la ciudad de Armenia, distribuidos en edades de 17 y 18 de los cuales 52 son mujeres y 24 son varones; en la distribución de edades se encuentra que 46 corresponden a la edad de 17 años y 30 a la edad de 18 años.
Tabla 2
Datos sociodemográficos
|
Característica |
Frecuencia |
|
|
Edad |
17 |
46 |
|
|
|
|
|
Género |
|
|
|
Varón |
24 |
|
|
|
|
|
|
Fuente: elaboración propia |
||
En cuanto a la Desesperanza, se conformaron cuatro grupos de riesgo: Ninguno/mínimo, Leve, Moderado y Alto. De acuerdo con esto, se encontró que el 71,05% de los sujetos se ubicó en un rango de 0-3 lo que significa que no hay presencia de riesgo, el 27,63% en un rango de 4-8 con riesgo leve y, por último, el 1,32% de los evaluados se ubicó en un nivel de riesgo moderado. Esta información permite determinar que gran parte de la población presenta un riesgo mínimo, por lo tanto, no presenta expectativas negativas sobre el futuro y su bienestar. Por otro lado, se logró establecer que 22 de los evaluados pueden estar presentando características de embotamiento emocional y un autoconcepto negativo (rangos de 4-8 y de 9-14), lo que genera en el individuo una falla en la integración de las experiencias exitosas. En la Tabla 3 se muestra la distribución de frecuencias del nivel de desesperanza.
Tabla 3
Distribución de frecuencias del nivel de desesperanza
|
Rango |
Frecuencia |
% |
Riesgo |
|
0 – 3 |
54 |
71,05 |
Ninguno/mínimo |
|
4 – 8 |
21 |
27,63 |
Leve |
|
9 – 14 |
1 |
1,32 |
Moderado |
|
15– 20 |
0 |
0,00 |
Alto |
|
Total |
76 |
100 |
|
|
Fuente: elaboración propia |
|||
Por otro lado, en la Tabla 4 se muestran los resultados obtenidos en los índices globales del autoinforme, logrando así resumir el nivel de problemas que presenta la persona evaluada. Los valores que se ubican en el nivel descriptivo por debajo de 39 puntos se entienden como posibles dificultades en el desarrollo de la habilidad, en este caso, el 6,58% de los adolescentes evaluados presentó deficiencia en el desarrollo de habilidades emocionales, puesto que no lograban gestionar sus emociones de manera positiva, el 9,21% tuvo problemas en el desarrollo de la conducta, el 6,58% en funciones ejecutivas, lo que implica deficiencia a la hora de regular el propio comportamiento. Del mismo modo, se observó que el 18,42% de los evaluados presentó puntuaciones por debajo de 39 en relación con problemas contextuales lo que indica que la persona evaluada se sentía respaldada y apoyada por su entorno familiar. Finalmente, en cuanto al autoinforme se encontró que, en relación al manejo de recursos personales, el 14,47% de los evaluados presentó menores grados de fortaleza ante las dificultades, baja inteligencia emocional y mayor tendencia a presentar problemas de tipo emocional y comportamental.
Tabla 4
Distribución de frecuencias índices globales autoinforme
|
Autoinforme |
||||||||||
|
Puntaje T |
Emo |
% |
Con |
% |
Eje |
% |
Ctx |
% |
Rec |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||
|
39 |
5 |
6,58 |
7 |
9,21 |
5 |
6,58 |
14 |
18,42 |
11 |
14,47 |
|
40-59 |
52 |
68,42 |
57 |
75 |
56 |
73,68 |
53 |
69,74 |
54 |
71,05 |
|
60-69 |
8 |
10,53 |
7 |
9,21 |
8 |
10,53 |
7 |
9,21 |
11 |
14,47 |
|
70-79 |
10 |
13,16 |
5 |
6,58 |
6 |
7,89 |
2 |
2,63 |
0 |
0,0 |
|
80-110 |
1 |
1,32 |
0 |
0,0 |
1 |
1,32 |
0 |
0,0 |
0 |
0,0 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
|||||
|
Fuente: elaboración propia |
||||||||||
Además, se encontró que gran parte de los adolescentes evaluados están dentro de lo normativo y esperado para la edad, puntaje T (40-59), lo que indica que el 68,42% de los evaluados reconocen y logran gestionar de manera positiva sus emociones, el 75% no presentan problemas relacionados con la conducta, el 73,68% tienen mayor manejo en el control y regulación de las respuestas emocionales, mayor flexibilidad cognitiva, lo que le permite tener mejor capacidad para actuar de manera eficaz y buscar alternativas adaptadas a la necesidad de cada momento, tienen la capacidad para dirigir su atención y gran capacidad para planificar. El 69,74% presentó un buen ajuste y adaptación al contexto y el 71,05% tiende a tener una valoración positiva de sí mismo y un buen ajuste personal. Cabe resaltar que la gran mayoría de los adolescentes evaluados no presentan algún tipo de riesgo inminente en estas variables.
Ahora bien, luego de analizar los puntajes bajos y aquellos que se encontraron dentro de la media, es importante mencionar y hablar de los puntajes que estuvieron una o más desviaciones típicas por encima de la media (puntuación T de 60- 110), lo que muestra un alto nivel de preocupación, dado que está manifestando un amplio rango de problemas o dificultades que se traducen en posibles patologías. Para el caso se encontró que el 25,01% de la población evaluada presentaba sintomatología ansioso-depresiva, posiblemente acompañada de un afecto negativo o un estado anímico disfórico; por otro lado, el 15,79% de los adolescentes presentó problemas de comportamiento disruptivo, lo que provoca dificultades en el manejo de las relaciones interpersonales; el 19,74% presentó dificultades relacionadas con varios componentes de las funciones ejecutivas, entre las cuales pueden encontrarse problemas para controlar y dirigir la atención, dificultades para controlar su comportamiento e inhibir respuestas lo que se traduce en impulsividad, dificultades para adaptar el comportamiento a diferentes contextos, generando así mayor rigidez e inhibición de respuestas automáticas y mayor dificultad en la regulación de los estados emocionales.
En cuanto a los índices de problemas contextuales, se encontró que el 11,84% de los adolescentes presentaba un alto grado de desajuste y desadaptación del contexto, es decir, probablemente el adolescente observaba su contexto familiar y escolar como una fuente de tensión e incomprensión por lo que no evidenciaba un apoyo, sino que veía su entorno mucho más hostil. Por último, se encontró que el 14,47% de los adolescentes presentaba un buen nivel de adaptación personal y social, es decir, manejaba un buen nivel de autoestima, satisfacción consigo mismo y valoración positiva de su vida, logrando relacionarse eficazmente con los demás.
A continuación, se muestra la distribución de frecuencias de las variables de internalización y externalización desde la perspectiva del adolescente. En relación a los problemas internalizantes, la Tabla 5 muestra que la mayoría de la población estaba dentro del rango esperado (40-59) puntaje T, lo que significa que no hay presencia de sintomatología patológica, que altere el comportamiento del individuo y sus esferas del funcionamiento.
Tabla 5
Distribución de frecuencias de nivel de internalización autoinforme
|
Internalización |
||||||||||||
|
Puntaje T |
Dep |
% |
Ans |
% |
Asc |
% |
Som |
% |
Pst |
% |
Obs |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||||
|
39 |
8 |
10,53 |
16 |
21,05 |
10 |
13,16 |
10 |
13,16 |
3 |
3,95 |
2 |
2,63 |
|
40-59 |
48 |
63,16 |
41 |
53,95 |
55 |
72,37 |
48 |
63,16 |
48 |
63,16 |
48 |
63,16 |
|
60-69 |
15 |
19,74 |
13 |
17,11 |
6 |
7,89 |
7 |
9,21 |
14 |
18,42 |
20 |
26,32 |
|
70-79 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
3 |
3,95 |
5 |
6,58 |
9 |
11,84 |
1 |
1,32 |
|
80-110 |
3 |
3,95 |
0 |
0 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
2 |
2,63 |
5 |
6,58 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
||||||
|
Fuente: elboración propia. |
||||||||||||
Por otro lado, en cuanto a los valores superiores a 59 puntaciones T, en este caso (60-110) se encontró que los adolescentes podrían estar presentando problemas sintomatológicos cercanos a una patología, en cuanto a la escala de Depresión (DEP) se obtuvo un porcentaje del 26,32%, esta escala indica la presencia de manifestaciones de tipo depresivo expresadas mediante un estado de tristeza, o irritabilidad, la falta de placer o disfrute de actividades cotidianas, sentimientos de inutilidad, culpa o desesperanza y en los casos más graves presencia de pensamientos relacionados con la muerte y el suicidio e incluso trastornos psicóticos. Para la escala de Ansiedad (ANS) se encontró un porcentaje del 25% lo que indica posibles manifestaciones de tipo ansioso, preocupaciones recurrentes y manifestaciones fisiológicas severas en los adolescentes con posibles dolores musculares, dificultades para dormir y descansar, sudoración excesiva, sensación de ahogo e incluso molestias intestinales; para la escala de Ansiedad social (ASC) se encontró que el 14,47% de los evaluados presentaba manifestaciones ansiosas ligadas a situaciones sociales e interpersonales expresadas en incomodidad, nerviosismo, inseguridad, tensión e incluso activación fisiológica, generando que el adolescente se exponga o interaccione con el otro.
Otro factor importante en cuanto a los problemas internalizantes es la escala de Quejas somáticas (SOM), donde se evidenció que el 26,68% se encontraban presentando molestias o síntomas físicos como posibles dolores de cabeza, mareos o cansancio, relacionado con posibles alteraciones emocionales; en relación a la sintomatología postraumática se encontró un porcentaje del 32,89% de la población evaluada, lo que indica posible presencia de altos índices de estrés, percepción de peligro, estado de alerta e incluso síntomas disociativos desrealización y despersonalización. Por último, dentro de los problemas internalizantes se encontró la escala de obsesión- compulsión; en relación a esta se pudo establecer que el 34,22% presentaba un riesgo elevado para la presencia de un trastorno obsesivo compulsivo.
En cuanto a las escalas de problemas exteriorizados (Tabla 6), se evidenció que la mayoría de los adolescentes evaluados estaban dentro de un rango, pero existe un pequeño porcentaje de la población que se encontró en condiciones de riesgo, por lo tanto, se hace un mayor énfasis en la descripción estadística; para el caso se tiene que en la escala de Problemas de atención (ATE) el 11,84% de los evaluados presentaron dificultades para mantener, regular y dirigir su atención; en la escala de Hiperactividad-impulsividad), el 18,42% de los adolescentes presentaron posibles problemas de actividad motriz excesiva, problemas en la inhibición de la conducta y de adaptación al contexto. En cuanto a los Problemas de control de ira (IRA) el 21,04% de los adolescentes, en algún momento de su vida, pudo experimentar frecuentes explosiones de ira manifiestas en gritos, enfados, golpes y bajo control emocional; componente que se encuentra acompañado de la escala de Agresión, donde el 19,74% de la población manifestó presencia de posibles conductas de agresión grave a otras personas, problemas de baja empatía y crueldad hacia los demás. Finalmente, se encontró que en relación a las escalas de Conducta desafiante y Conducta antisocial se obtuvo un porcentaje de 3,95% y 13,15% respectivamente, lo que se traduce en problemas que indican posible presencia de comportamiento desafiante y desobediente con padres, profesores o adultos, que va en contra de la norma y que puede terminar en actos vandálicos y delictivos e incluso en autoagresión, dado que no inhiben comportamientos ni miden riesgos.
Tabla 6
Distribución de frecuencias de nivel de externalización autoinforme
|
Externalización |
||||||||||||
|
Puntaje T |
Ate |
% |
Hip |
% |
Ira |
% |
Agr |
% |
Des |
% |
Ant |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||||
|
39 |
9 |
11,84 |
2 |
2,63 |
8 |
10,53 |
0 |
0 |
4 |
5,26 |
0 |
0 |
|
40-59 |
58 |
76,32 |
60 |
78,95 |
52 |
68,42 |
61 |
80,26 |
69 |
90,79 |
66 |
86,84 |
|
60-69 |
7 |
9,21 |
12 |
15,79 |
6 |
7,89 |
10 |
13,16 |
2 |
2,63 |
4 |
5,26 |
|
70-79 |
2 |
2,63 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
5 |
6,58 |
1 |
1,32 |
4 |
5,26 |
|
80-110 |
0 |
0 |
0 |
0 |
4 |
5,26 |
0 |
0 |
0 |
0 |
2 |
2,63 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
||||||
|
Fuente: elaboración propia. |
||||||||||||
En cuanto a la aplicación de la prueba SENA, no solo se logró establecer la relación existente entre las variables de internalización y externalización, sino que también se logró observar algunos factores de riesgo a los que posiblemente se veían expuestos los adolescentes y, que muchas veces no eran visibles para el núcleo social que los rodeaba; si bien es cierto, la gran mayoría de los resultados se encontraron dentro de la media, no deja de ser menos importante ahondar en aquellos que no superaron la media establecida o, que por el contrario, sobrepasaron el rango esperado. En la Tabla 7 se logró evidenciar desde la percepción del adolescente los riesgos a los que este se veía expuesto. De acuerdo a los ítems críticos arrojados por el autoinforme se encuentra que existe un alto porcentaje en relación a sensación de peligro y alerta (28,88%), alteraciones del pensamiento y la percepción (28,88%) y falta de apoyo social (22,04%), seguido de indicadores inespecíficos de problemas (15,2%) y riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria (12,92%), factores de riesgo que se contrastan con las posibles conductas internalizantes y externalizantes experimentada por los adolescentes.
Tabla 7
Ítems críticos identificados en auto informe
|
No. |
Ítems críticos identificados en auto informe |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Riesgo de autolesión |
20 |
15,2 |
|
2 |
Estresores traumáticos |
17 |
12,92 |
|
3 |
Sensación de peligro y alerta |
38 |
28,88 |
|
4 |
Petición de ayuda |
14 |
10,64 |
|
5 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
9 |
6,84 |
|
6 |
Riesgo de conducta antisocial |
22 |
16,72 |
|
7 |
Abuso de sustancias |
13 |
9,88 |
|
8 |
Alteraciones del pensamiento o la percepción |
38 |
28,88 |
|
9 |
Sensación de pérdida de control |
15 |
11,4 |
|
10 |
Riesgo en el entorno familiar |
20 |
15,2 |
|
11 |
Riesgo de acoso escolar |
10 |
7,6 |
|
12 |
Falta de apoyo social |
29 |
22,04 |
|
13 |
Riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria |
17 |
12,92 |
|
14 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
20 |
15,2 |
|
15 |
Sentimientos de culpa |
10 |
7,6 |
|
16 |
Sin alerta |
16 |
12,16 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Con relación a la escuela, se observó dentro de los ítems críticos que el 29,64% corresponde a falta de apoyo, el 16,72% corresponde a riesgo de conducta antisocial, factor externalizante que en la mayoría de los casos es percibido por el exterior y no por el mismo individuo, información que se evidencia en la Tabla 8.
Tabla 8
Ítems críticos identificados por la escuela
|
No. |
Factores de riesgo identificados en escuela |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Comportamiento inusual |
10 |
7,6 |
|
2 |
Falta de apoyo social |
39 |
29,64 |
|
3 |
Riesgo de autolesión |
10 |
7,6 |
|
4 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
12 |
9,12 |
|
5 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
4 |
3,04 |
|
6 |
Riesgo de conducta antisocial |
22 |
16,72 |
|
7 |
Riesgo de acoso escolar |
7 |
5,32 |
|
16 |
Sin alerta |
23 |
17,48 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Adicionalmente, en la Tabla 9 se encuentran los ítems críticos evidenciados por los cuidadores del adolescente; en este caso se evidencia que el 36,48% equivale a falta de apoyo, el 19% riesgo de conducta antisocial, seguido del 15,2% riesgo de autolesión y 14,44% riesgo de agresión o daño a otros, cabe resaltar que al igual que el docente, la familia observa con mucha más frecuencia aquellas conductas de carácter externalizante.
Tabla 9
Ítems críticos identificados por la familia
|
No. |
Factores de riesgo identificados en familia |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Acoso escolar |
13 |
9,88 |
|
2 |
Abuso de sustancias |
15 |
11,4 |
|
3 |
Falta de apoyo social |
48 |
36,48 |
|
4 |
Comportamiento inusual |
11 |
8,36 |
|
5 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
19 |
14,44 |
|
6 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
7 |
5,32 |
|
7 |
Riesgo de conducta antisocial |
25 |
19 |
|
8 |
Riesgo de autolesión |
20 |
15,2 |
|
9 |
Riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria |
9 |
6,84 |
|
10 |
Sin alerta |
10 |
7,6 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Igualmente, de acuerdo a los índices globales y las variables de internalización y externalización en relación con la escuela y la familia se logró establecer la existencia de un efecto altamente significativo entre lo que ve el docente, el padre de familia y el adolescente. En cuanto a los índices globales se encontró un efecto altamente significativo en relación a los recursos personales, con un valor P (0,0051**) lo que se traduce en una alta apreciación de la escuela frente a los recursos que posee el adolescente para enfrentar situaciones adversas, la escuela sí observa el actuar del individuo y qué tanta capacidad tiene para generar estrategias, a diferencia de la familia y el adolescente que no perciben dicha capacidad, por lo tanto son significativamente iguales.
En relación a las variables de externalización se observa un efecto significativo entre las escalas de conducta desafiante (0,0130*) y conducta antisocial (0.0205*) lo que significa que el adolescente no se percibe como una persona agresiva, con un comportamiento de desafío y oposición a la norma frente a las figuras de autoridad, pero los docentes y su familia si logran identificar el actuar del evaluado, información que se contrasta con los resultados arrojados de los ítems críticos. Estos datos se resumen en la Tabla 10.
Tabla 10
Efecto estadísticamente significativo, en relación a escuela y familia.
|
Variable |
Valor p |
|
índices globales |
|
|
Emoción |
0.7091 |
|
Conducta |
0.1090 |
|
Funciones ejecutivas |
0.9234 |
|
Recursos personales |
0.0051** |
|
Variable Internalización |
|
|
Depresión |
0.2139 |
|
Ansiedad |
0.1624 |
|
Ansiedad social |
0.2550 |
|
Quejas somáticas |
0.9792 |
|
Variable Externalización |
|
|
Atención |
0.3130 |
|
Hiperactividad |
0.2996 |
|
Ira |
0.7312 |
|
Agresión |
0.3129 |
|
Conducta desafiante |
0.0130* |
|
Conducta Antisocial |
0.0205* |
|
Fuente: elaboración propia. |
|
*Efecto significativo **Efecto altamente significativo
Desde la correlación de los dos instrumentos, y de acuerdo con los datos obtenidos, se observa en la Tabla 11 que la desesperanza, si bien es cierto no presenta un valor de correlación alto, presenta un valor (p) que indica que hay presencia de una relación entre variables, bajo una confiabilidad del 95%. En relación a las variables de internalización se encuentra que existe una correlación positiva; en relación a la escala de depresión se encuentra una correlación del 0.4314**, lo que indica que a mayor número de problemas emocionales, mayores índices de desesperanza; en relación a la variable de Ansiedad y Quejas somáticas se encontró una correlación del 0.4536**, por lo tanto, se logra evidenciar que al presentar una puntuación elevada a nivel de problemas emocionales, problemas de ansiedad y somatización se traduce en altos grados negativos, y hace vulnerable al adolescente, lo que implica que su desesperanza va a aumentar y va a generar más conductas de riesgo. Así mismo, se encuentra que cuando se tienen puntuaciones elevadas en las funciones ejecutivas se generan dificultades para controlar su comportamiento e inhibir respuestas inadecuadas o ineficaces, lo cual genera un incremento en la desesperanza; a su vez, se genera en el individuo insatisfacción frente a la vida, por lo que es posible que no logre inhibir intentos frente a conductas autolesivas, ni planificar soluciones a eventos estresores. Es decir, que de acuerdo a cómo sienta, piense y actúe el adolescente se puede generar un aumento o un incremento de la desesperanza.
Tabla 11
Correlación desesperanza- internalización
|
DEP |
ANS |
ASC |
SOM |
||
|
Desesperanza |
Correlación |
0,4314** |
0,4536** |
0,2138 |
0,2448* |
|
Sujetos |
76 |
76 |
76 |
76 |
|
|
Valor P |
0,0002 |
0,0001 |
0,0001 |
0,0641 |
|
|
Confianza |
95% |
95% |
95% |
95% |
|
|
Fuente: elaboración propia. |
*Efecto significativo **Efecto altamente significativo
De acuerdo con los datos obtenidos en la Tabla 12, se evidencia que hay una correlación entre las características externalizantes y la desesperanza, se encuentra una relación existente entre las escalas de hiperactividad (HIP) y problemas de atención (ATE), lo que significa que, a mayores niveles de desesperanza, mayores problemas de concentración y atención.
Tabla 12
Correlación desesperanza- internalización
|
Ate |
Hip |
Ira |
Agr |
Des |
Ant |
||
|
Desesperanza |
Correlación |
0,3667** |
0,2718* |
0,1058 |
0,1220** |
0.1556 |
0.2111 |
|
Sujetos |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
|
|
Valor P |
0,0015 |
0,0186 |
0,3594 |
0,2906 |
0.1776 |
0.0675 |
|
|
Confianza |
95% |
95% |
95% |
95% |
95% |
95% |
Fuente: elaboración propia.
*Efecto significativo **Efecto altamente significativa
Discusión
Esta investigación buscaba, en un primer momento, identificar las características de internalización, externalización y desesperanza de los adolescentes de 17 y 18 años de la ciudad de Armenia y, en segundo momento, determinar si existía correlación entre las mismas variables. De acuerdo con esto, se identificó que, desde la variable de internalización, existen unas escalas que determinan el comportamiento intrínseco del individuo y que en gran parte del tiempo se encuentran directamente relacionadas con componentes cognitivos, ideas y creencias irracionales, generando así que sean menos evidentes dichas conductas ya que en la mayoría de los casos no se evidencian síntomas. En cuanto a los adolescentes evaluados en la ciudad de Armenia se logró establecer que, si bien es cierto existe un porcentaje de la población que se encuentra dentro de lo normativo, existen adolescentes fuera de la media y que presentan altos niveles de depresión, ansiedad, quejas somáticas, problemas con el contexto y bajo manejo de los recursos personales.
Dentro de los adolescentes evaluados se logró establecer que el 26,32% de adolescentes presentaba problemas de tipo emocional los cuales se ven reflejados en conductas ansiosas y síntomas somáticos; según las muestras obtenidas la gran mayoría de problemas se desprenden de eventos traumáticos vivenciados, ya sea durante la infancia o la propia adolescencia. Según el estudio de Bordin et al. (2009), los factores causantes de estrés familiar, agresiones, ausencia del padre, depresión o ansiedad de la madre, pueden ser precipitantes para desarrollar conductas patológicas, de tipo internalizante.
Dentro del análisis de los resultados también se logró evidenciar que los padres desconocen de los síntomas y las dificultades que enfrentan sus hijos en el diario vivir, de acuerdo a la tabla de ítems críticos, los padres y docentes evidencian en los adolescentes conductas de agresión, de autolesión y falta de apoyo social, pero lo que no identifican es la falta de recursos personales de los que carece el adolescente y la percepción que tiene él mismo de su contexto, la necesidad de apoyo y la falta de comprensión, lo que se puede traducir en falta de comunicación familiar, regulación y control del comportamiento, apoyo afectivo e involucramiento parental de los padres con sus hijos. Según Siabato et al. (2017) cuando no se establecen vínculos parentales, los problemas de salud mental pueden aumentar generando síntomas de conductas internalizantes o externalizantes, dado que se generan problemas a nivel atencional, aumentan las conductas disruptivas, no se establecen vínculos emocionales, disminuyen los estados del ánimo y se acrecientan las conductas desadaptativas.
En este sentido, Méndez et al. (2014) estableció que la mayoría de los adolescentes presentan relaciones familiares disfuncionales, las cuales interfieren en el bajo rendimiento académico, problemas emocionales y conductuales de los adolescentes, generando conductas internalizadas como depresión, ansiedad y quejas somáticas; en relación con la investigación se estableció que en cuanto a problemas contextuales, los adolescentes no sienten el acompañamiento de sus progenitores, perciben su contexto familiar y escolar como una fuente de tensión e incomprensión donde no se le brinda el apoyo que necesitan.
En cuanto al contexto social, Bronfenbrenner (1987) plantea que el contexto de un individuo se encuentra permeado por las influencias externas, dado que siempre está en función de la socialización con el otro, su primer contacto siempre va ser con su círculo familiar, desde donde se establecen las relaciones de apego y de allí depende qué tan positivas o negativas van a ser sus relaciones a futuro.
De acuerdo a la investigación realizada por Andrade y Gonzales (2017), la influencia de los adultos juega un papel importante en la vida del adolescente, dado que las formas en que los estilos de socialización son interiorizados, determinan los diversos modos de interacción y relación de autoridad del adolescente con el ambiente exterior; la integración positiva del adolescente con el otro depende en gran medida de los estilos de crianza impartidos por los padres, la comunidad y los educadores, pues durante este estadio el adolescente se enfrenta a varios retos como lo es la conformación de su estructura de personalidad, el afianzamiento de su identidad y proyecto de vida, el desarrollo de sus habilidades y recursos para enfrentar las crisis personales y los peligros externos y la ruptura gradual de sus vínculos paternos de manera que, si hay presencia de estilos de crianza disfuncionales, es posible que se desaten conductas desadaptativas en el adolescente (Andrade y Gonzales, 2017).
Si bien es cierto, no toda la población evaluada presentó problemas de conducta, un 14,47% de la población presentó problemas a nivel conductual, lo cual se evidencia en los altos puntajes que arroja la variable de agresión, conducta desafiante, conducta antisocial. De acuerdo con Lacasa et al. (2015) la activación de emociones y sentimientos negativos productos de un apego ambivalente presentan mayor miedo al rechazo, se vuelven mucho más distantes y carecen de una visión positiva del otro, por lo tanto, suelen desatar síntomas externalizantes que se reflejan en comportamientos hostiles, desafiantes e incluso autodestructivos, buscando atraer la atención del padre y al mismo tiempo expresar ansiedad y resistencia frente a la falta de atención de sus cuidadores.
En cuanto a la variable de desesperanza se evidenció presencia de riesgo moderado con un porcentaje del 1,32%, esto significa que una parte mínima de la población ha experimentado problemas de embotamiento emocional y un autoconcepto negativo, generando fallas en la integración de las experiencias exitosas; según Quintanilla et al. (2003) cuando se tienen altos niveles de desesperanza, existe mayor probabilidad de experimentar riesgos de conductas autolesiva; estos autores plantean que los factores de tipo cognitivo, emocional y conductual son predisponentes de pensamientos y actos suicidas, información que se contrasta con la obtenida en la presente investigación; a mayor presencia de factores internalizantes y externalizantes mayor presencia de desesperanza y posible riesgo de conductas y pensamientos autolesivos. De acuerdo con lo mencionado por Beck et al. (1974), el individuo distorsiona y malinterpreta sus expectativas de modo negativo, sin una base objetiva, lo que se debe a un esquema cognitivo y unas creencias inapropiadas de su realidad; por lo tanto, los índices de desesperanza aumentan debido a la evaluación negativa que hace el individuo de sí mismo, en su estado de desesperación.
Se encontró también que la percepción que tenían los adolescentes frente a los acontecimientos de su vida, condicionaban, de una u otra forma, su conducta frente a su quehacer cotidiano, pues experimentaban sensaciones negativas que los llevaban a no encontrar alternativas de solución frente a una situación determinada, carecían de expectativas frente a su futuro y solían experimentar sentimientos de minusvalía, falta de apoyo social, altos niveles de irritabilidad; lo cual se convertía en agresiones y daños a sí mismos y a otros. Igualmente, se evidenció baja autoestima y autoeficacia e incluso alteraciones en el pensamiento y su percepción. Esta información se logró evidenciar en los ítems críticos arrojados por la prueba SENA (alto índice en los ítems de falta de apoyo, aspecto percibido por el adolescente y por sus cuidadores y maestros, problemas de autolesión). Esta información se contrasta con la obtenida en la investigación de Cortina et al. (2007) quienes expusieron que un estado de ánimo inestable, la agresividad y la impulsividad eran rasgos de personalidad que podían aumentar el riesgo suicida y la desesperanza, dado que la impulsividad era característica de conductas de alto riesgo y desinhibía el comportamiento. Estas conductas se encontraban acompañadas de agresividad, inmadurez, inestabilidad emocional, depresión, expectativas negativas del futuro y una visión desfavorable de sí mismo.
El grado de desesperanza y los altos índices en las variables internalizantes y externalizantes ya sea emocionales, conductuales o cognitivas son indicadores de posibles riesgos suicidas, según muestran diferentes investigaciones, los factores de carácter patológico son predisponentes de conductas auto lesivas. En la investigación realizada por Bahamón et a. (2019) se encontró que el riesgo suicida estaba permeado por una serie de manifestaciones derivadas en gran parte de trastornos de conducta y del estado de ánimo relacionados con las dinámicas familiares y factores de riesgo que generaban gran afectación a nivel personal, familiar y social del individuo, desatando una sensación de pérdida, angustia constante y desesperanza; dichos hallazgos se lograron contrastar con lo obtenido en esta investigación y los resultados recogidos en los instrumentos aplicados, donde se logró observar que los adolescentes con mayor riesgo presentaban, en su mayoría, problemas emocionales, de conducta y cognitivos.
Conflicto de intereses
En esta investigación no existen conflictos de intereses entre los involucrados y así mismo se debe hacer mención que fue financiada por la Corporación Universitaria Empresarial Alexander von Humboldt por medio del semillero Psicología de la salud y la actividad física.
Conclusiones
A partir de la descripción realizada de los resultados se concluyen que, si bien es cierto la mayoría de los evaluados se encuentran dentro de los rangos esperados, existe un porcentaje significativo en la población que requiere de atención; los altos puntajes adquiridos por los evaluados determina que en la población es necesario establecer medidas de prevención y promoción de manera que se puedan identificar aquellas conductas de carácter interiorizado que en la mayoría de los casos no muestran sintomatología.
Los resultados mostraron que existe una relación entre las conductas externalizantes e internalizantes en relación con la desesperanza, a mayores índices de desesperanza mayor presencia de pensamientos y conductas negativas; teniendo en cuenta que la evaluación se hizo desde una mirada multifuente y se contó con la perspectiva de los padres y los docentes también se logró establecer que, si bien es cierto los cuidadores conocen a sus hijos, en muchas ocasiones no se percatan de los problemas que este acarrea, pues se encuentran relaciones de apoyo bajas que el adolescente percibe como escaso apoyo emocional, ausencia paterna y falta de comprensión.
Finalmente, se concluye un alto índice en cuanto a las conductas auto lesivas, manifiestas por el adolescente, las cuales están acompañadas de problemas exteriorizados que se reflejan en conductas agresivas y desafiantes, como de problemas interiorizados evidenciados en problemas altamente emocionales, provenientes de eventos postraumáticos y de pensamientos negativos constantes.
Referencias
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Andrade, J. y Gonzales, J. (2017). Relación entre riesgo suicida, autoestima, desesperanza y estilos de socialización parental en estudiantes de bachillerato. Psicogente, 20(37), 70-88. https://www.redalyc.org/pdf/4975/497555990006.pdf
Bahamón, M., Alarcón, Y., y Trejos, A. (2019). Prevención del riesgo suicida en adolescentes. Manual Moderno.
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Lacasa, F., Mitjavila, M., Ochoa, S. y Balluerka, N. (2015). The relationship between attachment styles and internalizing or externalizing symptoms in clinical and nonclinical adolescents. Anales de Psicología, 31(2) 422-432. https://revistas.um.es/analesps/article/view/analesps.31.2.169711/175081
Méndez, J. H. M., Echavarría, K., Pardo, A., y Quiñones, Y. (2014). Funcionalidad familiar, conductas internalizadas y rendimiento académico en un grupo de adolescentes de la ciudad de Bogotá. Psychology: avances de la disciplina, 8(2), 37-46. http://www.scielo.org.co/pdf/psych/v8n2/v8n2a04.pdf
Quintanilla, R., Haro, L., Flores, M., Celis de la Rosa, A. y Valencia, S. (2003). Desesperanza y tentativa suicida. Investigación en Salud, V(2), 0. https://www.redalyc.org/pdf/142/14250206.pdf
Siabato, E. F., Forero, I. X. y Salamanca, Y. (2017). Asociación entre depresión e ideación suicida en un grupo de adolescentes colombianos. Pensamiento psicológico, 15(1), 51-61.
Durante la etapa preescolar los niños comparten con otros niños de su misma edad y el juego se convierte el centro de sus interacciones. Cuando el niño experimenta el juego, ya no individual, sino, grupal, comienza también a enfrentarse a diferentes retos y situaciones que le exigen ciertas habilidades directamente relacionadas con reglas sobre habilidades sociales (Bras, 2005) como el respeto del turno, el control de los movimientos, la concentración, la atención y por supuesto la autorregulación (Gonzales-Mena y Widmeyer, 2011); además, comienzan a poner en prueba sus comportamientos, la expresión de sus emociones y sus habilidades físicas (Bras, 2005). así, el entorno le demanda al niño autocontrol y autorregulación para ser hábil socialmente, al tiempo que avanza en la comprensión y expresión del lenguaje, y en regular sus emociones hablándose a sí mismo, entender las emociones ajenas o modificar sus objetivos (Abarca, 2003). Todo esto resulta fundamental para desarrollar la personalidad y el crecimiento psicológico de los infantes y para identificar aspectos importantes relacionados con déficit en la comprensión de las propias emociones y, por ende, en la vivencia y expresión de emociones negativas.
Los niños con escasa capacidad de regulación emocional, negativa o cambiante “son menos aceptados por sus pares que los niños con habilidades sociales adaptativas” (Abarca, 2003, p. 18). Por su parte, los niños que exhiben menos manifestaciones negativas, presentan mayor capacidad atencional y capacidad de afrontamiento, conductas consideradas como las más apropiadas socialmente y de amplia aceptación por sus pares.
Este estudio se propone analizar las manifestaciones de la autorregulación emocional en actividades de juego de niños y niñas de 4 a 5 años, de una institución de educación preescolar del municipio de Armenia, Quindío, Colombia. Identificar estos comportamientos autorregulatorios en los niños bajo observación permitirá emprender acciones pedagógicas orientadas a mejorar su entorno y enriquecer sus habilidades, tanto cognitivas como sociales y emocionales, que les permitan afrontar de manera acertada las situaciones cotidianas
Metodología
Es un enfoque cualitativo con un alcance descriptivo, por cuanto se orientó a analizar las manifestaciones de la regulación emocional en actividades de juego en niños y niñas, de 4 a 5, años de una institución de educación inicial. En los estudios descriptivos “se busca especificar las propiedades, las características y los perfiles de personas, grupos, comunidades, procesos, objetos o cualquier otro fenómeno que se someta a un análisis” (Hernández et al., 2014, p. 92). Participaron ocho estudiantes (4 niñas y 4 niños), con edades comprendidas entre 4 y 5 años que asisten a una institución de educación preescolar de carácter privado. Los criterios para la selección de los estudiantes fueron: la edad: 4-5 años, la pertenencia a un mismo grupo (jardín A), en igual jornada escolar. Los padres autorizaron su participación en el estudio y firmaron el consentimiento informado.
La información se recogió a través de la observación permitiendo registrar las “impresiones” del investigador en diarios de campo o fichas creadas para tal fin, con contenidos y parámetros específicos. Con este propósito se diseñó una ficha de observación, a partir de la categoría de regulación emocional y tres de las competencias emocionales, en este caso subcategorías, propuestas por Bisquerra y Pérez (2007), relacionadas con la expresión emocional, las habilidades de afrontamiento y la competencia para autogenerar emociones positivas, así como los indicadores respectivos para valorar los comportamientos de los niños y las niñas, como se puede apreciar en la siguiente tabla.
Tabla 1.
Dimensiones de la regulación emocional
|
Competencia |
Definición |
Indicadores |
|
Expresión Emocional |
Capacidad de expresar emociones de manera asertiva, es decir que sus emociones y su forma de reaccionar ante ellas no dependan de factores externos, sino de su propia capacidad para poder afrontarlas. |
Logra expresar sus emociones de manera adecuada Reconoce el efecto de sus expresiones emocionales en los demás Utiliza maneras adecuadas de expresar sus emociones, teniendo en cuenta la consecuencia en otros |
|
Habilidades de afrontamiento |
Habilidad para enfrentar cada uno de los retos, problemas o conflictos que se le presentan en sus contextos sociales. |
Demuestra capacidad de afrontamiento ante las equivocaciones o fracasos Es persistente en lo que se propone Se esmera por alcanzar recompensas inmediatas Es persistente en alcanzar metas que le permitan recompensas a largo plazo Toma decisiones que favorecen su bienestar integral y el de los demás (empatía) |
|
Autogenerar emociones positivas |
Capacidad para autogenerar de manera consciente emociones como la alegría, el amor y el humor, es decir, emociones positivas. |
Expresa de manera espontánea emociones positivas con los demás. Utiliza estrategias propuestas por él mismo, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción Reconoce cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas. |
Fuente: elaboración propia
Las fichas de observación se estructuraron con base en el objetivo, instrucción, tiempo de duración, lugar en donde se realiza la actividad, fecha y nombre del observador.
Los comportamientos se valoraron a través de la siguiente escala: No se presenta (N), Algunas veces (AV), Siempre (S).
Para estudiar las dimensiones de la autorregulación, se diseñaron tres situaciones de juego: 1) Teatro de emociones, propuesta con el objetivo de desarrollar la expresividad emocional y la creatividad narrativa de los niños; igualmente pretendía identificar la expresión emocional. 2) Gallina ciega y lazarillo, propuesta con el objetivo de desarrollar la expresividad emocional y el fortalecimiento del trabajo en equipo, pretendió identificar el comportamiento de los niños en habilidades de afrontamiento. 3) Besos y abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
Se realizaron grabaciones de cada una de las cuatro situaciones de juego realizadas con los niños y se analizó de la informacióndos fases: en la primera fase se sistematizó en Excel la información referida a la expresión de las emociones y las reacciones observadas en los niños y en las niñas en actividades de juego, en momentos que implicaban trabajo en equipo e interacción entre pares. En una segunda fase se analizaron los comportamientos autorregulatorios de los niños y de las niñas, observados en las diferentes actividades de juego y en las grabaciones correspondientes, relacionados con la expresión emocional, las habilidades de afrontamiento y la autogeneración de respuestas positivas. Para dar cuenta detallada de cada uno se elaboró una matriz de análisis de datos cualitativos.
Resultados
La expresión de la regulación emocional en situaciones de juego
La regulación emocional es la habilidad que desarrollan las personas para afrontar las reacciones emocionales de manera adecuada; no se pretende con la regulación que repriman sentimientos de ira o miedo, sino aprender sobre el control de dichas emociones. En unas situaciones se pretendió observar el comportamiento de los niños de manera individual frente a las reacciones emocionales, mientras que, en otras, el propósito fue analizar reacciones emocionales con relación a otros o al grupo.
La expresión emocional de las niñas y los niños
La expresión emocional hace referencia a la capacidad del niño para emitir emociones de manera adecuada (Bisquerra, 2009). Para identificar dicha expresión, se llevó a cabo el juego Teatro de Emociones. En la siguiente figura, se pueden observar los resultados generales:
Figura 1.
Situación de juego 2. Teatro de las emociones
Figura 1.
Situación de juego 2. Teatro de las emociones

Fuente: elaboración propia
La figura muestra que el 75 % de los niños y las niñas expresan sus emociones de manera adecuada y reconocen el efecto de sus expresiones emocionales en los demás, y el 25 % lo hace algunas veces. Por otra parte, el 57 % expresa sus emociones teniendo en cuenta las consecuencias en otros; mientras que el 43% lo realiza algunas veces.
La observación de la expresión emocional de manera individual, permite señalar que el participante 1 demuestra un uso adecuado de la expresión de sus emociones, teniendo en cuenta los sentimientos y sus consecuencias en los demás. El niño expresó: “cuando me pongo triste respiro y duermo”, lo que le permite contar con estrategias que regulen sus acciones y comportamientos, sin afectar sus sentimientos ni los de los demás.
El participante 2 se muestra inseguro en el momento de preguntarle sobre sus emociones, lo cual no le permite expresar con mayor fluidez sus ideas. Se le dificulta interiorizar las emociones básicas, ya que algunas respuestas no tenían relación con las imágenes elegidas. Según Bisquerra (2009) la inseguridad en los niños les impide expresar lo que sienten, a la vez afirma que “la forma en que los niños expresan sus emociones viene determinada por lo que ven en los adultos que les rodean, particularmente con los que mantienen una relación más afectiva, como los padres y familiares cercanos” (p. 60).
El participante 3 expresa emociones positivas y cuenta con los recursos para identificar sus propias emociones (positivas y negativas), además de reconocer las consecuencias que pueden tener en los demás.
Varios estudios (Asher y Rose, 1997; Denham, 1999; Ortiz, 1999; Rice, 1997; Saarni, 1999, 2000; Salovey y Sluyter, 1997; Shaffer, 2004, citados en Bisquerra y Pérez, 2007) concluyen que la adquisición de competencias emocionales genera consecuencias positivas en el comportamiento de infantes y jóvenes. Por su parte, Saarni (2000), destaca que “las consecuencias positivas de la competencia emocional en la regulación de la impulsividad, en el bienestar subjetivo y en la resiliencia.” (p. 152).
El participante 4 posee una excelente capacidad de expresión emocional, salvo la dificultad para manejar emociones de ira. La regulación emocional incluye, entre otros aspectos, la regulación de la impulsividad (ira, violencia, comportamientos de riesgo) y la tolerancia a la frustración para prevenir estados emocionales negativos (ira, estrés, ansiedad, depresión. (Bisquerra y Pérez, 2007).
La participante 5 logra expresar emociones, pero no lo realiza de manera espontánea; es decir, es necesario buscar estrategias y propiciar un diálogo que le permita expresar ideas y emociones frente a la imagen elegida. No se muestra segura en el momento de emitir reacciones emocionales.
Esto demuestra la importancia que los padres o cuidadores cumplan un trabajo constante y adecuado desde la infancia, que permita a los niños fortalecer sus vínculos emocionales y, en consecuencia, alcanzar una mayor capacidad para expresar sus emociones. Al respecto, Armus et al. (2012) afirman que: “el sostén emocional se da en el marco de un vínculo estable, un vínculo de apego, con los cuidadores primarios. La estabilidad y la previsibilidad en el vínculo con sus cuidadores le permiten al niño construir una relación de apego seguro” (p. 12).
La participante 6 demostró seguridad para emitir respuestas y comentarios, señalando las imágenes elegidas desde el inicio de la actividad. Se evidencia gran capacidad en su expresión emocional, quedando demostrado en su detallada forma de narrar acontecimientos familiares, en los cuales hace referencia a diferentes emociones según las situaciones que ha experimentado.
La participante 7 inició la actividad muy motivada, se mostró siempre cómoda al expresar sus ideas y experiencias, partiendo de las imágenes que elegía. Se caracteriza por su fluidez verbal y una muy buena relación entre la historia narrada y la imagen de la emoción elegida. En igual sentido, se mostró dispuesta a manifestar lo que sentía, identificando el sentimiento de miedo o tristeza que le genera. Reconoce el efecto que tienen las emociones del otro, en ella y en los que la rodean, al manifestar: “mis papás pelean un poquito y eso me pone triste”. Reconoce que el comportamiento de otras personas puede generar en ella malestar.
En este caso es posible reconocer la gestión emocional, puesto que logra identificar y describir experiencias propias, manteniéndose atenta a las indicaciones. Esto implica que se ha logrado regulación emocional, lo que traerá además crecimiento personal e intelectual (Bisquerra y Pérez, 2007).
La participante 8. manifiesta dificultad para expresar sus ideas acerca de lo que observa en las imágenes; es necesario indagar y motivar para que la niña adquiera seguridad. No obstante la motivación, a la niña se le dificulta expresar sus ideas y emociones de forma natural.
Las competencias emocionales son competencias básicas para la vida y, por tanto, deberían estar presentes en la práctica educativa. Pero no de forma ocasional, como a veces se da el caso, sino de manera intencional, planificada, sistemática y efectiva (Bisquerra, 2009).
Habilidades de afrontamiento
Las habilidades de afrontamiento les permiten los capacitan para asumir momentos pocos agradables o que requieren de esfuerzo para alcanzar los logros trazados. Con el fin de identificar las habilidades de afrontamiento en los niños y en las niñas se propuso el juego: Gallina Ciega y Lazarillo. En la siguiente figura se muestran los resultados generales:
Figura 2.
Situación de juego 3. Gallina ciega y lazarillo

Fuente: elaboración propia
Se observa que el 57 % de los niños y las niñas demuestran capacidad de afrontamiento ante las equivocaciones o fracasos, mientras que el 43 % algunas veces lo hacen. Por otra parte, el 43% persiste en las actividades y objetivos, mientras que el 57 % algunas veces lo hacen. Por otra parte, las actitudes de esmero por alcanzar recompensas inmediatas, se observó en el 75 % y algunas veces en el 25 %. La persistencia en las metas a largo plazo fue observada en el 25 %, mientras que el 75 %, lo hace algunas veces.
El análisis de los videos demuestra que la mayoría de los niños años logran adecuadas habilidades de afrontamiento, debido a que buscaron estrategias que les permitieran cumplir con los obstáculos para llegar a la meta y alcanzar el estímulo. Sin embargo, se pudo evidenciar que, a pesar de que la mayoría muestran dichas habilidades, a algunos de ellos se les dificulta tomar decisiones que conlleven al bienestar de los demás. Es claro entonces que en el rango de edades en el que se encuentran los niños participantes (4-5 años), el control de conductas vinculadas a la regulación de emociones no corresponde a la realización de trabajo en equipo que permita un beneficio grupal, puesto que resulta más relevante el beneficio propio.
El análisis individual de las respuestas y actuaciones de los participantes indica que al participante l. le costó cumplir con las reglas propuestas durante el juego de la gallina ciega y el lazarillo. Es un niño muy activo al que se le dificulta regularse, evidenciado en el momento de realizar el recorrido, ya que mostró que su objetivo era obtener beneficio propio, sin tener en cuenta el bienestar de los demás.
El participante 2. no respondió a las actividades que implicaban encontrar soluciones para alcanzar el objetivo. El participante 3. demostró su capacidad de liderazgo positivo, realizando adecuadas explicaciones durante el recorrido, lo cual le permitió llegar a la meta sin ningún inconveniente. Sin embargo, se evidencia que, a pesar de desenvolverse de una manera adecuada en la guía de su compañera, se orientó al interés personal.
A nivel general, los niños buscan satisfacer sus necesidades individuales más que las colectivas, aspectos propios de la edad y cuyo desarrollo se relaciona directamente con la inteligencia emocional, las habilidades de afrontamiento y el beneficio grupal.
El participante 4. demostró adecuadas habilidades de afrontamiento, a pesar de no recibir ayuda por parte de su compañera para finalizar el reto propuesto. De igual manera, buscó la manera de finalizar la actividad siguiendo las instrucciones. Se mostró persistente en la búsqueda de opciones que permitieran encontrar la recompensa y se esmeró sin perder el control de sus emociones.
La participante 5. realizó el papel de gallina ciega, mostrándose insegura al ser guiada por su compañero, lo cual no le permitió alcanzar la meta propuesta; no fue persistente y optó por tratar de separarse de su compañero mostrando dificultad para buscar estrategias que le permitiera alcanzar las metas, pero sin romper las reglas del juego.
El niño necesita sentirse valorado, querido, aceptado por estas personas, que confíen en sus posibilidades, se interesen por las cosas que le pasan, le estimulen, le valoren los logros, le hagan cumplir los acuerdos y las normas establecidas a partir del razonamiento, dictadas con firmeza, pero también con cierta flexibilidad, adecuadas a sus posibilidades, claras, coherentes y accesibles (Bisquerra et al., 2005, p. 12).
La búsqueda del beneficio personal fue la característica de la participante 6. quien se mostró persistente y se esmeró por alcanzar sus propias metas; no demostró capacidad para la toma de decisiones que buscaran un bienestar integral.
El participante 7. demostró buenas capacidades de afrontamiento, realizando con calma la actividad propuesta, brindando confianza a su compañera que hacía las veces de gallina ciega; fue persistente y se esmeró de manera adecuada por alcanzar la meta. A pesar de mostrar habilidades de afrontamiento adecuadas, durante la reflexión posterior a la actividad realizada, reconoció al final no haber estado muy atenta a su compañera, lo que demuestra una vez más la necesidad de proponer actividades que estimule en los niños el trabajo grupal.
La participante 8. logró finalizar la actividad sin tener mayores inconvenientes durante el recorrido; demostró tolerancia al ser guiada por su compañero, quien le brindó confianza al realizar el recorrido con tranquilidad. Es evidente, que la niña presenta adecuadas habilidades de afrontamiento, mostrándose persistente y esmerándose por alcanzar recompensas.
La participación de los padres o cuidadores de los niños juega un papel determinante en la construcción de su seguridad y su autoestima; les transmiten mayor confianza, condición necesaria para el logro de metas o afrontamiento del fracaso, al sentir que no se obtuvo lo esperado. Al respecto, la sobreprotección es un factor negativo para el incremento de la autoestima y la seguridad pues no permite que los niños solucionen por su propia cuenta los retos que le presenta la vida, como lo es también exigirles con rigurosidad, que la sienten como un obstáculo para identificar y valorar sus logros de acuerdo con sus capacidades.
Competencia para autogenerar emociones positivas
La competencia para autogenerar emociones positivas, se refiere a la capacidad para reconocer emociones negativas y lograr regularlas. La situación de juego: Besos y Abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
La figura siguiente muestra los resultados generales de la actividad realizada:
Figura 3.
Situación de juego 4. Besos y abrazos
Fuente: elaboración propia
Se puede apreciar que el 37 % de los niños y las niñas expresa de manera espontánea emociones positivas ante los demás y el 63 %, lo hace algunas veces. El 87 % utiliza estrategias propuestas por ellos mismos, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción, lo cual puede ser un indicador que refleja la característica propia de su edad: egocentrismo; solo el 13 % algunas veces lo hace. El 62 % demuestra reconocer cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas, mientras que 38 % lo demuestra algunas veces.
En esta actividad se pudo evidenciar que la mayoría de los niños participantes cuentan con la capacidad para autogenerar emociones positivas, expresando y propiciando acercamientos y expresiones de afecto a sus compañeros. Resulta oportuno agregar que dichas manifestaciones de afecto fueron más espontáneas por parte de las niñas, porque cuando se les motivó a cumplir la instrucción de dar un beso o un abrazo, los niños fueron muy tímidos, mientras que a las niñas se les notó espontaneidad en la expresión de sentimientos.
El participante 1. se mostró muy motivado durante el juego de besos y abrazos, disfrutó la compañía de sus compañeros en la ejecución de la actividad planteada, utilizó estrategias que le permitieron disfrutar del juego. Este comportamiento demuestra una adecuada competencia para autogenerar emociones positivas. No obstante, le costó dificultad expresar demostraciones de afecto hacia sus compañeros, en especial con las niñas; se sentía incómodo al tener que dar un beso o un abrazo.
La educación en el ámbito emocional incrementa la habilidad para que el niño reconozca no solo sus propias emociones, sino las de los demás, favoreciendo su interacción social, permitiéndoles disfrutar de espacios que conllevan a desarrollar apropiadas habilidades que generan emociones positivas en ellos mismos y en los demás.
El participante 2. se mostró muy solitario. A pesar de ello, participó del baile disfrutando de la música. El niño utilizó estrategias para disfrutar del momento, mostrando capacidad para autogenerar emociones positivas, pero no mostró mucha fluidez en la expresión emocional, al interactuar mientras bailaba.
El participante 3. ha mostrado grandes habilidades sociales, caracterizándose por ser un niño solidario, dinámico y con gran capacidad de liderazgo frente al grupo. En la actividad de besos y abrazos expresó de manera espontánea sentimientos y emociones, utilizando diferentes estrategias para generar un acercamiento a sus compañeros.
Por otra parte, propició demostraciones de afecto, lo que permitió que los demás compañeros comenzaran a sentir agrado por la actividad planteada. La alegría y el buen humor son cualidades que lo caracterizan, siendo de gran ayuda al momento de la interacción con sus pares, ya que contagia a sus compañeros, propiciando momentos divertidos entre ellos. De acuerdo a lo expresado por Shapiro (2006), “diferentes investigaciones han descubierto que incluso los niños entre cuatro y cinco años con una competencia social considerada elevada iniciaron con mayor frecuencia interacciones humorísticas con otros niños” (p. 105).
El participante 4. logró expresar de manera espontánea emociones positivas con los demás, se destacó por la capacidad de interactuar con todo el grupo, algo poco común con el resto de los compañeros, puesto que la mayoría realizaron la actividad con quienes tenían mayor afinidad.
Con relación a lo anterior, Ibarrola (2014) expresa que:
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa del el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. (p. 9)
La participante 5. se mostró a gusto, siguiendo el ritmo de la música, sin lograr cumplir con el objetivo; todo el tiempo permaneció sola, sin propiciar encuentros con sus compañeros que le permitieran cumplir con lo solicitado. Al parecer, carece de la habilidad para afrontar situaciones donde debe reconocer dichas emociones; todo el tiempo optó por evadir las instrucciones, para no verse enfrentada en la búsqueda de afecto, ni cumplir con retos que causaran cierto tipo de dificultad.
La participante 6. interactuó con dinamismo y alegría; fue espontanea en la expresión de emociones, utilizando diferentes recursos de interacción y liderando la iniciativa para hacer demostraciones de afecto. Cabe agregar que, permaneció todo el tiempo con la misma compañera, por lo tanto, su interacción no fue colectiva.
Resulta oportuno señalar que la educación emocional se debe realizar de forma continua, participando casa-colegio. Cuando se logra dicha integración, de manera permanente, los niños pueden alcanzar una interacción social asertiva que conduzca a unas bases sólidas para el deseado bienestar social.
La participante 7. demostró su capacidad para autogenerar emociones positivas. A pesar de que parte del tiempo permaneció con una de sus compañeras, logró realizar demostraciones de afecto con todos los compañeros del grupo. Se observaron en la niña capacidades para la interacción con sus pares, lo que favorece el adecuado desarrollo de competencias emocionales, siendo el medio que conduce a la prevención de dificultades de interacción, reduciendo así los riegos a los que se deben enfrentar los niños cuando inician nuevos ciclos escolares.
La expresión espontánea de emociones positivas y la búsqueda de estrategias que le permitieran disfrutar momentos de interacción no fue fácil para la participante 8. Durante el desarrollo de la actividad, la niña optó por estar apartada del resto de compañeros, tratando de evadir las instrucciones dadas. Conviene promover dinámicas que introduzcan la niña en espacios constantes de interacción, como la manera adecuada para fortalecer sus competencias emocionales: “Con ayuda del adulto, el niño irá interpretando el lenguaje verbal y no verbal de las emociones, ampliando su vocabulario emocional. Además, el reconocimiento y la comprensión de las emociones ajenas permitirá, en un futuro, desarrollar el sentimiento de empatía.” (Bisquerra et al., 2005, p. 3).
Resumiendo, la etapa de educación infantil es fundamental para que se generen los pilares que sustentarán la inteligencia emocional, que se dan opciones y experiencias que permitirán adquirir no solo la capacidad de reconocer emociones, sino también de expresarlas y regularlas. La interacción o convivencia con los otros niños permite que los más pequeños comprendan que la emotividad es un mecanismo de expresión y hace parte de su personalidad, y que puede ser moldeado.
Discusión
La competencia emocional está estrechamente determinada por la capacidad de expresar y regular eficazmente fenómenos emocionales a lo largo de la vida, por tanto, la regulación emocional es uno de los elementos que integran la competencia. (Bisquerra y Pérez, 2007). Desde esta perspectiva, el desarrollo de competencias emocionales conlleva a la regulación, lo que resulta determinante durante el proceso evolutivo de los niños, así como se constituye en una característica necesaria que les permite a los infantes adaptarse al contexto, a la cultura y a los diversos espectros sociales en los cuales debe desenvolverse a lo largo de su vida.
Las actividades aplicadas permitieron reconocer el impacto que los juegos de roles generan en la habilidad para la creación de personajes, diálogos o formas de representar su entorno; además, resultan significativas en cuanto al desarrollo afectivo puesto que la representación fortalece estrategias para la resolución de conflictos, la interacción entre pares, la expresión emocional, convirtiéndose en el medio por excelencia para desarrollar de forma positiva las futuras y necesarias habilidades sociales.
Resulta acertado propiciar juegos y actividades en los cuales los niños interactúan entre sí, como la manera más eficaz para compartir opiniones, asumir diferentes posturas que enriquezcan su habilidad social y emocional. De acuerdo con Solovieva y Quintanar (2012), el juego es una actividad que permite que los niños avancen en el desarrollo de experiencias culturales, al utilizar formas, objetos, imágenes, lenguaje. El desarrollo psicológico de los niños depende de la adquisición e interiorización de la experiencia cultural durante su participación en el juego (González-Moreno y Solovieva, 2016).
Si bien es cierto que el juego es una actividad empleada para la diversión y el disfrute de quienes participan en él, en edades tempranas funciona como una herramienta educativa permanente. A través de las reglas establecidas se dinamizan mecánicas sociales para la interacción, que permiten a los niños y niñas la expresión y control primario de sus emociones, evidenciado en la propia manera de desenvolverse, logrando la regulación del impulso que los motiva a jugar. También contribuye a la regulación emocional, ya que los niños y niñas participantes dieron razón de sus emociones, a través de las respuestas y conductas, a su vez que demostraron cómo aprenden a afrontar las consecuencias de sus acciones; algunos de ellos asumiendo e internalizando normas propuestas, otros aún movilizados únicamente por sus propios intereses.
Resulta trascendente promover acciones dentro del ámbito educativo que favorezcan su perfeccionamiento, para mejorar habilidades de regulación, a través del juego y entrenamiento con actividades de representación y roles.
Conclusiones
Se constatan manifestaciones de autorregulación emocional y control de comportamientos y de emociones en niños y niñas de educación inicial a través de actividades de juego, además de crear mecanismos y estrategias para interactuar socialmente, resolver retos y cumplir normas.
A los niños y niñas con mayor capacidad de liderazgo e interacción se les facilitó la expresión de emociones; las niñas lograron mayor espontaneidad que los niños al momento de realizar manifestaciones de expresión emocional con sus pares demostrando así mayor destreza en su interacción social; al tener la capacidad de expresar sentimientos y emociones de una forma más fluida pudieron entablar con sus pares vínculos más asertivos. De ahí la importancia de que reciban desde temprana edad educación emocional, para aprender a interiorizar y a la vez expresar sus sentimientos y emociones.
La mayoría de los participantes lograron adecuadas habilidades de afrontamiento; sin embargo, se identificó en algunos niños dificultad para buscar estrategias que conlleven al bienestar grupal, siendo para ellos en el rango de edad en el que se encuentran, más relevante el bienestar individual. Se observó en las actividades de juego realizadas, que la toma de decisiones a nivel grupal les cuesta, pensando satisfacer las necesidades personales. Cabe agregar que ello conlleva a la necesidad de crear ambientes en los cuales a los niños y a las niñas se les brinde confianza, amor y respeto para incrementar su seguridad.
El desarrollo de competencias emocionales presenta una estrecha relación con el nivel de socialización del niño y una adecuada regulación de las emociones. Por consiguiente, aprender a regular sus conductas incrementa sus estrategias para afrontar las emociones negativas, como factor determinante para la prevención de posibles comportamientos disruptivos.
No obstante, si bien el juego facilita la identificación de las manifestaciones de regulación emocional observadas en el estudio, es necesario reconocer que algunos niños requieren incrementar sus habilidades sociales mediante otros mecanismos y actividades.
Referencias
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Whitebread y Basilio. (2012). Emergencia y desarrollo temprano de la autorregulación en niños pre
escolares. Currículum y Formación del profesorado 16(1), 15-34.
rgo plazo fue observada en el 25 %, mientras que el 75 %, lo hace algunas veces.
El análisis de los videos demuestra que la mayoría de los niños años logran adecuadas habilidades de afrontamiento, debido a que buscaron estrategias que les permitieran cumplir con los obstáculos para llegar a la meta y alcanzar el estímulo. Sin embargo, se pudo evidenciar que, a pesar de que la mayoría muestran dichas habilidades, a algunos de ellos se les dificulta tomar decisiones que conlleven al bienestar de los demás. Es claro entonces que en el rango de edades en el que se encuentran los niños participantes (4-5 años), el control de conductas vinculadas a la regulación de emociones no corresponde a la realización de trabajo en equipo que permita un beneficio grupal, puesto que resulta más relevante el beneficio propio.
El análisis individual de las respuestas y actuaciones de los participantes indica que al participante l. le costó cumplir con las reglas propuestas durante el juego de la gallina ciega y el lazarillo. Es un niño muy activo al que se le dificulta regularse, evidenciado en el momento de realizar el recorrido, ya que mostró que su objetivo era obtener beneficio propio, sin tener en cuenta el bienestar de los demás.
El participante 2. no respondió a las actividades que implicaban encontrar soluciones para alcanzar el objetivo. El participante 3. demostró su capacidad de liderazgo positivo, realizando adecuadas explicaciones durante el recorrido, lo cual le permitió llegar a la meta sin ningún inconveniente. Sin embargo, se evidencia que, a pesar de desenvolverse de una manera adecuada en la guía de su compañera, se orientó al interés personal.
A nivel general, los niños buscan satisfacer sus necesidades individuales más que las colectivas, aspectos propios de la edad y cuyo desarrollo se relaciona directamente con la inteligencia emocional, las habilidades de afrontamiento y el beneficio grupal.
El participante 4. demostró adecuadas habilidades de afrontamiento, a pesar de no recibir ayuda por parte de su compañera para finalizar el reto propuesto. De igual manera, buscó la manera de finalizar la actividad siguiendo las instrucciones. Se mostró persistente en la búsqueda de opciones que permitieran encontrar la recompensa y se esmeró sin perder el control de sus emociones.
La participante 5. realizó el papel de gallina ciega, mostrándose insegura al ser guiada por su compañero, lo cual no le permitió alcanzar la meta propuesta; no fue persistente y optó por tratar de separarse de su compañero mostrando dificultad para buscar estrategias que le permitiera alcanzar las metas, pero sin romper las reglas del juego.
El niño necesita sentirse valorado, querido, aceptado por estas personas, que confíen en sus posibilidades, se interesen por las cosas que le pasan, le estimulen, le valoren los logros, le hagan cumplir los acuerdos y las normas establecidas a partir del razonamiento, dictadas con firmeza, pero también con cierta flexibilidad, adecuadas a sus posibilidades, claras, coherentes y accesibles (Bisquerra et al., 2005, p. 12).
La búsqueda del beneficio personal fue la característica de la participante 6. quien se mostró persistente y se esmeró por alcanzar sus propias metas; no demostró capacidad para la toma de decisiones que buscaran un bienestar integral.
El participante 7. demostró buenas capacidades de afrontamiento, realizando con calma la actividad propuesta, brindando confianza a su compañera que hacía las veces de gallina ciega; fue persistente y se esmeró de manera adecuada por alcanzar la meta. A pesar de mostrar habilidades de afrontamiento adecuadas, durante la reflexión posterior a la actividad realizada, reconoció al final no haber estado muy atenta a su compañera, lo que demuestra una vez más la necesidad de proponer actividades que estimule en los niños el trabajo grupal.
La participante 8. logró finalizar la actividad sin tener mayores inconvenientes durante el recorrido; demostró tolerancia al ser guiada por su compañero, quien le brindó confianza al realizar el recorrido con tranquilidad. Es evidente, que la niña presenta adecuadas habilidades de afrontamiento, mostrándose persistente y esmerándose por alcanzar recompensas.
La participación de los padres o cuidadores de los niños juega un papel determinante en la construcción de su seguridad y su autoestima; les transmiten mayor confianza, condición necesaria para el logro de metas o afrontamiento del fracaso, al sentir que no se obtuvo lo esperado. Al respecto, la sobreprotección es un factor negativo para el incremento de la autoestima y la seguridad pues no permite que los niños solucionen por su propia cuenta los retos que le presenta la vida, como lo es también exigirles con rigurosidad, que la sienten como un obstáculo para identificar y valorar sus logros de acuerdo con sus capacidades.
Competencia para autogenerar emociones positivas
La competencia para autogenerar emociones positivas, se refiere a la capacidad para reconocer emociones negativas y lograr regularlas. La situación de juego: Besos y Abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
La figura siguiente muestra los resultados generales de la actividad realizada:
Figura 3.
Situación de juego 4. Besos y abrazos
Fuente: elaboración propia
Se puede apreciar que el 37 % de los niños y las niñas expresa de manera espontánea emociones positivas ante los demás y el 63 %, lo hace algunas veces. El 87 % utiliza estrategias propuestas por ellos mismos, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción, lo cual puede ser un indicador que refleja la característica propia de su edad: egocentrismo; solo el 13 % algunas veces lo hace. El 62 % demuestra reconocer cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas, mientras que 38 % lo demuestra algunas veces.
En esta actividad se pudo evidenciar que la mayoría de los niños participantes cuentan con la capacidad para autogenerar emociones positivas, expresando y propiciando acercamientos y expresiones de afecto a sus compañeros. Resulta oportuno agregar que dichas manifestaciones de afecto fueron más espontáneas por parte de las niñas, porque cuando se les motivó a cumplir la instrucción de dar un beso o un abrazo, los niños fueron muy tímidos, mientras que a las niñas se les notó espontaneidad en la expresión de sentimientos.
El participante 1. se mostró muy motivado durante el juego de besos y abrazos, disfrutó la compañía de sus compañeros en la ejecución de la actividad planteada, utilizó estrategias que le permitieron disfrutar del juego. Este comportamiento demuestra una adecuada competencia para autogenerar emociones positivas. No obstante, le costó dificultad expresar demostraciones de afecto hacia sus compañeros, en especial con las niñas; se sentía incómodo al tener que dar un beso o un abrazo.
La educación en el ámbito emocional incrementa la habilidad para que el niño reconozca no solo sus propias emociones, sino las de los demás, favoreciendo su interacción social, permitiéndoles disfrutar de espacios que conllevan a desarrollar apropiadas habilidades que generan emociones positivas en ellos mismos y en los demás.
El participante 2. se mostró muy solitario. A pesar de ello, participó del baile disfrutando de la música. El niño utilizó estrategias para disfrutar del momento, mostrando capacidad para autogenerar emociones positivas, pero no mostró mucha fluidez en la expresión emocional, al interactuar mientras bailaba.
El participante 3. ha mostrado grandes habilidades sociales, caracterizándose por ser un niño solidario, dinámico y con gran capacidad de liderazgo frente al grupo. En la actividad de besos y abrazos expresó de manera espontánea sentimientos y emociones, utilizando diferentes estrategias para generar un acercamiento a sus compañeros.
Por otra parte, propició demostraciones de afecto, lo que permitió que los demás compañeros comenzaran a sentir agrado por la actividad planteada. La alegría y el buen humor son cualidades que lo caracterizan, siendo de gran ayuda al momento de la interacción con sus pares, ya que contagia a sus compañeros, propiciando momentos divertidos entre ellos. De acuerdo a lo expresado por Shapiro (2006), “diferentes investigaciones han descubierto que incluso los niños entre cuatro y cinco años con una competencia social considerada elevada iniciaron con mayor frecuencia interacciones humorísticas con otros niños” (p. 105).
El participante 4. logró expresar de manera espontánea emociones positivas con los demás, se destacó por la capacidad de interactuar con todo el grupo, algo poco común con el resto de los compañeros, puesto que la mayoría realizaron la actividad con quienes tenían mayor afinidad.
Con relación a lo anterior, Ibarrola (2014) expresa que:
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa del el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. (p. 9)
La participante 5. se mostró a gusto, siguiendo el ritmo de la música, sin lograr cumplir con el objetivo; todo el tiempo permaneció sola, sin propiciar encuentros con sus compañeros que le permitieran cumplir con lo solicitado. Al parecer, carece de la habilidad para afrontar situaciones donde debe reconocer dichas emociones; todo el tiempo optó por evadir las instrucciones, para no verse enfrentada en la búsqueda de afecto, ni cumplir con retos que causaran cierto tipo de dificultad.
La participante 6. interactuó con dinamismo y alegría; fue espontanea en la expresión de emociones, utilizando diferentes recursos de interacción y liderando la iniciativa para hacer demostraciones de afecto. Cabe agregar que, permaneció todo el tiempo con la misma compañera, por lo tanto, su interacción no fue colectiva.
Resulta oportuno señalar que la educación emocional se debe realizar de forma continua, participando casa-colegio. Cuando se logra dicha integración, de manera permanente, los niños pueden alcanzar una interacción social asertiva que conduzca a unas bases sólidas para el deseado bienestar social.
La participante 7. demostró su capacidad para autogenerar emociones positivas. A pesar de que parte del tiempo permaneció con una de sus compañeras, logró realizar demostraciones de afecto con todos los compañeros del grupo. Se observaron en la niña capacidades para la interacción con sus pares, lo que favorece el adecuado desarrollo de competencias emocionales, siendo el medio que conduce a la prevención de dificultades de interacción, reduciendo así los riegos a los que se deben enfrentar los niños cuando inician nuevos ciclos escolares.
La expresión espontánea de emociones positivas y la búsqueda de estrategias que le permitieran disfrutar momentos de interacción no fue fácil para la participante 8. Durante el desarrollo de la actividad, la niña optó por estar apartada del resto de compañeros, tratando de evadir las instrucciones dadas. Conviene promover dinámicas que introduzcan la niña en espacios constantes de interacción, como la manera adecuada para fortalecer sus competencias emocionales: “Con ayuda del adulto, el niño irá interpretando el lenguaje verbal y no verbal de las emociones, ampliando su vocabulario emocional. Además, el reconocimiento y la comprensión de las emociones ajenas permitirá, en un futuro, desarrollar el sentimiento de empatía.” (Bisquerra et al., 2005, p. 3).
Resumiendo, la etapa de educación infantil es fundamental para que se generen los pilares que sustentarán la inteligencia emocional, que se dan opciones y experiencias que permitirán adquirir no solo la capacidad de reconocer emociones, sino también de expresarlas y regularlas. La interacción o convivencia con los otros niños permite que los más pequeños comprendan que la emotividad es un mecanismo de expresión y hace parte de su personalidad, y que puede ser moldeado.
Discusión
La competencia emocional está estrechamente determinada por la capacidad de expresar y regular eficazmente fenómenos emocionales a lo largo de la vida, por tanto, la regulación emocional es uno de los elementos que integran la competencia. (Bisquerra y Pérez, 2007). Desde esta perspectiva, el desarrollo de competencias emocionales conlleva a la regulación, lo que resulta determinante durante el proceso evolutivo de los niños, así como se constituye en una característica necesaria que les permite a los infantes adaptarse al contexto, a la cultura y a los diversos espectros sociales en los cuales debe desenvolverse a lo largo de su vida.
Las actividades aplicadas permitieron reconocer el impacto que los juegos de roles generan en la habilidad para la creación de personajes, diálogos o formas de representar su entorno; además, resultan significativas en cuanto al desarrollo afectivo puesto que la representación fortalece estrategias para la resolución de conflictos, la interacción entre pares, la expresión emocional, convirtiéndose en el medio por excelencia para desarrollar de forma positiva las futuras y necesarias habilidades sociales.
Resulta acertado propiciar juegos y actividades en los cuales los niños interactúan entre sí, como la manera más eficaz para compartir opiniones, asumir diferentes posturas que enriquezcan su habilidad social y emocional. De acuerdo con Solovieva y Quintanar (2012), el juego es una actividad que permite que los niños avancen en el desarrollo de experiencias culturales, al utilizar formas, objetos, imágenes, lenguaje. El desarrollo psicológico de los niños depende de la adquisición e interiorización de la experiencia cultural durante su participación en el juego (González-Moreno y Solovieva, 2016).
Si bien es cierto que el juego es una actividad empleada para la diversión y el disfrute de quienes participan en él, en edades tempranas funciona como una herramienta educativa permanente. A través de las reglas establecidas se dinamizan mecánicas sociales para la interacción, que permiten a los niños y niñas la expresión y control primario de sus emociones, evidenciado en la propia manera de desenvolverse, logrando la regulación del impulso que los motiva a jugar. También contribuye a la regulación emocional, ya que los niños y niñas participantes dieron razón de sus emociones, a través de las respuestas y conductas, a su vez que demostraron cómo aprenden a afrontar las consecuencias de sus acciones; algunos de ellos asumiendo e internalizando normas propuestas, otros aún movilizados únicamente por sus propios intereses.
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Conclusiones
Se constatan manifestaciones de autorregulación emocional y control de comportamientos y de emociones en niños y niñas de educación inicial a través de actividades de juego, además de crear mecanismos y estrategias para interactuar socialmente, resolver retos y cumplir normas.
A los niños y niñas con mayor capacidad de liderazgo e interacción se les facilitó la expresión de emociones; las niñas lograron mayor espontaneidad que los niños al momento de realizar manifestaciones de expresión emocional con sus pares demostrando así mayor destreza en su interacción social; al tener la capacidad de expresar sentimientos y emociones de una forma más fluida pudieron entablar con sus pares vínculos más asertivos. De ahí la importancia de que reciban desde temprana edad educación emocional, para aprender a interiorizar y a la vez expresar sus sentimientos y emociones.
La mayoría de los participantes lograron adecuadas habilidades de afrontamiento; sin embargo, se identificó en algunos niños dificultad para buscar estrategias que conlleven al bienestar grupal, siendo para ellos en el rango de edad en el que se encuentran, más relevante el bienestar individual. Se observó en las actividades de juego realizadas, que la toma de decisiones a nivel grupal les cuesta, pensando satisfacer las necesidades personales. Cabe agregar que ello conlleva a la necesidad de crear ambientes en los cuales a los niños y a las niñas se les brinde confianza, amor y respeto para incrementar su seguridad.
El desarrollo de competencias emocionales presenta una estrecha relación con el nivel de socialización del niño y una adecuada regulación de las emociones. Por consiguiente, aprender a regular sus conductas incrementa sus estrategias para afrontar las emociones negativas, como factor determinante para la prevención de posibles comportamientos disruptivos.
No obstante, si bien el juego facilita la identificación de las manifestaciones de regulación emocional observadas en el estudio, es necesario reconocer que algunos niños requieren incrementar sus habilidades sociales mediante otros mecanismos y actividades.
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escolares. Currículum y Formación del profesorado 16(1), 15-34.
humor se concibe como una respuesta emocional positiva, innata, universal, social que surge en la interacción entre personas o en otras palabras “respuesta emocional de hilaridad dentro de un contexto social, provocada por la percepción de incongruencia lúdica, que se expresa por medio de la sonrisa” (Martin, 2009, p. 35). Así, el humor se suele expresar en la risa que surge a veces en contextos amigables (humor prosocial) o en situaciones desagradables como cuando varias personas se ríen del comportamiento o las características de otra persona para denigrar (humor hostil) con frecuencia apoyándose en el uso del sarcasmo y el cinismo.
Por un lado, el humor prosocial se caracteriza por propiciar emociones positivas, bienestar e interacciones que son amables con los demás (Martin, 2009). Este tipo de humor genera relaciones basadas en la cercanía (Fernández y Limón, 2012; Martin, 2008). Por otro lado, el humor hostil comunica distancia o reafirma el establecimiento de relaciones jerárquicas en escenarios sociales, y en ocasiones, se acompaña de agresión.
Lo anterior, no significa que un tipo u otro no puedan coexistir de alguna manera. Una persona puede hacer uso de ambos en distintos momentos de la vida. Esto es llamado por Martin (2009) como las dos caras del humor. Por un lado, permite el aumento de interacciones sociales positivas y, por el otro, podría incluso promover la reafirmación de diferencias entre grupos normativos respecto a grupos no normativos, ya que los primeros lo usarían para imponer formas de actuar, comportarse y ridiculizar a otros haciendo énfasis en lo que los hace “distintos” lo que se ha visto en escenarios escolares donde se asocia el humor hostil con la perpetración del acoso escolar (Sari, 2016; Steer et al., 2020).
Siguiendo lo anterior, el acoso escolar es definido como una relación de asimetría de poder entre una víctima y un perpetrador en la que existen diferentes tipos de agresión, que con frecuencia se repiten en el tiempo (Wells, et al., 2006). Asimismo, en estudios previos se evidencia cómo diferentes estilos de humor en la escuela harían que existan estudiantes con mayores probabilidades de ser víctima de bullying que otros (Kerla, 2016).
De la misma manera, se ha observado cómo los estudiantes en la escuela perciben que la razón central para rechazar a otros es “que no encajan con los demás” (Hoover, et al., 1992). En otros estudios características como, rasgos físicos asociados a comunidades étnicas, sobrepeso o tener una capacidad motora poco precisa o lenta respecto al promedio, resulta en una percepción de estos estudiantes como “extraños” (Bejerot et al., 2011). En el caso de los estudiantes que son perpetradores de acoso, se ha encontrado que tienden a caracterizarse por ser físicamente más resistentes que sus víctimas y buscar el reconocimiento social, influencia y poder (Juvonen et al., 2003). En este sentido, esto permite que existan factores que hacen más vulnerables a ciertos estudiantes de sufrir acoso escolar y a otros a ser perpetradores del mismo.
Estudios como los de Plenty et al. (2014) y Chaux (2003) evidencian cómo podría llegar a existir una relación entre el desarrollo de habilidades sociales como el humor y ser víctima de bullying, concluyendo que el uso del humor hostil está presente en el bullying y, que, por otro lado, el humor afiliativo o positivo tiene un rol importante en la promoción del bienestar y la interacción social adaptativa.
A pesar de la literatura acerca de la relación entre el humor y el bullying, la información sobre el rol de los observadores sigue siendo limitada y esto es una dificultad para establecer programas de intervención escolar que disminuyan los niveles de agresión (Guerra et al., 2011). Especialmente porque los observadores tienen un rol importante ya sea para eliminar, mantener o empeorar los niveles de bullying. En la mayoría de los casos se ve cómo los observadores atacan a la víctima o son pasivos ante las agresiones (Atlas y Pepper, 1998; Craig y Pepler, 1997) o, por el contrario, que cuando intervienen son capaces de frenar las agresiones de forma efectiva (Hawkins, et al., 2001).
Prevalencia del humor hostil en los colegios colombianos
Algunos estudios con muestras no representativas (García y Niño, 2018; González et al., 2014; Sánchez Ortiz y Sánchez Reales, 2018; Uribe et al., 2012) y muestras representativas (Bromberg et al., 2016; Duarte, 2005; Cuevas et al., 2009; Paredes et al., 2008) han reportado la prevalencia del humor hostil en las escuelas colombianas, desde el enfoque del acoso escolar o la violencia.
En la ciudad de Bogotá, Bromberg et al. (2016) realizaron un censo de clima escolar en varios colegios. Los autores encontraron que el 6% de los estudiantes percibe que las burlas casi nunca ocurren, el 22% que son raras y leves, el 43% que son ocasionales y las víctimas tienen que soportarlas, el 15% que son frecuentes y llegan a extremos, y el 14% que son muy frecuentes y terminan en violencia. Además, descubrieron que una de las principales razones por las que los estudiantes sentían que sus aulas eran inseguras era que no tenían libertad para hablar por miedo a que se burlaran de ellos. En otro estudio, el 52% de los estudiantes reportó que las burlas eran una forma de agresión, el 42% las usa cuando quiere agredir a otro y el 68% las usa como espectador en situaciones de agresión (García y Niño, 2018).
En la ciudad de Medellín, Duarte (2005) encontró que el 30% reportó ser blanco de agresiones verbales, como burlas, humillaciones, ofensas e ironías. Así mismo, González et al. (2014) encontraron que el 34% de los estudiantes víctimas de agresión fueron atacados únicamente con ridiculizaciones (apodos, burlas e insultos). Aproximadamente el 20% de los estudiantes lo utilizaban a diario. En Valle del Cauca, el 50% de un grupo de estudiantes reportó ser blanco de burlas, el 37% es imitado como forma de burlar, el 37% es objeto de burlas por su apariencia física y el 79% se ríe de ellos cuando cometen un error (Cuevas et al., 2009). En Cali, los estudiantes reportaron que el 43% de las veces las agresiones eran mediante burlas y apodos (Paredes et al., 2008). En Barranquilla, el 68% de los estudiantes reportaron la burla y la ridiculización como una de las situaciones que más afecta la convivencia (Sánchez Ortiz y Sánchez Reales, 2018). Finalmente, en un municipio de Santander, la burla fue la forma de agresión más reportada (24%; Uribe et al., 2012).
Estilos de humor y desarrollo vital
El sentido del humor es una habilidad blanda, que se desarrolla con el tiempo y en distintos momentos de la vida de una persona. Está relacionado con el desarrollo cognitivo y con la adquisición del lenguaje desde la infancia, y alcanza sus formas iniciales hacia los 7 años aproximadamente (McGhee, 1974). El humor se apoya de manera fundamental en la habilidad cognitiva para la metarrepresentación: el reconocimiento de la existencia de las palabras, su papel y las reglas con las que se produce en el lenguaje. En otras palabras, la habilidad para representar aquello sobre lo cual se está representando (Dennet, 2000). En ese sentido, a medida que los niños y niñas van creciendo su forma de producir y comprender los chistes se va transformando en función de su desarrollo cognitivo y verbal (Martin, 2010).
Se ha visto que, en el desarrollo vital, los niños y las niñas empiezan a usar estilos de humor entre los 10 y 12 años. A esta edad se han desarrollado habilidades sociales y cognitivas que les permiten entender cuándo usar un cierto tipo de humor, cómo interactuar con humor y responder a este. Es decir, es en este momento del desarrollo en el que los estilos de humor empiezan a usarse como una forma de comunicación con otros (Kuiper y Klein, 2006).
Actualmente, se distinguen cuatro tipos distintos de estilos de humor. Dos adaptativos y dos inadaptativos. Los dos adaptativos son el humor afiliativo y el de autoayuda. El humor afiliativo es usado por los individuos que buscan disminuir momentos de tensión, incomodidad con el objetivo de que los otros se sientan más a gusto en una interacción social. El de autoayuda o autorreferencial se usa buscando disminuir el estrés y aumentar los niveles de regulación emocional para tomar distancia de los problemas al flexibilizar o disminuir la gravedad de un suceso difícil (Kuiper y McHale, 2009). Los dos inadaptativos son el humor agresivo y el auto-destructivo. Por un lado, el primero usa el sarcasmo para divertirse a costa de otros de forma agresiva, y el autodestructivo busca burlarse de sí mismo, pero de forma denigrante para lograr divertir a otros (Martin, 2009).
Además de estar asociado con el desarrollo cognitivo, el sentido del humor (la capacidad para comprender y producir humor) se asocia con mayores niveles de competencia social y con un buen nivel de desempeño académico (Masten, 1986). Para dar un ejemplo, existe evidencia de que los estilos de humor adaptativos están relacionados positivamente con variables de ajuste como la autoestima, y negativamente con depresión y ansiedad (Martin et al., 2003; Kuiper y McHale, 2009).
El humor en el entorno escolar
El colegio además de ser un espacio de conocimientos académicos constituye un lugar privilegiado para el desarrollo de habilidades blandas como el sentido del humor. No solo por su potencial para jalonar los procesos de desarrollo del pensamiento, sino por las oportunidades que ofrecen para el desarrollo de competencias sociales, siendo estas el conjunto de conocimientos, destrezas y actitudes básicas para la realización personal y la integración social (Fernández-Poncela, 2012).
El sentido del humor en el colegio enriquece y facilita el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que al parecer el uso del humor se convierte en una herramienta para recordar mientras exista una relación entre la información relevante para el curso y el humor (Rojas, 2010). Para Toledo y Aparicio (2010) en el contexto escolar es fundamental la comprensión del humor, ya que es el sujeto el que es exhibido dentro del chiste, ameritando un clima positivo en el aula para evitar el daño de la persona. Tanto así, que cuando un docente establece un entorno divertido, produce motivación a sus estudiantes; cosa que los induce a estar más atentos y participativos en clase. Es decir que el humor se convierte en el motor del buen funcionamiento académico de los estudiantes.
El humor en el entorno escolar, sobre todo con estudiantes, es fundamental ya que permite reducir los niveles de ansiedad y se estimula la creatividad e imaginación (García, 2002). En efecto, para un salón de clases el humor y la risa permiten, al parecer, que el aprendizaje sea más estable y duradero, se preste más atención, se retenga más información y se expanda la imaginación limitando la pereza y generación de conflictos (Fernández-Poncela, 2012). En este sentido, el humor permite el diálogo, la escucha y solidaridad, y posiblemente un mayor nivel de compañerismo (Toledo y Aparicio, 2010). Adicionalmente, el sentido del humor genera una sensación de bienestar y crea un ambiente agradable entre estudiantes y docentes, cosa que incide en un aprendizaje más efectivo y divertido (Benítez, 2003).
En un estudio conducido por Abugarade et al. (2018) en la institución educativa Antimanque de Peñaflor (Chile) se plantearon el objetivo de identificar la diferencia que existe entre la autopercepción del estilo de humor de los profesores respecto la percepción y valoración que los estudiantes dan a este. Encontraron que el humor afiliativo (o prosocial) era predominante tanto en la autopercepción de los docentes como en la percepción de los estudiantes. Teniendo esto en consideración, se plantea que utilizar el humor positivo en el desarrollo de las clases beneficiaba el clima del aula, el aprendizaje y las relaciones interpersonales, además de promover la confianza, el respeto y la empatía. Esto, contrario a la utilización del humor agresivo entendido como “sarcasmo, ridículo o ironía” el cual se percibe como causa de un ambiente de hostilidad y perjudica las relaciones entre pares.
En congruencia con Abugarade et al. (2018), Falanga et al. (2014) exploraron la asociación entre los estilos de humor, las tendencias prosociales y la autoeficacia empática/social de jóvenes y niños estudiantes italianos. Al hablar de las tendencias prosociales, se hace referencia a la inclinación para ayudar a las personas en las diferentes situaciones sociales o psicológicas que pueden ser anónimas, públicas, emocionales, nefastas, altruistas (Carlo y Randall, 2002). En cuanto a la autoeficacia empática/social, se trata de aquellas creencias y habilidades individuales para estructurar y ejecutar acciones que permiten la organización y el control de situaciones sociales y personales reconociendo los límites y posibilidades personales (Bandura, 1986, 1997).
Se encontró que los niños utilizan el humor con el fin de burlarse de los demás y así “mejorar su imagen personal”. Adicionalmente, evidenciaron que los adolescentes presentaban bajos niveles de autoeficacia empática y altos niveles de autoeficacia social. Desde otro punto, encontraron que los adolescentes tienden a ayudar en situaciones críticas dependiendo del sexo y género. Los niños y adolescentes más jóvenes muestran más disposición para ayudar a otras personas en situaciones públicas, mientras que las niñas y adolescentes mayores tienden a ayudar a los demás cuando se trata de situaciones de evocación emocional, emergencia o crisis (Falanga et al., 2014).
Consecuente con lo encontrado por Falanga et al. (2014), Yip y Martin (2006) encontraron que los adolescentes entre más divertían a los demás y favorecían las relaciones interpersonales, más se percibían a sí mismos empáticos frente a la comprensión de los sentimientos y necesidades de los demás. Por otro lado, los niños entre más utilizaban el humor como estrategia de afrontamiento en situaciones de estrés, más se percibían a sí mismos con la capacidad de comprender las necesidades de los demás. Por el contrario, evidencian que los adolescentes entre más divertían a los demás a costa de sí mismos, menos se percibían como actores activos en las relaciones interpersonales. En cuanto a las tendencias prosociales, encontraron que cuanto más los adolescentes tienden a ayudar en situaciones emocionalmente críticas, más se perciben como capaces en circunstancias empáticas y sociales. De esta manera, consideran que utilizar el humor para divertir a los demás y favorecer las relaciones interpersonales se relaciona positivamente con la conducta de ayudar en situaciones emocionalmente críticas y extremas; y negativamente con la conducta prosocial en situaciones públicas y anónimas (Yip y Martin, 2006).
López et al. (2019) encontraron que el estilo de humor afiliativo carece de hostilidad. Sin embargo, plantean que el humor de mejora personal (es decir la capacidad de reírse o considerar cómica una situación adversa) promueve cambios positivos (Boerner et al., 2017), ya que se regulan emociones y evitan lastimarse a sí mismos o a otros. De manera que, el estilo de mejora personal en un ambiente educativo funciona como protector para evitar las agresiones verbales reemplazándolas por bromas y risas.
Funciones del humor hostil en el entorno escolar
Los estudiantes utilizan el humor hostil contra sus compañeros por diferentes razones o motivos. Dada la naturaleza hostil y agresiva de este tipo de humor, es probable que las funciones del humor hostil sean similares a las del acoso escolar. Hasta donde se conoce, pocas investigaciones han estudiado específicamente las motivaciones sobre el uso del humor hostil de forma independiente al bullying (McCleary Knox, 1976; Mills, 2001, 2018; Sherer y Clark, 2009; Strong, 2013).
Sherer y Clark (2009) identificaron cuatro motivaciones para las burlas en su estudio: a) diversión (reírse), b) exhibición (hacer reír a los espectadores, atraer la atención o parecer superior o inteligente), c) molestar (irritar al otro o castigarlo por algo que hizo) y d) afecto positivo (mostrar a la otra persona que es apreciada). Los autores descubrieron que la motivación más común era la diversión, independientemente del nivel escolar, y que los alumnos utilizan las burlas principalmente para herir los sentimientos del otro o expresar su desagrado. Di Cioccio (2001) describió en su escala la motivación agresiva como disminuir la confianza en uno mismo, dañar la propia imagen, molestar, avergonzar y herir a los demás.
Los alumnos solo utilizan el humor hostil en situaciones específicas y contra alumnos concretos. Principalmente, los alumnos objetivo-potenciales son aquellos que son descritos y percibidos como diferentes de alguna manera por sus compañeros, según las normas específicas de características y posesiones deseadas o aceptables (Horowitz et al., 2004; Sweeting y West, 2001). La literatura ha identificado algunas características en la apariencia física, la personalidad y el comportamiento, la familia y el entorno, el trasfondo social cultural, la escuela y el rendimiento académico, elementos que ponen a los estudiantes en riesgo de recibir un humor hostil o bullying. Algunas características de la apariencia física son la forma de vestir, la discapacidad física, la obesidad, la talla, la higiene personal, la expresión facial, el color de la piel. Las características de comportamiento son el nivel de socialización (demasiado introvertido/tímido o demasiado extrovertido), la forma de hablar, el acento, actuar como otra etnia o sexo, las preferencias (Horowitz et al., 2004; Sweeting y West, 2001).
Los alumnos podrían tener diversas motivaciones para utilizar el humor hostil en el contexto escolar. Strong (2013) estableció tres motivaciones principales: poder, shock y cultura. El humor como poder se utiliza para disminuir y marginar a alguien, o para construir jerarquías entre diferentes grupos (Odenbring y Johansson, 2021). El beneficio de una persona o grupo es a costa de otro (Strong, 2013). Los alumnos utilizan el humor para controlar el comportamiento de los demás para hacerlo más acorde con las normas y expectativas (Horowitz et al., 2004), y para ganar estatus ante los demás (Huuki et al., 2010). Asimismo, el humor podría utilizarse en la relación profesor-alumno cuando existe una incongruencia entre las acciones y los requisitos sociales sobre el rol (Šeďová, 2015). El humor como choque, se utiliza para escandalizar y llamar la atención. Los alumnos solo quieren ser populares o ser reconocidos por los demás, más no hay intención de herir. Por último, el humor como cultura (la cultura de la broma) consiste en utilizar el humor hostil para mejorar las relaciones.
Como se menciona anteriormente, el humor hostil es un fenómeno presente en los colegios, y es utilizado por parte de los estudiantes para mantener las jerarquías sociales y rechazar a los diferentes o lo que es diferente. Por este motivo, este artículo busca comprender cómo en una muestra de estudiantes observadores se entiende el papel del humor en un escenario de burla, centrados en a) cómo los estudiantes ven que otros reaccionan y, b) cuál es la ruta para gestionar este tipo de fenómenos en la escuela. Identificando la función del humor hostil en el contexto educativo, cómo el uso cambia a través de los grados escolares y el abordaje ante situaciones de humor hostil.
Método
Este estudio fue de corte cualitativo, se expuso a los estudiantes a un dibujo que representaba una situación de burla, y se analizó las respuestas sobre la interpretación de los dibujos. Se realizó un análisis de contenido definido por Cano y González (2015) como el proceso de identificación, codificación y categorización de ejes analíticos que surgen de los datos y busca generar abstracciones sobre los significados y relaciones que surgen de la información, trasciende al análisis puramente descriptivo.
Muestra y población
Estudiantes de dos instituciones públicas colombianas participaron en este estudio (una de Bogotá y otra de Ibagué). Para obtener una muestra representativa de todos los grados escolares, se trabajó con al menos un curso de cada grado escolar. El muestreo fue probabilístico por conveniencia, en el cual fueron incluidos aquellos estudiantes a quienes la institución permitió. Los estudiantes completaron el instrumento en grupos de aproximadamente cuatro personas. Cada grupo fue analizado como un caso grupal. Algunos grupos estaban compuestos por hombres (masculino), otros de solo mujeres (femenino) y otros eran mixtos. No hubo criterios de exclusión. El único criterio de inclusión fue que contaran con consentimiento informado y aceptaran el asentimiento informado. A continuación, se describe la muestra por cada grupo.
Bogotá. El instrumento fue respondido por un total de 140 estudiantes de una institución pública bogotana. En la tabla 1 se detalla el número de casos por género y grado.
Tabla 1.
Reporte de número de casos grupales en Bogotá
|
Género/ Grado |
Masculino |
Femenino |
Mixto |
Total de casos |
|
6° |
2 |
3 |
4 |
9 (36) |
|
7° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
8° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
9° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
10° |
2 |
2 |
4 |
8 (32) |
|
Total de casos |
10 (4) |
8 (32) |
17 (68) |
35 (140) |
Los números reportados entre paréntesis se refieren al número de participantes, que en promedio fueron 4 por cada grupo.
Fuente: elaboración propia.
Ibagué. Participaron 20 estudiantes de grado séptimo, noveno y décimo de un colegio público de la ciudad de Ibagué. En la tabla 2 se detalla el número de casos por género y grado.
Figura 1.
Dibujo representación de la burla
Fuente: elaboración propia
Procedimiento
Para iniciar la recolección de datos los asistentes de investigación previamente entrenados se presentaron, realizaron el asentimiento informado y posteriormente explicaron la finalidad de la actividad. Para ello se solicitó a los estudiantes organizarse en grupos de 4 personas. En el caso de los estudiantes, se le entregó a cada grupo una hoja con un dibujo con la imagen de burla seguida de la respuesta de cada pregunta mencionada arriba.
Dadas las circunstancias de la pandemia por COVID-19, la ejecución de la actividad tuvo algunas variaciones en encuentros posteriores por medios virtuales. Los instrumentos fueron adaptados por medio de la plataforma Typeforms (herramienta virtual para el desarrollo de formularios). Los asistentes de investigación solicitaban a uno de los integrantes compartir pantalla y con la participación de los otros tres estudiantes responder a cada pregunta. Si se presentaba alguna eventualidad y los estudiantes no podían compartir pantalla los facilitadores eran los encargados de compartir pantalla y completar la matriz siguiendo las instrucciones de los participantes.
Resultados
La Figura 2 muestra la nube de palabras obtenida en NVivo. Una de las palabras centrales en esta nube de frecuencia de palabras, es la de bullying. Los estudiantes de ambas ciudades tuvieron como coincidencia relacionar directamente el tema de la burla con el bullying. Así mismo, los actores que aparecen en el centro de la nube se referencian a estudiantes y profesores. Los primeros porque tienden a ser actores relevantes para el desarrollo de la situación, es decir están presentes como aquellos sujetos que se burlan de otros, como también aquellos que son víctimas de burla. De igual manera, es interesante que dentro de este escenario hay un reconocimiento a los actores involucrados de esta manera: una persona que se burla de un estudiante objetivo y otros dos, quienes apoyan al primer actor.
Figura 2.
Palabras más reportadas en el análisis en NVivo
Nvivo: Elaboración propia
Identificación problema ¿bullying es lo mismo que burla?
De sexto a once, al preguntarles a los estudiantes qué identifican que sucede, refieren que se trata de un caso de burla o bullying. Pareciera que los estudiantes entienden burla como sinónimo de bullying lo que lleva a pensar que los usos agresivos del humor pueden estar presentes de forma continua y sistemática en los casos de bullying cercanos a los estudiantes. Asimismo, son capaces de identificar los actores presentes en este tipo de casos.
Lo anterior, se observa cuando reportan la existencia de un agresor central, con mayor poder, que se acompaña de sus amigos o pareja, con quienes se burla de una víctima: “Pepito, Ramón, Héctor, Yumlay; Pepito, Ramón y Héctor son amigos y Yumalay es la víctima” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Los que le hacen bullying al niño y el niño al que le hacen bullying” (Estudiantes Bogotá, 2020). Lo que podría indicar que, además de identificar a los actores también son capaces de identificar las relaciones que establecen entre sí los agresores para demarcar niveles de jerarquía social.
Los estudiantes agresores son identificados con propósitos distintos para estar apoyando el bullying. Ya sea por cercanía social con el agresor o, por ejemplo, por percibir que los agresores poseen más estatus como se ve a continuación: “... Pepita es la agresora principal. Brayan apoya a Natalia por ser su pareja. Camilo es otro agresor para ser aceptado en el grupo de ellos...” (Estudiantes Bogotá, 2020). Es así como el tipo de relación identificado por los estudiantes incluye un tipo de vínculo entre los agresores, ya sea de apoyo social o instrumental. Apoyo social ya sea para reafirmar un vínculo personal o instrumental para ser aceptado por el grupo.
De igual manera, en ambas ciudades y sin diferencias de edad, todos los estudiantes identifican que en la situación se busca hacer sentir mal o humillar a una persona en específico: “En esta imagen observamos que a Pedro sus compañeros le dicen cosas ofensivas y les parece gracioso ver cómo su compañera sufre” (Estudiantes Ibagué, 2020). Es así como los estudiantes describen que existe un uso hostil del humor en el que hay algunas personas que encuentran divertido denigrar a otras.
Asimismo, al momento de identificar el problema parece que lo entienden como un fenómeno de discriminación y bullying a través del humor: “3 niños cebolla, 1 niño hongo. 3 niños que se burlan de alguien diferente” (Estudiantes Bogotá, 2020); “Se están burlando y le hacen bullying, lo discriminan” (Estudiantes Ibagué, 2020). En este sentido, parece que los estudiantes identifican el escenario de la burla como bullying, aludiendo a un nivel de similitud entre ambos fenómenos. Hasta aquí se encontró cómo los estudiantes desde grado sexto a once son capaces de identificar los actores involucrados en un episodio de bullying, y lo equiparan como sinónimo de burla. Ahora, estos estudiantes no tienen una relación clara dentro de lo que reportan, no se refieren a sus propias experiencias dentro de las narraciones, sino a la de aquellos que se enmarcan sea como agresor o como víctima, es decir, posiblemente estén en el papel de observadores. En este rol, no parecen ser responsables directamente de lo que ocurre, son más bien un “público silencioso” que observa y evalúa lo que ocurre.
El problema de “ser diferente” y su relación con el humor
Los estudiantes identifican que el humor hostil es una forma de discriminación de un grupo de personas que agreden a otra quien posee características distintas al resto. Es así como se percibe que “ser diferente” es una razón, y en ocasiones, una justificación para burlarse del otro. De esta manera, es el estudiante diferente el que se percibe como excluido, fuera de las expectativas sociales y en el que recae la responsabilidad del humor. Más allá del daño que pueda experimentar. El estudiante agredido entonces, se percibe como responsable y víctima de lo que le ocurre.
Para iniciar, las razones de la burla o el bullying, concepto que los estudiantes usan de forma intercambiable, varían de acuerdo a la edad de los estudiantes, pero se sostienen en la idea de lo problemático que es “ser diferente”. En sexto y séptimo mencionan como razones para ello tener un nombre distinto: “...Sus compañeros se están burlando por el nombre de la niña” (Estudiantes Ibagué, 2020); o por percibirse como insoportables para el resto: “..el bullying se presenta cuando alguien es demasiado insoportable” (Estudiantes Bogotá, 2020); “..porque Camilo no tiene papá” (Estudiantes Ibagué, 2020). Estas características, por ejemplo, convierten a ciertos estudiantes en un blanco para los agresores. Así la responsabilidad recae en el estudiante víctima, al que se le otorgan características relacionadas con su nombre, conformación familiar, o su temperamento, los cuales, no concuerdan con las expectativas sociales del grupo en cuestión. Por ende, estas características identificadas se usan como una especie de radar para usar el humor en contra de ciertos estudiantes por parte de otros, quienes se convierten en perpetradores del castigo “merecido” que conlleva ser diferente.
En octavo las respuestas son más generales y hacen referencia a las características diferentes de unos estudiantes sobre otros. Sin especificar con mucha precisión a qué se refieren cuando hablan de ser diferente: “Que le hacen bullying por ser diferente” (Estudiantes Bogotá, 2020). Sumado esto, los estudiantes reportan que se excluye a alguien por ser diferente, sino que además, es el grupo el que decide no aceptar esta diferencia. Es decir, el proceso de rechazo tanto como de aceptación dentro de un grupo es una elección: “Le hacen bullying por ser diferente a los demás, no lo aceptan como es” (Estudiantes Bogotá, 2020).
En noveno, se refiere que son las características físicas las que llevan a que una estudiante sea rechazada por otros: “A alguien le hacen discriminación por su tipo de pelo” (Estudiantes Ibagué, 2020). En noveno, décimo y once las respuestas arrojadas coinciden con octavo, en que no especifican el tipo de diferencia al que se refieren, pero agregan un componente adicional y son las consecuencias de la burla a nivel psicológico y afectan la salud mental de la víctima: “Lo que está pasando es que se burlan por la diferencia que le ven los tres compañeros y puede llegar a un problema de depresión y suicidio” (Estudiantes Ibagué, 2020); “..Que es diferente y no lo quieren por eso” (Estudiantes Bogotá, 2020); “...es un caso de Bullying y matoneo y exclusión hacia su compañera al punto de hacerla sentir mal, que hace que tenga problemas de autoestima, inseguridad y amor propio” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Gestión de la burla en la escuela
Frente a las formas para resolver o gestionar las agresiones relacionadas con el bullying, los estudiantes de todos los grados señalan la importancia de que los profesores, psicólogos o directivos intervengan siguiendo el conducto regular, dejan por fuera su rol de forma explícita o el de estudiantes pares dentro de esta resolución: “En muchos casos intervienen los docentes, ayudando a solucionar el problema hablando con los directivos y con el compañero atacado para que no lleguen a un problema más fuerte”(Estudiantes Ibagué, 2020); “Son los profesores los que intervienen” (Estudiantes Bogotá, 2020); “Intervienen los profesores para arreglar el problema y si no se da una solución se lleva a otras personas profesionales para arreglar el problema puede ser la psicóloga o el rector del colegio” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Así mismo, sugieren que, las formas de intervenir dentro de este tipo de situaciones no deberían dejarse en el conducto actual, sino que tendrían que incluir otras estrategias como la reflexión sobre lo ocurrido, acudir a las familias de los agresores, o sanciones de varios días: “Lo mejor es citar al acudiente para que hablen con sus hijos” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Llamar a los padres, avisar a los profesores, sanción de tres días y charla con el psicólogo” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Llamar a los padres de los abusadores”; “deberían hacer charlas para concientizar a los estudiantes de la situación tan grave que puede haber..” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Adicionalmente, solo los estudiantes de décimo y once refieren la importancia de que “si los docentes se enfocan más en el bullying ellos mismos podrían tener más seguridad para intervenir con los atacantes y preguntar qué es lo divertido de hacer sentir mal al otro”; “Los padres, profesores y otros estudiantes que sean buenos” (Estudiantes Ibagué, 2020). Esto evidencia una diferencia relevante, ya que entre más jóvenes parecen ser los estudiantes poseen una percepción menor de tener la capacidad para cambiar o mejorar la situación por sí solos. Lo que va cambiando a medida que crecen e incluso sugieren la participación de pares dentro de los episodios de agresión como se vio.
Es así como la diferencia parece volver más vulnerable a ciertos estudiantes que otros. Ya sea por características físicas, identitarias o psicológicas que no se ajustan a las expectativas del grupo normativo y se utilizan como justificación para utilizar el humor hostil. Este termina siendo una forma de comunicar y expresar rechazo, pero también, un ajuste social hacia lo normativo reafirma jerarquías y, podría disminuir la confianza porque le comunica a los estudiantes que no pueden “ser aceptados por quienes son”.
Discusión y conclusiones
Este estudio tuvo como objetivo evaluar los usos del humor hostil en dos instituciones públicas colombianas. Independientemente de la ciudad o la edad, los estudiantes reportaron que el humor hostil, en especial la burla, era usado por unos estudiantes con más poder contra otros considerados diferentes según las expectativas sociales. Varios estudiantes asociaron de forma natural una situación de burla con el matoneo escolar, lo cual sugiere, que es común que la burla se de en un contexto de matoneo y que no se limita a un episodio aislado.
Los resultados sugieren que el humor hostil es una herramienta que unos alumnos utilizan contra otros para controlar su comportamiento y hacerlo más acorde con las normas y expectativas, como Horowitz et al. (2004) señala. Los estudiantes reportaron explícitamente que la burla era usada contra aquellos estudiantes que son percibidos como diferentes, como Horowitz et al. (2004) y Sweeting y West (2001) mencionan. Aunque los estudiantes mencionaron algunas características como el nombre, la personalidad o la familia como diferencias que llevan a la burla, principalmente hubo ambigüedad en cuáles son estas características. Futuros estudios pueden profundizar en estos aspectos. La principal función reportada fue la de poder, según las categorías de Strong (2013). El humor hostil es usado principalmente por estudiantes con más poder o status que quieren marginar a otros y mantener las jerarquías sociales, lo cual concuerda, con que sea usado principalmente dentro de patrones de matoneo escolar. El humor hostil en los escenarios escolares reafirma jerarquías, fomenta la discriminación y disminuye la confianza de percibir que se tiene la posibilidad de intervenir a menos de que sea profesor o directivo de la institución.
Frente al uso del humor hostil, en especial la burla, se pueden encontrar semejanzas y diferencias teniendo en cuenta la variación de los grados escolares y las etapas de desarrollo de los estudiantes. En el caso de los estudiantes de sexto y séptimo, se puede evidenciar que no hay una claridad concreta sobre el término burla o bullying ya que lo utilizan de forma intercambiable. Así mismo, el causante de la burla puede deberse a aspectos identitarios como puede ser el nombre, núcleo familiar, o temperamento que no van acorde a las expectativas del grupo. Aspecto que se puede relacionar con lo planteado por Horowitz et al. (2004) o Sweeting y West (2001), coincidiendo que son estos elementos los que ponen a los estudiantes en riesgo de recibir burla o bullying.
En el caso de octavo, el eje principal para la presencia del humor hostil radica en las características diferentes de unos estudiantes sobre otros, y en la exclusión de otro por ser diferente tratándose de un rechazo voluntario y selectivo por parte del grupo. Tal como plantean Strong (2013), Odenbring y Johansson (2021) en la utilización del humor como poder para disminuir y marginar a alguien, o para construir jerarquías entre diferentes grupos.
En noveno, se puede notar que el eje para ejercer burla hacia alguien está determinado por las características físicas que además impulsan al rechazo de la persona. Diferente a lo encontrado en los grados décimo y once, donde se puede ver coincidencia en las respuestas con octavo y noveno, pero se agrega el componente de las consecuencias psicológicas y de salud mental al ser expuestos a la burla. Hallazgo que puede relacionarse con lo descrito por Di Cioccio (2001) ya que se impulsa la motivación agresiva como objetivo para disminuir la confianza en sí mismo, dañar la propia imagen, molestar, avergonzar y herir a los demás.
Este es uno de los primeros estudios que evalúa cómo los alumnos suelen abordar las situaciones de humor hostil. Al respecto, los estudiantes en general mostraron una falta de empoderamiento o capacidad para abordar estas situaciones. Ellos mencionan que son los adultos figuras de autoridad (profesores y psicólogos) los que suelen abordar estas situaciones. No obstante, principalmente en grados mayores, los estudiantes mostraron consciencia sobre las consecuencias psicológicas y la capacidad de que ellos puedan intervenir. Los estudiantes pueden razonar que el ser diferente no es un motivo para aceptar las intimidaciones y las burlas; por lo que es importante trabajar en intervenciones que integren a los estudiantes en el abordaje de la burla.
El presente estudio tuvo algunas limitaciones en los resultados que dificultan la interpretación de los resultados. El instrumento y la metodología fueron bastante estructurados, por lo que no se profundizó en aspectos de las respuestas de los estudiantes; por ejemplo, cuáles son las características consideradas “diferentes” que llevan a la burla. Futuros estudios pueden usar entrevistas semi-estructuradas o grupos focales para profundizar. A pesar de que hay una clara relación entre burla y matoneo escolar, el instrumento no permitió evaluar directamente qué tanto la burla hace parte del matoneo escolar, y evaluar otros usos del humor hostil. Futuros estudios pueden usar diferentes imágenes o situaciones en las que los personajes tengan cierto estatus o relación (por ejemplo, que sean amigos de la víctima de la burla).
Esto, relacionado también con el papel que juegan los estudiantes al presenciar burlas o bullying en contra de sus compañeros y permanecer como espectadores y no agentes de intervención. Si bien culturalmente se promueve el vivir de forma pacífica y en paz al no involucrarse en conflictos externos, esta indiferencia tiende a reforzar el papel de los agresores; así mismo, está determinada por lo que se ha llamado “la cultura del silencio”, para evitar caer en el señalamiento de soplón. Sin embargo, la indiferencia inmoviliza, aliena y deshumaniza a la persona (Carozo, 2015). Por este motivo, resulta importante que futuros estudios tengan en consideración el papel que juegan los espectadores al no intervenir en situaciones de burla o bullying en contra de sus compañeros; teniendo en cuenta el porqué de su papel y qué implicaciones tiene este en las relaciones interpersonales dentro de la convivencia escolar.
Los hallazgos de este estudio contribuyen en el diseño de programas o estrategias de intervención para la reducción de la violencia escolar, al igual que otros estudios muestran que la burla o el humor hostil son precursores de formas de agresión más intensas como el matoneo escolar (Johannessen, 2021; Macklem, 2003; Vessey et al., 2003); por lo cual, es necesario intervenir o trabajar sobre la burla y el humor hostil y no pasarlos por inofensivos. Las intervenciones para abordar el humor hostil deben comenzar con una evaluación de cómo este es usado en el contexto; por ejemplo, pueden invitar a los estudiantes a reflexionar y discutir sobre los desencadenantes y el abordaje escolar de la burla (Ramírez et al., 2022).
Toda situación de humor hostil debe ser abordada como un conflicto que afecta la convivencia escolar pacífica, por lo que sus intervenciones deben ser desde diferentes niveles y fomentando diversas habilidades como la gestión emocional, la toma de perspectiva, el cuestionamiento de creencias, la asertividad y la resolución de conflictos (Urbano et al., 2021). El abordaje de la burla comienza con enseñar a las personas cuando una burla hace parte del matoneo y qué respuestas se pueden dar para neutralizar (Macklem, 2003; Scarpaci, 2006). Además, entrenar a los observadores para que detengan o desincentiven la burla puede ser una buena estrategia (Midgett et al., 2017; Padgett y Notar, 2013; Salmivalli, 2014), e implementar estrategias de mediación entre pares (Urbano et al., 2021).
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La presente investigación buscó establecer la relación existente entre las características de internalización (ansiedad, depresión, ansiedad social, quejas somáticas, sintomatología postraumática y obsesión-compulsión), externalización (problemas de atención, hiperactividad-impulsividad, problemas de control de la ira, agresión, conducta desafiante, problemas de conducta y conducta antisocial de los individuos) y la desesperanza, donde la etapa de la adolescencia constituye una serie de cambios esenciales entre la culminación de la niñez para empezar la adultez, se determina por transformaciones en ámbitos biológicos, psicológicos y conductuales; estas se deben considerar como una edad crítica, puesto que dichos cambios afectan la vida personal y social, además, que dependen de las experiencias adquiridas en la infancia y de las circunstancias que los rodea en el momento (Almonte et al., 2003).
Este período de transición puede tener cambios tan abruptos en cuanto al desarrollo del individuo, genera diversos problemas dado que, si no existe una buena maduración mental, afectiva y emocional, se presentan dificultades en la adaptación de la persona, lo que puede terminar en rechazo a la autoridad parental, problemas sociales y académicos, problemas depresivos, e incluso conductas suicidas. Por la inhabilidad de enfrentar los cambios psicosociales que ocurren durante este período, como resultado de este desequilibrio, se encuentra que en gran parte de los adolescentes, estas conductas desadaptativas e incluso autodestructivas, son usadas como mecanismos de respuesta frente a la no adaptación del cambio (Berger, 2007).
Es así como se debe realizar una correlación con aspectos importantes con los que el individuo se vea permeado, como lo serían su ámbito familiar y el apoyo de los padres, la escuela y la comunidad en general en la que el joven se desenvuelva y, de esta manera, se podrá analizar de manera positiva o negativa el desarrollo del mismo. Si el desarrollo es positivo, tienden a ser personas con características y rasgos específicos en conjunto con el desarrollo afectivo en su ambiente; sin embargo, si es contrario su desarrollo, es decir, de manera negativa, su bienestar físico y mental se verá involucrado y tenderán a un desequilibrio en ambos aspectos de su vida, los cuales pueden desencadenar complicaciones como homicidios, suicidios o accidentes generalizados (Berger, 2007).
Cuando se habla de conductas internalizantes y externalizantes, se habla de aquellos problemas psicopatológicos que afectan la funcionalidad del individuo. Los problemas de internalización incluyen aquellas alteraciones de tipo emocional propias de los trastornos de ansiedad y depresión y, los problemas externalizantes incluyen problemas relacionados con comportamientos disruptivos, que suelen provocar conflictos en la interacción del individuo con su entorno, desatando problemas a nivel conductual y comportamental, que pueden desencadenar en trastornos de conducta y problemas de personalidad (Alarcón y Bárrig, 2015).
Para hablar de los trastornos mentales se debe mencionar que existe una manifestación distinta de cada uno de ellos, pero que en general es una combinación de alteraciones de pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás, que pueden llevar a un desajuste psíquico y que puede generar desesperanza en el individuo, ya que esta tiene una estrecha relación con la emoción y el comportamiento, debido a que las manifestaciones de rabia, tristeza, angustia, implican que hay aspectos desestabilizantes en el individuo y que pueden terminar desencadenando conductas negativas (Beck et al.,1974).
La desesperanza es esa atribución que hace el ser humano de manera negativa sobre causas, consecuencias e implicaciones de sucesos vitales negativos, por lo que se considera que la desesperanza es un factor de vulnerabilidad para los pensamientos suicidas; es como el primer paso para llegar a generar conductas negativas, debido a que las atribuciones que se hacen de los sucesos son negativos y por fallas de sí mismo; a menudo hay interpretaciones fatalistas y pensamientos de que nada de lo que está ocurriendo tiene solución y seguirá pasando en el futuro (Calvete et al., 2008).
Metodología
Tipo de investigación
Es una investigación cuantitativa no experimental, por lo tanto, no se busca manipular la naturaleza de las variables, sino que se observa el fenómeno tal y como se da en el contexto natural (Hernández et al., 2014).
Diseño
Con un diseño transeccional -correlacional, lo que indica que es una medida tomada en un solo momento donde se busca describir la relación directa entre más de una variable establecida en dicha investigación, en este caso se busca correlacionar las variables de desesperanza, internalización y externalización y determinar si existe o no una relación entre las mismas (Hernández et al., 2014).
Población y muestra
Adolescentes de 17 y 18 años de instituciones de educación media, tecnológica y universitaria de Armenia Quindío, bajo confiabilidad del 95% y error máximo permisible del 10%; la muestra estuvo conformada por 76 adolescentes.
Aspectos ético legales
Esta investigación se encontró enmarcada desde diferentes leyes que rigen el quehacer psicológico y profesional y propenden por el bienestar integral de los individuos, y así mismo se tuvo un consentimiento y un asentimiento que debía estar diligenciado por los padres de los menores de edad y el asentimiento que debía ser firmado por los participantes.
Instrumentos
Los datos se recolectaron mediante dos instrumentos: la Escala de Desesperanza de Beck. Cuestionario autoaplicado, creado y estructurado por Beck et al. (1974); posteriormente, adaptada por los españoles. Tiene 20 ítems, el tiempo de aplicación oscila entre 5 a 10 minutos. Fue implementado para personas entre 17 y 80 años de edad. Esta escala tiene como objetivo evaluar, desde un punto de vista subjetivo, las expectativas negativas que una persona tiene sobre su futuro y su bienestar (en qué medida es pesimista un individuo), así como su habilidad para salvar las dificultades y conseguir el éxito en su vida (Beck et al., 1974).
Asimismo, la prueba establece unos niveles de riesgo, los indicadores de evaluación están expuestos de manera que la escala arroja datos específicos para la identificación del nivel que la persona puede padecer bajo la premisa del suicidio, como puede verse en la Tabla 1.
Tabla 1
Niveles de riesgo
|
Riesgo |
Puntaje |
|
|
Bajo (0-8) |
Ninguno o mínimo |
0-3 |
|
Leve |
4-8 |
|
|
Alto (9-20) |
Moderado |
9-14 |
|
Alto |
15-20 |
|
|
Fuente: elaboración propia. |
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Por otro lado, se utilizó el Sistema de Evaluación de Niños y Adolescentes SENA, construido por Fernández-Pinto, et al. (2015), el cual permite la recolección de información desde diferentes ámbitos, personal, familiar y escolar; se encuentra constituido por nueve cuestionarios los cuales están divididos en: cuestionario Infantil de 3 a 6 años, Primaria de 6 a 12 años y Secundaria de 12 a 18 años. Cada cuestionario consta de un número de ítems; en el caso del autoinforme se encuentra que las preguntas oscilan entre 77 y 188 preguntas; en el de padres, el número total de ítems está entre 122 y 141; y, el de docentes, entre 129 y 154 preguntas. El cuestionario SENA permite valorar, desde diferentes perspectivas, las conductas del evaluado; por su enfoque multidimensional se logra la evaluación de un amplio conjunto de conductas mediante las escalas de problemas, de vulnerabilidad y de recursos personales.
La escala de problemas es el cuerpo central de la prueba SENA, allí se evalúan problemas psicológicos que alteran el funcionamiento integral del individuo y las posibles dificultades de adaptación en uno o varios de sus entornos principales de desarrollo. La escala de problemas se divide en conductas de tipo Internalizante, donde se evalúan la Depresión (DEP), Ansiedad (ANS), Ansiedad Social (ASC), Quejas somáticas (SOM), Sintomatología postraumática (PST) y Obsesión-compulsión (OBS) y, conductas de tipo Externalizante, donde se evalúa Inatención (ATE), Hiperactividad-impulsividad (HIP), Problemas de control de la ira (IRA), Agresión (AGR), Conducta desafiante DES) y Conducta antisocial (ANT).
Dentro de la escala de vulnerabilidad se evalúan aquellas características que pueden favorecer la aparición de algunos trastornos empeorando el pronóstico y, por último, se habla de la escala de recursos psicológicos o personales, escala que permite identificar los puntos fuertes y positivos con los que cuenta el individuo. Adicionalmente, cuenta con una escala de control que ayuda al profesional a determinar si las respuestas son fiables y válidas o, si por el contrario, la información está distorsionada o carece de veracidad
Procesamiento de datos
Se utilizó estadística descriptiva de medidas mínimas, máximas, medias y desviación estándar para cada una de las variables buscando analizar el rendimiento general de los participantes en las características de internalización, externalización y desesperanza; fortuitamente se utilizó la medida de dispersión y el método de correlación de Pearson por medio del programa estadístico STATGRAPHICS, con el fin de determinar si existía una relación entre las variables trabajadas y dar respuesta a la pregunta de investigación.
Resultados
Dando respuesta a los objetivos planteados en la investigación, se muestran a continuación los resultados obtenidos por medio de los instrumentos. Mediante el instrumento SENA se logró recolectar información de tres tipos de fuente: autoinforme, escuela y familia, lo que permitió contrastar las variables propuestas en un inicio (Internalización y Externalización) desde diferentes perspectivas. Adicional a esto, se muestran los resultados obtenidos de la prueba de Desesperanza de Beck. Finalmente, se exponen las correlaciones entre ambas variable. Dentro del análisis de resultados también se logró determinar los índices globales que permiten resumir en una única puntuación el nivel de problemas que puede estar enfrentando un individuo; de igual forma, se muestran los factores de riesgo más persistentes desde las tres miradas: padre, docente y adolescente.
La Tabla 2 muestra la distribución de los participantes considerando las variables sexo y edad conjuntamente, el siguiente estudio contó con una muestra poblacional de 76 sujetos de diferentes instituciones de la ciudad de Armenia, distribuidos en edades de 17 y 18 de los cuales 52 son mujeres y 24 son varones; en la distribución de edades se encuentra que 46 corresponden a la edad de 17 años y 30 a la edad de 18 años.
Tabla 2
Datos sociodemográficos
|
Característica |
Frecuencia |
|
|
Edad |
17 |
46 |
|
|
|
|
|
Género |
|
|
|
Varón |
24 |
|
|
|
|
|
|
Fuente: elaboración propia |
||
En cuanto a la Desesperanza, se conformaron cuatro grupos de riesgo: Ninguno/mínimo, Leve, Moderado y Alto. De acuerdo con esto, se encontró que el 71,05% de los sujetos se ubicó en un rango de 0-3 lo que significa que no hay presencia de riesgo, el 27,63% en un rango de 4-8 con riesgo leve y, por último, el 1,32% de los evaluados se ubicó en un nivel de riesgo moderado. Esta información permite determinar que gran parte de la población presenta un riesgo mínimo, por lo tanto, no presenta expectativas negativas sobre el futuro y su bienestar. Por otro lado, se logró establecer que 22 de los evaluados pueden estar presentando características de embotamiento emocional y un autoconcepto negativo (rangos de 4-8 y de 9-14), lo que genera en el individuo una falla en la integración de las experiencias exitosas. En la Tabla 3 se muestra la distribución de frecuencias del nivel de desesperanza.
Tabla 3
Distribución de frecuencias del nivel de desesperanza
|
Rango |
Frecuencia |
% |
Riesgo |
|
0 – 3 |
54 |
71,05 |
Ninguno/mínimo |
|
4 – 8 |
21 |
27,63 |
Leve |
|
9 – 14 |
1 |
1,32 |
Moderado |
|
15– 20 |
0 |
0,00 |
Alto |
|
Total |
76 |
100 |
|
|
Fuente: elaboración propia |
|||
Por otro lado, en la Tabla 4 se muestran los resultados obtenidos en los índices globales del autoinforme, logrando así resumir el nivel de problemas que presenta la persona evaluada. Los valores que se ubican en el nivel descriptivo por debajo de 39 puntos se entienden como posibles dificultades en el desarrollo de la habilidad, en este caso, el 6,58% de los adolescentes evaluados presentó deficiencia en el desarrollo de habilidades emocionales, puesto que no lograban gestionar sus emociones de manera positiva, el 9,21% tuvo problemas en el desarrollo de la conducta, el 6,58% en funciones ejecutivas, lo que implica deficiencia a la hora de regular el propio comportamiento. Del mismo modo, se observó que el 18,42% de los evaluados presentó puntuaciones por debajo de 39 en relación con problemas contextuales lo que indica que la persona evaluada se sentía respaldada y apoyada por su entorno familiar. Finalmente, en cuanto al autoinforme se encontró que, en relación al manejo de recursos personales, el 14,47% de los evaluados presentó menores grados de fortaleza ante las dificultades, baja inteligencia emocional y mayor tendencia a presentar problemas de tipo emocional y comportamental.
Tabla 4
Distribución de frecuencias índices globales autoinforme
|
Autoinforme |
||||||||||
|
Puntaje T |
Emo |
% |
Con |
% |
Eje |
% |
Ctx |
% |
Rec |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||
|
39 |
5 |
6,58 |
7 |
9,21 |
5 |
6,58 |
14 |
18,42 |
11 |
14,47 |
|
40-59 |
52 |
68,42 |
57 |
75 |
56 |
73,68 |
53 |
69,74 |
54 |
71,05 |
|
60-69 |
8 |
10,53 |
7 |
9,21 |
8 |
10,53 |
7 |
9,21 |
11 |
14,47 |
|
70-79 |
10 |
13,16 |
5 |
6,58 |
6 |
7,89 |
2 |
2,63 |
0 |
0,0 |
|
80-110 |
1 |
1,32 |
0 |
0,0 |
1 |
1,32 |
0 |
0,0 |
0 |
0,0 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
|||||
|
Fuente: elaboración propia |
||||||||||
Además, se encontró que gran parte de los adolescentes evaluados están dentro de lo normativo y esperado para la edad, puntaje T (40-59), lo que indica que el 68,42% de los evaluados reconocen y logran gestionar de manera positiva sus emociones, el 75% no presentan problemas relacionados con la conducta, el 73,68% tienen mayor manejo en el control y regulación de las respuestas emocionales, mayor flexibilidad cognitiva, lo que le permite tener mejor capacidad para actuar de manera eficaz y buscar alternativas adaptadas a la necesidad de cada momento, tienen la capacidad para dirigir su atención y gran capacidad para planificar. El 69,74% presentó un buen ajuste y adaptación al contexto y el 71,05% tiende a tener una valoración positiva de sí mismo y un buen ajuste personal. Cabe resaltar que la gran mayoría de los adolescentes evaluados no presentan algún tipo de riesgo inminente en estas variables.
Ahora bien, luego de analizar los puntajes bajos y aquellos que se encontraron dentro de la media, es importante mencionar y hablar de los puntajes que estuvieron una o más desviaciones típicas por encima de la media (puntuación T de 60- 110), lo que muestra un alto nivel de preocupación, dado que está manifestando un amplio rango de problemas o dificultades que se traducen en posibles patologías. Para el caso se encontró que el 25,01% de la población evaluada presentaba sintomatología ansioso-depresiva, posiblemente acompañada de un afecto negativo o un estado anímico disfórico; por otro lado, el 15,79% de los adolescentes presentó problemas de comportamiento disruptivo, lo que provoca dificultades en el manejo de las relaciones interpersonales; el 19,74% presentó dificultades relacionadas con varios componentes de las funciones ejecutivas, entre las cuales pueden encontrarse problemas para controlar y dirigir la atención, dificultades para controlar su comportamiento e inhibir respuestas lo que se traduce en impulsividad, dificultades para adaptar el comportamiento a diferentes contextos, generando así mayor rigidez e inhibición de respuestas automáticas y mayor dificultad en la regulación de los estados emocionales.
En cuanto a los índices de problemas contextuales, se encontró que el 11,84% de los adolescentes presentaba un alto grado de desajuste y desadaptación del contexto, es decir, probablemente el adolescente observaba su contexto familiar y escolar como una fuente de tensión e incomprensión por lo que no evidenciaba un apoyo, sino que veía su entorno mucho más hostil. Por último, se encontró que el 14,47% de los adolescentes presentaba un buen nivel de adaptación personal y social, es decir, manejaba un buen nivel de autoestima, satisfacción consigo mismo y valoración positiva de su vida, logrando relacionarse eficazmente con los demás.
A continuación, se muestra la distribución de frecuencias de las variables de internalización y externalización desde la perspectiva del adolescente. En relación a los problemas internalizantes, la Tabla 5 muestra que la mayoría de la población estaba dentro del rango esperado (40-59) puntaje T, lo que significa que no hay presencia de sintomatología patológica, que altere el comportamiento del individuo y sus esferas del funcionamiento.
Tabla 5
Distribución de frecuencias de nivel de internalización autoinforme
|
Internalización |
||||||||||||
|
Puntaje T |
Dep |
% |
Ans |
% |
Asc |
% |
Som |
% |
Pst |
% |
Obs |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||||
|
39 |
8 |
10,53 |
16 |
21,05 |
10 |
13,16 |
10 |
13,16 |
3 |
3,95 |
2 |
2,63 |
|
40-59 |
48 |
63,16 |
41 |
53,95 |
55 |
72,37 |
48 |
63,16 |
48 |
63,16 |
48 |
63,16 |
|
60-69 |
15 |
19,74 |
13 |
17,11 |
6 |
7,89 |
7 |
9,21 |
14 |
18,42 |
20 |
26,32 |
|
70-79 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
3 |
3,95 |
5 |
6,58 |
9 |
11,84 |
1 |
1,32 |
|
80-110 |
3 |
3,95 |
0 |
0 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
2 |
2,63 |
5 |
6,58 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
||||||
|
Fuente: elboración propia. |
||||||||||||
Por otro lado, en cuanto a los valores superiores a 59 puntaciones T, en este caso (60-110) se encontró que los adolescentes podrían estar presentando problemas sintomatológicos cercanos a una patología, en cuanto a la escala de Depresión (DEP) se obtuvo un porcentaje del 26,32%, esta escala indica la presencia de manifestaciones de tipo depresivo expresadas mediante un estado de tristeza, o irritabilidad, la falta de placer o disfrute de actividades cotidianas, sentimientos de inutilidad, culpa o desesperanza y en los casos más graves presencia de pensamientos relacionados con la muerte y el suicidio e incluso trastornos psicóticos. Para la escala de Ansiedad (ANS) se encontró un porcentaje del 25% lo que indica posibles manifestaciones de tipo ansioso, preocupaciones recurrentes y manifestaciones fisiológicas severas en los adolescentes con posibles dolores musculares, dificultades para dormir y descansar, sudoración excesiva, sensación de ahogo e incluso molestias intestinales; para la escala de Ansiedad social (ASC) se encontró que el 14,47% de los evaluados presentaba manifestaciones ansiosas ligadas a situaciones sociales e interpersonales expresadas en incomodidad, nerviosismo, inseguridad, tensión e incluso activación fisiológica, generando que el adolescente se exponga o interaccione con el otro.
Otro factor importante en cuanto a los problemas internalizantes es la escala de Quejas somáticas (SOM), donde se evidenció que el 26,68% se encontraban presentando molestias o síntomas físicos como posibles dolores de cabeza, mareos o cansancio, relacionado con posibles alteraciones emocionales; en relación a la sintomatología postraumática se encontró un porcentaje del 32,89% de la población evaluada, lo que indica posible presencia de altos índices de estrés, percepción de peligro, estado de alerta e incluso síntomas disociativos desrealización y despersonalización. Por último, dentro de los problemas internalizantes se encontró la escala de obsesión- compulsión; en relación a esta se pudo establecer que el 34,22% presentaba un riesgo elevado para la presencia de un trastorno obsesivo compulsivo.
En cuanto a las escalas de problemas exteriorizados (Tabla 6), se evidenció que la mayoría de los adolescentes evaluados estaban dentro de un rango, pero existe un pequeño porcentaje de la población que se encontró en condiciones de riesgo, por lo tanto, se hace un mayor énfasis en la descripción estadística; para el caso se tiene que en la escala de Problemas de atención (ATE) el 11,84% de los evaluados presentaron dificultades para mantener, regular y dirigir su atención; en la escala de Hiperactividad-impulsividad), el 18,42% de los adolescentes presentaron posibles problemas de actividad motriz excesiva, problemas en la inhibición de la conducta y de adaptación al contexto. En cuanto a los Problemas de control de ira (IRA) el 21,04% de los adolescentes, en algún momento de su vida, pudo experimentar frecuentes explosiones de ira manifiestas en gritos, enfados, golpes y bajo control emocional; componente que se encuentra acompañado de la escala de Agresión, donde el 19,74% de la población manifestó presencia de posibles conductas de agresión grave a otras personas, problemas de baja empatía y crueldad hacia los demás. Finalmente, se encontró que en relación a las escalas de Conducta desafiante y Conducta antisocial se obtuvo un porcentaje de 3,95% y 13,15% respectivamente, lo que se traduce en problemas que indican posible presencia de comportamiento desafiante y desobediente con padres, profesores o adultos, que va en contra de la norma y que puede terminar en actos vandálicos y delictivos e incluso en autoagresión, dado que no inhiben comportamientos ni miden riesgos.
Tabla 6
Distribución de frecuencias de nivel de externalización autoinforme
|
Externalización |
||||||||||||
|
Puntaje T |
Ate |
% |
Hip |
% |
Ira |
% |
Agr |
% |
Des |
% |
Ant |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||||
|
39 |
9 |
11,84 |
2 |
2,63 |
8 |
10,53 |
0 |
0 |
4 |
5,26 |
0 |
0 |
|
40-59 |
58 |
76,32 |
60 |
78,95 |
52 |
68,42 |
61 |
80,26 |
69 |
90,79 |
66 |
86,84 |
|
60-69 |
7 |
9,21 |
12 |
15,79 |
6 |
7,89 |
10 |
13,16 |
2 |
2,63 |
4 |
5,26 |
|
70-79 |
2 |
2,63 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
5 |
6,58 |
1 |
1,32 |
4 |
5,26 |
|
80-110 |
0 |
0 |
0 |
0 |
4 |
5,26 |
0 |
0 |
0 |
0 |
2 |
2,63 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
||||||
|
Fuente: elaboración propia. |
||||||||||||
En cuanto a la aplicación de la prueba SENA, no solo se logró establecer la relación existente entre las variables de internalización y externalización, sino que también se logró observar algunos factores de riesgo a los que posiblemente se veían expuestos los adolescentes y, que muchas veces no eran visibles para el núcleo social que los rodeaba; si bien es cierto, la gran mayoría de los resultados se encontraron dentro de la media, no deja de ser menos importante ahondar en aquellos que no superaron la media establecida o, que por el contrario, sobrepasaron el rango esperado. En la Tabla 7 se logró evidenciar desde la percepción del adolescente los riesgos a los que este se veía expuesto. De acuerdo a los ítems críticos arrojados por el autoinforme se encuentra que existe un alto porcentaje en relación a sensación de peligro y alerta (28,88%), alteraciones del pensamiento y la percepción (28,88%) y falta de apoyo social (22,04%), seguido de indicadores inespecíficos de problemas (15,2%) y riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria (12,92%), factores de riesgo que se contrastan con las posibles conductas internalizantes y externalizantes experimentada por los adolescentes.
Tabla 7
Ítems críticos identificados en auto informe
|
No. |
Ítems críticos identificados en auto informe |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Riesgo de autolesión |
20 |
15,2 |
|
2 |
Estresores traumáticos |
17 |
12,92 |
|
3 |
Sensación de peligro y alerta |
38 |
28,88 |
|
4 |
Petición de ayuda |
14 |
10,64 |
|
5 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
9 |
6,84 |
|
6 |
Riesgo de conducta antisocial |
22 |
16,72 |
|
7 |
Abuso de sustancias |
13 |
9,88 |
|
8 |
Alteraciones del pensamiento o la percepción |
38 |
28,88 |
|
9 |
Sensación de pérdida de control |
15 |
11,4 |
|
10 |
Riesgo en el entorno familiar |
20 |
15,2 |
|
11 |
Riesgo de acoso escolar |
10 |
7,6 |
|
12 |
Falta de apoyo social |
29 |
22,04 |
|
13 |
Riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria |
17 |
12,92 |
|
14 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
20 |
15,2 |
|
15 |
Sentimientos de culpa |
10 |
7,6 |
|
16 |
Sin alerta |
16 |
12,16 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Con relación a la escuela, se observó dentro de los ítems críticos que el 29,64% corresponde a falta de apoyo, el 16,72% corresponde a riesgo de conducta antisocial, factor externalizante que en la mayoría de los casos es percibido por el exterior y no por el mismo individuo, información que se evidencia en la Tabla 8.
Tabla 8
Ítems críticos identificados por la escuela
|
No. |
Factores de riesgo identificados en escuela |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Comportamiento inusual |
10 |
7,6 |
|
2 |
Falta de apoyo social |
39 |
29,64 |
|
3 |
Riesgo de autolesión |
10 |
7,6 |
|
4 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
12 |
9,12 |
|
5 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
4 |
3,04 |
|
6 |
Riesgo de conducta antisocial |
22 |
16,72 |
|
7 |
Riesgo de acoso escolar |
7 |
5,32 |
|
16 |
Sin alerta |
23 |
17,48 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Adicionalmente, en la Tabla 9 se encuentran los ítems críticos evidenciados por los cuidadores del adolescente; en este caso se evidencia que el 36,48% equivale a falta de apoyo, el 19% riesgo de conducta antisocial, seguido del 15,2% riesgo de autolesión y 14,44% riesgo de agresión o daño a otros, cabe resaltar que al igual que el docente, la familia observa con mucha más frecuencia aquellas conductas de carácter externalizante.
Tabla 9
Ítems críticos identificados por la familia
|
No. |
Factores de riesgo identificados en familia |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Acoso escolar |
13 |
9,88 |
|
2 |
Abuso de sustancias |
15 |
11,4 |
|
3 |
Falta de apoyo social |
48 |
36,48 |
|
4 |
Comportamiento inusual |
11 |
8,36 |
|
5 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
19 |
14,44 |
|
6 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
7 |
5,32 |
|
7 |
Riesgo de conducta antisocial |
25 |
19 |
|
8 |
Riesgo de autolesión |
20 |
15,2 |
|
9 |
Riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria |
9 |
6,84 |
|
10 |
Sin alerta |
10 |
7,6 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Igualmente, de acuerdo a los índices globales y las variables de internalización y externalización en relación con la escuela y la familia se logró establecer la existencia de un efecto altamente significativo entre lo que ve el docente, el padre de familia y el adolescente. En cuanto a los índices globales se encontró un efecto altamente significativo en relación a los recursos personales, con un valor P (0,0051**) lo que se traduce en una alta apreciación de la escuela frente a los recursos que posee el adolescente para enfrentar situaciones adversas, la escuela sí observa el actuar del individuo y qué tanta capacidad tiene para generar estrategias, a diferencia de la familia y el adolescente que no perciben dicha capacidad, por lo tanto son significativamente iguales.
En relación a las variables de externalización se observa un efecto significativo entre las escalas de conducta desafiante (0,0130*) y conducta antisocial (0.0205*) lo que significa que el adolescente no se percibe como una persona agresiva, con un comportamiento de desafío y oposición a la norma frente a las figuras de autoridad, pero los docentes y su familia si logran identificar el actuar del evaluado, información que se contrasta con los resultados arrojados de los ítems críticos. Estos datos se resumen en la Tabla 10.
Tabla 10
Efecto estadísticamente significativo, en relación a escuela y familia.
|
Variable |
Valor p |
|
índices globales |
|
|
Emoción |
0.7091 |
|
Conducta |
0.1090 |
|
Funciones ejecutivas |
0.9234 |
|
Recursos personales |
0.0051** |
|
Variable Internalización |
|
|
Depresión |
0.2139 |
|
Ansiedad |
0.1624 |
|
Ansiedad social |
0.2550 |
|
Quejas somáticas |
0.9792 |
|
Variable Externalización |
|
|
Atención |
0.3130 |
|
Hiperactividad |
0.2996 |
|
Ira |
0.7312 |
|
Agresión |
0.3129 |
|
Conducta desafiante |
0.0130* |
|
Conducta Antisocial |
0.0205* |
|
Fuente: elaboración propia. |
|
*Efecto significativo **Efecto altamente significativo
Desde la correlación de los dos instrumentos, y de acuerdo con los datos obtenidos, se observa en la Tabla 11 que la desesperanza, si bien es cierto no presenta un valor de correlación alto, presenta un valor (p) que indica que hay presencia de una relación entre variables, bajo una confiabilidad del 95%. En relación a las variables de internalización se encuentra que existe una correlación positiva; en relación a la escala de depresión se encuentra una correlación del 0.4314**, lo que indica que a mayor número de problemas emocionales, mayores índices de desesperanza; en relación a la variable de Ansiedad y Quejas somáticas se encontró una correlación del 0.4536**, por lo tanto, se logra evidenciar que al presentar una puntuación elevada a nivel de problemas emocionales, problemas de ansiedad y somatización se traduce en altos grados negativos, y hace vulnerable al adolescente, lo que implica que su desesperanza va a aumentar y va a generar más conductas de riesgo. Así mismo, se encuentra que cuando se tienen puntuaciones elevadas en las funciones ejecutivas se generan dificultades para controlar su comportamiento e inhibir respuestas inadecuadas o ineficaces, lo cual genera un incremento en la desesperanza; a su vez, se genera en el individuo insatisfacción frente a la vida, por lo que es posible que no logre inhibir intentos frente a conductas autolesivas, ni planificar soluciones a eventos estresores. Es decir, que de acuerdo a cómo sienta, piense y actúe el adolescente se puede generar un aumento o un incremento de la desesperanza.
Tabla 11
Correlación desesperanza- internalización
|
DEP |
ANS |
ASC |
SOM |
||
|
Desesperanza |
Correlación |
0,4314** |
0,4536** |
0,2138 |
0,2448* |
|
Sujetos |
76 |
76 |
76 |
76 |
|
|
Valor P |
0,0002 |
0,0001 |
0,0001 |
0,0641 |
|
|
Confianza |
95% |
95% |
95% |
95% |
|
|
Fuente: elaboración propia. |
*Efecto significativo **Efecto altamente significativo
De acuerdo con los datos obtenidos en la Tabla 12, se evidencia que hay una correlación entre las características externalizantes y la desesperanza, se encuentra una relación existente entre las escalas de hiperactividad (HIP) y problemas de atención (ATE), lo que significa que, a mayores niveles de desesperanza, mayores problemas de concentración y atención.
Tabla 12
Correlación desesperanza- internalización
|
Ate |
Hip |
Ira |
Agr |
Des |
Ant |
||
|
Desesperanza |
Correlación |
0,3667** |
0,2718* |
0,1058 |
0,1220** |
0.1556 |
0.2111 |
|
Sujetos |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
|
|
Valor P |
0,0015 |
0,0186 |
0,3594 |
0,2906 |
0.1776 |
0.0675 |
|
|
Confianza |
95% |
95% |
95% |
95% |
95% |
95% |
Fuente: elaboración propia.
*Efecto significativo **Efecto altamente significativa
Discusión
Esta investigación buscaba, en un primer momento, identificar las características de internalización, externalización y desesperanza de los adolescentes de 17 y 18 años de la ciudad de Armenia y, en segundo momento, determinar si existía correlación entre las mismas variables. De acuerdo con esto, se identificó que, desde la variable de internalización, existen unas escalas que determinan el comportamiento intrínseco del individuo y que en gran parte del tiempo se encuentran directamente relacionadas con componentes cognitivos, ideas y creencias irracionales, generando así que sean menos evidentes dichas conductas ya que en la mayoría de los casos no se evidencian síntomas. En cuanto a los adolescentes evaluados en la ciudad de Armenia se logró establecer que, si bien es cierto existe un porcentaje de la población que se encuentra dentro de lo normativo, existen adolescentes fuera de la media y que presentan altos niveles de depresión, ansiedad, quejas somáticas, problemas con el contexto y bajo manejo de los recursos personales.
Dentro de los adolescentes evaluados se logró establecer que el 26,32% de adolescentes presentaba problemas de tipo emocional los cuales se ven reflejados en conductas ansiosas y síntomas somáticos; según las muestras obtenidas la gran mayoría de problemas se desprenden de eventos traumáticos vivenciados, ya sea durante la infancia o la propia adolescencia. Según el estudio de Bordin et al. (2009), los factores causantes de estrés familiar, agresiones, ausencia del padre, depresión o ansiedad de la madre, pueden ser precipitantes para desarrollar conductas patológicas, de tipo internalizante.
Dentro del análisis de los resultados también se logró evidenciar que los padres desconocen de los síntomas y las dificultades que enfrentan sus hijos en el diario vivir, de acuerdo a la tabla de ítems críticos, los padres y docentes evidencian en los adolescentes conductas de agresión, de autolesión y falta de apoyo social, pero lo que no identifican es la falta de recursos personales de los que carece el adolescente y la percepción que tiene él mismo de su contexto, la necesidad de apoyo y la falta de comprensión, lo que se puede traducir en falta de comunicación familiar, regulación y control del comportamiento, apoyo afectivo e involucramiento parental de los padres con sus hijos. Según Siabato et al. (2017) cuando no se establecen vínculos parentales, los problemas de salud mental pueden aumentar generando síntomas de conductas internalizantes o externalizantes, dado que se generan problemas a nivel atencional, aumentan las conductas disruptivas, no se establecen vínculos emocionales, disminuyen los estados del ánimo y se acrecientan las conductas desadaptativas.
En este sentido, Méndez et al. (2014) estableció que la mayoría de los adolescentes presentan relaciones familiares disfuncionales, las cuales interfieren en el bajo rendimiento académico, problemas emocionales y conductuales de los adolescentes, generando conductas internalizadas como depresión, ansiedad y quejas somáticas; en relación con la investigación se estableció que en cuanto a problemas contextuales, los adolescentes no sienten el acompañamiento de sus progenitores, perciben su contexto familiar y escolar como una fuente de tensión e incomprensión donde no se le brinda el apoyo que necesitan.
En cuanto al contexto social, Bronfenbrenner (1987) plantea que el contexto de un individuo se encuentra permeado por las influencias externas, dado que siempre está en función de la socialización con el otro, su primer contacto siempre va ser con su círculo familiar, desde donde se establecen las relaciones de apego y de allí depende qué tan positivas o negativas van a ser sus relaciones a futuro.
De acuerdo a la investigación realizada por Andrade y Gonzales (2017), la influencia de los adultos juega un papel importante en la vida del adolescente, dado que las formas en que los estilos de socialización son interiorizados, determinan los diversos modos de interacción y relación de autoridad del adolescente con el ambiente exterior; la integración positiva del adolescente con el otro depende en gran medida de los estilos de crianza impartidos por los padres, la comunidad y los educadores, pues durante este estadio el adolescente se enfrenta a varios retos como lo es la conformación de su estructura de personalidad, el afianzamiento de su identidad y proyecto de vida, el desarrollo de sus habilidades y recursos para enfrentar las crisis personales y los peligros externos y la ruptura gradual de sus vínculos paternos de manera que, si hay presencia de estilos de crianza disfuncionales, es posible que se desaten conductas desadaptativas en el adolescente (Andrade y Gonzales, 2017).
Si bien es cierto, no toda la población evaluada presentó problemas de conducta, un 14,47% de la población presentó problemas a nivel conductual, lo cual se evidencia en los altos puntajes que arroja la variable de agresión, conducta desafiante, conducta antisocial. De acuerdo con Lacasa et al. (2015) la activación de emociones y sentimientos negativos productos de un apego ambivalente presentan mayor miedo al rechazo, se vuelven mucho más distantes y carecen de una visión positiva del otro, por lo tanto, suelen desatar síntomas externalizantes que se reflejan en comportamientos hostiles, desafiantes e incluso autodestructivos, buscando atraer la atención del padre y al mismo tiempo expresar ansiedad y resistencia frente a la falta de atención de sus cuidadores.
En cuanto a la variable de desesperanza se evidenció presencia de riesgo moderado con un porcentaje del 1,32%, esto significa que una parte mínima de la población ha experimentado problemas de embotamiento emocional y un autoconcepto negativo, generando fallas en la integración de las experiencias exitosas; según Quintanilla et al. (2003) cuando se tienen altos niveles de desesperanza, existe mayor probabilidad de experimentar riesgos de conductas autolesiva; estos autores plantean que los factores de tipo cognitivo, emocional y conductual son predisponentes de pensamientos y actos suicidas, información que se contrasta con la obtenida en la presente investigación; a mayor presencia de factores internalizantes y externalizantes mayor presencia de desesperanza y posible riesgo de conductas y pensamientos autolesivos. De acuerdo con lo mencionado por Beck et al. (1974), el individuo distorsiona y malinterpreta sus expectativas de modo negativo, sin una base objetiva, lo que se debe a un esquema cognitivo y unas creencias inapropiadas de su realidad; por lo tanto, los índices de desesperanza aumentan debido a la evaluación negativa que hace el individuo de sí mismo, en su estado de desesperación.
Se encontró también que la percepción que tenían los adolescentes frente a los acontecimientos de su vida, condicionaban, de una u otra forma, su conducta frente a su quehacer cotidiano, pues experimentaban sensaciones negativas que los llevaban a no encontrar alternativas de solución frente a una situación determinada, carecían de expectativas frente a su futuro y solían experimentar sentimientos de minusvalía, falta de apoyo social, altos niveles de irritabilidad; lo cual se convertía en agresiones y daños a sí mismos y a otros. Igualmente, se evidenció baja autoestima y autoeficacia e incluso alteraciones en el pensamiento y su percepción. Esta información se logró evidenciar en los ítems críticos arrojados por la prueba SENA (alto índice en los ítems de falta de apoyo, aspecto percibido por el adolescente y por sus cuidadores y maestros, problemas de autolesión). Esta información se contrasta con la obtenida en la investigación de Cortina et al. (2007) quienes expusieron que un estado de ánimo inestable, la agresividad y la impulsividad eran rasgos de personalidad que podían aumentar el riesgo suicida y la desesperanza, dado que la impulsividad era característica de conductas de alto riesgo y desinhibía el comportamiento. Estas conductas se encontraban acompañadas de agresividad, inmadurez, inestabilidad emocional, depresión, expectativas negativas del futuro y una visión desfavorable de sí mismo.
El grado de desesperanza y los altos índices en las variables internalizantes y externalizantes ya sea emocionales, conductuales o cognitivas son indicadores de posibles riesgos suicidas, según muestran diferentes investigaciones, los factores de carácter patológico son predisponentes de conductas auto lesivas. En la investigación realizada por Bahamón et a. (2019) se encontró que el riesgo suicida estaba permeado por una serie de manifestaciones derivadas en gran parte de trastornos de conducta y del estado de ánimo relacionados con las dinámicas familiares y factores de riesgo que generaban gran afectación a nivel personal, familiar y social del individuo, desatando una sensación de pérdida, angustia constante y desesperanza; dichos hallazgos se lograron contrastar con lo obtenido en esta investigación y los resultados recogidos en los instrumentos aplicados, donde se logró observar que los adolescentes con mayor riesgo presentaban, en su mayoría, problemas emocionales, de conducta y cognitivos.
Conflicto de intereses
En esta investigación no existen conflictos de intereses entre los involucrados y así mismo se debe hacer mención que fue financiada por la Corporación Universitaria Empresarial Alexander von Humboldt por medio del semillero Psicología de la salud y la actividad física.
Conclusiones
A partir de la descripción realizada de los resultados se concluyen que, si bien es cierto la mayoría de los evaluados se encuentran dentro de los rangos esperados, existe un porcentaje significativo en la población que requiere de atención; los altos puntajes adquiridos por los evaluados determina que en la población es necesario establecer medidas de prevención y promoción de manera que se puedan identificar aquellas conductas de carácter interiorizado que en la mayoría de los casos no muestran sintomatología.
Los resultados mostraron que existe una relación entre las conductas externalizantes e internalizantes en relación con la desesperanza, a mayores índices de desesperanza mayor presencia de pensamientos y conductas negativas; teniendo en cuenta que la evaluación se hizo desde una mirada multifuente y se contó con la perspectiva de los padres y los docentes también se logró establecer que, si bien es cierto los cuidadores conocen a sus hijos, en muchas ocasiones no se percatan de los problemas que este acarrea, pues se encuentran relaciones de apoyo bajas que el adolescente percibe como escaso apoyo emocional, ausencia paterna y falta de comprensión.
Finalmente, se concluye un alto índice en cuanto a las conductas auto lesivas, manifiestas por el adolescente, las cuales están acompañadas de problemas exteriorizados que se reflejan en conductas agresivas y desafiantes, como de problemas interiorizados evidenciados en problemas altamente emocionales, provenientes de eventos postraumáticos y de pensamientos negativos constantes.
Referencias
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Andrade, J. y Gonzales, J. (2017). Relación entre riesgo suicida, autoestima, desesperanza y estilos de socialización parental en estudiantes de bachillerato. Psicogente, 20(37), 70-88. https://www.redalyc.org/pdf/4975/497555990006.pdf
Bahamón, M., Alarcón, Y., y Trejos, A. (2019). Prevención del riesgo suicida en adolescentes. Manual Moderno.
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Lacasa, F., Mitjavila, M., Ochoa, S. y Balluerka, N. (2015). The relationship between attachment styles and internalizing or externalizing symptoms in clinical and nonclinical adolescents. Anales de Psicología, 31(2) 422-432. https://revistas.um.es/analesps/article/view/analesps.31.2.169711/175081
Méndez, J. H. M., Echavarría, K., Pardo, A., y Quiñones, Y. (2014). Funcionalidad familiar, conductas internalizadas y rendimiento académico en un grupo de adolescentes de la ciudad de Bogotá. Psychology: avances de la disciplina, 8(2), 37-46. http://www.scielo.org.co/pdf/psych/v8n2/v8n2a04.pdf
Quintanilla, R., Haro, L., Flores, M., Celis de la Rosa, A. y Valencia, S. (2003). Desesperanza y tentativa suicida. Investigación en Salud, V(2), 0. https://www.redalyc.org/pdf/142/14250206.pdf
Siabato, E. F., Forero, I. X. y Salamanca, Y. (2017). Asociación entre depresión e ideación suicida en un grupo de adolescentes colombianos. Pensamiento psicológico, 15(1), 51-61.
Durante la etapa preescolar los niños comparten con otros niños de su misma edad y el juego se convierte el centro de sus interacciones. Cuando el niño experimenta el juego, ya no individual, sino, grupal, comienza también a enfrentarse a diferentes retos y situaciones que le exigen ciertas habilidades directamente relacionadas con reglas sobre habilidades sociales (Bras, 2005) como el respeto del turno, el control de los movimientos, la concentración, la atención y por supuesto la autorregulación (Gonzales-Mena y Widmeyer, 2011); además, comienzan a poner en prueba sus comportamientos, la expresión de sus emociones y sus habilidades físicas (Bras, 2005). así, el entorno le demanda al niño autocontrol y autorregulación para ser hábil socialmente, al tiempo que avanza en la comprensión y expresión del lenguaje, y en regular sus emociones hablándose a sí mismo, entender las emociones ajenas o modificar sus objetivos (Abarca, 2003). Todo esto resulta fundamental para desarrollar la personalidad y el crecimiento psicológico de los infantes y para identificar aspectos importantes relacionados con déficit en la comprensión de las propias emociones y, por ende, en la vivencia y expresión de emociones negativas.
Los niños con escasa capacidad de regulación emocional, negativa o cambiante “son menos aceptados por sus pares que los niños con habilidades sociales adaptativas” (Abarca, 2003, p. 18). Por su parte, los niños que exhiben menos manifestaciones negativas, presentan mayor capacidad atencional y capacidad de afrontamiento, conductas consideradas como las más apropiadas socialmente y de amplia aceptación por sus pares.
Este estudio se propone analizar las manifestaciones de la autorregulación emocional en actividades de juego de niños y niñas de 4 a 5 años, de una institución de educación preescolar del municipio de Armenia, Quindío, Colombia. Identificar estos comportamientos autorregulatorios en los niños bajo observación permitirá emprender acciones pedagógicas orientadas a mejorar su entorno y enriquecer sus habilidades, tanto cognitivas como sociales y emocionales, que les permitan afrontar de manera acertada las situaciones cotidianas
Metodología
Es un enfoque cualitativo con un alcance descriptivo, por cuanto se orientó a analizar las manifestaciones de la regulación emocional en actividades de juego en niños y niñas, de 4 a 5, años de una institución de educación inicial. En los estudios descriptivos “se busca especificar las propiedades, las características y los perfiles de personas, grupos, comunidades, procesos, objetos o cualquier otro fenómeno que se someta a un análisis” (Hernández et al., 2014, p. 92). Participaron ocho estudiantes (4 niñas y 4 niños), con edades comprendidas entre 4 y 5 años que asisten a una institución de educación preescolar de carácter privado. Los criterios para la selección de los estudiantes fueron: la edad: 4-5 años, la pertenencia a un mismo grupo (jardín A), en igual jornada escolar. Los padres autorizaron su participación en el estudio y firmaron el consentimiento informado.
La información se recogió a través de la observación permitiendo registrar las “impresiones” del investigador en diarios de campo o fichas creadas para tal fin, con contenidos y parámetros específicos. Con este propósito se diseñó una ficha de observación, a partir de la categoría de regulación emocional y tres de las competencias emocionales, en este caso subcategorías, propuestas por Bisquerra y Pérez (2007), relacionadas con la expresión emocional, las habilidades de afrontamiento y la competencia para autogenerar emociones positivas, así como los indicadores respectivos para valorar los comportamientos de los niños y las niñas, como se puede apreciar en la siguiente tabla.
Tabla 1.
Dimensiones de la regulación emocional
|
Competencia |
Definición |
Indicadores |
|
Expresión Emocional |
Capacidad de expresar emociones de manera asertiva, es decir que sus emociones y su forma de reaccionar ante ellas no dependan de factores externos, sino de su propia capacidad para poder afrontarlas. |
Logra expresar sus emociones de manera adecuada Reconoce el efecto de sus expresiones emocionales en los demás Utiliza maneras adecuadas de expresar sus emociones, teniendo en cuenta la consecuencia en otros |
|
Habilidades de afrontamiento |
Habilidad para enfrentar cada uno de los retos, problemas o conflictos que se le presentan en sus contextos sociales. |
Demuestra capacidad de afrontamiento ante las equivocaciones o fracasos Es persistente en lo que se propone Se esmera por alcanzar recompensas inmediatas Es persistente en alcanzar metas que le permitan recompensas a largo plazo Toma decisiones que favorecen su bienestar integral y el de los demás (empatía) |
|
Autogenerar emociones positivas |
Capacidad para autogenerar de manera consciente emociones como la alegría, el amor y el humor, es decir, emociones positivas. |
Expresa de manera espontánea emociones positivas con los demás. Utiliza estrategias propuestas por él mismo, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción Reconoce cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas. |
Fuente: elaboración propia
Las fichas de observación se estructuraron con base en el objetivo, instrucción, tiempo de duración, lugar en donde se realiza la actividad, fecha y nombre del observador.
Los comportamientos se valoraron a través de la siguiente escala: No se presenta (N), Algunas veces (AV), Siempre (S).
Para estudiar las dimensiones de la autorregulación, se diseñaron tres situaciones de juego: 1) Teatro de emociones, propuesta con el objetivo de desarrollar la expresividad emocional y la creatividad narrativa de los niños; igualmente pretendía identificar la expresión emocional. 2) Gallina ciega y lazarillo, propuesta con el objetivo de desarrollar la expresividad emocional y el fortalecimiento del trabajo en equipo, pretendió identificar el comportamiento de los niños en habilidades de afrontamiento. 3) Besos y abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
Se realizaron grabaciones de cada una de las cuatro situaciones de juego realizadas con los niños y se analizó de la informacióndos fases: en la primera fase se sistematizó en Excel la información referida a la expresión de las emociones y las reacciones observadas en los niños y en las niñas en actividades de juego, en momentos que implicaban trabajo en equipo e interacción entre pares. En una segunda fase se analizaron los comportamientos autorregulatorios de los niños y de las niñas, observados en las diferentes actividades de juego y en las grabaciones correspondientes, relacionados con la expresión emocional, las habilidades de afrontamiento y la autogeneración de respuestas positivas. Para dar cuenta detallada de cada uno se elaboró una matriz de análisis de datos cualitativos.
Resultados
La expresión de la regulación emocional en situaciones de juego
La regulación emocional es la habilidad que desarrollan las personas para afrontar las reacciones emocionales de manera adecuada; no se pretende con la regulación que repriman sentimientos de ira o miedo, sino aprender sobre el control de dichas emociones. En unas situaciones se pretendió observar el comportamiento de los niños de manera individual frente a las reacciones emocionales, mientras que, en otras, el propósito fue analizar reacciones emocionales con relación a otros o al grupo.
La expresión emocional de las niñas y los niños
La expresión emocional hace referencia a la capacidad del niño para emitir emociones de manera adecuada (Bisquerra, 2009). Para identificar dicha expresión, se llevó a cabo el juego Teatro de Emociones. En la siguiente figura, se pueden observar los resultados generales:
Figura 1.
Situación de juego 2. Teatro de las emociones
Figura 1.
Situación de juego 2. Teatro de las emociones

Fuente: elaboración propia
La figura muestra que el 75 % de los niños y las niñas expresan sus emociones de manera adecuada y reconocen el efecto de sus expresiones emocionales en los demás, y el 25 % lo hace algunas veces. Por otra parte, el 57 % expresa sus emociones teniendo en cuenta las consecuencias en otros; mientras que el 43% lo realiza algunas veces.
La observación de la expresión emocional de manera individual, permite señalar que el participante 1 demuestra un uso adecuado de la expresión de sus emociones, teniendo en cuenta los sentimientos y sus consecuencias en los demás. El niño expresó: “cuando me pongo triste respiro y duermo”, lo que le permite contar con estrategias que regulen sus acciones y comportamientos, sin afectar sus sentimientos ni los de los demás.
El participante 2 se muestra inseguro en el momento de preguntarle sobre sus emociones, lo cual no le permite expresar con mayor fluidez sus ideas. Se le dificulta interiorizar las emociones básicas, ya que algunas respuestas no tenían relación con las imágenes elegidas. Según Bisquerra (2009) la inseguridad en los niños les impide expresar lo que sienten, a la vez afirma que “la forma en que los niños expresan sus emociones viene determinada por lo que ven en los adultos que les rodean, particularmente con los que mantienen una relación más afectiva, como los padres y familiares cercanos” (p. 60).
El participante 3 expresa emociones positivas y cuenta con los recursos para identificar sus propias emociones (positivas y negativas), además de reconocer las consecuencias que pueden tener en los demás.
Varios estudios (Asher y Rose, 1997; Denham, 1999; Ortiz, 1999; Rice, 1997; Saarni, 1999, 2000; Salovey y Sluyter, 1997; Shaffer, 2004, citados en Bisquerra y Pérez, 2007) concluyen que la adquisición de competencias emocionales genera consecuencias positivas en el comportamiento de infantes y jóvenes. Por su parte, Saarni (2000), destaca que “las consecuencias positivas de la competencia emocional en la regulación de la impulsividad, en el bienestar subjetivo y en la resiliencia.” (p. 152).
El participante 4 posee una excelente capacidad de expresión emocional, salvo la dificultad para manejar emociones de ira. La regulación emocional incluye, entre otros aspectos, la regulación de la impulsividad (ira, violencia, comportamientos de riesgo) y la tolerancia a la frustración para prevenir estados emocionales negativos (ira, estrés, ansiedad, depresión. (Bisquerra y Pérez, 2007).
La participante 5 logra expresar emociones, pero no lo realiza de manera espontánea; es decir, es necesario buscar estrategias y propiciar un diálogo que le permita expresar ideas y emociones frente a la imagen elegida. No se muestra segura en el momento de emitir reacciones emocionales.
Esto demuestra la importancia que los padres o cuidadores cumplan un trabajo constante y adecuado desde la infancia, que permita a los niños fortalecer sus vínculos emocionales y, en consecuencia, alcanzar una mayor capacidad para expresar sus emociones. Al respecto, Armus et al. (2012) afirman que: “el sostén emocional se da en el marco de un vínculo estable, un vínculo de apego, con los cuidadores primarios. La estabilidad y la previsibilidad en el vínculo con sus cuidadores le permiten al niño construir una relación de apego seguro” (p. 12).
La participante 6 demostró seguridad para emitir respuestas y comentarios, señalando las imágenes elegidas desde el inicio de la actividad. Se evidencia gran capacidad en su expresión emocional, quedando demostrado en su detallada forma de narrar acontecimientos familiares, en los cuales hace referencia a diferentes emociones según las situaciones que ha experimentado.
La participante 7 inició la actividad muy motivada, se mostró siempre cómoda al expresar sus ideas y experiencias, partiendo de las imágenes que elegía. Se caracteriza por su fluidez verbal y una muy buena relación entre la historia narrada y la imagen de la emoción elegida. En igual sentido, se mostró dispuesta a manifestar lo que sentía, identificando el sentimiento de miedo o tristeza que le genera. Reconoce el efecto que tienen las emociones del otro, en ella y en los que la rodean, al manifestar: “mis papás pelean un poquito y eso me pone triste”. Reconoce que el comportamiento de otras personas puede generar en ella malestar.
En este caso es posible reconocer la gestión emocional, puesto que logra identificar y describir experiencias propias, manteniéndose atenta a las indicaciones. Esto implica que se ha logrado regulación emocional, lo que traerá además crecimiento personal e intelectual (Bisquerra y Pérez, 2007).
La participante 8. manifiesta dificultad para expresar sus ideas acerca de lo que observa en las imágenes; es necesario indagar y motivar para que la niña adquiera seguridad. No obstante la motivación, a la niña se le dificulta expresar sus ideas y emociones de forma natural.
Las competencias emocionales son competencias básicas para la vida y, por tanto, deberían estar presentes en la práctica educativa. Pero no de forma ocasional, como a veces se da el caso, sino de manera intencional, planificada, sistemática y efectiva (Bisquerra, 2009).
Habilidades de afrontamiento
Las habilidades de afrontamiento les permiten los capacitan para asumir momentos pocos agradables o que requieren de esfuerzo para alcanzar los logros trazados. Con el fin de identificar las habilidades de afrontamiento en los niños y en las niñas se propuso el juego: Gallina Ciega y Lazarillo. En la siguiente figura se muestran los resultados generales:
Figura 2.
Situación de juego 3. Gallina ciega y lazarillo

Fuente: elaboración propia
Se observa que el 57 % de los niños y las niñas demuestran capacidad de afrontamiento ante las equivocaciones o fracasos, mientras que el 43 % algunas veces lo hacen. Por otra parte, el 43% persiste en las actividades y objetivos, mientras que el 57 % algunas veces lo hacen. Por otra parte, las actitudes de esmero por alcanzar recompensas inmediatas, se observó en el 75 % y algunas veces en el 25 %. La persistencia en las metas a largo plazo fue observada en el 25 %, mientras que el 75 %, lo hace algunas veces.
El análisis de los videos demuestra que la mayoría de los niños años logran adecuadas habilidades de afrontamiento, debido a que buscaron estrategias que les permitieran cumplir con los obstáculos para llegar a la meta y alcanzar el estímulo. Sin embargo, se pudo evidenciar que, a pesar de que la mayoría muestran dichas habilidades, a algunos de ellos se les dificulta tomar decisiones que conlleven al bienestar de los demás. Es claro entonces que en el rango de edades en el que se encuentran los niños participantes (4-5 años), el control de conductas vinculadas a la regulación de emociones no corresponde a la realización de trabajo en equipo que permita un beneficio grupal, puesto que resulta más relevante el beneficio propio.
El análisis individual de las respuestas y actuaciones de los participantes indica que al participante l. le costó cumplir con las reglas propuestas durante el juego de la gallina ciega y el lazarillo. Es un niño muy activo al que se le dificulta regularse, evidenciado en el momento de realizar el recorrido, ya que mostró que su objetivo era obtener beneficio propio, sin tener en cuenta el bienestar de los demás.
El participante 2. no respondió a las actividades que implicaban encontrar soluciones para alcanzar el objetivo. El participante 3. demostró su capacidad de liderazgo positivo, realizando adecuadas explicaciones durante el recorrido, lo cual le permitió llegar a la meta sin ningún inconveniente. Sin embargo, se evidencia que, a pesar de desenvolverse de una manera adecuada en la guía de su compañera, se orientó al interés personal.
A nivel general, los niños buscan satisfacer sus necesidades individuales más que las colectivas, aspectos propios de la edad y cuyo desarrollo se relaciona directamente con la inteligencia emocional, las habilidades de afrontamiento y el beneficio grupal.
El participante 4. demostró adecuadas habilidades de afrontamiento, a pesar de no recibir ayuda por parte de su compañera para finalizar el reto propuesto. De igual manera, buscó la manera de finalizar la actividad siguiendo las instrucciones. Se mostró persistente en la búsqueda de opciones que permitieran encontrar la recompensa y se esmeró sin perder el control de sus emociones.
La participante 5. realizó el papel de gallina ciega, mostrándose insegura al ser guiada por su compañero, lo cual no le permitió alcanzar la meta propuesta; no fue persistente y optó por tratar de separarse de su compañero mostrando dificultad para buscar estrategias que le permitiera alcanzar las metas, pero sin romper las reglas del juego.
El niño necesita sentirse valorado, querido, aceptado por estas personas, que confíen en sus posibilidades, se interesen por las cosas que le pasan, le estimulen, le valoren los logros, le hagan cumplir los acuerdos y las normas establecidas a partir del razonamiento, dictadas con firmeza, pero también con cierta flexibilidad, adecuadas a sus posibilidades, claras, coherentes y accesibles (Bisquerra et al., 2005, p. 12).
La búsqueda del beneficio personal fue la característica de la participante 6. quien se mostró persistente y se esmeró por alcanzar sus propias metas; no demostró capacidad para la toma de decisiones que buscaran un bienestar integral.
El participante 7. demostró buenas capacidades de afrontamiento, realizando con calma la actividad propuesta, brindando confianza a su compañera que hacía las veces de gallina ciega; fue persistente y se esmeró de manera adecuada por alcanzar la meta. A pesar de mostrar habilidades de afrontamiento adecuadas, durante la reflexión posterior a la actividad realizada, reconoció al final no haber estado muy atenta a su compañera, lo que demuestra una vez más la necesidad de proponer actividades que estimule en los niños el trabajo grupal.
La participante 8. logró finalizar la actividad sin tener mayores inconvenientes durante el recorrido; demostró tolerancia al ser guiada por su compañero, quien le brindó confianza al realizar el recorrido con tranquilidad. Es evidente, que la niña presenta adecuadas habilidades de afrontamiento, mostrándose persistente y esmerándose por alcanzar recompensas.
La participación de los padres o cuidadores de los niños juega un papel determinante en la construcción de su seguridad y su autoestima; les transmiten mayor confianza, condición necesaria para el logro de metas o afrontamiento del fracaso, al sentir que no se obtuvo lo esperado. Al respecto, la sobreprotección es un factor negativo para el incremento de la autoestima y la seguridad pues no permite que los niños solucionen por su propia cuenta los retos que le presenta la vida, como lo es también exigirles con rigurosidad, que la sienten como un obstáculo para identificar y valorar sus logros de acuerdo con sus capacidades.
Competencia para autogenerar emociones positivas
La competencia para autogenerar emociones positivas, se refiere a la capacidad para reconocer emociones negativas y lograr regularlas. La situación de juego: Besos y Abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
La figura siguiente muestra los resultados generales de la actividad realizada:
Figura 3.
Situación de juego 4. Besos y abrazos
Fuente: elaboración propia
Se puede apreciar que el 37 % de los niños y las niñas expresa de manera espontánea emociones positivas ante los demás y el 63 %, lo hace algunas veces. El 87 % utiliza estrategias propuestas por ellos mismos, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción, lo cual puede ser un indicador que refleja la característica propia de su edad: egocentrismo; solo el 13 % algunas veces lo hace. El 62 % demuestra reconocer cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas, mientras que 38 % lo demuestra algunas veces.
En esta actividad se pudo evidenciar que la mayoría de los niños participantes cuentan con la capacidad para autogenerar emociones positivas, expresando y propiciando acercamientos y expresiones de afecto a sus compañeros. Resulta oportuno agregar que dichas manifestaciones de afecto fueron más espontáneas por parte de las niñas, porque cuando se les motivó a cumplir la instrucción de dar un beso o un abrazo, los niños fueron muy tímidos, mientras que a las niñas se les notó espontaneidad en la expresión de sentimientos.
El participante 1. se mostró muy motivado durante el juego de besos y abrazos, disfrutó la compañía de sus compañeros en la ejecución de la actividad planteada, utilizó estrategias que le permitieron disfrutar del juego. Este comportamiento demuestra una adecuada competencia para autogenerar emociones positivas. No obstante, le costó dificultad expresar demostraciones de afecto hacia sus compañeros, en especial con las niñas; se sentía incómodo al tener que dar un beso o un abrazo.
La educación en el ámbito emocional incrementa la habilidad para que el niño reconozca no solo sus propias emociones, sino las de los demás, favoreciendo su interacción social, permitiéndoles disfrutar de espacios que conllevan a desarrollar apropiadas habilidades que generan emociones positivas en ellos mismos y en los demás.
El participante 2. se mostró muy solitario. A pesar de ello, participó del baile disfrutando de la música. El niño utilizó estrategias para disfrutar del momento, mostrando capacidad para autogenerar emociones positivas, pero no mostró mucha fluidez en la expresión emocional, al interactuar mientras bailaba.
El participante 3. ha mostrado grandes habilidades sociales, caracterizándose por ser un niño solidario, dinámico y con gran capacidad de liderazgo frente al grupo. En la actividad de besos y abrazos expresó de manera espontánea sentimientos y emociones, utilizando diferentes estrategias para generar un acercamiento a sus compañeros.
Por otra parte, propició demostraciones de afecto, lo que permitió que los demás compañeros comenzaran a sentir agrado por la actividad planteada. La alegría y el buen humor son cualidades que lo caracterizan, siendo de gran ayuda al momento de la interacción con sus pares, ya que contagia a sus compañeros, propiciando momentos divertidos entre ellos. De acuerdo a lo expresado por Shapiro (2006), “diferentes investigaciones han descubierto que incluso los niños entre cuatro y cinco años con una competencia social considerada elevada iniciaron con mayor frecuencia interacciones humorísticas con otros niños” (p. 105).
El participante 4. logró expresar de manera espontánea emociones positivas con los demás, se destacó por la capacidad de interactuar con todo el grupo, algo poco común con el resto de los compañeros, puesto que la mayoría realizaron la actividad con quienes tenían mayor afinidad.
Con relación a lo anterior, Ibarrola (2014) expresa que:
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa del el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. (p. 9)
La participante 5. se mostró a gusto, siguiendo el ritmo de la música, sin lograr cumplir con el objetivo; todo el tiempo permaneció sola, sin propiciar encuentros con sus compañeros que le permitieran cumplir con lo solicitado. Al parecer, carece de la habilidad para afrontar situaciones donde debe reconocer dichas emociones; todo el tiempo optó por evadir las instrucciones, para no verse enfrentada en la búsqueda de afecto, ni cumplir con retos que causaran cierto tipo de dificultad.
La participante 6. interactuó con dinamismo y alegría; fue espontanea en la expresión de emociones, utilizando diferentes recursos de interacción y liderando la iniciativa para hacer demostraciones de afecto. Cabe agregar que, permaneció todo el tiempo con la misma compañera, por lo tanto, su interacción no fue colectiva.
Resulta oportuno señalar que la educación emocional se debe realizar de forma continua, participando casa-colegio. Cuando se logra dicha integración, de manera permanente, los niños pueden alcanzar una interacción social asertiva que conduzca a unas bases sólidas para el deseado bienestar social.
La participante 7. demostró su capacidad para autogenerar emociones positivas. A pesar de que parte del tiempo permaneció con una de sus compañeras, logró realizar demostraciones de afecto con todos los compañeros del grupo. Se observaron en la niña capacidades para la interacción con sus pares, lo que favorece el adecuado desarrollo de competencias emocionales, siendo el medio que conduce a la prevención de dificultades de interacción, reduciendo así los riegos a los que se deben enfrentar los niños cuando inician nuevos ciclos escolares.
La expresión espontánea de emociones positivas y la búsqueda de estrategias que le permitieran disfrutar momentos de interacción no fue fácil para la participante 8. Durante el desarrollo de la actividad, la niña optó por estar apartada del resto de compañeros, tratando de evadir las instrucciones dadas. Conviene promover dinámicas que introduzcan la niña en espacios constantes de interacción, como la manera adecuada para fortalecer sus competencias emocionales: “Con ayuda del adulto, el niño irá interpretando el lenguaje verbal y no verbal de las emociones, ampliando su vocabulario emocional. Además, el reconocimiento y la comprensión de las emociones ajenas permitirá, en un futuro, desarrollar el sentimiento de empatía.” (Bisquerra et al., 2005, p. 3).
Resumiendo, la etapa de educación infantil es fundamental para que se generen los pilares que sustentarán la inteligencia emocional, que se dan opciones y experiencias que permitirán adquirir no solo la capacidad de reconocer emociones, sino también de expresarlas y regularlas. La interacción o convivencia con los otros niños permite que los más pequeños comprendan que la emotividad es un mecanismo de expresión y hace parte de su personalidad, y que puede ser moldeado.
Discusión
La competencia emocional está estrechamente determinada por la capacidad de expresar y regular eficazmente fenómenos emocionales a lo largo de la vida, por tanto, la regulación emocional es uno de los elementos que integran la competencia. (Bisquerra y Pérez, 2007). Desde esta perspectiva, el desarrollo de competencias emocionales conlleva a la regulación, lo que resulta determinante durante el proceso evolutivo de los niños, así como se constituye en una característica necesaria que les permite a los infantes adaptarse al contexto, a la cultura y a los diversos espectros sociales en los cuales debe desenvolverse a lo largo de su vida.
Las actividades aplicadas permitieron reconocer el impacto que los juegos de roles generan en la habilidad para la creación de personajes, diálogos o formas de representar su entorno; además, resultan significativas en cuanto al desarrollo afectivo puesto que la representación fortalece estrategias para la resolución de conflictos, la interacción entre pares, la expresión emocional, convirtiéndose en el medio por excelencia para desarrollar de forma positiva las futuras y necesarias habilidades sociales.
Resulta acertado propiciar juegos y actividades en los cuales los niños interactúan entre sí, como la manera más eficaz para compartir opiniones, asumir diferentes posturas que enriquezcan su habilidad social y emocional. De acuerdo con Solovieva y Quintanar (2012), el juego es una actividad que permite que los niños avancen en el desarrollo de experiencias culturales, al utilizar formas, objetos, imágenes, lenguaje. El desarrollo psicológico de los niños depende de la adquisición e interiorización de la experiencia cultural durante su participación en el juego (González-Moreno y Solovieva, 2016).
Si bien es cierto que el juego es una actividad empleada para la diversión y el disfrute de quienes participan en él, en edades tempranas funciona como una herramienta educativa permanente. A través de las reglas establecidas se dinamizan mecánicas sociales para la interacción, que permiten a los niños y niñas la expresión y control primario de sus emociones, evidenciado en la propia manera de desenvolverse, logrando la regulación del impulso que los motiva a jugar. También contribuye a la regulación emocional, ya que los niños y niñas participantes dieron razón de sus emociones, a través de las respuestas y conductas, a su vez que demostraron cómo aprenden a afrontar las consecuencias de sus acciones; algunos de ellos asumiendo e internalizando normas propuestas, otros aún movilizados únicamente por sus propios intereses.
Resulta trascendente promover acciones dentro del ámbito educativo que favorezcan su perfeccionamiento, para mejorar habilidades de regulación, a través del juego y entrenamiento con actividades de representación y roles.
Conclusiones
Se constatan manifestaciones de autorregulación emocional y control de comportamientos y de emociones en niños y niñas de educación inicial a través de actividades de juego, además de crear mecanismos y estrategias para interactuar socialmente, resolver retos y cumplir normas.
A los niños y niñas con mayor capacidad de liderazgo e interacción se les facilitó la expresión de emociones; las niñas lograron mayor espontaneidad que los niños al momento de realizar manifestaciones de expresión emocional con sus pares demostrando así mayor destreza en su interacción social; al tener la capacidad de expresar sentimientos y emociones de una forma más fluida pudieron entablar con sus pares vínculos más asertivos. De ahí la importancia de que reciban desde temprana edad educación emocional, para aprender a interiorizar y a la vez expresar sus sentimientos y emociones.
La mayoría de los participantes lograron adecuadas habilidades de afrontamiento; sin embargo, se identificó en algunos niños dificultad para buscar estrategias que conlleven al bienestar grupal, siendo para ellos en el rango de edad en el que se encuentran, más relevante el bienestar individual. Se observó en las actividades de juego realizadas, que la toma de decisiones a nivel grupal les cuesta, pensando satisfacer las necesidades personales. Cabe agregar que ello conlleva a la necesidad de crear ambientes en los cuales a los niños y a las niñas se les brinde confianza, amor y respeto para incrementar su seguridad.
El desarrollo de competencias emocionales presenta una estrecha relación con el nivel de socialización del niño y una adecuada regulación de las emociones. Por consiguiente, aprender a regular sus conductas incrementa sus estrategias para afrontar las emociones negativas, como factor determinante para la prevención de posibles comportamientos disruptivos.
No obstante, si bien el juego facilita la identificación de las manifestaciones de regulación emocional observadas en el estudio, es necesario reconocer que algunos niños requieren incrementar sus habilidades sociales mediante otros mecanismos y actividades.
Referencias
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Whitebread y Basilio. (2012). Emergencia y desarrollo temprano de la autorregulación en niños pre
escolares. Currículum y Formación del profesorado 16(1), 15-34.
rgo plazo fue observada en el 25 %, mientras que el 75 %, lo hace algunas veces.
El análisis de los videos demuestra que la mayoría de los niños años logran adecuadas habilidades de afrontamiento, debido a que buscaron estrategias que les permitieran cumplir con los obstáculos para llegar a la meta y alcanzar el estímulo. Sin embargo, se pudo evidenciar que, a pesar de que la mayoría muestran dichas habilidades, a algunos de ellos se les dificulta tomar decisiones que conlleven al bienestar de los demás. Es claro entonces que en el rango de edades en el que se encuentran los niños participantes (4-5 años), el control de conductas vinculadas a la regulación de emociones no corresponde a la realización de trabajo en equipo que permita un beneficio grupal, puesto que resulta más relevante el beneficio propio.
El análisis individual de las respuestas y actuaciones de los participantes indica que al participante l. le costó cumplir con las reglas propuestas durante el juego de la gallina ciega y el lazarillo. Es un niño muy activo al que se le dificulta regularse, evidenciado en el momento de realizar el recorrido, ya que mostró que su objetivo era obtener beneficio propio, sin tener en cuenta el bienestar de los demás.
El participante 2. no respondió a las actividades que implicaban encontrar soluciones para alcanzar el objetivo. El participante 3. demostró su capacidad de liderazgo positivo, realizando adecuadas explicaciones durante el recorrido, lo cual le permitió llegar a la meta sin ningún inconveniente. Sin embargo, se evidencia que, a pesar de desenvolverse de una manera adecuada en la guía de su compañera, se orientó al interés personal.
A nivel general, los niños buscan satisfacer sus necesidades individuales más que las colectivas, aspectos propios de la edad y cuyo desarrollo se relaciona directamente con la inteligencia emocional, las habilidades de afrontamiento y el beneficio grupal.
El participante 4. demostró adecuadas habilidades de afrontamiento, a pesar de no recibir ayuda por parte de su compañera para finalizar el reto propuesto. De igual manera, buscó la manera de finalizar la actividad siguiendo las instrucciones. Se mostró persistente en la búsqueda de opciones que permitieran encontrar la recompensa y se esmeró sin perder el control de sus emociones.
La participante 5. realizó el papel de gallina ciega, mostrándose insegura al ser guiada por su compañero, lo cual no le permitió alcanzar la meta propuesta; no fue persistente y optó por tratar de separarse de su compañero mostrando dificultad para buscar estrategias que le permitiera alcanzar las metas, pero sin romper las reglas del juego.
El niño necesita sentirse valorado, querido, aceptado por estas personas, que confíen en sus posibilidades, se interesen por las cosas que le pasan, le estimulen, le valoren los logros, le hagan cumplir los acuerdos y las normas establecidas a partir del razonamiento, dictadas con firmeza, pero también con cierta flexibilidad, adecuadas a sus posibilidades, claras, coherentes y accesibles (Bisquerra et al., 2005, p. 12).
La búsqueda del beneficio personal fue la característica de la participante 6. quien se mostró persistente y se esmeró por alcanzar sus propias metas; no demostró capacidad para la toma de decisiones que buscaran un bienestar integral.
El participante 7. demostró buenas capacidades de afrontamiento, realizando con calma la actividad propuesta, brindando confianza a su compañera que hacía las veces de gallina ciega; fue persistente y se esmeró de manera adecuada por alcanzar la meta. A pesar de mostrar habilidades de afrontamiento adecuadas, durante la reflexión posterior a la actividad realizada, reconoció al final no haber estado muy atenta a su compañera, lo que demuestra una vez más la necesidad de proponer actividades que estimule en los niños el trabajo grupal.
La participante 8. logró finalizar la actividad sin tener mayores inconvenientes durante el recorrido; demostró tolerancia al ser guiada por su compañero, quien le brindó confianza al realizar el recorrido con tranquilidad. Es evidente, que la niña presenta adecuadas habilidades de afrontamiento, mostrándose persistente y esmerándose por alcanzar recompensas.
La participación de los padres o cuidadores de los niños juega un papel determinante en la construcción de su seguridad y su autoestima; les transmiten mayor confianza, condición necesaria para el logro de metas o afrontamiento del fracaso, al sentir que no se obtuvo lo esperado. Al respecto, la sobreprotección es un factor negativo para el incremento de la autoestima y la seguridad pues no permite que los niños solucionen por su propia cuenta los retos que le presenta la vida, como lo es también exigirles con rigurosidad, que la sienten como un obstáculo para identificar y valorar sus logros de acuerdo con sus capacidades.
Competencia para autogenerar emociones positivas
La competencia para autogenerar emociones positivas, se refiere a la capacidad para reconocer emociones negativas y lograr regularlas. La situación de juego: Besos y Abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
La figura siguiente muestra los resultados generales de la actividad realizada:
Figura 3.
Situación de juego 4. Besos y abrazos
Fuente: elaboración propia
Se puede apreciar que el 37 % de los niños y las niñas expresa de manera espontánea emociones positivas ante los demás y el 63 %, lo hace algunas veces. El 87 % utiliza estrategias propuestas por ellos mismos, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción, lo cual puede ser un indicador que refleja la característica propia de su edad: egocentrismo; solo el 13 % algunas veces lo hace. El 62 % demuestra reconocer cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas, mientras que 38 % lo demuestra algunas veces.
En esta actividad se pudo evidenciar que la mayoría de los niños participantes cuentan con la capacidad para autogenerar emociones positivas, expresando y propiciando acercamientos y expresiones de afecto a sus compañeros. Resulta oportuno agregar que dichas manifestaciones de afecto fueron más espontáneas por parte de las niñas, porque cuando se les motivó a cumplir la instrucción de dar un beso o un abrazo, los niños fueron muy tímidos, mientras que a las niñas se les notó espontaneidad en la expresión de sentimientos.
El participante 1. se mostró muy motivado durante el juego de besos y abrazos, disfrutó la compañía de sus compañeros en la ejecución de la actividad planteada, utilizó estrategias que le permitieron disfrutar del juego. Este comportamiento demuestra una adecuada competencia para autogenerar emociones positivas. No obstante, le costó dificultad expresar demostraciones de afecto hacia sus compañeros, en especial con las niñas; se sentía incómodo al tener que dar un beso o un abrazo.
La educación en el ámbito emocional incrementa la habilidad para que el niño reconozca no solo sus propias emociones, sino las de los demás, favoreciendo su interacción social, permitiéndoles disfrutar de espacios que conllevan a desarrollar apropiadas habilidades que generan emociones positivas en ellos mismos y en los demás.
El participante 2. se mostró muy solitario. A pesar de ello, participó del baile disfrutando de la música. El niño utilizó estrategias para disfrutar del momento, mostrando capacidad para autogenerar emociones positivas, pero no mostró mucha fluidez en la expresión emocional, al interactuar mientras bailaba.
El participante 3. ha mostrado grandes habilidades sociales, caracterizándose por ser un niño solidario, dinámico y con gran capacidad de liderazgo frente al grupo. En la actividad de besos y abrazos expresó de manera espontánea sentimientos y emociones, utilizando diferentes estrategias para generar un acercamiento a sus compañeros.
Por otra parte, propició demostraciones de afecto, lo que permitió que los demás compañeros comenzaran a sentir agrado por la actividad planteada. La alegría y el buen humor son cualidades que lo caracterizan, siendo de gran ayuda al momento de la interacción con sus pares, ya que contagia a sus compañeros, propiciando momentos divertidos entre ellos. De acuerdo a lo expresado por Shapiro (2006), “diferentes investigaciones han descubierto que incluso los niños entre cuatro y cinco años con una competencia social considerada elevada iniciaron con mayor frecuencia interacciones humorísticas con otros niños” (p. 105).
El participante 4. logró expresar de manera espontánea emociones positivas con los demás, se destacó por la capacidad de interactuar con todo el grupo, algo poco común con el resto de los compañeros, puesto que la mayoría realizaron la actividad con quienes tenían mayor afinidad.
Con relación a lo anterior, Ibarrola (2014) expresa que:
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa del el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. (p. 9)
La participante 5. se mostró a gusto, siguiendo el ritmo de la música, sin lograr cumplir con el objetivo; todo el tiempo permaneció sola, sin propiciar encuentros con sus compañeros que le permitieran cumplir con lo solicitado. Al parecer, carece de la habilidad para afrontar situaciones donde debe reconocer dichas emociones; todo el tiempo optó por evadir las instrucciones, para no verse enfrentada en la búsqueda de afecto, ni cumplir con retos que causaran cierto tipo de dificultad.
La participante 6. interactuó con dinamismo y alegría; fue espontanea en la expresión de emociones, utilizando diferentes recursos de interacción y liderando la iniciativa para hacer demostraciones de afecto. Cabe agregar que, permaneció todo el tiempo con la misma compañera, por lo tanto, su interacción no fue colectiva.
Resulta oportuno señalar que la educación emocional se debe realizar de forma continua, participando casa-colegio. Cuando se logra dicha integración, de manera permanente, los niños pueden alcanzar una interacción social asertiva que conduzca a unas bases sólidas para el deseado bienestar social.
La participante 7. demostró su capacidad para autogenerar emociones positivas. A pesar de que parte del tiempo permaneció con una de sus compañeras, logró realizar demostraciones de afecto con todos los compañeros del grupo. Se observaron en la niña capacidades para la interacción con sus pares, lo que favorece el adecuado desarrollo de competencias emocionales, siendo el medio que conduce a la prevención de dificultades de interacción, reduciendo así los riegos a los que se deben enfrentar los niños cuando inician nuevos ciclos escolares.
La expresión espontánea de emociones positivas y la búsqueda de estrategias que le permitieran disfrutar momentos de interacción no fue fácil para la participante 8. Durante el desarrollo de la actividad, la niña optó por estar apartada del resto de compañeros, tratando de evadir las instrucciones dadas. Conviene promover dinámicas que introduzcan la niña en espacios constantes de interacción, como la manera adecuada para fortalecer sus competencias emocionales: “Con ayuda del adulto, el niño irá interpretando el lenguaje verbal y no verbal de las emociones, ampliando su vocabulario emocional. Además, el reconocimiento y la comprensión de las emociones ajenas permitirá, en un futuro, desarrollar el sentimiento de empatía.” (Bisquerra et al., 2005, p. 3).
Resumiendo, la etapa de educación infantil es fundamental para que se generen los pilares que sustentarán la inteligencia emocional, que se dan opciones y experiencias que permitirán adquirir no solo la capacidad de reconocer emociones, sino también de expresarlas y regularlas. La interacción o convivencia con los otros niños permite que los más pequeños comprendan que la emotividad es un mecanismo de expresión y hace parte de su personalidad, y que puede ser moldeado.
Discusión
La competencia emocional está estrechamente determinada por la capacidad de expresar y regular eficazmente fenómenos emocionales a lo largo de la vida, por tanto, la regulación emocional es uno de los elementos que integran la competencia. (Bisquerra y Pérez, 2007). Desde esta perspectiva, el desarrollo de competencias emocionales conlleva a la regulación, lo que resulta determinante durante el proceso evolutivo de los niños, así como se constituye en una característica necesaria que les permite a los infantes adaptarse al contexto, a la cultura y a los diversos espectros sociales en los cuales debe desenvolverse a lo largo de su vida.
Las actividades aplicadas permitieron reconocer el impacto que los juegos de roles generan en la habilidad para la creación de personajes, diálogos o formas de representar su entorno; además, resultan significativas en cuanto al desarrollo afectivo puesto que la representación fortalece estrategias para la resolución de conflictos, la interacción entre pares, la expresión emocional, convirtiéndose en el medio por excelencia para desarrollar de forma positiva las futuras y necesarias habilidades sociales.
Resulta acertado propiciar juegos y actividades en los cuales los niños interactúan entre sí, como la manera más eficaz para compartir opiniones, asumir diferentes posturas que enriquezcan su habilidad social y emocional. De acuerdo con Solovieva y Quintanar (2012), el juego es una actividad que permite que los niños avancen en el desarrollo de experiencias culturales, al utilizar formas, objetos, imágenes, lenguaje. El desarrollo psicológico de los niños depende de la adquisición e interiorización de la experiencia cultural durante su participación en el juego (González-Moreno y Solovieva, 2016).
Si bien es cierto que el juego es una actividad empleada para la diversión y el disfrute de quienes participan en él, en edades tempranas funciona como una herramienta educativa permanente. A través de las reglas establecidas se dinamizan mecánicas sociales para la interacción, que permiten a los niños y niñas la expresión y control primario de sus emociones, evidenciado en la propia manera de desenvolverse, logrando la regulación del impulso que los motiva a jugar. También contribuye a la regulación emocional, ya que los niños y niñas participantes dieron razón de sus emociones, a través de las respuestas y conductas, a su vez que demostraron cómo aprenden a afrontar las consecuencias de sus acciones; algunos de ellos asumiendo e internalizando normas propuestas, otros aún movilizados únicamente por sus propios intereses.
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Conclusiones
Se constatan manifestaciones de autorregulación emocional y control de comportamientos y de emociones en niños y niñas de educación inicial a través de actividades de juego, además de crear mecanismos y estrategias para interactuar socialmente, resolver retos y cumplir normas.
A los niños y niñas con mayor capacidad de liderazgo e interacción se les facilitó la expresión de emociones; las niñas lograron mayor espontaneidad que los niños al momento de realizar manifestaciones de expresión emocional con sus pares demostrando así mayor destreza en su interacción social; al tener la capacidad de expresar sentimientos y emociones de una forma más fluida pudieron entablar con sus pares vínculos más asertivos. De ahí la importancia de que reciban desde temprana edad educación emocional, para aprender a interiorizar y a la vez expresar sus sentimientos y emociones.
La mayoría de los participantes lograron adecuadas habilidades de afrontamiento; sin embargo, se identificó en algunos niños dificultad para buscar estrategias que conlleven al bienestar grupal, siendo para ellos en el rango de edad en el que se encuentran, más relevante el bienestar individual. Se observó en las actividades de juego realizadas, que la toma de decisiones a nivel grupal les cuesta, pensando satisfacer las necesidades personales. Cabe agregar que ello conlleva a la necesidad de crear ambientes en los cuales a los niños y a las niñas se les brinde confianza, amor y respeto para incrementar su seguridad.
El desarrollo de competencias emocionales presenta una estrecha relación con el nivel de socialización del niño y una adecuada regulación de las emociones. Por consiguiente, aprender a regular sus conductas incrementa sus estrategias para afrontar las emociones negativas, como factor determinante para la prevención de posibles comportamientos disruptivos.
No obstante, si bien el juego facilita la identificación de las manifestaciones de regulación emocional observadas en el estudio, es necesario reconocer que algunos niños requieren incrementar sus habilidades sociales mediante otros mecanismos y actividades.
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escolares. Currículum y Formación del profesorado 16(1), 15-34.
humor se concibe como una respuesta emocional positiva, innata, universal, social que surge en la interacción entre personas o en otras palabras “respuesta emocional de hilaridad dentro de un contexto social, provocada por la percepción de incongruencia lúdica, que se expresa por medio de la sonrisa” (Martin, 2009, p. 35). Así, el humor se suele expresar en la risa que surge a veces en contextos amigables (humor prosocial) o en situaciones desagradables como cuando varias personas se ríen del comportamiento o las características de otra persona para denigrar (humor hostil) con frecuencia apoyándose en el uso del sarcasmo y el cinismo.
Por un lado, el humor prosocial se caracteriza por propiciar emociones positivas, bienestar e interacciones que son amables con los demás (Martin, 2009). Este tipo de humor genera relaciones basadas en la cercanía (Fernández y Limón, 2012; Martin, 2008). Por otro lado, el humor hostil comunica distancia o reafirma el establecimiento de relaciones jerárquicas en escenarios sociales, y en ocasiones, se acompaña de agresión.
Lo anterior, no significa que un tipo u otro no puedan coexistir de alguna manera. Una persona puede hacer uso de ambos en distintos momentos de la vida. Esto es llamado por Martin (2009) como las dos caras del humor. Por un lado, permite el aumento de interacciones sociales positivas y, por el otro, podría incluso promover la reafirmación de diferencias entre grupos normativos respecto a grupos no normativos, ya que los primeros lo usarían para imponer formas de actuar, comportarse y ridiculizar a otros haciendo énfasis en lo que los hace “distintos” lo que se ha visto en escenarios escolares donde se asocia el humor hostil con la perpetración del acoso escolar (Sari, 2016; Steer et al., 2020).
Siguiendo lo anterior, el acoso escolar es definido como una relación de asimetría de poder entre una víctima y un perpetrador en la que existen diferentes tipos de agresión, que con frecuencia se repiten en el tiempo (Wells, et al., 2006). Asimismo, en estudios previos se evidencia cómo diferentes estilos de humor en la escuela harían que existan estudiantes con mayores probabilidades de ser víctima de bullying que otros (Kerla, 2016).
De la misma manera, se ha observado cómo los estudiantes en la escuela perciben que la razón central para rechazar a otros es “que no encajan con los demás” (Hoover, et al., 1992). En otros estudios características como, rasgos físicos asociados a comunidades étnicas, sobrepeso o tener una capacidad motora poco precisa o lenta respecto al promedio, resulta en una percepción de estos estudiantes como “extraños” (Bejerot et al., 2011). En el caso de los estudiantes que son perpetradores de acoso, se ha encontrado que tienden a caracterizarse por ser físicamente más resistentes que sus víctimas y buscar el reconocimiento social, influencia y poder (Juvonen et al., 2003). En este sentido, esto permite que existan factores que hacen más vulnerables a ciertos estudiantes de sufrir acoso escolar y a otros a ser perpetradores del mismo.
Estudios como los de Plenty et al. (2014) y Chaux (2003) evidencian cómo podría llegar a existir una relación entre el desarrollo de habilidades sociales como el humor y ser víctima de bullying, concluyendo que el uso del humor hostil está presente en el bullying y, que, por otro lado, el humor afiliativo o positivo tiene un rol importante en la promoción del bienestar y la interacción social adaptativa.
A pesar de la literatura acerca de la relación entre el humor y el bullying, la información sobre el rol de los observadores sigue siendo limitada y esto es una dificultad para establecer programas de intervención escolar que disminuyan los niveles de agresión (Guerra et al., 2011). Especialmente porque los observadores tienen un rol importante ya sea para eliminar, mantener o empeorar los niveles de bullying. En la mayoría de los casos se ve cómo los observadores atacan a la víctima o son pasivos ante las agresiones (Atlas y Pepper, 1998; Craig y Pepler, 1997) o, por el contrario, que cuando intervienen son capaces de frenar las agresiones de forma efectiva (Hawkins, et al., 2001).
Prevalencia del humor hostil en los colegios colombianos
Algunos estudios con muestras no representativas (García y Niño, 2018; González et al., 2014; Sánchez Ortiz y Sánchez Reales, 2018; Uribe et al., 2012) y muestras representativas (Bromberg et al., 2016; Duarte, 2005; Cuevas et al., 2009; Paredes et al., 2008) han reportado la prevalencia del humor hostil en las escuelas colombianas, desde el enfoque del acoso escolar o la violencia.
En la ciudad de Bogotá, Bromberg et al. (2016) realizaron un censo de clima escolar en varios colegios. Los autores encontraron que el 6% de los estudiantes percibe que las burlas casi nunca ocurren, el 22% que son raras y leves, el 43% que son ocasionales y las víctimas tienen que soportarlas, el 15% que son frecuentes y llegan a extremos, y el 14% que son muy frecuentes y terminan en violencia. Además, descubrieron que una de las principales razones por las que los estudiantes sentían que sus aulas eran inseguras era que no tenían libertad para hablar por miedo a que se burlaran de ellos. En otro estudio, el 52% de los estudiantes reportó que las burlas eran una forma de agresión, el 42% las usa cuando quiere agredir a otro y el 68% las usa como espectador en situaciones de agresión (García y Niño, 2018).
En la ciudad de Medellín, Duarte (2005) encontró que el 30% reportó ser blanco de agresiones verbales, como burlas, humillaciones, ofensas e ironías. Así mismo, González et al. (2014) encontraron que el 34% de los estudiantes víctimas de agresión fueron atacados únicamente con ridiculizaciones (apodos, burlas e insultos). Aproximadamente el 20% de los estudiantes lo utilizaban a diario. En Valle del Cauca, el 50% de un grupo de estudiantes reportó ser blanco de burlas, el 37% es imitado como forma de burlar, el 37% es objeto de burlas por su apariencia física y el 79% se ríe de ellos cuando cometen un error (Cuevas et al., 2009). En Cali, los estudiantes reportaron que el 43% de las veces las agresiones eran mediante burlas y apodos (Paredes et al., 2008). En Barranquilla, el 68% de los estudiantes reportaron la burla y la ridiculización como una de las situaciones que más afecta la convivencia (Sánchez Ortiz y Sánchez Reales, 2018). Finalmente, en un municipio de Santander, la burla fue la forma de agresión más reportada (24%; Uribe et al., 2012).
Estilos de humor y desarrollo vital
El sentido del humor es una habilidad blanda, que se desarrolla con el tiempo y en distintos momentos de la vida de una persona. Está relacionado con el desarrollo cognitivo y con la adquisición del lenguaje desde la infancia, y alcanza sus formas iniciales hacia los 7 años aproximadamente (McGhee, 1974). El humor se apoya de manera fundamental en la habilidad cognitiva para la metarrepresentación: el reconocimiento de la existencia de las palabras, su papel y las reglas con las que se produce en el lenguaje. En otras palabras, la habilidad para representar aquello sobre lo cual se está representando (Dennet, 2000). En ese sentido, a medida que los niños y niñas van creciendo su forma de producir y comprender los chistes se va transformando en función de su desarrollo cognitivo y verbal (Martin, 2010).
Se ha visto que, en el desarrollo vital, los niños y las niñas empiezan a usar estilos de humor entre los 10 y 12 años. A esta edad se han desarrollado habilidades sociales y cognitivas que les permiten entender cuándo usar un cierto tipo de humor, cómo interactuar con humor y responder a este. Es decir, es en este momento del desarrollo en el que los estilos de humor empiezan a usarse como una forma de comunicación con otros (Kuiper y Klein, 2006).
Actualmente, se distinguen cuatro tipos distintos de estilos de humor. Dos adaptativos y dos inadaptativos. Los dos adaptativos son el humor afiliativo y el de autoayuda. El humor afiliativo es usado por los individuos que buscan disminuir momentos de tensión, incomodidad con el objetivo de que los otros se sientan más a gusto en una interacción social. El de autoayuda o autorreferencial se usa buscando disminuir el estrés y aumentar los niveles de regulación emocional para tomar distancia de los problemas al flexibilizar o disminuir la gravedad de un suceso difícil (Kuiper y McHale, 2009). Los dos inadaptativos son el humor agresivo y el auto-destructivo. Por un lado, el primero usa el sarcasmo para divertirse a costa de otros de forma agresiva, y el autodestructivo busca burlarse de sí mismo, pero de forma denigrante para lograr divertir a otros (Martin, 2009).
Además de estar asociado con el desarrollo cognitivo, el sentido del humor (la capacidad para comprender y producir humor) se asocia con mayores niveles de competencia social y con un buen nivel de desempeño académico (Masten, 1986). Para dar un ejemplo, existe evidencia de que los estilos de humor adaptativos están relacionados positivamente con variables de ajuste como la autoestima, y negativamente con depresión y ansiedad (Martin et al., 2003; Kuiper y McHale, 2009).
El humor en el entorno escolar
El colegio además de ser un espacio de conocimientos académicos constituye un lugar privilegiado para el desarrollo de habilidades blandas como el sentido del humor. No solo por su potencial para jalonar los procesos de desarrollo del pensamiento, sino por las oportunidades que ofrecen para el desarrollo de competencias sociales, siendo estas el conjunto de conocimientos, destrezas y actitudes básicas para la realización personal y la integración social (Fernández-Poncela, 2012).
El sentido del humor en el colegio enriquece y facilita el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que al parecer el uso del humor se convierte en una herramienta para recordar mientras exista una relación entre la información relevante para el curso y el humor (Rojas, 2010). Para Toledo y Aparicio (2010) en el contexto escolar es fundamental la comprensión del humor, ya que es el sujeto el que es exhibido dentro del chiste, ameritando un clima positivo en el aula para evitar el daño de la persona. Tanto así, que cuando un docente establece un entorno divertido, produce motivación a sus estudiantes; cosa que los induce a estar más atentos y participativos en clase. Es decir que el humor se convierte en el motor del buen funcionamiento académico de los estudiantes.
El humor en el entorno escolar, sobre todo con estudiantes, es fundamental ya que permite reducir los niveles de ansiedad y se estimula la creatividad e imaginación (García, 2002). En efecto, para un salón de clases el humor y la risa permiten, al parecer, que el aprendizaje sea más estable y duradero, se preste más atención, se retenga más información y se expanda la imaginación limitando la pereza y generación de conflictos (Fernández-Poncela, 2012). En este sentido, el humor permite el diálogo, la escucha y solidaridad, y posiblemente un mayor nivel de compañerismo (Toledo y Aparicio, 2010). Adicionalmente, el sentido del humor genera una sensación de bienestar y crea un ambiente agradable entre estudiantes y docentes, cosa que incide en un aprendizaje más efectivo y divertido (Benítez, 2003).
En un estudio conducido por Abugarade et al. (2018) en la institución educativa Antimanque de Peñaflor (Chile) se plantearon el objetivo de identificar la diferencia que existe entre la autopercepción del estilo de humor de los profesores respecto la percepción y valoración que los estudiantes dan a este. Encontraron que el humor afiliativo (o prosocial) era predominante tanto en la autopercepción de los docentes como en la percepción de los estudiantes. Teniendo esto en consideración, se plantea que utilizar el humor positivo en el desarrollo de las clases beneficiaba el clima del aula, el aprendizaje y las relaciones interpersonales, además de promover la confianza, el respeto y la empatía. Esto, contrario a la utilización del humor agresivo entendido como “sarcasmo, ridículo o ironía” el cual se percibe como causa de un ambiente de hostilidad y perjudica las relaciones entre pares.
En congruencia con Abugarade et al. (2018), Falanga et al. (2014) exploraron la asociación entre los estilos de humor, las tendencias prosociales y la autoeficacia empática/social de jóvenes y niños estudiantes italianos. Al hablar de las tendencias prosociales, se hace referencia a la inclinación para ayudar a las personas en las diferentes situaciones sociales o psicológicas que pueden ser anónimas, públicas, emocionales, nefastas, altruistas (Carlo y Randall, 2002). En cuanto a la autoeficacia empática/social, se trata de aquellas creencias y habilidades individuales para estructurar y ejecutar acciones que permiten la organización y el control de situaciones sociales y personales reconociendo los límites y posibilidades personales (Bandura, 1986, 1997).
Se encontró que los niños utilizan el humor con el fin de burlarse de los demás y así “mejorar su imagen personal”. Adicionalmente, evidenciaron que los adolescentes presentaban bajos niveles de autoeficacia empática y altos niveles de autoeficacia social. Desde otro punto, encontraron que los adolescentes tienden a ayudar en situaciones críticas dependiendo del sexo y género. Los niños y adolescentes más jóvenes muestran más disposición para ayudar a otras personas en situaciones públicas, mientras que las niñas y adolescentes mayores tienden a ayudar a los demás cuando se trata de situaciones de evocación emocional, emergencia o crisis (Falanga et al., 2014).
Consecuente con lo encontrado por Falanga et al. (2014), Yip y Martin (2006) encontraron que los adolescentes entre más divertían a los demás y favorecían las relaciones interpersonales, más se percibían a sí mismos empáticos frente a la comprensión de los sentimientos y necesidades de los demás. Por otro lado, los niños entre más utilizaban el humor como estrategia de afrontamiento en situaciones de estrés, más se percibían a sí mismos con la capacidad de comprender las necesidades de los demás. Por el contrario, evidencian que los adolescentes entre más divertían a los demás a costa de sí mismos, menos se percibían como actores activos en las relaciones interpersonales. En cuanto a las tendencias prosociales, encontraron que cuanto más los adolescentes tienden a ayudar en situaciones emocionalmente críticas, más se perciben como capaces en circunstancias empáticas y sociales. De esta manera, consideran que utilizar el humor para divertir a los demás y favorecer las relaciones interpersonales se relaciona positivamente con la conducta de ayudar en situaciones emocionalmente críticas y extremas; y negativamente con la conducta prosocial en situaciones públicas y anónimas (Yip y Martin, 2006).
López et al. (2019) encontraron que el estilo de humor afiliativo carece de hostilidad. Sin embargo, plantean que el humor de mejora personal (es decir la capacidad de reírse o considerar cómica una situación adversa) promueve cambios positivos (Boerner et al., 2017), ya que se regulan emociones y evitan lastimarse a sí mismos o a otros. De manera que, el estilo de mejora personal en un ambiente educativo funciona como protector para evitar las agresiones verbales reemplazándolas por bromas y risas.
Funciones del humor hostil en el entorno escolar
Los estudiantes utilizan el humor hostil contra sus compañeros por diferentes razones o motivos. Dada la naturaleza hostil y agresiva de este tipo de humor, es probable que las funciones del humor hostil sean similares a las del acoso escolar. Hasta donde se conoce, pocas investigaciones han estudiado específicamente las motivaciones sobre el uso del humor hostil de forma independiente al bullying (McCleary Knox, 1976; Mills, 2001, 2018; Sherer y Clark, 2009; Strong, 2013).
Sherer y Clark (2009) identificaron cuatro motivaciones para las burlas en su estudio: a) diversión (reírse), b) exhibición (hacer reír a los espectadores, atraer la atención o parecer superior o inteligente), c) molestar (irritar al otro o castigarlo por algo que hizo) y d) afecto positivo (mostrar a la otra persona que es apreciada). Los autores descubrieron que la motivación más común era la diversión, independientemente del nivel escolar, y que los alumnos utilizan las burlas principalmente para herir los sentimientos del otro o expresar su desagrado. Di Cioccio (2001) describió en su escala la motivación agresiva como disminuir la confianza en uno mismo, dañar la propia imagen, molestar, avergonzar y herir a los demás.
Los alumnos solo utilizan el humor hostil en situaciones específicas y contra alumnos concretos. Principalmente, los alumnos objetivo-potenciales son aquellos que son descritos y percibidos como diferentes de alguna manera por sus compañeros, según las normas específicas de características y posesiones deseadas o aceptables (Horowitz et al., 2004; Sweeting y West, 2001). La literatura ha identificado algunas características en la apariencia física, la personalidad y el comportamiento, la familia y el entorno, el trasfondo social cultural, la escuela y el rendimiento académico, elementos que ponen a los estudiantes en riesgo de recibir un humor hostil o bullying. Algunas características de la apariencia física son la forma de vestir, la discapacidad física, la obesidad, la talla, la higiene personal, la expresión facial, el color de la piel. Las características de comportamiento son el nivel de socialización (demasiado introvertido/tímido o demasiado extrovertido), la forma de hablar, el acento, actuar como otra etnia o sexo, las preferencias (Horowitz et al., 2004; Sweeting y West, 2001).
Los alumnos podrían tener diversas motivaciones para utilizar el humor hostil en el contexto escolar. Strong (2013) estableció tres motivaciones principales: poder, shock y cultura. El humor como poder se utiliza para disminuir y marginar a alguien, o para construir jerarquías entre diferentes grupos (Odenbring y Johansson, 2021). El beneficio de una persona o grupo es a costa de otro (Strong, 2013). Los alumnos utilizan el humor para controlar el comportamiento de los demás para hacerlo más acorde con las normas y expectativas (Horowitz et al., 2004), y para ganar estatus ante los demás (Huuki et al., 2010). Asimismo, el humor podría utilizarse en la relación profesor-alumno cuando existe una incongruencia entre las acciones y los requisitos sociales sobre el rol (Šeďová, 2015). El humor como choque, se utiliza para escandalizar y llamar la atención. Los alumnos solo quieren ser populares o ser reconocidos por los demás, más no hay intención de herir. Por último, el humor como cultura (la cultura de la broma) consiste en utilizar el humor hostil para mejorar las relaciones.
Como se menciona anteriormente, el humor hostil es un fenómeno presente en los colegios, y es utilizado por parte de los estudiantes para mantener las jerarquías sociales y rechazar a los diferentes o lo que es diferente. Por este motivo, este artículo busca comprender cómo en una muestra de estudiantes observadores se entiende el papel del humor en un escenario de burla, centrados en a) cómo los estudiantes ven que otros reaccionan y, b) cuál es la ruta para gestionar este tipo de fenómenos en la escuela. Identificando la función del humor hostil en el contexto educativo, cómo el uso cambia a través de los grados escolares y el abordaje ante situaciones de humor hostil.
Método
Este estudio fue de corte cualitativo, se expuso a los estudiantes a un dibujo que representaba una situación de burla, y se analizó las respuestas sobre la interpretación de los dibujos. Se realizó un análisis de contenido definido por Cano y González (2015) como el proceso de identificación, codificación y categorización de ejes analíticos que surgen de los datos y busca generar abstracciones sobre los significados y relaciones que surgen de la información, trasciende al análisis puramente descriptivo.
Muestra y población
Estudiantes de dos instituciones públicas colombianas participaron en este estudio (una de Bogotá y otra de Ibagué). Para obtener una muestra representativa de todos los grados escolares, se trabajó con al menos un curso de cada grado escolar. El muestreo fue probabilístico por conveniencia, en el cual fueron incluidos aquellos estudiantes a quienes la institución permitió. Los estudiantes completaron el instrumento en grupos de aproximadamente cuatro personas. Cada grupo fue analizado como un caso grupal. Algunos grupos estaban compuestos por hombres (masculino), otros de solo mujeres (femenino) y otros eran mixtos. No hubo criterios de exclusión. El único criterio de inclusión fue que contaran con consentimiento informado y aceptaran el asentimiento informado. A continuación, se describe la muestra por cada grupo.
Bogotá. El instrumento fue respondido por un total de 140 estudiantes de una institución pública bogotana. En la tabla 1 se detalla el número de casos por género y grado.
Tabla 1.
Reporte de número de casos grupales en Bogotá
|
Género/ Grado |
Masculino |
Femenino |
Mixto |
Total de casos |
|
6° |
2 |
3 |
4 |
9 (36) |
|
7° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
8° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
9° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
10° |
2 |
2 |
4 |
8 (32) |
|
Total de casos |
10 (4) |
8 (32) |
17 (68) |
35 (140) |
Los números reportados entre paréntesis se refieren al número de participantes, que en promedio fueron 4 por cada grupo.
Fuente: elaboración propia.
Ibagué. Participaron 20 estudiantes de grado séptimo, noveno y décimo de un colegio público de la ciudad de Ibagué. En la tabla 2 se detalla el número de casos por género y grado.
Figura 1.
Dibujo representación de la burla
Fuente: elaboración propia
Procedimiento
Para iniciar la recolección de datos los asistentes de investigación previamente entrenados se presentaron, realizaron el asentimiento informado y posteriormente explicaron la finalidad de la actividad. Para ello se solicitó a los estudiantes organizarse en grupos de 4 personas. En el caso de los estudiantes, se le entregó a cada grupo una hoja con un dibujo con la imagen de burla seguida de la respuesta de cada pregunta mencionada arriba.
Dadas las circunstancias de la pandemia por COVID-19, la ejecución de la actividad tuvo algunas variaciones en encuentros posteriores por medios virtuales. Los instrumentos fueron adaptados por medio de la plataforma Typeforms (herramienta virtual para el desarrollo de formularios). Los asistentes de investigación solicitaban a uno de los integrantes compartir pantalla y con la participación de los otros tres estudiantes responder a cada pregunta. Si se presentaba alguna eventualidad y los estudiantes no podían compartir pantalla los facilitadores eran los encargados de compartir pantalla y completar la matriz siguiendo las instrucciones de los participantes.
Resultados
La Figura 2 muestra la nube de palabras obtenida en NVivo. Una de las palabras centrales en esta nube de frecuencia de palabras, es la de bullying. Los estudiantes de ambas ciudades tuvieron como coincidencia relacionar directamente el tema de la burla con el bullying. Así mismo, los actores que aparecen en el centro de la nube se referencian a estudiantes y profesores. Los primeros porque tienden a ser actores relevantes para el desarrollo de la situación, es decir están presentes como aquellos sujetos que se burlan de otros, como también aquellos que son víctimas de burla. De igual manera, es interesante que dentro de este escenario hay un reconocimiento a los actores involucrados de esta manera: una persona que se burla de un estudiante objetivo y otros dos, quienes apoyan al primer actor.
Figura 2.
Palabras más reportadas en el análisis en NVivo
Nvivo: Elaboración propia
Identificación problema ¿bullying es lo mismo que burla?
De sexto a once, al preguntarles a los estudiantes qué identifican que sucede, refieren que se trata de un caso de burla o bullying. Pareciera que los estudiantes entienden burla como sinónimo de bullying lo que lleva a pensar que los usos agresivos del humor pueden estar presentes de forma continua y sistemática en los casos de bullying cercanos a los estudiantes. Asimismo, son capaces de identificar los actores presentes en este tipo de casos.
Lo anterior, se observa cuando reportan la existencia de un agresor central, con mayor poder, que se acompaña de sus amigos o pareja, con quienes se burla de una víctima: “Pepito, Ramón, Héctor, Yumlay; Pepito, Ramón y Héctor son amigos y Yumalay es la víctima” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Los que le hacen bullying al niño y el niño al que le hacen bullying” (Estudiantes Bogotá, 2020). Lo que podría indicar que, además de identificar a los actores también son capaces de identificar las relaciones que establecen entre sí los agresores para demarcar niveles de jerarquía social.
Los estudiantes agresores son identificados con propósitos distintos para estar apoyando el bullying. Ya sea por cercanía social con el agresor o, por ejemplo, por percibir que los agresores poseen más estatus como se ve a continuación: “... Pepita es la agresora principal. Brayan apoya a Natalia por ser su pareja. Camilo es otro agresor para ser aceptado en el grupo de ellos...” (Estudiantes Bogotá, 2020). Es así como el tipo de relación identificado por los estudiantes incluye un tipo de vínculo entre los agresores, ya sea de apoyo social o instrumental. Apoyo social ya sea para reafirmar un vínculo personal o instrumental para ser aceptado por el grupo.
De igual manera, en ambas ciudades y sin diferencias de edad, todos los estudiantes identifican que en la situación se busca hacer sentir mal o humillar a una persona en específico: “En esta imagen observamos que a Pedro sus compañeros le dicen cosas ofensivas y les parece gracioso ver cómo su compañera sufre” (Estudiantes Ibagué, 2020). Es así como los estudiantes describen que existe un uso hostil del humor en el que hay algunas personas que encuentran divertido denigrar a otras.
Asimismo, al momento de identificar el problema parece que lo entienden como un fenómeno de discriminación y bullying a través del humor: “3 niños cebolla, 1 niño hongo. 3 niños que se burlan de alguien diferente” (Estudiantes Bogotá, 2020); “Se están burlando y le hacen bullying, lo discriminan” (Estudiantes Ibagué, 2020). En este sentido, parece que los estudiantes identifican el escenario de la burla como bullying, aludiendo a un nivel de similitud entre ambos fenómenos. Hasta aquí se encontró cómo los estudiantes desde grado sexto a once son capaces de identificar los actores involucrados en un episodio de bullying, y lo equiparan como sinónimo de burla. Ahora, estos estudiantes no tienen una relación clara dentro de lo que reportan, no se refieren a sus propias experiencias dentro de las narraciones, sino a la de aquellos que se enmarcan sea como agresor o como víctima, es decir, posiblemente estén en el papel de observadores. En este rol, no parecen ser responsables directamente de lo que ocurre, son más bien un “público silencioso” que observa y evalúa lo que ocurre.
El problema de “ser diferente” y su relación con el humor
Los estudiantes identifican que el humor hostil es una forma de discriminación de un grupo de personas que agreden a otra quien posee características distintas al resto. Es así como se percibe que “ser diferente” es una razón, y en ocasiones, una justificación para burlarse del otro. De esta manera, es el estudiante diferente el que se percibe como excluido, fuera de las expectativas sociales y en el que recae la responsabilidad del humor. Más allá del daño que pueda experimentar. El estudiante agredido entonces, se percibe como responsable y víctima de lo que le ocurre.
Para iniciar, las razones de la burla o el bullying, concepto que los estudiantes usan de forma intercambiable, varían de acuerdo a la edad de los estudiantes, pero se sostienen en la idea de lo problemático que es “ser diferente”. En sexto y séptimo mencionan como razones para ello tener un nombre distinto: “...Sus compañeros se están burlando por el nombre de la niña” (Estudiantes Ibagué, 2020); o por percibirse como insoportables para el resto: “..el bullying se presenta cuando alguien es demasiado insoportable” (Estudiantes Bogotá, 2020); “..porque Camilo no tiene papá” (Estudiantes Ibagué, 2020). Estas características, por ejemplo, convierten a ciertos estudiantes en un blanco para los agresores. Así la responsabilidad recae en el estudiante víctima, al que se le otorgan características relacionadas con su nombre, conformación familiar, o su temperamento, los cuales, no concuerdan con las expectativas sociales del grupo en cuestión. Por ende, estas características identificadas se usan como una especie de radar para usar el humor en contra de ciertos estudiantes por parte de otros, quienes se convierten en perpetradores del castigo “merecido” que conlleva ser diferente.
En octavo las respuestas son más generales y hacen referencia a las características diferentes de unos estudiantes sobre otros. Sin especificar con mucha precisión a qué se refieren cuando hablan de ser diferente: “Que le hacen bullying por ser diferente” (Estudiantes Bogotá, 2020). Sumado esto, los estudiantes reportan que se excluye a alguien por ser diferente, sino que además, es el grupo el que decide no aceptar esta diferencia. Es decir, el proceso de rechazo tanto como de aceptación dentro de un grupo es una elección: “Le hacen bullying por ser diferente a los demás, no lo aceptan como es” (Estudiantes Bogotá, 2020).
En noveno, se refiere que son las características físicas las que llevan a que una estudiante sea rechazada por otros: “A alguien le hacen discriminación por su tipo de pelo” (Estudiantes Ibagué, 2020). En noveno, décimo y once las respuestas arrojadas coinciden con octavo, en que no especifican el tipo de diferencia al que se refieren, pero agregan un componente adicional y son las consecuencias de la burla a nivel psicológico y afectan la salud mental de la víctima: “Lo que está pasando es que se burlan por la diferencia que le ven los tres compañeros y puede llegar a un problema de depresión y suicidio” (Estudiantes Ibagué, 2020); “..Que es diferente y no lo quieren por eso” (Estudiantes Bogotá, 2020); “...es un caso de Bullying y matoneo y exclusión hacia su compañera al punto de hacerla sentir mal, que hace que tenga problemas de autoestima, inseguridad y amor propio” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Gestión de la burla en la escuela
Frente a las formas para resolver o gestionar las agresiones relacionadas con el bullying, los estudiantes de todos los grados señalan la importancia de que los profesores, psicólogos o directivos intervengan siguiendo el conducto regular, dejan por fuera su rol de forma explícita o el de estudiantes pares dentro de esta resolución: “En muchos casos intervienen los docentes, ayudando a solucionar el problema hablando con los directivos y con el compañero atacado para que no lleguen a un problema más fuerte”(Estudiantes Ibagué, 2020); “Son los profesores los que intervienen” (Estudiantes Bogotá, 2020); “Intervienen los profesores para arreglar el problema y si no se da una solución se lleva a otras personas profesionales para arreglar el problema puede ser la psicóloga o el rector del colegio” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Así mismo, sugieren que, las formas de intervenir dentro de este tipo de situaciones no deberían dejarse en el conducto actual, sino que tendrían que incluir otras estrategias como la reflexión sobre lo ocurrido, acudir a las familias de los agresores, o sanciones de varios días: “Lo mejor es citar al acudiente para que hablen con sus hijos” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Llamar a los padres, avisar a los profesores, sanción de tres días y charla con el psicólogo” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Llamar a los padres de los abusadores”; “deberían hacer charlas para concientizar a los estudiantes de la situación tan grave que puede haber..” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Adicionalmente, solo los estudiantes de décimo y once refieren la importancia de que “si los docentes se enfocan más en el bullying ellos mismos podrían tener más seguridad para intervenir con los atacantes y preguntar qué es lo divertido de hacer sentir mal al otro”; “Los padres, profesores y otros estudiantes que sean buenos” (Estudiantes Ibagué, 2020). Esto evidencia una diferencia relevante, ya que entre más jóvenes parecen ser los estudiantes poseen una percepción menor de tener la capacidad para cambiar o mejorar la situación por sí solos. Lo que va cambiando a medida que crecen e incluso sugieren la participación de pares dentro de los episodios de agresión como se vio.
Es así como la diferencia parece volver más vulnerable a ciertos estudiantes que otros. Ya sea por características físicas, identitarias o psicológicas que no se ajustan a las expectativas del grupo normativo y se utilizan como justificación para utilizar el humor hostil. Este termina siendo una forma de comunicar y expresar rechazo, pero también, un ajuste social hacia lo normativo reafirma jerarquías y, podría disminuir la confianza porque le comunica a los estudiantes que no pueden “ser aceptados por quienes son”.
Discusión y conclusiones
Este estudio tuvo como objetivo evaluar los usos del humor hostil en dos instituciones públicas colombianas. Independientemente de la ciudad o la edad, los estudiantes reportaron que el humor hostil, en especial la burla, era usado por unos estudiantes con más poder contra otros considerados diferentes según las expectativas sociales. Varios estudiantes asociaron de forma natural una situación de burla con el matoneo escolar, lo cual sugiere, que es común que la burla se de en un contexto de matoneo y que no se limita a un episodio aislado.
Los resultados sugieren que el humor hostil es una herramienta que unos alumnos utilizan contra otros para controlar su comportamiento y hacerlo más acorde con las normas y expectativas, como Horowitz et al. (2004) señala. Los estudiantes reportaron explícitamente que la burla era usada contra aquellos estudiantes que son percibidos como diferentes, como Horowitz et al. (2004) y Sweeting y West (2001) mencionan. Aunque los estudiantes mencionaron algunas características como el nombre, la personalidad o la familia como diferencias que llevan a la burla, principalmente hubo ambigüedad en cuáles son estas características. Futuros estudios pueden profundizar en estos aspectos. La principal función reportada fue la de poder, según las categorías de Strong (2013). El humor hostil es usado principalmente por estudiantes con más poder o status que quieren marginar a otros y mantener las jerarquías sociales, lo cual concuerda, con que sea usado principalmente dentro de patrones de matoneo escolar. El humor hostil en los escenarios escolares reafirma jerarquías, fomenta la discriminación y disminuye la confianza de percibir que se tiene la posibilidad de intervenir a menos de que sea profesor o directivo de la institución.
Frente al uso del humor hostil, en especial la burla, se pueden encontrar semejanzas y diferencias teniendo en cuenta la variación de los grados escolares y las etapas de desarrollo de los estudiantes. En el caso de los estudiantes de sexto y séptimo, se puede evidenciar que no hay una claridad concreta sobre el término burla o bullying ya que lo utilizan de forma intercambiable. Así mismo, el causante de la burla puede deberse a aspectos identitarios como puede ser el nombre, núcleo familiar, o temperamento que no van acorde a las expectativas del grupo. Aspecto que se puede relacionar con lo planteado por Horowitz et al. (2004) o Sweeting y West (2001), coincidiendo que son estos elementos los que ponen a los estudiantes en riesgo de recibir burla o bullying.
En el caso de octavo, el eje principal para la presencia del humor hostil radica en las características diferentes de unos estudiantes sobre otros, y en la exclusión de otro por ser diferente tratándose de un rechazo voluntario y selectivo por parte del grupo. Tal como plantean Strong (2013), Odenbring y Johansson (2021) en la utilización del humor como poder para disminuir y marginar a alguien, o para construir jerarquías entre diferentes grupos.
En noveno, se puede notar que el eje para ejercer burla hacia alguien está determinado por las características físicas que además impulsan al rechazo de la persona. Diferente a lo encontrado en los grados décimo y once, donde se puede ver coincidencia en las respuestas con octavo y noveno, pero se agrega el componente de las consecuencias psicológicas y de salud mental al ser expuestos a la burla. Hallazgo que puede relacionarse con lo descrito por Di Cioccio (2001) ya que se impulsa la motivación agresiva como objetivo para disminuir la confianza en sí mismo, dañar la propia imagen, molestar, avergonzar y herir a los demás.
Este es uno de los primeros estudios que evalúa cómo los alumnos suelen abordar las situaciones de humor hostil. Al respecto, los estudiantes en general mostraron una falta de empoderamiento o capacidad para abordar estas situaciones. Ellos mencionan que son los adultos figuras de autoridad (profesores y psicólogos) los que suelen abordar estas situaciones. No obstante, principalmente en grados mayores, los estudiantes mostraron consciencia sobre las consecuencias psicológicas y la capacidad de que ellos puedan intervenir. Los estudiantes pueden razonar que el ser diferente no es un motivo para aceptar las intimidaciones y las burlas; por lo que es importante trabajar en intervenciones que integren a los estudiantes en el abordaje de la burla.
El presente estudio tuvo algunas limitaciones en los resultados que dificultan la interpretación de los resultados. El instrumento y la metodología fueron bastante estructurados, por lo que no se profundizó en aspectos de las respuestas de los estudiantes; por ejemplo, cuáles son las características consideradas “diferentes” que llevan a la burla. Futuros estudios pueden usar entrevistas semi-estructuradas o grupos focales para profundizar. A pesar de que hay una clara relación entre burla y matoneo escolar, el instrumento no permitió evaluar directamente qué tanto la burla hace parte del matoneo escolar, y evaluar otros usos del humor hostil. Futuros estudios pueden usar diferentes imágenes o situaciones en las que los personajes tengan cierto estatus o relación (por ejemplo, que sean amigos de la víctima de la burla).
Esto, relacionado también con el papel que juegan los estudiantes al presenciar burlas o bullying en contra de sus compañeros y permanecer como espectadores y no agentes de intervención. Si bien culturalmente se promueve el vivir de forma pacífica y en paz al no involucrarse en conflictos externos, esta indiferencia tiende a reforzar el papel de los agresores; así mismo, está determinada por lo que se ha llamado “la cultura del silencio”, para evitar caer en el señalamiento de soplón. Sin embargo, la indiferencia inmoviliza, aliena y deshumaniza a la persona (Carozo, 2015). Por este motivo, resulta importante que futuros estudios tengan en consideración el papel que juegan los espectadores al no intervenir en situaciones de burla o bullying en contra de sus compañeros; teniendo en cuenta el porqué de su papel y qué implicaciones tiene este en las relaciones interpersonales dentro de la convivencia escolar.
Los hallazgos de este estudio contribuyen en el diseño de programas o estrategias de intervención para la reducción de la violencia escolar, al igual que otros estudios muestran que la burla o el humor hostil son precursores de formas de agresión más intensas como el matoneo escolar (Johannessen, 2021; Macklem, 2003; Vessey et al., 2003); por lo cual, es necesario intervenir o trabajar sobre la burla y el humor hostil y no pasarlos por inofensivos. Las intervenciones para abordar el humor hostil deben comenzar con una evaluación de cómo este es usado en el contexto; por ejemplo, pueden invitar a los estudiantes a reflexionar y discutir sobre los desencadenantes y el abordaje escolar de la burla (Ramírez et al., 2022).
Toda situación de humor hostil debe ser abordada como un conflicto que afecta la convivencia escolar pacífica, por lo que sus intervenciones deben ser desde diferentes niveles y fomentando diversas habilidades como la gestión emocional, la toma de perspectiva, el cuestionamiento de creencias, la asertividad y la resolución de conflictos (Urbano et al., 2021). El abordaje de la burla comienza con enseñar a las personas cuando una burla hace parte del matoneo y qué respuestas se pueden dar para neutralizar (Macklem, 2003; Scarpaci, 2006). Además, entrenar a los observadores para que detengan o desincentiven la burla puede ser una buena estrategia (Midgett et al., 2017; Padgett y Notar, 2013; Salmivalli, 2014), e implementar estrategias de mediación entre pares (Urbano et al., 2021).
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La presente investigación buscó establecer la relación existente entre las características de internalización (ansiedad, depresión, ansiedad social, quejas somáticas, sintomatología postraumática y obsesión-compulsión), externalización (problemas de atención, hiperactividad-impulsividad, problemas de control de la ira, agresión, conducta desafiante, problemas de conducta y conducta antisocial de los individuos) y la desesperanza, donde la etapa de la adolescencia constituye una serie de cambios esenciales entre la culminación de la niñez para empezar la adultez, se determina por transformaciones en ámbitos biológicos, psicológicos y conductuales; estas se deben considerar como una edad crítica, puesto que dichos cambios afectan la vida personal y social, además, que dependen de las experiencias adquiridas en la infancia y de las circunstancias que los rodea en el momento (Almonte et al., 2003).
Este período de transición puede tener cambios tan abruptos en cuanto al desarrollo del individuo, genera diversos problemas dado que, si no existe una buena maduración mental, afectiva y emocional, se presentan dificultades en la adaptación de la persona, lo que puede terminar en rechazo a la autoridad parental, problemas sociales y académicos, problemas depresivos, e incluso conductas suicidas. Por la inhabilidad de enfrentar los cambios psicosociales que ocurren durante este período, como resultado de este desequilibrio, se encuentra que en gran parte de los adolescentes, estas conductas desadaptativas e incluso autodestructivas, son usadas como mecanismos de respuesta frente a la no adaptación del cambio (Berger, 2007).
Es así como se debe realizar una correlación con aspectos importantes con los que el individuo se vea permeado, como lo serían su ámbito familiar y el apoyo de los padres, la escuela y la comunidad en general en la que el joven se desenvuelva y, de esta manera, se podrá analizar de manera positiva o negativa el desarrollo del mismo. Si el desarrollo es positivo, tienden a ser personas con características y rasgos específicos en conjunto con el desarrollo afectivo en su ambiente; sin embargo, si es contrario su desarrollo, es decir, de manera negativa, su bienestar físico y mental se verá involucrado y tenderán a un desequilibrio en ambos aspectos de su vida, los cuales pueden desencadenar complicaciones como homicidios, suicidios o accidentes generalizados (Berger, 2007).
Cuando se habla de conductas internalizantes y externalizantes, se habla de aquellos problemas psicopatológicos que afectan la funcionalidad del individuo. Los problemas de internalización incluyen aquellas alteraciones de tipo emocional propias de los trastornos de ansiedad y depresión y, los problemas externalizantes incluyen problemas relacionados con comportamientos disruptivos, que suelen provocar conflictos en la interacción del individuo con su entorno, desatando problemas a nivel conductual y comportamental, que pueden desencadenar en trastornos de conducta y problemas de personalidad (Alarcón y Bárrig, 2015).
Para hablar de los trastornos mentales se debe mencionar que existe una manifestación distinta de cada uno de ellos, pero que en general es una combinación de alteraciones de pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás, que pueden llevar a un desajuste psíquico y que puede generar desesperanza en el individuo, ya que esta tiene una estrecha relación con la emoción y el comportamiento, debido a que las manifestaciones de rabia, tristeza, angustia, implican que hay aspectos desestabilizantes en el individuo y que pueden terminar desencadenando conductas negativas (Beck et al.,1974).
La desesperanza es esa atribución que hace el ser humano de manera negativa sobre causas, consecuencias e implicaciones de sucesos vitales negativos, por lo que se considera que la desesperanza es un factor de vulnerabilidad para los pensamientos suicidas; es como el primer paso para llegar a generar conductas negativas, debido a que las atribuciones que se hacen de los sucesos son negativos y por fallas de sí mismo; a menudo hay interpretaciones fatalistas y pensamientos de que nada de lo que está ocurriendo tiene solución y seguirá pasando en el futuro (Calvete et al., 2008).
Metodología
Tipo de investigación
Es una investigación cuantitativa no experimental, por lo tanto, no se busca manipular la naturaleza de las variables, sino que se observa el fenómeno tal y como se da en el contexto natural (Hernández et al., 2014).
Diseño
Con un diseño transeccional -correlacional, lo que indica que es una medida tomada en un solo momento donde se busca describir la relación directa entre más de una variable establecida en dicha investigación, en este caso se busca correlacionar las variables de desesperanza, internalización y externalización y determinar si existe o no una relación entre las mismas (Hernández et al., 2014).
Población y muestra
Adolescentes de 17 y 18 años de instituciones de educación media, tecnológica y universitaria de Armenia Quindío, bajo confiabilidad del 95% y error máximo permisible del 10%; la muestra estuvo conformada por 76 adolescentes.
Aspectos ético legales
Esta investigación se encontró enmarcada desde diferentes leyes que rigen el quehacer psicológico y profesional y propenden por el bienestar integral de los individuos, y así mismo se tuvo un consentimiento y un asentimiento que debía estar diligenciado por los padres de los menores de edad y el asentimiento que debía ser firmado por los participantes.
Instrumentos
Los datos se recolectaron mediante dos instrumentos: la Escala de Desesperanza de Beck. Cuestionario autoaplicado, creado y estructurado por Beck et al. (1974); posteriormente, adaptada por los españoles. Tiene 20 ítems, el tiempo de aplicación oscila entre 5 a 10 minutos. Fue implementado para personas entre 17 y 80 años de edad. Esta escala tiene como objetivo evaluar, desde un punto de vista subjetivo, las expectativas negativas que una persona tiene sobre su futuro y su bienestar (en qué medida es pesimista un individuo), así como su habilidad para salvar las dificultades y conseguir el éxito en su vida (Beck et al., 1974).
Asimismo, la prueba establece unos niveles de riesgo, los indicadores de evaluación están expuestos de manera que la escala arroja datos específicos para la identificación del nivel que la persona puede padecer bajo la premisa del suicidio, como puede verse en la Tabla 1.
Tabla 1
Niveles de riesgo
|
Riesgo |
Puntaje |
|
|
Bajo (0-8) |
Ninguno o mínimo |
0-3 |
|
Leve |
4-8 |
|
|
Alto (9-20) |
Moderado |
9-14 |
|
Alto |
15-20 |
|
|
Fuente: elaboración propia. |
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Por otro lado, se utilizó el Sistema de Evaluación de Niños y Adolescentes SENA, construido por Fernández-Pinto, et al. (2015), el cual permite la recolección de información desde diferentes ámbitos, personal, familiar y escolar; se encuentra constituido por nueve cuestionarios los cuales están divididos en: cuestionario Infantil de 3 a 6 años, Primaria de 6 a 12 años y Secundaria de 12 a 18 años. Cada cuestionario consta de un número de ítems; en el caso del autoinforme se encuentra que las preguntas oscilan entre 77 y 188 preguntas; en el de padres, el número total de ítems está entre 122 y 141; y, el de docentes, entre 129 y 154 preguntas. El cuestionario SENA permite valorar, desde diferentes perspectivas, las conductas del evaluado; por su enfoque multidimensional se logra la evaluación de un amplio conjunto de conductas mediante las escalas de problemas, de vulnerabilidad y de recursos personales.
La escala de problemas es el cuerpo central de la prueba SENA, allí se evalúan problemas psicológicos que alteran el funcionamiento integral del individuo y las posibles dificultades de adaptación en uno o varios de sus entornos principales de desarrollo. La escala de problemas se divide en conductas de tipo Internalizante, donde se evalúan la Depresión (DEP), Ansiedad (ANS), Ansiedad Social (ASC), Quejas somáticas (SOM), Sintomatología postraumática (PST) y Obsesión-compulsión (OBS) y, conductas de tipo Externalizante, donde se evalúa Inatención (ATE), Hiperactividad-impulsividad (HIP), Problemas de control de la ira (IRA), Agresión (AGR), Conducta desafiante DES) y Conducta antisocial (ANT).
Dentro de la escala de vulnerabilidad se evalúan aquellas características que pueden favorecer la aparición de algunos trastornos empeorando el pronóstico y, por último, se habla de la escala de recursos psicológicos o personales, escala que permite identificar los puntos fuertes y positivos con los que cuenta el individuo. Adicionalmente, cuenta con una escala de control que ayuda al profesional a determinar si las respuestas son fiables y válidas o, si por el contrario, la información está distorsionada o carece de veracidad
Procesamiento de datos
Se utilizó estadística descriptiva de medidas mínimas, máximas, medias y desviación estándar para cada una de las variables buscando analizar el rendimiento general de los participantes en las características de internalización, externalización y desesperanza; fortuitamente se utilizó la medida de dispersión y el método de correlación de Pearson por medio del programa estadístico STATGRAPHICS, con el fin de determinar si existía una relación entre las variables trabajadas y dar respuesta a la pregunta de investigación.
Resultados
Dando respuesta a los objetivos planteados en la investigación, se muestran a continuación los resultados obtenidos por medio de los instrumentos. Mediante el instrumento SENA se logró recolectar información de tres tipos de fuente: autoinforme, escuela y familia, lo que permitió contrastar las variables propuestas en un inicio (Internalización y Externalización) desde diferentes perspectivas. Adicional a esto, se muestran los resultados obtenidos de la prueba de Desesperanza de Beck. Finalmente, se exponen las correlaciones entre ambas variable. Dentro del análisis de resultados también se logró determinar los índices globales que permiten resumir en una única puntuación el nivel de problemas que puede estar enfrentando un individuo; de igual forma, se muestran los factores de riesgo más persistentes desde las tres miradas: padre, docente y adolescente.
La Tabla 2 muestra la distribución de los participantes considerando las variables sexo y edad conjuntamente, el siguiente estudio contó con una muestra poblacional de 76 sujetos de diferentes instituciones de la ciudad de Armenia, distribuidos en edades de 17 y 18 de los cuales 52 son mujeres y 24 son varones; en la distribución de edades se encuentra que 46 corresponden a la edad de 17 años y 30 a la edad de 18 años.
Tabla 2
Datos sociodemográficos
|
Característica |
Frecuencia |
|
|
Edad |
17 |
46 |
|
|
|
|
|
Género |
|
|
|
Varón |
24 |
|
|
|
|
|
|
Fuente: elaboración propia |
||
En cuanto a la Desesperanza, se conformaron cuatro grupos de riesgo: Ninguno/mínimo, Leve, Moderado y Alto. De acuerdo con esto, se encontró que el 71,05% de los sujetos se ubicó en un rango de 0-3 lo que significa que no hay presencia de riesgo, el 27,63% en un rango de 4-8 con riesgo leve y, por último, el 1,32% de los evaluados se ubicó en un nivel de riesgo moderado. Esta información permite determinar que gran parte de la población presenta un riesgo mínimo, por lo tanto, no presenta expectativas negativas sobre el futuro y su bienestar. Por otro lado, se logró establecer que 22 de los evaluados pueden estar presentando características de embotamiento emocional y un autoconcepto negativo (rangos de 4-8 y de 9-14), lo que genera en el individuo una falla en la integración de las experiencias exitosas. En la Tabla 3 se muestra la distribución de frecuencias del nivel de desesperanza.
Tabla 3
Distribución de frecuencias del nivel de desesperanza
|
Rango |
Frecuencia |
% |
Riesgo |
|
0 – 3 |
54 |
71,05 |
Ninguno/mínimo |
|
4 – 8 |
21 |
27,63 |
Leve |
|
9 – 14 |
1 |
1,32 |
Moderado |
|
15– 20 |
0 |
0,00 |
Alto |
|
Total |
76 |
100 |
|
|
Fuente: elaboración propia |
|||
Por otro lado, en la Tabla 4 se muestran los resultados obtenidos en los índices globales del autoinforme, logrando así resumir el nivel de problemas que presenta la persona evaluada. Los valores que se ubican en el nivel descriptivo por debajo de 39 puntos se entienden como posibles dificultades en el desarrollo de la habilidad, en este caso, el 6,58% de los adolescentes evaluados presentó deficiencia en el desarrollo de habilidades emocionales, puesto que no lograban gestionar sus emociones de manera positiva, el 9,21% tuvo problemas en el desarrollo de la conducta, el 6,58% en funciones ejecutivas, lo que implica deficiencia a la hora de regular el propio comportamiento. Del mismo modo, se observó que el 18,42% de los evaluados presentó puntuaciones por debajo de 39 en relación con problemas contextuales lo que indica que la persona evaluada se sentía respaldada y apoyada por su entorno familiar. Finalmente, en cuanto al autoinforme se encontró que, en relación al manejo de recursos personales, el 14,47% de los evaluados presentó menores grados de fortaleza ante las dificultades, baja inteligencia emocional y mayor tendencia a presentar problemas de tipo emocional y comportamental.
Tabla 4
Distribución de frecuencias índices globales autoinforme
|
Autoinforme |
||||||||||
|
Puntaje T |
Emo |
% |
Con |
% |
Eje |
% |
Ctx |
% |
Rec |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||
|
39 |
5 |
6,58 |
7 |
9,21 |
5 |
6,58 |
14 |
18,42 |
11 |
14,47 |
|
40-59 |
52 |
68,42 |
57 |
75 |
56 |
73,68 |
53 |
69,74 |
54 |
71,05 |
|
60-69 |
8 |
10,53 |
7 |
9,21 |
8 |
10,53 |
7 |
9,21 |
11 |
14,47 |
|
70-79 |
10 |
13,16 |
5 |
6,58 |
6 |
7,89 |
2 |
2,63 |
0 |
0,0 |
|
80-110 |
1 |
1,32 |
0 |
0,0 |
1 |
1,32 |
0 |
0,0 |
0 |
0,0 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
|||||
|
Fuente: elaboración propia |
||||||||||
Además, se encontró que gran parte de los adolescentes evaluados están dentro de lo normativo y esperado para la edad, puntaje T (40-59), lo que indica que el 68,42% de los evaluados reconocen y logran gestionar de manera positiva sus emociones, el 75% no presentan problemas relacionados con la conducta, el 73,68% tienen mayor manejo en el control y regulación de las respuestas emocionales, mayor flexibilidad cognitiva, lo que le permite tener mejor capacidad para actuar de manera eficaz y buscar alternativas adaptadas a la necesidad de cada momento, tienen la capacidad para dirigir su atención y gran capacidad para planificar. El 69,74% presentó un buen ajuste y adaptación al contexto y el 71,05% tiende a tener una valoración positiva de sí mismo y un buen ajuste personal. Cabe resaltar que la gran mayoría de los adolescentes evaluados no presentan algún tipo de riesgo inminente en estas variables.
Ahora bien, luego de analizar los puntajes bajos y aquellos que se encontraron dentro de la media, es importante mencionar y hablar de los puntajes que estuvieron una o más desviaciones típicas por encima de la media (puntuación T de 60- 110), lo que muestra un alto nivel de preocupación, dado que está manifestando un amplio rango de problemas o dificultades que se traducen en posibles patologías. Para el caso se encontró que el 25,01% de la población evaluada presentaba sintomatología ansioso-depresiva, posiblemente acompañada de un afecto negativo o un estado anímico disfórico; por otro lado, el 15,79% de los adolescentes presentó problemas de comportamiento disruptivo, lo que provoca dificultades en el manejo de las relaciones interpersonales; el 19,74% presentó dificultades relacionadas con varios componentes de las funciones ejecutivas, entre las cuales pueden encontrarse problemas para controlar y dirigir la atención, dificultades para controlar su comportamiento e inhibir respuestas lo que se traduce en impulsividad, dificultades para adaptar el comportamiento a diferentes contextos, generando así mayor rigidez e inhibición de respuestas automáticas y mayor dificultad en la regulación de los estados emocionales.
En cuanto a los índices de problemas contextuales, se encontró que el 11,84% de los adolescentes presentaba un alto grado de desajuste y desadaptación del contexto, es decir, probablemente el adolescente observaba su contexto familiar y escolar como una fuente de tensión e incomprensión por lo que no evidenciaba un apoyo, sino que veía su entorno mucho más hostil. Por último, se encontró que el 14,47% de los adolescentes presentaba un buen nivel de adaptación personal y social, es decir, manejaba un buen nivel de autoestima, satisfacción consigo mismo y valoración positiva de su vida, logrando relacionarse eficazmente con los demás.
A continuación, se muestra la distribución de frecuencias de las variables de internalización y externalización desde la perspectiva del adolescente. En relación a los problemas internalizantes, la Tabla 5 muestra que la mayoría de la población estaba dentro del rango esperado (40-59) puntaje T, lo que significa que no hay presencia de sintomatología patológica, que altere el comportamiento del individuo y sus esferas del funcionamiento.
Tabla 5
Distribución de frecuencias de nivel de internalización autoinforme
|
Internalización |
||||||||||||
|
Puntaje T |
Dep |
% |
Ans |
% |
Asc |
% |
Som |
% |
Pst |
% |
Obs |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||||
|
39 |
8 |
10,53 |
16 |
21,05 |
10 |
13,16 |
10 |
13,16 |
3 |
3,95 |
2 |
2,63 |
|
40-59 |
48 |
63,16 |
41 |
53,95 |
55 |
72,37 |
48 |
63,16 |
48 |
63,16 |
48 |
63,16 |
|
60-69 |
15 |
19,74 |
13 |
17,11 |
6 |
7,89 |
7 |
9,21 |
14 |
18,42 |
20 |
26,32 |
|
70-79 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
3 |
3,95 |
5 |
6,58 |
9 |
11,84 |
1 |
1,32 |
|
80-110 |
3 |
3,95 |
0 |
0 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
2 |
2,63 |
5 |
6,58 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
||||||
|
Fuente: elboración propia. |
||||||||||||
Por otro lado, en cuanto a los valores superiores a 59 puntaciones T, en este caso (60-110) se encontró que los adolescentes podrían estar presentando problemas sintomatológicos cercanos a una patología, en cuanto a la escala de Depresión (DEP) se obtuvo un porcentaje del 26,32%, esta escala indica la presencia de manifestaciones de tipo depresivo expresadas mediante un estado de tristeza, o irritabilidad, la falta de placer o disfrute de actividades cotidianas, sentimientos de inutilidad, culpa o desesperanza y en los casos más graves presencia de pensamientos relacionados con la muerte y el suicidio e incluso trastornos psicóticos. Para la escala de Ansiedad (ANS) se encontró un porcentaje del 25% lo que indica posibles manifestaciones de tipo ansioso, preocupaciones recurrentes y manifestaciones fisiológicas severas en los adolescentes con posibles dolores musculares, dificultades para dormir y descansar, sudoración excesiva, sensación de ahogo e incluso molestias intestinales; para la escala de Ansiedad social (ASC) se encontró que el 14,47% de los evaluados presentaba manifestaciones ansiosas ligadas a situaciones sociales e interpersonales expresadas en incomodidad, nerviosismo, inseguridad, tensión e incluso activación fisiológica, generando que el adolescente se exponga o interaccione con el otro.
Otro factor importante en cuanto a los problemas internalizantes es la escala de Quejas somáticas (SOM), donde se evidenció que el 26,68% se encontraban presentando molestias o síntomas físicos como posibles dolores de cabeza, mareos o cansancio, relacionado con posibles alteraciones emocionales; en relación a la sintomatología postraumática se encontró un porcentaje del 32,89% de la población evaluada, lo que indica posible presencia de altos índices de estrés, percepción de peligro, estado de alerta e incluso síntomas disociativos desrealización y despersonalización. Por último, dentro de los problemas internalizantes se encontró la escala de obsesión- compulsión; en relación a esta se pudo establecer que el 34,22% presentaba un riesgo elevado para la presencia de un trastorno obsesivo compulsivo.
En cuanto a las escalas de problemas exteriorizados (Tabla 6), se evidenció que la mayoría de los adolescentes evaluados estaban dentro de un rango, pero existe un pequeño porcentaje de la población que se encontró en condiciones de riesgo, por lo tanto, se hace un mayor énfasis en la descripción estadística; para el caso se tiene que en la escala de Problemas de atención (ATE) el 11,84% de los evaluados presentaron dificultades para mantener, regular y dirigir su atención; en la escala de Hiperactividad-impulsividad), el 18,42% de los adolescentes presentaron posibles problemas de actividad motriz excesiva, problemas en la inhibición de la conducta y de adaptación al contexto. En cuanto a los Problemas de control de ira (IRA) el 21,04% de los adolescentes, en algún momento de su vida, pudo experimentar frecuentes explosiones de ira manifiestas en gritos, enfados, golpes y bajo control emocional; componente que se encuentra acompañado de la escala de Agresión, donde el 19,74% de la población manifestó presencia de posibles conductas de agresión grave a otras personas, problemas de baja empatía y crueldad hacia los demás. Finalmente, se encontró que en relación a las escalas de Conducta desafiante y Conducta antisocial se obtuvo un porcentaje de 3,95% y 13,15% respectivamente, lo que se traduce en problemas que indican posible presencia de comportamiento desafiante y desobediente con padres, profesores o adultos, que va en contra de la norma y que puede terminar en actos vandálicos y delictivos e incluso en autoagresión, dado que no inhiben comportamientos ni miden riesgos.
Tabla 6
Distribución de frecuencias de nivel de externalización autoinforme
|
Externalización |
||||||||||||
|
Puntaje T |
Ate |
% |
Hip |
% |
Ira |
% |
Agr |
% |
Des |
% |
Ant |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||||
|
39 |
9 |
11,84 |
2 |
2,63 |
8 |
10,53 |
0 |
0 |
4 |
5,26 |
0 |
0 |
|
40-59 |
58 |
76,32 |
60 |
78,95 |
52 |
68,42 |
61 |
80,26 |
69 |
90,79 |
66 |
86,84 |
|
60-69 |
7 |
9,21 |
12 |
15,79 |
6 |
7,89 |
10 |
13,16 |
2 |
2,63 |
4 |
5,26 |
|
70-79 |
2 |
2,63 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
5 |
6,58 |
1 |
1,32 |
4 |
5,26 |
|
80-110 |
0 |
0 |
0 |
0 |
4 |
5,26 |
0 |
0 |
0 |
0 |
2 |
2,63 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
||||||
|
Fuente: elaboración propia. |
||||||||||||
En cuanto a la aplicación de la prueba SENA, no solo se logró establecer la relación existente entre las variables de internalización y externalización, sino que también se logró observar algunos factores de riesgo a los que posiblemente se veían expuestos los adolescentes y, que muchas veces no eran visibles para el núcleo social que los rodeaba; si bien es cierto, la gran mayoría de los resultados se encontraron dentro de la media, no deja de ser menos importante ahondar en aquellos que no superaron la media establecida o, que por el contrario, sobrepasaron el rango esperado. En la Tabla 7 se logró evidenciar desde la percepción del adolescente los riesgos a los que este se veía expuesto. De acuerdo a los ítems críticos arrojados por el autoinforme se encuentra que existe un alto porcentaje en relación a sensación de peligro y alerta (28,88%), alteraciones del pensamiento y la percepción (28,88%) y falta de apoyo social (22,04%), seguido de indicadores inespecíficos de problemas (15,2%) y riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria (12,92%), factores de riesgo que se contrastan con las posibles conductas internalizantes y externalizantes experimentada por los adolescentes.
Tabla 7
Ítems críticos identificados en auto informe
|
No. |
Ítems críticos identificados en auto informe |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Riesgo de autolesión |
20 |
15,2 |
|
2 |
Estresores traumáticos |
17 |
12,92 |
|
3 |
Sensación de peligro y alerta |
38 |
28,88 |
|
4 |
Petición de ayuda |
14 |
10,64 |
|
5 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
9 |
6,84 |
|
6 |
Riesgo de conducta antisocial |
22 |
16,72 |
|
7 |
Abuso de sustancias |
13 |
9,88 |
|
8 |
Alteraciones del pensamiento o la percepción |
38 |
28,88 |
|
9 |
Sensación de pérdida de control |
15 |
11,4 |
|
10 |
Riesgo en el entorno familiar |
20 |
15,2 |
|
11 |
Riesgo de acoso escolar |
10 |
7,6 |
|
12 |
Falta de apoyo social |
29 |
22,04 |
|
13 |
Riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria |
17 |
12,92 |
|
14 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
20 |
15,2 |
|
15 |
Sentimientos de culpa |
10 |
7,6 |
|
16 |
Sin alerta |
16 |
12,16 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Con relación a la escuela, se observó dentro de los ítems críticos que el 29,64% corresponde a falta de apoyo, el 16,72% corresponde a riesgo de conducta antisocial, factor externalizante que en la mayoría de los casos es percibido por el exterior y no por el mismo individuo, información que se evidencia en la Tabla 8.
Tabla 8
Ítems críticos identificados por la escuela
|
No. |
Factores de riesgo identificados en escuela |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Comportamiento inusual |
10 |
7,6 |
|
2 |
Falta de apoyo social |
39 |
29,64 |
|
3 |
Riesgo de autolesión |
10 |
7,6 |
|
4 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
12 |
9,12 |
|
5 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
4 |
3,04 |
|
6 |
Riesgo de conducta antisocial |
22 |
16,72 |
|
7 |
Riesgo de acoso escolar |
7 |
5,32 |
|
16 |
Sin alerta |
23 |
17,48 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Adicionalmente, en la Tabla 9 se encuentran los ítems críticos evidenciados por los cuidadores del adolescente; en este caso se evidencia que el 36,48% equivale a falta de apoyo, el 19% riesgo de conducta antisocial, seguido del 15,2% riesgo de autolesión y 14,44% riesgo de agresión o daño a otros, cabe resaltar que al igual que el docente, la familia observa con mucha más frecuencia aquellas conductas de carácter externalizante.
Tabla 9
Ítems críticos identificados por la familia
|
No. |
Factores de riesgo identificados en familia |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Acoso escolar |
13 |
9,88 |
|
2 |
Abuso de sustancias |
15 |
11,4 |
|
3 |
Falta de apoyo social |
48 |
36,48 |
|
4 |
Comportamiento inusual |
11 |
8,36 |
|
5 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
19 |
14,44 |
|
6 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
7 |
5,32 |
|
7 |
Riesgo de conducta antisocial |
25 |
19 |
|
8 |
Riesgo de autolesión |
20 |
15,2 |
|
9 |
Riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria |
9 |
6,84 |
|
10 |
Sin alerta |
10 |
7,6 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Igualmente, de acuerdo a los índices globales y las variables de internalización y externalización en relación con la escuela y la familia se logró establecer la existencia de un efecto altamente significativo entre lo que ve el docente, el padre de familia y el adolescente. En cuanto a los índices globales se encontró un efecto altamente significativo en relación a los recursos personales, con un valor P (0,0051**) lo que se traduce en una alta apreciación de la escuela frente a los recursos que posee el adolescente para enfrentar situaciones adversas, la escuela sí observa el actuar del individuo y qué tanta capacidad tiene para generar estrategias, a diferencia de la familia y el adolescente que no perciben dicha capacidad, por lo tanto son significativamente iguales.
En relación a las variables de externalización se observa un efecto significativo entre las escalas de conducta desafiante (0,0130*) y conducta antisocial (0.0205*) lo que significa que el adolescente no se percibe como una persona agresiva, con un comportamiento de desafío y oposición a la norma frente a las figuras de autoridad, pero los docentes y su familia si logran identificar el actuar del evaluado, información que se contrasta con los resultados arrojados de los ítems críticos. Estos datos se resumen en la Tabla 10.
Tabla 10
Efecto estadísticamente significativo, en relación a escuela y familia.
|
Variable |
Valor p |
|
índices globales |
|
|
Emoción |
0.7091 |
|
Conducta |
0.1090 |
|
Funciones ejecutivas |
0.9234 |
|
Recursos personales |
0.0051** |
|
Variable Internalización |
|
|
Depresión |
0.2139 |
|
Ansiedad |
0.1624 |
|
Ansiedad social |
0.2550 |
|
Quejas somáticas |
0.9792 |
|
Variable Externalización |
|
|
Atención |
0.3130 |
|
Hiperactividad |
0.2996 |
|
Ira |
0.7312 |
|
Agresión |
0.3129 |
|
Conducta desafiante |
0.0130* |
|
Conducta Antisocial |
0.0205* |
|
Fuente: elaboración propia. |
|
*Efecto significativo **Efecto altamente significativo
Desde la correlación de los dos instrumentos, y de acuerdo con los datos obtenidos, se observa en la Tabla 11 que la desesperanza, si bien es cierto no presenta un valor de correlación alto, presenta un valor (p) que indica que hay presencia de una relación entre variables, bajo una confiabilidad del 95%. En relación a las variables de internalización se encuentra que existe una correlación positiva; en relación a la escala de depresión se encuentra una correlación del 0.4314**, lo que indica que a mayor número de problemas emocionales, mayores índices de desesperanza; en relación a la variable de Ansiedad y Quejas somáticas se encontró una correlación del 0.4536**, por lo tanto, se logra evidenciar que al presentar una puntuación elevada a nivel de problemas emocionales, problemas de ansiedad y somatización se traduce en altos grados negativos, y hace vulnerable al adolescente, lo que implica que su desesperanza va a aumentar y va a generar más conductas de riesgo. Así mismo, se encuentra que cuando se tienen puntuaciones elevadas en las funciones ejecutivas se generan dificultades para controlar su comportamiento e inhibir respuestas inadecuadas o ineficaces, lo cual genera un incremento en la desesperanza; a su vez, se genera en el individuo insatisfacción frente a la vida, por lo que es posible que no logre inhibir intentos frente a conductas autolesivas, ni planificar soluciones a eventos estresores. Es decir, que de acuerdo a cómo sienta, piense y actúe el adolescente se puede generar un aumento o un incremento de la desesperanza.
Tabla 11
Correlación desesperanza- internalización
|
DEP |
ANS |
ASC |
SOM |
||
|
Desesperanza |
Correlación |
0,4314** |
0,4536** |
0,2138 |
0,2448* |
|
Sujetos |
76 |
76 |
76 |
76 |
|
|
Valor P |
0,0002 |
0,0001 |
0,0001 |
0,0641 |
|
|
Confianza |
95% |
95% |
95% |
95% |
|
|
Fuente: elaboración propia. |
*Efecto significativo **Efecto altamente significativo
De acuerdo con los datos obtenidos en la Tabla 12, se evidencia que hay una correlación entre las características externalizantes y la desesperanza, se encuentra una relación existente entre las escalas de hiperactividad (HIP) y problemas de atención (ATE), lo que significa que, a mayores niveles de desesperanza, mayores problemas de concentración y atención.
Tabla 12
Correlación desesperanza- internalización
|
Ate |
Hip |
Ira |
Agr |
Des |
Ant |
||
|
Desesperanza |
Correlación |
0,3667** |
0,2718* |
0,1058 |
0,1220** |
0.1556 |
0.2111 |
|
Sujetos |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
|
|
Valor P |
0,0015 |
0,0186 |
0,3594 |
0,2906 |
0.1776 |
0.0675 |
|
|
Confianza |
95% |
95% |
95% |
95% |
95% |
95% |
Fuente: elaboración propia.
*Efecto significativo **Efecto altamente significativa
Discusión
Esta investigación buscaba, en un primer momento, identificar las características de internalización, externalización y desesperanza de los adolescentes de 17 y 18 años de la ciudad de Armenia y, en segundo momento, determinar si existía correlación entre las mismas variables. De acuerdo con esto, se identificó que, desde la variable de internalización, existen unas escalas que determinan el comportamiento intrínseco del individuo y que en gran parte del tiempo se encuentran directamente relacionadas con componentes cognitivos, ideas y creencias irracionales, generando así que sean menos evidentes dichas conductas ya que en la mayoría de los casos no se evidencian síntomas. En cuanto a los adolescentes evaluados en la ciudad de Armenia se logró establecer que, si bien es cierto existe un porcentaje de la población que se encuentra dentro de lo normativo, existen adolescentes fuera de la media y que presentan altos niveles de depresión, ansiedad, quejas somáticas, problemas con el contexto y bajo manejo de los recursos personales.
Dentro de los adolescentes evaluados se logró establecer que el 26,32% de adolescentes presentaba problemas de tipo emocional los cuales se ven reflejados en conductas ansiosas y síntomas somáticos; según las muestras obtenidas la gran mayoría de problemas se desprenden de eventos traumáticos vivenciados, ya sea durante la infancia o la propia adolescencia. Según el estudio de Bordin et al. (2009), los factores causantes de estrés familiar, agresiones, ausencia del padre, depresión o ansiedad de la madre, pueden ser precipitantes para desarrollar conductas patológicas, de tipo internalizante.
Dentro del análisis de los resultados también se logró evidenciar que los padres desconocen de los síntomas y las dificultades que enfrentan sus hijos en el diario vivir, de acuerdo a la tabla de ítems críticos, los padres y docentes evidencian en los adolescentes conductas de agresión, de autolesión y falta de apoyo social, pero lo que no identifican es la falta de recursos personales de los que carece el adolescente y la percepción que tiene él mismo de su contexto, la necesidad de apoyo y la falta de comprensión, lo que se puede traducir en falta de comunicación familiar, regulación y control del comportamiento, apoyo afectivo e involucramiento parental de los padres con sus hijos. Según Siabato et al. (2017) cuando no se establecen vínculos parentales, los problemas de salud mental pueden aumentar generando síntomas de conductas internalizantes o externalizantes, dado que se generan problemas a nivel atencional, aumentan las conductas disruptivas, no se establecen vínculos emocionales, disminuyen los estados del ánimo y se acrecientan las conductas desadaptativas.
En este sentido, Méndez et al. (2014) estableció que la mayoría de los adolescentes presentan relaciones familiares disfuncionales, las cuales interfieren en el bajo rendimiento académico, problemas emocionales y conductuales de los adolescentes, generando conductas internalizadas como depresión, ansiedad y quejas somáticas; en relación con la investigación se estableció que en cuanto a problemas contextuales, los adolescentes no sienten el acompañamiento de sus progenitores, perciben su contexto familiar y escolar como una fuente de tensión e incomprensión donde no se le brinda el apoyo que necesitan.
En cuanto al contexto social, Bronfenbrenner (1987) plantea que el contexto de un individuo se encuentra permeado por las influencias externas, dado que siempre está en función de la socialización con el otro, su primer contacto siempre va ser con su círculo familiar, desde donde se establecen las relaciones de apego y de allí depende qué tan positivas o negativas van a ser sus relaciones a futuro.
De acuerdo a la investigación realizada por Andrade y Gonzales (2017), la influencia de los adultos juega un papel importante en la vida del adolescente, dado que las formas en que los estilos de socialización son interiorizados, determinan los diversos modos de interacción y relación de autoridad del adolescente con el ambiente exterior; la integración positiva del adolescente con el otro depende en gran medida de los estilos de crianza impartidos por los padres, la comunidad y los educadores, pues durante este estadio el adolescente se enfrenta a varios retos como lo es la conformación de su estructura de personalidad, el afianzamiento de su identidad y proyecto de vida, el desarrollo de sus habilidades y recursos para enfrentar las crisis personales y los peligros externos y la ruptura gradual de sus vínculos paternos de manera que, si hay presencia de estilos de crianza disfuncionales, es posible que se desaten conductas desadaptativas en el adolescente (Andrade y Gonzales, 2017).
Si bien es cierto, no toda la población evaluada presentó problemas de conducta, un 14,47% de la población presentó problemas a nivel conductual, lo cual se evidencia en los altos puntajes que arroja la variable de agresión, conducta desafiante, conducta antisocial. De acuerdo con Lacasa et al. (2015) la activación de emociones y sentimientos negativos productos de un apego ambivalente presentan mayor miedo al rechazo, se vuelven mucho más distantes y carecen de una visión positiva del otro, por lo tanto, suelen desatar síntomas externalizantes que se reflejan en comportamientos hostiles, desafiantes e incluso autodestructivos, buscando atraer la atención del padre y al mismo tiempo expresar ansiedad y resistencia frente a la falta de atención de sus cuidadores.
En cuanto a la variable de desesperanza se evidenció presencia de riesgo moderado con un porcentaje del 1,32%, esto significa que una parte mínima de la población ha experimentado problemas de embotamiento emocional y un autoconcepto negativo, generando fallas en la integración de las experiencias exitosas; según Quintanilla et al. (2003) cuando se tienen altos niveles de desesperanza, existe mayor probabilidad de experimentar riesgos de conductas autolesiva; estos autores plantean que los factores de tipo cognitivo, emocional y conductual son predisponentes de pensamientos y actos suicidas, información que se contrasta con la obtenida en la presente investigación; a mayor presencia de factores internalizantes y externalizantes mayor presencia de desesperanza y posible riesgo de conductas y pensamientos autolesivos. De acuerdo con lo mencionado por Beck et al. (1974), el individuo distorsiona y malinterpreta sus expectativas de modo negativo, sin una base objetiva, lo que se debe a un esquema cognitivo y unas creencias inapropiadas de su realidad; por lo tanto, los índices de desesperanza aumentan debido a la evaluación negativa que hace el individuo de sí mismo, en su estado de desesperación.
Se encontró también que la percepción que tenían los adolescentes frente a los acontecimientos de su vida, condicionaban, de una u otra forma, su conducta frente a su quehacer cotidiano, pues experimentaban sensaciones negativas que los llevaban a no encontrar alternativas de solución frente a una situación determinada, carecían de expectativas frente a su futuro y solían experimentar sentimientos de minusvalía, falta de apoyo social, altos niveles de irritabilidad; lo cual se convertía en agresiones y daños a sí mismos y a otros. Igualmente, se evidenció baja autoestima y autoeficacia e incluso alteraciones en el pensamiento y su percepción. Esta información se logró evidenciar en los ítems críticos arrojados por la prueba SENA (alto índice en los ítems de falta de apoyo, aspecto percibido por el adolescente y por sus cuidadores y maestros, problemas de autolesión). Esta información se contrasta con la obtenida en la investigación de Cortina et al. (2007) quienes expusieron que un estado de ánimo inestable, la agresividad y la impulsividad eran rasgos de personalidad que podían aumentar el riesgo suicida y la desesperanza, dado que la impulsividad era característica de conductas de alto riesgo y desinhibía el comportamiento. Estas conductas se encontraban acompañadas de agresividad, inmadurez, inestabilidad emocional, depresión, expectativas negativas del futuro y una visión desfavorable de sí mismo.
El grado de desesperanza y los altos índices en las variables internalizantes y externalizantes ya sea emocionales, conductuales o cognitivas son indicadores de posibles riesgos suicidas, según muestran diferentes investigaciones, los factores de carácter patológico son predisponentes de conductas auto lesivas. En la investigación realizada por Bahamón et a. (2019) se encontró que el riesgo suicida estaba permeado por una serie de manifestaciones derivadas en gran parte de trastornos de conducta y del estado de ánimo relacionados con las dinámicas familiares y factores de riesgo que generaban gran afectación a nivel personal, familiar y social del individuo, desatando una sensación de pérdida, angustia constante y desesperanza; dichos hallazgos se lograron contrastar con lo obtenido en esta investigación y los resultados recogidos en los instrumentos aplicados, donde se logró observar que los adolescentes con mayor riesgo presentaban, en su mayoría, problemas emocionales, de conducta y cognitivos.
Conflicto de intereses
En esta investigación no existen conflictos de intereses entre los involucrados y así mismo se debe hacer mención que fue financiada por la Corporación Universitaria Empresarial Alexander von Humboldt por medio del semillero Psicología de la salud y la actividad física.
Conclusiones
A partir de la descripción realizada de los resultados se concluyen que, si bien es cierto la mayoría de los evaluados se encuentran dentro de los rangos esperados, existe un porcentaje significativo en la población que requiere de atención; los altos puntajes adquiridos por los evaluados determina que en la población es necesario establecer medidas de prevención y promoción de manera que se puedan identificar aquellas conductas de carácter interiorizado que en la mayoría de los casos no muestran sintomatología.
Los resultados mostraron que existe una relación entre las conductas externalizantes e internalizantes en relación con la desesperanza, a mayores índices de desesperanza mayor presencia de pensamientos y conductas negativas; teniendo en cuenta que la evaluación se hizo desde una mirada multifuente y se contó con la perspectiva de los padres y los docentes también se logró establecer que, si bien es cierto los cuidadores conocen a sus hijos, en muchas ocasiones no se percatan de los problemas que este acarrea, pues se encuentran relaciones de apoyo bajas que el adolescente percibe como escaso apoyo emocional, ausencia paterna y falta de comprensión.
Finalmente, se concluye un alto índice en cuanto a las conductas auto lesivas, manifiestas por el adolescente, las cuales están acompañadas de problemas exteriorizados que se reflejan en conductas agresivas y desafiantes, como de problemas interiorizados evidenciados en problemas altamente emocionales, provenientes de eventos postraumáticos y de pensamientos negativos constantes.
Referencias
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Andrade, J. y Gonzales, J. (2017). Relación entre riesgo suicida, autoestima, desesperanza y estilos de socialización parental en estudiantes de bachillerato. Psicogente, 20(37), 70-88. https://www.redalyc.org/pdf/4975/497555990006.pdf
Bahamón, M., Alarcón, Y., y Trejos, A. (2019). Prevención del riesgo suicida en adolescentes. Manual Moderno.
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Lacasa, F., Mitjavila, M., Ochoa, S. y Balluerka, N. (2015). The relationship between attachment styles and internalizing or externalizing symptoms in clinical and nonclinical adolescents. Anales de Psicología, 31(2) 422-432. https://revistas.um.es/analesps/article/view/analesps.31.2.169711/175081
Méndez, J. H. M., Echavarría, K., Pardo, A., y Quiñones, Y. (2014). Funcionalidad familiar, conductas internalizadas y rendimiento académico en un grupo de adolescentes de la ciudad de Bogotá. Psychology: avances de la disciplina, 8(2), 37-46. http://www.scielo.org.co/pdf/psych/v8n2/v8n2a04.pdf
Quintanilla, R., Haro, L., Flores, M., Celis de la Rosa, A. y Valencia, S. (2003). Desesperanza y tentativa suicida. Investigación en Salud, V(2), 0. https://www.redalyc.org/pdf/142/14250206.pdf
Siabato, E. F., Forero, I. X. y Salamanca, Y. (2017). Asociación entre depresión e ideación suicida en un grupo de adolescentes colombianos. Pensamiento psicológico, 15(1), 51-61.
Durante la etapa preescolar los niños comparten con otros niños de su misma edad y el juego se convierte el centro de sus interacciones. Cuando el niño experimenta el juego, ya no individual, sino, grupal, comienza también a enfrentarse a diferentes retos y situaciones que le exigen ciertas habilidades directamente relacionadas con reglas sobre habilidades sociales (Bras, 2005) como el respeto del turno, el control de los movimientos, la concentración, la atención y por supuesto la autorregulación (Gonzales-Mena y Widmeyer, 2011); además, comienzan a poner en prueba sus comportamientos, la expresión de sus emociones y sus habilidades físicas (Bras, 2005). así, el entorno le demanda al niño autocontrol y autorregulación para ser hábil socialmente, al tiempo que avanza en la comprensión y expresión del lenguaje, y en regular sus emociones hablándose a sí mismo, entender las emociones ajenas o modificar sus objetivos (Abarca, 2003). Todo esto resulta fundamental para desarrollar la personalidad y el crecimiento psicológico de los infantes y para identificar aspectos importantes relacionados con déficit en la comprensión de las propias emociones y, por ende, en la vivencia y expresión de emociones negativas.
Los niños con escasa capacidad de regulación emocional, negativa o cambiante “son menos aceptados por sus pares que los niños con habilidades sociales adaptativas” (Abarca, 2003, p. 18). Por su parte, los niños que exhiben menos manifestaciones negativas, presentan mayor capacidad atencional y capacidad de afrontamiento, conductas consideradas como las más apropiadas socialmente y de amplia aceptación por sus pares.
Este estudio se propone analizar las manifestaciones de la autorregulación emocional en actividades de juego de niños y niñas de 4 a 5 años, de una institución de educación preescolar del municipio de Armenia, Quindío, Colombia. Identificar estos comportamientos autorregulatorios en los niños bajo observación permitirá emprender acciones pedagógicas orientadas a mejorar su entorno y enriquecer sus habilidades, tanto cognitivas como sociales y emocionales, que les permitan afrontar de manera acertada las situaciones cotidianas
Metodología
Es un enfoque cualitativo con un alcance descriptivo, por cuanto se orientó a analizar las manifestaciones de la regulación emocional en actividades de juego en niños y niñas, de 4 a 5, años de una institución de educación inicial. En los estudios descriptivos “se busca especificar las propiedades, las características y los perfiles de personas, grupos, comunidades, procesos, objetos o cualquier otro fenómeno que se someta a un análisis” (Hernández et al., 2014, p. 92). Participaron ocho estudiantes (4 niñas y 4 niños), con edades comprendidas entre 4 y 5 años que asisten a una institución de educación preescolar de carácter privado. Los criterios para la selección de los estudiantes fueron: la edad: 4-5 años, la pertenencia a un mismo grupo (jardín A), en igual jornada escolar. Los padres autorizaron su participación en el estudio y firmaron el consentimiento informado.
La información se recogió a través de la observación permitiendo registrar las “impresiones” del investigador en diarios de campo o fichas creadas para tal fin, con contenidos y parámetros específicos. Con este propósito se diseñó una ficha de observación, a partir de la categoría de regulación emocional y tres de las competencias emocionales, en este caso subcategorías, propuestas por Bisquerra y Pérez (2007), relacionadas con la expresión emocional, las habilidades de afrontamiento y la competencia para autogenerar emociones positivas, así como los indicadores respectivos para valorar los comportamientos de los niños y las niñas, como se puede apreciar en la siguiente tabla.
Tabla 1.
Dimensiones de la regulación emocional
|
Competencia |
Definición |
Indicadores |
|
Expresión Emocional |
Capacidad de expresar emociones de manera asertiva, es decir que sus emociones y su forma de reaccionar ante ellas no dependan de factores externos, sino de su propia capacidad para poder afrontarlas. |
Logra expresar sus emociones de manera adecuada Reconoce el efecto de sus expresiones emocionales en los demás Utiliza maneras adecuadas de expresar sus emociones, teniendo en cuenta la consecuencia en otros |
|
Habilidades de afrontamiento |
Habilidad para enfrentar cada uno de los retos, problemas o conflictos que se le presentan en sus contextos sociales. |
Demuestra capacidad de afrontamiento ante las equivocaciones o fracasos Es persistente en lo que se propone Se esmera por alcanzar recompensas inmediatas Es persistente en alcanzar metas que le permitan recompensas a largo plazo Toma decisiones que favorecen su bienestar integral y el de los demás (empatía) |
|
Autogenerar emociones positivas |
Capacidad para autogenerar de manera consciente emociones como la alegría, el amor y el humor, es decir, emociones positivas. |
Expresa de manera espontánea emociones positivas con los demás. Utiliza estrategias propuestas por él mismo, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción Reconoce cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas. |
Fuente: elaboración propia
Las fichas de observación se estructuraron con base en el objetivo, instrucción, tiempo de duración, lugar en donde se realiza la actividad, fecha y nombre del observador.
Los comportamientos se valoraron a través de la siguiente escala: No se presenta (N), Algunas veces (AV), Siempre (S).
Para estudiar las dimensiones de la autorregulación, se diseñaron tres situaciones de juego: 1) Teatro de emociones, propuesta con el objetivo de desarrollar la expresividad emocional y la creatividad narrativa de los niños; igualmente pretendía identificar la expresión emocional. 2) Gallina ciega y lazarillo, propuesta con el objetivo de desarrollar la expresividad emocional y el fortalecimiento del trabajo en equipo, pretendió identificar el comportamiento de los niños en habilidades de afrontamiento. 3) Besos y abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
Se realizaron grabaciones de cada una de las cuatro situaciones de juego realizadas con los niños y se analizó de la informacióndos fases: en la primera fase se sistematizó en Excel la información referida a la expresión de las emociones y las reacciones observadas en los niños y en las niñas en actividades de juego, en momentos que implicaban trabajo en equipo e interacción entre pares. En una segunda fase se analizaron los comportamientos autorregulatorios de los niños y de las niñas, observados en las diferentes actividades de juego y en las grabaciones correspondientes, relacionados con la expresión emocional, las habilidades de afrontamiento y la autogeneración de respuestas positivas. Para dar cuenta detallada de cada uno se elaboró una matriz de análisis de datos cualitativos.
Resultados
La expresión de la regulación emocional en situaciones de juego
La regulación emocional es la habilidad que desarrollan las personas para afrontar las reacciones emocionales de manera adecuada; no se pretende con la regulación que repriman sentimientos de ira o miedo, sino aprender sobre el control de dichas emociones. En unas situaciones se pretendió observar el comportamiento de los niños de manera individual frente a las reacciones emocionales, mientras que, en otras, el propósito fue analizar reacciones emocionales con relación a otros o al grupo.
La expresión emocional de las niñas y los niños
La expresión emocional hace referencia a la capacidad del niño para emitir emociones de manera adecuada (Bisquerra, 2009). Para identificar dicha expresión, se llevó a cabo el juego Teatro de Emociones. En la siguiente figura, se pueden observar los resultados generales:
Figura 1.
Situación de juego 2. Teatro de las emociones
Figura 1.
Situación de juego 2. Teatro de las emociones

Fuente: elaboración propia
La figura muestra que el 75 % de los niños y las niñas expresan sus emociones de manera adecuada y reconocen el efecto de sus expresiones emocionales en los demás, y el 25 % lo hace algunas veces. Por otra parte, el 57 % expresa sus emociones teniendo en cuenta las consecuencias en otros; mientras que el 43% lo realiza algunas veces.
La observación de la expresión emocional de manera individual, permite señalar que el participante 1 demuestra un uso adecuado de la expresión de sus emociones, teniendo en cuenta los sentimientos y sus consecuencias en los demás. El niño expresó: “cuando me pongo triste respiro y duermo”, lo que le permite contar con estrategias que regulen sus acciones y comportamientos, sin afectar sus sentimientos ni los de los demás.
El participante 2 se muestra inseguro en el momento de preguntarle sobre sus emociones, lo cual no le permite expresar con mayor fluidez sus ideas. Se le dificulta interiorizar las emociones básicas, ya que algunas respuestas no tenían relación con las imágenes elegidas. Según Bisquerra (2009) la inseguridad en los niños les impide expresar lo que sienten, a la vez afirma que “la forma en que los niños expresan sus emociones viene determinada por lo que ven en los adultos que les rodean, particularmente con los que mantienen una relación más afectiva, como los padres y familiares cercanos” (p. 60).
El participante 3 expresa emociones positivas y cuenta con los recursos para identificar sus propias emociones (positivas y negativas), además de reconocer las consecuencias que pueden tener en los demás.
Varios estudios (Asher y Rose, 1997; Denham, 1999; Ortiz, 1999; Rice, 1997; Saarni, 1999, 2000; Salovey y Sluyter, 1997; Shaffer, 2004, citados en Bisquerra y Pérez, 2007) concluyen que la adquisición de competencias emocionales genera consecuencias positivas en el comportamiento de infantes y jóvenes. Por su parte, Saarni (2000), destaca que “las consecuencias positivas de la competencia emocional en la regulación de la impulsividad, en el bienestar subjetivo y en la resiliencia.” (p. 152).
El participante 4 posee una excelente capacidad de expresión emocional, salvo la dificultad para manejar emociones de ira. La regulación emocional incluye, entre otros aspectos, la regulación de la impulsividad (ira, violencia, comportamientos de riesgo) y la tolerancia a la frustración para prevenir estados emocionales negativos (ira, estrés, ansiedad, depresión. (Bisquerra y Pérez, 2007).
La participante 5 logra expresar emociones, pero no lo realiza de manera espontánea; es decir, es necesario buscar estrategias y propiciar un diálogo que le permita expresar ideas y emociones frente a la imagen elegida. No se muestra segura en el momento de emitir reacciones emocionales.
Esto demuestra la importancia que los padres o cuidadores cumplan un trabajo constante y adecuado desde la infancia, que permita a los niños fortalecer sus vínculos emocionales y, en consecuencia, alcanzar una mayor capacidad para expresar sus emociones. Al respecto, Armus et al. (2012) afirman que: “el sostén emocional se da en el marco de un vínculo estable, un vínculo de apego, con los cuidadores primarios. La estabilidad y la previsibilidad en el vínculo con sus cuidadores le permiten al niño construir una relación de apego seguro” (p. 12).
La participante 6 demostró seguridad para emitir respuestas y comentarios, señalando las imágenes elegidas desde el inicio de la actividad. Se evidencia gran capacidad en su expresión emocional, quedando demostrado en su detallada forma de narrar acontecimientos familiares, en los cuales hace referencia a diferentes emociones según las situaciones que ha experimentado.
La participante 7 inició la actividad muy motivada, se mostró siempre cómoda al expresar sus ideas y experiencias, partiendo de las imágenes que elegía. Se caracteriza por su fluidez verbal y una muy buena relación entre la historia narrada y la imagen de la emoción elegida. En igual sentido, se mostró dispuesta a manifestar lo que sentía, identificando el sentimiento de miedo o tristeza que le genera. Reconoce el efecto que tienen las emociones del otro, en ella y en los que la rodean, al manifestar: “mis papás pelean un poquito y eso me pone triste”. Reconoce que el comportamiento de otras personas puede generar en ella malestar.
En este caso es posible reconocer la gestión emocional, puesto que logra identificar y describir experiencias propias, manteniéndose atenta a las indicaciones. Esto implica que se ha logrado regulación emocional, lo que traerá además crecimiento personal e intelectual (Bisquerra y Pérez, 2007).
La participante 8. manifiesta dificultad para expresar sus ideas acerca de lo que observa en las imágenes; es necesario indagar y motivar para que la niña adquiera seguridad. No obstante la motivación, a la niña se le dificulta expresar sus ideas y emociones de forma natural.
Las competencias emocionales son competencias básicas para la vida y, por tanto, deberían estar presentes en la práctica educativa. Pero no de forma ocasional, como a veces se da el caso, sino de manera intencional, planificada, sistemática y efectiva (Bisquerra, 2009).
Habilidades de afrontamiento
Las habilidades de afrontamiento les permiten los capacitan para asumir momentos pocos agradables o que requieren de esfuerzo para alcanzar los logros trazados. Con el fin de identificar las habilidades de afrontamiento en los niños y en las niñas se propuso el juego: Gallina Ciega y Lazarillo. En la siguiente figura se muestran los resultados generales:
Figura 2.
Situación de juego 3. Gallina ciega y lazarillo

Fuente: elaboración propia
Se observa que el 57 % de los niños y las niñas demuestran capacidad de afrontamiento ante las equivocaciones o fracasos, mientras que el 43 % algunas veces lo hacen. Por otra parte, el 43% persiste en las actividades y objetivos, mientras que el 57 % algunas veces lo hacen. Por otra parte, las actitudes de esmero por alcanzar recompensas inmediatas, se observó en el 75 % y algunas veces en el 25 %. La persistencia en las metas a largo plazo fue observada en el 25 %, mientras que el 75 %, lo hace algunas veces.
El análisis de los videos demuestra que la mayoría de los niños años logran adecuadas habilidades de afrontamiento, debido a que buscaron estrategias que les permitieran cumplir con los obstáculos para llegar a la meta y alcanzar el estímulo. Sin embargo, se pudo evidenciar que, a pesar de que la mayoría muestran dichas habilidades, a algunos de ellos se les dificulta tomar decisiones que conlleven al bienestar de los demás. Es claro entonces que en el rango de edades en el que se encuentran los niños participantes (4-5 años), el control de conductas vinculadas a la regulación de emociones no corresponde a la realización de trabajo en equipo que permita un beneficio grupal, puesto que resulta más relevante el beneficio propio.
El análisis individual de las respuestas y actuaciones de los participantes indica que al participante l. le costó cumplir con las reglas propuestas durante el juego de la gallina ciega y el lazarillo. Es un niño muy activo al que se le dificulta regularse, evidenciado en el momento de realizar el recorrido, ya que mostró que su objetivo era obtener beneficio propio, sin tener en cuenta el bienestar de los demás.
El participante 2. no respondió a las actividades que implicaban encontrar soluciones para alcanzar el objetivo. El participante 3. demostró su capacidad de liderazgo positivo, realizando adecuadas explicaciones durante el recorrido, lo cual le permitió llegar a la meta sin ningún inconveniente. Sin embargo, se evidencia que, a pesar de desenvolverse de una manera adecuada en la guía de su compañera, se orientó al interés personal.
A nivel general, los niños buscan satisfacer sus necesidades individuales más que las colectivas, aspectos propios de la edad y cuyo desarrollo se relaciona directamente con la inteligencia emocional, las habilidades de afrontamiento y el beneficio grupal.
El participante 4. demostró adecuadas habilidades de afrontamiento, a pesar de no recibir ayuda por parte de su compañera para finalizar el reto propuesto. De igual manera, buscó la manera de finalizar la actividad siguiendo las instrucciones. Se mostró persistente en la búsqueda de opciones que permitieran encontrar la recompensa y se esmeró sin perder el control de sus emociones.
La participante 5. realizó el papel de gallina ciega, mostrándose insegura al ser guiada por su compañero, lo cual no le permitió alcanzar la meta propuesta; no fue persistente y optó por tratar de separarse de su compañero mostrando dificultad para buscar estrategias que le permitiera alcanzar las metas, pero sin romper las reglas del juego.
El niño necesita sentirse valorado, querido, aceptado por estas personas, que confíen en sus posibilidades, se interesen por las cosas que le pasan, le estimulen, le valoren los logros, le hagan cumplir los acuerdos y las normas establecidas a partir del razonamiento, dictadas con firmeza, pero también con cierta flexibilidad, adecuadas a sus posibilidades, claras, coherentes y accesibles (Bisquerra et al., 2005, p. 12).
La búsqueda del beneficio personal fue la característica de la participante 6. quien se mostró persistente y se esmeró por alcanzar sus propias metas; no demostró capacidad para la toma de decisiones que buscaran un bienestar integral.
El participante 7. demostró buenas capacidades de afrontamiento, realizando con calma la actividad propuesta, brindando confianza a su compañera que hacía las veces de gallina ciega; fue persistente y se esmeró de manera adecuada por alcanzar la meta. A pesar de mostrar habilidades de afrontamiento adecuadas, durante la reflexión posterior a la actividad realizada, reconoció al final no haber estado muy atenta a su compañera, lo que demuestra una vez más la necesidad de proponer actividades que estimule en los niños el trabajo grupal.
La participante 8. logró finalizar la actividad sin tener mayores inconvenientes durante el recorrido; demostró tolerancia al ser guiada por su compañero, quien le brindó confianza al realizar el recorrido con tranquilidad. Es evidente, que la niña presenta adecuadas habilidades de afrontamiento, mostrándose persistente y esmerándose por alcanzar recompensas.
La participación de los padres o cuidadores de los niños juega un papel determinante en la construcción de su seguridad y su autoestima; les transmiten mayor confianza, condición necesaria para el logro de metas o afrontamiento del fracaso, al sentir que no se obtuvo lo esperado. Al respecto, la sobreprotección es un factor negativo para el incremento de la autoestima y la seguridad pues no permite que los niños solucionen por su propia cuenta los retos que le presenta la vida, como lo es también exigirles con rigurosidad, que la sienten como un obstáculo para identificar y valorar sus logros de acuerdo con sus capacidades.
Competencia para autogenerar emociones positivas
La competencia para autogenerar emociones positivas, se refiere a la capacidad para reconocer emociones negativas y lograr regularlas. La situación de juego: Besos y Abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
La figura siguiente muestra los resultados generales de la actividad realizada:
Figura 3.
Situación de juego 4. Besos y abrazos
Fuente: elaboración propia
Se puede apreciar que el 37 % de los niños y las niñas expresa de manera espontánea emociones positivas ante los demás y el 63 %, lo hace algunas veces. El 87 % utiliza estrategias propuestas por ellos mismos, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción, lo cual puede ser un indicador que refleja la característica propia de su edad: egocentrismo; solo el 13 % algunas veces lo hace. El 62 % demuestra reconocer cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas, mientras que 38 % lo demuestra algunas veces.
En esta actividad se pudo evidenciar que la mayoría de los niños participantes cuentan con la capacidad para autogenerar emociones positivas, expresando y propiciando acercamientos y expresiones de afecto a sus compañeros. Resulta oportuno agregar que dichas manifestaciones de afecto fueron más espontáneas por parte de las niñas, porque cuando se les motivó a cumplir la instrucción de dar un beso o un abrazo, los niños fueron muy tímidos, mientras que a las niñas se les notó espontaneidad en la expresión de sentimientos.
El participante 1. se mostró muy motivado durante el juego de besos y abrazos, disfrutó la compañía de sus compañeros en la ejecución de la actividad planteada, utilizó estrategias que le permitieron disfrutar del juego. Este comportamiento demuestra una adecuada competencia para autogenerar emociones positivas. No obstante, le costó dificultad expresar demostraciones de afecto hacia sus compañeros, en especial con las niñas; se sentía incómodo al tener que dar un beso o un abrazo.
La educación en el ámbito emocional incrementa la habilidad para que el niño reconozca no solo sus propias emociones, sino las de los demás, favoreciendo su interacción social, permitiéndoles disfrutar de espacios que conllevan a desarrollar apropiadas habilidades que generan emociones positivas en ellos mismos y en los demás.
El participante 2. se mostró muy solitario. A pesar de ello, participó del baile disfrutando de la música. El niño utilizó estrategias para disfrutar del momento, mostrando capacidad para autogenerar emociones positivas, pero no mostró mucha fluidez en la expresión emocional, al interactuar mientras bailaba.
El participante 3. ha mostrado grandes habilidades sociales, caracterizándose por ser un niño solidario, dinámico y con gran capacidad de liderazgo frente al grupo. En la actividad de besos y abrazos expresó de manera espontánea sentimientos y emociones, utilizando diferentes estrategias para generar un acercamiento a sus compañeros.
Por otra parte, propició demostraciones de afecto, lo que permitió que los demás compañeros comenzaran a sentir agrado por la actividad planteada. La alegría y el buen humor son cualidades que lo caracterizan, siendo de gran ayuda al momento de la interacción con sus pares, ya que contagia a sus compañeros, propiciando momentos divertidos entre ellos. De acuerdo a lo expresado por Shapiro (2006), “diferentes investigaciones han descubierto que incluso los niños entre cuatro y cinco años con una competencia social considerada elevada iniciaron con mayor frecuencia interacciones humorísticas con otros niños” (p. 105).
El participante 4. logró expresar de manera espontánea emociones positivas con los demás, se destacó por la capacidad de interactuar con todo el grupo, algo poco común con el resto de los compañeros, puesto que la mayoría realizaron la actividad con quienes tenían mayor afinidad.
Con relación a lo anterior, Ibarrola (2014) expresa que:
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa del el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. (p. 9)
La participante 5. se mostró a gusto, siguiendo el ritmo de la música, sin lograr cumplir con el objetivo; todo el tiempo permaneció sola, sin propiciar encuentros con sus compañeros que le permitieran cumplir con lo solicitado. Al parecer, carece de la habilidad para afrontar situaciones donde debe reconocer dichas emociones; todo el tiempo optó por evadir las instrucciones, para no verse enfrentada en la búsqueda de afecto, ni cumplir con retos que causaran cierto tipo de dificultad.
La participante 6. interactuó con dinamismo y alegría; fue espontanea en la expresión de emociones, utilizando diferentes recursos de interacción y liderando la iniciativa para hacer demostraciones de afecto. Cabe agregar que, permaneció todo el tiempo con la misma compañera, por lo tanto, su interacción no fue colectiva.
Resulta oportuno señalar que la educación emocional se debe realizar de forma continua, participando casa-colegio. Cuando se logra dicha integración, de manera permanente, los niños pueden alcanzar una interacción social asertiva que conduzca a unas bases sólidas para el deseado bienestar social.
La participante 7. demostró su capacidad para autogenerar emociones positivas. A pesar de que parte del tiempo permaneció con una de sus compañeras, logró realizar demostraciones de afecto con todos los compañeros del grupo. Se observaron en la niña capacidades para la interacción con sus pares, lo que favorece el adecuado desarrollo de competencias emocionales, siendo el medio que conduce a la prevención de dificultades de interacción, reduciendo así los riegos a los que se deben enfrentar los niños cuando inician nuevos ciclos escolares.
La expresión espontánea de emociones positivas y la búsqueda de estrategias que le permitieran disfrutar momentos de interacción no fue fácil para la participante 8. Durante el desarrollo de la actividad, la niña optó por estar apartada del resto de compañeros, tratando de evadir las instrucciones dadas. Conviene promover dinámicas que introduzcan la niña en espacios constantes de interacción, como la manera adecuada para fortalecer sus competencias emocionales: “Con ayuda del adulto, el niño irá interpretando el lenguaje verbal y no verbal de las emociones, ampliando su vocabulario emocional. Además, el reconocimiento y la comprensión de las emociones ajenas permitirá, en un futuro, desarrollar el sentimiento de empatía.” (Bisquerra et al., 2005, p. 3).
Resumiendo, la etapa de educación infantil es fundamental para que se generen los pilares que sustentarán la inteligencia emocional, que se dan opciones y experiencias que permitirán adquirir no solo la capacidad de reconocer emociones, sino también de expresarlas y regularlas. La interacción o convivencia con los otros niños permite que los más pequeños comprendan que la emotividad es un mecanismo de expresión y hace parte de su personalidad, y que puede ser moldeado.
Discusión
La competencia emocional está estrechamente determinada por la capacidad de expresar y regular eficazmente fenómenos emocionales a lo largo de la vida, por tanto, la regulación emocional es uno de los elementos que integran la competencia. (Bisquerra y Pérez, 2007). Desde esta perspectiva, el desarrollo de competencias emocionales conlleva a la regulación, lo que resulta determinante durante el proceso evolutivo de los niños, así como se constituye en una característica necesaria que les permite a los infantes adaptarse al contexto, a la cultura y a los diversos espectros sociales en los cuales debe desenvolverse a lo largo de su vida.
Las actividades aplicadas permitieron reconocer el impacto que los juegos de roles generan en la habilidad para la creación de personajes, diálogos o formas de representar su entorno; además, resultan significativas en cuanto al desarrollo afectivo puesto que la representación fortalece estrategias para la resolución de conflictos, la interacción entre pares, la expresión emocional, convirtiéndose en el medio por excelencia para desarrollar de forma positiva las futuras y necesarias habilidades sociales.
Resulta acertado propiciar juegos y actividades en los cuales los niños interactúan entre sí, como la manera más eficaz para compartir opiniones, asumir diferentes posturas que enriquezcan su habilidad social y emocional. De acuerdo con Solovieva y Quintanar (2012), el juego es una actividad que permite que los niños avancen en el desarrollo de experiencias culturales, al utilizar formas, objetos, imágenes, lenguaje. El desarrollo psicológico de los niños depende de la adquisición e interiorización de la experiencia cultural durante su participación en el juego (González-Moreno y Solovieva, 2016).
Si bien es cierto que el juego es una actividad empleada para la diversión y el disfrute de quienes participan en él, en edades tempranas funciona como una herramienta educativa permanente. A través de las reglas establecidas se dinamizan mecánicas sociales para la interacción, que permiten a los niños y niñas la expresión y control primario de sus emociones, evidenciado en la propia manera de desenvolverse, logrando la regulación del impulso que los motiva a jugar. También contribuye a la regulación emocional, ya que los niños y niñas participantes dieron razón de sus emociones, a través de las respuestas y conductas, a su vez que demostraron cómo aprenden a afrontar las consecuencias de sus acciones; algunos de ellos asumiendo e internalizando normas propuestas, otros aún movilizados únicamente por sus propios intereses.
Resulta trascendente promover acciones dentro del ámbito educativo que favorezcan su perfeccionamiento, para mejorar habilidades de regulación, a través del juego y entrenamiento con actividades de representación y roles.
Conclusiones
Se constatan manifestaciones de autorregulación emocional y control de comportamientos y de emociones en niños y niñas de educación inicial a través de actividades de juego, además de crear mecanismos y estrategias para interactuar socialmente, resolver retos y cumplir normas.
A los niños y niñas con mayor capacidad de liderazgo e interacción se les facilitó la expresión de emociones; las niñas lograron mayor espontaneidad que los niños al momento de realizar manifestaciones de expresión emocional con sus pares demostrando así mayor destreza en su interacción social; al tener la capacidad de expresar sentimientos y emociones de una forma más fluida pudieron entablar con sus pares vínculos más asertivos. De ahí la importancia de que reciban desde temprana edad educación emocional, para aprender a interiorizar y a la vez expresar sus sentimientos y emociones.
La mayoría de los participantes lograron adecuadas habilidades de afrontamiento; sin embargo, se identificó en algunos niños dificultad para buscar estrategias que conlleven al bienestar grupal, siendo para ellos en el rango de edad en el que se encuentran, más relevante el bienestar individual. Se observó en las actividades de juego realizadas, que la toma de decisiones a nivel grupal les cuesta, pensando satisfacer las necesidades personales. Cabe agregar que ello conlleva a la necesidad de crear ambientes en los cuales a los niños y a las niñas se les brinde confianza, amor y respeto para incrementar su seguridad.
El desarrollo de competencias emocionales presenta una estrecha relación con el nivel de socialización del niño y una adecuada regulación de las emociones. Por consiguiente, aprender a regular sus conductas incrementa sus estrategias para afrontar las emociones negativas, como factor determinante para la prevención de posibles comportamientos disruptivos.
No obstante, si bien el juego facilita la identificación de las manifestaciones de regulación emocional observadas en el estudio, es necesario reconocer que algunos niños requieren incrementar sus habilidades sociales mediante otros mecanismos y actividades.
Referencias
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Whitebread y Basilio. (2012). Emergencia y desarrollo temprano de la autorregulación en niños pre
escolares. Currículum y Formación del profesorado 16(1), 15-34.
rgo plazo fue observada en el 25 %, mientras que el 75 %, lo hace algunas veces.
El análisis de los videos demuestra que la mayoría de los niños años logran adecuadas habilidades de afrontamiento, debido a que buscaron estrategias que les permitieran cumplir con los obstáculos para llegar a la meta y alcanzar el estímulo. Sin embargo, se pudo evidenciar que, a pesar de que la mayoría muestran dichas habilidades, a algunos de ellos se les dificulta tomar decisiones que conlleven al bienestar de los demás. Es claro entonces que en el rango de edades en el que se encuentran los niños participantes (4-5 años), el control de conductas vinculadas a la regulación de emociones no corresponde a la realización de trabajo en equipo que permita un beneficio grupal, puesto que resulta más relevante el beneficio propio.
El análisis individual de las respuestas y actuaciones de los participantes indica que al participante l. le costó cumplir con las reglas propuestas durante el juego de la gallina ciega y el lazarillo. Es un niño muy activo al que se le dificulta regularse, evidenciado en el momento de realizar el recorrido, ya que mostró que su objetivo era obtener beneficio propio, sin tener en cuenta el bienestar de los demás.
El participante 2. no respondió a las actividades que implicaban encontrar soluciones para alcanzar el objetivo. El participante 3. demostró su capacidad de liderazgo positivo, realizando adecuadas explicaciones durante el recorrido, lo cual le permitió llegar a la meta sin ningún inconveniente. Sin embargo, se evidencia que, a pesar de desenvolverse de una manera adecuada en la guía de su compañera, se orientó al interés personal.
A nivel general, los niños buscan satisfacer sus necesidades individuales más que las colectivas, aspectos propios de la edad y cuyo desarrollo se relaciona directamente con la inteligencia emocional, las habilidades de afrontamiento y el beneficio grupal.
El participante 4. demostró adecuadas habilidades de afrontamiento, a pesar de no recibir ayuda por parte de su compañera para finalizar el reto propuesto. De igual manera, buscó la manera de finalizar la actividad siguiendo las instrucciones. Se mostró persistente en la búsqueda de opciones que permitieran encontrar la recompensa y se esmeró sin perder el control de sus emociones.
La participante 5. realizó el papel de gallina ciega, mostrándose insegura al ser guiada por su compañero, lo cual no le permitió alcanzar la meta propuesta; no fue persistente y optó por tratar de separarse de su compañero mostrando dificultad para buscar estrategias que le permitiera alcanzar las metas, pero sin romper las reglas del juego.
El niño necesita sentirse valorado, querido, aceptado por estas personas, que confíen en sus posibilidades, se interesen por las cosas que le pasan, le estimulen, le valoren los logros, le hagan cumplir los acuerdos y las normas establecidas a partir del razonamiento, dictadas con firmeza, pero también con cierta flexibilidad, adecuadas a sus posibilidades, claras, coherentes y accesibles (Bisquerra et al., 2005, p. 12).
La búsqueda del beneficio personal fue la característica de la participante 6. quien se mostró persistente y se esmeró por alcanzar sus propias metas; no demostró capacidad para la toma de decisiones que buscaran un bienestar integral.
El participante 7. demostró buenas capacidades de afrontamiento, realizando con calma la actividad propuesta, brindando confianza a su compañera que hacía las veces de gallina ciega; fue persistente y se esmeró de manera adecuada por alcanzar la meta. A pesar de mostrar habilidades de afrontamiento adecuadas, durante la reflexión posterior a la actividad realizada, reconoció al final no haber estado muy atenta a su compañera, lo que demuestra una vez más la necesidad de proponer actividades que estimule en los niños el trabajo grupal.
La participante 8. logró finalizar la actividad sin tener mayores inconvenientes durante el recorrido; demostró tolerancia al ser guiada por su compañero, quien le brindó confianza al realizar el recorrido con tranquilidad. Es evidente, que la niña presenta adecuadas habilidades de afrontamiento, mostrándose persistente y esmerándose por alcanzar recompensas.
La participación de los padres o cuidadores de los niños juega un papel determinante en la construcción de su seguridad y su autoestima; les transmiten mayor confianza, condición necesaria para el logro de metas o afrontamiento del fracaso, al sentir que no se obtuvo lo esperado. Al respecto, la sobreprotección es un factor negativo para el incremento de la autoestima y la seguridad pues no permite que los niños solucionen por su propia cuenta los retos que le presenta la vida, como lo es también exigirles con rigurosidad, que la sienten como un obstáculo para identificar y valorar sus logros de acuerdo con sus capacidades.
Competencia para autogenerar emociones positivas
La competencia para autogenerar emociones positivas, se refiere a la capacidad para reconocer emociones negativas y lograr regularlas. La situación de juego: Besos y Abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
La figura siguiente muestra los resultados generales de la actividad realizada:
Figura 3.
Situación de juego 4. Besos y abrazos
Fuente: elaboración propia
Se puede apreciar que el 37 % de los niños y las niñas expresa de manera espontánea emociones positivas ante los demás y el 63 %, lo hace algunas veces. El 87 % utiliza estrategias propuestas por ellos mismos, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción, lo cual puede ser un indicador que refleja la característica propia de su edad: egocentrismo; solo el 13 % algunas veces lo hace. El 62 % demuestra reconocer cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas, mientras que 38 % lo demuestra algunas veces.
En esta actividad se pudo evidenciar que la mayoría de los niños participantes cuentan con la capacidad para autogenerar emociones positivas, expresando y propiciando acercamientos y expresiones de afecto a sus compañeros. Resulta oportuno agregar que dichas manifestaciones de afecto fueron más espontáneas por parte de las niñas, porque cuando se les motivó a cumplir la instrucción de dar un beso o un abrazo, los niños fueron muy tímidos, mientras que a las niñas se les notó espontaneidad en la expresión de sentimientos.
El participante 1. se mostró muy motivado durante el juego de besos y abrazos, disfrutó la compañía de sus compañeros en la ejecución de la actividad planteada, utilizó estrategias que le permitieron disfrutar del juego. Este comportamiento demuestra una adecuada competencia para autogenerar emociones positivas. No obstante, le costó dificultad expresar demostraciones de afecto hacia sus compañeros, en especial con las niñas; se sentía incómodo al tener que dar un beso o un abrazo.
La educación en el ámbito emocional incrementa la habilidad para que el niño reconozca no solo sus propias emociones, sino las de los demás, favoreciendo su interacción social, permitiéndoles disfrutar de espacios que conllevan a desarrollar apropiadas habilidades que generan emociones positivas en ellos mismos y en los demás.
El participante 2. se mostró muy solitario. A pesar de ello, participó del baile disfrutando de la música. El niño utilizó estrategias para disfrutar del momento, mostrando capacidad para autogenerar emociones positivas, pero no mostró mucha fluidez en la expresión emocional, al interactuar mientras bailaba.
El participante 3. ha mostrado grandes habilidades sociales, caracterizándose por ser un niño solidario, dinámico y con gran capacidad de liderazgo frente al grupo. En la actividad de besos y abrazos expresó de manera espontánea sentimientos y emociones, utilizando diferentes estrategias para generar un acercamiento a sus compañeros.
Por otra parte, propició demostraciones de afecto, lo que permitió que los demás compañeros comenzaran a sentir agrado por la actividad planteada. La alegría y el buen humor son cualidades que lo caracterizan, siendo de gran ayuda al momento de la interacción con sus pares, ya que contagia a sus compañeros, propiciando momentos divertidos entre ellos. De acuerdo a lo expresado por Shapiro (2006), “diferentes investigaciones han descubierto que incluso los niños entre cuatro y cinco años con una competencia social considerada elevada iniciaron con mayor frecuencia interacciones humorísticas con otros niños” (p. 105).
El participante 4. logró expresar de manera espontánea emociones positivas con los demás, se destacó por la capacidad de interactuar con todo el grupo, algo poco común con el resto de los compañeros, puesto que la mayoría realizaron la actividad con quienes tenían mayor afinidad.
Con relación a lo anterior, Ibarrola (2014) expresa que:
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa del el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. (p. 9)
La participante 5. se mostró a gusto, siguiendo el ritmo de la música, sin lograr cumplir con el objetivo; todo el tiempo permaneció sola, sin propiciar encuentros con sus compañeros que le permitieran cumplir con lo solicitado. Al parecer, carece de la habilidad para afrontar situaciones donde debe reconocer dichas emociones; todo el tiempo optó por evadir las instrucciones, para no verse enfrentada en la búsqueda de afecto, ni cumplir con retos que causaran cierto tipo de dificultad.
La participante 6. interactuó con dinamismo y alegría; fue espontanea en la expresión de emociones, utilizando diferentes recursos de interacción y liderando la iniciativa para hacer demostraciones de afecto. Cabe agregar que, permaneció todo el tiempo con la misma compañera, por lo tanto, su interacción no fue colectiva.
Resulta oportuno señalar que la educación emocional se debe realizar de forma continua, participando casa-colegio. Cuando se logra dicha integración, de manera permanente, los niños pueden alcanzar una interacción social asertiva que conduzca a unas bases sólidas para el deseado bienestar social.
La participante 7. demostró su capacidad para autogenerar emociones positivas. A pesar de que parte del tiempo permaneció con una de sus compañeras, logró realizar demostraciones de afecto con todos los compañeros del grupo. Se observaron en la niña capacidades para la interacción con sus pares, lo que favorece el adecuado desarrollo de competencias emocionales, siendo el medio que conduce a la prevención de dificultades de interacción, reduciendo así los riegos a los que se deben enfrentar los niños cuando inician nuevos ciclos escolares.
La expresión espontánea de emociones positivas y la búsqueda de estrategias que le permitieran disfrutar momentos de interacción no fue fácil para la participante 8. Durante el desarrollo de la actividad, la niña optó por estar apartada del resto de compañeros, tratando de evadir las instrucciones dadas. Conviene promover dinámicas que introduzcan la niña en espacios constantes de interacción, como la manera adecuada para fortalecer sus competencias emocionales: “Con ayuda del adulto, el niño irá interpretando el lenguaje verbal y no verbal de las emociones, ampliando su vocabulario emocional. Además, el reconocimiento y la comprensión de las emociones ajenas permitirá, en un futuro, desarrollar el sentimiento de empatía.” (Bisquerra et al., 2005, p. 3).
Resumiendo, la etapa de educación infantil es fundamental para que se generen los pilares que sustentarán la inteligencia emocional, que se dan opciones y experiencias que permitirán adquirir no solo la capacidad de reconocer emociones, sino también de expresarlas y regularlas. La interacción o convivencia con los otros niños permite que los más pequeños comprendan que la emotividad es un mecanismo de expresión y hace parte de su personalidad, y que puede ser moldeado.
Discusión
La competencia emocional está estrechamente determinada por la capacidad de expresar y regular eficazmente fenómenos emocionales a lo largo de la vida, por tanto, la regulación emocional es uno de los elementos que integran la competencia. (Bisquerra y Pérez, 2007). Desde esta perspectiva, el desarrollo de competencias emocionales conlleva a la regulación, lo que resulta determinante durante el proceso evolutivo de los niños, así como se constituye en una característica necesaria que les permite a los infantes adaptarse al contexto, a la cultura y a los diversos espectros sociales en los cuales debe desenvolverse a lo largo de su vida.
Las actividades aplicadas permitieron reconocer el impacto que los juegos de roles generan en la habilidad para la creación de personajes, diálogos o formas de representar su entorno; además, resultan significativas en cuanto al desarrollo afectivo puesto que la representación fortalece estrategias para la resolución de conflictos, la interacción entre pares, la expresión emocional, convirtiéndose en el medio por excelencia para desarrollar de forma positiva las futuras y necesarias habilidades sociales.
Resulta acertado propiciar juegos y actividades en los cuales los niños interactúan entre sí, como la manera más eficaz para compartir opiniones, asumir diferentes posturas que enriquezcan su habilidad social y emocional. De acuerdo con Solovieva y Quintanar (2012), el juego es una actividad que permite que los niños avancen en el desarrollo de experiencias culturales, al utilizar formas, objetos, imágenes, lenguaje. El desarrollo psicológico de los niños depende de la adquisición e interiorización de la experiencia cultural durante su participación en el juego (González-Moreno y Solovieva, 2016).
Si bien es cierto que el juego es una actividad empleada para la diversión y el disfrute de quienes participan en él, en edades tempranas funciona como una herramienta educativa permanente. A través de las reglas establecidas se dinamizan mecánicas sociales para la interacción, que permiten a los niños y niñas la expresión y control primario de sus emociones, evidenciado en la propia manera de desenvolverse, logrando la regulación del impulso que los motiva a jugar. También contribuye a la regulación emocional, ya que los niños y niñas participantes dieron razón de sus emociones, a través de las respuestas y conductas, a su vez que demostraron cómo aprenden a afrontar las consecuencias de sus acciones; algunos de ellos asumiendo e internalizando normas propuestas, otros aún movilizados únicamente por sus propios intereses.
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Conclusiones
Se constatan manifestaciones de autorregulación emocional y control de comportamientos y de emociones en niños y niñas de educación inicial a través de actividades de juego, además de crear mecanismos y estrategias para interactuar socialmente, resolver retos y cumplir normas.
A los niños y niñas con mayor capacidad de liderazgo e interacción se les facilitó la expresión de emociones; las niñas lograron mayor espontaneidad que los niños al momento de realizar manifestaciones de expresión emocional con sus pares demostrando así mayor destreza en su interacción social; al tener la capacidad de expresar sentimientos y emociones de una forma más fluida pudieron entablar con sus pares vínculos más asertivos. De ahí la importancia de que reciban desde temprana edad educación emocional, para aprender a interiorizar y a la vez expresar sus sentimientos y emociones.
La mayoría de los participantes lograron adecuadas habilidades de afrontamiento; sin embargo, se identificó en algunos niños dificultad para buscar estrategias que conlleven al bienestar grupal, siendo para ellos en el rango de edad en el que se encuentran, más relevante el bienestar individual. Se observó en las actividades de juego realizadas, que la toma de decisiones a nivel grupal les cuesta, pensando satisfacer las necesidades personales. Cabe agregar que ello conlleva a la necesidad de crear ambientes en los cuales a los niños y a las niñas se les brinde confianza, amor y respeto para incrementar su seguridad.
El desarrollo de competencias emocionales presenta una estrecha relación con el nivel de socialización del niño y una adecuada regulación de las emociones. Por consiguiente, aprender a regular sus conductas incrementa sus estrategias para afrontar las emociones negativas, como factor determinante para la prevención de posibles comportamientos disruptivos.
No obstante, si bien el juego facilita la identificación de las manifestaciones de regulación emocional observadas en el estudio, es necesario reconocer que algunos niños requieren incrementar sus habilidades sociales mediante otros mecanismos y actividades.
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escolares. Currículum y Formación del profesorado 16(1), 15-34.
humor se concibe como una respuesta emocional positiva, innata, universal, social que surge en la interacción entre personas o en otras palabras “respuesta emocional de hilaridad dentro de un contexto social, provocada por la percepción de incongruencia lúdica, que se expresa por medio de la sonrisa” (Martin, 2009, p. 35). Así, el humor se suele expresar en la risa que surge a veces en contextos amigables (humor prosocial) o en situaciones desagradables como cuando varias personas se ríen del comportamiento o las características de otra persona para denigrar (humor hostil) con frecuencia apoyándose en el uso del sarcasmo y el cinismo.
Por un lado, el humor prosocial se caracteriza por propiciar emociones positivas, bienestar e interacciones que son amables con los demás (Martin, 2009). Este tipo de humor genera relaciones basadas en la cercanía (Fernández y Limón, 2012; Martin, 2008). Por otro lado, el humor hostil comunica distancia o reafirma el establecimiento de relaciones jerárquicas en escenarios sociales, y en ocasiones, se acompaña de agresión.
Lo anterior, no significa que un tipo u otro no puedan coexistir de alguna manera. Una persona puede hacer uso de ambos en distintos momentos de la vida. Esto es llamado por Martin (2009) como las dos caras del humor. Por un lado, permite el aumento de interacciones sociales positivas y, por el otro, podría incluso promover la reafirmación de diferencias entre grupos normativos respecto a grupos no normativos, ya que los primeros lo usarían para imponer formas de actuar, comportarse y ridiculizar a otros haciendo énfasis en lo que los hace “distintos” lo que se ha visto en escenarios escolares donde se asocia el humor hostil con la perpetración del acoso escolar (Sari, 2016; Steer et al., 2020).
Siguiendo lo anterior, el acoso escolar es definido como una relación de asimetría de poder entre una víctima y un perpetrador en la que existen diferentes tipos de agresión, que con frecuencia se repiten en el tiempo (Wells, et al., 2006). Asimismo, en estudios previos se evidencia cómo diferentes estilos de humor en la escuela harían que existan estudiantes con mayores probabilidades de ser víctima de bullying que otros (Kerla, 2016).
De la misma manera, se ha observado cómo los estudiantes en la escuela perciben que la razón central para rechazar a otros es “que no encajan con los demás” (Hoover, et al., 1992). En otros estudios características como, rasgos físicos asociados a comunidades étnicas, sobrepeso o tener una capacidad motora poco precisa o lenta respecto al promedio, resulta en una percepción de estos estudiantes como “extraños” (Bejerot et al., 2011). En el caso de los estudiantes que son perpetradores de acoso, se ha encontrado que tienden a caracterizarse por ser físicamente más resistentes que sus víctimas y buscar el reconocimiento social, influencia y poder (Juvonen et al., 2003). En este sentido, esto permite que existan factores que hacen más vulnerables a ciertos estudiantes de sufrir acoso escolar y a otros a ser perpetradores del mismo.
Estudios como los de Plenty et al. (2014) y Chaux (2003) evidencian cómo podría llegar a existir una relación entre el desarrollo de habilidades sociales como el humor y ser víctima de bullying, concluyendo que el uso del humor hostil está presente en el bullying y, que, por otro lado, el humor afiliativo o positivo tiene un rol importante en la promoción del bienestar y la interacción social adaptativa.
A pesar de la literatura acerca de la relación entre el humor y el bullying, la información sobre el rol de los observadores sigue siendo limitada y esto es una dificultad para establecer programas de intervención escolar que disminuyan los niveles de agresión (Guerra et al., 2011). Especialmente porque los observadores tienen un rol importante ya sea para eliminar, mantener o empeorar los niveles de bullying. En la mayoría de los casos se ve cómo los observadores atacan a la víctima o son pasivos ante las agresiones (Atlas y Pepper, 1998; Craig y Pepler, 1997) o, por el contrario, que cuando intervienen son capaces de frenar las agresiones de forma efectiva (Hawkins, et al., 2001).
Prevalencia del humor hostil en los colegios colombianos
Algunos estudios con muestras no representativas (García y Niño, 2018; González et al., 2014; Sánchez Ortiz y Sánchez Reales, 2018; Uribe et al., 2012) y muestras representativas (Bromberg et al., 2016; Duarte, 2005; Cuevas et al., 2009; Paredes et al., 2008) han reportado la prevalencia del humor hostil en las escuelas colombianas, desde el enfoque del acoso escolar o la violencia.
En la ciudad de Bogotá, Bromberg et al. (2016) realizaron un censo de clima escolar en varios colegios. Los autores encontraron que el 6% de los estudiantes percibe que las burlas casi nunca ocurren, el 22% que son raras y leves, el 43% que son ocasionales y las víctimas tienen que soportarlas, el 15% que son frecuentes y llegan a extremos, y el 14% que son muy frecuentes y terminan en violencia. Además, descubrieron que una de las principales razones por las que los estudiantes sentían que sus aulas eran inseguras era que no tenían libertad para hablar por miedo a que se burlaran de ellos. En otro estudio, el 52% de los estudiantes reportó que las burlas eran una forma de agresión, el 42% las usa cuando quiere agredir a otro y el 68% las usa como espectador en situaciones de agresión (García y Niño, 2018).
En la ciudad de Medellín, Duarte (2005) encontró que el 30% reportó ser blanco de agresiones verbales, como burlas, humillaciones, ofensas e ironías. Así mismo, González et al. (2014) encontraron que el 34% de los estudiantes víctimas de agresión fueron atacados únicamente con ridiculizaciones (apodos, burlas e insultos). Aproximadamente el 20% de los estudiantes lo utilizaban a diario. En Valle del Cauca, el 50% de un grupo de estudiantes reportó ser blanco de burlas, el 37% es imitado como forma de burlar, el 37% es objeto de burlas por su apariencia física y el 79% se ríe de ellos cuando cometen un error (Cuevas et al., 2009). En Cali, los estudiantes reportaron que el 43% de las veces las agresiones eran mediante burlas y apodos (Paredes et al., 2008). En Barranquilla, el 68% de los estudiantes reportaron la burla y la ridiculización como una de las situaciones que más afecta la convivencia (Sánchez Ortiz y Sánchez Reales, 2018). Finalmente, en un municipio de Santander, la burla fue la forma de agresión más reportada (24%; Uribe et al., 2012).
Estilos de humor y desarrollo vital
El sentido del humor es una habilidad blanda, que se desarrolla con el tiempo y en distintos momentos de la vida de una persona. Está relacionado con el desarrollo cognitivo y con la adquisición del lenguaje desde la infancia, y alcanza sus formas iniciales hacia los 7 años aproximadamente (McGhee, 1974). El humor se apoya de manera fundamental en la habilidad cognitiva para la metarrepresentación: el reconocimiento de la existencia de las palabras, su papel y las reglas con las que se produce en el lenguaje. En otras palabras, la habilidad para representar aquello sobre lo cual se está representando (Dennet, 2000). En ese sentido, a medida que los niños y niñas van creciendo su forma de producir y comprender los chistes se va transformando en función de su desarrollo cognitivo y verbal (Martin, 2010).
Se ha visto que, en el desarrollo vital, los niños y las niñas empiezan a usar estilos de humor entre los 10 y 12 años. A esta edad se han desarrollado habilidades sociales y cognitivas que les permiten entender cuándo usar un cierto tipo de humor, cómo interactuar con humor y responder a este. Es decir, es en este momento del desarrollo en el que los estilos de humor empiezan a usarse como una forma de comunicación con otros (Kuiper y Klein, 2006).
Actualmente, se distinguen cuatro tipos distintos de estilos de humor. Dos adaptativos y dos inadaptativos. Los dos adaptativos son el humor afiliativo y el de autoayuda. El humor afiliativo es usado por los individuos que buscan disminuir momentos de tensión, incomodidad con el objetivo de que los otros se sientan más a gusto en una interacción social. El de autoayuda o autorreferencial se usa buscando disminuir el estrés y aumentar los niveles de regulación emocional para tomar distancia de los problemas al flexibilizar o disminuir la gravedad de un suceso difícil (Kuiper y McHale, 2009). Los dos inadaptativos son el humor agresivo y el auto-destructivo. Por un lado, el primero usa el sarcasmo para divertirse a costa de otros de forma agresiva, y el autodestructivo busca burlarse de sí mismo, pero de forma denigrante para lograr divertir a otros (Martin, 2009).
Además de estar asociado con el desarrollo cognitivo, el sentido del humor (la capacidad para comprender y producir humor) se asocia con mayores niveles de competencia social y con un buen nivel de desempeño académico (Masten, 1986). Para dar un ejemplo, existe evidencia de que los estilos de humor adaptativos están relacionados positivamente con variables de ajuste como la autoestima, y negativamente con depresión y ansiedad (Martin et al., 2003; Kuiper y McHale, 2009).
El humor en el entorno escolar
El colegio además de ser un espacio de conocimientos académicos constituye un lugar privilegiado para el desarrollo de habilidades blandas como el sentido del humor. No solo por su potencial para jalonar los procesos de desarrollo del pensamiento, sino por las oportunidades que ofrecen para el desarrollo de competencias sociales, siendo estas el conjunto de conocimientos, destrezas y actitudes básicas para la realización personal y la integración social (Fernández-Poncela, 2012).
El sentido del humor en el colegio enriquece y facilita el proceso de enseñanza-aprendizaje, ya que al parecer el uso del humor se convierte en una herramienta para recordar mientras exista una relación entre la información relevante para el curso y el humor (Rojas, 2010). Para Toledo y Aparicio (2010) en el contexto escolar es fundamental la comprensión del humor, ya que es el sujeto el que es exhibido dentro del chiste, ameritando un clima positivo en el aula para evitar el daño de la persona. Tanto así, que cuando un docente establece un entorno divertido, produce motivación a sus estudiantes; cosa que los induce a estar más atentos y participativos en clase. Es decir que el humor se convierte en el motor del buen funcionamiento académico de los estudiantes.
El humor en el entorno escolar, sobre todo con estudiantes, es fundamental ya que permite reducir los niveles de ansiedad y se estimula la creatividad e imaginación (García, 2002). En efecto, para un salón de clases el humor y la risa permiten, al parecer, que el aprendizaje sea más estable y duradero, se preste más atención, se retenga más información y se expanda la imaginación limitando la pereza y generación de conflictos (Fernández-Poncela, 2012). En este sentido, el humor permite el diálogo, la escucha y solidaridad, y posiblemente un mayor nivel de compañerismo (Toledo y Aparicio, 2010). Adicionalmente, el sentido del humor genera una sensación de bienestar y crea un ambiente agradable entre estudiantes y docentes, cosa que incide en un aprendizaje más efectivo y divertido (Benítez, 2003).
En un estudio conducido por Abugarade et al. (2018) en la institución educativa Antimanque de Peñaflor (Chile) se plantearon el objetivo de identificar la diferencia que existe entre la autopercepción del estilo de humor de los profesores respecto la percepción y valoración que los estudiantes dan a este. Encontraron que el humor afiliativo (o prosocial) era predominante tanto en la autopercepción de los docentes como en la percepción de los estudiantes. Teniendo esto en consideración, se plantea que utilizar el humor positivo en el desarrollo de las clases beneficiaba el clima del aula, el aprendizaje y las relaciones interpersonales, además de promover la confianza, el respeto y la empatía. Esto, contrario a la utilización del humor agresivo entendido como “sarcasmo, ridículo o ironía” el cual se percibe como causa de un ambiente de hostilidad y perjudica las relaciones entre pares.
En congruencia con Abugarade et al. (2018), Falanga et al. (2014) exploraron la asociación entre los estilos de humor, las tendencias prosociales y la autoeficacia empática/social de jóvenes y niños estudiantes italianos. Al hablar de las tendencias prosociales, se hace referencia a la inclinación para ayudar a las personas en las diferentes situaciones sociales o psicológicas que pueden ser anónimas, públicas, emocionales, nefastas, altruistas (Carlo y Randall, 2002). En cuanto a la autoeficacia empática/social, se trata de aquellas creencias y habilidades individuales para estructurar y ejecutar acciones que permiten la organización y el control de situaciones sociales y personales reconociendo los límites y posibilidades personales (Bandura, 1986, 1997).
Se encontró que los niños utilizan el humor con el fin de burlarse de los demás y así “mejorar su imagen personal”. Adicionalmente, evidenciaron que los adolescentes presentaban bajos niveles de autoeficacia empática y altos niveles de autoeficacia social. Desde otro punto, encontraron que los adolescentes tienden a ayudar en situaciones críticas dependiendo del sexo y género. Los niños y adolescentes más jóvenes muestran más disposición para ayudar a otras personas en situaciones públicas, mientras que las niñas y adolescentes mayores tienden a ayudar a los demás cuando se trata de situaciones de evocación emocional, emergencia o crisis (Falanga et al., 2014).
Consecuente con lo encontrado por Falanga et al. (2014), Yip y Martin (2006) encontraron que los adolescentes entre más divertían a los demás y favorecían las relaciones interpersonales, más se percibían a sí mismos empáticos frente a la comprensión de los sentimientos y necesidades de los demás. Por otro lado, los niños entre más utilizaban el humor como estrategia de afrontamiento en situaciones de estrés, más se percibían a sí mismos con la capacidad de comprender las necesidades de los demás. Por el contrario, evidencian que los adolescentes entre más divertían a los demás a costa de sí mismos, menos se percibían como actores activos en las relaciones interpersonales. En cuanto a las tendencias prosociales, encontraron que cuanto más los adolescentes tienden a ayudar en situaciones emocionalmente críticas, más se perciben como capaces en circunstancias empáticas y sociales. De esta manera, consideran que utilizar el humor para divertir a los demás y favorecer las relaciones interpersonales se relaciona positivamente con la conducta de ayudar en situaciones emocionalmente críticas y extremas; y negativamente con la conducta prosocial en situaciones públicas y anónimas (Yip y Martin, 2006).
López et al. (2019) encontraron que el estilo de humor afiliativo carece de hostilidad. Sin embargo, plantean que el humor de mejora personal (es decir la capacidad de reírse o considerar cómica una situación adversa) promueve cambios positivos (Boerner et al., 2017), ya que se regulan emociones y evitan lastimarse a sí mismos o a otros. De manera que, el estilo de mejora personal en un ambiente educativo funciona como protector para evitar las agresiones verbales reemplazándolas por bromas y risas.
Funciones del humor hostil en el entorno escolar
Los estudiantes utilizan el humor hostil contra sus compañeros por diferentes razones o motivos. Dada la naturaleza hostil y agresiva de este tipo de humor, es probable que las funciones del humor hostil sean similares a las del acoso escolar. Hasta donde se conoce, pocas investigaciones han estudiado específicamente las motivaciones sobre el uso del humor hostil de forma independiente al bullying (McCleary Knox, 1976; Mills, 2001, 2018; Sherer y Clark, 2009; Strong, 2013).
Sherer y Clark (2009) identificaron cuatro motivaciones para las burlas en su estudio: a) diversión (reírse), b) exhibición (hacer reír a los espectadores, atraer la atención o parecer superior o inteligente), c) molestar (irritar al otro o castigarlo por algo que hizo) y d) afecto positivo (mostrar a la otra persona que es apreciada). Los autores descubrieron que la motivación más común era la diversión, independientemente del nivel escolar, y que los alumnos utilizan las burlas principalmente para herir los sentimientos del otro o expresar su desagrado. Di Cioccio (2001) describió en su escala la motivación agresiva como disminuir la confianza en uno mismo, dañar la propia imagen, molestar, avergonzar y herir a los demás.
Los alumnos solo utilizan el humor hostil en situaciones específicas y contra alumnos concretos. Principalmente, los alumnos objetivo-potenciales son aquellos que son descritos y percibidos como diferentes de alguna manera por sus compañeros, según las normas específicas de características y posesiones deseadas o aceptables (Horowitz et al., 2004; Sweeting y West, 2001). La literatura ha identificado algunas características en la apariencia física, la personalidad y el comportamiento, la familia y el entorno, el trasfondo social cultural, la escuela y el rendimiento académico, elementos que ponen a los estudiantes en riesgo de recibir un humor hostil o bullying. Algunas características de la apariencia física son la forma de vestir, la discapacidad física, la obesidad, la talla, la higiene personal, la expresión facial, el color de la piel. Las características de comportamiento son el nivel de socialización (demasiado introvertido/tímido o demasiado extrovertido), la forma de hablar, el acento, actuar como otra etnia o sexo, las preferencias (Horowitz et al., 2004; Sweeting y West, 2001).
Los alumnos podrían tener diversas motivaciones para utilizar el humor hostil en el contexto escolar. Strong (2013) estableció tres motivaciones principales: poder, shock y cultura. El humor como poder se utiliza para disminuir y marginar a alguien, o para construir jerarquías entre diferentes grupos (Odenbring y Johansson, 2021). El beneficio de una persona o grupo es a costa de otro (Strong, 2013). Los alumnos utilizan el humor para controlar el comportamiento de los demás para hacerlo más acorde con las normas y expectativas (Horowitz et al., 2004), y para ganar estatus ante los demás (Huuki et al., 2010). Asimismo, el humor podría utilizarse en la relación profesor-alumno cuando existe una incongruencia entre las acciones y los requisitos sociales sobre el rol (Šeďová, 2015). El humor como choque, se utiliza para escandalizar y llamar la atención. Los alumnos solo quieren ser populares o ser reconocidos por los demás, más no hay intención de herir. Por último, el humor como cultura (la cultura de la broma) consiste en utilizar el humor hostil para mejorar las relaciones.
Como se menciona anteriormente, el humor hostil es un fenómeno presente en los colegios, y es utilizado por parte de los estudiantes para mantener las jerarquías sociales y rechazar a los diferentes o lo que es diferente. Por este motivo, este artículo busca comprender cómo en una muestra de estudiantes observadores se entiende el papel del humor en un escenario de burla, centrados en a) cómo los estudiantes ven que otros reaccionan y, b) cuál es la ruta para gestionar este tipo de fenómenos en la escuela. Identificando la función del humor hostil en el contexto educativo, cómo el uso cambia a través de los grados escolares y el abordaje ante situaciones de humor hostil.
Método
Este estudio fue de corte cualitativo, se expuso a los estudiantes a un dibujo que representaba una situación de burla, y se analizó las respuestas sobre la interpretación de los dibujos. Se realizó un análisis de contenido definido por Cano y González (2015) como el proceso de identificación, codificación y categorización de ejes analíticos que surgen de los datos y busca generar abstracciones sobre los significados y relaciones que surgen de la información, trasciende al análisis puramente descriptivo.
Muestra y población
Estudiantes de dos instituciones públicas colombianas participaron en este estudio (una de Bogotá y otra de Ibagué). Para obtener una muestra representativa de todos los grados escolares, se trabajó con al menos un curso de cada grado escolar. El muestreo fue probabilístico por conveniencia, en el cual fueron incluidos aquellos estudiantes a quienes la institución permitió. Los estudiantes completaron el instrumento en grupos de aproximadamente cuatro personas. Cada grupo fue analizado como un caso grupal. Algunos grupos estaban compuestos por hombres (masculino), otros de solo mujeres (femenino) y otros eran mixtos. No hubo criterios de exclusión. El único criterio de inclusión fue que contaran con consentimiento informado y aceptaran el asentimiento informado. A continuación, se describe la muestra por cada grupo.
Bogotá. El instrumento fue respondido por un total de 140 estudiantes de una institución pública bogotana. En la tabla 1 se detalla el número de casos por género y grado.
Tabla 1.
Reporte de número de casos grupales en Bogotá
|
Género/ Grado |
Masculino |
Femenino |
Mixto |
Total de casos |
|
6° |
2 |
3 |
4 |
9 (36) |
|
7° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
8° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
9° |
2 |
1 |
3 |
6 (24) |
|
10° |
2 |
2 |
4 |
8 (32) |
|
Total de casos |
10 (4) |
8 (32) |
17 (68) |
35 (140) |
Los números reportados entre paréntesis se refieren al número de participantes, que en promedio fueron 4 por cada grupo.
Fuente: elaboración propia.
Ibagué. Participaron 20 estudiantes de grado séptimo, noveno y décimo de un colegio público de la ciudad de Ibagué. En la tabla 2 se detalla el número de casos por género y grado.
Figura 1.
Dibujo representación de la burla
Fuente: elaboración propia
Procedimiento
Para iniciar la recolección de datos los asistentes de investigación previamente entrenados se presentaron, realizaron el asentimiento informado y posteriormente explicaron la finalidad de la actividad. Para ello se solicitó a los estudiantes organizarse en grupos de 4 personas. En el caso de los estudiantes, se le entregó a cada grupo una hoja con un dibujo con la imagen de burla seguida de la respuesta de cada pregunta mencionada arriba.
Dadas las circunstancias de la pandemia por COVID-19, la ejecución de la actividad tuvo algunas variaciones en encuentros posteriores por medios virtuales. Los instrumentos fueron adaptados por medio de la plataforma Typeforms (herramienta virtual para el desarrollo de formularios). Los asistentes de investigación solicitaban a uno de los integrantes compartir pantalla y con la participación de los otros tres estudiantes responder a cada pregunta. Si se presentaba alguna eventualidad y los estudiantes no podían compartir pantalla los facilitadores eran los encargados de compartir pantalla y completar la matriz siguiendo las instrucciones de los participantes.
Resultados
La Figura 2 muestra la nube de palabras obtenida en NVivo. Una de las palabras centrales en esta nube de frecuencia de palabras, es la de bullying. Los estudiantes de ambas ciudades tuvieron como coincidencia relacionar directamente el tema de la burla con el bullying. Así mismo, los actores que aparecen en el centro de la nube se referencian a estudiantes y profesores. Los primeros porque tienden a ser actores relevantes para el desarrollo de la situación, es decir están presentes como aquellos sujetos que se burlan de otros, como también aquellos que son víctimas de burla. De igual manera, es interesante que dentro de este escenario hay un reconocimiento a los actores involucrados de esta manera: una persona que se burla de un estudiante objetivo y otros dos, quienes apoyan al primer actor.
Figura 2.
Palabras más reportadas en el análisis en NVivo
Nvivo: Elaboración propia
Identificación problema ¿bullying es lo mismo que burla?
De sexto a once, al preguntarles a los estudiantes qué identifican que sucede, refieren que se trata de un caso de burla o bullying. Pareciera que los estudiantes entienden burla como sinónimo de bullying lo que lleva a pensar que los usos agresivos del humor pueden estar presentes de forma continua y sistemática en los casos de bullying cercanos a los estudiantes. Asimismo, son capaces de identificar los actores presentes en este tipo de casos.
Lo anterior, se observa cuando reportan la existencia de un agresor central, con mayor poder, que se acompaña de sus amigos o pareja, con quienes se burla de una víctima: “Pepito, Ramón, Héctor, Yumlay; Pepito, Ramón y Héctor son amigos y Yumalay es la víctima” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Los que le hacen bullying al niño y el niño al que le hacen bullying” (Estudiantes Bogotá, 2020). Lo que podría indicar que, además de identificar a los actores también son capaces de identificar las relaciones que establecen entre sí los agresores para demarcar niveles de jerarquía social.
Los estudiantes agresores son identificados con propósitos distintos para estar apoyando el bullying. Ya sea por cercanía social con el agresor o, por ejemplo, por percibir que los agresores poseen más estatus como se ve a continuación: “... Pepita es la agresora principal. Brayan apoya a Natalia por ser su pareja. Camilo es otro agresor para ser aceptado en el grupo de ellos...” (Estudiantes Bogotá, 2020). Es así como el tipo de relación identificado por los estudiantes incluye un tipo de vínculo entre los agresores, ya sea de apoyo social o instrumental. Apoyo social ya sea para reafirmar un vínculo personal o instrumental para ser aceptado por el grupo.
De igual manera, en ambas ciudades y sin diferencias de edad, todos los estudiantes identifican que en la situación se busca hacer sentir mal o humillar a una persona en específico: “En esta imagen observamos que a Pedro sus compañeros le dicen cosas ofensivas y les parece gracioso ver cómo su compañera sufre” (Estudiantes Ibagué, 2020). Es así como los estudiantes describen que existe un uso hostil del humor en el que hay algunas personas que encuentran divertido denigrar a otras.
Asimismo, al momento de identificar el problema parece que lo entienden como un fenómeno de discriminación y bullying a través del humor: “3 niños cebolla, 1 niño hongo. 3 niños que se burlan de alguien diferente” (Estudiantes Bogotá, 2020); “Se están burlando y le hacen bullying, lo discriminan” (Estudiantes Ibagué, 2020). En este sentido, parece que los estudiantes identifican el escenario de la burla como bullying, aludiendo a un nivel de similitud entre ambos fenómenos. Hasta aquí se encontró cómo los estudiantes desde grado sexto a once son capaces de identificar los actores involucrados en un episodio de bullying, y lo equiparan como sinónimo de burla. Ahora, estos estudiantes no tienen una relación clara dentro de lo que reportan, no se refieren a sus propias experiencias dentro de las narraciones, sino a la de aquellos que se enmarcan sea como agresor o como víctima, es decir, posiblemente estén en el papel de observadores. En este rol, no parecen ser responsables directamente de lo que ocurre, son más bien un “público silencioso” que observa y evalúa lo que ocurre.
El problema de “ser diferente” y su relación con el humor
Los estudiantes identifican que el humor hostil es una forma de discriminación de un grupo de personas que agreden a otra quien posee características distintas al resto. Es así como se percibe que “ser diferente” es una razón, y en ocasiones, una justificación para burlarse del otro. De esta manera, es el estudiante diferente el que se percibe como excluido, fuera de las expectativas sociales y en el que recae la responsabilidad del humor. Más allá del daño que pueda experimentar. El estudiante agredido entonces, se percibe como responsable y víctima de lo que le ocurre.
Para iniciar, las razones de la burla o el bullying, concepto que los estudiantes usan de forma intercambiable, varían de acuerdo a la edad de los estudiantes, pero se sostienen en la idea de lo problemático que es “ser diferente”. En sexto y séptimo mencionan como razones para ello tener un nombre distinto: “...Sus compañeros se están burlando por el nombre de la niña” (Estudiantes Ibagué, 2020); o por percibirse como insoportables para el resto: “..el bullying se presenta cuando alguien es demasiado insoportable” (Estudiantes Bogotá, 2020); “..porque Camilo no tiene papá” (Estudiantes Ibagué, 2020). Estas características, por ejemplo, convierten a ciertos estudiantes en un blanco para los agresores. Así la responsabilidad recae en el estudiante víctima, al que se le otorgan características relacionadas con su nombre, conformación familiar, o su temperamento, los cuales, no concuerdan con las expectativas sociales del grupo en cuestión. Por ende, estas características identificadas se usan como una especie de radar para usar el humor en contra de ciertos estudiantes por parte de otros, quienes se convierten en perpetradores del castigo “merecido” que conlleva ser diferente.
En octavo las respuestas son más generales y hacen referencia a las características diferentes de unos estudiantes sobre otros. Sin especificar con mucha precisión a qué se refieren cuando hablan de ser diferente: “Que le hacen bullying por ser diferente” (Estudiantes Bogotá, 2020). Sumado esto, los estudiantes reportan que se excluye a alguien por ser diferente, sino que además, es el grupo el que decide no aceptar esta diferencia. Es decir, el proceso de rechazo tanto como de aceptación dentro de un grupo es una elección: “Le hacen bullying por ser diferente a los demás, no lo aceptan como es” (Estudiantes Bogotá, 2020).
En noveno, se refiere que son las características físicas las que llevan a que una estudiante sea rechazada por otros: “A alguien le hacen discriminación por su tipo de pelo” (Estudiantes Ibagué, 2020). En noveno, décimo y once las respuestas arrojadas coinciden con octavo, en que no especifican el tipo de diferencia al que se refieren, pero agregan un componente adicional y son las consecuencias de la burla a nivel psicológico y afectan la salud mental de la víctima: “Lo que está pasando es que se burlan por la diferencia que le ven los tres compañeros y puede llegar a un problema de depresión y suicidio” (Estudiantes Ibagué, 2020); “..Que es diferente y no lo quieren por eso” (Estudiantes Bogotá, 2020); “...es un caso de Bullying y matoneo y exclusión hacia su compañera al punto de hacerla sentir mal, que hace que tenga problemas de autoestima, inseguridad y amor propio” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Gestión de la burla en la escuela
Frente a las formas para resolver o gestionar las agresiones relacionadas con el bullying, los estudiantes de todos los grados señalan la importancia de que los profesores, psicólogos o directivos intervengan siguiendo el conducto regular, dejan por fuera su rol de forma explícita o el de estudiantes pares dentro de esta resolución: “En muchos casos intervienen los docentes, ayudando a solucionar el problema hablando con los directivos y con el compañero atacado para que no lleguen a un problema más fuerte”(Estudiantes Ibagué, 2020); “Son los profesores los que intervienen” (Estudiantes Bogotá, 2020); “Intervienen los profesores para arreglar el problema y si no se da una solución se lleva a otras personas profesionales para arreglar el problema puede ser la psicóloga o el rector del colegio” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Así mismo, sugieren que, las formas de intervenir dentro de este tipo de situaciones no deberían dejarse en el conducto actual, sino que tendrían que incluir otras estrategias como la reflexión sobre lo ocurrido, acudir a las familias de los agresores, o sanciones de varios días: “Lo mejor es citar al acudiente para que hablen con sus hijos” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Llamar a los padres, avisar a los profesores, sanción de tres días y charla con el psicólogo” (Estudiantes Ibagué, 2020); “Llamar a los padres de los abusadores”; “deberían hacer charlas para concientizar a los estudiantes de la situación tan grave que puede haber..” (Estudiantes Ibagué, 2020).
Adicionalmente, solo los estudiantes de décimo y once refieren la importancia de que “si los docentes se enfocan más en el bullying ellos mismos podrían tener más seguridad para intervenir con los atacantes y preguntar qué es lo divertido de hacer sentir mal al otro”; “Los padres, profesores y otros estudiantes que sean buenos” (Estudiantes Ibagué, 2020). Esto evidencia una diferencia relevante, ya que entre más jóvenes parecen ser los estudiantes poseen una percepción menor de tener la capacidad para cambiar o mejorar la situación por sí solos. Lo que va cambiando a medida que crecen e incluso sugieren la participación de pares dentro de los episodios de agresión como se vio.
Es así como la diferencia parece volver más vulnerable a ciertos estudiantes que otros. Ya sea por características físicas, identitarias o psicológicas que no se ajustan a las expectativas del grupo normativo y se utilizan como justificación para utilizar el humor hostil. Este termina siendo una forma de comunicar y expresar rechazo, pero también, un ajuste social hacia lo normativo reafirma jerarquías y, podría disminuir la confianza porque le comunica a los estudiantes que no pueden “ser aceptados por quienes son”.
Discusión y conclusiones
Este estudio tuvo como objetivo evaluar los usos del humor hostil en dos instituciones públicas colombianas. Independientemente de la ciudad o la edad, los estudiantes reportaron que el humor hostil, en especial la burla, era usado por unos estudiantes con más poder contra otros considerados diferentes según las expectativas sociales. Varios estudiantes asociaron de forma natural una situación de burla con el matoneo escolar, lo cual sugiere, que es común que la burla se de en un contexto de matoneo y que no se limita a un episodio aislado.
Los resultados sugieren que el humor hostil es una herramienta que unos alumnos utilizan contra otros para controlar su comportamiento y hacerlo más acorde con las normas y expectativas, como Horowitz et al. (2004) señala. Los estudiantes reportaron explícitamente que la burla era usada contra aquellos estudiantes que son percibidos como diferentes, como Horowitz et al. (2004) y Sweeting y West (2001) mencionan. Aunque los estudiantes mencionaron algunas características como el nombre, la personalidad o la familia como diferencias que llevan a la burla, principalmente hubo ambigüedad en cuáles son estas características. Futuros estudios pueden profundizar en estos aspectos. La principal función reportada fue la de poder, según las categorías de Strong (2013). El humor hostil es usado principalmente por estudiantes con más poder o status que quieren marginar a otros y mantener las jerarquías sociales, lo cual concuerda, con que sea usado principalmente dentro de patrones de matoneo escolar. El humor hostil en los escenarios escolares reafirma jerarquías, fomenta la discriminación y disminuye la confianza de percibir que se tiene la posibilidad de intervenir a menos de que sea profesor o directivo de la institución.
Frente al uso del humor hostil, en especial la burla, se pueden encontrar semejanzas y diferencias teniendo en cuenta la variación de los grados escolares y las etapas de desarrollo de los estudiantes. En el caso de los estudiantes de sexto y séptimo, se puede evidenciar que no hay una claridad concreta sobre el término burla o bullying ya que lo utilizan de forma intercambiable. Así mismo, el causante de la burla puede deberse a aspectos identitarios como puede ser el nombre, núcleo familiar, o temperamento que no van acorde a las expectativas del grupo. Aspecto que se puede relacionar con lo planteado por Horowitz et al. (2004) o Sweeting y West (2001), coincidiendo que son estos elementos los que ponen a los estudiantes en riesgo de recibir burla o bullying.
En el caso de octavo, el eje principal para la presencia del humor hostil radica en las características diferentes de unos estudiantes sobre otros, y en la exclusión de otro por ser diferente tratándose de un rechazo voluntario y selectivo por parte del grupo. Tal como plantean Strong (2013), Odenbring y Johansson (2021) en la utilización del humor como poder para disminuir y marginar a alguien, o para construir jerarquías entre diferentes grupos.
En noveno, se puede notar que el eje para ejercer burla hacia alguien está determinado por las características físicas que además impulsan al rechazo de la persona. Diferente a lo encontrado en los grados décimo y once, donde se puede ver coincidencia en las respuestas con octavo y noveno, pero se agrega el componente de las consecuencias psicológicas y de salud mental al ser expuestos a la burla. Hallazgo que puede relacionarse con lo descrito por Di Cioccio (2001) ya que se impulsa la motivación agresiva como objetivo para disminuir la confianza en sí mismo, dañar la propia imagen, molestar, avergonzar y herir a los demás.
Este es uno de los primeros estudios que evalúa cómo los alumnos suelen abordar las situaciones de humor hostil. Al respecto, los estudiantes en general mostraron una falta de empoderamiento o capacidad para abordar estas situaciones. Ellos mencionan que son los adultos figuras de autoridad (profesores y psicólogos) los que suelen abordar estas situaciones. No obstante, principalmente en grados mayores, los estudiantes mostraron consciencia sobre las consecuencias psicológicas y la capacidad de que ellos puedan intervenir. Los estudiantes pueden razonar que el ser diferente no es un motivo para aceptar las intimidaciones y las burlas; por lo que es importante trabajar en intervenciones que integren a los estudiantes en el abordaje de la burla.
El presente estudio tuvo algunas limitaciones en los resultados que dificultan la interpretación de los resultados. El instrumento y la metodología fueron bastante estructurados, por lo que no se profundizó en aspectos de las respuestas de los estudiantes; por ejemplo, cuáles son las características consideradas “diferentes” que llevan a la burla. Futuros estudios pueden usar entrevistas semi-estructuradas o grupos focales para profundizar. A pesar de que hay una clara relación entre burla y matoneo escolar, el instrumento no permitió evaluar directamente qué tanto la burla hace parte del matoneo escolar, y evaluar otros usos del humor hostil. Futuros estudios pueden usar diferentes imágenes o situaciones en las que los personajes tengan cierto estatus o relación (por ejemplo, que sean amigos de la víctima de la burla).
Esto, relacionado también con el papel que juegan los estudiantes al presenciar burlas o bullying en contra de sus compañeros y permanecer como espectadores y no agentes de intervención. Si bien culturalmente se promueve el vivir de forma pacífica y en paz al no involucrarse en conflictos externos, esta indiferencia tiende a reforzar el papel de los agresores; así mismo, está determinada por lo que se ha llamado “la cultura del silencio”, para evitar caer en el señalamiento de soplón. Sin embargo, la indiferencia inmoviliza, aliena y deshumaniza a la persona (Carozo, 2015). Por este motivo, resulta importante que futuros estudios tengan en consideración el papel que juegan los espectadores al no intervenir en situaciones de burla o bullying en contra de sus compañeros; teniendo en cuenta el porqué de su papel y qué implicaciones tiene este en las relaciones interpersonales dentro de la convivencia escolar.
Los hallazgos de este estudio contribuyen en el diseño de programas o estrategias de intervención para la reducción de la violencia escolar, al igual que otros estudios muestran que la burla o el humor hostil son precursores de formas de agresión más intensas como el matoneo escolar (Johannessen, 2021; Macklem, 2003; Vessey et al., 2003); por lo cual, es necesario intervenir o trabajar sobre la burla y el humor hostil y no pasarlos por inofensivos. Las intervenciones para abordar el humor hostil deben comenzar con una evaluación de cómo este es usado en el contexto; por ejemplo, pueden invitar a los estudiantes a reflexionar y discutir sobre los desencadenantes y el abordaje escolar de la burla (Ramírez et al., 2022).
Toda situación de humor hostil debe ser abordada como un conflicto que afecta la convivencia escolar pacífica, por lo que sus intervenciones deben ser desde diferentes niveles y fomentando diversas habilidades como la gestión emocional, la toma de perspectiva, el cuestionamiento de creencias, la asertividad y la resolución de conflictos (Urbano et al., 2021). El abordaje de la burla comienza con enseñar a las personas cuando una burla hace parte del matoneo y qué respuestas se pueden dar para neutralizar (Macklem, 2003; Scarpaci, 2006). Además, entrenar a los observadores para que detengan o desincentiven la burla puede ser una buena estrategia (Midgett et al., 2017; Padgett y Notar, 2013; Salmivalli, 2014), e implementar estrategias de mediación entre pares (Urbano et al., 2021).
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La presente investigación buscó establecer la relación existente entre las características de internalización (ansiedad, depresión, ansiedad social, quejas somáticas, sintomatología postraumática y obsesión-compulsión), externalización (problemas de atención, hiperactividad-impulsividad, problemas de control de la ira, agresión, conducta desafiante, problemas de conducta y conducta antisocial de los individuos) y la desesperanza, donde la etapa de la adolescencia constituye una serie de cambios esenciales entre la culminación de la niñez para empezar la adultez, se determina por transformaciones en ámbitos biológicos, psicológicos y conductuales; estas se deben considerar como una edad crítica, puesto que dichos cambios afectan la vida personal y social, además, que dependen de las experiencias adquiridas en la infancia y de las circunstancias que los rodea en el momento (Almonte et al., 2003).
Este período de transición puede tener cambios tan abruptos en cuanto al desarrollo del individuo, genera diversos problemas dado que, si no existe una buena maduración mental, afectiva y emocional, se presentan dificultades en la adaptación de la persona, lo que puede terminar en rechazo a la autoridad parental, problemas sociales y académicos, problemas depresivos, e incluso conductas suicidas. Por la inhabilidad de enfrentar los cambios psicosociales que ocurren durante este período, como resultado de este desequilibrio, se encuentra que en gran parte de los adolescentes, estas conductas desadaptativas e incluso autodestructivas, son usadas como mecanismos de respuesta frente a la no adaptación del cambio (Berger, 2007).
Es así como se debe realizar una correlación con aspectos importantes con los que el individuo se vea permeado, como lo serían su ámbito familiar y el apoyo de los padres, la escuela y la comunidad en general en la que el joven se desenvuelva y, de esta manera, se podrá analizar de manera positiva o negativa el desarrollo del mismo. Si el desarrollo es positivo, tienden a ser personas con características y rasgos específicos en conjunto con el desarrollo afectivo en su ambiente; sin embargo, si es contrario su desarrollo, es decir, de manera negativa, su bienestar físico y mental se verá involucrado y tenderán a un desequilibrio en ambos aspectos de su vida, los cuales pueden desencadenar complicaciones como homicidios, suicidios o accidentes generalizados (Berger, 2007).
Cuando se habla de conductas internalizantes y externalizantes, se habla de aquellos problemas psicopatológicos que afectan la funcionalidad del individuo. Los problemas de internalización incluyen aquellas alteraciones de tipo emocional propias de los trastornos de ansiedad y depresión y, los problemas externalizantes incluyen problemas relacionados con comportamientos disruptivos, que suelen provocar conflictos en la interacción del individuo con su entorno, desatando problemas a nivel conductual y comportamental, que pueden desencadenar en trastornos de conducta y problemas de personalidad (Alarcón y Bárrig, 2015).
Para hablar de los trastornos mentales se debe mencionar que existe una manifestación distinta de cada uno de ellos, pero que en general es una combinación de alteraciones de pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás, que pueden llevar a un desajuste psíquico y que puede generar desesperanza en el individuo, ya que esta tiene una estrecha relación con la emoción y el comportamiento, debido a que las manifestaciones de rabia, tristeza, angustia, implican que hay aspectos desestabilizantes en el individuo y que pueden terminar desencadenando conductas negativas (Beck et al.,1974).
La desesperanza es esa atribución que hace el ser humano de manera negativa sobre causas, consecuencias e implicaciones de sucesos vitales negativos, por lo que se considera que la desesperanza es un factor de vulnerabilidad para los pensamientos suicidas; es como el primer paso para llegar a generar conductas negativas, debido a que las atribuciones que se hacen de los sucesos son negativos y por fallas de sí mismo; a menudo hay interpretaciones fatalistas y pensamientos de que nada de lo que está ocurriendo tiene solución y seguirá pasando en el futuro (Calvete et al., 2008).
Metodología
Tipo de investigación
Es una investigación cuantitativa no experimental, por lo tanto, no se busca manipular la naturaleza de las variables, sino que se observa el fenómeno tal y como se da en el contexto natural (Hernández et al., 2014).
Diseño
Con un diseño transeccional -correlacional, lo que indica que es una medida tomada en un solo momento donde se busca describir la relación directa entre más de una variable establecida en dicha investigación, en este caso se busca correlacionar las variables de desesperanza, internalización y externalización y determinar si existe o no una relación entre las mismas (Hernández et al., 2014).
Población y muestra
Adolescentes de 17 y 18 años de instituciones de educación media, tecnológica y universitaria de Armenia Quindío, bajo confiabilidad del 95% y error máximo permisible del 10%; la muestra estuvo conformada por 76 adolescentes.
Aspectos ético legales
Esta investigación se encontró enmarcada desde diferentes leyes que rigen el quehacer psicológico y profesional y propenden por el bienestar integral de los individuos, y así mismo se tuvo un consentimiento y un asentimiento que debía estar diligenciado por los padres de los menores de edad y el asentimiento que debía ser firmado por los participantes.
Instrumentos
Los datos se recolectaron mediante dos instrumentos: la Escala de Desesperanza de Beck. Cuestionario autoaplicado, creado y estructurado por Beck et al. (1974); posteriormente, adaptada por los españoles. Tiene 20 ítems, el tiempo de aplicación oscila entre 5 a 10 minutos. Fue implementado para personas entre 17 y 80 años de edad. Esta escala tiene como objetivo evaluar, desde un punto de vista subjetivo, las expectativas negativas que una persona tiene sobre su futuro y su bienestar (en qué medida es pesimista un individuo), así como su habilidad para salvar las dificultades y conseguir el éxito en su vida (Beck et al., 1974).
Asimismo, la prueba establece unos niveles de riesgo, los indicadores de evaluación están expuestos de manera que la escala arroja datos específicos para la identificación del nivel que la persona puede padecer bajo la premisa del suicidio, como puede verse en la Tabla 1.
Tabla 1
Niveles de riesgo
|
Riesgo |
Puntaje |
|
|
Bajo (0-8) |
Ninguno o mínimo |
0-3 |
|
Leve |
4-8 |
|
|
Alto (9-20) |
Moderado |
9-14 |
|
Alto |
15-20 |
|
|
Fuente: elaboración propia. |
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Por otro lado, se utilizó el Sistema de Evaluación de Niños y Adolescentes SENA, construido por Fernández-Pinto, et al. (2015), el cual permite la recolección de información desde diferentes ámbitos, personal, familiar y escolar; se encuentra constituido por nueve cuestionarios los cuales están divididos en: cuestionario Infantil de 3 a 6 años, Primaria de 6 a 12 años y Secundaria de 12 a 18 años. Cada cuestionario consta de un número de ítems; en el caso del autoinforme se encuentra que las preguntas oscilan entre 77 y 188 preguntas; en el de padres, el número total de ítems está entre 122 y 141; y, el de docentes, entre 129 y 154 preguntas. El cuestionario SENA permite valorar, desde diferentes perspectivas, las conductas del evaluado; por su enfoque multidimensional se logra la evaluación de un amplio conjunto de conductas mediante las escalas de problemas, de vulnerabilidad y de recursos personales.
La escala de problemas es el cuerpo central de la prueba SENA, allí se evalúan problemas psicológicos que alteran el funcionamiento integral del individuo y las posibles dificultades de adaptación en uno o varios de sus entornos principales de desarrollo. La escala de problemas se divide en conductas de tipo Internalizante, donde se evalúan la Depresión (DEP), Ansiedad (ANS), Ansiedad Social (ASC), Quejas somáticas (SOM), Sintomatología postraumática (PST) y Obsesión-compulsión (OBS) y, conductas de tipo Externalizante, donde se evalúa Inatención (ATE), Hiperactividad-impulsividad (HIP), Problemas de control de la ira (IRA), Agresión (AGR), Conducta desafiante DES) y Conducta antisocial (ANT).
Dentro de la escala de vulnerabilidad se evalúan aquellas características que pueden favorecer la aparición de algunos trastornos empeorando el pronóstico y, por último, se habla de la escala de recursos psicológicos o personales, escala que permite identificar los puntos fuertes y positivos con los que cuenta el individuo. Adicionalmente, cuenta con una escala de control que ayuda al profesional a determinar si las respuestas son fiables y válidas o, si por el contrario, la información está distorsionada o carece de veracidad
Procesamiento de datos
Se utilizó estadística descriptiva de medidas mínimas, máximas, medias y desviación estándar para cada una de las variables buscando analizar el rendimiento general de los participantes en las características de internalización, externalización y desesperanza; fortuitamente se utilizó la medida de dispersión y el método de correlación de Pearson por medio del programa estadístico STATGRAPHICS, con el fin de determinar si existía una relación entre las variables trabajadas y dar respuesta a la pregunta de investigación.
Resultados
Dando respuesta a los objetivos planteados en la investigación, se muestran a continuación los resultados obtenidos por medio de los instrumentos. Mediante el instrumento SENA se logró recolectar información de tres tipos de fuente: autoinforme, escuela y familia, lo que permitió contrastar las variables propuestas en un inicio (Internalización y Externalización) desde diferentes perspectivas. Adicional a esto, se muestran los resultados obtenidos de la prueba de Desesperanza de Beck. Finalmente, se exponen las correlaciones entre ambas variable. Dentro del análisis de resultados también se logró determinar los índices globales que permiten resumir en una única puntuación el nivel de problemas que puede estar enfrentando un individuo; de igual forma, se muestran los factores de riesgo más persistentes desde las tres miradas: padre, docente y adolescente.
La Tabla 2 muestra la distribución de los participantes considerando las variables sexo y edad conjuntamente, el siguiente estudio contó con una muestra poblacional de 76 sujetos de diferentes instituciones de la ciudad de Armenia, distribuidos en edades de 17 y 18 de los cuales 52 son mujeres y 24 son varones; en la distribución de edades se encuentra que 46 corresponden a la edad de 17 años y 30 a la edad de 18 años.
Tabla 2
Datos sociodemográficos
|
Característica |
Frecuencia |
|
|
Edad |
17 |
46 |
|
|
|
|
|
Género |
|
|
|
Varón |
24 |
|
|
|
|
|
|
Fuente: elaboración propia |
||
En cuanto a la Desesperanza, se conformaron cuatro grupos de riesgo: Ninguno/mínimo, Leve, Moderado y Alto. De acuerdo con esto, se encontró que el 71,05% de los sujetos se ubicó en un rango de 0-3 lo que significa que no hay presencia de riesgo, el 27,63% en un rango de 4-8 con riesgo leve y, por último, el 1,32% de los evaluados se ubicó en un nivel de riesgo moderado. Esta información permite determinar que gran parte de la población presenta un riesgo mínimo, por lo tanto, no presenta expectativas negativas sobre el futuro y su bienestar. Por otro lado, se logró establecer que 22 de los evaluados pueden estar presentando características de embotamiento emocional y un autoconcepto negativo (rangos de 4-8 y de 9-14), lo que genera en el individuo una falla en la integración de las experiencias exitosas. En la Tabla 3 se muestra la distribución de frecuencias del nivel de desesperanza.
Tabla 3
Distribución de frecuencias del nivel de desesperanza
|
Rango |
Frecuencia |
% |
Riesgo |
|
0 – 3 |
54 |
71,05 |
Ninguno/mínimo |
|
4 – 8 |
21 |
27,63 |
Leve |
|
9 – 14 |
1 |
1,32 |
Moderado |
|
15– 20 |
0 |
0,00 |
Alto |
|
Total |
76 |
100 |
|
|
Fuente: elaboración propia |
|||
Por otro lado, en la Tabla 4 se muestran los resultados obtenidos en los índices globales del autoinforme, logrando así resumir el nivel de problemas que presenta la persona evaluada. Los valores que se ubican en el nivel descriptivo por debajo de 39 puntos se entienden como posibles dificultades en el desarrollo de la habilidad, en este caso, el 6,58% de los adolescentes evaluados presentó deficiencia en el desarrollo de habilidades emocionales, puesto que no lograban gestionar sus emociones de manera positiva, el 9,21% tuvo problemas en el desarrollo de la conducta, el 6,58% en funciones ejecutivas, lo que implica deficiencia a la hora de regular el propio comportamiento. Del mismo modo, se observó que el 18,42% de los evaluados presentó puntuaciones por debajo de 39 en relación con problemas contextuales lo que indica que la persona evaluada se sentía respaldada y apoyada por su entorno familiar. Finalmente, en cuanto al autoinforme se encontró que, en relación al manejo de recursos personales, el 14,47% de los evaluados presentó menores grados de fortaleza ante las dificultades, baja inteligencia emocional y mayor tendencia a presentar problemas de tipo emocional y comportamental.
Tabla 4
Distribución de frecuencias índices globales autoinforme
|
Autoinforme |
||||||||||
|
Puntaje T |
Emo |
% |
Con |
% |
Eje |
% |
Ctx |
% |
Rec |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||
|
39 |
5 |
6,58 |
7 |
9,21 |
5 |
6,58 |
14 |
18,42 |
11 |
14,47 |
|
40-59 |
52 |
68,42 |
57 |
75 |
56 |
73,68 |
53 |
69,74 |
54 |
71,05 |
|
60-69 |
8 |
10,53 |
7 |
9,21 |
8 |
10,53 |
7 |
9,21 |
11 |
14,47 |
|
70-79 |
10 |
13,16 |
5 |
6,58 |
6 |
7,89 |
2 |
2,63 |
0 |
0,0 |
|
80-110 |
1 |
1,32 |
0 |
0,0 |
1 |
1,32 |
0 |
0,0 |
0 |
0,0 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
|||||
|
Fuente: elaboración propia |
||||||||||
Además, se encontró que gran parte de los adolescentes evaluados están dentro de lo normativo y esperado para la edad, puntaje T (40-59), lo que indica que el 68,42% de los evaluados reconocen y logran gestionar de manera positiva sus emociones, el 75% no presentan problemas relacionados con la conducta, el 73,68% tienen mayor manejo en el control y regulación de las respuestas emocionales, mayor flexibilidad cognitiva, lo que le permite tener mejor capacidad para actuar de manera eficaz y buscar alternativas adaptadas a la necesidad de cada momento, tienen la capacidad para dirigir su atención y gran capacidad para planificar. El 69,74% presentó un buen ajuste y adaptación al contexto y el 71,05% tiende a tener una valoración positiva de sí mismo y un buen ajuste personal. Cabe resaltar que la gran mayoría de los adolescentes evaluados no presentan algún tipo de riesgo inminente en estas variables.
Ahora bien, luego de analizar los puntajes bajos y aquellos que se encontraron dentro de la media, es importante mencionar y hablar de los puntajes que estuvieron una o más desviaciones típicas por encima de la media (puntuación T de 60- 110), lo que muestra un alto nivel de preocupación, dado que está manifestando un amplio rango de problemas o dificultades que se traducen en posibles patologías. Para el caso se encontró que el 25,01% de la población evaluada presentaba sintomatología ansioso-depresiva, posiblemente acompañada de un afecto negativo o un estado anímico disfórico; por otro lado, el 15,79% de los adolescentes presentó problemas de comportamiento disruptivo, lo que provoca dificultades en el manejo de las relaciones interpersonales; el 19,74% presentó dificultades relacionadas con varios componentes de las funciones ejecutivas, entre las cuales pueden encontrarse problemas para controlar y dirigir la atención, dificultades para controlar su comportamiento e inhibir respuestas lo que se traduce en impulsividad, dificultades para adaptar el comportamiento a diferentes contextos, generando así mayor rigidez e inhibición de respuestas automáticas y mayor dificultad en la regulación de los estados emocionales.
En cuanto a los índices de problemas contextuales, se encontró que el 11,84% de los adolescentes presentaba un alto grado de desajuste y desadaptación del contexto, es decir, probablemente el adolescente observaba su contexto familiar y escolar como una fuente de tensión e incomprensión por lo que no evidenciaba un apoyo, sino que veía su entorno mucho más hostil. Por último, se encontró que el 14,47% de los adolescentes presentaba un buen nivel de adaptación personal y social, es decir, manejaba un buen nivel de autoestima, satisfacción consigo mismo y valoración positiva de su vida, logrando relacionarse eficazmente con los demás.
A continuación, se muestra la distribución de frecuencias de las variables de internalización y externalización desde la perspectiva del adolescente. En relación a los problemas internalizantes, la Tabla 5 muestra que la mayoría de la población estaba dentro del rango esperado (40-59) puntaje T, lo que significa que no hay presencia de sintomatología patológica, que altere el comportamiento del individuo y sus esferas del funcionamiento.
Tabla 5
Distribución de frecuencias de nivel de internalización autoinforme
|
Internalización |
||||||||||||
|
Puntaje T |
Dep |
% |
Ans |
% |
Asc |
% |
Som |
% |
Pst |
% |
Obs |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||||
|
39 |
8 |
10,53 |
16 |
21,05 |
10 |
13,16 |
10 |
13,16 |
3 |
3,95 |
2 |
2,63 |
|
40-59 |
48 |
63,16 |
41 |
53,95 |
55 |
72,37 |
48 |
63,16 |
48 |
63,16 |
48 |
63,16 |
|
60-69 |
15 |
19,74 |
13 |
17,11 |
6 |
7,89 |
7 |
9,21 |
14 |
18,42 |
20 |
26,32 |
|
70-79 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
3 |
3,95 |
5 |
6,58 |
9 |
11,84 |
1 |
1,32 |
|
80-110 |
3 |
3,95 |
0 |
0 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
2 |
2,63 |
5 |
6,58 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
||||||
|
Fuente: elboración propia. |
||||||||||||
Por otro lado, en cuanto a los valores superiores a 59 puntaciones T, en este caso (60-110) se encontró que los adolescentes podrían estar presentando problemas sintomatológicos cercanos a una patología, en cuanto a la escala de Depresión (DEP) se obtuvo un porcentaje del 26,32%, esta escala indica la presencia de manifestaciones de tipo depresivo expresadas mediante un estado de tristeza, o irritabilidad, la falta de placer o disfrute de actividades cotidianas, sentimientos de inutilidad, culpa o desesperanza y en los casos más graves presencia de pensamientos relacionados con la muerte y el suicidio e incluso trastornos psicóticos. Para la escala de Ansiedad (ANS) se encontró un porcentaje del 25% lo que indica posibles manifestaciones de tipo ansioso, preocupaciones recurrentes y manifestaciones fisiológicas severas en los adolescentes con posibles dolores musculares, dificultades para dormir y descansar, sudoración excesiva, sensación de ahogo e incluso molestias intestinales; para la escala de Ansiedad social (ASC) se encontró que el 14,47% de los evaluados presentaba manifestaciones ansiosas ligadas a situaciones sociales e interpersonales expresadas en incomodidad, nerviosismo, inseguridad, tensión e incluso activación fisiológica, generando que el adolescente se exponga o interaccione con el otro.
Otro factor importante en cuanto a los problemas internalizantes es la escala de Quejas somáticas (SOM), donde se evidenció que el 26,68% se encontraban presentando molestias o síntomas físicos como posibles dolores de cabeza, mareos o cansancio, relacionado con posibles alteraciones emocionales; en relación a la sintomatología postraumática se encontró un porcentaje del 32,89% de la población evaluada, lo que indica posible presencia de altos índices de estrés, percepción de peligro, estado de alerta e incluso síntomas disociativos desrealización y despersonalización. Por último, dentro de los problemas internalizantes se encontró la escala de obsesión- compulsión; en relación a esta se pudo establecer que el 34,22% presentaba un riesgo elevado para la presencia de un trastorno obsesivo compulsivo.
En cuanto a las escalas de problemas exteriorizados (Tabla 6), se evidenció que la mayoría de los adolescentes evaluados estaban dentro de un rango, pero existe un pequeño porcentaje de la población que se encontró en condiciones de riesgo, por lo tanto, se hace un mayor énfasis en la descripción estadística; para el caso se tiene que en la escala de Problemas de atención (ATE) el 11,84% de los evaluados presentaron dificultades para mantener, regular y dirigir su atención; en la escala de Hiperactividad-impulsividad), el 18,42% de los adolescentes presentaron posibles problemas de actividad motriz excesiva, problemas en la inhibición de la conducta y de adaptación al contexto. En cuanto a los Problemas de control de ira (IRA) el 21,04% de los adolescentes, en algún momento de su vida, pudo experimentar frecuentes explosiones de ira manifiestas en gritos, enfados, golpes y bajo control emocional; componente que se encuentra acompañado de la escala de Agresión, donde el 19,74% de la población manifestó presencia de posibles conductas de agresión grave a otras personas, problemas de baja empatía y crueldad hacia los demás. Finalmente, se encontró que en relación a las escalas de Conducta desafiante y Conducta antisocial se obtuvo un porcentaje de 3,95% y 13,15% respectivamente, lo que se traduce en problemas que indican posible presencia de comportamiento desafiante y desobediente con padres, profesores o adultos, que va en contra de la norma y que puede terminar en actos vandálicos y delictivos e incluso en autoagresión, dado que no inhiben comportamientos ni miden riesgos.
Tabla 6
Distribución de frecuencias de nivel de externalización autoinforme
|
Externalización |
||||||||||||
|
Puntaje T |
Ate |
% |
Hip |
% |
Ira |
% |
Agr |
% |
Des |
% |
Ant |
% |
|
Rango |
Frecuencia |
|||||||||||
|
39 |
9 |
11,84 |
2 |
2,63 |
8 |
10,53 |
0 |
0 |
4 |
5,26 |
0 |
0 |
|
40-59 |
58 |
76,32 |
60 |
78,95 |
52 |
68,42 |
61 |
80,26 |
69 |
90,79 |
66 |
86,84 |
|
60-69 |
7 |
9,21 |
12 |
15,79 |
6 |
7,89 |
10 |
13,16 |
2 |
2,63 |
4 |
5,26 |
|
70-79 |
2 |
2,63 |
2 |
2,63 |
6 |
7,89 |
5 |
6,58 |
1 |
1,32 |
4 |
5,26 |
|
80-110 |
0 |
0 |
0 |
0 |
4 |
5,26 |
0 |
0 |
0 |
0 |
2 |
2,63 |
|
Total |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
||||||
|
Fuente: elaboración propia. |
||||||||||||
En cuanto a la aplicación de la prueba SENA, no solo se logró establecer la relación existente entre las variables de internalización y externalización, sino que también se logró observar algunos factores de riesgo a los que posiblemente se veían expuestos los adolescentes y, que muchas veces no eran visibles para el núcleo social que los rodeaba; si bien es cierto, la gran mayoría de los resultados se encontraron dentro de la media, no deja de ser menos importante ahondar en aquellos que no superaron la media establecida o, que por el contrario, sobrepasaron el rango esperado. En la Tabla 7 se logró evidenciar desde la percepción del adolescente los riesgos a los que este se veía expuesto. De acuerdo a los ítems críticos arrojados por el autoinforme se encuentra que existe un alto porcentaje en relación a sensación de peligro y alerta (28,88%), alteraciones del pensamiento y la percepción (28,88%) y falta de apoyo social (22,04%), seguido de indicadores inespecíficos de problemas (15,2%) y riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria (12,92%), factores de riesgo que se contrastan con las posibles conductas internalizantes y externalizantes experimentada por los adolescentes.
Tabla 7
Ítems críticos identificados en auto informe
|
No. |
Ítems críticos identificados en auto informe |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Riesgo de autolesión |
20 |
15,2 |
|
2 |
Estresores traumáticos |
17 |
12,92 |
|
3 |
Sensación de peligro y alerta |
38 |
28,88 |
|
4 |
Petición de ayuda |
14 |
10,64 |
|
5 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
9 |
6,84 |
|
6 |
Riesgo de conducta antisocial |
22 |
16,72 |
|
7 |
Abuso de sustancias |
13 |
9,88 |
|
8 |
Alteraciones del pensamiento o la percepción |
38 |
28,88 |
|
9 |
Sensación de pérdida de control |
15 |
11,4 |
|
10 |
Riesgo en el entorno familiar |
20 |
15,2 |
|
11 |
Riesgo de acoso escolar |
10 |
7,6 |
|
12 |
Falta de apoyo social |
29 |
22,04 |
|
13 |
Riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria |
17 |
12,92 |
|
14 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
20 |
15,2 |
|
15 |
Sentimientos de culpa |
10 |
7,6 |
|
16 |
Sin alerta |
16 |
12,16 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Con relación a la escuela, se observó dentro de los ítems críticos que el 29,64% corresponde a falta de apoyo, el 16,72% corresponde a riesgo de conducta antisocial, factor externalizante que en la mayoría de los casos es percibido por el exterior y no por el mismo individuo, información que se evidencia en la Tabla 8.
Tabla 8
Ítems críticos identificados por la escuela
|
No. |
Factores de riesgo identificados en escuela |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Comportamiento inusual |
10 |
7,6 |
|
2 |
Falta de apoyo social |
39 |
29,64 |
|
3 |
Riesgo de autolesión |
10 |
7,6 |
|
4 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
12 |
9,12 |
|
5 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
4 |
3,04 |
|
6 |
Riesgo de conducta antisocial |
22 |
16,72 |
|
7 |
Riesgo de acoso escolar |
7 |
5,32 |
|
16 |
Sin alerta |
23 |
17,48 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Adicionalmente, en la Tabla 9 se encuentran los ítems críticos evidenciados por los cuidadores del adolescente; en este caso se evidencia que el 36,48% equivale a falta de apoyo, el 19% riesgo de conducta antisocial, seguido del 15,2% riesgo de autolesión y 14,44% riesgo de agresión o daño a otros, cabe resaltar que al igual que el docente, la familia observa con mucha más frecuencia aquellas conductas de carácter externalizante.
Tabla 9
Ítems críticos identificados por la familia
|
No. |
Factores de riesgo identificados en familia |
Frecuencia |
Porcentaje |
|
1 |
Acoso escolar |
13 |
9,88 |
|
2 |
Abuso de sustancias |
15 |
11,4 |
|
3 |
Falta de apoyo social |
48 |
36,48 |
|
4 |
Comportamiento inusual |
11 |
8,36 |
|
5 |
Riesgo de agresión o daño a otros |
19 |
14,44 |
|
6 |
Indicadores inespecíficos de problemas |
7 |
5,32 |
|
7 |
Riesgo de conducta antisocial |
25 |
19 |
|
8 |
Riesgo de autolesión |
20 |
15,2 |
|
9 |
Riesgos relacionados con la imagen corporal y la conducta alimentaria |
9 |
6,84 |
|
10 |
Sin alerta |
10 |
7,6 |
|
Fuente: elaboración propia. |
|||
Igualmente, de acuerdo a los índices globales y las variables de internalización y externalización en relación con la escuela y la familia se logró establecer la existencia de un efecto altamente significativo entre lo que ve el docente, el padre de familia y el adolescente. En cuanto a los índices globales se encontró un efecto altamente significativo en relación a los recursos personales, con un valor P (0,0051**) lo que se traduce en una alta apreciación de la escuela frente a los recursos que posee el adolescente para enfrentar situaciones adversas, la escuela sí observa el actuar del individuo y qué tanta capacidad tiene para generar estrategias, a diferencia de la familia y el adolescente que no perciben dicha capacidad, por lo tanto son significativamente iguales.
En relación a las variables de externalización se observa un efecto significativo entre las escalas de conducta desafiante (0,0130*) y conducta antisocial (0.0205*) lo que significa que el adolescente no se percibe como una persona agresiva, con un comportamiento de desafío y oposición a la norma frente a las figuras de autoridad, pero los docentes y su familia si logran identificar el actuar del evaluado, información que se contrasta con los resultados arrojados de los ítems críticos. Estos datos se resumen en la Tabla 10.
Tabla 10
Efecto estadísticamente significativo, en relación a escuela y familia.
|
Variable |
Valor p |
|
índices globales |
|
|
Emoción |
0.7091 |
|
Conducta |
0.1090 |
|
Funciones ejecutivas |
0.9234 |
|
Recursos personales |
0.0051** |
|
Variable Internalización |
|
|
Depresión |
0.2139 |
|
Ansiedad |
0.1624 |
|
Ansiedad social |
0.2550 |
|
Quejas somáticas |
0.9792 |
|
Variable Externalización |
|
|
Atención |
0.3130 |
|
Hiperactividad |
0.2996 |
|
Ira |
0.7312 |
|
Agresión |
0.3129 |
|
Conducta desafiante |
0.0130* |
|
Conducta Antisocial |
0.0205* |
|
Fuente: elaboración propia. |
|
*Efecto significativo **Efecto altamente significativo
Desde la correlación de los dos instrumentos, y de acuerdo con los datos obtenidos, se observa en la Tabla 11 que la desesperanza, si bien es cierto no presenta un valor de correlación alto, presenta un valor (p) que indica que hay presencia de una relación entre variables, bajo una confiabilidad del 95%. En relación a las variables de internalización se encuentra que existe una correlación positiva; en relación a la escala de depresión se encuentra una correlación del 0.4314**, lo que indica que a mayor número de problemas emocionales, mayores índices de desesperanza; en relación a la variable de Ansiedad y Quejas somáticas se encontró una correlación del 0.4536**, por lo tanto, se logra evidenciar que al presentar una puntuación elevada a nivel de problemas emocionales, problemas de ansiedad y somatización se traduce en altos grados negativos, y hace vulnerable al adolescente, lo que implica que su desesperanza va a aumentar y va a generar más conductas de riesgo. Así mismo, se encuentra que cuando se tienen puntuaciones elevadas en las funciones ejecutivas se generan dificultades para controlar su comportamiento e inhibir respuestas inadecuadas o ineficaces, lo cual genera un incremento en la desesperanza; a su vez, se genera en el individuo insatisfacción frente a la vida, por lo que es posible que no logre inhibir intentos frente a conductas autolesivas, ni planificar soluciones a eventos estresores. Es decir, que de acuerdo a cómo sienta, piense y actúe el adolescente se puede generar un aumento o un incremento de la desesperanza.
Tabla 11
Correlación desesperanza- internalización
|
DEP |
ANS |
ASC |
SOM |
||
|
Desesperanza |
Correlación |
0,4314** |
0,4536** |
0,2138 |
0,2448* |
|
Sujetos |
76 |
76 |
76 |
76 |
|
|
Valor P |
0,0002 |
0,0001 |
0,0001 |
0,0641 |
|
|
Confianza |
95% |
95% |
95% |
95% |
|
|
Fuente: elaboración propia. |
*Efecto significativo **Efecto altamente significativo
De acuerdo con los datos obtenidos en la Tabla 12, se evidencia que hay una correlación entre las características externalizantes y la desesperanza, se encuentra una relación existente entre las escalas de hiperactividad (HIP) y problemas de atención (ATE), lo que significa que, a mayores niveles de desesperanza, mayores problemas de concentración y atención.
Tabla 12
Correlación desesperanza- internalización
|
Ate |
Hip |
Ira |
Agr |
Des |
Ant |
||
|
Desesperanza |
Correlación |
0,3667** |
0,2718* |
0,1058 |
0,1220** |
0.1556 |
0.2111 |
|
Sujetos |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
76 |
|
|
Valor P |
0,0015 |
0,0186 |
0,3594 |
0,2906 |
0.1776 |
0.0675 |
|
|
Confianza |
95% |
95% |
95% |
95% |
95% |
95% |
Fuente: elaboración propia.
*Efecto significativo **Efecto altamente significativa
Discusión
Esta investigación buscaba, en un primer momento, identificar las características de internalización, externalización y desesperanza de los adolescentes de 17 y 18 años de la ciudad de Armenia y, en segundo momento, determinar si existía correlación entre las mismas variables. De acuerdo con esto, se identificó que, desde la variable de internalización, existen unas escalas que determinan el comportamiento intrínseco del individuo y que en gran parte del tiempo se encuentran directamente relacionadas con componentes cognitivos, ideas y creencias irracionales, generando así que sean menos evidentes dichas conductas ya que en la mayoría de los casos no se evidencian síntomas. En cuanto a los adolescentes evaluados en la ciudad de Armenia se logró establecer que, si bien es cierto existe un porcentaje de la población que se encuentra dentro de lo normativo, existen adolescentes fuera de la media y que presentan altos niveles de depresión, ansiedad, quejas somáticas, problemas con el contexto y bajo manejo de los recursos personales.
Dentro de los adolescentes evaluados se logró establecer que el 26,32% de adolescentes presentaba problemas de tipo emocional los cuales se ven reflejados en conductas ansiosas y síntomas somáticos; según las muestras obtenidas la gran mayoría de problemas se desprenden de eventos traumáticos vivenciados, ya sea durante la infancia o la propia adolescencia. Según el estudio de Bordin et al. (2009), los factores causantes de estrés familiar, agresiones, ausencia del padre, depresión o ansiedad de la madre, pueden ser precipitantes para desarrollar conductas patológicas, de tipo internalizante.
Dentro del análisis de los resultados también se logró evidenciar que los padres desconocen de los síntomas y las dificultades que enfrentan sus hijos en el diario vivir, de acuerdo a la tabla de ítems críticos, los padres y docentes evidencian en los adolescentes conductas de agresión, de autolesión y falta de apoyo social, pero lo que no identifican es la falta de recursos personales de los que carece el adolescente y la percepción que tiene él mismo de su contexto, la necesidad de apoyo y la falta de comprensión, lo que se puede traducir en falta de comunicación familiar, regulación y control del comportamiento, apoyo afectivo e involucramiento parental de los padres con sus hijos. Según Siabato et al. (2017) cuando no se establecen vínculos parentales, los problemas de salud mental pueden aumentar generando síntomas de conductas internalizantes o externalizantes, dado que se generan problemas a nivel atencional, aumentan las conductas disruptivas, no se establecen vínculos emocionales, disminuyen los estados del ánimo y se acrecientan las conductas desadaptativas.
En este sentido, Méndez et al. (2014) estableció que la mayoría de los adolescentes presentan relaciones familiares disfuncionales, las cuales interfieren en el bajo rendimiento académico, problemas emocionales y conductuales de los adolescentes, generando conductas internalizadas como depresión, ansiedad y quejas somáticas; en relación con la investigación se estableció que en cuanto a problemas contextuales, los adolescentes no sienten el acompañamiento de sus progenitores, perciben su contexto familiar y escolar como una fuente de tensión e incomprensión donde no se le brinda el apoyo que necesitan.
En cuanto al contexto social, Bronfenbrenner (1987) plantea que el contexto de un individuo se encuentra permeado por las influencias externas, dado que siempre está en función de la socialización con el otro, su primer contacto siempre va ser con su círculo familiar, desde donde se establecen las relaciones de apego y de allí depende qué tan positivas o negativas van a ser sus relaciones a futuro.
De acuerdo a la investigación realizada por Andrade y Gonzales (2017), la influencia de los adultos juega un papel importante en la vida del adolescente, dado que las formas en que los estilos de socialización son interiorizados, determinan los diversos modos de interacción y relación de autoridad del adolescente con el ambiente exterior; la integración positiva del adolescente con el otro depende en gran medida de los estilos de crianza impartidos por los padres, la comunidad y los educadores, pues durante este estadio el adolescente se enfrenta a varios retos como lo es la conformación de su estructura de personalidad, el afianzamiento de su identidad y proyecto de vida, el desarrollo de sus habilidades y recursos para enfrentar las crisis personales y los peligros externos y la ruptura gradual de sus vínculos paternos de manera que, si hay presencia de estilos de crianza disfuncionales, es posible que se desaten conductas desadaptativas en el adolescente (Andrade y Gonzales, 2017).
Si bien es cierto, no toda la población evaluada presentó problemas de conducta, un 14,47% de la población presentó problemas a nivel conductual, lo cual se evidencia en los altos puntajes que arroja la variable de agresión, conducta desafiante, conducta antisocial. De acuerdo con Lacasa et al. (2015) la activación de emociones y sentimientos negativos productos de un apego ambivalente presentan mayor miedo al rechazo, se vuelven mucho más distantes y carecen de una visión positiva del otro, por lo tanto, suelen desatar síntomas externalizantes que se reflejan en comportamientos hostiles, desafiantes e incluso autodestructivos, buscando atraer la atención del padre y al mismo tiempo expresar ansiedad y resistencia frente a la falta de atención de sus cuidadores.
En cuanto a la variable de desesperanza se evidenció presencia de riesgo moderado con un porcentaje del 1,32%, esto significa que una parte mínima de la población ha experimentado problemas de embotamiento emocional y un autoconcepto negativo, generando fallas en la integración de las experiencias exitosas; según Quintanilla et al. (2003) cuando se tienen altos niveles de desesperanza, existe mayor probabilidad de experimentar riesgos de conductas autolesiva; estos autores plantean que los factores de tipo cognitivo, emocional y conductual son predisponentes de pensamientos y actos suicidas, información que se contrasta con la obtenida en la presente investigación; a mayor presencia de factores internalizantes y externalizantes mayor presencia de desesperanza y posible riesgo de conductas y pensamientos autolesivos. De acuerdo con lo mencionado por Beck et al. (1974), el individuo distorsiona y malinterpreta sus expectativas de modo negativo, sin una base objetiva, lo que se debe a un esquema cognitivo y unas creencias inapropiadas de su realidad; por lo tanto, los índices de desesperanza aumentan debido a la evaluación negativa que hace el individuo de sí mismo, en su estado de desesperación.
Se encontró también que la percepción que tenían los adolescentes frente a los acontecimientos de su vida, condicionaban, de una u otra forma, su conducta frente a su quehacer cotidiano, pues experimentaban sensaciones negativas que los llevaban a no encontrar alternativas de solución frente a una situación determinada, carecían de expectativas frente a su futuro y solían experimentar sentimientos de minusvalía, falta de apoyo social, altos niveles de irritabilidad; lo cual se convertía en agresiones y daños a sí mismos y a otros. Igualmente, se evidenció baja autoestima y autoeficacia e incluso alteraciones en el pensamiento y su percepción. Esta información se logró evidenciar en los ítems críticos arrojados por la prueba SENA (alto índice en los ítems de falta de apoyo, aspecto percibido por el adolescente y por sus cuidadores y maestros, problemas de autolesión). Esta información se contrasta con la obtenida en la investigación de Cortina et al. (2007) quienes expusieron que un estado de ánimo inestable, la agresividad y la impulsividad eran rasgos de personalidad que podían aumentar el riesgo suicida y la desesperanza, dado que la impulsividad era característica de conductas de alto riesgo y desinhibía el comportamiento. Estas conductas se encontraban acompañadas de agresividad, inmadurez, inestabilidad emocional, depresión, expectativas negativas del futuro y una visión desfavorable de sí mismo.
El grado de desesperanza y los altos índices en las variables internalizantes y externalizantes ya sea emocionales, conductuales o cognitivas son indicadores de posibles riesgos suicidas, según muestran diferentes investigaciones, los factores de carácter patológico son predisponentes de conductas auto lesivas. En la investigación realizada por Bahamón et a. (2019) se encontró que el riesgo suicida estaba permeado por una serie de manifestaciones derivadas en gran parte de trastornos de conducta y del estado de ánimo relacionados con las dinámicas familiares y factores de riesgo que generaban gran afectación a nivel personal, familiar y social del individuo, desatando una sensación de pérdida, angustia constante y desesperanza; dichos hallazgos se lograron contrastar con lo obtenido en esta investigación y los resultados recogidos en los instrumentos aplicados, donde se logró observar que los adolescentes con mayor riesgo presentaban, en su mayoría, problemas emocionales, de conducta y cognitivos.
Conflicto de intereses
En esta investigación no existen conflictos de intereses entre los involucrados y así mismo se debe hacer mención que fue financiada por la Corporación Universitaria Empresarial Alexander von Humboldt por medio del semillero Psicología de la salud y la actividad física.
Conclusiones
A partir de la descripción realizada de los resultados se concluyen que, si bien es cierto la mayoría de los evaluados se encuentran dentro de los rangos esperados, existe un porcentaje significativo en la población que requiere de atención; los altos puntajes adquiridos por los evaluados determina que en la población es necesario establecer medidas de prevención y promoción de manera que se puedan identificar aquellas conductas de carácter interiorizado que en la mayoría de los casos no muestran sintomatología.
Los resultados mostraron que existe una relación entre las conductas externalizantes e internalizantes en relación con la desesperanza, a mayores índices de desesperanza mayor presencia de pensamientos y conductas negativas; teniendo en cuenta que la evaluación se hizo desde una mirada multifuente y se contó con la perspectiva de los padres y los docentes también se logró establecer que, si bien es cierto los cuidadores conocen a sus hijos, en muchas ocasiones no se percatan de los problemas que este acarrea, pues se encuentran relaciones de apoyo bajas que el adolescente percibe como escaso apoyo emocional, ausencia paterna y falta de comprensión.
Finalmente, se concluye un alto índice en cuanto a las conductas auto lesivas, manifiestas por el adolescente, las cuales están acompañadas de problemas exteriorizados que se reflejan en conductas agresivas y desafiantes, como de problemas interiorizados evidenciados en problemas altamente emocionales, provenientes de eventos postraumáticos y de pensamientos negativos constantes.
Referencias
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Andrade, J. y Gonzales, J. (2017). Relación entre riesgo suicida, autoestima, desesperanza y estilos de socialización parental en estudiantes de bachillerato. Psicogente, 20(37), 70-88. https://www.redalyc.org/pdf/4975/497555990006.pdf
Bahamón, M., Alarcón, Y., y Trejos, A. (2019). Prevención del riesgo suicida en adolescentes. Manual Moderno.
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Lacasa, F., Mitjavila, M., Ochoa, S. y Balluerka, N. (2015). The relationship between attachment styles and internalizing or externalizing symptoms in clinical and nonclinical adolescents. Anales de Psicología, 31(2) 422-432. https://revistas.um.es/analesps/article/view/analesps.31.2.169711/175081
Méndez, J. H. M., Echavarría, K., Pardo, A., y Quiñones, Y. (2014). Funcionalidad familiar, conductas internalizadas y rendimiento académico en un grupo de adolescentes de la ciudad de Bogotá. Psychology: avances de la disciplina, 8(2), 37-46. http://www.scielo.org.co/pdf/psych/v8n2/v8n2a04.pdf
Quintanilla, R., Haro, L., Flores, M., Celis de la Rosa, A. y Valencia, S. (2003). Desesperanza y tentativa suicida. Investigación en Salud, V(2), 0. https://www.redalyc.org/pdf/142/14250206.pdf
Siabato, E. F., Forero, I. X. y Salamanca, Y. (2017). Asociación entre depresión e ideación suicida en un grupo de adolescentes colombianos. Pensamiento psicológico, 15(1), 51-61.
Durante la etapa preescolar los niños comparten con otros niños de su misma edad y el juego se convierte el centro de sus interacciones. Cuando el niño experimenta el juego, ya no individual, sino, grupal, comienza también a enfrentarse a diferentes retos y situaciones que le exigen ciertas habilidades directamente relacionadas con reglas sobre habilidades sociales (Bras, 2005) como el respeto del turno, el control de los movimientos, la concentración, la atención y por supuesto la autorregulación (Gonzales-Mena y Widmeyer, 2011); además, comienzan a poner en prueba sus comportamientos, la expresión de sus emociones y sus habilidades físicas (Bras, 2005). así, el entorno le demanda al niño autocontrol y autorregulación para ser hábil socialmente, al tiempo que avanza en la comprensión y expresión del lenguaje, y en regular sus emociones hablándose a sí mismo, entender las emociones ajenas o modificar sus objetivos (Abarca, 2003). Todo esto resulta fundamental para desarrollar la personalidad y el crecimiento psicológico de los infantes y para identificar aspectos importantes relacionados con déficit en la comprensión de las propias emociones y, por ende, en la vivencia y expresión de emociones negativas.
Los niños con escasa capacidad de regulación emocional, negativa o cambiante “son menos aceptados por sus pares que los niños con habilidades sociales adaptativas” (Abarca, 2003, p. 18). Por su parte, los niños que exhiben menos manifestaciones negativas, presentan mayor capacidad atencional y capacidad de afrontamiento, conductas consideradas como las más apropiadas socialmente y de amplia aceptación por sus pares.
Este estudio se propone analizar las manifestaciones de la autorregulación emocional en actividades de juego de niños y niñas de 4 a 5 años, de una institución de educación preescolar del municipio de Armenia, Quindío, Colombia. Identificar estos comportamientos autorregulatorios en los niños bajo observación permitirá emprender acciones pedagógicas orientadas a mejorar su entorno y enriquecer sus habilidades, tanto cognitivas como sociales y emocionales, que les permitan afrontar de manera acertada las situaciones cotidianas
Metodología
Es un enfoque cualitativo con un alcance descriptivo, por cuanto se orientó a analizar las manifestaciones de la regulación emocional en actividades de juego en niños y niñas, de 4 a 5, años de una institución de educación inicial. En los estudios descriptivos “se busca especificar las propiedades, las características y los perfiles de personas, grupos, comunidades, procesos, objetos o cualquier otro fenómeno que se someta a un análisis” (Hernández et al., 2014, p. 92). Participaron ocho estudiantes (4 niñas y 4 niños), con edades comprendidas entre 4 y 5 años que asisten a una institución de educación preescolar de carácter privado. Los criterios para la selección de los estudiantes fueron: la edad: 4-5 años, la pertenencia a un mismo grupo (jardín A), en igual jornada escolar. Los padres autorizaron su participación en el estudio y firmaron el consentimiento informado.
La información se recogió a través de la observación permitiendo registrar las “impresiones” del investigador en diarios de campo o fichas creadas para tal fin, con contenidos y parámetros específicos. Con este propósito se diseñó una ficha de observación, a partir de la categoría de regulación emocional y tres de las competencias emocionales, en este caso subcategorías, propuestas por Bisquerra y Pérez (2007), relacionadas con la expresión emocional, las habilidades de afrontamiento y la competencia para autogenerar emociones positivas, así como los indicadores respectivos para valorar los comportamientos de los niños y las niñas, como se puede apreciar en la siguiente tabla.
Tabla 1.
Dimensiones de la regulación emocional
|
Competencia |
Definición |
Indicadores |
|
Expresión Emocional |
Capacidad de expresar emociones de manera asertiva, es decir que sus emociones y su forma de reaccionar ante ellas no dependan de factores externos, sino de su propia capacidad para poder afrontarlas. |
Logra expresar sus emociones de manera adecuada Reconoce el efecto de sus expresiones emocionales en los demás Utiliza maneras adecuadas de expresar sus emociones, teniendo en cuenta la consecuencia en otros |
|
Habilidades de afrontamiento |
Habilidad para enfrentar cada uno de los retos, problemas o conflictos que se le presentan en sus contextos sociales. |
Demuestra capacidad de afrontamiento ante las equivocaciones o fracasos Es persistente en lo que se propone Se esmera por alcanzar recompensas inmediatas Es persistente en alcanzar metas que le permitan recompensas a largo plazo Toma decisiones que favorecen su bienestar integral y el de los demás (empatía) |
|
Autogenerar emociones positivas |
Capacidad para autogenerar de manera consciente emociones como la alegría, el amor y el humor, es decir, emociones positivas. |
Expresa de manera espontánea emociones positivas con los demás. Utiliza estrategias propuestas por él mismo, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción Reconoce cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas. |
Fuente: elaboración propia
Las fichas de observación se estructuraron con base en el objetivo, instrucción, tiempo de duración, lugar en donde se realiza la actividad, fecha y nombre del observador.
Los comportamientos se valoraron a través de la siguiente escala: No se presenta (N), Algunas veces (AV), Siempre (S).
Para estudiar las dimensiones de la autorregulación, se diseñaron tres situaciones de juego: 1) Teatro de emociones, propuesta con el objetivo de desarrollar la expresividad emocional y la creatividad narrativa de los niños; igualmente pretendía identificar la expresión emocional. 2) Gallina ciega y lazarillo, propuesta con el objetivo de desarrollar la expresividad emocional y el fortalecimiento del trabajo en equipo, pretendió identificar el comportamiento de los niños en habilidades de afrontamiento. 3) Besos y abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
Se realizaron grabaciones de cada una de las cuatro situaciones de juego realizadas con los niños y se analizó de la informacióndos fases: en la primera fase se sistematizó en Excel la información referida a la expresión de las emociones y las reacciones observadas en los niños y en las niñas en actividades de juego, en momentos que implicaban trabajo en equipo e interacción entre pares. En una segunda fase se analizaron los comportamientos autorregulatorios de los niños y de las niñas, observados en las diferentes actividades de juego y en las grabaciones correspondientes, relacionados con la expresión emocional, las habilidades de afrontamiento y la autogeneración de respuestas positivas. Para dar cuenta detallada de cada uno se elaboró una matriz de análisis de datos cualitativos.
Resultados
La expresión de la regulación emocional en situaciones de juego
La regulación emocional es la habilidad que desarrollan las personas para afrontar las reacciones emocionales de manera adecuada; no se pretende con la regulación que repriman sentimientos de ira o miedo, sino aprender sobre el control de dichas emociones. En unas situaciones se pretendió observar el comportamiento de los niños de manera individual frente a las reacciones emocionales, mientras que, en otras, el propósito fue analizar reacciones emocionales con relación a otros o al grupo.
La expresión emocional de las niñas y los niños
La expresión emocional hace referencia a la capacidad del niño para emitir emociones de manera adecuada (Bisquerra, 2009). Para identificar dicha expresión, se llevó a cabo el juego Teatro de Emociones. En la siguiente figura, se pueden observar los resultados generales:
Figura 1.
Situación de juego 2. Teatro de las emociones
Figura 1.
Situación de juego 2. Teatro de las emociones

Fuente: elaboración propia
La figura muestra que el 75 % de los niños y las niñas expresan sus emociones de manera adecuada y reconocen el efecto de sus expresiones emocionales en los demás, y el 25 % lo hace algunas veces. Por otra parte, el 57 % expresa sus emociones teniendo en cuenta las consecuencias en otros; mientras que el 43% lo realiza algunas veces.
La observación de la expresión emocional de manera individual, permite señalar que el participante 1 demuestra un uso adecuado de la expresión de sus emociones, teniendo en cuenta los sentimientos y sus consecuencias en los demás. El niño expresó: “cuando me pongo triste respiro y duermo”, lo que le permite contar con estrategias que regulen sus acciones y comportamientos, sin afectar sus sentimientos ni los de los demás.
El participante 2 se muestra inseguro en el momento de preguntarle sobre sus emociones, lo cual no le permite expresar con mayor fluidez sus ideas. Se le dificulta interiorizar las emociones básicas, ya que algunas respuestas no tenían relación con las imágenes elegidas. Según Bisquerra (2009) la inseguridad en los niños les impide expresar lo que sienten, a la vez afirma que “la forma en que los niños expresan sus emociones viene determinada por lo que ven en los adultos que les rodean, particularmente con los que mantienen una relación más afectiva, como los padres y familiares cercanos” (p. 60).
El participante 3 expresa emociones positivas y cuenta con los recursos para identificar sus propias emociones (positivas y negativas), además de reconocer las consecuencias que pueden tener en los demás.
Varios estudios (Asher y Rose, 1997; Denham, 1999; Ortiz, 1999; Rice, 1997; Saarni, 1999, 2000; Salovey y Sluyter, 1997; Shaffer, 2004, citados en Bisquerra y Pérez, 2007) concluyen que la adquisición de competencias emocionales genera consecuencias positivas en el comportamiento de infantes y jóvenes. Por su parte, Saarni (2000), destaca que “las consecuencias positivas de la competencia emocional en la regulación de la impulsividad, en el bienestar subjetivo y en la resiliencia.” (p. 152).
El participante 4 posee una excelente capacidad de expresión emocional, salvo la dificultad para manejar emociones de ira. La regulación emocional incluye, entre otros aspectos, la regulación de la impulsividad (ira, violencia, comportamientos de riesgo) y la tolerancia a la frustración para prevenir estados emocionales negativos (ira, estrés, ansiedad, depresión. (Bisquerra y Pérez, 2007).
La participante 5 logra expresar emociones, pero no lo realiza de manera espontánea; es decir, es necesario buscar estrategias y propiciar un diálogo que le permita expresar ideas y emociones frente a la imagen elegida. No se muestra segura en el momento de emitir reacciones emocionales.
Esto demuestra la importancia que los padres o cuidadores cumplan un trabajo constante y adecuado desde la infancia, que permita a los niños fortalecer sus vínculos emocionales y, en consecuencia, alcanzar una mayor capacidad para expresar sus emociones. Al respecto, Armus et al. (2012) afirman que: “el sostén emocional se da en el marco de un vínculo estable, un vínculo de apego, con los cuidadores primarios. La estabilidad y la previsibilidad en el vínculo con sus cuidadores le permiten al niño construir una relación de apego seguro” (p. 12).
La participante 6 demostró seguridad para emitir respuestas y comentarios, señalando las imágenes elegidas desde el inicio de la actividad. Se evidencia gran capacidad en su expresión emocional, quedando demostrado en su detallada forma de narrar acontecimientos familiares, en los cuales hace referencia a diferentes emociones según las situaciones que ha experimentado.
La participante 7 inició la actividad muy motivada, se mostró siempre cómoda al expresar sus ideas y experiencias, partiendo de las imágenes que elegía. Se caracteriza por su fluidez verbal y una muy buena relación entre la historia narrada y la imagen de la emoción elegida. En igual sentido, se mostró dispuesta a manifestar lo que sentía, identificando el sentimiento de miedo o tristeza que le genera. Reconoce el efecto que tienen las emociones del otro, en ella y en los que la rodean, al manifestar: “mis papás pelean un poquito y eso me pone triste”. Reconoce que el comportamiento de otras personas puede generar en ella malestar.
En este caso es posible reconocer la gestión emocional, puesto que logra identificar y describir experiencias propias, manteniéndose atenta a las indicaciones. Esto implica que se ha logrado regulación emocional, lo que traerá además crecimiento personal e intelectual (Bisquerra y Pérez, 2007).
La participante 8. manifiesta dificultad para expresar sus ideas acerca de lo que observa en las imágenes; es necesario indagar y motivar para que la niña adquiera seguridad. No obstante la motivación, a la niña se le dificulta expresar sus ideas y emociones de forma natural.
Las competencias emocionales son competencias básicas para la vida y, por tanto, deberían estar presentes en la práctica educativa. Pero no de forma ocasional, como a veces se da el caso, sino de manera intencional, planificada, sistemática y efectiva (Bisquerra, 2009).
Habilidades de afrontamiento
Las habilidades de afrontamiento les permiten los capacitan para asumir momentos pocos agradables o que requieren de esfuerzo para alcanzar los logros trazados. Con el fin de identificar las habilidades de afrontamiento en los niños y en las niñas se propuso el juego: Gallina Ciega y Lazarillo. En la siguiente figura se muestran los resultados generales:
Figura 2.
Situación de juego 3. Gallina ciega y lazarillo

Fuente: elaboración propia
Se observa que el 57 % de los niños y las niñas demuestran capacidad de afrontamiento ante las equivocaciones o fracasos, mientras que el 43 % algunas veces lo hacen. Por otra parte, el 43% persiste en las actividades y objetivos, mientras que el 57 % algunas veces lo hacen. Por otra parte, las actitudes de esmero por alcanzar recompensas inmediatas, se observó en el 75 % y algunas veces en el 25 %. La persistencia en las metas a largo plazo fue observada en el 25 %, mientras que el 75 %, lo hace algunas veces.
El análisis de los videos demuestra que la mayoría de los niños años logran adecuadas habilidades de afrontamiento, debido a que buscaron estrategias que les permitieran cumplir con los obstáculos para llegar a la meta y alcanzar el estímulo. Sin embargo, se pudo evidenciar que, a pesar de que la mayoría muestran dichas habilidades, a algunos de ellos se les dificulta tomar decisiones que conlleven al bienestar de los demás. Es claro entonces que en el rango de edades en el que se encuentran los niños participantes (4-5 años), el control de conductas vinculadas a la regulación de emociones no corresponde a la realización de trabajo en equipo que permita un beneficio grupal, puesto que resulta más relevante el beneficio propio.
El análisis individual de las respuestas y actuaciones de los participantes indica que al participante l. le costó cumplir con las reglas propuestas durante el juego de la gallina ciega y el lazarillo. Es un niño muy activo al que se le dificulta regularse, evidenciado en el momento de realizar el recorrido, ya que mostró que su objetivo era obtener beneficio propio, sin tener en cuenta el bienestar de los demás.
El participante 2. no respondió a las actividades que implicaban encontrar soluciones para alcanzar el objetivo. El participante 3. demostró su capacidad de liderazgo positivo, realizando adecuadas explicaciones durante el recorrido, lo cual le permitió llegar a la meta sin ningún inconveniente. Sin embargo, se evidencia que, a pesar de desenvolverse de una manera adecuada en la guía de su compañera, se orientó al interés personal.
A nivel general, los niños buscan satisfacer sus necesidades individuales más que las colectivas, aspectos propios de la edad y cuyo desarrollo se relaciona directamente con la inteligencia emocional, las habilidades de afrontamiento y el beneficio grupal.
El participante 4. demostró adecuadas habilidades de afrontamiento, a pesar de no recibir ayuda por parte de su compañera para finalizar el reto propuesto. De igual manera, buscó la manera de finalizar la actividad siguiendo las instrucciones. Se mostró persistente en la búsqueda de opciones que permitieran encontrar la recompensa y se esmeró sin perder el control de sus emociones.
La participante 5. realizó el papel de gallina ciega, mostrándose insegura al ser guiada por su compañero, lo cual no le permitió alcanzar la meta propuesta; no fue persistente y optó por tratar de separarse de su compañero mostrando dificultad para buscar estrategias que le permitiera alcanzar las metas, pero sin romper las reglas del juego.
El niño necesita sentirse valorado, querido, aceptado por estas personas, que confíen en sus posibilidades, se interesen por las cosas que le pasan, le estimulen, le valoren los logros, le hagan cumplir los acuerdos y las normas establecidas a partir del razonamiento, dictadas con firmeza, pero también con cierta flexibilidad, adecuadas a sus posibilidades, claras, coherentes y accesibles (Bisquerra et al., 2005, p. 12).
La búsqueda del beneficio personal fue la característica de la participante 6. quien se mostró persistente y se esmeró por alcanzar sus propias metas; no demostró capacidad para la toma de decisiones que buscaran un bienestar integral.
El participante 7. demostró buenas capacidades de afrontamiento, realizando con calma la actividad propuesta, brindando confianza a su compañera que hacía las veces de gallina ciega; fue persistente y se esmeró de manera adecuada por alcanzar la meta. A pesar de mostrar habilidades de afrontamiento adecuadas, durante la reflexión posterior a la actividad realizada, reconoció al final no haber estado muy atenta a su compañera, lo que demuestra una vez más la necesidad de proponer actividades que estimule en los niños el trabajo grupal.
La participante 8. logró finalizar la actividad sin tener mayores inconvenientes durante el recorrido; demostró tolerancia al ser guiada por su compañero, quien le brindó confianza al realizar el recorrido con tranquilidad. Es evidente, que la niña presenta adecuadas habilidades de afrontamiento, mostrándose persistente y esmerándose por alcanzar recompensas.
La participación de los padres o cuidadores de los niños juega un papel determinante en la construcción de su seguridad y su autoestima; les transmiten mayor confianza, condición necesaria para el logro de metas o afrontamiento del fracaso, al sentir que no se obtuvo lo esperado. Al respecto, la sobreprotección es un factor negativo para el incremento de la autoestima y la seguridad pues no permite que los niños solucionen por su propia cuenta los retos que le presenta la vida, como lo es también exigirles con rigurosidad, que la sienten como un obstáculo para identificar y valorar sus logros de acuerdo con sus capacidades.
Competencia para autogenerar emociones positivas
La competencia para autogenerar emociones positivas, se refiere a la capacidad para reconocer emociones negativas y lograr regularlas. La situación de juego: Besos y Abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
La figura siguiente muestra los resultados generales de la actividad realizada:
Figura 3.
Situación de juego 4. Besos y abrazos
Fuente: elaboración propia
Se puede apreciar que el 37 % de los niños y las niñas expresa de manera espontánea emociones positivas ante los demás y el 63 %, lo hace algunas veces. El 87 % utiliza estrategias propuestas por ellos mismos, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción, lo cual puede ser un indicador que refleja la característica propia de su edad: egocentrismo; solo el 13 % algunas veces lo hace. El 62 % demuestra reconocer cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas, mientras que 38 % lo demuestra algunas veces.
En esta actividad se pudo evidenciar que la mayoría de los niños participantes cuentan con la capacidad para autogenerar emociones positivas, expresando y propiciando acercamientos y expresiones de afecto a sus compañeros. Resulta oportuno agregar que dichas manifestaciones de afecto fueron más espontáneas por parte de las niñas, porque cuando se les motivó a cumplir la instrucción de dar un beso o un abrazo, los niños fueron muy tímidos, mientras que a las niñas se les notó espontaneidad en la expresión de sentimientos.
El participante 1. se mostró muy motivado durante el juego de besos y abrazos, disfrutó la compañía de sus compañeros en la ejecución de la actividad planteada, utilizó estrategias que le permitieron disfrutar del juego. Este comportamiento demuestra una adecuada competencia para autogenerar emociones positivas. No obstante, le costó dificultad expresar demostraciones de afecto hacia sus compañeros, en especial con las niñas; se sentía incómodo al tener que dar un beso o un abrazo.
La educación en el ámbito emocional incrementa la habilidad para que el niño reconozca no solo sus propias emociones, sino las de los demás, favoreciendo su interacción social, permitiéndoles disfrutar de espacios que conllevan a desarrollar apropiadas habilidades que generan emociones positivas en ellos mismos y en los demás.
El participante 2. se mostró muy solitario. A pesar de ello, participó del baile disfrutando de la música. El niño utilizó estrategias para disfrutar del momento, mostrando capacidad para autogenerar emociones positivas, pero no mostró mucha fluidez en la expresión emocional, al interactuar mientras bailaba.
El participante 3. ha mostrado grandes habilidades sociales, caracterizándose por ser un niño solidario, dinámico y con gran capacidad de liderazgo frente al grupo. En la actividad de besos y abrazos expresó de manera espontánea sentimientos y emociones, utilizando diferentes estrategias para generar un acercamiento a sus compañeros.
Por otra parte, propició demostraciones de afecto, lo que permitió que los demás compañeros comenzaran a sentir agrado por la actividad planteada. La alegría y el buen humor son cualidades que lo caracterizan, siendo de gran ayuda al momento de la interacción con sus pares, ya que contagia a sus compañeros, propiciando momentos divertidos entre ellos. De acuerdo a lo expresado por Shapiro (2006), “diferentes investigaciones han descubierto que incluso los niños entre cuatro y cinco años con una competencia social considerada elevada iniciaron con mayor frecuencia interacciones humorísticas con otros niños” (p. 105).
El participante 4. logró expresar de manera espontánea emociones positivas con los demás, se destacó por la capacidad de interactuar con todo el grupo, algo poco común con el resto de los compañeros, puesto que la mayoría realizaron la actividad con quienes tenían mayor afinidad.
Con relación a lo anterior, Ibarrola (2014) expresa que:
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa del el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. (p. 9)
La participante 5. se mostró a gusto, siguiendo el ritmo de la música, sin lograr cumplir con el objetivo; todo el tiempo permaneció sola, sin propiciar encuentros con sus compañeros que le permitieran cumplir con lo solicitado. Al parecer, carece de la habilidad para afrontar situaciones donde debe reconocer dichas emociones; todo el tiempo optó por evadir las instrucciones, para no verse enfrentada en la búsqueda de afecto, ni cumplir con retos que causaran cierto tipo de dificultad.
La participante 6. interactuó con dinamismo y alegría; fue espontanea en la expresión de emociones, utilizando diferentes recursos de interacción y liderando la iniciativa para hacer demostraciones de afecto. Cabe agregar que, permaneció todo el tiempo con la misma compañera, por lo tanto, su interacción no fue colectiva.
Resulta oportuno señalar que la educación emocional se debe realizar de forma continua, participando casa-colegio. Cuando se logra dicha integración, de manera permanente, los niños pueden alcanzar una interacción social asertiva que conduzca a unas bases sólidas para el deseado bienestar social.
La participante 7. demostró su capacidad para autogenerar emociones positivas. A pesar de que parte del tiempo permaneció con una de sus compañeras, logró realizar demostraciones de afecto con todos los compañeros del grupo. Se observaron en la niña capacidades para la interacción con sus pares, lo que favorece el adecuado desarrollo de competencias emocionales, siendo el medio que conduce a la prevención de dificultades de interacción, reduciendo así los riegos a los que se deben enfrentar los niños cuando inician nuevos ciclos escolares.
La expresión espontánea de emociones positivas y la búsqueda de estrategias que le permitieran disfrutar momentos de interacción no fue fácil para la participante 8. Durante el desarrollo de la actividad, la niña optó por estar apartada del resto de compañeros, tratando de evadir las instrucciones dadas. Conviene promover dinámicas que introduzcan la niña en espacios constantes de interacción, como la manera adecuada para fortalecer sus competencias emocionales: “Con ayuda del adulto, el niño irá interpretando el lenguaje verbal y no verbal de las emociones, ampliando su vocabulario emocional. Además, el reconocimiento y la comprensión de las emociones ajenas permitirá, en un futuro, desarrollar el sentimiento de empatía.” (Bisquerra et al., 2005, p. 3).
Resumiendo, la etapa de educación infantil es fundamental para que se generen los pilares que sustentarán la inteligencia emocional, que se dan opciones y experiencias que permitirán adquirir no solo la capacidad de reconocer emociones, sino también de expresarlas y regularlas. La interacción o convivencia con los otros niños permite que los más pequeños comprendan que la emotividad es un mecanismo de expresión y hace parte de su personalidad, y que puede ser moldeado.
Discusión
La competencia emocional está estrechamente determinada por la capacidad de expresar y regular eficazmente fenómenos emocionales a lo largo de la vida, por tanto, la regulación emocional es uno de los elementos que integran la competencia. (Bisquerra y Pérez, 2007). Desde esta perspectiva, el desarrollo de competencias emocionales conlleva a la regulación, lo que resulta determinante durante el proceso evolutivo de los niños, así como se constituye en una característica necesaria que les permite a los infantes adaptarse al contexto, a la cultura y a los diversos espectros sociales en los cuales debe desenvolverse a lo largo de su vida.
Las actividades aplicadas permitieron reconocer el impacto que los juegos de roles generan en la habilidad para la creación de personajes, diálogos o formas de representar su entorno; además, resultan significativas en cuanto al desarrollo afectivo puesto que la representación fortalece estrategias para la resolución de conflictos, la interacción entre pares, la expresión emocional, convirtiéndose en el medio por excelencia para desarrollar de forma positiva las futuras y necesarias habilidades sociales.
Resulta acertado propiciar juegos y actividades en los cuales los niños interactúan entre sí, como la manera más eficaz para compartir opiniones, asumir diferentes posturas que enriquezcan su habilidad social y emocional. De acuerdo con Solovieva y Quintanar (2012), el juego es una actividad que permite que los niños avancen en el desarrollo de experiencias culturales, al utilizar formas, objetos, imágenes, lenguaje. El desarrollo psicológico de los niños depende de la adquisición e interiorización de la experiencia cultural durante su participación en el juego (González-Moreno y Solovieva, 2016).
Si bien es cierto que el juego es una actividad empleada para la diversión y el disfrute de quienes participan en él, en edades tempranas funciona como una herramienta educativa permanente. A través de las reglas establecidas se dinamizan mecánicas sociales para la interacción, que permiten a los niños y niñas la expresión y control primario de sus emociones, evidenciado en la propia manera de desenvolverse, logrando la regulación del impulso que los motiva a jugar. También contribuye a la regulación emocional, ya que los niños y niñas participantes dieron razón de sus emociones, a través de las respuestas y conductas, a su vez que demostraron cómo aprenden a afrontar las consecuencias de sus acciones; algunos de ellos asumiendo e internalizando normas propuestas, otros aún movilizados únicamente por sus propios intereses.
Resulta trascendente promover acciones dentro del ámbito educativo que favorezcan su perfeccionamiento, para mejorar habilidades de regulación, a través del juego y entrenamiento con actividades de representación y roles.
Conclusiones
Se constatan manifestaciones de autorregulación emocional y control de comportamientos y de emociones en niños y niñas de educación inicial a través de actividades de juego, además de crear mecanismos y estrategias para interactuar socialmente, resolver retos y cumplir normas.
A los niños y niñas con mayor capacidad de liderazgo e interacción se les facilitó la expresión de emociones; las niñas lograron mayor espontaneidad que los niños al momento de realizar manifestaciones de expresión emocional con sus pares demostrando así mayor destreza en su interacción social; al tener la capacidad de expresar sentimientos y emociones de una forma más fluida pudieron entablar con sus pares vínculos más asertivos. De ahí la importancia de que reciban desde temprana edad educación emocional, para aprender a interiorizar y a la vez expresar sus sentimientos y emociones.
La mayoría de los participantes lograron adecuadas habilidades de afrontamiento; sin embargo, se identificó en algunos niños dificultad para buscar estrategias que conlleven al bienestar grupal, siendo para ellos en el rango de edad en el que se encuentran, más relevante el bienestar individual. Se observó en las actividades de juego realizadas, que la toma de decisiones a nivel grupal les cuesta, pensando satisfacer las necesidades personales. Cabe agregar que ello conlleva a la necesidad de crear ambientes en los cuales a los niños y a las niñas se les brinde confianza, amor y respeto para incrementar su seguridad.
El desarrollo de competencias emocionales presenta una estrecha relación con el nivel de socialización del niño y una adecuada regulación de las emociones. Por consiguiente, aprender a regular sus conductas incrementa sus estrategias para afrontar las emociones negativas, como factor determinante para la prevención de posibles comportamientos disruptivos.
No obstante, si bien el juego facilita la identificación de las manifestaciones de regulación emocional observadas en el estudio, es necesario reconocer que algunos niños requieren incrementar sus habilidades sociales mediante otros mecanismos y actividades.
Referencias
Abarca Castillo, M. (2003). La educación emocional en la Educación primaria: Currículo y práctica.
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Whitebread y Basilio. (2012). Emergencia y desarrollo temprano de la autorregulación en niños pre
escolares. Currículum y Formación del profesorado 16(1), 15-34.
rgo plazo fue observada en el 25 %, mientras que el 75 %, lo hace algunas veces.
El análisis de los videos demuestra que la mayoría de los niños años logran adecuadas habilidades de afrontamiento, debido a que buscaron estrategias que les permitieran cumplir con los obstáculos para llegar a la meta y alcanzar el estímulo. Sin embargo, se pudo evidenciar que, a pesar de que la mayoría muestran dichas habilidades, a algunos de ellos se les dificulta tomar decisiones que conlleven al bienestar de los demás. Es claro entonces que en el rango de edades en el que se encuentran los niños participantes (4-5 años), el control de conductas vinculadas a la regulación de emociones no corresponde a la realización de trabajo en equipo que permita un beneficio grupal, puesto que resulta más relevante el beneficio propio.
El análisis individual de las respuestas y actuaciones de los participantes indica que al participante l. le costó cumplir con las reglas propuestas durante el juego de la gallina ciega y el lazarillo. Es un niño muy activo al que se le dificulta regularse, evidenciado en el momento de realizar el recorrido, ya que mostró que su objetivo era obtener beneficio propio, sin tener en cuenta el bienestar de los demás.
El participante 2. no respondió a las actividades que implicaban encontrar soluciones para alcanzar el objetivo. El participante 3. demostró su capacidad de liderazgo positivo, realizando adecuadas explicaciones durante el recorrido, lo cual le permitió llegar a la meta sin ningún inconveniente. Sin embargo, se evidencia que, a pesar de desenvolverse de una manera adecuada en la guía de su compañera, se orientó al interés personal.
A nivel general, los niños buscan satisfacer sus necesidades individuales más que las colectivas, aspectos propios de la edad y cuyo desarrollo se relaciona directamente con la inteligencia emocional, las habilidades de afrontamiento y el beneficio grupal.
El participante 4. demostró adecuadas habilidades de afrontamiento, a pesar de no recibir ayuda por parte de su compañera para finalizar el reto propuesto. De igual manera, buscó la manera de finalizar la actividad siguiendo las instrucciones. Se mostró persistente en la búsqueda de opciones que permitieran encontrar la recompensa y se esmeró sin perder el control de sus emociones.
La participante 5. realizó el papel de gallina ciega, mostrándose insegura al ser guiada por su compañero, lo cual no le permitió alcanzar la meta propuesta; no fue persistente y optó por tratar de separarse de su compañero mostrando dificultad para buscar estrategias que le permitiera alcanzar las metas, pero sin romper las reglas del juego.
El niño necesita sentirse valorado, querido, aceptado por estas personas, que confíen en sus posibilidades, se interesen por las cosas que le pasan, le estimulen, le valoren los logros, le hagan cumplir los acuerdos y las normas establecidas a partir del razonamiento, dictadas con firmeza, pero también con cierta flexibilidad, adecuadas a sus posibilidades, claras, coherentes y accesibles (Bisquerra et al., 2005, p. 12).
La búsqueda del beneficio personal fue la característica de la participante 6. quien se mostró persistente y se esmeró por alcanzar sus propias metas; no demostró capacidad para la toma de decisiones que buscaran un bienestar integral.
El participante 7. demostró buenas capacidades de afrontamiento, realizando con calma la actividad propuesta, brindando confianza a su compañera que hacía las veces de gallina ciega; fue persistente y se esmeró de manera adecuada por alcanzar la meta. A pesar de mostrar habilidades de afrontamiento adecuadas, durante la reflexión posterior a la actividad realizada, reconoció al final no haber estado muy atenta a su compañera, lo que demuestra una vez más la necesidad de proponer actividades que estimule en los niños el trabajo grupal.
La participante 8. logró finalizar la actividad sin tener mayores inconvenientes durante el recorrido; demostró tolerancia al ser guiada por su compañero, quien le brindó confianza al realizar el recorrido con tranquilidad. Es evidente, que la niña presenta adecuadas habilidades de afrontamiento, mostrándose persistente y esmerándose por alcanzar recompensas.
La participación de los padres o cuidadores de los niños juega un papel determinante en la construcción de su seguridad y su autoestima; les transmiten mayor confianza, condición necesaria para el logro de metas o afrontamiento del fracaso, al sentir que no se obtuvo lo esperado. Al respecto, la sobreprotección es un factor negativo para el incremento de la autoestima y la seguridad pues no permite que los niños solucionen por su propia cuenta los retos que le presenta la vida, como lo es también exigirles con rigurosidad, que la sienten como un obstáculo para identificar y valorar sus logros de acuerdo con sus capacidades.
Competencia para autogenerar emociones positivas
La competencia para autogenerar emociones positivas, se refiere a la capacidad para reconocer emociones negativas y lograr regularlas. La situación de juego: Besos y Abrazos, se llevó a cabo con el fin de desarrollar la automotivación y la actitud positiva, así como identificar la competencia para autogenerar emociones positivas.
La figura siguiente muestra los resultados generales de la actividad realizada:
Figura 3.
Situación de juego 4. Besos y abrazos
Fuente: elaboración propia
Se puede apreciar que el 37 % de los niños y las niñas expresa de manera espontánea emociones positivas ante los demás y el 63 %, lo hace algunas veces. El 87 % utiliza estrategias propuestas por ellos mismos, para disfrutar espacios y diferentes momentos de interacción, lo cual puede ser un indicador que refleja la característica propia de su edad: egocentrismo; solo el 13 % algunas veces lo hace. El 62 % demuestra reconocer cuando se presentan emociones negativas, y logra regularlas, mientras que 38 % lo demuestra algunas veces.
En esta actividad se pudo evidenciar que la mayoría de los niños participantes cuentan con la capacidad para autogenerar emociones positivas, expresando y propiciando acercamientos y expresiones de afecto a sus compañeros. Resulta oportuno agregar que dichas manifestaciones de afecto fueron más espontáneas por parte de las niñas, porque cuando se les motivó a cumplir la instrucción de dar un beso o un abrazo, los niños fueron muy tímidos, mientras que a las niñas se les notó espontaneidad en la expresión de sentimientos.
El participante 1. se mostró muy motivado durante el juego de besos y abrazos, disfrutó la compañía de sus compañeros en la ejecución de la actividad planteada, utilizó estrategias que le permitieron disfrutar del juego. Este comportamiento demuestra una adecuada competencia para autogenerar emociones positivas. No obstante, le costó dificultad expresar demostraciones de afecto hacia sus compañeros, en especial con las niñas; se sentía incómodo al tener que dar un beso o un abrazo.
La educación en el ámbito emocional incrementa la habilidad para que el niño reconozca no solo sus propias emociones, sino las de los demás, favoreciendo su interacción social, permitiéndoles disfrutar de espacios que conllevan a desarrollar apropiadas habilidades que generan emociones positivas en ellos mismos y en los demás.
El participante 2. se mostró muy solitario. A pesar de ello, participó del baile disfrutando de la música. El niño utilizó estrategias para disfrutar del momento, mostrando capacidad para autogenerar emociones positivas, pero no mostró mucha fluidez en la expresión emocional, al interactuar mientras bailaba.
El participante 3. ha mostrado grandes habilidades sociales, caracterizándose por ser un niño solidario, dinámico y con gran capacidad de liderazgo frente al grupo. En la actividad de besos y abrazos expresó de manera espontánea sentimientos y emociones, utilizando diferentes estrategias para generar un acercamiento a sus compañeros.
Por otra parte, propició demostraciones de afecto, lo que permitió que los demás compañeros comenzaran a sentir agrado por la actividad planteada. La alegría y el buen humor son cualidades que lo caracterizan, siendo de gran ayuda al momento de la interacción con sus pares, ya que contagia a sus compañeros, propiciando momentos divertidos entre ellos. De acuerdo a lo expresado por Shapiro (2006), “diferentes investigaciones han descubierto que incluso los niños entre cuatro y cinco años con una competencia social considerada elevada iniciaron con mayor frecuencia interacciones humorísticas con otros niños” (p. 105).
El participante 4. logró expresar de manera espontánea emociones positivas con los demás, se destacó por la capacidad de interactuar con todo el grupo, algo poco común con el resto de los compañeros, puesto que la mayoría realizaron la actividad con quienes tenían mayor afinidad.
Con relación a lo anterior, Ibarrola (2014) expresa que:
Los vínculos afectivos estables y contenedores reducen el malestar emocional y potencian los sentimientos positivos en el niño. La expectativa del el niño sobre lo que se puede esperar de los demás se crea a partir de experiencias tempranas concretas de interacciones positivas y repetidas en el tiempo. (p. 9)
La participante 5. se mostró a gusto, siguiendo el ritmo de la música, sin lograr cumplir con el objetivo; todo el tiempo permaneció sola, sin propiciar encuentros con sus compañeros que le permitieran cumplir con lo solicitado. Al parecer, carece de la habilidad para afrontar situaciones donde debe reconocer dichas emociones; todo el tiempo optó por evadir las instrucciones, para no verse enfrentada en la búsqueda de afecto, ni cumplir con retos que causaran cierto tipo de dificultad.
La participante 6. interactuó con dinamismo y alegría; fue espontanea en la expresión de emociones, utilizando diferentes recursos de interacción y liderando la iniciativa para hacer demostraciones de afecto. Cabe agregar que, permaneció todo el tiempo con la misma compañera, por lo tanto, su interacción no fue colectiva.
Resulta oportuno señalar que la educación emocional se debe realizar de forma continua, participando casa-colegio. Cuando se logra dicha integración, de manera permanente, los niños pueden alcanzar una interacción social asertiva que conduzca a unas bases sólidas para el deseado bienestar social.
La participante 7. demostró su capacidad para autogenerar emociones positivas. A pesar de que parte del tiempo permaneció con una de sus compañeras, logró realizar demostraciones de afecto con todos los compañeros del grupo. Se observaron en la niña capacidades para la interacción con sus pares, lo que favorece el adecuado desarrollo de competencias emocionales, siendo el medio que conduce a la prevención de dificultades de interacción, reduciendo así los riegos a los que se deben enfrentar los niños cuando inician nuevos ciclos escolares.
La expresión espontánea de emociones positivas y la búsqueda de estrategias que le permitieran disfrutar momentos de interacción no fue fácil para la participante 8. Durante el desarrollo de la actividad, la niña optó por estar apartada del resto de compañeros, tratando de evadir las instrucciones dadas. Conviene promover dinámicas que introduzcan la niña en espacios constantes de interacción, como la manera adecuada para fortalecer sus competencias emocionales: “Con ayuda del adulto, el niño irá interpretando el lenguaje verbal y no verbal de las emociones, ampliando su vocabulario emocional. Además, el reconocimiento y la comprensión de las emociones ajenas permitirá, en un futuro, desarrollar el sentimiento de empatía.” (Bisquerra et al., 2005, p. 3).
Resumiendo, la etapa de educación infantil es fundamental para que se generen los pilares que sustentarán la inteligencia emocional, que se dan opciones y experiencias que permitirán adquirir no solo la capacidad de reconocer emociones, sino también de expresarlas y regularlas. La interacción o convivencia con los otros niños permite que los más pequeños comprendan que la emotividad es un mecanismo de expresión y hace parte de su personalidad, y que puede ser moldeado.
Discusión
La competencia emocional está estrechamente determinada por la capacidad de expresar y regular eficazmente fenómenos emocionales a lo largo de la vida, por tanto, la regulación emocional es uno de los elementos que integran la competencia. (Bisquerra y Pérez, 2007). Desde esta perspectiva, el desarrollo de competencias emocionales conlleva a la regulación, lo que resulta determinante durante el proceso evolutivo de los niños, así como se constituye en una característica necesaria que les permite a los infantes adaptarse al contexto, a la cultura y a los diversos espectros sociales en los cuales debe desenvolverse a lo largo de su vida.
Las actividades aplicadas permitieron reconocer el impacto que los juegos de roles generan en la habilidad para la creación de personajes, diálogos o formas de representar su entorno; además, resultan significativas en cuanto al desarrollo afectivo puesto que la representación fortalece estrategias para la resolución de conflictos, la interacción entre pares, la expresión emocional, convirtiéndose en el medio por excelencia para desarrollar de forma positiva las futuras y necesarias habilidades sociales.
Resulta acertado propiciar juegos y actividades en los cuales los niños interactúan entre sí, como la manera más eficaz para compartir opiniones, asumir diferentes posturas que enriquezcan su habilidad social y emocional. De acuerdo con Solovieva y Quintanar (2012), el juego es una actividad que permite que los niños avancen en el desarrollo de experiencias culturales, al utilizar formas, objetos, imágenes, lenguaje. El desarrollo psicológico de los niños depende de la adquisición e interiorización de la experiencia cultural durante su participación en el juego (González-Moreno y Solovieva, 2016).
Si bien es cierto que el juego es una actividad empleada para la diversión y el disfrute de quienes participan en él, en edades tempranas funciona como una herramienta educativa permanente. A través de las reglas establecidas se dinamizan mecánicas sociales para la interacción, que permiten a los niños y niñas la expresión y control primario de sus emociones, evidenciado en la propia manera de desenvolverse, logrando la regulación del impulso que los motiva a jugar. También contribuye a la regulación emocional, ya que los niños y niñas participantes dieron razón de sus emociones, a través de las respuestas y conductas, a su vez que demostraron cómo aprenden a afrontar las consecuencias de sus acciones; algunos de ellos asumiendo e internalizando normas propuestas, otros aún movilizados únicamente por sus propios intereses.
Resulta trascendente promover acciones dentro del ámbito educativo que favorezcan su perfeccionamiento, para mejorar habilidades de regulación, a través del juego y entrenamiento con actividades de representación y roles.
Conclusiones
Se constatan manifestaciones de autorregulación emocional y control de comportamientos y de emociones en niños y niñas de educación inicial a través de actividades de juego, además de crear mecanismos y estrategias para interactuar socialmente, resolver retos y cumplir normas.
A los niños y niñas con mayor capacidad de liderazgo e interacción se les facilitó la expresión de emociones; las niñas lograron mayor espontaneidad que los niños al momento de realizar manifestaciones de expresión emocional con sus pares demostrando así mayor destreza en su interacción social; al tener la capacidad de expresar sentimientos y emociones de una forma más fluida pudieron entablar con sus pares vínculos más asertivos. De ahí la importancia de que reciban desde temprana edad educación emocional, para aprender a interiorizar y a la vez expresar sus sentimientos y emociones.
La mayoría de los participantes lograron adecuadas habilidades de afrontamiento; sin embargo, se identificó en algunos niños dificultad para buscar estrategias que conlleven al bienestar grupal, siendo para ellos en el rango de edad en el que se encuentran, más relevante el bienestar individual. Se observó en las actividades de juego realizadas, que la toma de decisiones a nivel grupal les cuesta, pensando satisfacer las necesidades personales. Cabe agregar que ello conlleva a la necesidad de crear ambientes en los cuales a los niños y a las niñas se les brinde confianza, amor y respeto para incrementar su seguridad.
El desarrollo de competencias emocionales presenta una estrecha relación con el nivel de socialización del niño y una adecuada regulación de las emociones. Por consiguiente, aprender a regular sus conductas incrementa sus estrategias para afrontar las emociones negativas, como factor determinante para la prevención de posibles comportamientos disruptivos.
No obstante, si bien el juego facilita la identificación de las manifestaciones de regulación emocional observadas en el estudio, es necesario reconocer que algunos niños requieren incrementar sus habilidades sociales mediante otros mecanismos y actividades.
Referencias
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Abstract
Introduction/objectives: Suicide and anxiety are prevalent issues affecting the mental health of college students. The objectives of this research were to determine the prevalence of suicidal behavior and generalized anxiety by sex, age and academic program, and to analyze the relationship between these variables in university students from a Colombian city. Method: Quantitative, non-experimental, correlational research applied to a sample of 2,436 students (59.2% women, 40.4% men) between 16 and 51 years of age. The instruments used were the Interview Thoughts and self-injurious behaviors; Columbia-Suicide Severity Rating Scale and the anxiety disorders section of the Composite International Diagnostic Interview. Data analysis was performed through SPSS software. Results: It was found that 21.9% of the students reported suicidal ideation, 13.3% suicidal plan, 2% suicide attempt, 11.7% non-suicidal self-harm and 17% generalized anxiety disorder in the last year. A higher prevalence of suicidal behaviors and anxiety is observed in female participants, in the age range of 16 to 24 years, in the psychology, medicine and law programs. They were also associated between study and grouping variables, finding that there was dependence among all of them except for age group and suicide attempt. Conclusions: The results confirm a statistically significant association between suicidal behavior and generalized anxiety, which provide information for the design and implementation of prevention and intervention programs in the highest risk groups in higher education institutions.
Keywords: suicidal behavior, suicide, anxiety, university students, prevention
Tempus Psicológico
1 Plenamente Salud Mental Integral IPS. Correo: e_marcela93@hotmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3485-8086
2 Universidad Católica de Pereira. Correo: tatiana.correabecerra@gmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8522-5783
3 Universidad de Manizales. Correo: jcarmona@umanizales.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5263-2374
Nota: El artículo se escribe como parte del proyecto de investigación: Herramientas para la construcción de paz y convivencia escolar; financiado por Minciencias 808 y la Universidad del Rosario. Gracias.
Relación entre conducta suicida y ansiedad en estudiantes universitarios
Para citar este artículo
López Arias, E. M., Correa Becerra, T. & Carmona Parra, J. A. (2024). Relación entre Conducta Suicida y Ansiedad en Estudiantes Universitarios. Tempus Psicológico, 7(1), 64-85
Eliana Marcela López Arias1
Tatiana Correa Becerra2
Jaime Alberto Carmona Parra3
Tempus Psicológico
Conducta suicida y ansiedad
Tempus Psicológico
López, E.M. Correa, T y Carmona, J.
Tempus Psicológico
Conducta suicida y ansiedad
Tempus Psicológico
López, E.M. Correa, T y Carmona, J.
Tempus Psicológico
Conducta suicida y ansiedad
Tempus Psicológico
López, E.M. Correa, T y Carmona, J.
Tempus Psicológico
Conducta suicida y ansiedad
Tempus Psicológico
López, E.M. Correa, T y Carmona, J.
Tempus Psicológico
Conducta suicida y ansiedad
Tempus Psicológico
López, E.M. Correa, T y Carmona, J.
Tempus Psicológico
Conducta suicida y ansiedad
Tempus Psicológico
López, E.M. Correa, T y Carmona, J.
Tempus Psicológico
Conducta suicida y ansiedad
Tempus Psicológico
López, E.M. Correa, T y Carmona, J.
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López, E.M. Correa, T y Carmona, J.
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López, E.M. Correa, T y Carmona, J.
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Conducta suicida y ansiedad
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Psychological sequelae in women victims of childhood sexual abuse. A grounded theory study
Secuelas psicológicas en mujeres víctimas de abuso sexual en la infancia Un estudio de teoría fundamentada.
Hansel Duque
María Camila Villareal Díaz
Aileen Karina Torres Solorzano
Artículo de investigación
Recibido: 13/09/2023– Aprobado:08/11/2023 - Publicado: 03/12/20223
ISSN - 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.4954.2024
Volumen 7-1 2024
Tempus Psicológico
Resumen
El objetivo principal de este estudio ha sido realizar una aproximación a las secuelas psicológicas presentes en la vida adulta de mujeres víctimas de abuso sexual en la infancia. Partiendo de un enfoque cualitativo y de teoría fundamentada, se aplicaron entrevistas semiestructuradas a ocho mujeres cuyas edades oscilaron entre los 18 y 36 años. Una vez analizados los datos se agruparon las secuelas en tres categorías principales: secuelas en la vida íntima, implicaciones en la maternidad, y factores intervinientes en la sanación. Teniendo en cuenta los resultados se concluye que las secuelas psicológicas más extendidas en la vida adulta fueron aquellas asociadas a la conducta sexual, al rol de los cuidados maternos, así como a la necesidad de redes de apoyo que facilitan procesos de recuperación.
Palabras claves: abuso sexual, trauma psicológico, secuelas y discapacidad, investigación cualitativa, teoría fundamentada.
Abstract
The main objective of this study was to make an approximation of the psychological sequelae present in the adult life of women victims of childhood sexual abuse. Based on a qualitative approach and grounded theory, semi-structured interviews were conducted with 8 women aged between 18 and 36 years. After analyzing the data, the sequelae were grouped into three main categories: sequelae in intimate life, effects on motherhood, and factors involved in healing. Taking into account the results it is concluded that the most widespread psychological sequelae in adult life are those related to sexual behavior, the role of maternal care, and the need for support networks to facilitate recovery processes.
Keywords: sexual abuse, psychological trauma, sequelae and disability qualitative research, grounded theory.
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1 Corporación Universitaria Reformada. Correo: h.duque@unireformada.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2165-9125
2 Corporación Universitaria Reformada. Correo: kmidiaz10@hotmail.com ORCID: https://orcid.org/0009-0005-5214-9485
3 Corporación Universitaria Reformada. Correo: aileentorressolorzano@gmail.com ORCID: https://orcid.org/0009-0000-6040-1082
Percepción del rol docente y clases en línea en el contexto de la pandemia por Covid-19 en estudiantes universitarios
Para citar este artículo
Duque, H., Villareal Díaz, M. C. & Torres Solorzano, A. K. (2024). Secuelas Psicológicas en Mujeres Víctimas de Abuso Sexual en la Infancia, un Estudio de Teoría Fundamentada. Tempus Psicológico, 7(1), 86-113
Hansel Duque1
María Camila Villareal Díaz2
Aileen Karina Torres Solorzano3
Tempus Psicológico
Introducción
Esta investigación surge a partir del interés de retomar las voces de aquellas mujeres víctimas de abuso sexual en su infancia, quienes producto de este acontecimiento experimentan un trauma significativo, sumado al dolor, la culpa y un sin número de sentimientos, emociones y problemas psicológicos asociados. Es por ello por lo que existe el interés en comprender sus emociones, escuchar sus voces, posibilitar un espacio para que puedan expresarse, para que por medio de su experiencia se pueda comprender de forma justa y a la medida este acontecimiento y las secuelas que deja en sus víctimas.
En este sentido, García (2009, como se citó en Rodríguez López, 2021) define el abuso sexual como aquella solicitud o conducta realizada por una persona y que tiene como fin el contacto, las caricias, toques y juegos en los que la otra persona no está de acuerdo o no lo desea, también aplica para aquellos casos en los que no se tiene consciencia del significado de lo que está sucediendo, por tal razón, se logra dicho fin gracias a la asimetría de poder que caracteriza dichas relaciones.
Es importante recalcar que, cuando se habla de abuso sexual, podríamos estar abarcando un fenómeno atemporal al que seguimos dando relevancia según sus características y su impacto. Como muestra de ello, encontramos que, el abuso sexual es toda aquella conducta sexual que, sirviéndose de cierta condición de poder, como ya se expresó, logra el acceso al cuerpo de otra persona. Esta conducta coercitiva tiene amplias repercusiones sobre la víctima y su entorno. Ahora bien, el abuso sexual en Colombia es un tema de gran incidencia, según el informe del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (2021):
El sistema medicolegal colombiano registró 22.607 valoraciones por presunto delito sexual en 2021, 4.553 más que en 2020, este resultado representa una tasa de 44,28, sin llegar a los valores registrados en los años previos a la pandemia, ya que esta se encontraba en 52,96; el ligero aumento en las cifras de este año está influenciado por el cambio en las medidas de confinamiento y aislamiento motivado por la pandemia por el Covid-19, lo que les permitió a las personas realizarse las valoraciones medicolegales. (p. 299)
Este mismo informe resalta que:
La mayoría de las víctimas son mujeres menores de 18 años, agredidas por adultos cercanos como familiares, amigos o conocidos en un lugar que debía darles protección como la vivienda. Igualmente, la mayoría de los casos de violencia sexual corresponden a abuso sexual. (Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, 2021 p. 297)
Por lo anterior, se reconoce que el abuso sexual trae consigo, no sólo la experiencia traumática, sino también un sinnúmero de consecuencias psicológicas que suelen acompañar a la víctima, no sólo en la infancia, época en la que se produce el abuso, sino que perduran hasta la edad adulta. Estas secuelas se ven reflejadas en la esfera personal, social y en la relación consigo mismas, y deben ser comprendidas desde la experiencia particular, dándole voz a las víctimas.
En este orden de ideas, el propósito de esta investigación es dar sentido a la experiencia de mujeres que han sido víctimas de abuso sexual en la infancia. Partiendo de sus propias narrativas y vivencias, buscamos comprender las secuelas psicológicas que encarnan las víctimas tras un acto abusivo y no consensuado, en el que haya existido o no penetración. A su vez, buscamos resaltar la importancia de que estas mujeres sean escuchadas y que a través de sus relatos exista un aporte significativo a la vida de otras víctimas, a los futuros investigadores, psicólogos y todo personal que trabaje y aborde este fenómeno como objeto de estudio.
Por lo tanto, esta investigación tiene como objetivo aproximarse a las secuelas producto del abuso sexual infantil, que persisten más allá de la infancia y se extienden hasta la vida adulta de las víctimas de este suceso, a través de un enfoque cualitativo basado en el método de teoría fundamentada.
Metodología
Diseño y tipo de investigación
El proceso de investigación estuvo guiado por los principios de la metodología cualitativa. Esta permite al investigador conocer y estudiar los fenómenos en sus condiciones naturales, en el contexto en que se dan y a partir de la experiencia de quienes lo viven, para lograr a través de ello la comprensión de sus particularidades (Flick, 2022). En cuanto al enfoque metodológico, se realizó un estudio de teoría fundamentada, la cual, según autores como de la Espriella y Gómez-Restrepo (2020) permite obtener la mayor autenticidad de los datos mediante una constante comparación entre los datos recolectados y las reflexiones que emerjan a partir de los mismos, permitiendo que se identifiquen patrones y semejanzas en los relatos, dando como resultado el surgimiento de nuevos cuestionamientos que permitan la aproximación teórica.
Participantes
La selección de los participantes se dio a través de un muestreo teórico, esta estrategia permitió que cada una de las participantes a través de su relato complementara y soportara la teoría que se postuló. Los criterios de inclusión fueron; ser mujer adulta, haber sido víctima de abuso sexual en la infancia y estar en capacidad de poder expresar verbalmente a través de las entrevistas su experiencia. Finalmente, este estudio se fundamentó en la participación de 8 mujeres entre los 21 y los 37 años. A continuación, se presenta una tabla con las características sociodemográficas de las participantes.
Tabla 1.
Características sociodemográficas de las participantes

Técnicas
A partir de la naturaleza cualitativa de esta investigación, la técnica que se implementó para la recolección de los datos fue la entrevista semiestructurada, la cual permitió obtener información desde las palabras y descripciones de la entrevistada, y conocer el mundo y la vida de las participantes desde sus propias experiencias (Kvale & Brinkmann, 2018). A través de este tipo de entrevistas se conoce la realidad del sujeto y cómo vive el fenómeno en cuestión, cómo siente, piensa y concibe la realidad que es objeto de estudio. Previamente se elaboró un protocolo de entrevista, el cual contenía preguntas a modo de grandes categorías, las cuales se redactaron teniendo en cuenta la revisión de literatura y la reflexión de los investigadores (Duque, 2022).
Procedimiento
A partir de la naturaleza de la teoría fundamentada, las actividades referentes al proceso de recolección de datos ocurrieron de manera circular. Por lo tanto, se seleccionó una participante inicial, se realizó la primera entrevista, se analizó y prosiguió a una segunda entrevista para a partir de dicho análisis poder identificar incidentes y extraer categorías que orientaran a la búsqueda de nuevas participantes.
Debido a la emergencia sanitaria del COVID-19, se ideó una estrategia para acceder a las participantes a través de una serie de publicaciones en las redes sociales, se logró acceder a cuentas de difusión y prevención del abuso sexual para que compartieran la búsqueda de participantes para este estudio, logrando que mujeres con diferentes características decidieran contar su experiencia, lo que favoreció la variación de los datos en la presente investigación.
A medida que las participantes eran seleccionadas, una vez se obtenía el consentimiento informado se realizaban entrevistas a través del uso de plataformas digitales, tales como Zoom, que permitió, a pesar de la virtualidad y la distancia, mantener un contacto visual entre investigadores y participantes, procurando así los esfuerzos para lograr un ambiente seguro y cálido que les permitiera contar su experiencia con libertad y espontaneidad.
Análisis de la información
El análisis de los datos se basó en la Teoría Fundamentada introducida por Bernie Glaser y Anselm Strauss en 1967 en su libro The Discovery of Grounded Theory, sobre la que Jiménez et al. (2017), definen como una comparación constante durante la investigación, que permite construir a partir de los resultados obtenidos teorías sobre el tema de estudio, entendiéndose esto como su propósito principal. Estas teorías son formuladas a partir de los datos recolectados a través de entrevistas, observaciones y documentos que son analizados desde el momento en que se obtienen a través del establecimiento de conexiones que se identifican en las categorías determinadas.
La primera fase del análisis de los datos se denomina codificación abierta y consistió en la revisión detallada de las entrevistas transcritas que permitieron la denominación de códigos, que en fases próximas se unieron con sus semejantes. Una vez identificados los códigos se pasó a una segunda fase llamada codificación axial, a través de la cual se integraron las categorías a las subcategorías alrededor de un eje que las enlazó por medio de sus propiedades y dimensiones (Strauss & Corbin, 2002). Finalmente, a través de la codificación selectiva, se modificaron e integraron los conceptos obtenidos, de manera que se pudiera establecer un tema central.
Para garantizar el rigor y la calidad de los hallazgos se tuvieron en cuenta los criterios de credibilidad, transferibilidad, dependencia y confirmabilidad propuestos por Guba y Lincoln (Flick, 2018). Entre las estrategias empleadas estuvo el feedback por parte de los participantes, la auditoría externa, la adecuación referencial, la reflexión por parte del equipo de investigadores, las descripciones copiosas y las pistas de revisión.
Consideraciones éticas
Para garantizar la ética de los investigadores y el compromiso con los participantes se siguieron las siguientes consideraciones:
Resultados
Una vez realizado el proceso de análisis de datos e identificación de las principales categorías conceptuales, se evidencia la existencia de tres aspectos fundamentales que son la estructura de la presente teoría y que se manifestaron significativamente como consecuencia de la experiencia de abuso en la infancia. Estos tres aspectos fueron: la maternidad tras el abuso, factores intervinientes en la sanación, y la vida íntima. En la Figura 1 se presenta de forma más amplia la estructura de la teoría emergente con sus categorías y subcategorías.
Figura 1
Teoría emergente y su estructura categorial

A continuación, se realizará una descripción de las categorías antes mencionadas y se citarán fragmentos exclusivos de las entrevistas realizadas a las participantes que fundamentaron la presente teoría.
La maternidad tras el abuso
La experiencia de abuso sexual en cuyo caso el abusador fue un miembro de la familia, y el hecho de convertirse en madres, ha reflejado un aspecto central en la vida adulta, en especial relacionado a la crianza de los hijos. En las palabras transmitidas por las participantes saltaban una y otra vez esas sensaciones de duda, miedo y deseos de proteger a sus hijos frente a la posibilidad de que su agresor se convierta en el agresor de estos. En algunos casos, el temor inminente de que exista alguna cercanía en los espacios de convivencia familiar ha llevado a estas participantes a tomar ciertas medidas y fijar límites en la crianza que imparten a sus hijos, trayendo como resultado la necesidad de enseñarles a protegerse a sí mismos de posibles ataques sexuales, respetando y teniendo un extremo cuidado durante los momentos en que su labor como madre implique estar en contacto directo con el cuerpo y las partes íntimas de sus niños.
En la experiencia de Luisa este miedo es suscitado como consecuencia de la ausencia de un factor protector en su vida, Luisa fue abusada por un tío materno y al acudir en búsqueda de ayuda se encontró con la figura de una madre que creyó poco en sus palabras, justificando la conducta de su hermano. Esta respuesta ha generado desconfianza hacia su madre, en especial en los momentos en que debe dejar a su hija al cuidado de esta:
Me afecta muchísimo, yo tengo una hija de 8 años en este momento y naturalmente, siempre tengo la desconfianza del cuidado de mi mamá con mi hija […] saber que ella es tan desprevenida con la maldad, eso me genera una intranquilidad horrible.
La forma como Luisa intenta proteger a su hija es restringiendo actividades que, como cualquier niña, ella desearía realizar para su desenvolvimiento social, estas acciones muchas veces la han llevado a los extremos, lindando con la sobreprotección:
Siento que a mi hija le hago un especial cuidado […] y le vivo explicando todo el tiempo de las partes íntimas y quien no puede tocar y que no puede tocar […] yo creo que de pronto si he llegado a tener algunos momentos de irme a los extremos, de no dejarla ir, por ejemplo, a una pijamada, mi hija nunca ha ido a una pijamada […] una vez una mamá del grupo me dijo: hemos hecho como 50 pijamadas en tu casa y ya ahora nos toca a nosotras, y yo cambié totalmente con esa mamá, no hable más con ella.
En el caso de otras participantes, el temor al abuso transgeneracional se origina en el hecho de que su abusador es un miembro de la familia y por ello, se les dificulta permitir sin supervisión la cercanía hacia sus hijos:
Siempre cuando le voy a cambiar el pañal a mi hija, me acuerdo de esa experiencia, o sea, cuando le estoy viendo su vagina, siempre me acuerdo de eso y pienso: Ay Dios mío, guárdame a mi bebé que no me le vaya a pasar nada. (Adriana)
No hay en este momento la más remota posibilidad de que yo la deje con alguien más, porque es que nadie más la conoce, […] digamos si viene un familiar de pronto un tío, un ratico, yo no tengo problema de que me la cargue o la consienta, pero pues yo estoy ahí. Pero no de que “ay ven es que me tengo que ir, será que te quedas con ella” porque ni mi esposo, ni mi mamá, ni yo, estamos, no. (Adriana)
En el caso de Carol, lo que ha desencadenado ese temor al abuso transgeneracional además del recuerdo del abuso, ha sido identificar el hecho de que en su hogar no existió una educación sexual adecuada que le permitiera identificar conductas abusivas:
Mis papás nada más nos decían que no podíamos tocarnos nuestras partes privadas, pero nunca nos dijeron que otras personas no podían tocarnos nuestras partes privadas, entonces en ese sentido yo pienso que fueron negligentes en ese tema.
Producto de la experiencia de abuso en la infancia, se resalta la necesidad de impartir educación sexual a los hijos desde su primera infancia, veamos lo relatado:
Lo que hago es que cuando yo baño o visto a mi bebé, le hablo por las partes de su cuerpo y le pido permiso, […] se lo digo porque me regresó ese miedo de que sea víctima de abuso sexual también. (Carol)
Sí tengo intención de hablar con mi hijo abiertamente sobre sexo, como pueda, empezando desde pequeño, nombrando sus partes privadas, que nadie puede tocarlas, que necesitan su consentimiento y que, si no lo tienen, no va a ser así, decirle que tiene todo mi apoyo si alguna vez sucede algo así para contarlo, y sobre todo para que lo saque, porque no podemos evitar que sufra, pero sí que tenga nuestro apoyo. (Eloísa)
Por último, para María, tras la vivencia del abuso el hecho de pensar en tener hijos le genera un gran malestar, ella misma explica su postura diciendo lo siguiente:
[…] por eso también digo que no quiero tener hijos, me da pánico tener una hija, incluso me da pánico que mis hermanos han tenido hijos y han sido chicos, cuando anunciaban el sexo a mí me daba pánico que naciera mujer, porque me da pánico saber que da igual lo que yo haga, no las voy a poder proteger de que sean abusadas también […] si tuviera un niño, pues no me gusta crear estos estereotipos, pero sí es verdad que estaría más tranquila, aunque también me preocuparía, porque los niños también pueden sufrir abuso, entonces estaría más tranquila porque tiene menos probabilidad pero igual estaría intranquila porque cualquier día alguien puede coger a mi hijo y abusarle, entonces me da pánico.
A partir de lo dicho anteriormente, resulta necesario destacar la relación que existe entre las experiencias de abuso en la niñez, y los modelos de crianza que adoptan las sobrevivientes al convertirse en madres. Si bien estos modelos de crianza son variables y cada vez hay más información para llevar a cabo una crianza consciente y respetuosa con nuestros hijos que permita que ellos desarrollen habilidades para identificar y protegerse de situaciones de abuso, este no es un factor que los exima de estar en riesgo de sufrir abuso sexual, por lo tanto, el miedo a que estas experiencias trasciendan generacionalmente no se elimina, independientemente del modelo de crianza que se adopte, incluso, algunas pueden caer en los límites de la sobreprotección, como se pudo evidenciar.
Factores intervinientes en la sanación
Este apartado refleja la manera como cada participante implementa formas de hacerle frente a las secuelas del abuso, con el fin de alcanzar la sanación o un mayor grado de bienestar en sus vidas. Durante el desarrollo de las entrevistas, se pudieron identificar tres factores intervinientes que fueron determinantes para que las participantes pudieran otorgarle un significado a la experiencia.
La sanación a través de la espiritualidad
Adriana logra a través de un encuentro íntimo con Dios liberarse de esa carga emocional negativa, sintiéndose segura de que su vida ya no estará determinada por esa experiencia de dolor. Actualmente puede hablar con total libertad acerca de lo vivido:
Yo soy cristiana desde hace ya varios años y siento y estoy segura de que esa experiencia permitió que Dios sanara en mi corazón eso, […] por eso puedo hablar con tranquilidad de la experiencia de abuso, no siento que me afecte emocionalmente y jamás volví a tener esos sueños.
Si bien para Adriana la manera de hacer frente a esa experiencia y alcanzar la sanación en su vida adulta fue a través de la espiritualidad, no en todos los casos es igual, algunas de las participantes lograron encontrar en las personas más cercanas y amadas, el apoyo y la fuerza necesaria para enfrentar de la manera más directa sus sentimientos.
Apoyo en la familia
La importancia de las redes familiares de apoyo para hacer frente a las secuelas del abuso sexual vivido en la infancia, fue un determinante motivacional ya que, por medio del apoyo familiar se reciben recursos afectivos, emocionales y psicológicos que le otorgan a la víctima una función de movimiento preventivo, identificándose a sí mismas como vehículos aportantes de la disminución en la ocurrencia de estos abusos dentro y fuera del núcleo familiar, y abriéndose la puerta para seguir adelante. Veamos como lo expresan las experiencias de las participantes:
En su día, conseguí enfrentarme a mi abusador y le dije todo lo que sentía, y ahí dejé un peso inmenso, me perdoné a mi niña interior, ya he sido capaz de traer un hijo al mundo, de no esconderle nada, que si tengo la necesidad de llorar delante de él, lloro.[…] ese día estaba esperando a mi pareja debajo de casa de mis padres en un banco y estaba el señor que me abusó con su mujer en un lugar ahí cerquita y los estaba viendo, yo estaba nerviosa y perdida, pero justo llegó mi pareja y como pues es mi apoyo incondicional, entonces pues le dije; vamos a ir detrás de ellos, los vamos a parar y le voy a decir todo lo que le tenga que decir, y efectivamente así fue. (Eloísa)
Bueno, mi hermana es un pilar, no sólo para mí, sino para toda la familia, ella es una persona muy fuerte y madura, y sí, me sentí muy aliviada primero, escuchar unas palabras diferentes a las que ya venía escuchando […] ella estuvo de mi lado, de verdad que se quitó la ropa y se puso la mía y me dijo “no me imagino lo que tú pudiste llegar a sentir”, entonces me di cuenta que tengo que dejar ir esto, soltar esto que me hace daño. (Luisa)
Otro factor interviniente para iniciar la etapa de sanación que se pudo evidenciar a partir de las experiencias abordadas fue acceder a un proceso de terapia psicológica:
Con la terapia he aprendido a regular el estado anímico que pues, no pega en tantos picos, y tiene momentos como todo el mundo de estar más deprimido o eufórico, pero es más estable, he sido capaz de aprender a gestionar mis emociones, y no que ellas me controlen a mí. (María)
Este año retomé la terapia hace como dos meses y con todo lo que aprendí con las otras terapias, fue que allí ha habido un avance, porque creo que es una experiencia que ya pude perdonar, o sea, yo siento que ya pude perdonar a mi papá, que pude perdonar lo que pasó […] Esta terapia en la que ahora estoy, me ha permitido darme cuenta de que no tengo por qué sentir vergüenza de una experiencia que no busqué vivir, yo no soy la responsable de que eso haya pasado y creo que eso también me ha ayudado mucho a integrarme y a sentirme mejor ahora de adulta. (Nubia)
Yo empecé a ir a terapia por un problema con la comida […], y fue así que salió la iluminación de lo que me había pasado […] En la terapia fue que le puse un nombre, abuso sexual, porque no sabía, ahora sí yo digo “cómo es posible que no supiera cómo se llamaba” pero hasta apenas unos meses le di un nombre y fue que supe. (Carol)
Antes de hacer terapia, cada vez que tenía que hablar de este tema con alguien o salía este tema yo me ponía muy nerviosa y el corazón me latía a mil, era un quiero y no puedo, hoy en día gracias a Dios puedo hablar tranquilamente de este suceso y entender que esta no soy yo, y que esto forma parte de mi historia, pero es una parte y hay mucho más de Eloísa. (Eloísa)
El acceder a un encuentro terapéutico les ha dado la oportunidad de reconocerse como víctimas, de aceptar que hay algo por hacer y que si bien, no es un proceso fácil, les ha permitido adentrarse en sus sentimientos y entender la raíz de hábitos que han creado en su vida, producto del suceso de abuso que siendo adultas genera conflictos, bajas en la autoestima, y empobrecimiento de la relación consigo mismas.
En todas las experiencias citadas anteriormente, se refleja que la decisión de buscar ayuda con un profesional de la psicología les ha traído un beneficio: todas ellas han encontrado en la terapia una clave para alcanzar esa sanación, identificar las secuelas que han arrastrado por años y poder seguir su vida sin que las secuelas las sigan limitando.
La intimidad es una experiencia particular en cada ser humano, pero se puede entender de forma universal como un vínculo entre dos personas que tiene como base un sentimiento o una sensación que crea una conexión. En esta investigación, las experiencias de las participantes orientaron la conceptualización de la intimidad hacia los aspectos de la sexualidad, y a la manera como cada una de ellas desde su particularidad, han vivido los encuentros íntimos con sus parejas siendo adultas y principalmente manifestando cómo esta experiencia de abuso en la infancia ha traído a su vida secuelas en su intimidad.
En el análisis de cada una de las experiencias investigadas, las participantes refirieron el impacto generado en varias áreas de su vida que guardan estricta relación con su sexualidad, como lo son; la dificultad para alcanzar la satisfacción en los encuentros sexuales, la incapacidad para alcanzar el orgasmo, y la dificultad para crear vínculos con la pareja y la relación consigo misma, todos estos aspectos se evidencian en los relatos de las participantes:
Yo creo que el valor de una intimidad o de un acto sexual no lo tengo claro, yo siento que ese momento en el que dos personas están juntas, desnudas en un lugar, es otro momento equis, como tomarte un café o ir a comer pastas con vino, no sé… Lo he disfrutado muchas veces, la mayoría de las veces, pero no es algo que yo diga, “este momento es hermoso para mí”, o sea no […] yo siento que ahora que me enfrentas con esa pregunta lo que podría responder es eso, creo que para mí eso no tiene la importancia que debería tener. (Luisa)
Por otro lado, se puede ver cómo evolucionan las secuelas a nivel sexual en diferentes momentos de la vida:
Estando en Santa Marta, estudiando en la Universidad, conocí a un muchacho, fuimos novios como por 3 meses e intentamos estar juntos sexualmente y siempre tendía a sufrir como de vaginismo, siempre sentía como un dolor en ciertas ocasiones, ya después al final duré 3 meses con él y le dije ya no, que no me sentía a gusto. (Paty)
Mi abuelo hacía algo y era de que él se ponía una bolsa de hielo en su pene y hacía de que yo le hiciera sexo oral, o sea con la bolsa de hielo puesta, de pronto yo en ese entonces decía, no, simplemente es que a mí no me gusta hacer sexo oral cuando estoy en intimidad con una persona, pero obviamente a esta edad ya soy consciente de que quedan consecuencias, que quedan secuelas y es la hora y a mí no me gusta hacer sexo oral, obviamente quedé muy marcada por esa experiencia. (Paty)
Se pudo destacar que la secuela principal gira en torno a la satisfacción sexual, a no alcanzar el goce pleno de la sexualidad, las experiencias de las participantes lo reflejan:
En relaciones anteriores sí me costó lograr la satisfacción y la comodidad en el acto sexual. (Adriana)
En el ámbito sexual no tenía relaciones placenteras, cuando había el acto sexual, se hacía porque era parte de la relación y ya, pero no porque yo como mujer sintiera un placer o una satisfacción en ese momento. (Adriana)
Otro es el disfrute de la sexualidad y yo creo que sí tiene una consecuencia ahí, yo inicié mi vida sexual a los 20 años, en ese momento no era como muy consciente de la relación del abuso con mi vida y con iniciar mi vida sexual, y con lo que estaba pasando, pero sí cuando yo fui como profundizando más en el tema, empecé a relacionar las dificultades que tenía, entonces el disfrute no era totalmente placentero, era compleja la intimidad con las personas que llegué a estar. (Nubia)
Otro aspecto evidenciado en los datos recolectados es la relación del placer en la intimidad y el logro del máximo nivel de este, en referencia al orgasmo. Alcanzar el orgasmo se volvió un imposible para estas mujeres que en su vida adulta lo han asociado al trauma que emerge de la experiencia de ser abusadas en su infancia. Ellas lo expresan así:
La incapacidad en ciertos momentos para llegar al orgasmo, sobre todo el tema de, tanto la penetración como tocar el clítoris de forma directa me duele, es que es como un dolor punzante, cuando estoy intentando llegar al orgasmo es un dolor punzante, es que siento placer y dolor a la vez, entonces poco a poco sí que voy intentando eliminar el dolor porque sé de dónde viene, pero sigue estando ahí. (María)
Yo tampoco sentía ningún placer ni llegaba nunca al orgasmo, porque pues claro, los hombres sabían en aquel momento de sexo, del sexo femenino “muchísimo”, irónicamente hablando. (Eloísa)
La experiencia de María muestra secuelas profundas a nivel sensoperceptivo, estas imposibilitan no sólo una vida sexual satisfactoria, también generan un gran malestar físico y psicológico:
…Como que es una regresión y volver a estar allí, incluso que estar teniendo sexo, y lo que veo a mi alrededor no son las paredes de ese momento, sino como una superposición de imágenes, en la que estoy a la vez en el recuerdo y en la realidad […] De hecho, muchas veces siento que la persona que tengo encima no es mi pareja, sino mi abuelo, que está otra vez ahí encima, y lo que siento son náuseas y dolor, y lo que siento es que tengo ganas de escapar, de huir, de hacerme una bolita, y de abandonarme y no sentir nada. (María)
A mí me daba miedo que me tocaran en la vagina o que me masturbaran, o sea, no me gustaba, me daba miedo, me podían tocar cualquier parte del cuerpo, pero ahí no me gustaba que me tocara con las manos. (Carol)
La identificación de estas secuelas en la vida íntima de las participantes posibilita una aproximación a las dinámicas de relación y establecimiento de vínculos afectivos:
Yo pienso que mis relaciones no son normales, o sea, no están dentro de los parámetros normales, no. Porque he tenido relaciones casuales en las que simplemente han sido eso, situaciones sexuales y ya, o sea, no ha habido sentimiento ni nada de eso, simplemente eso pasó y ya. (Luisa)
Algo que me pasaba antes es que yo me he liado con personas, he tenido sexo con personas sólo porque me han sonreído, y yo he sentido que era lo que querían de mí, y era como, es que se lo tengo que dar, porque lo quiere, y ahora pues consigo no hacerlo […] Yo siempre he sentido que si no dejaba que los demás obtuvieran de mi sexualmente lo que querían, no me iban a querer, era como, para que me quieran, tengo que hacer lo que ellos quieran, siempre he sido muy sumisa en ese sentido. (María)
He tenido relaciones bastante tormentosas… ninguna de maltrato, no va por ahí, pero pues, eso, como que debía tener sexo muy pronto, porque si no, no iba a hacerme valer. (Eloísa)
Discusión
La presente investigación tuvo como objetivo, lograr una aproximación a las secuelas presentes en mujeres adultas que fueron víctimas de abuso sexual en la infancia, y conocer, desde su perspectiva, cuál ha sido el impacto en su vida.
El estudio realizado muestra que, producto del suceso de abuso durante la infancia de estas mujeres, han quedado afectaciones en diferentes áreas de la vida: a nivel emocional, social, familiar y físico, que si bien, no se pretende invalidarlas, ni minimizarlas, la intención del estudio es resaltar aquellas que a lo largo de la vida tienen una presencia más fuerte y afectan durante mayores periodos de tiempo; específicamente se hace referencia a las secuelas que interfieren en los modelos de crianza que adoptan las víctimas una vez se han convertido en madres, e incluso, cómo les afecta en su percepción de la maternidad cuando no han tenido hijos, así como también se refiere a las secuelas que se presentan en la vida íntima.
En este apartado, se pretende contrastar con la evidencia existente aquellos aspectos que caracterizan la presente investigación, con el fin de establecer similitudes frente a las experiencias que han sido previamente investigadas y analizadas, así como también, señalar las divergencias encontradas entre los resultados arrojados por este estudio y los encontrados en la literatura citada.
A partir de la categoría “La crianza después del abuso” se evidenció que las víctimas, una vez se enfrentan al desafío que comprende el ejercicio de la maternidad, se sumergen en un reto que implica lidiar con tan dolorosos y traumáticos recuerdos como el del abuso sexual infantil, lo que despierta en ellas un miedo insondable que les lleva a indagar en formas, modelos, y patrones de crianza que les permita ofrecer la protección que ellas saben con certeza, necesita un niño o niña en la edad de sus hijos, llegando así a implementar modelos de crianza respetuosos que potencien las habilidades y factores protectores contra el abuso en la vida de ellos, representando también una oportunidad de sanar a través de sus propios hijos y su crianza.
Los resultados encontrados difieren de lo expresado por autores como Pereda (2010, como se citó en Almandoz Fernández, 2020), quien sostiene en sus investigaciones que, como consecuencia del abuso sexual infantil, aparecen dificultades en la crianza de los hijos y los estilos parentales que las victimas adoptan. Esta autora sostiene que, suelen adoptar estilos permisivos, que incluso usan el castigo físico para mediar los conflictos con sus hijos. Por el contrario, las experiencias contempladas en esta investigación revelan que esta es una preocupación latente en la vida de las víctimas una vez que se convierten en madres, y que trabajan cuidadosamente en evitar que la transmisión intergeneracional del maltrato suceda, esto, a través de modelos de crianza respetuosos, enfocados en la prevención del abuso sexual infantil, tal como se ha mencionado antes.
Otro aspecto que sobresale de las experiencias de las participantes y que va en línea con los aspectos de crianza, es la manera como estas mujeres enfrentan, no sólo sus miedos, sino que se apropian de un estilo de crianza responsable, enfocado en la labor del cuidado frente a la prevención del abuso en sus hijos; además, las participantes a partir de su experiencia han podido reconocer la vulnerabilidad de los niños frente al abuso y la necesidad que existe de hacer énfasis en educar sexualmente desde la primera infancia (Galleguillos, 2018).
También se pudo encontrar que, al analizar los aspectos presentes en la vida íntima de las participantes, se evidenciaron secuelas como la insatisfacción sexual, imposibilidad para alcanzar el orgasmo, dificultades y dolor para lograr el coito e incluso para llevar a cabo actividades como el sexo oral. En este aspecto, Randolph y Reddy (2006, como se citó en Cueva, 2022) han encontrado también que las mujeres con un historial de abuso sexual en la infancia presentan una mayor probabilidad de desarrollar prácticas sexuales mal adaptativas o insanas, en contraste con aquellas mujeres sin un historial de abuso sexual infantil (ej. evitar la conducta sexual, prácticas sexuales riesgosas). Además, se vinculan sexualmente con menor frecuencia, y presentan una mayor cantidad de dificultades y disfunciones sexuales.
También se evidenció a través del análisis de las entrevistas y en las propias palabras de las participantes que, como consecuencia del abuso adoptaron conductas de riesgo como la promiscuidad, relaciones sexuales informales y sin protección que, aunque sus relatos las ubican en una edad más cercana a la adolescencia, una vez llegada a la adultez trajo sus repercusiones.
A su vez, Browning y Lauman (2001, como se citó en Lívano Herrera, 2019) expresan que, en el plano del abuso sexual infantil, las conductas sexuales desadaptativas representan la principal consecuencia; sin embargo, aclaran la no existencia de una relación causal entre ambos aspectos. Pese a esto, el abuso sexual infantil podría considerarse como un factor de riesgo, conllevando a la necesidad de que se considere en mayor medida en los contextos de investigación, evaluación e intervención.
Finalmente, en lo que a la vida íntima se refiere y desde las experiencia de las participantes, se evidencia que las secuelas no disminuyen al pasar el tiempo sino que por el contrario, algunas han llegado a hacerse más intensas al entrar en la adultez, esto en convergencia con lo expuesto por Rind et al. (1998, como se citó en Cantón-Cortés & Cortés, 2015) quienes concluyen que, si bien la mayoría de los síntomas tienden a remitir, si estos no tienen un adecuado y oportuno tratamiento se agravarán, desencadenando mayores afectaciones en la vida sexual, además del miedo y la ansiedad.
Como aspecto final de la teoría emergente, se encuentran los factores intervinientes en la sanación que fueron manifestados por cada una de las participantes y que concuerda con las estrategias de afrontamiento definidas por Lazarus (1993, como se citó en Cantón-Cortés & Cortés, 2015) como todos aquellos intentos de carácter cognoscitivo y conductual que se despliegan para afrontar situaciones de demanda interna o externa. Se pudo evidenciar que, las estrategias utilizadas por ellas para hacerle frente a su experiencia y buscar la sanación varían en gran medida dependiendo de los recursos disponibles a su alcance; para algunas, contar con el apoyo familiar significó un gran avance y un salto hacia la sanación, la liberación de la culpa, y mayor percepción de bienestar en sus vidas; para otras, la psicoterapia fue el factor determinante que permitió darle sentido a su experiencia, identificar las secuelas que arrastraban en su vida y poder trabajar en ellas. Por último, la espiritualidad significó una herramienta maravillosa para que se pudiera perdonar y sanar, apreciado no sólo en la experiencia de las participantes de esta investigación, sino también en lo expresado por autores como Mazorra y Man Ging (2020).
Conclusión
Este estudio ha pretendido aproximarse a la comprensión y el conocimiento de las secuelas que enfrentan mujeres adultas que en su infancia fueron víctimas de abuso sexual, y reconocer el nivel de impacto que estas tienen en distintas áreas de su vida hasta su adultez. Si bien, hasta el momento se han realizado un sinnúmero de investigaciones sobre este fenómeno ( Almandoz Fernández, 2020; Bettin Osorio, 2020; Blades, 2021; Echeburua, 2021; Martín & Gómez, 2021;Real-López et al., 2023), la intención que resalta en esta investigación es la de enfocar la mirada en los sentimientos, pensamientos y conflictos específicos que son particulares en cada experiencia y lograr una aproximación a lo que viven las participantes dándole vida a la teoría a partir de sus voces.
Producto de esta aproximación, se pudo distinguir en sus relatos que las secuelas más extendidas en su vida son aquellas que tienen una implicación sexual, así como los conflictos que surgen al adentrarse en la vida maternal y enfrentarse a su propia niña interior que muchas no han podido sanar hasta este momento, encontrando así una oportunidad en la crianza para hacerlo, para enfrentar sus miedos y sanar; algunas de las participantes pudieron iniciar este proceso apoyándose en familiares, amigos y personas cercanas en quienes ellas confiaban, para otras sin duda la ayuda profesional terapéutica marcó un cambio en sus vidas, que si bien es un proceso doloroso, también puede ser satisfactorio al verse los resultados, así como ellas mismas pudieron expresarlo. Por último, la espiritualidad significó para otras mujeres esa oportunidad de sanar, y en sus palabras: renunciar a esas emociones que tanto daño les hacían, permitiéndoles avanzar en sus vidas hacia un mayor bienestar.
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dos años y como consecuencia de la pandemia por COVID-19, en México como en muchos países del mundo se modificaron sustancialmente las formas de interacción social, con el fin de reducir al mínimo la cadena de contagios del virus que genera la enfermedad. En el ámbito universitario, lo anterior fue la causa del cambio en las dinámicas de enseñanza aprendizaje, lo que dio lugar a la reestructuración de contenidos y formas de interacción, y las instituciones educativas se vieron obligadas a migrar de manera súbita al modelo de clases en línea.
De acuerdo con Muñoz (1999) hay dos elementos sustanciales dentro de la educación formal, estos son, las dinámicas escolares y la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje; en ese sentido, las clases en línea o clases virtuales incluyen esos elementos con las singularidades de realizarlas vía remota o mediante plataformas educativas digitales. Además de lo anterior, un elemento importante respecto a las dinámicas educativas presenciales o no, es el rol que profesoras y profesores asumen en este proceso; se espera que, cuando el rol docente es sensible a las características y necesidades de las y los estudiantes, la adaptación a los cambios, circunstancias o condiciones de los contextos educativos tiende a ser favorable.
Ahora, con relación a la percepción de fenómenos, tema central del presente estudio, se entiende que esta es un proceso integrado por aspectos bio-culturales, pues la percepción depende de estímulos físicos y sensaciones, además de la selección y organización de dichos estímulos que son organizados, clasificados y categorizados con base en referentes socioculturales (Vargas, 1994). Por lo tanto, la percepción no es un proceso lineal simple, ya que las personas y el contexto social está en constante interacción, lo que deriva en la formación de percepciones particulares relacionado con un grupo social de referencia. La percepción tiene entonces un referente social, ya que las inferencias o valoraciones que hacen las personas respecto a una situación o fenómeno van de acuerdo con los estándares de la sociedad en la que se desarrollan, por lo que se vincula a los procesos de adaptación y orientación psicológica con respecto a eventos contextuales.
Según Heider (1958, citado en Arias, 2006) la percepción social tiene sus bases en la teoría de la atribución, la cual está orientada a analizar la forma en que se explica la conducta de las personas, o situaciones específicas, y que busca dar sentido al mundo social; además, para el proceso de percepción de un evento, se toma en cuenta la interacción social.
En el contexto mundial actual y como consecuencia de la pandemia de COVID-19, los procesos educativos en todos los niveles requirieron adecuaciones para su instrumentación virtual o a distancia y se recurrió al uso de diferentes plataformas digitales, lo que generó en los y las estudiantes y en el personal docente, diversas percepciones, favorables o no, con respecto a la calidad de los procesos educativos facilitados por la vía virtual. Así, a tres años de inicio de la pandemia, los procesos educativos en línea han impactado las formas de interpretar las clases por parte de los y las estudiantes.
De acuerdo con algunos estudios referentes a las clases en línea previo a la pandemia, Godos et al. (2009) indicaron que los estudiantes mostraron mejores resultados ante un curso en línea comparado con un curso presencial. Los participantes mencionaron sentir satisfacción con la modalidad en línea y mostraban interés por completar más cursos educativos en esta modalidad, puesto que les favorecía por el horario y podían aprovechar mejor el tiempo para otras materias.
Desde el punto de vista de Corona et al. (2009) la educación a distancia genera diversas emociones, las cuales según sea el caso, ocasionan mayor rendimiento o deserción en dicha modalidad. Adicionalmente, algunos estudiantes han mencionado aspectos positivos, tales como el intercambio cultural, o el trabajo colaborativo, es decir la socialización. También se presentan aspectos negativos como la nula o limitada retroalimentación, por parte del docente, el tiempo limitado de entrega de tareas, y el estrés causado por actividades y exámenes de forma virtual. En este sentido, los docentes reconocen aspectos positivos emocionales como el trabajo participativo entre estudiantes y, algunas dificultades de adaptación al modelo de enseñanza virtual.
Así mismo, Peñalosa y Castañeda (2010) reportaron la importancia de diseñar situaciones que promuevan el aprendizaje online pues, para los participantes de dicho estudio la experiencia fue relevante, ya que les permitió comentar sobre los aportes de otros, construir en conjunto la solución de casos, discutir conceptos y debatir.
En ese sentido, respecto a la motivación de los estudiantes en los procesos de aprendizaje virtual, Carvalho y Oliveira (2015) destacan que un gran número de los estudiantes que participaron en su estudio, se percibían motivados intrínsecamente ante el involucramiento en el aprendizaje en un entorno virtual y altos niveles de identificación con la motivación extrínseca a través de la regulación integrada. A juicio de Mora et al. (2017) en su estudio con estudiantes universitarios que recibieron asesoría en línea, la forma más común en las asesorías es la presencial, y esta se asocia a la necesidad de las y los participantes por recibir las explicaciones cara a cara; sin embargo, con respecto al asesoramiento a distancia, reportaron interés particular en el uso de herramientas de mediación y comunicación.
Clases en línea y contexto postpandemia
Dentro del cambio en las dinámicas educativas a partir de la pandemia de COVID-19, un factor que se asoció a las dinámicas de clases en línea fue la desigualdad de acceso a las tecnologías digitales (Expósito y Marsollier, 2020). Estas limitaciones también se asociaron a la falta de recursos económicos, lo que complica el acceso a la red, así como el contar con dispositivos con suficiente capacidad para las clases y actividades educativas en línea (Rodríguez et al., 2014). Respecto a lo anterior, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía-INEGI (2021) reportó que a raíz de la pandemia por COVID-19, de los más de treinta millones de personas jóvenes que estuvieron inscritas en el ciclo escolar 2019- 2020, unos 740 mil no concluyeron el ciclo escolar, más de la mitad, el 58.9% por alguna razón asociada a la COVID-19 y 8.9% por falta de dinero o recursos. De igual manera se destacó que un porcentaje de la población tuvo que pedir prestado o pagar por el uso del dispositivo o aparato que utilizó para sus clases o tareas escolares.
De acuerdo con Aguilar (2020) durante la pandemia por la COVID-19, los procesos educativos formales se vieron alterados y el uso de las tecnologías de comunicación e información se volvieron indispensables; sin embargo, la educación virtual resultó ser un reto para los y las docentes y estudiantes, ya que mediante el uso de plataformas virtuales se limitó en cierta forma la socialización y la expresión directa de emociones y sentimientos. La pandemia obligó a las personas a reducir la movilidad, y a las instituciones de educación superior a desarrollar estrategias virtuales para llevar a cabo sus funciones, la percepción de las clases virtuales cambió de manera sustancial. Según Aguilar (2020) las actividades educativas en línea presentaron áreas de oportunidad para la mejora en las mismas, tanto en el diseño de actividades como en los tiempos de respuesta para su evaluación, la cantidad de actividades diseñadas y el grado de complejidad que manejan.
De acuerdo con lo reportado por Hurtado y Frank (2020) la pandemia por la COVID-19 provocó desafíos en la educación, y uno de los principales fue y ha sido disminuir los problemas de aprendizaje y la inserción de herramientas y estrategias que favorezcan el proceso de enseñanza-aprendizaje de estudiantes en la modalidad virtual, así como el uso eficiente de las tecnologías de información y comunicación.
Sin embargo, hay que señalar que han existido dificultades en la implementación y desarrollo de las clases en línea, tal como lo plantearon Gómez y Escobar (2021), en el sentido que la educación en la modalidad virtual ha provocado y hecho notar desigualdades en la educación y en el acceso a los servicios digitales. Los elementos que ocasionan dicha desigualdad son de conectividad a internet, acceso a las tecnologías de información, ubicación geográfica, administración por parte de las instituciones, entre otros. Por lo tanto, la pandemia ha mostrado las desigualdades sociales con relación a la calidad educativa, ya que estudiantes con desventajas o en situaciones de vulnerabilidad deben enfrentarse a las dificultades de acceso a las tecnologías y por ende a actividades educativas en la modalidad de aprendizaje virtual.
Aunque no todo es desfavorable y a pesar de las dificultades que muchos estudiantes enfrentan, según Varguillas y Bravo (2020), en muchos casos el aprendizaje virtual ha sido una herramienta educativa que ha favorecido la participación, motivación, comunicación e interacción efectiva y estable entre estudiantes y docentes. Es decir, la educación virtual ha sido eficaz y activa, con un sistema de evaluación óptimo y flexible en beneficio del estudiantado. Barreto (2020) señaló que el aprendizaje virtual ocasionó cambios en tres categorías: cambios conductuales ante la educación virtual, motivaciones, es decir, la valoración del autoaprendizaje, enfocado en el desarrollo y mejora, y las metodologías, refiriéndose al uso de las tecnologías de información y la actualización educativa. Por lo tanto, dicha modalidad virtual ha permitido que los procesos de enseñanza y aprendizaje sean innovadores y dinámicos en el logro de los objetivos a pesar de las dificultades educativas en tiempos de pandemia.
Por otro lado, Sousa y Sousa (2020) indicaron que, en algunos casos los alumnos y alumnas aún con acceso a la tecnología no lograban aprender; en otros, el aprendizaje no resultó significativo pese al esfuerzo realizado por ellas y ellos debido a la falta de una estructura básica para el estudio a distancia; además, de acuerdo con Pérez et al. (2021), los y las estudiantes de familias con un bajo nivel formativo tuvieron menores oportunidades de utilizar las tecnologías digitales y las y los estudiantes manifestaron que los docentes no se preocupan por conocer las circunstancias personales y académicas de ellas y ellos, además de mostrar poca adaptación a la enseñanza virtual, sobrecargarles de tareas y en ocasiones, dejando poca claridad sobre cómo se iba a impartir su materia; expresaron además una valoración negativa de acuerdo al modelo educativo online, ya que no distinguían una relación entre el esfuerzo invertido y el rendimiento académico obtenido, a pesar de que la carga de trabajo que percibieron fue mayor y sugerían que la universidad tiene que dirigirse hacia modelos más colaborativos y centrados en el estudiante.
Según Sandoval (2020), durante el aislamiento ocasionado por la pandemia, el papel más destacado del docente fue el de reforzar el uso de las tecnologías de información y comunicación durante las clases virtuales, generando experiencias educativas dinámicas que potencialicen el aprendizaje. La pandemia generó una interrupción de la presencialidad educativa, por ello, las instituciones escolares han tenido, además, la función de ofrecer estrategias de aprendizaje adaptable al modelo de educación virtual, con el fin de hacer frente al nuevo contexto después del COVID-19. Citando a Paredes (2020), los docentes consideran que la calidad de educación en línea no ha dificultado la transferencia de conocimientos y motivación hacia los estudiantes y se valoran positivamente la interacción entre docentes, estudiantes y los recursos digitales, sin embargo, existen juicios contradictorios, ya que se presenta mayor preferencia por la modalidad de enseñanza presencial.
Respecto a las necesidades de comunicación de los estudiantes en el contexto de la pandemia, Roig et al. (2021), reportaron que el alumnado muestra dificultad para adaptarse y señalan que el proceso de virtualidad no se ha producido en las mejores condiciones. Los y las alumnas comentaron que sintieron sobrecarga de actividades, no hubo una adecuada planificación y gestión; presentaron además complicaciones técnicas y dificultad para comunicarse con sus compañeros y profesores, reconocieron que las clases en plataformas virtuales les han resultado aburridas y de escaso interés, además de no ofrecerles mayores oportunidades para estar en contacto con sus compañeros(as) y su profesorado. Según Canese et al. (2021) durante la estrategia de educación virtual, padres y madres de familia y estudiantes han atravesado diversas dificultades, mayormente relacionadas con la comprensión de tareas y con la conexión a las clases virtuales. Así mismo, reportan una disminución de motivación por parte del estudiante, el apoyo reducido por parte de docentes y el acceso limitado a internet. Sin embargo y tal como lo señalan Toledo, et al. (2020) el modelo educativo con modalidad virtual sigue siendo un modelo que se mantiene en mejoramiento con fines de brindar educación con mayor calidad a los estudiantes.
Es notorio que la pandemia por COVID-19 ha generado desafíos importantes en la ejecución de programas incluyendo los de postgrado en modalidad virtual, tales como la adaptación a las nuevas gestiones educativas y herramientas tecnológicas. Tal como Laurente et al. (2020) lo exponen, el ambiente de educación virtual es uno de los grandes retos para la educación, sin embargo, propicia innovación en la interacción y enseñanza educativa; mediante este modelo de enseñanza se implementa el trabajo colaborativo entre estudiantes y profesores, el aprendizaje autónomo y el desarrollo de competencias digitales en el estudiante; por otra parte, mencionan como fundamental que el docente durante la enseñanza virtual disponga de conocimiento y habilidades en cuanto al uso de las tecnologías de información para desarrollar sus clases en línea de manera eficaz.
Desde el punto de vista de Lovón y Cisneros (2020) durante las clases virtuales los docentes de educación superior presentaron problemas para adaptarse al nuevo método de enseñanza, lo que ocasionó repercusiones en la salud mental de los y las estudiantes y que grupos de estudiantes con recursos suficientes presentaran estrés debido a la sobrecarga de trabajos; y en el caso de quienes tienen escasos recursos tecnológicos resultaron mayormente afectados y con desventajas debido a que mostraron frustración, estrés y deserción escolar a causa de la carga académica y los problemas de conectividad en sus clases virtuales.
Teniendo en cuenta el análisis de Acevedo-Duque et al. (2020) sobre las competencias docentes en el campo digital ante la contingencia, se resalta la adaptación al cambio, lo que guarda relación con las competencias digitales de los catedráticos y, además, transfieren esas competencias docentes a los entornos virtuales.
Abreu (2020) mencionó que las primeras experiencias de los usuarios en sus clases en línea han tenido un impacto significativo en la adopción final de esta modalidad, por lo cual se considera necesario que los usuarios se lleven una grata experiencia de esta. Lo anterior indica que, aunque ya existían escuelas que implementaban la modalidad de educación en línea es preciso decir que esta aún se encuentra en etapa inicial, lo cual justifica que los y las alumnas mostraran insatisfacción y consideraran que las clases en línea no cumplen con los propósitos de la misma forma que las clases presenciales.
Una de las principales competencias digitales es la actitud positiva hacia las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC). Sandoval (2020) señaló que los docentes requirieron adoptar un nuevo rol mediado por las TIC ante el aislamiento, lo que fortaleció el uso de estas en el contexto virtual e impulsó al proceso formativo por medio de nuevas experiencias significativas.
Según Cifuentes-Faura (2020), como resultado de las clases en línea, el volumen de la carga de trabajo aumentó por lo cual los y las alumnas han tenido un mayor número de tareas y actividades que realizar y, por otro lado, los y las profesoras han optado por utilizar videoconferencias para impartir clases, a lo que estudiantes afirman que algunas de estas suelen ser monótonas y no captan su atención.
Las clases en línea también generaron efectos no deseados en el estudiantado, de acuerdo con Ortega et al. (2021), un porcentaje importante de estudiantes de educación superior que recibieron clases en línea durante la pandemia, requirieron de tutorías, ya sea para resolver dudas o para sentirse acompañado y apoyado en la contención emocional a consecuencia de los cambios en su vida cotidiana provocados por la pandemia. Mientras que, para García (2021) la llegada de la pandemia y el confinamiento sacó de su zona de confort a quienes no convivían con la modalidad de la educación a distancia o digital; y Delgado et al. (2021) reportaron que el apoyo de los espacios virtuales de aprendizaje que los profesores gestionaron durante la pandemia tuvo correlaciones positivas con la retroalimentación a los estudiantes y estos espacios fueron oportunos y eficientes por parte de las instituciones de educación superior, ante el COVID-19. Sin embargo, Chávez Reinoso et al. (2021) citan que no se lograron buenos resultados en cuanto al proceso de formación educativa y el nivel de enseñanza de los docentes y el aprendizaje de los estudiantes disminuyó comparando las etapas antes y durante la pandemia.
Así mismo, Chanto et al. (2022) mencionan que, a pesar del distanciamiento físico durante la pandemia el uso de plataformas digitales fortaleció los aprendizajes a pesar de las restricciones, ya que se experimentó aburrimiento y cansancio por parte de estudiantes. Finalmente, según Rivera et al. (2022) durante el periodo de pandemia, las clases virtuales despersonalizaron la comunicación y modificaron la sensibilidad de los estudiantes, así como la concepción del mundo, la noción de tiempo y espacio y, sobre todo, la interrelación con los otros.
Tomando en cuenta lo expuesto previamente, se plantearon las siguientes preguntas de investigación ¿Cuál es la percepción que estudiantes de nivel superior tienen de las clases en línea? ¿En qué medida el rol docente y las condiciones de acceso y las circunstancias desfavorables (trabajo y emociones) se relacionan entre sí y predicen la percepción de las clases en línea en un grupo de estudiantes universitarios?
Para responder a las preguntas anteriores, el objetivo del presente estudio fue: determinar en qué medida el rol docente y las condiciones de acceso a las clases en línea y circunstancias desfavorables se relacionan con la percepción que los estudiantes tienen de ellas.
Método
En esta investigación se utilizó un enfoque cuantitativo con un diseño transversal, descriptivo de alcance explicativo, que, de acuerdo con Hernández et al. (2014)
Los estudios explicativos van más allá de la descripción de conceptos o fenómenos o del establecimiento de relaciones entre conceptos; es decir, están dirigidos a responder por las causas de los eventos y fenómenos físicos o sociales. Como su nombre lo indica, su interés se centra en explicar por qué ocurre un fenómeno y en qué condiciones se manifiesta o por qué se relacionan dos o más variables. (p. 95)
Participantes
Se seleccionaron a 233 estudiantes universitarios inscritos en dos universidades públicas del Estado de Colima, zona occidente de México. Participaron 149 mujeres y 84 hombres inscritas(os) quienes cursaban de primero a décimo semestre de licenciatura en psicología. La totalidad de los participantes reportaron haber cursado clases de manera virtual durante el periodo y el contexto de pandemia. La participación en el estudio fue voluntaria y con consentimiento informado.
Instrumento
En la plataforma de Google Forms, se elaboró un cuestionario con 43 reactivos, 3 de frecuencia y 40 con una escala ordinal tipo Likert, con cinco opciones de respuesta con los siguientes valores: 1= totalmente en desacuerdo, 2= en desacuerdo, 3= ni en desacuerdo ni de acuerdo 4= de acuerdo y 5 totalmente de acuerdo. Se midió la percepción de aprendizaje sobre el modelo educativo virtual en el confinamiento, durante la pandemia por SARS-Cov-2; se incluyeron dimensiones respecto a las circunstancias desfavorables del alumno/a (trabajo, estado de ánimo) para el trabajo en línea, rol docente favorable, así como las dificultades de acceso a clases en línea que los estudiantes pudieran experimentar. El cuestionario fue validado mediante la prueba de análisis factorial de componentes principales, se obtuvo de ello cuatro factores; posteriormente se obtuvieron los siguientes índices de confiabilidad de cada factor o dimensión.
Para el factor percepción negativa de las clases en línea se obtuvo un valor alfa de cronbach .85 con 12 reactivos; algunos ejemplos de reactivos son: “Tengo menos energía en clases virtuales que en las clases presenciales; En el contexto de la pandemia, las clases en línea han sido aburridas; En el modelo educativo en línea, la reflexión de los contenidos es nula”. El siguiente factor fue denominado rol docente flexible, el alfa de cronbach es de .82, está integrado por 6 reactivos; algunos ejemplos son: “Las profesoras(es) muestran flexibilidad en cuanto a la asistencia de los(as) estudiantes a las clases virtuales”, “En las clases virtuales, los(as) profesores(as) muestran flexibilidad con relación a la fecha de entrega de tareas. En las clases en línea, los(as) profesores(as) atienden todas mis dudas”. En el factor circunstancias desfavorables (falta de tiempo, desmotivación, trabajo) para las clases en línea, el valor alfa resultó de .76 e incluye 5 reactivos; algunos ejemplos son: “Me he visto en la necesidad de trabajar debido a las circunstancias provocadas por la pandemia. Se me dificulta tener motivación en las clases en línea cuando estoy pasando por un mal momento”. Y, por último, el factor dificultades de acceso y conectividad a internet, el alfa de que se obtuvo fue de .69 y tiene 4 reactivos. A continuación, algunos ejemplos de reactivos: “El dispositivo que utilizo para realizar mis tareas y tomar clases en línea es compartido por varias personas. He tenido que perder clases en línea debido a que no cuento con un equipo propio”.
Procedimiento
El cuestionario elaborado fue contestado mediante un formulario en línea; la invitación para responderlo se hizo mediante correo electrónico y redes sociales, entre el 6 de agosto y el 9 de septiembre de 2021. En el formulario se solicitó el consentimiento informado, además se aseguró el uso confidencial de los datos y las respuestas de quienes participaron.
Análisis de datos
Para el estudio se obtuvieron frecuencias y porcentajes para los datos de identificación; para determinar la validez del cuestionario se llevó a cabo un análisis factorial exploratorio con el fin de determinar la agrupación de factores y obtener el valor KMO además de la validez de contenido.
Se realizaron pruebas estadísticas descriptivas y medidas de tendencia central para conocer las características generales de la muestra. Se realizaron análisis de comparación entre grupos, pruebas de correlación entre variables y análisis de regresión logística múltiple para cumplir con los objetivos del estudio.
Consideraciones éticas
La participación de las personas fue voluntaria, previo consentimiento informado, el cual se anexó en la parte superior del cuestionario en línea. Se respetó la voluntad de participar o no participar. No fue puesta en riesgo la integridad física y moral de las personas. La información recabada fue confidencial y solamente se utilizó con fines académicos y de investigación. Se informó, además, que podrían tener acceso a los resultados de la investigación en caso de requerirlos.
Resultados
A continuación, se muestran resultados, iniciando por la descripción de participantes. Del total de la muestra, el 63.7% corresponde a mujeres, el 35.9% a hombres y el 0.4% corresponde otro género, las edades para el total de la muestra con rango entre 16 y 34 años, promedio de edad para mujeres de 20.3 y promedio para hombres de 20.6; una mediana de 20 años en mujeres y 21 años en hombres.
Con relación a las variables analizadas, el grupo de mujeres reportó promedios mayores en la percepción negativa de las clases en línea (p = .020), en las circunstancias desfavorables (p =.014) y en la de dificultad de acceso a internet (p= .005), a diferencia de los hombres. En este análisis, los hombres presentan promedios mayores que las mujeres en la percepción del rol docente flexible y empático p= .005 (Ver Tabla 1).
Tabla 1
Prueba t de Student para comparar promedios entre mujeres N= 149 y hombres N= 84 con respecto a la percepción de clases en línea.

Fuente: elaboración propia.
Para determinar la correlación entre las diversas variables del estudio, se realizaron pruebas r de Pearson con el total de la muestra. Los resultados muestran asociaciones de bajas a moderadas entre las variables estudiadas (ver Tabla 2).
Tabla 2.
Relación entre la percepción y las circunstancias, rol y dificultades ante las clases en línea.
|
|
Percepción negativa de las clases en línea |
|
Circunstancias desfavorables (falta de tiempo, desmotivación, trabajo ) para las clases en línea |
0.329** |
|
Rol docente flexible y empático |
-0.369** |
|
Dificultad de conectividad y acceso a clases en línea |
0.158* |
Nota: n= 233
**. La correlación es significativa al nivel 0,01 (bilateral).
*. La correlación es significante al nivel 0,05 (bilateral).
Fuente: elaboración propia.
De acuerdo con los datos de la Tabla 2, las circunstancias desfavorables (trabajo, emociones) para el trabajo en línea presentan una correlación positiva moderada con la percepción negativa hacia las clases en línea (r= 0.329). Además, el rol docente flexible y empático se correlaciona negativamente con la percepción negativa de las clases en línea, es decir, mientras mejor sea la función del rol docente flexible y empático, menor percepción negativa de las clases en línea (r= -0.369). Así mismo, en los resultados se puede analizar que mientras más dificultad de acceso a las clases en línea, se incrementa la percepción negativa de las clases en línea (r=0. 158).
Una vez que las correlaciones entre las variables resultaron moderadas y significativas, se realizó un análisis de regresión logística múltiple con el propósito de determinar las variables independientes que predicen la percepción negativa de las clases en línea como variable dependiente. Las variables predictoras que se establecen con el Coeficiente de Determinación (R2) pueden verse en la siguiente tabla que incluye además los valores F o coeficiente de dos varianzas, los grados de libertad y el valor p. que indica la fiabilidad del estudio.
Tabla 3
Análisis de variables predictoras de percepción de dinámica negativa de la clase en línea.
|
|
Variables independientes |
R2 |
F |
gl |
p |
|
|
|
Modelo 1 |
Rol docente flexible y empático. |
.136 |
36.361 |
1 |
.000 |
|
|
|
Modelo 2 |
Rol docente flexible y empático. Circunstancias desfavorables (trabajo y emociones) para clases virtuales |
.225 |
33.427 |
1 |
.000 |
|
|
Fuente: elaboración propia.
En el presente análisis se obtuvieron dos modelos significativos, el primero que corresponde al rol docente flexible empático, que predice la percepción de la dinámica negativa de las clases en línea con porcentaje mayor al diez por ciento de la varianza (F(1,233)= 36.361, p< .001). El segundo modelo que incluyó el rol docente con las circunstancias desfavorables (trabajo y emociones) para clases virtuales presentó mayor valor predictivo de la percepción negativa de las clases en línea con un porcentaje superior al veinte por ciento de la varianza (F(1,233) = 33.427, p< .001.).
Discusión y Conclusiones
La percepción que tienen las y los estudiantes universitarios de las clases en modalidad virtual que se implementaron durante las primeras etapas de pandemia por COVID 19, se relaciona con el tipo de rol docente además que con las circunstancias desfavorables para las clases en línea.
Los resultados descritos en el presente estudio permiten concluir que el rol docente flexible y empático influye en los estudiantes, particularmente en la percepción favorable o al menos no negativa hacia las clases en línea. En ese sentido, respecto a la importancia del rol docente, según Corona, et al. (2009) señalaron que la nula o limitada retroalimentación por parte del docente y el tiempo restringido de entrega de tareas ha llegado a ocasionar deserción en la modalidad virtual, ya que el rol del docente flexible y receptivo resulta indispensable para los alumnos, puesto que como mencionan Varguillas y Bravo (2020), el aprendizaje virtual es una herramienta educativa que favorece la participación, motivación y la comunicación entre estudiantes y docentes, además de que favorece cambios importantes en diversos aspectos, entre ellos la motivación de estudiantes y docentes y la mejora de enseñanza y aprendizaje para el logro de objetivos educativos en tiempos de pandemia.
La efectividad de las clases virtuales se incrementa cuando los docentes cuentan con una buena capacitación sobre los recursos tecnológicos y su uso, así como una percepción mayormente positiva cuando se da la interacción y comunicación entre docentes y estudiantes (Hurtado y Frank, 2020).
Con respecto a los resultados de las circunstancias desfavorables referentes al tener que trabajar y al manejo de las emociones para las clases en línea, los resultados se orientan a asociarlas con la percepción negativa de las clases virtuales, lo que coincide con lo reportado por Esteche-Cabaña y Gerhard-Wasmuth (2020) que señalaron que al momento de cursar los estudios en modalidad en línea, uno de los factores con mayor peso es el referente al nivel socioeconómico, pues para los jóvenes que han tenido que trabajar para solventar sus estudios, el reto ha sido mayor.
De ahí que se afirme que esta transición a lo virtual en los procesos educativos no hizo más que develar la gran desigualdad que existe en cuanto a acceso a la red y a dispositivos eficientes para tal fin (Gutiérrez-Pallares, 2020; Expósito y Marsollier, 2020; Gómez y Escobar, 2021). Esto pudiera explicar porqué se percibe de manera más negativa la experiencia de aprendizaje en entornos virtuales derivada de las diferentes condiciones entre los y las alumnas, que en ocasiones suelen ser desiguales (Gómez y Escobar, 2021).
La información recabada y analizada confirma que la pandemia no solamente afectó las dinámicas educativas, también afectó el contexto de interacción, las formas de vida, así como los ingresos económicos por familia; por lo tanto, un porcentaje importante de estudiantes tuvieron que comenzar a trabajar incluso ante el riesgo del contagio. Así mismo, se percibe que las condiciones sociales derivadas de la pandemia han afectado el estado emocional de las y los participantes en este estudio. En ese sentido Aguilar (2020) afirma que la educación virtual resultó un reto para los docentes y estudiantes, ya que la socialización quedó limitada.
Al tomar como referencia la experiencia vivida durante casi dos años en la modalidad virtual, se puede suponer que los procesos de enseñanza- aprendizaje han logrado cumplir con la continuidad educativa; sin embargo, es necesario reconocer que durante este tiempo, la alta exposición a dispositivos digitales tanto de estudiantes como de docentes también pudo generar efectos que requieren ser estudiados, particularmente en el ámbito de la calidad las competencias desarrolladas, la habilitación docente para el manejo simultáneo de las plataformas digitales a la par de los contenidos disciplinares, la escasa interacción entre pares, entre otras.
Los resultados del estudio aquí presentado abonan a la comprensión de la experiencia educativa como un proceso interrelacionado entre las condiciones del contexto, el rol docente y la percepción de los estudiantes. Particularmente abona en la explicación de lo central del trabajo docente ante situaciones emergentes como la pandemia por COVID 19.
Respecto a las limitaciones del estudio, la primera se refiere al número de participantes que resultó menor al que se estimó inicialmente, por lo que se recomienda replicar con muestras representativas; y la segunda, a la dificultad que se tuvo de ampliar la revisión de literatura sobre el tema debido a lo escaso de la misma.
Resulta importante ampliar la investigación sobre la experiencia docente durante este periodo, además de desarrollar información confiable sobre el peso que tiene la capacitación y el trabajo colegiado entre profesores en la calidad de su desempeño, esto particularmente en la modalidad educativa virtual. Así mismo, que se profundice más el estudio de los efectos de las circunstancias desfavorables (trabajo y emociones) en los estudiantes universitarios a causa de la pandemia por COVID-19.
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La discapacidad cognitiva (DC) consiste en un déficit del funcionamiento de los dominios conceptual, social y funcional, produciendo en las personas que la padecen limitaciones que varían en mayor o menor grado para adaptarse a los contextos que lo rodean (Morley, 2018). Su etiología es heterogénea, los síntomas se manifestan en la infancia perdurando a lo largo del ciclo vital (Echavarría y Tirapu, 2021; Perkins y Small, 2006), la cual impacta al 6.9% de la población colombiana (Correa y Castro, 2016).
La discapacidad cognitiva se aborda de manera interdisciplinar; en su caracterización se identifican cuatro grados de discapacidad cognitiva, que varían de leve a profundo (Morley, 2018). El grado leve representa aproximadamente al 85% de la población (Ministerio de Salud y la Protección Social, 2020), que se caracteriza principalmente por retraso sensoriomotor, afecta el desarrollo de habilidades académicas de lectura, escritura y cálculo, leves fallos cognitivos en memoria, y funciones ejecutivas, así como algunas dificultades para detectar señales de ajuste social, regulación emocional y comportamental (Morrison, 2015). No obstante, estas personas pueden permanecer en el sistema educativo y ejercer una actividad profesional (Echavarría y Tirapu, 2021). En este sentido, Torti et al. (2019) destacan un pronóstico favorable en estos pacientes que pueden lograr autonomía personal, siempre y cuando exista una adecuada estimulación ambiental.
El grado moderado representa aproximadamente el 10% de la población (Ministerio de Salud y la Protección Social, 2020). Se caracteriza por mayor retraso a nivel sensoriomotor y lingüístico, afecta significativamente el proceso de aprendizaje y las habilidades sociales (American Psychiatric Association [APA], 2013). A nivel neuropsicológico, esta población presenta principalmente fallos en procesos atencionales de velocidad de procesamiento, atención dividida y alternante, memoria visual, control inhibitorio, memoria de trabajo y planeación (Castañeda et al., 2017). Por consiguiente, requieren de un mayor apoyo para actividades básicas, instrumentales y avanzadas; no obstante, estas personas son capaces de establecer relaciones con el entorno y hacer vínculos con otras personas, a partir de niveles concretos de relación (Morrison, 2015). Por su parte Torti et al. (2019) resaltan que estos pacientes pueden ser capaces de trabajar con ayuda de supervisores y colaboradores en empleos no muy demandantes.
El grado grave, representa aproximadamente el 5% de la población (Ministerio de Salud y la Protección Social, 2020). Se evidencia un desarrollo muy bajo de las habilidades sensoriomotoras y lingüísticas, siendo estas últimas las de mayor afectación, ya que su lenguaje suele ser muy precario, tanto a nivel expresivo como comprensivo, lo que afecta significativamente la interacción social (Echavarría y Tirapu, 2021). De igual forma, la APA (2013) reporta que se debe desarrollar su aprendizaje escolar en centros especializados, orientados en la adquisición de habilidades asociadas, autocuidado, autonomía y comunicación, ya que necesitan ayuda de por vida debido a sus limitaciones en las actividades básicas, instrumentales y avanzadas.
Por último, el grado profundo, representa entre el 1% y el 2% de la población con este diagnóstico (Ministerio de Salud y la Protección Social, 2020). Suele derivarse de un trastorno neurológico grave y representa un deterioro importante respecto a las características sensoriomotoras y comunicativas de la persona que la padece, generando un compromiso significativo en actividades básicas, instrumentales y avanzadas, por lo que depende completamente de otra persona para cumplir con sus necesidades (APA, 2013). En este sentido, Echavarría y Tirapu (2021) resaltan que las personas con esta discapacidad tienen bastantes dificultades a la hora de comprender el lenguaje simbólico, por lo cual recurren al uso de gestos de comunicación, y a la comunicación no verbal, siendo esta una de sus mayores fortalezas al momento de la interacción social, junto con la gesticulación (APA, 2013).
Por consiguiente, es importante reconocer las principales características de los diferentes grados de la DC, ya que ellas permiten identificar causas, pronósticos, potencialidades y dificultades en las personas que la padecen, por lo cual se requieren implementar protocolos de valoración integral que incluyan, pruebas genéticas, sensoriales, psicológicas, cognitivas, sociales y ocupacionales (Yáñez, 2016).
La importancia de estos protocolos integrales radica en que, las pruebas genéticas han mostrado un porcentaje de efectividad que oscila entre el 30% y el 95% para la detección de DC en enfermedades como Síndrome de Down o Síndrome de X frágil (Bass y Skuse, 2018) De igual manera, las pruebas electrofisiológicas de optometría y audiometría han permitido detectar entre el 8% y el 10% de falsos positivos de personas con limitaciones sensoriales que se confunden con casos de DC (Torrents y Ruf , 2008; Mattsson et al., 2019). Al mismo tiempo Barquín et al. (2018) señalan que los pacientes con DC suelen presentar síntomas de estrés 10% a 45%, ansiedad 4% a 8% y depresión 1% a 6%., que influyen directamente en el curso, pronóstico y tratamiento de la DC (Medina y Gil, 2017).
En cuanto a la estimación de las características cognitivas, diferentes investigaciones resaltan las afectaciones sensoriomotrices y lingüísticas que están presentes desde la infancia y que se mantienen a lo largo del ciclo vital, afectando el desarrollo de procesos cognitivos básicos, superiores y funciones ejecutivas (Yáñez, 2016). En este sentido, García y Medina (2017) señalan que las personas con DC que presentan fallos principalmente lingüísticos en los grados grave y profundo compensan sus dificultades con el desarrollo de habilidades no verbales para fortalecer procesos de atención, memoria y aprendizaje. Por lo cual, Grau y Fortes (2012) afirman que estas capacidades no verbales deben ser direccionadas para fortalecer el aprendizaje simbólico del lenguaje, las que no son diferenciales sino complementarias.
Así mismo, Verdugo y Rodríguez (2012) resaltan como las dificultades en los procesos sensoriomotores afectan las destrezas manipulativas, que en algunos casos producen balances repetitivos, movimientos excesivos y dificultades con el equilibrio, que pueden asociarse con comportamientos agresivos o conductas de retraimiento. De igual forma, Rodríguez et al. (2011) han encontrado que las personas con DC presentan mayores fallos en las tareas de Funciones Ejecutivas FFEE, particularmente en la Memoria de Trabajo y control de impulsos, lo cual podría explicar el por qué requieren tanto acompañamiento y supervisión externa para el desarrollo de tareas cotidianas o de alta demanda cognitiva.
En síntesis, la DC es una condición de etiología múltiple, que puede clasificarse en grados de severidad y que impactan no solo al sujeto que la padece, sino también a la familia, entorno social, cultura e instituciones, por lo cual es una condición compleja que debe abordarse de manera integral, entendiendo que la discapacidad no es solo un problema biológico, sino también social (Morley, 2018; Silva, 2012). Es por esto por lo que, la presente investigación tiene como objetivo identificar el grado de discapacidad cognitiva y características neuropsicológicas de una paciente procedente del departamento del Meta (Colombia), con el fin de aportar al conocimiento a la comunidad científica en esta región.
Método
Estudio descriptivo de caso único, el cual busca describir y comprender las particularidades de la paciente que participó en esta investigación (Hernández y Mendoza, 2018).
Descripción del caso
Paciente femenino de 43 años, procedente del departamento del Meta (Colombia), dependiente económicamente de sus cuidadores, con diagnóstico de DC desde los 32 años; el diagnóstico se realizó con base en los resultados de la Escala Wechsler de Inteligencia para Adultos WAIS III, que arrojó un Coeficiente Intelectual Total CIT = 47 deficiencia moderada, CI Verbal = 56 deficiente moderada y CI Manipulativo = 54 Deficiente moderada.
Durante la entrevista, la cuidadora reporta antecedentes familiares de síndrome de Down (primo materno). A nivel de desarrollo, la cuidadora reporta que la paciente nació en su casa, requirió maniobras de resucitación por hipoxia, tuvo atraso en el desarrollo psicomotor y lingüístico, ya que caminó a los 3 años y habló a partir de los 5 años, terminó el bachillerato a los 22 años y realizó cursos ocupacionales de producción de lácteos, arreglos navideños y repostería. No obstante, debido a dificultades en el seguimiento instruccional no los pudo ejercer.
Desde los 32 años, la paciente cuenta con una declaración juramentada de dependencia económica, validada por medicina laboral, por pérdida de la capacidad laboral del 52%. Desde esa misma edad, recibe tratamiento farmacológico con fluoxetina y risperidona, para controlar brotes de esquizofrenia paranoide.
La cuidadora reporta que la paciente es una persona activa, que demuestra intención al momento de relacionarse con otras personas, sin embargo, la describe como una “nerviosa, olvidadiza y testaruda”, lo que genera conflictos al interior de la dinámica familiar y ocupacional.
Instrumentos
Se realizó un protocolo de evaluación de las funciones cognitivas y ejecutivas, se implementaron pruebas específicas de inteligencia, funciones ejecutivas, estado de ánimo y funcionalidad, que se registran a continuación.
Tabla 1.
Protocolo de evaluación implementado.
|
Dominio |
Prueba |
|
Escala Wechsler de Inteligencia para Adultos WAIS III. (Wechsler, 1999). |
|
Batería Neuropsicológica de Funciones Ejecutivas y Lóbulos Frontales BANFE (Flores et al., 2012). |
|
Escala de Depresión, Ansiedad y Estrés DASS-21 (Lovibond y Lovibond, 1995). |
|
Escala de Lawton y Brody traducida al español en 1993, evalua Actividades Instrumentales de la Vida Diaria AIVD (Centro Geriátrico de Filadelfia, 1993). |
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Índice de Barthel, evalúa Actividades Básicas Diarias AVD (Granger, 1979). |
Fuente: Elaboración propia.
Procedimiento
El presente estudio de caso incluyó cuatro fases: Fase 1. Acceso y selección del estudio de caso; recolección de información por medio de entrevista semiestructurada, documentos aportados por la paciente y firma del consentimiento informado. Fase 2. Aplicación del protocolo de valoración descrito anteriormente, que se llevó a cabo en 3 sesiones, de aproximadamente 1 hora de duración. Fase 3. Análisis de datos, que incluyó calificación de las pruebas y conversión de las puntuaciones directas en puntuaciones normalizadas según lo indicado en los manuales. Fase 4. Análisis y comparación de los resultados con base en la teoría encontrada y elaboración del artículo.
Resultados
La presentación de los resultados se realizará a partir de dos figuras y dos tablas. La primera figura contiene información de la prueba de inteligencia evaluada con el WAIS III; la segunda describe su desempeño en las tareas defunción ejecutiva dorsolateral, anterior y orbitomedial las cuales fueron evaluadas con la BANFE. En cuanto a las tablas, la primera corresponde a la valoración del estado de ánimo, realizada con el DASS-21 y la otra a la funcionalidad en AIVD y AVD evaluadas con el índice de Barthel y la escala de Lawton y Brody, respectivamente.
El perfil cognitivo que evaluó la prueba WAIS III, mostró un Coeficiente Intelectual Total bajo, (CIT = 60, Déficit leve), destacando mayor desempeño en los procesos donde requirió entender información verbal, razonar y expresar sus pensamientos por medios de palabra (CV = 80 promedio bajo), en comparación con las tareas donde debió resolver problemas no verbales y trabajar rápida y efectivamente con información no verbal (OP = 69 Déficit leve) y baja velocidad para procesar la información (VP = 62, Déficit leve). Sin embargo, este coeficiente intelectual mostró altos niveles de discrepancia entre sus componentes, porque su confiabilidad es baja ya que puede estar influenciado por variables como el estado del ánimo y el grado de dificultad de la prueba. Por esta razón, los procesos de atención, lenguaje y razonamiento perceptual deben ser analizados de forma independiente.
Al evaluar el desarrollo de los procesos atencionales, se evidenció en la paciente un adecuado nivel para inhibir información irrelevante seleccionar el foco atencional y permanecer en la ejecución de una tarea. No obstante, para que estos procesos fueran adecuados ella debió estar constantemente activando su sistema de supervisión atencional para que la velocidad de procesamiento fuera baja.
En cuanto al lenguaje, se evidenciaron los siguientes elementos: 1) A nivel de lenguaje expresivo, la paciente cuenta con un bajo almacén léxico, porque su vocabulario es escaso, generando así un bajo nivel de producción y longitud narrativa; 2) En el nivel comprensivo, se evidenció un bajo nivel de desempeño para seguir instrucciones semicomplejas y complejas, junto a dificultades para abstraer información, debido a su nivel de pensamiento concreto; 3) En cuanto a los aspectos pragmáticos del lenguaje, se evidenció un adecuado uso del lenguaje para interactuar con su entorno, coherencia semántica y completitud narrativa.
Por último, el razonamiento perceptivo, se caracterizó por un bajo desempeño generalizado al momento de manipular información visual, resolver problemas, seguir patrones lógicos y acceder a su repertorio léxico, que sugiere inmadurez en el desarrollo de las funciones visoperceptuales.
Figura 1. Resultados prueba de inteligencia.

V = Vocabulario; S = Semejanzas, I = Información, C = Comprensión CIV = Coeficiente Intelectual Verbal, Coeficiente Intelectual Ejecución
A = Aritmética, & RD = Retención de dígitos ICV = Índice de Comprensión Verbal; IOP = Índice de Organización
Perceptual; IMT = Índice de Memoria de Trabajo E Índice de
Velocidad de Procesamiento.
Fuente. Elaboración propia.
Para evaluar las funciones ejecutivas, se tuvo como referente la clasificación sugerida por Flores et al. (2012) quienes plantean que las funciones ejecutivas se dividen en: dorsolateral, anterior y orbitomedial. El componente dorsolateral incluye procesos relacionados con memoria de trabajo, planeación, flexibilidad cognitiva y fluidez; la porción anterior, incluye el pensamiento abstracto; y el área orbitomedial, el control inhibitorio.
En cuanto a los procesos dorsolaterales se pudo evidenciar en la paciente dificultades en la memoria de trabajo, afectando la capacidad para para retener y manipular la información mentalmente, así como para resolver problemas de forma activa, sirviéndose de los componentes fonológico, visoespacial y ejecutivos. En cuanto a planeación, se evidenció, por un lado, que invirtió más tiempo del esperado y, por otro lado, dificultades para generar e implementar estrategias lo que resultó en conductas desorganizadas las cuales se manifestaron con una respuesta de ansiedad y estrés. En cuanto a la flexibilidad cognitiva, se evidenció un desempeño adecuado, no obstante, en ocasiones le costó aprender de sus errores; sin embargo, logró superar esos inconvenientes e identificar estrategias para ajustarse a los cambios. Y en fluidez verbal, se evidenció un bajo desempeño, lo cual podría estar relacionado con el bajo nivel de vocabulario reportado a nivel de lenguaje.
Al evaluar las funciones de la porción anterior, relacionadas con el pensamiento abstracto, se evidenció en la paciente, predominio del pensamiento concreto, por lo que su nivel de abstracción fue bajo, requirió constante ayuda para generar procesos categoriales y supramodales; esto afecta la forma en la que ella procesa la información, generando actitudes inflexibles y distorsionando la intención de lo que se le quiere trasmitir.
Por último, en el control inhibitorio relacionado con el área orbitomedial, se evidenció un nivel de desempeño muy bajo, por lo que automatismos cognitivos, comportamentales y emocionales se manifestaron fácilmente sin ser procesados conscientemente, generando conductas impulsivas, con una fuerte carga emocional o irracional.
Figura 2. Resultados prueba de funciones ejecutivas dorsolateral.


Fuente: elaboración propia
Estado del ánimo
Al evaluar este indicador, se evidenció la presencia de síntomas de ansiedad, depresión y estrés, que se caracterizaron por: Ansiedad, la paciente reporta tener síntomas fisiológicos ante situaciones cotidianas como: resequedad en la boca, temblores en la mano y taquicardia, junto con síntomas cognitivos como no creer contar con los suficientes recursos para afrontar las tareas cotidianas. Depresión: reporta no experimentar sentimientos placenteros, pérdida de la ilusión, sentimientos de tristeza y baja autoestima. Estrés, por dificultades al momento de descargar tensión, invertir más energía de la necesaria para la solución de actividades cotidianas, dificultad para relajarse y frustración constante que le generan emoción de enfado.
Tabla 2.
Resultados prueba de estado de ánimo.
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Escala |
Puntaje |
Interpretación |
|
Depresión |
11 / 6 |
Depresión severa |
|
Ansiedad |
15 / 4 |
Ansiedad extremadamente severa |
|
Estrés |
14 / 9 |
Estrés severo |
Fuente. Elaboración propia.
Funcionalidad. En este componente se evidenció que, a nivel instrumental la paciente no logra manipular con facilidad elementos básicos como el móvil, hacer compras, preparar alimentos, hacer tareas del hogar, manejar el dinero o transportarse, ya que requiere de un tercero para realizar estas actividades cotidianas. En cuanto a sus funciones básicas también se evidencia que depende levemente de sus cuidadores para realizar actividades como comer, vestirse, ir al baño y trasladarse.
Tabla 3.
Resultados prueba de funcionalidad.
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Escala |
Puntaje |
Interpretación |
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Escala de Lawton y Brody de AIVD. |
4/8 |
Alterado significativamente |
|
Índice de Barthel de ABC |
60/100 |
Levemente alterado |
Fuente. Elaboración propia.
Discusión
El presente estudio evaluó el caso de una paciente, bachiller, de 43 años con diagnóstico de discapacidad cognitiva desde los 32 años, que además tiene antecedentes de hipoxia, retraso en el desarrollo psicomotor y psicolingüístico y con pérdida de la capacidad laboral del 52%. La valoración se realizó con el objetivo de identificar el grado de la DC y describir sus características neuropsicológicas.
El proceso de valoración incluyó la entrevista, revisión de antecedentes clínicos y aplicación de instrumentos estandarizados, los cuales arrojaron información relevante sobre la paciente. Dentro de esa información se pudo identificar la presencia de un evento hipóxico que podría explicar el atraso en el desarrollo de las habilidades psicomotoras y lingüística de la paciente en los primeros 5 años de su vida, que son indicadores iniciales de DC (Echavarría y Tirapu, 2021). Estas características estuvieron presentes desde muy temprano en el desarrollo y afectaron los dominios conceptual, social y funcional de la paciente, siendo estos componentes importantes para el diagnóstico de la DC (Morley, 2018).
Al analizar el dominio conceptual, que para Morley (2018) está estrechamente relacionado con los procesos cognitivos, se pudo evidenciar que la paciente contaba con una valoración de CI de hace 11 años, que sirvió como referente para el diagnóstico de DC, al comparar esa valoración con el protocolo aplicado en este estudio, se evidenció que en la actualidad las puntuaciones globales aumentaron, pasando de CIT = 47 a CIT = 60. De igual forma los componentes verbal y manipulativo aumentaron en su desempeño, pasando de CIV =56 CIV = 66 y CIM = 54 a CIM = 77, lo que permite inferir que, aunque ha habido mejoría en los procesos verbales, cuenta con un menor desarrollo en comparación con los procesos motrices o manipulativos, lo que afecta funciones básicas como el vocabulario, la expresión y la comprensión. En comparación con el desarrollo de habilidades operativas, que han servido como forma de compensación para su adaptación, guardando estrecha relación con el grado moderado de la DC (APA, 2013).
De igual forma, en este dominio conceptual se encontró que la paciente tiene dificultades en procesos de velocidad de procesamiento, control inhibitorio, memoria de trabajo y planeación, los cuales comprometen la capacidad de la paciente para inhibir sus respuestas automáticas, dimensionar el riesgo, tomar decisiones, resolver problemas de manera dinámica y generar estrategias, lo que a su vez produce comportamientos desorganizados y erráticos. Estos hallazgos tienen relación con los aportes realizados por Rodríguez et al. (2011) quienes afirman que estos procesos están involucrados de manera prioritaria en la afectación de los pacientes con DC moderada, razón por la cual requieren mayor apoyo para el desarrollo de las actividades instrumentales y básicas de la vida diaria.
Estos fallos en el dominio conceptual pueden influir directamente en el dominio social, ya que como lo menciono Torti et al. (2019) estos pacientes requieren de mayor supervisión y acompañamiento para desenvolverse en los contextos laboral y educativo, apoyos con los que contó la paciente, y le permitió terminar su bachillerato y realizar cursos de formación ocupacional. No obstante, estos procesos no fueron siempre permanentes, debido a múltiples variables como lo mencionó la cuidadora: ella es muy nerviosa, es muy olvidadiza, le disgusta que le digan lo que tiene que hacer etc., variables que pudieron influir en el desarrollo de su ajuste social.
Los reportes de la cuidadora tienen estrecha relación con los síntomas de ansiedad, estrés y depresión que reportó la paciente, que según Castañeda et al. (2017) están presentes en más del 50% de la población con DC repercutiendo en el curso y pronóstico de la enfermedad. Para el caso de la paciente estas alteraciones en el estado de ánimo sumadas a su perfil cognitivo, favorecieron la aparición de distorsiones cognitivas, ideas perseverativas, episodios de paranoia y despersonalización que durante los últimos 11 años han sido tratadas con antipsicóticos y antidepresivos.
De esta forma, el proceso de valoración neuropsicológico, permitió concluir que el perfil cognitivo de la paciente concuerda con DC moderada, la cual podría tener su causa con el evento hipóxico perinatal, que manifiesta síntomas desde la primera infancia con retraso en el desarrollo psicomotor y psicolingüístico, que al ser aprestamientos importantes para el desarrollo de las funciones cognitivas, y a la vez incluyen las funciones ejecutivas, la regulación emocional y comportamental, afectan el ajuste de la paciente en sus diferentes contextos.
Sin embargo, al comparar la valoración inicial con la valoración actual, se evidenció una mejoría en el resultado de las pruebas cognitivas, lo que fue confirmado por la cuidadora de la paciente y podría estar relacionado con el tratamiento farmacológico recibido.
Conclusión
Tras el proceso de valoración neuropsicológico se pudo evidenciar la presencia de una Discapacidad Cognitiva Moderada, la cual inicio en la infancia, manifestada por un atraso en el desarrollo de la función psicomotora y psicolingüística, la cual afectó el ajuste de la paciente en su contexto educativo, social y laboral.
De igual forma se evidencia que la DC se trató tardíamente lo cual pudo favorecer el desarrollo de síntomas asociados como estrés, ansiedad, depresión y alteraciones comportamentales. No obstante, desde el diagnóstico y hasta la fecha esas manifestaciones sintomáticas han sido tratadas farmacológicamente, generando un efecto positivo en la paciente.
Limitaciones
La presencia de DC es una problemática que afecta a más del 6% de la población colombiana (Correa y Castro, 2016). Y aunque es una condición que permanece a lo largo del ciclo vital, no siempre se diagnostica ni se trata a tiempo, como fue el caso de esta paciente, quien recibió diagnóstico y tratamiento a la edad de 32 años; por consiguiente, esa se considera una de las principales limitaciones de este estudio, ya que desde que recibió el diagnóstico junto con el tratamiento sus procesos cognitivos, emocionales y comportamentales, empezaron a mejorar, como se evidenció en las pruebas y en el reporte de la cuidadora.
Esta falta de atención temprana podría explicarse por diferentes variables como pertenecer a una zona vulnerable, falta de educación en materia de salud mental y no contar con acceso a los recursos de salud oportuno; características propias de la paciente, quien procedía de una vereda ubicada en la región del Meta.
Referencias
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Dentro de los factores de riesgo se incluyen problemas de identidad de género y estados depresivos; tanto las minorías sexuales (LGTB) como las mayorías heterosexuales muestran episodios de depresión y autolesión (Irish et al., 2019). Los adolescentes que se identificaban con la población LGTB presentaban cuatro veces mayor riesgo de autoagresión y depresión que los heterosexuales. Así que pertenecer a estas minorías puede asociarse fácilmente con el riesgo de presentar comportamiento autolesivo.
Además, los factores de riesgo, asociados a la conducta autolesiva no suicida, parten de la interacción que tiene el individuo con los compañeros y en especial desde la construcción de personalidad e identidad de género. Lo anterior puede incidir en la forma de relacionarse con las personas de su ambiente y a partir de ello se pueden generar episodios de rechazo o discriminación. Es el impacto del escenario social en sobre la autolesión, en la medida en que se puede instaurar un rechazo o discriminación, por una particularidad conductual como lo es la orientación sexual.
Astrup et al. (2017) asocian la separación paternal durante la infancia como un factor de riesgo para la conducta autolesiva no suicida en la adolescencia, añadiendo como factores la edad de los padres y el tiempo transcurrido desde la separación y la percepción de la pérdida de cohesión familiar. De esta manera se genera una ruptura subjetiva en el individuo sobre la cohesión familiar, lo cual puede asociarse con la depresión o la angustia; el niño podría culparse por tal separación y provocarse autolesión en edades futuras.
Varios autores (Martínez y Stattinb, 2019; Duarte et al., 2020; Fliege et al., 2009; Webb et al., 2017) enfatizan la importancia de las experiencias vivenciadas por el individuo, en edades tempranas, relacionadas con la interacción con los padres y los estilos y métodos de crianza. En este sentido se entiende que los factores de riesgo están ligados a prácticas intrafamiliares a las cuales se ve expuesto el niño durante sus primeros años de vida. Aquí se pueden mencionar elementos tales como la comunicación, la identificación y sentimiento de comprensión, por parte de los padres o cuidadores, inclusive los historiales de abuso y maltrato. Se expone entonces que estos factores pueden ser predictores de futuras apariciones de conductas autolesivas en la medida en que tengan una repercusión significativa en el niño.
Adicionalmente se incluyen los trabajos realizados por otros autores (Agüera et al., 2018; Spires et al., 2020; Cassels et al., 2019; Mahtani et al., 2019; Cassels et al., 2018) quienes abordan temas relacionados con las dinámicas familiares, ya no desde la etapa de la infancia sino desde la adolescencia. Se reconoce en los estudios, mencionados en el apartado anterior, que la violencia intrafamiliar, los historiales de abuso y maltrato al igual que las relaciones disfuncionales de pareja pueden dejar una huella mnémica en el individuo, que a futuro podrá devenir en estados depresivos y de angustia que pueden asociarse al comportamiento autolesivo. Se indica que en la adolescencia es cuando los factores de riesgo, ya mencionados hasta aquí, se pueden relacionar con los aspectos subjetivos del individuo generando así sentimientos de desaprobación, vergüenza, culpabilidad, relaciones de apego inseguro y dificultad para establecer relaciones afectivas, lo que conllevará a una dificultad en el individuo para poder comunicar o manifestar estados de ánimo negativos.
Martínez y Stattinb (2019) señalan que la autolesión puede tener un trasfondo social dado que se asocia, en algunos casos, con prácticas sociales, cuyos desencadenantes se encuentran presentes en el contexto o en la relación con pares. Específicamente en este estudio se evalúan tres subculturas: punk, gótico y rock, las cuales presentan un alto grado de conductas autolesivas entre sus miembros. Sin embargo, estas autolesiones buscan manifestar estados emocionales negativos como estrategia comunicativa para vincular a los otros en el afrontamiento de sus problemas y conflictos emocionales.
La conducta autolesiva no suicida puede responder a cuatro tipos de reforzamiento: reforzamiento automático positivo o negativo y reforzamiento social positivo o negativo. Los primeros dos hacen alusión a la creación o eliminación de estados afectivos o emocionales, mientras que los otros hacen referencia a la vinculación o evitación de terceros en sus estados afectivos o emocionales. Este proceso de reforzamiento en la autolesión es descrito igualmente por Nock (2010).
Por otra parte, Schwartz-Mette y Lawrence (2019) aportan a lo social como factor de riesgo ya que identifican grupos de jóvenes que se encuentran inmersos en binas o diadas que suelen tener como práctica la autolesión conjunta. Lo anterior complementa la función de los reforzadores sociales en la medida en que se pueden vincular terceros a sus estados afectivos o emocionales actuales, por medio del acto simbólico de infligir daño, generando de este modo una sensación de pertenencia, empatía, entendimiento o identificación con pares; o, visto desde otro ángulo, es una forma conjunta de liberar o desahogar sentimientos negativos por medio de la autolesión, lo cual de cierta manera resulta siendo una fuente de regulación o control emocional. Es de destacar que, en diferentes ocasiones, estas prácticas no son aprendidas adrede o a priori, sino que son modeladas por terceros.
Hasta este punto se puede evidenciar, entonces, que la autolesión no solo es el resultado de un estado de depresión, cuyo objetivo es ponerle fin a la propia existencia, sino que adquiere tres connotaciones adicionales: la primera, entendida como un mecanismo de respuesta aprendida del contexto por medio de la cual se quiere mitigar estados emocionales negativos y es en la autolesión donde el individuo encuentra una forma de desahogar estos afectos; la segunda, un mecanismo de comunicación por medio del cual el individuo pretende vincular afectivamente a otras personas a sus estados emocionales en una suerte de llamado de atención, para poder sobrellevar sus problemas; y la tercera como una práctica social de identificación con un grupo con quien se comparten ideales y pensamientos similares.
Otros autores que han indagado sobre los factores de riesgo y etológicos de la autolesión, en escenarios contextuales diferentes de los sociales o subculturas, son: Kidger et al. (2015); Lereya et al. (2013); Emerson et al. (2019); Agüera et al. (2018); Pokieser et al. (2019); y Xavier et al. (2016) quienes investigan la autolesión desde la interacción con pares, docentes, el sexo opuesto y exponen cómo estos pueden ser un factor de riesgo en la medida en que inciden en estados de ansiedad, depresión y angustia, por medio de prácticas como el bullying o acoso escolar, y el rechazo, en especial por medio de la interacción con el sexo opuesto. Claro está que los factores etiológicos tienen participación en estos criterios transdiagnósticos, en la medida en que hay una construcción desadaptativa de la autoimagen, las estrategias de afrontamiento y/o resolución de problemas; inclusive pueden llegar a hacer presencia características propias de la reactividad como impulsividad y agresividad, que posteriormente serán predictores de la autolesión.
McHugh et al. (2019) quienes asocian la impulsividad con la autolesión y el comportamiento suicida, planteando los factores de riesgo de la emergencia de estas conductas debido a ciertos sesgos neurocognitivos, específicamente aquellos de las funciones ejecutivas, déficit en la toma de decisión y resolución de problemas, sesgos en la memoria y atención negativa de los problemas. Lo anterior conlleva a que el adolescente, en primera instancia, tenga una percepción negativa sobregeneralizada de los problemas, y adicionalmente se sienta sin las competencias para hacerles frente; en segunda instancia, que no cuente con el control inhibitorio suficiente, lo que conlleva a la manifestación de estas conductas.
Este estudio revela, igualmente, que la impulsividad aparece en la adolescencia como un sistema de reforzamiento más rápido, en el cual operan dos mecanismos: descuento por demora y descuento probabilístico. El primero hace alusión a la aparición de la recompensa de forma más frecuente, así la recompensa sea menor; en este caso se podría hablar de la autolesión como forma de eliminar los sentimientos negativos de manera inmediata. Y el descuento probabilístico hace referencia al retorno de la inversión. Es decir, que estos sentimientos de desahogo alivian un poco la carga emocional de la persona. Es de esta manera como la autolesión, independientemente de sus variaciones, pueda reforzar los sentimientos de tranquilidad. Sin embargo, se demuestra en el estudio que los sentimientos de culpa y arrepentimiento afloran después de este tipo de comportamientos, teniendo incluso una mayor repercusión en los estados depresivos de la persona.
Metodología
En el presente estudio se empleó un diseño cuantitativo no experimental, de tipo descriptivo-relacional (Hernández et al., 2014), ya que su objetivo fue analizar los factores de riesgo que anteceden la conducta autolesiva no suicida en los estudiantes de los grados décimo y undécimo de El Bordo (Cauca). Se escoge este diseño ya que no se realizarán estudios con grupo control o se manipularán las situaciones para identificar el comportamiento ante dicha conducta.
Muestra
Este estudio contó con la participación de 150 estudiantes de los grados décimo y undécimo de los colegios de la cabecera municipal de Patía-El Bordo (Cauca), con una media de 16.09 años y un rango de edad de 15 a 19 años, de los cuales 59 eran hombres y 91 mujeres. Como criterio de exclusión se tuvo en cuenta que los estudiantes se negaran participar o que los padres o cuidadores no autorizaran su participación por medio del consentimiento informado.
Procedimiento
Para la consecución de la muestra se estableció contacto con los rectores de las instituciones educativas de El Bordo (Cauca), a quienes se les presentó la investigación para que permitieran la participación. Luego se reunió a los estudiantes de los grados décimo y undécimo, por institución educativa, a través de la plataforma de Google Meet, se realiza la socialización del estudio y se obtiene la autorización de los padres. La aplicación de los instrumentos a los adolescentes tuvo una duración promedio 30 minutos y se llevó a cabo a través de la plataforma de formularios de Google, con el apoyo de los docentes directores de grupo, los cuales enviaban los enlaces de las pruebas a través de WhatsApp. La socialización y aplicación de instrumentos se realiza de manera virtual debido a la pandemia que se vive por el virus COVID-19.
Luego de la aplicación de las dos pruebas a los 150 estudiantes, se procede a realizar la elaboración del directorio de datos en Excel y así poder efectuar la respectiva interpretación, finalizando con el proceso de normalización. Por consiguiente, se realiza una interpretación referida a las normas para cada una de las pruebas. Para el inventario de declaraciones sobre autolesiones se procede a categorizar la prueba en sus dos factores: el factor de riesgo interpersonal y el factor de riesgo intrapersonal, para lo cual se trabaja con las puntuaciones naturales de cada sujeto. Para el inventario de síntomas, SCL-90-R, se procede a categorizar la prueba en las nueve dimensiones primarias y sus tres índices globales; para esta prueba se trabajan las puntuaciones promedio de cada sujeto.
Para el proceso de normalización se utilizan las transformaciones no lineales, por lo que es importante conocer la puntuación, la frecuencia, la frecuencia acumulada antes del intervalo, la frecuencia acumulada en el punto medio, la proporción y el percentil. Luego de conocer la proporción se calculan las Z-normalizadas y finalmente se obtiene el puntaje T-normalizado (T=50+10Z). Como resultado se obtuvo una tabla de baremos para cada una de las pruebas aplicadas (Martínez-Arias et al., 2014).
Instrumentos
Para evaluar la variable de autolesión no suicida en adolescentes se utilizó la adaptación a la población Colombiana del Inventario de declaraciones sobre autolesiones (ISAS; Inventroy of Statements About Self-Injury; Ávila y Roldán, 2019). Este inventario de autoinforme evalúa la presencia de conductas autolesivas de forma deliberada y sin intención suicida, así como las funciones que tienen estos comportamientos en adolescentes (Klonsky y Glenn, 2009). El instrumento está compuesto por dos apartados: el primero, llamado comportamientos, contiene 7 preguntas acerca de la presencia, tipo, frecuencia e intensidad de la autolesión; el segundo, llamado funciones, evalúa los factores de riesgo interpersonales e intrapersonales; consta de 30 afirmaciones que se responden en una escala de tres puntos (0 = no relevante, 1= algo relevante, 2 = muy relevante). El puntaje total para el factor de riesgo intrapersonal puede variar de 0 a 24 puntos, y para el factor de riesgo interpersonal, de 0 a 36 puntos y permiten identificar el factor de riesgo que antecede a la conducta autolesiva no suicida. El ISAS, cuenta con unas propiedades psicométricas significativas en sus dos factores, intrapersonal (α=.80) e interpersonal (α= .87), lo que garantiza que la prueba tiene las propiedades necesarias para el desarrollo de esta investigación.
Para la variable de salud mental se utiliza el inventario de síntomas SCL-90-R (Gempp y Avendaño, 2008). Está diseñado para evaluar nueve dimensiones primarias: somatizaciones, obsesiones y compulsiones, sensitividad interpersonal, depresión, ansiedad, hostilidad, ansiedad fóbica, ideación paranoide y psicoticismo; y tres índices globales de malestar psicológico: índice global de severidad, índice positivo de malestar y el total de síntomas positivos. El inventario está compuesto por 90 ítems de los cuales 83 responden a las dimensiones primarias y 7 ítems son adicionales. Su diseño está basado en una escala tipo Likert con cinco opciones de respuesta: nada, muy poco, poco, bastante y mucho, y se puntúa en un rango de 0 a 4. La prueba se puede aplicar a población de 13 años en adelante, la cual la convierte en una herramienta práctica para evaluar la variable de salud mental de esta investigación.
Análisis de datos
Teniendo los resultados de las pruebas aplicadas se procede a elegir el programa para realizar el análisis de los datos, el Statistical Package for the Social Sciences (IBM® SPSS). Se elige este programa debido a su facilidad de manejo y porque permite trabajar en una interfaz que admite ejecutar estadística descriptiva, regresión, estadísticas avanzadas y más; además, elaborar gráficos y tablas que facilitan análisis adicionales e interpretación de las variables y la comprobación de las hipótesis (Hernández et al., 2014).
Aspectos éticos de la investigación
Esta investigación es vigilada por el Comité de Ética de la Facultad, con el fin de verificar las consideraciones éticas del Código Deontológico y Bioético del Psicólogo. Para su cumplimiento se utilizan dos formatos de consentimiento informado: uno en el cual el representante legal de las instituciones da su aval para poder desarrollar el trabajo en su institución; el otro donde los participantes y acudientes dan su respectiva autorización para participar de la investigación. Los datos recolectados se tendrán bajo custodia y solo se utilizarán con fines investigativos, por lo cual serán presentados de forma global.
Resultados
Se contó con la participación de 150 estudiantes, de los cuales el 42,7% son del grado décimo y el 57,3% del grado undécimo de la cabecera municipal de Patía, de los cuales el 39,3% son hombres y el 60,7% mujeres. Se encuentran en un rango de edad de 15 a 17 años, que corresponde a la etapa de la adolescencia media y tardía.
De los estudiantes que participaron de la investigación el 70% manifiesta practicar la conducta autolesiva no suicida. Dentro de las conductas autolesivas más utilizadas por los adolescentes son: rasguñarse, cortarse, quemarse, golpearse, incrustarse objetos filosos en la piel, evitar que las heridas se curen o cicatricen, morderse hasta cortar la piel, grabar símbolos o dibujos en la piel, grabar palabras en la piel, golpearse la cabeza contra algo, quemarse con un cigarrillo (ver Tabla 1).
Tabla 1
Conductas autolesivas presentes en la población
|
Conducta autolesiva |
Porcentaje |
|
Rasguñarse Cortarse Quemarse Golpearse Incrustarse objetos filosos en la piel Evitar que las heridas se curen o cicatricen, Morderse hasta cortar la piel Grabar símbolos o dibujos en la piel Grabar palabras en la piel Golpearse la cabeza contra algo Quemarse con un cigarrillo |
14 13 13 12 12 11 7 6 6 4 2 |
Fuente: elaboración propia
Entre los factores de riesgo se encuentra que en relación con lo interpersonal el 54% de la población no está en riesgo, el 28% presenta riesgo leve, el 15,3% riesgo medio y el 2,7% riesgo alto. En el factor intrapersonal, el 54% no presenta riesgo, el 28% presenta riesgo leve, el 14% está en riesgo medio y el 4% presenta riesgo alto (ver Figura 1).
Figura 1
Riesgo de los adolescentes en los factores inter e intrapersonal
Fuente: elaboración propia
En lo relacionado con la salud mental de los adolescentes estudiados, en un alto porcentaje (mayor al 82,7%) no reportaron ningún trastorno. Los trastornos con riesgo leve con mayor porcentaje, aunque bajo, fueron: hostilidad, ideación paranoide y sensitividad personal. En cuanto al riesgo moderado, estuvo por debajo del 2,7%, especialmente para somatizaciones, sensitividad personal, ansiedad y psicoticismo. En consecuencia, se puede afirmar que la mayoría de los adolescentes goza de buena salud mental (ver Tabla 2).
Tabla 2
Riesgo relacionado con la salud mental
|
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Normal |
Riesgo leve |
Riesgo moderado |
|
82,7 % |
14,7 % |
2,7 % |
|
|
Obsesiones y compulsiones |
84,7 % |
13,3 % |
2,0 % |
|
Sensitividad interpersonal |
82,0 % |
15,3 % |
2,7 % |
|
Depresión |
84,0 % |
14,7 % |
1,3 % |
|
Ansiedad |
82,7 % |
14,7 % |
2,7 % |
|
Ansiedad fóbica |
83,3 % |
14,7 % |
2,0 % |
|
Hostilidad |
82,0 % |
16,0 % |
2,0 % |
|
Ideación paranoide |
82,7 % |
15,3 % |
2,0 % |
|
Psicoticismo |
82,7 % |
14,7 % |
2,7 % |
Fuente: elaboración propia
De los 150 estudiantes, el 69,5% de los hombres y el 70,3% de las mujeres manifiestan haber practicado por lo menos una conducta autolesiva no suicida, encontrando que el sexo no está relacionado estadísticamente.
Dentro del factor de riesgo interpersonal, el 35,6% de hombres y el 23,1% de mujeres se encuentran en riesgo leve; el 20,3% de hombres y el 12,1% de mujeres riesgo medio; y el 1,7% de hombres y el 3,3% de mujeres riesgo alto. El ser hombre es un determinante estadísticamente significativo en el factor interpersonal.
Se halla que 45 estudiantes no han practicado conductas autolesivas de los cuales el 60% no se encuentra en riesgo en el factor interpersonal, el 20% se encuentra en riesgo leve, el 13,3% en riesgo medio y el 6,7% en riesgo alto. Además se encuentra que 105 estudiantes presentan conductas autolesivas no suicidas de los cuales el 51,4% no se encuentra en riesgo, el 31,4 está en riesgo leve, el 16,2% en riesgo medio y el 1% en riesgo alto en el factor interpersonal. La mayor prevalencia del factor se encuentra en los estudiantes que presentan NSSI, pero no está estadísticamente relacionado con el factor de riesgo interpersonal.
En el factor intrapersonal se encuentra que de 59 estudiantes hombres el 66,1% no se encuentra en riesgo, el 23,7% están en riesgo leve, el 6,8% en riesgo medio y el 3,4% en riesgo alto. También se identifica que de las 91 estudiantes mujeres el 46,2% no presenta riesgo, el 30,8% presenta riesgo leve, el 18,7% se halla en riesgo medio y el 4,4% en riesgo alto. El sexo esta estadísticamente relacionado con el factor de riesgo intrapersonal, donde la mayor prevalencia se encuentra en las mujeres.
De los 105 estudiantes que afirman realizar NSSI, se encuentra que el 44,8% no está en riesgo, el 33,3% presenta riesgo leve, el 16,2 riesgo medio y el 5,7% están en riesgo alto en el factor intrapersonal, con relación estadísticamente significativa con NSSI.
En la esfera de salud mental se presentan a continuación los resultaos correspondientes a los estudiantes que afirmaron realizar prácticas autolesivas no suicidas. Se encuentra que el 76,2% está en el rango normal, el 20% en el rango leve y el 3,8% en el rango moderado de la dimensión. La dimensión de somatizaciones presentó relación estadísticamente significativa con la práctica de NSSI.
En la dimensión de obsesiones y compulsiones se encuentra el 81% de los estudiantes en rango normal, 16,2% en el rango leve y 2,9% en el rango moderado. La dimensión de obsesiones y compulsiones no está ligada a las prácticas autolesivas no suicidas.
En la dimensión de sensitividad interpersonal se encuentra que el 79% está en el rango normal, el 18,1% en el rango leve y el 2,9% en el rango moderado. Luego de realizar la prueba de independencia de variables Chi cuadrado se identifica que tanto la dimensión de sensitividad interpersonal como las autolesiones son variables independientes.
En la dimensión de depresión se encuentra que el 79% está en el rango normal, el 20% en el rango leve y el 1% en el rango moderado. Luego de realizar la prueba de independencia de variables se identifica que la depresión y las autolesiones son variables estadísticamente dependientes
En la dimensión de ansiedad el 78,1% está en el rango normal, el 19% en el rango leve y el 2,9% en el rango moderado. La ansiedad y las autolesiones son variables dependientes estadísticamente.
En cuanto a la hostilidad se halla que el 79% está en el rango normal, el 19% en el rango leve y el 1,9% en el rango moderado. La dimensión de hostilidad y las autolesiones son variables estadísticamente independientes.
En la dimensión de ansiedad fóbica se encuentra que el 81,9% están en el rango normal, el 16,2% en el rango leve y el 1,9% en el rango moderado de esta dimensión. La ansiedad fóbica no está relacionada estadísticamente con la práctica de NSSI.
En la dimensión de ideación paranoide el 80% están en el rango normal, el 18,1% en el rango leve y el 1,9% en el rango moderado. Luego de realizar la prueba de independencia de variables se encuentra que la ideación paranoide y NSSI son estadísticamente independientes.
En la dimensión de psicoticismo se encuentra que el 78,1% está en el rango normal, el 18,1% en el rango leve y el 3,8% en el rango moderado. Luego de realizar la prueba de independencia de variables se determina que la dimensión de psicoticismo esta estadísticamente correlacionada con NSSI.
Discusión
La conducta autolesiva no suicida representa una problemática evidente en los estudiantes de los grados décimo y undécimo de El Bordo Cauca, encontrando que un 70% de la población afirma practicar o haber practicado conductas autolesivas no suicidas, lo cual representa un porcentaje bastante alto en la muestra, mucho más alto que lo encontrado por García-Mijarez et al. (2015) quienes afirman que el promedio de los adolescentes que se autolesionan en México oscila entre el 5,6% y el 17,1% en población no clínica.
Los adolescentes utilizan diferentes métodos de autolesión, de los cuales las conductas más utilizadas son rasguñarse, cortarse, quemarse y golpearse, lo que es similar a lo encontrado por Obando et al. (2018) quienes realizaron una investigación con estudiantes del norte de Bogotá y encontraron que los métodos utilizados por los estudiantes eran los pellizcos, mordiscos, cortes, golpes, rasguños, arrancarse el pelo, chuzarse, quemarse, raspones en superficies y escarbarse la piel. En las dos investigaciones se encuentra que los estudiantes no se autolesionan con un solo método, sino que utilizan dos o más formas de autolesionarse.
Respecto al factor de riesgo intrapersonal se halla que el 46% de la muestra presenta riesgo en este factor (leve, medio y alto), lo que se asemeja en los hallazgos de Leiva y Concha (2019) quienes encuentran una relación entre los estilos de apego de la línea ambivalente (33,3%) y desorganizado (42,8%) en relación con las NSSI.
Asimismo, en el estudio realizado por Albores-Gallo et al. (2014) describen las precipitantes psicológicas de las autolesiones más comunes en los adolescentes, encontrando sentimientos o ideas de coraje previos (N=108; 20.3%), sentimientos negativos previos (N=96; 18.0%) y sentimientos o ideas depresivas previos (N=94; 17.6%). También evidenciaron cómo las NSSI reducen los estados afectivos y cogniciones negativas como la liberación de sentimientos negativos (N=77; 14.4%), liberación de dificultades personales (N=61; 11.4%), y disminución de la tensión durante la autolesión y después de esta (ambos con N=47; 8.8%). El factor de riesgo intrapersonal es predictor de la conducta autolesiva no suicida en los adolescentes.
En cuanto al factor interpersonal el 54% de los estudiantes no se encuentra en riesgo y el 46% presenta riesgo (leve, medio y alto), lo que se asemeja con lo expuesto por Hawton et al. (2012) quienes manifiestan que:
Las dificultades interpersonales durante la adolescencia (incluida la dificultad para hacer nuevos amigos, las discusiones frecuentes con adultos en autoridad y compañeros, la crueldad frecuente hacia los compañeros, la soledad y el aislamiento interpersonal) son elementos que predisponen la aparición de ideación suicida. (p. 2375)
Cuando se relacionan la salud mental y la conducta autolesiva no suicida, se encuentra que hay una relación positiva y leve con los índices de somatizaciones, depresión, ansiedad y psicoticismo, lo que se asemeja con el estudio realizado por Castro (2014) quien clasifica la conducta autolesiva teniendo en cuenta algunos trastornos psiquiátricos relacionados. En el tipo de autolesión mayor se pueden identificar los trastornos por intoxicación por drogas o alcohol, trastorno de identidad de la integración corporal; en la estereotipada, trastornos como el autismo, S. de Giles de la Tourette, S. de Lesch-Nyan, neuropatías hereditarias, retardo mental; en la compulsiva, trastornos como la tricotilomanía, parasitosis delirante; y en el tipo impulsiva se encuentran trastorno por ansiedad (generalizada, estrés agudo, estrés postraumático, obsesivo compulsivo, inducido por sustancias), trastornos de personalidad borderline, histriónico y antisocial, trastornos somatomorfos y facticios, trastornos de identidad y despersonalización, anorexia y bulimia nervosa, trastornos depresivos, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos por abuso de alcohol, cleptomanía. Dentro de los hallazgos encontrados en esta investigación existe una relación con el tipo de autolesión impulsiva.
Asimismo, Sourander et al. (2006) encontraron que entre los 12 y 15 años se presenta un aumento significativo de autolesiones deliberadas especialmente en las mujeres (3% al 13%), presentándose en ellas problemas de salud mental como la somatización, y en los hombres agresividad, las cuales conllevan a la ejecución de la conducta autolesiva.
Conclusiones
Al no existir una serie de normas para esta población se logra elaborar unos baremos importantes los cuales pueden ser utilizados por otras poblaciones nacionales y latinoamericanas.
El factor de riesgo intrapersonal está relacionado con la conducta autolesiva y se presenta con mayor prevalencia en las mujeres, mientras que el factor de riesgo interpersonal está mayormente relacionado con la ideación suicida y no con las conductas autolesivas no suicidas.
Al ser la adolescencia uno de los ciclos vitales en los cuales se presentan cambios importantes a nivel físico y mental, esta población se encuentra vulnerable a problemas de salud mental que pueden conllevar a la práctica de autolesiones no suicidas.
Presentar problemas de salud mental como trastornos de somatizaciones, depresivos, ansiedad y/o psicoticismo pueden ser detonante de la conducta autolesiva no suicida en la adolescencia.
Recomendaciones
Apropiar del tema de autolesiones no suicidas al personal de salud mental, ya que estos están enfocados a las autolesiones de tipo suicida.
Realizar una derivación de la línea de investigación sobre autolesiones no suicidas y salud mental para la Escuela de Psicología.
Para futuras investigaciones se tenga en cuenta una muestra mayor la cual pueda ser representativa y poder generar mayores aportes a la ciencia.
Ampliar el estudio a todos los estudiantes de secundaria de la cabecera municipal de Patía con el fin de conocer la edad de inicio de NSSI e identificar la prevalencia de la conducta por edades.
Elaborar de planes de atención, promoción y prevención en salud mental y la conducta autolesiva no suicida en la población adolescente.
Referencias
Gracias al talento literario y al proceso analítico de la paciente, tenemos ante nosotros este pasaje en el que podemos ver la fuerza incontenible de la pulsión de destrucción en una pequeña niña. Es apenas comprensible que ella misma se horrorizara de esa fuerza que emergía dentro de ella y que ese horror, reforzado con las reprimendas de sus mayores y cuidadores la moviera a extrañarse de esas reacciones airadas que en su medio social estaban vedadas para las niñas.
Al ver esta escena la madre le propina varias bofetadas, logrando que Marie se excite más y empiece a llorar y a patear a su madre y a la niñera, que deciden meterla a la ducha para calmarla. Intenta defenderse gritando y pateando con más fuerza, pero es inútil frente a la fuerza de su madre, la niñera y su hermano.
El chorro de agua fría me da en plena cara, me corta la respiración. Mi madre me sujeta la cabeza. La tata me sujeta hacia adelante, mientras sujeta mis brazos hacia atrás, a mi espalda; mi hermano lo contempla todo, a un lado de la bañera. Considero esta situación como algo inadmisible. Hay que pararla comprendo que los tres son muy fuertes para mí y que solo me queda una cosa por hacer para que cese el agua que me entra en la boca, en la nariz, en el cuello, y es estar quieta y calmarme (Cardinal, 1975, p. 221)
Es en ese momento donde la violencia reprimida y encadenada empieza una lucha constante por expresarse, pero al no poder defenderse frente al mundo exterior se convierte durante años en el alimento de la cosa.
Para acabar con la cólera que se esparce por todos los poros de mi piel, por mis cabellos por mis dedos, por todo mi ser, llevo a cabo un esfuerzo enorme. De mi interior sube un poder colosal que contrae mi rabia: la voluntad; y otro poder acude a auxiliarme: el disimulo. Se han movilizado todas mis fuerzas para agarrar mi violencia, encerrarla, enterrarla lo más lejos posible. Para conseguirlo debo concentrarme hasta tal punto que es algo que me hace sufrir. Me duele todo, la garganta particularmente, que es por donde nada debe salir.(Cardinal, 1975, p. 221)
La madre le propicia el castigo necesario para hacer de su violencia algo vergonzoso, algo que no puede ni debe salir. Ahora debe ocultarla para siempre; y oculta para siempre, solo puede ante la injusticia responder con silencio o llanto.
Marie lograba reprimir su violencia ante los otros, pero la necesidad pulsional estaba allí; convirtiendo un juego infantil en el recurso para satisfacer su pulsión de destrucción.
A partir de entonces llevaba a cabo mis operaciones con lápices de colores a guisa de instrumentos quirúrgicos. Desnudaba a mis hijas (sus muñecas) diciéndoles palabras tranquilizadoras, mientras sabía que les haría daño. Para operar era necesario que me encontrara sola, absolutamente sola. Empezaba a trazar una línea en el cuerpo de mis hijas, grandes costurones coloreados que salían del cuello, pasaban por entre las piernas y acaban en la espalda, encima de las nalgas. Hacía mucho con diferentes colores. Imaginaba que los cuerpos estaban abiertos, desgarrados, palpitantes, sacrificados. Seguidamente, con el lápiz negro me encarnizaba en un punto, garrapateaba dando vueltas muy rápido y apoyándome con mucha fuerza. Me decía que había fracasado en mi operación y que ahora era preciso matar a mis hijas. Esto me excitaba mucho, sudaba. (Cardinal, 1975, p. 121)
En su adolescencia, en algunas ocasiones, la violencia logra reaparecer; pero, al tenerla reprimida durante tanto tiempo, no logra reconocerla como violencia y es confundida por Marie con un ataque de nervios que debía ocultar a los otros para no sentir vergüenza.
Entonces me encerraba en un lugar y, sola, vergonzosamente, me desgarraba los vestidos o rompía un objeto. En una sola ocasión mi madre me había sorprendido lanzando contra la pared un jarrón de plata. Se rio y luego me dijo: cuando te cases le daré el jarrón a tu futuro marido, para que vea el magnífico carácter de su mujer (Cardinal, 1975, p. 223)
En lo que tiene que ver con las expresiones de la pulsión de destrucción, en el transcurso del análisis, podemos decir que algunas de las más importantes están asociadas a la transferencia. La primera de ellas se puede observar claramente en los primeros momentos del proceso, cuando el psicoanalista decide no interesarse por su sangrado y le pide que le hable de otra cosa:
Doctor, me siento exangüe. – Son problemas psicosomáticos, no me interesan. Hábleme de otra cosa. Allí estaba en el diván que yo no deseaba utilizar. Quería seguir de pie y luchar. Las palabras que aquel hombre acababa de pronunciar me habían abofeteado en plena cara, jamás había encajado algo tan violento. (Cardinal, 1975, p. 41)
En diferentes momentos la pulsión destructiva se asocia con la transferencia y se hace notoria en el proceso analítico, bajo la forma de una profunda molestia ante lo que Marie consideraba arbitrariedades de ese “hombre minúsculo”. El analista le había advertido que no debería seguir tomando medicamento, le había quitado lo único que alejaba la cosa; muchas veces durante la sesión la interrumpía a mitad del discurso logrando trastornarla y dejándola al borde de una crisis de locura; esto lo convertía en un ser despreciable.
Me encontraba de nuevo en el callejón, sola, ahogada de angustia, presa de la cosa. Pensaba que el médico era un malvado, que me empujaba al suicidio, al homicidio. Me arrastraba a lo largo de la pared habitada por una pasión demente: Matarme, matarlo, matar a alguien. Lanzarme bajo las ruedas de un coche ¡que mi materia salga a chorro por el asfalto! Volver a su casa y partirle el cráneo en dos, ¡que su asqueroso cerebro gotee sobre su bello disfraz minúsculo y grotesco! (Cardinal, 1975, p. 109)
Gracias a la elocuencia y la capacidad literaria de la autora, podemos notar la fuerza destructiva de las fantasías que se dirigían hacia ella misma y hacia su analista, en momentos que el trabajo analítico no mostraba resultados halagüeños. En ese momento ya había parado el síntoma conversivo del sangrado y permitía que esas representaciones destructivas tuvieran lugar en su fantasía, porque sabía que poco a poco había logrado el gobierno de sus pulsiones agresivas y ya podía decidir qué hacer con ellas sin necesidad de ignorarlas.
Los castigos que había recibido frente a la expresión de su agresividad la habían convertido en una mujer sumisa frente a los otros. “El yo-sujeto es pasivo hacia los estímulos exteriores, y activo por sus pulsiones propias” (Freud S. 1914-1916) Freud propone la polaridad activo/pasivo en la que el sujeto es pasivo frente a los estímulos exteriores y estos, al no ser exteriorizados, vuelven hacia la propia persona y se manifiestan, como en el caso de Marie, en un ataque de lágrimas frente un agente de tránsito que pone una multa.
Hacía muy poco, al guardia, frente a mi coche, le hubiera partido la cara de buena gana y, cuando comprendí que en cualquier caso iba a multarme, mi garganta se contrajo y luego se endureció en una bola dolorosa. Empezaron a brotar las lágrimas para que el dolor me resultara soportable, había aplastado mi rabia cuando, en realidad, no sabía, ni siquiera que formaba parte de mi persona. (Cardinal, 1975, p. 222)
Marie inhibe la manifestación de su pulsión agresiva hacia el mundo exterior logrando seguir en el papel de mujer sumisa, que no grita, no araña, no muerde, mujer que obedece órdenes y calla, mujer que no mata a otros, pero se mata a sí misma. Al no ser exteriorizada la pulsión de agresión se vuelve contra ella misma bajo la forma de una fuerza que la lastima y la estrangula.
Conclusiones
Pulsión de destrucción no me abandones
La pulsión de muerte puede tener expresiones negativas como la enfermedad, el conflicto patológico, la destructividad, las agresiones hostiles que dañan a las personas y los vínculos; pero también tiene expresiones acordes con la vida y su afirmación como la agresividad que usamos para defendernos, para luchar por los derechos y la dignidad y para afirmarnos en el mundo, sin que ello implique buscar generar daño a los otros. Necesitamos la agresividad que es una aplicación de la pulsión de destrucción al servicio de la afirmación de la vida. Reprimir la pulsión de destrucción como único recurso para evitar conflictos con los otros se vuelve insano para la persona, produciendo en ella un efecto patógeno.
Las pulsiones de vida y las pulsiones de muerte nunca se presentan en un sentido puro, a lo largo de la vida se da una mezcla y desmezcla pulsional, conectándose entre sí y muchas veces ayudando una pulsión a satisfacer las necesidades de la otra. La agresividad al servicio de la autoconservación y de la afirmación de la vida es una expresión de la pulsión de destrucción con una mezcla apropiada de la pulsión de vida, para generar cambios radicales en la propia vida y acabar con el tedio sin sentido de una vida manejada por otros, la agresividad bien entendida y ejercida en los momentos y dosis apropiadas, no deja que seamos pisoteados, nos permite defendernos frente al jefe tirano, el padre abusador, nos ayuda a imponer límites, en muchos al destruir una relación sentimental, laboral o familiar nos está salvando.
Ahora la violencia me llegaba como un regalo esplendido y peligroso, un arma terrible, incrustada de oro y nácar, que debería manipular con la mayor precaución. Me impacientaba por ponerla a prueba. Sabía que sólo quería servirme de ella para construir, no para destruir. Con la conciencia de mi violencia llegó, al mismo tiempo, la conciencia de mi vitalidad, de mi alegría y de mi generosidad. Casi estaba construida. (Cardinal, 1975, p. 224)
Marie se reencontró con su violencia, entendiendo que era parte de ella; en aquel diván entendió que su violencia tenía efecto cuando era preciso y que debía conducirla y dominarla correctamente. Esto permitió la expresión hacia el mundo exterior de su pulsión agresiva, sintiendo alivio de que la pulsión destructiva ya no esté más vuelta contra sí misma, ahorrándole grandes dosis de sufrimiento, malestar y displacer; a la vez que libera unas cantidades generosas de energía que puede aplicar en la realización de sus proyectos, su trabajo, su esposo y sus hijas; ahora es libre y puede disfrutar de la vida.
Referencias
Freud, S. (1920-1922). Más álla del principio de placer Psicología de las masas y análisis del yo y otras obras. Amarrortu editores.
Laplanche, J. (1967). Vocabulario de psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.
Evans, D. (1996). Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano. Buenos Aires: Paidós.
Freud, S. (1914-1916). Obras completas Sigmund Freud Tomo XIV. Amarrortu editores.
Cardinal, M. (1975). Las palabras para decirlo.
Freud, S. (1976). Introducción del Narcisismo. Buenos Aires: Amorrortu.
Secuelas psicológicas en mujeres
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Approach to suicidal behavior across life course: an analysis of Caldas and Risaralda for the Comprehensive Health Care Routes
Abordaje de la conducta suicida por curso de vida: análisis de Caldas y Risaralda para las Rutas Integrales de Atención en Salud.
Stefanny Carvajal Pulgarín
Isabel Cristina Jaimes Montaña
Artículo de investigación
Recibido: 06/11/2022– Aprobado: 06/10/2023 - Publicado: 03/12/2023
ISSN - 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.4693.2024
Volumen 7-1 2024
Resumen
La conducta suicida es multifactorial y requiere intervenirse para la prevención de muerte por suicidio Objetivo: analizar las características de los casos, condiciones de riesgo y la atención según protocolo que se asociaron a los intentos de suicidio en infancia, adolescencia y juventud del periodo entre 2016 y primer semestre de 2019 en Caldas y Risaralda, Colombia. Metodología: estudio retrospectivo y analítico, se seleccionaron 4,364 casos que cumplieron los criterios de inclusión. Resultados: en ambos departamentos la mayor frecuencia de casos se presentó en la juventud. Intentaron suicidarse con mayor frecuencia las mujeres (66,4%) y son comparativamente más jóvenes que los hombres en todos los casos (P <0,0001). Conclusiones: edad y sexo son las características que se asociaron con diferencias estadisticamente significativas a los casos analizados. Para la prevención de la conducta suicida mediante Rutas Integrales de Atención en Salud es indispensable el trabajo intersectorial, por curso de vida, con enfoque de género y acciones en el entorno educativo
Palabras clave: suicidio, intento de suicidio, salud mental, adolescente.
Abstract
Suicidal behavior is multifactorial and requires intervention for the prevention of death by suicide. Objective: to analyze the characteristics of cases, risk factors, and protocol-based care associated with suicide attempts in childhood, adolescence, and youth during the period between 2016 and the first semester of 2019 in Caldas and Risaralda, Colombia. Methodology: a retrospective and analytical study was conducted, selecting 4,364 cases that met the inclusion criteria. Results: in both departments, the highest frequency of cases occurred in youth. Women (66.4%) more frequently attempted suicide, and they are comparatively younger than men in all cases (P <0.0001). Conclusions: Age and gender are the characteristics associated with statistically significant differences in the analyzed cases. To prevent suicidal behavior through Comprehensive Health Care Routes, interdisciplinary work is essential, considering the life course, a gender perspective, and actions within the educational environment.
Keywords: suicide, suicide attempted, mental health, adolescent.
Tempus Psicológico
1 Universidad de Caldas. Correo: scp@gmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9302-3441
2 Universidad de Caldas. Correo: isabel.jaimes@ucaldas.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0882-4226
Fuente de financiación: Recursos propios para el trabajo de grado de la Maestría en Salud Pública de la Universidad de Caldas
Agradecimientos: Las autoras agradecen a la Dirección Territorial de Salud de Caldas, a la Secretaría de Salud de Risaralda, al Departamento de Salud Pública y al Programa de Maestría en Salud Pública de la Universidad de Caldas, por su continuo apoyo a la investigación.
Abordaje de la conducta suicida por curso de vida: análisis de Caldas y Risaralda para las Rutas Integrales de Atención en Salud.
Para citar este artículo
Carvajal Pulgarín, S. & Jaimes Montaña, I. C. (2024). Abordaje de la Conducta Suicida por Curso de Vida: Análisis de Caldas y Risaralda por las Rutas Integrales de Atención en Salud. Tempus Psicológico, 7(1), 114-138
Stefanny Carvajal Pulgarín1
Isabel Cristina Jaimes Montaña2
Tempus Psicológico
Introducción
El comportamiento suicida incluye fenotipos de ideación suicida, intento de suicidio y suicidio (Turecki et al., 2019). Es un fenómeno complejo y especialmente en jóvenes se han identificado factores individuales, familiares y sociodemográficos interrelacionados y asociados entre sí (Barros dos Santos et al., 2017; Vargas & Saavedra, 2012). Estos factores pueden ser intervenidos con acciones específicas que incluyen la promoción de la salud mental y la prevención y atención integral de los trastornos mentales, involucrando a diferentes sectores e instituciones y a la sociedad civil (Ministerio de Salud y Proteccion Social, 2018)
Identificando esta problemática de gran magnitud a nivel mundial donde, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 703.000 personas se suicidan cada año. Para 2019 fue la cuarta causa de defunción en el grupo de 15 a 29 años de edad (Organización Mundial de la Salud, 2021b). También a nivel de la Región de las Américas, se ha reportado un incremento sostenido de la tasa de mortalidad por suicidio en los últimos 20 años (Dávila-Cervantes, 2019; Dávila Cervantes & Luna Contreras, 2019). Se ha establecido la prevención del suicidio como un imperativo global ( Organización Panamericana de la Salud, 2014) y actualmente se trabaja en la meta 3.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas que se orienta hacia reducir en un tercio la mortalidad prematura para 2030, para lo cual, en el Plan Estratégico 2020-2025 de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), fue incluido el suicidio como un indicador de evaluación (Organización Panamericana de la Salud, 2021) y se ha refrendado el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013–2030 (Organización Mundial de la Salud, 2021).
Colombia no es ajena a esta realidad, para 2018, según el informe del evento Intento de Suicidio, el Instituto Nacional de Salud (INS) reportó una tasa de incidencia nacional de 56,8 intentos por cada 100.000 habitantes para ese año. El departamento con la mayor incidencia fue Vaupés con 220,4 casos por cada 100.000 habitantes, seguido de Caldas, Quindío, Putumayo y Risaralda también con tasas de incidencia superiores a la nacional. De acuerdo a esto, la zona del eje cafetero es un territorio de alta incidencia, evidenciado en cifras que muestran un incremento del 10,9% de casos con respecto al 2017 y un 73,5% de los casos se encuentra entre los 10 y los 29 años de edad (Instituto Nacional de Salud, 2018).
Es por ello que en Colombia. desde la normatividad, se ha priorizado esta problemática y se han dado las directrices para atenderla a partir de la Ley de Salud Mental (Congreso de la República de Colombia, 2013), que tiene por objeto garantizar el ejercicio pleno del derecho a la salud mental a la población colombiana, priorizando a los niños, las niñas y adolescentes, mediante la promoción de la salud y la prevención del trastorno mental, la atención integral e integrada en salud mental en el ámbito del sistema de salud con el enfoque promocional de calidad de vida y los principios de la Atención Primaria en Salud (APS). Asimismo, la APS, como estrategia de coordinación intersectorial (Congreso de la República de Colombia, 2011) enmarca las Rutas Integrales de Atención en Salud (RIAS) actualmente en proceso de implementación en todo el país (Ministerio de Salud y Proteccion Social, 2016).
Las RIAS, incorporan en su desarrollo el Enfoque de Curso de Vida que hace el abordaje de los momentos del continuo de la vida, reconociendo que el desarrollo humano y los resultados en salud dependen de la interacción de diferentes factores a lo largo de la vida, como experiencias acumulativas, situaciones individuales influenciadas por el contexto familiar, social, económico, ambiental y cultural. Además, reconoce la existencia de períodos críticos de crecimiento y desarrollo en la totalidad del ciclo vital que pueden impactar la trayectoria de vida de las personas (Minsterio de Salud y Protección Social, 2015). Las edades por curso de vida se abordan por grupos así: primera infancia desde los 0 a los 5 años, infancia desde los 6 a los 11 años, adolescencia desde los 12 a los 17 años, juventud desde los 18 a los 28 años, adultez desde los 29 a los 59 años y vejez de los 60 años en adelante. La literatura científica ha identificado a la adolescencia como un período del ciclo vital individual de transición entre la niñez hacia la adultez temprana que se caracteriza por cambios emocionales, sociales y físicos (Brausch, 2007; Organización Mundial de la Salud, 2021a).
Se plantea que a través de las RIAS se atiendan las necesidades de salud de la población, la Ruta de Atención Integral para la Promoción y Mantenimiento de la Salud (RPMS) (Ministerio de Salud y Proteccion Social, 2018c) está dirigida a toda la población y es una herramienta operativa de obligatorio cumplimiento que debe adaptarse a las diferentes condiciones de los territorios. Esta ruta contempla intervenciones individuales, colectivas y poblacionales en los diferentes entornos y momentos del curso de vida. A su vez, las acciones de la Ruta de Problemas, Trastornos Mentales y Epilepsia (Ministerio de Salud y Proteccion Social, 2018b), van orientadas a la promoción y detección temprana en salud mental y la rehabilitación basada en la comunidad. De esta manera, la conducta suicida se puede abordar desde ambas rutas de atención.
Reconociendo que por cada suicidio ocurren varios intentos de suicido (Organización Mundial de la Salud, 2021b), y que el intento de suicidio previo es un factor de riesgo individual para la muerte por suicidio ( Organización Panamericana de la Salud., 2016), para este trabajo se priorizó el evento intento de suicidio en infancia, adolescencia y juventud por el comportamiento epidemiológico en la región del eje cafetero; en este contexto y tratándose de un evento multifactorial, la ficha de notificación 356 del INS contempla varios de los factores implicados e identificados en la literatura científica, por lo que se constituye en una fuente de datos secundaria adecuada para el análisis de esta problemática. Adicionalmente, se ha evidenciado que la mayoría de los estudios epidemiológicos acerca de suicidio e intento de suicidio no abordan la adolescencia de manera independiente, encontrándose un solapamiento entre las edades (Vargas & Saavedra, 2012; Villalobos-Galvis, 2009), o se han realizado previo al inicio de la notificación obligatoria del evento en 2016 (Amezquita Medina et al., 2008; Fuentes-Lerech et al., 2009; Medina Pérez et al., 2017; Rodríguez-Escobar et al., 2013).
El presente estudio se justificó en la necesidad de contar con información oportuna que permita orientar la implementación de las RIAS con enfoque intersectorial e integral, aportando evidencia científica a los tomadores de decisiones; para ello se plantearon como objetivos: analizar las características de los casos de intento de suicidio, las condiciones de riesgo para conducta suicida y la atención del evento según el protocolo del INS que se asociaron a los intentos de suicidio por curso de vida en infancia, adolescencia y juventud del periodo 2016 al primer semestre de 2019 (2019-1), en Caldas y Risaralda, Colombia, y determinar la incidencia municipal y departamental en el grupo de edad específico de 6 a 28 años con los datos demográficos del censo de 2018.
Método
Se realizó un estudio observacional, retrospectivo y analítico. El instrumento utilizado correspondió a la ficha de notificación 356 del INS que comprende 9 apartados y permite obtener información prioritaria de las variables tiempo, lugar y persona en la notificación obligatoria de este evento de interés en salud pública en Colombia (Instituto Nacional de Salud, 2017).
Para la selección de los casos se plantearon los siguientes criterios de inclusión de acuerdo con el Protocolo de Vigilancia Epidemiológica vigente para la fecha de realización del estudio:
Entre 2016 y julio de 2019 se registraron 6,177 casos de intento de suicidio en todas las edades para Caldas y Risaralda, de los cuales se seleccionaron 4,364 casos que cumplieron los criterios de inclusión planteados para el estudio.
A partir de la ficha de notificación del evento como fuente de datos secundaria, se seleccionaron las variables de interés para el estudio: características del caso (incluye variables sociodemográficas: edad, sexo, escolaridad, afiliación al sistema de salud, mecanismo utilizado), condiciones de riesgo para conducta suicida (antecedente de trastorno mental diagnosticado, acontecimientos vitales estresantes, factores de riesgo) y atención del caso (remisión a servicio de salud mental). Se aplicaron estrategias para limitar los sesgos de selección e información, los datos perdidos fueron eliminados para el análisis. Para la sistematización y análisis de la información, se trabajó con bases de datos en Excel, codificadas y anonimizadas; para el análisis estadístico se realizó análisis descriptivo y de asociación de acuerdo con la naturaleza de cada variable. Se aplicó la Prueba T de Student para comparar medias de muestras independientes con un nivel de significancia estadística P<0,05. Se utilizó el programa estadístico SPSS versión 18.
Consideraciones éticas
De acuerdo con la normatividad colombiana, el estudio se clasificó de riesgo mínimo (República de Colombia. Ministerio de Salud, 1993) y tuvo la autorización de la Dirección Territorial de Salud de Caldas y la Secretaría de Salud de Risaralda una vez suscritos los Acuerdos de Confidencialidad Institucional y Consentimientos Informados Institucionales. La investigación fue avalada por el Comité de Ética de la Facultad de Ciencias para la Salud de la Universidad de Caldas, como consta en el acta 009 de 2019.
Resultados
Características de los casos de intento de suicidio
De acuerdo con las edades por curso de vida, el mayor porcentaje de los casos se presenta en el grupo de juventud seguido del grupo de adolescencia. Para Caldas el promedio de edad fue de 18,6 años (+/-4,5) y para Risaralda fue de 18,4 años (+/- 4,6). Del total de casos para ambos departamentos, en mayor frecuencia fueron de sexo femenino (n=2,898; 66,4%) como se puede observar en la Tabla 1.
Tabla 1
Características de los intentos de suicidio en Caldas y Risaralda por sexo, 2016-2019-1
|
Característica |
Risaralda |
|||
|
Hombres |
Mujeres |
Hombres |
Mujeres |
|
|
Edad |
n=851 |
n=1539 |
n=615 |
n=1359 |
|
Infancia 6-11 años |
3,29% |
2,46% |
5,04% |
3,01% |
|
Adolescencia 12-17 años |
33,96% |
50,74% |
30,89% |
53,78% |
|
Juventud 18-28 años |
62,74% |
46,78% |
64,06% |
43,19% |
|
Escolaridad |
||||
|
Sin escolaridad |
30,78% |
26,77% |
22,27% |
20,89% |
|
Primaria |
60,04% |
65,23% |
63,73% |
68,43% |
|
Secundaria |
1,88% |
2,40% |
1,46% |
3,09% |
|
Bachillerato o más |
7,28% |
5,58% |
12,52% |
7,57% |
|
Afiliación a Salud |
||||
|
Contributivo |
28,90% |
30,99% |
37,39% |
41,05% |
|
Subsidiado |
33,01% |
33,20% |
47,47% |
51,43% |
|
Otro Regimen |
38,07% |
35,80% |
15,12% |
7,50% |
|
|
||||
|
Intoxicación |
487 |
1047 |
352 |
924 |
|
Elemento cortopunzante |
167 |
366 |
148 |
346 |
|
Ahorcamiendo o asfixia |
135 |
60 |
72 |
55 |
|
Lanzamiento al vacío |
47 |
60 |
34 |
38 |
|
Lanzamiento a vehículo |
17 |
11 |
10 |
7 |
|
Arma de fuego |
10 |
4 |
7 |
3 |
|
Inmolación |
4 |
1 |
3 |
4 |
|
Lanzamiento a cuerpo de agua |
3 |
2 |
0 |
5 |
|
|
|
|
|
|
Nota: En mecanismo no se presentan porcentajes dado que en algunos casos presentaron más de uno.
En cuanto al mecanismo utilizado para el intento de suicidio, se destaca que para ambos departamentos el más frecuente fue “intoxicación”, seguido de “elemento cortopunzante”. En algunos casos se presentó más de un mecanismo. En los intentos de suicidio por intoxicación, la sustancia más utilizada fue medicamentos seguido de plaguicidas, en ambos departamentos así: medicamentos (n=728) Caldas y (n=728) Risaralda, plaguicidas (n=235) Caldas y (n=226) Risaralda. Al discriminar el mecanismo utilizado por sexo, se encontró que, tanto para Risaralda como para Caldas, las mujeres utilizaron en mayor frecuencia “intoxicación” seguido de “elemento cortopunzante” mientras que los hombres intentaron suicidarse más utilizando métodos como “arma de fuego” y “ahorcamiento o asfixia” como se pudo observar en la Tabla 1.
También como características sociodemográficas respecto al nivel educativo del grupo de estudio, se encontró que el mayor porcentaje de casos presentaba nivel Básica Primaria y Secundaria; y en relación con el acceso a servicios de salud, el régimen de afiliación al Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS) de Colombia, para ambos departamentos el más frecuentemente reportado fue Subsidiado (financiado desde el componente de solidaridad del sistema) seguido de Contributivo (financiado a través de aportes del afiliado).
En el análisis estadístico de asociación de las características de los casos, se compararon las medias de edad por sexo de los casos de intento de suicidio para cada departamento, para ello se aplicó la prueba T para igualdad de medias en muestras independientes, asumiendo varianzas iguales cuando la probabilidad del estadístico Levene fue >0,005. Así, para Caldas en todas las edades el valor P fue <0,0001 con un IC 95% (-5,419;-3,627), y en edades de 6 a 28 años el valor de P fue <0,0001 con un IC95% (-1,968;-1,216); y para Risaralda en todas las edades el valor de P fue <0,0001 con un IC95% (-7,044;-4,963), y en edades de 6 a 28 años el valor de P fue <0,0001 con un IC95% (-3,030;-1,151). Lo que indica que, para ambos departamentos, la edad promedio de las mujeres que se intentaron suicidar fue menor que la de los hombres en todos los casos de manera estadísticamente significativa.
Condiciones de riesgo para conducta suicida
En el análisis descriptivo de las condiciones de riesgo para conducta suicida que se registran en la ficha de notificación, la distribución de frecuencias muestra que, en los casos con antecedente de trastorno mental diagnosticado, el más frecuente fue “trastorno depresivo” para ambos departamentos; los pacientes pueden tener más de un diagnóstico. Los acontecimientos vitales estresantes reportados con mayor frecuencia fueron los “conflictos con pareja/expareja”, seguido de “problemas escolares o académicos”. Cabe destacar que en los factores de riesgo hubo variaciones entre ambos departamentos, mientras que los más frecuentes para ambos fueron en primer lugar la “presencia de ideación suicida persistente”, seguido de “consumo de sustancias psicoactivas”, para Caldas el tercer lugar en frecuencia lo ocuparon los “antecedentes familiares de conducta suicida”, mientras que para Risaralda fue la identificación de un “plan organizado de suicidio”, lo que se considera que incrementa la posibilidad de que el acto tenga mayor afectación para la persona. Esto puede evidenciarse en la Tabla 2.
Tabla 2
Distribución de frecuencias de las condiciones de riesgo para conducta suicida. Caldas y Risaralda, 2016-2019-1
|
Condiciones de riesgo para conducta suicida |
Caldas |
Risaralda |
|
Frecuencia |
Frecuencia |
|
|
Antecedente de trastorno mental diagnosticado |
||
|
Trastorno Depresivo |
763 |
626 |
|
Trastorno Bipolar |
159 |
80 |
|
Trastorno de personalidad |
64 |
59 |
|
Esquizofrenia |
26 |
17 |
|
|
|
|
|
Acontecimientos Vitales Estresantes |
||
|
Conflictos con pareja/expareja |
838 |
734 |
|
Problemas escolares o académicos |
170 |
213 |
|
Problemas económicos |
167 |
165 |
|
Maltrato físico, psicológico o sexual |
163 |
137 |
|
Problemas jurídicos |
115 |
97 |
|
Enfermedad crónica |
82 |
63 |
|
Problemas laborales |
80 |
41 |
|
Suicidio de familiar o amigo |
61 |
28 |
|
Frecuencia total |
1676 |
1478 |
|
Factores de riesgo |
||
|
Ideación suicida persistente |
631 |
530 |
|
Consumo de sustancias psicoactivas |
453 |
339 |
|
Antecedentes familiares de conducta |
31 |
163 |
|
Plan organizado de suicidio |
131 |
144 |
|
Abuso de alcohol |
40 |
45 |
|
Frecuencia total |
1286 |
1221 |
Nota: no se presentan porcentajes dado que los casos pueden tener más de una condición de riesgo.
Atención del caso según protocolo: remisión a salud mental
El protocolo de atención establecido por el INS contempla además de la notificación inmediata y obligatoria del caso al SIVIGILA, la atención médica según la condición clínica y la remisión del paciente a servicios de salud mental, principalmente a psiquiatría, psicología y trabajo social como parte del abordaje inicial del caso de intento de suicidio. En este estudio se encontró que la mayoría de los casos fueron remitidos a psiquiatría en ambos departamentos en el periodo de estudio. En Risaralda 1,766 casos fueron remitidos a psiquiatría, 1,090 a psicología y 633 a trabajo social. Caldas por su parte, remitió 2,229 casos a psiquiatría, 1,123 a psicología y 394 a trabajo social. En algunos casos los pacientes se remiten a más de un servicio.
Incidencia municipal y departamental de casos para Caldas y Risaralda en 2018
Para 2018, se calculó la incidencia a nivel municipal de los casos de intento de suicidio en las edades de 6 a 28 años sobre el total de habitantes de 6 a 28 años del municipio, de acuerdo al censo del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE, 2018).
La incidencia departamental de intentos de suicidio en Risaralda para 2018, en edades de 6 a 28 años fue de 189,1 casos por 100.000 habitantes. Los municipios de La Virginia, Santuario, Belén de Umbría, Guática y Pereira registraron incidencias superiores a la departamental, como se puede evidenciar en la Tabla 3.
Tabla 3
Incidencia municipal y departamental de casos de intento de suicidio. Risaralda, 2018
|
Municipio |
Casos de 6-28 años |
Habitantes 6-28 años Censo 2018 |
Incidencia x 100.000 habitantes |
|
|
Pereira |
317 |
159502 |
198,7 |
|
|
Dosquebradas |
95 |
74449 |
127,6 |
|
|
La Virginia |
50 |
10283 |
486,2 |
|
|
Santa Rosa |
44 |
26741 |
164,5 |
|
|
Quinchía |
16 |
9919 |
161,3 |
|
|
Santuario |
13 |
4342 |
299,4 |
|
|
Belén de Umbría |
25 |
8576 |
291,5 |
|
|
Marsella |
10 |
5855 |
170,8 |
|
|
Apía |
5 |
4269 |
117,1 |
|
|
Guatica |
11 |
4132 |
266,2 |
|
|
Mistrató |
7 |
7494 |
93,4 |
|
|
Pueblo Rico |
4 |
7215 |
55,4 |
|
|
La Celia |
4 |
2399 |
166,7 |
|
|
Balboa |
1 |
2163 |
46,2 |
|
|
Risaralda (Departamental) |
619 |
327339 |
189,1 |
|
Nota: DANE (2018)
La incidencia departamental de intentos de suicidio en Caldas para 2018 en edades de 6 a 28 años fue de 211,8 casos por 100.000 habitantes. Los municipios que superaron la incidencia departamental fueron Aranzazu, Anserma, Belalcázar, Manizales, Pácora, Chinchiná, Riosucio y Manzanares; esta información puede visualizarse en la Tabla 4.
Tabla 4
Incidencia municipal y departamental de casos de intento de suicidio. Caldas, 2018
|
Municipio |
Casos de 6-28 años |
Habitantes 6-28 años Censo DANE 2018 |
Incidencia x 100.000 habitantes |
|
Manizales |
381 |
144273 |
264,1 |
|
Chinchiná |
41 |
17588 |
233,1 |
|
La Dorada |
40 |
25732 |
155,4 |
|
Riosucio |
40 |
17286 |
231,4 |
|
Anserma |
35 |
11888 |
294,4 |
|
Villamaría |
24 |
22163 |
108,3 |
|
Pensilvania |
13 |
6659 |
195,2 |
|
Manzanares |
13 |
6004 |
216,5 |
|
Supía |
14 |
10170 |
137,7 |
|
Pácora |
11 |
4627 |
237,7 |
|
Aguadas |
10 |
7389 |
135,3 |
|
Viterbo |
6 |
4330 |
138,6 |
|
Neira |
7 |
7067 |
99,1 |
|
Aranzazu |
11 |
3436 |
320,1 |
|
Salamina |
5 |
6002 |
83,3 |
|
Belalcázar |
10 |
3755 |
266,3 |
|
Marquetalia |
6 |
4445 |
135 |
|
Risaralda |
6 |
3576 |
167,8 |
|
Samaná |
2 |
6975 |
28,7 |
|
Filadelfia |
6 |
3564 |
168,4 |
|
Palestina |
1 |
5269 |
19 |
|
Marmato |
5 |
3433 |
145,6 |
|
Norcasia |
1 |
2336 |
42,8 |
|
San José |
3 |
1539 |
194,9 |
|
La Merced |
3 |
1839 |
163,1 |
|
Marulanda |
0 |
825 |
0 |
|
Victoria |
1 |
3479 |
28,7 |
|
Caldas (Departamental) |
711 |
335649 |
211,8 |
Nota: DANE (2018)
Discusión
En el análisis de las características de los casos de intento de suicidio se encontró un mayor porcentaje de casos por curso de vida en el grupo de juventud (52,5% Caldas y 49,7% Risaralda), seguido del grupo de adolescencia (46,66% Risaralda y 44,7% Caldas) para ambos departamentos. Resulta relevante el hallazgo de intentos de suicidio en el grupo de infancia que, a pesar de ser menor en porcentaje respecto a la adolescencia y juventud, al analizar el número absoluto de casos se identificaron 72 casos para Risaralda y 66 para Caldas en todo el periodo de estudio, lo que se constituye en una alerta para reenfocar las estrategias de prevención para dirigirlas a edades más tempranas en el curso de vida; en el mismo sentido de lo señalado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ( Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, 2018).
Se comprobó que la mayoría de los casos de intento de suicidio se presentaron en mujeres, en un 69% para Risaralda y un 64% para Caldas en todo el periodo de estudio, y al discriminar el mecanismo utilizado por sexo se constató que los hombres tendieron a utilizar métodos más letales, lo que coincide con el comportamiento epidemiológico del suicido a nivel mundial y la tendencia nacional (Ministerio de Salud y Protección Social, 2021). Este fenómeno ha sido documentado en población joven colombiana (Arenas et al., 2016; Rueda-Jaimes et al., 2010) y se conoce como “la paradoja del género” (Dávila Cervantes & Luna Contreras, 2019). También se evidenció que, en ambos departamentos, no sólo se intentan suicidar con mayor frecuencia las mujeres, sino que son comparativamente más jóvenes que los hombres en todos los casos (P< 0,0001).
Una vez identificadas estas diferencias entre hombres y mujeres, es esencial avanzar en la comprensión de la conducta suicida a partir del Enfoque de Género en el que desde las categorías “femenino” y “masculino” se trasciende de la diferenciación en la dimensión biológica, en tanto el género es una construcción social e histórica que se teje a través del significado de ser, sentir y pensar; autores como Barroso Martinez (2019) se han inquietado por la comprensión del suicidio a partir de este enfoque, y en su estudio muestra que se requiere de una integración entre diferentes disciplinas que permita articular los conocimientos, repensar el análisis de los casos ya no sólo desde la perspectiva epidemiológica positivista, sino a partir del enfoque de género y dar apertura a procesos que permitan escuchar legítimamente todas las voces, desnaturalizando los discursos y prácticas en la cotidianidad y respetando la diferencia para avanzar hacia la transformación con labores interdisciplinarias en políticas públicas promotoras del buen vivir y bienestar de la población.
En cuanto a las condiciones de riesgo para conducta suicida reportadas en los casos analizados predominaron el antecedente de trastorno depresivo diagnosticado, y como acontecimientos vitales estresantes los “conflictos con pareja/expareja” seguido de “problemas escolares o académicos”. En coherencia con este hallazgo, se ha señalado que el riesgo de suicido en estas edades “circunda alrededor de una inestabilidad que va más allá de no tener certeza sobre el futuro, sino que se extiende al grado de experimentar fragilidad en las propias emociones” (Bravo Andrade et al., 2020, p. 43), de acuerdo con esto, adolescentes y jóvenes se ven enfrentados a una inestabilidad emocional con sentimientos como enojo y frustración, lo que puede explicar las dificultades relacionales expresadas en los entornos educativos y en las relaciones de pareja e interpersonales. También, a nivel de Colombia el análisis por curso de vida ha mostrado que en las edades entre 5 a 14 años los principales factores de riesgo son los antecedentes de trastorno psiquiátrico, como factor desencadenante las dificultades escolares y el maltrato físico, psicológico o sexual, y como mecanismo más utilizado las intoxicaciones (Ministerio de Salud y Protección Social, 2021).
Se identificó una frecuencia de consumo de alcohol similar entre hombres y mujeres, en 40 casos de Caldas y 45 casos de Risaralda. En relación con este hallazgo, un estudio de 2018 en adolescentes españoles muestra que al comparar patrones de consumo de alcohol por género no hay diferencias intergénero, pero sí diferencias en cuanto a presentar conducta antisocial (Díaz García & Moral Jimenez, 2018). Mientras que, sobre este aspecto, la revisión sistemática de (Zamorano-Espero et al., 2022) reportó que adolescentes y jóvenes que presentan un consumo elevado de alcohol tienen mayor probabilidad de presentar ideación suicida, comparado con aquellos que reportaron un bajo consumo.
Se confirma que Caldas y Risaralda son territorios de alta incidencia de casos de intento de suicidio en Colombia, superando la incidencia nacional de 52,3 casos por 100.000 habitantes para el 2017 y de 56,8 casos por 100.000 habitantes para el 2018. Entre el 2016 y el primer semestre de 2019 (2019-1), se notificaron 2390 casos de intento de suicidio en Caldas y 1974 casos en Risaralda en las edades comprendidas entre los 6 y los 28 años, lo que indica que se mantiene el comportamiento habitual del evento, que ha tenido tendencia creciente desde el inicio de la vigilancia epidemiológica de la conducta suicida en 2016 (Dirección Territorial de Salud Caldas, 2016; Instituto Nacional de Salud, 2018).
Las condiciones de riesgo más frecuentemente encontradas en el presente estudio son acordes con lo reportado en la literatura: la presencia de eventos vitales estresantes, los antecedentes familiares de conducta suicida, el antecedente de ideación suicida persistente, el consumo de asustancias psicoactivas y el abuso de alcohol incrementan la probabilidad de incurrir en conducta suicida. Ya con su identificación, se requiere avanzar en el abordaje de la conducta suicida con la implementación de acciones necesarias y eficaces para su intervención (Faurea et al., 2018).
De acuerdo con las políticas y lineamientos nacionales y departamentales que han guiado la atención en salud mental, en los resultados del presente estudio se evidencia un avance en el manejo integral y en el abordaje interdisciplinar de cada caso con la remisión a los servicios de salud mental obligatoria dentro del protocolo de vigilancia de este evento. En países como México se ha encontrado que, aunque en el periodo comprendido entre 2001 y 2013 aumentaron los casos de intento de suicidio, este aumento no condujo a un mayor uso de los servicios de salud mental (Borges et al., 2017). Sin embargo, en Colombia, el servicio de trabajo social es el que presenta menos casos remitidos, en comparación con psicología y psiquiatría en ambos departamentos, más acentuado en Caldas donde se remitieron sólo 394 casos, mientras que en Risaralda se remitieron 633 casos a trabajo social. La inclusión del trabajador social en el equipo de intervención en salud mental contribuye a la integralidad de la atención, dada su perspectiva integradora y su capacidad para brindar acompañamiento, asesoría y orientación no sólo al individuo, sino extendida al grupo familiar (Correa Arango et al., 2019).
Continúa entonces siendo un reto lograr la intersectorialidad que es uno de los componentes de la APS; asimismo, el Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES) ha reportado una baja coordinación intersectorial en temas de salud mental, barreras en los entornos y limitaciones en la atención integral como aspectos con efectos en el comportamiento suicida en Colombia (Departamento Nacional de Planeación, 2020). En el presente trabajo se resalta la necesidad de que se involucren otros sectores centrales en la sociedad, específicamente el educativo, pues los niños, niñas, adolescentes y jóvenes se encuentran inmersos en entornos escolares por curso de vida. Los problemas escolares o académicos como condiciones de riesgo para conducta suicida se reportaron en segundo lugar de mayor frecuencia tanto para Caldas como para Risaralda, teniendo en cuenta los diferentes grados de escolaridad. En coherencia con la Estrategia Nacional para la Prevención de la Conducta Suicida en Colombia, teniendo en cuenta los intentos de suicidio en infancia, adolescencia y juventud, los educadores en secundaria deben conocer los factores de riesgo asociados que pueden presentar sus alumnos, y las instituciones de educación deben implementar estrategias de detección e intervención (Ministerio de Salud y Protección Social, 2021).
En el marco de la implementación de las RIAS se pueden desplegar intervenciones preventivas en el ámbito escolar, para ello se han recomendado los programas curriculares de prevención universal, los cuales se han asociado con aumentos significativos del nivel de conocimiento sobre el suicidio, mejores actitudes hacia el mismo y aprendizaje de conductas de autoayuda (Ministerio de Salud y Protección Social, 2017). En otros países como Chile, en la promoción de un “clima escolar protector” desde el Programa Nacional de Prevención del Suicidio, se trabaja en la “Formación en afectividad, sexualidad, género y diversidad sexual” para promover habilidades sociales individuales y colectivas generadoras de buen vivir y bienestar (Ministerio de Educación de Chile, 2019), programas que pueden contribuir al desarrollo de habilidades protectoras de la salud mental, así como una convivencia adecuada basada en el respeto a la diferencia y una cultura escolar de cuidado y prevención.
Así, de acuerdo con el modelo de salud pública para la prevención del suicidio ( Organización Panamericana de la Salud., 2014), se empieza con la vigilancia para definir el problema, seguido de la identificación de los factores de riesgo y protección para orientar la efectividad de las intervenciones y gestionarlas a través de políticas y programas. Colombia ya tiene avances en este sentido con la formulación del Plan Nacional de Prevención y Atención a la Conducta Suicida 2017-2021 (Ministerio de Salud y Protección Social, 2018), que define estrategias que involucran acciones en diferentes entornos; y a nivel departamental se ha formulado la Política de Salud Mental de Caldas: un aporte al bienestar y a la inclusión en 2017 (Delgado Enríquez et al., 2017), siendo el presente estudio un insumo importante en el aporte de información para la orientación de las acciones en prevención y su adaptación al comportamiento epidemiológico en Caldas y Risaralda.
Conclusiones
La edad y el sexo son las características que se destacaron en el estudio asociadas con diferencias estadísticamente significativas en los intentos de suicidio en la infancia, adolescencia y juventud para ambos departamentos desde 2016 al 2019-1. Para el abordaje de la conducta suicida por curso de vida se requiere que, desde las RIAS, se trabaje intersectorialmente con Educación, y a partir de enfoques integradores y de género, con un inicio de las intervenciones a edades más tempranas, idealmente a partir de los 6 años, y dirigidas de manera especial a niñas, jóvenes y adolescentes en el entorno educativo, propiciando en ellas mediante acompañamiento profesional y psicosocial, elementos para las habilidades sociales para la resolución de conflictos de manera asertiva, donde se desarrolle la canalización y óptimo manejo de las emociones.
Igualmente, las RIAS deben adaptarse a los territorios para garantizar su adecuada operación. A partir de los hallazgos de este estudio, para la región del eje cafetero y específicamente para Caldas y Risaralda, se recomienda que se priorice la implementación de las RIAS en los municipios que registraron una incidencia superior a la departamental; para Caldas: Aranzazu, Anserma, Belalcázar, Manizales, Pácora, Chinchiná, Riosucio, Manzanares, y para Risaralda: La Virginia, Santuario, Belén de Umbría, Guática y Pereira.
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Un credo religioso conforma la perspectiva del mundo de una persona y define de qué modo se incorporarán sus concepciones religiosas a su vida cotidiana (Etchezahar y Brussino, 2015). Tal es así que, además de los diversos credos religiosos (catolicismo, judaismo, islamismo, etc.) y sus manifiestos (Biblia, Torá, Corán, etc.), el núcleo de la creencia forja la idea de que esa religión/creencia es la única válida y, por consiguiente, esta ha de subordinar todas las esferas de la actividad humana (Cersósimo, 2014).
En relación con el párrafo anterior, se ha demostrado que la creencia religiosa ejerce una influencia significativa tanto en la cognición como en los afectos, la motivación y el comportamiento (Orozco-Parra y Domínguez-Espinosa, 2014). De este modo, la práctica religiosa que posea el sujeto, determinará entonces las diversas actitudes, emociones, capacidades de resolución y afrontamiento de problemas, viéndose afectadas la manera de mantener relaciones interpersonales (Roccas, 2005; Saroglou y Muñoz-García, 2008).
El concepto de fundamentalismo religioso se caracteriza por ser un intento de recuperar el sentido profundo, en un entorno contextual complicado, siendo una reconstrucción del mundo en términos de replanteamiento axiológico de los fundamentos de la sociedad en la cual se vive (Pandele, 2022). En relación con esto, se puede agregar que las enseñanzas religiosas comparten similitud con las bases y pretensiones de corte autoritarista, tomando como ejemplo el mutuo interés por la preservación de los valores clásicos y su sumo interés en que estos sean inculcados en las generaciones más jóvenes mediante propaganda o representando a los adultos mayores como los estándares del conocimiento (González, 2014).
El estudio psicológico de las relaciones existentes entre los conceptos de autoritarismo y las distintas expresiones de la religiosidad comenzó en los albores del siglo pasado y se extiende hasta nuestros días (Etchezahar y Brussino, 2015). La finalidad principal para poder analizar el vínculo entre estos constructos reside en que las personas autoritarias pretenden formar parte de marcos sociales establecidos que administren el comportamiento (Etchezahar y Brussino, 2015).
En este marco, Altemeyer (1998) originó la teoría con relación al autoritarismo que posee mayor aceptación en la actualidad (Duckitt y Fisher, 2003) comprendiendo el concepto del autoritarismo como una dimensión de la personalidad (Altemeyer, 1998). De este modo, dicho constructo estaría compuesto para Altemeyer (1981) por tres características relevantes, denominadas conglomerados actitudinales. En cuanto a la primera característica, la sumisión autoritaria, hace mención a la tendencia a dejarse subyugar por las autoridades percibidas como legítimas en dicha sociedad. El siguiente conglomerado, el de la agresión autoritaria, da cuenta de la predisposición a ser agresivo hacia individuos o grupos percibidos con diferentes normativas a las establecidas. Por último, el tercer conglomerado, el de convencionalismo, refiere a la adherencia a ciertas convenciones que son avaladas socialmente por las autoridades (Jaume et al., 2019).
La relación entre autoritarismo y religiosidad no es una cuestión concreta de ningún tipo de religión o cultura (Federico et al., 2021). Numerosos estudios sugieren que el autoritarismo es un predictor de distintos tipos de religiosidad: cristianos, hindúes, musulmanes y judíos (e.g., Canetti-Nisim, 2004; Duriez y Van Hiel, 2002). Asimismo, la relación entre el autoritarismo y la religiosidad también ha sido observada en diversos países como Argentina (Benoliel et al., 2020), Bélgica (Duriez y Van Hiel, 2002), Estados Unidos (Watson et al., 2003), Polonia (Blogowska y Saroglou, 2011), e Israel (Canetti-Nisim, 2004), entre otros.
Otro dato a destacar es que según un estudio realizado por Weller et al. (1975), las personas con características autoritarias se volvían más religiosas con el tiempo, independientemente de si su lugar de crianza era laico o religioso, demostrando que la variación disposicional en el autoritarismo es en parte anterior a la de la religiosidad (Federico et al., 2021).
Diversos investigadores como Jost et al. (2014) y Norenzayan (2013), sugieren que la religión resulta más seductora para algunas personas que desean seguridad y certeza. Esto se debe a que la motivación por reducir las incertidumbres provoca una identificación con ciertos grupos que manejen de una forma eficaz dicha situación, ya que como se dijo anteriormente, los grupos religiosos proveen a los individuos de una narrativa clara sobre la naturaleza y la existencia humana (Hogg et al., 2010). Sin embargo, hay que destacar que la apertura se asoció con dos expresiones diferentes de religiosidad: una mayor apertura se asoció con formas espirituales y místicas de religiosidad, mientras que una menor apertura se asoció con formas de religiosidad tradicionalistas o fundamentalistas (Saroglou, 2010). El autoritarismo está fuertemente asociado a la religiosidad tradicional, pero no está relacionado con la espiritualidad subjetiva (Lee et al., 2018).
Conforme a lo expuesto, se evidencia que existe una gran cantidad de investigaciones que remiten a la relación que existe entre la religiosidad y el autoritarismo. En Argentina, este hecho no es menor, sin embargo, no existe al día de la fecha una revisión pormenorizada que dé cuenta de la relación entre estos dos constructos en el contexto argentino.
Las revisiones sistemáticas sintetizan el estado del conocimiento de un área en particular, lo cual contribuye a identificar futuros temas en la agenda de investigación (Page et al., 2021). Además representan el nivel más alto de evidencia, siempre y cuando se efectúen los recaudos necesarios para disminuir el sesgo de realización (Letelier et al., 2005). Una forma de que los autores puedan organizar y unificar criterios al momento de publicar artículos es siguiendo las directrices de la guía PRISMA. Según Page et al. (2021) la guía PRISMA contribuye a la transparencia, completud y precisión de las revisiones sistemáticas lo cual favorece el proceso de toma de decisiones basados en la evidencia.
El objetivo que tiene el presente estudio es realizar una revisión sistemática de las investigaciones existentes sobre el autoritarismo y las diferentes expresiones de la religiosidad en Argentina desde una perspectiva psicológica, tomando como referencia la guía PRISMA. Es por este motivo que se buscó sintetizar en un trabajo los resultados de los estudios cuantitativos realizados en el área, con el fin de que sea de utilidad para comprender como se relacionan estos constructos y así contribuir a futuros desarrollos teóricos. Asimismo, se han tenido en cuenta las investigaciones efectuadas en el período de los años comprendidos entre principios de 2010 y fines de 2021, de modo que la revisión refleje los últimos avances producidos en el país en este campo de estudio. Por último, en cuanto al tipo de datos, se han rastreado los estudios cuantitativos, dado que permiten identificar relaciones entre las variables cuantificadas y brindan un enfoque objetivo de los resultados a presentar. La visión cuantitativa intenta formular principios generales que permite generar un escenario que se aplique al mayor número de casos pudiendo ser altamente replicable a diferencia del paradigma cualitativo que tiene una visión particularista (Arellano, 2013). De este modo, se va a buscar comprender los fenómenos mediante un tipo de relación diferente del enfoque cualitativo lo cual no es en menoscabo de la misma sino que es otro modo de producción del conocimiento (Rey, 2000).
Método
Se realizó una búsqueda sistemática basada en las guías propuestas por la metodología PRISMA (Celestino y Bucher-Maluchke, 2018), donde se revisaron artículos que describen la relación entre religión y autoritarismo en Argentina.
Fuentes de información
Se desarrolló una búsqueda sistemática de estudios publicados desde el 2010 hasta el año 2021. La misma se realizó en las siguientes bases de datos electrónicas: Lilacs, Redib y SciELO. Asimismo, se llevó a cabo una búsqueda secundaria en Google Scholar, a fin de rastrear artículos que no fuesen detectados por las bases de datos. La búsqueda se realizó entre julio de 2021 y marzo de 2022.
Búsqueda
Se realizó un esquema de búsqueda en inglés y otro en español a fin de poder hallar la mayor cantidad de artículos científicos disponibles. El esquema utilizado para la búsqueda en inglés fue el siguiente: (Religio* OR Judai* OR Jew* OR Buddism OR Islam* OR Musli* OR Christian OR atheis* OR Catholic* OR Evangeli* OR Theolog*) AND (Authorita* OR Absolutis* OR despoti* OR totalitarian* OR autocra*) AND (Argentin*). Por otro lado, el esquema utilizado para la búsqueda en español fue: (Religio* OR Judai* OR Budis* OR Islam* OR Musulman* OR Cristia* OR Ate* OR Catolic* OR Evange* OR Teolog*) AND (Autoritari* OR Absolutis* OR despot* OR totalit* OR autocra*) AND (Argentin*).
Criterios de inclusión
Se tomó en cuenta la lectura del título, el resumen y las palabras claves. Además, estos artículos debían ser cuantitativos, hacer referencia a la relación entre religión y autoritarismo en Argentina y haber sido publicados desde el 2010 hasta el año 2021. En caso de que hubiese dudas en cuanto a la inclusión de algún artículo, se procedió a la lectura del texto completo examinando si finalmente cumplía con el objetivo de la revisión.
Criterios de exclusión
Se excluyeron los artículos que no eran de carácter cuantitativo, que no cumplían con el período de años seleccionado y que no se referían específicamente a la relación entre religión y autoritarismo en Argentina.
Proceso de extracción de datos
La búsqueda y análisis de los textos completos se realizó de manera independiente por dos investigadores, en caso de que hubiese desacuerdo se recurrió a un tercer investigador. Se elaboró una matriz de datos como instrumento para realizar la extracción de estos (Figura 1).
Figura 1.
Diagrama de flujo PRISMA en tres nivel
Fuente: elaboración propia.
Resultados
La investigación inicial dio como resultado el hallazgo de 67 artículos de los cuales: seis fueron encontrados en LILACS, 44 en Redib y 17 en Scielo. Se utilizó Google Scholar para comprobar que no hayan quedado excluidos artículos que podrían ser incluidos en la revisión, encontrando cinco resultados que fueron añadidos a la investigación. A continuación, se eliminaron 16 artículos que estaban duplicados. Luego, se procedió a la lectura del título, resumen y palabras claves y se eliminaron 35 artículos por no estar relacionados con el tema de estudio. Posteriormente, se evaluaron los 21 artículos a texto completo y se procedió a eliminar: uno de ellos por no corresponder con la muestra en contexto argentino, y 13 dado que no eran artículos cuantitativos. Finalmente, fueron incluidos siete artículos en este trabajo.
En la tabla 1 se sintetizan los rasgos de los estudios incluidos en la revisión. Dicha tabla presenta en la primera columna el nombre de los autores y año de publicación del trabajo; en la segunda columna, la muestra y el país de procedencia; en la tercera columna, se expone el método de evaluación, mientras que, en la cuarta, se señalan los objetivos. Finalmente, se mencionan en la quinta columna los resultados.
Tabla 1.
Características de los estudios.
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Autor |
Muestra/ país |
Método de evaluación |
Objetivos |
Resultados |
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Benoliel et al., 2020 |
La muestra estuvo compuesta por 426 personas judías ortodoxas, con un rango etario de 18 a 69 años, residentes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. |
Se utilizaron las siguientes escalas: Fundamentalismo religioso: adaptación y validación de la escala original de fundamentalismo religioso (Altemeyer y Hunsberger, 1992). elaborado ad hoc. |
Revisar diferentes variables psicosociales en relación con el fundamentalismo religioso y proponer un modelo teórico que las vincule. |
Confirman las relaciones positivas entre el fundamentalismo religioso y la necesidad de cierre cognitivo, así como también RWA, la ideología de roles de género y la SDO. |
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Etchezahar, 2012 |
La muestra estuvo compuesta por 449 estudiantes universitarios cuyo rango etario fue de 18 a 42 años. |
RWA: se testearon 46 ítems, de los cuales 30 fueron extraídos de la versión original de la escala (Altemeyer, 1996) y 16 pertenecen a trabajos que testearon la dimensionalidad del constructo. Actitudes hacia la homosexualidad masculina (En adelante ATG): se evaluó mediante una versión basada en la escala original (Herek, 1988), adaptada y validada en la Argentina. SDO: Se implementó una versión adaptada y validada en argentina (Prado-Gascó et al., 2011). Escala de autoposicionamiento ideológico-político (En adelante Escala PI): Se inmplementó una versión adpatada de la escala realizada por Rodríguez et al. (1993). Centralidad de la religión: se utilizó a partir de los estudios efectuados por el CIS, una pregunta en relación a la centralidad de la religión. Variables socio-demográficas: se implementó un cuestionario ad-hoc. |
Examinar, en el contexto argentino, la dimensionalidad de la escala RWA. |
Evidencian propiedades psicométricas adecuadas para una escala bidimensional. Además, no se evidenciaron diferencias en lo que respecta a la intensidad de asociación entre RWA y SDO o ATG. No obstante, el autoposicionamiento ideológico demostró tener una fuerza de asociación mayor Setanto con la Agresión como la Sumisión autoritaria. Por último, se halló mayor asociación entre centralidad de la religión y el factor Convencionalismo. |
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Etchezahar et al., 2011 |
La muestra estuvo compuesta por 1.273 estudiantes universitarios en contexto argentino, con un rango etario entre 18 y 42 años. |
Se utilizaron las siguientes escalas: RWA: versión traducida al contexto argentino de la escala reducida RWA (Zakrisson, 2005). SDO: Se implementó una versión adaptada y validada en la Argentina (Prado-Gascó et al., 2011). Escala PI: Se utilizó una versión adaptada de la escala de Rodríguez et al. (1993). Centralidad de la religión: Se añadieron dos preguntas de estudios realizados por el CIS. Participación e interés político: Se implementaron, en base a estudios efectuados por el CIS, una serie de preguntas. Inventario de los cinco grandes (BFI): Se utilizó una versión validada al contexto argentino del Modelo de los cinco factores (McCrae y John, 1992; John y Srivastava, 1999). Variables socio-demográficas: Se creó un cuestionario ad-hoc. |
Adaptar y validar la versión abreviada de la escala RWA (Zakrisson, 2005) al contexto argentino. |
Indican que la versión reducida de la escala RWA es un instrumento confiable y válido para medir el autoritarismo del ala de derechas en el contexto argentino. Además, refieren que el sentido de la asociación de la escala de RWA es positivo con relación a la centralidad de la religión. |
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Etchezahar y Simkin, 2013 |
La muestra estuvo compuesta por 359 estudiantes universitarios en contexto argentino. |
Instrumento de evaluación de índole autoadministrable donde se indagaron variables sociodemográficas y la autoidentificación Religioso–Espiritual–Escéptico. RWA: Se utilizó una versión reducida de la escala, adaptada y validada para ser utilizada en el contexto argentino (Etchezahar, 2012). |
Describir las autoidentificaciones que realizan los sujetos evaluados religiosos, espirituales y escépticos. Observar si existen diferencias entre estos grupos y el autoritarismo. |
Indican que los sujetos que se autoidentifican como religiosos están incluidos en el agrupamiento en el que se observa la media más alta de autoritarismo (x = 21.47). Quienes se autoidentifican como espirituales obtienen una media de autoritarismo menor (x = 18.22), mientras que quienes no se identifican como religiosos o espirituales obtuvieron los puntajes más bajos en autoritarismo. |
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Etchezahar y Brussino, 2015 |
La muestra estuvo compuesta por 431 estudiantes universitarios, con edades comprendidas entre los 20 y 35 años, residentes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. |
RWA: se utilizó una versión reducida de la escala RWA (Altemeyer, 2002). Escala de Orientación Religiosa: Se utilizó la escala Age Universal I-E-12, la cual fue adaptada y validada en argentina (Simkin y Etchezahar, 2013). Centralidad de la religión (CR). Se incluyó una pregunta extraída de estudios realizados por el CIS. Variables sociodemográficas: Se desarrolló un cuestionario ad-hoc. |
Analizar las relaciones entre las dimensiones del autoritarismo, la centralidad de la religión y las orientaciones religiosas. |
Muestran que las dos dimensiones de RWA se relacionan de forma positiva con la centralidad de la religión, indicando que a mayores niveles de Sumisión autoritaria/Agresión y Convencionalismo, se evidencia una mayor centralidad de la religión en la vida de los participantes. |
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La muestra estuvo compuesta por 8307 personas pertenecientes a los siguientes países latinoamericanos que participaron de la Encuesta Mundial de Valores (WVS) durante la quinta ola (2005-2009): Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay. El promedio de edad de los encuestados fue de 40 años. |
Quinta ola de la Encuesta Mundial de Valores (WVS). |
Comprender el impacto de los atributos propios de los individuos en su autoposicionamiento declarado sobre la inclinación política. |
Se halló que las divisiones políticas dependen de factores demográficos, económicos y opiniones individuales. El aumento de la edad, asistir al servicio religioso y la satisfacción con la vida financiera aumentan la tendencia de los individuos a posicionarse a la derecha del espectro político. La posesión de un título universitario y la residencia en una gran ciudad aumenta la probabilidad de que las personas se identifiquen con una posición política de izquierda. |
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Paez et al., 2018 |
La muestra estuvo compuesta por 410 residentes de la Ciudad de Córdoba entre 18 y 65 años. |
Actitudes hacia personas trans: Se utilizó la Escala de Actitudes Negativas hacia personas Trans (EANT; Paez et al., 2015). Sexismo: Se utilizó una versión de 22 ítems, adaptada por Echezahar (2012) al contexto local. Prejuicio sexual dirigido a gays y lesbianas: Se utilizaron tres ítems de las escalas de Actitudes hacia Hombres Gays y de la escala de Actitudes hacia Lesbianas de Herek (1994, 1998). Intensidad del sentimiento religioso: Se utilizó la escala validada para el contexto local por Lista (1996). RWA: se utilizó una adaptación al contexto local desarrollada por Imhoff y Brussino (2013). SDO: se utilizó una versión adaptada por Jaume et al. (2011) al contexto local. Se recabaron datos sociodemográficos. |
Analizar factores explicativos de las actitudes negativas en ciudadanos cordobeses de la República Argentina dirigidas a personas trans. |
Las personas con mayor intensidad del sentimiento religioso, manifiestan mayor prejuicio hacia personas trans, niveles más altos de sexismo tanto benevolente como hostil así como también mayor prejuicio sexual con las personas que presentan un mayor nivel de autoritarismo. |
Fuente: Elaboración propia a partir de la revisión de los estudios incluidos.
En cuanto a los estudios incluidos en esta revisión, seis son de autores de procedencia argentina (Benoliel et al., 2020; Etchezahar, 2012; Etchezahar y Brussino, 2015; Etchezahar et al., 2011; Etchezahar y Simkin, 2013; Paez et al., 2018), mientras que uno es de origen internacional (Madalozzo y Chebib, 2017). Este último utiliza muestras no solo de población argentina, sino también de otros países latinoamericanos. Por lo cual el 85.71% de los estudios incluidos han sido producidos en Argentina, siendo significativamente menor la cantidad de trabajos producidos en el extranjero que estudian estas variables en el contexto argentino.
Respecto de las muestras, el 57.14 % de los trabajos no especifican la región de procedencia dentro del contexto argentino (Etchezahar, 2012; Etchezahar et al., 2011; Etchezahar y Simkin, 2013; Madalozzo y Chebib, 2017), el 14.28 % corresponde a residentes de la Ciudad de Córdoba (Paez et al., 2018) y el 28.57% a residentes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Benoliel et al., 2020; Etchezahar y Brussino, 2015). Otro dato a tener en cuenta es que el 57.14 % de los estudios cuantitativos utilizan muestras conformadas por estudiantes universitarios (Etchezahar, 2012; Etchezahar y Brussino, 2015; Etchezahar et al., 2011; Etchezahar y Simkin, 2013).
En lo que respecta al constructo religión se ha evaluado mediante distintas escalas y cuestionarios. El 57.14% de los estudios incluidos en la revisión utilizaron alguna pregunta extraída de los estudios realizados por el CIS para evaluar centralidad de la religión (Benoliel et al., 2020; Etchezahar, 2012; Etchezahar y Brussino, 2015; Etchezahar et al., 2011). También se evaluaron mediante preguntas la identidad judía (Benoliel et al., 2020) y la autoidentificación Religioso–Espiritual–Escéptico (Etchezahar y Simkin, 2013). Por otra parte, la Quinta ola de la Encuesta Mundial de Valores (WVS) indagó acerca de la frecuencia con que se practicaba el culto religioso (Madalozzo y Chebib, 2017). Asimismo, se han utilizado escalas para evaluar el fundamentalismo religioso (Altemeyer y Hunsberger, 1992), la orientación religiosa (Simkin y Etchezahar, 2013) y la intensidad del sentimiento religioso (Lista, 1996).
Por otro lado, el constructo autoritarismo se evaluó en los estudios incluidos mediante versiones reducidas de la escala de RWA (Altemeyer, 1996, 1998, 2002), adaptadas al contexto argentino (Etchezahar et al., 2011; Imhoff y Brussino, 2013).
Por último, se observa una adaptación y validación al contexto argentino (Etchezahar et al., 2011) de una versión reducida de la escala de RWA de Zakrisson (2005). La adaptación mencionada está compuesta por seis ítems agrupados en una sola dimensión. Posteriormente, se ha explorado la bidimensionalidad de dicha escala en Argentina (Etchezahar, 2012) evidenciando propiedades psicométricas adecuadas.
En síntesis, los resultados hallados muestran que: a) la mayoría de los trabajos incluidos en la revisión que indagan la relación entre autoritarismo y religión en Argentina fueron producidos en dicho país; b) existe una tendencia a evaluar los constructos en muestras de estudiantes universitarios; y c) mientras que el constructo religión se ha evaluado mediante distintas escalas, el autoritarismo ha sido evaluado únicamente mediante versiones reducidas de la escala de RWA de Altemeyer.
Discusión
A lo largo de la presente revisión sistemática, se ha trabajado en virtud de comprender mejor los estudios cuantitativos realizados en torno a la religión y el autoritarismo dentro del contexto argentino durante el período de los años comprendidos entre enero de 2010 y diciembre de 2021. Para ello se ha consultado la guía PRISMA, la cual expone una serie de ítems que orientan la publicación de revisiones sistemáticas, asegurando que se incluya toda la información recomendada.
Los estudios hallados confirman la relación entre el autoritarismo y la autoidentificación religiosa (Etchezahar y Simkin, 2013). Además, se demostró que las dimensiones de RWA: Agresión/Sumisión autoritaria y Convencionalismo; correlacionaron de forma positiva con la centralidad de la religión, resultando esta última más vinculada al factor Convencionalismo que a la Agresión/Sumisión autoritaria (Etchezahar, 2012; Etchezahar y Brussino, 2015). Otro dato a destacar en relación a RWA, es que se han confirmado relaciones positivas con el fundamentalismo religioso (Benoliel et al., 2020). Así también, se encontró que el aumento de la edad, el hecho de asistir al servicio religioso y la satisfacción con la vida financiera, aumentan la tendencia de los individuos a posicionarse a la derecha del espectro político (Madalozzo y Chebib, 2017).
En lo que respecta a la relación con los prejuicios, la evidencia demuestra que las personas con mayor intensidad del sentimiento religioso, manifestaron mayor prejuicio hacia las personas trans, mayor sexismo tanto hostil como benevolente, y un nivel más elevado de prejuicio sexual, en consonancia con las personas que manifestaron mayor autoritarismo (Paez et al., 2018).
En cuanto a los métodos para evaluar las variables, se observa que mientras el autoritarismo se ha medido principalmente haciendo uso de versiones reducidas de la escala de Autoritarismo del ala de Derechas validado en el contexto argentino (Etchezahar et al., 2011; Imhoff y Brussino, 2013), los procedimientos para medir la religiosidad han sido muy diversos en los distintos estudios incluidos. El hecho de contar con una herramienta validada en Argentina pudo haber influido en la decisión de los investigadores de optar por dicho instrumento.
Por otro lado, respecto a las muestras poblacionales, es de destacar que más de la mitad de los estudios incluidos utilizaron muestras conformadas por estudiantes universitarios (Etchezahar, 2012; Etchezahar y Brussino, 2015; Etchezahar et al., 2011; Etchezahar y Simkin, 2013) con lo cual es importante tener en cuenta que los resultados muestran un sesgo particular hacia un sector específico de la población argentina. Asimismo, resulta relevante señalar que hay estudios que no indican el lugar de procedencia de las muestras (Etchezahar, 2012; Etchezahar et al., 2011; Etchezahar y Simkin, 2013; Madalozzo y Chebib, 2017). De este modo, no se puede corroborar si los resultados obtenidos son representativos del país en cuestión o más bien de una región en particular.
En relación al total de los estudios hallados, la cantidad de trabajos cuantitativos que se han incluido ha sido escasa, debido a limitaciones tales como Argentina como único territorio en el cual se centra la investigación, sumado a un marco temporal comprendido entre los años 2010 y 2021, así como también la carencia de una diversidad religiosa más variada.
Conflicto de interés
Los autores declaran no poseer conflicto de intereses.
Conclusión
El objetivo de este estudio fue reunir todos los trabajos cuantitativos realizados en el período de 2010 a 2021 que explicaran la relación entre autoritarismo y religión en Argentina. Respecto de los trabajos incluidos, se presenta un resumen donde se sintetizan datos sobre las muestras obtenidas, los distintos métodos utilizados para medir las variables, así como también los objetivos y resultados de cada uno de dichos trabajos.
Es por ello que, la presente revisión sistemática resulta de utilidad para comprender cómo se manifiesta la relación de estos constructos dentro del contexto argentino en la actualidad; además sirve como herramienta para aquellos que deseen continuar alguna de estas líneas de investigación teniendo como referencia el estado de situación y conociendo aquellas áreas donde aún es necesario echar luz. Por su sistematización en la realización ajustándose a los estándares de la declaración PRISMA, esta revisión ofrece transparencia y permite la replicabilidad de la búsqueda.
Por último, es importante señalar como limitaciones de la evidencia, que la conformación de las muestras, dada en su mayoría por estudiantes universitarios, vuelve pertinente el proseguir indagando sobre las relaciones de las variables en otros sectores poblacionales. Además, sería oportuno a futuro brindar mayores datos socio demográficos de las muestras con el fin de conocer la representatividad de estas a nivel país. Asimismo, la escasa cantidad de estudios cuantitativos realizados en los últimos años sobre el tema hace evidente una necesidad de continuar investigando a fin de contribuir con mayores datos sobre el comportamiento de las variables en la población argentina.
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En la actualidad, la espiritualidad es un tema vigente que cada vez toma mucha más fuerza a nivel social, resurgiendo desde prácticas de culturas ancestrales y nuevas espiritualidades diferentes a la religión imperante. Sin embargo, dentro de la academia hablar de espiritualidad genera cierta resistencia que parece estar relacionada con la manera positivista de pensar las ciencias, las cuales están basadas en el racionalismo de occidente que generó que se construyera una visión fragmentada del ser humano separándolo así entre espíritu y materia, donde, en su afán por controlar la naturaleza terminó dándole soberanía a lo material, observable y objetivo, como lo menciona Guerrero (2011):
Occidente para imponer su modelo civilizatorio sostenido sobre la violencia y la muerte, en nombre de la razón desacraliza el mundo y la vida, rompe con los lazos sagrados que en ellos habitaban, a fin de viabilizar el ejercicio del poder y la dominación. (p. 28)
En este sentido, se halla que, aunque la espiritualidad no ha sido considerada ampliamente en la investigación social y apenas se está enriqueciendo el campo, desde mediados del siglo XX se vienen adelantando estudios, tanto cualitativos como cuantitativos en este tema, como lo confirmó Quiceno (2009) en La salud en el marco de la psicología de la religión y la espiritualidad. Por su parte, dentro de los antecedentes revisados para esta investigación (entre el año 2000 y el 2020) se encontraron tres tendencias principales: representaciones sociales sobre espiritualidad, espiritualidad como estrategia de afrontamiento ante situaciones adversas y espiritualidad como herramienta de intervención desde diferentes profesiones, donde se asociaba la espiritualidad con el bienestar psicológico, la resiliencia e incluso con la salud física y la calidad de vida, en la medida en que las personas tenían algunas prácticas espirituales, entendiendo estas (las prácticas espirituales) como aquellas acciones intencionales que las personas realizan frecuentemente y que cada quien nombra como perteneciente a su vivencia de la espiritualidad ya sea que provengan o no de alguna tradición específica, y que su importancia, en términos investigativos, radica en que “la práctica ofrece un posible marco para el acceso a la experiencia inmediata de la vida espiritual” (Mazzini, 2018, p. 253).
A partir de allí surge la sospecha de que algo pasa cuando las personas se acercan a la espiritualidad y se encontraron diferentes autores que han intentado conceptualizarla señalando que es una disposición inherente al ser humano que orienta la conducta hacia la trascendencia (Piedmont, 1999; 2001), que contiene en sí misma una forma de construir sentido (Guerrero, 2011), da una guía para construir un estilo de vida saludable consigo mismo y en relación a los otros (Koenig, 2010), y que tiene componentes cognitivos, experienciales y comportamentales por lo cual se considera “una parte compleja y multidimensional de la experiencia humana” (Anandarajah & Hight, 2001, p. 83).
De lo anterior parte el interés por comprender las subjetividades que se construyen en relación a experiencias de espiritualidad en personas que llevan a cabo prácticas espirituales, entendiendo que “la subjetividad es una producción simbólico - emocional de las experiencias vividas” (González-Rey, 2012, p. 13) que orienta la existencia del sujeto pues es “un saber, un estar y un hacer en el mundo” (Serna, 2012, p. 6). Por otro lado, las experiencias de espiritualidad, se han entendido como construcciones de sentidos que transforman las subjetividades a partir de acciones intencionadas y repetidas (prácticas espirituales) que se realizan con el propósito de estimular la disposición inherente que tienen los seres humanos hacia la trascendencia (espiritualidad) que deviene en formas particulares de sentir, pensar, hablar y actuar.
A continuación, se realizará un recorrido por la metodología, los encuentros y sentidos que se construyeron para este estudio, donde primero se realizó una descripción narrativa de las experiencias de espiritualidad vividas por los participantes, lo que permitió analizar el proceso de construcción de subjetividades que se da a partir de estas, el cual se ha denominado y caracterizado como subjetividades espirituales.
Metodología
La investigación de la cual se desprende este artículo se realizó con una perspectiva comprensiva, a partir de la cual se entiende la realidad como una realidad epistémica pues plantea que su existencia depende de un sujeto cognoscente que se encuentra influido por la cultura y las relaciones sociales (Sandoval-Casilimas, 2002). De aquí que se suscriba a la fenomenología hermenéutica como horizonte epistemológico, pues éste reúne los presupuestos de ambos paradigmas (fenomenología y hermenéutica) y se retoma desde el planteamiento de Paul Ricoeur (2001) quien expone que “toda pregunta sobre un ente cualquiera es una pregunta sobre el sentido de ese ente” (p. 54), en este caso permitiéndonos describir y comprender las subjetividades que se construyen a partir de experiencias de espiritualidad, teniendo en cuenta lo que dice Gadamer (1993): el objetivo no es confirmar leyes universales o formular generalizaciones de la información aquí construida, por el contrario se busca comprender las experiencias particulares en los contextos en los que se dan.
Para esto se propuso un diseño biográfico-narrativo que resulta ser pertinente cuando se quiere comprender significados y saberes construidos subjetivamente, pues permite “contar las propias vivencias, y "leer" (en el sentido de "interpretar") dichos hechos/acciones, a la luz de las historias que los agentes narran” (Bolívar y Domingo, 2006, p. 3), es decir, la información se construye con los participantes y se interpreta a la luz de sus historias de vida teniendo en cuenta que las narrativas no se dan en un contexto vacío sino que evocan las construcciones que se hacen a través de procesos intersubjetivos, lo cual brinda una perspectiva de la realidad social y cultural del contexto inmediato del sujeto.
La información de la que se nutrió este diseño biográfico-narrativo fue construida exclusivamente para este estudio a través de la entrevista biográfica como estrategia principal de conversación, con la cual “no se trata solo de que los narradores cuenten su vida, sino que –al ponerla en escena– encuentren el sentido de su trayectoria” (Bolívar, 2012, p. 5); y se complementó con un ejercicio de fotobiografía en el cual invita a usar las fotografías como pretexto para rememorar la experiencia, pues estas tienen la característica de conservar significados latentes que permiten que emerjan sentidos y representaciones particulares para cada sujeto más allá de su contenido manifiesto, como lo ilustra Fina Sanz (1998 citado en Álvarez-Gayou, 2003).
El estudio se llevó a cabo a partir de las narrativas de dos hombres (Juan Camilo y Gupta) y dos mujeres (Luisa y Daniela), que realizan prácticas espirituales diversas de manera activa y regular, quienes se encontraban en diferentes momentos del ciclo vital y no compartían la misma profesión o labor, lo que permitió que este constructo tan amplio como lo son las experiencias de espiritualidad, pudiera verse desde varias perspectivas invitando a la exploración de puntos en común que se manifiestan en sus historias de vida para darle un lugar a los encuentros y sentidos de la investigación, así mismo como los aspectos en que distan ampliando la mirada y permitiendo que emerjan otras preguntas. Esta población se elige teniendo en cuenta la afirmación de Creswell (2017) quien señala que en un estudio biográfico se puede tener en cuenta que los sujetos participantes sean, desde un enfoque pragmático, voluntarios o personas del común, o bien una persona “que se distinga por sus logros o en cosas del común y que proporcione luces sobre un fenómeno específico o tema que se está explorando” (Creswell, 2017, p. 68) teniendo presente que el objetivo no es formular generalizaciones sino apelar a la comprensión del fenómeno, como se mencionó anteriormente retomando a Gadamer (1993).
Resultados: Encuentros y sentidos
La lectura de la información se realizó a partir del análisis temático que permitió retomar cada narrativa de los participantes con el fin de organizarlas en temas y categorías que dieran cuenta de las realidades vividas en torno a los objetivos de la investigación como lo indica Bolívar (2012); a partir de esto se construyeron narrativas individuales para dilucidar los aspectos más importantes en cada historia y que sirviera como apoyo para describir las experiencias de espiritualidad, las cuales se analizaron posteriormente a la luz de los procesos de construcción de subjetividades, y que permitieron que emergiera y se caracterizara lo que se denominó Subjetividades Espirituales.
La Tabla 1 permite comprender las categorías y subcategorías emergentes a partir de las unidades de análisis que se contemplaron desde el proyecto de investigación, (Experiencias de espiritualidad y Construcción de subjetividades), que le dan un orden lógico a los resultados que se presentan a continuación.
Tabla 1.
Resultados categorías y subcategorías
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Unidad de análisis |
Categoría |
Subcategoría |
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Experiencias de espiritualidad |
La llegada a la espiritualidad |
Espiritualidad como estrategia de afrontamiento |
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Tradición/influencia familiar en la espiritualidad |
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Prácticas espirituales |
Conexión con lo trascendente |
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Definición de espiritualidad |
Ser espíritu trascendente |
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Entender la vida de forma completa |
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Búsqueda de sentido |
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Espiritualidad como transversal a la vida |
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Espiritualidad como labor |
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Espiritualidad para transformar el contexto |
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Significados |
Condiciones, incomodidades, responsabilidades y/o disciplinas |
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Beneficios y ventajas |
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Arte y espiritualidad |
Música (canto e instrumentos) |
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Tejido |
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Perspectiva de género y Espiritualidad |
Ciclo menstrual |
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Liberar las prácticas del machismo. |
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Construcción de subjetividades |
Transformación |
Despertar espiritual |
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Consciencia más allá del sistema |
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Vamos siendo |
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Relación consigo mismo |
Ser espiritual – trascendente |
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Repensar condicionamientos sociales |
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Amor propio al ser parte de la divinidad |
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Reconocerse humano (ruptura de estereotipos) |
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En evolución |
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Relaciones |
Reconocerse en unidad con todo |
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La espiritualidad en las relaciones |
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Sanar las relaciones con otros humanos |
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Desapego |
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Animales: vidas dignas de ser vividas |
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Naturaleza como madre |
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Mundo político -social |
Espiritualidad está en la acción |
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Pensarse más allá del sistema político |
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Espiritualidad como servicio al mundo |
Experiencias espirituales como parte de la experiencia humana
El filósofo Pierre Teilhard de Chardin manifestó su conocida sentencia: “no somos seres humanos con una experiencia espiritual, sino que somos seres espirituales con una experiencia humana” (citado en Piedra, 2017), indicándonos que nuestra naturaleza es trascendente y señalando que la espiritualidad nos permite entender la vida de forma completa (Gupta, 2020, conversación 1) pues nos indica que debemos recordar que somos mucho más que lo material, y es precisamente ese el camino que deciden los narradores a través de sus prácticas espirituales, las cuales son vistas como “la acción intencional y repetida de la espiritualidad vivida” (Liebert, 2005 citado en Mazzini, 2018, p. 250), que configuran sus experiencias de espiritualidad, teniendo en cuenta que la experiencia “es eso que me pasa” (Larrosa, 2006, p. 88), y a las prácticas se les otorga ese lugar, y donde ocurren, es en la subjetividad que al mismo tiempo las interpreta y se transforma.
Los motivos de los participantes para llegar a la espiritualidad, aunque son variados, concuerdan con la visión de la espiritualidad como una estrategia de afrontamiento ante las situaciones de vulnerabilidad como la enfermedad física, la adicción a la marihuana y el estrés y el duelo tras una ruptura amorosa como lo hicieron Luisa, Juan Camilo y Daniela respectivamente. Sin embargo, Gupta permite plantear que no siempre a la espiritualidad se llega buscando sanación, sino que se puede dar por diferentes motivos, como por ejemplo la tradición familiar, como es su caso, ya que su padre lo animaba a leer la Biblia y sus hermanos, le mostraban la cultura Vaishnava (cultura ancestral de la India).
Sin importar que las prácticas y formas de llegada a la espiritualidad sean diversas, se puede interpretar que los cuatro narradores comprenden la espiritualidad como la consciencia de que la existencia trasciende lo material, sin embargo, no va en contra de ello, sino que es “la capacidad de los individuos para estar fuera de su sentido inmediato del tiempo y el lugar y para ver la vida desde una perspectiva más amplia y objetiva” (Piedmont, 1999 citado en Piedmont, 2001, p. 5). Esta trascendencia se entiende como ir más allá de sí mismo, y darse cuenta que somos seres de relación, por tanto, trascendentes, en cuando no existimos por nuestra estricta individualidad.
Así que la espiritualidad como un aspecto transversal a la vida, se vuelve parte de la cotidianidad de los narradores, generándoles sentimientos de paz interior que les permite valorar esta existencia a cada instante, estableciendo una relación sana consigo mismo, los otros y el mundo, de aquí que Patricio Guerrero (2011) señale que la espiritualidad “consiste en formas distintas de sentir, de pensar, de hablar y de actuar en el mundo y la vida, es un horizonte para interactuar con otros seres humanos o no humanos” (p. 22), lo que para los narradores significa que la espiritualidad no es únicamente el ritual, la espiritualidad no es únicamente la clarividencia, la intuición, la clariaudiencia… la espiritualidad está en todo (Luisa, 2020, conversación 2).
Constantemente los narradores de esta investigación señalan que a partir de su acercamiento a la espiritualidad, se han encontrado con una invitación a analizarse y estudiar la realidad que muchas veces termina generando condiciones, incomodidades, responsabilidades y/o disciplinas, que provienen de ser conscientes y hacerse cargo de sí mismo desde una perspectiva crítica, sabiendo que es responsable de sus elecciones, sin embargo esto no es visto como ‘malo’ sino que se comienzan a comprender los aprendizajes y las incomodidades terminan siendo un beneficio o como lo ve Juan Camilo pues todo es para nutrir, hasta lo malo (2020, conversación 1). Es por esto que Koenig (2010), propone que la práctica de la espiritualidad parece estar asociada a la salud mental pues les brinda a las personas una guía de estilo de vida saludable con sí mismo y en relación con los otros.
En las experiencias de espiritualidad se observa que los narradores le dan una gran importancia al arte pues se ve como una expresión del verdadero ser como lo dicen Cáceres y Santamaría (2018), se “utiliza la energía sutil del arte para conectar con la forma más sensible del ser: la esfera espiritual o transpersonal” (p. 143). Esto los narradores lo manifiestan cantando, tocando instrumentos musicales y/o haciendo artesanías.
Por otro lado, uno de los encuentros en el tema de las experiencias de espiritualidad, es la referencia que se hace a la relación de la espiritualidad con la feminidad y en especial con el ciclo menstrual que se ve como una energía muy fuerte (Daniela, 2020, conversación 2), que desde las prácticas espirituales se invita a conectar con la menstruación… el estar atenta a todas las fases del ciclo (Luisa, 2020, conversación 2), pues permiten conectarse con la propia naturaleza sagrada de la mujer, que por tanto trasciende la experiencia como humanas en este mundo. Asociado a esto, se encuentra la necesidad de liberar las prácticas ancestrales del machismo, como lo indica Juan Camilo, devolviéndole así un lugar importante a la mujer dentro de la espiritualidad y la sociedad.
A pesar de que las experiencias son muy variadas de las cuales emergen diferentes temas, se encuentran puntos comunes que señalan una esencia que engloba la relación con lo espiritual desde la trascendencia, como estrategia de afrontamiento, en su relación con el sentido de la vida y con su invitación a ver la existencia de manera completa, lo que va promoviendo una construcción de subjetividades mediada por lo que se ha denominado despertar, que es ese momento, donde los narradores son conscientes que sus experiencias espirituales generan un impacto particular sobre sus manera de actuar, pensar y ser en el mundo.
«Despertar» como sujeto constreñido a la consciencia
Pensar las subjetividades como un proceso en construcción y continua transformación, reconoce al sujeto en su capacidad para reflexionar sobre sus experiencias, lo cual le permite reorganizar sus representaciones acerca de sí mismo y el mundo (Briuoli, 2007), o lo que permite pensarlo como “constreñido a su propia identidad, a la conciencia y a su propio autoconocimiento” (Foucault, 1988, p. 10), es decir, el sujeto se puede construir a sí mismo a partir del análisis de lo que vive y de cómo esto lo afecta en relación a su ser y al contexto que lo rodea.
Al vivir experiencias de espiritualidad, los narradores han nombrado que viven un despertar que proviene de la oportunidad que da la espiritualidad de romper los condicionamientos sociales a partir de la consciencia, como lo expresa Daniela: empezar a ver más allá de lo que usualmente vemos o de lo que el sistema nos muestra que es lo normal, que es lo que existe (2020, conversación 1); lo que puede indicar que la espiritualidad se “presenta como un sendero para la liberación interior, de las subjetividades” como lo explica Guerrero (2011, p. 22).
Este despertar promueve que el sujeto reflexione sobre su propia subjetividad en torno a una perspectiva trascendente que le permite comprender la vida de forma completa (Gupta, 2020, conversación 1), dándole la capacidad al sujeto de “estar fuera de su sentido inmediato del tiempo y el lugar y para ver la vida desde una perspectiva más amplia y objetiva” (Piedmont, 1999, citado en Piedmont, 2001, p. 5) otorgándole herramientas para aproximarse a la existencia de maneras particulares y armónicas con el cosmos donde se reconoce todo como unidad.
Las experiencias de espiritualidad estimulan al sujeto a revisar su biografía constantemente con el fin de construir nuevos sentidos desde una actitud reflexiva como una posibilidad para sanarse a sí mismo y sanar las relaciones que son la base de la sociedad, y no se ve como un sujeto acabado o hecho, sino que se está construyendo permanentemente. De aquí que se configuren subjetividades particulares al estar expuestos a experiencias de espiritualidad, que en este estudio se denominaron subjetividades espirituales.
Subjetividades espirituales
De acuerdo al epígrafe anterior, comprendemos las subjetividades como un proceso en construcción y transformación constante que dan una guía de “un modo de hacer en el mundo, un modo de hacer con el mundo, un modo de hacerme en el mundo” (Martínez y Neira, 2009, p. 18) que surge de la configuración simbólico/emocional de las experiencias vividas, como lo puntualiza González-Rey (2012).
A partir de revisar las construcciones de subjetividad que se hacen en torno a las experiencias de espiritualidad, se puntualiza que esto último otorga al sujeto una forma particular de aproximarse a sí mismo, a otros seres vivos, a la naturaleza y al mundo político-social y cultural. Esto fue identificado a través de las entrevistas biográficas y en el ejercicio fotobiográfico en los cuales se pudo evidenciar que los narradores se preguntaban por sus puntos de quiebre que impactaron sus formas de ser, pensar y actuar consigo mismos y en el mundo, resultando en una transformación que se conceptualizó como subjetividades espirituales; por lo que a continuación se explorará una descripción que permita adentrarse en la comprensión de esta unidad de sentido emergente de la investigación.
Sí mismo como ser espiritual.
Los narradores de la investigación señalan que su relación con sí mismos se ha transformado considerablemente, pues al afianzar el lazo sagrado con la existencia, se reconocen como seres dignos de valor y de amor porque la relación con el universo y con Dios es la relación conmigo mismo (Juan Camilo, 2020, fotobiografía). De aquí que Koenig (2010) proponga que la espiritualidad está relacionada con un estilo de vida saludable, lo que sugiere que la aproximación desde lo espiritual entregue unas prácticas de cuidado de sí que, desde la perspectiva foucaultiana, se entienden como “prácticas mediante las cuales un individuo establece cierta relación consigo mismo y en esta relación el individuo se constituye en sujeto de sus propias acciones” (Chirolla, 2007 citado en Garcés y Giraldo, 2013, p. 188) permitiéndole liberarse de los condicionamientos sociales.
El amor propio que surge del encuentro con lo espiritual acompaña a los participantes a romper los estereotipos e ideales del ser, pues se entiende el cuerpo como un templo que se consagra para recibir a la divinidad, incluso en situaciones que pueden ser retadoras como la que vivía Juan Camilo en el momento de las entrevistas ya que se encontraba pasando por quimioterapias en su proceso de recuperación del cáncer:
Me amo más ¡impresionante! así sin barba, sin pelo, pero digamos que ya no me dejo afectar por un estereotipo que vende la sociedad; digamos que yo he aprendido a amarme en mi ser, obviamente me cuido, me gusta hacer ejercicio o haciendo yoga y me gusta conectarme con mi cuerpo y sentirme… pero más allá de cómo se ve, es cómo me siento, cuando me como algo, cómo es la comunicación con el cuerpo y la verdad ¡me amo muchísimo! Ahorita uno si empieza a sentir ese amor del cuidarse, del pensamiento, de cómo me estoy tratando, de cómo es la compasión conmigo mismo también, es muy bonito porque se aprende a amar uno y puede uno amar cualquier cosa desde la misma libertad también. (Juan Camilo, 2020, fotobiografía)
Esta reflexión de Juan Camilo muestra que en la medida en que el sujeto se relaciona armónicamente consigo mismo, también se puede aproximar al otro en armonía, lo que sugiere que el amor propio que emerge de entenderse como ser espiritual es una forma no solo de liberar las subjetividades, sino del encuentro con el otro que se hace desde el amor que resulta en una forma de resistencia política como lo expone Arendt (1996 citado en Moros, 2013,) cuando retoma a San Agustín quien contemplaba que el amor es una moción que nos mueve hacia él y es la base para el bien común, lo que se asocia con la dimensión política de la espiritualidad que permite al sujeto comprometerse con la vida más allá de su estricta individualidad.
Alteridad cosmobiocéntrica.
Como se señalaba anteriormente, las prácticas de espiritualidad se asocian a la propuesta foucaultiana del cuidado de sí, vista desde una perspectiva trascendente que sugiere que en la medida en que el sujeto cuida de sí mismo, puede cuidar de otro pues se reconoce en unidad con todo lo que lo rodea y sabe que es un ser de relación por lo que se facilita “la toma de conciencia de que la posibilidad de relación es una posibilidad ontológica de intersubjetividad, condición de la existencia” (Palazzani, 2008, citado en Garcés y Giraldo, 2013, p. 196), lo que le implica reconocer la existencia del otro y preocuparse por el bienestar de su contexto por ese sentido de interdependencia.
El ser humano es un ser social, hecho para la alteridad que necesita de otros para poder existir, que cuando se mira desde una perspectiva trascendente se da cuenta que todo lo que lo rodea hace parte de la misma unidad pues: “el ‘tú’ no representa a ‘otro’, sino al ‘tú’ de un ‘yo’” (Panikkar, 1993 citado en Guerrero, 2011), es decir, logra reconocerse en el otro, pero no se limita al humanismo o antropocentrismo, que incluso allí se han generado líneas divisorias como lo expone Fanon (2010) en su teoría de las zonas del ser y las zonas del no-ser, que son establecidas en cuanto existen relaciones de colonialidad en las cuales quienes tienen el poder son quienes establecen cuáles vidas son valiosas y por tanto merecen ser vividas. Esto se lleva a todas las escalas: entre humanos generando divisiones como el racismo, pero también se pone al ser humano como imperante entre las especies y la naturaleza por lo que termina viéndolos como un recurso.
Sin embargo, en las experiencias de espiritualidad, los narradores encuentran una motivación para sanar sus relaciones familiares, erótico-afectivas y de amistad con sus pares, pues la espiritualidad está en todo, en nuestras relaciones, de hecho siento que es como el ‘callito’ [lo difícil] de la espiritualidad como lo recuerda Luisa (2020, conversación 1) haciendo referencia a que a través de las relaciones tenemos un trabajo de autoconocimiento y conciencia que sugiere trascender la individualidad para poder integrar los aprendizajes que se dan en ellas.
Sin embargo, la espiritualidad no se queda ahí, pues al reconocerse a sí mismo como ser espiritual o de la trascendencia, se reconoce también todo lo vivo y se le da valor pues el ser humano “solo se construye en la interrelación con todos los seres donde palpita la vida con los animales, con el mundo material, vegetal y mineral, que pueblan la naturaleza” (Guerrero, 2011, p. 25), de aquí que los narradores tomen una aproximación diferente a la que el sistema social ha normalizado, por ejemplo, los animales se reconocen como seres sintientes dignos de amor, y no se ven como un simple recurso o un alimento porque si yo amo a un animal ¿por qué me lo voy a querer comer? dejemos los seres poder ser (Juan Camilo, 2020, fotobiografía). Lo que hace que los narradores tiendan a la alimentación basada principalmente en plantas y que incluso sea un requisito o sugerencia de algunas prácticas espirituales que van instruyendo que cada ser vivo expresa una voluntad y tiende hacia la vida, por eso es digno de respeto.
Esto también se relaciona con la aproximación que se hace hacia la naturaleza que comúnmente es vista como un recurso para ser explotado y controlado, que se podría pensar que, al manipularla al antojo humano, se ha roto la lógica natural llevando a atravesar la situación ambiental en la que se encuentra el mundo actualmente. De aquí que se reconozca como valiosa la aproximación que hacen las culturas ancestrales en la que se le otorga un alma a todo lo que nos rodea, permitiendo construir esos lazos sagrados con la existencia que se rompieron en el afán de mantener el modelo civilizatorio.
De alguna manera aproximarme a estos conceptos de la cultura védica [cultura de la India] desde joven me ayudó mucho a no pensar que el ser humano era la especie dominante del planeta y que es el que determina todo, también el no considerar la naturaleza como simple recurso, esa orientación mitológica y cosmológica hermosa, para mí fue muy bienvenida desde muy joven porque yo siempre me sentí en presencia de eso, presencias reales: la montaña, el árbol, el río, los animales, siempre me inspiraron respeto, siempre les di ese lugar, entonces para mí, como lo hice desde muy joven, fue muy fácil desarrollar tolerancia y autocontrol porque cuando uno piensa que todos son máquinas y que todo son sistemas pues uno les arranca la cabeza y ya, pero cuando uno se da cuenta que cada cosa expresa una voluntad y que yo también hago parte, para uno es mucho más fácil respetar. (Gupta, 2020, fotobiografía).
De manera que las experiencias de espiritualidad marcan unas particularidades en el momento de construir subjetividades que se aproximan a otros seres vivos y a la naturaleza desde una postura trascendente, posicionándolo en una consciencia de unidad que le permite salir del dualismo mirando más allá de su mera individualidad, otorgándole una postura donde se posibilita reconocer el valor de la vida de otras manifestaciones de la existencia diferentes a la suya.
La espiritualidad en la acción.
Desde la aproximación que se hace a la alteridad a partir de las subjetividades que se construyen en torno a las experiencias de espiritualidad, en la que se pone en el centro la vida, y a partir de aquí también se pueden explorar los acercamientos que hacen los narradores al mundo político-social, comenzando primero por romper el estereotipo de una persona espiritual, a quien se le imagina contemplando, meditando o en una iglesia o de una cultura lejana a la propia. En lo que se ha podido integrar en este proyecto, es que la espiritualidad está en todas partes por lo que es “una energía interior que mueve a la acción, que hace posible que asumamos un compromiso militante en la lucha por la transformación del mundo” (Guerrero, 2011, p. 27), lo que impulsa a las personas a aportar al mundo social pensando de manera más amplia, desde la trascendencia.
…cuando comencé a volverme ‘muy espiritual’ pues simplemente yo lo que estaba viendo era cómo alejarme, incluso muchos de mis amigos me decían que la espiritualidad ‘aburguesa’, o sea “te vas a ‘aburguesar’ un poco, te vas a dedicar a vivir bien mientras los niños se están muriendo de hambre”, pero el carácter básico de la espiritualidad es revolucionario porque ataca la raíz de lo que después se puede convertir en desigualdad social, pero también en igualdad con el ambiente y demás. (Gupta, 2020, fotobiografía).
En tal sentido, los narradores prefieren tomar sus propias acciones que permitan aportar al mundo desde sus capacidades, con la conciencia de que se hace desde su contexto más próximo, permitiendo que el cambio social se manifieste desde pequeñas esferas. Así que se observa que la espiritualidad dota al ser humano de la sensibilidad y la fuerza para comprometerse con la transformación de la existencia (Guerrero, 2011) a través de acciones que impactan todo el contexto en el que se desenvuelve.
De aquí que se pueda reflexionar sobre la espiritualidad que se ha asociado con la inacción como se veía anteriormente, pero también con la acción egoísta, en la que se vende la espiritualidad como un remedio para ‘todos los males’ convirtiéndose en “un acto folklórico para turistas y decepcionados del mundo occidental” (Guerrero, 2011, p. 27) haciendo que se pierda la esencia real de las prácticas espirituales.
Conclusiones: Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana
En el desarrollo de este texto se observa que las experiencias de espiritualidad se relacionan con diferentes temas que atraviesan la experiencia humana, pues la espiritualidad como nombra Guerrero (2011) da una guía de relacionamiento frente al mundo a partir de una perspectiva trascendente, lo que permite que los sujetos reconozcan la vida de forma completa (Gupta, 2020, conversación 1), es decir, más allá de lo material o de su experiencia física, viéndose a sí mismos como seres espirituales, lo que hace que se establezca un lazo sagrado con la existencia al reconocerse como parte de un todo; de aquí que surja una comprensión cosmobiocéntrica de la alteridad, lo que indica que se pone en el centro la vida de todos los seres y de la naturaleza, dándoles una valoración equivalente a todos.
Vivir experiencias de espiritualidad, les otorga a las personas sentimientos de paz interior que les ayuda a valorar la propia vida permitiéndoles aceptar las condiciones, incomodidades, responsabilidades y/o disciplinas que surgen en el camino del despertar dando lugar a que surja el sujeto constreñido a la consciencia y al autoconocimiento, que le sugiere romper con condicionamientos sociales a través de la revisión constante de su biografía en torno al desarrollo espiritual, que a su vez le da la posibilidad de construirse a sí mismo permanentemente.
En esa construcción surgen modos característicos de relacionarse consigo mismo y con el mundo a partir de la configuración simbólico/emocional de las experiencias vividas a partir de sus prácticas espirituales. Surge el amor propio de reconocerse como sagrado que posibilita una relación más tranquila consigo mismo desde el cuidado de sí, que a su vez permite una aproximación armónica a otros seres pues también se lo considera sagrado al entender que el otro es el ‘tu’ de un ‘yo’ y todos juntos son una unidad, por lo que el sujeto no se identifica con su individualidad desde una perspectiva dual, sino totalizadora.
Se observa pues que la dimensión trascendente que otorgan las experiencias de espiritualidad “no es sino: ‘el amor reflexivo por la vida’, pues es un sentimiento de profunda conciencia y ternura, de identificación con el cosmos, con la naturaleza, con todos los seres y con el mundo” (Solomon, 2003, citado en Guerrero, 2011, p. 30) que guía la acción pues termina siendo “un saber, un estar y un hacer en el mundo”, tal y como Serna (2012, p. 6) conceptualiza la subjetividad, es decir, que podemos entender la espiritualidad como un tipo de subjetividad que le otorga al sujeto formas armónicas de aproximarse a sí mismo, a otros seres vivos y al mundo desde una concepción más amplia del tiempo y el espacio, que le da una actitud reflexiva, analítica, contemplativa y de servicio que se entrelazan entre sí posibilitando comprensiones y motivando a la acción.
Es fundamental comprender que “la espiritualidad no ofrece respuestas únicas y verdades absolutas a los grandes misterios de la existencia” (Guerrero, 2020, p. 29) y al ser conscientes de esto, es que adquirimos esa fuerza que provee muchos recursos para enfrentar la perplejidad del día a día (Gupta, 2020, conversación 1) e impulsa a seguir reflexionando y haciéndonos preguntas sobre esta existencia desde un sentido trascendente devolviéndole la sacralidad que enseñan las prácticas espirituales.
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Tabla 1.
Resultados categorías y subcategorías
l que permita a su vez efectuar un monitoreo sobre el comportamiento del proceso de atención de los conductores de motocicleta de la Policía Nacional, asumiendo que el servicio que estos desempeñan tiene unas características particulares como el patrullaje constante siendo ella la principal actividad de prevención, la atención de comportamientos contrarios a la convivencia y seguridad ciudadana y atención de hechos delictivos, lo cual les exige un estado de alerta permanente que les permita reaccionar frente a cualquier situación que lo amerite siendo actividades que se suman a la atención en la conducción de motocicletas.
Estas características están marcadas por exigencias provenientes no solo del medio externo como lo es el patrullar en horas nocturnas bajo condiciones de frío, viento y lluvia, entre otras, sino por factores intrínsecos como la misma atención y concentración que particularmente se ven afectados en su disminución por causa directa de los mencionados inicialmente.
La fatiga es un concepto muy importante, el cual debe tenerse en cuenta al momento de conducir una motocicleta a servicio de la Policía Nacional y en especial en virtud de todo lo que ello representa, no solo como el principal actor vial en la accidentalidad, sino también de las diferentes responsabilidades que como servidor público puede generar (administrativas, penales, disciplinarias y hasta civiles).
Los efectos derivados tienen un impacto a nivel institucional y personal porque no solo se afectan los bienes jurídicos tutelados del Estado, sino las personas involucradas como víctimas, no es solo cumplir las sanciones sino el efecto de repetición y más aún cuando se trata de circunstancias con particulares ajenos a la institución: “En el evento de ser condenado el Estado a la reparación patrimonial de uno de tales daños, que haya sido consecuencia de la conducta dolosa o gravemente culposa de un agente suyo, aquél deberá repetir contra éste” (Asamblea Nacional Constituyente, 1991, art. 90).
Para el presente caso se tomó la fatiga como fenómeno incidente principal alrededor de la atención, pese a que existen otros que representan afectaciones igualmente importantes, esto con el fin de abordar un estudio deli
La fatiga se manifiesta como una reducción en la capacidad de mantener un determinado nivel de fuerza en una contracción sostenida o como la incapacidad de alcanzar un nivel de fuerza inicial en contracciones intermitentes y está acompañada por cambios en la actividad eléctrica muscular, si se analiza todo el sistema neuromuscular, se puede encontrar fatiga en la corteza motora, en las vías excitatorias, en las estructuras de control de las motoneuronas superiores e inferiores, en la placa motora, en el sarcolema, en el acoplamiento excitación-contracción y en el suministro metabólico de energía. La fatiga muscular tiene componentes centrales y periféricos. Los primeros se manifiestan como una incapacidad para realizar una actividad inducida por el desarrollo de ésta. Los segundos se manifiestan como una incapacidad del músculo para producir un determinado nivel de fuerza (Fernández et al., 2007).
La fatiga consiste en un proceso por el cual un sistema cualquiera va perdiendo la capacidad de respuesta a los estímulos que le transmite una acción determinada; sin embargo, en el contexto de la conducta, la noción es mucho más compleja, también se puede considerar se puede considerar como un proceso en el que se van deteriorando la calidad y la precisión, en definitiva la eficiencia, en la ejecución de una acción, simple o compleja, que se produce por una amplia variedad de factores, fisiológicos y psicológicos, que actúan sobre el ser humano, bien combinados o bien de forma aislada, y establece que el grado de manifestación puede estar influido por ciertos factores que la inhiben, la potencian o la modulan, y que no dependen exclusivamente de una dimensión temporal (Ferrero y Hervas, 2011, p. 898).
En la actualidad la preocupación por disminuir los altos índices de accidentalidad, han llevado a que la seguridad vial se concentre en mejorar la seguridad activa y pasiva de los vehículos a través de avances tecnológicos precisamente para mitigar el riesgo o minimizar las consecuencias, sin embargo, los esfuerzos no han sido suficientes cuando se trata de analizar los factores humanos que tienen una incidencia directa sobre los siniestros (Taylor y Dorn, 2006). Estos factores, divididos en físicos y psicológicos requieren especial atención, como quiera que sean decisivos en aquellos momentos que se requiere ejecutar una acción de manera segura.
La investigación actual tiende a priorizar el análisis de los accidentes de tránsito desde el modelo sistémico, donde es importante recordar que el 90 % de los accidentes de tránsito a nivel mundial, tienen relación con el factor humano (Vásquez Pedrouzo, 2004), lo que no desconfigura el deber de las organizaciones en adoptar medidas necesarias para garantizar un ambiente de seguridad y salud en el trabajo que permita mitigar aquellas condiciones que juegan en contra del bienestar del trabajador (Reason, 1995).
El concepto de la fatiga entonces está muy relacionado con el cansancio que expone el ser humano en virtud de diferentes circunstancias y que termina afectando la funcionalidad de las personas, un concepto más puntual lo ofrecen Dodge (1982); Dorrian et al. (2007) y Montoro et al. (1995), citados por Hervás et al., 2011); la fatiga es entendida como un proceso físico y mental que deteriora la capacidad de reaccionar de manera oportuna ante los estímulos que implican una respuesta determinada. De otra forma, es definida como la reducción de la eficiencia de un proceso cognitivo lo que en efecto incide en la reducción de la ejecución de una acción simple o compleja, producida por una variedad de factores físicos o fisiológicos y que no dependen siempre de factores temporales, sino de otros que la inhiben o potencian.
Para estudiar la fatiga como un fenómeno incidente en las actividades cotidianas, es preciso tener en cuenta varios aspectos que, a su vez, tienen relevancia en el momento de hacer su valoración, estos son:
a) Características individuales del sujeto: mediciones como el peso, la edad, salud (emocional y física) y alimentación.
b) Tipo de Actividad: la intensidad de la labor realizada, la exigencia temporal y física y horario.
c) Medio ambiente: Iluminación, ruido y demás factores ambientales.
Por su naturaleza exigente, la conducción de motocicletas es una actividad que requiere de una gran dedicación de recursos cognitivos por parte del conductor, por consiguiente, es natural que cuando se realiza dicha actividad en contextos no habituales o no favorables al metabolismo, como en horas nocturnas o durante jornadas extensas, se propicie la aparición de síntomas que coinciden con la fatiga.
La conducción es una actividad de riesgo, practicada por las personas de manera casi general y cotidiana para desplazarse de un sitio a otro. Cuando se hace referencia a que se considera una actividad peligrosa, es porque esta requiere la coordinación de las funciones cognitivas como la atención, la sensación y la percepción para lograr recepcionar de manera oportuna la información del contexto y del mismo vehículo (Romero et al., 1990). Es por lo anterior que se debe prestar tanta importancia a la captación de la información misma, como a su procesamiento a nivel cognitivo; de no lograrse adecuadamente este procesamiento, el riesgo de accidente o infracción por parte del conductor revestirá una mayor probabilidad.
Tabla 1
Señales principales de fatiga
|
Alteraciones fisiológicas transitorias |
Indicadores subsiguientes |
|
Cambios de postura o corporales Parpadeo irregular Restregarse la nariz constantemente Estiramientos |
Tensión o rigidez muscular Movimientos lentos Falta de flexibilidad Cefalea Sueño Dolor muscular |
Fuente: Hervás et al. (2011).
Tal como se muestra en la tabla 1, existen indicadores primarios (iniciales) y secundarios (subsiguientes) que permiten establecer las alteraciones fisiológicas producto de la fatiga, lo que en consecuencia hacen que los conductores sean susceptibles al error o a cometer entorpecimientos peligrosos durante su desempeño en la conducción (Hervás et al., 2011).
Adicional a lo anterior, se puede inferir que existe una relación entre el nivel de estrés al que se ven sometidos los policiales por efecto de las condiciones ambientales de su servicio y su mal humor, que en últimas se convierte en un estado de ánimo que se exterioriza generalmente en una desatención de los casos de policía o una ausencia de amabilidad en el contacto con los usuarios.
De la misma manera Zhang et al. (2009), encuentran una correlación positiva entre la fatiga y la accidentalidad en vehículos automotores, pese a que factores geográficos y otros elementos hacen más compleja su relación.
En países como México se han hecho investigaciones relacionadas con aspectos de la fatiga del conductor y estudio de la tecnología para detectarla y prevenirla, a través del Instituto Mexicano del transporte en el año 2004.
El fenómeno de la fatiga al conducir se ha sido reconocido como un elemento que contribuye a la existencia de accidentes viales, con porcentajes de participación que varían de acuerdo con el autor. Sin embargo, cifras conservadoras indican que la fatiga es un factor representativo en el 24% de los accidentes (Navarrete et al., 2014, p. 8).
En cuanto al proceso relacionado con el filtro atencional se encuentra una serie de conceptos que tienen solidez y aplicación actual en el campo de la investigación de la psicología y la fisiología, algunos de los más importantes son:
El modelo rígido propuesto por Brhohadbent (1958), basado en una capacidad limitada por cuanto la atención se filtra por un solo canal, a pesar de que los estímulos allegan por diferentes sentidos (Universidad de San Pedro). Por su parte, Treisman (1964) modifica el modelo rígido, puesto que esta científica expone de forma más flexible que las personas escogen el mensaje que quieren y lo pasan por el filtro, permitiendo su evocación (Barg y Carboni, año, p. 91 ). Kahneman (1979) establece en su teoría, la capacidad limitada en la atención, aunque defiende el hecho de que se pueda distribuir de manera flexible por una disposición voluntaria mental (Universidad de Alicante, 2009).
Posner (1980), distingue en su teoría tres funciones atencionales: orientación espacial, alerta y control cognitivo (Lupiañez, 2002), para este autor los procesos atencionales están conformados por componentes que se relacionan con la sensación, percepción y estímulos exteriores y por último, el modelo clínico de atención de Sohlberg y Mateer (1987), adoptado para en la presente investigación y tomado de la neuropsicología experimental, que se basa en un modelo jerárquico en el cual existen diferentes niveles que necesitan el uno del otro para subsistir, tiene seis componentes: arousal, atención focal, atención sostenida, atención selectiva, atención alternante y atención dividida. Este modelo fue elegido para la presente aplicación, toda vez que se encontró la viabilidad de realizar los ejercicios de campo que permitieran medir en un escenario real los componentes que le fundamentan.
Lo anteriormente mencionado determina la necesidad de conocer los factores externos o internos que de alguna manera dificultan o disminuyen aquellas funciones humanas que a nivel cognitivo podrían representar la diferencia entre el reaccionar oportunamente frente a los eventos repentinos, que exigen una respuesta rápida por parte del conductor.
Es importante que el campo investigativo y científico aporte desde su metodología a establecer o complementar teorías que permitan reducir los altos índices de accidentalidad que a nivel nacional representa una cifra de 47.364 víctimas con un resultado de más de 6.200 fallecidos en el 2017. Por su parte el panorama institucional es también desalentador ya que para dicho año la cifra de lesionados fue de 1550 y 40 fallecidos. En este número llama la atención que el actor vial de mayor vulnerabilidad es el motociclista (Policía Nacional de Colombia, 2017).
Método
Después de hacer el respectivo análisis de tipo teórico, legal, institucional y demás en torno a este tema, se adelantaron los respectivos ejercicios aplicando el instrumento validado que identifica los síntomas subjetivos de fatiga a partir de la teoría de Yoshitake, con los tres turnos de vigilancia motorizada de la Estación de Policía Engativá, reconociendo el nivel inicial de fatiga a partir del comienzo de su jornada laboral y posteriormente cuál fue el nivel de desgaste al momento de finalizar los respectivos turnos de vigilancia.
El tipo de investigación que se utilizó fue el correlacional toda vez que permitió establecer la incidencia de la fatiga (variable independiente) sobre el proceso de atención (variable dependiente). Su enfoque fue el mixto por cuanto buscaba medir un aspecto psicológico como la atención y a la vez un fenómeno fisiológico como la fatiga, que, pese a que son aspectos correlativos, se midieron a través de pruebas estadísticas que permitieron la consolidación de los resultados.
En efecto, las variables principales de esta investigación fueron la fatiga y su injerencia en los procesos de atención, para ello se desarrollaron procesos de exploración, descripción y comprensión de las experiencias vividas por parte de los funcionarios inmersos dentro de las mismas, propendiendo incluso por establecer elementos comunes dentro de dichas experiencias o vivencias, en el caso particular la conducción de motocicletas que requiere de importantes procesos de atención que muchas veces se ven afectados por diversos aspectos, entre ellos la fatiga o el estrés laboral que igualmente es muy común en el desarrollo del servicio de policía.
Participantes
La población escogida para el desarrollo de este trabajo de investigación fueron los conductores policiales de motocicletas, pertenecientes a la estación de policía Engativá en el occidente de la capital de la república, divididos en tres bloques correspondientes a los tres turnos de vigilancia durante un ciclo completo, quienes usualmente deben desarrollar extenuantes actividades de vigilancia de más de ocho horas cada uno, aparte de ello sometidos a actividades estresantes como la atención de casos de policía, notificaciones, procedimientos, entre otros que son propios de su actividad profesional.
Aquí es importante agregar que la Estación Engativá es una de las estaciones de Policía que hacen parte de los departamentos que dependen de la Metropolitana de Policía de Bogotá y que coinciden en el dispositivo recurrente de realizar la vigilancia urbana que para este caso particular es motorizada en motocicletas, esa de hecho es la particularidad que vincula el uso permanente de este vehículo. Se hizo en esta localidad por la cercanía que se tenía con los comandantes de dicha unidad lo cual era imperativo para organizar el dispositivo, trasladar a los investigadores, contar con espacios para aplicar los reactivos y en especial contar con el tiempo para interactuar por espacios de tiempo de terminados al final de cada turno con cada uno de los policiales y de esta manera garantizar la validez y la confiabilidad de los resultados que se muestran al final.
También se debe manifestar aquí que para garantizar el desarrollo exitoso de la aplicación de los instrumentos en el personal de la vigilancia motorizada de la Estación de Policía Engativá, se hizo necesario una prueba piloto en aras de establecer las siguientes circunstancias:
1. Comprensión de los reactivos.
2. Entendimiento de la dinámica de las pruebas a realizar.
3. Claridad en las mediciones que se plantean hacer con los instrumentos.
4. Ajustes necesarios para el desarrollo idóneo del trabajo de campo.
A manera de aclaración, la prueba contaba con 30 ítems y se realizó con un turno de la vigilancia motorizada de la Estación de Policía Engativá, en el entendido de que la labor de vigilancia que realizan estos uniformados no es sencilla y está expuesta a un sinnúmero de factores que afectan la atención, en este caso puntual se habla de la fatiga como principal variable en torno a la conducción de motocicletas y
Para dinamizar el estudio se tomó como muestra representativa 16 conductores de motocicletas seleccionados de un turno de vigilancia de la Estación de Policía Engativá, el cual está compuesto por aproximadamente 34 conductores, la edad oscilante de ellos es entre 25 a 35 años, ciento por ciento hombres, en un 90% patrulleros, en buenas condiciones de salud, estatura promedio 1,65 y un peso de 75 kilos.
El contexto en el cual se desarrolló este ejercicio de campo fue netamente policial, se pidieron los permisos respectivos al señor comandante de esta estación para hacer un reconocimiento in situ de los fenómenos laborales asociados con el contexto de la investigación, se analizó también el fenómeno problémico relacionado con la seguridad, la prevención y la convivencia que están íntimamente ligados con las tareas operativas de los policiales. Para garantizar una mayor efectividad en los resultados se organizó el escenario y los horarios para que asistieran sin armamento y se demoraran la menor cantidad de tiempo posible al final de cada uno de los tres turnos analizados.
Era entendible que hubiese cierta resistencia por algunos uniformados para presentar esta prueba ya que era algo relativamente novedoso y se hacía en el momento de culminar sus turnos donde era más que evidente su cansancio y estrés, se evidenció que lo único que realmente querían en ese momento era devolver su armamento oficial y retirarse, la gran mayoría de ellos en sus vehículos personales que mayoritariamente eran motocicletas, con lo cual se pudo verificar el enorme riesgo que ello significaba al someterse a conducir en el estado de cansancio y fatiga en el que se encontraban.
Por toda esta situación era imperativo no predisponerlos a ello y que todo fluyera dentro de la cotidianeidad para garantizar unos buenos resultados, para ello se dispuso un sitio físico con sillas predispuestas y equipos de cómputo para realizar el test aunque también tenían la posibilidad de hacerlo con sus propios equipos móviles, siempre se les daba esa opción en aras de mantener la tranquilidad de cada uno de los policiales, aparte de ello se contó con un grupo de funcionarios auxiliares que estaban prestos a resolver cualquier duda o inconformidad por parte de ellos.
Instrumento
Síntomas Subjetivos de la Fatiga de Yoshitake
El instrumento que se aplicó en el desarrollo de esta investigación fue la prueba denominada Síntomas Subjetivos de Fatiga YoshiTake, la cual fue formulada en 1967, es de origen japonés y desde entonces ha sido utilizado y adaptado a los diferentes contextos nacionales incluyendo Colombia (Ahumada et al., 2006). Analizando las circunstancias para el desarrollo de dicho ejercicio, esta prueba se aplicó en forma impresa ya que los tiempos de respuesta eran limitados en virtud de las formaciones del personal, la entrega del armamento, los relevos de los turnos.
Se trata pues de un cuestionario que tiene por finalidad medir los niveles y tipos de fatiga que eventualmente presentan las personas cuando desarrollan un trabajo , está compuesto de tres dimensiones asociadas con la percepción subjetiva que conlleva el contexto laboral por medio de 30 preguntas , estas tres dimensiones cuentan cada una con diez preguntas asociadas con la exigencia mental, las otras diez para la fatiga física y las últimas diez que relacionan los síntomas mixtos.
Hay que agregar que en esta prueba las preguntas son dicotómicas, es decir con las dos respuestas de sí o no lo cual facilita su desarrollo y la consecuente tabulación de estas. En los años de aparición de la citada prueba se ha aplicado en diferentes países de américa latina como México, Cuba, Argentina, Venezuela y Brasil, entre otros, permitiendo de esta manera establecer valiosos resultados para determinar niveles de exigencia física y cognitiva que conllevan los procesos laborales de las personas y como en este caso se quiere llevar con los policiales y relacionarlos con la atención al conducir motocicletas por medio de la fatiga.
Como se dijo antes, los instrumentos se aplicaron al inicio y al final de cada uno de los turnos laborales discriminados en la tabla 2 y los mismos, ofrecen una posibilidad de réplica en otros entornos laborales, dado que donde quiera que se desarrolle una actividad física o mental, se produce un efecto de desgaste cuyas dimensiones se pueden medir teniendo en cuenta el enfoque propuesto por la teoría de modelo clínico de atención de Sohlberg y Mateer (1987).
Tabla 2.
Turnos laborales y su horario
|
Turno ciclo |
Segundo turno |
Tercer turno |
Cuarto turno |
|
Inicio |
07:00 horas |
14:00 horas |
21:00 horas |
|
Final |
14:00 horas |
21:00 horas |
07:00 horas |
Fuente: elaboración propia (2019).
Procedimiento
Como se ha venido explicando, esta apreciación se validó gracias a la información obtenida de fuentes secundarias y terciarias pertenecientes a instituciones relacionadas directamente con el tema de la movilidad como lo son el Ministerio de Transporte, la Agencia Nacional de Seguridad Vial, Dirección de Tránsito y Transporte e incluso con la Dirección de Sanidad de la Policía Nacional donde se pudo validar el impacto que ha tenido este fenómeno asociado con la siniestralidad al conducir motocicletas, tanto dentro como fuera del servicio de policía por parte de los uniformados de esta institución. Se pudo determinar que era recurrente el hecho de que éstos estaban sometidos a altos niveles de estrés al conducir y que ello de alguna manera estaba relacionado con este tipo de hechos, muy a pesar de las exigencias que la institución policial tenía para ello como lo es contar con licencia de tránsito pero adicional a ello una certificación de idoneidad expedida por la Escuela de Seguridad Vial, había entonces una hipótesis sobre la injerencia de la fatiga y el estrés como aspectos por los están sometidos los policiales al conducir motocicletas, como se dijo antes, no solo en el servicio sino en situaciones particulares, de ahí la necesidad de aplicar un instrumento que permitiera acceder a esa información.
La fatiga y su injerencia en la atenciòn
Se logra relacionar diversa literatura que rodea este tipo de contextos teóricos sobre estas variables científicas y empíricas que ya han sido abordadas dentro del contexto exploratorio y descriptivo, al tener como aspectos sustanciales dichas variable para ser medidas. Las investigaciones de este tipo tienen unas características especiales, las cuales son descritas por Hernández et al. (2014), de la siguiente manera:
Su finalidad es conocer la relación o grado de asociación que exista entre dos o más conceptos, categorías o variables en un contexto específico. En cierta medida tiene un valor explicativo, aunque parcial, ya que el hecho de saber que dos conceptos o variables se relacionan aporta cierta información explicativa. (p. 98)
Desde esta perspectiva, el fenómeno se pudo identificar a partir del planteamiento mismo de la investigación y puede tener diversas variaciones, especialmente cuando hacen relación con la experiencia de las personas, en este caso los actores de la investigación, el desarrollo de los objetivos tiene injerencia en descubrir el comportamiento y significado del fenómeno estudiado, todo en aras de propender por resolver el problema y mejorar el desarrollo de las prácticas cotidianas y redunde en la delimitación de una estrategia estructural para atacar frontalmente el problema, en este caso se trata de la accidentabilidad al conducir motocicletas por parte de policías en desarrollo de su servicio.
Resultados y discusión
Para iniciar este apartado es importante recordar que durante el desarrollo de la investigación se encontraron naturalmente varias limitaciones, como sucede con este tipo de trabajos en contextos netamente sociales. El estado emocional en que se encontraban los conductores al momento de la aplicación de los instrumentos, que por lo general era de pre-indisposición y apatía, pudo incidir directamente en el grado de subjetividad que evidencian los resultados finales.
El otro aspecto también fue la dificultad de la disponibilidad del personal y de las instalaciones para la aplicación de los reactivos, en donde también se pudo establecer que algunos de los policiales no tenían la disponibilidad de participar en la actividad, de hecho, la participación tuvo que ser un requisito antes de devolver su armamento al armerillo al final del turno y ahí si pudiesen salir para sus hogares y poder descansar.
Teniendo en cuenta lo anterior se relacionan las herramientas utilizadas para la determinación de la fatiga y como esta influye en el proceso de atención, utilizando los siguientes reactivos que hicieron parte del cuestionario de Yoshitake.
Figura 1
Reactivos
Fuente: los autores (2019).
Es preciso para reconocer los resultados de las pruebas de los 30 reactivos que hicieron parte del cuestionario de Yoshitake, la ponderación de las respuestas indica lo siguiente:
6 ítems respondidos positivamente (20%) se presume ya un estado de fatiga en hombres.
7 ítems respondidos positivamente (23%) se presume ya un estado de fatiga en mujeres.
Tal como se indica en las figuras 3 y 4, la medición a través del Cuestionario de Síntomas Subjetivos de Yoshitake, indica un aumento significativo de la fatiga en los 16 funcionarios al finalizar cada uno de sus turnos laborales (2° turno, 1°er turno y 3°er turno). Se anota que el resultado se hizo con base en la ponderación general de las respuestas a los reactivos.
Tabla 3.
Resultado medición de la fatiga al inicio y final de cada turno de servicio
|
Turno |
Inicio |
Final |
|
Primero |
25% |
75% |
|
Segundo |
12.50% |
43.75% |
|
Tercero |
6,25% |
56,25% |
Fuente: los autores (2019).
Estos resultados se obtuvieron al aplicar el instrumento al personal que hacía cada uno de estos turnos de vigilancia, el primer turno inicia a las 10 de la noche y termina a las 6:30 am del siguiente día; el segundo turno inicia a las 07:00 am y termina a las 2 pm; el tercero, inicia a las 2 pm y culmina a las 10 pm del mismo día. Cada turno es de ocho horas, si no sucede nada anormal, porque muchas veces se puede ampliar por el desarrollo de informes o por conducir los procedimientos a las autoridades competentes. Es obvio que este tipo de circunstancias produce estrés en los uniformados y a la vez fatiga por la extensión de los citados horarios.
En cuanto a los porcentajes, se puede evidenciar que el turno que más produce fatiga es el primero, o sea el que termina a las 06:30 am, con algo mucho más impactante, el nivel de fatiga no solo se produce al inicio en un 25 %, que es el más alto, también al finalizar con un nivel del 75 %. Se infiere que la mayoría de policiales no descasa debidamente antes de iniciar un turno tan largo y agotador, además en jornada nocturna y donde eventualmente deben enfrentarse a diferentes escenarios de conflicto en su servicio policial de vigilancia.
La atención presentó una disminución preponderante en el final del segundo turno laboral, ubicándose en la categoría de “malo”, seguido por la calificación “regular”.
Tabla 4.
Resultado medición de la Atención al inicio y final de cada turno laboral
|
Turno |
Primero |
Segundo |
Tercero |
|||
|
Escala |
Inicio |
Final |
Inicio |
Final |
Inicio |
Final |
|
Bueno |
6,25% |
0% |
50% |
0% |
25% |
31,25% |
|
Regular |
62,5% |
56,25% |
50% |
37,5% |
68,75% |
37, %% |
|
Malo |
31,25% |
43,75% |
0% |
62,5% |
6,25% |
31,25 |
Fuente: los autores (2019)
Estos resultados se alcanzaron después de hacer un análisis más puntual al inicio y finalización de cada uno de los tres turnos antes relacionados, estableciendo para ellos una escala con tres valores correspondientes a bueno, regular y malo, encontrando como hecho significativo que el final del segundo turno, con un 62.5 % calificado como malo, y el inicio del tercero turno como regular fueron los espacios donde más se afectaba la atención. Es de anotar que el inicio del tercer turno es realmente donde se inicia con el periodo de patrullajes, pues el policial culmina su descanso de un día y medio. Esto llama la atención porque se supondría que la gente llega luego de un período más prolongado de descanso.
Como se puede probar, el hallazgo evidenciado en los resultados de la presente investigación se puede extrapolar a otros campos de la seguridad vial e incluso a algunos trabajos que impliquen tener un estado de alerta por parte de los trabajadores. Esto debido a que comparten características similares como los factores cognitivos requeridos para desempeñar su labor y por otra parte las exigencias atencionales que demanda dicha actividad.
Discusión
La relación existente entre el contexto normativo y teórico dentro de la identificación de la responsabilidad en la conducción de vehículos dentro del desarrollo del servicio policial se trae a colación una serie de preceptos provenientes de autores como Tejero (1999), donde ubica a la atención como un mecanismo cognitivo que permite hacer un control voluntario en la actividad de tipo perceptiva, cognitiva y conductual. Con esto se hace una organización de las operaciones mentales que se requieren a la hora de ejecutar una acción, por ejemplo, la de conducir una motocicleta. Varios autores (Dodge, 1982; Dorrian et al., 2007; Montoro et al., 1995, citados por Hervás et al., 2011), dan un concepto importante sobre el impacto de la fatiga y el cansancio al cual se ve expuesto el ser humano y con ello la funcionalidad de las personas al realizar las actividades y con ello se reduce la eficiencia de los procesos cognitivos y aunado a ello la ejecución de actos simples o complejos. Como en efecto se puede citar, las acciones que desarrollan los policías en la vigilancia no se tratan solamente de conducir una motocicleta, sino el estar al tanto de las circunstancias adversas por las que deben pasar en los diferentes turnos, cargados muchos de ellos de estrés y adrenalina, muy propia del quehacer diario donde deben enfrentar situaciones adversas, difíciles y con un alto grado de concentración para que las mismas cumplan con las exigencias normativas de la fuerza policial.
En cuanto a los procesos de atención, se hace relevante traer a colación a Piñón (2014), quien cita el modelo clínico de atención de Sohlberg y Mateer, el cual tiene seis componentes diferenciales:
a) Arousal. Es la capacidad de estar despierto y de mantener la alerta; la atención focal que es la habilidad para enfocar la atención a un estímulo visual, auditivo o táctil.
b) La atención sostenida es la capacidad de mantener una respuesta de forma consistente durante un período de tiempo prolongado.
c) la atención selectiva es la capacidad para seleccionar, de entre varias posibles, la información relevante a procesar o el esquema de acción apropiado, inhibiendo la atención a unos estímulos mientras se atiende a otros.
d) La atención alternante es la capacidad que permite cambiar el foco de atención entre tareas que implica requerimientos cognitivos diferentes, controlando qué información es procesada en cada momento.
e) La atención dividida que es la capacidad para atender a dos cosas al mismo tiempo (Piñón, 2014).
Todo esto en conjunto brinda importantes conceptos para entender la afectación que ello puede tener en la atención de un ser humano, el cual, como se ha sostenido, en el caso de los policiales y el servicio de vigilancia, termina siendo un factor que limita en cierto modo la actuación de los policiales cuando conducen una motocicleta en el servicio.
En este orden de ideas, la fatiga es un fenómeno que incide en el desarrollo de actividades cotidianas y que incluso se puede evidenciar con diversos factores. Entre ellos se pueden nombrar las características individuales de las personas como su peso, la edad, salud (emocional y física) y alimentación. Estas tienen relación a su vez con las actividades que se desarrollan como la exigencia temporal y física, así como los horarios que deben abordar, también tiene influencia el medio en el cual se desarrollan las actividades laborales como lo es la iluminación, el ruido y demás factores ambientales. Según Hervás et al. (2011) las señales primarias que indican la fatiga son el cambio de postura o corporales, el parpadeo irregular, la acción de restregarse la nariz constantemente y el hacer constantes estiramientos. A su vez, las señales incidentales son la tensión o rigidez muscular, los movimientos lentos, la falta de flexibilidad, la cefalea, el sueño y los dolores musculares, aunque también el mal humor es una señal clara de fatiga, según estos mismos autores estos síntomas y su incidencia en los sistemas cognitivos del conductor, lo hacen propenso al error o evitan una reacción oportuna y precisa ante cualquier estímulo externo.
Por su naturaleza exigente, la conducción de motocicletas es una actividad que requiere de una gran dedicación de recursos cognitivos por parte del conductor. Por consiguiente, es natural que cuando se realiza dicha actividad en contextos no habituales o no favorables al metabolismo, como en horas nocturnas o durante jornadas extensas, se propicie la aparición de síntomas que coinciden con la fatiga, todo esto muestra que evidentemente la conducción es una actividad fundamental practicada por las personas de manera casi general y cotidiana, que incluso es llamada riesgosa precisamente por el involucramiento de funciones cognitivas como la atención, la sensación y la percepción y con ello recepcionar de manera oportuna la información del contexto y del mismo vehículo (Romero et al., 1990), todo esto muestra que se requiere darle enorme importancia a la captación de la información misma, en especial cuando se habla del componente cognitivo que, si no se hace de forma idónea, puede generar un riesgo de accidente o infracción por parte del conductor.
Zhang et al. (2009) dentro de sus posturas teóricas encuentran una correlación positiva entre la fatiga y la accidentalidad en vehículos automotores como la motocicleta, más aún cuando se relacionan las jornadas y los factores geográficos que ponen con ello un valor adicional al riesgo de adelantar este tipo de actividades. Se habla entonces de la fatiga mental, la cual según Muchinsky (2002) tiene cercanía con los sentimientos de aburrimiento asociados con los trabajos monótonos. Es, de hecho, la alteración temporal de la eficiencia funcional mental y física, que está en función de la intensidad y duración de la actividad precedente y del esquema temporal de la presión mental, conceptos citados por Puello et al. (2007).
En cuanto al componente muscular, son los elementos que manejan la energía necesaria para los movimientos producto de los alimentos que lo proveen y que están relacionados con el metabolismo de las personas con procesos básicos como la respiración, la digestión, la circulación de la sangre, temperatura corporal y la eliminación de los desechos (Aliza, 2018), estos procesos, asociados con el metabolismo, son los que terminan produciendo la energía para que el cuerpo realice las diferentes actividades que usualmente hace en su diario vivir.
Otro aspecto que no se puede dejar de lado es la capacidad física y su relación con las características de la tarea que se desarrolla, si es de potencia física, de esfuerzo, de extensión en la jornada o manejo de horarios de trabajo, estas sin duda también están relacionadas con las características individuales de las personas, entre ellas la edad, la personalidad, su potencial físico y de salud, así como la alimentación, el consumo habitual de fármacos y medicamentos, la experiencia. Todo esto también tiene relación con las características del entorno o factores medioambientales y en los factores sociales, principalmente el estilo de vida, calidad de vida, situación laboral, precariedad económica, miedo, ansiedad, estrés o las responsabilidades sociales o familiares.
Este procedimiento puede extrapolarse a múltiples campos que exigen un monitoreo de los fenómenos que pueden incidir en el rendimiento de los conductores u operarios que están expuestos a circunstancias ambientales que pueden afectar en efecto la calidad de su trabajo y su estado de salud. Por otra parte, la fortaleza del estudio radica en que los resultados se basan en pruebas de campo aplicadas al personal policial en el escenario de un servicio que es justamente el que se pretende estudiar.
Por su naturaleza exigente, la conducción de motocicletas es una actividad que requiere de una gran dedicación de recursos cognitivos por parte del conductor, por consiguiente, es natural que cuando se realiza dicha actividad en contextos no habituales o no favorables al metabolismo, como en horas nocturnas o durante jornadas extensas, se propicie la aparición de síntomas que coinciden con la fatiga, todo esto muestra que evidentemente la conducción es una actividad fundamental practicada por las personas de manera casi general y cotidiana que incluso es llamada peligrosa precisamente por el involucramiento de funciones cognitivas como la atención, la sensación y la percepción y con ello recepcionar de manera oportuna la información del contexto y del mismo vehículo (Romero et al., 1990).
Se evidencia que el principal desgaste del proceso de atención en los conductores de motocicleta se presenta en los turnos laborales nocturnos, donde por circunstancias ambientales representan una mayor incidencia en el estado de alerta.
La principal limitación radica en que, a nivel institucional, no existe un precedente que permita tomar como referencia un estudio donde se mida el impacto de factores ambientales o internos sobre los procesos cognitivos, en particular la atención, esto pese a que existen a nivel latinoamericano casos exitosos que permitieron recopilar las técnicas y experiencias para garantizar un resultado en el presente estudio.
No obstante, lo anterior, las cifras de accidentalidad en la Policía Nacional para el año 2017, podría suponer que, dentro de los 1.590 casos con motociclistas, donde 40 de ellos tuvieron consecuencias fatales, existe una gran relación con factores ambientales que inciden en su proceso de atención (Sistema de Información Estadìstico Vial, 2017). Del mismo modo, el resultado es consonante con la estadística presentada por la Organización Mundial de la Salud (2017) que resalta que, dentro de las principales causas de la accidentalidad vial, se encuentra en un 90 % el factor humano.
Sugerencias para estudios futuros
El apoyo de los niveles jerárquicos superiores es fundamental para garantizar una recolección adecuada de los datos. El no contar con tal apoyo y aval, significaría una limitación importante en el control de las circunstancias que afecten de forma sustancial el procedimiento al interior del campo laboral de los policiales. La concienciación o el cautivar el interés de los participantes son aspectos cruciales para evitar escenarios subjetivos que a la postre deslegitimen el nivel de interés de los mismos sujetos.
Para la aplicación de los instrumentos se tuvo en cuenta las normas éticas diligenciando el consentimiento de aplicación en cada prueba por parte de los participantes en aras de garantizar la objetividad, esto pese a que la actividad no implicó una manipulación de las variables, sino meramente un trabajo observación y correlación, pero se reconoce el abordaje de una temática que vincula un escenario recurrente dentro del servicio de policía que se presta no solo en la capital de la república sino en todo el país en virtud del amplio uso que se hace de la motocicleta y como se ha venido diciendo, vincula un alto nivel de siniestralidad vial en cabeza de estos uniformados.
Conclusiones
En definitiva, factores fisiológicos como la fatiga son determinantes en el bienestar y la salud de los conductores de motocicleta, es así, como este fenómeno tiene incidencia directa y proporcional en procesos importantes como la Atención, especialmente en horarios nocturnos donde la exigencia física mental es mayor, eso sin dejar de lado el estrés laboral que repetitivamente deben enfrentar los policiales en su servicio en la recurrente atención de casos, el contacto con las personas, la prolongación de los turnos cuando les corresponde hacer los respectivos informes y acudir a las instancias judiciales para reportar dichos procedimientos, el tema climático, en el caso de Bogotá y de muchas ciudades colombianas la congestión y contaminación auditiva y la que se produce por la polución, entre otras cosas, son aspectos que terminan afectando la resistencia física y psicológica normal de estos profesionales.
La importancia de la aplicación de este tipo de actividades científicas e investigativas permiten delimitar estrategias y el desarrollo de nuevas alternativas encaminadas a mejorar las condiciones laborales y de seguridad del personal uniformado de la Policía Nacional, entre ellas la creación de la guía para conducción de motocicletas con un alcance nacional, es decir, para todo el personal que cumple este tipo de funciones al interior de la institución, dicho documento requiere una serie de autorizaciones por parte del mando institucional, asimismo la implementación de lo alcanzado en esta investigación, el reconocimiento de una unidad policial donde se pueda socializar dicha guía y lo más importante; definir cuáles serían las acciones físicas y pedagógicas que garanticen un mejoramiento sustancial del problema de la siniestralidad en motocicletas que actualmente se maneja actualmente en la Policía Nacional.
Es preciso incorporar a la doctrina institucional herramientas de consulta que permita ofrecer al mando institucional datos como horarios adecuados, rolles de cada funcionario, estrategias con el parque automotor, etc., todas encaminadas a prestar un mejor servicio, partiendo de la predisposición de cada uniformado y su espíritu de cuerpo, el policía debe desarrollar sus funciones de forma idónea y parametrizada para garantizar acciones mucho más contundentes en el servicio sin que menoscaben su aptitud física o psicológica al momento de hacerla.
Dado que las condiciones de prestación del servicio de Policía son más exigentes que las presentadas en un escenario laboral común, se necesita plantear un plan motivacional y de fortalecimiento de las capacidades cognitivas básicas de los funcionarios, a fin de que su desempeño en tales circunstancias se potencialice y les permita ofrecer una mayor calidad en el servicio. Esto, por cuenta de la demanda de seguridad por parte de la sociedad que día a día se hace más exigente y de mayor calidad, esto se hace evidente en el desarrollo de mayores y mejores competencias por parte de los uniformados y que eventualmente puede menoscabar en su procesos cognitivos y físicos.
Lo anterior, quiere decir, que los procesos de atención y percepción, así como las demás funciones psicológicas de los uniformados, marcan la diferencia entre el riesgo y el peligro, entre la calidad y la mediocridad, es por ello por lo que investigaciones como la presente, se promueven a nivel interno para propender por un fortalecimiento de las condiciones de Seguridad y Salud en el Trabajo, para garantizar un servicio de policía mejorado y efectivo.
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ia en 46,1 % (IC95%: 35,5 a 58,9) (Pradilla et al., 2003). Sin embargo, solo se deben tener en cuenta las categorías diagnósticas que utiliza dicha investigación, ya que solo se consideran dentro de la viñeta de los trastornos del neurodesarrollo los casos de retardo del desarrollo cognoscitivo, de desarrollo motor y del desarrollo del lenguaje, sin discriminar por subtipos, por lo que a ciencia a cierta no se conoce la prevalencia del TEA.
De igual manera, en el año 2015 se llevó a cabo en el territorio nacional la encuesta de salud mental, donde se obtuvo información de cinco regiones colombianas (Atlántica, Oriental, Bogotá, Central y Pacífica) y cuatro grupos etarios (7-11, 12-17, 18-44 y ≥45) (Rodríguez Rodríguez et al., 2016; Rodríguez Moreno et al., 2016). En este estudio no se tuvo en cuenta la estimación de la prevalencia de los TEA en el contexto colombiano, a pesar que dentro de los instrumentos utilizados se implementó un componente de empatía y reconocimiento de emociones, que solo fue administrado a los participantes mayores de 18 años. Los resultados de este estudio muestran que los niños y adolescentes colombianos presentan conductas como dificultad para hacer amigos de su misma edad (4,6 %), permanecer solos (4,5 %) y jugar poco con otros niños (9,5 %) lo que puede sugerir la presencia de trastornos de ansiedad o del neurodesarrollo (Minsalud, 2016).
Beltrán et al. (2016) estimaron la prevalencia del síndrome de Asperger, que hace parte del trastorno del espectro autista, en las ciudades de Medellín y Bucaramanga en estudiantes de escuelas públicas y privadas, encontrándose una alta prevalencia (9.0%, IC95%: 4.2 a 13.7), poniendo de manifiesto que este síndrome es más frecuente de lo que se esperaba, superando lo encontrado en países como Suecia, Inglaterra, Estados Unidos o España. Esto hace evidente un aumento de esta condición en los últimos 50-60 años (Alcantud-Marín et al., 2017).
En el departamento de Caldas una de las diez causas de consulta externa más frecuentes, en población de 6 a 11 años, son los trastornos generalizados del desarrollo (67/100.000) (Delgado et al., 2017), lo que refleja la necesidad de crear centros de atención especializada en esta condición. En cuanto a la ciudad de Manizales, el Instituto para el Desarrollo Integral del Niño Autista (DINA), en el periodo comprendido del 2016 al 2020, ha prestado servicio de evaluación y diagnóstico a 75 niños y adolescentes, procesos de intervención terapéutica a 92 niños de nivel 1 y 22 niños de nivel 2 y 3, con sus respectivas familias (Zuluaga, 2021).
Aunque en Colombia no se tiene clara la prevalencia de los trastornos del neurodesarrollo, el Ministerio de Salud y de Educación tiene un amplio abanico de normativas como la Ley 047 de 2017, la cual consiste en “garantizar y asegurar el ejercicio efectivo de los derechos de las personas con trastorno del espectro autista”, así como guías de atención clínica y de inclusión educativa. Este es un dato de relevancia para determinar la necesidad de intervención en esta población y así crear políticas públicas de atención integral para responder a los retos y oportunidades a corto plazo como la integración entre la investigación y la intervención, que permita diseñar mejores herramientas de diagnóstico y metodologías de intervención que logren, en última instancia, la adecuada integración e inclusión a nivel social, escolar y laboral de esta población (López & Rivas, 2014).
En Colombia se cuenta con la Liga Colombiana de Autismo – LICA que trabaja con personas en condición de autismo, sus familias, profesionales, organizaciones y demás relacionadas con el TEA. Así mismo, en nuestro territorio se han identificado 13 redes de familias de personas con TEA, que hacen presencia en ciudades como Armenia, Barranquilla, Bogotá, Cali, Cartagena, Cartago, Cúcuta, Duitama, Ibagué, Manizales, Pereira y Samacá (Boyacá).
Ante este panorama, el Instituto DINA nace en el contexto histórico del desarrollo nacional y latinoamericano de la psicología. La historia de la psicología en Colombia ha sido ampliamente documentada en diferentes trabajos, como lo exponen Ardila y Pérez-Acosta (2010). Sin embargo, es de resaltar que se inicia con la llegada de Mercedes Rodrigo-Belido (1891-1982) quien trabajó en la psicotecnia y la enseñanza en nuestro territorio y en Puerto Rico (Puche-Navarro, 1999). Posteriormente, en el año 1937, se crea, en la Escuela Normal Superior, el Instituto de Psicología Experimental y continúa con la creación de una sección dedicada a la psicotecnia, en el año de 1939, en la Universidad Nacional.
En el periodo de 1940 a 1960, igual que en el resto de los países latinoamericanos, se crea el primer curso universitario de Psicología, en Colombia y Latinoamérica, que inició el 28 de noviembre de 1952. En 1956 se crea la revista de Psicología de la Universidad Nacional, marcando un hito para la divulgación del conocimiento científico producido por los profesionales del área. En la ciudad de Manizales, en el año 1972, con el fin de atender las necesidades educativas del Eje Cafetero se creó un programa en la Universidad Cooperativa de Manizales, hoy llamada Universidad de Manizales, publicando un primer número de la revista “Perspectivas en Psicología”, en el año 1982 (Giraldo y Rodríguez, 2000).
Instituto para el Desarrollo Integral del Niño Autista (DINA)
En la Universidad de Manizales, en el año 1985, el doctor Rodrigo Rodas Valencia toma la iniciativa para la creación del “Laboratorio Experimental de Psicología” (LEP). Esta propuesta fue acogida por los directivos y surgió con la intencionalidad de aplicar el cuerpo teórico de la psicología al estudio del comportamiento, dando mayor énfasis a la parte animal, y relativamente poco a la humana. Desde su creación en 1975 ha tenido numerosos altibajos de acuerdo con las diferentes administraciones y del conocimiento que poseen, lo que ha provocado, en ocasiones, el poco aprovechamiento de sus posibilidades (Facultad de Psicología, 2004).
Luego de varios trabajos investigativos y de intervención se dieron los primeros pasos para la creación del DINA como una extensión del LEP, con el objetivo de darle proyección social al trabajo investigativo del laboratorio. Inició en febrero de 1988 con el entrenamiento de ocho terapeutas para asumir la responsabilidad de la atención de cuatro niños, identificados en la ciudad de Manizales con el diagnóstico de autismo, en su momento como un trastorno generalizado del desarrollo. En julio del mismo año, el trabajo del Instituto DINA se centró en la aplicación de los conocimientos de la teoría conductual sobre las diferentes manifestaciones comportamentales de los niños en condición de autismo y su respectivo manejo (Rodas et al., 2008).
Es importante resaltar que el doctor Rodrigo Rodas Valencia fue uno de los pioneros en Colombia a nivel de laboratorio experimental de psicología. Así, se le atribuye la construcción de los primeros aparatos de psicología experimental hechos en nuestro país, siendo de gran relevancia la caja de Skinner, laberintos T y Yerkes. Bajo su liderazgo, la Universidad de Manizales, la Universidad Católica de Colombia, la Universidad de los Andes y la Fundación Konrad Lorenz fueron las que más implementaron en Colombia las áreas comportamentales en un sinnúmero de experimentos, en las décadas de los setenta y ochenta.
Como lo refieren Núñez & Vinaccia (2010):
Rodrigo Rodas Valencia fue un incansable profesional dedicado al trabajo de intervención y a la producción intelectual e investigativa relacionada con el autismo. En la prolífica obra del doctor Rodas, de más de dos décadas como coordinador del DINA, se destacan, entre otros, grandes campos de investigación relacionados con: terapia asistida con animales, padres coterapeutas en autismo, conductas punitivas y autopunitivas en autistas, prediagnóstico en autismo, implementación de software en la conducta de atención en niños autistas, desarrollo de la sexualidad en autismo, evolución de parejas con niños autistas, conductas precurrentes en autistas y formulaciones teóricas con base empírica del proceso cognitivo-afectivo en autistas. (p. 4).
Por esto, en el año 2010, recibe un homenaje póstumo, en el marco de la celebración del Día Nacional del Psicólogo, por parte del Colegio Colombiano de Psicólogos (COLPSIC) por su trabajo investigativo en niños y niñas con TEA (González, 2012).
En su trayectoria de fundación, el DINA inicia su funcionamiento en el año 1988; sin embargo, es en el año 1990 cuando el consejo superior de la Universidad lo reconoce como centro y posteriormente el 25 de mayo del año 1994, como Instituto DINA. En el año 1991 se plantea la necesidad de crear un instrumento de difusión de las investigaciones del centro, denominado “Documentos DINA” (González, 2012) el cual publicó su último número en el año 2008.
Con el nombre de Instituto DINA, tal como lo refieren Núñez & Vinaccia (2010), fue el único de su especialidad que se ubicaba en América Latina debido a las labores de intervención e investigación en los trastornos generalizados del desarrollo y actualmente en los trastornos del espectro autista, labor que de forma histórica ha sido reconocida por la World Autism Organisation (WAO/OMA), debido al trabajo incansable de docentes y estudiantes de la Universidad de Manizales por cumplir la misión de “Investigar e intervenir los trastornos del espectro autista (TEA), buscando abordajes que impacten y transformen la atención a nivel primario, secundario y terciario, promoviendo la formación de profesionales competentes” y la visión de “ser instituto reconocido nacional e internacionalmente por la investigación e intervención en los trastorno del espectro autista (TEA), que permita el mejoramiento de la calidad de vida de la persona y su familia”, a paesentan los niños autistas, a nivel de prevención secundaria y terciaria.
- Detectar el sistema familiar del niño autista, el tipo de adecuación de la interacción entre los diversos miembros de la familia y de optimización d
El presente trabajo busca responder a la pregunta ¿Cuáles son los aportes académicos realizados por el instituto DINA? Para responder a este interrogante se planteó el siguiente objetivo: Describir, clasificar y comentar los diferentes trabajos académicos publicados como resultado del trabajo investigativo del instituto DINA.
Metodología
Para lograr el objetivo se realizó una revisión de los artículos y trabajos investigativos, resultado de la trayectoria del Instituto DINA, durante los últimos 30 años. Se consultaron bases bibliográficas físicas y digitales del repositorio de la Universidad de Manizales. Se consideraron artículos de investigación publicados en revistas nacionales e internacionales o en el repositorio institucional, como producto derivado del instituto DINA, publicados durante el periodo 1988-2020. Solo se incluyeron aquellos que presentaran toda la fuente original y el texto completo para su análisis. No se tuvieron en cuenta resúmenes o memorias de congresos.
Resultados
Durante el periodo 1988-2020 se encontraron publicados un total de 55 documentos, de los cuales el 79 % corresponde a trabajos de tipo investigativo empírico o teórico; el 21 % son trabajos tanto de pregrado como posgrado. Es importante mencionar que, al momento de la revisión, algunos trabajos de grado no habían sido publicados en el repositorio de la Universidad de Manizales por lo que no se incluyeron en el análisis. Otro aspecto a tener presente es que el principal órgano difusor de los trabajos realizados son los cuadernos DINA (Figuras 1 y 2).
Figura 1 Figura 2.
Ejemplar impreso documentos DINA Último ejemplar impreso
primeros números 1991 Documentos DINA, año 2008
Desde el 2008, con la publicación del último número de los documentos DINA, la producción académica ha disminuido en frecuencia con solo tres publicaciones (Zuluaga Valencia, 2018; González-Martínez et al., 2018; Londoño Valencia, 2018) durante el periodo 2009-2020. Aunque el número de publicaciones disminuyó, estas ganaron visibilidad nacional e internacional al ser publicadas en revistas con revisión por pares expertos de manera anónima (Tempus Psicológico, Revista Búsqueda) y en revistas indexadas (Psicogente) (Figura 3) que se difunden de forma digital.
Figura 3
Publicaciones del Instituto DINA - 1988-2020

Otro aspecto a tener en cuenta, y que llama la atención, es el hecho que los trabajos de grado realizados por estudiantes, como producto de la práctica clínica, la actualización teórica y los espacios se reflexión, no continúan con el proceso de publicación en una revista científica nacional o internacional, encontrando doce trabajos de investigación y teóricos durante el periodo del 1988-2020 que solo son publicados en el repositorio institucional. (Figura 4).
Figura 4
Trabajos de grado realizados por estudiantes en el Instituto DINA durante el periodo 1988-2020
Los procesos o etapas por los que atraviesa la familia pueden involucrar diferentes sentimientos: shock emocional, negación, afrontar el problema y aceptar. Los padres requieren dos cosas: apoyo profesional que les ayude a convivir con su problema y servicios adecuados para el tratamiento de sus hijos así como servicios de apoyo a la familia. Es claro que convivir con un niño autista representa para los padres aceptar que son una familia especial y que cuentan con unas necesidades de información, formación y apoyo que son cubiertas, en alguna medida, por el instituto DINA por medio de las diferentes actividades terapéuticas para los niños y las escuelas de padres para los cuidadores primarios, así como material educativo, dentro de los cuales Rodas (1992) publica el primer “Manual para padres de niños con trastorno del espectro autista”.
El trabajo con padres de niños con diagnóstico de trastorno del espectro autista ha evidenciado, según Campuzano (2004), que requieren en un primer momento más atención por parte de los profesionales que el mismo niño, pues el vínculo marital tiende a resquebrajarse. De hecho, Rodas (1992) comprobó un alto índice de ruptura de las relaciones de pareja por esta causa, por lo que uno de los objetivos del trabajo en el DINA es fortalecer y apoyar a cada uno de los miembros de la familia, para que se tornen facilitadores y uno de los ejes centrales del tratamiento, creando la percepción de que el niño permanece las 24 horas del día en terapia, si se tiene en cuenta que el 85 % del tiempo se encuentra en su hogar.
De igual manera, algunos trabajos como el de Colorado (2008) han evidenciado que en ocasiones se requiere impactar de igual manera la familia extensa, por el papel relevante que esta juega como red para afrontar y disminuir la sobrecarga que puede presentar el cuidador primario, que en un mayor porcentaje son las madres, aunque el trabajo de Morales Orozco (2013) refleja que decidir quién será el miembro de la familia, cuyas condiciones de tipo físico y mental la hacen la persona más apta para brindar cuidado al niño en condición de autismo, necesita de la opinión de todo el núcleo familiar pues algunos temas como la economía, las labores domésticas, el cuidado del resto de la familia y los tiempos de descanso se deben tener en cuenta a la hora de tomar esta decisión.
Dentro de la producción académica del instituto DINA, se han publicado diferentes módulos parar orientar la intervención de los padres como coterapeutas. En el año 1995 se publicaron cinco tomos diferentes dirigidos a: La pareja, embarazo, desarrollo ontogénico, alteraciones del desarrollo, estimulación adecuada y trastornos del desarrollo infantil; El autismo, equipo interdisciplinario; Evaluación del desarrollo; Entrenamiento fonoaudiológico; Entrenamiento sensoperceptual y sensoriomotriz (Rodas et al., 1995).
En la última actualización de estos, se publicaron cuatro módulos destinados al trabajo de padres coterapeutas. En el Módulo I (Rodas, 2000) se presenta una reseña histórica del Instituto DINA, el procedimiento para realizar el diagnóstico formal de autismo desde la perspectiva del DSM-IV, brindando usa serie de herramientas, como la forma diagnóstica E-2 la cual fue adaptada y traducida en el instituto DINA por Londoño (1998). Dentro de este mismo módulo se retoman aspectos sobre el diagnóstico diferencial, el pronóstico y el equipo interdisciplinario.
El Módulo II (Arias, 2003) se centra en aspectos de fonoaudiología como la percepción auditiva, el lenguaje y la comprensión, presentando una serie de ejercicios prácticos que pueden ser implementados en los procesos de intervención de cada una de estas dimensiones. Se hace énfasis en el manejo de las ecolalias, el lenguaje mecánico y la compresión de “sí-no”.
El Módulo III (Forero, 2004) hace énfasis en actividades que pueden ser implementadas para trabajar aspectos como la percepción visual, la percepción gustativa y olfativa, percepción táctil, motricidad gruesa, esquema corporal y motricidad fina.
El trabajo con los padres o los cuidadores primarios de estos niños trasciende la transmisión del conocimiento propio de una disciplina o especialidad que permita la correcta educación y convivencia con esta población. También se han realizado trabajos que buscan explorar las posturas de los padres frente a diferentes procesos, propios del desarrollo por el cual pasan estos niños, como lo es la sexualidad. En el trabajo de Montoya (2004) se plantea que las personas que han sido diagnosticadas con autismo, y que han empezado a presentar manifestaciones sexuales, son más primarias porque responden automáticamente a sus necesidades, sin importar la hora o el lugar.
De igual manera, el no tener la apropiación de conceptos propios de la ética, moral o pudor, indica que en el autismo la sexualidad es sinónimo de genitalidad, pero vista desde la manipulación de sus órganos genitales para conseguir placer y no desde procesos de interacción e intencionalidad de buscar la satisfacción de sus necesidad sexuales a partir del otro. Esto se puede explicar ya que el trastorno inhibe el desarrollo de las técnicas que gobiernan el intercambio de signos sexuales entre dos personas que se atraen mutuamente, siendo esto la expresión de una inmadurez social y emocional, por lo que los padres de niños autistas los pueden percibir como depravados o pervertidos. El análisis de este trabajo evidencia los testimonios de siete padres en donde sus mayores preocupaciones son la masturbación, vergüenza por las manifestaciones inapropiadas de sus hijos y las posibilidades de un embarazo.
Experiencias desde el voluntariado DINA
El voluntariado ha sido un espacio de formación para los estudiantes de Psicología y otras personas interesadas en el TEA. Por lo general, se cuenta con un grupo de estudiantes que dedican parte de su tiempo a realizar diferentes actividades con los padres y los niños con la condición; de igual manera se cuenta con una monitora del programa de Psicología y un equipo de profesionales que supervisan las actividades.
Este lugar ha permitido tener un contacto directo con el mundo del autismo, propiciando varios espacios de formación, para que el terapeuta pueda formarse para crear situaciones en las que incorpore diferentes tipos de estrategias, y acercarse al mundo silencioso y lejano de la persona autista. Tal como lo refiere Núñez (2003), esto permite disminuir la brecha entre la soledad de un niño con la condición y el mundo exterior, de cuyo intercambio aun no hace parte, y es un objetivo clave de los procesos de intervención.
El terapeuta debe ser mucho más que un utilizador o replicador neutral de técnicas; el trastorno del espectro autista es tan fascinante y particular que leer y comprender su silencio implica un mundo durante cada día de proceso; cada instante es una búsqueda más allá del silencio de la persona autista.
En el trabajo con niños que presentan trastorno del espectro autista interactúan diversos aspectos que conllevan a un buen desarrollo de los objetivos terapéuticos del proceso como tal. Entre los más destacados se encuentran: la teoría existente que otorga un marco de referencia sobre el campo en el cual se va a desenvolver, y las habilidades que debe poseer un terapeuta para permitir que el niño se exprese y muestre tal como es, permitiendo el desarrollo de un proceso de exploración, aprendizaje y conocimiento mutuo.
Estos dos aspectos de formación son los que facilita el DINA a los diferentes voluntarios y estudiantes del programa de Psicología, que desarrollan ciertas habilidades logrando un trabajo integral con esta población. Para Ortiz (2004) las tres habilidades que dan la oportunidad de combinar la teoría con la práctica son: la paciencia, la imaginación y la perspicacia, que son los que dejan persistir en el proceso terapéutico reconociendo los avances más mínimos en el comportamiento del niño y buscando otras formas para generar aprendizaje e identificar cuáles son las que mejor se adaptan a las necesidades del niño objeto de atención. De igual manera, también se reconocen otros aspectos como la tolerancia a la frustración, la percepción de progresos moleculares, la claridad sobre qué señales debe dar e inhibir y reflexionar frente al autismo como una condición.
Una de las reflexiones más interesantes, realizada por Martínez (2004) como terapeuta del instituto DINA, plantea que la empatía es la base para establecer una adecuada relación terapéutica con una persona que se encuentra en condición de autismo; reflexiona sobre las fallas de empatía en la persona autista, por lo que este proceso es unidireccional del terapeuta al paciente. Sin embargo, esta se va cristalizando en la medida que el terapeuta aprende a leer el lenguaje corporal que genera el niño y las reacciones que toma frente a determinado tipo de situaciones.
La observación es la única herramienta que puede evidenciar los antecedentes y consecuentes de una conducta y así obtener una visión clara de los objetivos en el proceso de intervención.
La autora propone una categorización y estadios por los que transita el terapeuta que trabaja con autismo dentro del instituto. La categoría uno, denominada: “Terapeuta que hace carrera” consta de cinco estadios: encantamiento, acoplamiento, arrogancia, confrontación y reto, los cuales son característicos de los terapeutas que deciden ingresar de forma voluntaria al instituto DINA. Sin embargo, estos estadios sufren una variación y se aumenta uno cuando el terapeuta ingresa al DINA, como forma de cumplir un requisito obligatorio dentro del pensum académico de Psicología, en lo que hoy se llama observación dirigida de campo (ODC). Los estadios se dan de la siguiente manera: desencanto, acoplamiento, encantamiento, arrogancia, confrontación y reto.
La categoría dos, denominada: “Terapeuta que deserta” conformada por tres estadios: encantamiento, indecisión y retiro. Para considerar el tránsito de un terapeuta por las categorías y los diferentes estadios se deben tener en cuenta aspectos como las atribuciones, las autoinstrucciones, las estrategias cognitivas y las expectativas.
El terapeuta que logra entrar en el mundo de una persona autista tiene el privilegio de generar procesos que quizás muchas personas no logran hacer. Ser terapeuta es tener la capacidad de reconocer que, aunque no se manifiestan como los neurotípicos, estos niños también sienten alegría, tristeza y angustia. De igual manera, ser terapeuta es reconocer que, por mucha experiencia que se tenga, siempre habrá posibilidad de enfrentarse a situaciones que serán difíciles de manejar.
Otras investigaciones
Dentro de las propuestas de investigación se han publicado diferentes trabajos, entre ellos el realizado por Campuzano y Montoya (2013) donde toman 19 sujetos con diagnóstico del trastorno del espectro autista y se exponen a tres situaciones en un circuito cerrado de televisión. Las situaciones incluían: inicialmente inducir al niño a jugar golpeando con almohadas, en donde la mayoría interactúan y participan en la actividad, pero no un seguimiento claro de las reglas de juego; tampoco saben a qué están jugando. Segundo, se planteó la situación de instrucción NO, como preaversivo, y confrontar si funciona en el niño como reconocimiento de la autoridad del adulto o como seguimiento instruccional inhibidor de la acción. Se logró evidenciar que el estímulo preaversivo funciona como predictor de la conducta y de la consecuencia negativa, ya que todos ante la instrucción “no” o ante la presencia del adulto inhiben la acción. Por último, la tercera situación fue la de reconciliación de pelea; en la mayoría de los niños se observa una aparente diferenciación entre los dos momentos de la situación, teniendo la habilidad de percibir situaciones sociales diversas que implican comportamientos diferentes. Estos autores concluyen que, si bien no podemos desconocer que las personas con autismo presentan dificultades para entender y entablar relaciones sociales, tampoco podemos afirmar que en el autismo no hay socialización. Partiendo del concepto que socializar implica relacionarse con otras personas, podemos afirmar que en el autismo hay diferentes formas y/o patrones de socializar, al igual que en el común de las personas.
Desde la perspectiva neuropsicológica se ha indagado por diferentes procesos cognitivos que se encuentran comprometidos en el TEA, como la teoría de la mente y la empatía (Zuluaga et al., 2018). La flexibilidad cognitiva, la teoría de la mente, y lenguaje expresivo y comprensivo (González-Martínez et al., 2018) logran evidenciar que los grupos controles puntúan más alto que los niños TEA en las pruebas de teoría de la mente y empatía. Sin embargo, no se logra determinar una correlación entre estas dos variables.
Estos estudios evidencian que la teoría de la mente de segundo orden, el lenguaje expresivo y la flexibilidad cognitiva evolucionan de manera positiva con la edad, a pesar de encontrarse puntajes promedios inferiores a la norma. Así mismo se refleja la necesidad de contar con grupos poblacionales más grandes, ya que las muestras reducidas presentan dispersión de datos y poca capacidad de generalización de los resultados. Se espera que en los próximos años se continúen publicando diferentes estudios desde esta perspectiva.
Discusión
El presente trabajo tuvo como propósito realizar una revisión documental de los artículos y trabajos investigativos resultados de la trayectoria del Instituto para el Desarrollo Integral del Niño Autista (DINA), en los últimos 30 años. Durante la búsqueda y análisis de los trabajos publicados se identificaron cinco líneas generales de generación del conocimiento entre las que se encuentran las teorías y modelos explicativos del TEA, propuestas de intervención, padres coterapeutas, experiencias desde el voluntariado DINA y otras investigaciones.
La literatura científica evidencia que las tendencias de investigación en el TEA han variado a lo largo del tiempo, debido a los avances teóricos y tecnológicos que han permitido brindar diferentes interpretaciones frente a la condición. En Colombia, en el año de 2011, al examinar 195 proyectos de investigación de 22 grupos que estaban vinculados a la temática de psicología clínica, se identificaron siete proyectos sobre “psicopatología infantil”, donde se incluyen temas como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el TEA y la depresión infantil.
Sin embargo, no se evidencia qué temas específicos son investigados al hablar de TEA, (Rey Anacona y Guerrero-Rodríguez, 2012), aspecto que sí se evidencia en un análisis de la productividad y las tendencias de publicación en el autismo, en tres de las principales revistas internacionales especializadas en autismo y trastornos del desarrollo, realizado por de la Cruz et al. (2006) en donde analizan el periodo de 1997 a 2004, con un total de 198 artículos publicados, de los cuales el 18,7 % fueron estudios de intervención, 57,6 % investigaciones de evaluación y el 23,7 % otros trabajos (revisiones sistemáticas, artículos de reflexión).
En otro estudio realizado por Matson & LoVullo (2009), analizaron las publicaciones del periodo 1978-2008 relacionadas con el TEA; se identifican 16.069 artículos sobre autismo, evidenciando un aumento significativo en el número de trabajos al pasar de los años. El tema principal es la investigación en genética, seguido de percepción y cognición neurobiológica y psicológica del TEA. Los temas investigados con menos frecuencia son: etiología, teoría de la mente, y epidemiología, siendo la parte genética y epigenética la que ha ganado más terreno en los últimos años (Gyawali & Patra, 2019).
Las tendencias en investigación en TEA cambian en cada país. En el Reino Unido, durante el periodo 2007-2011, el 56 % trataron sobre biología, cerebro y cognición; 18 % tratamientos e intervenciones; 15 % causas y 5 % diagnóstico, síntomas y conducta (IACC, 2012). Sin embargo, en el trabajo de Pellicano et al. (2014) se encontraron como prioridades de investigación: identificación de servicios y apoyo efectivo para las personas autistas y su familia; el desarrollo de habilidades para la vida cotidiana, empleo, apoyo posdiagnóstico e intervenciones basadas en la evidencia, reflejando la gran discrepancia entre las prioridades de investigación identificadas por los participantes y la investigación actual del Reino Unido.
En el Medio Oriente se han revisado 70 estudios a nivel social, educativo y psicológico sobre TEA publicados en Jordania, Arabia Saudita y Líbano. Se identificaron tres líneas de investigación: prevalencia del TEA y problemas con el diagnóstico; las experiencias y los resultados para los cuidadores árabes de personas con TEA; y el comportamiento social y de comunicación de las personas árabes con TEA. Es importante mencionar que los autores de la revisión califican los trabajos incluidos como de baja calidad (Alallawi et al., 2020).
Un trabajo anterior identificó 142 publicaciones, durante el periodo de 1992-2014, la mayoría producidas por Arabia Saudita, Egipto y Omán. Estas abordan la biología del TEA (34,5 %), seguido de la identificación de los factores de riesgo (28,9 %) y el diagnóstico (14,1 %). Curiosamente, los aspectos menos abordados son los tratamiento y la intervención (9,2 %), los servicios (8,5 %), la infraestructura y la vigilancia (3,5 %) y los problemas de duración de la vida (1,4 %), (Alnemary et al., 2017). Los hallazgos de estos estudios sugieren que los TEA en el mundo árabe son un campo joven de investigación pero que refleja un rápido crecimiento.
El estado de la investigación en los países árabes se encuentra en el mismo punto que en los países bálticos como Lituania, Letonia y Estonia, lo que se evidencia en el trabajo de Buivydaite et al. (2017), donde analizan un total de 47 estudios publicados a partir del 2005 momento en el que inicia la generación de conocimiento en el TEA en estos países, evidenciado que la investigación en TEA aún está en sus inicios. Las áreas con más producción académica son la educación, medicina, paternidad, autismo en la edad adulta, tratamientos y epidemiología.
En los países analizados, el aspecto educativo o la inserción al ambiente escolar es una constante en temas de investigación en TEA. El trabajo de Carmona-Serrano et al. (2020) analiza la producción científica frente al autismo en el campo educativo en Web o Science, identificando un total de 5.512 trabajos durante el periodo de 1963-2018; el mayor número de trabajos se publicó en Estados Unidos, Inglaterra, Australia y Canadá. En ellos se identifican dos líneas de investigación: la primera enfocada a madres de niños con TEA; y la segunda, en el diagnóstico e inclusión de las instituciones educativas.
Dos de las categorías centrales de generación de conocimiento en el DINA son las intervenciones y el trabajo con padres coterapeutas, aspectos que han sido investigados en diferentes países. Sin embargo, llama la atención que la región báltica y los países árabes (Buivydaite et al., 2017; Alallawi et al., 2020; Alnemary et al., 2017), en donde la investigación aún está en sus inicios, su prioridad se evidencia en dos líneas, aspecto que no se nota en los estudios previamente analizados en países más industrializados como el Reino Unido y los Estados Unidos, a pesar de contar con diferentes estudios que hablan acerca de la sobrecarga y la calidad de vida en cuidadores primarios de personas con TEA (ten Hoopen et al., 2020).
Otro aspecto relevante es que el trabajo con madres se realiza vinculado al ambiente educativo. El trabajo de Carmona-Serrano et al. (2021) identifica que el principal foco de investigación, al analizar la diada TEA y padres, es el estrés que se genera en las familias que tiene un sujeto con la condición, además de los problemas familiares que se pueden ocasionar por los problemas de conducta que pueden presentar estos niños. Esto se logra identificar al analizar un total de 1381 documentos, durante el periodo 1971-2019, evidenciando un pico en la generación del conocimiento desde 2005 cuando el tema comienza a ser relevante para la comunidad científica. Es importante mencionar que las dos líneas de investigación anteriormente mencionadas han sido analizadas en el instituto DINA por Restrepo Cardona (2017), Ocampo (2004), Campuzano (2004) y Rodas (1992) entre otros.
Otra categoría de investigación identificada en el Instituto DINA y en otros países son los procesos de intervención o tratamiento, ya sean por metodologías tradicionales o a través de tecnologías de la información y comunicación. Frente a la intervención del TEA por medio de las Tic, en un análisis de 1.048 publicaciones de 1992-2019 se identifica que las intervenciones realizadas, apoyadas en recursos tecnológicos con estudiantes o jóvenes que presentan TEA, son el foco de mayor atención en la comunidad científica, aunque esta tendencia puede variar según el periodo de tiempo analizado (Carmona-Serrano et al., 2020) en donde las orientaciones terapéuticas pueden varias según el modelo teórico que esté marcando la actualidad científica, aspecto a tener en consideración ya que la investigación desde la neuropsicología solo fue referenciada en el trabajo de Matson, & LoVullo (2009).
Otro aspecto a tener en cuenta en la investigación en TEA son los estudios con metodología cualitativa, ya que cubren una variedad de temas críticos desde la óptica de los pacientes, proveedores, cuidadores y familias, o situaciones en donde se quiere explorar cómo las personas experimentan diferentes circunstancias y problemas, dando voz a la experiencia vivida por los individuos con TEA y las partes interesadas.
Esta metodología puede brindar información útil cuando se tratan temas relativamente desconocidos y poco explorados, como experiencias frente a la atención clínica, la sexualidad y el empleo (van Schalkwyk & Dewinter, 2020; Bölte, 2014). La producción académica del DINA ha buscado exponer, por medio de esta metodología, diferentes estudios de caso y explorar dimensiones como la sexualidad, como se evidencian en los trabajos de Montoya (2004) y Sánchez (2004).
Conclusiones
El trastorno del espectro autista cuenta con una larga historia en los diferentes libros que hablan de las primeras descripciones de esta condición. En Colombia el nacimiento de la Psicología, como área de estudio, trajo consigo la implementación de los principios de diferentes posturas teóricas en variados ambientes y poblaciones. El instituido DINA hace parte de esta historia como un centro de investigación e intervención en los niños, niñas y adolescentes que presentan TEA, y tal como lo refiere Pineda Cárdenas (2018):
han sido muchos los investigadores que se han dado a la tarea de estudiar estos complejos y maravillosos seres que hoy por hoy se les puede conocer de manera más precisa gracias a las exhaustivas indagaciones que se han realizado, permitiendo ampliar la visión que se tiene no solo en lo que respecta al comportamiento, sino a todo lo que está relacionado con su mundo interno. (p. 5).
A nivel investigativo y académico, si bien como lo ha reflejado este trabajo se cuenta con una larga trayectoria, la producción sigue estando en deuda y se queda corta para los diferentes procesos que se han adelantado respecto a lo que se puede evidenciar entre el número de trabajos de grado asesorados y el número de publicaciones en revistas nacionales o internacionales obtenidas durante el periodo 2009-2020, después de la publicación del último número de documentos DINA en el año 2008. Por ello se deben propiciar espacios para que los trabajos elaborados para optar a títulos de pregrado y posgrado concluyan en una publicación en revistas especializadas, lo que permitirá difundir de manera más amplia la propuesta del Instituto DINA.
La experiencia del Instituto DINA ha permitido documentar diferentes vivencias y beneficiar a la población en condición de autismo. Su labor a lo largo de más de 30 años no se podría plasmar en esta breve reseña; su influencia es invaluable logrando impactar la vida de familias y de niños con la condición. Por esto, en algunas de sus publicaciones se dan recomendaciones a tener en cuenta a la hora de abordar a esta población (Mara, 2008; Rieviere 2008), a través de cinco grandes líneas de generación de conocimiento: la primera son las teorías y modelos explicativos del TEA; la segunda, la propuestas de intervención; tercera, la de padres coterapeutas; cuarta, las experiencias desde el voluntariado DINA y, finalmente, la quinta son otras investigaciones. De estas líneas dos (2 y 3) concuerdan con la producción científica a nivel mundial, tanto en países con una larga tradición en el autismo como aquellos en donde apenas se está iniciando su exploración.
Un aspecto fuerte del DINA son los espacios de apropiación social del conocimiento y educación, donde han sido muchas las áreas de formación diseñadas para diferentes profesionales y padres o cuidadores interesados. Se han dictado diplomados, seminarios y congresos en diversos espacios. La escuela de padres ha sido un espacio permanente dentro de la labor del Instituto DINA que representa un gran porcentaje del éxito de las intervenciones. De igual manera, el número de trabajos publicados, que giran en torno a los padres terapeutas, el autismo y la familia, evidencian que son aspectos que se deben mantener a lo largo del tiempo y se documentarse de forma más rigurosa (García Mesa, et al., 2021)
Es importante mencionar que el trabajo colaborativo y multidisciplinar permitirá ampliar nuestra comprensión frente al trastorno del espectro autista (Delgado-Reyes, 2018). Por esto, los padres y asistentes al Instituto DINA se encuentran participando de un estudio colaborativo entre la Universidad de Manizales y la Universidad Autónoma de Manizales titulado “Análisis multidimensional en una muestra de niños con trastorno del espectro autista (TEA) y niños neurotípicos en la ciudad de Manizales”, donde se busca realizar un análisis de esta población a diferentes niveles entre los que se encuentra genética molecular, neurofisiología, neuropsicología y fisioterapia, lo que permitirá establecer relaciones dirigidas a mejorar la compresión de esta condición y contribuir a la generación de conocimiento científico para plantear nuevas alternativas de intervención, a partir de nuevas orientaciones teóricas y tecnológicas como la realidad virtual (Delgado Reyes et al., 2020).
Agradecimientos
Los autores expresan su más sincero agradecimiento a los diferentes niños con la condición y sus familias que han pasado por las aulas de la Universidad de Manizales, que han permitido el aprendizaje de profesionales y estudiantes; de igual manera, agradecen a los miembros del voluntariado del Instituto DINA y estudiantes del programa de Psicología que han aportado su tiempo para seguir enriqueciendo estos espacios.
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Abordaje de la conducta suicida
Tempus Psicológico
Carvajal, S y Jaimes, I.C.
Tempus Psicológico
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Analysis of cognitive interviews of the adaptation of the Salzburg Emotional Eating Scale to Spanish
Análisis de entrevistas cognitivas de la adaptación de la Salzburg Emotional Eating Scale al español
Vanessa Monserrat Vázquez-Vázquez
Felipe de Jesús Díaz-Reséndiz
Lilián E. Bosques-Brugada
Karina Franco-Paredes
Artículo de investigación
Recibido: 16/10/2023 – Aprobado: 02/11/2023 - Publicado: 03/12/2023
ISSN - 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.4976.2024
Volumen 7-1 2024
Resumen
Objetivo: analizar la comprensión e interpretación de la Salzburg Emotional Eating Scale (SEES) en su versión adaptada al español empleando entrevistas cognitivas en jóvenes mexicanos. Método: la muestra estuvo conformada por 12 participantes (18 – 23 años; M = 20, DE =1.81) de una universidad pública del sur de Jalisco, México; quienes completaron la escala del SEES y participaron individualmente en una entrevista cognitiva semiestructurada. Resultados: la SEES adaptada al español se consideró comprensible y sin problemas para su interpretación, siendo adecuada en su equivalencia cultural. Entre las dificultades reportadas destacó la diferenciación entre emociones similares (ej. “feliz” y “contento”). Para futuros estudios se sugiere analizar la comprensión de la escala en diferentes poblaciones con la finalidad de ampliar el conocimiento de los procesos cognitivos de la SEES en población mexicana.
Palabras clave: entrevistas cognitivas, SEES, universitarios, emotional eating, adaptación.
Abstract
Objective: to analyze the understanding and interpretation of the Salzburg Emotional Eating (SEES) in its version adapted to Spanish using cognitive interviews in mexican undergraduates. Method: the sample comprised 12 participants (18-23 years; M = 20, SD = 1,81) from a public university in the southern area of Jalisco, Mexico. The students completed the SEES and individually participated in a semi-structured cognitive interview. Results: the SEES adapted to Spanish was reported to be understandable and without problems for its interpretation, being appropriate in its cultural equivalence. Among the difficulties reported, the differentiation between similar emotions (for example, “happy” and “content”) stood out. For future studies, it is suggested to analyzed its understanding in different populations in order to continue amplifying the knowledge of cognitive processes in the SEES in the Mexican population.
Keywords: cognitive interviews, piloting, SEES, undergraduates, emotional eating, adaptation.
Tempus Psicológico
1 Universidad de Guadalajara. Correo: vanessa.vazquez4619@alumnos.udg.mx. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2357-4157
2 Universidad de Guadalajara. Correo: felipe.resendiz@cusur.udg.mx ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2278-876X
3 Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Correo: lilian_bosques@uaeh.edu.mx ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3969-683X
4 Universidad de Guadalajara. Correo: Departamento de Psiquiatría. Correo: karina.franco@cusur.udg.mx. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5899-3071
La correspondencia relacionada con este artículo debe dirigirse a Karina Franco Paredes, Centro Universitario del Sur, Universidad de Guadalajara. Av. Enrique Arreola Silva 883, Colonia Centro, Ciudad Guzmán, C.P. 49000, Jalisco, México. Correo electrónico: karina.franco@cusur.udg.mx. Phone: 575 22 22 Ext. 46168.
Agradecimientos: La primera autora agradece la beca 920841 otorgada para estudios de doctorado por el CONAHCyT a través del Programa de Becas de Posgrado 2022.
Análisis de entrevistas cognitivas de la adaptación de la Salzburg Emotional Eating Scale al español
Para citar este artículo
Vázquez-Vázquez, V. M., Díaz-Reséndiz, F. d J., Bosques-Brugada, L. E. & Franco-Paredes, K. (2024). Análisis de Entrevistas Cognitivas de la Adaptación de la Salzburg Emotional Eating Scale al Español. Tempus Psicológico, 7(1), 139-157
Vanessa Monserrat Vázquez-Vázquez1
Felipe de Jesús Díaz-Reséndiz2
Lilián E. Bosques-Brugada3
Karina Franco-Paredes4
Tempus Psicológico
Introducción
Los instrumentos de autoreporte son una herramienta útil para medir constructos psicológicos. Asimismo, la decisión sobre si se construirá, adaptará o traducirá una escala debe hacerse posterior al análisis crítico y exhaustivo de la calidad psicométrica de los instrumentos existentes, así como de su idoneidad para los fines y participantes considerados. La adaptación es la mejor opción cuando se cuenta con un instrumento que mide el constructo de interés con adecuadas evidencias de calidad psicométrica e idoneidad, ya sea que esto implique únicamente adaptar o también traducir —en los casos de escalas construidas en un idioma distinto al que se pretende aplicar— (Calleja, 2023).
Actualmente existen diferentes propuestas para revisar la calidad de las propiedades de medida de los autoreportes, siendo una de ellas la iniciativa COnsensus‐based Standards for the Selection of Health Measurement INstruments (COSMIN) (Terwee et al., 2017), misma que destaca la relevancia de examinar la validez de contenido de los instrumentos a través de tres aspectos: relevancia, exhaustividad y comprensibilidad. Al respecto de este último aspecto, el interés se centra en conocer si las instrucciones/reactivos/opciones de respuesta de los autoreportes son entendidos, para lo cual existen diversas estrategias, siendo una de ellas las entrevistas cognitivas (EC).
Las EC permiten identificar los procesos cognitivos que realizan las personas al contestar los autoreportes (Caicedo & Zalazar-Jaime, 2018) facilitando identificar y corregir problemas en la comprensión e interpretación del instrumento en alguno(s) de sus componentes (Vargas-Halabí & Mora-Esquivel, 2017). Además de ser útiles para evaluar la equivalencia socio-cultural; esto es que la traducción del instrumento sea adecuada al idioma y población de interés, que de acuerdo con la International Test Commission (2017) es necesaria en la adaptación de los autoreportes.
Un problema de salud a nivel mundial es la obesidad, que desde la psicología se ha encontrado asociado a factores como el trastorno por atracón y que de acuerdo con Match y Simons (2011) se trata de la forma más grave en la que se puede presentar la ingesta emocional (EE, por sus siglas en inglés). Durante la emergencia sanitaria de Covid-19 se reconoció un aumento de EE en las personas y la relación de esta conducta con un mayor peso corporal en personas adultas (Melamed et al., 2022; Burnatowska et al., 2022). Asimismo, en los jóvenes también se ha encontrado vinculada la EE con mayores índices de sobrepeso u obesidad (Pink et al., 2019; Spinosa et al., 2019; Vázquez-Vázquez et al., 2022).
Existen diversos instrumentos que miden la EE, entre ellos la Salzburg Emotional Eating Scale —SEES— (Meule et al., 2018) que de acuerdo con la revisión sistemática realizada por Vázquez-Vázquez et al. (2019) es uno de los instrumentos que cuenta con mejores evidencias de propiedades de medida. Los autores de la SEES definieron la EE como aquella alteración en la conducta de ingesta de alimentos frente a la experiencia emocional (positiva o negativa). Esta definición permite evaluar la EE de manera diferenciada por emociones, así como el aumento o la disminución del consumo de alimentos en función de la experiencia emocional. Sin embargo, no se tiene una descripción detallada del proceso seguido para la construcción de los ítems y por ende de la validez de contenido (Vázquez-Vázquez et al., 2019). Sumado a ello, las discrepancias existentes respecto a los resultados sobre la EE entre los estudios observacionales y los experimentales (Altheimer & Urry, 2019; Braden et al., 2020; Reichenberger et al., 2020) evidencian la necesidad de incorporar estrategias como las EC para conocer cómo se están entendiendo los reactivos del instrumento utilizado para evaluar la EE.
La presente investigación forma parte del proyecto de adaptación y validación de la SEES al español que tiene como objetivo analizar la comprensión e interpretación de la SEES en su versión adaptada al español empleando EC en jóvenes mexicanos.
Método
Se realizó un estudio instrumental con el uso de EC de tipo semiestructurada por sondeo verbal de forma retrospectiva (Beatty & Willis, 2007) a través de preguntas de tipo: comprensión/interpretación, parafraseo, juicio, recuerdo específico y general (Caicedo & Zalazar-Jaime, 2018; Smith-Castro & Molina, 2011). Las EC fueron realizadas del 11 al 16 de noviembre del 2022 dentro de espacios de una universidad pública del sur de Jalisco, México.
Muestra
Se realizó un muestro no probabilístico por conveniencia, en el que fueron partícipes 12 estudiantes universitarios (cinco varones y siete mujeres), de entre 18 y 23 años de edad (M = 20, DE = 1.81), quienes estaban inscritos a los programas educativos de Psicología (n = 4), Negocios Internacionales (n = 4) y Desarrollo Turístico Sustentable (n = 4) en distintos semestres (2do, 3ro, 5to y 8vo) del turno matutino o vespertino. El 92% (n = 11) de los jóvenes reportó su estado civil como soltero y el porcentaje restante (8%, n = 1) vivía en unión libre. Cabe mencionar que el número de personas tenidas en cuenta para este procedimiento se realizó bajo la consideración del rango sugerido de entre 12 – 15 personas (Briceño et al., 2017). El único criterio de selección aplicado fue que se tratara de estudiantes de nivel licenciatura que aceptaran participar en las EC.
Instrumento
Salzburg Emotional Eating Scale
La SEES (Meule et al., 2018) tiene 20 reactivos que miden la EE a través de cuatro dimensiones: felicidad (α = .87), tristeza (α = .85), enojo (α =. ٨٦) y ansiedad (α = .82). Con una escala de respuesta tipo Likert de cinco puntos (de 1-consumo alimentos mucho menos de lo habitual, a 5-consumo alimentos mucho más de lo habitual).
Entrevista cognitiva
El guion de las EC estuvo constituido por 11 preguntas utilizadas para evaluar la comprensión de la adaptación de la SEES al español. Esta estrategia cognitiva daba respuesta a la interpretación de algunas emociones y a reconocer las dificultades surgidas al responder la escala como se puede observar en la Tabla 1.
Tabla 1
Ejemplos de preguntas de la guía de EC en la adaptación de la SEES al español
|
Preguntas |
Tipo de pregunta |
Objetivo |
|
¿Podrías decirme con tus propias palabras cuáles fueron las instrucciones? |
Parafraseo |
Identificar la claridad y comprensión para dar respuesta a la escala. |
|
¿Qué significa para ti “ingesta emocional”? |
Interpretación |
Conocer el significado que dan los jóvenes al constructo de ingesta emocional. |
|
¿Tuviste alguna dificultad contestando alguna pregunta? |
General |
Reconocer dificultades en general al contestar el instrumento así como identificarlas en emociones similares. |
|
¿En qué pensabas al responder las preguntas ١٧ y ١٩ “Cuando estoy ansioso(a) consumo alimentos y Cuando estoy nervioso(a) consumo alimentos”? |
Juicio |
Reconocer si existían dificultades al pensar en emociones similares. |
|
¿Cómo recordaste la frecuencia de tu consumo de alimentos ej. cuando te sientes triste? |
Recuerdo |
Identificar la estrategia cognitiva de los participantes al dar respuesta a los reactivos. |
Procedimiento
En primera instancia fue obtenida la autorización de los autores originales de la SEES (Meule et al., 2018) para llevar a cabo la adaptación del instrumento al español. Posteriormente, tres traductores bilingües independientes realizaron el proceso de traducción. Las traducciones realizadas fueron revisadas por cuatro especialistas en trastornos del comportamiento alimentario (proceso del que se obtuvo la versión en español de la SEES). Seguido de la traducción de una psicóloga en formación cuya lengua materna es el inglés; ella llevó a cabo la traducción inversa para evaluar la equivalencia de la versión original de la SEES con la versión adaptada al español.
Tras lo anterior, fueron contactados algunos docentes de la institución educativa en la que se realizó la investigación para acordar el día y horario en el que se invitaría a los estudiantes a participar. Se acudió a las aulas institucionales para invitar a los estudiantes a ser partícipes de las EC, dándoles a conocer el objetivo del estudio, la finalidad de las EC, el procedimiento a seguir y sobre las consideraciones éticas de la investigación. Lo anterior siguiendo las pautas recomendadas por Cabanillas et al. (2017).
De cada grupo al que se acudió (n = 6) fueron reclutados los dos primeros jóvenes interesados en participar. Posteriormente, fueron trasladados individualmente a otra aula de la institución con la finalidad de reducir factores distractores, así como para proveer al participante confidencialidad y privacidad de la información proporcionada. En el aula se leyó el consentimiento informado y se procedió a completar los datos generales solicitados y la SEES en su versión en español a través de un dispositivo móvil (celular/laptop) desde la plataforma de Google Forms. Posteriormente se realizó la entrevista semiestructurada con la finalidad de identificar si la SEES en su versión adaptada al español era fácilmente comprensible, la interpretación de algunos de sus reactivos y explorar las observaciones que los participantes pudieran realizar de la misma. Cabe mencionar que, las entrevistas fueron realizadas por la investigadora principal del estudio (VMVV) y una estudiante de maestría previamente capacitada en la estrategia de entrevistas cognitivas.
La duración aproximada de la participación de los jóvenes osciló entre 30 a 45 minutos. Posterior a las EC se realizó un pilotaje grupal (n = 57) a jóvenes pertenecientes a la población diana (49.1% mujeres y 50.9% varones) también en modalidad virtual.
El estudio se realizó en apego a la Declaración de Helsinki (Asociación Médica Mundial, 2015); adicionalmente, el protocolo del estudio del cual forman parte las EC fue aprobado por el Comité de Ética de los posgrados del Centro Universitario del Sur, Universidad de Guadalajara (CE/2023/01). Previo a la participación, los estudiantes dieron su consentimiento informado. Cabe señalar que, tanto las respuestas del cuestionario de la SEES como los datos generales recogidos en la plataforma de Google forms fueron eliminados de la plataforma digital posterior a su descarga de la base de datos generada, misma en la que los datos se mantuvieron anónimos ya que los nombres de los participantes fueron sustituidos por códigos en todo momento.
Análisis de la información
Las respuestas verbalizadas de los participantes a la EC fueron registradas manualmente en un formato impreso, esta información posteriormente se estudió a través de un de cuadro de análisis.
Resultados
En lo concerniente a la comprensión de las instrucciones para dar respuesta a la SEES, todos los participantes informaron que no tuvieron dificultades. En tanto a la pregunta en la que se indagó acerca del significado dado al término “ingesta emocional”, 50% de los participantes (n = 6) refirieron ideas que reflejaban una alteración en el consumo de alimentos asociada a la experiencia emocional (ej. “comer según las emociones”, “el apetito en función de cómo te sientes”); mientras que para el resto de los participantes el concepto les remitió a ideas mayormente centradas en las emociones y no en el comer (ej. “como uno procesa las emociones dependiendo cómo me siento”, “qué es lo que hacías cuando estabas triste o feliz”). A la pregunta sobre las dificultades para dar respuesta a algún reactivo el 58% (n = 7) de los participantes mencionaron problemas para diferenciar emociones similares (ej. “me revolvió las emociones feliz y contento”, “diferenciar emociones similares ej. ansiedad-nerviosismo y contento-feliz”); 8% (n = 1) de los participantes refirió dificultad en el reactivo irritado “la emoción de irritado la relacioné más con algo físico”; 25% (n = 3) negaron haber tenido problemas para dar solución a los reactivos, y el resto (8%, n = 1) mencionó que tuvo dificultades en los reactivos relacionados con las emociones “tenso”, “celoso” y “no tuve recuerdos”.
Respecto a la interpretación de la emoción “orgulloso” el 67% (n = 8) aludió al término de “satisfacción por el alcance de logros”. En tanto a la emoción “irritado” el 33% (n = 4) señalaron identificarlo como un nivel previo a la experimentación del enojo, otras palabras con las que se relacionó esta emoción fueron “molesto”, “frustrado”, “fastidio”; sólo el 8% (n = 1) refirió entender a la emoción irritado con una mayor intensidad que el enojo.
Respecto a la estrategia empleada para dar respuesta a la SEES, esta fue referida de manera unánime a la remembranza de las situaciones en las que habían experimentado dichas emociones (ej. “recordar cuando he pasado por esas emociones”, “recordar momentos en los que me sentí de determinada manera”).
La SEES fue traducida y adaptada al español siguiendo los lineamientos establecidos por la International Test Commission (2017). Además, mostró tener un lenguaje comprensible para los jóvenes universitarios por lo que no requirió modificación en alguno de sus componentes, reactivos u opciones de respuesta.
Respecto a los comentarios adicionales de los participantes hubo conindicencia en que frente a la ansiedad reconocieron una mayor tendencia a consumir más alimentos como: chocolates y dulces. En tanto que en las emociones de tristeza y felicidad se encontraron discrepancias respecto a la disminución o aumento en el consumo de alimentos como se puede ver en la Tabla 2.

Asimismo, cabe mencionar que en el pilotaje grupal tampoco fueron referidas dificultades para comprender y dar respuesta a la SEES en su versión en español, por lo que se mantuvo la versión traducida y adaptada empleada durante los procesos descritos como versión final para su uso en poblaciones similares. La versión final del instrumento se muestra en el Anexo 1.
Discusión y conclusiones
De acuerdo con la revisión de los antecedentes del SEES (Meule et al., 2018; Gafhouri et al., 2022) la presente investigación es la primera en analizar la comprensión e interpretación de la Salzburg Emotional Eating (SEES) empleando EC en jóvenes mexicanos. De acuerdo con los hallazgos obtenidos en las 12 EC se reconoció que las instrucciones para dar resolución a la escala fueron claras y no se presentaron dificultades para dar respuesta a la misma; lo cual podría deberse a que la totalidad de los reactivos (n = 20) contiene exclusivamente el nombre de las emociones, además de ya haber pasado esta versión del instrumento por el proceso de traducción, retrotraducción y revisión por expertos.
En tanto a la interpretación del término de EE en su forma traducida al español (ingesta emocional) algunos de ellos refirieron que la primera vez que lo escucharon no lo identificaron asociado a la relación de las emociones con el consumo de alimentos. Mientras que, al mencionarles otros términos con los que se ha traducido la emotional eating manifestaron que el término de “alimentación emocional” les parecía más claro, sin embargo, esta traducción implicaría hablar en general de diferentes actividades involucradas en el consumo de alimentos, por lo que es importante hacer uso del término siempre acompañado por una definición congruente con lo que se medirá y la forma en la que se hará; de hecho, Meule et al. (2018) mencionan que justamente la EE en sí misma alude también a las emociones positivas y no sólo a las negativas como inicialmente se empezó a medir en el constructo.
Cuando se preguntó a los 12 entrevistados sobre la principal dificultad que consideraban para dar respuesta a la SEES, mencionaron en su mayoría que esta radicaba en la diferenciación entre emociones parecidas (ej. feliz y contento, ansioso y nervioso), al llevar al mismo recuerdo en ambas emociones similares “diferenciar emociones similares como contento y feliz”. Si bien esto permite entender que en los análisis de validez estructural estas emociones similares se agrupan en un mismo factor y estos cuentan con adecuados coeficientes de confiabilidad, también evidencia la importancia de una mayor educación emocional tanto en el vocabulario como en el reconocimiento de emociones similares en las experiencias cotidianas. En relación a ello, estudios como el de Gomis et al. (2022) realizado en adolescentes de entre 14 y 18 años de edad mostró que había una cantidad limitada de vocabulario emocional en los estudiantes. Mientras que en el estudio de Ros-Morente et al. (2023) se identificó una diferencia por sexo en estudiantes universitarios en su vocabulario emocional, siendo mayor en las mujeres que en los varones (Mmujeres = 8.86 vs Mhombres = 7.56, F = 6.11, p = .014). Asimismo, en este estudio se reportó que los jóvenes universitarios tienen un mayor vocabulario emocional para identificar emociones similares a la tristeza, la alegría y la rabia (lo cual también se identificó en otras instancias educativas), siendo más reducido en el caso de emociones ambiguas como la sorpresa.
Por otra parte, en los comentarios adicionales de los estudiantes previo a la conclusión de la entrevista se identificó que los estudiantes aumentan o disminuyen la ingesta ante emociones de tristeza o felicidad. Esto tiene congruencia con estudios predecesores que han indicado la importancia de evaluar la EE de manera diferenciada entre emociones, ya que este tipo de ingesta podría deberse en buena medida al aprendizaje previo de asociación entre la experiencia emocional específica y el consumo de alimentos paladables (Altheimer & Urry, 2019; Bongers & Jansen, 2017). Instrumentos como la SEES permiten tener un conocimiento detallado y diferenciado de la EE frente a emociones específicas.
Entre las limitaciones que se tuvieron en el presente manuscrito se encuentra el uso exclusivo de la estrategia de sondeo verbal retrospectivo, lo cual podría haber implicado en cierto grado el sesgo de memoria, ya que no todas las personas podrían recuperar la manera exacta en la que procesó la información al contestar el instrumento. Sin embargo, cabe mencionar que se identifica consistencia en las respuestas dadas por los 12 participantes. Se ha reconocido que la estrategia utilizada tiene entre sus ventajas el permitir al entrevistador tener un rol más activo durante la entrevista, facilitando así la obtención de información más detallada y profunda de las respuestas (Caicedo & Zalazar-Jaime, 2018). Sin embargo, para futuros estudios podría considerarse también el uso de la estrategia de “Pensar en voz alta” (Collins, 2003) para identificar datos que enriquezcan las EC.
Se sugiere para futuras investigaciones ampliar el uso de las EC en diferentes poblaciones con la finalidad de continuar ampliando el conocimiento de los procesos cognitivos en la SEES y con ello generar mayor evidencia de la validez de contenido.
En conclusión, la SEES adaptada al español para jóvenes mexicanos cuenta con una traducción comprensible y adecuada para poblaciones con características similares a la de la muestra utilizada, lo cual aporta evidencia para la validez de contenido de acuerdo con los criterios COSMIN (Terwee et al., 2017), así como de la equivalencia socio-cultural a través de los procesos de traducción, revisión por expertos y pilotaje (EC y aplicación grupal).
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Anexo 1
Salzburg Emotional Eating Scale –SEES- (Spanish translated version)
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Consumo alimentos mucho menos de lo habitual I eat much less than usual |
Consumo alimentos menos de lo habitual I eat less than usual |
Consumo alimentos tanto como de costumbre I eat just as much as usual |
Consumo alimentos más de lo habitual I eat more than usual |
Consumo alimentos mucho más de lo habitual I eat much more than usual |
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1.Cuando me siento optimista When I feel optimistic |
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2.Cuando me siento feliz When I am happy |
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3.Cuando estoy contento When I am cheerful |
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4.Cuando me siento orgulloso When I am proud |
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5.Cuando me siento seguro When I feel confident |
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6.Cuando me siento solo When I feel lonely |
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7.Cuando me siento deprimido When I am depressed |
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8.Cuando estoy triste When I am sad |
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9.Cuando estoy aburrido When I am bored |
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10.Cuando estoy frustrado When I am frustrated |
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11.Cuando estoy furioso When I am furious |
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12.Cuando estoy enojado When I am angry |
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13. Cuando estoy irritado When I am irritated |
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14.Cuando estoy molesto When I am upset |
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15.Cuando estoy celoso When I am jealous |
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16.Cuando estoy tenso When I am tense |
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17.Cuando estoy ansioso When I am anxious |
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18.Cuando estoy preocupado When I am worried |
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19.Cuando estoy nervioso When I am nervous |
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20. Cuando me siento inquieto When I feel uneasy |
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COVID-19 los problemas de ansiedad se vieron intensificados producto de la exposición a nuevos factores de riesgo como las barreras de acceso a la educación, las dificultades económicas, la pérdida de interacciones sociales con pares, la disminución de la de actividad física y el ocio, así como también el aumento de la violencia intrafamiliar (Palacio-Ortiz et al., 2020). El distanciamiento, el cierre de instituciones educativas y prohibición de reuniones, aumentaron los índices de estrés, depresión, ansiedad e irritabilidad, situaciones asociadas al uso excesivo de plataformas digitales y al abuso de sustancias psicoactivas para mitigar el dolor por pérdidas o momentos de conflicto (Meherali et al., 2021).
En cuanto al impacto de la salud mental en niños, niñas y adolescentes, las revisiones de los efectos de las cuarentenas, no tan prolongadas en el espacio y el tiempo sugieren que el impacto psicológico es amplio, sustancial y puede ser duradero, por meses y años, en niños, niñas y adolescentes.
Un estudio en Chile encontró que el 35,4% de los adolescentes experimentó emociones ansiosas asociadas a la preocupación, la soledad y el miedo durante el confinamiento (Rojas-Andrade et al., 2021), incidencia mayor a la encontrada en adultos latinoamericanos, entre quienes un estudio en siete países estimó la prevalencia de trastornos de ansiedad generalizada en un 25,5% (Caycho-Rodríguez et al., 2021). En otros contextos latinoamericanos se mostró la interferencia en el desarrollo de la autonomía progresiva relacionada con la convivencia obligada que generó el aislamiento social preventivo obligatorio, donde se despertaron sentimientos de angustia, preocupación y miedo, reforzados por las crisis económicas, por el hecho de no ver a sus seres en muchos meses, a enfermarse o a que alguno de sus familiares enfermara, o por la idea de contagiar a otras personas o de morir (Barcala et al., 2022).
En Colombia un estudio describe el impacto en los adolescentes debido a la cuarentena por la pandemia teniendo en cuenta el aislamiento social al que se han visto expuestos, encierro en las casas, alteración de la rutina diaria, inactividad, emociones de miedo, angustia, tristeza. Encontraron entonces alteraciones en el sueño, sentirse agitado, pérdida de apetito, sentimientos de irritabilidad o enojo (Bustamante y Vargas, 2020). Otro estudio realizado en el mismo territorio de la presente investigación, encontró que estos escenarios afectaron el vínculo afectivo entre cuidadores y niños, niñas y adolescentes, y que este vínculo se relacionó con el aumento de estrés escolar (Cañón-Buitrago et al., ٢٠٢٢).
Algunos de los hechos estresores que han vivido los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, y que han llevado a exacerbar los problemas y trastornos mentales, los ha descrito UNICEF (2021) de la siguiente manera:
Lo anterior, se ve reforzado tanto en su origen como en su presentación por aspectos como la concentración de poder, la violencia en todas sus formas, política, criminal y social, y, los elementos de diseño de los sistemas de protección social y de los marcos regulatorios de los mercados laborales que introducen distorsiones a la economía, además de la inefectividad de la gobernanza en cada contexto (PNUD, 2021).
No solo el virus pudo alterar el estado mental de las familias, sino también las consecuencias a nivel social que trajo consigo, como el desempleo que conlleva a la pérdida de ingresos y se asocia con lo que algunos autores han denominado “afecto negativo”, consistente en desesperanza y en dificultades para realizar algunas actividades, incluso las vinculadas al cuidado (Gassman et al., 2020).
En este sentido, varios estudios han demostrado la relación entre la incidencia de enfermedades mentales en niños y la salud mental de sus madres (Arroyo-Borrell et al., 2017), incluso a nivel local se ha relacionado la depresión materna con el funcionamiento cognitivo y con síntomas comportamentales en niños, niñas y adolescentes (Agudelo-Hernández et al., 2021; Delgado-Reyes y Agudelo-Hernández, 2022). En estas poblaciones de estudio, también se ha determinado que las condiciones socioeconómicas deficientes a nivel familiar, son un factor de riesgo que puede alterar la salud mental de los niños, niñas y adolescentes, por lo que la salud mental de los cuidadores y la situación socioeconómica familiar no se pueden tomar aisladas. La situación socioeconómica no solo hace referencia a los ingresos, sino a todas las condiciones en las que vive y al contexto socio cultural en el que se desenvuelve (Reiss et al., 2019).
Se han descrito algunas condiciones que podrían mediar la relación entre depresión de los cuidadores y patologías mentales en niños, niñas y adolescentes, entre esas, la pobreza debido a que las personas que se encuentran en situaciones de pobreza tienden a presentar más situaciones adversas que generen inconformidad, menos oportunidades educativas y laborales y mayor estrés; la desigualdad, que comúnmente suele asociarse como una consecuencia psicológica individual y no como un problema social que debe abordarse de manera colectiva; y la salud social y cohesión, que enseña que las personas y grupos sociales pueden participar en la propia recuperación (Miranda-Rushe, 2018).
Como muestra de lo anterior, se ha encontrado que niños y niñas cuya infancia fue marcada por fuertes crisis económicas caracterizadas por desabastecimiento y desempleo, tuvieron cifras altas de problemas mentales (Arroyo-Borrell et al., 2017). Según las conclusiones de la Encuesta Nacional de Salud Mental (Quitian et al., 2016), la pobreza lleva a la enfermedad mental por presentar condiciones precarias, estrés por la exclusión social, por no poder tener acceso a la educación o a la salud, llevando incluso a aumento en la violencia.
Es así como se ha propuesto que la salud mental es influida de forma importante por la justicia social, que parte desde la idea de igualdad de oportunidades, derechos y recursos con el objetivo de reducir diferencias grupales relativas a edad, género, habilidad, cultura, clase social y orientación sexual. Dentro de esta justicia social, se incluye la justicia ocupacional, que habla de la posibilidad de convertir las capacidades en funciones y, de esta forma, aumentar la libertad (Sen, 2000), que podría compararse con otros términos como el bienestar o la misma salud mental (Patel et al., 2018).
Basados en lo anterior, el objetivo del presente estudio consiste en relacionar los síntomas afectivos y comportamentales de niños, niñas y adolescentes, con los síntomas depresivos en sus cuidadores principales y el desempleo en la familia en una fase posterior de la pandemia por COVID-19, llamada de “recuperación económica”, además de describir las capacidades referidas por estos cuidadores. Parte de la pregunta de investigación: ¿cuál es la relación entre los síntomas afectivos y comportamentales en niños, niñas y adolescentes, y los síntomas afectivos en cuidadores, el empleo en la familia y la experiencia de crianza? Como hipótesis de investigación se propone que los problemas en la salud mental de la niñez y la juventud (síntomas psiquiátricos y experiencia de cuidado) están relacionados con los síntomas afectivos de los cuidadores y con el desempleo.
Método
El presente estudio es de tipo descriptivo, correlacional de corte transversal. El estudio se realizó en el segundo semestre de 2021, con una muestra de 262 familias estrato uno (75%) y dos (25%), en dos barrios de la ciudad de Manizales. La muestra fue seleccionada en los colegios de dichas localidades entre los grados escolares de tercero y octavo, en los espacios de escuelas de padres, una vez generados los lineamientos que permitían la presencialidad en el marco de la pandemia por COVID-19. Solo tres familias no aceptaron participar en el estudio.
El estudio se adecuó a las recomendaciones para investigación biomédica de la Declaración de Helsinki (Asociación Médica Mundial, 2000) y fue aprobado por el Comité de Ética de la Universidad de Manizales, mediante acta CBE04 de agosto del 2021. Los nombres de los participantes en el estudio se mantuvieron en estricta confidencialidad. En los casos de identificar riesgos en salud, se comentó al programa municipal para activar rutas de atención.
Instrumentos
Datos sociodemográficos: se indagó por la edad, sexo, estrato socioeconómico, capacidades en los cuidadores (“¿Qué capacidades artísticas, ocupacionales, laborales, culinarias, agrícolas, etc., considera que usted tiene?”, percepción de ayuda en la experiencia de crianza, empleo en los últimos tres meses, además de preguntas relacionadas con la experiencia de cuidado, tomadas de la Encuesta Nacional de Salud Mental del 2015 (Gómez-Restrepo et al., 2016), con opción de respuestas tipo Likert: ¿Cuánto disfruta de estar con su hijo o hija? (Bastante, Poco, Nada), ¿Con qué frecuencia se siente orgulloso de su hijo o hija? (Nunca, Casi Nunca, Algunas Veces, Siempre), ¿Cómo se la lleva con su hijo o hija? (Bien, Muy bien, Regular, Mal); además de la pregunta ¿Cómo corrige la mayoría de veces a su hijo cuando comete un error?, con opciones de respuesta como Le hablo para que entienda, Le quito lo que más le gusta, Le grito, Lo golpeo, No tomo ninguna medida para corregirlo.
Patient Health Questionnarie (PHQ-9): es una herramienta para detectar síntomas de depresión en atención primaria, ampliamente disponible, con facilidad de aplicación e interpretación. El puntaje predice la persistencia de los síntomas depresivos e indica, de cero a cuatro sin depresión, cinco a nueva depresión leve, 10 a 14 depresión moderada, 15 a 19 depresión severa, 20 a 27 depresión grave (Cassiani et al., 2017; Kroenke et al., 2010). Presenta adaptación y validación al contexto colombiano.
Cuestionario de síntomas para niños (RQC): consta de 10 preguntas sobre situaciones de los últimos seis meses. Un ítem positivo indica la necesidad de evaluación integral, diagnóstico, tratamiento y seguimiento por parte de profesionales de la salud (Climent y Arango, 1983; Giel et al., 1981). Ha sido usado por la Encuesta Nacional de Salud Mental de Colombia del 2015.
La información se consolidó en una hoja de cálculo de Excel y posteriormente se depuraron y procesaron los datos a través del paquete estadístico SPSS v26. Los datos cuantitativos se analizaron mediante métodos de estadística descriptiva: media (x ̄) y desviación estándar (DE). Se realizó correlación bivariada entre las variables de estudio.
Resultados
Participaron 262 niñas, niños y adolescentes, con una media de edad de 9,28 años, de estos, el 51,1% fueron niñas (134) y 48,9% fueron niños (128), con sendos cuidadores/as. Se contó con 180 cuidadores. El 57,25% de cuidadores representaron más de un niño y se establecieron de la siguiente manera: madre 66,03%, Padre 1,5%, Abuela 27,48% y Hermano o hermana en un 4,96%. El 78% de los cuidadores (141) no contaban con empleo los tres meses previos en el momento de la entrevista, en los seis meses previos este porcentaje fue del 57,3% de los cuidadores (103) y 49,4% (89) en el último año. Los análisis se realizaron con el desempleo reportado en los últimos tres meses.
Tabla 1.
Experiencia de crianza.
|
¿Cómo corrijo a mi hijo/a la mayoría de veces? |
¿Con qué frecuencia se siente orgulloso de su hijo o hija? |
¿Cuánto disfruta de estar con su hijo o hija? |
¿Cómo se la lleva con su hijo o hija? |
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Le hablo |
37,02% |
Nunca |
0,76% |
Bastante |
91,60% |
Muy bien |
57,63% |
|
Le quito lo que le gusta |
37,40% |
Casi Nunca |
4,58% |
Poco |
5,34% |
Bien |
33,2% |
|
Le grito |
13,35% |
Algunas Veces |
6,10% |
Nada |
3,05% |
Regular |
7,25% |
|
Lo golpeo |
9,92% |
Siempre |
88,54% |
Mal |
1,90 |
||
|
Ninguna acción |
2,29% |
En cuanto a los síntomas determinados por el RQC, el más frecuente fue “casi nunca juega con los otros niños”, seguido de “se asusta o se pone nervioso sin razón” y de “el lenguaje del niño es anormal de alguna forma”. Los menos frecuentes fueron, en orden decreciente, los referidos a convulsiones, encopresis y huir de casa. En la sumatoria total el promedio fue de 2,42 síntomas.
En cuanto a los antecedentes familiares, se encontró que el 8,01% bebió alcohol y el 6,87% otras sustancias psicoactivas, durante el embarazo. El 6,10% no recuerda aspectos relacionados con el neurodesarrollo. Al indagar por síntomas depresivos agudos con el PHQ-9, se encontró un promedio de 5,53 en la sumatoria. El síntoma menos frecuente fue “Pensamientos de que estaría mejor muerto(a) o de lastimarse de alguna manera” y los más frecuentes, “Se ha sentido cansado(a) o con poca energía” y “Poco apetito”.
Al indagar de qué forma se sentiría más apoyado en la experiencia de crianza, se encuentra que el 65,61% menciona que de forma económica; 14,45% en el cuidado de los niños, niñas y adolescentes; el resto mencionó que no requería ningún tipo de apoyo adicional. El 55,34% reportó no contar con un empleo en los últimos seis meses.
Al realizar correlaciones, llama la atención la correlación positiva y estadísticamente significativa entre la sumatoria del RQC y del PHQ-9, entre el desempleo y la forma de corregir a niños, niñas y adolescentes, además entre esta última variable y los síntomas afectivos en cuidadores, y afectivos y comportamentales en niños, niñas y adolescentes, como lo muestra la tabla 2, lo que aprueba la hipótesis planteada en los objetivos del estudio.
Al intentar un modelo de regresión se encuentra una R de Pearson de .30; sin embargo, los factores que muestran una significancia estadísticamente importante en el ANOVA es el PHQ-9 y la forma de corrección de los hijos e hijas, cuando la variable dependiente es la sumatoria del RQC. Por lo anterior, no se propone un modelo predictivo con las otras variables propuestas en el estudio.

Discusión
El propósito de la presente investigación fue aportar una mirada más amplia de los síntomas que afectan la salud mental de niños, niñas y adolescentes, lo anterior a través de la relación entre conceptos que se relacionan con la justicia social, las oportunidades para convertir las capacidades en funciones y, con esto, el bienestar de los cuidadores y cuidadoras principales. Los presentes resultados aportan a la hipótesis planteada.
En este sentido, hablar de justicia, se refiere entonces a la facilitación de acceso a las oportunidades y recursos según las posibilidades de cada quién, generando condiciones de equidad y, por consiguiente, de igualdad social. Lo anterior, implica que los problemas de salud mental se convierten en una expresión de injusticia por la pérdida de derechos sociales y exclusión de oportunidades para el desarrollo humano, y que probablemente se sintetiza, en falta de una óptima red de apoyo, en pobreza, por lo que las intervenciones psicosociales deben replantearse e incluir aspectos que mejoren, también, las condiciones de vida de las familias (Moreno y Molina, 2018).
En el marco de la pandemia, muchos de los problemas psicológicos pudieron ser explicados a través de la pobreza, ya que muchas personas de bajos recursos dependían del alimento escolar para alimentar a sus hijos, y sin poder ir a las escuelas no podían alimentarlos, llevando a que se incrementara en algunas poblaciones hasta tres veces más la depresión, los cuadros de ansiedad y los intentos suicidas, lo que traza una estrecha relación entre los problemas de salud mental y la inseguridad alimentaria (Fang et al., 2021).
En el caso de niños, niñas y adolescentes, estos factores se han explicado mediante la deficiencia de ácidos grasos, requeridos para la proliferación neuronal; la deficiencia de hierro, asociada con el tamaño del hipocampo; las deficiencias de vitaminas del complejo B, requeridas para la formación del tubo neural; las deficiencias de yodo, el cual se requiere para la proliferación de cuerpos neuronales; las deficiencias de zinc, asociada a reducción del número de neuronas en la corteza cerebral y del cerebelo; la reducción de proteínas, asociada a menor número de sinapsis, entre otros factores explicativos (Ramírez-Sierra y Farías-García, 2022).
Los modelos explicativos de las personas que padecen trastornos mentales comunes se han descrito en varios estudios, en los cuales se han citado la pobreza y los problemas socioeconómicos como uno de los factores más importantes que causan angustia emocional (Aidoo y Harpham, 2001) e importantes dificultades para un desarrollo neurológico y psicológico óptimo. En relación con esto, la pobreza está asociada con la desnutrición, la falta de acceso a agua potable, la vida en ambientes contaminados, viviendas inadecuadas, accidentes frecuentes y otros factores de riesgo asociados con una mala salud física.
En un metaanálisis de los estudios realizados en países de ingresos bajos y medianos que incluyen datos sobre la relación del crecimiento con los dominios del desarrollo cognitivo, motor y socioemocional en la niñez y la juventud, mostró asociación de estas entidades con la desnutrición, las dificultades en interacción social, una capacidad reducida para participar en sus entornos y una falta de capacidad de respuesta por parte de los cuidadores (Sudfeld et al., 2015).
La insistencia en cambiar a las comunidades como eje de salud mental radica en el abordaje de las desigualdades sociales. Sin este abordaje no habrá comunidades con salud mental, la cual resulta indispensable para lograr un desarrollo sostenible. Dichas desigualdades surgen en el marco del colonialismo y la explotación, donde las fuerzas actuales de globalización han mejorado algunas áreas, en las cuales hay más acceso a mejores medicamentos y procesos de psicoterapia rigurosos, pero han empeorado notablemente otras. La globalización ha propuesto como universales los trastornos o problemas mentales, sin considerar a veces los universos locales, los mundos específicos de individuos o familias, los contextos y la idea de justicia presente en ellos.
Sobre lo anterior, Lolas y de Freitas Drumond (2013) mencionan que “mientras más progresan las ciencias, se sabe (cursivas del autor) más de muchas dolencias o se conocen cada vez mejores recursos diagnósticos y terapéuticos, sin embargo, estos jamás podrán ser aplicados en algunas regiones del mundo” (p. 20). Un desafío básico para la salud mental global se refiere a cómo abordar estas inequidades en la salud sin duplicar las jerarquías de poder y privilegio que dieron lugar a estas injusticias en primer lugar.
Investigaciones realizadas en países de bajos y medianos ingresos han atribuido las altas tasas de trastornos mentales comunes a factores como la discriminación, el desempleo y vivir un período de cambio social rápido e impredecible (Rumble et al., 1996), especialmente en jóvenes, en los que se ha mostrado además que los trastornos mentales y la pobreza podrían ser mayores en áreas rurales (Naudé et al., 2020).
Los dominios de los determinantes sociales con frecuencia se agrupan e interactúan, causando lo que se había denominado previamente como un determinismo recíproco. Por lo tanto, es probable que una combinación de dos o más determinantes sociales de la salud mental se relacionen con poblaciones altamente vulnerables.
Dichas combinaciones podrían también tener una explicación desde el concepto de interseccionalidad, el cual permite analizar que más allá de ser cuidador o cuidadora se puede tener más riesgo de depresión, por ejemplo, las mujeres jóvenes que son víctimas de desplazamientos después de la guerra o desastres naturales y viven en situaciones de pobreza con amenazas de violencia sexual e infecciones de transmisión sexual probablemente sean altamente vulnerables a la depresión, la ansiedad y el suicidio; o, más allá de ser hombre joven para tener mayor riesgo de conducta suicida, los jóvenes urbanos desempleados que enfrentan violencia y abuso de sustancias también son más vulnerables a dicha entidad.
Como limitaciones del presente estudio se encuentra que fue realizado en solo dos estratos socioeconómicos y en un periodo post-pandémico, donde la salud mental se encuentra afectada de acuerdo con las dinámicas relacionadas. Futuros estudios podrían contener una muestra mayor, con metodologías longitudinales y análisis cualitativos que permitan proponer modelos predictivos y ahonden en la comprensión de fenómenos como la justicia social, las condiciones de vida y los agenciamientos sociales, desde la experiencia subjetiva y ontológica.
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Los trastornos del neurodesarrollo son un grupo clínico de condiciones heterogéneas con inicio en la primera infancia, caracterizados por trastornos cognitivos y del comportamiento que surgen en el periodo del desarrollo (APA, 2013). Dentro de esta categoría se encuentran los Trastornos del Espectro Autista (TEA) y el Trastorno del Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Los TEA se caracterizan por 1) el deterioro cualitativo de la interacción social (incapacidad para relacionarse con los demás, a menudo con falta de contacto visual); 2) patrones estereotipados, rituales, repetitivos y restrictivos de intereses, comportamientos y actividades; 3) y dificultades importantes en el desarrollo del lenguaje y en otras habilidades de comunicación (APA, 2013). En contraste, el TDAH es uno de los desórdenes del neurodesarrollo más comunes en la infancia y con una amplia incidencia en la adultez. Las conductas relacionadas con el TDAH incluyen inatención (no ser capaces de mantener su foco de atención por periodos prolongados o en determinadas actividades), hiperactividad (exceso de movimiento que se no ajusta o configura de manera autónoma o con facilidad) e impulsividad (actos precipitados que ocurren en el momento sin pensar) (APA, 2013).
Dentro de la comunidad de personas migrantes en Colombia, los niños y niñas con algún diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo y sus familias experimentan un alto riesgo de pérdida de derechos legales y políticos que garanticen, entre otras cosas, la prestación de servicios de salud, educación, rehabilitación y condiciones básicas de bienestar psicosocial (Grupo Banco Mundial, 2018). La distribución de dichos factores de riesgo, no se basa en factores individuales o el azar, sino que corresponde a un patrón de distribución desigual de la carga epidemiológica dentro de la estructura social. La distribución de los eventos de salud-enfermedad es inversa a la jerarquía social y se fundamenta en las desigualdades e inequidades sociales en salud.
Las desigualdades sociales se refieren a las diferencias en la salud de las personas y grupos sociales que pueden ser medibles en diferentes escalas, por ejemplo, los diferentes estados de salud entre jóvenes y personas mayores, o entre un país y otro. En contraste, las inequidades sociales son “las diferencias en materia de salud que son innecesarias, evitables e injustas y que, por lo tanto, implican una dimensión moral y ética” (Palomino et al., 2014, p. 75). Un ejemplo de inequidades es el hecho de que las poblaciones empobrecidas históricamente tienden a presentar una mayor prevalencia de enfermedades crónicas y agudas, falta de inversión económica en los sistemas de salud y una deficiente atención médica y social (World Health Organization, 2013). Dichas inequidades tienen un carácter injusto, gradual, histórico y evitable (Daponte et al., 2009).
Generalmente, las investigaciones alrededor de los Trastornos del Neurodesarrollo se basan en una visión nosológica que busca describir, diferenciar y clasificar los procesos de desarrollo infantil existentes. Dichos trastornos se entienden como entidades clínico-semiológicas individuales, independientes e identificables según criterios idóneos. Sin embargo, este tipo de investigación no se preocupa por las dimensiones sociales que configuran las experiencias de inequidad y de determinación de la salud para cada población, familia e individuo.
Aunque los diagnóstico de TEA y TDAH ocurren en todos los grupos sociales y étnicos a lo largo de todos los niveles socioeconómicos, diferentes estudios han demostrado variaciones en las tasas de TEA y TDAH en poblaciones migrantes, específicamente en la siguiente generación después de la migración (Hirschfeld, 2011; Moore et al., 2015; Simonoff, 2012). Los niños y niñas migrantes internacionales enfrentan diversos retos debido a las condiciones sociopolíticas estructurales en las que nacen y crecen (Bernales et al., 2018).
Los niños y niñas que migraron o que nacieron posterior a la migración de sus padres, se enfrentan a desafíos particulares, relacionados con el desarrollo físico y cognitivo, lo cual los hace especialmente vulnerables a malnutrición, enfermedades infecciosas y problemas de aprendizaje y desarrollo (World Health Organization, 2013). En estos casos, las desigualdades en salud vividas en la primera infancia pueden afectar el desarrollo infantil y ser un posible factor etiológico con creciente prevalencia para el diagnóstico de TEA y de trastornos cognitivos. Estas discrepancias en el desarrollo aumentan con el tiempo y las ventajas y desventajas se acumulan a lo largo de la vida (Magnusson et al., 2012).
En un análisis de los determinantes sociales de la salud en el contexto de la migración, los capitales de las personas juegan un papel fundamental en la adaptación y supervivencia al nuevo entorno. Castles (2003) resalta como la migración desde zonas desfavorecidas e históricamente empobrecidas lleva a que los migrantes carezcan de un capital cultural y económico que pueda favorecer la adaptación al país de acogida. La migración se entrecruza con la pobreza y, por ende, la situación de discapacidad o de necesidad de apoyo permanente de uno de los miembros de la familia y los costos relacionados con su cuidado, afectan la posibilidad de encontrar un trabajo productivo y reducen la capacidad de inversión en relaciones sociales más allá de la familia inmediata. Por lo cual, en un nivel meso de análisis, las relaciones sociales y las redes de apoyo, tanto en el país de nacimiento como de acogida, se ven afectadas y pueden llegar a implicar una mayor probabilidad de experimentar situaciones de soledad y la exposición a riesgos adicionales (Pisan y Grech, 2015).
Partiendo de la premisa que la migración per se es considerada como un determinante de la salud que incide directamente en el bienestar de las personas y comunidades, nace la necesidad de analizar las inequidades sociales en salud en la experiencia de una familia con hijos con diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA) y Trastorno del Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) quienes migraron de Venezuela a Colombia entre los años 2015 y 2020. La población se seleccionó basados en el hecho de que la migración internacional de personas provenientes de Venezuela a diferentes destinos latinoamericanos ha sido un tema de gran interés en los últimos años. A noviembre de 2021 más de 6 millones de personas abandonaron este país, 5 millones de los cuales migraron a países Latinoamericanos y del Caribe, entre los cuales Colombia fue su principal destino (Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela, 2022).
El éxodo de personas de Venezuela a diferentes países se exacerbo desde el 2015 debido a una crisis multidimensional en dicho país. Este proceso migratorio se ha caracterizado como “un proceso de migración indeseada, debido a violencias estructurarles, políticas e institucionales y la condición de inseguridad humana” (Márquez y Delgado, 2014, p. 36). Venezuela en las últimas décadas ha atravesado periodos de inestabilidad en su sistema democrático, deterioro de la capacidad institucional y económica, dificultades de acceso a alimentos, medicamentos y servicios básicos y estancamiento de sus sistemas educativos, de salud y de gobierno (Bermúdez, Mazuera-Arias, Albornoz-Arias y Morffe, 2018). Personas como la familia participante en este estudio, han perdido la posibilidad de acceso a servicios básicos de salud, educación y protección, obligándolos a migrar de manera no deseada, puesto que reconocen la necesidad de asegurar sus derechos básicos en un nuevo territorio.
Metodología
La metodología usada en esta investigación fue de tipo cualitativa a partir del método biográfico, el cual se compone de fuentes orales y documentales, que tienen el propósito de reconocer y documentar los procesos para dar sentido y significado a las experiencias, memorias y actitudes, además de facilitar un análisis descriptivo crítico de las fuentes (Sanz, 2005). La técnica de investigación seleccionada fueron los relatos de vida, que son una técnica dentro de la investigación biográfica que permite buscar lo social a través de lo individual, cuyo objetivo no es la construcción de historias de vida, sino comprender contextos, historias y situaciones puntuales dentro de la vida de las personas (Martin, 1995). Pujadas (2000) menciona que los relatos de vida tienen una profundidad diacrónica, es decir, que se ocupan de hechos ubicados en tiempo sucesivo y fijo, esto contribuye a la reconstrucción histórica de las personas y permite un acercamiento a la vida cotidiana. Los relatos de vida se construyeron a partir de entrevistas biográficas con los participantes, con el fin de recoger relatos en primera persona sobre las experiencias pre y post migración de Venezuela a Colombia.
Participantes
El rol de los participantes en este tipo de metodología se basa en una relación horizontal entre investigador e investigado, que se centra en la comprensión de la realidad social (Salgado, 2007). La validez de este método se encarna en el respeto por las perspectivas de los participantes y la rigurosidad en la recolección de los relatos y análisis de información, siendo el investigador quien asegura la pertinencia de los datos y la interpretación de los relatos (Taylor y Bogdan, 1987).
Criterios de inclusión
Una Familia con hijos o hijas con diagnóstico médico certificado de TEA y TDAH, sin importar la subcategoría de clasificación del diagnóstico. La familia y sus hijos e hijas deben estar de acuerdo con la participación en el estudio y con las jornadas de entrevista.
Representatividad
La representatividad de la muestra radica en la reconstrucción de las vivencias y sentidos asociados a ciertos eventos a nivel macrosocial por parte de la familia. En este caso la representatividad no radica en la cantidad de participantes, sino en las posibles configuraciones subjetivas (valores-creencias-motivaciones) de las familias con respecto a los determinantes sociales de la salud y las vivencias relacionadas con los diagnósticos de sus hijos e hijas.
Criterios de exclusión
Participantes que no terminen con los cronogramas establecidos de entrevistas o que no cuenten con la información suficiente con respecto al proceso de desarrollo del niño o la niña.
Con base en los criterios de inclusión, se seleccionó a una familia conformada por la madre, el padre y dos hijos, todos provenientes de Venezuela y residentes en Colombia bajo la figura de refugiados a la fecha de la entrevista (octubre-noviembre de 2021). La madre tiene 45 años y el padre tiene 40 años. Su hijo mayor tiene 11 años y tiene diagnóstico de TEA, con comorbilidad con depresión, ansiedad generalizada y remisión actualmente a neurología para estudio de neuroimágenes y su hijo menor tiene 9 años y presenta un diagnóstico de TDAH.
Se realizaron cuatro encuentros virtuales con la madre, el padre y sus hijos entre los meses de octubre y noviembre del año 2021. Las entrevistas fueron grabadas en audio, con el consentimiento de los participantes, la información fue transcrita y organizada en matrices, y los nombres fueron cambiados para proteger las identidades. Los niños participaron como escuchas de las sesiones, con algunas participaciones esporádicas, por lo cuál el relato se hace desde la perspectiva de los padres.
Análisis de la información
El análisis de contenido es una técnica de interpretación basada en la descomposición y clasificación de la información, que busca la descripción objetiva y sistemática del contenido manifiesto de las comunicaciones con el objetivo de interpretarlas (Hernández, 1994). El análisis de contenido implica la codificación, formación y perfeccionamiento de categorías, búsqueda de evidencia y comparación de relatos.
Para el análisis de la información se construyeron matrices de acuerdo con las experiencias y el desarrollo de la autonomía. Las categorías de análisis fueron:
Resultados
Factores composicionales
Para comprender las inequidades en salud es necesario diferenciar entre los factores composicionales y contextuales (Arcaya et al., 2015). Los primeros, se refieren a la variación en los estados de salud debido a características demográficas como edad, género, etnia, ingresos y prevalencia de problemas de salud física y mental (Collins et al., 2017). Los segundos factores (contextuales) se refieren a la influencia de las diferentes unidades de organización social, como barrios, agrupaciones, grupos y movimiento sociales, en los estados de salud de las personas.
La familia participante en este trabajo es una familia nuclear, cuyos roles se distribuyen de acuerdo con el género, siendo la madre la encargada del cuidado y el padre quien trabaja y provee el dinero para la familia. En el texto se presentan fragmentos transcritos de los relatos, con el fin de darle la voz y reconocer la importancia de los participantes dentro de este proceso investigativo.
Somos una familia de Venezuela con 2 niños. Todos en la familia somos venezolanos. El mayor tiene 11 años y el del medio 9 años. Uno tiene TDAH, el otro es autista1 (Madre, Mv023).
Soy venezolano, tengo dos hijos, los dos con problemas en su desarrollo, por ellos decidí migrar, por mis hijos y mi familia (Padre, Piv012).
Los padres comentan que en los embarazos de sus hijos no hubo ningún tipo de dificultad física, social o psicológica, refiriéndose a ellos como — embarazos normales—. A lo largo de su relato, la madre hace hincapié en el primer año de vida de su hijo mayor, ya que es el momento en el que comenzó a evidenciar las primeras conductas que generaron preocupación respecto al desarrollo de su hijo, debido a que ellos esperaban un desarrollo neurotípico que cumpliera con los hitos del desarrollo en los tiempos promedio, lo cual no sucedió.
Lo que a mí me extrañó fue que él no gateo, pero si levanto el cabecita muy rápido. Yo me di cuenta de eso y otros síntomas más, hasta después del diagnóstico, cuando yo acepté todo. Él no me miraba la cara, él era muy aislado y rodaba su carrito por toda la pared dándole vueltas y dejando la marquita. Pero, él puede hablar, él aprendió a hablar (Padre, PM034).
Con respecto al diagnóstico de TEA de su hijo mayor, los padres señalan que, a diferencia de lo que muchas personas creerían, este momento fue relevador para ellos puesto que les brindó la posibilidad de responder muchas dudas e inquietudes que tenían sobre el desarrollo de su hijo y su rol como padres. El diagnóstico fue algo que estaban esperando, ya que estuvieron investigando y buscando información acerca de las conductas que su hijo presentaba. Sin embargo, los padres comentan que el diagnóstico de TDAH de su segundo hijo si los tomó por sorpresa porque no tenían sospecha alguna ni información clara de lo que este diagnóstico significaba.
Nosotros esperábamos el diagnóstico de mi hijo mayor, nosotros sabíamos que él podría tener autismo y por eso leímos e investigamos al respecto, pero no teníamos ni idea lo que estaba pasando con nuestro segundo hijo. (Padre, PM045)
A él [hijo menor] lo diagnosticaron a los 4 años, cuando yo estaba en las terapias de psiquiatría con mi hijo mayor. La psiquiatra llamo al hermanito y, fue ahí, cuando ella me dijo —tu niño tiene TDAH—. Entonces mi respuesta fue decir —¿qué es eso? otro más—. Yo quede loca, porque prácticamente yo no vivo mi vida sino vivo la vida de ellos (Madre, MV043).
Se evidencia que los padres tuvieron una percepción diferente con respecto a los diagnósticos de sus dos hijos, siendo un factor facilitador en el primer diagnóstico, el hecho de que ellos tenían información previa y conocían de qué se trataba este diagnóstico. Lo contrario sucedió con el segundo diagnóstico de TDAH, del cual no tenían conocimiento previo o entendían qué significaba esto. El hecho de que sus dos hijos tuvieran diagnósticos relacionados con el neurodesarrollo cambió sus trayectorias de vida, ya que implicó un cambio en las prácticas de crianza, búsqueda de profesionales especializados, espacios de participación incluyentes y una percepción diferente de sus roles como padres, sin contar que fue lo que motivo por el cual decidieron migrar a Colombia.
Esto no es nada fácil, esto es muy difícil y más cuando se encuentra el TDAH con el autismo. Yo me encuentro en momento preguntándome —¿qué hago? —. (Padre, PM066).
Los factores composicionales presentes en el relato se relacionan con los estados de salud y prevalencias de enfermedades físicas y mentales de los diferentes miembros de la familia. Los padres reportan diagnósticos de depresión, ansiedad, y endometriosis dentro del núcleo familiar, y diagnósticos de depresión, TEA, ansiedad, esquizofrenia y tumores en la familia extensa. La sumatoria de las diferentes condiciones físicas y mentales de cada uno de los miembros de la familia se convierte en un factor de riesgo y en un determinante de la salud y bienestar actual de la familia (Haglund y Källén, 2010).
Por problemas de salud a mí me ayudaron con el refugio, porque tengo endometriosis. A mí me gusta mucho ser realista y aceptar las cosas, entonces, puedo decir que sí, yo me he descuidado. Yo tengo X cirugías por la endometriosis. Bueno, gracias a Dios llegué a Colombia e hice la solicitud de refugio y la aceptaron. (Madre, MV56).
Nacionalidad-migración
Esta familia decide migrar a Colombia porque experimentaron la falta de acceso a servicios de salud y educación adecuados y pertinentes en Venezuela. Esto se relaciona con la crisis multidimensional que ha atravesado este país en las últimas décadas, debido a la inestabilidad de su sistema democrático, el deterioro de la capacidad institucional y económica, las dificultades de acceso a alimentos, medicamentos y servicios básicos y el estancamiento de sus sistemas educativos, de salud y de gobierno (Bermúdez et al., 2018). Personas como la familia entrevistada, han perdido la posibilidad de acceso a servicios básicos de salud, educación y protección, lo que los ha obligado a migrar de manera no deseada, con el fin de asegurar sus derechos básicos en un nuevo territorio.
Nos decidimos migrar cuando mi hijo mayor tenía ya crisis muy seguidas. Él ya estaba muy delgado por el tema de la alimentación, él ya tenía mucho tiempo sin seguimiento, me decía que le dolía la cabeza todo el tiempo. Una situación parecida estábamos viviendo todos en casa (Padre, PM134).
Esta situación es una constante para muchas personas migrantes desde Venezuela. En un estudio realizado en Colombia en el año 2021, un grupo de personas migrantes venezolanas residentes en Colombia mencionaron que las causas principales de su salida del país fueron: “hambre y desnutrición; crisis y ceguera política; violencia; y pérdida del valor del dinero y de los ingresos” (Aliaga, 2021, p. 23).
Acceso a servicios de salud
Los efectos contextuales de las inequidades sociales en salud se refieren a la influencia de las diferentes unidades de organización social (comunidades, barrios, grupos, instituciones, organizaciones sociales, entre otras) en la salud de las personas (Arcaya et al., 2015). Las inequidades sociales se relacionan con las características sociopolíticas de los asentamientos humanos. En este caso, las condiciones sociopolíticas de Venezuela y Colombia han incidido en las condiciones de salud y bienestar de la familia. Por ejemplo, el desmejoramiento de la prestación de servicios de salud y educación en Venezuela, afecto la salud y el bienestar psicosocial de la familia, y los obliga a migrar de forma no deseada a Colombia.
Los factores contextuales que influyeron en la decisión de migrar fueron: cambios políticos, pérdida de programas de apoyo y ayuda estatal y pérdida de infraestructura. Estos factores fueron producto del debilitamiento institucional y gubernamental en Venezuela, que a su vez generó que muchas otras personas vivenciaran una pérdida de garantías estatales mínimas para asegurar su derecho a la salud, como es el caso de nuestros participantes.
Cuando los profesionales de la fundación en Venezuela comenzaron a irse y mis hijos se quedaron sin atención, yo tenía un sentimiento que ya no me dejaba dormir. La atención que me estaban dando, ya no me servía porque el niño mayor ya estaba más grande (Madre, MV134).
Con relación al acceso a servicios de salud, es evidente el descontento de los padres con la atención recibida en Colombia. Puntualmente, el padre señala su agrado hacia los profesionales de salud en Colombia, pero reitera, en repetidas ocasiones, que el sistema de salud colombiano es más burocrático y lento en comparación con el sistema de Venezuela.
El sistema de salud [colombiano] es un proceso engorroso, en Venezuela era más sencillo, porque allá no existen los seguros privados. Tenía un número grande de citas preaprobadas para todos los especialistas (Padre, PM134).
Es importante señalar que el sistema de salud colombiano está financiado con recursos públicos y privados; en contraste, el sistema de salud venezolano tiene un financiamiento completo por parte del sector público. Esto implica que en Colombia no existe una cobertura en salud del 100% de la población y tiene unos procedimientos diferentes a los de Venezuela (Álvarez, 2004).
Oportunidades de empleo
La imposibilidad de conseguir un cuidador para sus hijos externo a la familia y el hecho de que la madre tenga que dedicarse tiempo completo a esta tarea, obliga al padre a asumir toda la carga económica de la casa, a través de trabajos independientes con una baja capacidad de generar ingresos y ocupar tiempo para su familia y su bienestar. Estos trabajos se caracterizan por un sueldo bajo, con una alta carga laboral y en precarias condiciones de seguridad (Posada, 2009).
En Venezuela nosotros teníamos todo, teníamos buen trabajo, mi esposo trabajaba en su profesión, yo tenía mis negocios que me dejaban cuidar a mis hijos, la gente nos buscaba para trabajar y teníamos buen dinero. Acá [Colombia], mi esposo comenzó a conseguir trabajo en construcción y así. Le ha tocado estar en el rebusque en varios trabajos que no le gustan y le han afectado la espalda (Madre, MV121).
La situación del padre se repite para muchas familias, no solo de personas migrantes, sino de personas nacidas en Colombia, que tienen que buscar sus fuentes de ingresos en el trabajo informal. La precarización del trabajo es un factor que incide en la calidad de vida de las personas, ya que en Colombia “6 de cada 10 trabajadores no tienen un empleo digno y que además el 63% de los trabajadores del país ejercen labores de baja calidad, lo que se representa en desigualdad y desprotección laboral” (Castro, 2018).
Accesibilidad
Un factor contextual adicional es la accesibilidad a espacios físicos y sociales en Colombia. Esta familia presenta una dificultad de movilidad urbana debido a la organización del sistema de transporte público colombiano, el cual es un espacio adverso para el hijo mayor al ser un detonante de episodios de ansiedad y agresividad, que la madre nombra crisis. Una de las características de las personas con diagnóstico de TEA es la hipersensibilidad a ciertos espacios y contextos sociales (Geschwind y Levitt, 2007), en este caso el sistema de transporte. Dichas crisis son respuestas emocionales frente a un desequilibrio sensorial que genera una respuesta conductual agresiva o de ansiedad, también conocida como meltdown (Lord, et al., 2015). Este tipo de episodios impiden la libre movilidad de la familia a lo largo de la ciudad.
La madre también señala la imposibilidad de obtener algunos servicios y productos. Particularmente, han tenido dificultades para obtener productos bancarios, como cuentas de ahorro o tarjetas, porque no cuentan con una nacionalidad colombiana. En muchas instituciones se les ha negado el acceso a servicios culturales, educativos y sociales debido a ser migrantes provenientes de Venezuela, sin importar su condición de legalidad en el país. Esto implica una barrera social para el acceso a servicios bancarios, educativos y culturales que es una constante en la realidad de las familias con un hijo o hija con un diagnóstico del neurodesarrollo y familias migrantes a lo largo del mundo (Khanlou, et al., 2017).
Ingresos
Los ingresos de la familia se relacionan con las inequidades en salud que experimentan, ya que de acuerdo con su posición socioeconómica existe una serie de riesgos adicionales que pueden significar una carga epidemiológica diferencial. Por ejemplo, el hecho de que su situación socioeconómica haya cambiado de Venezuela a Colombia (de tener una vivienda digna, servicios sociales y de salud adecuados y un trabajo asalariado, a vivir en situación de hacinamiento, pobreza y con condiciones laborales inestables), genera que los diferentes miembros de la familia estén inmersos en nuevos contextos y conductas que no se presentaban en su país de origen y que se relacionan con el nivel de severidad de los diagnósticos del neuro desarrollo (Haglund y Källén, 2010).
Ha sido duro la adaptación. Nosotros llegamos a dormir en el piso, después de tener nuestra casa con nuestras cosas, la condición de los niños se empeoro y comíamos poco porque estábamos recién llegados y no conocíamos a nadie (Padre, PV137).
Los cambios a nivel individual se convierten en una sumatoria que inciden en la salud global de la familia a nivel de organización social, esto se convierte en un proceso circular en el que las dinámicas familiares influyen en los procesos individuales y a la inversa, al tiempo que se convierten en factores que inciden en la severidad de los diagnósticos de TEA y TDAH (Lehti et al., 2013). La familia ha estado expuesta a unas circunstancias materiales relacionadas con la clase social que se convierten en determinantes de su salud individual y familiar. El hecho de no tener la capacidad de adquirir bienes básicos como la vivienda, alimentación y salud afecta directamente su bienestar, la salud y desarrollo de sus hijos (Haglund y Källén, 2010).
Muchas veces no tenemos el dinero suficiente para comprar el mercado que necesitamos. Todos tenemos dietas diferentes, los niños y yo deberíamos comer más saludable, más frutas y vegetales, pero no nos alcanza para hacer 3 mercados diferentes o comprar las cosas que nos recomiendan los doctores. A veces solo hay para una cosa o por mucho dos (Madre, MV156).
Uno de los factores claves en el relato de la familia es la resiliencia que caracteriza a muchas familias con un hijo o hija con diagnóstico de TEA (Elsabbagh, 2020). La madre resalta que, a pesar de los problemas financieros, ellos han logrado ayudar a sus hijos a través de la constancia y el trabajo fuerte, propio de roles parentales activos y comprometidos con sus hijos. En este sentido, ella resalta como el ahorro y el trabajo constante se ha convertido en sus estrategias para la superación de su condición socioeconómica, lo que les ha permitido cubrir los gastos médicos y de educación de su familia.
Factores colectivos
Género y Roles de cuidado
La división sexual del trabajo es “un elemento histórico regulador de la vida social y las relaciones que conlleva” (Abasolo y Montero, 2012, p. 46). En general, el trabajo es la tarea que una persona realiza para satisfacer sus necesidades; sin embargo, estas tareas han estado marcadas socio-históricamente por la valoración social, económica y simbólica diferencial de las tareas realizadas por los hombres y por las mujeres.
La división sexual del trabajo es clara dentro de la familia: la mujer queda supeditada al cuidado de la familia, por encima de su bienestar económico, psicológico y físico.
Prácticamente, yo soy la que lleva la batuta de mis hijos y esposo, cuando el entra en depresión —ayyy Dios mío—. Tengo que encargarme de mis hijos y mi esposo, llevar a los niños a terapia, a sus citas, a su colegio, a todo. Ellos son muy pequeños para salir solos y me da miedo que algo les pase en las calles tan peligrosas (Madre, MV145).
Una de las características principales del trabajo doméstico es el hecho de que no es remunerado, pero sí implica un gran volumen de actividades con una carga física y afectiva alta (Carrasco, 2006). La principal actividad de la madre es el cuidar a su familia, no solo a sus hijos, sino también a su esposo, sin opciones de pausa o descanso. El rol de cuidadora asumido y/o impuesto asigna a la madre una carga psicológica adicional: ella es quien se encarga de la salud física y mental de su familia, sin tener ningún tipo de apoyo. Ella refiere problemas psicológicos y de ansiedad que no solo han afectado su salud mental, sino también física, debido a que se interponen con el manejo de sus condiciones de salud preexistentes.
Yo a veces soy como injusta conmigo misma, o no sé cómo llamarlo, porque yo vivo mi vida por ellos, yo sé que es mi responsabilidad y son mis hijos. Yo tengo mis dolores, entonces me tomo una pastilla y digo que voy a hacerme después mis exámenes. Pero a ellos siempre los llevo a sus exámenes y consultas sin falta (Madre, MV146).
Adicionalmente, la pérdida de redes de apoyo debido a la migración genera una carga afectiva, puesto que no cuentan con familiares, amigos o vecinos con quienes compartir la responsabilidad del cuidado infantil y que les sirvan de soporte emocional.
Sabe, es duro porque si me llegan a operar el niño de la cabeza, yo le digo a mi esposo —¿qué podemos hacer? nosotros somos inmigrantes, aquí no conocemos a nadie—. Claro lo que va a pasar en Venezuela va a pasar en cualquier país, pero no es lo mismo, porque allá cuento con una tía que cirujano, sabe, cuento con el apoyo. En cambio, aquí estamos solo, bueno, que sea lo que Dios quiera (Madre, MV148).
El hecho de tener un hijo o hija con un diagnóstico de trastorno en el neurodesarrollo lleva a que muchos padres, madres, cuidadoras y cuidadores les den mayor importancia a los procesos de salud y educación de sus hijos e hijas, por encima de su propia salud y bienestar (Elsabbagh, 2020). Esto también conlleva a la ausencia de conductas y hábitos de saludables, puesto que, como se ve en este caso, los padres y madres evitan asistir a servicios de salud, llevar dietas balanceados o cuidar de su cuerpo, al no considerarlos como una prioridad (van der Ven, et al., 2013).
A lo largo de las entrevistas con la madre, el concepto de sacrificio es central dentro de su narrativa. El sacrificio se relaciona con el hecho de migrar y vivir en un nuevo país bajo circunstancias negativas, además de tener que soportar el proceso de adaptación a la nueva cultura. La migración no deseada de la familia se convierte en un evento impuesto debido a las condiciones socioeconómicas de su país natal. Esto aporta una valoración negativa hacia la actual experiencia en el nuevo país, dificultando su proceso de adaptación.
Discriminación
Por el hecho de tener dos hijos con diagnósticos de trastornos del neurodesarrollo, esta familia ha vivido diferentes experiencias de discriminación a nivel individual y familiar. Con respecto a los estereotipos y concepciones alrededor de los diagnósticos de TEA y TDAH, emergen críticas externas hacia los valores familiares, los estilos de crianza y el nivel de culpabilidad de los padres por las condiciones de salud de sus hijos (Tuchman, 2013). Dichas críticas se sustentan en la falta de conocimiento y empatía de las personas cercanas hacia la realidad de la familia y los menores de edad.
Ahí en Venezuela me sentí discriminada, porque, por ejemplo, cuando necesitaba ir a la cita del otro niño, la abuela y las tías siempre decían —yo estoy ocupada, yo no puedo—, nadie me ayudaba cuidándolos. Él siempre dice —yo sé que me abuela a mí no me quiere—. La familia los rechazo, porque al niño con autismo le daban crisis, le daban muchas crisis y ellos decía que era porque él estaba malcriado y cosas así (Padre, PM146).
La familia también ha vivido experiencia de discriminación por ser migrantes. La madre resalta su experiencia en Colombia y explica que el clima cultural y sociopolítico está caracterizado por una retórica antinmigración y discriminación, que en parte ha logrado permear diferentes esferas de la vida social de su familia.
Lo que si siente en Colombia es la xenofobia, aquí hay mucha. Ellos me dicen que en el Colegio [Colombia] los demás niños les dicen —ahí viene el venezolano—, y les decían que los venezolanos traen una enfermedad. Eso los ha afectado, porque una vez los compañeros agarraron a golpes a mi hijo del medio y él no quería ir para allá (Madre, MV159).
Discusión
Las inequidades en salud se relacionan con la distribución desigual de factores sociales de forma injusta, como, por ejemplo, la distribución del dinero, el poder y los servicios (World Health Organization, 2013). A un nivel elemental, la distribución de recursos impacta en la salud en la medida en que afecta la obtención de prerrequisitos fundamentales, como lo son la vivienda, la comida y la participación en espacios sociales, al mismo tiempo que aumenta la exposición a entornos riesgosos y reduce la capacidad de tener una dieta saludable (Judge y Paterson, 2001). Esto se evidencia de forma reiterativa en los resultados, al ser una de las causas de la migración de la familia y uno de los factores que afecta su bienestar en la actualidad.
Al analizar las relaciones entre patrones e inequidades sociales en salud de forma más detallada, se puede determinar que la distribución desigual de recursos en países como Venezuela y Colombia puede conducir a una inversión insuficiente en capital humano, como, por ejemplo, en educación y salud, entre otros bienes públicos. Por lo cual, las inequidades sociales no solo afectan el ámbito de la salud, sino también el de la educación y el bienestar en general (Siddiqua, 2020). Además, son trasversales a la trayectoria de vida de la familia y se relacionan con dos factores principales: el ser inmigrantes y el tener condiciones de salud particulares, no solo por el diagnóstico de sus hijos, sino por los estados de salud de todos los miembros de la familia. Adicionalmente, los dos hijos con diagnósticos de trastornos del neurodesarrollo cuentan con dos factores adicionales, el ser niños y el tener un diagnóstico relacionado con salud mental y del desarrollo infantil (Shen, et al., 2021).
Entre los muchos factores que son necesarios comprender, están los contextos sociopolíticos y relacionales en los que están inmersos los niños, niñas y sus familias, puesto que estos pueden ser una barrera o factor excluyentes para ellos (Mock-Muñoz de Luna, et al., 2019; Abdullahi et al., 2019). Adicionalmente, esta población puede estar dentro de estructuras sociales altamente inequitativas que afectan la adquisición de bienes y recursos por parte de sus familias, que a su vez intervienen en su derecho a la salud y educación, como se ha visto a lo largo del texto. En efecto, hay evidencia que indica que el clima sociopolítico de un país tiene grandes implicaciones en la condición de vulnerabilidades niños, niñas y familia migrantes, con un impacto en el desarrollo a lo largo del ciclo vital (Perreira y Pedroza, 2019).
Particularmente, los diferentes eventos de discriminación determinan el bienestar de la población migrante. Dichas desinversiones influyen en el capital social, el cual se relaciona con las estructuras sociales, a través de los niveles de confianza interpersonal y las normas de reciprocidad y ayuda mutua, que actúan como recursos para los individuos y facilitan la acción colectiva. Cuando una comunidad no posee capital social se genera desconfianza generalizada entre las poblaciones, soslayando conductas de solidaridad y apoyo, que, a su vez, afectan en la salud individual a través de violencia, ansiedad psicológica y estrés, como se vio a lo largo del relato. Esto genera experiencias de discriminación y segregación, no solo por ser migrantes, sino por las etiquetas relacionadas con los diagnósticos del neurodesarrollo.
La falta de una estructura social que soporte la vida comunitaria y afectiva de esta familia genera condiciones de riesgo adicionales relacionados con dificultades para conseguir trabajos con condiciones laborales y salariales dignas, falta de redes de apoyo afectivas y distribución inequitativa del trabajo doméstico y del cuidado en casa.
Conclusiones
El lugar que ocupa la familia y sus integrantes dentro de la jerarquía social influye en sus funciones biológicas y estados de salud a través de:
Se concluye que la trayectoria de vida de la familia ha estado marcada por experiencias de inequidad en salud, debido a los riesgos socioeconómicos y la pérdida de derechos legales y políticos que garanticen la prestación de servicios de salud, rehabilitación y condiciones básicas de bienestar psicosocial para toda la familia. Dichos riesgos no fueron exclusivos de la experiencia de migración, sino que se han acrecentado debido a los prejuicios alrededor de los diagnósticos del neurodesarrollo y salud mental dentro de la familia, la posición dentro de la jerarquía social y la injusta distribución de recursos y servicios en el ámbito latinoamericano.
El estado actual de las investigaciones en salud relacionadas con migración y trastornos del neurodesarrollo permite afirmar la importancia de investigar las trayectorias de vida de la población y plantear futuras investigaciones con un enfoque longitudinal. Este estudio contó con la limitante que los dos niños no participaron de manera activa, siendo una invitación para futuras investigaciones el trabajar desde la perspectiva de los niños y niñas, dándoles voz y construyendo su narrativa alrededor de la migración y las condiciones de salud y bienestar. Esta línea de investigación presenta un gran potencial para ser abordada en futuras investigaciones.
En las investigaciones que dan cuenta de este fenómeno encontramos tres enfoques explicativos:
1. El psicobiológico estudia lo individual (Arce et al., 2004), fenómenos neuroquímicos y neurobiológicos, psicopatologías, baja autoestima, autoconcepto negativo, problemas de aprendizaje, bajas habilidades interpersonales, sexo biológico, problemas de personalidad, teoría del apego, egocentrismo, baja tolerancia a la frustración, vivencias y conflictos infantiles, falta de empatía, agresividad, arrebatos de ira, insensibilidad, aprendizaje individual, inteligencia, consumo sustancias psicoactivas (SPA), ausencia de miedo, irresponsabilidad, visión distorsionada de la realidad, problemas de carácter hormonal y endocrino que afectan la personalidad, es decir afecciones físicas, psicológicas y los elementos de la conducta humana.
2. El social aborda las dinámicas de las instituciones sociales (familia, escuela y sociedad) y las características demográficas, como pobreza, marginación, desorganización social, aprendizaje social, etiquetamiento, conflictos familiares, consumo de sustancias psicoactivas (SPA) por parte de los integrantes de la familia, delincuencia en la familia o en la comunidad, crianza inconsistente e inhumana, negligencia, rechazo, amigos infractores, deserción escolar, poblaciones socialmente descompuestas, exposición de violencia a nivel familiar o social, ausencia de normas, desempleo y delincuencia en la zona y residir de forma ilegal. Los factores sociales están asociados a los “entornos familiares, grupales, económicos, subculturales, etc., cuyas dificultades se vinculan a menudo con la delincuencia” (Redondo, 2008, p. 31).
1Es decir que no cambian.
2 Es decir, son cambiantes.
3 Se dan cuando se realizan procesos de interiorización y se ejecutan estrategias de cambio
3. El enfoque mixto integra el psicobiológico y el psicosocial. Se caracteriza por articular en sus comprensiones diferentes factores de los enfoques psicobiológico y social, como el hecho de ser varón y vivir en pobreza, vivir en barrios deteriorados, tener dificultades de aprendizaje y pertenecer a familias consumidoras de SPA, ser abandonado y presentar problemas de aprendizaje, entre otros (Carmona, 2012).
Método
Se implementó la técnica del análisis documental, indagando distintas bases de datos, buscadores de revistas indexadas, libros y tesis doctorales. Los criterios de búsqueda que se identifican en los descriptores fueron: adolescente, conflicto, delincuencia, delito, niñez, conducta y riesgos; en artículos publicados a nivel mundial, nacional y local. La búsqueda se realizó en las bases de datos Scopus, Science Direct, Springer, J-Store, Scielo, Ebsco Host, Taylor & Francis y Google Académico. En la primera búsqueda se obtuvieron más de trescientos resultados; se seleccionaron teniendo en cuenta su pertinencia y su actualidad cincuenta y cinco (55) publicaciones científicas en inglés, español y portugués, derivadas de investigaciones. El análisis de los estudios revisados se orientó a través de los siguientes momentos: (1) diseño de estrategia de búsqueda bibliográfica, (2) selección de productos de nuevo conocimiento de calidad de acuerdo a criterios de búsqueda, (3) análisis de contenido de las investigaciones, y (4) análisis crítico de la información analizada a la luz de la problemática de los niños en conflicto con la ley penal (NCLP), agrupada de acuerdo a los factores de riesgo en tres enfoques explicativos mencionados.
El enfoque psicobiológico y los niños en conflicto con la ley penal (NCLP)
El enfoque psicobiológico da cuenta de los factores individuales que inciden en la desviación de la conducta de NCLP. Analiza sucesos psicológicos y la conducta humana desde lo biológico y/o lo psicológico. Algunos de estos factores, están asociados a falencias neuroquímicas, neuropsicológicas, bioquímicas o lesiones cerebrales (Arce et al., 2004). Desde la psicología, gran parte de los programas de intervención con NCLP se han construido tomando como referencia el modelo cognitivo-conductual, a partir del cual se entiende la delincuencia (Redondo et a., 2012). Por consiguiente, se concede especial “trascendencia a los factores de tipo psicológico-individual y se asocian déficit en el autoconcepto” (Vilariño et al., 2013, p. 2).
De esta forma, el autoconcepto actúa como esquema cognitivo, estructura activa en el procesamiento de la información y constituye la piedra angular en busca de un adecuado desarrollo psicológico (Arce et. al, 2004), encuentran un autoconcepto bajo en individuos con conductas desadaptadas e identifican características de los individuos asociadas a comportamientos transgresores, que por su presencia sirven de protector frente a los mismos, estos son: el autoconcepto, las estrategias de afrontamiento y las habilidades sociales.
Así mismo (Clavijo et al., 2014) señalan que la empatía, relaciones sociales, liderazgo y agresividad hacen parte de las conductas relacionadas positivamente con la variable afán de aventura y concluyen que el autoconcepto negativo está relacionado con dichas conductas. “La búsqueda de sensaciones y tendencia al riesgo, alta extraversión, baja empatía, entre otros, son también factores de riesgo para las conductas antisociales”. (Redondo y Pueyo, 2007, p. 148) Conviene enfatizar que la empatía tiene como propósito entender emociones y sentimientos de los demás, buscando experimentar de forma racional y objetiva el sentir del otro.
Férriz et al. (2018), luego de caracterizar a NCLP clasifica la empatía en dos grupos: “afectiva y cognitiva”. La empatía afectiva la catalogan como la encargada de entender los estados internos de los individuos, es sentir con esa otra persona, compadecernos y relacionarnos con los sentimientos de ese otro ser, y es más frecuente en las mujeres. la empatía cognitiva se deriva de las manifestaciones por medio de signos que emiten generalmente los adolescentes de acuerdo con su pensar y su sentir. Es más común en los hombres. Frente a este tema (Romero et al., 2020) indican que “los hombres cometen más infracciones graves que las mujeres” (p. 197). La empatía cognitiva y la empatía afectiva muestran una relación moderada con comportamientos delictivos de los niños a edades muy tempranas.
Ello mostrará la importancia de la empatía en el desarrollo de la personalidad, debido a que es en los primeros años de la adolescencia cuando los niños pueden llegar a cometer actos ilegales y la empatía podrá servir como freno de las mismas.
Cuervo et al., 2015) indican que los niños que cometen delitos presentan factores de riesgo individuales como agresividad, arrebatos de ira e insensibilidad y se relacionan con rasgos psicopatológicos y aspectos de la personalidad de los NCLP. Investigaciones de Sarmiento et al. (2011) indican que:
Los fenómenos neuroquímicos y neurobiológicos que intervienen en el desarrollo del cerebro, las vivencias infantiles satisfactorias que permiten el establecimiento de relaciones interpersonales significativas y las situaciones traumáticas que sirven como condicionantes ambientales, afectan el correcto devenir de la personalidad y conforman un conjunto de variables determinantes a la hora de comprender la forma de actuar de una persona. (p. 437)
Es decir, hay características individuales como son: “disfunciones hormonales, alteraciones neurológicas, hiperactividad y problemas de atención, impulsividad, tendencia al riesgo, escasas habilidades interpersonales y adicción a las drogas que son factores determinantes en las conductas delictivas”. (Redondo, 2008, p. 6)
Además, se encuentran teorías acerca de la posible relación entre enfermedad mental y conducta negativa. Esta posible relación se observa a partir del llamado déficit de atención-impulsividad-hiperactividad. (Hoge et al., 2015). Por otra parte, los trastornos del estado de ánimo logran asociarse a infracciones violentas cuando estos encierran hostilidad e ira (Vincent et al., 2008). Algunos jóvenes con problemas conductuales muestran ansiedad, debido al trastorno de estrés post-traumático, que en muchos casos puede estar asociado con la agresividad. (Charney et al., 1993). (Hoge et al., 2015), recalcan que desconocen el vínculo que pueda existir entre el comportamiento delictivo violento y la psicosis juvenil. Por su parte (Huzik, 2021) indica que “los trastornos de los sistemas enzimáticos y hormonales del cuerpo, la psicopatía congénita y la disfunción cerebral” (p. 21) son factores de riesgo de conducta delictiva.
Hoge et. al. (2015) afirman que:
las características inherentes a algunos trastornos de personalidad (como el trastorno límite, el narcisista y el antisocial) favorecen que los individuos que los presentan acaben teniendo problemas con la justicia. Sin embargo, en términos prácticos, también se debería considerar que si un adolescente infractor es etiquetado como de alto riesgo a partir de una herramienta completamente estática (integrada exclusivamente por factores no modificables) no habría ninguna posibilidad futura de documentar posibles cambios y mejoras del individuo. (p. 13)
La adolescencia se considera un período clave para implementar programas de prevención y de reeducación de las conductas negativas que influyen en comportamientos delictivos (Vilariño et al., 2013) encuentran que existen factores de riesgo de tipo psicológico asociados a dichas conductas antisociales como dificultad para socializar, déficit mental, autoconcepto y falta de “afrontamiento que es un predictor robusto de la resiliencia” (Morán et al., 2019, p. 183). Los conceptos psicológicos de temperamento y de personalidad configuran la identidad (Granados-Ospina y Alvarado-Salgado, 2017).
Estudios bioquímicos demuestran que en los adolescentes disminuye la actividad de monoaminoxidasa y baja la actividad del sistema neurotransmisor serotoninérgico que son correlatos comunes a la impulsividad y a la psicopatía. Para Luengo et al. (2002) “la impulsividad junto con dificultades de atención y la inquietud motriz forman parte del trastorno de hiperactividad en los niños o del síndrome conductual que se ha mostrado como un predictor relevante del desarrollo de comportamientos delictivos” (p. 19).
En la adolescencia se despierta interés por la búsqueda de sensaciones, lo que conlleva a que se tomen decisiones arriesgadas por la ausencia del miedo (Luengo et al., 2002). También, el consumo de droga, las actividades arriesgadas, la búsqueda de sensaciones, hacen parte de esa ausencia de miedo y se relaciona con la impulsividad. (Redondo, 2008).
Pereira da Costa y Silva (2016) indican que los comportamientos delictivos están relacionados con mecanismos internos del niño4, estructuras y coyunturas socioculturales; plantea Desai (2014) que la discapacidad educativa no causa la delincuencia, pero los trastornos de aprendizaje y de comportamiento predisponen a manifestar problemas de conducta y desde esa perspectiva se puede situar al niño en situación de vulnerabilidad.
4 Biológicos y psicológicos
Cuervo et al. (2015) identifican factores de riesgo como: agresividad, ataques de cólera, baja tolerancia hacia la frustración y poca preocupación por los demás, elementos que sitúan al niño en condiciones de vulnerabilidad. Los NCLP presentan conductas desadaptadas; algunas, según Pereira da Costa y Silva (2016) son originadas, por las rupturas en las relaciones establecidas con sus cuidadores. Sarmiento et al. (2011) afirman que las deficiencias en el desarrollo moral y el empleo de estrategias desadaptadas de afrontamiento generan estrés y ocasionan cambios en la conducta de los niños. (Columbu et al., 2016) documentan que la mayoría de los comportamientos antisociales y delictivos “efectuados por los adolescentes parecen guardar relación con la fase vital en la que se encuentran los niños al pasar por la transición a la edad adulta” (p. 233). Para Columbu et al. (2016), las conductas disóciales y comportamientos agresivos guardan relación con los cambios hormonales. Algunos autores subrayan que los niños conservan capacidades naturales específicas para guiarse de forma prosocial y de esta forma evitan conductas inadecuadas. Para otros, los factores de riesgo psicobiológico están asociados a características individuales que incrementan en los niños la posibilidad de implicarse en actos riesgosos o criminogénicos (Hoge et al., 2015).
En definitiva, el enfoque psicobiológico analiza los factores individuales de la conducta de los NCLP, desde dos determinaciones, la psicológica y la biológica. Tiene presente fenómenos neuroquímicos y neuropsicológicos que afectan el comportamiento. Dentro de estos, se destacan: baja autoestima, autoconcepto, problemas de aprendizaje, bajas habilidades interpersonales, el sexo biológico, problemas de personalidad, egocentrismo, baja tolerancia a la frustración, vivencias y conflictos infantiles, falta de empatía, agresividad, arrebatos de ira, insensibilidad, aprendizaje individual, consumo SPA, ausencia de miedo, irresponsabilidad, visión distorsionada de la realidad, psicopatologías, problemas de carácter hormonal y endocrino que afectan la personalidad.
El enfoque social y los niños en conflicto con la ley penal
Este enfoque centra su atención especialmente en las dinámicas de las instituciones sociales: familia, escuela y sociedad y las características demográficas. Algunos autores explican la situación de los NCLP destacando los factores sociales. Sarmiento et al. (2011) indican que la conducta de los niños debe ser considerada como expresiones de la situación social, es decir, aludidas a lo ambiental o externas al individuo (Arce et al., 2004).
Méndez y Salvador (2019) establecen que “los jóvenes infractores proceden de familias en las que sus progenitores han tenido igualmente experiencias negativas” (p. 37); además, viven en condiciones precarias donde hace presencia la insalubridad y la promiscuidad, han sido maltratados, son hijos en su mayoría de madres solteras adolescentes que han sido y son rechazadas en su medio familiar, sus familias y ellos tienen un bajo nivel educativo, han sido vulnerados en la escuela, se aíslan y poseen dificultades para constituir lazos sociales:
Los hogares encabezados por mujeres sin cónyuge se han concentrado en los estratos más bajos, situación confirmada para América Latina por la CEPAL5 . Es evidente que las transformaciones en las dinámicas familiares se sustentan en el ingreso de la mujer al mercado laboral, el cual se debe en parte a que ella comienza a educarse (la mujer de clase media) y a la necesidad de ingresos, en el caso de la mujer de estrato bajo. (Martinez, 2012, p. 41)
Estudiando los espacios peligrosos para la victimización violenta en Bogotá- Colombia, se ha encontrado que, en los lugares con mayor pobreza de la Ciudad, existe mayor probabilidad de que se cometa un homicidio o un delito violento. (Trinidad et al., 2019, p. 12)
Pereira da Costa y Silva (2016) destacan la aparición de un ciclo de violencia, marcado por maltrato, abuso sexual, consumo de drogas, fracaso escolar y desempleo presente en la trayectoria de los adolescentes, antes de cometer infracciones. “El hecho de haber sufrido algún tipo de violencia durante la infancia, en cualquiera de sus modalidades, lleva a que se desarrollen frecuentemente mecanismos de “desviación” (Carmona, 2012)
Columbu et al. (2016) exponen que cuando se percibe la degradación de la escuela, se correlaciona significativamente ese fenómeno con delitos violentos o actos vandálicos. Plantean que los adolescentes que han vivido violencia tienen mayor posibilidad de cometer delitos, participar en riñas, poseer un arma y utilizar sustancias psicoactivas. En estos casos “la delincuencia tendría un carácter funcional, es decir, se utilizaría para conseguir la droga que el individuo necesita” (Rodriguez et al., 1997, p. 588).
Los niños intentan compensar el fracaso creando pandillas y delinquiendo, se estigmatizan y con esto disminuyen sus oportunidades laborales; sus posibilidades serán menores, aumentando de esta forma la tasa de desempleo y pobreza. Además, y como detalla el pedagogo social José Quintana “las bandas de adolescentes han generado desde siempre un asunto tan apasionante como difícil de atajar. Y es que el mal de la delincuencia juvenil solo puede atajarse remediando sus causas, que suelen ser profundas, lejanas y casi intangibles” (Quintana, 1988, p. 37).
Para Cuartas et al. (2016) la desarticulación del núcleo familiar, los casos de marginalidad económica que dificultan el acceso a programas de: educación, salud física y mental, acceso a una vivienda digna, sumado a los índices de violencia intrafamiliar, la pobreza extrema, el reclutamiento a bandas juveniles o de crimen organizado, proliferación de delincuencia infantil y la indiferencia social y estatal; éstas causas, individuales o asociadas, agravan el estado en que se encuentran sectores vulnerables de esta población (p. 8).
Méndez y Salvador (2019) indican que los niños alcohólicos, consumidores de SPA o en conflicto con la ley penal viven situaciones de riesgo como escasez de recursos económicos, bajo nivel cultural tanto de ellos como de su familia, separación del grupo social o familiar, periodos largos del niño en instituciones sociales y la participación en diferentes conflictos o inestabilidad en la relación familiar. Para Pereira da Costa y Silva (2016) la pobreza no es una condición de riesgo para la delincuencia. El problema –según ellos- radica más en condiciones estructurales, desigualdad social, falta de oportunidades, expectativas sociales, y dificultades para acceder a políticas públicas sociales y de protección de manera eficaz, que pueden considerarse factores que, junto con otros, contribuyen a la delincuencia. Es decir que la privación de recursos o la escasez relativa de estos actúan como incitadores de hechos que atentan contra la sociedad (Redondo, 2008).
Para Desai (2014) el problema radica en la falta de dominio ejercido por padres, escuela y otras instituciones de carácter social que tienen control sobre el individuo. Además, sugiere que es necesario recalcar que hay diferentes tendencias en la sociedad que influyen en los niños, como lo que él denomina el contexto singapuriano, la mayor proporción de NCLP son atraídos por el materialismo y el consumismo, así como otros factores sociales. Para otros autores, simplemente se relaciona con una sensibilidad de obtener estímulos recompensables. (Luengo, Sobral, Romero, & Gomez, 2002). Además, “la literatura policiaca expresada en cine, tv, etc., la pantalla, es uno de los temas que más daño puede causar en los niños”. Crea sugestión ética, que engendra una especie de justificación moral del delito (Del Hierro, 1962, p. 112).
Las teorías sociológicas sitúan el problema delictivo fuera del individuo: en el medio social. La idea de que la delincuencia es causada por factores ambientales tiene una larga historia. Los estudios urbanos del siglo XIX en Europa, intentaron demostrar correlaciones entre delincuencia y factores como la densidad de población, composición por edad, sexo, pobreza y educación. Desde la primera mitad del siglo XIX, el francés Guerry investigó la posible conexión entre delincuencia y pobreza, analfabetismo y alta densidad de población. Concluyó que no existe conexión causal (Salazar et al., 2011, p. 107).
Trinidad et al., 2019) enfatizan en la importancia de aprender del contexto con: amigos, familia, escuela, trabajo y el ocio: si estos están mediatizados por lo delictivo, se refuerza la conducta contra-normativa. “Los menores socializados en un ambiente familiarmente inadaptado apuntan en una dirección de socialización negativa” (Arce et al., 2004, p. 30).
Valdenegro (2005) menciona que actualmente es muy común oír hablar que la delincuencia es un problema debido a múltiples factores; por tal razón, no debe ser abordado desde una sola perspectiva: la delincuencia es un problema social, porque de forma directa o indirecta afecta a toda la sociedad, está asociada a determinantes socioculturales, económicos, familiares e individuales como lo indican Araya y Garat (1998) y lo ratifica Valdenegro (2005). Los actos al margen de la ley son uno de los problemas “que adquiere mayor connotación dentro de los sondeos de opinión pública” (Valdenegro, 2005, p. 33).
En línea con esto, un estudio del contexto brasileño destaca que en esa región están impregnados de violencia estructural, y destacan injusticias sociales, diferencias económicas, exclusión y falta de oportunidades en el mercado laboral formal. Pereira da Costa y Silva (2016) proponen que esas condiciones macro-sociales inciden de forma directa en el comportamiento de los de los niños y repercuten en las instituciones de control como familia, escuela, grupos de pares. Para Quintana (1988) algunas de las causas que originan los problemas de conducta infantil se derivan de crisis en la sociedad y sus valores, insatisfacción de la sociedad industrial, dificultades de vivienda, de espacio, de tiempo, ruido y de contaminación. De acuerdo con los autores, eso engendra soledad y frustración y los lleva a “buscar una compensación en: las drogas, el sexo, la agresividad y la autoafirmación” (Méndez y Salvador, 2019, p. 36).
Cuartas et al. (2016) indican que los principales fenómenos de delincuencia juvenil tienen su génesis en escaza formación de principios y valores del menor en su entorno social y por lo tanto se debe procurar un fortalecimiento educativo en estos aspectos, tanto a nivel escolar como familiar; es necesario reformular las políticas educativas, no sólo para acceder a los programas básicos de educación, sino que dentro de ellos se deben afianzar o crear si es del caso, programas educativos dirigidos a la formación moral y ética de los jóvenes en un sistema social intercultural y dinámico, donde sea la familia como célula de la sociedad, la que fortalezca los vacíos morales del individuo; para que éste sea integrado y no aislado (p. 61).
Además, “la evidencia muestra la expulsión escolar como una respuesta institucional frecuente ante los problemas de conducta de sus beneficiarios. Con lo cual, como ya se señaló, se estaría propiciando el desarrollo de conductas antisociales” (Alvarez et al., 2016, p. 154).
Valdenegro (2005) divide el enfoque social en tres subgrupos que son:
microsistema que se identifica con el ámbito individual-familiar, siendo el nivel con mayor proximidad para el sujeto. El segundo nivel, denominado exosistema, se compone por la comunidad más próxima al sistema familiar, incluyendo instancias tales como: la escuela, la iglesia, las instituciones recreativas y los organismos de control social y finalmente, el macrosistema que lo conceptualiza en torno a los sistemas de creencias y estilos de vida de una sociedad en particular, que afectan al individuo, aunque no se encuentre presente”. (p. 34)
Algunos autores relacionan la influencia del contexto socio-familiar, estructura familiar y las relaciones que se dan en el seno de la familia, como un determinante de la conducta de los niños (Torrente y Rodriguez, 2004, p. 100). Además, los autores afirman que: “a mayor tamaño de la familia, mayor frecuencia delictiva”. (p. 101); la razón es el incremento significativo del estrés y la privación económica de los miembros de esta”. Así mismo, los cambios que enfrenta la familia afectan su estructura, especialmente la separación de los progenitores, “parece ser, lo que más se relaciona con el desarrollo de la conducta antisocial de los adolescentes” (Torrente y Rodriguez, 2004, p. 101).
Es relevante destacar a Valdenegro (2005, p. 35), quien pone a prueba el modelo ecológico de protección de Belsky, el cual es “un modelo integrativo basado en el de Bronfenbrenner (1979) el cual tiene en cuenta la interacción entre el desarrollo ontogénico de los padres y una serie de sistemas cada vez más amplios: la familia (microsistema), la comunidad (exosistema) y la cultura (macrosistema)” (Moreno, 2006, p. 278). Se debe resaltar que: “el microsistema es el único contexto ecológico que presenta un efecto directo en la conducta infractora de los niños. La rotulación social en torno a los NCLP, contribuye a la creación y reproducción del fenómeno delictual a nivel juvenil” (Valdenegro, 2005, p. 39).
Los niños de “barrios populares están enfrentados a un fuerte estigma social que los reduce a delincuentes, drogadictos y violentos” (Cuenca, 2016, p. 142). Es decir, “se trata de un mundo que habla de paz, democracia y desarrollo, pero que opera desde la guerra, el totalitarismo y la exclusión, tolerando una desmedida concentración de la riqueza que somete a muchos a vivir en los márgenes de la “civilización” (Ibarra, 2010, p. 159).
En Colombia la delincuencia juvenil hace referencia a grupos de niños que tempranamente son excluidos de instituciones sociales que son prematuramente expulsados de la familia, la escuela y el trabajo, sin medir las consecuencias. Por tal razón “inician una vida delincuencial que termina por estigmatizarlos” (Baquero, 1999, p. 134). Los jóvenes que han vivenciado cualquier tipo de violencia, generalmente imitan este tipo de patrón. Este es un claro ejemplo de aprendizaje social, el cual subraya la importancia de aprender del contexto. es decir, del contacto con el otro. Si estos escenarios sociales están influenciados por los delitos, el contexto afianza las conductas negativas (Trinidad et al., 2019). Los niños deben tener reconocimiento social y este debe desarrollar habilidades sociales, con el propósito de mejorar sus posibilidades de vida.
En relación con el problema social de los NCLP y su relación con el territorio, Pitarch y Uceda (2015) retoman los planteamientos de Picó y Serra (2010) e indican en sus investigaciones que “determinados barrios ofrecen más oportunidades para la actividad delictiva y en ellos el comportamiento de algunos jóvenes se aprende y transmite por vía de tradición, consolidándose cuando el individuo se identifica con su mundo delictivo y que la trayectoria delictiva se encuentra vinculada a la vulnerabilidad social” (Pitarch y Uceda, 2015, p. 69), a la exclusión social y al territorio. Es decir, que los niños en conflicto con la ley penal (NCLP) se hacen, no nacen con conductas disociales. Está en manos de la sociedad colocar los mecanismos necesarios para minimizar los factores de riego para prevenir al algún tipo de conducta delictiva. Se puede avanzar hacia una sociedad sana, diversa, y con oportunidades para todos (Marcos, 2019).
En síntesis, el enfoque social estudia las diferentes características de los NCLP a través de su relación con familia, escuela y sociedad, donde encontramos: pobreza, marginación, desorganización social, aprendizaje social, etiquetamiento, conflictos familiares, consumo de SPA en la familia, familia delincuente, crianza inconsistente, cruel, abandono, rechazo, amigos delincuentes, desvinculación de la escuela, barrios deteriorados, desorganización social, cultura delictiva, exposición de violencia a nivel familiar o comunal, tensión familiar, ausencia de límites y de normas, desempleo en el entorno, delincuencia en la zona, residir de forma ilegal, entre otras que afectan de forma directa la conducta de los niños.
Los enfoques mixtos y los niños en conflicto con la ley penal
Los enfoques mixtos son el resultado de integrar factores del enfoque psicobiológico y del social, lo que complejiza la comprensión del problema de los NCLP.
Columbu et al. (2016) indican que hay “diversos factores de riesgo vinculados a las conductas delictivas realizadas por NCLP” (p. 237), como el hecho de ser varón, de actuar impulsivamente, de pertenecer a grupos delictivos, de vivir en barrios problemáticos, de haber presenciado conflictos entre los padres y de sentir desamparo. Quirouette et al. (2016) expresan, que los niños corren mayor riesgo de sufrir ciclos de desamparo, y estos son causa de la delincuencia.
Otro factor de riesgo es la invisibilización de la niñez, la falta de acompañamiento y seguimiento a las familias en los procesos reeducativos de niños en conflicto con la ley penal (NCLP), ausencia de promoción de los derechos de los niños, “poca participación de éstos en las políticas públicas de infancia y adolescencia” (Martinez, 2012, p. 134). En Colombia “se registra importantes déficits de atención a nivel de: salud, recreación y de cobertura en los Centros de Atención Especializada para los niños en conflicto con la ley penal (NCLP)” (Martinez, 2012, p. 134).
El anonimato que brinda la vida en las grandes urbes es otra de las causas a las que frecuentemente se culpa el aumento de la delincuencia infantil, con uso de violencia o no, el trabajo como causa de frustración e insatisfacción, la influencia de la cultura americana, el consumo de alcohol y drogas; se entienden como factores que influyen en el aumento de los delitos. (Salazar et al., 2011, p. 113)
Salazar et al. (2011) afirman que la delincuencia infantil, es un problema social complejo, entre sus causas figuran los elevados niveles de desempleo, pocas oportunidades de formación para los niños, sistemas de administración de justicia inadecuados, el consumo de sustancias psicoactivas, la fácil obtención de armas de fuego, la disfuncionalidad familiar y niveles elevados de violencia doméstica, así como la presencia de zonas urbanas con una elevada marginación. La proporción actual de jóvenes en la población exacerba este problema (p. 120).
Bonta y Da (2016) destacan ocho factores de riesgo que inciden en las conductas delictivas y en su reincidencia, a saber: actitudes inapropiadas, pares asociales, modelos de personalidad asocial, historiales del comportamiento asocial, consumo de sustancias psicoactivas, conflictos familiares, deserción escolar y uso inadecuado del tiempo de libre. Todos los niños que experimentan vivencias con algunos de estos factores están predispuestos a cometer actos delictivos, todo depende de las conductas prosociales, de los factores de protección y de afrontamiento que ha desarrollado el niño (Marcos, 2019).
En la adolescencia temprana el desarrollo se da en ambientes dinámicos que van canalizando sus trayectorias vitales, definiendo las oportunidades con que cuenta para evolucionar en su forma de pensar, motivación y comportamiento. Los adolescentes no son pasivos en este proceso, empiezan a elegir sus contextos de desarrollo donde además de ser influenciados, también influyen y reciben retroalimentación en relación a sus conductas. Pero al final en la adolescencia, construyen visiones acerca de sí mismos que al compartirlas con su familia y pares van construyendo una identidad adulta coherente (Chesta y Alarcón, 2019, p. 28).
La exposición prolongada a factores de riesgo criminogénico de orden psicobiológico y social, más la “presencia de escasos recursos protectores, lleva a que exista falta de oportunidades, o que estas sean de orden delictivo, es decir que la retroalimentación recibida reforzaría la conducta delictiva terminando con el desarrollo de un autoconcepto e identidad delictiva” (Chesta y Alarcón, 2019, p. 28).
En ese sentido, los factores de riesgo son las particularidades y circunstancias de los contextos en donde los niños incrementan la posibilidad de que se impliquen en conductas delictivas, es decir, que los factores de riesgo de tipo criminogénico, son los que los conllevan a cometer actos peligrosos (Hoge et al., 2015). “El estado peligroso es una situación en la que por los factores de disposición y de ambiente, en mutua compenetración, el individuo constituye potencialmente un ser con probabilidades de delinquir, o, al menos, de turbar el orden social establecido por el derecho” (Pueyo y Redondo, 2007, p. 8).
Hay una teoría que releva la importancia de las actitudes, valores y creencias pro-criminales como causas del comportamiento delictivo. El aprendizaje social, recalca la importancia de formarse en medio del contexto social relacionándose con: familia, amigos, escuela y trabajo: si el contexto está influenciado por lo delictivo, el contexto reforzará la conducta negativa y es muy factible que se formen niños con alta impulsividad, ausencia de empatía, y dificultades para aceptar las normas (Posada-Zapata, 2018).
La problemática de los NCLP “es un proceso construido socialmente desde “la pobreza porque ella es una falla de las capacidades para alcanzar las realizaciones básicas de la vida” (Sarmiento et al., 1998, p. 205). Es decir, que no es:
un problema material, sino que tiene que ver con carencias de valores ligados a la sociedad, carencia de instituciones políticas, de salud, ausencia de espacios democráticos y de participación, que podrían entrar a considerarse como elementos de pobreza y que no puede mirarse desde una óptica exclusivamente individual y de comportamiento patológico, para el caso de los adolescentes infractores. (Baquero, 1999, p. 144)
Para disminuir el problema de los NCLP se deben analizar las realidades de los diferentes contextos con el fin de generar estrategias en pro de su prevención (Sanabria y Uribe, 2009) y detectar factores de desigualdad que facilitan el ingreso a la vida delictiva. Zambrano et al. (2012). Además, es necesario desarrollar políticas afines a las necesidades socioeconómicas y familiares, que permitan empoderarlos como seres políticos y con capacidad decisoria (Galvan y Durán, 2019). Recordar que “La delincuencia en niños y niñas se da desde la incidencia de factores contextuales e individuales” (Valdenegro, 2015, p. 145).
Figura 1.
Enfoques explicativos
Fuente: elaboración propia
En el presente trabajo se propuso investigar el fenómeno del bullying como un factor de riesgo que podría estar asociado a la ideación suicida en adolescentes entre los 11 y los 15 años, teniendo en cuenta que es una de las manifestaciones que se presenta en la conducta suicida.
El bullying es descrito como un tipo de agresión que se categoriza en cuatro tipos diferentes: física, verbal, psicológica y social, siendo incluidos diferentes tipos de comportamientos como empujar, golpear, amenazar, extorsionar y aislar, entre otros. La persona que lleva a cabo estas acciones es denominada como agresora y se caracteriza por presentar impulsividad y una necesidad de dominar a otros; tiene dificultades para controlar la rabia y afrontar los sentimientos de hostilidad frente al ambiente; de esta forma, es una persona poco empática frente a los sentimientos de otros, en donde la agresividad es la única forma de mantener su autoimagen (Uribe et al., 2012).
Adicionalmente, según un informe realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO] (2019) se describe el acoso escolar como un comportamiento de tipo negativo que trae consigo acciones no deseadas, que se presentan reiterativamente y que se dan por un desequilibrio de poder entre el victimario y la víctima. Para que una persona sea clasificada como víctima dependerá del número de veces en que este repita, presentándose al menos una o dos veces al mes o más.
Los efectos que desencadena el bullying en las víctimas son múltiples, no solo a nivel físico sino, lo más grave, a nivel emocional que es lo que, en últimas lleva a muchas de ellas a suicidarse. Así lo afirman Hernández y Solano (2007): “el efecto más drástico del acoso es, sin lugar a dudas, el suicidio” (p. 21).
En cuanto a la variable ideación suicida, de acuerdo con Beck y Kovacs (1979), se refiere a un concepto que involucra factores como la intensidad, la profundidad y la duración del deseo de morir, el nivel en el que la persona supera las ganas de vivir y el grado en el que el anhelo de morir deja de ser un deseo a la deriva para pasar a ser un plan formulado concretamente para acabar con su vida. Este término también puede ser entendido como el conjunto de pensamientos intrusivos y persistentes que tiene una persona respecto al deseo de matarse o morir y las formas de llevar a cabo estas ideas; es decir, los objetos, situaciones y condiciones en las que el individuo espera consumar el acto (Eguiluz, citado por Salamanca-Camargo y Siabato-Macías, 2016).
Varios investigadores han estudiado la relación entre diversos factores de riesgo, entre los cuales incluyeron el acoso, con las conductas conducentes al suicidio. En el estudio realizado por Melgarejo (2019) con adolescentes de un Colegio de Cúcuta, encontró entre los que eran víctimas de bullying, el 31.3% presentó tendencia a la ideación suicida, aunque la relación no fue significativa. En población universitaria también se ha encontrado esta relación (García et al., 2013).
De igual manera, varios autores (Azúa et al., 2020; González, 2021) realizaron revisiones documentales para analizar la relación entre varios factores de riesgo, entre ellos el acoso, y el suicidio. Encontraron que todos los estudios, en mayor o menor grado, reportaron relación entre el acoso escolar y la ideación e intento suicida. Plantean la necesidad de establecer y reforzar los mecanismos de detección y prevención de las situaciones de bullying en los ámbitos escolares, para contribuir a disminuir la incidencia de casos de suicidio.
Así las cosas, la pertinencia de la investigación radica en que en el departamento del Quindío hay un alto índice de suicidios, convirtiéndose en un problema de salud pública que preocupa tanto a profesionales de la salud como a la sociedad en general. Por tal razón se planteó identificar la relación entre el bullying y la ideación suicida en adolescentes.
Metodología
Se utilizó un enfoque cuantitativo no experimental, transversal (medida en un único momento), correlacional ya que se realizó un análisis de la relación entre la presencia del fenómeno del bullying y la ideación suicida en la población seleccionada (Hernández et al., 2010). Se contó con unos criterios de inclusión: tener entre 11 y 15 años y ser estudiante de alguna de las instituciones educativas de Armenia (Q).
El instrumento que se utilizó para identificar la presencia de bullying en diferentes instituciones educativas fue el Cuestionario de Paredes et al. (2008), el cual fue validado en la ciudad de Cali (Colombia). En su validación participaron diferentes investigadoras que lo aplicaron en sus países y así poder identificar los factores relacionados con el bullying. La construcción de estas preguntas se realizó teniendo como referencia el concepto de bullying propuesto por Olweus y tiene como finalidad identificar a los alumnos que responden en la situación de agresores, a quienes responden en la situación de víctimas y aquellos que no se sitúan en ninguna de las dos categorías. Este cuestionario cuenta con 30 preguntas, 16 de opción múltiple y 14 preguntas abiertas.
Seguidamente, para evaluar la ideación suicida se utilizó el CESD-R que es una escala de autoinforme de 20 ítems, creada por Laurie Radloff en 1977 (Villalobos-Galvis y Ortiz-Delgado, 2012), validada posteriormente en población colombiana en la ciudad de Pasto, en la cual se agregaron tres ítems nuevos a la prueba, para un total de 23 ítems. Si bien estos últimos no se encuentran validados, son de utilidad para identificar ideación suicida. Esta prueba mide los componentes más importantes de los factores de riesgo asociados a la depresión. Dichos componentes están agrupados en cuatro factores que son los siguientes: afecto negativo, afecto positivo, síntomas somáticos, problemas interpersonales e ideación suicida.
No obstante, teniendo en cuenta que la presente propuesta de investigación fue encaminada a ser ejecutada con un grupo de personas, resulta obligatorio citar las disposiciones legales y éticas en que se sustentaron. En primer lugar, la Ley 1090 del 2006 (Ministerio de la Protección Social, 2006), en relación con la investigación en seres humanos, capítulo III (deberes del psicólogo con las personas objeto de su ejercicio profesional), donde se tocan aspectos relacionados con el método que se utiliza a la hora de haber realizado la prueba, teniendo en cuenta sus instrucciones y, a su vez, el buen uso de la información (secreto profesional). Igualmente, se tuvo en cuenta el capítulo V, deberes del psicólogo con las instituciones, la sociedad y el Estado.
Con relación a la investigación, teniendo en cuenta el lugar en donde se aplicaron las pruebas, y pensando en no atentar contra los intereses de los sujetos a intervenir, se tuvo en cuenta la Ley 1098 de 2006, por la cual se expide el Código de la Infancia y la Adolescencia, en el cual se garantiza a los niños, niñas y adolescentes su pleno y armonioso desarrollo para que crezcan en el seno de la familia y de la comunidad, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Prevalecerá el reconocimiento a la igualdad y la dignidad humana, sin discriminación alguna (Congreso de la República, 2006).
De la misma manera, es importante aclarar el haber contado con un consentimiento informado, y en el caso de los participantes correspondientes a la edad de 14 años, un asentimiento que validara el querer participar de manera voluntaria en la investigación. Además, se tuvo una ruta de atención que consistió en informar a la orientadora de las instituciones participantes o, en el caso de haber sido una aplicación en lugares externos, se informaba al padre de familia sobre la presencia de aspectos que requerían atención psicológica inmediata, según lo arrojaba el cuestionado CESD-R. Igualmente, se contó con la presencia de un profesional en el área de psicología, debido a las variables utilizadas en esta investigación, teniendo en cuenta los casos de desbordamiento que se pudieran haber presenciado. Se contó con el acompañamiento de dos estudiantes del Centro Integral de Psicología (CIP) de la Corporación Universitaria Empresarial Alexander von Humboldt (CUEAvH). Se hace la aclaración sobre la ausencia de casos que requirieron atención de manera urgente e inmediata.
Resultados
Los participantes de este estudio pertenecían en un 89.6% a instituciones educativas públicas y en un 10.4% a instituciones privadas. El 51.8% pertenecía al género femenino. Respecto a las edades, el mayor porcentaje (31.8%) correspondió a las personas de 14 años, seguidas de 13 (26.8%) y 11 (12.8%) años. La mayoría (34.7%) se encuentra cursando el grado octavo, seguidos de los que cursan noveno (33%). (ver Tabla 1).
Tabla 1
Datos Sociodemográficos
|
Datos |
Características |
Frecuencia |
% |
|
Instituciones educativas |
Pública |
147 |
89.6 |
|
Privada |
17 |
10.4 |
|
|
Género |
Masculino |
79 |
48,2 |
|
Femenino |
85 |
51,8 |
|
|
Edad |
11 |
21 |
12,8 |
|
12 |
19 |
11,5 |
|
|
13 |
44 |
26,8 |
|
|
14 |
52 |
31,7 |
|
|
15 |
28 |
17,1 |
|
|
Grado |
Sexto (6) |
18 |
11 |
|
Séptimo (7) |
30 |
18,2 |
|
|
Octavo (8) |
57 |
34,7 |
|
|
Noveno (9) |
54 |
33 |
|
|
Décimo (10) |
5 |
3 |
|
|
Once (11) |
0 |
0 |
|
|
Total |
164 |
100 |
En cuanto a los resultados del CESD-R, el cual medía los componentes más importantes de los factores de riesgo asociados a la depresión, se presentan los datos de los primeros 20 ítems, en donde se evidenció que el 23.78% se encontraba en un nivel alto; el 21.3% de participantes entre grado sexto y décimo presentaba características asociadas a la depresión en un nivel bajo; un 20.13% en un nivel mínimo y un 15.85% en un nivel medio. El 18.9% de estudiantes entre sexto y décimo grado registraron un nivel muy alto (Tabla 2).
Tabla 2
Resultados CESD-R
|
Rango |
Frecuencia |
% |
|
Mínimo |
33 |
20,13 |
|
Bajo |
35 |
21,3 |
|
Medio |
26 |
15,85 |
|
Alto |
39 |
23,78 |
|
Muy Alto |
31 |
18,9 |
|
Total |
164 |
100 |
Los tres últimos ítems del CESD-R, asociados a la ideación suicida, permitían identificar si los individuos presentaban algún pensamiento suicida y el tiempo que llevaban pensándolo. En la Tabla 3, se observa que en el ítem “Tuve pensamientos sobre la muerte”, el 77.4% (127 casos) de los estudiantes no presentó estos pensamientos y el 9.75% (16 casos) lo pensó entre 1-4 días; el 4,26% (7 casos) lo pensó entre 5-8 días; el 3% (5 casos) lo pensó entre 9-11 días y el 5.48% (9 casos) lo pensó entre 12-14 días. En el ítem “Pensé que mis seres queridos (familia, amigos, pareja) estarían mejor, si yo muriera”, el 76.2% (125 casos) no registró este tipo de pensamientos; el 10.97% (18 casos) refirió haberlo pensado entre 5-11 días; el 3.65% (6 casos) lo pensó entre 5-8 días; el 2.43% (4 casos) lo pensó entre 9-11 días; y el 6.7% (11 casos) lo pensó entre 12-14 días. En el último ítem “Pensé en matarme”, el 84.7% (139 casos) manifestó no haber pensado en cometer el acto; el 5,4% (9 casos) lo pensó entre 1-4 días; el 3% (5 casos) lo pensó entre 5-8 días; el 3% (5 casos) lo pensó entre 9-11 veces, y finalmente el 3.9% (6 casos) refirió haberlo pensado entre 12-14 días.
Tabla 3
Resultados CESD-R de los ítems de ideación suicida
|
Ítem |
Duración de los pensamientos (en días) |
Frecuencia |
% |
|
21. Tuve pensamientos sobre la muerte |
0 |
127 |
77,4 |
|
1-4 |
16 |
9,75 |
|
|
5-8 |
7 |
4,26 |
|
|
9-11 |
5 |
3 |
|
|
12-14 |
9 |
5,48 |
|
|
|
0 |
125 |
76,2 |
|
1-4 |
18 |
10,97 |
|
|
5-8 |
6 |
3,65 |
|
|
9-11 |
4 |
2,43 |
|
|
12-14 |
11 |
6,7 |
|
|
23. Pensé en matarme |
0 |
139 |
84,7 |
|
1-4 |
9 |
5,4 |
|
|
5-8 |
5 |
3 |
|
|
9-11 |
5 |
3 |
|
|
12-14 |
6 |
3,9 |
|
|
Total |
164 |
100 |
|
En cuanto al Cuestionario de Bullying, de Paredes et al. (2008), se encontró que el 10.36% (17 casos) se ubicó en la categoría de víctima; un 2,43% (4 casos) pertenecía a la categoría de agresor; un 7.31% (12 casos) se ubicó en la categoría víctima-desafiante y el 79.87% (131 casos) no hacía parte de ninguna de las tres categorías (Tabla 4).
Tabla 4
Resultados Cuestionario de Paredes, Lega y Vernon
|
Categoría |
Frecuencia |
% |
|
Agresor |
4 |
2,43 |
|
Víctima |
17 |
10,36 |
|
Víctima-desafiante |
12 |
7.31 |
|
Sin clasificación |
131 |
79.87 |
|
Total sujetos |
164 |
100 |
Resulta importante hacer mención sobre las personas que estuvieron ubicadas en la categoría de agresor o víctima, para lo cual se tuvo en cuenta la respuesta señalada en la pregunta 2, la cual correspondía a si era victimario y la pregunta 9T que correspondía a si era víctima. Al marcar “Sí” se ubicaba al individuo en alguna de las dos categorías. Por otra parte, se consideró la pregunta 4 y/o 9.1.V, donde se marcaba la frecuencia con que hacían o eran víctimas de bullying y se tomaron en cuenta las tres primeras opciones para calificar como victimario o víctima (diariamente, una vez por semana o varias veces al mes), dado que las otras dos respuestas no indicaban una frecuencia significativa (al menos una vez al mes y una vez al mes) y varios de ellos manifestaron haber seleccionado una de esas dos para referir que era algo que pasaba esporádicamente.
Finalmente, respecto al objetivo de la investigación que proponía hallar la relación del bullying como un factor de riesgo que conllevaba a la ideación suicida, se encontró que en el caso de las víctimas había una correlación entre sufrir de bullying y presentar características depresivas e ideación suicida, ya que los valores de P fueron de 0,0452, lo que indica correlaciones estadísticamente significativas con un nivel de confianza del 95.48% (Tabla 5). Las víctimas y las víctimas-desafiantes presentaban características de depresión y de ideación suicida.
Tabla 5
Spearman rank correlations
|
9.Sí |
Total CESD-R |
|
|
9.Sí |
0,1569 (164) 0,0452 |
|
|
Total CESD-R |
0,1569 (164) 0,0452 |
|
Discusión
Respecto al primer objetivo de investigación en el que se planteaba identificar la presencia del bullying, se encontró que el 9.75% de los participantes era agresor, cuyas principales manifestaciones de violencia fueron la verbal (ridiculización y exclusión), seguido de agresiones físicas y, por último, amenazas. Generalmente, las burlas y humillaciones se generaban en espacios públicos y en compañía de otros estudiantes que también participaban de este acoso. Del mismo modo, estos actos fueron propiciados en mayor medida porque los estudiantes no consideraban que podían tener efectos negativos en sus compañeros y también por la presión social de pares que los incitaban a hacerlo. En cuanto a cómo se sintieron al llevar a cabo dichas acciones, la mayoría refirió sentimientos de culpabilidad, seguidos de felicidad y satisfacción.
En cuanto a las consecuencias derivadas de estos actos, el 93.75% de los estudiantes afirmó que no recibió ningún tipo de llamado de atención o acción disciplinaria por parte de docentes, padres o la institución educativa, lo que muestra la necesidad de que haya mayor presencia de estas figuras para generar estrategias que permitan educar y generar un impacto en la disminución de estas situaciones.
Teniendo en cuenta lo anterior, estos resultados coinciden con los hallados en la investigación realizada por Paredes et al. (2008) en la que se encontró que el tipo de agresión más frecuente era la de tipo verbal (ridiculizaciones). Además, también resulta relevante el hecho de que la participación de los funcionarios de las instituciones y otras personas adultas era insuficiente para poder contrarrestar la problemática, lo cual se convierte en un factor que permite que la violencia, en todas sus formas, se prolongue por más tiempo, pudiendo causar secuelas graves en las víctimas; posición que Davis (citado por Uribe et al., 2012), también apoya, al proponer que es más probable que aumenten las conductas de acoso en cuanto los agresores identifican que sus comportamientos no son interrumpidos por compañeros o adultos.
Igualmente, se observó que el 17.68% correspondió a las víctimas de acoso escolar, en las cuales se evidenció que los tipos de agresión más frecuentes fueron la verbal (insultos, burlas y apodos), seguido de exclusión social y, por último, las agresiones físicas. Así mismo, las principales emociones que manifestaron la mayoría de los estudiantes, luego de estos actos, fueron la rabia y la vergüenza, en contraste con el miedo y la preocupación que manifestaron muy pocos de ellos. De acuerdo con lo anterior, también se pudieron encontrar otros efectos, a mediano y largo plazo, aparte de los sentimientos de frustración que referían las víctimas después de la agresión. En relación con lo anterior Cerezo (2008) manifiesta que las consecuencias pueden afectar diferentes esferas de la vida de las personas, a nivel escolar, afectivo y social, llegando a sentirse infelices, inseguras y hasta a somatizar su ansiedad. A largo plazo, podrían tener dificultades para establecer relaciones interpersonales o cuadros de depresión. En algunos casos, las víctimas podrían intentar agredir a otras personas que consideran en condiciones de inferioridad.
Por otra parte, en el meta-análisis realizado por Vega-Cauich (2019), en cuanto al ciberacoso y el acoso escolar tradicional, se encontró que uno de cada cinco estudiantes recibió o realizó dicho acoso lo cual correspondería a un 20%, cifra que se encuentra cercana a la encontrada en este trabajo la cual fue del 20.1%.
Del mismo modo, se encontró una prevalencia de acoso escolar del 20.3% en la investigación de tipo transversal realizada por Paredes et al. (2008) en la ciudad de Cali con una población con características similares. Por lo cual, en relación con lo anterior, se puede establecer que los resultados encontrados sobre individuos que se reconocían como víctimas, estaban cerca al porcentaje encontrado en las investigaciones revisadas, teniendo en cuenta que la población presentaba cualidades parecidas como rango de edad, grado escolar o número de participantes.
Por otro lado, se pudieron establecer diversas modalidades usadas para la realización del acoso escolar. Como se mencionó anteriormente, las principales fueron de forma verbal, específicamente, ridiculización y exclusión, de forma física y por medio de amenazas. Lo cual, al compararse con la investigación realizada en Perú (Donohue y Achata, 2007), y la en Antioquia (Ghiso y Ospina, 2010) y en Cali (Paredes et al., 2008), permite establecer que se mantiene el acoso verbal como el más referido por las víctimas, incluyendo el uso de apodos y burlas ofensivas, así como el chantaje, la manipulación y las amenazas. Además de esto, se encontró que estos estudiantes eran objeto de múltiples agresores y no de una sola persona, lo que puede hacer la situación aún más compleja. De acuerdo a esto, Condori (2015) enfatiza en que el bullying que se realiza por medio de agresiones verbales, como sucede en esta población, responde a un mecanismo de acción rápido y que no deja huellas visibles, pero que en muy poco tiempo puede generar un impacto negativo en la autoestima y estado de ánimo de la persona, el cual puede prolongarse durante mucho tiempo.
Además, en la presente investigación se encontró un 88.68% de acoso grupal, así como el salón de clases y el patio del colegio como los principales espacios donde ocurrían los hechos de agresión. De ese modo se puede decir que la concurrencia del espacio donde se da el acoso y el acoso grupal están directamente relacionados, pues en ambos espacios mencionados tiende a haber una amplia cantidad de estudiantes y poca presencia de autoridades, lo cual facilita el desarrollo del acoso. Teniendo en cuenta también lo expuesto en la investigación de Donohue y Achata (2007), se logró identificar que el porcentaje de incidencia de agresión individual es menor al correspondiente al acoso grupal; lo cual puede estar relacionado con uno de los motivos más frecuentes que es el recibir la aprobación de otros y, en general, con el abuso de poder que suele fortalecerse al estar en conjunto.
Así mismo es menester mencionar, en la presente investigación, la motivación que impulsó a los participantes que se reconocieron como agresores para llevar a cabo el acoso. Así, el motivo más referido fue la defensa personal (28.85%); el segundo y el tercero por bromear y por características propias de las víctimas (19.23%). Tomando como referencia la investigación realizada por Paredes et al. (2008), en la cual se encontró que también se le atribuía el motivo a las características propias de las víctimas, se puede evidenciar, que la percepción de los agresores frente a los acosados incidía considerablemente en la repetición de los hechos. No obstante, Alandette y Hoyos (2009) mencionan que la causa de dichos comportamientos respondía también a características propias del agresor, las cuales incluían la forma de valorar la situación y a los acosados. A su vez, lo anterior es apoyado por Buitrago et al. (2009), al referir como motivo de las manifestaciones de acoso, los bajos niveles de tolerancia, característica del individuo, refiriendo también como causa las relaciones en otras áreas o espacios donde se desarrolla el agresor.
Por otro lado, en cuanto al objetivo que pretendía reconocer la presencia de ideación suicida en los adolescentes, se evidenció que el 42.68% de los estudiantes presentó características depresivas y de ideación suicida en un nivel alto y muy alto (23.78% y 18.9% respectivamente), lo cual genera preocupación ya que representa casi el total de los participantes del estudio, observándose con mayor frecuencia en los individuos de 14 y 15 años. En contraste a esto, en un estudio llevado a cabo por Teruel et al. (2014), con población universitaria entre los 21 y 34 años, se encontró que esta también tenía un alto índice de ideación suicida, aunque esta se encontraba asociada a características de impulsividad, depresión y desesperanza.
De este modo, es importante que, a partir de las cifras encontradas, se puedan impulsar diversas estrategias de promoción y prevención de salud mental que estén dirigidas a niños y jóvenes de los distintos establecimientos educativos de la ciudad, con el fin de prevenir, identificar y tratar a tiempo aquellos factores que generan malestar psicológico.
Por otra parte, se tiene en cuenta el caso de los agresores puros, correspondientes al 2,43%, obteniendo como características más representativas de dicho perfil, el hecho de utilizar la ridiculización y exclusión como manifestación de violencia más frecuente tal y como se mencionó en anteriores párrafos. Teniendo en cuenta esto, en la investigación de Paredes, et al. (2008), se identificaron algunos comportamientos que eran llevados a cabo por parte de los agresores para configurar un perfil de estos, encontrando que solían elegir a las víctimas con características de “debilidad”, “fragilidad” y “timidez”. Así mismo, se halló que los victimarios hacían uso de chantaje, divulgación de secretos, entre otras cosas, que generaban repercusiones negativas en las víctimas, al igual que tenían cierta preferencia por la utilización de la agresión verbal y física.
En este sentido, es importante mencionar el caso de aquellos estudiantes que no correspondían a agresores puros ni a víctimas puras, puesto que pertenecían a la categoría víctima-desafiante, es decir, que cumplían los criterios para ambas categorías. De acuerdo con esto, se encontraron 17 víctimas puras, de las cuales diez presentaban niveles altos de características depresivas e ideación suicida; 12 víctimas-desafiantes, de las cuales ocho evidenciaron altos niveles de características depresivas e ideas suicidas, mientras que, en los cuatro agresores puros, no se observó un puntaje alto de estas características.
En el caso de las víctimas desafiantes, esta información se encuentra relacionada con los resultados obtenidos en otra investigación realizada por Yang et al. (2020), en la cual se encontró que las personas ubicadas en dicha categoría presentaban un riesgo más alto de ideación suicida en comparación a los que no se ubicaban en ninguna de las dos categorías (víctimas o victimarios), tal y como se evidenció en la presente investigación, en la que el 7,13% de los participantes fue víctima-desafiante; de estos participantes, el 66,67% presentó un alto grado de ideación suicida en la escala de evaluación del cuestionario CESD-R.
Por último, respecto a la correlación, se pudo establecer que el bullying era un factor que podía incidir en la manifestación de características depresivas e ideas suicidas, principalmente en aquella población que era víctima de este fenómeno. Estos resultados también se encontraron en un estudio realizado en tres colegios de Manizales (Colombia), con población estudiantil perteneciente a los grados de octavo a once (Aguirre-Flórez et al., 2013). La prevalencia de la violencia escolar en la incidencia del riesgo suicida fue un hecho destacable en la investigación. Los estudiantes que presentaban acosos de intensidad muy alta presentaban mayor riesgo suicida lo cual se corroboró con el índice de Plutchik, de 30.1%. Por el contrario, los que presentaban ausencia de situaciones de acoso, no presentaban riesgo suicida (Aguirre-Flórez et al., 2013).
Del mismo modo, dada la relación encontrada en la presente investigación entre las variables, se pudo corroborar lo propuesto en la revisión de investigaciones sobre suicidio y la relación con el acoso escolar desde la infancia hasta la edad adulta realizada por Brustein et al. (2010), donde se encontró mayor riesgo de ideación o intento suicida en víctimas de intimidación escolar frente a quienes no. Los estudios revisados también permitieron establecer que, independientemente de la depresión, género, estado socioeconómico, entre otras variables, el acoso escolar representaba un riesgo significativo frente al suicidio, puesto que la intimidación y el acoso dirigen a comportamientos suicidas.
Así mismo, varios autores (Vega-Cauich, 2019; Hye-Jin et al., 2017; Adeleke et al., 2008) proponen que los niños que son víctimas tienden a presentar más problemas de salud mental, que van desde ser más depresivos y ser más propensos a cometer suicidio frente a los que no. Por ello se puede decir que la relación encontrada es consistente con estudios previos, lo que permite establecer como un factor relevante el acoso escolar.
No obstante, si bien hay indicios de una relación significativa entre el bullying y la ideación suicida, también se observa que hay muchos sujetos que presentaron estas ideas sin estar expuestos a dicho fenómeno, por lo que es de gran relevancia tener en cuenta otros factores o variables en el estudio del comportamiento suicida. Lo anterior se encuentra relacionado con una investigación hecha en México, en la cual se estudió la relación que podía haber entre ambas variables en adolescentes entre los 14 y los 17, encontrando que dicha relación no era significativa, por lo que se pudo establecer que el maltrato o acoso entre compañeros de escuela no estaba ligado a la idea o acción que tenían estos de querer morir o acabar con su vida (Acuña, 2014).
Conclusiones
Se logró establecer que había presencia del fenómeno bullying en los estudiantes entre los 11 y 15 años de diversas instituciones educativas, con un mayor impacto en la población de víctimas. Igualmente, se identificaron características asociadas a la depresión e ideación suicida en los estudiantes de 11 a 15 años, con mayor presencia a partir de los 13 años. Igualmente, si bien no se encontró una gran relación a nivel estadístico, se debe entender que al ser el suicidio un evento individual, que genera grandes alteraciones en diferentes dimensiones de la vida de las personas, se deben buscar alternativas que permitan detectar los factores que conllevan a que estos individuos tengan este tipo de pensamientos o conductas autolesivas. Principalmente, la necesidad es mayor entre los más jóvenes, ya que según lo evidenciaron varios estudios (incluyendo el presente), son quienes tienen más dificultades para manejar sus impulsos y responder a los ataques, mientras que la prevalencia disminuye a medida que van creciendo.
De acuerdo con todo lo anterior, se hace énfasis en la relevancia de conocer los pensamientos e ideas que poseen los adolescentes que sufren de bullying ya que éste pudo y podría presentarse como un factor de riesgo para la ideación. De esta forma, se puede generar un impacto social para prevenir las conductas suicidas, así como concientizar a los estudiantes sobre las consecuencias a nivel biopsicosocial que tiene este fenómeno en la persona afectada. En ese mismo sentido de concientización, este estudio buscó que padres, víctimas, victimarios, educadores y en general la comunidad educativa tengan mayor conocimiento del tema y le presten la atención que en realidad merece y que en ocasiones no se reconoce.
Finalmente, la identificación de Bullying en los sujetos partícipes de esta investigación permitió realizar una clasificación en las categorías de víctima o victimario, logrando aportar información a nivel estadístico de la población encontrada en instituciones educativas del departamento del Quindío, para sensibilizar sobre la necesidad de la implementación de estrategias para trabajar o atender esta problemática.
Conflictos de interés y fuentes de financiación: No se presentan conflictos de interés frente a la investigación, esta se realizó a través del semillero de Psicología de la Salud y de la Actividad Física, como estrategia de la Corporación Universitaria Empresarial Alexander von Humboldt de Armenia, Quindío.
Delgado M, Urrea G, Valencia J
Referencias
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Aguirre-Flórez, D. C., Cataño-Castrillón, J. J., Cañón, S. C., Marín-Sánchez, D. F., Rodríguez-Pabón, J. T., Rosero-Pantoja, L. A., Vélez-Restrepo, J. (2013). Riesgo suicida y factores asociados en adolescentes de tres colegios de la ciudad de Manizales (Colombia).
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Condori, L. Q. (2015). Bullying escolar e ideación suicida en los estudiantes de tercer año de secundaria de instituciones educativas públicas, TACNA. Repositorio de la Universidad Peruana Unión.
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1 El diagnóstico es trastorno del espectro autista con alta funcionalidad.
Análisis de entrevistas cognitivas
Tempus Psicológico
Vázquez, V. M. Díaz, F,J. Bosques. L.E y Franco, K.
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Análisis de entrevistas cognitivas
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La salud de los docentes y el rendimiento académico de los estudiantes: una revisión sistemática de la literatura
Teachers’ health and the students’ academic achievement: A systematic review of literature
Mónica Lorena Vargas Betancourt
Ricardo León Gómez Yepes
Artículo de revisión
Recibido: 24/09/2023 – Aprobado: 08/11/2023- Publicado: 03/12/2023
ISSN - 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.5011.2024
Volumen 7-1 2024
Abstract
The purpose of this review was to synthetize available evidence on the relationship between school teachers’ health and students’ academic achievement. Methods. Systematic searches were conducted, through electronic searches until June 2017. Nine articles fit criteria for analysis. Results. Regarding teachers’ health, all studies investigated variables related to teachers’ mental health, such as: stress, mathematics anxiety, burnout, depression and wellbeing. As a measure of academic achievement, mathematic tests were the most common outcomes. Eight studies reported that students in classes with teachers suffering from mental health problems have lower scores on standardized tests. Conclusions. When teachers suffer mental health problems, they can negatively impact students’ academic achievement. Further research is needed to understand the causes of mental health problems in teachers and to establish the best alternatives to prevent these issues.
Keywords: mental health, teachers, academic achievement, school students, literature reviews.
El propósito de esta revisión fue analizar la evidencia existente sobre la relación entre la salud de los profesores de primaria y secundaria y el desempeño académico de los estudiantes. Métodos. Se realizó una revisión sistemática de literatura a partir de una búsqueda electrónica con corte a 2017. Nueve artículos cumplieron con los criterios de inclusión. Resultados. Los artículos utilizaron como variable de salud, la salud mental; como medida de desempeño académico, las pruebas de matemáticas. Ocho estudios reportaron que en grados en que los profesores tenían problemas de salud mental, los estudiantes obtenían puntajes más bajos en pruebas estandarizadas. Conclusiones: Los profesores presentan problemas de salud mental que pueden afectar el desempeño de los estudiantes. Se requiere investigar las causas de estos problemas mentales y establecer procesos para prevenirlos.
Palabras clave: salud mental, profesores, desempeño académico, estudiantes, colegios
Resumen
Tempus Psicológico
1 Universidad de Antioquia. Correo: lorena.vargas@udea.edu.co. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7853-0915
2 Universidad de Antioquia. Correo: rleon.gomez@udea.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2528-544X
Teachers’ health and the students’ academic achievement: A systematic review of literature
Para citar este artículo
Vargas Betancourt, M. L. & Gómez Yepes, R.L. (2024). Teachers’ Health and the Students’ Academic Achievement: A Systematic Review of Literature. Tempus Psicológico, 7(1), 158-189
Mónica Lorena Vargas Betancourt 1
Ricardo León Gómez Yepes2
Tempus Psicológico
Introduction
This systematic literature review is part of a large research project aimed at studying the relationship between inner-city public school teachers’ working conditions, mental health, and students’ academic achievement. The review draws from literature in the fields of education and occupational health, and is aimed at providing an overview of studies on the relationship between school teachers’ health with student’s academic achievement.
Researchers in education have long been interested in understanding the elements and mechanisms that can explain students’ academic achievement. A preliminary review of the literature reveals a growing focus on teachers as one of the main factors for students learning particularly in relation to teachers’ working conditions and their impact on academic achievement. Issues related to teachers working conditions that can have a negative impact on students’ academic achievement include ineffective leadership style (Barragán Montaña et al., 2014; Levin & Lockheed, 2012; Moore Johnson et al., 2012), deficient co-workers relationships (Barragán Montaña et al., 2014; Borman & Dowling, 2008; Johnson & Stevens, 2006; Levin & Lockheed, 2012; Moore Johnson et al., 2012), absence of team work (Levin & Lockheed, 2012; Borman & Dowling, 2008; Vegas & Petrow, 2008), low administrative support (Borman & Dowling, 2008), low salary (Barret et al., 2006; Borman & Dowling, 2008), limited access to training (Barret et al., 2006; Levin & Lockheed, 2012) and resources (Barragán Montaña et al., 2014; Barret et al., 2006; Johnson & Stevens, 2006), and lack of opportunities to participate in decision-making (Johnson & Stevens, 2006). These findings are valuable for the field of education as they enhance our understanding of factors that affect the quality of students’ educational outcomes.
A common thread of this line of inquiry has been to focus on job satisfaction as a mediating factor between teachers’ working conditions and student achievement. However, the field of occupational health and safety has long been investigating how working conditions impact workers’ health and has generated substantial evidence about “occupational diseases”— which are primarily caused by exposure to negative working conditions. Therefore, drawing from the field of occupational health and safety, it is reasonable to hypothesize that negative working conditions can have repercussions on teachers beyond job satisfaction, affecting their health. A preliminary review of international literature seems to support this hypothesis:
For example, in Belgium, Bogaert et al. (2014), found that the prevalence of health problems associated with working conditions is higher among secondary school teachers compared to other occupational groups. In Germany, Bauer et al. (2007) found mental health problems associated with the presence of threatening events in 29.8% of 949 teachers. In Italy, Borrelli et al. (2014) reported that teachers’ depression and anxiety were associated with high job demands and low social support at work.
In Chile, Cornejo (2008) reported depression, anxiety, burnout and stress as the main teachers’ health problems. In Ecuador, 52.7% of 1538 teachers, reported health problems associated with their work; and stress and anxiety where the two more common mental issues (Morales Martinez et al., 2012).
In a study conducted in six Latin American countries Robalino & Körner (2005) found that in the six countries teachers had been diagnosed occupational stress by a doctor, ranging from 27% of teachers in Mexico to 48% of teachers in Ecuador.
In Colombia, Gómez et al. (2009) reported that 15.6% of 343 teachers in public schools had burnout, a syndrome associated with adverse psychosocial working conditions, and reported a 9.46% prevalence in at least one mental health diagnosis (anxiety and depression being the most diagnosed) in a sample of 877 official teachers.
The results of these studies described above allow us to recognize three important points: First, school teachers are exposed to negative working conditions which can affect students’ academic achievement. Second, exposure to negative working conditions also impact teachers’ health. And third, teachers –from different countries of the world, are already facing illnesses, with most of them being mental. However, a central question that seems to remain unanswered is to what extent is teachers’ mental health associated with students’ academic achievement. With this systematic review we aim to identify and synthetize available evidence on the relationship between school teachers’ health and students’ academic achievement.
Methods
Inclusion criteria
Studies were included for review if they met the following criteria regarding population, setting, independent variables and outcomes.
Population and setting
The review included studies where participants were either school teachers or one of the populations under investigation, and were working at the time the research was conducted or the data were collected. Key terms selected for these criteria were: School, Teacher, K12, and Education.
Independent variables
The review included publications that assessed health indicators (physical health, mental health, stress, burnout, sickness, sickness absence, work accidents or injuries, symptomatology, happiness). Key terms selected for these criteria were: health, burnout, stress, depression, anxiety, happiness, wellbeing, sickness, accident, absenteeism, injury, symptomatology, medical incapacity, dysphonia, varicose vein, sickness, and illness.
Outcomes
The review included studies that used a measure of students’ achievement or school effectiveness (associated to students’ achievement) as one of the outcomes. Key terms selected for these criteria were: achievement, student growth, school effectiveness, quality, performance, accomplishment.
Type of studies
Both quantitative and qualitative studies were included, because one of the expected results of this review was to characterize the research done in this area of interest.
Time and place
The cutoff date of publication of the studies was June 2017. The review included studies conducted in any country, given its international education perspective.
Exclusion criteria
Studies that did not measure the relationship between teachers’ health and students’ achievement.
Search strategy
The literature search focused on academic studies, including peer reviewed articles, theses and dissertations. An electronic search was conducted using the following databases: Embase, ERIC, EBSCOHOST (for this database we selected the option “All databases”, which included MEDLINE, PsycARTICLES, PsycBOOKS, and PsycINFO), PUBMED, Science Direct and Scielo. The appendix displays the full set of databases used, key terms and search strategy used in each database. The same key terms were used in all databases.
Data abstraction
To record relevant information for the review, we used an extraction table. It included the following fields: author, title, year of publication, country where the research was conducted, study design, sample and setting, variables measured (independent, dependent), measures used for each variable, and main findings.
Results
Study selection
Using the presented search strategy, we identified 2167 articles. After removing the duplicates, 1951 studies were considered. We then reviewed all titles and abstracts and excluded all studies that did not meet our inclusion criteria. Finally, only the full text of 15 products met these criteria and were examined in detail. However, six of these articles were excluded as they did not entirely fit the criteria. Ultimately, we included nine articles for analysis. Figure 1 illustrates the detailed article selection process.
Figure 1
Flow diagram of study selection.
Description of studies
This section provides a general description of each study included in the analysis and their main findings.
Bakewell et al., (1988): This study surveyed regular and special education teachers’ perceptions of stress and support in their working environments and assessed the relationship between teacher stress and academic achievement. Researchers assessed teachers’ stress, perceived family and administrative support, advantages and disadvantages in teaching and student academic achievement. The participants included 35 regular education teachers, 28 special education teachers and 58 students. Teachers were interviewed and then the information was coded and rated on Likert scales. Student academic achievement was collected in fall and spring. Results indicated that there was no relationship between teachers’ stress and student academic achievement. A limitation was that the measure of stress was not validated.
Bush (1989): This research aimed to investigate whether teacher mathematics anxiety was related to students’ mathematics anxiety and achievement, teaching practices, and teacher characteristics. Mathematics anxiety was measured using the Mathematics Anxiety Rating Scale for teachers (MARS) and for students (MARS-A). Students’ achievement in Mathematics was assessed using the Mathematics Concepts and Mathematics Problem Solving sections of the Iowa Test of Basic Skills (ITBS). Additionally, for teachers’ achievement in mathematics they used the sixth-grade version of the ITBS. Teaching practices were evaluated by audio-recording mathematics lesson and then coding time and frequency of different aspects of the lessons. A total of 31 teachers and 584 students completed all measurements. Mathematic anxiety and achievement measurements were taken twice (in September and May). Audio recording of “typical mathematics lesson” was performed 3 times (in October, January and March). Although the author did not explicitly report the results for the relationship between teacher mathematics anxiety and students’ achievement, ANOVA results on students’ ITBS and ITBS problem solving scores by type of teachers (teachers with mathematics anxiety vs teachers with no mathematics anxiety) show that students’ scores are similar in both groups of teachers and that teachers’ level of anxiety only explains 1% of the variance in students’ performance (ANOVA: R^2=0.01).
The study of Goldman et al., (1997) aimed to identify the impact of the teachers´ mental health consultation on educators and students of elementary schools. The authors measured teachers’ readiness to use consultation and consultation effectiveness, students’ cognitive competence and academic achievement. They worked with six schools, involving 209 students and 91 teachers who completed all measurements (answered in fall, spring (year 1) and spring (year 2)). The results indicated that teachers’ consultation effectiveness has a highly significant positive association with student academic achievement.
The research conducted by Beilock et al., (2010) assessed the relationship between teachers’ math anxiety and students´ academic achievement using a longitudinal design. The participants included 17 female teachers´ of first and second grade, 52 boys and 65 girls. The study measured math anxiety, students´ math achievement, gender ability beliefs, and teachers’ math knowledge. According to the results, teachers’ math anxiety has a significant negative effect on girls’ math achievement (r = −0.28, p =0.022), but not on boys’ math achievement (r = −0.04, p = 0.81).
In the research conducted by Hadley & Dorward, (2011) they investigated the relationship between teacher anxiety about mathematics, anxiety about teaching mathematics, student mathematics achievement, and instructional practices. General Mathematics Anxiety was measured using the MARS-R, while anxiety about teaching mathematics was assessed using a 12-point Likert scale. Classroom instructional practices were evaluated using a designed a scale, and student achievement was measured with the State end-of-year mathematics test. The study involved 692 elementary teachers and the authors found that students’ mathematics achievement was not related to teachers’ general anxiety about mathematics. However, there was a low but statistically significant relationship with teachers’ anxiety about teaching mathematics (r = -.09, p < .05).
The study by Hoglund et al., (2015) investigated whether teachers’ burnout and classroom quality predicted children’s social and academic adjustment in high-needs schools, from kindergarten to 3rd grade. They evaluated teachers’ burnout, classroom quality, externalizing behaviors, teacher-child relationship quality, school engagement and literacy skills (a measurement for academic achievement). The study involved 65 teachers and 461 children, with collected three times: in January, March/April and May/June. One of their results was that being exposed to more burned-out teachers predicted significantly less growth in children’ literacy skills over the term (ES=.03). More burned-out teachers also were related to classroom quality, child externalizing behaviors, teacher-child relationship and school engagement (ES =.03; simple slope=.03, t[55]= 1.99, p <.05).
The study conducted by McLean & Connor (2015), was aimed to explore whether teachers’ depressive symptoms affected the quality of the classroom-learning environment and students’ academic achievement in the third grade. Teachers’ depression was measured with the Center for Epidemiologic Studies Depression Scale adapted for this purpose. Classroom Quality was assessed with CLE rubric and student achievement was determined using the Woodcock-Johnson III Test of Achievement (including letter-word identification, picture vocabulary, passage comprehension, math fluency, applied problems) and the Gates-MacGinitie Literacy Test (a reading test) for determined student achievement. The study involved 8 schools, 27 teachers and 523 third-grade students. The results showed that there was no change in student academic achievement as risk for depression increased in teachers (coefficient = -0.0005; p = .896). However, if students began the school year with weaker math skills and were with teachers who reported more depressive symptoms, there was a weaker math achievement.
The purpose of the study by Klusmann et al. (2016) was to examine the relationship between teachers’ emotional exhaustion and students’ mathematics achievement, as well as to identify the characteristics that moderate this relationship. The authors measure teachers’ emotional exhaustion using the Maslach Burnout Inventory, and the students’ achievement using a standardized national test covering various mathematical topics, including numbers and operations, space and shape, pattern and structures, sizes and measurements, data, frequency and probability. The study involved 1102 mathematics teachers, 22,002 4th-grade students and 16,737 parents as participants. Researchers controlled for the characteristics of teachers, classroom and students. The results indicated a negative correlation between exhaustion and students’ academic achievement (B = -4.56, p < 0.01). Furthermore, this correlation was even stronger in classes with a high percentage of language minority students (B = -1.66, p < 0.05).
In the study conducted by of Collie & Martin (2017), the authors initially examined whether teachers’ perceived autonomy support (PAS) was associated with adaptability, well-being and organizational commitment. Subsequently, they determined if these constructs were related to student’s numeracy achievement. Specifically, teachers’ well-being was assessed using four items from Parker and Martin Scale, while student’s achievement was evaluated using a multiple-choice test. The study involved 115 high school teachers for phase one and 100 high school teachers for phase two. Data were collected from 1685 students. According to the results, teachers’ well-being was directly linked to students’ numeracy achievement (β = 0.21, p = 0.031). PAS was associated with students’ numeracy achievement through its impact on teachers’ well-being (β = 0.15, p = 0.03, 95% CI [0.04, 0.33]) and also with adaptability via teachers’ well-being (β = 0.17, p = 0.04, 95% CI [0.04, 0.35]).
Context of the studies
According to the results presented in Table 1, research regarding the relationship between teachers´ health and students’ academic achievement has primarily been conducted in the US (6), Canada (1), Germany (1), Australia (1) and South Africa (1). Research in this area began in the late 1980s, but it is in the last decade that the majority of the studies have been published, most of them appearing as a journal articles.
Table 1
Summary of the studies included
|
Author |
Title |
Year |
Region |
Type of publication |
|
(Bakewell et al., 1988) |
Teacher stress and student achievement for mildly handicapped students |
1988 |
US |
Research report |
|
(Bush, 1989a) |
Mathematics Anxiety in Upper Elementary School Teachers. |
1989 |
US |
Journal Article |
|
(Goldman et al., 1997) |
Teacher consultation: Impact on teachers’ effectiveness and students’ cognitive competence and achievement. |
1997 |
US |
Journal Article |
|
(Beilock et al., 2010) |
Female teachers’ math anxiety affects girls’ math achievement. |
2010 |
US |
Journal Article |
|
(Hadley & Dorward, 2011) |
Investigating the relationship between Elementary Teacher Mathematics Anxiety, Mathematics Instructional Practices, and Student Mathematics Achievement. |
2011 |
US |
Journal Article |
|
(Hoglund et al., 2015) |
Classroom risks and resources: Teacher burnout, classroom quality and children’s adjustment in high needs elementary schools. |
2015 |
Canada |
Journal Article |
|
(McLean & Connor, 2015) |
Depressive Symptoms in Third-Grade Teachers: Relations to Classroom Quality and Student Achievement. |
2015 |
US |
Journal Article |
|
(Klusmann et al., 2016) |
|
2016 |
Germany |
Journal Article |
|
|
|
2017 |
Australia |
Journal Article |
Design of the studies
Table 2 presents a summary of the main elements of the design of each study. Six of the studies are primarily quantitative and longitudinal, while the remaining three are cross-sectional. Eight articles are non-experimental and one is quasi-experimental. Only one of the studies utilized both qualitative and quantitative data. The teachers’ samples varied from 17 to 1102 and the students’ sample varied from n=58 to n=22002. Eight studies were conducted in elementary schools (one of which included measures from a kindergarten) and one was conducted in high schools.
Regarding the variables assessed, all research studies proposed several variables and used different instruments. In terms of the health variable, one study measured stress, three studies measured mathematics anxiety (with one of them also measuring anxiety about teaching math), two studies measured burnout (with one only assessing emotional exhaustion), one study examined mental health consultation, one focused on depression and one on wellbeing. Concerning the output variables, eight studies measured student achievement using mathematics tests, and four of them also included reading and comprehension skills in their assessments.
Table 2
Designs of the studies included
Notes: (*) Concept related to mental health.
(**) Concept related to student academic achievement.
|
Study |
Type of Study |
Sample and setting |
Variables |
Measurements |
Main findings |
|
(Beilock et al., 2010) |
Longitudinal, non-experimental |
17 female teachers (1st and 2nd grades) 52 boys 65 girls |
|
1. Short Mathematics Anxiety Rating Scale (sMARS) |
Teachers’ math anxiety has a negative effect on math achievement only in girls. |
|
2. Applied Problems subtest of the Woodcock–Johnson III Tests of Achievement |
||||
|
3. Drawing a student from two stories: one student good in maths, the other student good in reading. |
||||
|
4. Content Knowledge for Teaching Mathematics (Elementary Number Concepts and Operations) |
||||
|
(Hadley & Dorward, 2011) |
Cross sectional |
692 elementary teachers |
1. General Math Anxiety* |
1. Mathematics Anxiety Rating Scale-Revised |
Math achievement was related with teachers’ anxiety about teaching mathematics |
|
2. Anxiety about teaching mathematics* |
2. 12 Likert-scaled items for teacher anxiety about teaching mathematics (created). |
||||
|
3. Level of adherence to the NCTM (2000) standards for instructional practices. |
3. Teacher mathematics instructional practices (measure created) |
||||
|
4. Student Achievement** |
4. State end-of-year mathematics test |
||||
|
(Hoglund et al., 2015) |
Longitudinal, non-experimental |
461 children 65 teachers |
|
|
Being exposed to more burned-out teachers predicted significantly less growth in children’ literacy skills over the term |
|
|
||||
|
|
||||
|
|
||||
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|
||||
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||||
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|
|
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|
Notes: (*) Concept related to mental health.
(**) Concept related to student academic achievement
|
Study |
Type of Study |
Sample and setting |
Variables |
Measurements |
Main findings |
|
(McLean & Connor, 2015) |
Longitudinal, exploratory. |
27 teachers 523 students (3rd grade) 8 schools |
1. Teachers’ Depression* |
1. Center for Epidemiologic Studies Depression Scale, adapted |
Not change in student achievement as risk for depression increases in teachers. Students with weaker math skills at the beginning of the year and with teachers with more depressive symptoms had weaker math achievement. |
|
2. Classroom Quality |
2. CLE rubric |
||||
|
3. Student Academic Achievement** |
3. Woodcock-Johnson III Test of Achievement (Letter-word identification, picture vocabulary, passage comprehension, math fluency, applied problems) and Gates-MacGinitie literacy test (reading test) |
||||
|
(Klusmann et al., 2016) |
Cross sectional |
1102 mathematics teachers 22002 students 4th grade 16737 parents 1349 elementary schools |
1. Teachers Emotional Exhaustion * |
1. Maslach Burnout Inventory |
Teachers’ emotional exhaustion was negatively related to students’ academic achievement. |
|
2. Teachers’ gender |
2. Demographic information |
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|
3. Teachers’ experience |
3. Years of experience as a teacher |
||||
|
4. Teachers’ subject matter knowledge |
4. Teachers’ certificate in mathematics |
||||
|
5. Students’ achievement in mathematics** |
5. National educational standards in mathematics |
||||
|
6. Students’ language minority background |
6. Students’ home language: spoke German at home (always to never) |
||||
|
7. SES of parents |
7. International Socioeconomic Index |
||||
|
8. Students’ cognitive abilities |
8. Subtest of the reasoning test “Kognitivier Fähigkeitstest” |
||||
|
(Collie & Martin, 2017) |
Cross sectional |
115 high school mathematics teachers (phase 1), 100 teachers for phase 2 1685 students |
1. Teachers’ perceived autonomy support |
1. 6-item short form of the Work Climate Questionnaire |
Teachers’ well-being was directly associated with students’ numeracy achievement |
|
2. Teachers’ sense of adaptability |
2. 9-item Adaptability Scale |
||||
|
3. Teachers’ well-being* |
3. 4 items from Parker and Martin |
||||
|
4. Teachers’ organizational commitment |
4. 4 items from Vandenberghe and |
||||
|
5. Students’ numeracy achievement** |
5. 10 items on basic mathematics skills |
||||
|
6. Covariates (Gender, age, teaching experience, seniority, school type, amount of extra duties, and grade). |
6. Demographic information |
Notes: (*) Concept related to mental health.
(**) Concept related to student academic achievement
Quality of the studies
The quality of the studies was assessed using the “Quality Assessment Tool for Observational Cohort and Cross-Sectional Studies” (NIH, 2014). According to this guide, the overall quality score for a research point to the potential for bias in the studies, thereby reflecting the internal validity of the research. For the assessment, each criterion (question) was rated using Y (Yes), N (No), CD (Cannot Determine), NR (Not Reported) and NA (Not Applicable).
Table 3 presents the results of the quality assessment for each study. All studies presented the research question or objectives, defined the population and selected subjects from similar populations, but none of the studies presented a justification of the sample size. Only four studies stated inclusion and exclusion criteria. Furthermore, in all studies, exposure measures were reliable and measured across all participants. Only one study did not clearly define the exposure measure. Concerning the outcome measure, in all studies dependent variables were clearly defined, valid and reliable. Longitudinal studies had at least one-year period; thus, there was sufficient time to expect to see an association between the independent variables and the outcome.
As an overall quality rating, five studies obtained a “less likely for bias” rating (Collie & Martin, 2017; Hadley & Dorward, 2011; Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016; McLean & Connor, 2015). This means that results presented by these five studies have more probability to reflect the true relationship between variables. The studies of Bakewell et al. (1988), Bush (1989), Goldman et al. (1997) and Beilock et al. (2010), obtained a “more likely for bias” rating. This suggests that their results are more likely to not accurately represent the true relation between the assessed variables.
Table 3
Quality Assessment for the studies included
|
Items |
(Bakewell et al., 1988) |
(Bush, 1989) |
(Goldman et al., 1997) |
(Beilock et al., 2010) |
(Hadley & Dorward, 2011) |
(Hoglund et al., 2015) |
(McLean & Connor, 2015) |
(Klusmann et al., 2016) |
(Collie & Martin, 2017) |
|
Was the research question or objective in this paper clearly stated? |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Was the study population clearly specified and defined? |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Was the participation rate of eligible persons at least 50%? |
N |
CD |
CD |
Y |
CD |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Were all the subjects selected or recruited from the same or similar populations (including the same time period)? |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Were inclusion and exclusion criteria for being in the study prespecified and applied uniformly to all participants? |
N |
N |
Y |
N |
N |
Y |
Y |
Y |
CD |
|
Was a sample size justification, power description, or variance and effect estimates provided? |
N |
N |
N |
N |
N |
N |
N |
N |
N |
|
For the analyses in this paper, were the exposure(s) of interest measured prior to the outcome(s) being measured? |
N |
N |
N |
N |
N |
N |
Y |
N |
N |
|
Was the timeframe sufficient so that one could reasonably expect to see an association between exposure and outcome if it existed? |
Y |
Y |
Y |
Y |
NA |
Y |
Y |
NA |
NA |
|
For exposures that can vary in amount or level, did the study examine different levels of the exposure as related to the outcome (e.g., categories of exposure, or exposure measured as continuous variable)? |
N |
N |
N |
N |
NA |
N |
N |
Y |
NA |
|
Were the exposure measures (independent variables IV) clearly defined? |
N |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
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Were the exposure measures (IV) valid? |
NR |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
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Were the exposure measures (IV) reliable? |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Were the exposure measures (IV) assessed consistently across all study participants? |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Was the exposure(s) assessed more than once over time? |
CD |
N |
Y |
Y |
NA |
Y |
N |
NA |
NA |
|
Were the outcome measures (dependent variables DV) clearly defined? |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Were the outcome measures (DV) valid? |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Were the outcome measures (DV) reliable? |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Were the outcome measures (DV) assessed consistently across all study participants? |
CD |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
Y |
|
Were the outcome assessors blinded to the exposure status of participants? |
NA |
N |
NA |
N |
NA |
N |
NA |
CD |
NA |
|
Was loss to follow-up after baseline 20% or less? |
CD |
Y |
CD |
CD |
NA |
Y |
Y |
NA |
NA |
|
Were key potential confounding variables measured and adjusted statistically for their impact on the relationship between exposure(s) and outcome(s)? |
N |
Y |
N |
Y |
Y |
CD |
Y |
Y |
Y |
Conclusions of the studies
Of the nine studies included in the analysis, one (Bakewell et al., 1988) reported no association between the independent and dependent variables, specifically teachers’ stress and students’ academic achievement (spelling, math and reading).
Four studies (Collie & Martin, 2017; Goldman et al., 1997; Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016) reported an association between teachers’ mental health outcomes and student achievement. Collie & Martin (2017) reported a positive association between teachers’ well-being and students’ numeracy achievement (β = 0.21, p = 0.031). Goldman et al. (1997) found an increment of students’ scores when teachers’ consultation effectiveness were moderate and high [Moderate: F (1,16)= 16.33, p<.001; High: F( I , 14)=15.35, p<.01]. According to Hoglund et al. (2015), teacher burnout predicted significantly less growth in students’ literacy skills (ES=.03). Klusmann et al. (2016) concluded that students’ with more exhausted teachers obtained lower scores on their mathematics tests (β = -4.56, p <.01), even when controlling for teachers’ years of experience (β = 3.34, p <.05), teaching certificate in mathematics (β = 7.46, p<.01), and individual student characteristics.
Four studies presented “not conclusive” results in the sense that they all reported association between teachers’ health and student achievement; however, in the case of Bush (1989), he found that only 1% of the variance of student achievement was explained by teachers’ health. Beilock (2010), reported that teachers’ mathematic anxiety was associated with girls’ mathematic achievement (r = −0.28, p=0.022) but not boys (r = −0.04, p= 0.81). Hadley & Doward (2011), concluded that there was an association between students’ achievement and teachers’ anxiety about teaching (r = -.09, p < .05) but not with teachers’ anxiety. Finally, McLean & Connor (2015), reported and association between teachers’ depression and student achievement but only for those students that had low mathematics scores from the beginning of the year (coefficient = -0.009; p = .030).
Studies’ recommendations
Three types of recommendations emerged from the results of the different studies. Authors of earlier studies (Bakewell et al., 1988; Bush, 1989) suggested more research (longitudinal) on teachers’ mental health and student achievement. Two studies (Beilock et al., 2010; Hadley & Dorward, 2011) proposed better training new and current teachers for their professional development and improvement of their skills, specifically in mathematics teaching. Finally, five studies advocated for the implementation of mental health programs for teachers at schools (Collie & Martin, 2017; Goldman et al., 1997; Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016; McLean & Connor, 2015).
Discussion
This systematic literature review was part of a large research project aimed at studying the relationship between public school teachers’ working conditions, mental health, and students’ academic achievement in Colombia. The goal of this review was to identify and synthetize the available evidence regarding to the relationship between school teachers´ health and students’ academic achievement. Nine studies met the criteria for inclusion in the analysis. From the results, several points are worth highlighting.
First, interest in the relationship between teachers’ health and student academic achievement appears to be stronger in the United States than in other regions of the world, with some research conducted in Canada, Europe and Australia (Collie & Martin, 2017; Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016). It is interesting to note that even though we used one of the most important scientific databases for Latina America and the Caribbean, we found no publications on the topic. This result presents an important opportunity for our project to contribute evidence on this international and comparative education subject, as the issue of teachers’ health and students’ academic achievement is a concern for many educational systems worldwide.
Second, regarding measures of teachers’ health, all studies focused on mental health variables. None of the studies included physical health variables, such as voice disorders, varicose veins, cardiovascular diseases or musculoskeletal disorders, which are also prevalent in this occupational group (Scheuch et al., 2015). Stress (Bakewell et al., 1988), mathematics anxiety (Beilock et al., 2010; Bush, 1989; Hadley & Dorward, 2011), burnout (Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016), depression (McLean & Connor, 2015) and well-being (Collie & Martin, 2017) were the variables used in the studies. It is important to note that mental health problems have been studied in the field of occupational health and safety, particularly their association with working conditions (specifically exposition to psychosocial risk factors), to the point that the International Labour Organization (ILO) finally included mental and behavioral disorders in the occupational diseases list (Kim & Kang, 2013).
Third, math scores in standardized tests were the main measure of students’ academic achievement and were used in eight of the reviewed studies. The debate over whether standardized test should be the main measure for students’ learning and whether mathematics or literacy skills (such as reading and comprehension) are the main competences expected from an educational system continues. Some authors, such as Arnove et al., (2013) and Hopson et al., (2009) are proposing alternative ways to evaluate students’ achievement, including valuing students’ differences and designing evaluations adapted to the local characteristics of individual educational systems in each country. However, at least on the issue analyzed in this review, scores in standardized tests were the chosen measure for students’ academic achievement.
Fourth, the analysis of the methodological aspects of the studies shows that research on this topic is mostly quantitative. Only one study included a qualitative component (Bakewell et al., 1988). Six studies used longitudinal designs. Although longitudinal designs are more robust than cross-sectional designs because they allow researchers to gather more information in multiple points in time and observe participants’ behavior at different moments, the three cross-sectional studies included in this review obtained a “less likely for bias” score.
Regarding the findings on the relationship between mental health and students’ achievement, only Bakewell et al. (1988) did not find an association. However, this study received a “more likely bias” score during the quality assessment. Specifically, in this study the instrument used for measuring stress was not validated, making it impossible to determine whether it measured stress or another construct. On the other hand, all studies with higher quality assessment scores reported an association between teachers’ mental health and student achievement. In other words, students in classes with teachers experiencing mental health problems also had lower academic achievement scores in standardized tests.
Another point of interest in this review is the recommendations proposed by researchers. The most common recommendation is to implement training activities and consultation after detecting mental health problems. While these activities are relevant for assisting teachers in the short term, they may not be sufficient. The field of occupational health and safety has shown that it is important not only to attend the cases of workers who already have an illness, but also to implement programs that prevent workers from being exposed to risk factors (Tsutsumi & Shimazu, 2016). This means that if working conditions are affecting teachers’ health, then it is also essential to change these working conditions or the exposure to them. Identifying which workings conditions may be related to teachers’ mental health is one step in this direction.
As stated at the beginning of this paper, this review is part of a larger research project aimed at contributing to the understanding of factors that are associated with students’ academic achievement. It is a research that bridges the fields of education and occupational health and the results of this systematic review provide further motivation to continue this line of inquiry, as the results indicate that teachers’ poor mental health can have a negative impact on students’ achievement. We also hope to raise awareness of this subject in the field of international and comparative education, as research is showing that teachers’ health and their working conditions is not a local concern, but global issues shared by different countries. Finally, we aim to draw attention in the field of occupational health, which, at least in Colombia, has not yet thoroughly examined the working conditions and health of this specific group.
Conclusion
According to this review, teachers are suffering mental health problems and it can become a factor that negatively impacts students’ academic achievement. Further research is needed to understand the causes of mental health problems in teachers and to establish the best alternatives to aid them to overcome such problems.
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Appendix. Databases included and key terms used
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Database |
String |
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Embase |
‘health’:ab OR ‘burnout’:ab OR ‘stress’:ab OR ‘depression’:ab OR ‘anxiety’:ab OR ‘happiness’:ab OR ‘wellbeing’:ab OR ‘accident’:ab OR ‘absenteeism’:ab OR ‘injury’:ab OR ‘symptomatology’:ab OR ‘medical incapacity’:ab OR ‘dysphonia’:ab OR ‘varicose veins’:ab OR ‘sickness’:ab OR ‘illness’:ab AND (‘school’:ab OR ‘teacher’:ab OR ‘k12’:ab OR ‘education’:ab) AND (‘achievement’:ti OR ‘student growth’:ti OR ‘school effectiveness’:ti OR ‘quality’:ti OR ‘performance’:ti OR ‘accomplishment’:ti) AND ‘teacher’:ti |
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ERIC |
abstract:(health OR burnout OR stress OR depression OR anxiety OR happiness OR wellbeing OR sickness OR accident OR absenteeism OR injury OR symptomatology OR “medical incapacity” OR dysphonia OR “varicose veins” OR sickness OR illness) AND abstract:(School OR teacher OR K12 OR Education) AND title:( achievement OR “student growth” OR “school effectiveness” OR quality OR performance OR accomplishment) AND title:teacher |
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EBSCOHOST (including MEDLINE, PsycARTICLES, PsycBOOKS, PsycINFO-1) |
AB ( health OR burnout OR stress OR depression OR anxiety OR happiness OR wellbeing OR sickness OR accident OR absenteeism OR injury OR symptomatology OR medical incapacity OR dysphonia OR varicose vein OR sickness OR illness ) AND AB ( School OR teacher OR K12 OR Education ) AND TI ( achievement OR “student growth” OR “school effectiveness” OR quality OR performance OR accomplishment ) AND TI Teacher |
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PUBMED |
((((health[Title/Abstract] OR burnout[Title/Abstract] OR stress[Title/Abstract] OR depression[Title/Abstract] OR anxiety[Title/Abstract] OR happiness[Title/Abstract] OR wellbeing[Title/Abstract] OR sickness[Title/Abstract] OR accident[Title/Abstract] OR absenteeism[Title/Abstract] OR injury[Title/Abstract] OR symptomatology[Title/Abstract] OR “medical incapacity”[Title/Abstract] OR dysphonia[Title/Abstract] OR “varicose veins”[Title/Abstract] OR sickness[Title/Abstract] OR illness[Title/Abstract])) AND (School[Title/Abstract] OR teacher [Title/Abstract] OR K12[Title/Abstract] OR Education[Title/Abstract])) AND (achievement[Title] OR “student growth”[Title] OR “school effectiveness”[Title] OR quality[Title] OR performance[Title] OR accomplishment[Title])) AND Teacher [Title]. |
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Science Direct |
ABSTRACT(health OR burnout OR stress OR depression OR anxiety OR happiness OR wellbeing OR sickness OR accident OR absenteeism OR injury OR symptomatology OR dysphonia OR varicose OR sickness OR illness AND School OR K12 OR Education) and TITLE(achievement OR growth OR effectiveness OR quality OR performance OR accomplishment AND teacher ) |
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Scielo |
(ab:(health OR burnout OR stress OR depression OR anxiety OR happiness OR wellbeing OR sickness OR accident OR absenteeism OR injury OR symptomatology OR “medical incapacity” OR dysphonia OR varicose vein OR sickness OR illness)) AND (ab:(school OR teacher OR k12 OR education)) AND (ti:(teacher)) AND (ti:(achievement OR “student growth” OR “school effectiveness” OR quality OR performance OR accomplishment)) |
é um grave problema de saúde pública e os dados relativos à mortalidade são monitorados pela World Health Organization (WHO, 2019). Resultado de um processo complexo e multifacetado, o comportamento suicida pode ser explicado através de atos gradativos que se iniciam pela presença de ideias e pensamentos de morte, passando pelo planejamento, até chegar às tentativas de suicídio e, por fim, o ato que resulta na morte. As ideações suicidas são as condições pelo qual o indivíduo se relaciona com a ideia de terminar com a própria vida, além de ter pensamentos relacionados à motivação, intencionalidade e à letalidade. As tentativas de suicídio são ações autolesivas intencionais de interromper a vida, mas que não levam ao óbito. O suicídio contém ações intencionais que levam à morte (Botega, 2015).
Estima-se que, para cada caso de suicídio, existam de dez a vinte ocorrências de tentativas, o que pode trazer além de impactos sociais e psicológicos para pessoas que convivem diretamente com os sujeitos, considerável impacto nos serviços de saúde (WHO, 2014). Dados referentes às lesões autoprovocadas e às tentativas de suicídio no Brasil, foram registrados através do boletim epidemiológico do Ministério da Saúde em 2021. O documento descreve que no em 2019, foram identificados 124.692 casos de lesões autoprovocadas, sendo 71,3% em mulheres e 28,6% em homens. A ocorrência das lesões se concentrou nas faixas etárias de 20 a 39 anos, e observa-se presença importante nos casos entre 15 e 19 anos de idade. Evidencia-se que a repetição dos atos estava presente em 41% dos casos e em 60% dos o método utilizado, foi por algum tipo de envenenamento (Ministério da Saúde, 2021).
A interação de fatores biológicos, sociais, psicológicos e culturais pode levar uma pessoa ao comportamento suicida e sua prevenção inclui a identificação dos fatores associados e de risco na população. Segundo a WHO (2014), os principais fatores de risco para o comportamento são: a história prévia de tentativas, a presença de transtornos mentais, o abuso de álcool e outras drogas, barreiras de acesso aos sistemas de saúde, o acesso a métodos letais, divulgações inadequadas da mídia, discriminações, história de traumas ou abusos, sentimentos de solidão e falta de apoio social, conflitos de relacionamento, perda de emprego, desesperança, doenças crônicas, história familiar de suicídio e fatores genéticos. A presença de um transtorno mental é um importante fator de risco e ainda é o principal fator de maior vulnerabilidade para o comportamento suicida. A situação de risco se agrava quando há associação dessas condições, como, por exemplo, depressão e alcoolismo (WHO, 2019).
A identificação dos fatores de risco para o comportamento suicida tem um importante valor preditivo para a construção de ações preventivas específicas para cada grupo populacional. Botega (2015) relata que o coeficiente nacional de mortalidade por suicídio pode encobrir importantes variações regionais, fatores socioculturais e econômicos. Tendo em vista as especificidades socioculturais das tentativas de suicídio, torna-se relevante identificar, no Brasil, quais são os fatores de risco identificados na literatura, uma vez que são escassos trabalhos que analisam sistematicamente as pesquisas brasileiras.
Sendo assim, o objetivo do presente trabalho é identificar os fatores de risco e associados às tentativas de suicídio presentes em estudos com amostras brasileiras. Os resultados podem ajudar a direcionar as políticas públicas para a prevenção do suicídio no Brasil. Os fatores de risco descritos pelos estudos desta revisão foram classificados e avaliados em sete subgrupos: marcadores genéticos e história familiar de suicídio; condições de saúde; abuso de álcool e outras drogas; violência; fases do desenvolvimento; acesso a serviços de saúde e acesso a psicofármacos.
Método
A pesquisa foi aprovada pela International Prospective Register of Systematic Reviews (PROSPERO) e incluiu as seguintes etapas: (1) estabelecimento da questão norteadora do estudo: “Quais os fatores de risco e associados para as tentativas de suicídio no Brasil?”; (2) seleção e obtenção de artigos nas bases de dados; (3) avaliação dos estudos pré-selecionados com exclusão de duplicatas com a plataforma Rayyan QCRI (Ouzzani et al., 2016); (4) construção e preenchimento da tabela de extração de dados. O artigo foi preparado com o uso dos itens de relatórios preferenciais para análises sistemáticas e meta-análises (PRISMA) (Liberati et al., 2009).
Bancos de dados e estratégia de pesquisa
Os critérios de inclusão dos artigos foram o desenho de estudo (epidemiológicos, transversais, coorte, caso-controle e randomizados), que apresentassem análises apenas das tentativas de suicídio e que contemplassem apenas amostras brasileiras. Não houve restrição de tempo de publicação ou da língua utilizada nas produções. Como critérios de exclusão, foram retiradas as pesquisas com indicação de associação de variáveis sem cálculo estatístico; os estudos que avaliaram apenas o risco de suicídio; os estudos multicêntricos sem detalhamento da amostra brasileira e os estudos com uso de escores compostos que correlacionam tentativas e suicídio.
Inicialmente para as buscas nas plataformas, foram considerados estudos que apresentavam fatores de risco e associados tanto para tentativas de suicídio, quanto para o suicídio. Esta decisão se deu para verificar se em estudos que tratavam sobre o suicídio, também apresentavam resultados para as tentativas. Ao final da análise, foram excluídos todos os estudos que apresentavam fatores relacionados apenas ao suicídio. Para uma melhor compreensão das causas relacionadas às tentativas de suicídio foram analisados estudos de coorte, ensaio clínico randomizado e caso controle para análise dos fatores de risco, e demais delineamentos para análise dos fatores associados.
A coleta de dados da revisão sistemática foi realizada até setembro de 2020 nas bases de dados, Medical Literature Analysis and Retrieval System Online (MEDLINE) via PubMed, PsycINFO, CINAHL via EBSCO, Web of Science e na Biblioteca Virtual em Saúde (BVS). Uma estratégia de busca foi elaborada com os termos attempted suicide, Parasuicide, Parasuicides, suicide, suicides, suicide risk, Brazil e Brazilian verificados no DeCS e MeSH. Utilizou-se de operadores booleanos AND e OR para a articulação dos termos usados apenas no idioma inglês.
Seleção de estudos e critério de elegibilidade
O resultado da busca foi analisado por meio da plataforma Rayyan QCRI (Ouzzani et al., 2016). A seleção foi feita por dois juízes através da leitura dos títulos e dos resumos. Os conflitos foram resolvidos por um terceiro revisor. A análise da qualidade metodológica dos estudos foi feita pelo Strengthening the Reporting of Observational Studies in Epidemiology (STROBE).
Coleta de dados
A coleta de dados foi realizada por meio da leitura completa e extração de informações do artigo. Foram extraídos o desenho do estudo, os fatores de risco ou associados, o contexto e objetivo, a localização geográfica, as características amostrais e os resultados das publicações.
Resultados
Foram selecionados 1.265 artigos nas bases de dados. Destes, 290 foram retirados por motivo de duplicidade, 585 artigos pelo delineamento de estudos. Restaram 389 que tiveram os resultados analisados pelos fatores de inclusão e exclusão. Após análise por fatores de inclusão da revisão excluíram-se 359 estudos e um total de 30 artigos preencheu os critérios de elegibilidade para leitura completa e análise dos resultados (Figura 1). A literatura cinzenta foi pesquisada no Banco de Tese CAPES onde foram localizados 37 artigos.

Fonte: Elaboração dos autores.
Os estudos foram realizados com amostras da população geral brasileira, contemplando as seguintes regiões: sudeste (16), sul (6) e nordeste (3). Dos 30 artigos incluídos, cinco utilizaram dados secundários de sistemas brasileiros (ex. DATA-SUS, Sistema de Informação sobre Mortalidade, Ministério da Saúde, Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística e Instituto Médico Legal).
A data de publicação dos estudos está entre 2000 e 2020 com aumento das publicações a partir do ano de 2009. Os artigos obtiveram a pontuação STROBE entre 15 e 22 (Tabela 1), o que caracteriza um percentual de qualidade alto. Os itens não pontuados nos estudos que não obtiveram pontuação máxima relacionavam-se à falta da descrição dos elementos-chave do desenho do estudo, clareza em todos os desfechos, das medidas adotadas para evitar viés, dentre outros. Os artigos foram categorizados segundo a variável dependente (tentativa de suicídio) e as variáveis independentes (fatores associados e de risco).
Tabela 1.
Características estudos incluídos por análise dos fatores associados e de risco nas tentativas de suicídio
|
Estudo |
Amostra |
Tipo de estudo |
Fator de Risco (FR) ou Fator Associado (FA) |
STROBE |
|
Correa et al., (2002) |
225 |
Estudo transversal |
Genética (FA) |
21 |
|
Segal e Manfro (2009) |
84 |
Caso controle |
Genética (FA) |
22 |
|
Correa et al., (2004) |
237 |
Estudo transversal |
Genética (FA) |
22 |
|
Viana et al., (2006) |
248 |
Estudo transversal |
Genética (FA) |
21 |
|
Santos et al., (2009) |
96 |
Estudo transversal |
Prevalência de transtornos mentais (FA) |
22 |
|
Neves et al., (2009) |
168 |
Estudo transversal |
Primeiro episódio Transtorno Bipolar (FA) |
22 |
|
Silva et al., (2017) |
60 |
Estudo transversal |
Variáveis sociodemográficas (sexo, anos de educação e idade), severidade da mania ou sintomas psicóticos no TB (FA) |
19 |
|
Stefanello et al., (2010) |
174 |
Caso controle |
Epilepsia (FR) |
22 |
|
Stefanello et al., (2011) |
153 |
Estudo transversal |
Depressão e ansiedade em pacientes com epilepsia (FA) |
22 |
|
Malbergier e Guerra de Andrade (2001) |
60 |
Caso controle |
Sorologia HIV positivo (FR) |
22 |
|
Gomes et al., (2010) |
255 |
Estudo transversal |
Obesidade (FA) |
22 |
|
Vargas et al., (2013) |
342 |
Estudo transversal |
Biomarcadores de estresses e distúrbios metabólicos (FA) |
21 |
|
Zilberman et al., (2001) |
261 |
Estudo comparativo |
Abuso de álcool ou outras drogas (FA) |
22 |
|
Silveira et al., (2014) |
86 |
Estudo transversal |
Associação de abuso de drogas (FA) |
22 |
|
Abdalla et al., (2019) |
4607 |
Estudo transversal |
Abuso de álcool e outras drogas (FA) |
22 |
|
Albuquerque et al., (2018) |
316 |
Estudo transversal |
Violência física e sexual em indivíduos LGBT usuários de drogas (FA) |
22 |
|
Devries et al., (2011) |
1406 |
Estudo transversal |
Violência contra as mulheres (FA) |
22 |
|
Coêlho et al., (2016) |
5037 |
Estudo transversal |
Adversidades na infância (FA) |
22 |
|
De Araújo e Lara (2016) |
71429 |
Estudo transversal |
Adversidades na infância (FA) |
22 |
Conclusão
|
Estudo |
Amostra |
Tipo de estudo |
Fator de Risco (FR) ou Fator Associado (FA) |
STROBE |
|
Silva et al. (2014) |
2207 |
Estudo transversal |
Aspectos sociodemográficos (FA) |
21 |
|
Freitas et al., (2008) |
160 |
Caso controle |
Gravidez na adolescência (FA) |
21 |
|
Jatobá e Bastos (2007) |
242 |
Estudo de prevalência |
Depressão e ansiedade (FA) |
21 |
|
Carlini-Cotrim et al., (2000) |
1675 |
Estudo transversal |
Comportamentos de risco à saúde de estudantes adolescentes (FA) |
17 |
|
Machado et al., (2018) |
5507 |
Estudo transversal |
Acesso aos CAPS (Centro de Atenção Psicossocial) (FA) |
21 |
|
Cais et al., (2009) |
203 |
Caso controle |
Características sociodemográficas de tentativas de suicídio repetidas (FR) |
22 |
|
Meyer et al., (2010) |
1261 |
Estudo Comparativo |
Exposição a pesticidas (FA) |
21 |
|
Trevisan e Oliveira, (2012) |
20 |
Estudo transversal |
Acesso e disponibilidade de drogas psicoativas (FA) |
15 |
Fonte: Elaboração dos autores.
Classificação e análise dos estudos por subgrupos
Marcadores genéticos e histórico familiar de suicídio
Quatro estudos (Correa et al., 2002; Correa et al., 2004; Segal e Manfro, 2009; Viana et al., 2006) investigaram a relação entre marcadores genéticos e biológicos 5HT2A, 5HTTLPR e A218C à tentativa de suicídio. Os resultados não foram significativos para estes marcadores. Destes estudos, dois investigaram adicionalmente a presença de histórico familiar de suicídio. Correa et al. (2004) encontraram presença de história familiar em 44% da amostra enquanto os resultados de Viana et al. (2006) encontraram uma taxa de 50% no grupo estudado.
Condições de saúde
Santos et al. (2009) investigaram a presença de transtornos mentais relacionados às tentativas de suicídio. Os mais prevalentes foram o transtorno depressivo, dependência de substâncias psicoativas, transtorno de estresse pós-traumático, abuso de álcool e esquizofrenia. Especificamente com relação ao transtorno de humor, Neves et al. (2009) buscaram investigar se a polaridade do primeiro episódio poderia ser um marcador do comportamento suicida nos pacientes. As conclusões foram que pacientes deprimidos tiveram mais histórias de tentativas de suicídio ao longo do tempo. Por outro lado, os pacientes maníacos têm maior tendência às tentativas com métodos mais violentos. Silva et al. (2017) também estudaram pacientes com transtorno bipolar, investigando a correlação dos insights e o comportamento suicida. As tentativas de suicídio correlacionaram com o maior comprometimento e do insight nos pacientes deprimidos.
Gomes et al. (2010) investigaram a relação entre a história de TS e obesidade em pacientes com transtorno bipolar, encontrando quase duas vezes mais história de tentativas no grupo de obesos. Na mesma direção, Vargas et al. (2013) encontraram uma associação entre maior índice de massa corporal com tentativa de suicídio.
Stefanello et al. (2010) compararam as características clínicas de pacientes com epilepsia e outros sem o diagnóstico. Foi verificado que, no grupo de epiléticos, prevaleciam mais pacientes com história de TS. Em outro estudo, o mesmo grupo de pesquisa verificou a presença de ansiedade e depressão em pacientes com epilepsia, encontrando uma associação destes agravos com tentativas de suicídio (Stefanello et al., 2011).
Ainda em relação a condições de saúde, Malbergier e Guerra de Andrade (2001) investigaram a prevalência e associação de transtorno depressivo e TS em usuários HIV- soropositivos de drogas injetáveis, não sendo encontrada associação entre as variáveis.
Abuso de álcool e outras drogas
Três estudos (Zilberman et al., 2001; Silveira et al., 2014; Abdalla et al., 2019), buscaram avaliar a associação de abuso de álcool e drogas e TS. Os resultados das três pesquisas demonstraram associação tanto do álcool, quanto ao uso de outras drogas como a maconha e cocaína. Roglio et al. (2020) encontraram associação de TS com depressão e alucinação em pacientes internados por uso abusivo de crack e cocaína.
Violência
Albuquerque et al. (2018) estudaram a presença de violência física, sexual e abuso de drogas em indivíduos LGBT e encontraram uma associação de violência física e sexual com TS. Devries et al. (2011) pesquisaram a violência contra a mulher e encontraram associações com abuso sexual na infância e violência sofrida por parceiro íntimo com TS. Da mesma forma, a presença de estigma sexual aumenta em 60% a presença de TS e jovens brasileiros quando comparados com aqueles que não sofreram esta violência.
Um grupo de pesquisas investigou a presença de adversidades na infância e tentativa de suicídio. Foram encontradas associações de TS com abuso físico (Coêlho et al., 2016), abuso e negligência emocionais e físicas (Zatti et al., 2020) e abusos emocional, físico e sexual e negligência emocional (De Araújo e Lara, 2016).
Fases do Desenvolvimento
Com relação aos adolescentes, Silva et al. (2014) encontraram maior frequência de TS no grupo feminino, com presença de comportamentos agressivos e usuárias de álcool e cigarro. Resultados similares foram encontrados em estudantes de escolas estaduais e particulares (Jatobá e Bastos, 2007; Carlini-Cotrim et al., 2000), com maior frequência de TS no sexo feminino em ambas as escolas. Ainda na adolescência, Freitas et al. (2008) compararam jovens grávidas e não grávidas, encontrando maior frequência de TS no grupo de gestantes.
Acesso a serviços de saúde
Machado et al. (2018) investigaram o acesso de pacientes que tentaram suicídio em Centro de Atenção Psicossocial (CAPS). Os resultados mostraram que naqueles municípios com cobertura de serviço de saúde mental possuíam taxas mais baixas de hospitalização por tentativa de suicídio.
Já o estudo de Cais et al. (2009) compararam as características sociodemográficas e clínicas de pacientes que tentaram suicídio pela primeira vez com um grupo de tentativas repetidas que foram atendidos em um hospital geral. O estudo verificou que a repetição das TS está associada ao sexo feminino com maior presença de mulheres dona de casa e com diagnósticos de depressão. A hospitalização por TS também foi investigada por Meyer et al. (2010). Eles compararam as taxas de hospitalização por TS entre agricultores de áreas com alto uso de pesticidas em duas regiões distintas. Os resultados deste estudo demonstraram maior taxa de hospitalização por TS e presença de transtorno do humor entre os agricultores que faziam uso de produtos químicos nas lavouras.
Acesso a psicofármacos
Trevisan e Oliveira (2012) buscaram verificar o acesso, a disponibilidade e a finalidade do uso de psicofármacos nas tentativas de suicídio de mulheres com TS. Este estudo apontou forte relação em pacientes que tentaram suicídio e eram diagnosticadas com depressão, em uso de benzodiazepínicos e que adquiriam as medicações com receita médica.
Discussão
Esta revisão buscou identificar e analisar os fatores associados e de risco para as tentativas de suicídio em estudos com amostras brasileiras. O conjunto de publicações evidenciou a diversidade de pesquisas e de fatores associados com as tentativas.
A maior concentração de pesquisas relaciona as tentativas à presença de transtornos mentais. Os transtornos do humor, mais especificamente a depressão foram os mais frequentemente encontrados, seguido de esquizofrenia, transtornos relacionados ao uso abusivo de substâncias, mais comum o uso de álcool e transtornos de personalidade. Apesar de ser um fator risco amplamente descrito na literatura, é importante destacar que a presença do transtorno por si só não determina a tentativa de suicídio. Desse modo, seria relevante investir em pesquisas que buscassem associar, para além dos transtornos mentais, o sofrimento e as relações sociais frágeis como fatores associados.
A revisão apresentou um estudo (Trevisan e Oliveira, 2012), que apontou forte relação em pacientes que tentaram suicídio e eram diagnosticadas com depressão, em uso de medicamentos com venda restrita no país. O mesmo raciocínio pode ser feito para os medicamentos de venda livre, facilmente comprados em farmácias e drogarias no Brasil. Este achado descreve a importância da construção de políticas públicas no âmbito da saúde mental que colaborem com a restrição do acesso a métodos, particularmente da disponibilidade destes medicamentos a populações mais vulneráveis ao comportamento suicida. A restrição ao método é uma importante ferramenta e precisa ser ensinada aos familiares de pacientes que tentaram suicídio.
A presença de mais de um caso de suicídio na família sugere que marcadores genéticos são fatores significativos para o suicídio. Para Segal e Manfro (2009), as pesquisas já permitiram identificar inúmeras variações na sequência de DNA em casos de suicídio, entretanto esses efeitos ainda são insuficientes. O autor ainda ressalta que um único gene ou conjunto deles não é suficiente para responsabilizar o comportamento suicida. Os estudos nacionais com marcadores genéticos aqui apresentados, da mesma forma, não encontraram a associação dos genes específicos com pacientes que tentaram suicídio.
A WHO (2019) declarou que a maior parte dos óbitos por suicídio em adolescentes ocorre em países de baixa e média renda. Os estudos apresentados na revisão em relação aos adolescentes relacionam as tentativas de suicídio com fatores como, ser do sexo feminino com presença de sintomas depressivos e de ansiedade, além da relação dos jovens com comportamentos agressivos, uso de álcool e cigarro.
O fortalecimento de políticas públicas é um importante fator de prevenção no caso das TS. Os autores Machado et al. (2018) demonstram em sua pesquisa que existe baixa hospitalização por tentativas de suicídio em municípios com cobertura dos CAPS, o que é corroborado pela WHO (2014), que preconiza que o acesso a sistemas de saúde mental e oferta adequada de tratamento para pessoas com doenças mentais são diretrizes importantes para a prevenção do comportamento suicida. Ter acesso a serviços especializados pode ser um fator protetivo importante para a prevenção uma vez que o foco do trabalho é o cuidado e tratamento das doenças mentais. Desse modo, os dados de estudos brasileiros apontam para a necessidade de fortalecimento do sistema público de saúde como política de prevenção a novas tentativas.
Casos de violência de gênero e abuso infantil são descritos pela WHO (2014) como fatores fortemente associados ao comportamento suicida. As publicações apresentadas neste estudo corroboraram com os achados quando os resultados apresentados demonstram que crianças que sofreram violências física ou sexual na infância têm maiores chances de tentar suicídio na fase adulta. O estigma sexual também foi demonstrado como fator associado ao comportamento suicida e é descrito pela WHO (2014) que em países onde as minorias sofrem com maior discriminação, há presença de altas taxas de suicídio.
Conclusão
A revisão demonstrou que no Brasil os fatores de risco encontrados para tentativas de suicídio são semelhantes aos apresentados pela literatura mundial. Os achados reforçam a importância das ações estratégicas de prevenção do comportamento suicida assim como o incentivo aos serviços de saúde mental para as pessoas mais vulneráveis removendo inclusive as barreiras de acesso a esses locais, a mobilização dos sistemas de saúde incluindo treinamento de profissionais da saúde, a redução de acesso a métodos letais e o incentivo a pesquisas que contribuam com a vigilância e melhoria da qualidade de dados.
Os resultados apresentados e discutidos sugerem que, levando em consideração os fatores associados e de risco, programas de intervenção específicos para a população em risco de suicídio podem ser grandes aliados para a prevenção de novos casos. Estes programas ainda são escassos no Brasil e a partir disso sugere-se a realização de estudos futuros com a população brasileira que contemplem a temática de programas de intervenção e grupos de risco ao comportamento suicida, demonstrando eficácia dos resultados. Da mesma forma, o planejamento e implantação de políticas públicas que facilitem o acesso aos equipamentos de saúde possuem impacto positivo na sua prevenção.
O comportamento suicida é um problema sério e precisa ser acompanhado por uma abordagem multidisciplinar. Aos profissionais da saúde mental é essencial que eles conheçam sua complexidade, fazer a correta identificação dos fatores de risco apresentados pelos indivíduos para garantir que eles recebam intervenções de prevenção e tratamento adequados.
O Brasil tem uma ampla extensão territorial e pode esconder importantes variações regionais nos índices do comportamento suicida. A revisão demonstrou diferenças quantitativas de estudos por localização no país, incluindo a ausência de estudos em duas regiões (norte e centro-oeste) com a temática abordada. Portanto, verifica-se a necessidade de pesquisas abrangendo as populações menos estudadas. Sobre trabalhos de compilação de metadados, recomenda-se a estratificação dos resultados e a identificação de fatores de riscos comuns e específicos das regiões.
Referências
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Colombia registra 9.134.347 víctimas del conflicto armado (Unidad para la Atención y la Reparación Integral a las Víctimas [UARIV], 2021). La violencia afecta a la población civil, especialmente en zonas donde las comunidades quedan inmersas en las confrontaciones (Tawse-Smith, 2008). Los distintos delitos cometidos en el marco del conflicto armado y la heterogeneidad de la población requieren de intervenciones menos homogéneas y más enfocadas en las necesidades particulares de las personas, familias y comunidades (Rettberg, 2008).
El concepto de víctima hace referencia a “toda persona que ha sufrido un daño como consecuencia de violaciones de los derechos humanos ocurridas con posterioridad al 1° de enero de 1985, en el marco del conflicto armado colombiano” (Ministerio del Interior y de Justicia, s.f, p. 46). En Colombia, es evidente que se ha violado el Derecho Internacional Humanitario (Ley 1448, 2011, art. 3).
La atención psicosocial en Colombia es coordinada por el Programa de Atención Psicosocial y Salud Integral a Víctimas (PAPSIVI). El Protocolo de Atención Integral en Salud con Enfoque Psicosocial a Víctimas del Conflicto Armado busca “desarrollar intervenciones basadas en evidencia que orienten la atención integral en salud con enfoque psicosocial y diferencial, como medida de asistencia y/o rehabilitación para la población víctima del conflicto armado” (Ministerio de Salud y Protección Social, 2017, p. 13). El PAPSIVI brinda atenciones individuales, familiares y comunitarias, según la necesidad identificada por el usuario y por los profesionales psicosociales (Carmona, 2013).
Además de las experiencias de violencia, desde el 2020 los sobrevivientes del conflicto armado se enfrentan a los retos de la pandemia por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 y la enfermedad que produce, la COVID-19 (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2020). Esto se observa especialmente en las regiones, donde las comunidades tienen acceso limitado al agua potable y a los servicios de salud (Comisión Colombiana de Juristas [CCJ], 2020).
Logoterapia y sentido de vida en el contexto de la violencia
Viktor Frankl fue un psiquiatra y neurólogo austriaco, sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. Propuso la logoterapia, tercera escuela vienesa de psicoterapia (Frankl,1946/2015), después del psicoanálisis de Sigmund Freud y la psicología individual de Alfred Adler (Frankl, 1946/2010). Tal como muchos sobrevivientes del conflicto armado colombiano, Frankl perdió a varios de sus seres queridos en la guerra, entre ellos su esposa, quien estaba embarazada (Frankl, 1995/2016), además de sus bienes y un valioso manuscrito científico (Frankl,1946/2015).
El término logoterapia procede de dos raíces griegas. Lógos (λόγος), que tiene distintos matices de significado, entre ellos sentido, así como therapeía (θεραπεία), que significa curación. Logoterapia significa curación a través del sentido (Frankl, 1978/2016). El sentido es único para cada persona (Frankl, 1938/2007, p. 165). La logoterapia, o psicoterapia centrada en el sentido de la vida, es “una perspectiva de pensamiento con influencias humanistas existenciales, de aproximación cognitiva (metacognitiva) y epistemológicamente fenomenológica/constructivista” (Martínez, 2005, p.18).
Frankl afirmó que el sentido de la vida trasciende las dimensiones física y psíquica. Indicó que existe otra dimensión, una que es exclusivamente humana: la dimensión espiritual o noológica. El término noológico es empleado en la logoterapia para referirse a la espiritualidad humana. Proviene del griego nóos (νόος), que significa mente (Lidell y Scott, 1883). Por espiritual o noológico, Frankl aludió a un plano antropológico, no teológico (Frankl, 1946/2015). Como noológica, Frankl definió a la dimensión en la que la persona tiene mayor margen de libertad (Luna, 2005).
La dimensión espiritual le permite al ser humano decidir la actitud que adoptará ante las circunstancias, por más adversas que sean, y desarrollar antagonismo psiconoético facultativo, es decir, la capacidad de oponerse a los condicionamientos del organismo psicofísico (Carmona, 1995; Carmona et al., 2004; Martínez, 2005). Frankl afirmaba que el ser humano no está pandeterminado (Frankl,1946/2015), sino que es un ser libre (Frankl,1987/2011), capaz de decidir su actitud ante las circunstancias (Chung, 1995).
La dimensión noológica no enferma, a diferencia del organismo psicofísico que es el medio de expresión de la persona y puede verse afectado por enfermedades orgánicas o psíquicas (Martínez, 2005). Esta dimensión incluye dos recursos: el autodistanciamiento y la autotrascendencia. El autodistanciamiento es la capacidad de la persona para realizar monitoreo de sus procesos cognitivos/emotivos, permitiéndole autocomprenderse, autorregularse y autoproyectarse, mientras la autotrascendencia implica su capacidad para salir de sí mismo, diferenciándose de otros, resonando con ellos y entregándose a una misión o meta (Martínez et al., 2015).
La relación terapéutica, mediada por la singularidad del paciente y la personalidad del terapeuta (Frankl, 1984/1987), sienta las bases para el proceso psicoterapéutico desde la logoterapia, siendo más importante que cualquier técnica (Martínez et al., 2015). Esta relación es recíproca y se co-construye (Martínez, 2012). En el encuentro, el terapeuta coloca sus juicios entre paréntesis para acoger a su consultante (Salomón, 2016).
Frankl afirmaba que el ser humano es capaz de descubrir el sentido de la vida mediante la realización de valores de creación, actitud y experiencia. Estos implican realizar una acción, acoger los regalos de la existencia y aceptar el sufrimiento, como el producido en un contexto violento (Frankl, 1946/2015).
Teniendo en cuenta estos antecedentes, este estudio buscó identificar el estado de los recursos noológicos, el propósito vital y la realización de valores movilizadores de la búsqueda de sentido de vida en sobrevivientes del conflicto armado colombiano residentes en la ciudad de Manizales, Caldas, apelando al despliegue de la dimensión espiritual mediante la psicoterapia con orientación logoterapéutica.
Método
Diseño
Estudio de caso múltiple, basado en el método clínico (Lantz y Lantz, 1991; 1992; Lantz, 1992; Southwick et al., 2006) y en la propuesta del estudio de caso clásico, con la participación de varias personas que convergen en una misma temática (Yin, 2018). Investigación mixta, con análisis de datos numéricos y cualitativos, de corte fenomenológico.
Participantes
La población incluyó a sobrevivientes del conflicto armado colombiano residentes en Manizales (Caldas). Los criterios de inclusión fueron tener entre 20 y 80 años, residir en las áreas urbana o rural de la ciudad y estar registrado en la UARIV (Unidad Administrativa Especial para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas). Los criterios de exclusión consistieron en presentar déficits neurocognitivos moderado o severo, los cuales no permitieran realizar los procesos de evaluación e intervención.
La muestra final incluyó cuatro participantes, dos hombres y dos mujeres entre 33 y 74 años. Las cuatro personas afirmaron participar en actividades de empoderamiento social-comunitario, siendo una de ellas líderesa social (Posada y Carmona, 2018) otra ex integrante de la Mesa de Víctimas, otra creadora de una fundación que ayuda a población vulnerable y otra trabajadora social.
Instrumentos
Se usaron pruebas psicodiagnósticas, es decir, aquellas que no pertenecen a la logoterapia, pero que permiten identificar aspectos de la persona y la personalidad, así como pruebas logoterapéuticas, desarrolladas para evaluar los recursos noológicos, el propósito vital y la realización de valores que conectan con el sentido de la vida (Martínez, 2005). También se usaron la autobiografía, la observación participante y la entrevista.
Pruebas psicodiagnósticas
Escala de Estrés Percibido Relacionado con la Pandemia de COVID-19: escala de 10 ítems, basada en la Escala de Estrés Percibido, que evalúa el impacto de la pandemia y de las medidas tomadas durante ella; su punto de corte es ≥25, para un alto nivel de estrés percibido con respecto a la COVID-19 (Campo-Arias et al., 2020).
Test de la figura humana de Karen Machover: consiste en solicitar al individuo que dibuje a una persona en una hoja. Es un instrumento proyectivo que permite identificar rasgos de la personalidad del sujeto evaluado (Machover, 1949), así como las funciones del yo, la autoimagen y la emoción.
Test de la familia de Louis Corman: prueba en la que se le solicita a la persona dibujar en una hoja a una familia, lo cual permite identificar aspectos relacionales, afectivos y emocionales con sus demás miembros (Corman, 1964). Se aplica en niños, adolescentes y adultos.
Debido a la epistemología fenomenológica de la logoterapia (Martínez, 2005), las pruebas proyectivas no se abordaron hermenéuticamente. A través del diálogo se permitió que fueran los mismos participantes quienes se descubrieran mediante sus dibujos.
Pruebas logoterapéuticas
Test de Propósito Vital – Purpose In Life Test (PIL Test): instrumento que mide el sentido de vida mediante una estructura mixta, dividida en partes A, B y C, cuya parte A, que es cuantitativa, contiene 20 ítems en formato tipo Likert, con siete opciones de respuesta cada uno (Martínez-Ortiz et al., 2012). Una puntuación ≤92 refiere vacío existencial, entre 93 y 111 es promedio e ≥112 indica presencia de sentido de vida (Crumbaugh 1969).
Instrumento de jerarquización de valores: test autoaplicable en indicadores de 1 a 6, que evalúa mediante puntuación descendente los valores propuestos por Max Scheler, los cuales son sensibles, asociados al placer; vitales, relacionados con el cuidado de la vida; estéticos, referentes a la belleza; intelectuales, asociados al uso de la razón; éticos, relacionados con hacer lo correcto; así como sagrados, referentes a Dios y a lo religioso (Martínez, 2009).
Escala de Recursos Noológicos Aquí y Ahora: instrumento autoaplicable de 49 ítems que evalúa, con base en percentiles diferenciados por edad y género, los recursos noológicos según su plenitud, despliegue, ambivalencia, restricción y bloqueo, así como a partir de seis factores que son: 1, impotencia/potencia noética; 2, apego de sí mismo/distancia de sí mismo; 3; sometimiento de sí mismo/dominio de sí mismo; 4, inmanencia/trascendencia; 5, indiferenciación/diferenciación; 6, regresión/proyección (Martínez-Ortiz, 2010).
Procedimiento
Los participantes asistieron a una reunión en la cual se les invitó a participar en el estudio. Se les explicó su carácter voluntario, sus características y sus beneficios. Inicialmente, ocho participantes aceptaron participar. Finalmente, la muestra se compuso de cuatro participantes, debido a su disponibilidad para asistir semanalmente a las sesiones de psicoterapia.
El estudio contó con la previa evaluación y aprobación del núcleo de investigación en Psicología Clínica de la Universidad de Manizales, el cual toma en consideración los compromisos bioéticos, así como las normas científicas, técnicas y administrativas para la investigación en salud en Colombia, bajo la normatividad del Ministerio de Salud (Resolución 8430 de 1993). Cada participante firmó voluntariamente el consentimiento informado, el cual incluyó firma y huella como evidencia.
Proceso de evaluación e intervención
Los participantes asistieron a las sesiones de psicoterapia individual y grupal una vez a la semana. El proceso se desarrolló entre la última semana de noviembre de 2021 y la segunda semana de febrero de 2022, dejando un intervalo de dos semanas para las festividades de fin de año. Las sesiones se realizaron de lunes a viernes, entre las 8:00 am y las 12:00 m y entre las 2:00 pm y las 6:00 pm. Cada persona contó con cinco sesiones individuales. También se realizaron cuatro sesiones grupales. Las sesiones individuales tuvieron una duración de una hora. Las sesiones grupales duraron dos horas cada una. El proceso incluyó 20 sesiones individuales y cinco sesiones grupales, para un total de 25 sesiones.
Las sesiones individuales hicieron uso de la relación terapéutica como principal herramienta del encuentro existencial, basada en la unicidad del consultante y la unicidad del terapeuta según la ecuación X+Y=Ψ (Frankl, 1987/1992). La evaluación incluyó las pruebas psicodiagnósticas y logoterapéuticas mencionadas anteriormente. En el proceso de intervención se usaron las siguientes técnicas logoterapéuticas:
Diálogo socrático: es la técnica más usada en la logoterapia. El primer momento es la refutación, en el cual el terapeuta asume una postura de ignorancia frente a las aseveraciones de su consultante; el segundo es la mayéutica, en el que se ayuda al consultante a desplegar sus recursos noológicos (Martínez et al., 2015).
Entrenamiento en percepción del sentido: técnica basada en cuatro momentos, que son la percepción afectiva, la percepción cognitiva, la captación del valor existencial y la atracción del mismo valor, con lo cual se hace uso de la libertad y de la capacidad para decidir (Martínez et al., 2015).
Preguntas ingenuas e irónicas: mediante esta técnica, el terapeuta asume una postura de aparente aprobación hacia las actitudes inadecuadas del consultante, reflejándolas, exagerándolas y logrando la experiencia del ¡ah! (darse cuenta) mediante el distanciamiento, la oposición y la corrección de la misma persona hacia ellas (Lukas et al., 1983).
Modificación de actitudes: técnica basada en un procedimiento socrático que, mediante cuestionar las actitudes del consultante busca ayudarle a identificar si estas son sanas o no, fortaleciéndolo frente a la aceptación del sufrimiento (Martínez et al., 2015).
Esclarecimiento existencial: esta técnica busca reactivar las huellas de sentido en la persona, ayudarla a centrarse en el presente y fortalecer su orientación mediante la ejecución de pequeños pasos que la conecten con aquello que la moviliza a vivir (Salomón, 2022).
Debido a las diferencias en la expresividad de los participantes, las técnicas de entrenamiento en percepción del sentido, modificación de actitudes y esclarecimiento existencial se acompañaron de la narrativa, el dibujo, la pintura y el moldeado en plastilina.
Análisis de datos
Los datos cuantitativos fueron procesados mediante el Software Microsoft Excel ®, versión 16.61.1. La información cualitativa fue procesada través del Software Altas.ti ®, versión 22.0.1. Los datos de frecuencia de palabras de las autobiografías, procedentes de Altas.ti ®, también fueron exportados a Microsoft Excel ® para ser analizados.
Resultados
Datos sociodemográficos
El 100% de la población correspondió a víctimas del conflicto armado entre los 33 y 74 años. Dos de los participantes correspondió a hombres y dos mujeres. Los niveles de escolaridad fueron ninguno, bachiller, técnico y profesional. Dos de los cuatro participantes pertenecían al estrato 1 y los otros dos al estrato 2. Uno de ellos mencionó ser soltero, uno casado y dos afirmaron vivir en unión libre. El promedio del número de hijos fue de 3 (σ=1.8), con un mínimo de 1 y un máximo de 5. Tres participantes afirmaron ser no religiosos y uno indicó pertenecer a la religión católica.
Autobiografías
Las 20 palabras que más se repitieron en las autobiografías de los participantes fueron “yo”, “años”, “vida”, “casa”, “hijo”, “días”, “trabajo”, “estudiar”, “decidí”, “finca”, “lugar”, “padre”, “colegio”, “hoy”, “mamá”, “mujer”, “familia”, “pude”, “tiempo” y “ahora”. La Figura 1 muestra la frecuencia de cada una de estas palabras.
Figura 1. Frecuencia de palabras halladas en las autobiografías.

Nota. Palabras de mayor a menor frecuencia.
Otras palabras destacadas fueron “campo”, “recuerdo”, “camino”, “aprendizaje”, “tiempo”, “vivir”, “mundo”, “mejor”, “amor” y “momento”. La Figura 2 muestra estas palabras y otras halladas en las autobiografías.
Figura 2. Otras palabras encontradas en las autobiografías.

Nota. A mayor tamaño de la palabra, mayor su repetición.
Estudios de caso
Participante 1
La participante 1 (P1) fue una mujer de 33 años, de estrato socioeconómico 1, trabajadora social, de estado civil unión libre, madre de un hijo y persona no religiosa.
En su autobiografía, P1 relató que nació en un hogar de escasos recursos económicos. En la infancia fue abusada sexualmente por algunos de sus parientes. A los 14 años, los médicos descubrieron que su hermano padecía de una enfermedad, debido a la cual murió. Fue también en su adolescencia cuando, encontrándose en su casa, se enteró de que miembros de un grupo armado querían reclutarla de manera forzada, por lo que tuvo que huir.
P1 conoció a un hombre, quien llegó a ser su pareja. Dicho hombre la maltrataba física, verbal, sexual, psicológica y económicamente. Con él, P1 tuvo un hijo. Con el tiempo, el hombre se llevó al niño y desapareció. A pesar de las situaciones que enfrentaba, P1 no se rindió. Continuó sus estudios y se graduó como bachiller. Siete años después, su hijo regresó. El niño infundió en P1 un para qué vivir. Unida a una nueva pareja, decidió seguirse formando. Finalmente, se graduó como trabajadora social. Durante la entrevista, P1 afirmó que tiene vocación para ayudar, por lo que ha sido voluntaria en una organización que realiza labores de rescate.
En la Escala de Estrés Percibido Relacionado con la Pandemia de COVID-19, P1 obtuvo una calificación de 11 puntos, demostrando que no presentó niveles altos de estrés. P1 hizo referencia a los aprendizajes que le ha dejado la pandemia.
“Me ha enseñado a disfrutar el aquí y el ahora, a ahorrar y a compartir más con mi familia y amigos”.
En el PIL Test, su puntaje fue de 122, demostrando presencia de metas y sentido de vida. En la parte C del instrumento, P1 describió las metas que está realizando.
“Ser profesional en trabajo social, el cual ya se logró, tener mi casa y, posteriormente, mi finca. Un hogar con más gatos y un perro. Llegar a tener mi pensión a futuro”.
Los resultados del Instrumento de Jerarquización de Valores demostraron que los valores más importantes para P1 son los éticos (44 puntos) y los menos importantes son los estéticos (90 puntos). En la Escala de Recursos Noológicos Aquí y Ahora, P1 obtuvo 69 puntos, manifestando despliegue de sus recursos espirituales.
En el Test de la Figura Humana de Karen Machover, P1 se dibujó centrada en la hoja y con una sonrisa. En su descripción del dibujo, afirmó que se siente muy segura de sí misma y de lo que puede lograr, añadiendo que su empoderamiento después de los hechos vividos le ha permitido convertirse en la persona que es actualmente.
Al realizar el Test de la Familia de Louis Corman, P1 dibujó a su propia familia, haciendo énfasis en el valor que tienen para ella su esposo y su hijo. También dibujó a varios parientes. P1 expresó que ama a su familia.
“Mi familia es la mejor del universo, recuerdo todos aquellos detalles que nos hicieron inmensamente felices. Tuvimos esas formas extrañas de aprender las cosas, como cuando mi padre nos enseño a nadar, tirándonos a un río y diciendo ‘sálvese quien pueda’, aunque en su momento fue mucho el susto, todo aquello era genial”.
Se emplearon el diálogo socrático, el entrenamiento en percepción del sentido y el esclarecimiento existencial para que P1 lograra descubrir otros valores por realizar ahora y en el futuro.
Como parte del proceso psicoterapéutico grupal, P1 moldeó una espiral que gira en la misma dirección, pero que cada vez se eleva a un nivel superior. Esto representa para ella el aprender a encontrar sentido en las situaciones difíciles que ha vivido. La figura realizada por ella se muestra a continuación.
Figura 3. Modelado en plastilina de P1

Nota. Espiral realizada por P1.
Otras actividades realizadas fueron dibujos, pinturas y narrativas, las cuales permitieron darle una forma y un color a cada uno de los aspectos abordados en el entrenamiento en percepción del sentido y en el esclarecimiento existencial.
Figura 4. Dibujos y pinturas realizados por P1

Nota. Dibujo de la izquierda: añoranzas del pasado y esperanzas del futuro. Dibujo de la derecha: las vivencias asociadas a los hechos violentos, que movilizaron a P1 a transformarse en una versión más empoderada de sí misma.
Finalmente, P1 empleó el despliegue de sus recursos noológicos para verse ante la realización de otros valores de creación y actitud. En el proceso, descubrió que estos serían el ayudar a más personas en la organización para la cual presta sus servicios como voluntaria y apoyar a su hijo en sus proyectos. Respecto a los valores de actitud, P1 presentó una narrativa escrita, acompañada de un dibujo.
“Gracias a este suceso hoy soy una persona distinta, reconozco que hay realidades diversas con un sinnúmero de cosas que contar, que esto dado fue un impulsar a lograr sueños que no pensé llegar a realizar”.
El dibujo asociado a esta narrativa se muestra en la Figura 5.
Figura 5. Dibujo realizado por P1 al cierre del proceso psicoterapéutico

Nota. P1 expresó como lo vivido le ha ayudado a reconocer su potencial, así como a explorar otras posibilidades para ayudar a más personas.
Participante 2
La participante 2 (P2) fue una mujer de 44 años, de estrato socioeconómico 2, técnica en cuidado integral del adulto mayor, casada, madre de dos hijos y persona no religiosa.
A través de su autobiografía, P2 relató que creció junto a sus cuatro hermanas en una zona rural. En sus padres predominaban las tradiciones patriarcales, afirmando que la mujer venía al mundo para atender a su esposo, cuidar del hogar, cocinar y tener hijos.
Los grupos armados rondaban por la zona donde estaba la finca de P2 y su familia. Un día, mientras P2 estaba buscando en el bosque a los animales de su padre, varios hombres de un grupo armado abusaron sexualmente de ella. Tras las brutales agresiones sexuales, la dejaron inconsciente. Su padre la encontró y la llevó a casa. No obstante, tan devastadora como los mismos actos de abuso fue la reacción de sus padres. Al ver que había perdido su virginidad, la llevaron a la cabecera municipal y la abandonaron allí.
P2 comenzó a trabajar en una cafetería del municipio, donde conoció a un hombre que le ofreció trabajo en Bogotá. Ella aceptó pero, al llegar a la capital, se enteró de que el trabajo era en la prostitución. Como ella no accedió voluntariamente, fue abusada sexualmente cada día, mientras aquel hombre la mantenía bajo llave. Cuando escapó se quedó en las calles. Una pareja le ofreció ayuda, pero dicho acto de aparente solidaridad terminó en otro abuso sexual.
Cuando había perdido la confianza en las personas, P2 fue acogida por un adulto mayor, quien le proporcionó alimentos y vivienda. Al ver que su vientre crecía, P2 se enteró de que estaba embarazada. Ella decidió no interrumpir el embarazo. Pasando los años, P2 conoció a un hombre con quien recuperó la confianza en el amor. Él, quien era raspachín, se desmovilizó y se casó con ella. Tuvieron una hija, a quien P2 ama. Hoy, P2 tiene una fundación en la que ayuda a poblaciones vulnerables, especialmente mujeres, niños y adultos mayores. Es una defensora de los derechos de las mujeres.
En la consulta inicial, P2 afirmó que sentía culpa por haber castigado a su hijo con dureza. Explicó que deseaba usar el proceso psicoterapéutico para trabajar las actitudes negativas hacia su hijo.
En la Escala de Estrés Percibido Relacionado con la Pandemia de COVID-19, P2 obtuvo 13 puntos, revelando poco estrés. En el PIL Test, P2 logró una puntuación de 116, demostrando presencia de metas y sentido de vida. P2 narró varios de sus logros y metas.
“En este momento de mi vida trabajo a diario para alcanzar, un día no muy lejano, tener 20 rentas. Dentro de mis planes está una empresa de reciclaje para generar empleo y procurar para mi descendencia un futuro mejor, a partir del trabajo y la disciplina”.
El Instrumento de Jerarquización de Valores reveló que los valores más importantes para P2 son los éticos y los intelectuales (55 puntos para cada categoría), mientras los menos importantes son los sagrados (91 puntos). En la Escala de Recursos Noológicos Aquí y Ahora, P2 consiguió 60,6 puntos, demostrando despliegue de estas capacidades.
En el Test de la Figura Humana de Karen Machover, P2 se dibujó a sí misma con una amplia sonrisa y uno de sus dos brazos levantados. Ante el dibujo, P2 se describió como una mujer que, pese a las adversidades, es capaz de salir adelante. Describió el contexto de su dibujo como el escenario en el que la mujer debe decidir si se queda a lamentarse por sus sufrimientos, o si aprovecha la crisis para superarse a sí misma (Granados-Ospina, et al., 2017).
A partir del Test de la Familia de Louis Corman se observó el amor que existe entre P2, su esposo y su hija. En el dibujo de su propia familia, P2 no dibujó a su hijo. Ella afirmó que ese era el aspecto que deseaba trabajar en terapia.
Durante el proceso psicoterapéutico se emplearon las técnicas de diálogo socrático, modificación de actitudes, esclarecimiento existencial y entrenamiento en percepción del sentido. A través del diálogo se ayudó a P2 a desplegar sus recursos noológicos hacia la situación concreta con su hijo. Se profundizó en la decisión que tomó cuando no lo dejó en el hospital tras nacer.
Con base en la conexión que ella sintió con su hijo, se acompañó a P2 en el proceso de rememorar las huellas de sentido junto a él y lo que ella ha aprendido a través de él.
Para el abordaje de otras vivencias de sufrimiento narradas en su autobiografía, se realizaron con P2 actividades artísticas. En la Figura 6 se muestra lo que P2 expresó mediante el moldeado en plastilina.
Figura 6. Moldeado en plastilina de P2 sobre el legado de la vida

Nota. P2 realizó esta figura, representando un portal entre la vida y la muerte. Indicó que su vida es un proceso de constantes aprendizajes, tras los cuales ella ha dejado un legado que aporta a la sociedad.
Como parte del proceso terapéutico grupal, P2 realizó la pintura y el dibujo de la Figura 7.
Figura 7. Composiciones realizadas por P2

Nota. Pintura de la izquierda: zona rural en la cual P2 resalta su añoranza por el campo, así como la importancia que les concede al agua, la Tierra, el Sol y la vegetación. Dibujo de la derecha: actitud de P2 hacia las cosas sencillas que le dan sentido a su vida, como la naturaleza y sus colores.
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Además de los hechos en el marco del conflicto armado, los participantes de este estudio han vivenciado otros sufrimientos, como abuso sexual, pérdida de seres queridos, dificultades económicas y rupturas amorosas. Pese a estas situaciones, el Instrumento de Jerarquización de Valores reveló que sus principales valores son los éticos, demostrando ser personas muy correctas. De acuerdo con la postura logoterapéutica, son capaces perdonar (Pattakos y Dudon, 2017). Por lo tanto, es fundamental promover esta capacidad y potencialidad de los sobrevivientes en los procesos de perdón, paz y reconciliación en los territorios, así como en los escenarios de participación ciudadana.
El Instrumento de Jerarquización de Valores ubicó en el quinto lugar a los valores sagrados, debido a que la propuesta de Max Scheler los relaciona con Dios y la religión. Sin embargo, se observó un alta apreciación hacia otro tipo de valores sagrados durante el proceso psicoterapéutico, como la naturaleza y los valores ancestrales. Por ende, es fundamental reconocer lo sagrado más allá de la religiosidad convencional.
Este estudio demostró que los participantes, más allá de su condición de víctimas del conflicto armado, son personas capaces de convertir las vivencias de sufrimiento en triunfos interiores (Frankl, 1946/2015), demostrando que no están pandeterminados por sus condicionantes biopsicosociales y que sus sentidos de vida no dependen de las circunstancias (Guberman y Pérez, 2005).
Finalmente, los participantes demostraron que el sentido de vida está estrechamente conectado con ir más allá de sí mismos, dirigiendo sus esfuerzos hacia una misión o tarea que los conecte con otros seres humanos o una causa (Frankl, 1978/2016). Por lo tanto, desde la acción psicosocial, es fundamental apoyar a los sobrevivientes del conflicto armado para que lideren proyectos en pro de otros, favoreciendo el despliegue de la autotrascendencia y la reconstrucción del tejido social.
Financiación
Esta investigación recibió apoyo del Fondo de Becas de Investigación Manizales + Innovadora, creado por la Alcaldía de Manizales y Manizales Campus Universitario. Las opiniones, tesis y argumentos expresados son de propiedad exclusiva de el/los autores y no representan el punto de vista de la Alcaldía de Manizales ni de ninguna de las instituciones que hacen parte del programa Manizales Campus Universitario
Las relaciones humanas interpersonales suelen desencadenar dependencia emocional en algunas personas (Sirvent y Moral, 2018). La violencia en las relaciones interpersonales y de pareja a lo largo del tiempo tiene efectos psicológicos, físicos, emocionales y mentales en hombres y mujeres en todo el mundo.
En las relaciones de pareja se ha considerado la violencia como el crimen encubierto más frecuente
Para dar soporte al arqueo documental, se recogen algunos datos estadísticos que dan cuenta de la problemática que viven las mujeres en la actualidad y el miedo que genera la violencia en su realidad (Echeburúa et al., 2002). La Organización Mundial de la Salud (2013) ha indicado que el 35% de las mujeres en algún momento han experimentado violencia física o sexual por parte de una pareja íntima, o violencia sexual perpetrada por una persona distinta de su pareja. Datos extraídos de la ONU Mujeres (2020) han indicado que
El número de llamadas a las líneas telefónicas de asistencia han aumentado en algunos países como consecuencia del incremento de las tasas de violencia de pareja provocado por la pandemia de COVID-19. La restricción de movimiento, el aislamiento social y la inseguridad económica elevan la vulnerabilidad de las mujeres a la violencia en el ámbito privado. (p. 4)
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (2019) reportó que día a día “137 mujeres son asesinadas por miembros de su propia familia. Se calcula que, de las 87.000 mujeres asesinadas intencionadamente en 2017 en todo el mundo, más de la mitad murieron a manos de sus familiares o parejas íntimas” (p. 10). Además, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (2015) realizó un reporte donde indica que “menos del 40% de las mujeres que experimentan violencia buscan algún tipo de ayuda” (p. 159).
Por lo tanto, es necesaria la preparación y respuesta frente a cualquier signo de alarma realizada por las mujeres cuando se trata de violencia en todas sus manifestaciones. Según las estadísticas del Banco Mundial (2020) al menos 155 países han aprobado leyes sobre la violencia doméstica y 140 cuentan con legislación sobre el acoso sexual en el lugar de trabajo. Para tener en cuenta que la violencia en cualquiera de sus manifestaciones es tan peligrosa que se puede extender al ámbito laboral de muchas mujeres. Además, cabe resaltar que
Quince millones de niñas adolescentes de 15 a 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas en todo el mundo. En la inmensa mayoría de los países, las adolescentes son el grupo con mayor riesgo de verse forzadas a mantener relaciones sexuales (u otro tipo de actos sexuales) por parte de su esposo, pareja o novio actual o anterior. De acuerdo con los datos disponibles para 30 países, tan sólo un 1 por ciento de ellas ha pedido alguna vez ayuda profesional. (UNICEF, 2017, pp. 73-82)
En consecuencia, la violencia contra las mujeres está vinculada con la relación sexo-género (Monroy, 2020), puesto que la mayor tasa de vulneración ha estado encaminada hacia las mujeres cisgénero y trans, y, por lo tanto, se reconoce la violencia de género como aquellas acciones que vulneran los derechos y principios de libertades de cualquier sujeto en cualquier ámbito de su vida (Londoño et al., 2017). Por ello, la UNESCO (2018 y 2019) reconoce que la violencia de género en las instituciones educativas se ha convertido en un obstáculo significativo para la escolarización universal y el derecho de las niñas a la educación.
Es tan trascendental este fenómeno que sucede tanto en la familia como en la escuela y llega hasta la virtualidad, que es un nuevo escenario donde las mujeres de cualquier edad están expuestas a prácticas que vulneran su individualidad y por eso, la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2014) indica que
Una de cada diez mujeres denuncia haber experimentado ciberacoso desde los 15 años de edad. Esto incluye la recepción de correos electrónicos o mensajes SMS no deseados, ofensivos y sexualmente explícitos, así como contactos ofensivos o inapropiados en redes sociales. El riesgo más elevado se registra entre las jóvenes de 18 a 29 años. (p. 104)
Además, existen investigaciones que han reflexionado e identificado factores de riesgo y protectores en torno a la violencia, sus tipos y la manera en que se ha intervenido la misma; Saldivia et al. (2017) realizan una investigación en Chile con el objetivo de caracterizar la violencia intima de parejas jóvenes del mismo sexo y señalan que el 84% de los jóvenes homosexuales viven violencia de pareja; dan reconocimiento a los patrones de violencia que no discriminan orientación sexual, y encuentran que dentro de las parejas entrevistadas un 80,5% vive violencia psicológica, un 31,2% violencia física, y un 48,8% violencia sexual.
De esta manera, se identifican tres tipos de violencia en la construcción de relaciones de parejas física, sexual y psicológica- que independientemente de su orientación sexual, se convierte en un común denominador para la vinculación afectiva entre los seres humanos y las dinámicas desencadenadas.
Estos mismos tipos de violencia se identificaron en el trabajo doctoral realizado por Durán (2017) en Colombia. Revisa tres estudios que demuestran la violencia psicológica bidireccional y su relación con otros tipos de violencia en parejas jóvenes como lo son: violencia física, violencia sexual, cyberbullying entre compañeros y compañeras, implicación en cyberdating y calidad de las relaciones en sus dimensiones de expectativas de futuro, compañerismo, comunicación y conflicto. Se evidencia la manera en que la violencia traspasa los límites físicos y pasa a estados virtuales donde tiene el mismo o mayor efecto de daño hacia otro ser humano.
Sánchez y Méndez (2015) realizaron un estudio en Colombia para determinar si las estrategias de manejo del conflicto influyen en la violencia situacional de la pareja, utilizando una muestra poblacional de 342 participantes a quienes se les aplicaron la Escala de Estrategias de Manejo de Conflicto y la Escala de Violencia en la Pareja; no encontraron diferencias entre hombres y mujeres en los factores de violencia psicológica, control y chantaje, siendo así, ambos miembros de la pareja ejercen violencia situacional ante la no resolución de los conflictos.
Arnoso et al. (2017) realizaron una investigación para estudiar el papel de diversas formas de sexismo como predictores de la violencia de pareja, así como las posibles diferencias de esas variables en función del origen cultural y el sexo frente al sexismo asociado a las violencias en la relación de pareja. Encuentran que son los varones y las personas inmigrantes quienes presentan puntuaciones superiores en diversos tipos de sexismo a las de las mujeres y las personas autóctonas, respectivamente.
Arbach et al. (2015) realizan una investigación en Argentina para presentar tasas de violencia física contra la pareja en una muestra compuesta por 963 jóvenes universitarios de ambos sexos; allí, revelan pocas diferencias entre ambos sexos en relación a la violencia física que se genera en las relaciones de pareja, siendo la alta tasa de agresiones físicas perpetradas tanto por chicas como por chicos uno de los resultados más significativos dada la bidireccionalidad como el patrón más frecuente en las parejas.
Teniendo en cuenta los índices asociados a la mortalidad por violencia bien sea familiar o en la pareja, Muñoz y Echeburúa (2016) realizan una investigación para describir dos tipos básicos de violencia: la violencia coactiva y la violencia situacional (asociada a la gestión de los problemas cotidianos o al manejo del proceso de ruptura), ellos han pensado en estrategias para la violencia coactiva y situacional que se da en las relaciones de pareja, siendo consideradas prácticas de alta gravedad que afectan la integridad humana, llevando en algunos casos a la muerte de los integrantes de la relación de pareja.
Si bien, en la actuación profesional de psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas familiares y de pareja se tienen algunos instrumentos para trabajar la violencia en la relación de pareja, López et al. (2015) analizaron 54 instrumentos de evaluación conductual, donde en el 59% de la revisión encontraron que se contemplaban a las mujeres como víctimas y los varones como agresores, siguiendo la línea de considerar la violencia como un factor asociado a la figura masculina y como una forma de mantener y sostener relaciones de pareja.
Después de más de tres décadas de desarrollo de herramientas conductuales, la literatura ofrece numerosas opciones válidas y fiables para medir los abusos que pueden suceder en el contexto de la pareja; pero, por otra parte, no deja de ser llamativo que 40 de las 54 evaluaciones analizadas sólo cuenten con un estudio de validación. (López et al., 2015, p. 46)
Finalmente, Aiquipa (2015) en en una muestra conformada por mujeres usuarias del servicio de psicología de un establecimiento de salud nacional donde participaron 25 mujeres que fueron víctimas de violencias en la relación de pareja y 26 mujeres que no fueron víctimas, identifican la relación entre la dependencia emocional y la violencia de pareja; sugiere un ejercicio de acompañamiento terapéutico y psicológico constante a las mujeres que han sido víctimas por las secuelas emocionales que mal trabajadas abrirían la puerta hacia la revictimización.
Las intervenciones psicológicas con las mujeres afectas de violencia de pareja que presentan dependencia emocional, han de seguir programas de tratamiento específicos que contemplen las dimensiones de la dependencia emocional, puesto que, si no se trabaja esos aspectos, es probable que retomen la relación con el agresor o inicien nuevas relaciones de pareja con características similares de maltrato. (Aiquipa, 2015, p. 431).
Significados de la violencia a partir de una conversación (inter)textual: tipos y manifestaciones
Para iniciar este apartado es importante identificar las teorías desde las cuales se basa la Terapia familiar para reconocer los sistemas humanos y por lo tanto sus dinámicas internas. Inicialmente, la Teoría General de Sistemas (TGS) desarrollada por Von Bertalanffy (1996) sostiene que toda acción que pasa por un sistema modifica subsistemas internos, en este sentido, el llamado se realiza al análisis de los sistemas humanos en la construcción de las relaciones vinculares (Vélez, 2007).
Seguido de la teoría de La Cibernética que estudia los sistemas complejos y reconoce las relaciones de comunicación establecidas entre seres informacionales; por un lado se encuentra la cibernética de primer orden, que se preocupa por los procesos de control y de comunicación; y segundo, la cibernética de segundo orden donde se encuentra a la pareja, que en su dinámica se generan procesos circulares en la interacción cotidiana, donde el observador es observado por otro observador (Corbera, 2017).
Además, la interacción permeada por procesos comunicacionales refiere que estas interacciones configuran un papel fundamental en la vida cotidiana y de orden social de las personas a través de la representación en lenguajes, símbolos y signos. En esta medida es que puede decir que los sistemas vivos y observantes (De Shazer y Berg, 1997) no son perfectos, dadas las interpretaciones generadas, sino que cuentan con situaciones conflictivas que generan movimientos en la dinámica relacional que modifican los sistemas y los vínculos que se tejen en el interior.
De esta manera es que la violencia contra la mujer es definida por las Naciones Unidas como
Todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada. (WHO, 2012, p. 1)
De esta manera, Vásquez et al. (2016) indican que “el fenómeno de la violencia conyugal es un proceso multidimensional que afecta diferentes áreas tanto de la vida de las mujeres como del entorno donde son víctimas” (p. 12) por lo cual, la violencia tiene implicaciones sistémicas e intergeneracionales (Barbosa, 2014).
Aunado a ello, la respuesta que generan las violencias a sus víctimas tiene una doble connotación, puesto que según Echeburúa et al. (2002) mencionando que el miedo como respuesta a la violencia puede funcionar de forma ambivalente. Por un lado, puede ser una forma de afrontamiento activo si se asocia a la huida y evitación y aleja a las mujeres de la situación de violencia. Por otro lado, si el miedo aparece en situaciones de violencia continuada puede suponer un aprendizaje y habituación a la situación de amenaza de violencia.
Es importante resaltar que los medios de comunicación han construido una historia a lo largo del tiempo referente al significado de la violencia, debido a que hace referencia exclusivamente a la violencia física ejercida por hombres hacia mujeres, al respecto, Peris (2016) construye un indicador para medir la labor de difusión del verdadero significado de la violencia de género con relación a la información divulgada en medios de comunicación. Lo cual, genera un avance en la deconstrucción del significado de violencia para reconocer las prácticas que vulneran tanto a hombres como a mujeres.
Así, existe una prevalecía en que la violencia en las relaciones de parejas es igual en hombres que en mujeres, sino que, son las mujeres quienes tienden a denunciar más que los hombres por cuestiones de estigma de orden individual y social (Halford, 2000). Esta tendencia se da ya que la violencia ejercida por el hombre se visibiliza en daños físicos y psicológicos en su pareja, siendo estas causantes de denuncias para evitar factores de repetición.
En general, la violencia también ha trascendido el tiempo con relación a la construcción de pareja, por lo cual produce daños en la estructura social, íntima y familiar fomentada por comportamientos que van en contra de los principios de convivencia, de los acuerdos establecidos en las relaciones y de las bases iniciales para cualquier relación, el respeto. De acuerdo con lo descrito por Perrone y Nannini (2017), la violencia rompe los límites del propio territorio y los de la otra persona, invade la relación y vuelve confusos los espacios subjetivos, siendo el acto violento una falta a la integridad física y mental del individuo.
Si bien la violencia física es una de la más evidentes en las relaciones de pareja, Rodríguez et al. (2017) indica que presentan bajas tasas de prevalencia, no obstante, reconoce que es la violencia verbal aquella que presenta la mayor tasa de prevalencia con una profunda invisibilización de los sujetos.
Intervenciones terapéuticas realizadas a la violencia en la relación de pareja
Este acápite muestra el impacto que ha tenido la violencia en la subjetividad misma de cada integrante de la relación de pareja, sumado, a los movimientos que genera en la dinámica vincular que se teje a través del tiempo. Empezando por Oliveros et al., (2015) quienes han apostado por acompañamiento terapéutico diferente donde proponen una intervención a través de los cambios en la comunicación, pautas transaccionales, creencias, significados y soluciones intentadas los integrantes. Ello, es referente a la (re)victimización generada hacia las víctimas cuando no son escuchadas en ambientes terapéuticos y de intervención (Mantilla, 2017).
Por lo cual, las intervenciones terapéuticas a partir de procesos empatía, externalización del problema, resignificación y sanación se proponen para evitar un re victimización en el acompañamiento que se realizan a las personas que han sido agredidas por otra, no una, sino varias veces, teniendo en cuenta que en las relaciones de pareja Sola (2016) propone un manual que:
No se limita a exponer protocolos y técnicas de intervención en terapia de pareja, sino que además ofrece una amplia perspectiva dentro del ámbito de las relaciones sentimentales, tratando de responder muchas de las dudas y cuestiones más delicadas sobre los cónyuges. (p. 118)
En esta medida, es que las intervenciones terapéuticas se constituyen en una propuesta sostenible en la medida en que perdura en el tiempo y tiene la capacidad de renovarse a sí mismo; la externalización del problema ha sido promocionada por White y Epston (1993) en su libro Medios Narrativos para fines terapéuticos que se convierte en un aporte a la salud mental de los seres humanos. Además, Jackson (1957) aporta con sus investigaciones cuando centra su mirada en la diversidad de las relaciones familiares y no sólo en la familia de origen.
En suma, cuando en las relaciones de pareja existe una víctima de violencia, es importante que se pueda centrar la mirada basada en la autoestima, donde Satir et al. (1991) han desarrollado un modelo para poder acompañar a las parejas; la atención se centraría en la víctima para visibilizar sus recursos y capacidades que le permitan salir de la situación de crisis. En este mismo sentido, Roizblatt (2006) advierte como la acción transgeneracional de la violencia implica una acción histórica que se mimetiza tras la transmisión de valores y formas de relación; decretar el no maltrato como derecho adquirido en la principialística de la relación de pareja y por ende de la familia siempre resultará una acción humana que resignifica el lugar privilegiado que tiene el vínculo y el discurso sobre un entorno de protección y acogida.
Finalmente, la violencia contra la mujer en las relaciones de pareja es reconocida como un fenómeno social que sucede al interior del hogar y se necesita un acompañamiento a la figura masculina para evitar la repetición de la misma (Lila, 2013). Sin este ejercicio de acompañamiento e intervención, respectivamente, no se puede pensar en la mitigación o prevención de la violencia de género para la reparación de las víctimas que sufren estas prácticas día a día.
La violencia en la relación de pareja, una mirada desde el marco de la pandemia por COVID-19
Reconociendo la realidad que vive el mundo a partir del 2020, cuando se declara la situación de pandemia por COVID-19, existe un movimiento en las dinámicas internas de las familias y las relaciones de pareja. La violencia de género es un indicador que se aumentó cuando se declaró el confinamiento a los sujetos. Lorente (2020) está de acuerdo en cuanto reconoce que el confinamiento potencia los factores de riesgo de violencia de género individual y social, puesto que esta práctica limita en gran proporción los canales de ayuda y denuncia hacia los agresores.
En estudios actuales se muestra cómo Aponte et al. (2020) indican que “si bien el riesgo de violencia en la muestra [de la investigación] tiende a su inexistencia, tres personas de cada cien es percibida por su pareja como alguien que actualmente ejerce violencia. El tipo de violencia predominante es el emocional” (p. 442). Por lo cual, la pandemia ha traído consecuencias en salud mental de las víctimas de violencia de género y de pareja, siendo este un fenómeno al cual hay que hacerle frente de ahora en adelante con mayor frecuencia.
En este sentido, la violencia de género pasa los límites de la intimidad de la familia, por lo cual, Ruiz (2020) determina que “existe relación significativa entre la violencia familiar y las dimensiones violencia física, violencia psicológica y violencia sexual, la variable violencia de género y las dimensiones violencia económica y patrimonial, violencia social y violencia ambienta” (p. 35). Y la forma en que las mujeres han sobrevivido a la violencia en la pandemia ha demostrado que se han activado las alarmas respectivas a un plazo temprano.
El momento histórico 2020-2021 en clave del encerramiento físico y afectivo lleva consigo la reflexión desarrollada por López et al. (2020); Giraldo y Rodríguez (2018); Rodríguez (2016), y Ospina (2018) a partir del hecho que las relaciones de pareja y de familia han mutado a un nuevo estado en términos del compromiso, el relacionamiento y las formas de amar y estar con otro; nombrarse a partir de un ‘nosotros’.
Los autores y las misma práxis mediática han potenciados tres ideas fundamentales: la primera de ellas es que la violencia es el resultado de sucesos acumulados y no resuelto en las relaciones; la segunda es el lugar que han tenido las redes sociales para interactuar, conocer a otros y al mismo mundo, dispositivos estos que si no son bien manejados se pueden convertir en otra fuente de violencia vincular y la tercera y última es la comunicación como eslabón fundamental para relacionarme y convivir en comunidad. El acto comunicado, es el paso al vínculo fuerte que solo la especie humana resignifica luego del si acepto estar en convivencia y en relación.
Discusión
Para la investigación, se han evidenciado diferentes significados que se han dado a la luz de la violencia, la violencia en las relaciones de pareja, y la violencia de género asociada a la mujer como primera víctima en la dinámica vinculante de afectos y prácticas cotidianas. Por lo cual, la violencia será entendida como toda acción que vulnere la individualidad de otro sujeto (De Lourdes et al., 2019).
En consecuencia, a los diferentes tipos de violencia que se han hecho evidente a lo largo del texto, la relevancia se encuentra en la violencia física, emocional y sexual. Las mujeres han sufrido en su mayoría los anteriores tres tipos de violencia por sus parejas –hombres, según las estadísticas- (Grupo del Banco Mundial, 2020); no obstante, la violencia es transversal a cualquier tipo de pareja, sin discriminar orientación, sexo y/o lugar de procedencia (Saldivia et al., 2017).
Si bien, estos tipos de violencia han sido los que más han sobresalido en los textos revisados, no se descartan otros tipos de violencia que viven tanto hombres como mujeres en las dinámicas internas de las parejas, aparece la violencia doméstica, laboral, verbal, entre otras. De esta manera, es que la violencia ha sido un común denominador en las relaciones de vinculares de los sujetos y por lo tanto se han realizado acciones para intervenir el problema, prevenirlo, mitigarlo y mejorar la calidad de vida de las víctimas.
No obstante, esta problemática cuenta con un sinnúmero de aportes teóricos, epistemológicos, metodológicos y prácticos que se deben tener en cuenta para la promoción de factores protectores. Esta investigación se convierte en un aporte más a este fenómeno que ha traído consigo dificultades, limitaciones e intimidaciones en el proceso y el cual se debe seguir trabajando con mucha más intensidad.
Finalmente, hay que dejar en claro que las prácticas violentas hacia las mujeres aumentaron en la pandemia causada por COVID-19 en el año 2020 debido a la falta de educación en la estructura familiar y el desconocimiento de una responsabilidad empática hacia otros que permitan fomentar la convivencia como lugar común en las relaciones familiares y de pareja.
Conclusiones
Se presentan las siguientes conclusiones de la investigación como aporte e invitación a otros trabajos que apunten al mejoramiento de la calidad de vida de las víctimas por violencia de género en la relación de pareja; asunto necesario para el estudio, la reflexión y la acción.
1. Las familias han de gestar relaciones empáticas hacia otros seres humanos como aporte a una educación afectivo-sexual para la construcción de relaciones de pareja sanas que fomenten la convivencia, el respeto y la responsabilidad como pilares fundamentales de ellas. En pareja se tejen los vínculos sólidos en función de relacionamientos futuros lo que implica pensar en prospectiva.
2. Continuar trabajando en formas de intervención hacia la prevención de la violencia de género, específicamente, la violencia en la relación de pareja donde la víctima es la figura femenina, es un reto permanente. Pues desde allí se genera una interrupción al fenómeno amenazante, se identifican factores de riesgo del agresor y se promueven factores protectores para la disminución de casos donde la violencia traspasa los límites y se convierte en feminicidio. En este punto el actuar de los profesionales psicosociales se torna relevante y siempre necesario.
3. La pandemia por COVID-19 está enseñando a las personas a cuidar las relaciones erótico-afectivas para la construcción de relaciones de pareja, en tanto muestra que la convivencia poco reflexiva y acompañada desencadena prácticas que invisibilizan el ser de otro sujeto que está en constante relación y, por lo tanto, hace un llamado a promover acciones de reconocimiento y visibilización de cada integrante en la familia. Surge en esta tercer conclusión la idea de alteridad-otra como la resignificación del estado de encerramiento al estado de comprensión tras la pandemia.
4. La invitación es a continuar con estos estudios de revisión documental y de reflexión profunda valorando la promoción de estilos de vida saludable y protegiendo la vida como don supremo. Mostrar nuevos aportes realizados por terapeutas, psicoterapeutas o profesionales de cualquier disciplina a este tema que interesa cualquier relación humana en el mundo y tras el vínculo se pueda resignificar la violencia hacia una ética humana por el otro.
Consideraciones Éticas
En la Universidad Católica Luis Amigó existe dentro de sus estatutos un manual (Manual de Tratamiento de Datos personales, 2017) para proteger éticamente la propiedad intelectual de los autores, y por ello se hizo uso de este cuando se represente una idea de algún autor al cual se le dan los créditos correspondientes.
Además, APA American Psychological Association (2010) apoya a la protección de las fuentes de datos contando con un sistema en el que se verifican los derechos de autor y la manera en que se cita cada uno de los textos para garantizar a cada persona su derecho de propiedad intelectual, en este sentido para la realización del artículo de revisión documental se cita correctamente para proteger la propiedad intelectual.
Un principio para las consideraciones éticas se retoma como el respeto por las fuentes tomadas, en cuanto a la investigación documental
Corresponden cuidados éticos específicos referidos al manejo adecuado de los derechos de autor: todo documento referenciado o que de alguna manera contribuya al trabajo investigativo debe dársele los créditos en el texto. Es necesario seguir las citas, las citas de citas y la bibliografía, de tal manera que la información allí consignada sea completa y susceptible de verificación. (Galeano, 2018, p. 86)
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Figura 9. Figura de la serpiente azteca Quetzacóatl moldeada por P3
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Quality of the studies
The quality of the studies was assessed using the "Quality Assessment Tool for Observational Cohort and Cross-Sectional Studies” (NIH, 2014). According to this guide, the overall quality score for a research point to the potential for bias in the studies, thereby reflecting the internal validity of the research. For the assessment, each criterion (question) was rated using Y (Yes), N (No), CD (Cannot Determine), NR (Not Reported) and NA (Not Applicable).
Table 3 presents the results of the quality assessment for each study. All studies presented the research question or objectives, defined the population and selected subjects from similar populations, but none of the studies presented a justification of the sample size. Only four studies stated inclusion and exclusion criteria. Furthermore, in all studies, exposure measures were reliable and measured across all participants. Only one study did not clearly define the exposure measure. Concerning the outcome measure, in all studies dependent variables were clearly defined, valid and reliable. Longitudinal studies had at least one-year period; thus, there was sufficient time to expect to see an association between the independent variables and the outcome.
As an overall quality rating, five studies obtained a “less likely for bias” rating (Collie & Martin, 2017; Hadley & Dorward, 2011; Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016; McLean & Connor, 2015). This means that results presented by these five studies have more probability to reflect the true relationship between variables. The studies of Bakewell et al. (1988), Bush (1989), Goldman et al. (1997) and Beilock et al. (2010), obtained a “more likely for bias” rating. This suggests that their results are more likely to not accurately represent the true relation between the assessed variables.
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Conclusions of the studies
Of the nine studies included in the analysis, one (Bakewell et al., 1988) reported no association between the independent and dependent variables, specifically teachers’ stress and students’ academic achievement (spelling, math and reading).
Four studies (Collie & Martin, 2017; Goldman et al., 1997; Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016) reported an association between teachers’ mental health outcomes and student achievement. Collie & Martin (2017) reported a positive association between teachers' well-being and students' numeracy achievement (β = 0.21, p = 0.031). Goldman et al. (1997) found an increment of students’ scores when teachers’ consultation effectiveness were moderate and high [Moderate: F (1,16)= 16.33, p<.001; High: F( I , 14)=15.35, p<.01]. According to Hoglund et al. (2015), teacher burnout predicted significantly less growth in students’ literacy skills (ES=.03). Klusmann et al. (2016) concluded that students’ with more exhausted teachers obtained lower scores on their mathematics tests (β = -4.56, p <.01), even when controlling for teachers’ years of experience (β = 3.34, p <.05), teaching certificate in mathematics (β = 7.46, p<.01), and individual student characteristics.
Four studies presented “not conclusive” results in the sense that they all reported association between teachers’ health and student achievement; however, in the case of Bush (1989), he found that only 1% of the variance of student achievement was explained by teachers’ health. Beilock (2010), reported that teachers’ mathematic anxiety was associated with girls’ mathematic achievement (r = −0.28, p=0.022) but not boys (r = −0.04, p= 0.81). Hadley & Doward (2011), concluded that there was an association between students’ achievement and teachers’ anxiety about teaching (r = -.09, p < .05) but not with teachers’ anxiety. Finally, McLean & Connor (2015), reported and association between teachers’ depression and student achievement but only for those students that had low mathematics scores from the beginning of the year (coefficient = -0.009; p = .030).
Studies’ recommendations
Three types of recommendations emerged from the results of the different studies. Authors of earlier studies (Bakewell et al., 1988; Bush, 1989) suggested more research (longitudinal) on teachers’ mental health and student achievement. Two studies (Beilock et al., 2010; Hadley & Dorward, 2011) proposed better training new and current teachers for their professional development and improvement of their skills, specifically in mathematics teaching. Finally, five studies advocated for the implementation of mental health programs for teachers at schools (Collie & Martin, 2017; Goldman et al., 1997; Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016; McLean & Connor, 2015).
Discussion
This systematic literature review was part of a large research project aimed at studying the relationship between public school teachers’ working conditions, mental health, and students’ academic achievement in Colombia. The goal of this review was to identify and synthetize the available evidence regarding to the relationship between school teachers´ health and students’ academic achievement. Nine studies met the criteria for inclusion in the analysis. From the results, several points are worth highlighting.
First, interest in the relationship between teachers’ health and student academic achievement appears to be stronger in the United States than in other regions of the world, with some research conducted in Canada, Europe and Australia (Collie & Martin, 2017; Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016). It is interesting to note that even though we used one of the most important scientific databases for Latina America and the Caribbean, we found no publications on the topic. This result presents an important opportunity for our project to contribute evidence on this international and comparative education subject, as the issue of teachers’ health and students’ academic achievement is a concern for many educational systems worldwide.
Second, regarding measures of teachers’ health, all studies focused on mental health variables. None of the studies included physical health variables, such as voice disorders, varicose veins, cardiovascular diseases or musculoskeletal disorders, which are also prevalent in this occupational group (Scheuch et al., 2015). Stress (Bakewell et al., 1988), mathematics anxiety (Beilock et al., 2010; Bush, 1989; Hadley & Dorward, 2011), burnout (Hoglund et al., 2015; Klusmann et al., 2016), depression (McLean & Connor, 2015) and well-being (Collie & Martin, 2017) were the variables used in the studies. It is important to note that mental health problems have been studied in the field of occupational health and safety, particularly their association with working conditions (specifically exposition to psychosocial risk factors), to the point that the International Labour Organization (ILO) finally included mental and behavioral disorders in the occupational diseases list (Kim & Kang, 2013).
Third, math scores in standardized tests were the main measure of students’ academic achievement and were used in eight of the reviewed studies. The debate over whether standardized test should be the main measure for students’ learning and whether mathematics or literacy skills (such as reading and comprehension) are the main competences expected from an educational system continues. Some authors, such as Arnove et al., (2013) and Hopson et al., (2009) are proposing alternative ways to evaluate students’ achievement, including valuing students’ differences and designing evaluations adapted to the local characteristics of individual educational systems in each country. However, at least on the issue analyzed in this review, scores in standardized tests were the chosen measure for students’ academic achievement.
Fourth, the analysis of the methodological aspects of the studies shows that research on this topic is mostly quantitative. Only one study included a qualitative component (Bakewell et al., 1988). Six studies used longitudinal designs. Although longitudinal designs are more robust than cross-sectional designs because they allow researchers to gather more information in multiple points in time and observe participants’ behavior at different moments, the three cross-sectional studies included in this review obtained a “less likely for bias” score.
Regarding the findings on the relationship between mental health and students’ achievement, only Bakewell et al. (1988) did not find an association. However, this study received a “more likely bias” score during the quality assessment. Specifically, in this study the instrument used for measuring stress was not validated, making it impossible to determine whether it measured stress or another construct. On the other hand, all studies with higher quality assessment scores reported an association between teachers’ mental health and student achievement. In other words, students in classes with teachers experiencing mental health problems also had lower academic achievement scores in standardized tests.
Another point of interest in this review is the recommendations proposed by researchers. The most common recommendation is to implement training activities and consultation after detecting mental health problems. While these activities are relevant for assisting teachers in the short term, they may not be sufficient. The field of occupational health and safety has shown that it is important not only to attend the cases of workers who already have an illness, but also to implement programs that prevent workers from being exposed to risk factors (Tsutsumi & Shimazu, 2016). This means that if working conditions are affecting teachers’ health, then it is also essential to change these working conditions or the exposure to them. Identifying which workings conditions may be related to teachers’ mental health is one step in this direction.
As stated at the beginning of this paper, this review is part of a larger research project aimed at contributing to the understanding of factors that are associated with students’ academic achievement. It is a research that bridges the fields of education and occupational health and the results of this systematic review provide further motivation to continue this line of inquiry, as the results indicate that teachers’ poor mental health can have a negative impact on students’ achievement. We also hope to raise awareness of this subject in the field of international and comparative education, as research is showing that teachers’ health and their working conditions is not a local concern, but global issues shared by different countries. Finally, we aim to draw attention in the field of occupational health, which, at least in Colombia, has not yet thoroughly examined the working conditions and health of this specific group.
Conclusion
According to this review, teachers are suffering mental health problems and it can become a factor that negatively impacts students’ academic achievement. Further research is needed to understand the causes of mental health problems in teachers and to establish the best alternatives to aid them to overcome such problems.
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Validation of the Global Belief in a Just World Scale within the Spanish Population
Validación de la Escala Global de Creencia en un mundo justo en población española
Maria Luisa Ríos Rodríguez
Pilar Moreno Jiménez
Bernardo Hernández Ruiz
Artículo de investigación
Recibido: 04/10/2023 – Aprobado: 27/11/2023 - Publicado: 03/12/2023
ISSN - 2619-6336
DOI: https://doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.5008.2024
Volumen 7-1 2024
Abstract
The concept of justice, though inherently universal, is subject to substantial influence from social factors, affecting its perception. This study is dedicated to the adaptation and validation of an assessment tool for Global Belief in a Just World Scale (GBJWS) in the Spanish context. Our investigation delves into the relationship between Belief in a Just World and key constructs such as Social Dominance, System Justification, and Right-Wing Authoritarianism, while also addressing the dimension of potential gender disparities. Our findings demonstrate robust reliability coefficients, attesting to the scale's aptitude for assessing GBJW and exhibit highly favourable adjustment indices. Notably, our score analysis reveals elevated levels of BJW among men. This comprehensive research endeavour offers an invaluable global metric, facilitating transnational studies for understanding of justice perceptions on a global scale.
Keywords: Belief in a Just World, validation, social dominance, system justification, fatalism, right-wing authoritarianism.
Resumen
El concepto de justicia, aunque inherentemente universal, está sujeto a una influencia sustancial de factores sociales que afectan su percepción. Este estudio está dedicado a la adaptación y validación de una herramienta de evaluación de la Escala de Creencia Global en un Mundo Justo (GBJWS) en el contexto español. Nuestra investigación profundiza en la relación entre la creencia en un mundo justo y constructos clave como la dominancia social, la justificación del sistema y el autoritarismo de derecha, al tiempo que aborda la dimensión de las posibles disparidades de género. Nuestros hallazgos demuestran coeficientes de confiabilidad robustos, lo que atestigua la aptitud de la escala para evaluar GBJW y exhiben índices de ajuste altamente favorables. En particular, nuestro análisis de puntuación revela niveles elevados de BJW entre los hombres. Este esfuerzo de investigación integral proporciona una métrica global de gran valor, que facilita estudios transnacionales para comprender las percepciones de justicia a escala global
Palabras clave: Creencia Mundo Justo, validación, dominancia social, justificación del sistema, fatalismo, autoritarismo del ala de derechas
Validation of the Global Belief
Tempus Psicológico
1 University of Málaga. Correo: mlurios@uma.es ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5955-373X
2 University of Málaga Correo: mpilar@uma.es ORCID: http://orcid.org/0000-0003-3076-2826
3 University of La Laguna Correo: bhdezr@ull.es ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0860-3722
Validation of the Global Belief in a Just World Scale within the Spanish Population
Para citar este artículo
Ríos, M. L., Moreno Jiménez, P. & Hernández Ruíz, B. (2024). Validation of the Global Belief in a Just World Scale within the Spanish Population. Tempus Psicológico, 7(1), 188-214
María Luisa Ríos Rodríguez
Pilar Moreno Jiménez
Bernardo Hernández Ruiz
Tempus Psicológico
Background
Empirical evidence underscores the pivotal role of justice as a driving force behind human behaviour. However, the perception of justice is far from universal and is often shaped by specific social conditions (Sabbagh & Schmitt, 2016). It is within this intricate landscape that the concept of Belief in a Just World (BJW), first introduced by Lerner (1980), takes centre stage. This concept has ignited a rich field of research, marked by the development of comprehensive assessment instruments, the analysis of individual variances, exploration of its multifaceted relationships with other variables, and a deeper understanding of its profound significance in people’s lives (Hafer & Sutton, 2016).
According to Lerner’s Theory of Justice Motive, individuals possess an innate need to believe in a just world. This belief acts as a psychological buffer, helping individuals navigate the emotional turmoil generated by encounters with injustice and perceptions of a hostile and threatening environment. BJW has far-reaching implications, impacting individuals’ expectations in various domains of life, including academics, family, and leisure pursuits (Muayn-Yilik & Demir, 2021). It signifies the conviction that people ultimately receive what they deserve and deserve what they receive, thereby instilling expectations of control over one’s circumstances. However, this belief can also lead to distortions, such as denial of the suffering of the innocent or the tendency to blame victims for their fate. Notably, research has yet to conclusively clarify the influence of gender on BJW (Nartova et al., 2018), making it an important variable for consideration.
Nonetheless, the imperative to uphold the belief in a just world has been scrutinized from alternative angles. Some studies delve into concepts like Fatalism, System Justification, Social Dominance Orientation, or Right-Wing Authoritarianism to elucidate their interplay with the sense of justice.
The studies on fatalism, initially pioneered by Martín-Baró (1989), propose that in life, one reaps what is predetermined by destiny. From this perspective, fatalism is construed as a set of cultural and/or religious beliefs associated with passive, resigned, and uncritical attitudes (Díaz et al., 2015). A common thread linking BJW and fatalistic beliefs is the shared human need for certainty in an uncertain world, which invariably shapes their perception of social systems. In this context, the System Justification Theory (SJT) emerged through the work of Jost and Banaji (1994). While both theories are rooted in the quest for psychological equilibrium, they diverge in their analytical focus; BJW centres on the justification of individual-level injustices and the consequent distortion of judgments about victims, whereas the System Justification Theory shifts its lens towards the human inclination to rationalize and defend the status quo within social systems (Feygina et al., 2011; Kay et al., 2002). Despite their nuanced differences, these two theoretical models are closely intertwined and continue to inform our understanding of the human psyche (Jost & Hunyady, 2002; Jost et al., 2010; Kay & Jost, 2003).
BJW is not only entwined with perceptions of justice, but also bears a connection to ideological and attitudinal variables that revolve around authority and social hierarchy. In particular, numerous scholars have explored the intricate relationships between BJW, Social Dominance Orientation (SDO), and Right-Wing Authoritarianism (RWA) (Bizer et al., 2012; Etchezar et al., 2014; Jost & Hunyady, 2002; Olmeadow & Fiske, 2007; Pratto et al., 1994; Sabbagh, 2005; Schultz & Stone, 1994; Son Hing et al., 2007).
Social Dominance Orientation (SDO) is conceptually defined as individuals’ predisposition towards hierarchical and non-egalitarian intergroup relationships, reflecting a penchant for their own group’s superiority over others (Sidanius & Pratto, 1999). This orientation aligns with policies and ideologies that endorse social hierarchy. In contrast, Right-Wing Authoritarianism (RWA), as delineated by Altemeyer (1981), encompasses authoritarian submission (which legitimizes submission to authority), authoritarian aggression (characterized by a hostile disposition towards those challenging established systems), and conventionalism (indicating a general acceptance of social conventions). RWA diverges from SDO by placing a primary emphasis on sustaining submission and collective security. It becomes evident that Social Dominance Orientation (SDO), Right-Wing Authoritarianism (RWA), SJ and even fatalism are intricately linked to BJW.
The quest to empirically define Belief in a Just World (BJW) and to distinguish it from other related concepts has led to the development of numerous measurement instruments. Within this context, the assessment of BJW has emerged as a fundamental issue, as highlighted in literature reviews conducted by Furnham (2003) and Hafer and Sutton (2016).
The inaugural measurement tool in this domain was the Belief in a Just World Scale (BJWS) introduced by Rubin and Peplau (1973; 1975). While serving as a reference point in the early stages of BJW research, this scale has not been without its share of criticism. Lerner (1980) noted inadequacies in the items, which, according to him, diverged from the original BJW concept. Moreover, the scale combines both general and specific statements, adopting a unidimensional approach that was not consistently replicated in subsequent studies (Ambrosio & Sheehan, 1990; Caputi, 1994; Furnham, 2003; Lea & Fekken, 1993). Concerning statistical goodness of fit, initial data appeared adequate, but subsequent research failed to yield similar results (Ambrosio & Sheehan, 1990; Hellman et al., 2008; Loo, 2002). Additionally, the questionnaire incorporates reversed items that can undermine its internal consistency.
In light of these criticisms, numerous endeavours have been made to construct a valid BJW instrument. Several proposals are outlined in Table 1; however, the Global Belief in a Just World Scale (GBJWS) has emerged as a widely adopted and robust alternative in many studies. Its popularity can be attributed to its brevity, user-friendliness, and strong psychometric properties.
Table 1
BJW Scales
|
|
||||
|
Authors |
Scale Name |
Reliability |
||
|
|
|
|
||
|
|
Belief in ultimate justice |
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|
Mohiyeddini & Montada (1998) |
Self-Efficacy to promote Justice in the world |
|
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|
|
|
0.92 y 0.92 0.89 y 0.88 |
||
|
|
||||
|
Authors |
Scale Name |
Reliability |
||
|
|
|
|
||
|
|
|
0.81 |
||
|
Dalbert et al. (1987) |
Glaube an eine gerechte Welt als Motiv |
0.82 |
||
|
Lipkus (1991) |
Global Belief in a Just World Scale (GBJWS) |
0.79 a 0.82 |
||
|
Schmitt (1998) |
Centrality of Justice |
0.73 |
||
The Global Belief in a Just World Scale (GBJWS), conceptualized and developed by Lipkus (1991), serves a dual purpose: firstly, to establish and validate a comprehensive Belief in a Just World (BJW) index, and secondly, to provide insights into its potential applicability across diverse cultural contexts. The original questionnaire comprises seven items and underwent validation among a sample of university students. Notably, the item selection process deliberately avoided specificity to particular content areas, such as family or business.
In terms of its psychometric properties, a maximum likelihood factor analysis yielded an eigenvalue of 4.83, explaining a substantial 69% of the total variance captured by the instrument (Lipkus, 1991). This outcome attests to the scale’s robustness. Furthermore, with regard to internal consistency, the assessment yielded a Cronbach’s alpha coefficient of 0.827, indicative of high reliability. The GBJWS has been subjected to rigorous examination by various research groups, further corroborating its reliability (Dalbert et al., 2001; Furnham, 2003). In a comprehensive scale review conducted by Hellman et al. (2008), the statistical results continued to demonstrate acceptability, with a Cronbach’s alpha coefficient of 0.81. These findings collectively affirm the GBJWS as a reliable and valuable instrument for assessing Belief in a Just World.
The validation of the Global Belief in a Just World Scale (GBJWS) extends across various countries and languages, underscoring its cross-cultural adaptability. Notably, adaptations have been carried out in Argentina (Barreiro et al., 2014) (α = ٠.٨٣), Brazil (Gouveia et al., ٢٠١٠) (α = ٠.٧١), France (Bègue, 2002) (α = ٠.٧٢), Hungary (Dalbert et al., 2001) (α = ٠.٧٢), Canada (O›Connor et al. ١٩٩٦) (α = ٠.٨٨), and Germany (Dalbert et al., 2001) (α = ٠.٦٥).
Belief in a Just World (BJW) is regarded as a stable trait, facilitating the exploration of individual differences. However, it is essential to address variations between distinct cultural groups. These validations serve as invaluable resources for establishing cross-cultural comparisons. Researchers have harnessed these adaptations alongside other scales to analyse the predictive potential of these instruments (Gálvez et al., 2017; Ordoñez et al., 2016; Ruiz et al., 2014) to further our understanding of BJW across diverse cultural contexts.
Social phenomena such as the legal system, religion, economic structure, or internal distribution system could influence BJW (Zubieta & Barreiro, 2006). Furthermore, some studies reveal differences when comparing countries and cultures (Furnham, 1993). Given that Spain is one of the European countries with higher inequality (Anghel et al., 2018), it is considered necessary to be able to assess BJW in this country.
This study builds upon the Argentine version of the GBJWS (Barreiro et al., 2014) and endeavours to assess the psychometric properties of the GBJWS within the Spanish general population. Our primary objective is to investigate potential variations rooted in cultural diversity, thereby enhancing the representativeness and generalizability of our findings. Furthermore, we aspire to establish convergent validity by examining its relationship with the constructs of Fatalism, System Justification (SJ), Social Dominance Orientation (SDO), and Right-Wing Authoritarianism (RWA). Ultimately, our aim is to furnish a robust assessment instrument that not only facilitates future research on Belief in a Just World in Spain, but also facilitates cross-cultural comparisons, contributing to a deeper understanding of this concept on a global scale.
Method
Participants
The study encompassed a total of 234 participants residing in Spain, specifically within the Autonomous Community of Andalusia, Málaga, with an average age of 38.48 years (SD = 14.70). Among the participants, 50.9% identified as male, while 49.1% identified as female. An exploration of sociodemographic variables revealed that at the time of the study, 67% of the sample reported having a partner, and 54.7% were actively employed. In terms of self-perceived social class, 3.5% characterized themselves as belonging to the low or lower-middle class, while 71.9% identified as middle-class, and the remaining 8.7% considered themselves part of the upper-class. Finally, with regard to educational attainment, 16.1% had completed primary education, 30.2% held secondary education qualifications, 49.1% had achieved higher education degrees, and 4.3% possessed other types of qualifications, such as vocational courses or higher education courses.
An ANOVA test was thoughtfully administered, revealing that none of the socioeconomic variables produced significant differences in the measurement of BJW, reinforcing the robustness of our findings.
Instruments
A comprehensive questionnaire was meticulously constructed, encompassing initial instructions, sociodemographic data, and a battery of well-established instruments:
GBJWS (Global Belief in a Just World Scale)
The Spanish version of GBJWS, originally formulated by Lipkus (1991) and validated in Argentina (Barreiro et al., 2014), was employed. This questionnaire comprises seven items, eliciting responses on a Likert scale spanning from 1 (completely disagree) to 5 (completely agree). In the present study, the α (Cronbach’s alpha) coefficient yielded a robust value of 0.816.
Social Fatalism Scale (SFS)
We utilized the measure proposed by Díaz et al. (2015), consisting of seventeen items capturing various dimensions, including predetermination, lack of control, pessimism, and presentism. Participants provided responses on a scale ranging from 1 (completely disagree) to 6 (completely agree). The reliability obtained with the sample in the present study was α = 0.860.
Social Dominance Orientation Scale (SDOS)
Employing the version adapted by Prado et al. (2011) from the original instrument (Pratto et al., 1994), our assessment comprised ten items encompassing two dimensions: Group Dominance and Opposition to Equality. Participants indicated their agreement levels on a scale ranging from 1 (completely disagree) to 5 (completely agree). In the current study, an internal consistency of α = 0.813 was obtained.
System Justification (SJ)
The scale by Kay and Jost (2003), comprising eight items, was incorporated into our questionnaire. The internal reliability coefficient for the analysed sample was α = 0.729.
Right-Wing Authoritarianism Scale (RWA)
An adapted version by Etchezahar (2012) was employed, with participants expressing their agreement levels on a Likert scale ranging from 1 to 5. Our study yielded a Cronbach’s alpha of 0.796.
These meticulously selected instruments, along with the robust internal consistencies observed, ensure the reliability and validity of our measurement tools in the present study.
Procedure
We adopted a meticulous stratified random sampling approach, which factored in both gender and employment status as key criteria. Data collection was carried out through in-person interviews, with participants personally completing the paper-based questionnaires while under the guidance and supervision of the researcher. Stringent measures were in place to safeguard participant anonymity and maintain the utmost confidentiality throughout the data collection process.
Data Analysis
The structure of the Spanish version of GBJWS was scrutinized through Confirmatory Factor Analysis (CFA) employing EQS 6.1 statistical software. To assess the convergent validity of GBJWS, IBM SPSS 25 was employed, entailing the computation of bivariate correlations employing Pearson’s r and Student’s t-test, stratified by gender.
The objective of the CFA was to explore the relationships between the set of indicators (items) and a factor variable, under the assumption of a one-dimensional model. The goodness of fit of this model was evaluated in accordance with the statistical parameters proposed by Byrne (2001). These included χ2 and the χ2/degrees of freedom ratio, along with NFI, NNFI, CFI, GFI, AGFI, RMSEA, and Cronbach’s alpha statistics. We anticipate discovering statistically significant yet moderate-level correlations between BJW and the other variables under examination.
Results
As anticipated, the items within the GBJWS manifest a normal distribution, with an overall mean of M = 2.38 (SD = 0.733). Item-specific means can be found in Table 2. The reliability of the questionnaire was assessed by calculating the Cronbach’s alpha coefficient (α = 0.816). This value surpasses the threshold of 0.70, signifying a satisfactory level of internal consistency. Figure 1 graphically illustrates the factor loadings for each individual item.
Table 2
Item descriptions
|
Item |
M (DT) |
|
1. Creo que las personas obtienen lo que tienen derecho a obtener I feel that people get what they are entitled to have
|
2.41(1.02) |
|
2. Creo que los esfuerzos de una persona son tenidos en cuenta y recompensados. I feel that a person`s efforts are noticed and rewarded
|
2.92(1.07) |
|
3. Creo que las personas se han ganado las recompensas y los castigos que reciben. I feel that people earn the rewards and punishments they get
|
2.60(1.13) |
|
4. Creo que las personas que tienen mala suerte es porque la han atraído. I feel that people who meet with misfortune have brought it on themselves
|
2.02(1.15) |
|
5. Creo que las personas obtienen lo que se merecen. I feel that people get what they deserve
|
2.60(1.07) |
|
6. Creo que las recompensas y los castigos son administrados justamente I feel that rewards and punishments are fairly given
|
2.12(1.01) |
|
7. Por lo general, pienso que el mundo es un lugar justo. I basically feel that the world is fair place |
1.96(0.96) |
|
|
.816 |
|
Eigenvalues (% variability) |
3.39 (48.48%) |
Figure 1
BJW Factor Structure
In the assessment of construct validity using Confirmatory Factor Analysis (CFA) for the GBWJS, we initially calculated the Chi-square statistic, yielding a value of 414.843 with 21 degrees of freedom and a probability of .007 (p ≤ 0.001), indicating a statistically significant difference. This result suggests that the model is not a good fit. However, recognizing that Chi-square can be sensitive to sample size, we proceeded to conduct post hoc tests, as recommended by Bentler (2010), to further evaluate the goodness of fit. The results of these indices can be found in Table 3.
Table 3
Goodness of fit indicators for the GBJWS
|
Model evaluated |
|
|
χ2 |
414.843 (df=21) |
|
NFI |
0.928 |
|
NNFI |
0.939 |
|
CFI |
0.959 |
|
GFI |
0.948 |
|
AGFI |
0.897 |
|
RMSEA |
0.070 (0.035-0.105) |
|
|
|
We can confidently affirm an acceptable model fit based on the RMSEA values falling below the threshold of 0.08. Additionally, when we consider the NFI, NNFI, CFI, GFI, and AGFI indices, where values exceeding 0.90 are indicative of a satisfactory fit, our results unequivocally support the conclusion that the one-dimensional model is indeed good.
To evaluate the convergent validity of the GBJWS, we examined its associations with variables related to Fatalism, SDO, SJ, and RWA. The correlation coefficients revealed that the connections between the GBJWS and the values recorded for these variables are statistically significant and demonstrate a moderate level of association, as can be seen in Table 4. In summary, we can confidently assert that the convergent validity of BJW with conceptually related measures has been successfully established.
Furthermore, it’s worth noting that the comparison of means based on gender yielded statistically significant results [t(231) = 2.13, p = 0.034], with BJW being higher in men
Table 4
Correlations between GBJWS and other variables
|
M(DT) |
2 |
3 |
4 |
5 |
||
|
1. GBJWS (1-5) |
2.38(.732) |
.317** |
.178** |
.441** |
.431** |
|
|
2. Fatalism (1-6) |
2.18(.722) |
.384** |
.232** |
.159** |
||
|
3. RWA (1-5) |
2.84(.960) |
.041 |
.052 |
|||
|
4. SD (1-5) |
1.85(.625) |
.355** |
||||
|
5. SJ (1-9) |
3.42(1.19) |
|||||
|
** p<.01 |
||||||
Discussion
Belief in a Just World (BJW) represents a fundamental aspect of justice motives, sparking increased research interest aimed at both conceptual and empirical elucidation. In particular, the ongoing scrutiny of BJW underscores the necessity for instrument adaptations in diverse cultural contexts to facilitate comprehensive investigations of this concept.
As advocated by Shin and Hampton (2023), individuals’ awareness of undesirable life events tends to diminish their perception of fairness and justice, while an awareness of positive experiences correlates with a stronger conviction that the world operates justly. Furthermore, scholars like Mikani and Refiee (2022) have highlighted the influence of BJW on people’s interpretations of violent incidents. In a similar vein, studies have explored its implications in contexts such as fostering positive identification with the host country post-migration (Leite et al., 2017) and its role in shaping explanations for intimate partner violence (Gracia, 2002; Gracia et al., 2010; Valor et al., 2011; Valor et al., 2014; Vargas et al., 2015).
In conclusion, the adaptation of measurement instruments tailored to specific cultural settings significantly enhances research endeavours in these diverse areas, allowing for a deeper understanding of the multifaceted impact of BJW.
In terms of its validation, the adaptation of the GBJWS to the Spanish context among the general population demonstrates robust psychometric qualities, fulfilling the criteria for reliability. The internal consistency coefficient underscores the instrument’s strength, in line with similar validations in diverse cultural samples. Notably, our results affirm the unidimensional nature of the scale, with nearly half of the variance explained by the set of items.
Item-wise analysis reveals that item 5, “I believe that people get what they deserve,” significantly contributes to explaining the underlying factor, embodying the core essence of BJW. Conversely, item 4, “I believe that people who have bad luck have brought it on themselves,” contributes the least. As Schmitt (1997) asserts, a format of generic questions does not confuse BJW with domains, criteria, agents, etc., which can introduce additional sources of variance and undermine construct validity.
The generic nature of the items empowers participants to express their personal justice perceptions without the imposition of specific aspects through the items themselves. The gender differences uncovered underscore the discriminative power of the scale, highlighting distinct levels of belief in a just world between men and women, with women registering lower scores. These findings align with prior research (Bègue & Bastounis, 2003; Esposito et al., 2022), warranting further investigation in future studies.
In terms of convergent validity, our results align with expectations. BJW exhibits moderate-level correlations with Fatalism, SDO, RWA, and SJ. While BJW and SDO share a positive and significant relationship, they distinctly influence processes such as stigmatization and perceptions of social justice, as observed in studies by Smith & Stathi (2022) and Etchezahar et al. (2022). Furthermore, research by Jones and Brimbal (2017) underscores the significance of BJW and RWA in contexts like jury decision-making.
Laurin et al. (2011) contend that when individuals cannot restore actual justice, they restore psychological justice, a concept aligned with the insights of Hafer and Bègue (2005) and Jost and Kay (2010). Another perspective, advocated by Augostinos (1999), posits that socially threatening events such as poverty, inequality, and racism are collectively experienced, leading to the legitimization of such phenomena. Consequently, individuals from disadvantaged backgrounds may be unfairly blamed, maintaining the status quo and upholding conservative ideologies (Furnham, 2003). Reactions to injustice and the perception of inequality wield a profound influence on the development of BJW.
Taking Spain’s context into account, where inequality levels are alarming in comparison to the rest of Europe (Anghel et al., 2018). Lerner’s (1980) assertion that observing an unjust or unequal reality motivates restoration, either through actions or distortion of personal observations, becomes particularly relevant. This, in turn, impacts the perception of other phenomena, including causal attributions of poverty (Moreno-Jiménez, 2015).
Given these multifaceted dimensions, delving deeper into the study of BJW is indeed pertinent. As a prospective avenue for research, we propose the evaluation of BJW across different countries and cultures to unravel potential variations and further illuminate the intricate nuances of this concept.
References
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Este artículo da cuenta de un estudio sobre la construcción de subjetividades en los procesos de convivencia a partir del análisis de un cuerpo documental seleccionado de investigaciones permitiendo avanzar en la comprensión de las subjetividades, como un constructo asociado a un mundo representacional del sujeto individual o colectivo experimentado como tal en un contexto histórico-cultural con características propias (Rodríguez y Obando, 2016).
La subjetividad es un sistema de percepciones, valoraciones y conceptualizaciones del sujeto que se organizan a partir de su experiencia vital e interacción con los sistemas sociales (Rodríguez, 2016; González, 2019). Se representan psicológica y socialmente a partir de procesos de subjetivación (Foucault, 2001a; 2001b). Es la expresión del self o sí mismo. Es un sistema múltiple y activo de significaciones, relaciones y construcciones de lo humano, que opera en la experiencia consciente del sujeto (individual y social) (Mead, 1934; Tajfel, 1984; Canto y Moral, 2005). Esta se relaciona con la reflexividad, referida esta última, a la capacidad de la propia experiencia individual y de la construcción de sentido en la conversación consigo mismo y con los otros (Serna-Dimas et al., 2020).
En otras palabras, la subjetividad es una manera de ser, sentir, actuar y convivir en el mundo de la vida. Es un modo particular de construir la realidad social mediante procesos de interacción dados en la vida cotidiana de los sujetos a partir de sus vivencias. No obstante, la construcción del sujeto se da a partir de la producción discursiva de su identidad mediada por una cultura. En este sentido, la noción de subjetividad está relacionada con “la producción discursiva de la identidad y el carácter lingüístico/simbólico de la perfección y presentación del yo…, donde se excluye la noción de interiorización de ideas, ideales y normas compartidas” (Bouzanis, 2022, p. 185).
Por consiguiente, en psicología social, la subjetividad es un concepto fundado en los significados y en las interacciones sociales dadas en el mundo de la vida compartida y en la construcción social de la realidad en un entorno ecológico y cultural mediado por la percepción de los sujetos y la representación de los objetos (Bautista, 2018). En este contexto, se destacan diferentes enfoques epistemológicos y teóricos los cuales permiten comprenderla a partir de las relaciones sociales e interacciones cotidianas de los sujetos, mediada a su vez, por el discurso, las emociones, las normas culturales y las estructuras sociales.
A partir de los aportes de Bautista (2018), las relaciones sociales hacen referencia a “todas las interacciones establecidas entre las personas reguladas por normas sociales de acuerdo con la cultura de un grupo social específico” (p. 148), posibilitando la convivialidad o convivencia. Estas relaciones se inician en el proceso de socialización dado a través de vínculos afectivos y sociales entre dos o más personas, en el cual satisfacen necesidades humanas (básicas, afectivas y sociales) a partir de la motivación, la cognición, la percepción, la acomodación y el aprendizaje social. También, están mediadas por la comunicación, la empatía y los valores culturales, tales como el respeto, la confianza, la autonomía, la identidad, la solidaridad y la alteridad.
De esta manera, la psicología social permite comprender cómo estas relaciones sociales influyen en el comportamiento humano, cuáles son sus fundamentos, las normas y las prácticas que modelan las convivencias entre las personas, los grupos sociales y las comunidades; el vínculo social y sus diferentes formas, la percepción interpersonal y los diversos tipos de relaciones sociales (interpersonales, organizativas y socioculturales) establecidas en la sociedad.
Puntualmente, se desconoce el estado actual de la investigación en torno a las subjetividades y convivencias en Iberoamérica. Por tanto, el objetivo del presente estudio se fundamentó en realizar una revisión documental de la literatura científica con el fin de comprender el concepto de las subjetividades buscando problematizar las convivencias en diferentes contextos. Se pretende con ello aportar a una mayor claridad en torno a su conceptualización a partir de los enfoques epistemológicos y teóricos en el marco de la psicología social. Asimismo, se espera contribuir al conocimiento en las formas constitutivas de la subjetividad e intersubjetividades presentes en los procesos de convivencia humana en un contexto comunitario.
Los resultados de investigación de este estado del arte muestran el desarrollo del conocimiento acumulado, el tejido que se obtiene entre diversos ejes temáticos, las situaciones problemáticas, las epistemologías, las teorías y metodologías que se abordan en el estudio de las subjetividades y convivencias en diferentes contextos. Se presenta la discusión junto con los resultados facilitando al lector la comprensión del entramado temático que se construye.
Las conclusiones presentan las tendencias asociadas al desarrollo del conocimiento sobre la construcción de subjetividades e intersubjetividades, las problemáticas asociadas con las relaciones de sociabilidad mediadas por las emociones y el lenguaje en la interacción cotidiana, así como las dimensiones esenciales para la comprensión de las convivencias en diferentes escenarios. A medida que se fueron estableciendo los códigos se develaron las asociaciones entre categorías, creando finalmente las redes temáticas.
Método
Se realizó una investigación documental a partir de la selección y lectura de documentos bibliográficos mediante un análisis textual y categorial haciendo uso de instrumentos tecnológicos en la búsqueda, selección, registro y sistematización a través de Excel y del software Atlas ti, versión 22, que apoyaron el desarrollo de los ejes temáticos, las relaciones semánticas y las reflexiones analíticas. Esta revisión permitió la elaboración de un estado del arte referido al estudio del conocimiento acumulado escrito dentro de un área de conocimiento, en este caso desde la psicología social. Por consiguiente, da cuenta del sentido del material sometido al análisis y se revisa en detalle (Londoño et al., 2016).
El estado de arte permite hacer un balance de la producción investigativa y proyecta nuevos escenarios de indagación a partir de la sistematización rigurosa del conocimiento acumulado (Guevara, 2016; George, 2019). Posibilita tomar una postura epistemológica, teórica y metodológica como punto de partida en cualquier proceso de investigación. Da cuenta de la información actualizada sobre cualquier fenómeno al comprender sus desarrollos epistemológicos, teóricos y empíricos, así como su estado actual en un escenario espaciotemporal; permite comprender el fenómeno desde diferentes puntos de vista, convergentes, divergentes o ausentes (George, 2019).
A partir de Londoño et al. (2016) se utilizaron dos fases. La primera, fase heurística centrada en la búsqueda y selección del material bibliográfico el cual incluyó a su vez, cinco etapas: preparación, exploración, descripción, formulación, recolección y selección. La segunda, la fase hermenéutica, como método de interpretación textual fundada en la lectura, la correlación y el análisis crítico de la información, según el grado de interés y la necesidad de investigación. Esta fase incluyó tres etapas: lectura, construcción teórica y publicación.
La búsqueda bibliográfica se realizó en las bases de datos científicas de Scopus y Sciencedirect, dando prioridad a publicaciones indexadas de alto nivel global de los últimos siete años (2016-2022). Estas bases de datos permiten búsquedas de investigaciones de acceso abierto por autor, título, año, tema institución editorial, áreas de conocimiento y palabras clave. La estrategia de extracción de los datos se realiza a través de la búsqueda y consulta documental online en tres idiomas (inglés, español u portugués), teniendo presente las siguientes palabras claves: “subjectivity” AND “social psychology”; “subjectivity” OR “intersubjectivity” AND “social psychology”; “Community” AND “coexistence”. Los criterios de búsqueda fueron artículos científicos y artículos de revisión.
Se identificaron 329 documentos en Scopus y 3.669 en ScienceDirect para un universo de 3.998 documentos, del cual se seleccionaron 57 documentos, tal como se ilustra en la figura 1 y 2, siendo 16 artículos de revisión y 41 de investigación empírica.
Figura 1.
Búsqueda bibliográfica en Scopus.

Fuente: elaboración propia.
Figura 2.
Búsqueda bibliográfica en ScienceDirect.

Fuente: elaboración propia.
Estos artículos se ubican en Latinoamérica (32) distribuidos en Brasil (19), Colombia (5), Chile (3), México (1), Perú (1), Puerto Rico (1), Venezuela (1), El Salvador (1); en Europa (15) distribuidos en España (5), Francia (2), Italia (2), Finlandia y Dinamarca (1), Nueva Zelanda (1), Portugal (1), Reino Unido (1), Rusia (1), Suecia (1); en Estados Unidos (6); en India (2); en Malasia (1); y en Sudáfrica (1).
En cuanto a la producción por región se destaca Brasil, Estados Unidos y España a partir de las palabras claves: “subjectivity” AND “social psychology”; “subjectivity” OR “intersubjectivity” AND “social psychology”, tal como se ilustra en la figura 3.
Figura 3.
Producción por región de “subjectivity” AND “social psychology”.

Fuente: elaboración propia.
Figura 4.
Producción por región de “Community” AND “coexistence”.
En cuanto a la palabra clave “Community” AND “coexistence”, se destaca España, Estados Unidos y Chile, tal como se ilustra en la figura 4.

Fuente: elaboración propia.
Resultados y Discusión
Situaciones problemáticas asociadas a las subjetividades y convivencias
Las situaciones problemáticas relacionadas con la construcción de subjetividades y convivencias agrupan tres perspectivas para su comprensión y abordaje. En este contexto, se hace referencia a la palabra “convivencias” en plural al reconocer su diversidad y la pluralidad de escenarios de interacción encontrados en esta revisión, así como los diferentes ámbitos de referencia tales como lo social, lo comunitario, lo intercultural, lo pacífico y lo digital/online, tal como se ilustra en la red temática de la figura 5.
Figura 5.
Situaciones problemáticas en la construcción de subjetividades y convivencias.

Fuente: elaboración propia.
En cuanto a las frecuencias en la figura 5, el enraizamiento representado por la letra “G” muestra el número de citas correspondiente a cada código establecido y la densidad representada por la letra “D” hace referencia al número de enlaces entre los códigos establecidos en las redes temáticas elaboradas. En este sentido, se establece la categoría “convivencias” basada en una coexistencia pacífica y asociada a diferentes tipologías, entre ellas, la convivencia social con 14 citas, la intercultural con 22 citas, la comunitaria con 79 citas y la digital u online con 39 citas.
A continuación, se describen aspectos relevantes de las convivencias en sus diferentes contextos, sus problemáticas y abordajes desde la psicología social:
a) La primera perspectiva se relaciona con las redes personales, vínculos y lenguaje mediados por el sufrimiento y el trauma psicosocial en la construcción de paz representada con 12 citas. Aquí se encontraron 10 estudios relevantes en el contexto colombiano en Latinoamérica, Estados Unidos, Sudáfrica, Malasia y la India. Los aspectos comunes se centran en la recuperación de la memoria y el desarrollo de estrategias de afrontamiento psicosocial para la superación del trauma personal y colectivo, así como la construcción de paz en las comunidades afectadas por el conflicto armado. Las particularidades se centran en entender la convivencia como un proceso natural, cultural y pacífico sin importar el contexto de interacción y en un modo de intervención terapéutica para la superación del trauma, la reconciliación y la construcción de paz. En esta perspectiva toma mayor relevancia Colombia por el número de artículos encontrados en la búsqueda.
Sánchez-Villafañe y Quiceno-Pérez (2016) destacan que la convivencia en Colombia ha sido fracturada por altos índices de violencia, la cual ha exigido el desarrollo de políticas públicas para la construcción de acuerdos, la superación de los conflictos y la construcción de buenas relaciones entre las personas y las comunidades.
Gumb (2018), en el contexto de las experiencias e historias traumáticas del ser humano establece una relación con el heroísmo; por tanto, propone la recuperación de narrativas hacia la constitución de subjetividades que superen las heridas, el sufrimiento y la venganza. En este sentido, destaca tres elementos: resiliencia, reconciliación y resistencia en las propias narrativas de recuperación buscando encontrar el héroe detrás de estas historias de vida personal o ficticia.
Osorio-Cuellar et al. (2017) en Colombia destacan la terapia grupal narrativa comunitaria como una estrategia de atención psicosocial para la salud mental, siendo necesaria la adaptación a la diversidad de saberes y expresiones de las víctimas, mayor empatía entre los agentes y los usuarios y la mejora en los espacios que garanticen seguridad, confiabilidad y vínculos entre las personas y las organizaciones presentes.
Maya-Jariego et al. (2019) analizan las redes personales, los medios sociales y la cohesión comunitaria como estrategias para la construcción de paz en las comunidades, siendo los líderes sociales o comunitarios fundamentales en el manejo de los conflictos y la promoción de la convivencia en sus territorios. También se identifica el principio de la coexistencia pacífica como un medio de sostenibilidad social sustentada en un estado de dependencia mutua y regulada por rituales culturales, tales como Yajña de las comunidades aborígenes de la india (Mahadevan, 2014).
Hadi y Asl (2020) analizan la identidad femenina como víctimas arquetipas y la identidad masculina como poderosa a partir de lo imaginario y lo simbólico representado en personajes del contexto sociocultural mediante relatos y narrativas. Esto describe una subjetividad hegemónica, deshumanizada y universalizadora, principalmente en el contexto iraní.
Kundu (2022) destaca la comunicación no violenta como un elemento mediador en torno a las diferencias y las situaciones de conflicto. Tiene como base los cinco pilares de la no violencia de Gandhi: respeto, comprensión, aceptación, aprecio y compasión. En los hábitos cotidianos esta fomenta una coexistencia armoniosa no solo entre los seres humanos, también con la naturaleza y demás seres vivos.
Akhurst (2022) a partir de los conceptos de paz y reconciliación resalta el desarrollo de la paz interior, la paz interpersonal, la reconciliación entre los grupos y la justicia social como ejes constructores de una convivencia pacífica. Asimismo, destaca el papel de la comisión de la verdad en la consolidación de la paz en una nación tal como se ha desarrollado en Colombia y Sudáfrica.
b) La segunda perspectiva hace referencia a la sociabilidad y subjetivación en el mundo digital o en línea a través de las redes sociales utilizadas principalmente por las juventudes y líderes comunitarios. Cabe destacar que los líderes comunitarios utilizan estas redes como medios de comunicación y participación entre los miembros de la comunidad que representan las cuales facilitan la convivencia. Aquí se encontraron 10 estudios, 12 citas y una densidad de 5 asociaciones establecidas.
En esta línea, Yaremych y Persky (2019) analizan los métodos para el seguimiento o rastreo del comportamiento humano físico e interpersonal en la realidad virtual, en el contexto de la psicología social en la que se identifican variables como enfoque social y la evitación, el sesgo y la evaluación de un otro social y el compromiso para medir patrones de comportamiento en este mundo digital.
Kim y Faith (2020), estudian los efectos adversos del ciberacoso en jóvenes inmigrantes, siendo el ocio y la información factores de riesgo y de protección al usar de manera intensiva las tecnologías de información y comunicación (TIC) y las redes sociales lo cual afecta su desarrollo, aprendizaje, socialización e interacción.
Lopes y Ventura (2021) realizan una lectura fenomenológica de la intersubjetividad en lo digital/online dado en el mundo de la vida, que afecta la comprensión de uno mismo y la relación con el otro cuando interfiere en las dimensiones culturales, en las nuevas percepciones del mundo y en la salud mental de los sujetos desde una actitud crítica para su comprensión y abordaje.
De Miranda (2021) analiza los sentidos y significados de los usos de internet y redes sociales donde se reconfigura la construcción de vínculos afectivos y comunitarios entre las juventudes de la periferia de una ciudad en Cuba. Asimismo, se identifican ciertos riesgos relacionados con la privacidad y la intimidad de las personas desde el punto de vista moral. También se fortalecen nuevas formas de reconocimiento, lazos afectivos y de amistad.
En Suecia, Edenroth-Cato y Sjöblom (2022) abordan la biosociabilidad2 en procesos de interacción en línea con jóvenes de rasgos de personalidad altamente sensibles (PSH), mostrando la formación de una subjetividad propia entre los participantes a partir de la autorreflexividad, la superación personal y el cuidado de otros como tecnologías del yo, además de la producción e impugnación de normas y la normalización de sus experiencias emocionales.
Las interacciones sociales basadas en la internet y las redes sociales virtuales abordan las percepciones de los sujetos, la configuración de la identidad y la construcción de los vínculos afectivos y comunitarios influenciados por la cultura mediática (De Miranda, 2021). En este campo, las relaciones de sociabilidad y los contornos de la subjetividad han cambiado con el advenimiento de las plataformas y los medios digitales. Las relaciones y la convivencia online generan nuevas formas de interacción social, siendo las redes sociales, los principales medios que las producen. Así, las juventudes y líderes comunitarios actualmente dan relevancia a estas herramientas en sus relaciones cotidianas y procesos de gestión cotidiana.
En esta misma perspectiva, Nagatsu y Salmela (2022) abordan la construcción de nichos afectivos colectivos a través de medios y redes sociales, sustentados en la afectividad situada y la motivación social generando impactos en el bienestar subjetivo, la desregulación emocional, las metas y normas compartidas principalmente en los jóvenes.
c) La tercera perspectiva aborda la desigualdad y fragmentación social en las prácticas de sociabilidad cotidiana de las comunidades en el territorio. Tiene presente las relaciones cotidianas entre los sujetos en cualquier contexto territorial en donde se gestan ciertas tensiones y conflictos, ya sean interculturales, sociales o políticos. Se encontraron 20 estudios y 28 citas.
Aquí, se identifican los aportes de Meira et al. (2016), al estudiar las configuraciones de la participación política de los dirigentes de un partido político en el Brasil, encontrando características únicas de los sujetos, motivaciones, barreras y condicionantes para su ejercicio. Nollert y Sheikhzadegan (2016) abordan la integración e inclusión social de las personas y los sistemas en los procesos de interacción social entre grupos sociales, culturas y comunidades, dando relevancia a la tolerancia multicultural.
En esta misma línea, se vincula la coexistencia en la ciudad o contexto metropolitano, siendo esta un espacio de interacción social, donde se presentan problemas de convivencia y conflictos interculturales con refugiados, como en el caso de Barcelona, en Europa (García y Bak, 2022); y la integración de musulmanes en Suiza (Nollert y Sheikhzadegan, 2016; Aragón et al., 2018).
Las interacciones sociales dadas en un contexto territorial particular denotan una convivencia comunitaria, ciudadana o sociocultural; por tanto, se tiene como referencia el concepto de comunidad3 asociado a la afectividad, a valores fundados en el respeto, solidaridad y tolerancia, y a la participación de los sujetos individuales y colectivos (Millán-Franco et al., 2019), el fortalecimiento de vínculos afectivos, sociales y comunitarios (Moliner y Auxiliadora, 2017; Andrade et al., 2022), la identidad personal y cultural (Lopes y Ventura, 2021; Name-Risk y Dos-Santos, 2021), las normas sociales y valores culturales, tales como la solidaridad, la alteridad, la justicia y la equidad (García y Back, 2019; Bayón y Saraví, 2019), las relaciones interpersonales mediadas por valores sociales, la participación y acciones colectivas en un espacio determinado (Dos Santos y Engler, 2021), y finalmente, las relaciones y los medios sociales los cuales permiten la mediación y la promoción de las convivencias en la construcción del tejido social (Sánchez-Villafañe y Quiceno-Pérez, 2016; Valente y Valera, 2018; Iglesias-Pascual et al., 2023).
Por consiguiente, estas convivencias se desarrollan en sintonía con los procesos de sociabilidad y las relaciones intersubjetivas dadas entre los sujetos en un contexto histórico-cultural el cual da sentido a sus interacciones cotidianas mediadas por: a. La estructura social. b. La motivación social fundada en la afectividad, la solidaridad y la empatía, y c. Las relaciones intersubjetivas presentes en los medios sociales, el tipo de comunidad y su relación con el mundo de la vida.
2 Una nueva forma de sociabilidad y activismo, centrada en diagnósticos genéticos, el discurso biomédico y las características dialógicas compartidas. La biosociabilidad en línea hace referencia al trabajo discursivo que las personas realizan al compartir e intercambiar experiencias y conocimientos en torno a preocupaciones similares sobre la salud y las enfermedades en contextos en línea (Edenroth-Cato y Sjöblom, 2022).
3 “Un grupo social dinámico, histórico y culturalmente construido y desarrollado preexistente a la presencia de investigadores e interventores sociales” (Montero citado en Sánchez-Villafañe y Quiceno-Pérez, 2016, p. 58), el cual permite construir sentido de vida a los sujetos en un espacio y tiempo determinado. Se funda en procesos de identidad, solidaridad, participación y desarrollo.
Epistemologías asociadas a la psicología social en la comprensión de las intersubjetividades y convivencias.
La psicología social es un campo de estudio particular de la interacción humana dentro de la disciplina psicológica, que despliega diversas posturas epistemológicas, ontológicas, metodológicas y éticas desarrolladas a partir de tradiciones ideológicas y problemas emergentes de la realidad social. Por ende, es un campo con múltiples posturas que la hacen diferente, pero a la vez contradictoria (Bocanegra et al., 2017).
En esta revisión, su marco comprensivo se desarrolla en tres contextos geográficos distintos (Europa, Estados Unidos y Latinoamérica), influenciado no solo por la psicología, sino que también se destacan aportes de otras disciplinas tales como la filosofía, la antropología, la historia, la sociología, la educación, entre otras. Esto surge desde la práctica social gestada en el contexto geográfico, sociocultural, económico y político de la época, en la producción del conocimiento y en la intervención de los problemas sociales, tal como se ilustra en la figura 6.
Siguiendo a Bautista (2018), la psicología social europea surge a mediados del siglo XIX desde una postura sociológica del comportamiento humano con los aportes de Emile Durkheim y Le Bon, quienes analizan la interacción social a partir de la vida colectiva y la configuración social de las personas a partir de los estudios de campo y la vida cotidiana. Su principal interés son los procesos de socialización, la construcción social y simbólica de la identidad, la desviación social, el control social, los roles y el comportamiento en masa.
En la red temática de la figura 6 se muestran los paradigmas epistemológicos encontrados en esta revisión siendo influenciada por cinco posturas paradigmáticas en el estudio de las intersubjetividades y convivencias. Se tuvieron en cuenta 25 estudios. Entre ellas se acentúa la psicología discursiva con 11 citas y una densidad de 6 asociaciones desarrollada en Europa e influenciada por el estructuralismo y posestructuralismo; inicialmente, desde el posestructuralismo surgido en Francia a mediados del siglo XX, siendo Michel Foucault y Jürgen Habermas, algunos de sus principales exponentes, quienes gestaron una crítica al estructuralismo, siendo la cultura y el lenguaje, una estructura y a su vez, los principales mediadores entre la realidad social y el pensamiento.
Figura 6.
Paradigmas epistemológicos de la psicología social en el estudio de las intersubjetividades y convivencias.
Fuente: elaboración propia.
El posestructuralismo tiene asocio con el construccionismo social a partir del trabajo de Foucault en tanto que surge el interés por el análisis histórico de los mecanismos del poder y las prácticas institucionales (Hüning y Coelho, 2018), siendo esta a su vez una postura epistemológica en el campo de la psicología social. En este contexto se le da relevancia al discurso y a las narrativas para dar cuenta de los fenómenos culturales, sociales y políticos.
Aquí, se destacan los aportes de Cornejo et al. (2016), quienes debaten las posiciones estructuralistas con las del construccionismo social dando relevancia a las prácticas discursivas en el estudio de la subjetividad y la construcción del sujeto. También se aborda la fenomenología husserliana en el estudio del fenómeno online en el mundo de la vida y la comprensión del sujeto y su relación con los otros a partir del desarrollo del Internet (Pereira Da Silva y Ventura, 2021).
La psicología social estadounidense a finales del siglo XX, surge una postura construccionista en el estudio de la subjetividad e intersubjetividad la cual reevalúa de forma crítica los conceptos de la psicología social y la forma cómo se estudian sus problemas dando relevancia a las construcciones de los actores sociales a partir de su práctica social, histórica y cultural (Ibáñez en Bautista, 2018). En este sentido se destaca el construccionismo social o socio construccionismo de Kenneth Gergen, quien hace una crítica a la psicología empírica, racionalista e individualista en el estudio de los fenómenos sociales, surgida en Estados Unidos, con aportes posteriores en diversas regiones del mundo. Esta postura presenta una frecuencia de 12 citas en el rastreo y lectura de los textos.
El fundamento del construccionismo social se centra en los procesos culturales mediados por el lenguaje el cual permite la construcción del mundo social, clave en la compresión de la subjetividad e intersubjetividad. Del mismo modo, las historias, el discurso y las narrativas toman relevancia en cuanto declaran estados psicológicos humanos y sostienen o alteran patrones sociales de interacción a partir de sentidos y significados dentro de un sistema cultural. De igual manera, sus principales campos de estudio son la emoción, la memoria, el lenguaje, la percepción, el sujeto, el género, la sexualidad y la identidad (Estrada y Diaz, 2007).
La reciente psicología social crítica se representa con 34 citas y una densidad de 6 asociaciones establecidas. Esta se desarrolla desde una postura constructiva, crítica y liberadora a partir de los planteamientos de Maritza Montero en Venezuela; Ignacio Martin Baró, en el San Salvador; Paulo Freire, en Brasil; Orlando Fals Borda, en Colombia, entre otros autores, al abordar problemas sociales relacionados con la colonización, la represión, el subdesarrollo, la pobreza, la desigualdad social, la violencia, la discriminación, etc.
También se destacan los aportes de Enrique Pichón Riviere con una postura crítica desde el psicoanálisis, desarrollada en Argentina, entre los años 60 y 70 del siglo XX, quien abordó el cambio social a partir de sus intervenciones comunitarias, grupales e institucionales al analizar el vínculo social y su dialéctica entre la estructura social (valores culturales e ideológicos) y la configuración del mundo interno del sujeto en sus procesos de interacción, centrando su análisis en la construcción social de la enfermedad mental. En esta revisión, no se encuentran estudios relacionados con este enfoque.
Según Bautista (2018), los fundamentos epistemológicos de la psicología social crítica en latinoamericana provienen de la teología, ética y filosofía de la liberación, la sociología militante o crítica y el paradigma constructivista. Sus principales categorías de análisis son la justicia social, el poder e ideología, el conflicto armado, la violencia política, las convivencias, el posconflicto y paz a partir de la comprensión y transformación de los problemas psicosociales de la realidad social y de las comunidades involucradas.
De manera análoga, se destacan los aportes de Blanco, Corte y Sabucedo (2018), quienes al hacer una crítica al construccionismo social resaltan el papel de la realidad, la estructura y el cambio social, presentes en el realismo crítico de Martin-Baró (2006). Por tanto, en el estudio de las convivencias y las intersubjetividades, es necesario el estudio de la ideología y la interdependencia mutua entre los distintos niveles de la realidad sociohistórica de los sujetos, al ser compartida y acompañada por una estructura social, en un contexto macro y micro donde se desarrollan las interacciones sociales.
Otro enfoque epistemológico latinoamericano relevante en el estudio de la subjetividad e intersubjetividades es el histórico-cultural de González Rey, en Brasil, quien, desde los aportes de la psicología soviética, analiza los fenómenos psicológicos de manera integral teniendo presente el cuerpo, la sociabilidad, la cultura y la mente humana (González, 2019). Este enfoque se representa con 91 citas y una densidad de 7 asociaciones. En este sentido, se integran las emociones a lo simbólico, más allá de los medios lingüísticos. Se gestan las unidades emocionales - simbólicas como sentidos subjetivos en movimiento constante y las configuraciones subjetivas (acciones), ambas presentes en los individuos, grupos e instituciones sociales (González, 2019).
En este enfoque las subjetividades individuales y sociales hacen mayor énfasis al papel de la motivación, la emoción y la imaginación de los sujetos. Por tanto, es fluida y relacional y no se reduce al lenguaje y al discurso como en el construccionismo social (Bouzanis, 2022). Desde esta perspectiva, se desarrollan las configuraciones y los sentidos subjetivos como principales constructos de esta postura (González, 2019; González-Rey et al., 2019).
Lo anterior se asocia con la psicología social crítica. puesto que cuestiona el papel de la psicología dominante en el abordaje de los problemas psicológicos y sociales de los humanos y sus contextos. De esta manera, se gestan nuevas formas teóricas y prácticas desde la disciplina buscando comprender de manera holística la vida humana y a su vez, transformar las realidades históricas, culturales, sociales y políticas de las personas y las comunidades marginadas y excluidas en la sociedad.
Finalmente, la psicología social es un cuerpo de conocimiento constituido y relevante de múltiples epistemologías para el estudio de las intersubjetividades y convivencias, siendo la postura foucaultiana y la fenomenología en Europa, el construccionismo social en Estados Unidos, la psicología social crítica y el enfoque histórico-cultural en Latinoamérica, las más desarrolladas.
Las subjetividades e intersubjetividades, ejes teórico-conceptuales para comprender las convivencias
En esta revisión y como se mencionó anteriormente, las subjetividades e intersubjetividades son constructos estudiados desde diferentes posturas epistemológicas y teóricas. Asimismo, están mediadas por múltiples contextos, tiempos y espacios de interacción social, mostrando dicotomías entre lo individual y lo colectivo, así como puestas en común y divergencias al estudiar este fenómeno.
Siguiendo a Cornejo et al. (2016) y González-Rey (2018), desde el siglo XIX, el estudio de las subjetividades surge a partir de premisas filosóficas (Kant, Hegel, Nietzsche, Gramsci, entre otros), sociológicas (Marx, Weber, Durkheim, Simmel, etc.) y psicológicas (Wundt, Freud, William James, entre otros). A comienzos del siglo XX se acentúa su estudio con autores tales como Castoriadis, Foucault, Guattari, Deluze, Vygotsky, Gergen, Habermas, entre otros. En América Latina con Zemelman, González Rey, Marín, entre otros.
En la figura 7, se presenta la red de relaciones entre las categorías establecidas desde la psicología social.
Figura 7.
Ejes teórico-conceptuales en la relación: intersubjetividades y convivencias
Fuente: elaboración propia.
En esta revisión 20 estudios muestran mayor interés por comprender las subjetividades (251 citas) y 8 las intersubjetividades (66 citas). Ambas se expresan en la vida cotidiana (24 citas) de los sujetos (51 citas) a partir de sus interacciones sociales. En la categoría subjetividades se establecen ocho elementos para su comprensión: percepciones (5 citas), significados (19 citas), discursos (53 citas), lenguaje (19 citas), identidad (13 citas), emociones (37 citas), sentidos subjetivos (34 citas) y configuraciones subjetivas (40 citas).
En este sentido, las subjetividades se construyen mediante redes de comunicación, emocionales, sociales y culturales en las experiencias humanas sin estar subordinadas a las relaciones de poder (González-Rey, 2019), y están presentes en un mundo offline u online (De Miranda, 2021; Lopes y Ventura, 2021; Edenroth-Cato y Sjöblom, 2022).
En esta revisión, la subjetividad se comprende a partir de sus trayectorias, del reconocimiento y la problematización de la identidad, singularidad, dignidad, libertad y motivación del sujeto en su entorno histórico – cultural a partir de unidades que integran emociones y procesos simbólicos de su mundo vital o cotidiano (González-Rey, 2018, 2019; Lopes y Ventura, 2021); se comprenden a partir de sentidos y configuraciones subjetivas que surgen de las experiencias emocionales y las acciones dadas en un contexto sociocultural (González Rey, 2019), esto sin que se restrinja a un nivel biológico o cultural (Meira et al., 2016).
Las intersubjetividades con un enraizamiento de 66 citas, están asociadas con las subjetividades; sin embargo, su diferencia se centra en reciprocidad e interrelación entre dos y más sujetos. Se expresa en las relaciones sociales (7 citas) y está asociada con las convivencias (44), escenarios donde se pone en juego estas relaciones a partir de la reciprocidad, los significados culturales y sociales, el consenso y los acuerdos.
Por consiguiente, las creencias, relaciones, normas y valores sociales son compartidos en los procesos de sociabilidad mediados a su vez por espacios, medios o sistemas sociales. Se tejen a partir de discursos, significados, lenguajes y transformaciones espacio-temporales, teniendo presente los modos de subjetivación, las relaciones sociales, los modos de expresión emocional o afectiva de los sujetos sociales. Por tanto, la dialéctica entre lo individual y lo social permiten comprender la condición única del sujeto (González-Rey, 2018). La comprensión de la experiencia intersubjetiva implica la aprehensión de la relación del yo y el otro yo en el mundo (Sokolowski, citado en De los Reyes, et al. 2019).
Desde la epistemología Foucaultiana, postura crítica en la psicología social, las subjetividades están asociadas a los conceptos de sujeto, modos de subjetivación y sociedad, ejes centrales en la reflexión sobre lo político, lo histórico, lo social, lo psicológico y lo ético como prácticas sociales en el contexto de la modernidad. Esto invita a su problematización arqueológica y genealógica (Hüning y Coelho, 2018). Se analiza la organización social y las institucionales a partir de discursos y prácticas, que a la vez inciden en la constitución de los sujetos.
En palabras de Foucault (citado en Hüning y Coelho, 2018), el sujeto es una forma con una constitución histórica y no una sustancia. Es resultado de la relación dialéctica con la sociedad y no el principio de esta. “Los modos de subjetivación hacen referencia a cómo el sujeto se experimenta en sí mismo, en un juego de verdad, en el que se relaciona consigo mismo” (p. 10). Ahora, desde el construccionismo social, la realidad social es interdependiente del sujeto e interpretada por él mismo. Así, el lenguaje y las prácticas discursivas son las únicas dinámicas constitutivas de la subjetividad (Santander en Cornejo et al. 2016; González Rey, 2019). Se opone a la dicotomía sujeto-realidad. No existe un yo aislado. Se construye en el discurso de la relacionalidad (Rodigou et al. 2013). Es en la relación que el sujeto crea su identidad y reconoce su subjetividad (Silva y Alexandre, 2019, p. 6). La realidad es social y relacional (Rodigou et al. 2013).
En cambio, en el enfoque histórico – cultural las subjetividades no son reducibles al lenguaje y al discurso, vincula unidades simbólico-emocionales. El sujeto es la unidad de toda producción social (González-Rey, 2013). El sentido subjetivo, “representa la forma de los procesos de subjetivación… a través de las unidades simbólico-emocionales” (González en Faria et al., 2016, p. 4). La configuración subjetiva, hace referencia a sus prácticas, que generan diversos procesos y signos. Desde esta postura, la subjetividad va más allá de lo intrapsíquico y de la conjunción individuo/sociedad puesto que incluye la diversidad. Igualmente, el sujeto, la cultura y la subjetividad, aunque son diferentes se integran en la vida cotidiana (Faria et al., 2016, p. 5). En este sentido, la subjetividad va más allá de los significados y construcciones intelectuales (González-Rey, 2019).
El contexto epistemológico y teórico de las subjetividades e intersubjetividades se constituyen en una ruta para la comprensión de las convivencias y las comunidades, siendo estas últimas, escenarios propicios de interacción social donde se reconoce al sujeto como unidad y totalidad a la vez, se gestan relaciones sociales, consensos y divergencias. De igual manera, permiten la construcción de realidad social en un contexto histórico-cultural determinado.
En este contexto, toman relevancia las relaciones intersubjetivas o vínculos sociales que se entretejen entre los sujetos en un contexto histórico-cultural, referido a colectivos, establecidos a partir de interacciones, prácticas, medios, motivaciones, afectos, percepciones, significados y unidades simbólico-emocionales que se comparten, y construyen a su vez. Estas relaciones pueden ser interpersonales, intergrupales o institucionales.
En fin, cuestionar las intersubjetividades y convivencias requiere profundizar de manera crítica en las tramas de la subjetividad social y política de los sujetos en sus contextos histórico-culturales. Esto implica comprender y desarrollar nuevas formas de convivencias a partir de escenarios de interacción y sociabilidad buscando explorar la calidad de las distintas relaciones intersubjetivas en un contexto particular. Es necesario potenciar el reconocimiento y el reencuentro consigo mismo, con los otros y con el mundo, desarrollar la empatía, la solidaridad y la alteridad en la vida cotidiana a partir de las dimensiones simbólicas, significados, sentidos y configuraciones subjetivas.
En la comprensión de las relaciones intersubjetivas presente en los procesos de convivencia, los aportes de la psicología social crítica toman mayor relevancia. Primero, centra su interés en analizar factores asociados a lo personal, lo sociocultural y lo socio-comunitario, ubicados en un tiempo y espacio determinados a partir de experiencias e interacciones cotidianas asociadas a sentidos y significados, vínculos y vivencias de los sujetos. Por tanto, se requiere una mirada crítica en la construcción de diálogos, consensos y divergencias.
Segundo, se parte de la vivencia como unidad de análisis de los sujetos (individuales o colectivos) en contextos específicos la cual vincula actuaciones que transgreden o transforman su mundo psicológico, social, político, cultural, intercultural, étnico o religioso. Además, se toma interés por las condiciones de desigualdad, vulnerabilidad, marginación y exclusión las cuales afectan sus interacciones cotidianas. En este sentido, toman relevancia los conceptos del sí mismo, de los otros, alteridad, solidaridad, diversidad e interculturalidad en la constitución de las intersubjetividades presentes en los procesos de convivencia en el mundo de la vida.
Conclusiones
Este artículo ha mostrado diversas problemáticas en torno a la construcción de subjetividades y convivencias en tres escenarios de interacción social como oportunidades para configurar nuevos conceptos y prácticas con los agentes sociales. Se destaca el proceso de construcción de paz en un territorio afectado por el conflicto armado, en la sociabilidad mediada por un entorno digital, y en las prácticas de sociabilidad cotidiana de una comunidad socio territorial, urbano o rural. A partir de estas problemáticas y escenarios se identifican dimensiones tales como lo biológico, lo comunicacional, lo emocional, lo espiritual, lo cultural, lo histórico, lo social, lo económico, lo comunitario, lo político, lo ético y lo territorial en la comprensión de sentidos, significados y situaciones de convivencia.
En el estudio de las intersubjetividades y convivencias se tienen presentes diferentes categorías lo que implica un análisis crítico desde la vida cotidiana. Entre ellas se destacan identidad y autorreflexividad; lenguaje y discurso; motivaciones y percepciones; emocionalidad y empatía; valores y normas socio-culturales; vivencias, roles y escenarios sociales; sociabilidad, medios sociales y contextos; significados, sentidos y configuraciones subjetivas; cognición social y salud mental, como categorías relevantes para la comprensión de las relaciones intersubjetivas en los procesos de convivencia partir de la experiencia vital (individual y colectiva), de las formas de interacción cotidiana y las estructuras organizativas establecidas por los sujetos.
En general, se encuentran investigaciones que abordan la construcción de subjetividad individual y colectiva sustentada en configuraciones, autoafirmaciones y posturas reproducidas por los sujetos en relación con el mundo de la vida. Se tiene como referente lo macro y micro en diferentes contextos de interacción. Esto implica comprender las relaciones del sujeto en sus contextos de interacción, así como la influencia que este ejerce sobre los otros y viceversa. Es necesario comprender su subjetividad y las relaciones intersubjetivas en la consolidación de las convivencias y la construcción de tejidos sociales.
El desarrollo del conocimiento sobre la construcción de subjetividades, intersubjetividades y convivencias se aborda desde una perspectiva comprensiva. Se recurre a diferentes epistemologías y teorías de la psicología social. Entre ellas se identifican la psicología fenomenológica y discursiva en el contexto europeo, la psicología construccionista en el contexto norteamericano, y la psicología crítica e histórico-cultural en Latinoamérica. Por tanto, el valor de la epistemología, la teoría y lo cotidiano son referentes claves para la construcción del conocimiento. En este sentido, es necesario tener en cuenta las implicaciones epistemológicas, ontológicas y metodológicas para estudiarlas desde cualquier postura y contexto de interacción.
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encaminhar o escolar para o diagnóstico e tratamento precoce. No entanto, uma dificuldade na efetivação de programas de saúde visual nas escolas está na falta de capacitação dos profissionais que lidam com os escolares, tendo estudos confirmado que os professores possuem pouco conhecimento sobre os sinais e sintomas de perda visual (Lemos et al., 2018; Gasparetto et al., 2001).
O presente estudo tem o objetivo de apresentar os dados epidemiológicos populacionais de dificuldades de aprendizagem relacionadas à visão em participantes do terceiro ano do Ensino Fundamental, coletados na Terceira Etapa do Programa Bom Começo na cidade de Nova Lima, Minas Gerais, Brasil. Primeiramente, foi verificada a prevalência de participantes com queixa de dificuldades visuais e de aprendizagem escolar a nível clinicamente relevante e severo. No segundo momento, foi verificado nos participantes sintomáticos, encaminhados para a avaliação com o Método Irlen, o nível de dificuldades e de desconforto com a leitura; a proporção de escolha, o nível de melhora da qualidade visual e a preferência de tonalidade das lâminas espectrais; assim como a frequência e o tipo de distorções visuais na leitura.
Método
Participantes
O presente estudo de prevalência possui delineamento transversal, com amostragem populacional e representativa. Foram convidadas para participar do Programa Bom Começo todas as turmas do terceiro ano do Ensino Fundamental de todas as 16 Escolas Municipais de Nova Lima, na região metropolitana de Belo Horizonte, Minas Gerais, Brasil. Foi analisada a coleta de dados realizada no período de setembro a novembro de 2013.
Na primeira etapa do Programa Bom Começo, profissionais (n = 35) participaram como ouvintes no curso de capacitação de Dificuldades de Aprendizagem Relacionadas à Visão (DARV), com apenas um do sexo masculino e 97% do sexo feminino. Os professores do Ensino Fundamental que participaram do curso (n = 22) caracterizaram-se por 41% lecionarem no turno da manhã e 64% da tarde; para uma a seis turmas (M = 2,6); e para 21 a 161 alunos (M = 57). Participaram voluntariamente como palestrantes médicos oftalmologistas.
Dentre os escolares da população-objeto que foram convidados para participar da pesquisa, 524 (40%) apresentaram o Termo de Consentimento Livre e Esclarecido (TCLE) devidamente assinado (Tabela 1). Destes, na segunda etapa do Programa Bom Começo, 422 participantes (8 a 12 anos de idade; M = 8,6 anos ± 0,6; 51,7% do sexo feminino) foram incluídos por apresentarem resultados válidos, uma vez que 102 alunos não participaram da triagem visual por: (a) não terem ido à escola no dia da avaliação ou (b) por não terem compreendido as instruções durante a triagem.
Na terceira etapa do Programa Bom Começo, os dados de 458 participantes (35% da população-objeto; 154% da amostra mínima estimada; oito a 12 anos de idade; M = 8,6 anos ± 0,7; 50,8% do sexo feminino) foram incluídos por apresentarem o Questionário de Caracterização de Dificuldades Visuais e de Aprendizagem (QVA) devidamente preenchido (Tabela 1). A partir desta triagem com o QVA, 72 participantes sintomáticos (15,7% dos triados; oito a 12 anos de idade; M = 9,4 anos ± 0,7; 55,6% do sexo feminino) foram encaminhados para a avaliação com o EPVL do Método Irlen (Tabela 1), tendo todos acuidade visual apresentada adequada para perto e para longe na etapa 2. Ou seja, nem todos que entregaram o QVA participaram da etapa 2, porém todos encaminhados para a avaliação com o EPVL tiveram a acuidade visual avaliada.
|
Tabela 1. Nome das Escolas Municipais com terceiro ano em Nova Lima e correspondente número de participantes que apresentaram o TCLE devidamente assinado, o Questionário de Caracterização de Dificuldades Visuais e de Aprendizagem (QVA) preenchido, e de encaminhamentos para avaliação com a Escala de Percepção Visual de Leitura (EPVL) do Método Irlen. |
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Nº |
Escola Municipal |
TCLE (n = 524) |
QVA (n = 458) |
EPVL (n = 72) |
|
1 |
E. M. Benvinda Pinto Rocha |
144 |
137 |
25 |
|
2 |
E. M. César Rodrigues |
8 |
3 |
0 |
|
3 |
E. M. Cristiano Machado |
9 |
2 |
0 |
|
4 |
E. M. Dalva Cifuentes Gonçalves |
8 |
3 |
0 |
|
5 |
E. M. David Finlay |
10 |
4 |
1 |
|
6 |
E. M. Dona Antonieta Dias |
10 |
6 |
0 |
|
7 |
E. M. Dulce Santos Jones |
17 |
13 |
3 |
|
8 |
E. M. Emília de Lima |
19 |
14 |
1 |
|
9 |
E. M. Florie Wanderley Dias |
53 |
52 |
9 |
|
10 |
E. M. Harold Jones |
48 |
41 |
12 |
|
11 |
E. M. José Brasil Dias |
74 |
71 |
5 |
|
12 |
E. M. José Francisco da Silva |
45 |
40 |
11 |
|
13 |
E. M. Martha Drummond |
42 |
39 |
0 |
|
14 |
E. M. Rubem Costa Lima |
16 |
14 |
0 |
|
15 |
E. M. Vera Vanderley Dias |
8 |
6 |
2 |
|
16 |
E. M. Vicente Estevão dos Santos |
13 |
13 |
3 |
|
Fonte: dados da pesquisa. |
||||
Em 2010, o município apresentou Índice de Desenvolvimento Humano (IDH) de 0,813, classificado como muito alto, de acordo com o Programa das Nações Unidas para o Desenvolvimento (PNUD) e taxa de escolarização de 6 a 14 anos de idade de 98,3%-1. O Índice de Desenvolvimento da Educação Básica (IDEB) dos anos iniciais do Ensino Fundamental municipal foi de 6,4 (média nacional = 5,3; Minas Gerais = 5,9), de acordo com o Censo educacional do Instituto Nacional de Estudos e Pesquisas Educacionais (INEP) (Ministério da Educação, 2013).
A partir do cálculo do tamanho da amostra, com nível de confiança de 95%, margem de erro 5%, e população-objeto de 1.303 escolares matriculados, estimou-se um mínimo de 297 participantes para a população amostrada (www.calculator.net/sample-size-calculator.html). A pesquisa foi realizada com a anuência da Secretaria Municipal de Educação de Nova Lima e das direções das escolas envolvidas. Todos os participantes apresentaram TCLE devidamente assinado pelos pais ou responsáveis legais e pelas próprias crianças. O estudo teve a aprovação do Comitê de Ética em Pesquisa da Universidade Federal de Minas Gerais, sob número de identificação CAAE: 49765115.0.0000.5149. A pesquisa levou em consideração os aspectos éticos pertinentes à investigação envolvendo seres humanos, conforme a Resolução nº 466/12 do Conselho Nacional de Saúde e do Código de Ética da World Medical Association.
Instrumentos
O equipamento Keystone Vision (Mast Concepts Inc., EUA), Modelo Universal Screener #1156, foi utilizado para a avaliação da acuidade visual. É um dispositivo eletromecânico, analógico e padronizado, composto por slides com estímulos visuais para avaliar a acuidade visual para longe e perto (monocular e binocular). A avaliação da acuidade visual para longe equivale à distância real de seis metros ou 20 pés.
O Questionário de Caracterização de Dificuldades Visuais e de Aprendizagem (QVA) (Fundação Holhos, 2010) foi utilizado para: (1) identificar a prevalência de participantes com queixa de dificuldades visuais e de aprendizagem escolar a nível clinicamente relevante e severo e (2) para triar aqueles que deveriam ser encaminhados para a avaliação mais aprofundada com o Método Irlen. Foram utilizadas 11 das 14 categorias do QVA, totalizando 98 questões dicotômicas (SIM/NÃO) sobre dificuldades com: (1) sensibilidade à luz (14 itens); (2) cansaço ou cefaléia durante atividades de estudo ou de lazer (11 itens); (3) percepção de profundidade (oito itens); (4) desempenho nos esportes com bola (nove itens); (5) cansaço dentro de um carro (10 itens); (6) leitura (12 itens); (7) Leitura no computador (10 itens); (8) matemática (seis itens); (9) escrita à mão (cinco itens); (10) copiar textos (oito itens); (11) fazer uma redação (cinco itens). Não foram incluídas as categorias: (12) atenção e concentração (oito itens); (13) música e leitura de partituras (oito itens); e (14) direção de veículos (nove itens).
A Escala de Percepção Visual de Leitura (EPVL) (Irlen, 2003) do Método Irlen foi utilizada para avaliar as dificuldades de aprendizagem relacionadas à visão, o nível de dificuldades e de desconforto com a leitura; o nível de melhora da qualidade visual e a preferência de tonalidade das lâminas espectrais; e para identificar a presença de distorções visuais na leitura. A EPVL é dividida em quatro seções, sendo a primeira composta pelos questionários de dificuldade e o de desconforto durante a leitura, com 16 questões cada (Tabela 2).
-11Taxa de escolarização de 6 a 14 anos de idade: IBGE, Censo Demográfico 2010.
Validation of the Global Belief
Tempus Psicológico
Ríos, M.L., Moreno, P. y Hernández, B.
Tempus Psicológico
Validation of the Global Belief
Tempus Psicológico
Ríos, M.L., Moreno, P. y Hernández, B.
Tempus Psicológico
Validation of the Global Belief
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Ríos, M.L., Moreno, P. y Hernández, B.
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Ríos, M.L., Moreno, P. y Hernández, B.
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Ríos, M.L., Moreno, P. y Hernández, B.
Tempus Psicológico
Psychosocial perspectives of the phenomenon of psychoactive substance consumption in adolescents.
Perspectivas psicosociales del fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes.
Valentina Valencia Orozco
Artículo de revisión
Recibido: 05/07/2023 – Aprobado: 10/09/2023 - Publicado: 03/12/2023
ISSN - 2619-6336
DOI: https://doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.4902.2024
Volumen 7-1 2024
1 Universidad de Manizales. Correo: vvalencia@umanizales.edu.co ORCID: https://orcid.org/0009-0004-9356-9251.
Perspectivas psicosociales del fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes.
Para citar este artículo
Valencia Orozco, V. (2024). Perspectivas psicosociales del fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes. Tempus Psicológico, 7(1), 217-239
Valentina Valencia Orozco1
Tempus Psicológico
Resumen
El fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas, parece ser un flagelo social al cual, la gran mayoría de los sistemas inmersos en la sociedad se han adaptado; pareciera que fuera un paisaje más de un escenario que por años permea de manera fuerte y sin piedad la vida de los individuos y sus familias, convirtiéndose en un modelo social que legitima ciertas formas de construir realidad.
Los adolescentes, son vistos por este fenómeno como un proyecto de fácil acceso y de demanda al futuro si logran acapararlos completamente, son los sujetos sociales de mayor fragilidad. Desde esta perspectiva emerge la construcción de las reflexiones personales y profesionales que se exponen en este escrito; no antes sin considerar claro está, las enunciaciones epistemológicas y ontológicas que la psicología puede pensar al respecto, desde una lógica psicosocial y ecológica, fundamentada en los principios disciplinares del enfoque sistémico de la psicología, considerando además la relación sujeto (psicólogo) - sujeto (consultante), como una base disciplinar fundamental para la construcción de nuevas praxis psicológicas en la comprensión y análisis del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes.
Palabras clave: consumo, psicosocial, adolescente, familia, sociedad.
Abstract
The phenomenon of the consumption of psychoactive substances seems to be a social scourge to which the vast majority of systems immersed in society have adapted; It seems that it was one more landscape of a scenario that for years permeates in a strong and merciless way the lives of individuals, their families, becoming a social model, which legitimizes certain ways of constructing reality.
Adolescents are seen by this phenomenon as a project of easy access and demand for the future if they manage to monopolize them completely, they are the most fragile social subjects. From this perspective emerges the construction of the personal and professional reflections that are exposed in this writing; Not before without considering of course, the epistemological and ontological enunciations that psychology can think about it, from a psychosocial and ecological logic, based on the disciplinary principles of the systemic approach of psychology, also considering the relationship subject (psychologist) - subject (consultant), as a fundamental disciplinary basis for the construction of new psychological praxis in the understanding and analysis of the consumption of psychoactive substances in adolescents.
Keywords: consumption, psychosocial, adolescent, family, society.
Tempus Psicológico
Introducción
La experiencia profesional en la psicología, puede ser un ejercicio altamente movilizador para quienes deciden vincularse con este proyecto de vida profesional. 14 años de experiencia profesional con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), han sido el pretexto perfecto para construir, deconstruir y continuar asumiendo que la psicología, no puede ser solo un instrumento más para señalar la carencia del otro, como bien lo dice Fernando Savater (2010), “el otro es el que confirma tu humanidad, no son los objetos” (p.12); cuando se reconoce en el otro un ser humano en toda su integralidad, el ejercicio profesional de la psicología tiene un sentido distinto, más dispuesto para el otro, un sentido que implica hacer por vocación y pasión, un sentido que invita a una intensión intangible pero necesaria y es el sentido de la transformación social desde la psicología.
La infancia, la niñez y la adolescencia, son claramente momentos vitales en la vida de todo individuo, marcan el camino y alistan el equipaje emocional y social con el que se llegará a la adultez, y sobre todo con el que se continuará tejiendo sociedad, desde su actuar (ICBF, 2016); es esta percepción además la que motiva el desarrollo de estas líneas, es la experiencia misma como profesional la que define la apuesta reflexiva de este escrito, que en apoyo con algunas revisiones teóricas de la perspectiva psicosocial y ecológica, permiten dar contexto a algunas enunciaciones críticas con respecto al consumo de sustancias psicoactivas (SPA) en niños y adolescentes.
La experiencia en el ICBF, en los procesos de restablecimiento de derechos de niños, niñas y adolescentes, se ha convertido además en el marco contextual de la configuración de argumentos que llevan a la comprensión holística de este fenómeno, entendiendo sus vulnerabilidades y las implicaciones desde los diferentes contextos de interacción del individuo. Barbosa et al. (2014) refiere que uno de los aspectos de mayor relevancia en los procesos de investigación con respecto al consumo de SPA en adolescentes tiene que ver con:
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Tempus Psicológico
Reconstruir la historia vital del adolescente en relación con el contexto sociofamiliar, el inicio del consumo y su relación con este. Igualmente, comprender el papel que juega la individuación y las relaciones con pares en el inicio y mantenimiento del consumo de SPA (p. 55).
Ferrel et al. (2016) en su investigación sobre el deterioro de la salud mental relacionado con el consumo de SPA en jóvenes, llaman la atención sobre los altos niveles de riesgo.
Los altos niveles de riesgo podrían deberse a la presencia de factores de riesgo psicosocial para el consumo de drogas psicoactivas en los adolescentes, como la presión social, familias disfuncionales, amistades inadecuadas y falta de habilidades sociales, las cuales podrían influir en el inicio a temprana edad del consumo, debido a que los resultados nos muestran una actividad moderada del consumo de alcohol y tabaco principalmente. Sin embargo, también se pueden encontrar factores protectores como el estrecho vínculo familiar, el afecto, expresiones de amor y cariño, apoyo grupal y comunitario, buen rendimiento académico, oportunidades de liderazgo en la institución educativa y la comunidad, y adecuadas habilidades sociales, lo cual facilitaría su alejamiento del consumo (p. 52).
En relación con lo anterior, en estas páginas que caminan entre la epistemología y la práctica, se aborda desde una perspectiva psicosocial y relacional con enfoque sistémico la importancia emergente de lo analítico en el fenómeno y el impacto recíproco, que se da con cada uno de los espacios vitales que configuran una pauta relacional con un adolescente que presenta consumo de SPA, proceso que además se complementa con la necesidad inmediata y fundamental de generar nuevas lecturas de realidad desde lo académico, lo profesional y lo personal en torno a este flagelo que se puede presentar en niños, niñas y adolescentes, en aras de generar también alternativas de acompañamiento que permitan la movilización del cambio en todos los contextos que hacen parte de la vida cotidiana de un adolescente que puede encontrarse en una situación adversa como el consumo de SPA.
Perspectivas psicosociales
Tempus Psicológico
Lo psicosocial: comprendiendo la relación sujeto psicológico y sujeto consultante en la comprensión del fenómeno del consumo de SPA en adolescentes.
Realizar un análisis psicosocial al fenómeno del consumo de SPA, implica en primera instancia comprender la categoría psicosocial, asumiendo una postura epistémica y ontológica; este primer momento del texto, tiene como finalidad el reconocimiento de la categoría de análisis psicosocial en dos dimensiones, la primera, planteada por un autor fascinante para el mundo de la psicología, Ignacio Martin Baró y la segunda en torno a una reflexión epistemológica desde el enfoque sistémico como una ruta de trabajo desde la intervención psicosocial, y las reflexiones que esta conexión permite configurar a partir del rol del psicólogo en el área social, así como su pertinencia en la generación de cambio y comprensión del consumo de SPA en adolescentes.
Los procesos psicosociales tienen un impacto altamente significativo en el desarrollo del ser humano, toda vez se convierten en procesos inherentes a la existencia humana, a la vida misma y sobre todo adquieren un carácter de significancia, de lo que es estar en el mundo, generando perspectivas de orden subjetivo que trascienden en los procesos de socialización primarios y secundarios (Yánez, 2010).
El carácter psicosocial de una experiencia está dado por la dimensión intersubjetiva e intrasubjetiva, inherentes a la naturaleza de las relaciones entre los sujetos. En otras palabras, el concepto de lo psicosocial es visto como la conjunción entre lo psicológico y lo social, permitiendo de esta forma una comprensión holística de las situaciones humanas entendidas como un todo orientado por los principios de dialogicidad, recursividad y hologramática. (Medina et al., 2007, p. 180).
En esta lógica experiencial de lo que significa lo psicosocial, se profundiza en dos aspectos importantes, el primero, en lo concerniente a lo relacional, comprendiendo el ejercicio pleno de vivir en el mundo como un proceso que implica a los otros y por lo tanto a la dimensión compleja de socializar entre sujetos, cada uno con sus propias realidades y construcciones sociales (Gergen, 2018). escenarios que se incorporan en las dinámicas sociales, impactando a los actores de esos contextos, que desde una vulnerabilidad personal y social se vinculan generando consecuencias significativas en todas sus dimensiones de desarrollo. “Las acciones implementadas en países americanos han tenido un proceso más lento, siendo más difícil dejar de lado el enfoque prohibicionista imperante” (Hernández et al., 2017, p. 10).Ahora bien, el segundo aspecto tiene que ver con la articulación entre lo psicológico y lo social, relación que permite confirmar la idea imprescindible, que el sujeto se construye desde sus particularidades, pero también desde sus relaciones con el mundo que lo rodea; así lo psicológico siempre estará en función de lo social y lo social en función de lo psicológico. Por lo tanto, esta relación estrecha estará siempre ligada a las construcciones del sujeto y la manera como significa su realidad (Agudelo & Estrada, 2013).
La comprensión de la categoría psicosocial desde una perspectiva sistémica, inicialmente puede entenderse como un estilo de vida propio del psicólogo, y no como un determinante de un campo de actuación especifico de la psicología, de allí la necesidad de enmarcarse en una lógica de trabajo que no limite el rol del psicólogo social en los procesos de intervención que puede protagonizar en un contexto determinado. “Para el construccionismo social, por lo tanto, el mundo social está conformado por conversaciones, concebidas como patrones de actividades conjuntas” (Rizo, 2015, p. 22).
Siguiendo esta percepción integral del trabajo de la psicología en campo nace una primera reflexión en torno a lo que significa construir realidad, desde la postura del psicólogo que hace un análisis psicosocial y el sistema que recibe el acompañamiento. Las construcciones que constantemente se hacen de la cotidianidad permiten comprender al mundo que se comparte con un otro, que de la misma manera construye y recrea una realidad.
La vida cotidiana como categoría de análisis, se puede conceptualizar como un espacio de construcción donde hombres y mujeres van conformando la subjetividad y la identidad social. Una de sus características esenciales, es el dinamismo de su desarrollo y la influencia que ejercen los aspectos que provienen de condiciones externas al individuo, tales como los factores sociales, económicos y políticos dentro de un ámbito cultural determinado. (Uribe, 2014, p. 101)
Así el espacio de análisis psicosocial se convierte en un encuentro de realidades, en donde se comparten construcciones individuales, de la propia experiencia, heredadas de la familia y la cultura, entonces el espacio de intervención psicosocial más que un momento para profundizar en las dificultades y carencias del otro, es un espacio intersubjetivo en donde se comparten y se construyen nuevas relaciones; Bateson afirma (como se citó en Artigau, 2022) “en su rol de observador, considera que solo puede estudiar relaciones en vez de cosas” (p. 8).
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El consumo de SPA, sin duda alguna, se puede leer como una acción propia de algunos escenarios que se incorporan en las dinámicas sociales, impactando a los actores de esos contextos, que desde una vulnerabilidad personal y social se vinculan generando consecuencias significativas en todas sus dimensiones de desarrollo. “Las acciones implementadas en países americanos han tenido un proceso más lento, siendo más difícil dejar de lado el enfoque prohibicionista imperante” (Hernández et al., 2017, p. 10).
Ahora bien, el segundo aspecto tiene que ver con la articulación entre lo psicológico y lo social, relación que permite confirmar la idea imprescindible, que el sujeto se construye desde sus particularidades, pero también desde sus relaciones con el mundo que lo rodea; así lo psicológico siempre estará en función de lo social y lo social en función de lo psicológico. Por lo tanto, esta relación estrecha estará siempre ligada a las construcciones del sujeto y la manera como significa su realidad (Agudelo & Estrada, 2013).
La comprensión de la categoría psicosocial desde una perspectiva sistémica, inicialmente puede entenderse como un estilo de vida propio del psicólogo, y no como un determinante de un campo de actuación especifico de la psicología, de allí la necesidad de enmarcarse en una lógica de trabajo que no limite el rol del psicólogo social en los procesos de intervención que puede protagonizar en un contexto determinado. “Para el construccionismo social, por lo tanto, el mundo social está conformado por conversaciones, concebidas como patrones de actividades conjuntas” (Rizo, 2015, p. 22).
Siguiendo esta percepción integral del trabajo de la psicología en campo nace una primera reflexión en torno a lo que significa construir realidad, desde la postura del psicólogo que hace un análisis psicosocial y el sistema que recibe el acompañamiento. Las construcciones que constantemente se hacen de la cotidianidad permiten comprender al mundo que se comparte con un otro, que de la misma manera construye y recrea una realidad.
La vida cotidiana como categoría de análisis, se puede conceptualizar como un espacio de construcción donde hombres y mujeres van conformando la subjetividad y la identidad social. Una de sus características esenciales, es el dinamismo de su desarrollo y la influencia que ejercen los aspectos que provienen de condiciones externas al individuo, tales como los factores sociales, económicos y políticos dentro de un ámbito cultural determinado. (Uribe, 2014, p. 101)
Así el espacio de análisis psicosocial se convierte en un encuentro de realidades, en donde se comparten construcciones individuales, de la propia experiencia, heredadas de la familia y la cultura, entonces el espacio de intervención psicosocial más que un momento para profundizar en las dificultades y carencias del otro, es un espacio intersubjetivo en donde se comparten y se construyen nuevas relaciones; Bateson afirma (como se citó en Artigau, 2022) “en su rol de observador, considera que solo puede estudiar relaciones en vez de cosas” (p. 8).
Desde esta perspectiva no solo cambia el sistema consultante, sino también el sistema que se acompaña, de allí que ese otro que se llama consultante o cliente hace parte de la experiencia psicológica y de las construcciones que emergen en ese rol.
Es que la unicidad de lo humano, su patrimonio exclusivo está en esto, en su darse un acoplamiento estructural social donde el lenguaje tiene un doble rol: por un lado, el de generar las regularidades propias del acoplamiento estructural social humano, que incluye entre otros el fenómeno de las identidades personales de cada uno; y por otro lado, el de construir la dinámica recursiva del acoplamiento estructural social que produce la reflexividad, que da lugar al acto de mirar con una perspectiva más abarcadora al acto de salirse de lo que hasta ese momento era invisible o inamovible, permitiendo ver que como humanos sólo tenemos el mundo que creamos con otros. (Maturana & Varela, 2004, p. 43)
El análisis psicosocial puede concebirse como un proceso inherente al desarrollo de la intervención como categoría global, y ha logrado avanzar de manera significativa desde los estudios elaborados en cuanto a la psicología social y la implicación oportuna del psicólogo en este campo como un interventor terapéutico que analiza todo un contexto, y asume acciones conjuntas de acompañamiento y direccionamiento hacia el cambio.
Paul Watzlawick (2012), quien sin ser psicoterapeuta de profesión, es un personaje que ha aportado bastante al campo del estudio del lenguaje y la comunicación; también es claro en términos de lo disciplinar, pues realiza anotaciones interesantes en función de aquellos conceptos que hacen parte de la construcción teórica del paradigma sistémico, la función del lenguaje en la transformación de contextos en los procesos de análisis psicosocial, y asume el concepto de cibernética, y su relación con la construcción de la realidad, por ende su inclusión dentro del espacio psicosocial.
Tom Anderson, fue uno de los terapeutas más reconocidos por su trabajo con relación a los equipos reflexivos. Su discurso permite observar desde la acción, en términos del quehacer psicológico algunas implicaciones relacionadas con la reflexividad dentro de la intervención psicosocial, así como la importancia de vincular diálogos externos con otras personas que observan el proceso que se asume entre psicólogo y consultante, todo esto en la lógica de la retroalimentación, la comprensión y la distinción. Aquí juega un papel fundamental el desarrollo de la construcción de realidades y su implicación, y la forma como se comprende el mundo propio del otro, no desde los juicios de valor sino desde los propios significados que construyen las personas acerca de su realidad (Sesma et al., 2016).
Berger y Luckman, como dos autores que han profundizado en la construcción de la realidad desde los procesos sociales, hacen alusión al construccionismo social, impactando en la interacción y en el símbolo (Dreher, 2014).
Estos cuatro autores, logran coincidir en un punto de encuentro importante, en donde se reconoce el lenguaje como un eje central en los procesos psicosociales y en la capacidad de transformación que puede darse en los contextos y en los actores sociales de estos escenarios, por lo que su perspectiva parte de una noción circular de los dilemas humanos y no lineal.
Otra variante epistemológica, base de la psicoterapia sistémica, es el concepto de recurrencia o de causalidad circular.
La circularidad expresa al contrario de la linealidad cómo en una secuencia de causa efecto, este impregna la causa primera, confirmándola o efectuando una modificación, y a través de esta recurrencia, la causa inicial en la progresión y dinámica del proceso se ve afectada. La conceptualización del proceso circular es aportada por la cibernética cuyo modelo se constituye por una unidad básica: el mecanismo de retroalimentación. (Ceberio & Watzlawick, 1985, p. 45)Los procesos de análisis psicosocial deben orientarse sobre un proceso de retroalimentación, de un ir y venir, de ahí la importancia de pensar en lograr generar diferenciaciones en el otro desde el retorno de la comunicación, lo que implica mejorar entonces el nivel de comprensión; ya no es solo lo primero que se dice, es también la modificación de lo que se dijo y la observación de segundo orden de eso que se dijo. Es necesario revisar la manera como se logra impactar desde el lenguaje en el otro, como no es necesario observar a un objeto, sino a un sujeto que comunica un mensaje, llega y se incluye en la propia experiencia y en la nueva abstracción que se realiza de una realidad, para construir una nueva comunicación con más profundidad, mayor comprensión y distinción (Boxó et al., 2013).
Keeney plantea, que la cibernética estudia de qué manera los procesos de cambio determinan diversos ordenes de estabilidad o de control. En esta medida el terapeuta debe ser capaz de distinguir no solo la retroalimentación simple que mantiene el problema presentado por su cliente, sino también la retroalimentación de orden superior, que mantiene esos procesos de orden inferior. (Ceberio & Watzlawick, 1985, p. 51)
Los niveles de observación permiten ubicar a las personas que interactúan en una conversación sobre lo que acontece o deja de acontecer; así en la primera observación se advierten interventor psicosocial y consultante, y en la segunda se evalúa la observación primera y el resultado de los aprendizajes allí obtenidos.
El ingreso del observador como un elemento más en el sistema, representa la evolución de las ideas originales de la cibernética, constituyéndose lo que se llamó cibernética de la cibernética o cibernética de segundo orden. Para Luhmann la cibernética de primer orden es la de los sistemas observados, la de segundo orden, la cibernética de los sistemas observantes (Becerra, 2022).
Es importante resaltar la importancia de comprender desde la construcción de conocimiento algunos conceptos que son fundamentales dentro del paradigma sistémico, de ahí que el ejercicio de realizar un análisis psicosocial se torne desde otra realidad que se construye entre el psicólogo y el consultante, y que los procesos deben tener una finalidad importante y es la de la retroalimentación entre los sistemas a través de la observación y la comunicación.
Dentro de un proceso de análisis psicosocial, se tiene un saber que se expone para lograr un objetivo, de esta manera no solo se modifica la narrativa del consultante sino también la del psicólogo; así los procesos reflexivos emergen en el encuentro como factores de cambio. Cuando el consultante es observado como un objeto de análisis y susceptible de diagnóstico, la finalidad es comprender el síntoma de la persona sin pensar en la probabilidad del cambio, ya que no se llega a la reflexión, es decir, el discurso se queda en un nivel lineal, no de causalidad circular, pensando entonces en una relación sujeto - objeto y no en una relación sujeto – sujeto (Schaefer, 2018).
Siguiendo en esta línea, los procesos sociales están siendo entonces impactados por las dinámicas experienciales de los sujetos que socializan, de allí que el consumo de SPA debe ser leído como una construcción social de la realidad, en donde confluyen múltiples factores, personales, sociales, evolutivos, históricos y culturales. “No solo vivimos en el mismo mundo, sino que participamos cada uno en el ser del otro. Solamente cuando el individuo ha llegado a este grado de internalización puede considerársele miembro de la sociedad” (Berger & Luckmann, 2003, pp.165-166).
En un encuentro de análisis psicosocial se socializa con el otro, se crea un contexto para interactuar y se recrea una conversación desde la interacción con el otro; el análisis psicosocial es un proceso de construcción constante.
Como sujetos socializados se vive entonces en relación con el otro, de allí la importancia de analizar más allá de la conducta aislada, la puesta en escena de esa conducta en interacción con otros. La naturaleza del enfoque sistémico radica entonces en el análisis de la pauta y no de la conducta aislada, esto permite tener un foco más amplio con respecto al síntoma, entendiendo que no se es sujeto de una sola relación, sino de varias relaciones.
El enfoque sistémico como se ha venido planteando en el texto, dentro de sus múltiples finalidades abarca el contexto de las relaciones. Esta connotación hace que sea útil y aplicable dentro de los escenarios psicosociales, porque permite observar desde una percepción en términos de la coevolución la relación psicólogo – sistema consultante, en donde dicha relación se comprende en función del aprendizaje creativo que permite la construcción colectiva de la interacción, por tanto, terapeuta y consultante se vinculan desde su propia historia de vida, lo que entonces se conoce como autorreferencia (Pacheco et al., 2012).
De otro lado la terapia sistémica emerge como una propuesta innovadora dentro de los diferentes sistemas psicológicos que ya desde su estructura epistemológica traían una construcción de conocimiento rígida, con orientaciones objetivas, que buscan realizar interpretaciones desde el déficit humano utilizando el diagnostico como una forma de categorizar los comportamientos de las personas. Desde esta perspectiva se entiende entonces que, para el análisis psicosocial desde el enfoque sistémico, el síntoma, o el problema es un símbolo de cambio y está en función del contexto. En esta lógica las personas no son objetos susceptibles de diagnósticos, sino que están sujetos al análisis de las interacciones con su entorno y con los otros sistemas que en él se encuentran.
Es así como las personas se organizan alrededor de pautas de comportamiento, mas no de formas determinantes en su estructura de personalidad. El enfoque sistémico parte de diferentes principios que permiten que la construcción dentro del espacio de análisis psicosocial se torne alrededor de la narrativa de la persona; esta idea conduce a pensar en el acto del habla como una capacidad esencial en los procesos de análisis psicosocial, pues crea relaciones y permite generar en el otro análisis desde el discurso y la expresión de este en términos de su propia percepción (Watzlawick, 2013).
En este orden de ideas, encontramos la reflexividad como antesala del cambio y como aquel nivel que permite generar en el otro redefiniciones y por lo tanto dar paso a la novedad, a lo nuevo. Es la postura epistemológica la cual se relaciona con la construcción de conocimiento y con las posturas de los sistemas observadores y observantes.
La autorreferencia, la conversación solidaria, el conexionismo, y la contextualidad; estas últimas como parte del proceso de interacciones circulares complejas que permiten generar distinciones y en esta medida comprensiones en el otro.
“Solo al distinguir una pauta de otra somos capaces de conocer nuestro mundo. Las distinciones establecidas entre terapeuta y cliente, intervención y síntoma, solución y problema, por ejemplo, nos permite discernir el mundo clínico” (Bradford, 1994, p. 108). Desde esta postura lo sistémico debe estar en el orden de la comprensión en función de la diferenciación, es así como cada vez que se reflexiona existe una reconstrucción que permite observar el dilema con un lente diferente y más amplio.
El enfoque sistémico permite tener una visión de mayor responsabilidad social, con un otro que tiene un saber importante que es el de su propia historia de vida y del cual sólo él puede dar cuenta; en esta lógica predomina el respeto por el otro, la solidaridad, la capacidad de resonar en la persona no desde la categorización, sino desde la vida misma, es por esta razón que hasta ahora se ha entendido que el análisis psicosocial, desde una postura sistémica, no resuelve problemas sino que entrega comprensiones sobre la vida misma.
Al asumir la solicitud de abordar la preocupación central de una reflexión sobre el principio de la responsabilidad social del enfoque sistémico, partimos de la consideración que el campo de la psicoterapia, en tanto actividad humana, constituye una acción social, política y ética; la psicoterapia es un campo de acoplamientos estructurales entre política y persona. (Estupiñán, 2005, p. 228)
Los psicólogos son llamados a la orientación, el acompañamiento y la posibilidad de generar estrategias en medio de las adversidades contextuales, así surge un concepto fundamental y que de manera clara articula los procesos de análisis psicosocial desde el enfoque sistémico y el campo de actuación de la psicología social comunitaria y es el concepto de mediación, para ello entonces es necesario comprender todos los escenarios próximos a la experiencia vital del sujeto.
Desde un punto de vista sustantivo, podemos decir que la mediación comunitaria tiene como fin la justicia social, ya que es un método alterno para la solución de conflictos que fomenta la cultura de paz, fortaleciendo los vínculos comunitarios, la integración social, el sentido de pertenencia y la participación ciudadana, y a su vez, respetan todo momento los derechos humanos y las garantías individuales de las partes (Sauceda & Gorjón, 2018).
Una mirada ecológica a la problemática del consumo de sustancias psicoactivas: analizando contextos.
El consumo de SPA, en adolescentes sin duda alguna debe observarse como un proceso con múltiples escenarios de interacción, toda vez que la complejidad de este no sólo le pertenece al adolescente, o probablemente a su familia, al estado y a la sociedad misma, con todos sus momentos históricos, que se convierten en contextos susceptibles de análisis, y de manera directa hacen parte del cúmulo de significados que integran dicho fenómeno.
En relación con lo anterior, el modelo ecológico confirma que no sólo el individuo, sino la familia, mantienen relaciones recíprocas con distintos sistemas culturales, políticos, sociales y personales, los cuales de manera constante envían información que retroalimenta las acciones del individuo (Collodel et al., 2013).
El autor desde el desarrollo del modelo ecológico plantea 4 sistemas importantes de interacción, los cuales pueden ser revisados y analizados desde la confrontación realidad-teoría, teniendo en cuenta el fenómeno del consumo de SPA en adolescentes y como se relacionan dichos sistemas entre sí, haciendo parte de las situaciones adversas que se pueden experimentar, pero además reconociendo el papel importante que juega el psicólogo en la comprensión de estos fenómenos.
Ontosistema
El primer nivel hace referencia a los elementos propios del individuo, donde se encuentran factores biológicos, genéticos y sociales; por tanto, son características que se han conformado dentro de su interacción con los otros sistemas (Bronfenbrenner, 2005, como se citó en Lucier et al., 2020).
Microsistema
Determina el nivel más cercano del individuo. Este nivel incluye aquellos aspectos individuales y característicos de la persona como el comportamiento, los rasgos de personalidad, los roles y las relaciones propias de los contextos cotidianos en los que se desenvuelve el sujeto (Bronfenbrenner, 2005, como se citó en en Lucier et al., 2020).
Es un sistema de interacción en donde la familia y los pares juegan un papel altamente significativo; en la gran mayoría de los casos de consumo de SPA en adolescentes, en este sistema se identifican situaciones de riesgo en donde prevalecen crisis de tipo estructural y del desarrollo, sumado a la ausencia de cuidadores y figuras claras de autoridad, generando un proceso de homeostasis (desequilibrio) negativo; los progenitores en medio de su fragilidad emocional por los temores en relación a lo que podría sucederle a su hijos, generan algunos sentimientos de impotencia, afectando el adecuado manejo de la autoridad y establecimiento de límites, situación que lleva generalmente a un cambio estructural en cuanto a los procesos de jerarquía (Valencia, 2020).
Los miembros de la familia generan relaciones de interdependencia, donde el individuo es influido por su contexto y este influye sobre lo social. La vida psíquica de un individuo no obedece exclusivamente a aspectos internos, sino también a situaciones socioculturales, medioambientales y políticas, implicando con ello que el individuo debe adaptarse a un sistema particular, en este caso, al sistema familiar. (López, 2017, p. 38)
El vínculo afectivo entre los progenitores y los hijos, legitima entonces una importante interacción con la vida futura. Taragano (como se citó en Jacho, 2020) afirma que, “conciben al sujeto como el resultante de la interacción e interrelación establecidas entre sí y los objetos situados tanto interna como externamente en su psiquismo y su medio, siendo dicha interrelación un proceso dialéctico constante” (p. 25). Reconociendo entonces en este aspecto la ubicación de los padres como objetos primarios de apoyo que impactan los procesos de adaptación del sujeto a los contextos.
Los adolescentes que perciben un inadecuado funcionamiento familiar evidencian problemas delictivos, así también aprecian a sus progenitores con una mayor disfuncionalidad, carecen de cohesión, adaptabilidad y comunicación familiar y a la vez presentan alto grado de violencia. Además, están propensos a realizar conductas contrarias a la sociedad. (Kim, 2008, como se citó en Ruiz et al., 2017, p. 15)
Mesosistema
Se puede comprender este sistema de interacción, como aquel donde aparece con toda su resonancia el proceso de socialización secundario, mediado por la escuela y los pares (Barbosa et al., 2014). Desde esta perspectiva, se identifica una alta influencia del contexto en los adolescentes, así se perciben procesos de adaptación a las demandas de los otros, específicamente a su grupo de pares negativos; el ejercicio inadecuado de adaptación del adolescente en extremo es un factor de riesgo visto desde la facilidad del adolescente de aceptar demandas del contexto social de sus pares sin emitir ningún tipo de postura para evitar el conflicto.
Desde el ámbito escolar, no solo los pares negativos se convierten en factor de riesgo:
La inasistencia escolar aumenta la promoción del tiempo libre y puede estar asociada a difícil acceso económico, bajo acompañamiento por parte de la familia en el ámbito escolar, acoso escolar o apatía por el contexto educativo, generando cambios abruptos en las actividades diarias. (Schioppa, 2013, como se citó en Altamar et al., 2021, p. 150)
Exosistema
Es el escenario social más próximo que impacta las experiencias de los individuos. En él se contemplan: la escuela, la iglesia, el ámbito laboral, los organismos de seguridad, las organizaciones de salud, entre otros (Herrera & Herrera, 2018). Este sistema tendrá que ver con la interacción entre la comunidad y el subsistema barrial del adolescente.
En consecuencia, cabe expresar que la sumisión y la agresión no existen en un vacío relacional, sino, por el contrario, en un enquistamiento de vínculos enmadejados. Por ello tiene tanto sentido la apreciación de Calveiro cuando afirma que, en esas complejas redes de poder, nadie monopoliza el uso de la fuerza, pero tampoco nadie le escapa. (Christiansen, 2013, p. 156)
Crecer en un contexto relacionalmente complejo por sus disposiciones sociales y tener vulnerabilidades personales, son dos escenarios que, al conjugarse, pueden limitar el desarrollo del individuo; sin embargo, es preciso aquí clarificar la importancia de los primeros significantes de vida que se construyen en familia, y que finalmente son los lenguajes que el adolescente externaliza en este sistema, siendo evaluados como factores protectores o de riesgo, según sea su experiencia de vida.
Macrosistema
Aquí se denominan factores macrosociales a aquellos que trascienden el entorno inmediato del sujeto, se ubican en un nivel superior y que serían equivalentes a un macrosistema, en términos de Bronfenbrenner (1979). En todo caso, estos factores pueden ser captados en el nivel medio, por ejemplo, en las condiciones de vida barriales, e incluso en el nivel familiar y personal, ya que las condiciones sociales personales pueden ser el resultado de las políticas económicas y sociales. (Scoppetta & Ortiz, 2021, p. 180).
Frente a lo anterior es preciso en primera instancia comprender y revisar la historia del país desde todas sus dimensiones, haciendo un importante énfasis al tema del narcotráfico, sus significados y la construcción social que se tiene del mismo, entendiendo este como un síntoma emergente además del conflicto que por años azota la realidad social Colombiana, siendo el consumo de SPA en adolescentes una grave consecuencia de esta dinámica social que pareciera un monstruo gigante difícil de contener, que trasciende la vida de nuestros niños, niñas y adolescentes, obligándolos a determinar su destino.
La estructura básica en Colombia de los carteles y grandes empresas del narcotráfico, en los años 80 y 90, comprendía un complejo andamiaje organizacional. Se había constituido un modelo de empresa que advertía robustos recursos financieros, un talento humano raso, no profesionalizado, pero bien conectado con el crimen que realizaba sus actividades de manera clandestina para unos líderes-capos altamente visibles e identificables por las autoridades estatales. Un desafío institucional en su máxima expresión (Niño, 2016, p. 117).
Si bien la nota anterior alude a un momento histórico pasado, pareciera que el macrosistema de las adolescentes hoy día no es muy distinto, específicamente en sectores vulnerables donde existe una marcada naturalización del consumo de SPA y es muchas veces una de las fuentes económicas de muchas familias, a través del microtráfico.
De otro lado, el sistema de salud debe por política pública cumplir una función importante en los procesos de desintoxicación y deshabituación del consumo de SPA; la Ley 1098, código de infancia y adolescencia (ICBF, 2006), obliga a todas las entidades de salud a garantizar este derecho en los adolescentes; sin embargo la realidad es adversa, los procesos desde el sistema de salud no generan el impacto deseado, siendo su mayor dificultad el asignar controles o procedimientos con las especialidades requeridas, con tiempos bastantes prolongados que no garantizan la continuidad de un tratamiento.
Desde la perspectiva de salud pública, es necesaria la disminución de la oferta de drogas. Sin embargo, el acento de estas medidas no recae en las sanciones penales al consumidor. Aquí, las contingencias sociales tienen un gran peso en el cambio de los patrones de comportamiento. (Scoppetta & Castaño, 2018, p. 85)
Todos estos procesos en conjunto generan un tipo de lectura de realidad en el adolescente, impactando su sistema de creencias y cultural sobre él mismo y sobre su misma problemática, quedando en un lugar muchas veces abstracto sobre lo que puede hacer diferente para favorecer su proyecto de vida; surgen y florecen narrativas de vida desde la carencia, desde el problema, que opacan los recursos que él mismo pueda tener, quedando en un estado de impotencia y fragilidad. ¿Desde qué lugar estamos leyendo a estos adolescentes?, si son el futuro de nuestra sociedad, ¿qué garantías les ofrecemos para vivir en un mundo mejor?
Finalmente, y después de comprender la importancia de la relación sujeto psicólogo y consultante, en la perspectiva psicosocial y en la trascendencia que tiene la diferenciación de una realidad distinta en los procesos de acompañamiento y el análisis de los diferentes contextos de relación del sujeto consultante, surgen preguntas para la psicología ¿desde qué lugar se ubican los profesionales en psicología para comprender el fenómeno del consumo de SPA en adolescentes?, y ¿este lugar permite la construcción de análisis complejos de realidad para la tan anhelada transformación social?.
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Referencias
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Perspectivas psicosociales
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Guía para los autores que deseen publicar en la revista
Tempus Psicológico
La revista Tempus Psicológico es una publicación semestral de la Universidad de Manizales, de acceso abierto. Tiene como objetivo promover y difundir la producción científica en el área de la Psicología y generar un espacio para la divulgación y el debate de producciones académicas realizadas desde los diferentes enfoques y paradigmas que esta presenta. Las publicaciones pueden ser artículos de investigación, reflexión y revisión, artículos cortos, artículos de revisión de tema, reportes de caso, reseñas de libros y cartas al Editor, de temas disciplinarios e interdisciplinarios acerca de la Psicología y su relación con otros campos científicos.
Sobre la revista
Enfoque y alcance
La revista Tempus Psicológico es una publicación semestral de acceso abierto, en donde se divulgan artículos de interés general para la Psicología, junto a temas disciplinarios e interdisciplinarios, así como su relación con otros campos científicos como las Ciencias Sociales, la Filosofía, la Psiquiatría, la Neurociencia, entre otros. La revista acepta artículos de investigación, reflexión y revisión, artículos cortos, artículos de revisión de tema, reportes de caso, reseñas de libros y cartas al Editor; los cuales deben ser inéditos, acumular y debatir saberes y conocimientos y hacer aportes a la investigación.
El objetivo de la revista Tempus Psicológico es promover y difundir la producción científica en el área de la Psicología y generar un espacio para la divulgación y el debate de producciones académicas realizadas desde los diferentes enfoques y paradigmas. Se dirige a personas interesadas en la investigación, el desarrollo teórico y el desempeño profesional de la Psicología.
Periodicidad
La revista Tempus Psicológico es una publicación semestral.
Idiomas de publicación
Se aceptan artículos en español, inglés y portugués.
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- La falta de ética y conductas inapropiadas pueden ser identificadas y puestas en conocimiento del Editor en cualquier momento, por cualquier persona.
- La persona que informe al Editor de dicha conducta debe suministrar información y pruebas suficientes para iniciar una investigación formal.
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Investigación
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- Se debe recopilar la evidencia y evitar su difusión hacia la comunidad científica.
Infracciones leves
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- Para el caso de conductas inapropiadas graves, es probable que se notifique a los empleadores del acusado. El Editor, con la asesoría del Comité Editorial de la Universidad de Manizales, es quien decide si debe o no involucrar a los empleadores. Deben examinar la evidencia disponible o con la ayuda de un número limitado de expertos.
Consecuencias
(En orden de menor a mayor nivel de severidad). Según se considere, se pueden tomar una o varias de las siguientes medidas:
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- Se le informa al autor o revisor por medio de una carta, en la que se explique la conducta inapropiada.
- Publicación de un aviso formal en el que se detalle la conducta inapropiada.
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Tipos de artículos
Artículos científicos (se postulan para procesos de indexación)
1. Artículo de investigación científica y tecnológica
Documento que presenta, de manera detallada, los resultados originales de proyectos terminados de investigación. La estructura contiene cuatro apartes importantes: introducción, metodología, resultados y conclusiones.
2. Artículo de reflexión
Documento que presenta resultados de investigación terminada desde una perspectiva analítica, interpretativa o crítica del autor, sobre un tema específico, recurriendo a fuentes originales.
3. Artículo de revisión
Documento resultado de una investigación terminada donde se analizan, sistematizan e integran los resultados de investigaciones publicadas o no publicadas, sobre un campo en ciencia o tecnología, con el fin de dar cuenta de los avances y las tendencias de desarrollo. Se caracteriza por presentar una cuidadosa revisión bibliográfica de por lo menos 50 referencias.
Otros textos (no se postulan para procesos de indexación)
4. Artículo corto
Documento breve que presenta resultados originales preliminares o parciales de una investigación científica o tecnológica, que por lo general requieren de una pronta difusión.
5. Reporte de caso
Documento que presenta los resultados de un estudio sobre una situación particular con el fin de dar a conocer las experiencias técnicas y metodológicas consideradas en un caso específico. Incluye una revisión sistemática comentada de la literatura sobre casos análogos.
6. Revisión de tema
Documento resultado de la revisión crítica de la literatura sobre un tema en particular.
7. Cartas al editor
Posiciones críticas, analíticas o interpretativas sobre los documentos publicados en la revista, que a juicio del Comité Editorial constituyen un aporte importante a la discusión del tema por parte de la comunidad científica de referencia.
8. Traducción
Traducciones de textos clásicos o de actualidad o transcripciones de documentos históricos o de interés particular en el dominio de publicación de la revista.
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10. Reseña bibliográfica
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Fuente:
http://publicationethics.org/files/u2/New_Code.pdf
http://publicationethics.org/resources/guidelines
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