Editorial
Apreciados autores y lectores, presentamos complacidos el
número 9.1 de la revista Tempus Psicológico, el cual comprende
ocho artículos de las siguientes temáticas: ansiedad y migración,
psicometría, socialización en TEA, el cuidado y las juventudes,
cuidadores primarios, crisis existencial, pseudociencias y cultura
trabajo y familia. Agradecemos a los autores la confianza y la
disposición que mostraron a lo largo del proceso para incorporar
los ajustes sugeridos por los evaluadores. El proceso de publi-
cación en una revista académica, como la nuestra, implica para
los autores la apertura a la realización de correcciones y ajustes
sugeridos por los evaluadores externos; para los evaluadores,
la generosidad de aportar parte de su tiempo a la lectura y co-
rrección de productos académicos propios de su campo y para
la revista la coordinación del proceso de publicación, velando
por mantener altos estándares de calidad académica, ética y
editorial. Se trata de una labor desinteresada de la que no se
lucra ninguna de las partes. Razón por la cual es más merecido
y necesario su reconocimiento público.
Sea este el espacio para exaltar esta labor que realiza la
Escuela de Psicología de la Universidad de Manizales, por
intermedio de todos los colaboradores que participan en la
elaboración de la revista; también la confianza y la apertura de
los autores que publican los productos de sus estudios para
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DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.9.1.editorial.2026
Carmona-Parra, J.A. (2026). Editorial.
Tempus Psicológico, 9(1) - ISSN: 2619-6336
que sean conocidos y comentados por la comunidad acadé-
mica; y, finalmente, la labor de los evaluadores que silencio-
samente velan por la calidad académica de los contenidos
que publicamos en cada número. Aprovechamos este espacio
para desear una feliz navidad y un exitoso año 2026 a todos
los integrantes de la comunidad académica que converge en
torno a nuestra revista.
Evaluadores Artículos Número 9.1
La Revista Tempus Psicológico hace un reconocimiento especial a los académi-
cos que de manera generosa y a la vez rigurosa participaron como evaluadores
de este número:
Alejandro Londoño -
alejandro.londono@umanizales.edu.co
Tatiana Zuluaga -
tatiana.zuluaga@umanizales.edu.co
Diego Zuluaga -
dizume50@gmail.com
Sandra Campuzano -
sabica7507@gmail.com
Paola Velásquez -
paola.velasquezq@udea.edu.co
Manuel López -
manuel.lopezar@amigo.edu.co
Adonilso Julio De La Rosa -
ajulio@umanizales.edu.co
Luisa Fernanda Buitrago -
lbuitrago@autonoma.edu.co
Jorge Navarro -
jorge.navarroo@cecar.edu.co
Rebeca Curiel -
rcuriel@uniguajira.edu.co
Brayan Hernando Cardozo -
bhernando.cardozo@udea.edu.co
Viviana arboleda -
varboleda@umanizales.edu.co
Valentina Valencia - vvalencia@umanizales.edu.co
Juan Carlos Jaramillo - jjaramilloe@CES.EDU.CO
Juan Carlos Restrepo - carl.res@gmail.com
Artículo de Investigación
Bienestar emocional y sobrecarga
en cuidadores de menores con
trastornos del neurodesarrollo:
un análisis de la calidad de vida
Emotional well-being and burden in caregivers
of children with neurodevelopmental
disorders: an analysis of quality of life

1

2
,

3
Recibido: 09/10/2025 Aprobado: 13/11/2025 Publicado: 15/12/2025

Martinez Arboleda, M. C; Mejía Zuluaga, C.A; Sánchez López, J.V (2025)
Bienestar emocional y sobrecarga en cuidadores de menores con trastornos
del neurodesarrollo: un análisis de la calidad de vida.
Tempus Psicológico, 9(1) - ISSN: 2619-6336 - DOI:
https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.9.1.5312.2026
1 Universidad Católica de Pereira. ORCID: https://orcid.org/0009-0004-1451-2688
maria1.martinez@ucp.edu.co
2 Universidad San Buenaventura de Cali. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3819-327X
camzulua@usbcali.edu.co
3 Universidad de Manizales. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5699-1304
jsanchez@umaniles.edu.co
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DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.9.1.5312.2026
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en cuidadores de menores con trastornos del neurodesarrollo: un análisis de la calidad de vida.
Tempus Psicológico, 9(1) - ISSN: 2619-6336
Resumen
El estudio tuvo como objetivo describir
variables alusivas a la percepción de
calidad de vida, sobrecarga y síntomas
depresivos por parte de cuidadores de
niños, niñas y adolescentes (NNA) con
trastornos del neurodesarrollo. Se tomó
como referencia metodología de estudio
previo realizado con población específica
con trastorno del espectro autista, con
la intención de ampliar el análisis a la
categoría general de trastornos del neu-
rodesarrollo. Estudio no experimental,
descriptivo, transversal, realizado con
38 cuidadores de NNA con diagnósticos
enmarcados en los trastornos del neu-
rodesarrollo, en Manizales, Caldas. La
escala Zarit no arrojó autopercepción
de sobrecarga en los cuidadores. La
encuesta PHQ-9 señaló una afectación
leve, que indica presencia de síntomas
depresivos, con un índice de severidad
que no señala riesgo potencial en el
grupo. La encuesta SF-36 arrojó indi-
cadores positivos de autopercepción de
salud por parte de los cuidadores, y el in-
dicador de salud general fue clasificado
en un estado bueno. Los cuidadores no
percibieron riesgo potencial de deterioro
en las esferas familiar, social, laboral y
económica.
  Carga del cuidador,
calidad de vida, autopercepción, cui-
dadores, trastorno del espectro autista
Abstract
The objective of the study was to des-
cribe variables related to caregivers’
perceptions of quality of life, burden,
and depressive symptoms among those
caring for children and adolescents with
neurodevelopmental disorders (NDD).
The methodological framework was
based on a prior study conducted with
a population diagnosed with Autism
Spectrum Disorder (ASD), with the aim
of broadening the analysis to the ge-
neral category of neurodevelopmental
disorders. This was a non-experimental,
descriptive, cross-sectional study invol-
ving 38 caregivers of children and ado-
lescents with clinical diagnoses within
the neurodevelopmental spectrum,
conducted in Manizales, Caldas. The
Zarit Burden Interview did not reveal
self-perceived caregiver burden. The
PHQ-9 questionnaire indicated a mild le-
vel of depressive symptomatology, with
a severity index that does not suggest
potential risk within the group. The SF-
36 Health Survey yielded positive indica-
tors regarding caregivers’ self-perceived
health, with the general health domain
classified as “good.” Caregivers did not
perceive any potential risk of deteriora-
tion across familial, social, occupational,
or economic domains.
 Caregiver burden, quality of
life, self-perception, caregivers, autism
spectrum disorder
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Introducción
El concepto de calidad de vida (CV) se ha relacionado con medidas subjetivas
de bienestar social, físico y mental, en un marco potencial de factores que pue-
den verse alterados por situaciones diversas, entre estas la asunción del rol de
cuidador primario de personas con limitaciones físicas o psicosociales. Entre las
afectaciones a la CV se identifica la sobrecarga, como una de las consecuencias
ligadas a la percepción de cambio en esferas personales y sociales, debido a los
requerimientos especiales de atención de las personas que asisten. De allí que este
capítulo presente interés descriptivo de variables sociales de sobrecarga, depresión
y calidad de vida de padres de familia y cuidadores de niños, niñas y adolescentes
(NNA) con autismo.
Levy y Anderson (1980) definen el concepto de CV como una “medida compuesta
de bienestar físico, mental y social, tal como la percibe cada individuo y cada gru-
po, y de felicidad, satisfacción y recompensa” (p.7). En este marco, el ser humano
percibe e interpreta los eventos con base en las condiciones del medio ambiente,
otorgando valoraciones objetivas y subjetivas relacionadas con factores psíquicos
y sociales determinantes de su salud y estilos de vida.
Aspectos conferidos al bienestar físico y psicológico, aunados al bienestar social
y espiritual se involucran en la concepción de CV (Vinaccia y Orozco, 2005). El
bienestar psicológico agrupa el funcionamiento cognitivo, además de las percep-
ciones de depresión, ansiedad y temor; el bienestar físico asocia indicadores de
fatiga, reposo, dolor y fuerza funcional; el social lo consolida la noción de intimidad,
afectos y relaciones. Finalmente, los significados atribuidos a las situaciones por
parte de las personas se relacionan con el bienestar espiritual, el cual involucra ideas
concernientes a la fortaleza interior, la religiosidad, la incertidumbre y la esperanza.
La calidad de vida y sus múltiples dimensiones resultan inherentes a la familia
y cuidadores como núcleo de acompañamiento de toda persona, máxime ante las
particularidades que puedan demandar la especificidad de condiciones físicas y
psicológicas con requerimientos especiales y de atención en el accionar básico e
instrumental de los seres a los que asisten, operando como cuidadores principales
o primarios mediante interacciones con impacto en su calidad de vida; en ocasio-
nes, con la impresión de sobrecarga en torno a las tareas de cuidado que ejecutan.
López Gil et al. (2009) identificaron, en el papel de cuidador principal, funciones
asociadas con la ayuda a pacientes en la ejecución de actividades que requieran de
habilidades básicas e instrumentales cotidianas, sin retribución económica alguna.
La sobrecarga, según Zarit (1980), es uno de los factores consecuentes y relacio-
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nados con el grado de afectación o cambio percibido por cuidadores frente a su
salud, vida social y personal, motivado por las acciones de cuidado de un familiar,
a causa de restricciones físicas y psicológicas.
El incremento de responsabilidades suscita cambios a nivel familiar. No obstante,
radica en el cuidador principal la asunción de funciones generadoras de la percepción
de sobrecarga, en ocasiones con manifestaciones clínicas afines con el denomina-
do síndrome del cuidador (Dueñas, et al., 2006) caracterizado por el perjuicio de
la salud física y alteración de su estado anímico. El síndrome se genera tras una
situación de estrés que supera la disposición de recursos de afrontamiento y que,
según Zambrano y Ceballos (2007), detona síntomas de ansiedad y depresión.
Los cambios y las alteraciones en las dinámicas relacionales y de cotidianidad del
cuidador pueden generar afectaciones en su salud física y mental, con consecuencias
negativas en su desenvolvimiento ante los diferentes aspectos considerados como
parte de la calidad de vida. En torno al bienestar físico, Lara et al. (2008) señalan
manifestación en menor porcentaje de estados de salud sano (31%), contra por-
centajes altos de percepción de alteración a la salud (68,3%). Lo anterior, aunado
a percepciones de estrés en un 40% de la población estudiada, 51,7% con pade-
cimiento de insomnio y un 11,7% con manifestación sintomatológica de depresión.
También hallaron que la percepción de disponibilidad de tiempo se encuentra de
igual modo alterada. Se identificó que un 33,3% tomó vacaciones, contra un 70%
sin esta posibilidad, bajo el argumento de un “deber moral” en torno a la asunción
del cuidado del paciente.
López Gil et al. (2009) identificaron, en su estudio sobre las repercusiones en la
salud y calidad de vida del cuidador, porcentajes significativos de presunta afec-
tación. Un 48,1% relacionaron percepción de salud “mala o muy mala” y déficit en
la percepción de calidad de vida, condición vinculada con la medición de variables
asociadas a las relaciones sociales, el sueño y la energía; sumándose indicadores
de alta prevalencia de ansiedad (60,3%) y depresión (46,2%).
Factores sociodemográficos también han sido estudiados, y se ha identificado
respecto al perfil del cuidador, mayor predominancia en las variables de sexo feme-
nino, estudios de nivel medio y 34 años de edad en promedio; entre otras variables
sociodemográficas de estado civil, estrato y nivel socioeconómico (De los Reyes-
Aragón et al., 2019; Martínez González et al., 2015; Mora-Castañeda et al., 2018).
A las variables antes mencionadas se ha aunado el análisis de otros factores.
Cruz-Escosa et al. (2006) identificaron, en cuidadores de NNA con discapacidad,
percepción de falta de apoyo familiar y de tiempo reducido para acciones de au-
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tocuidado. Así mismo, otros estudios evidencian la necesidad de servicio en salud
mental para cuidadores de pacientes con diagnóstico de demencia, esquizofrenia,
discapacidad intelectual, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, entre
otras enfermedades de afectación a la salud mental (Arango-Lasprilla et al., 2011;
Cahuana, 2016; López-Villalobos et al., 2018; Macías-Delgado et al., 2014; Nonterah
et al., 2013; Posner et al., 2015; Salazar-Torres et al., 2019).
Los trastornos del neurodesarrollo logran detectarse durante los primeros años
de la etapa infantil, evidenciándose en las familias un requerimiento significativo de
apoyo para la aceptación y preparación del acompañamiento de los niños, en los
diferentes contextos de desenvolvimiento (Seldas, 2012). Tal acompañamiento es
asumido en su generalidad por las progenitoras.
Se evidencia, en estudios realizados con cuidadores primarios de personas
diagnosticadas con el espectro autista, percepción de sobrecarga en un 72,5%.
La demanda del cuidador tiende a estar asociada con el nivel de compromiso del
trastorno; por ende, su grado de severidad ha sido relacionado con la emergencia
de alteraciones en la salud mental, padecimiento de efectos de alienación social
como reflejo de las percepciones de rechazo y aislamiento social del cuidador,
concluyentes además en sentimientos de insatisfacción y posible restricción de
oportunidades para el impacto favorable de su bienestar físico y psicológico. Lo
anterior, relacionado de algún modo con hallazgos de presunta sujeción y poca
percepción de control, por parte de cuidadores, hacia las demandas del medio y los
cambios suscitados en el entorno, con repercusión negativa en su vida personal y
social (Nunes Misquiatti et al., 2015; Seguí et al., 2008).
El espectro autista y los grados de severidad presentan una correspondencia sig-
nificativa con el padecimiento de sintomatología depresiva en cuidadores primarios
(Cid García, 2016). Este hallazgo se relaciona con la identificación de niveles de
carga de moderado a severo en madres de NNA con trastornos del neurodesarrollo,
lo cual impacta su calidad de vida en lo que al funcionamiento físico y de percepción
de energía y fatiga respecta (Ezzat et al., 2017).
Lo anterior sugiere compatibilidad en resultados con estudios que han develado
indicadores predictores de los niveles de sobrecarga, al indicar que la percepción
de esta se relaciona con posibles alteraciones del estado emocional y de la vida
social del cuidador, referente a la delimitación o reducción de escenarios de socia-
lización (Pandey & Sharma, 2018; Seperak, 2016; Ten Hoopen et al., 2020). Esto
se auna a posibles detrimentos del nivel de satisfacción personal, autoconfianza
y de la calidad de interacciones familiares, en especial aquellas establecidas con
los NNA bajo su cuidado.
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en cuidadores de menores con trastornos del neurodesarrollo: un análisis de la calidad de vida.
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De allí que este capítulo pretenda describir variables alusivas a la percepción
de calidad de vida, sobrecarga y síntomas depresivos por parte de cuidadores
de NNA con trastornos del neurodesarrollo, bajo la hipótesis de que a mayor
percepción de sobrecarga mayor impacto en la percepción de la calidad de vida
y de sintomatología depresiva.
Método
Estudio no experimental, de corte trasversal, con alcance descriptivo, llevado a
cabo con un grupo de cuidadores primarios de niños, niñas y adolescentes (NNA)
con diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo de la ciudad de Manizales,
Caldas. La muestra se determinó de modo intencional y por conveniencia, fue
conformada por 38 cuidadores de NNA con trastornos del neurodesarrollo.
Los criterios de inclusión para el grupo de cuidadores fueron: ser cuidador
primario de NNA con diagnóstico confirmado para trastornos del neurodesarrollo
por parte de equipo interdisciplinario, con una valoración de un CI mayor o igual
a 85; estado de escolarización activo para el NNA bajo su cuidado; diligencia-
miento de consentimientos informados. Los criterios de exclusión fueron: ser
acudiente de un NNA en proceso de evaluación y sin diagnóstico confirmado
para trastornos del neurodesarrollo; asistencia temporal o intermitente del cui-
dado de NNA con trastornos del neurodesarrollo; diagnóstico de alteraciones
mentales o neurológicas.
Para la recolección de la información se utilizaron los siguientes instrumentos:
• Cuestionariosociodemográficodiseñado con el objetivo de obtener datos
sociodemográficos del cuidador, entre estos de relación filial con el niño, niña
y adolescente, género, edad, estado civil y nivel de escolaridad.
• EscaladesobrecargadeZarit(Zarit et al., 1980):evalúa el modelo psicosocial
del estrés como marco incluyente del análisis de las demandas del entorno y
los recursos que cada individuo tiene para afrontarlas, bajo la comprensión de
que estas demandas continuas pueden llegar a generar algunos problemas
de salud, debido a la alta cantidad de estrés (Lara et al., 2008). El objetivo
de esta escala es analizar la percepción de carga del cuidador, el riesgo del
impacto negativo en su vida social, de trabajo, del entorno familiar, las difi-
cultades financieras y la percepción de sobrecarga en el papel de cuidado de
otro (Flores et al., 2012). La escala es autoaplicada y está conformada por
22 ítems con respuesta de escala tipo Likert (0= nunca, 1= casi nunca, 2= a
veces, 3= muy frecuentemente, 4= casi siempre). La mayor puntuación posible
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en esta prueba es de 88 puntos. Una puntuación menor a 46 puntos significa
valoración de “no sobrecarga” y una puntuación mayor a 56 puntos indica una
“sobrecarga intensa’’.
• EncuestaPatientHealthQuestionnaire–PHQ-9(Baader et al., 2012):en-
cuesta de autoevaluación orientada a la identificación de síntomas depresivos,
experimentados por una persona, y el grado de severidad de estos. Consta
de nueve ítems orientados a la evaluación de los síntomas y su presencia
durante los últimos quince días; con una puntuación correspondiente a: 0=
nunca 1= Algunos días, 2= más de la mitad de los días y 3= casi todos los
días. Los puntajes se clasifican en tipologías de síndrome depresivo mayor,
de otro síndrome depresivo, de síntomas depresivos positivos y de síntomas
depresivos negativos.
El Síndrome depresivo mayor hace alusión a la presencia de 5 o más de los 9
síntomas depresivos, con un índice de severidad de más de la mitad de los días,
teniendo en cuenta que uno de los síntomas sea ánimo depresivo o anhedonia.
Otro síndrome depresivo relaciona la presencia de dos a cuatro síntomas depresi-
vos por “más de la mitad de los días”, teniendo en cuenta que uno de los síntomas
sea ánimo depresivo o anhedonia. Los síntomas depresivos positivos aluden a
la presencia de al menos uno o dos de los síntomas depresivos. Los síntomas
depresivos negativos, por su parte, no presentan ningún criterio diagnóstico “más
de la mitad de los días” (Baader et al., 2012).
• CuestionariodeSaludSF-36(Vilagut et al., 2005):evalúa la calidad de vida
relacionada con la salud. El instrumento cuenta con 36 preguntas orientadas
a la identificación de los estados positivos y negativos de la salud con relación
a la vida cotidiana, agrupando los siguientes conceptos: función física (FF);
rol físico (RF); dolor corporal (DC); salud general (SG); vitalidad (VT); función
social (FS); rol emocional (RE); y salud mental (SM).
Es un instrumento de autoaplicación, y su calificación revela que a mayor
puntuación hay mejor estado de salud; a menor puntuación, posibles falencias o
déficits en las condiciones de esta. A continuación, se proporciona información
en torno a los cálculos necesarios para la calificación: 1. Estandarización de la
orientación de las respuestas a través de la nueva codificación de los 10 ítems
que sean necesarios, con el objetivo de que los ítems siguen el resultado de «a
mayor puntuación, mejor estado de salud». 2. Cálculo de la suma de los ítems
que hacen parte de la escala. 3. Adecuación de las puntuaciones iniciales para
obtener puntuaciones en una escala entre 0 y 100 (puntuaciones transformadas
de la escala) (Zúniga et al., 1999). Finalmente, para el estudio de la salud se tie-
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nen en cuenta los siguientes parámetros: excelente: 85-100; muy buena: 84 – 62;
buena: 61–26; regular: 25-1 y mala: 0.
Procedimiento
Los cuidadores de los NNA con diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo,
fueron contactados en escenarios de escuela de padres, simultáneos a los proce-
sos terapéuticos y de evaluación de los NNA a su cargo, en instituciones públicas
y privadas de Manizales (Caldas). Se procedió a la socialización y explicación de
las características y pretensiones del estudio, con resolución de sus inquietudes
y firma de modo autónomo y voluntario de los consentimientos informados, con la
consolidación final de una muestra de 38 cuidadores primarios.
El grupo de cuidadores primarios logró evaluarse en un intervalo de mes y medio
aproximadamente, tiempo en el cual se siguió el conducto de socialización y expli-
cación de cuestionarios alusivos a los instrumentos de evaluación, acompañamiento
profesional al diligenciamiento de estos y final recepción de material.
Un comité de bioética revisó y aprobó el estudio, conforme a lo regido por la Re-
solución 8430 de 1993 del Ministerio de Salud de Colombia, la cual reglamenta a
nivel nacional las normas científicas, técnicas y administrativas para la investigación
en salud.
Análisis de datos
El análisis de la información recolectada se llevó a cabo en el software JASP
0.13.1. (JASP, 2020). Se realizó un análisis descriptivo de los resultados obtenidos
en las pruebas aplicadas a ambos grupos y se correlacionaron en su desempeño
mediante contraste de hipótesis y supuestos previos de normalidad. De este modo,
fueron agotadas tres fases para el análisis de resultados: en un primer momento
se llevó a cabo la descripción de la muestra; la segunda fase contempló el análisis
descriptivo de la información; y, en un tercer momento, se realizó la verificación de
la hipótesis.
Resultados
La encuesta sociodemográfica indagó información en torno a la edad de los cui-
dadores primarios, parentesco, sexo, nivel de escolaridad y estado civil. La edad
promedio del grupo de cuidadores primarios fue de 38,2 años, con un mínimo de
22 años y un máximo de 62 años; el 34,2% de sexo masculino y el 65,8% de sexo
femenino. Los datos relacionados con el estado civil determinaron un 47,3% de
participantes casados, un 44,7% separados, un 5,2% en unión libre y un 2,7% que
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en cuidadores de menores con trastornos del neurodesarrollo: un análisis de la calidad de vida.
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no registraron ninguna de las respuestas anteriores. Respecto al nivel de paren-
tesco con el NNA a cargo, un 84,2% eran progenitoras, 10,5% eran progenitores y
el porcentaje restante lo constituían tíos o abuelos.


    
Zarit 46,184 13,825 18 80
PHQ-9 6,892 5,471 0 23
SF1 – función física 84,211 15,532 30 100
SF2 – rol físico 86,974 21,262 25 100
SF3 – rol emocional 85,089 24,138 33 100
SF4 – vitalidad 67,105 23,671 20 100
SF5 – salud mental 72,289 19,367 32 100
SF6 – función social 74,671 19,815 13 100
SF7 – dolor corporal 65,329 23,388 13 100
SF8 – salud general 61,842 20,580 10 100
Los datos registrado en la Tabla 1 permiten evidenciar que la escala de Zarit no
arrojó una autopercepción de sobrecarga en los cuidadores, identificándose una
puntuación promedio (46,1) no representativa de riesgo potencial de deterioro a las
esferas de vida familiar, social, laboral y económica.
La encuesta de autoevaluación PHQ-9 señaló en su promedio (6,8) una afec-
tación leve, lo cual indica presencia de síntomas depresivos, con un índice de
severidad que no señala riesgo potencial en el grupo de cuidadores. En sus re-
sultados, la encuesta SF- 36 arrojó indicadores positivos de autopercepción de
salud por parte de los cuidadores con relación a su vida cotidiana; en el marco
de calidad de vida, el rol físico y rol emocional (86,9; 85,0) develaron parámetros
de clasificación excelente. La función física evidenció parámetros de clasifica-
ción “muy bueno” (84,2), al igual que función social (74,6), salud mental (72,2),
vitalidad (67,1) y dolor corporal (65,3). Finalmente, el indicador de salud general
fue clasificado en un estado bueno (61,8), indicándose que a mayor puntuación
mejor estado de salud.
Las puntuaciones no arrojaron percepciones de sobrecarga que pudiesen rela-
cionarse con riesgos potenciales a la salud mental y al deterioro de calidad de vida
de los cuidadores. No obstante, algunos de los cuidadores evaluados evidenciaron
en sus respuestas la identificación de síntomas depresivos (Figura 1) respecto a
las puntuaciones obtenidas mediante la aplicación del cuestionario PHQ-9.
10
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en cuidadores de menores con trastornos del neurodesarrollo: un análisis de la calidad de vida.
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Figura 1. Medidas de frecuencia y porcentaje PHQ-9
La distribución de frecuencias del cuestionario PHQ-9 indica que el 24% de los
cuidadores primarios evaluados señalaron la percepción de síntomas depresivos
experimentados durante las últimas dos semanas previas a la aplicación del ins-
trumento. Lo anterior sugiere la identificación subjetiva de malestar, que, pudiendo
corresponderse o no con un cuadro clínico de depresión, ya genera la alerta sobre
la experimentación del síntoma y su evolución en torno a características diversas
a nivel biológico, personal y social.
Finalmente, se generó el coeficiente de correlación de Pearson (Tabla 2), con el
propósito de establecer asociación entre las variables de sobrecarga, calidad de
vida y síntomas depresivos del grupo de cuidadores. Se identificaron correlaciones
estadísticamente significativas, tanto positivas como negativas. En estas últimas,
se evidenció menor sintomatología depresiva en relación con mayor función física,
mayor vinculación afectiva y mayor vitalidad. Igualmente, menor sintomatología
depresiva y menor percepción de sobrecarga en relación con mayor función social,
mayor percepción de salud general y mayor salud mental.
Las correlaciones positivas indicaron que, a mayor vinculación afectiva, mayor
función física; a mayor vitalidad, mayor función física, mejor salud física para la
ejecución de actividades diarias y mayor vinculación afectiva. A mayor indicador de
salud mental, mayor capacidad de vinculación afectiva y mayor vitalidad; a mayor
función social, mayor función física, mejor salud física para la ejecución de activi-
dades diarias y mayor vinculación afectiva. A mayor vitalidad, mayor indicador de
salud mental. A mayor salud general, mayor función física, mayor vitalidad, mayor
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salud mental, mayor función social, mejor salud física para la ejecución de activi-
dades diarias y ausencia de dolor o limitaciones ocasionadas por este.

         
PHQ-9
Pearson’s r
0.630
***
p-value < .001
SF1:
función física
Pearson’s r -0.128
-0.512
**
p-value 0.443 0.001
SF2:
rol físico
Pearson’s r -0.204
-0.351
*
0.287
p-value 0.220 0.033 0.080
SF3:
rol
emocional
Pearson’s r -0.216
-0.471
**
0.328
*
0.182
p-value 0.194 0.003 0.044 0.275
SF4:
vitalidad
Pearson’s r -0.135
-0.350
*
0.413
*
0.347
*
0.396
*
p-value 0.419 0.034 0.010 0.033 0.014
SF5:
salud mental
Pearson’s r
-0.361
*
-0.584
***
0.314 0.230
0.495
**
0.728
***
p-value 0.026 < .001 0.055 0.166 0.002 < .001
SF6:
función social
Pearson’s r
-0.362
*
-0.748
***
0.532
***
0.354
*
0.413
**
0.495
**
0.671
***
p-value 0.025 < .001 < .001 0.029 0.010 0.002 < .001
SF7:
dolor corporal
Pearson’s r -0.285
-0.413
*
0.715
***
0.077 0.312
0.417
**
0.490
**
0.520
***
p-value 0.083 0.011 < .001 0.647 0.056 0.009 0.002 < .001
SF8:
salud general
Pearson’s r
-0.325
*
-0.529
***
0.516
***
0.354
*
0.311
0.592
***
0.538
***
0.689
***
0.600
***
p-value 0.047 < .001 < .001 0.029 0.058 < .001 < .001 < .001 < .001
Discusión
Este estudio se basó en la descripción y correlación del comportamiento de varia-
bles alusivas a la calidad de vida, sobrecarga y síntomas depresivos por parte de
cuidadores primarios. Las variables estudiadas y sus resultados fueron interpretados
en el marco de la literatura científica, que las asocia como conceptos ampliamente
explorados en contextos de asistencia a personas con afectación de la conducta
autónoma e independiente, a causa de limitaciones motoras y psicosociales.
Los cuidadores primarios y las características asociadas a su perfil develan algunas
generalidades, independientemente del contexto geográfico en el que se ubiquen.
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Al respecto, López-Márquez (2013) identificó en población mexicana preponderan-
cia del sexo femenino en la asunción de cuidados primarios de niños vinculados a
un centro de rehabilitación infantil, representando un 91,3% de las personas que
asumían dicho rol. Este sería un resultado convergente con hallazgos en contextos
españoles y chilenos (Seguí et al., 2008; Urrea, 2017).
En el contexto colombiano, las cifras no difieren y, por el contrario, reafirman lo
señalado. En la presente investigación se identificó un porcentaje de 65,8 alusivo
a las mujeres que asumen el cuidado de niños, niñas y adolescentes con espectro
autista. En congruencia con otros trabajos del contexto en referencia, Barreto et
al. (2015) hallaron del estudio con cuidadores primarios, que este rol en diferentes
zonas geográficas es asumido por mujeres; resultados que coinciden a su vez con
lo hallado por Arias-Rojas et al. (2014) en las comparaciones de regiones fron-
terizas y del centro del país, en las cuales las mujeres también asumen roles de
cuidadoras primarias.
Bódalo-Lozano (2010) reveló que el sexo femenino se liga al ejercicio de labores
domésticas como un factor asociado a tareas de cuidado y de responsabilidad ma-
terna; hallazgo que también sería convergente con el estudio presente, pues del por-
centaje de cuidadores a cargo de NNA con autismo, el 84,2% eran sus progenitoras.
La asunción de actividades de asistencia y cuidado de personas con limitacio-
nes físicas o psicosociales representa para sus cuidadores primarios cambios y
posibles renuncias al ejercicio de roles alternos, ya sea de carácter laboral, social
o recreativo; renuncias que pueden incidir en las percepciones de calidad de vida
por parte de los cuidadores primarios.
El nivel de severidad de los trastornos del neurodesarrollo, estaría relacionado
con lo antes expuesto, al deducir del autismo de alto funcionamiento un potencial
de conducta prosocial y de desenvolvimiento en los diferentes contextos por parte
de quienes lo presentan. Esta alteración neurológica, desde una perspectiva de
evaluación dimensional, determina la necesidad de ayuda o soporte para quien se
halle bajo esta condición. El grado 1 representa una menor afectación y el grado 3
“Ayuda muy notable” y “soporte muy substancial”. Garrido et al. (2020) identificaron,
de la conducta prosocial, indicadores predictores de la calidad de vida familiar; a
mayor nivel de conducta prosocial, mejor predicción de calidad de vida en compo-
nentes de interacción familiar, bienestar físico y emocional.
Respecto a la sobrecarga, la presente investigación indicó en un valor promedio
que los cuidadores primarios no percibieron riesgo potencial de deterioro en las
esferas de vida familiar, social, laboral y económica. Este resultado es compatible
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en cuidadores de menores con trastornos del neurodesarrollo: un análisis de la calidad de vida.
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con lo hallado por Garrido et al. (2020), dado que los cuidadores evaluados asisten
a NNA con trastornos del neurodesarrollo, en un grado de severidad tipo 1, bajo la
perspectiva dimensional. Esto les tipifica como autismo de alto funcionamiento, de
perfil neurofisiológico con mayores destrezas, desarrollo de conductas adaptativas
y de posibles potenciales en la conducta prosocial.
No obstante, lo hallado es una divergencia en el marco de otros hallazgos de la
literatura científica. Puente (2019) determinó, en un 44% de cuidadores de perso-
nas en condición de autismo, sobrecarga intensa conforme a la escala de Zarit.
Seldas (2012), por su parte, halló en su estudio un nivel de sobrecarga del 72%.
Las diferencias en hallazgos investigativos responden a las particularidades propias
de la delimitación de la muestra, los criterios de inclusión y exclusión, entre otras
diferencias en sus métodos.
Lo anterior se corresponde con que el espectro autista y su amplia gama de ma-
nifestaciones clínicas, involucran, además de los diferentes grados de severidad,
alta comorbilidad neurológica y psiquiátrica (Naranjo, 2014); factores que, aunados
a componentes psicológicos y sociales, no siempre presentan exactitud y compati-
bilidad con los criterios propuestos en los manuales internacionales de clasificación
diagnóstica, demarcados por un sistema categorial en la comprensión del autismo.
De allí que la delimitación de la muestra y los criterios, tanto de inclusión como de
exclusión presentes en la selección de participantes para un estudio, puedan fácil-
mente representar diferencias desde el momento mismo de conformación hasta la
escogencia de instrumentos de medición, procedimientos y análisis de resultados.
No obstante, pese a las posibles divergencias entre algunos estudios, son nume-
rosas las investigaciones que señalan como una constante el riesgo potencial a la
salud y calidad de vida del cuidador (Arango-Lasprilla et al., 2011; Cahuana, 2016;
López Gil et al., 2009; López-Villalobos et al., 2018; Macías-Delgado et al., 2014;
Nonterah et al., 2013; Posner et al., 2015; Salazar-Torres et al., 2019). El autismo
no es la excepción dentro de los cuadros de alteración neurológica que demandan
asistencia y soporte por parte de cuidadores primarios, conforme a las necesidades
de apoyo y acompañamiento de las personas que asisten.
El grado de severidad del autismo, y los requerimientos de soporte que este de-
termina, se correlacionan con la presencia de sintomatología depresiva en cuidado-
res; pues a mayor severidad del trastorno del neurodesarrollo, mayor probabilidad
de sintomatología depresiva en quienes asumen este rol (Cid García, 2016; Firth
& Dryer, 2013; Hastings, 2003). Así mismo, la sobrecarga se correlaciona con el
estado emocional y la percepción desfavorable y disminuida del cuidador frente a
la posibilidad de asumir otros roles (Pandey & Sharma, 2018).
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En ese orden de ideas, los resultados encontrados en esta investigación señalan
una puntuación promedio de 6,8 para la encuesta Patient Health Questionnaire -
PHQ-9 (Baader et al., 2012). Los cuidadores presentaron un índice de severidad
que no señala riesgo potencial y que les ubica en un estado de afectación leve
respecto a la percepción de síntomas depresivos. Los bajos niveles de afectación
podrían correlacionarse con las características de alto funcionamiento por parte
de los NNA que asisten, dado el desarrollo de destrezas, conductas adaptativas y
conductas prosociales convergentes con el grado 1 de severidad.
Así mismo, la escala de Zarit arrojó autopercepción de ausencia de sobrecarga en
los cuidadores primarios. Esto evidencia, en la perspectiva de modelo psicosocial,
presunta percepción positiva en torno a sus capacidades de respuesta y recursos
para afrontar las demandas del entorno y las necesidades de aquellos a los que
asisten. Esto, aunado a los resultados de la encuesta SF- 36, arroja indicadores
positivos de autopercepción de salud por parte de los cuidadores con relación a su
vida cotidiana.
Si bien no se hallaron puntuaciones alusivas a riesgos potenciales para las va-
riables evaluadas, las correlaciones identificadas señalan factores predictores en
torno a la posible emergencia de sintomatología asociada. De este modo, el análisis
sobre el comportamiento de variables de calidad de vida, sobrecarga y síntomas
depresivos por parte de cuidadores primarios, evidenció correlaciones estadística-
mente significativas.
Las correlaciones negativas señalaron que a mayor percepción de calidad de vida,
menor sintomatología depresiva y menor percepción de sobrecarga, convergente
con hallazgos de Vinaccia y Orozco (2005), al relacionar la triada de bienestar físico,
psicológico y social, con autopercepción positiva de la calidad de vida; el bienes-
tar psicológico asociado con percepciones de depresión, ansiedad y temor, entre
otras funciones cognitivas. El bienestar social, articulado con nociones de afectos
y relaciones. El bienestar físico, por su parte, aunado a las percepciones de fatiga,
dolor o fuerza funcional.
Las correlaciones positivas se dieron entre las diferentes categorías estudia-
das de la calidad de vida, lo cual presenta una posible relación con el aporte
del acompañamiento terapéutico alterno, al que están vinculados los NNA que
estos cuidadores asisten. Algunos estudios indican que el apoyo terapéutico
genera efectos favorables sobre la autopercepción de la calidad de vida (López-
Márquez, 2013); la disminución del estrés que experimentan las familias (Ayuda
et al., 2012) y la valoración de la calidad del tiempo dedicado en familia (Moody
et al., 2019).
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Conclusiones
Los cuidadores primarios de los niños, niñas y adolescentes (NNA) con trastornos
del neurodesarrollo, no evidenciaron alteraciones significativas en sus variables
de sobrecarga, calidad de vida y sintomatología depresiva, resultados que se co-
rresponden con perfiles de NNA con autismo de alto funcionamiento, vinculados
a programas de acompañamiento terapéutico, favorecedores de sus capacidades
neuropsicológicas y de carácter adaptativo.
En un puntaje promedio, la sintomatología depresiva en cuidadores primarios indi-
có una afectación leve, que no representa un riesgo potencial para la salud mental
del cuidador. No obstante, resulta válido afirmar que la afectación leve constituye
una espera vigilante en torno a indicadores de salud mental. Fairthorne et al. (2015)
señalaron una relación directa entre el cuidado de un niño con autismo y el desarrollo
de patologías; Al-Farsi et al. (2016) concluyeron, en perfiles clínicos de alto estrés,
ansiedad y depresión para padres de niños con diagnóstico del espectro autista.
Lo anterior, además de ser convergente con la literatura científica, es un aporte
al estudio de los factores potenciales de la salud mental del cuidador y de las posi-
bles influencias que esta representa en torno al desarrollo de los NNA que asisten;
siendo insumo para la evaluación y generación de políticas públicas que favorezcan
el acompañamiento interdisciplinario de cuidadores primarios.
El asumir tareas de asistencia y apoyo a personas con limitaciones diversas, de-
manda de la atención, seguimiento y apoyo a las cotidianidades del cuidador, como
figura potencial del desarrollo de NNA con autismo. Niño y cuidador representan
la díada, el contexto y confluencia de sus interacciones, reflejando en la comuni-
cación tanto fortalezas como riesgos potenciales. Por esta razón, urge el estudio a
profundidad de macroindicadores en salud mental del cuidador, en perspectiva de
potenciar su rol y velar por su bienestar.
Limitaciones del estudio
La investigación presentó como uno de sus parámetros de inclusión la valoración
de un CI mayor o igual a 85 en los NNA. Esto significa un autismo de alto funcio-
namiento y un potencial desarrollo de destrezas neuropsicológicas y de conductas
adaptativas. Tales características se asocian con un requerimiento o necesidad de
apoyo mínima y, por ende, menor dependencia de la asistencia de la figura cuida-
dora.
Si bien los resultados de la investigación en sus variables de sobrecarga, calidad
de vida y sintomatología depresiva en cuidadores, se muestran coherentes con las
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características del grupo de NNA, pueden ser percibidos de modo simultáneo como
una de las limitaciones del estudio, pues no se logró detallar otras alteraciones a
la salud mental del cuidador o riesgos potenciales a esta, en lo que al autismo y
grados de severidad respecta.
Los participantes de la investigación fueron cuidadores primarios de un grupo
de NNA con apoyos terapéuticos alternos, lo cual, con base en la literatura cientí-
fica, genera menor percepción de amenaza a componentes de la calidad de vida
por parte del cuidador (López- Márquez, 2013). Por ende, relacionarse como una
limitante del estudio un alcance que no involucró la investigación sobre el compor-
tamiento de las variables de calidad de vida, sobrecarga y síntomas de depresión
en cuidadores de NNA con trastornos del neurodesarrollo, sin oportunidad de ser
asistidos por equipos interdisciplinarios.
Esta investigación no estipuló, en sus objetivos, el estudio en profundidad de
las particularidades de la salud mental del cuidador, lo cual constituye posibles
limitantes para la identificación de indicadores de salud mental que, más allá de
la sintomatología depresiva, generen otras señales afines con la prevención de la
enfermedad y la promoción de calidad de vida del cuidador.
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Artículo de Investigación
Desarrollo de instrumentos
de evaluación psicológica y
educativa desde el modelo
B.E.A.R (Berkeley Evaluation
and Assessment Research)
Development of psychological and educational
assessment instruments based on the B.E.A.R. (Berkeley
Evaluation and Assessment Research) model

1
Recibido: 26/08/2025 - Aprobado: 20/10/2025 - Publicado: 15/12/2025

Ovalle, C (2025). Desarrollo de Instrumentos de Evaluación Psicológica y Educativa
desde el modelo B.E.A.R (Berkeley Evaluation and Assessment Research).
Tempus Psicológico, 9(1) - ISSN: 2619-6336 - DOI:
https://doi.org/10.30554/tempuspsi.9.1.5419.2026
1 Universidad de Antioquia. Orcid: orcid.org/0000-0002-3664-7290
Correo electrónico: claudia.ovalle@udea.edu.co
2
DOI: https://doi.org/10.30554/tempuspsi.9.1.5419.2026
Ovalle, C (2025). Desarrollo de Instrumentos de Evaluación Psicológica y Educativa desde
el modelo B.E.A.R (Berkeley Evaluation and Assessment Research).
Tempus Psicológico, 9(1) - ISSN: 2619-6336
Resumen
Se presenta el modelo BEAR (Berkeley
Evaluation and Assessment Research)
de diseño de instrumentos de medición y
sus componentes con base en la lectura
de la segunda edición del libro de Wilson
y Tan, de la Universidad de Berkley. Se
enfatiza el modelo por sus facilidades
al unir los conceptos teóricos con el
modelo psicométrico de medición, y las
posibilidades que representa para el di-
seño de instrumentos apropiados, gene-
rando inferencias correctas cuando se
trata de recolectar evidencia sobre los
rasgos psicológicos, comportamentales,
actitudinales y de habilidad. Se discuten
los pasos del proceso y se presentan
interrogantes sobre las potencialidades
del modelo fuera del supuesto de la
Unidimensionalidad.
  psicometría, modelo
BEAR, mapa de Wright, IRT, modelo de
Rasch, construcción de instrumentos,
independencia local.
Abstract
The BEAR (Berkeley Evaluation and
Assessment Research) model for the
design of measuring instruments and
their components is presented based
on the reading of the second edition
of the book by Wilson & Tan, from the
University of Berkley. The model is
emphasized for its facilities in uniting
theoretical concepts with the psycho-
metric measurement model, and the
possibilities it represents for the design
of appropriate instruments, and there-
fore correct inferences when it comes
to collecting evidence on psychological,
behavioral, attitudinal and ability traits.
The steps of the process are discussed,
and questions are presented about the
potentialities of the model outside the
assumption of One-dimensionality.
 psychometrics, BEAR mo-
del, Wright map, IRT, Rasch model,
instrument construction, local indepen-
dence.
3
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Ovalle, C (2025). Desarrollo de Instrumentos de Evaluación Psicológica y Educativa desde
el modelo B.E.A.R (Berkeley Evaluation and Assessment Research).
Tempus Psicológico, 9(1) - ISSN: 2619-6336
Introducción
Los modelos de medición psicométricos implican el desarrollo de un proceso para
lograr producir medidas de diferentes aspectos psicológicos. Las actitudes, las ha-
bilidades, la inteligencia son sólo algunos de los rasgos que pueden ser medidos.
La elaboración real del instrumento “seguiría un orden, desde una idea inicial sobre
la propiedad que se desea medir hasta la recopilación de evidencia que demuestre
que el instrumento puede utilizarse con éxito para medir dicha propiedad” (Wilson &
Tan, 2023, p.1). Para lograr completar este proceso, Wilson y Tan (2023) proponen
que se consideren los siguientes 4 “ladrillos de construcción”: el mapa de constructo,
el plan de diseño de los ítems, el espacio de resultados y el modelo estadístico de
medición. Este proceso se usa para el desarrollo de instrumentos como escalas psi-
cológicas, pruebas de rendimiento, cuestionarios y listas de verificación conductual.
A continuación, se esboza un resumen del proceso de medición propuesto en
el libro de Wilson y Tan en su segunda edición (2023), que puede ser útil para el
desarrollo de instrumentos de medición, y que es el producto de una experiencia
de casi 20 años, ya que la primera versión se editó en 2005.
Inicialmente, Wilson y Tan (2005; 2023) definen la medición como un proceso
empírico e informacional, diseñado con un propósito, cuyo insumo es una propie-
dad empírica de un objeto y que produce información en forma de valores de esa
propiedad (Mari et al., 2023, p. 25). Es importante resaltar que la medida implica
que más allá de los observables (i.e., ítems), lo que se está evaluando es un cons-
tructo latente, sobre el cual el evaluador es responsable de encontrar evidencia por
medio de ítems bien construidos, que superen las dificultades del error aleatorio
(i.e., debido a las condiciones de aplicación) y el error sistemático (i.e., debido a
sesgos en la medición) que afectan la confiabilidad de la medida.
Según Wilson y Tan:
El enfoque adoptado aquí se basa en la idea de que existe un único
atributo subyacente que el instrumento está diseñado para medir. La
palabra instrumento se define como una técnica para relacionar algo
que observamos en el mundo real (a veces denominado ‘manifiesto’
u ‘observado’) con un atributo que estamos midiendo y que existe
únicamente como parte de una teoría (a veces denominado ‘latente’ o
‘no observado’). Esta definición es algo más amplia que el uso típico,
que se centra en la manifestación más concreta del instrumento—los
ítems o preguntas. Se ha elegido esta definición más amplia para
revelar los aspectos menos evidentes de la medición. (2023, p. 30)
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En general, el enfoque presentado por Wilson y Tan (2023) puede conside-
rarse una manifestación del enfoque sociocognitivo de la medición humana
propuesto por Mislevy (2018), así como un ejemplo del Diseño de Evaluaciones
Fundamentado (Principled Assessment Design) planteado por diversos autores
(Ferrara et al., 2016; Nichols et al., 2016; Wilson & Tan, 2023). Wilson y Tan
(2023) aclaran que los procedimientos descritos en el modelo BEAR no son la
única forma de realizar mediciones, pues existen otros enfoques; sin embargo,
su valor práctico y su sencillez pueden asegurar mejor la evidencia recolectada
por el evaluador.
La aproximación adoptada por Wilson y Tan se conoce como “Modelo de cons-
tructo”, y es también aplicada por entidades como la US National Research Council
(NRC, 2001). La NRC emplea el modelo del triángulo de medición (Cognición, Ob-
servación e Interpretación), el cual consiste en una teoría (la concepción o teoría
sobre cómo aprenden las personas, qué saben las personas y cómo el conocimiento
y la comprensión progresan a lo largo del tiempo), una tarea o medida (qué tipos de
observaciones o tareas son más propensas a provocar demostraciones de cono-
cimientos y habilidades); y por último, los supuestos (suposiciones sobre la mejor
manera de interpretar la evidencia de las observaciones para hacer inferencias
significativas sobre lo que los evaluados saben y pueden hacer).
Esta aproximación del triángulo de evaluación es adaptado y convertido en un
sistema de medición (B.E.A.R Assessment System) (Wilson & Sloane, 2000), el cual
cuenta con software propio; sin embargo, puede usarse R para hacer las mismas
estimaciones de modelo de medición (Rasch) que este modelo emplea.
1. El Modelo B.E.A.R de construcción de instrumentos
El modelo BEAR (Berkeley Evaluation and Assessment Research) se apoya
en cuatro “bloques de construcción” para abordar elementos del Triángulo del
NRC (2001): el mapa de constructo, el diseño de ítems, el espacio de resultados
y el mapa de Wright. El mapa de constructo es el principio de Cognición (teoría)
del triángulo, el diseño de los ítems es el plan para llevar a cabo la Observación
(tarea/ medida), y el espacio de resultado y el mapa de Wright facilitan la Inter-
pretación (inferencia).
1.1. El mapa de constructo (¿Cómo se describirá el atributo?)
El mapa de constructo es, en sentido estricto, una representación espacial, ordena-
da, y de niveles progresivos que muestran las características de un constructo (i.e.,
“extraversión”, “necesidad de logro”, “razonamiento numérico”, etc.) que debe ser
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medido. Para el desarrollo de este mapa, es necesario una definición de constructo
bien elaborada por medio del análisis de instrumentos previos y la teoría existente
sobre el constructo de interés.
El desarrollo del mapa de constructo según Wilson y Tan, conlleva los siguientes
pasos:
Primero, suponemos que el constructo que deseamos medir
tiene una forma particularmente simple: se extiende de un extremo
al otro del constructo —por ejemplo, de alto a bajo, de pequeño a
grande, de positivo a negativo o de fuerte a débil—. La segunda
suposición es que existen puntos cualitativos consecutivos y
distinguibles entre esos extremos. Con frecuencia, el constructo
se conceptualiza como la descripción de puntos sucesivos en un
proceso de cambio, y el mapa de constructo puede considerarse
análogo a una ‘hoja de ruta’ cualitativa de ese cambio a lo largo del
constructo. En reconocimiento de esta analogía, estas ubicaciones
cualitativamente diferentes a lo largo del constructo se denominarán
‘puntos de referencia’ (waypoints) —y serán muy importantes y
útiles para la interpretación—. Cada punto de referencia tiene
una descripción cualitativa por sí mismo, pero, además, adquiere
significado en referencia a los puntos anteriores y los que están por
encima de él. Tercero, asumimos que los respondientes pueden (en
teoría) ubicarse en cualquier punto intermedio entre esos ‘puntos de
referencia’; es decir, que el constructo subyacente es denso en un
sentido conceptual. (2023, p.9)
Ejemplos comunes de lo que representan los waypoints (o puntos de referencia)
son la escala de notas escolares (de la A+ a la F, en el sistema americano), y la
taxonomía de Bloom, que es una jerarquía de objetivos cognitivos (Bloom, et al.,
1956) y afectivos (Krathwohl et al., 1964): por ejemplo, las categorías ordenadas de
la taxonomía incluyen de manera ascendente en complejidad cognitiva: recordar,
comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear.
Aunque un constructo latente no cuente con una medida desarrollada, cuenta
con locaciones particulares (los puntos de referencia) que deben ser derivados
del contenido o de la teoría del constructo; es decir, el mapa de constructo es una
primera aproximación a la consolidación de una escala de medición. El mapa de
constructo consiste en una lista ordenada de puntos de referencia que los evalua-
dos pueden alcanzar mientras progresan en una serie de conocimientos, actitudes
o comportamientos (Wilson & Tan, 2023).
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Considérese el siguiente ejemplo de un mapa de constructo: la distribución de
mediciones repetidas de un atributo de un objeto podría concebirse como la com-
binación de una cantidad fija del atributo de un respondiente (que podría conside-
rarse la “cantidad verdadera”), y uno o más componentes de error aleatorio en el
proceso de medición. Por ejemplo, si se pide a equipos de estudiantes que midan
la “envergadura” de su profesor (es decir, la anchura de su alcance cuando extiende
ambos brazos), las fuentes de aleatoriedad podrían ser las siguientes:
Las “brechas” que se producen cuando los estudiantes desplazan sus reglas por
la espalda del profesor.
Los “solapes” que ocurren cuando el extremo de una medición se solapa con el
punto de partida de la siguiente.
La “flacidez” que se produce cuando el profesor se cansa y sus brazos extendi-
dos se hunden.
Los estudiantes pueden ser evaluados en una escala de “capacidad para medir
la envergadura de los brazos”, en la cual progresarían desde un nivel bajo del
constructo (el punto de referencia 1: descartar la posibilidad del error), a niveles
intermedios (puntos de referencia 2 y 3: establecer una o más fuentes de error)
y a niveles superiores (punto de referencia 4: no sólo consideran estos efectos
aleatorios o de error, sino que también los modelan mediante una representación
virtual en computadora).
1.2. El diseño de los ítems
Los formatos más comunes para el diseño de ítems son el de opción múlti- ple,
utilizado en pruebas de rendimiento, y el formato tipo Likert de encuestas y escalas
de actitud (por ejemplo, con respuestas que van desde “totalmente de acuerdo”
hasta “totalmente en desacuerdo”). Ambos son ejemplos del tipo de ítem de “res-
puesta seleccionada”, en el que al respondiente se le ofrece únicamente un rango
limitado de posibles respuestas, y se ve obligado a elegir entre ellas. Existen mu-
chas variantes de este formato, que van desde pregun- tas en cuestionarios hasta
la observación de indicadores de conductas (e.g. las clasificaciones de productos
por parte de consumidores). Otros tipos de ítems permiten que el respondiente
puede generar una “respuesta construida” como un ensayo, una entrevista, una
presentación, o una evidencia (por ejemplo, un clavado competitivo, un recital de
piano o un experimento científico). Gene- ralmente, estas respuestas se evaluarán
mediante una guía de puntuación o rúbrica que funciona de forma similar a como
lo hace un mapa de constructo; es decir, a los puntos de referencia del mapa de
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constructo se le asigna una puntuación (que podrá considerarse como “pública”) y
que da cuenta del nivel del constructo que el evaluado tiene.
1.3. El espacio de resultados
El evaluador necesita construir una estructura para vincular los ítems con el cons-
tructo. El problema consiste en que a veces las inferencias son erradas, pues la
relación entre ítems y constructo se puede interpretar mal, por ejemplo, haciendo
afirmaciones de causalidad erróneas (i.e., afirmar que los ítems causan el constructo
o viceversa, pero sin evidencia) o inferencias que no se ajustan (i.e., la variable no
observable no se puede inferir en realidad a partir de los ítems diseñados).
El primer paso en el proceso de inferencia, por tanto, debe ser establecer qué
aspectos de la respuesta se emplearán como base para la inferencia y cómo esos
aspectos serán categorizados y puntuados; es decir, se debe establecer uno de los
siguientes Espacios de Resultados (Outcome Space):
(a) La categorización de las respuestas de las preguntas en ‘verdadero’ y ‘falso’ en
una prueba (con la puntuación posterior asignada, por ejemplo, como ‘1’ y ‘0’).
(b) El registro de respuestas de tipo Likert (de ‘totalmente de acuerdo’ a ‘totalmente
en desacuerdo’) en una encuesta de actitudes, y su puntuación posterior según
la valencia de los ítems en relación con el constructo subyacente.
Otros Espacios de Resultados menos comunes serían:
(c) Los protocolos de preguntas y guiones en una entrevista estandarizada de res-
puesta abierta y la posterior categorización de las respuestas.
(d) La traducción de un desempeño en categorías ordenadas mediante una guía
de puntuación (i.e., ‘rúbrica’).
Cualquier conjunto de categorías descritas cualitativamente para registrar y/o
evaluar cómo han respondido los participantes a los ítems se denomina el es-
pacio de resultados. Las puntuaciones resultantes de este espacio desempeñan
un papel fundamental en el enfoque de mapeo de constructos. Ellas encarnan la
“dirección” del mapa de constructo (por ejemplo, las puntuaciones positivas se
mueven ‘hacia arriba’ en el mapa de constructo), e indican un nivel mayor del
constructo medido.
Una característica fundamental es que el espacio de resultados debe consistir
únicamente en un número finito de categorías. Por ejemplo, el espacio de resul-
tados del PF-10 (Prueba de funcionamiento general del adulto mayor) consta de
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sólo tres categorías: “Sí, limitado mucho”, “Sí, limitado un poco”, y “No, no limitado
en absoluto”, ya que su intención es valorar el nivel de disfunción percibida por el
adulto mayor en las actividades cotidianas como vestirse, alimentarse, etc. (White
et al., 2011).
El orden de las categorías de respuesta debe estar respaldado tanto por la teoría
que sustenta el constructo como por evidencia empírica. La teoría que fundamenta
el espacio de resultados debe ser coherente con la teoría del propio constructo. La
evidencia empírica puede utilizarse para apoyar el ordenamiento del espacio de
resultados. En los ítems de opción múltiple, el procedimiento estándar es asignar
una puntuación de 1 a la opción correcta (distractor correcto) y 0 a las incorrec-
tas. Así, cuando el distractor correcto representa efectivamente un ejemplo de un
“waypoint” (punto de referencia) particular (y los distractores incorrectos están todos
asociados a waypoints situados por debajo de este), entonces la puntuación 1 y
0 tiene sentido. Por supuesto, el desarrollador del instrumento debe asegurarse
de que no exista ambigüedad en la asignación de los distractores a los waypoints.
Las preguntas con formato de respuesta tipo Likert en encuestas y cuestionarios
suelen puntuarse según el número de categorías de respuesta disponibles—si hay
cuatro categorías como “Totalmente de acuerdo”, “De acuerdo”, “En desacuerdo” y
“Totalmente en desacuerdo”, entonces suelen puntuarse como 0, 1, 2 y 3, respec-
tivamente (o, a veces, como 1, 2, 3 y 4). Cuando un conjunto de respuestas tipo
Likert se usa con un mapa de constructo de actitudes o comportamientos, pueden
surgir dificultades para interpretar cómo se asignan “De acuerdo” y “En desacuerdo”
a los waypoints. En los conjuntos de opciones con una valencia negativa respecto
del constructo, la puntuación generalmente se invierte, asignándose 3, 2, 1 y 0,
respectivamente (lo que se conoce como “reverse scoring”).
En el caso de ítems de respuesta abierta, las categorías de resultado deben
ordenarse en categorías ordinales cualitativamente distintas. Al igual que con los
ítems tipo Likert, tiene sentido considerar cada uno de estos niveles ordinales como
puntuados usando enteros sucesivos, por ejemplo:
Crítica completa o comparación de dos argumentos = 3 puntos
Una justificación completa o un contraargumento = 2
Una afirmación o evidencia = 1
Sin evidencia = 0
Sin oportunidad de responder = sin dato.
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1.4. El mapa de Wright
El espacio de resultados produce un conjunto de datos compuesto por los códigos
o puntuaciones de cada persona en la muestra. El segundo paso en la inferencia
consiste en relacionar estas puntuaciones con el constructo. Esto se hace median-
te el cuarto bloque de construcción, denominado el mapa de Wright. El mapa de
Wright pone en una misma escala las características de los individuos (el constructo
latente) y las características de los ítems (en particular, su dificultad), gracias a las
propiedades del modelo psicométrico de Rasch. Este modelo estadístico se utiliza
para transformar los códigos basados en los ítems de acuerdo con los “waypoints”
(puntuados con enteros 0, 1, 2, etc.) y estimar así la ubicación de los respondientes
en una métrica que permite comparar los resultados entre diferentes respondientes.
Más exactamente, el mapa de Wright se apoya en una característica central
del modelo Rasch: las estimaciones de ubicación de los respondientes a lo largo
del constructo que subyace al mapa de constructo se pueden emparejar con las
ubicaciones estimadas de las categorías de respuesta de los ítems (establecidas
a partir de su dificultad). Esto permite relacionar las hipótesis acerca de los ítems
que han sido diseñados para vincularse con puntos de referencia específicos del
mapa de constructo mediante las categorías de respuesta determinadas. En pala-
bras de Wilson:
Esta característica (tener la misma escala para los ítems y para el
constructo) del modelo de Rasch es fundamental tanto para la teoría
como para la práctica de la medición en un contexto determinado: (a)
desde el punto de vista teórico, proporciona una forma de examinar
empíricamente la estructura inherente al mapa de constructo, y añade
este análisis como un elemento poderoso en el estudio de la validez
del uso de un instrumento; y(b) desde el punto de vista práctico,
permite a quienes realizan la medición ‘ir más allá de los números’
al informar los resultados de la medición a profesionales y usuarios,
y los capacita para utilizar el mapa de constructo como un recurso
interpretativo clave. (Wilson & Tan, 2023, p. 45)
En el modelo de Rasch, la probabilidad de la respuesta al ítem i, se modela como
una función de la ubicación del respondiente (su habilidad ó θ \theta) y de la ubi-
cación del ítem (su dificultad ó δi/delta), donde ambas ubicaciones se conciben a
lo largo de una escala común. Las puntuaciones de los ítems obtenidas a partir de
una muestra de respondientes se utilizan para estimar los parámetros de los res-
pondientes (i.e., habilidad) y de los ítems (i.e., dificultad) en una escala mediante un
modelo estadístico, y luego, la correspondencia entre las ubicaciones de los ítems
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en esa escala y los waypoints del mapa de constructo se utiliza para establecer
referencias (por ejemplo, puntuaciones) para la escala (Mari et al., 2023).
La lógica del modelo de Rasch es que el respondiente posee una cierta “cantidad”
del constructo, indicada por θ\theta, y que un ítem también posee una cierta “can-
tidad” del mismo constructo, indicada por δi\delta. Sin embargo, estas cantidades
interactúan en direcciones opuestas—por eso lo que realmente importa es la dife-
rencia entre el respondiente y el ítem: θ−δi \ theta - delta. La cantidad θ\ theta del
respondiente debe compararse con la cantidad δi\delta del ítem para determinar la
probabilidad de una respuesta ‘1’ o respuesta correcta (en lugar de una respuesta ‘0’):
(a) Cuando las cantidades θ\theta y δi\delta son iguales (es decir,
están en el mismo punto del mapa de Wright), las respuestas ‘0’ y
‘1’ tienen la misma probabilidad—por lo tanto, la probabilidad de una
respuesta ‘1’ es 0,50. Por ejemplo, el respondiente tiene la misma
probabilidad de estar de acuerdo o en desacuerdo con el ítem en
una pregunta de actitud; o, en una pregunta de logro, tiene igual
probabilidad de responder correcta o incorrectamente.
(b) Cuando el respondiente posee más del constructo que el ítem
(es decir, θ>δi ó theta > delta), la probabilidad de una respuesta ‘1’
es mayor a 0,50. En este caso, es más probable que el respondiente
esté de acuerdo (en una pregunta de actitud) o que responda
correctamente (en una pregunta de logro).
(c) Cuando el ítem posee más del constructo que el respondiente
(es decir, θ<δi ó theta< delta), la probabilidad de una respuesta ‘1’
es menor a 0,50. Aquí, el respondiente tiene más probabilidad de
estar en desacuerdo (en una pregunta de actitud) o de responder
incorrectamente (en una pregunta de logro).
En el contexto de pruebas de logro, diríamos que la ‘habilidad’ del respondiente es:
(a) igual a,
(b) mayor que, o
(c) menor que la ‘dificultad’ del ítem.
En el contexto de medición de actitudes, diríamos que:
(a) el respondiente y la afirmación son igualmente positivos,
(b) el respondiente es más positivo que el ítem, y
(c) el respondiente es más negativo que el ítem.
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Figura 1. Mapa de Wright
 El mapa relaciona los ítems (y su dificultad) y a los individuos (y su habilidad). Los ítems aparecen graficados como puntos
a la derecha (de acuerdo con su nivel de dificultad) y las habilidades de los individuos se representan a la izquierda como una
distribución de frecuencia del rasgo ɵ (habilidad). El mapa de Wright permite establecer categorías de sofisticación conceptual
dependiendo de la dificultad y la habilidad de los individuos: a mayor dificultad y habilidad, mayor sofisticación conceptual.
La figura 1 presenta un ejemplo de mapa de Wright. Para ítems dicótomos, un
modelo de Rasch (modelo logístico 1PL) permite identificar la relación entre la capa-
cidad (latente) del individuo y la dificultad de los ítems. Por tanto, la probabilidad de
que un individuo responda a un ítem de forma correcta se modela como función de
la diferencia entre la capacidad del individuo y a la vez de la dificultad del ítem. Este
modelo permite la comparación visual entre ítems, y el análisis de su relación con
la capacidad de los respondientes por medio del mapa de Wright. En dicho mapa
se representa gráficamente la habilidad del individuo en la izquierda (histograma
de la distribución de frecuencias de habilidad) y la dificultad del ítem a la derecha
(medida con el modelo de Rasch) (Wilson, 2005; Irribarra, 2021). Por inspección
visual del mapa, se puede concluir cuáles ítems deberían integrar la prueba ya
que se facilita determinar la relación entre un ítem y la capacidad del individuo en
términos de una misma escala, permitiendo también la construcción de categorías
de desempeño (Hontagas, et al., 1998).
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La formulación del modelo de Rasch difiere de la de la teoría clásica de los tests
en varios aspectos fundamentales. En primer lugar, el modelo de Rasch se expresa
tanto a nivel de ítem como de instrumento, y no sólo a nivel de instrumento como en el
caso de la teoría clásica de los tests; es decir, en la Teoría Clásica de los Test (CTT),
la puntuación total en el instrumento X se expresaba en términos de T(puntuación)
y E (error). Por el contrario, en el modelo de Rasch, es la respuesta del ítem para
el ítem i, Xi (pronunciado «X-sub-i») la que se modelará centrándose en el ítem.
En segundo lugar, el modelo de Rasch tiene tanto un parámetro de persona, que
está a nivel de instrumento, como parámetros de ítem, que están a nivel de ítem;
por tanto, puede considerarse un modelo multinivel. En tercer lugar, el modelo de
Rasch centra la atención en modelar la probabilidad de las respuestas observadas
en lugar de modelar la suma de las respuestas, como es el caso del CTT.
2. Vinculando el mapa de constructo y el mapa de Wright:
¿cómo ayuda el mapa de Wright a dar significado a la escala?
El mapa de Wright aporta significado a la escala al representar gráficamente, en
una misma métrica, tanto las ubicaciones de los respondientes como las ubicacio-
nes de los ítems en relación con el constructo que se desea medir. Este vínculo
con el mapa de constructo es crucial porque permite interpretar los resultados de
la medición más allá de simples puntuaciones numéricas. Wilson (2023) presenta
el ejemplo de Galileo, quien desarrolló termoscopios que permitían la transducción
del calor de los objetos a diversos dispositivos similares a los termómetros actuales,
pero de una manera idiosincrática que no permitía una comparación general entre
diferentes termoscopios. El dilema de cómo vincular las indicaciones de estos dife-
rentes dispositivos tomó muchos años (incluido el desarrollo de diversas técnicas de
estandarización). Sin embargo, el desarrollo crucial fue la fijación de las diferentes
indicaciones a puntos críticos generalmente disponibles (públicos) e interpretables,
específicamente los puntos de congelación y ebullición del agua.
El evaluador desea tener una base referenciada por criterios para establecer tales
valores de referencia públicos (como los puntos de ebullición del agua u otro criterio
de referencia). Sin embargo, existen muchas formas en que la correspondencia
entre los waypoints’ y las estimaciones de sus parámetros correspondientes puede
fallar. A veces, las estimaciones no se agrupan de la manera en que el mapa de
constructo lo predeciría; otras veces, se agrupan, pero no en el orden previsto. Por
este motivo, se requiere hacer nuevas recolecciones de datos, que permitan con
nuevas muestras establecer las correspondencias más afinadas entre el mapa de
constructo y el mapa de Wright. El enfoque general adoptado es utilizar el mapa de
Wright como un vínculo conceptual entre la intención teórica del mapa de constructo
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y la evidencia empírica de las estimaciones de los ítems y los respondientes. Este
debe ser constantemente revisado y mejorado desde la teoría y desde la evidencia
empírica (varias aplicaciones de los ítems a diferentes submuestras).
3. Más de dos categorías de puntuación: datos
politómicos. ¿Cómo extendemos el modelo
estadístico de Rasch a más de dos categorías?
Para extender el modelo estadístico de Rasch a más de dos categorías, se utiliza
el modelo Rasch de respuesta múltiple o modelo politómico. En lugar de tener sólo
dos posibles respuestas (por ejemplo, correcto o incorrecto), este modelo permite
que las respuestas se clasifiquen en varias categorías ordenadas. Esto es útil en
situaciones donde los ítems tienen respuestas graduales o escaladas, como en
escalas de actitud o en preguntas de logro con más de dos niveles de dificultad.
El modelo politómico de Rasch se basa en la misma idea fundamental del mo-
delo de Rasch para dos categorías, pero con un ajuste para manejar múltiples
categorías de respuesta. Este modelo utiliza umbrales o puntos de corte entre las
categorías para estimar las probabilidades de que un respondiente se ubique en
una categoría específica. Los parámetros δik (delta_ik) se conocen como “pará-
metros de paso”— que describen la probabilidad de dar el paso de una categoría
de puntuación a la siguiente, por ejemplo, de la puntuación k− 1, a la puntuación
k (Masters, 1982; Wright & Masters, 1982). Al considerar las probabilidades para
cada una de las categorías de respuesta, las curvas de probabilidad resultantes
se pueden denominar funciones de respuesta de categoría (CRF), el equivalente
de las curvas de información por ítem del modelo de Rasch, pero ahora aplicado
por categoría.
La información presentada en el mapa de Wright ofrece una visión del éxito en
el desarrollo de la medición, ya que permite observar rápidamente cuán bien se
ajusta la distribución de los ítems a la distribución de los participantes. En el caso
politómico esto es relevante por dos razones: (a) la proximidad de los participantes
a los umbrales entre categorías de respuesta influye en los errores estándar (por
ejemplo, “falsos positivos”) y (b) las limitaciones en el rango de los umbrales pueden
indicar limitaciones en la definición del constructo (y, por tanto, errores en el mapa
de constructo) implícito en el conjunto de ítems.
Otro error típico con los ítems politómicos es que pueden presentarse efectos de
“piso y techo” en cualquiera de los lados (es decir, del lado de los ítems o del lado
de los participantes) del mapa de Wright. Por ejemplo, los participantes pueden
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ubicarse muy por encima de los umbrales más altos de los ítems, o muy por deba-
jo de los umbrales más bajos. Esto puede llevar al desarrollador de la medición a
cuestionar si ha creado una gama suficientemente amplia de ítems (o incluso de
puntos de referencia en el mapa del constructo) para representar adecuadamente
todo el rango del constructo. Alternativamente, el rango de los participantes puede
ser bastante estrecho en comparación con el rango de los umbrales de los ítems,
lo cual podría llevar a los desarrolladores de la medición a preguntarse si realmente
se necesita una gama tan amplia de umbrales y si deberían concentrar los ítems
en aquellos que se ajusten mejor al rango de los participantes.
Este tipo de consideraciones debe ser evaluado cuidadosamente en cada nuevo
contexto. Puede suceder, por ejemplo, que la muestra actual esté artificialmente
limitada, y que el uso futuro del instrumento incluya efectivamente participantes en
los extremos del rango, los cuales no pueden ser medidos por los efectos de techo
y piso.
4. El problema de la unidimensionalidad
Aunque Wilson (2023) no comenta sobre la dimensionalidad, es necesario dejar
planteado el tema para los profesionales que planean desarrollar o adaptar un
instrumento. “La unidimensionalidad se define como la existencia de un solo ras-
go latente subyacente a los datos” (Hattie, 1985, p. 139). La unidimensionalidad
implica que un conjunto de respuestas a un set de ítems es unidimensional si, y
sólo si, la matriz de respuestas a los ítems es localmente independiente después
de eliminar un único factor latente común. Sin embargo, lograr esto no es tan
sencillo en la realidad, y aún así, se insiste en formar a los nuevos psicómetras
como si siempre se cumpliera la unidimensionalidad, “McDonald caracteriza la
visión predominante sobre la posibilidad de que los datos se ajusten estrictamente
a un modelo unidimensional: ‘tal caso no ocurrirá en la aplicación de la teoría’”
(1981, p. 102).
Ante este hecho, los investigadores han dedicado mucho esfuerzo a: a) estudiar
el grado en que las estimaciones de parámetros de la TRI (Teoría respuesta al ítem)
son robustas (es decir, aproximadamente correctas) frente a distintos niveles de
violación de la Unidimensionalidad, y b) desarrollar criterios estadísticos para juzgar
si los datos se aproximan razonablemente al Modelo A de la figura 2 (por ejemplo,
un rasgo general “fuerte” o unidimensional). Los modelos que pueden relacionar los
ítems y la variable latente pueden ser variados y esto implicaría diferencias en las
relaciones de causalidad y en la posibilidad de tener ítems en realidad ortogonales
y que no comparten varianza con diferentes variables latentes.