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<P>Artículo de investigaci </P>

<Part>
<H1>Afectaciones del conflicto armado en los procesos de ensenza y aprendizaje </H1>

<Sect>
<H2>The Impact of the Armed Conflict on Teaching and Learning Processes </H2>

<P>William Oswaldo Gaviria Gutiérrez1 Kelly Johana Gómez Torres2 </P>

<P>Recibido: 10/02/2026 - Aprobado: 24/02/2026 - Publicado: 01/07/2026 </P>

<Sect>
<H5>Para citar este articulo: </H5>

<P>Gaviria Gutiérrez, W. O., &amp; Gez Torres, K. J. (2026) Afectaciones del conflicto armado en los procesos de ensenza y aprendizaje, Revista Tempus Psicolico, 9(2) -ISSN: 2619-6336 DOI: https://doi.org/10.30554/tempuspsi.9.2.5590.2026 </P>

<P>1 Universidad de Manizales, 
<Link>wgaviria@umanizales.edu.co</Link>
, ORCID: 
<Link>https://orcid.org/0000-0003-4228-4665 </Link>
</P>

<P>2 Asociaci de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca (ACONC), 
<Link>psicologagomez1@gmail.com</Link>
, ORCID: 
<Link>https://orcid.org/0009-0002-7612-9946 </Link>
</P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Resumen Abstract </H2>

<P>El conflicto armado en Colombia ha dejado una profunda marca en la dinámica socio-educativa de nis, nis y jenes. El objetivo de este estudio fue comprender las afectaciones generadas por el mismo en los procesos de enseanza y aprendizaje en estudiantes, maestros y maestras de una Instituci educativa rural. Se desarrolluna investigaci cualitativo-hermético con tres entrevistas a profundidad a docentes y tres grupos focales con estudiantes. Se encontrque educar en medio de las balas es un desafío para los docentes, obligados a normalizar el ruido de canes para garantizar el acto pedagico. El estruendo de la guerra impacta el aprendizaje de los estudiantes, convirtiendo el aula de clase en un lugar sin sentido y la calle como el espacio donde la vida puede acontecer. </P>

<P>Palabras clave: conflicto armado, ensenza, aprendizaje, juventud </P>

<P>The armed conflict in Colombia has left a profound mark on the socio-educational dynamics of children and young people. The objective of this study was to understand the impacts it has had on the teaching and learning processes of students and teachers at a rural educational institution. A qualitative, hermetic research study was conducted with three in-depth interviews with teachers and three focus groups with students. It was found that teaching amidst bullets is a challenge for teachers, who are forced to normalize the noise of cannon fire to ensure the pedagogical process. The roar of war impacts student learning, turning the classroom into a place of meaninglessness and the street into a space where life can happen. </P>

<P>Keywords: armed conflict, teaching, learning, youth </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Introducci </H2>

<P>En la vida, cada ser humano experimenta al menos dos nacimientos: el primero, biolico, y el segundo, un acto de conciencia que Dávila y Maturana (2019) sitn en el reconocimiento de la matriz cultural. Este segundo nacimiento, una especie de despertar del ser, determina nuestra perspectiva ante el mundo que vivimos. Sin embargo, para los colombianos nacidos después de 1963, la experiencia de vida ha transcurrido en un país en guerra, un entorno donde miles de muertes y millones de víctimas han naturalizado el aniquilamiento. La Comisi de la Verdad (2022) destaca que el conflicto armado colombiano no es una guerra meramente ideolica o un enfrentamiento de aparatos armados; más bien, es un entramado complejo de alianzas, actores e intereses, cuya responsabilidad se extiende a sectores políticos, econicos y sociales. </P>

<P>Esta compleja afirmaci invita a entender la guerra como un feneno sociocultural arraigado en el ethos social, un proceso que ha estructurado la vida en Colombia. Seg Hillman (2010), el conflicto ha propiciado un ejercicio de identidad que articula la psique en torno a la desaparici material y simbica de un enemigo com. Esta radicalizaci ha generalizado la muerte, aniquilando a quienes se resisten al canon establecido. Barrero Cuellar (2011) describe esta situaci como la internalizaci de una intencionalidad política para eliminar la diferencia, lo que convierte la violencia en una forma de ver y hacer el mundo. </P>

<P>El resultado de esta configuraci psicosocial ha sido devastador. El Registro Único de Víctimas (RUV) de la Unidad para las Víctimas (2023) indica que la guerra interna ha dejado 9.593.356 víctimas. Alarmantemente, el 42.5% de estas personas son jenes entre 0 y 28 as (Unidad para las Víctimas, 2023), lo que aniquila el inédito viable al truncar el desarrollo del sujeto potencial. </P>

<P>Las investigaciones evidencian que el 42.5% de las víctimas jenes intentaba construir sus vidas en territorios afectados por la violencia. Una de las esferas más afectadas es la educaci básica y media, especialmente en las escuelas rurales. Cuesta y Cabra (2021) demuestran que estas escuelas han sido devastadas, lo que ha generado alta deserci, abandono estatal y la necesidad de docentes cualificados, debido a que “el teatro de la guerra del conflicto colombiano es en su mayoría los territorios rurales” (p. 512). En este contexto, Galvis (2021) puntualiza las complejidades de formarse en medio del desplazamiento, amenazas a los docentes y aulas con paredes perforadas por las balas. La autora afirma que esta violencia ha desinstitucionalizado la escuela y la ha transformado en un blanco de fácil alcance, elemento conceptualizado también por Márquez y Arteaga (2021) reconociendo la escuela como un sujeto colectivo victimizado, lo que provoca que los estudiantes la relacionen con la violencia, convirtiéndola en una víctima más del conflicto. </P>

<P>Arias (2017) complementa esta visi, argumentando que los problemas de la educaci rural han moldeado una subjetivaci de la desgracia del hoy y el terrible mana, dejando vacíos en la identidad y en la conservaci de las costumbres de las comunidades afrodescendientes. Esto promueve dinámicas educativas ineficaces, evidenciando carencias en el desarrollo de una pedagogía intercultural. Cifuentes, et al. (2018) también exploran co los eventos violentos en el conflicto armado, al afectar emocionalmente a los estudiantes, motivaron la bqueda de factores de resiliencia para fortalecer las relaciones entre pares. </P>

<P>En una investigaci similar, Hoyos y Carmona (2020) analizan la incidencia de factores psicopedagicos, familiares y contextuales en el aprendizaje de nis en zonas de conflicto. Sus hallazgos indican que estas afectaciones se manifiestan en altos índices de deserci escolar, repitencia, y problemas de aprendizaje, cognitivos, de lenguaje, de atenci y de escritura, esto concuerda con las demostraciones cuantitativas de Rojas et al. (2017), quienes evidencian co el desempe escolar cae significativamente al estar expuestos al conflictou. En la misma línea, Campillo et al. (2017) selan que la crisis de la educaci en Colombia se debe, en gran medida, a factores externos a lo didáctico o curricular, directamente relacionados con el conflicto armado. Estas narrativas resaltan el papel de la memoria en la ensenza, que seg Sánchez y Rodríguez (2009), tiene dos implicaciones en países violentados: la reconstrucci de la verdad para juzgar a los responsables, y la resignificaci de los eventos traumáticos como mecanismo de recomposici social. </P>

<P>Bajo este panorama, la presente investigaci se localizen el municipio de Santander de Quilichao (Cauca), donde se registran altas cifras de violaciones de derechos humanos, como homicidios, reclutamiento de menores y desplazamiento forzado, seg el informe de la Comisi de la Verdad (2022). En 2021, el departamento contaba con 473.533 víctimas, casi un tercio de su poblaci, lo que genera consecuencias físicas y mentales que permean el desarrollo humano y los procesos educativos. Esta magnitud de afectaci demográfica evidencia los profundos retos que enfrenta la política plica estatal, la cual debe coordinar esfuerzos a nivel naci-territorio para lograr garantizar medidas efectivas de atenci, asistencia y reparaci integral a los sobrevivientes del conflicto armado (Unidad para la Atenci y Reparaci Integral a las Víctimas, 2017). Por lo tanto, nuestra investigaci cobra valor y pertinencia al buscar dar voz a quienes han sido silenciados y al entender el proceso de ensenza desde la perspectiva de los maestros y maestras. </P>

<P>A partir de ello, la pregunta central de la investigaci fue: ¿Cuáles son las afectaciones del conflicto armado en los procesos de ensenza y aprendizaje en la Instituci Educativa Bajo San Francisco (Santander de Quilichao, Colombia)? Para responder, se establecieron tres objetivos (1) Explorar las configuraciones del mundo de los estudiantes y maestros, (2) Identificar el significado de la ensenza para los docentes y (3) Determinar la subjetivaci del aprendizaje en los estudiantes. </P>

<P>Teicamente, el conflicto armado se asume como una serie de violencias que alteran la armonía. Valencia y Daza (2010) selan que el conflicto colombiano ha dejado afectaciones persistentes en la salud mental, como ansiedad, depresi y bajo desempe académico. </P>

<P>Para profundizar en el tema, se recurre a teicos que han aportado a la pedagogía y la construcci del conocimiento. Achille Mbembe (2011), filofo reconocido por sus estudios en contextos africanos, introduce el concepto de necropoder, una forma de entender co el Estado y otros agentes instrumentan la existencia humana para la destrucci material. Mbembe (2011) afirma que figuras de soberanía se centran en la “instrumentalizaci generalizada de la existencia humana y la destrucci material de cuerpos y poblaciones humanas” (p. 18). Estas prácticas sistemáticas de violencia generan fragmentaci territorial, inmovilizan la construcci de identidades y vulneran la dignidad. </P>

<P>Por otro lado, Donald Sch (citado por Díaz, 2002) aporta a la investigaci al centrarse en la ensenza reflexiva, considerando al docente como un promotor de cambio que prioriza la comprensi del ser para el desarrollo de competencias en los estudiantes. Asimismo, se incorporan las teorías de Lev Vygotsky, quien investigel aprendizaje y el desarrollo en nis. Seg Vygotsky (1977), el aprendizaje precede al desarrollo, y una ensenza adecuada crea zonas de desarrollo prximo que promueven el progreso cognitivo. </P>

<P>Finalmente, Naomi Klein (2007) ofrece una perspectiva sobre el conflicto a través de su propuesta de la Doctrina del Shock, donde los modelos econicos y sociales son impuestos mediante el terror. Castellini y Pérez (2017) selan que esto explica co las dictaduras políticas fusionaron reformas econicas con violencia, deificando el poder del mercado y el dinero como una realidad invasiva que genera sufrimiento. Este panorama configura el lugar enunciativo para entender co el conflicto, a lo largo de los as, se ha convertido en un feneno que domina la sociedad, permeando la violencia en todos los escenarios e impidiendo una transformaci real. </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Metodología </H2>

<P>Investigar en contextos de conflicto armado interno convoca una descolocaci epistemolica y corporal radical. El proceso demanddistanciarse de las dinámicas del entorno bélico, los homicidios y los silencios del desplazamiento forzado para escuchar los discursos, cuerpos y pasos que persistieron ante la tragedia. Esta realidad tensionlas metodologías tradicionales, donde los grupos focales y las entrevistas semiestructuradas parecieron enmudecer ante las ráfagas de disparos que configuraron el escenario de la pregunta. Asimismo, la indagaci implicun cuestionamiento por la posici del investigador, en tanto que, como afirmPineda (2014, p. 11), “en mi cuerpo se alojan los signos del habitar en medio de la barbarie; soy parte de una generaci sin tregua atravesada por la ira de Ares, el dios de la guerra”. En concordancia, este ejercicio se desarrollbajo las vicisitudes del desplazamiento y las amenazas al profesorado en la Instituci Educativa Bajo San Francisco. En aulas, camas y casas improvisadas, los espacios de co-creaci conjunta alternaron entre el sal, la vivienda, el tendedero de ropa y la cocina, lo que obliga construir conocimiento en condiciones de destrucci. Se asumicorporalmente la premisa de Brecht (1965, p. 46) para articular la resistencia. </P>

<P>Hay muchas maneras de matar: se puede clavar un pul en el vientre de alguien, quitarle el pan, no cuidarlo cuando está enfermo, confinarlo en un tugurio, hacerlo trabajar hasta el agotamiento, empujarlo al suicidio, llevarlo a la guerra, etc. Pocas de esas formas de asesinato están prohibidas en nuestro país. </P>

<P>El proceso investigativo implicla inmersi del cuerpo en la pulsi de vida para resistir a la necro-cotidianidad, distanciándose de las posturas corporales orientadas exclusivamente a la formaci formal descritas por Almeida y Jiménez (2022). El horizonte metodolico se trazdesde un enfoque cualitativo con alcance hermenéutico, fundamentado en los postulados de Fuster (2019) sobre los escenarios educativos. La relaci entre la hermenéutica y la educaci se establecia partir de la noci de sentido, asumiendo que la educaci constituye la transmisi social del significado que una cultura otorga a su relaci con el mundo (Fuster, 2019). De igual manera, este enfoque se orienta la descripci e interpretaci de las estructuras fundamentales de la experiencia vivida, la cual resulta de difícil acceso a través de los enfoques metodolicos tradicionales (Fuster, 2019). </P>

<P>De acuerdo con Hernández et al. (2014), la investigaci cualitativa proporcionla flexibilidad y profundidad necesarias para comprender los fenenos desde la perspectiva de los propios actores en su entorno natural. En este sentido, la aproximaci cualitativa posibilitun dise abierto y emergente que se adaptrigurosamente a las contingencias impuestas por el conflicto armado, permitiendo que la recolecci de los datos y el análisis se nutrieran mutuamente sin las rigideces de los modelos lineales. El proceso metodolico se estructuren tres fases consecutivas, adaptadas de la propuesta de Piza et al. (2019). </P>

<P>La fase preparatoria consistien la construccin del problema de investigaci y el ajuste del dise metodolico a las restricciones del escenario de guerra. Durante este periodo, se implementaron técnicas de observaci participante con docentes y estudiantes para delimitar el campo problemático. Este procedimiento inicial permitisituar en la cotidianidad institucional el nleo de la indagaci cualitativa. La segunda fase, correspondiente al trabajo de campo, contemplla realizaci de tres entrevistas semiestructuradas con los docentes de la instituci y tres grupos focales con estudiantes de los grados séptimo, octavo, noveno y décimo. </P>

<P>Los criterios de seleccin de la muestra se basaron en un muestreo no probabilístico por conveniencia (Hernández et al., 2014). El rango de edad de los estudiantes participantes se ubicentre los 12 y los 18 as, registrándose variaciones en la asistencia debido a la deserci, el retiro y los impactos de la violencia en el territorio. Particularmente, el tama de la muestra estudiantil contemplinicialmente a 15 participantes; no obstante, debido a las condiciones de violencia del entorno, uno de los menores fue asesinado, lo que redujo el grupo final a 14 estudiantes y obligal equipo investigador a activar protocolos urgentes de resguardo ético y contenci emocional en el campo. Por su parte, la selecci del profesorado respondia variables socioprofesionales de inserci comunitaria y antigdad en la instituci. </P>

<P>La fase analítica3 implicla transcripcin textual y codificaci de los registros obtenidos. Las entrevistas se etiquetaron bajo el cigo (E) seguido de la numeraci arábiga correspondiente (1, 2, 3), mientras que los grupos focales se sistematizaron mediante la nomenclatura (GF-1, 2, 3). Los segmentos de informaci se organizaron en una matriz de doble entrada que asocilos ejes de indagaci con las categorías emergentes de “procesos de ensenza” y “procesos de aprendizaje”. Para la estabilizaci conceptual y la construcci de los resultados, se aplicel criterio de saturaci teica validado por Ardila y Rueda (2013). Este criterio determinel cierre del proceso de recolecci cuando las unidades de análisis comparadas no aportaron propiedades conceptuales novedosas a las categorías organizadas, </P>

<P>Se había contemplado una fase posterior situada en la devoluci de resultados a la comunidad, al momento de presentaci del manuscrito no ha sido posible realizarla, toda vez que dadas las situaciones de desplazamiento forzado la gran mayoría de ellos fueron retirados de la I.E. </P>

<P>o bien, cuando las condiciones de seguridad impidieron el acceso a nuevos datos en el campo de estudio. </P>

<Sect>
<H3>Poblaci </H3>

<P>La poblacin de estudio estuvo conformada por el cuerpo docente y los estudiantes de la Instituci Educativa Bajo San Francisco, identificados como víctimas del conflicto armado. A continuaci, se presenta la caracterizaci formal de los participantes del estudio, omitiendo datos de identidad civil por estrictos criterios de seguridad y resguardo ético en la investigaci cualitativa. </P>

<Sect>
<H4>Tabla 1. Caracterización de maestros y maestras </H4>

<P>Maestro/a Edad Área que orienta Observación </P>

<P>1 35 as Educaci Física Docente nativo de la comunidad </P>

<P>2 45 as Biología, Ciencias Naturales y Química Docente residente en otro municipio </P>

<P>Docente con mayor antigdad</P>

<P>3 66 as Artística, matemáticas y religi </P>

<P>en la instituci (30 as)</P>

<P> Fuente: elaboraci propia </P>

<P>Tabla 2. Caracterización de estudiantes </P>

<Table>
<TR>
<TH>Estudiante </TH>

<TH>Edad </TH>

<TH>Grado </TH>

<TH>Observación </TH>
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<TH>1 </TH>

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<TD>7° </TD>

<TD>Regular </TD>
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<TD>7° </TD>

<TD>Regular </TD>
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<TH>3 </TH>

<TD>13 </TD>

<TD>7° </TD>

<TD>Extra edad </TD>
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<Caption>
<P>4 11 8° Regular 5 15 8° Extra edad </P>
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<TH>6 </TH>

<TH>12 </TH>

<TH>7° </TH>

<TH>Retirado del periodo académico </TH>
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<TD>Retirado del periodo académico </TD>
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<TD>Retirado del periodo académico </TD>
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<TD>Regular </TD>
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<TD>Extra edad </TD>
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<TH>Regular </TH>
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<TD>10° </TD>

<TD>Regular </TD>
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<TD>14 </TD>

<TD>18 </TD>

<TD>10° </TD>

<TD>Extra edad </TD>
</TR>
</Table>

<P>Fuente: elaboraci propia </P>
</Sect>
</Sect>
</Sect>

<Sect>
<H2>Hallazgos y discusi </H2>

<P>El proceso de sistematizaci de las narrativas de los maestros y las producciones colectivas de los estudiantes de la Instituci Educativa Bajo San Francisco permitiidentificar las realidades cotidianas y las tensiones pedagicas provocadas por el conflicto armado en el departamento del Cauca. A partir del criterio de saturaci teica, los datos empíricos se organizaron en dos categorías principales. </P>

<Sect>
<H3>La labor docente ante la contingencia de la guerra y el desarraigo escolar </H3>

<P>Las narrativas del cuerpo docente evidenciaron que la inserci profesional en áreas de conflicto armado interno generun quiebre en las expectativas iniciales de los maestros, instalando el miedo y la zozobra como dimensiones corporales de la práctica educativa. Los educadores manifestaron que el ejercicio de la ensenza estuvo condicionado por la inestabilidad del entorno y la necesidad latente de supervivencia. Con respecto a este posicionamiento, una de las maestras relatsu experiencia inicial en el territorio: </P>

<P>Pues mira... es un reto un desafío que personalmente primera vez que lo vivía, ya había escuchado que la instituci y cierta poblaci de mazamorrero habían vivido hace unos meses un desplazamiento por conflicto armado, entonces volver a eso, ya mis comparos me habían dicho lo que habían tenido que pasar pero pues para mí era nuevo, entonces asumir este rol de docente allá y con esta situaci, pues inicialmente fue de miedo, pero pues sabía que tenía las capacidades para poder afrontarlas (EM1). </P>

<P>Esta dimensi emocional trascendiel espacio de la planeaci curricular individual. Las narrativas demostraron que la persistencia de la violencia sociopolítica impuso una carga psíquica constante en los maestros, quienes debieron educar bajo la incertidumbre de un ataque inminente, tal como lo describiotro de los docentes entrevistados: “y trabajar en zona del conflicto armado pues es preocupante, pues porque uno siempre esta con la zozobra de que en cualquier momento algo pueda pasar” (EM2). El profesorado coincidien que estas condiciones alteraron la temporalidad y la continuidad de sus prácticas del diario vivir: </P>

<P>Te digo que, jummmm en estos momentos, para mi significa no sé, miedo, angustia y muchas limitaciones porque son cosas que cuando inicié mis trabajos no lo viví, esto se está viviendo ahora sí, entonces yo creo que uno siempre está a la expectativa de que puede pasar, nooo (EM3). </P>

<P>Aunado a la afectaci emocional de los maestros, el registro empírico demostrque el ausentismo y el desplazamiento forzado de las familias constituyeron las principales barreras operacionales para el desarrollo de los procesos escolares. La poblacin estudiantil experimenttránsitos discontinuos que interrumpieron los ciclos de ensenza y aprendizaje, dejando vacíos formativos acumulativos. Uno de los educadores caracterizesta discontinuidad territorial y académica: </P>

<P>Yo creería que son dos principales que son el ausentismo y desplazamiento, pues contar con ellos en un sal de clases, que verlos todos los días en el colegio y ya después de que pase un tipo de cosas como el desplazamiento por conflicto armado, pues ya los muchachos dejan de ir uno, dos, tres días y ya el tiempo se va prolongando, entonces ya van a perder ese ritmo educativo que traían (EM1). </P>

<P>Frente a la pérdida de las condiciones locativas de la escuela, los maestros reportaron la improvisaci de ambientes alternos de aprendizaje como un acto de resistencia pedagica. Las clases se trasladaron a viviendas y albergues provisionales para mitigar el desarraigo de las infancias, asumiendo las limitaciones del espacio físico: </P>

<P>Entonces por ejemplo los estudiantes tenían que salir desplazados para un asilo acá en Aconc [...] Asumir la educaci en ese espacio que no era el más acorde, pero que realmente lo supimos hacer, se crearon unas condiciones para poder llevar a cabo el proceso de ensenza aprendizaje y era un contexto difícil dar clases ahí donde estábamos (EM1). </P>

<P>Ante los efectos psicosociales y metodolicos derivados de la violencia, las narrativas del profesorado describieron la implementaci de estrategias didácticas alternativas. Los docentes reportaron que recurrieron a los principios prácticos del constructivismo para flexibilizar la enseanza y ofrecer espacios de expresi abierta que permitieran tramitar las vivencias del entorno sin revivir el trauma originario: </P>

<P>Con estos nis hay que trabajar muy prácticos, utilizo muchas estrategias para ellos yo lo que he notado que es como lo más fácil para trabajar es todo lo relacionado con el constructivismo, a ellos los veo que en realidad le gusta es lo práctico. Hay como te parece… ser muy flexible prácticamente para trabajar con ellos, si es posible con estos muchachos hay que utilizar diferentes metodologías, si quiere llegarle fácilmente, no cazarse con una metodología sino con diferentes, buscar. Buscarle la comba al palo, como decían los viejitos, pero con ellos si hay que emplear muchas metodologías, buscar la manera de llegarles a ellos (EM3). </P>

<P>Y en nuestro que hacer como docentes y en particular el mío, en las áreas que yo oriento, siempre busco utilizar estrategias ya sean pedagicas o didácticas las cuales permitan que ellos se puedan expresar de manera abierta, el cual primero puedan plantear la situaci que vivan dándole un buen manejo para que ellos no vuelvan como a revivir esas situaciones, sino que las puedan interiorizar, pero darle ya un manejo positivo (EM1). </P>
</Sect>

<Sect>
<H3>La cotidianidad escolar desde la percepci de los estudiantes: tensiones y demandas grupales </H3>

<P>El análisis de las voces colectivas y de los registros de los grupos focales de estudiantes revelque las infancias y adolescencias de la instituci adscribieron significados complejos a su realidad escolar, cruzados tanto por las macro-violencias territoriales como por las micro-violencias relacionales que configuraron el aula de clase. En los ejercicios de cartografía del territorio (CTE), los estudiantes identificaron de manera unívoca al reclutamiento forzado de menores como la principal amenaza armada que limitsus tránsitos hacia el establecimiento educativo. </P>

<P>No obstante, al indagar por las dificultades específicas de la cotidianidad escolar mediante las dinámicas grupales (GFE), los estudiantes situaron el nleo del problema de sus aprendizajes en las dinámicas interpersonales con el profesorado y las autoridades institucionales, manifestando un fuerte rechazo hacia lo que denominaron tratos discriminatorios y exclusiones internas. Los registros textuales sistematizados del grupo focal dieron cuenta de estas rupturas relacionales: </P>

<P>Principalmente se destacan las inconformidades con relaci al ejercicio del profesorado // Lo ico que se ve en el colegio es injustica de parte de los profesores // Se imaginan un colegio donde los profesores no sean rosqueros e individualistas, sienten que todo lo que pasa en el colegio es Mazamorrero, expresan mucha inconformidad y rechazo hacia la docente X (GFE). </P>

<P>La manifestaci de las inconformidades de los estudiantes se extendihacia los canales de comunicaci y las figuras de autoridad vertical dentro de la instituci. Las expresiones colectivas develaron una percepci generalizada de injusticia, desprotecci institucional y falta de contenci afectiva ante su estatus de víctimas de desplazamiento: </P>

<P>Con ese rector no se puede hablar, ni hablando bien uno puede hablar // Aquí en el colegio hay mucho vicio // El rector es muy alcahueta // Sintieron que el rector los quería echar // Se me es difícil controlarme // Me da mucha rabia con los profesores // Esa profesora tiene rabia conmigo // Esos profesores yo no sé qué es lo que les pasa // Algunos son muy faltosos // Nos hacen dar mucha rabia // Los profesores son muy atrevidos // Me voy de este colegio y no me llevo nada bueno // Aquí se vive mucha injusticia // Los profesores como no saben que es estar desplazados, para que vean que se siente // Profesores ingratos // Intolerancia entre comparos // Hay rosca desde la cocinera (GFE). </P>

<P>El desinterés o la resistencia inicial de algunos menores a participar en las actividades investigativas quedregistrado en las bitácoras de campo como un emergente del campo defensivo internalizado por los estudiantes ante agentes externos: “una de las estudiantes decide no participar de la actividad, afirmando que no es de su interés. Los demás, se muestran muy motivados a la expectativa, sin embargo, manifestaron que no les gusta sentirse grabados, pues ya han pasado por unas situaciones y esto les genera mucha incomodidad” (GFE). </P>

<P>Finalmente, las proyecciones colectivas de los alumnos respecto al futuro escolar no se centraron en la supresi del conflicto bélico externo, sino en la transformaci interna del clima de aula, demandando espacios pacíficos, equitativos y de comprensi mutua: </P>

<P>Yo quiero que mi colegio sea, un colegio donde el ambiente sea armonioso lleno de paz, donde haya más espacio deportivo y recreativo, donde los profesores sean más compresivos y pasivos, donde haya una semana deportiva. También todos los estudiantes tienen que ser igualitarios, que no allá consumo de drogas, ni violencia de género o de identidad // Yo quisiera que mi colegio fuera de varios pisos, fuera privado, estuviera pintado de azul, que no haya consumidores, que los profesores sean buenos con los estudiantes, que la cocinera cocine mejor, que los estudiantes no sean groseros con los profesores, que no lleven de paseo cada fin de a, haya piscina, cancha de micro, futbol, basquetbol y tenis (GFE). </P>
</Sect>
</Sect>

<Sect>
<H2>Discusi </H2>

<P>Los hallazgos de esta investigaci develan que la realidad escolar en contextos de conflicto armado interno impone una reconfiguraci radical de las subjetividades y de las prácticas pedagicas, tensionando las nociones tradicionales de calidad educativa y continuidad curricular. Al contrastar las narrativas de los docentes con los planteamientos de Quintero (2021), se convalida que la dinámica de violencia asociada a la guerra interna produce una erosi del tejido social que precariza de manera directa la vida de las infancias y las adolescencias. La “zona roja” del departamento del Cauca funciona como un escenario geográfico donde la violencia se imbrica en la matriz cultural y escolar de la Instituci Educativa Bajo San Francisco. En este entorno, el miedo se desplaza de su estatus de emoci transitoria para convertirse en una dimensi corporal constitutiva de la labor docente, vinculada a lo que Lizarralde (2003) describe como la interiorizaci del miedo como patr de conducta cotidiano ante la inminencia de la barbarie. </P>

<P>Este miedo internalizado influye en el surgimiento de confrontaciones internas permanentes en el profesorado, dividiendo sus esfuerzos entre la vocaci pedagica y el imperativo ético de la supervivencia biolica. De acuerdo con las evidencias presentadas en los informes de las Naciones Unidas (2015), los hechos de violencia armada en los territorios de conflicto generan inestabilidad sistémica en el aparato educativo debido a los docentes desaparecidos, heridos o muertos. Las narrativas analizadas expanden esta realidad al demostrar que la inestabilidad no solo es estadística, sino profundamente psíquica. Los traumas psicolicos y la zozobra expresada por los maestros actn como barreras invisibles que fragmentan la continuidad pedagica (Almeida y Jiménez, 2022) y los lleva a inhibirse en su ejercicio por temor (Rangel, 2016), limitando las condiciones de posibilidad de un ambiente de ensenza formal y regular. </P>

<P>Por otra parte, las evidencias empíricas recolectadas sitn al ausentismo escolar y al desplazamiento forzado como factores de interrupci radical de los procesos de aprendizaje. Al dialogar con las tesis de García (2009), se corrobora que la violencia armada se constituye en la barrera estructural que impide el acceso y la permanencia de millones de menores en la educaci formal colombiana. El flujo discontinuo de estudiantes que van y vienen con trayectorias educativas inconclusas imposibilita el cumplimiento de los logros propuestos en los dises curriculares estándar. Como bien afirma Quintero (2021), el impacto de la guerra en las escuelas trasciende el da material de la infraestructura y el equipamiento escolar; su verdadero alcance radica en la pérdida de vidas y el desarraigo de los sujetos, lo que obliga al cuerpo docente a desplazar su funci exclusivamente formativa hacia una labor pedagica de emergencia y contenci social itinerante. </P>

<P>Frente a este escenario de destrucci contextual, los maestros activan agencias y estrategias didácticas alternativas ligadas al constructivismo práctico y la flexibilizaci metodolica. Esta capacidad de adaptaci se alinea con la perspectiva de Delgado et al. (2006) sobre la necesidad de propender por la formaci de educadores capaces de reconocer, reflexionar y transformar sus propias prácticas pedagicas frente a escenarios de violencia colectiva. No obstante, al cruzar las bitácoras docentes con las percepciones surgidas en el grupo focal de estudiantes, emerge un hallazgo inesperado que desafía la complementariedad del entorno. Mientras los maestros conceptualizan sus espacios de escucha y diálogo como prácticas de innovacin social y sanaci psicosocial en los términos de Jaillier (2017), los estudiantes los perciben bajo sospecha o desinterés debido a sus propios mecanismos defensivos y de autoprotecci comunitaria, donde el ser grabados o auscultados les genera incomodidad y desconfianza. </P>

<P>El nleo problemático que responde a la pregunta de esta indagaci (¿Qué le pasa a este muchacho que no aprende?) expresa una disyunci analítica fundamental entre la interpretaci del docente y la experiencia vivida por el estudiante. El profesorado atribuye las dificultades de aprendizaje a variables psicosociales internas del menor, tales como la baja autoestima y los vacíos conceptuales provocados por la distracci mental de la guerra. Sin embargo, las voces de los propios estudiantes dislocan esta lectura al demostrar que sus principales barreras para aprender no están vinculadas directamente al trauma bélico, sino a las relaciones interpersonales de micro-violencia dentro de la escuela: el bullying, la hipocresía, la desigualdad relacional y lo que denominaron de forma recurrente como la “rosca” e individualismo de los docentes y directivos. </P>

<P>Este hallazgo coincide con las lecturas analíticas de Quintero (2021) sobre los relatos escolares en contextos de transici en Colombia, demostrando que las aulas en zonas de conflicto armado reproducen formas sutiles y devastadoras de violencia que degradan la dignidad humana. En este sentido, la baja autoestima selada por los maestros no constituye una patología psicolica aislada del menor, sino un emergente social de la estigmatizaci y la injusticia relacional vivida dentro de la instituci. Las demandas futuras de los alumnos por un colegio armonioso, igualitario y libre de exclusiones demuestran que, ante la imposibilidad de controlar la macro-guerra territorial, el aula debe transformarse en el primer espacio de re-existencia social y construcci comunitaria del cuidado mutuo, superando el trauma mediante narrativas colectivas de equidad práctica y reconocimiento de la alteridad (Ospina et al., 2020). </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Cierre apertura </H2>

<P>En contextos de guerra, el proceso de ensenza, aprendizaje e investigaci se transforma en una experiencia de gran tensi. La labor del investigador se convierte en un acto de valentía, al abrirse al dolor y, al mismo tiempo, verse inmerso en él. Esta dualidad entre la investigaci y la realidad vivida genera una tensi constante entre el deseo de saber y la cruda realidad del conflicto. Seg Adichie (2021), la pena está intrínsecamente ligada al lenguaje, a su incapacidad para expresarla y a su profunda necesidad. </P>

<P>En el escenario de la guerra, tanto maestros como estudiantes se convierten en un espejo de la violencia. La desconfianza y la hostilidad del entorno obstaculizan el aprendizaje, volviendo la noci de “enemigo” una parte internalizada de su realidad. El aula deja de ser un espacio seguro y la calle, con sus peligros, se convierte en el lugar de la vida. </P>

<P>La investigaci sobre Santander de Quilichao evidencia co se forja un sujeto marcado por la adversidad. Los maestros, despojados de un futuro prometedor, luchan en un presente catastrico. La guerra provoca desplazamiento y silencia voces, afectando profundamente a los estudiantes que son reclutados o que simplemente pierden la esperanza. </P>

<P>A pesar de esta vorágine, la figura del maestro emerge como un faro. Su labor es un acto de resistencia, una siembra de conocimiento en terreno árido que se convierte en una promesa de un mana mejor. Aunque la violencia persista y la educaci se vuelva un lujo, la lucha por la educaci y la esperanza sigue viva. La labor de enser y aprender, en medio de la guerra, adquiere un significado profundo, un acto de resistencia y una afirmaci de la vida en medio de la muerte. </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Referencias </H2>

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<P>resilientes en los estudiantes que han vivido hechos de violencia en el marco del conflicto armado en el Tolima (Tesis doctoral, Corporaci Universitaria Minuto de Dios). 
<Link>https://hdl.handle.net/10656/7694 </Link>
</P>

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<Figure>

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</Figure>
</Sect>
</Sect>
</Part>
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