Artículo de investigación
Relación entre la capacidad
de perdón y la salud mental
positiva en el Eje Cafetero
Relationship between forgiveness capacity and
positive mental health in the Coffee Axis
1
Recibido: 14/02/0225 - Aprobado 5/05/2025 - Publicado: 24/07/2025

González Sepúlveda, P.C. (2025). Relación entre la capacidad
de perdón y la salud mental positiva en el Eje Cafetero.
Tempus Psicológico, 8(2) - ISSN: 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.8.2.5379.2025
1 Paulo César González Sepúlveda. https://orcid.org/0000-0001-9126-0200.
Paulo.gonzalez@unad.edu.co Universidad Nacional Abierta y a Distancia
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DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.7.2.5379.2025
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de perdón y la salud mental positiva en el Eje Cafetero.
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Resumen
Esta investigación analiza la relación
entre la capacidad de perdón y la salud
mental positiva en habitantes de Arme-
nia, Colombia. Mediante un enfoque
cuantitativo transversal, se evaluó una
muestra aleatoria de 139 participantes
(20-69 años). Los resultados indican
que el 26% de las personas presenta
alta capacidad para perdonar, mien-
tras solo un 17.3% exhibe indicadores
robustos de salud mental positiva. Se
identificaron asociaciones moderada-
mente significativas entre la capacidad
de perdón y dimensiones específicas de
salud mental positiva, particularmente
en habilidades de relaciones interper-
sonales y resolución de problemas.
El análisis sugiere que individuos con
elevada capacidad de perdón muestran
mayor probabilidad de experimentar
estados óptimos de salud mental. Estos
hallazgos subrayan la pertinencia de
estimular la capacidad de perdón como
componente terapéutico en intervencio-
nes clínicas y como mecanismo facilita-
dor de procesos de reconciliación social.
El estudio contribuye a la comprensión
de factores psicológicos positivos en el
contexto del Eje Cafetero colombiano,
aportando evidencia empírica sobre la
interrelación entre perdón y bienestar
psicológico en poblaciones expuestas
a contextos sociales complejos.
 Perdón, Salud mental
positiva, Autocontrol, Relaciones inter-
personales, Reconciliación
Abstract
This research analyzes the relations-
hip between forgiveness capacity and
positive mental health among residents
of Armenia, Colombia. Using a cross-
sectional quantitative approach, a ran-
dom sample of 139 participants (aged
20-69) was evaluated. Results reveal
that 26% of subjects demonstrate high
forgiveness capacity, while only 17.3%
exhibit robust indicators of positive men-
tal health. Moderately significant asso-
ciations were identified between forgive-
ness capacity and specific dimensions
of positive mental health, particularly
in interpersonal relationship skills and
problem-solving abilities. The analysis
suggests that individuals with elevated
forgiveness capacity show greater pro-
bability of experiencing optimal states of
mental health. These findings unders-
core the relevance of incorporating the
development of forgiveness capacity as
a therapeutic component in clinical inter-
ventions and as a facilitating mechanism
for social reconciliation processes. The
study contributes to understanding posi-
tive psychological factors in the context
of Colombia’s Coffee Growing Region,
providing empirical evidence on the in-
terrelationship between forgiveness and
psychological well-being in populations
exposed to complex social contexts.
Forgiveness, Positive men-
tal health, Self-control, Interpersonal
relations, Reconciliation
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Introducción
En el campo científico de la salud mental, el fenómeno del perdón ha emergido
como un paradigma de investigación particularmente fecundo. La literatura espe-
cializada ha documentado consistentemente la influencia beneficiosa que la dispo-
sición a perdonar ejerce sobre diversos parámetros de bienestar físico y equilibrio
psicológico (Frederick, 2015).
La incorporación de este constructo dentro del corpus científico contemporáneo
puede situarse, según los planteamientos convergentes de investigadores como
Kaplan y colaboradores (1994) y el equipo de Prieto-Ursúa (2012), en la esfera
conceptual que aborda los mecanismos de afrontamiento, regulación del estrés y
sus correlatos con el estado de salud integral.
La naturaleza multifactorial del proceso de perdón involucra una constelación de
variables psicológicas, cuya interacción demanda análisis pormenorizados para
dilucidar su rol operativo dentro de esta dinámica intrapsíquica compleja. Los datos
empíricos disponibles establecen nexos significativos entre la capacidad reconcilia-
dora y dimensiones cruciales como la percepción subjetiva de bienestar y la calidad
de las interacciones sociales, elementos que constituyen pilares fundamentales en
los procesos de reconstrucción del entramado comunitario tras experiencias traumá-
ticas colectivas (Cameron & Caza, 2002; Hook et al., 2012; Morales & Arias, 2014).
En el contexto colombiano, la investigación sobre el perdón adquiere particular
relevancia debido a la historia nacional marcada por crisis sociales recurrentes y
violencia sistemática. Emerge el interrogante sobre cómo las personas expuestas a
actos prolongados de violencia desarrollan procesos de perdón, considerando que
posiblemente carecen de marcos de referencia adecuados debido a la exposición
continua a dinámicas violentas (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2013).
Las comunidades que buscan establecer mecanismos reconciliatorios posteriores
a etapas de conflicto prolongado, requieren evaluar la disposición psicosocial de su
población para reincorporar a antiguos combatientes, quienes han desempeñado
roles tanto de agresores como, en determinados contextos, de sujetos vulnerados.
Este escenario demanda un análisis exhaustivo del estado de bienestar psicoló-
gico colectivo, conceptualizado desde la aproximación salutogénica y el marco
epistemológico de salud mental positiva formulado inicialmente por Jahoda (1958),
constructo que permite identificar recursos psicológicos adaptativos individuales
(Kobau et al., 2011).
El vínculo hipotético entre los indicadores de salud mental positiva y la disposición
hacia el perdón se fundamenta en la hipótesis de que el primer elemento constituye
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un marcador fiable del equilibrio psicológico en población no clínica. La evolución
conceptual del paradigma de salud mental positiva ha transitado desde las formu-
laciones seminales de Jahoda, posteriormente refinadas y ampliadas mediante los
trabajos de Lluch Canut y Casullo. Dichas investigaciones han delimitado compo-
nentes cruciales como la competencia para establecer vínculos interpersonales
satisfactorios y la orientación prosocial, dimensiones inherentemente relacionadas
con las estructuras cognitivas que optimizan la interacción comunitaria.
Paralelamente, la literatura especializada ha identificado dimensiones que inter-
vienen decisivamente en los mecanismos de adaptación psicológica: capacidad
autorregulatoria, tendencia actualizante, percepción satisfactoria de la propia
existencia y funcionamiento independiente. Estos constituyentes esenciales del
bienestar psicológico positivo adquieren relevancia capital en contextos donde el
sujeto debe procesar experiencias adversas provocadas por agentes transgresores.
Los hallazgos contemporáneos sugieren que estos elementos no sólo catalizan la
recuperación posterior a eventos traumáticos, sino que configuran simultáneamente
las condiciones cognitivo-afectivas que posibilitan la emergencia del perdón como
estrategia adaptativa funcional (Couto et al., 2018; Maltby et al., 2004).
En este marco conceptual, la capacidad de perdón se configura como un cons-
tructo multidimensional determinado por al menos tres factores fundamentales
y diferenciables: 1. La capacidad de perdonar a otros individuos, que implica un
proceso cognitivo-emocional de reevaluación de la transgresión y del transgresor.
2. La capacidad de perdón situacional, que trasciende la concepción interpersonal
y se orienta hacia circunstancias adversas que exceden el control individual y no
son atribuibles específicamente a agentes humanos. 3. La capacidad de autoper-
dón, que constituye posiblemente el proceso más complejo desde una perspectiva
psicológica (Maganto & Garaigordobil, 2010).
Resulta particularmente relevante la vinculación teórica entre esta última dimen-
sión, el autoperdón, y los constructos centrales de la salud mental positiva como la
autonomía, el autocontrol y la autoactualización.
El perdón ha sido objeto de interés en múltiples disciplinas y perspectivas, desde
la psicología ha sido abordado por los enfoques clínicos, sociales y de la salud.
Aunque sus raíces conceptuales se remontan a tradiciones filosóficas y religiosas,
las primeras investigaciones empíricas en el ámbito psicológico emergieron hacia la
década de 1960. Autores como Enright y Arendt comenzaron a relacionar el perdón
con el desarrollo moral propuesto por Kohlberg, dando lugar a una perspectiva más
estructurada del perdón como proceso psicológico (Baskin & Enright, 2004; Enright
et al., 1991). Posteriormente, McCullough (2000), centró su atención en la dimensión
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motivacional del perdón y su influencia en la regulación emocional, destacando su
papel en las relaciones interpersonales.
Durante los años noventa, la investigación sobre el perdón se consolidó con
marcos teóricos más sofisticados y metodologías empíricas rigurosas. Se incorpo-
raron escalas psicométricas y se exploraron sus efectos sobre la salud mental, el
afrontamiento del trauma y la restauración de vínculos sociales. Desde entonces,
el perdón ha sido conceptualizado como un proceso multifactorial que trasciende
lo moral, involucrando dimensiones cognitivas, emocionales y conductuales. Así,
se reconoce su relevancia como estrategia terapéutica y como factor clave en la
reconstrucción del tejido social, particularmente en contextos de conflicto y la re-
conciliación (Casullo, 2005).
Una investigación seminal examinó la influencia de las expresiones de disculpa
en población infantil de tres grupos etarios diferenciados (6, 9 y 12 años) frente
a escenarios de inculpación y sanción, mediante la implementación de recursos
visuales con personajes ficticios. Los hallazgos empíricos revelaron que una
proporción significativa de los sujetos infantiles infería mayor facilidad de perdón
por parte del personaje cuando los argumentos presentados mostraban mayor
solidez retórica.
El corpus teórico establecido por Kohlberg sobre el desarrollo del razonamiento
moral ha catalizado la proliferación de estudios empíricos orientados a dilucidar los
mecanismos subyacentes a la capacidad reconciliatoria en diversos estadios del
ciclo vital humano. Entre las evidencias más significativas destaca la constatación
de que la población adulta exhibe una propensión y competencia reconciliatoria
superior en contraste con la manifestada por sujetos adolescentes, lo cual sugiere
una interrelación funcional entre el desarrollo de estructuras morales y la consoli-
dación de la madurez en la esfera afectiva (Casullo, 2005).
No obstante, temas cruciales como el tipo de ofensa sufrida y la dinámica de re-
estructuración de las relaciones interpersonales posteriores a la solicitud de perdón
han sido escasamente abordados en investigaciones previas. Esto ha generado
la necesidad de profundizar en aspectos metodológicos, incluyendo el diseño de
técnicas e instrumentos más precisos para evaluar el perdón. En esta línea, des-
taca el estudio realizado por Girard y Mullet, quienes propusieron una clasificación
empírica de los niveles del perdón: 1. Ausencia total de perdón, donde predomina
el resentimiento y el deseo de castigo. 2. Perdón condicionado, en el cual la víc-
tima sólo está dispuesta a perdonar si se cumplen ciertas condiciones. 3. Perdón
social, expresado públicamente pero no necesariamente interiorizado. 4. Perdón
pleno, caracterizado por la reconstrucción emocional de la relación, la superación
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del daño y la restauración de la confianza. Esta categorización ha permitido avanzar
en la comprensión del perdón como un proceso gradual, multidimensional y profun-
damente influenciado por variables cognitivas, afectivas y contextuales (Casullo,
2005; Girard & Mullet, 1997).
En las últimas décadas, el estudio del perdón ha cobrado relevancia en el ámbito
de la psicología positiva, perspectiva que enfatiza las fortalezas y virtudes humanas
para promover el bienestar psicológico. Investigaciones recientes han explorado
cómo el perdón, concebido como una dimensión esencial de la salud mental posi-
tiva, contribuye significativamente al desarrollo individual y social.
Diversos estudios han evidenciado que la práctica del perdón se asocia con una
mejora en la salud mental, manifestada en una mayor satisfacción con la vida, incre-
mento de emociones positivas y reducción de afectos negativos como la ansiedad
y la depresión. Además, se ha observado que el perdón facilita la restauración de
relaciones interpersonales y fortalece la cohesión social, aspectos fundamentales
para el funcionamiento saludable de las comunidades. Estos hallazgos subrayan
la importancia de integrar el perdón en las intervenciones psicológicas orientadas
al fomento del bienestar y la resiliencia (Gao et al., 2022).
En el ámbito de las aplicaciones terapéuticas de la reconciliación interpersonal,
investigaciones recientes han examinado la correlación entre la manifestación de
indicadores psicopatológicos y la disposición reconciliatoria, empleando una muestra
constituida por sujetos que demandaban evaluación inicial para tratamiento am-
bulatorio psicoterapéutico o psiquiátrico en instituciones privadas de atención a la
salud mental. Los datos empíricos más significativos evidencian que, en contextos
de intervención clínica y asesoramiento psicológico, la capacidad reconciliatoria
promueve la consolidación de patrones conductuales psicológicamente más adap-
tativos (Scheinsohn & Casullo, 2007).
La reconciliación interpersonal ha sido igualmente conceptualizada como instru-
mento terapéutico en modalidades de intervención individual y diádica. Un estudio
metanalítico sobre constructos fundamentales de la Psicología de la Reconciliación
y su contribución a la praxis clínica, particularmente en el dominio de la terapia
matrimonial, examinó los principales corpus de investigación sobre reconciliación
en relaciones conyugales, las variables correlacionadas con este fenómeno en el
vínculo matrimonial y su implementación en intervenciones clínicas con díadas. Su
descubrimiento principal sugiere que las respuestas reconciliatorias o no-reconci-
liatorias podrían generar efectos longitudinales sobre la salud únicamente cuando
presentan suficiente periodicidad, magnitud o persistencia temporal (Prieto-Ursúa
et al., 2012).
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Desde una aproximación sociopolítica, investigaciones han propuesto un para-
digma interpretativo de la reconciliación como mecanismo transformador de las
dinámicas entre sujetos vulnerados y agentes transgresores en procesos de recom-
posición social. Este análisis reveló que la reconciliación puede configurarse como
un dispositivo micropolítico con potencial significativo para resolver problemáticas
de coexistencia en escenarios post-conflicto. Se determinó que la reconciliación,
aunque constituye una determinación individual, evoluciona como proceso tempo-
ral que resulta incompatible con la persistencia de antagonismos o circunstancias
de elevada perturbación emocional. Adicionalmente, se postula que, si bien los
representantes gubernamentales no deben arrogarse la facultad reconciliatoria en
representación de los afectados, sí deben establecer políticas que proporcionen
recursos colectivos e individuales facilitadores del proceso reconciliatorio (Garrido-
Rodríguez, 2008).
Las revisiones sistemáticas de la literatura científica convergen en subrayar la
relevancia de examinar las fluctuaciones en los mecanismos reconciliatorios según
las diversas tipologías vinculares, y sugieren investigar integradamente los elemen-
tos potenciadores o inhibidores del acto reconciliatorio, enfatizando la necesidad de
contextualización según parámetros confesionales, socioculturales o institucionales.
Asimismo, recomiendan implementar diseños longitudinales y experimentales para
establecer relaciones de causalidad entre variables (Guzmán, 2010).
Mediante el modelado por ecuaciones estructurales, dos estudios evaluaron la
relación entre variables de perdón y satisfacción en las relaciones. El primer estudio
incluyó 523 participantes y el segundo 446. Los resultados demostraron que las
variables medidas mantienen una asociación significativa entre el perdón y la satis-
facción relacional. Estos hallazgos fueron robustos tanto en análisis transversales
como longitudinales, a través de múltiples medidas de perdón y considerando la
satisfacción relacional basal y el compromiso interpersonal. Los mecanismos pa-
ralelos identificados se vinculan con dimensiones positivas y negativas del perdón
y la transformación motivacional que fundamenta este proceso. Se discutieron las
implicaciones teóricas y prácticas para intervenciones (Braithwaite et al., 2012).
Investigadores coinciden en revisar el perdón de acuerdo con las características
de las transgresiones según el tipo de relación (de pareja, de amistad, entre otras)
y el género (Donovan & Priester, 2017). La investigación confirma que la infidelidad
se considera la ofensa más severa, particularmente entre las mujeres, quienes
manifiestan emociones más intensamente negativas y una mayor dependencia
emocional en comparación con los hombres. Además, se encontró que las emo-
ciones negativas actúan como mediadoras en la relación entre la percepción de la
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gravedad de la transgresión y la inclinación hacia actitudes vengativas en casos
de infidelidad (Beltran-Morillas et al., 2015).
En contextos de conflictos armados, el proceso de perdón enfrenta obstáculos
significativos debido a la profunda carga emocional y traumática que estos generan.
Un estudio realizado con 180 musulmanes bosnios exploró su predisposición a
otorgar perdón por las acciones perpetradas por serbios bosnios durante la guerra
de 1992-1995. Los resultados, derivados de un análisis exhaustivo de los factores
antecedentes y las implicaciones del perdón, indicaron que la calidad de las inte-
racciones y el contacto con miembros del grupo opuesto son predictores tanto de la
disposición al perdón como de la tendencia a mantener distancia social. Asimismo,
se evidenció que la empatía y la confianza median la relación entre el contacto
interpersonal y la capacidad de perdonar (Cehajic et al., 2008).
El estudio realizado en Chile donde se indagó sobre el perdón en personas afec-
tadas y no afectadas por la violencia política, mostró que este no está determinado
principalmente por las emociones, sino por factores de carácter institucional y social.
Aunque emociones como la ira, la esperanza, el dolor o la vergüenza juegan un
papel en la disposición a perdonar, su impacto es limitado y es más evidente en
víctimas directas. Las personas con niveles bajos de ira y altos niveles de esperanza
y reconocimiento social hacia las víctimas pueden facilitar actitudes favorables al
perdón; sin embargo, es la confianza en las instituciones y la percepción de justicia,
quien aparece como predictor más sólido de reconciliación social. Con estos resul-
tados, se considera que la justicia transicional no debe centrarse exclusivamente
en promover el perdón, sino en restablecer la confianza pública mediante acciones
reparadoras, que rescaten la verdad principalmente para las víctimas (Cárdenas
& Ascorra, 2013).
El análisis del perdón en el contexto del conflicto armado colombiano requiere
considerar el marco normativo de la Ley 1448 de 2011, que prioriza el reconocimiento
de las víctimas y los eventos victimizantes. Esta legislación busca garantizar los
derechos a la verdad, la justicia y la reparación en un escenario de violencia pro-
longada (Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional,
2011). Los impactos de estos hechos se extienden más allá del ámbito individual,
afectando los entornos familiares, comunitarios y sociales. En el Eje Cafetero, el
informe Un Pacto por la Región documenta la complejidad de esta problemática,
destacando las consecuencias sociales, económicas y comunitarias derivadas del
conflicto (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 2004).
El conflicto colombiano, cuya duración supera las seis décadas, carece de un
consenso claro sobre su origen, atribuido a disputas en torno a políticas, normati-
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vas legales y problemas estructurales como la exclusión social y la falta de reforma
agraria (Pécaut, 2006). Aunque la historia del país registra múltiples confrontaciones
internas, el conflicto contemporáneo suele situarse a partir de los años cincuenta. En
este contexto, el perdón emerge como un constructo psicológico multidimensional
con un rol crucial en la justicia transicional y los procesos de reconciliación. Este
mecanismo, definido como un proceso que transforma experiencias de violencia
en oportunidades de convivencia, ha demostrado ser efectivo en escenarios de
posconflicto en países como Ruanda, Congo, Irlanda del Norte y Sudáfrica (Garrido-
Rodríguez, 2008; Kadiangandu et al., 2001).
Desde una perspectiva psicológica, el perdón se configura como un proceso
complejo que abarca tres dimensiones: el perdón interpersonal, el perdón situa-
cional y el autoperdón. Estas facetas, vinculadas a indicadores de salud mental
positiva como la autonomía, el autocontrol y la satisfacción personal, facilitan la
recuperación tras eventos traumáticos y fortalecen la cohesión social. En el caso
colombiano, caracterizado por una violencia estructural prolongada, el perdón no
sólo contribuye a preservar el bienestar psicológico, sino que también promueve la
reconstrucción de vínculos sociales y la confianza colectiva, elementos esenciales
para la reconciliación.
La relevancia del perdón en contextos de posconflicto radica en su capacidad para
transformar dinámicas de confrontación en oportunidades de coexistencia pacífica.
Al proporcionar herramientas para que los individuos y las comunidades superen
el trauma, este constructo psicológico se posiciona como un pilar de los procesos
de justicia transicional, especialmente en sociedades marcadas por conflictos de
larga data como el colombiano.
Metodología
Este estudio es de naturaleza cuantitativa, de tipo descriptivo prospectivo de
corte transversal y un nivel de análisis relacional. La obtención de datos se realizó
mediante muestreo probabilístico aleatorio simple, empleando como instrumento
principal la adaptación de la escala CAPER desarrollada por Thomson. El universo
poblacional comprende individuos con edad superior a 20 años, residentes en el
municipio de Armenia (Quindío). La determinación del volumen muestral se efectuó
mediante el software de acceso abierto Epidat 3.5.
El tamaño muestral que se determinó definió una muestra mínima de 139 par-
ticipantes. Este cálculo se basó en una desviación estándar de 3.5 (obtenida de
estudios previos), un nivel de confianza del 95%, una precisión absoluta mínima
de 1 y un efecto de diseño de 3. Para la selección de las unidades de análisis, se
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consideraron las 11 comunas de Armenia y se establecieron parámetros selectivos
para la inclusión de sectores habitacionales, priorizando aquellos caracterizados por
índices moderados o reducidos de actividad delictiva. Posteriormente, se estableció
que la configuración definitiva del tamaño muestral contemplaría exclusivamente
una selección representativa de dichos sectores residenciales, atendiendo a criterios
de proporcionalidad y representatividad estadística.
Para la evaluación de los datos, se definieron rangos específicos de puntuación
como criterios de clasificación. En las dimensiones del perdón autoperdón, perdón
interpersonal y perdón situacional, los puntajes comprendidos entre 6 y 29 se ca-
tegorizaron como indicativos de una capacidad de perdón baja o media, mientras
que aquellos entre 30 y 42 se clasificaron como altas. Respecto a la escala global
de perdón, los valores entre 18 y 89 se asociaron con una capacidad de perdón
baja o media, y los puntajes de 90 a 126 se consideraron representativos de una
alta capacidad de perdón global.
Respecto a la interpretación dimensional del constructo de Salud Mental Po-
sitiva, la distribución clasificatoria de las puntuaciones se determinó mediante la
implementación de parámetros demarcatorios específicos para cada componente
evaluado. A modo ilustrativo, en la dimensión de actitud prosocial, se estableció
que las puntuaciones comprendidas en el intervalo 0-2,9 representaban niveles
insuficientes o moderados del atributo, mientras que valores iguales o superiores a
3,0 fueron categorizados como expresión de desarrollo óptimo de dicha dimensión.
Esta metodología clasificatoria se aplicó homogéneamente a todas las dimensiones
constitutivas del constructo evaluado, garantizando así una aproximación estanda-
rizada en la interpretación de los resultados obtenidos (Llunch, 2002).
Resultados
El análisis sociodemográfico reveló una distribución asimétrica por género, con
predominio femenino (68.3%) sobre masculino (31.7%). La distribución etaria mostró
mayor concentración en adultos intermedios (34.5%), mientras que los adolescentes
constituyeron el segmento menos representado (7.2%). Respecto al estado civil,
predominaron los participantes solteros (40.3%), seguidos por aquellos en unión
libre (25.2%).
Respecto al estatus socioeconómico y educativo, se identificó una prevalencia
del estrato socioeconómico bajo (54%), correlacionado con niveles educativos
moderados, donde el 30.2% de los participantes completó educación secundaria
(bachillerato). Los niveles educativos menos representados fueron educación pri-
maria y estudios de posgrado, ambos con idéntica proporción (5.8%).
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En cuanto a las condiciones de salud la mayoría de los participantes (84.9%) no
reportó problemas de salud identificables. Consistente con este hallazgo, el 86.3%
de la muestra no había recibido intervención psicológica o psiquiátrica previa.
Respecto a la afiliación religiosa se mostró predominio de la afiliación católica
(68.3%), seguida por la cristiana (17.3%). Las identificaciones menos frecuentes
correspondieron a mormones y agnósticos (0.7% cada uno). En cuanto a intensidad
de la práctica religiosa, el 53.2% se autodefinió como “algo religioso”, contrastando
con un 7.9% que se identificó como “nada religioso”.
En cuanto a la configuración familiar, la configuración familiar predominante fue
la biparental nuclear (47.5%), seguida por estructuras monoparentales (23.7%). Un
reducido porcentaje (1.4%) no presentó estructura familiar definida.
En lo que respecta a las experiencias de victimización, un hallazgo significativo
fue que el 80.9% de los participantes no reportó haber experimentado hechos
victimizantes. Entre quienes sí los reportaron, se identificaron casos de homicidio,
abandono, despojo forzado de tierras y desplazamiento forzado, cada uno repre-
sentando el 0.7% de la muestra. Específicamente respecto al conflicto armado, el
19.4% de los encuestados se identificó como víctima, mientras que el 80.6% no
reportó afectación directa por este fenómeno en ninguno de los hechos victimizantes
mencionados por la ley de víctimas.
Los resultados de la capacidad del perdón muestran diferencias sutiles de
acuerdo con el sexo biológico. En la dimensión de perdón a sí mismos, las muje-
res presentan un puntaje promedio de 29,19±4,6, ligeramente superior al de los
varones, que obtienen un promedio de 28,98±5,0. Esta diferencia podría reflejar
una mayor tendencia de autocompasión o comprensión en las mujeres. Sin em-
bargo, en la dimensión de perdón a otros, los varones presentan un promedio más
alto de 26,2±4,4 en comparación con 25,3±6,0 en mujeres, lo que sugiere que
los hombres pueden ser, en promedio, más inclinados a perdonar a los demás
que las mujeres.
En cuanto al perdón a la situación, los puntajes son bastante similares, con
27,2±4,9 en mujeres y 26,91±5,0 en varones, lo que indica una actitud comparable
en ambos géneros hacia el perdón en situaciones adversas. Respecto a la capa-
cidad global de perdón, los varones alcanzan un puntaje promedio ligeramente
superior de 82,09±11,5 frente a 81,7± 12,4 en mujeres. Estas diferencias sugieren
que, aunque los hombres y las mujeres presentan actitudes de perdón similares en
general, existen variaciones mínimas en la disposición a perdonarse a sí mismos
y a otros según el género.
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
 %
 Mujer 68,3
Hombre 31,7

Soltero 40,3
Unión libre 25,2
Separado 7,2
Viudo 3,6
Casado 23,7

Bajo 54
Medio 39,6
Alto 6,5
 Si 15,1
No 84,9
 Si 13,7
No 86,3

Biparental nuclear 47,5
Monoparental extenso 7,9
Biparental extenso 10,1
Sin núcleo 6,5
Unipersonal 2,9
No reporta 1,4
Monoparental 7,9
 Victima 19,4
No es victima 80,6


   
 29,19±4,6 25,3± 6,0 27,21± 4,9 81,7±12,4
 28,98±5,0 26,2±=4,4 26,91± 5,0 82,09±11,5
Los resultados (Tabla 3) evidencian una ligera tendencia de las personas que se
identifican como víctimas a mostrar mayores puntajes en la dimensión de perdón
a sí mismas, con un promedio de 30,33±4,1 en comparación con 28,83±4,8 para
aquellos que no son víctimas. En cuanto al perdón a otros, ambos grupos presentan
puntajes similares, con un promedio de 25,96±6,8 en víctimas y 25,50±=5,3 en no
víctimas, lo que indica una actitud comparable hacia el perdón a otros sin importar
la experiencia de victimización.
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En la dimensión de perdón a la situación, los puntajes promedio también son
cercanos entre los dos grupos, con una leve diferencia de 27,26±5,0 en no víctimas
frente a 26,52± 4,9 en víctimas. Sin embargo, al observar la capacidad global de
perdón, las personas que se consideran víctimas muestran un promedio ligeramen-
te superior de 82,81±12,6 frente a 81,59 ±12,0 en no víctimas. Esto sugiere que,
aunque las diferencias son mínimas, el estatus de víctima parece estar asociado
con una mayor capacidad global de perdón y una mayor tendencia a perdonarse
a sí mismas.


   
 28,83±4,8 25,50±5,3 27,26±5,0 81,59±12,0
 30,33±4,1 25,96 ±6,8 26,52±4,9 82,81±12,6
Resultados de la asociación
Las pruebas indican que entre la capacidad de perdón y la salud mental positiva
en su conjunto, hay una relación estadísticamente significativa y moderada con
χ²(1) = 15.901, p < 0.001, y un coeficiente de contingencia de 0.320. La estimación
de riesgo mostró que los individuos con baja o media capacidad de perdón tienen
una probabilidad 5.92 veces mayor de presentar niveles bajos o medios de salud
mental positiva en comparación con aquellos con alta capacidad de perdón (IC 95%:
2.32-15.08). Este hallazgo sugiere que la capacidad de perdón puede ser un factor
protector para el bienestar psicológico, destacando su relevancia en la promoción
de la salud mental.
El análisis a través de la prueba de chi-cuadrado mostró una relación significativa
entre la capacidad de perdón y la autonomía, con χ²(1) = 4.992, p = 0.027, eviden-
ciando una asociación débil pero positiva (coeficiente de contingencia = 0.184, p >
0.005). De manera similar, se identificó una asociación significativa con la satisfac-
ción personal, con χ²(1) = 4.280, p = 0.039, también con una correlación positiva
débil (coeficiente de contingencia = 0.173, p > 0.005).
La capacidad de perdón mostró una relación significativa con las habilidades de
relaciones interpersonales, con χ²(1) = 8.617, p = 0.003, y una asociación positiva
moderada (coeficiente de contingencia = 0.242, p > 0.005). Un patrón comparable se
observó para la resolución de problemas y la autoactualización, con χ²(1) = 8.092, p
= 0.004, y una relación positiva moderada (coeficiente de contingencia = 0.235, p >
0.005). Asimismo, se encontró una asociación significativa con la actitud prosocial,
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con χ²(1) = 5.524, p = 0.019, reflejando una relación positiva débil (coeficiente de
contingencia = 0.196, p > 0.005).
Se detectó una asociación notable entre la capacidad de perdón y el autocontrol,
con χ²(1) = 9.242, p = 0.002, y una correlación positiva débil (coeficiente de con-
tingencia = 0.250, p > 0.005). El análisis de razón de probabilidades indicó que los
individuos con una alta capacidad de perdón tienen cuatro veces más probabilidad
de presentar niveles elevados de salud mental positiva.
Por el contrario, no se encontró una asociación significativa entre la capacidad
de perdón y el estatus de víctima, como lo demuestra χ²(1) = 2.166, p = 0.141,
sugiriendo que estas variables son independientes. Entre las víctimas, el 37%
mostró disposición a perdonar, mientras que el 63% no exhibió esta capacidad. En
comparación, entre los individuos identificados como víctimas, el 23.2% presentó
capacidad de perdón, frente a un 76.8% que no la mostró.
Los resultados obtenidos ponen de manifiesto que la capacidad de perdón actúa
como un factor relevante en la promoción de la salud mental positiva, mostrando
asociaciones significativas con dimensiones como el autocontrol, la resolución
de problemas, las habilidades interpersonales, la satisfacción personal, la actitud
prosocial y la autonomía, con correlaciones que varían de débiles a moderadas (χ²
entre 4.280 y 15.901, p < 0.05). La relación más robusta, observada con la salud
mental positiva global (χ²(1) = 15.901, p < 0.001, coeficiente de contingencia =
0.320), sugiere que el perdón puede contribuir al bienestar psicológico al fomentar
rasgos adaptativos como la autorregulación y la competencia social. Sin embargo,
la ausencia de asociación con la condición de víctima (χ²(1) = 2.166, p = 0.141) en
esta población, indican que el perdón podría no estar influenciado por experiencias
de victimización, lo que resalta la necesidad de explorar otros factores psicosociales
en este contexto.
Estos hallazgos subrayan la importancia de integrar el desarrollo de la capacidad
de perdón en intervenciones orientadas a fortalecer la salud mental positiva, aun-
que se requiere investigación adicional para comprender su interacción con otras
variables contextuales.
Discusión
Los resultados evidencian una prevalencia elevada de salud mental positiva entre
los participantes; sin embargo, la proporción de individuos con alta capacidad de
perdón es considerablemente menor. Esto sugiere que la salud mental representa
únicamente una dimensión parcial en la compleja ecuación que explica el proceso
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del perdón, existiendo variables adicionales no contempladas en este estudio que
podrían contribuir significativamente a la comprensión de este fenómeno en la po-
blación estudiada (Worthington et al., 2015).
A diferencia de investigaciones previas que señalan la variabilidad del perdón en
función de factores sociodemográficos como la edad y el sexo (Fehr et al., 2010;
Toussaint et al., 2012), nuestros hallazgos no revelan diferencias estadísticamen-
te significativas respecto a estas variables. Este contraste sugiere que el perdón
constituye un constructo multidimensional influenciado por elementos contextuales
y culturales específicos, aspecto que merece consideración prioritaria en futuras
líneas de investigación (Sandage & Williamson, 2005).
Los habitantes de Armenia que presentan indicadores de salud mental positiva
manifiestan mayor disposición hacia el perdón; no obstante, este proceso requiere
intervenciones que trasciendan el ámbito clínico e incorporen consideraciones cultu-
rales, especialmente teniendo en cuenta que las características sociodemográficas
analizadas no muestran diferencias sustanciales. Como señala McCullough (2008),
el perdón no se configura únicamente como un fenómeno intrapsíquico, sino como
un proceso con profundas raíces socioculturales.
Las asociaciones identificadas entre la capacidad de perdón y la salud mental
positiva, aunque generalmente débiles, revelan patrones significativos. Particular-
mente destacable resulta la correlación más robusta observada entre el autocontrol
y la capacidad de sobreponerse a las adversidades con la disposición al perdón.
El autocontrol, definido como la capacidad para afrontar efectivamente situaciones
estresantes o conflictivas manteniendo equilibrio emocional (Tangney et al., 2018),
emerge como factor relevante en la capacidad de perdonar. Esta relación sugiere
que, para incorporar el perdón en el repertorio conductual, se requiere un adecuado
desarrollo de mecanismos de autorregulación emocional.
Las dimensiones que exhiben una correlación moderadamente significativa con
la capacidad de perdón incluyen las habilidades de relaciones interpersonales y
la resolución de problemas combinada con la autoactualización. En relación con
esta última, se deduce que el ejercicio del perdón requiere rasgos de personalidad
específicos, tales como la capacidad para tomar decisiones, el análisis contextual,
la flexibilidad ante transformaciones y una disposición hacia el desarrollo personal
sostenido.
La autoactualización, entendida como la búsqueda constante de autorrealización y
renovación personal (Maslow, 1968), muestra coherencia conceptual con el perdón,
pues este proceso puede facilitarse en individuos con motivación intrínseca hacia el
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mejoramiento personal, lo que implica aceptación de circunstancias incontrolables
y orientación hacia el cambio positivo. Similarmente, la capacidad resolutiva ante
conflictos constituye un factor protector que potencia el ejercicio del perdón, ya sea
dirigido hacia situaciones adversas, terceros o uno mismo, puesto que permite exa-
minar las confrontaciones con mayor objetividad, facilitando decisiones adaptativas
y flexibilidad cognitiva (Enright & Fitzgibbons, 2015).
En cuanto a la asociación entre relaciones interpersonales y capacidad de per-
dón, resulta fundamental destacar el papel de la empatía, conceptualizada como
la habilidad para adoptar la perspectiva ajena sin invalidar las emociones propias,
comprendiendo y respetando la experiencia del otro (Davis, 1983). Esta correlación
puede interpretarse considerando que los individuos con mayor facilidad para es-
tablecer vínculos interpersonales desarrollan probablemente un sentido social más
agudo y capacidades empáticas superiores, trascendiendo su propia experiencia
emocional. Consecuentemente, podrían manifestar mayor facilidad para contextua-
lizar las acciones lesivas de otros, comprendiendo posibles determinantes situa-
cionales de su comportamiento transgresivo, como presiones externas o historias
personales adversas. Esta perspectiva empática facilita el reconocimiento de que,
independientemente de su dolorosidad, ciertas situaciones resultan inmutables y
exceden nuestro control, siendo el rencor un factor amplificador del malestar, mien-
tras el perdón genera alivio sostenido (McCullough et al., 2009).
En síntesis, cuando un individuo posee habilidades interpersonales desarrolladas,
elevados niveles de empatía, orientación hacia la autorrealización y destrezas para
la resolución de problemas, incrementa la probabilidad de desarrollar capacidad
de perdón. Estas características constituyen recursos psicológicos valiosos para
afrontar adaptativamente el malestar derivado de experiencias de victimización di-
recta o indirecta, o de vulneración de derechos en contextos amenazantes (Strelan
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