Articulo de investigación
Parasitosis delirante, un
trastorno de la salud mental
Delusional parasitosis, a mental health disorder
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Recibido: 25/04/0225- Aprobado 5/05/2025- Publicado: 24/07/2025
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Bastidas, G.; Peña, M.; Bastidas, D.; Bastidas-Delgado, G. (2025).
Parasitosis delirante, un trastorno de la salud mental.
Tempus Psicológico, 8(2) - ISSN: 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.8.2.5312.2025
1 Departamento de Salud Pública e Instituto de Investigaciones Médicas y Biotecnológicas, Facultad de
Ciencias de la Salud, Universidad de Carabobo. ORCID: 0000-0002-5805-6926. Autor para correspon-
dencia: bastidasprotozoo@hotmail.com.
2 Departamento de Salud Pública, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Carabobo.
ORCID: 0000-0009-4739-1487.
3 Departamento de Salud Pública, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Carabobo.
ORCID: 0000-0002-4981-4166.
4 Escuela de Medicina, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Carabobo.
ORCID: 0000-0002-5452-4438.
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Parasitosis delirante, un trastorno de la salud mental.
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Resumen
La parasitosis delirante es un trastorno
de la esfera de la salud mental con baja
prevalencia, pero de gran trascendencia
para los afectados; se caracteriza por
una falsa y fija idea de infestación por
parásitos. Es una patología conocida
por dermatólogos y especialistas en
parasitología, y tratada por psicólogos
y psiquiatras. Se reconoce la escasa
experticia que tienen los profesionales
de otras disciplinas clínicas del área del
conocimiento involucrado. El objetivo es
presentar información condensada y ac-
tualizada sobre este trastorno, útil para
estudiantes y profesionales del sector
sanitario. El adecuado conocimiento
sobre este flagelo permitirá el diagnós-
tico temprano y el manejo apropiado
con descarte de la causa subyacente,
basado en la buena relación médico-
paciente y en la clara determinación del
tipo de parasitosis delirante.
  parasitosis delirante,
síndrome Ekbom, salud mental, psico-
logía, psiquiatría.
Abstract
Delusional parasitosis is a mental health
disorder with a low prevalence but of
great significance for those affected.
It is characterized by a false and fixed
perception of parasitic infestation. It is a
pathology recognized by dermatologists
and parasitology specialists, and treated
by psychologists and psychiatrists. The
limited expertise of professionals from
other clinical disciplines in the area in-
volved is acknowledged. The objective
is to present condensed and up-to-date
information on this disorder useful for
students and professionals in the health-
care sector. Adequate knowledge of this
scourge will allow for early diagnosis
and appropriate management, ruling out
the underlying cause, based on a good
doctor-patient relationship and a clear
determination of the type of delusional
parasitosis.
 delusional parasitosis, Ek-
bom syndrome, mental health, psycho-
logy, psychiatry
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Introducción
Thibierge (1894) describe por vez primera una nueva patología psiquiátrica de-
nominada delirio dermatozoico, delirio ectozoico, delirio parasitorum o síndrome
de disestesia crónica cutánea, un concepto clínico completado por Ekbom (1938)
44 años después (adquiere entonces el nombre de Síndrome de Ekbom) como
un cuadro psicótico inespecífico, con alucinaciones táctiles y/o visuales sobre in-
festación parasitaria, una firme y rígida creencia contra la evidencia clínica y de
laboratorio de la ausencia de invasión parasitaria del organismo humano alguna,
que se acompaña frecuentemente de excoriaciones, escarificaciones y laceraciones
autoinfrigidas, producto del intento de extracción de los supuestos parásitos por
parte de los afectados.
Tiempo después, la denominación es ampliada por Wilson y Miller (1946), pues
se adopta la denominación de parasitosis delirante. Debe quedar claro que se trata
de un trastorno delirante de tipo somático, una patología ya claramente estable-
cida en la práctica clínica psicológica y psiquiátrica, pero poco conocida en otras
disciplinas incluida la propia del área del conocimiento involucrada (parasitología
y dermatología), de allí este escrito reflexivo informativo que pretende posicionar
un mejor conocimiento por médicos no expertos de la parasitosis delirante en el
ámbito de acción diagnóstica de todas las disciplinas sanitarias, para la oportuna
referencia de los pacientes a los profesionales del comportamiento o conducta
humana, pues prima limitar el daño y lograr la rehabilitación oportuna. La para-
sitosis delirante es primaria cuando se presenta sin otro trastorno de la esfera
de la salud mental, esto ocurre frecuentemente en 40% de los casos reportados
(Dipp et al., 2020).
En el 60% de los casos restantes, la parasitosis delirante se asocia con otras
patologías que incluyen trastornos psiquiátricos como la bipolaridad, la paranoia,
la esquizofrenia y la depresión; síntomas secundarios a enfermedad neurológica
u otra condición clínica como infecciones y neoplasias cerebrales; y, por último, al
uso y abuso de sustancias psicotrópicas. La parasitosis delirante tiene una tasa
de prevalencia que oscila entre 20 y 27 casos por cada millón de habitantes, con
afectación principal de mujeres cuando superan los 50 años (hasta 3 veces más
frecuente con respecto a los hombres), e incrementando la prevalencia con la edad.
Además, es considerado el trastorno del contenido del pensamiento más frecuente
en dermatología (Dipp et al., 2020; Tous et al., 2015).
Es conveniente señalar que los parámetros epidemiológicos mencionados se
han mantenido estables a lo largo del tiempo, con variaciones sólo en los agentes
causales informados por el paciente, mismos que van desde patógenos animados
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a inanimados, fibras o partículas inorgánicas, en referencia a estos últimos que,
pueden conformar el denominado Síndrome de Morgellons (considerado por el
Centro para el Control de las Enfermedades [CDC, en sus siglas en inglés] como
una dermatopatía inexplicable), con múltiples síntomas que pueden incluir artral-
gias, fatigas y trastornos de la concentración. De la multiplicidad de causas de esta
patología psicótica surge el término de infestación delirante, una concepción más
amplia, pero no del todo aceptada por la comunidad científica mundial (Tous et al.,
2015).
Es de particular interés en la reflexión diagnóstica el hecho de no ser una fobia,
por tanto, no debe confundirse con parasitofobia, porque no se acompaña de las
conductas evitativas secundarias. Además, la parasitosis delirante es el trastorno
psiquiátrico más frecuentemente compartido por personas cercanas al paciente,
con una prevalencia que se ubica entre 15-20%. Es común que el paciente quiera
demostrar la infestación parasitaria con las lesiones que se produce como prueba de
la parasitosis; o con muestras de pelusas, tierra, arena, granos de cereal, cabello o
residuos dérmicos (costras y escamas), y parásitos capturados (signo de la caja de
cerillos o del espécimen [termino más extenso que privilegia al patógeno sobre el
recipiente de transporte], en referencia al material entregado por el paciente como
prueba de infestación que, en tiempos modernos suele incluir fotografías digitales
y videos (Dipp et al., 2020; Torales et al., 2020; Tous et al., 2015).
Se atribuye el origen de la parasitosis delirante a una alteración de la concentra-
ción del neurotransmisor dopamina, pues incrementos del mismo se traducen en
disminución del funcionamiento del transportador de dopamina estriatal, un regulador
clave de la recaptación de este neurotransmisor en el cerebro, específicamente en
el núcleo estriado, caracterizado orgánicamente por un patrón irregular del volumen
de la sustancia gris en varias regiones del cerebro, a saber: fronto-temporal lateral
y medial, pre y postcentral, insular, parietal inferior, así como el tálamo y cuerpo
estriado, este fenómeno se describe fundamentalmente en la parasitosis deliran-
te primaria, ya que, en la secundaria prevalecen las alteraciones en la sustancia
blanca (Dipp et al., 2020).
Este problema de salud pública, se trata con antipsicóticos, tradicionalmente
con Pimozida, considerado el medicamento de elección, pero con algunos efec-
tos adversos que, lleva al uso cada vez más amplio de otros antipsicóticos como
la Risperidona. En todos los casos se recomienda iniciar con dosis bajas para
proceder con incrementos graduales, y así evitar el abandono de la medicación
derivada de los efectos adversos que se observan con dosis elevadas (Tous et
al., 2015).
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Discusión
La parasitosis delirante se centra en ideas firmemente arraigadas con erróneos
fundamentos lógicos, que para corregirse, debe recurrirse a la experiencia del
psiquiatra; de allí la importancia de la remisión precoz a profesionales de la salud
mental, ya que, los pacientes creen erróneamente que están infestados por parásitos
(en el sentido más amplio de esta definición, es decir, por animales que parasitan
la piel y los tejidos del ser humano), pues experimentan trastornos sensoriales rela-
cionados con ese pensamiento, acompañadas con vivencias de cómo se mueven,
reproducen y salen de su organismo estos terribles parásitos (Carta, 2024).
Caracteriza a este trastorno del contenido del pensamiento, fundamentalmente
notificado en la especialidad dermatológica, las variaciones de los agentes cau-
sales reportados, ya que, incluye organismos vivos y objetos inanimados (fibras,
pelos, hilos o filamentos), hecho que ha llevado a algunos autores a promocionar
el término “infestación delirante”, por ser más amplio y capaz de incluir a todos los
agentes causales, pero es un término aún no aceptado por la comunidad científica
(Katsoulis et al., 2020). También, el curso clínico del síndrome delirante es variable,
porque va desde sólo días hasta años (puede superar los 30 años de duración),
presentándose como episodio único, de forma periódica o tener un curso crónico
(propio de la parasitosis delirante primaria), pero es generalmente agudo con las
intoxicaciones farmacológicas o de sustancias psicoestimulantes con síntomas de
menor duración de horas, días o semanas (Coulson, 2022).
Asimismo, las conductas autodestructivas (empleo de exfoliantes y rascado con
uñas o pinzas) con el objeto de retirar el patógeno que creen se encuentra bajo la
piel, marcan al síndrome y pueden terminar en lesiones o infecciones secundarias
graves (erosiones, excoriaciones, ulceraciones, caída del cabello, lesiones de li-
quen simple crónico o prurigo nodulares) (Tous et al., 2015). Además, este trastorno
psicótico delirante puede ser compartido (“folie à deux”) con una persona cercana
o familiar del afectado, en el contexto de una relación estrecha, e incluso puede
afectar a familias enteras o grupos de personas (“folie à trois”, “folie à quatre”).
Se destaca que la parasitosis delirante es primaria cuando no puede ser explicada
por ninguna otra causa y caracterizada por ser de tipo somática, monosintomática,
circunscrita o aislada, es decir, las ideas delirantes deben durar más de un mes y
estar relacionadas con el tema delirante, sin deterioro significativo de la esfera psi-
cosocial y sin dominar el cuadro clínico, pero con síntomas depresivos secundarios
al delirio y que duran menos que este. Ahora bien, el resto de formas de parasitosis
delirante debido a otros trastornos psiquiátricos, médicos o por medicamentos o
sustancias toxicas, debe ser considerado como secundario (Tous et al., 2015).
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Sin duda alguna, el diagnóstico se hace con la convicción del afectado, por demás
inalterable, de estar infestado por patógenos a pesar de no haber evidencia de la
existencia de parásito alguno, y por supuesto, con la manifestación de sensacio-
nes cutáneas anormales atribuibles a la presencia de noxas (Tous et al., 2015). En
relación con la intervención sanitaria en el diagnóstico de la parasitosis delirante,
en muchos casos son los propios pacientes con base a los datos que les ofrece la
tecnología de información y comunicación los que categorizan su patología como
una alteración de la esfera de la psicología o psiquiatría; entonces, son ellos los
que acuden con los profesionales sanitarios, inicialmente dermatólogos, para ase-
gurarse el diagnóstico y el tratamiento adecuado (Dipp et al., 2020).
Se aconseja realizar diagnóstico diferencial; para ello, es vital efectuar un completo
y minucioso examen físico con el propósito, entre otros aspectos, de determinar
alteraciones en la piel (perfectamente aplicable a la leishmaniosis, considerada
la enfermedad de la mil caras y endémica en varias regiones del mundo) y otros
órganos, además, se deben practicar pruebas de laboratorios a las muestras obte-
nidas o proporcionadas por el paciente, por la posibilidad real de infestación o de la
existencia de causa psiquiátrica o médica subyacente (Abdel et al., 2020; Bastidas
& Bastidas, 2018; Tous et al., 2015; Vásquez et al., 2010).
La relación médico-paciente confiable (en este sentido, debe mostrase interés por
el caso y realizar una evaluación clínica completa y exhaustiva), la terapia psicoló-
gica adyuvante y la medicación antipsicótica (para la parasitosis delirante primaria
y secundaria a esquizofrenia), constituyen el tratamiento óptimo de la parasitosis
delirante (se logra mejoría entre 50 y 75% de los casos), aunque son escasos los
estudios clínicos aleatorizados en el tratamiento de la parasitosis delirante prima-
ria o secundaria. Asimismo, se recomienda el tratamiento del estado depresivo
acompañado con antipsicóticos en la parasitosis delirante secundaria a depresión
psicótica (Dipp et al., 2020).
Conclusiones
Se concluye que la parasitosis delirante es un trastorno psicótico inespecífico
somático, marcado por alucinaciones no extrañas que se constatan en la vida real
sobre infestación parasitaria inexistente sin deterioro significativo de la actividad
psicosocial del sujeto afectado, una patología poco conocida por disciplinas distintas
a la dermatología, psicología y psiquiatría. Esta patología requiere de un diagnóstico
diferencial con otras enfermedades de la esfera de la salud mental, y su diagnós-
tico, fuertemente basado en la anamnesis, por aquello de la fuerte convicción del
individuo de estar infectado, permite clasificarla como primaria o secundaria, previo
a descarte pleno de infestación parasitaria.
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Finalmente se señala que la intervención sanitaria debe centrarse en una empática
relación médico-paciente, que permita el diagnóstico certero producto de la remi-
sión oportuna a especialistas del área del que deriven la medicación antipsicótica
específica y las terapias de apoyo psico-social.
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