Perspectivas psicosociales del fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes.


Psychosocial perspectives of the phenomenon of psychoactive substance consumption in adolescents.


Artículo de revisión

Recibido: 05/07/2023 – Aprobado: 10/09/2023 - Publicado: 03/12/2023 ISSN - 2619-6336

DOI: https://doi.org/10.30554/tempuspsi.7.1.4902.2024

Volumen 7-1 2024


Valentina Valencia Orozco

Tempus Psicológico


Perspectivas psicosociales del fenómeno del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes.


Para citar este artículo

Valencia Orozco, V. (2024). Perspectivas psicosociales del fenóme- no del consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes. Tempus Psicológico, 7(1), 217-239


Valentina Valencia Orozco1



1 Universidad de Manizales. Correo: vvalencia@umanizales.edu.co ORCID: https://orcid.org/0009-0004-9356-9251.

Tempus Psicológico


Resumen

El fenómeno del consumo de sustan- cias psicoactivas, parece ser un flagelo social al cual, la gran mayoría de los siste- mas inmersos en la sociedad se han adap- tado; pareciera que fuera un paisaje más de un escenario que por años permea de manera fuerte y sin piedad la vida de los individuos y sus familias, convirtiéndose en un modelo social que legitima ciertas formas de construir realidad.

Los adolescentes, son vistos por este fenómeno como un proyecto de fácil ac- ceso y de demanda al futuro si logran aca- pararlos completamente, son los sujetos sociales de mayor fragilidad. Desde esta perspectiva emerge la construcción de las reflexiones personales y profesionales que se exponen en este escrito; no antes sin considerar claro está, las enunciacio- nes epistemológicas y ontológicas que la psicología puede pensar al respecto, desde una lógica psicosocial y ecológica, funda- mentada en los principios disciplinares del enfoque sistémico de la psicología, considerando además la relación sujeto (psicólogo) - sujeto (consultante), como una base disciplinar fundamental para la construcción de nuevas praxis psicológi- cas en la comprensión y análisis del con- sumo de sustancias psicoactivas en ado- lescentes.


Palabras clave: consumo, psicosocial, adolescente, familia, sociedad.

The phenomenon of the consump- tion of psychoactive substances seems to be a social scourge to which the vast majority of systems immersed in society have adapted; It seems that it was one more landscape of a scenario that for years permeates in a strong and merciless way the lives of individuals, their families, becoming a social model, which legitimizes certain ways of cons- tructing reality.

Abstract

Adolescents are seen by this pheno- menon as a project of easy access and demand for the future if they manage to monopolize them completely, they are the most fragile social subjects. From this perspective emerges the construc- tion of the personal and professional re- flections that are exposed in this writing; Not before without considering of cour- se, the epistemological and ontological enunciations that psychology can think about it, from a psychosocial and eco- logical logic, based on the disciplinary principles of the systemic approach of psychology, also considering the rela- tionship subject (psychologist) - subject (consultant), as a fundamental discipli- nary basis for the construction of new psychological praxis in the understan- ding and analysis of the consumption of psychoactive substances in adolescents.


Keywords: consumption, psychoso- cial, adolescent, family, society.

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Introducción


La experiencia profesional en la psicología, puede ser un ejercicio altamente movilizador para quienes deciden vincularse con este proyecto de vida profesional. 14 años de experiencia profesional con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), han sido el pretexto perfecto para construir, deconstruir y continuar asumiendo que la psicología, no puede ser solo un instrumento más para señalar la carencia del otro, como bien lo dice Fernando Savater (2010), “el otro es el que confirma tu humanidad, no son los objetos” (p.12); cuando

se reconoce en el otro un ser humano en toda su integralidad, el ejercicio profesional de la psicología tiene un sentido distinto, más dispuesto para el otro, un sentido que implica hacer por vocación y pasión, un sentido que invita a una intensión intangible pero necesaria y es el sentido de la transformación social desde la psicología.


La infancia, la niñez y la adolescencia, son claramente momentos vitales en la vida de todo individuo, marcan el camino y alistan el equipaje emocional y social con el que se llegará a la adultez, y sobre todo con el que se continuará tejiendo sociedad, desde su actuar (ICBF, 2016); es esta percepción además la que motiva el desarrollo de estas líneas, es la experiencia misma como profesional la que define la apuesta reflexiva de este escrito, que en apoyo con algunas revisiones teóricas de la perspectiva psicosocial y ecológica, permiten dar contexto a algunas enunciaciones críticas con respecto al consumo de sustancias psicoactivas (SPA) en niños y adolescentes.


La experiencia en el ICBF, en los procesos de restablecimiento de derechos de niños, niñas y adolescentes, se ha convertido además en el marco contextual de la configuración

de argumentos que llevan a la comprensión holística de este fenómeno, entendiendo sus vulnerabilidades y las implicaciones desde los diferentes contextos de interacción del individuo. Barbosa et al. (2014) refiere que uno de los aspectos de mayor relevancia en los procesos de investigación con respecto al consumo de SPA en adolescentes tiene que ver con:


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Reconstruir la historia vital del adolescente en relación con el contexto sociofamiliar, el inicio del consumo y su relación con este. Igualmente, comprender el papel que juega la individuación y las relaciones con pares en el inicio y mantenimiento del consumo de SPA (p. 55).


Ferrel et al. (2016) en su investigación sobre el deterioro de la salud mental relacionado con el consumo de SPA en jóvenes, llaman la atención sobre los altos niveles de riesgo.


Los altos niveles de riesgo podrían deberse a la presencia de factores de riesgo psicosocial para el consumo de drogas psicoactivas en los adolescentes, como la presión social, familias disfuncionales, amistades inadecuadas y falta de habilidades sociales, las cuales podrían influir en el inicio a temprana edad del consumo, debido a que los resultados nos muestran una actividad moderada del consumo de alcohol y tabaco principalmente. Sin embargo, también se pueden encontrar factores protectores como

el estrecho vínculo familiar, el afecto, expresiones de amor y cariño, apoyo grupal y comunitario, buen rendimiento académico, oportunidades de liderazgo en la institución educativa y la comunidad, y adecuadas habilidades sociales, lo cual facilitaría su alejamiento del consumo (p. 52).


En relación con lo anterior, en estas páginas que caminan entre la epistemología y la práctica, se aborda desde una perspectiva psicosocial y relacional con enfoque sistémico la importancia emergente de lo analítico en el fenómeno y el impacto recíproco, que se da con cada uno de los espacios vitales que configuran una pauta relacional con un adolescente que presenta consumo de SPA, proceso que además se complementa con la necesidad inmediata y fundamental de generar nuevas lecturas de realidad desde lo académico, lo profesional y lo personal en torno a este flagelo que se puede presentar en niños, niñas y adolescentes, en aras de generar también alternativas de acompañamiento que permitan la movilización del

cambio en todos los contextos que hacen parte de la vida cotidiana de un adolescente que puede

encontrarse en una situación adversa como el consumo de SPA.


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Lo psicosocial: comprendiendo la relación sujeto psicológico y sujeto consultante en la comprensión del fenómeno del consumo de SPA en adolescentes.


Realizar un análisis psicosocial al fenómeno del consumo de SPA, implica en primera instancia comprender la categoría psicosocial, asumiendo una postura epistémica y ontológica; este primer momento del texto, tiene como finalidad el reconocimiento de la categoría de análisis psicosocial en dos dimensiones, la primera, planteada por un autor fascinante para el mundo de la psicología, Ignacio Martin Baró y la segunda en torno a una reflexión epistemológica desde el enfoque sistémico como una ruta de trabajo desde la intervención psicosocial, y las reflexiones que esta conexión permite configurar a partir del rol del psicólogo en el área social, así como su pertinencia en la generación de cambio y comprensión del consumo de SPA en adolescentes.

Los procesos psicosociales tienen un impacto altamente significativo en el desarrollo del ser humano, toda vez se convierten en procesos inherentes a la existencia humana, a la vida misma y sobre todo adquieren un carácter de significancia, de lo que es estar en el mundo, generando perspectivas de orden subjetivo que trascienden en los procesos de socialización primarios y secundarios (Yánez, 2010).

El carácter psicosocial de una experiencia está dado por la dimensión intersubjetiva e intrasubjetiva, inherentes a la naturaleza de las relaciones entre los sujetos. En otras palabras, el concepto de lo psicosocial es visto como la conjunción entre lo psicológico y lo social, permitiendo de esta forma una comprensión holística de las situaciones humanas entendidas como un todo orientado por los principios de dialogicidad, recursividad y hologramática. (Medina et al., 2007, p. 180).

En esta lógica experiencial de lo que significa lo psicosocial, se profundiza en dos aspectos importantes, el primero, en lo concerniente a lo relacional, comprendiendo el ejercicio pleno de vivir en el mundo como un proceso que implica a los otros y por lo tanto a la dimensión compleja de socializar entre sujetos, cada uno con sus propias realidades y construcciones sociales (Gergen, 2018).

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El consumo de SPA, sin duda alguna, se puede leer como una acción propia de algunos escenarios que se incorporan en las dinámicas sociales, impactando a los actores de esos contextos, que desde una vulnerabilidad personal y social se vinculan generando consecuencias significativas en todas sus dimensiones de desarrollo. “Las acciones implementadas en países americanos han tenido un proceso más lento, siendo más difícil dejar de lado el enfoque prohibicionista imperante” (Hernández et al., 2017, p. 10).

Ahora bien, el segundo aspecto tiene que ver con la articulación entre lo psicológico y lo social, relación que permite confirmar la idea imprescindible, que el sujeto se construye desde sus particularidades, pero también desde sus relaciones con el mundo que lo rodea; así lo psicológico siempre estará en función de lo social y lo social en función de lo psicológico. Por lo tanto, esta relación estrecha estará siempre ligada a las construcciones del sujeto y la manera como significa su realidad (Agudelo & Estrada, 2013).

La comprensión de la categoría psicosocial desde una perspectiva sistémica, inicialmente puede entenderse como un estilo de vida propio del psicólogo, y no como un determinante de un campo de actuación especifico de la psicología, de allí la necesidad de enmarcarse en una lógica de trabajo que no limite el rol del psicólogo social en los procesos de intervención que puede protagonizar en un contexto determinado. “Para el construccionismo social, por lo tanto, el mundo social está conformado por conversaciones, concebidas como patrones de actividades conjuntas” (Rizo, 2015, p. 22).

Siguiendo esta percepción integral del trabajo de la psicología en campo nace una primera

reflexión en torno a lo que significa construir realidad, desde la postura del psicólogo que hace un análisis psicosocial y el sistema que recibe el acompañamiento. Las construcciones que constantemente se hacen de la cotidianidad permiten comprender al mundo que se comparte con un otro, que de la misma manera construye y recrea una realidad.

La vida cotidiana como categoría de análisis, se puede conceptualizar como un espacio de construcción donde hombres y mujeres van conformando la subjetividad y la identidad social.

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Una de sus características esenciales, es el dinamismo de su desarrollo y la influencia que ejercen los aspectos que provienen de condiciones externas al individuo, tales como los factores sociales, económicos y políticos dentro de un ámbito cultural determinado. (Uribe, 2014, p. 101)

Así el espacio de análisis psicosocial se convierte en un encuentro de realidades, en donde se comparten construcciones individuales, de la propia experiencia, heredadas de la familia y la cultura, entonces el espacio de intervención psicosocial más que un momento para profundizar

en las dificultades y carencias del otro, es un espacio intersubjetivo en donde se comparten y se construyen nuevas relaciones; Bateson afirma (como se citó en Artigau, 2022) “en su rol de observador, considera que solo puede estudiar relaciones en vez de cosas” (p. 8).

Desde esta perspectiva no solo cambia el sistema consultante, sino también el sistema que se acompaña, de allí que ese otro que se llama consultante o cliente hace parte de la experiencia psicológica y de las construcciones que emergen en ese rol.

Es que la unicidad de lo humano, su patrimonio exclusivo está en esto, en su darse un acoplamiento estructural social donde el lenguaje tiene un doble rol: por un lado, el de generar las regularidades propias del acoplamiento estructural social humano, que incluye entre otros el fenómeno de las identidades personales de cada uno; y por otro lado, el de construir la dinámica recursiva del acoplamiento estructural social que produce la reflexividad, que da lugar al acto de mirar con una perspectiva más abarcadora al acto de salirse de lo que hasta ese momento era

invisible o inamovible, permitiendo ver que como humanos sólo tenemos el mundo que creamos con otros. (Maturana & Varela, 2004, p. 43)

El análisis psicosocial puede concebirse como un proceso inherente al desarrollo de

la intervención como categoría global, y ha logrado avanzar de manera significativa desde los estudios elaborados en cuanto a la psicología social y la implicación oportuna del psicólogo en este campo como un interventor terapéutico que analiza todo un contexto, y asume acciones conjuntas de acompañamiento y direccionamiento hacia el cambio.

Paul Watzlawick (2012), quien sin ser psicoterapeuta de profesión, es un personaje que ha aportado bastante al campo del estudio del lenguaje y la comunicación; también es claro

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en términos de lo disciplinar, pues realiza anotaciones interesantes en función de aquellos conceptos que hacen parte de la construcción teórica del paradigma sistémico, la función del lenguaje en la transformación de contextos en los procesos de análisis psicosocial, y asume el concepto de cibernética, y su relación con la construcción de la realidad, por ende su inclusión dentro del espacio psicosocial.

Tom Anderson, fue uno de los terapeutas más reconocidos por su trabajo con relación a los equipos reflexivos. Su discurso permite observar desde la acción, en términos del quehacer psicológico algunas implicaciones relacionadas con la reflexividad dentro de la intervención psicosocial, así como la importancia de vincular diálogos externos con otras personas que observan el proceso que se asume entre psicólogo y consultante, todo esto en la lógica de la

retroalimentación, la comprensión y la distinción. Aquí juega un papel fundamental el desarrollo de la construcción de realidades y su implicación, y la forma como se comprende el mundo propio del otro, no desde los juicios de valor sino desde los propios significados que construyen las personas acerca de su realidad (Sesma et al., 2016).

Berger y Luckman, como dos autores que han profundizado en la construcción de la realidad desde los procesos sociales, hacen alusión al construccionismo social, impactando en la interacción y en el símbolo (Dreher, 2014).

Estos cuatro autores, logran coincidir en un punto de encuentro importante, en donde se reconoce el lenguaje como un eje central en los procesos psicosociales y en la capacidad de

transformación que puede darse en los contextos y en los actores sociales de estos escenarios, por

lo que su perspectiva parte de una noción circular de los dilemas humanos y no lineal.

Otra variante epistemológica, base de la psicoterapia sistémica, es el concepto de recurrencia o de causalidad circular.

La circularidad expresa al contrario de la linealidad cómo en una secuencia de causa efecto, este impregna la causa primera, confirmándola o efectuando una modificación, y a través de esta recurrencia, la causa inicial en la progresión y dinámica del proceso se ve afectada. La conceptualización del proceso circular es aportada por la cibernética cuyo modelo se constituye

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por una unidad básica: el mecanismo de retroalimentación. (Ceberio & Watzlawick, 1985, p. 45) Los procesos de análisis psicosocial deben orientarse sobre un proceso de retroalimentación, de un ir y venir, de ahí la importancia de pensar en lograr generar diferenciaciones en el otro desde el

retorno de la comunicación, lo que implica mejorar entonces el nivel de comprensión; ya no es solo lo primero que se dice, es también la modificación de lo que se dijo y la observación de segundo orden de eso que se dijo. Es necesario revisar la manera como se logra impactar desde el lenguaje en el otro, como no es necesario observar a un objeto, sino a un sujeto que comunica un mensaje, llega y se incluye en la propia experiencia y en la nueva abstracción que se realiza de una realidad, para construir una nueva comunicación con más profundidad, mayor comprensión y distinción (Boxó et al., 2013).

Keeney plantea, que la cibernética estudia de qué manera los procesos de cambio determinan diversos ordenes de estabilidad o de control. En esta medida el terapeuta debe ser capaz de distinguir no solo la retroalimentación simple que mantiene el problema presentado por su cliente, sino también la retroalimentación de orden superior, que mantiene esos procesos de orden inferior. (Ceberio & Watzlawick, 1985, p. 51)

Los niveles de observación permiten ubicar a las personas que interactúan en una conversación sobre lo que acontece o deja de acontecer; así en la primera observación se advierten interventor psicosocial y consultante, y en la segunda se evalúa la observación primera y el resultado de los aprendizajes allí obtenidos.

El ingreso del observador como un elemento más en el sistema, representa la evolución de las ideas originales de la cibernética, constituyéndose lo que se llamó cibernética de la cibernética o cibernética de segundo orden. Para Luhmann la cibernética de primer orden es la de los sistemas observados, la de segundo orden, la cibernética de los sistemas observantes (Becerra, 2022).

Es importante resaltar la importancia de comprender desde la construcción de conocimiento algunos conceptos que son fundamentales dentro del paradigma sistémico, de ahí que el

ejercicio de realizar un análisis psicosocial se torne desde otra realidad que se construye entre el

psicólogo y el consultante, y que los procesos deben tener una finalidad importante y es la de la


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retroalimentación entre los sistemas a través de la observación y la comunicación.

Dentro de un proceso de análisis psicosocial, se tiene un saber que se expone para lograr un objetivo, de esta manera no solo se modifica la narrativa del consultante sino también la del psicólogo; así los procesos reflexivos emergen en el encuentro como factores de cambio. Cuando el consultante es observado como un objeto de análisis y susceptible de diagnóstico, la finalidad es comprender el síntoma de la persona sin pensar en la probabilidad del cambio, ya que no se llega a la reflexión, es decir, el discurso se queda en un nivel lineal, no de causalidad circular, pensando entonces en una relación sujeto - objeto y no en una relación sujeto – sujeto (Schaefer, 2018).

Siguiendo en esta línea, los procesos sociales están siendo entonces impactados por las dinámicas experienciales de los sujetos que socializan, de allí que el consumo de SPA debe ser leído como una construcción social de la realidad, en donde confluyen múltiples factores,

personales, sociales, evolutivos, históricos y culturales. “No solo vivimos en el mismo mundo, sino que participamos cada uno en el ser del otro. Solamente cuando el individuo ha llegado a este grado de internalización puede considerársele miembro de la sociedad” (Berger & Luckmann, 2003, pp.165-166).

En un encuentro de análisis psicosocial se socializa con el otro, se crea un contexto para interactuar y se recrea una conversación desde la interacción con el otro; el análisis psicosocial es un proceso de construcción constante.

Como sujetos socializados se vive entonces en relación con el otro, de allí la importancia de analizar más allá de la conducta aislada, la puesta en escena de esa conducta en interacción con otros. La naturaleza del enfoque sistémico radica entonces en el análisis de la pauta y no de la conducta aislada, esto permite tener un foco más amplio con respecto al síntoma, entendiendo que no se es sujeto de una sola relación, sino de varias relaciones.

El enfoque sistémico como se ha venido planteando en el texto, dentro de sus múltiples finalidades abarca el contexto de las relaciones. Esta connotación hace que sea útil y aplicable dentro de los escenarios psicosociales, porque permite observar desde una percepción en términos de la coevolución la relación psicólogo – sistema consultante, en donde dicha relación

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se comprende en función del aprendizaje creativo que permite la construcción colectiva de la interacción, por tanto, terapeuta y consultante se vinculan desde su propia historia de vida, lo que entonces se conoce como autorreferencia (Pacheco et al., 2012).

De otro lado la terapia sistémica emerge como una propuesta innovadora dentro de los diferentes sistemas psicológicos que ya desde su estructura epistemológica traían una construcción de conocimiento rígida, con orientaciones objetivas, que buscan realizar interpretaciones desde

el déficit humano utilizando el diagnostico como una forma de categorizar los comportamientos de las personas. Desde esta perspectiva se entiende entonces que, para el análisis psicosocial desde el enfoque sistémico, el síntoma, o el problema es un símbolo de cambio y está en función del contexto. En esta lógica las personas no son objetos susceptibles de diagnósticos, sino que están sujetos al análisis de las interacciones con su entorno y con los otros sistemas que en él se encuentran.

Es así como las personas se organizan alrededor de pautas de comportamiento, mas no de formas determinantes en su estructura de personalidad. El enfoque sistémico parte de diferentes principios que permiten que la construcción dentro del espacio de análisis psicosocial se torne alrededor de la narrativa de la persona; esta idea conduce a pensar en el acto del habla como una capacidad esencial en los procesos de análisis psicosocial, pues crea relaciones y permite generar en el otro análisis desde el discurso y la expresión de este en términos de su propia percepción (Watzlawick, 2013).

En este orden de ideas, encontramos la reflexividad como antesala del cambio y como aquel nivel que permite generar en el otro redefiniciones y por lo tanto dar paso a la novedad, a lo nuevo. Es la postura epistemológica la cual se relaciona con la construcción de conocimiento y con las posturas de los sistemas observadores y observantes.

La autorreferencia, la conversación solidaria, el conexionismo, y la contextualidad; estas últimas como parte del proceso de interacciones circulares complejas que permiten generar distinciones y en esta medida comprensiones en el otro.

“Solo al distinguir una pauta de otra somos capaces de conocer nuestro mundo. Las

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distinciones establecidas entre terapeuta y cliente, intervención y síntoma, solución y problema, por ejemplo, nos permite discernir el mundo clínico” (Bradford, 1994, p. 108). Desde esta postura lo sistémico debe estar en el orden de la comprensión en función de la diferenciación, es así como cada vez que se reflexiona existe una reconstrucción que permite observar el dilema con un lente diferente y más amplio.

El enfoque sistémico permite tener una visión de mayor responsabilidad social, con un otro que tiene un saber importante que es el de su propia historia de vida y del cual sólo él puede dar cuenta; en esta lógica predomina el respeto por el otro, la solidaridad, la capacidad de resonar en la persona no desde la categorización, sino desde la vida misma, es por esta razón que hasta ahora se ha entendido que el análisis psicosocial, desde una postura sistémica, no resuelve problemas sino que entrega comprensiones sobre la vida misma.

Al asumir la solicitud de abordar la preocupación central de una reflexión sobre el principio

de la responsabilidad social del enfoque sistémico, partimos de la consideración que el campo de la psicoterapia, en tanto actividad humana, constituye una acción social, política y ética; la psicoterapia es un campo de acoplamientos estructurales entre política y persona. (Estupiñán, 2005, p. 228)

Los psicólogos son llamados a la orientación, el acompañamiento y la posibilidad de generar estrategias en medio de las adversidades contextuales, así surge un concepto fundamental y que de manera clara articula los procesos de análisis psicosocial desde el enfoque sistémico y el campo de actuación de la psicología social comunitaria y es el concepto de mediación, para ello entonces es necesario comprender todos los escenarios próximos a la experiencia vital del sujeto.

Desde un punto de vista sustantivo, podemos decir que la mediación comunitaria tiene como fin la justicia social, ya que es un método alterno para la solución de conflictos que fomenta la cultura de paz, fortaleciendo los vínculos comunitarios, la integración social, el sentido de pertenencia y la participación ciudadana, y a su vez, respetan todo momento los derechos humanos y las garantías individuales de las partes (Sauceda & Gorjón, 2018).

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Una mirada ecológica a la problemática del consumo de sustancias psicoactivas:

analizando contextos.

El consumo de SPA, en adolescentes sin duda alguna debe observarse como un proceso con múltiples escenarios de interacción, toda vez que la complejidad de este no sólo le pertenece al adolescente, o probablemente a su familia, al estado y a la sociedad misma, con todos sus momentos históricos, que se convierten en contextos susceptibles de análisis, y de manera directa hacen parte del cúmulo de significados que integran dicho fenómeno.

En relación con lo anterior, el modelo ecológico confirma que no sólo el individuo, sino la familia, mantienen relaciones recíprocas con distintos sistemas culturales, políticos, sociales y personales, los cuales de manera constante envían información que retroalimenta las acciones del individuo (Collodel et al., 2013).

El autor desde el desarrollo del modelo ecológico plantea 4 sistemas importantes de interacción, los cuales pueden ser revisados y analizados desde la confrontación realidad-teoría, teniendo en cuenta el fenómeno del consumo de SPA en adolescentes y como se relacionan dichos sistemas entre sí, haciendo parte de las situaciones adversas que se pueden experimentar, pero además reconociendo el papel importante que juega el psicólogo en la comprensión de estos fenómenos.

Ontosistema

El primer nivel hace referencia a los elementos propios del individuo, donde se encuentran factores biológicos, genéticos y sociales; por tanto, son características que se han conformado dentro de su interacción con los otros sistemas (Bronfenbrenner, 2005, como se citó en Lucier et al., 2020).

Microsistema

Determina el nivel más cercano del individuo. Este nivel incluye aquellos aspectos individuales y característicos de la persona como el comportamiento, los rasgos de personalidad, los roles y las relaciones propias de los contextos cotidianos en los que se desenvuelve el sujeto (Bronfenbrenner, 2005, como se citó en en Lucier et al., 2020).

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Es un sistema de interacción en donde la familia y los pares juegan un papel altamente significativo; en la gran mayoría de los casos de consumo de SPA en adolescentes, en este sistema se identifican situaciones de riesgo en donde prevalecen crisis de tipo estructural y del desarrollo, sumado a la ausencia de cuidadores y figuras claras de autoridad, generando un proceso de homeostasis (desequilibrio) negativo; los progenitores en medio de su fragilidad emocional por los temores en relación a lo que podría sucederle a su hijos, generan algunos sentimientos de impotencia, afectando el adecuado manejo de la autoridad y establecimiento de límites, situación que lleva generalmente a un cambio estructural en cuanto a los procesos de jerarquía (Valencia, 2020).

Los miembros de la familia generan relaciones de interdependencia, donde el individuo es influido por su contexto y este influye sobre lo social. La vida psíquica de un individuo no obedece exclusivamente a aspectos internos, sino también a situaciones socioculturales, medioambientales y políticas, implicando con ello que el individuo debe adaptarse a un sistema particular, en este caso, al sistema familiar. (López, 2017, p. 38)

El vínculo afectivo entre los progenitores y los hijos, legitima entonces una importante interacción con la vida futura. Taragano (como se citó en Jacho, 2020) afirma que, “conciben al sujeto como el resultante de la interacción e interrelación establecidas entre sí y los objetos

situados tanto interna como externamente en su psiquismo y su medio, siendo dicha interrelación un proceso dialéctico constante” (p. 25). Reconociendo entonces en este aspecto la ubicación de los padres como objetos primarios de apoyo que impactan los procesos de adaptación del sujeto a los contextos.

Los adolescentes que perciben un inadecuado funcionamiento familiar evidencian problemas delictivos, así también aprecian a sus progenitores con una mayor disfuncionalidad, carecen de cohesión, adaptabilidad y comunicación familiar y a la vez presentan alto grado de violencia. Además, están propensos a realizar conductas contrarias a la sociedad. (Kim, 2008, como se citó en Ruiz et al., 2017, p. 15)


Mesosistema

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Se puede comprender este sistema de interacción, como aquel donde aparece con toda su resonancia el proceso de socialización secundario, mediado por la escuela y los pares (Barbosa et al., 2014). Desde esta perspectiva, se identifica una alta influencia del contexto en los adolescentes, así se perciben procesos de adaptación a las demandas de los otros, específicamente a su grupo de pares negativos; el ejercicio inadecuado de adaptación del adolescente en extremo es un factor de riesgo visto desde la facilidad del adolescente de aceptar demandas del contexto social de sus pares sin emitir ningún tipo de postura para evitar el conflicto.

Desde el ámbito escolar, no solo los pares negativos se convierten en factor de riesgo:

La inasistencia escolar aumenta la promoción del tiempo libre y puede estar asociada a difícil acceso económico, bajo acompañamiento por parte de la familia en el ámbito escolar, acoso escolar o apatía por el contexto educativo, generando cambios abruptos en las actividades diarias. (Schioppa, 2013, como se citó en Altamar et al., 2021, p. 150)

Exosistema

Es el escenario social más próximo que impacta las experiencias de los individuos.

En él se contemplan: la escuela, la iglesia, el ámbito laboral, los organismos de seguridad, las organizaciones de salud, entre otros (Herrera & Herrera, 2018). Este sistema tendrá que ver con la interacción entre la comunidad y el subsistema barrial del adolescente.

En consecuencia, cabe expresar que la sumisión y la agresión no existen en un vacío relacional, sino, por el contrario, en un enquistamiento de vínculos enmadejados. Por ello tiene tanto sentido la apreciación de Calveiro cuando afirma que, en esas complejas redes de poder, nadie monopoliza el uso de la fuerza, pero tampoco nadie le escapa. (Christiansen, 2013, p. 156)

Crecer en un contexto relacionalmente complejo por sus disposiciones sociales y tener vulnerabilidades personales, son dos escenarios que, al conjugarse, pueden limitar el desarrollo del individuo; sin embargo, es preciso aquí clarificar la importancia de los primeros significantes de vida que se construyen en familia, y que finalmente son los lenguajes que el adolescente externaliza en este sistema, siendo evaluados como factores protectores o de riesgo, según sea su

experiencia de vida.

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Macrosistema

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Aquí se denominan factores macrosociales a aquellos que trascienden el entorno inmediato del sujeto, se ubican en un nivel superior y que serían equivalentes a un macrosistema, en términos de Bronfenbrenner (1979). En todo caso, estos factores pueden ser captados en el nivel medio,

por ejemplo, en las condiciones de vida barriales, e incluso en el nivel familiar y personal, ya que las condiciones sociales personales pueden ser el resultado de las políticas económicas y sociales. (Scoppetta & Ortiz, 2021, p. 180).

Frente a lo anterior es preciso en primera instancia comprender y revisar la historia del país desde todas sus dimensiones, haciendo un importante énfasis al tema del narcotráfico, sus significados y la construcción social que se tiene del mismo, entendiendo este como un síntoma emergente además del conflicto que por años azota la realidad social Colombiana, siendo el consumo de SPA en adolescentes una grave consecuencia de esta dinámica social que pareciera un monstruo gigante difícil de contener, que trasciende la vida de nuestros niños, niñas y adolescentes, obligándolos a determinar su destino.

La estructura básica en Colombia de los carteles y grandes empresas del narcotráfico, en los años 80 y 90, comprendía un complejo andamiaje organizacional. Se había constituido un modelo de empresa que advertía robustos recursos financieros, un talento humano raso, no profesionalizado, pero bien conectado con el crimen que realizaba sus actividades de manera

clandestina para unos líderes-capos altamente visibles e identificables por las autoridades estatales. Un desafío institucional en su máxima expresión (Niño, 2016, p. 117).

Si bien la nota anterior alude a un momento histórico pasado, pareciera que el macrosistema de las adolescentes hoy día no es muy distinto, específicamente en sectores vulnerables donde existe una marcada naturalización del consumo de SPA y es muchas veces una de las fuentes económicas de muchas familias, a través del microtráfico.

De otro lado, el sistema de salud debe por política pública cumplir una función importante

en los procesos de desintoxicación y deshabituación del consumo de SPA; la Ley 1098, código de infancia y adolescencia (ICBF, 2006), obliga a todas las entidades de salud a garantizar este

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derecho en los adolescentes; sin embargo la realidad es adversa, los procesos desde el sistema de salud no generan el impacto deseado, siendo su mayor dificultad el asignar controles o procedimientos con las especialidades requeridas, con tiempos bastantes prolongados que no garantizan la continuidad de un tratamiento.

Desde la perspectiva de salud pública, es necesaria la disminución de la oferta de drogas. Sin embargo, el acento de estas medidas no recae en las sanciones penales al consumidor. Aquí, las contingencias sociales tienen un gran peso en el cambio de los patrones de comportamiento. (Scoppetta & Castaño, 2018, p. 85)

Todos estos procesos en conjunto generan un tipo de lectura de realidad en el adolescente, impactando su sistema de creencias y cultural sobre él mismo y sobre su misma problemática, quedando en un lugar muchas veces abstracto sobre lo que puede hacer diferente para favorecer su proyecto de vida; surgen y florecen narrativas de vida desde la carencia, desde el problema, que opacan los recursos que él mismo pueda tener, quedando en un estado de impotencia y fragilidad.

¿Desde qué lugar estamos leyendo a estos adolescentes?, si son el futuro de nuestra sociedad, ¿qué garantías les ofrecemos para vivir en un mundo mejor?

Finalmente, y después de comprender la importancia de la relación sujeto psicólogo y consultante, en la perspectiva psicosocial y en la trascendencia que tiene la diferenciación de una realidad distinta en los procesos de acompañamiento y el análisis de los diferentes contextos de relación del sujeto consultante, surgen preguntas para la psicología ¿desde qué lugar se ubican los profesionales en psicología para comprender el fenómeno del consumo de SPA en adolescentes?, y ¿este lugar permite la construcción de análisis complejos de realidad para la tan anhelada transformación social?.

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