
Alberto Savinio
Subjective well-being and animal adoption in the context of the COVID-19 pandemic in Manizales (Caldas, Colombia): a view from social psychology
Mariana Aguirre Buitrago William Oswaldo Gaviria Gutiérrez
La interacción entre seres huma- nos y animales reviste profunda comple- jidad, en tanto deviene en una pregunta general por la relación de lo humano con diferentes formas de vida. Esta relación generalmente está mediada por escena- rios de cosificación e instrumentalización de la vida. No obstante, la adopción de animales se presenta como una línea de fuga que posibilita la emergencia de ne- xos contra-hegemónicos, donde la vida no sea cosificada, sino respetada y apre- ciada. La presente investigación da cuen- ta de las relaciones entre bienestar sub- jetivo y la adopción animal en contextos de pandemia por COVID-19 en el muni- cipio de Manizales (Caldas, Colombia). Se realizó una encuesta cualitativa en la que participaron 787 personas. Como re- sultado principal se resalta que los parti- cipantes desean adoptar bajo un principio de amor y compromiso con la vida como condición para el bienestar subjetivo.
The interaction between human beings and animals is deeply complex, as it becomes a general question about the relationship of the human with different forms of life, this relationship is genera- lly mediated by scenarios of reification and instrumentalization of life. Howe- ver, the adoption of animals is presented as a line of flight that makes possible the emergence of links counter-hegemonics, where life is not reified, but on the con- trary respected and appreciated. This re- search accounts for the relationships be- tween subjective well-being and animal adoption in the context of a COVID-19 pandemic in the municipality of Mani- zales (Caldas, Colombia). A qualitative survey was conducted in which 787 peo- ple participated. As a main result, it is highlighted that the participants wish to adopt under a principle of love and com- mitment to life as a condition for subjec- tive well-being.
Artículo de investigación
Recibido: 21/01/2022 – Aprobado: 22/03/2022 - Publicado: 23/11/2022 ISSN - 2619-6336
DOI: https:/doi.org/10.30554/tempuspsi.6.1.4247.2023
Volumen 6-1 2023
Aguirre, M., Gaviria, W.O. (2023). Bienestar subjetivo y adopción animal en contexto de pandemia por COVID-19 en Manizales (Caldas, Colombia): una mirada desde la psicología social. Tempus Psicológico, 6(1), 28-46. https:/doi. org/10.30554/tempuspsi.6.1.4247.2023
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1 Artículo resultado de investigación elaborado en el marco del “Programa la Expedición Pacífica: Territorializando la Paz. Proyecto redes para el buen vivir: una estrategia territorial de agencia social y comunitaria para potenciar los procesos de desarrollo humano desde la primera infancia, niñez, juventud y familias en Caldas”.
2 Universidad de Manizales. Correo: aguirremariana4@gmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0989-2987
3 Universidad de Manizales. Correo: wgaviria@umanizales.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4228-4665
La interacción entre seres humanos y animales reviste profunda complejidad, en tanto deviene en una pregunta general por la relación de lo humano con diferentes formas de vida, con el ambiente, con el entorno, situación que ha sido escenario de análisis desde hace años; basta revisar los trabajos adelantados por varios autores (Commoner, 1973; Guattari, 1996; Noguera, 2004; y Capra, 2006) en los cuales logra identificarse un escenario discursivo, situado en clave crítica, al reflexionar: (1) la naturaleza se ha convertido en una cosa al servicio de la racionalidad humana; (2) en la modernidad la vida humana está, ontológicamente hablando, por encima de cualquier otra forma de vida; (3) todo está interconectado en una trama compleja de relaciones.
En ese reconocimiento de complejidad relacional, cosificación y superioridad ontológica, la interacción con animales no humanos ha bebido de la explotación, maltrato y abandono. No obstante, el rol animal en el desarrollo humano es fundamental, tal como lo refieren Valadez y Mendoza (2005) en un análisis específico sobre caninos:
Una vinculación y arraigo tan poderoso del perro hacia lo humano lo convierte en un elemento cultural de primer orden cuando tratamos de reconocer nuestra propia naturaleza más allá de la expresión escrita. Estemos conscientes de ello o no, el perro es una especie que, desde hace muchos milenios, es un reflejo directo de las culturas en donde existe, de la gente con las cuales convive, del ámbito familiar (p. 16).
En complemento, Escartín (2017) da cuenta cómo desde la antigüedad se venían configurando gramáticas del horror contra los animales, en nombre de la ciencia y el bienestar humano, “por considerarlos máquinas insensibles al dolor, lo que les autorizaba a practicar en ellos experimentos atroces” (p. 360). Por su parte, González (2019) enfatiza en los debates sobre la práctica psicológica que se han venido realizando sobre el trabajo con animales, donde pone en profunda tensión cómo el actuar disciplinar abrazó la tortura de animales para el beneficio humano.
El ser humano se halla cada vez más desconectado de la naturaleza y de lo que en ella habita; ha olvidado o ignorado que esta es un todo. Al respecto, Guattari (1996) reflexionaba hace más de dos décadas:
Las relaciones de la humanidad con el socius, con la psique y con la «naturaleza» tienden, en efecto, a deteriorarse cada vez más, no solo en razón de contaminaciones y de poluciones objetivas, sino también por el hecho de un desconocimiento y de una pasividad fatalista de los individuos y de los poderes respecto a estas cuestiones consideradas en su conjunto. (pp. 30-31)
Acero (2017), continuando con los trabajos de Kete (1994) y aportando a la idea de deterioro relacional expuesta por Guattari (1996), da cuenta en un estudio asociado a caninos cómo estos “fueron tratados como muñecos o niños y sometidos a las últimas modas en peinado y alta costura; se trató además de disciplinar su sexualidad y educar en obediencia, buscando transformar la conducta bestial en casi-humana” (p. 76). Tal acción controladora da cuenta de una negación epistémica, donde formas de vida que no se moldeen a la noción ontológica de humanidad no son válidas; así, si el animal no se
parece al humano precisa de una reducción valorativa.
Ahora bien, ante toda visión hegemónica emergen posturas reflexivas en procura de otras formas de configuración de mundo (Molina, 2006). Una parte de la sociedad busca retornar a Natura, relacionarse con animales en nota de compañía, protección, cuidado y recuperar a aquellos que han sido violentados, ignorados, olvidados. Esto se ha materializado en movimientos ambientalistas (D ́Amico y Agoglia, 2019), en defensa de los derechos de los animales (González, 2020) y antiespecistas (Fernández, 2019).
A nivel internacional, Reino Unido ha sido pionero en las políticas públicas de bienestar y protección animal, ha influenciado lentamente a países como Austria, Alemania y Suiza, para posteriormente impulsar a Latinoamérica una vez se promulgara la Declaración Universal de los Derechos del Animal en 1977. Ecuador, Bolivia y Colombia fueron los primeros países en proponer leyes de protección animal (Cisneros, 2015).
En este contexto logra identificarse que el rescate de animales no humanos en condición de calle ha incrementado a medida que las personas se comportan de manera armónica con la naturaleza y se preocupan por el bienestar de ellos. De igual forma, se va haciendo necesario que las políticas públicas giren en torno al bienestar de la fauna callejera y doméstica. Actualmente, en Colombia, rige la Ley 1774 de 2016 que declara a los animales como seres sintientes en lugar de cosas, además deben recibir protección contra el sufrimiento y el dolor, en especial si ha sido causado por humanos (art. 1).
En dicha ley también se especifican los principios como la protección, la solidaridad social y el bienestar animal; en este último teniendo en cuenta la tenencia responsable, el tenedor debe asegurar como mínimo que el animal no sufra hambre, sed, malestar físico o dolor, enfermedades por descuido, sometimiento a condiciones de miedo o estrés; de igual manera se procura que el animal pueda expresar su comportamiento natural (Ley 1774 de 2016, art. 3). Por otro lado, el principio de solidaridad social plantea que “el Estado, la sociedad y sus miembros tienen la obligación de asistir y proteger a los animales con acciones diligentes ante situaciones que pongan en peligro su vida, su salud o su integridad física” (Ley 1774 de 2016, art. 3).
A pesar de tener un marco normativo que propende por el cuidado de otras especies, en Colombia las cifras dan cuenta que este fenómeno es de profunda complejidad. Se estima existen en el país un millón de animales de compañía en la calle (Romero, 2019). Por su parte, el Observatorio de Protección y Bienestar Animal (2019) reportó 4.273 atenciones a fauna callejera por diferentes causas de maltrato. Adicionalmente, en el contexto de pandemia por COVID-19, fue referido por medios de comunicación cómo fueron abandonados en un solo departamento de Colombia más de 12 mil animales (Deutsche Welle, 2020).
Esta situación ha llevado a que en diferentes municipios se configuren instancias públicas o privadas en procura del bienestar de estos seres. En Manizales, la Unidad de Protección Animal (UPA) lidera procesos de adopción, esterilización y rescate de fauna doméstica callejera mediante su Grupo de Atención y Rescate Animal (GARA). A esta institución comúnmente son llevados la mayoría de animales que se encuentran vulnerabilizados, extraviados o heridos, debido a que es dicha institución quien se encarga oficialmente de estos procesos a nivel del municipio. En el año 2019 la UPA realizó
1.447 adopciones entre caninos y felinos; y para el 2020 fueron 879 (O.E. Rodas, comunicación personal, 09 de Marzo de 2021).
Existen otras instituciones y personas independientes que realizan procesos de rescate, adopción, esterilización y rehabilitación en la ciudad de Manizales, generalmente no cuentan con apoyo gubernamental; únicamente de empresas privadas que desean colaborar y donantes esporádicos.
En el caso de la Corporación Huella Amiga, institución que dispuso sus medios e información para la presente investigación, en el periodo comprendido entre 2019 y 2020 entregó 338 animales en adopción entre caninos y felinos, todos ellos con vacunación, esterilización e implantación de microchip de identificación, como parte del proceso de tenencia responsable (C.B. Araque, comunicación personal, 15 de Diciembre de 2020).
Dado el marco anterior, el presente artículo da cuenta de la interacción existente entre el bienestar subjetivo y la adopción animal, en contextos de pandemia por COVID-19, en el municipio de Manizales (Caldas, Colombia). El Bienestar Subjetivo (BS) está relacionado con la noción de satisfacción que desarrolla cada persona en relación con su existencia. Se reconoce “como el resultado de tres componentes: la presencia predominante de sentimientos positivos, la ausencia o presencia no predominante de sentimientos negativos y la satisfacción con la vida” (Castellanos, 2016, p. 18). En consecuencia, está directamente ligado a la percepción y evaluación de las vivencias, experiencias y relaciones. En palabras de García (2002):
El bienestar puede alcanzarse, por lo tanto, a través de procesos tan internos o dependientes de la persona como pueden ser: el cambio de sus aspiraciones, la percepción que tiene de sí misma y de su entorno, la acción sobre ella misma o la modificación de sus circunstancias vitales. (p. 35)
El BS también abarca situaciones como la gratificación de las necesidades básicas fisiológicas y psicológicas. Por consiguiente, es multidimensional, en la medida que interactúan diferentes esferas del desarrollo humano, entre ellas la social, económica, emocional, física y espiritual. Está asociado a la calidad de vida percibida por cada persona, entendiendo que este análisis está “modulado por los procesos cognitivos vinculados a la evaluación que la persona realiza tanto de sus condiciones objetivas de vida, como del grado de satisfacción con cada una de ellas” (Urzúa y Caqueo, 2012, p. 65).
El componente de satisfacción con la vida tiene bastante relación con el concepto de BS, el cual está directamente implicado con las experiencias afectivas que además guardan relación con categorías como entorno familiar, social y laboral. El medio ambiente y los factores culturales tienen una alta incidencia en las percepciones de BS de los individuos (Goñi e Infante, 2010).
Es importante mencionar que el BS influye de manera significativa en la relación entre un animal de compañía y un ser humano; de esta relación se derivan distintas percepciones acerca de la felicidad y calidad de vida, en tanto se crea un vínculo psico-socio-afectivo entre el ser humano y el animal. Algunas personas pueden necesitar animales de compañía como soporte emocional o animal de servicio, como es el caso de las personas en tratamiento por epilepsia, que se ven beneficiadas al tener un canino que sea previamente entrenado para reaccionar antes de una convulsión. Esto, sin duda, podría considerarse un indicativo de calidad de vida en tanto la persona reduce su estrés y se previene dicha crisis (Hugues et al., 2012).
Adicionalmente, se ha identificado cómo la relación o tenencia de un animal impacta positivamente en la valoración de la vida que hacen los seres humanos, en el marco de procesos terapéuticos y psicoterapéuticos (Eraud, 2020; González, 2019; Pedrosa et al., 2017; Pulgarín y Orozco, 2016). En complemento a lo anterior, Gómez (2017) invita a tener presente que “las interacciones entre una persona y un animal no requieren ser del todo terapéuticas para que estas produzcan algún efecto en la persona” (p. 19). Así, la relación entre BS y tenencia de un animal marca una profunda línea en clave de valoración positiva de la existencia.
Estos elementos que median la configuración de realidad pueden ser entendidos desde la
psicología social, en la medida que esta rama disciplinar se encarga de analizar los procesos cognitivos, afectivos y comportamentales de un sujeto en diferentes contextos, así como la influencia que los cambios contextuales pueden generar en el psiquismo (Baron y Byrne, 2005). Dichos cambios, como fue expuesto por García (2002), tienen un efecto innegable en el BS, dado que los sujetos reevalúan su existencia en directa asociación con las experiencias y vivencias epocales.
Por su parte, ha de entenderse para el presente artículo, la adopción de animales como la acción de hacerse responsable de un animal que ha pasado por una historia de abandono o ha crecido en las calles y necesita de un hogar. Dicho ejercicio de responsabilidad deviene en una decisión existencial, no instrumental, en tanto las esferas de desarrollo se ven impactadas al asumir el compromiso de bienestar de otra vida.
La incorporación de una mascota al hogar debe ser una decisión responsable tomada por todos los miembros de la familia, y no debe ser tomada a la ligera, ni por caprichos o por la novedad o el divertimento que trae una mascota pues estos se hacen adultos. Una mascota nunca debería ser un regalo sorpresa ni con la mejor de las intenciones¨. (Jaramillo, 2007, p. 68)
Los procesos de adopción de animales registran aumentos a nivel mundial, sin embargo, aún existen grandes retos para equilibrar la relación entre animales en situación de calle y quienes tienen un hogar (Fatjó, 2018; Do Nascimento et al., 2020). Esto implica, también, fortalecer el conocimiento en materia de tenencia de animales. Principalmente se busca que cada persona tenga claras las razones por las que adopta y, por supuesto, que sepa los cambios a los que va a enfrentarse.
Una adopción es un compromiso moral, económico y social por lo menos de 15 años continuos. Se hace necesario tener en cuenta la motivación para adoptar, el espacio en el que vivirá el animal, el tiempo con el que se cuenta diariamente –contrario a lo que se piensa, tanto gatos como perros necesitan atención y espacio para permanecer–, los recursos económicos, un factor muy importante es la decisión consensuada de los integrantes de la familia y, por supuesto, el tipo de animal de compañía que desean adoptar. En muchos casos las características de la familia, la residencia, el tiempo y el espacio no concuerdan con el querer del adoptante.
La investigación realizada fue de corte cualitativo en la medida que se buscó identificar las razones de adoptabilidad de animales por parte de las personas y su relación con el bienestar subjetivo, todo esto en contexto de pandemia por COVID-19, siguiendo los planteamientos de Hernández et al. (2014) en tanto este tipo de investigación busca “comprender los fenómenos, explorándolos desde la perspectiva de los participantes en un ambiente natural y en relación con su contexto” (p. 358). Se utilizó una encuesta cualitativa para la recolección de información, tomando como referente a Jansen (2012), al indicar que la misma “no tiene como objetivo establecer las frecuencias, promedios u otros parámetros, sino determinar la diversidad de algún tema de interés dentro de una población dada” (p. 43).
Específicamente, se empleó la encuesta cualitativa preestructurada dado que fueron definidos inicialmente algunos campos de indagación, en sintonía con lo planteado por Jansen (2012) para este tipo de investigaciones. Así, la investigación se adelantó en cuatro fases: (1) recolección de información, (2) procesamiento de la información, (3) análisis e interpretación de la información y (4) comunicación de los hallazgos.
Como instrumento fue empleado un cuestionario virtual autoaplicado por los participantes, el cual constaba de trece (13) reactivos, distribuidos en tres dimensiones: aspectos sociodemográficos, reconocimiento de tenencia y razones de adoptabilidad. Los participantes fueron mayores de edad y dieron el consentimiento para el uso de la información con fines estadísticos e investigativos.
Se efectuó un muestreo no probabilístico, en sintonía con Hernández et al. (2014) en la medida que del universo posible de participantes se seleccionaron las personas que expresaron su intención de adoptabilidad con la Corporación Huella Amiga. Temporalmente se hizo recolección de información entre los meses de junio y septiembre del año 2020. La muestra total fue de 797 encuestas, sin embargo, la unidad de trabajo se redujo a 787, dado que las restantes no cumplían con la calidad de respuestas necesarias. Se empleó el análisis de contenido como técnica para la interpretación de la información recolectada. Como referencia directa a la voz de los participantes se utilizó una codificación simple donde “P” hace referencia a participantes, seguido de un número y el año en que respondió la encuesta, quedando: P-Número-Año.
Las personas que desean adoptar un animal en la ciudad de Manizales, y que participaron en este estudio, se reconocen a sí mismas como trabajadoras en escenarios públicos y privados, estudiantes, amas de casa y pensionados. Habitan principalmente en casas en las que conviven entre dos y cuatro personas, con una privilegiada ausencia de niños en los sitios de residencia. La principal razón que enuncian para desarrollar procesos de adopción está situada en el amor y compromiso con la vida no humana; ello como una condición para el bienestar subjetivo.
Los resultados específicos se plantean en tres secciones: la primera da cuenta de los aspectos sociodemográficos de los participantes en el presente estudio; en segundo lugar, se refieren algunas características principales en relación con el reconocimiento de la tenencia animal; y para finalizar se exponen las razones de adoptabilidad de los participantes, configurando este escenario en el componente central de los resultados.
Las características demográficas de los solicitantes de adopción serán presentadas en cuatro grandes elementos. El primero de ellos da cuenta de la ocupación, donde logra identificarse que el
77.62 % se reconocen como empleados. Un segundo elemento condensa aspectos sobre el tipo de vivienda de los participantes, aquí se refleja cómo el 62.75 % reside en una casa y el 54,89 % indica que la residencia es propia. En tercera línea se hace mención al número de personas que conforman el hogar, identificando que 31.51 % de los participantes conviven en escenarios con tres personas. Para finalizar, se explora la cantidad de niños que hacen presencia en el hogar, precisando que en el 51,6 % de los mismos no hay infantes.
Ocupación
La estabilidad económica de quienes desean integrar a su vida un animal es un aspecto de amplia
relevancia, toda vez que con base en este elemento logra prefigurarse la satisfacción de necesidades
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básicas. Los resultados muestran que el 77.26 % de los participantes refiere estar trabajando en diferentes escenarios del sector público y privado. En complemento a ello, el 15.88% expresa ser estudiantes, seguidos del 4.32 % que ocupacionalmente se identifican como amas de casa. Por último, el 2.16 % manifiesta ser pensionados, seguidos de un 0.38 % que no refirieron alguna ocupación (ver Tabla 1).
Tabla 1
Ocupación de los participantes
Ocupación | Número de personas | Porcentaje sobre respuestas totales |
Empleado | 608 | 77,26 % |
No refiere | 3 | 0,38 % |
Pensionado | 17 | 2,16 % |
Estudiante | 125 | 15,88 % |
Ama de casa | 34 | 4,32 % |
Fuente: elaboración propia
Investigaciones asociadas a la materia han demostrado como la capacidad económica se relaciona directamente con la decisión de tenencia de animales. Específicamente, el aumento del poder adquisitivo en las clases sociales media y alta (Nieto et al., 2018; Muñoz, 2018), esta situación deviene en un movimiento psíquico donde el sujeto o conjunto de ellos, prefigura una realidad en la que se proyecta la situación futura con base en las realidades del presente, y desde allí se da vida a la posibilidad de vincular un nuevo ser vivo a la familia.
Vivienda
Las características de la vivienda a la cual llega el animal cobran relevancia en la medida que permiten precisar las condiciones físicas receptoras y, con base en ello, acompañar la selección del mismo procurando la mayor adaptabilidad posible entre espacio y dinámicas del animal. Los participantes expresaron que el 62.75 % habita una casa, seguidos del 35.45 % que lo hace en un apartamento y en menor medida existen residentes en fincas (1.78 %). Adicionalmente, se precisa que del total de 787 personas que se vincularon al presente estudio, el 54,89 % tiene residencia propia y el 45,11 % se encuentra pagando arriendo (ver Tabla 2).
Tabla 2
Tipo de vivienda de los participantes
Tipo de vivienda | Número de personas | Porcentaje sobre respuestas totales |
Apartamento | 279 | 35.45 % |
Casa | 494 | 62.75 % |
Finca | 14 | 1.78 % |
Propia | 432 | 54,89 % |
Arrendada | 355 | 45,11 % |
Fuente: elaboración propia
Los sentidos y significados que dan vida y se retroalimentan de las gramáticas de interacción familiar encuentran, entre sus delimitaciones, el espacio físico como campo de relación. Los animales presentes en el hogar tienen una transformación simbólica por parte de sus acompañantes, pasando a reconocerles como parte de la familia (Londoño-Taborda et al., 2019), esta dinámica psíquica implica tensionar la escritura espacial, de tal forma que el nuevo integrante cuente con las posibilidades necesarias para su desarrollo (Tarazona, 2020).
Personas en el hogar
La mayoría de hogares son integrados por 2, 3 y 4 personas (26.56%, 31.51%, y 24.65% respectivamente). El porcentaje de hogares integrados por una sola persona es de 5.84% y los porcentajes menores se refieren a hogares con 6, 7 y 8 personas (2.54%, 1.27%, 0.25%,). Adicionalmente, el 51.6% indica no tener niños o niñas en el hogar, seguidos de un 35,8 % donde hay un niño o niña (ver Tablas 3 y 4).
Tabla 3
Niños en el hogar | Número | Porcentaje sobre respuestas totales |
Ninguno | 406 | |
51,6 % | ||
Uno | 282 | |
35,8 % | ||
Dos | 91 | |
11,6 % | ||
Más de dos | 8 | |
1,0 % |
Número de personas en el hogar de los participantes
Fuente: elaboración propia
La re-configuración de la familia implica tensión y modificación de los límites de sentido que tradicionalmente se le habían adjudicado. Así, ya no es necesario un parentesco de sangre para dar vida a esta institución, tampoco lo es ahora pertenecer a la misma especie. Los participantes en esta investigación muestran como una apertura epistémica a formas de vida otras, se hace en nota privilegiadamente relacional. Encontrarse con lo otro deviene en incertidumbre creativa, misma que
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para este escenario y en sintonía con otros estudios, prefigura un rol para los animales de compañía en relación a cohesión y estabilización (Díaz y Rodríguez, 2019), así como tensión en nota del logos antropocéntrico dominante (Díaz, 2017).
La experiencia de convivir con un animal posibilita el reconocimiento de sus necesidades específicas, los impactos en la dinámica familiar y las transformaciones necesarias en la cotidianidad, para que de esta manera se convierta en una experiencia satisfactoria para el animal y la familia que lo está acompañando, permite reconocer al animal desde la empatía y transitar hacia el cuidado y la identificación de sus derechos. Bajo este marco, la mayoría de los participantes indica no tener otro animal en casa (61 %). Por su parte, quienes sí lo tienen (39%), manifiestan ser acompañantes de perros y gatos principalmente. En complemento a ello el 93% de las personas indicaron tener los recursos necesarios (económicos y relacionales) para adelantar los ejercicios de vacunación, revisiones periódicas, esterilización e implantación de microchip de identificación lo que podría dar cuenta de un factor de responsabilidad que transversaliza la intención de adoptar un animal y no se limita únicamente en el querer, que en algunas ocasiones deriva posibles situaciones o acciones de negligencia para con el animal.
Disponer el psiquismo, la dinámica familiar y económica para la vinculación de una forma de vida no humana en el trasegar existencial, deviene en multiplicidad de motivaciones. Razón por la cual, el presente acápite de resultados se presenta en virtud de cuatro elementos: (1) Amor y compromiso con la vida como condición para el bienestar subjetivo; (2) El hogar con natura de la mano; (3) Retorno desde la ausencia; y (4) Cambios psíquicos: entre la soledad y la depresión. En cada uno de ellos se realiza una breve descripción del número de personas que posibilitaron la construcción de estos estadios así como sus voces, sentires e intenciones.
Amor y compromiso con la vida como condición para el bienestar subjetivo
“Los amamos” (P-364-2020), expresión categórica dada por uno de los participantes en relación con las razones que los llevan a adoptar un animal. Esta respuesta marca una línea general de motivaciones que se refuerza cuando P-714-2020 indica “tenemos compromiso social, económico y moral para brindarle un hogar en óptimas condiciones a nuestro gatito. El amor por los animales de mi hija y su deseo de adoptar, como muestra de su amor desinteresado”.
Esta apuesta psíquica de amor y compromiso, con vidas no humanas, se complementa con el deseo de satisfacción de elementos materiales y simbólicos condensados en lo que ha de nominarse como hogar; así fue expresado por los participantes: “acoger para dar un hogar” (P-11-2020); “amor para dar a un nuevo integrante de la familia” (P-46-2020); “dar hogar a un animalito y compañía para la familia” (P-136-2020); “dar hogar a quien lo necesita” (P-138-2020); y “dar oportunidad de un hogar responsable lleno de amor” (P-144-2020).
Adicionalmente, se refiere por parte de los participantes las proyecciones emocionales que un animal puede generar y cómo esto contribuye a modificar las percepciones sobre el desarrollo humano.
Inicialmente contribuir con la sociedad; adoptar evita que ellos estén expuestos a tantas cosas en la calle. La evolución de ellos en un hogar es gratificante y se crean lazos muy fuertes, ellos pueden demostrar mucho su agradecimiento y me parece importante la oportunidad que se les da y que de la misma manera nos permite crecer con ellos. (pp. 332-2020)
Ese crecimiento conjunto y relación de filiación marca un elemento central en el psiquismo, un encuentro psico-socio-afectivo duradero, como lo expresa P-110-2020: “querer una compañía por varios años”, da cuenta de la relación entre bienestar y las interacciones cercanas, a tal punto que frente a las posibilidades de pérdida es preciso restablecer esas conexiones en nota de bienestar: “el hecho que me motiva a adoptar es el amor por los gatos; además, la idea de volver a tener un gato que me robaron” (P-294-2020). El amor y compromiso por la vida, en nota de bienestar, fue expresado por 705 participantes (89,58 %), evidenciando con sus respuestas una clara relación de bienestar al convivir con animales.
Retorno desde la ausencia
Representan las relaciones psicoafectivas con vidas no humanas un escenario de amplia relevancia para el bienestar, a tal punto que la pérdida del animal, por diferentes razones, deviene en momentos de pausa para la mente, en configurar escenarios de disposición existencial para emprender nuevamente un camino vital en compañía de animales. Así lo refiere P-460-2020 “mi perrita se llamaba Kira, estuvo 14 años con nosotros y hace dos años murió a causa de una enfermedad genética; estábamos esperando el tiempo adecuado para volver a tener una mascota”
La fortaleza de estos lazos afectivos es tan potente, que implica la construcción de un mundo donde las vidas no humanas, compartidas por diferentes años, son revestidas perceptualmente por la connotación de hijo e hija.
Mi hijo peludo falleció hace un tiempito, adoptado a los siete años de vida de él, y conmigo duro 5. A sus 12 años falleció de un cáncer, pese a los esfuerzos no aguantó la cirugía. Aunque extraño a mi niño ya me siento lista para darle el chance a otro muchacho de amarlo y cambiarle su vida (P-451-2020)
Estas interacciones situadas, por un lado, en un tiempo cronos de relevancia, así como de vínculos fuertes a nivel emocional en nota de bienestar, se expresa, en mayor medida con perros y gatos, como se indicó en el acápite de razones de adoptabilidad. Sin embargo, no se limita allí, como fue evidenciado por P-438-2020: “mi conejo falleció el año pasado; lo tuvimos por 15 años y deseamos una nueva mascota. Me gusta la acuariofilia, tengo tres acuarios”
El retorno desde la ausencia, según las voces de los participantes, deviene en disponer el cuerpo psíquico para un nuevo encuentro con la vida animal, lo que fue expresado por 44 personas (5,59%).
El hogar con natura de la mano
La construcción y desarrollo de un hogar representa para los participantes la posibilidad de vincular en sus ejercicios vitales un animal: “siempre hemos deseado tener un gatico en casa y este sería el momento propicio, ya que tenemos residencia fija y propia” (P-687-2020). Esta expansión de la noción de hogar, para dar paso a otras formas de vida, representa para los participantes la valoración
de elementos económicos y espaciales:
Siempre quisimos adoptar un perro, pero no vivíamos en una casa con el espacio necesario para su crecimiento. Ahora que estamos en otro ambiente y nos permite tener el espacio para la mascota, también tengo una hija de ocho años la cual está ilusionada con tener una mascota, también estamos en un momento difícil: tuvimos la pérdida de un ser querido y sería bueno para nosotras tener el cariño y el amor de una mascotica (P-703-2020).
Tomé la decisión con mi pareja de irnos a vivir juntos. Mi pareja es auxiliar de veterinaria apasionada por los animales y hace nueve meses murió su perrita de 14 años y fue un golpe muy duro para ella. Cuando nos fuimos a vivir juntos tomamos la decisión de tener un nuevo compañero de aventuras. Llevamos dos meses esperando la llegada del nuevo integrante, le estamos haciendo el gimnasio con nuestras propias manos y los juguetes para que sea el gato más feliz del planeta (P-758-2020).
El regreso a natura se plantea bajo características de cariño, disposición y apertura. Implica la reconfiguración del mundo psíquico actual, en nota de un posible para que una nueva forma de vida llegue. Estos elementos fueron expresados por 31 participantes (3,94 %).
Cambios psíquicos: entre la soledad y la depresión
“Soledad” (P-706-2020; P-354-2020) fue la palabra empleada por dos participantes para indicar sus razones para adoptar un animal. Este elemento, si bien estadísticamente no es relevante, narrativamente hablando es un escenario central, dado que los animales representan una línea de fuga para la sensación expresada por ellos. En complemento, se reconoce en la tenencia de un animal, beneficios para el bienestar y la salud mental: “tener una nueva oportunidad para mí, como para él, de volver a ser feliz” (P-740-2020); y: “mi nieta sufre de estrés y depresión entonces es bueno tener una mascota de compañía” (P-455-2020), fueron las expresiones utilizadas para dar cuenta de este aspecto. Los escenarios aquí mencionados fueron expuestos por siete participantes (0,89%).
La interacción con Natura, en nota de re-configuración relacional, se ha convertido en un encuentro incierto. Los pasos dados como humanidad han estado soportados en una falsa necesidad de escisión, procurando alejamiento de todo aquello incapaz de responder al discurso hegemónico de visión ontológica de ser humano. Así, las gramáticas vitales se caminan en virtud de ánthrōpos, sus deseos, anhelos y sueños. Formas de escribir la vida que devienen en la configuración óntica de dos mundos, uno donde el centro de todo es la humanidad y, el otro, sencillamente alberga lo restante, lo residual, los modos de existencia no humanas. Estos dos mundos, alejados por la instauración de un logos occidental soportado en el dominio, se traducen en una relación de cosificación. Lo humano dispondrá de todo aquello que no se parezca a él.
Las prácticas eco-culturales presentes a lo largo del tiempo de occidente, reflejan el constante sentimiento de dominio, que solo se expresa ante aquello que está por conquistar. El sentido inicial y fundante del habitar se pervierte hacia el dominar. La escisión es una expresión del dominio, mientras que la integralidad es expresión del habitar. Por esta razón, el problema del cómo habitamos la tierra tiene que ver directamente con el problema de dicha escisión
fundamental y fundante de una cultura caracterizada por el dominio. (Noguera, 2004, p. 30)
Cuando aquello que no es humano tiene por un único fin existencial ser conquistado, solo es posible establecer dinámicas de opresión para y hacia la vida. Esto se ha visto reflejado en los estudios de Escartín (2017) y González (2019), donde precisaron como la crueldad frente a los animales, era una práctica de construcción de conocimiento y medio para justificar la edificación de caminos hacia la gratificación del Homo sapiens. Al respecto, Noguera (2004) indica como la construcción cultural moderna se ha cimentado ampliamente en la germinación de una transición del “ethos del habitar respetuoso a un ethos del habitar bajo relaciones de dominio” (p. 31). Ahora bien, las preguntas emergentes en torno a la relación entre las diferentes formas de vida y sus posibilidades de cambio, precisan abordajes a gran escala, pero también despliegues en la íntima interacción psíquica; en este particular Guattari (1996) indica
La verdadera respuesta a la crisis ecológica sólo podrá hacerse a escala planetaria y a condición de que se realice una auténtica revolución política, social y cultural que reoriente los objetivos de la producción de los bienes materiales e inmateriales. Así pues, esta revolución no sólo deberá concernir a las relaciones de fuerzas visibles a gran escala, sino también a los campos moleculares de sensibilidad, de inteligencia y de deseo. (pp. 9-10)
Estos llamados a la sensibilidad y el deseo encuentran opciones comportamentales en los ejercicios de adopción animal, toda vez que los mismos, como exponen los resultados de esta investigación, brotan conforme las relaciones dadas en el hogar. Aquí, se evidencia una movilización psicosocial de amplia importancia. Si la naturalización y habituación prefiguran una realidad psíquica, es la problematización la que permite la construcción de otros mundos (Montero, 2004), ello se evidencia en las razones de adaptabilidad expuestas por los participantes, donde el mundo edificado guarda directa relación, en palabras de Noguera (2004), con el ethos del habitar respetuoso. Es preciso enfatizar que el retorno a Natura implica una transformación radical en las relaciones, para que las mismas se alejen del dominio, esta apuesta re-configurativa, se visibiliza en lo expresado en los resultados de este estudio, donde las personas disponen apertura epistémica para interactuar con otras formas de vida, en clave de re-conocimiento y respeto.
Estos marcos otros de re-encuentro con las formas de vida no humanas, alejados de la cosificación, parten, según lo encontrado en esta investigación, de una enunciación psíquica mediada por el bienestar. Aquel que se busca para sí y lo otro. Un EntreNos delimitado por la vida digna y el encuentro auténtico. Resultados similares obtuvo Díaz (2017) cuando identificó las tensiones ontológicas que devienen para la humanidad en la transformación comprensiva de la mascota y los animales de compañía, allí se precisa como ánthrōpos no es el único escenario de relevancia. A su vez, estudios posteriores adelantados por Díaz y Rodríguez (2019) enfatizan los cambios que se dan en el sistema familiar al incluir en este, formas de vida no humanas, sus afirmaciones con categóricas No solo los humanos, sustitutos de humanos o quienes funcionan con roles humanos se configuran como integrantes de las familias, sino que también los animales, reconocidos
como tales, lo hacen. En definitiva, son elementos del sistema familiar. La afinidad hacia los animales de compañía es considerada por los custodios como un vínculo de parentesco, el cual indica una conexión significativa y duradera, valorada tanto por las similitudes como por las diferencias que los animales comparten con los parientes humanos. (p. 59)
Con base en lo expuesto, los resultados de esta investigación permiten identificar una relación clara entre el bienestar subjetivo y las razones de adoptabilidad por parte de los participantes. Es una forma de configurar un EntreNos mediado por relaciones igualitarias de mutuo beneficio. Esta
interacción deviene en las reconfiguraciones perceptuales de mundo, que se generan tanto para adoptantes que han perdido un animal, como para aquellos que han venido tomando la decisión tras varios años de reflexión. De igual manera, logra visibilizarse cómo prefigurar el escenario de adopción para los participantes produce sensaciones satisfactorias que materializan en expresiones de amor, cariño, compañía y compromiso, aquí, se denota una transformación relacional, pasado de la interacción de dominio a la de respeto. Este elemento posibilita la presencia de emociones gratificantes y genera sensaciones de bienestar, en relación a lo expuesto por Castellanos (2016).
Los participantes permiten visibilizar que, con base en su lectura de mundo, en la que se vinculan elementos familiares, noción de hogar, pérdidas y deseos de mejoría en la salud mental, están identificando las características internas y externas que, a su criterio, podrían modificarse para lograr una mayor presencia de sentimientos satisfactorios. Esto guarda total vínculo con lo expresado por algunos autores (García, 2002; Goñi e Infante, 2010; Urzúa y Caqueo, 2012) en investigaciones previas sobre bienestar subjetivo.
Es de anotar que la tendencia general de adoptantes está situada en participantes con empleo, presencia de otras personas en el hogar y sin niños. Esto permite identificar que el vínculo que se busca establecer con otras formas de vida está ligado especialmente al reconocimiento ontológico de validez y relevancia de los animales, compartir con ellos la existencia y demostrarse cariño mutuamente.
Lo expuesto hasta el momento posibilita precisar cómo la cognición, emoción y comportamiento de los seres humanos, en clave de compartir experiencia vital con otras formas de vida, se ve positivamente afectada, en la medida que todos los participantes refieren una prefiguración de sentimientos positivos al tener un animal en casa.
Estos sentimientos emergen en clave de un habitar en integralidad, donde las formas de vida, en su diversidad, se conocen y re-conocen. Ahora bien, no es posible desconocer que la recolección de información para esta investigación se adelantó durante la pandemia asociada al SARS-CoV-2 (COVID-19); esto en clave de tensión permite aperturar dos líneas de reflexión, mismas que requieren ser profundizadas en futuros trabajos.
Por una parte, se encuentra el asombro, desde los marcos de reflexión de la racionalidad occidental, de retornar a Natura, y como las relaciones que se establecen con ella, en nota de equivalencia epistémica, devienen en emociones gratificantes. Mayen y Utomo (2021), precisaron, cómo durante la pandemia por COVID-19 las personas que vincularon a su cotidianidad el habitar espacios, incluso en zonas urbanas, donde podían estar en contacto con formas de vida no humanas, referían mayores niveles de BS, en comparación, con quienes no articularon a su caminata vital el encuentro con Natura. Esto se relaciona directamente con los elementos expresados por los participantes en la presente investigación, quienes refirieron, en este momento de pandemia, una vinculación directa entre BS y adopción animal; en otras palabras, relaciones de equivalencia entre todas las formas de vida, devienen en BS.
Estos marcos de enunciación situados en el conocimiento y re-conocimiento de las formas de vida fueron expuestos por González et al. (2021) vinculados directamente al Buen Vivir o Sumak Kawsay, donde concluyeron que la configuración de armonías con los territorios, devienen en calidad de vida, incluso, en la actual pandemia; esto interactúa directamente con las características de adoptabilidad que enunciaron los participantes en esta investigación, donde, en el actual contexto de pandemia una de las formas de abordaje se centró en vincular a sus redes relacionales otras vidas, armonizar la interacción para construir vida de calidad.
Lo referido hasta el momento, posibilita la segunda línea de reflexión-tensión, delimitada en
un cooperativismo reaccionario no sostenible. Esto precisa interpelar, en el contexto pos-pandemia, tanto las variaciones en número de solicitudes de adopción, sostenibilidad de la misma y calidad de vida de los animales de compañía adoptados, ello debido a que, como lo han identificado otras investigaciones, durante la subjetivación de la pandemia y la presencia inminente de la muerte o pérdida, se intensifican un conjunto de manifestaciones comportamentales, conducentes a procurar homeostasis emocional.
Así, Islam et al. (2021) identificaron cómo al reconocer en la intimidad psicológica la pandemia, se incrementaron considerablemente las compras en Estados Unidos, China, India y Pakistán; este comportamiento se ha denominado compras de pánico. Por su parte, Qalati et al., (2022) precisaron un incremento en la compra de juguetes sexuales, consumo de pornografía y uso de aplicaciones para tener citas en Australia, Colombia, Dinamarca, Reino Unido y Nueva Zelanda. En sintonía, Grossman et al. (2020) refieren incrementos en el consumo de alcohol en Estados Unidos, especialmente en aquellas personas que perciben un desequilibro en su bienestar.
Esta situación convoca a realizar un seguimiento especial a las personas y familias que adelantaron procesos de adopción animal durante la pandemia, en procura de identificar, que las razones expuestas no fuesen configuradas bajo los marcos de una crisis inminente asociada a la pandemia, toda vez que, de ser así, la adopción de animales estaría convirtiéndose en un comportamiento desplegado para lograr homeostasis emocional, sin reconocer, la validez ontológica de las otras formas de vida. En otras palabras, se sostendría una forma de cosificación en un contexto de crisis.
En complemento, también es pertinente analizar, cómo la práctica popularizada de “retorno a la normalidad” influye en las razones de adoptabilidad, y acompañamiento en la configuración de bienestar subjetivo, dado que los cambios en la intimidad suscitados por la pandemia, tal como lo han referido investigaciones previas, impactan en las dinámicas de interacción, de ahí la vital importancia de continuar con este tipo de investigaciones.
La autora y el autor no declaran conflicto de interés alguno.
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