El Club de Los Suicidas: análisis y revisión documental

The Suicide Club: analysis and documentary review

José Alonso Andrade Salazar1

Laura Milena Fernández Oviedo2

Luz Mariela Osorio Castañeda3

Juan David Rojas Franco4

Resumen

La presente es una investigación cualitativa de tipo documental, abordada desde el paradigma histórico hermenéutico, cuyo objetivo fue comprender el Club de los Suicidas de los años 30, como referente histórico del suicidio en el Eje Cafetero. Para ello, se llevó a cabo una revisión de información sobre el tema en diferentes fuentes de documentación tales como prensa, libros, revistas, entrevistas y otros medios. La comprensión del fenómeno del suicido, a lo largo de los años 30 y las décadas siguientes, reveló que, tras la aparición del Club de los Suicidas en la ciudad de Armenia, y su extensión en el Eje Cafetero, persisten patrones de ocurrencia, motivación y métodos, que constituyen trayectorias de los eventos suicidas, y que a la vez dan cuenta de la elevada incidencia del fenómeno, al tiempo que la extensión o prolongación de este a través de la historia. El Club de los Suicidas generó un hito histórico que, en gran medida, fortaleció en el imaginario social la idea del suicidio como acción efectiva para tramitar conflictos y problemas dolorosos, aspectos que coinciden en la actualidad con los principales desencadenantes del acto suicida.

Palabras clave: autoeliminación, club suicida, ideación suicida, riesgo suicida, suicidio.

Abstract

La presente es una investigación cualitativa de tipo documental, abordada desde el paradigma histórico hermenéutico, cuyo objetivo fue comprender el Club de los Suicidas de los años 30, como referente histórico del suicidio en el Eje Cafetero. Para ello, se llevó a cabo una revisión de información sobre el tema en diferentes fuentes de documentación tales como prensa, libros, revistas, entrevistas y otros medios. La comprensión del fenómeno del suicido, a lo largo de los años 30 y las décadas siguientes, reveló que, tras la aparición del Club de los Suicidas en la ciudad de Armenia, y su extensión en el Eje Cafetero, persisten patrones de ocurrencia, motivación y métodos, que constituyen trayectorias de los eventos suicidas, y que a la vez dan cuenta de la elevada incidencia del fenómeno, al tiempo que la extensión o prolongación de este a través de la historia. El Club de los Suicidas generó un hito histórico que, en gran medida, fortaleció en el imaginario social la idea del suicidio como acción efectiva para tramitar conflictos y problemas dolorosos, aspectos que coinciden en la actualidad con los principales desencadenantes del acto suicida.

Palabras clave: autoeliminación, club suicida, ideación suicida, riesgo suicida, suicidio.

Para citar este artículo

Andrade, J. A., Fernández, L. M., Osorio, L. M., y Rojas, J. D. (2021). El Club de Los Suicidas: análisis y revisión documental. Tempus Psicológico, 4(2),10.30554/tempuspsi.4.2.4152.2021

Recibido: 26/01/2021 - Aprobado: 04/06/2021

Artículo de revisión

ISSN - 2619-6336

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1 Profesor investigador adscrito al Programa de Psicología. Facultad de Psicología y Ciencias Sociales, Universidad Católica Luis Amigó. orcid.org/0000-0001-7389-3178 - Correo: anyerspn.gomezta@amigo.edu.co

2 Docente e Investigadora adscrita al programa de psicología de la Universidad Católica Luis Amigó, Regional Manizales, Colombia. orcid.org/0000-0003-0164-6535 - Correo: paola.carmonato@amigo.edu.co

Introducción

El problema de salud pública que el fenómeno del suicidio genera no solo ha dejado estadísticas desconcertantes, sino también un problema de cultura del cuidado que alarma y perturba a la sociedad y sus instituciones (Organización Mundial de la Salud -OMS, 2014, 2018). Se presenta habitualmente en adolescentes, jóvenes y adultos de ambos géneros, y también en niños. En el Eje Cafetero, desde los años 30, el suicidio constituye un evento permanente en el que gran parte de los suicidios tenían un sentido pasional (Restrepo, 2017, 2018). De allí que, en este periodo, primara entre jóvenes y adultos hombres el suicidio por desilusión amorosa, aspecto que constituye una de las causales habituales de los suicidios en la actualidad en el Eje Cafetero (Cardona et al., 2016). Su incremento preocupa a las instituciones y comunidades, ya que, tan solo en el año 2017 se presentaron 60 suicidios y 515 intentos (Caracol Radio, 2018) y un incremento de 14 muertes respecto al 2016 (El Quindiano, 2018). Los jóvenes, adolescentes y mujeres son los más afectados, y su ocurrencia se asocia a múltiples factores y situaciones existenciales (Forensis, 2016, 2019).

Conviene señalar que, históricamente hablando, en el Eje Cafetero el suicidio se puede asociar a elementos socioeconómicos que aumentan la inestabilidad de familias, grupos y comunidades al verse expuestos a constantes pérdidas, aumento de la pobreza y dificultades de subsistencia. No obstante, el suicidio afecta todas las esferas y estratos sociales, presentándose también en personas con estabilidad económica y social (El Quindiano, 2018). En este tenor, sobresalen eventos coyunturales como el Club de los Suicidas de 1930, la crisis del café de 1988, el terremoto en 1999 y las diversas inestabilidades socioeconómicas y psicosociales que han impactado la región (Restrepo, 2018; Andrade, 2018). En Colombia, y en particular en el Eje Cafetero, existe un riesgo psicosocial elevado en adolescentes y jóvenes respecto a las conductas del espectro suicida. Entre ellos, los universitarios constituyen población de alto riesgo, especialmente en lo que toca a conflictos de identidad sexual, dificultades económicas, y problemas socioafectivos (Carmona, 2017). El suicidio no puede desprenderse de sus fuentes simbólicas pues aparece ligado a una suerte de lenguajes, relaciones y corporalidades que lo tornan excepcionalmente diverso y complejo; de allí que existan múltiples causales del suicidio razón por la cual, la diversidad de motivaciones para llevarlo a cabo revela su origen multifactorial a la vez que su multicausalidad (Andrade, 2016).

La OMS (2014) señala que el suicidio a nivel global ha incrementado en un 60 % desde hace 45 años, lo que constituye un problema de salud pública mundial, dejando una tasa de mortalidad de una muerte cada 40 segundos, en un rango de edades de 15-29 años, esto sin tener en cuenta los intentos de suicidio fallidos que se presentan diariamente. Asimismo, indica que el 75 % de suicidios se ha presentado en países de ingresos bajos y medianos. Las cifras evidencian su incidencia en personas con edad mayor a los 50 años y con más afectación en el sexo masculino. En el ranquin de países con problemas de depresión en ambos géneros Colombia ocupa el octavo lugar (Revista Semana, 2017) y en países como la India, la afectación de problemas depresivos relacionados con el riesgo suicida es mayor en mujeres, por lo que el suicidio pude ser interpretado también desde una perspectiva de género (Forensis, 2016). Moron (1997) relata que el acto suicida para la represión política del siglo XVII era, en primer momento, un completo crimen de lesa humanidad; y ya posteriormente, en el siglo XVIII, un pecado para la ideología filosófica moral de la religión. Cabe resaltar que, ya en el siglo XIX, literarios y enciclopedistas retoman el concepto desde una perspectiva artística en oposición a dos escuelas: 1) el enfoque psiquiátrico que se centró en el individuo (Esquirol), y 2) la sociológica, cuyo interés se enfocó en las causas inscritas al contexto social (Durkheim). El suicidio para algunos está asociado con el despecho, el amor contrariado, la falta de creencias religiosas sólidas u otras causas que el sujeto exacerba y considera irresolubles (Cañón et al., 2018; Shneidman, 1992).

Respecto al Club de los Suicidas del Eje Cafetero, se trató de una asociación de personas en su mayoría de ingresos económicos altos; vale decir, de familias acaudaladas. El grupo estaba compuesto por hombres, de modo que el suicidio tuvo una connotación patriarcal. Respecto a los antecedentes publicados de El Club de los Suicidas, se encuentra que este representa un referente e hito histórico, propio de la ciudad de Armenia, que se extendió a Risaralda y Caldas (Análisis Urbano, 2017; Diario El pensante, 2017) y que tuvo una fuerte incidencia en el imaginario de época que influenciaba a los jóvenes, al asociarse a la valentía, el honor y la gallardía (Giraldo, 2014; Gutiérrez, 2017; Restrepo, 2013). La primera noticia sobre el Club de los Suicidas se enuncia en 1940, pero sus orígenes se pueden rastrear a inicios de los años 30. En ciudades como Pereira se estima que el Club llegó a contar con 117 miembros (Niño & Herrera, 2018). La continuidad de este grupo revela la fragilidad de los vínculos sociales, la crisis de la familia, la sociedad y la religiosidad, además del resquebrajamiento de la moral (Revista Leemos, 2018; Revista Semana, 2017a), a la vez que da cuenta de la crisis social, económica y política que afectaba a las familias, las comunidades y sus tradiciones y sentidos (Restrepo & Andrade 2019; Gustavo, 2017). Los principales protagonistas de este tipo de suicidio eran los jóvenes de sexo masculino, de altas esferas sociales y económicas (Iván, 2017); muchos de ellos se veían influenciados por literatura que iba en contra de la moral cristiana, impuesta como único modelo de comportamiento (Restrepo, 2013); para otros, constituyó un escape ante las deudas, las presiones y dudas de la vida (Revista Semana, 2017a; Giraldo, 2014).

Los miembros del Club acudían a bares o cantinas, y en noches bohemias, acompañadas de ritmos musicales de despecho -boleros y tangos-, ingerían altas dosis de licor y, bajo la influencia de canciones melancólicas de la época como: Cicatrices, Suplicio, Desesperación, Triste domingo, Como se adora al sol, Desde que marchaste, entre otras, decidían poner fin a su existencia. No obstante, esto no solo pasaba con personas del Club de los Suicidas, sino también con quienes por razones de despecho acudían a estos lugares, puesto que los espacios estaban signados como escenarios donde el acto suicida presenta una condición de legitimación. Este patrón de comportamiento previo al suicidio tomaba el matiz de ritual premortuorio, y en dicho escenario cada individuo potencialmente suicida se preparaba para el momento de poner fin a su vida. Algunos lo hacían en el interior de los bares tomando café y arsénico; otros, en parques, casi siempre por ahorcamiento; o en sus casas o en parajes solitarios con arma de fuego (Restrepo, 2013, 2018). Conviene mencionar que el escenario de música y licor, en personas vinculadas al Club de los Suicidas, actuaba como mecanismo apuntalador de la ideación suicida al producir una mayor interiorización del malestar y la melancolía (Giraldo, 2014; Gutiérrez, 2017). En este Club el suicidio presentó una condición multicausal, en la que primaba el dolor emocional derivado de situaciones amorosas, económicas, honoríficas y pasionales, que actuaban de forma conjunta deteriorando en la persona su capacidad de hacer frente a estos dilemas de forma confrontativa y protectora.

Ya operando como Club, cobraban una membresía de ingreso y manutención; tenían códigos estereotípicos de comunicación y lugares clave de encuentro, casi siempre bares y cantinas, donde se escuchaba música de arrabal y tangos de contenido melancólico y depresivo (Restrepo, 2017; Andrade, 2018). Tenían procesos para llevar a cabo el suicidio; participar del grupo se consideraba un honor. Se reunían los domingos, colocaban sus nombres en una lona negra y a las 6:00 pm sacaban el nombre del fondo de la tula para ver quién salía en el sorteo. Al otro día, en su casa, se le entregada la bala en un sobre, acompañado de instrucciones precisas; asimismo tenían un tiempo específico para el suicidio, y penas y castigos -persecuciones, señalamientos y asesinatos- para quienes evadían su responsabilidad suicida (Restrepo, 2017, 2018). Uno de los referentes descriptivos e históricos de este Club, y del suicidio de dicha época, se encuentra consignado en el libro El suicidio, escrito por el presbítero Ramón María Felip (1938), en el que refiere que el suicidio es entendido como “la acción de inferirse uno a sí mismo voluntariamente la muerte” (p. 32) y de acuerdo con su análisis, en el Club de los Suicidas la autoeliminación se interpretaba como un sacrificio heroico. Vale precisar que, para la iglesia, el suicidio constituyó un pecado mortal y fue considerado sacrilegio; pero, también, una elección del libre albedrío en contravía de las leyes divinas.

Refiere que el suicidio se debe a: el falso concepto de la vida, la ignorancia de las verdades religiosas y morales, el desconocimiento de los deberes sociales, el pesimismo y el aburrimiento, los malos amigos y libros pornográficos, las películas, enfermedades mentales o ideas fijas -sectarias-, las grandes conmociones sociales, la miseria, el olvido de las consecuencias del suicidio y, por último, el divorcio que siembra discordias, y en los hijos perjudica la educación y su bienestar. Asimismo, indica que en los años 30, en el suicidio también influyen: los malos negocios, quiebras financieras, e inapropiadas relaciones familiares y de pareja, contexto que, a su juicio, caracterizaba a quienes pertenecían al Club de los Suicidas. Para Garaigordobil (2011) algunas de las conductas disruptivas y antisociales que constituyen el riesgo suicida son: escaso autocontrol, poca prosocialidad e inadecuada consideración a otros, baja adaptabilidad social, conductas evitativas, percepción negativa de los pares, baja empatía, impulsividad y prejuicios socioculturales. Para Durkheim (1992) en el suicidio influyen elementos políticos, sociales, culturales, económicos y religiosos. Identifica cuatro tipos de suicidio: Suicidio egoísta, en el que se evidencia un fuerte individualismo debido a las rupturas sociales. Presenta las siguientes características,

Esta pereza por la acción. Este apartamiento melancólico resulta de ese estado de individualización exagerada, para el que hemos definido ese tipo de suicidio. Si el individuo se aísla es que los lazos que se unían se han aflojado o roto, es que la sociedad, sobre los puntos por donde él se halla en contacto con ella, no está bastante fuertemente soldada. Estos vacíos que separan la consciencia y las hace extrañas unas a otras, proceden precisamente del relajamiento del tejido social. En fin, el carácter intelectual y meditativo de esas especies de suicidio se explica sin esfuerzo, si se recuerda que el suicidio egoísta tiene por acompañamiento necesario un gran desarrollo de la ciencia y de la inteligencia reflexiva. (p. 159)

Suicidio altruista: en este se denota una clara insatisfacción por la ubicación del yo; es decir, la persona siente que su “yo” no pertenece a ese cuerpo terrenal. Así las cosas, “en el suicidio altruista… el sujeto se mata porque su consciencia se lo ordena: se somete a un imperativo. Así, su acto tiene por nota dominante esta firmeza serena que da el sentimiento del deber cumplido” (p. 160). En el suicidio anómico existe una falla en los valores sociales y la persona reconsidera el significado de la vida. Mientras que, en el suicidio fatalista el porvenir es negativo y es afectado por diferentes causas, de modo que la persona decide anticiparse a los hechos, y para evitarlos pone fin a su vida. Al respecto, Durkheim (1992) señala que “es hasta casi inevitable que el egoísta tenga alguna propensión a la irregularidad; porque, como está desligado de la sociedad, esta no ejerce el suficiente dominio sobre él para imponerle reglas” (p. 163). Indica, además, que no se puede encasillar al sujeto en una tipología suicida, y no es posible generalizar u homogenizar los suicidios puesto que, “(…) cada suicida da a su acto una huella personal que expresa su temperamento, las condiciones especiales en las que se encuentra, y que, por consecuencia, no puede explicarse por las cosas sociales y generales del fenómeno” (p. 157).

Asimismo, acorde con la clasificación planteada por Restrepo y Andrade (2019) los suicidios pueden clasificarse de acuerdo con sus motivaciones recurrentes en: suicidio por honor, relacionado con aspectos como la restitución del nombre, la dignidad personal o familiar, el poder, el estatus, la retaliación o la reivindicación del patriarcalismo perdido o afectado por una coyuntura familiar, social o económica; suicidio pasional, relacionado con aspectos sentimentales conflictivos, derivados de la relación de pareja (infidelidad, abandono, discusiones, otros) o de duelos patológicos, frustraciones y privaciones afectivas o necesidad de castigar a otros a través del suicidio; suicidio impulsivo, el cual referencia la pérdida de control de las emociones que lleva a la persona a obrar sin pensar en las consecuencias, pero con una clara determinación autodestructiva, y suicidio político o ideológico, cuyas causas se derivan de la influencia política en personas susceptibles a la manipulación demagógica, por lo que se identifican plenamente con las ideas de un líder, grupo o partido. En ocasiones, la muerte del líder, el atentado, negación o contradicción a sus ideas, e incluso la decepción en torno al comportamiento corrupto o violento del grupo, puede operar como causa para detonar el acto suicida. Con esta investigación se pretende comprender las características de los suicidios en los años 30, en el marco del Club de los Suicidas y, a partir de ello, realizar un aporte histórico y académico que permita conocer los antecedentes históricos del suicidio en el Eje Cafetero.

Método

Diseño: Es una investigación cualitativa, exploratoria y de tipo documental abordada desde el paradigma histórico hermenéutico.

Fuentes documentales: Las fuentes documentales fueron: libros, revistas, entrevistas y especialmente artículos de prensa, los cuales fueron publicados en la década de los años 30 y parte de los 40 (1930-1945). También se incluyeron aportes de diarios de 1980, espacio en el que se presume reaparece el Club de los Suicidas.

Instrumento: a través de una matriz de contenido intertextual se seleccionaron noticias tipificadas como suicidios en el Club de los Suicidas de acuerdo con el año, tipo de suicidio, género, y características motivacionales y sociodemográficas. Además se tipificaron los suicidios de acuerdo con la clasificación de Durkheim «egoísta, altruista, anómico, fatalista» y la clasificación de Restrepo y Andrade (2019) «suicidio por honor, pasional, impulsivo y político».

Procedimiento: Aprobación y diseño del proyecto de investigación; lectura y recolección de la información a través de matrices intertextuales; análisis y sistematización de información a través matrices de contenido analítico intertextual; construcción de resultados, discusión, conclusiones y recomendaciones; devolución de los resultados a la universidad y comunidad académica.

Resultados y discusión

Según los resultados encontrados, para el análisis de la información se implementan tipologías suicidas, o como lo señala Durkheim (1992) corrientes suicidógenas. En primer lugar, desde la teoría sociológica se identifican los tipos de suicidio: anómico, altruista, egoísta y fatalista; por otra parte, desde una perspectiva psicosocial Restrepo y Andrade (2019) proponen las tipologías de suicidio: por honor, pasional, impulsivo y político. Estas tipologías cumplen la función de categorías de análisis para los casos encontrados respecto al Club de los Suicidas, razón por lo cual se identificaron acorde a la información referida en las noticias de prensa publicadas en los diarios Quisicosas de Armenia y El Diario de Pereira, durante el periodo de 1937 a 1998; asimismo, de dicha información se extrajeron los motivos desencadenantes y las características de ocurrencia.

Aunque existe en los diarios múltiples noticias documentadas sobre suicidios, solo once de ellas hacen referencia al Club de los Suicidas. A continuación se describe información recopilada respecto a tipologías y mecanismos implementados en el suicidio, de acuerdo con las dos clasificaciones propuestas como criterio de análisis de esta investigación. Cabe anotar que, respecto al mecanismo implementado, prevalece el envenenamiento o el disparo en la cabeza (Tablas 1 y 2).

Tabla 1.

Caracterización del suicidio, periodo 1930-1940

1930

1937

1940

1998

Mujeres

0

0

1

3

Hombres

0

2

2

4

Tipología

Anómico

Pasional

Egoísta

Por honor

Clasificación de Durkheim (1992)

9

2

Clasificación Andrade y Restrepo (2019)

8

3

Tabla 2.

Mecanismo del acto suicida

1937

1940

1998

Ahorcamiento

1

Arma de fuego

1

1

Envenenamiento

1

4

Detonaciones

2

Precipitado desde lo alto

1

Los resultados revelan que en El Club de los Suicidas los suicidios son mayores en el género masculino, y un solo caso de suicidio se dio por parte de una pareja (suicidio colectivo). Prevalecen los casos relacionados con problemas afectivos tales como monotonía y desesperación, producto de decepciones amorosas, el duelo o la desaparición de un ser amado. Así lo expresa una de las noticias: “Desengaño amoroso; desde algún tiempo amaba a la señorita Cecilia Carmona, en horas de la tarde en el sitio “salón rojo” en la galería vieja” (El Diario, 1940). Otro de los casos reza lo siguiente: “Entró y apuró un vaso con cianuro. Desplomado en el piso lo recogió la policía y agonizante lo trasladó al hospital en donde murió dos días después” (El Diario, 1937). Otra noticia expresa: “Fue abandonado por un prolongado amor que tuvo con una mujer; escapó con mucho de su dinero” (Diario Quisicosas, 1998). De igual manera, otro de los motivos principales de suicidio refería la quiebra económica, es decir, problemas sociolaborales. Respecto al tema laboral y económico una de las noticias señala: “Repudio social, y pérdida del prestigio que por su trabajo y calidades físicas habría conseguido” (Diario Quisicosas, 1998) evento muy relacionado con la crisis económica que afectó principalmente a los caficultores y comerciantes.

Asimismo, otra noticia publicó que una persona se suicida porque ya no contaba con los medios para cubrir su estilo de vida; dicho de otro modo, ante “La necesidad de satisfacer sus gustos y caprichos” (Diario Quisicosas, 1998). Conviene anotar que estos elementos constituyen factores que propician el suicidio en el marco de El Club de los Suicidas. Respecto a la clasificación de Emilie Durkheim (1992) se encuentra que prevalece el suicidio anómico, seguido por el suicidio de tipo fatalista y en la clasificación postulada por Andrade y Restrepo (2018) predomina el suicidio pasional e impulsivo. En relación con estas tipologías, se identifica un solo caso de suicidio por honor en cuyo haber se tiene la siguiente descripción “Fue señalado por presuntamente haber abusado y asesinado a un joven de orientación homosexual” (Diario Quisicosas, 1998). Por su parte, en el suicidio de tipo impulsivo se encuentra un caso que refiere “Monotonía y desesperación producto de las decepciones amorosas y el hastío por las mismas; sensaciones de vacío y soledad.” (Diario Quisicosas, 1998). Finalmente, otro de los tipos de suicidio, tal como se mencionó, es el pasional, el cual se ve representado en el contenido de noticias como:

El hombre desconocido había tomado un taco de dinamita con sus dos manos, lo llevó a la boca y lo encendió” (El Diario, 1940); y “Amariles y la Sánchez se habían abrazado y colocándose el taco en la mitad de los dos cuerpos, esperaron que estallara, luego la definitiva y los dos cuerpos en fragmentos menudos (El Diario, 1940).

Al efectuar el análisis de la información recopilada se encontraron diferentes tipologías del actos suicida, así, cuando el suicidio se produce en los bares, cantinas o cafés, se tiñe de agregados emocionales de carácter ambivalente y melancólico, lo cual le permite asumir un carácter egoísta, por lo que algunas personas acaban con su vida para liberarse de una depresión severa que se manifiesta según lo referencias los diarios “con una languidez melancólica acompañada por una especie de indiferencia epicúrea”. Para las personas pertenecientes al Club de los Suicidas en sus inicios, casi todos ellos personas pudientes, es decir, con solidez económica, el Club representó una oportunidad para probar su honor y valentía, al tiempo que para otros fue una escapatoria ante la crisis del café que, por efecto de la gran depresión norteamericana, afectó drásticamente el estilo de vida que llevaban las familias terratenientes, de allí que fuese un club exclusivo (Restrepo, 2018, 2019). Se puede identificar que la mayoría de los casos de suicidio del Club de los Suicidas presenta un enfoque altruista en el que las personas sienten que lo hacen por un bien u objetivo superior, y una vez pactada la muerte el acto adquiere un valor honorífico.

Es importante precisar que en el Club de los Suicidas

la muerte tuvo como principal motivación el honor, y en gran medida la reivindicación de la masculinidad en el hecho de matarse a sí mismo; así las cosas, quien se suicidase era simbólicamente el más macho, el más gallo; aquel que es capaz de anteponer a la familia, la sociedad y a Dios, sus necesidades y deseos” (Andrade, 2018, p. 3).

De lo anterior se extrae inicialmente que el suicidio podría darse por restitución del ego. Luego, acorde a las diversas coyunturas, el acto suicida fue asumiendo trayectorias que lo orientaron hacia lo pasional. Cabe mencionar que, en la actualidad, los suicidios describen situaciones de reivindicación de honor, bajo un amor fragmentado, ausente o saturado, de modo que todo suicidio se da bajo alguna relación afectiva, debido a que ninguno se desliga de alguna situación emocional de base. De esta manera, la tendencia honor-pasión se estructura como una trayectoria psicosocial implícita en el acto suicida, aspecto en el que coinciden Garciandía-Imaz, (2013) y Shneidman, (1992).

El tema de la afectación del prestigio y del buen nombre, sigue guardando relación en dicha época con la conducta suicida. Es así como el suicidio por restablecimiento del honor se establece como una de las prácticas habituales en el club de los suicidas (Restrepo y Andrade, 2019). Este tipo de orientación también ha estado presente en otras culturas; ejemplo de ello es el seppuku, harakiri, o ritual suicida japonés implementado como mecanismo de restitución del honor. En los años 30 los comentarios, el “voz a voz” o el hecho de ser señalado negativamente por la comunidad, tenían un efecto desastroso comparable a lo que hoy sucede con las redes sociales y su grado de viralidad respecto a los contenidos de acoso. Aunque muchos suicidios se dieron en dicha época por esta causa, las decepciones amorosas y la quiebra económica fueron las principales causas de autoeliminación. Incluso, personas de otras regiones acudieron al Club de los Suicidas para acabar con su vida, lo que demuestra, igualmente, la influencia que el Club tuvo en el Eje Cafetero y en otras regiones, además de la naturalización de estas prácticas, la ausencia de medidas para contrarrestarlo efectivamente, y la pasividad con que las autoridades afrontaban el problema.

Se encontró una carta dirigida a un familiar del suicida en la ciudad de Medellín, con fecha del 27 de abril del presente año, está escrita con puño y letra del suicida (…) Entonces me fui para Armenia y allí ingresé al Club de los Suicidas; una suerte me tocó y afortunadamente era el turno de otro. (El Diario, 1937).

Conviene mencionar que respecto al método del suicidio prevalece la bebida con cianuro, es decir el envenenamiento, seguido por el disparo, la detonación y el ahorcamiento. En este mismo orden, en relación con los aspectos culturales se encontró que existía un conocimiento general de la aparición de El Club de los Suicidas y que su existencia se hallaba normalizada por parámetros de relación y reconocimiento en bares estratégicamente señalados como lugares de encuentro. Así las cosas, uno de los diarios expresa lo siguiente:

…pero no es posible continuar así, sin intentar algo, muda de colores el que se atreva a hojear un libro de estadísticas en cualquiera de las inspecciones de policía. Con los retratos y una breve historia se podrían llenar más de cien páginas y saber que el Club de los Suicidas funciona normalmente y que cada ocho días se hace un sorteo, como si se tratara de un club de vestidos, para la fávida mortaja está inscrita casi una tercera parte de la juventud de Armenia (El Diario, 1937).

Resulta importante señalar que para Durkheim (1897) el disparo está asociada al suicidio altruista, que se da en hombres pertenecientes a la milicia, mientras que el cianuro y ahorcamiento se puede asociar a los sujetos que viven en ciudades pequeñas, lo que guarda relación con aspectos encontrados en el Club de los Suicidas, puesto que el disparo con arma de fuego constituía la forma predilecta de autoeliminación especialmente, con un revolver Smith and Wesson y una sola bala (Restrepo, 2018). En estas personas se presentan dos factores de suicidio que tienen afinidad especial: el egoísmo -solo importa el objetivo personal, no se piensa en la consecuencia a futuro para las familias o la sociedad-, y la anomia -sienten una pérdida irrefutable de la libertad, que solo puede ser restaurada a través de un acto extremo que les devuelva la autonomía y el poder de decisión-elección por sobre los condicionantes vitales. Uno de los eventos que daba forma al contexto de autoeliminación fue la influencia musical, la cual constituyó un elemento que apuntalaba y daba forma a la ideación suicida, y a través de ella se generaba la identificación de la persona con la situación planteada en la historia musical, al tiempo que el proceso de interiorización del malestar allí representado, aspecto que configura interna y externamente el ritual premortuorio. Una de las noticias expresa lo siguiente: Diariamente, en las noches bohemias de licor previas a su muerte, solicitaba un tango llamado “Secreto” por Hugo del Carril. Posteriormente, un día antes de su suicidio, pidió escuchar el tema “Desesperación”, que describe manifestaciones de quien la interpreta de querer quitarse la vida (Diario Quisicosas, 1998).

Cabe mencionar que la influencia musical estaba acompañada de un elevado consumo de licor, y personas de dicho ambiente como, por ejemplo, otros consumidores de alcohol y de la “madame” o dama de compañía. También se encontró que muchos de ellos estaban influenciados por la literatura de la época, especialmente por dos figuras: Jorge Isaac denominado el poeta suicida, y Vargas Vila uno de los escritores más controversiales, cuya novela Ibis pudo haber influenciado a muchas personas a quitarse la vida. una de las noticas expresa lo siguiente,

Literato y consumidor de la poesía; para los momentos bohemios siempre tenía frases muy filosóficas, que según amigos cercanos tenían implícita cierta carga afectiva; los poemas que recitaba referían angustia con respecto a cargas ajenas; [otra noticia indica] Muy interesado por la poesía; disfrutaba de copas de licor, mientras recitaba poemas (Diario Quisicosas, 1998).

En este escenario la música suele relacionarse con crisis emocionales y riesgo de suicidio. Frente a ello, Moffat (1975) señala que la música o el “folclor” tienen una influencia directa en el psiquismo, puesto que, cuando las canciones son cantadas «hacia adentro» y el individuo se conecta con el intérprete, entra en un ejercicio de introspección que favorece un apuntalamiento del dolor y del síntoma, haciendo que la persona encuentre en la canción o en aquel malestar implícito en sus letras un medio de identificación que podría propiciar y fortalecer las ideas suicidas. Así las cosas, el clima psicológico de este folclor es para los sujetos tan importante que aspectos como la modulación de la voz, los gestos y en particular el contexto ambiental y el contenido influencian los comportamientos y la toma de decisiones. En el Club de los Suicidas la relación era pendular: se movía entre el malestar por la angustia de la existencia y las connotaciones afectivas-dolorosas de las piezas musicales. Así, la música representó un potenciador de su angustia existencial. Dicho elemento revela unas de las trayectorias del suicidio hasta la actualidad, ya que los aspectos simbólicos y emocionales inscritos en las piezas musicales, videos de testimonios o en la literatura, se constituyen en insumo, en algunas personas, que apuntalan las conductas suicidas. Actualmente, esto tiene mayor repercusión dada la influencia de las redes sociales, las mediaciones virtuales y los medios masivos de comunicación (Bonilla & Tamayo, 2007; Muñoz & Sánchez, 2013).

En este contexto también es relevante la influencia de elementos políticos y económicos. Se encontró que aquellos con deudas económicas, pleitos políticos o con otras personas, o que tenían una deuda moral con la sociedad, eran proclives al suicidio, condición que no ha cambiado a la fecha actual, tal como lo demuestran estudios e informes epidemiológicos (Barrigón & Baca-García, 2018; Carmona, 2017; Forensis, 2019; Rodríguez et al., 2013). En este sentido, una de las noticias de los años 30 comunica lo siguiente: “Tenía deudas; tuvo una riña con unos sujetos de su barrio, tanto que personas cercanas aseguran que fue asesinado por robarle y por venganza de la pelea ocurrida; aseguran que fue colgado” (Diario Quisicosas, 1998). En el caso anterior el sujeto pertenecía al Club de los Suicidas; empero, la información sobre el suicidio es poco objetiva, al tiempo que la noticia es referida como un acto de presunción homicida. Asimismo, otras noticias -respecto a la muerte de un policía- hacen alusión a causas como “deudas económicas que le impedían realizar un viaje a Chile con otros estudios de su carrera policial” (Diario Quisicosas, 1998) y con respecto a un estatus económico bajo, como una motivador del acto suicida “depresión profunda y situaciones de pobreza” (Diario Quisicosas, 1998).

Hay que agregar, además, que en las noticias se encuentra presente el sensacionalismo implementado como estrategia de atención masiva para obtener una mayor repercusión y audiencia, lo que con el tiempo genera la caricaturización de los hechos y, en gran medida según lo expresa Rozas (1997), conlleva la naturalización de los sucesos, especialmente de aquellos de contenido violento. Para el caso del Club de los Suicidas es visible en noticias como las siguientes:

El espectacular suicidio de esta mañana en el café “Blanco y Rojo”, es sin duda uno de los casos más sensacionales de esta índole de cuantos se han registrados en esa ciudad. Una verdadera ola humana acudía al sitio trágico, con el fin de ver los fragmentos de sangre, huesos y sesos etc., adheridos a las paredes de los edificios vecinos (El Diario, 1940); (…) El cadáver del hombre le faltaba la cabeza y todo el cuello, cuyas partes quedaron diseminadas por todos los rincones de la pieza y encima del catre de hierro. La mujer no presentaba heridas en la cara, pero el pecho y el brazo derecho quedaron destrozados de forma bárbara pues la caja torácica era un solo boquete mostrando los destrozos causados en los órganos internos (El Diario, 1940); De los más espectaculares suicidios presentados en Armenia (Diario Quisicosas, 1998).

Conclusiones y recomendaciones

La presente investigación permitió reconocer y comprender el suicidio desde una dimensión sociohistórica a través de la revisión documental de publicaciones en prensa sobre el Club de los Suicidas de la ciudad de Armenia, y su extensión a ciudades como Pereira y Manizales. El análisis de los datos obtenidos, a través de la revisión documental, evidencia que las causas y características del fenómeno del suicidio en la región se describen a través de trayectorias particulares y constantes que prevalecieron en los sujetos suicidas de la época. Dichas trayectorias se han extendido y han dado paso a otras a lo largo de las décadas hasta la actualidad. Estas refieren crisis en el modelo de familia y la construcción moral del sujeto; influencia directa por vía cinematográfica y literaria; problemas relacionados con las ideologías (políticas y religiosas); sucesos concebidos como desastrosos e insuperables, casi siempre de tinte amoroso; y situaciones socioeconómicas de alto impacto que propiciaron la quiebra y el aumento de necesidades en las familias. Aunque el Club de los Suicidas inicia con autoeliminaciones mediadas por la necesidad de restituir el honor, el suicidio pasional e incluso político toman fuerza. Asimismo, cambian los lugares de muerte ya que, de escenarios cerrados donde se aplicaba la lógica del sigilo y el ocultamiento en casas, haciendas e incluso lugares secretos, se transitó hacia escenarios abiertos, donde la presencia de los miembros del Club fue cada vez más visible.

En el análisis de los factores que desencadenaban los actos suicidas no se encuentra una variación o cambio en el paso de una década otra, por lo que se mantienen como eventos causales: las situaciones amorosas; problemas económicos; duelos; y el honor perdido. Se evidencia que formas de suicidio como el envenenamiento, disparo de arma de fuego y asfixia por ahorcamiento, se presentan desde 1930 hasta la fecha y se ven favorecidas por el fácil acceso a un arma o químico tóxico, situación que no dista de lo que sucede en la actualidad. Si bien, tanto en dicho periodo como en la actualidad ha habido prevalencia del suicidio, la diferencia estriba en que el Club de los Suicidas era eminentemente masculino, mientras que, en la última década del siglo XXI, el incremento del suicidio femenino resulta preocupante alcanzando tazas cercanas a las masculinas. Se logró describir que en el Club de los Suicidas son comunes el suicidio por honor y el suicidio pasional, ambas modalidades íntimamente vinculadas con aspectos emocionales, problemas económicos y de salud mental, tópicos que requieren una mayor indagación histórica y nuevos estudios e investigaciones.

Estos patrones de comportamiento dan cuenta de la incidencia que tiene el contexto, la historia personal y sociocultural y las vinculaciones sociales en el acto suicida, y a la vez permiten reconocer las condiciones históricas de vulnerabilidad en salud mental que en gran medida han permanecido manifiestas y latentes en torno al fenómeno. Cabe precisar que los vínculos de los sujetos con familia y pareja tuvieron un peso importante al momento de comprender la lógica que motiva y da forma al suicidio, al igual que el contexto político y cultural en el que se desarrollan las ideas. Aspectos como la literatura, en especial novelas, cine y música, además de los ambientes donde se comparten dichos contenidos, actuaron como pivotes que apuntalaron la ideación suicida al igual que el paso al acto. De allí la importancia de conocer los contextos históricos que le dan forma al suicidio como hecho social complejo.

De suyo, este tipo de comportamientos logran instalarse a modo de imprinting sociocultural, por lo que la experiencia de autoeliminación puede ser legada de forma transgeneracional y permanecer adscrita a los imaginarios de forma latente. Dicho sea de paso, como consecuencia a la fecha, al igual que en los años 30, el suicidio representa para muchos una solución expedita a los problemas y dilemas de la vida humana. Se constata que en los años 30 presentaba una connotación patriarcal, en tanto búsqueda de la reivindicación de la masculinidad y el honor del hombre como proveedor, defensor y cabeza de familia. Una vez concluida la investigación sobre el Club de los Suicidas, se considera importante continuar con la investigación sobre el tema, toda vez que los hallazgos develan la continuidad y transformación de una problemática que a la fecha se presenta, y que constituye un problema de salud pública que requiere atención interdisciplinaria e investigación y seguimiento desde la academia. Es dable señalar que estos hallazgos pueden mejorar la planificación y diseño de programas de investigación e intervención que mitiguen el impacto de su emergencia.

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