Familias jóvenes sin convivencia: universitarias que asumen su maternidad en pareja1
Young families without cohabitation: university students who assume their motherhood as a couple
Diana María González Bedoya1
Resumen
Se presentan resultados de la investigación sobre la experiencia de algunas jóvenes universitarias que asumieron la maternidad, la relación de pareja y su formación universitaria. El objetivo fue comprender el impacto socioafectivo y académico de esta experiencia. El método de investigación fue mixto: encuesta socioeconómica y familiar a 65 estudiantes de Preescolar y Psicología; entrevistas en profundidad, grupos focales y observación de la interacción de estudiantes con sus hijos en la universidad. Se encontró que fortalecieron sus vínculos afectivos con su familia, sus hijos y sus parejas; asumieron funciones maternales y afectivas, dando lugar a una nueva forma de configuración familiar: familias jóvenes sin convivencia, porque siguen viviendo con sus familias de origen. Esto es posible gracias al acompañamiento afectivo y económico de sus familias en la crianza y contar con espacios íntimos como pareja. El riesgo de deserción femenina aumenta si no tienen apoyo de la universidad.
Palabras clave: familia, deserción, maternidad, universitarios, jóvenes, vínculo.
Abstract
The results of the research on the experience of some young university women who assumed maternity, the couple relationship and their university education are presented. The objective was to understand the socio-affective and academic impact of this experience. The research method was mixed: socioeconomic and family survey of 65 preschool and psychology students; in-depth interviews, focus groups and observation of the interaction of students with their children at the university. It was found that they strengthened their affective bonds with their family, their children and their partners. They assumed maternal and affective functions, giving rise to a new form of family configuration: young families without living together because they continue to live with their families of origin. This is possible due to the affective and economic accompaniment of their families for the upbringing and if they have intimate spaces as a couple. The risk of desertion increases if they do not have support from the university.
Keywords: family, university student, desertion, motherhood, youth, bond
Para citar este artículo
González, D. M. (2021). Familias jóvenes sin convivencia: universitarias que asumen su maternidad en pareja. Tempus Psicológico, 4(1), 103-18. doi: 10.30554/tempuspsi.4.1.3453.2021
Recibido: 26/08/2019 - Aprobado el 20/01/2020
Artículo de investigación - ISSN - 2619-6336
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1 Artículo de investigación: Análisis de una de las categorías encontradas en la investigación “Impacto socio-afectivo y académico de la experiencia de paternar-maternar y estudiar. Proyecto piloto realizado con los estudiantes de I a V semestre de los programas de Preescolar y Psicología de las sedes Itagüí, Copacabana y Robledo del Tecnológico de Antioquia - IU 2016-2017”. Grupo de investigación Observatos, Facultad de Educación y Ciencias Sociales Tecnológico de Antioquia –IU.
2 Psicóloga. Doctora en Ciencias Sociales Niñez y Juventud Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud. Docente Tecnológico de Antioquia Institución Universitaria. Orcid: 0000-0002-5179-3704 - Correo: dimagobe1967@gmail.com
Introducción
Según el informe del Ferreyra et al. (2017), en Colombia el 37 % de los estudiantes que comienzan un programa universitario abandonan el sistema de educación superior; la mitad de la población de 25 a 29 años, que comenzaron sus estudios en alguna universidad, desertaron o aún no se han graduado; es decir, la mitad de los jóvenes que desean dar un salto significativo en la brecha social, a través de la educación, verán truncados sus proyectos y pasarán a engrosar la masa de población cesante; o, peor aún, se vincularán al empleo informal. En Colombia, según la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) “La proporción de ocupados informales en las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue del 46,5 % para el trimestre móvil febrero – abril, 2019” (DANE, 2019)
El Ministerio de Educación Nacional (MEN, 2010) concluye que casi la mitad de la población que ingresa al sistema de educación superior proviene de familias con ingresos inferiores a dos salarios mínimos. En programas técnicos y tecnológicos dicha proporción llega al 80 %, razón por la cual propuso a las universidades del país presentar estrategias de permanencia dirigidas especialmente a esta población.
Así mismo, el análisis de las condiciones que favorecen o no la permanencia escolar en todos los niveles educativos concluye que las razones por las cuales un estudiante abandona su formación están asociadas a factores intrínsecos (personales), extrínsecos (familiares y sociales) o combinados, como lo plantean Ferreyra et al. (2017): “las diferencias en el nivel de preparación académica y el nivel educativo de la madre y los estudiantes de habilidad e ingresos bajos son más propensos a desertar que sus pares más favorecidos” (p. 14).
De igual manera, Piratoba y Barbosa (2013) plantean que el nivel socioeconómico y el capital cultural de las familias son factores que explican las diferencias de rendimiento entre los estudiantes y los establecimientos, y un estudiante que no cuenta con recursos económicos para los gastos que exige la carrera no podrá continuar vinculado a la universidad. En este factor de riesgo, teniendo en cuenta los ítems negativos, Barrero et al. (2015) encontraron que “los estudiantes desertan por dificultades económicas de la familia, tienen padres que no son profesionales, el costo del transporte diario, vivir lejos de la universidad y quedarse sin trabajo” (p. 67)
Sánchez et al. (2014) encontraron una asociación directa entre deserción estudiantil y las relaciones familiares, en asuntos tan cotidianos como la salud de un pariente que lleva al estudiante a asumir su cuidado, la conformación de una pareja y la maternidad. Además, las preocupaciones financieras de la familia o incluso cambios normativos como el matrimonio o el nacimiento de un hijo, como lo señala Serna (2015), se convierten en factores que determinan la deserción.
En conclusión, las condiciones socioeconómicas de la familia son determinantes para el éxito o fracaso en la educación de los jóvenes; en tanto estas sean favorables, las familias no solo asumen los gastos, sino que estimulan a sus hijos para que permanezcan vinculados y logren culminar sus estudios. Por el contrario, si la familia carece de las condiciones básicas para su desarrollo o se precarizan sus condiciones de vida, estará impedida para asumir los costos que conlleva la educación porque está en juego la sobrevivencia del grupo familiar; en esa medida, impelen a los jóvenes a desertar para que se vinculen a cualquier actividad laboral y generen ingresos rápidamente.
A lo anterior se le suma que la población estudiantil de las universidades públicas, en Colombia, pertenece a los estratos 1, 2 y 3 y proviene de contextos que combinan múltiples factores de vulnerabilidad que aumentan las probabilidades de deserción, como lo corroboran Piratoba y Barbosa (2013):
La mayoría de desertores corresponde a estudiantes solteros, de género femenino y con edades de 16 a 20 años. Los factores socioculturales son otras variables que se tienen en cuenta, como el no adaptarse al ambiente universitario, el cambio de lugar de residencia a otra ciudad, la dedicación a los estudios y situaciones familiares. (p. 560)
Como puede observarse, desde una perspectiva multicausal, muchos de los factores incidentes en la deserción son externos a las universidades. Sin embargo, si se leen los resultados de estas investigaciones, en términos de la corresponsabilidad, las instituciones de educación superior (IES) están directamente implicadas en la prevención de la deserción y la garantía de permanencia, para alcanzar el éxito escolar, especialmente de aquellos que reúnen múltiples factores de fracaso como es el caso de las jóvenes madres de esta investigación.
Las condiciones sociales, económicas, ambientales, familiares y académicas de los estudiantes universitarios, también deben ser tema de análisis e intervención para las IES, para cumplir su misión institucional de educar con calidad. Como parte del sistema educativo de una nación, las universidades deben plantearse, además, intervenciones integrales, transdisciplinares e interinstitucionales, de tal manera que se puedan remediar las condiciones precarias que ya traen estas jóvenes para prevenir la deserción en el tiempo que ellas estén vinculadas a la universidad.
En este contexto se desarrolló el proyecto de investigación “Impacto socioafectivo y académico de la experiencia de paternar-maternar y estudiar, proyecto piloto realizado con los estudiantes de I a V semestre de Preescolar y Psicología de las sedes Itagüí, Copacabana y Robledo del Tecnológico de Antioquia. El objetivo fue comprender la experiencia de paternar/maternar y estudiar, fenómeno de gran complejidad porque incluye condiciones socioeconómicas y educativas relevantes de interés nacional: ser jóvenes, estudiantes universitarios y, además, padres/madres. Triple condición que implica mayores responsabilidades para los jóvenes, que favorecen o dificultan la permanencia escolar; por lo tanto, se convierten en una responsabilidad para las IES, en su misión de formar ciudadanos íntegros con habilidades para afrontar las adversidades inherentes a la vida.
A continuación se presentan los hallazgos sobre a la experiencia de algunas jóvenes universitarias que decidieron continuar su proyecto de vida asumiendo el rol de madres y de pareja sin abandonar su formación profesional universitaria. Este es un hallazgo relevante porque propone una nueva modalidad de familia denominada: Familias jóvenes sin convivencia; también evidencia la importancia de la familia de origen para la permanencia de la joven madre en la universidad y el fortalecimiento del vínculo afectivo con su hijo; además, la oportunidad de construir un proyecto en pareja con el padre de su hijo.
Método
El método de investigación fue mixto. La población objeto de estudio fueron 1.750 estudiantes de I a V semestre de Preescolar y Psicología del TdeA IU (sedes Itagüí, Copacabana y Robledo), matriculados entre julio de 2016 y julio de 2017. En total se encontraron 65 estudiantes (32 de Preescolar y 33 de Psicología) quienes además eran padres y/o madres de niños menores de 6 años (63 mujeres y 3 hombres). La caracterización de las condiciones socioeconómica, afectiva y académica se hizo con estos 65 estudiantes a través de una encuesta. (Los resultados de esta caracterización, actualmente se encuentra en revisión final para ser publicados).
Para comprender el impacto de la experiencia de paternar/maternar en sus relaciones interpersonales y familiares fue necesario profundizar un poco más en los significados y en los sentidos que ha tenido para ellos esta experiencia de ser jóvenes, estudiantes y padres/madres. La investigación cualitativa de tipo etnográfico permitió responder estas preguntas más comprensivas y para ello se aprovecharon los datos cuantitativos que arrojó la encuesta, focalizando el análisis en un grupo poblacional más específico de jóvenes. Esto posibilitó hacer una descripción de la dinámica relacional entre el estudiante, su hijo y su familia, e identificar las dificultades y oportunidades que afrontan para asumir sus responsabilidades como padres/madres y estudiantes universitarios.
Las técnicas implementadas para generar la información cualitativa fueron: Entrevistas semiestructuradas en profundidad a los estudiantes padres/madres de Psicología y Preescolar que respondieron la encuesta y accedieron voluntariamente a participar. El objetivo fue conocer en profundidad sus contextos universitario y familiar, sus percepciones acerca del apoyo que les ofrece su familia, los problemas que enfrentan en su proceso académico, las expectativas propias y las familiares, entre otros. En total fueron 15 estudiantes de las tres sedes (14 mujeres y 1 hombre).
Tabla 1.
Relaciones estudiantes/programa/sede de las entrevistas
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No |
Nombre |
Programa |
Sede |
|
1 |
Mujer |
Preescolar |
Itagüí |
|
2 |
Mujer |
Preescolar |
Itagüí- |
|
3 |
Mujer |
Preescolar |
Itagüí- |
|
4 |
Mujer |
Preescolar |
Robledo- |
|
5 |
Mujer |
Preescolar |
Robledo |
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6 |
Mujer |
Preescolar |
Robledo |
|
7 |
Mujer |
Psicología |
Copacabana |
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8 |
Mujer |
Psicología |
Copacabana |
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9 |
Mujer |
Psicología |
Itagüí |
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10 |
Mujer |
Psicología |
Itagüí |
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11 |
Mujer |
Psicología |
Robledo |
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12 |
Hombre |
Psicología |
Robledo |
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13 |
Mujer |
Psicología |
Robledo |
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14 |
Mujer |
Psicología |
Robledo |
|
15 |
Mujer |
Prescolar |
Copacabana |
Grupo focal: estas fueron entrevistas grupales realizadas con los estudiantes encuestados, para profundizar los sentidos encontrados en las entrevistas y observaciones. En total se realizaron cinco grupos focales.
Tabla 2.
Relación programa/sede grupos focales
|
No |
Programa |
Sede |
|
1 |
Psicología |
Robledo |
|
2 |
Psicología |
Robledo |
|
3 |
Preescolar y psicología |
Itagüí |
|
4 |
Preescolar y psicología |
Itagüí |
|
5 |
Psicología |
Copacabana |
Observación no participante: de estudiantes de cualquier programa que llevaran a sus hijos de primera infancia en horario de clases al TdeA IU sede Robledo. El objetivo era observar la interacción del joven con su hijo. Se hicieron en total 10 observaciones, con una duración entre 15 y 20 minutos cada una.
Para el análisis se tomaron los datos generados en las entrevistas, las observaciones y grupos focales haciendo codificación in vivo, codificación axial e identificación de tendencias, que permitieron encontrar los sentidos sobre:
- La dinámica relacional entre la estudiante, su hijo y su familia; la pareja (que puede ser el padre de su hijo o no, con convivencia o no)
- Las dificultades y oportunidades que afrontan los estudiantes para asumir sus responsabilidades como padres/madres y estudiantes universitarios.
El análisis profundo de dichas tendencias, junto con lo aportado por la teoría, permitió la emergencia de categorías que dieron cuenta del impacto socioafectivo y académico que ha tenido en los estudiantes la experiencia de paternar y/o maternar y estudiar.
Consideraciones éticas
En consecuencia, con el carácter comprensivo de la investigación, se consideraron las exigencias legales y éticas de toda investigación cualitativa y las condiciones de los actores sociales como: disponibilidad de tiempo, libertad de participación, consentimiento informado. Igualmente, se preservó la integridad física y emocional con el anonimato de los estudiantes que participaron, el ofrecimiento de espacios adecuados, seguros y tranquilos que garantizaran la confianza. También se hizo registro permanente del proceso, garantizando la confidencialidad de la información.
Resultados
Asumir la maternidad/paternidad no implica casarse
Para las jóvenes de esta investigación, el matrimonio no es una meta prioritaria en su vida, por lo menos en el mediano plazo, ni es la condición para disfrutar su sexualidad o establecer relaciones de pareja.
Ahora bien, embarazarse está dentro de las posibles consecuencias cuando tienen una vida sexual activa, pero la convivencia en pareja no es la opción que está directamente articulada con el embarazo. Es decir, asumir el embarazo no significa unirse (legalmente o de hecho) con el padre de su hijo y mucho menos de manera definitiva; por el contrario, el embarazo es una prueba más para ‘evaluar´ si la relación de pareja se consolida o no.
Yo quedé embarazada de 18 y la tuve de 19, con una persona que llevábamos 4 años de relación. Era mi adorado novio y nos dejamos cuando [la niña] tenía dos años. Sí, éramos muy unidos, pero yo sentía que no estaba preparada para irme a vivir de lleno con él; se mantenía en mi casa y yo iba a la casa de él con la niña y me quedaba. (Ent-ET-PS-R) (Este es el código utilizado para cada estudiante que participó de entrevista o grupo focal. Léase: Ent: entrevista. ET: Iniciales que permite a las investigadoras reconocer el estudiante sin dar a conocer su identidad. PS: pertenece a Psicología Pre: pertenece a preescolar. R: Sede Robledo; I: Itagüí, C: Copacabana).
Otro asunto que se nombra de forma natural es que tener un hijo tampoco es impedimento para comenzar otras relaciones de pareja ni para las jóvenes madres ni para sus nuevos compañeros, lo que enuncia un cambio en los prejuicios sobre el ‘madresolterismo’, en tanto las jóvenes no se sienten estigmatizadas por el hecho de haber sido madres.
Esta es una denominación que se corresponde con la familia monoparental de jefatura femenina y que sigue vigente en la literatura sobre familia. En mi consideración es una descripción políticamente incorrecta que perpetúa los estereotipos de género y tradición católica, porque en primera instancia alude a las-mujeres-que-no-están–casadas, pero no se refieren de la misma manera a los hombres que están en la misma condición. Lo segundo es que se refiere a la diferencia entre ser casada o no, que en términos históricos significa tener menos estatus; finalmente, estigmatiza a la mujer que cría a su hijo sola. Así lo encuentra Cuevas (2019) quien analiza los estudios sobre la aceptación o inclusión de otras modalidades de familia como diversidad familiar o el estigma que tienen aquellas que no se corresponden con esos modelos tradicionales, a los que se considera como ‘desviados de la norma’
Es evidente que una concepción tan limitada e inflexible dificulta la aceptación de otros arreglos y formas de convivencia en la vida social, como podrán ser los hogares monoparentales femeninos y masculinos, las parejas sin hijos, las parejas homosexuales, las madres y padres adoptivos, entre otras. (p. 758)
La resolución del dilema inicial que plantea el embarazo inesperado, asumiendo la maternidad, responde a las creencias religiosas arraigadas, al amor que sentían por sus parejas, pero, sobre todo, al apoyo incondicional que recibieron de sus familias (padres, madres, abuelas, hermanos). La aceptación de su condición maternal como algo “más natural, menos estigmatizante”, también ha estado acompañado del imperativo de “continuar sus estudios”.
Incluso, la mamá de él me apoyó mucho en el colegio porque yo no me salí de estudiar; entonces, mientras yo estudiaba, la mamá del papá del niño me cuidaba porque en esos momentos mi mamá estaba trabajando (…) mi mamá y mi abuelita que ella me ayuda mucho colaborándome pues con lo de la casa. (Ent-GO-Pre-I).
Este proyecto, junto con su maternidad, será la prioridad de ahí en adelante, ya que sus familias se encargan del cuidado y crianza de sus hijos y la manutención de ambos, siempre y cuando ellas sigan estudiando. Estudiar y maternar son, entonces, dos funciones que se adhieren a su condición juvenil y se vuelven ‘su centro’. Estas prácticas, acompañadas de discursos, dejan entrever que, si bien estas jóvenes madres ya no piensan solo en ellas, el cuidado de su hijo no significa abandonar sus proyectos de vida; por el contrario, la maternidad les permite focalizar sus esfuerzos para que ellas puedan continuar.
Cuando la niña estaba recién nacida me acompañó, amanecía conmigo, me ayudaba con ella, y mi mamá, entre los dos (…) él me ayudo ahí en la dieta, me ayudaba a cuidarla, a alimentarla, después él iba de visita. Pero actualmente la niña está muy apegada a él, porque lo está viendo muy seguido; al principio no, porque él trabajaba; entonces no tenía casi tiempo. Como ahorita está sin trabajo y se va a dedicar a estudiar, él se queda con la niña mientras yo llego. (Ent-LS-Pre-R).
En la actualidad, son las jóvenes quienes deciden continuar o romper la relación, independiente del embarazo, de la decisión de sus padres o del impulso amoroso de sus parejas. Como dicen Beck y Beck (2003) sobre la separación de las parejas,
implica un despertar del individualismo cooperativo, y una lucha por él, que presupone el hecho de que cada cual tiene derecho a una vida propia y de que las condiciones de la vida en común deben renegociarse en cada caso. (p. 32).
Estas jóvenes no solo han perdido el miedo al estigma de un embarazo fuera del matrimonio, sino que deciden embarazarse, asumir la maternidad y continuar sus vidas solas.
El ideal de la familia: ¿vivir juntos o fortalecer los vínculos afectivos?
El nacimiento de los hijos es considerado un período fundamental para la consolidación del vínculo entre los padres y sus hijos y la posibilidad de iniciar una familia; sin embargo, ninguna de las jóvenes se refirió a este como un periodo muy importante para su relación de pareja ni para el vínculo de apego con su hijo, sino como una situación transitoria que cambió, solo cuando el padre asumió su rol; lo que ellas denominan ‘responder por su hijo’.
La relación de pareja se consolida cuando el joven-padre comienza a laborar; es decir, cuando deja de depender exclusivamente de su familia de origen, y asume el rol proveedor y afectivo como padre de familia y compañero afectivo. Esto puede deberse precisamente por las condiciones en las cuales se dio el embarazo (la mayoría no fueron buscados), la edad de las madres (muchas de ellas adolescentes), el momento vital en que se presentó la maternidad (adolescentes escolares, universitarias) que puso a tambalear el proyecto universitario y profesional; sin olvidar la carga económica que implica este nuevo integrante de la familia.
Quedé en embarazo a los 16 años, incluso estaba en el colegio en décimo (…) al principio es muy duro porque tan joven y estudiando y uno acostumbrado como a salir los fines de semana. Entonces, es una rutina que a uno ya se le acaba, ya uno tiene como otras responsabilidades más grandes (…) pero uno continúa. (Ent-GO-Pre-I).
Todas estas situaciones mantienen a estas jóvenes en alerta, con su mente ocupada; además, el embarazo pone a prueba el amor que han venido cultivando con sus parejas, y de la respuesta de esos varones depende, en mucho, su respuesta emocional hacia sus hijos y su deseo de consolidar la pareja o formar una familia.
En definitiva, la realidad que nos muestran las investigaciones de familia, es que ser y conformar familia en la actualidad ha cambiado radicalmente los ideales de nuclearidad, monogamia y convivencia; tampoco está supeditada a la convivencia. En ese sentido, la familia adquiere un significado simbólico particular; aunque el imaginario exprese añoranzas, y en la realidad se tenga una familia, aparecen otros personajes, relaciones que reconfiguran la trama vincular familiar (González, 2017).
Familia joven sin convivencia
Una vez superada la crisis de la noticia sobre el embarazo, y asumido el nacimiento de su hijo, algunas continuaron la relación afectiva. Este es el momento en el cual la joven pareja decide convivir o no bajo el mismo techo, asunto que es estimulado y asumido por sus familias de origen, generalmente la familia materna, como una manera de acogerlos, protegerlos y acompañarlos en el proceso de la crianza que comienza para ellos, y también para culminar de la mejor manera posible su responsabilidad con estos jóvenes, quienes siguen siendo sus hijos. Esto significa que la configuración de familia se amplía, manteniendo a la familia de origen e incluyendo otros miembros de la familia extensa, generalmente los abuelos.
En acuerdo con Del Fresno (2011), los abuelos que asumen el cuidado de sus nietos se convierten en nodos soporte estructural de la familia; aunque pueden presentarse dificultades por el ejercicio de la autoridad y los cambios en la percepción del mundo que tienen sus hijos y sus nietos, lo que puede generar conflictos, pero también se establecen formas de negociación triangular: abuelos-padres-nietos.
Hemos pensado el otro año de pronto él venirse para acá a organizarnos, mientras tanto, que se quede con mi mamá por un tiempecito, ya cuando estemos bien organizados acá, pues la idea es traerlo también [al hijo]. (Ent-GO-Pre-I).
Contrario a muchas parejas jóvenes, la llegada de este hijo no generó ruptura, sino mayor unión entre los dos. Este tipo de familias asumen todas las funciones de un matrimonio, aunque no vivan juntos.
Sí, estamos bien; vamos a cumplir 5 años (…) muy enamorada. La relación cambió mucho desde que el niño está; hemos sido más unidos, ha sido mejor la relación, no sé (…) desde que nació el niño tuvo un pensamiento diferente en formalizarnos, es como si el hijo nos hubiera unido más. (Ent-GO-Pre-I).
Otra joven expresa tranquilidad y seguridad en la relación que tiene con su hijo, su compañero sentimental y con su familia, tanto de origen como con la familia de su pareja: como pareja, bien; no vivimos juntos porque yo no trabajo y él actualmente está sin trabajo; entonces, es más por lo económico si hemos pensado en un futuro. (Ent-LS-Pre-R).
Mantener una relación como pareja, estando separados, plantea una forma particular de relación, especialmente en los más jóvenes. Una manera de nombrar esta experiencia para algunas jóvenes es seguir siendo novios, pero con más derechos y responsabilidades, especialmente frente a su hijo. Es un noviazgo-con hijo, pero, en todo caso, no son esposos hasta que no hagan un ritual religioso o jurídico. Muchos de ellos viven cerca o dentro del mismo sector, lo que facilita el cuidado y crianza de los hijos, pero detiene de alguna manera el proyecto de pareja.
Ella, siempre que estamos en la casa, me pregunta mucho por el papá -mi papá, que vamos donde mi papá-. Entonces, como yo sé que él está ahí cerquita, me la llevo para allá y nos quedamos. Yo le digo: más temprano viene por la niña y la saca, que está aburrida, y él va por ella. (Ent-LS-Pre-R).
Otra de las razones por las cuales deciden vivir aparte es porque sus padres no quieren que se marchen aún de la casa paterna: Yo quedé en embarazo y mi papá nunca me dijo nada; pero él siempre me ha dicho que no quiere que yo me vaya de la casa, que me quede ahí (Ent-LS-Pre-R).
Contrario a las generaciones anteriores, encuentro que estos padres retienen a sus hijos lo que más puedan. De ahí que la maternidad adolescente, o tener una pareja con la condición de madurez, no son motivo de retiro de la casa paterna; es una especie de moratoria de los padres en el cumplimiento de su función parental. Obviamente sus hijos, casi siempre, están adolescentes o aún son muy jóvenes y todavía no cuentan con capacidad para independizarse; pero la paternidad/maternidad es uno de los acontecimientos que marcan el paso a la adultez, y muchos de ellos quieren asumirlo y se muestran deseosos de vivirlo.
La decisión de vivir o no con su pareja depende, en buena medida, de la dependencia económica de los padres, pero también de la dependencia emocional, ya que aún son muy jóvenes y sus familias de origen tenían otras expectativas con ellos
Él no se iba a vivir conmigo por no dejar a la mamá. Por el problema que tuvimos de autoridad en ese momento no le iba a decir -yo me voy a vivir con ella- porque además tenía miedo de la reacción que tomara. Él también había salido de bachillerato y ese año cumplió los 18 y apenas estaba empezando. Estuvo trabajando en un lavadero de carros y no le iba muy bien y, como no tenía experiencia, un amigo le ayudó a buscar trabajo y apenas estaba como arrancando (…) entonces también pudo haber influido eso, digamos el miedo a enfrentarse a la mamá y tener una responsabilidad, así como más formal; le daba miedo pagar todo y que de pronto no nos fuera bien. (Ent-KM-Psic-C).
Todas las jóvenes expresaron que el cuidado de los abuelos hacia los nietos tiene una condición: es única y exclusivamente para que la joven continúe sus estudios, no para actividades de ocio o diversión. Esta es una manera de asignarle responsabilidad a la joven sobre la maternidad, de presionarla para que se cuide y continúe estudiando, pero también de controlar que no vuelva a embarazarse.
Como pareja, pues muy de vez en cuando salimos los dos solos, porque siempre estamos con la niña; porque actualmente la niña está estudiando; mientras ella estudia, yo estudio; cuando llego tengo que estar con la niña porque mi mamá no me la cuida. Ella dice: yo no se la cuido [a la hija] para que usted se vaya a parrandear, solo para estudiar. Yo no la confío sino a mi mamá…Él vive en una casa de la mamá; ese es el espacio que tenemos para compartir. (Ent-LS-Pre-R).
Solo aquellas que han continuado con su pareja se plantean la posibilidad de convivencia, y piensan en más hijos; las demás no.
es una relación normal, he pensado en vivir con él, pero no tener más hijos (…) definitivamente no (…) ya esos espacios así de relación, intimar, es a veces entre semana que salimos temprano porque algún profesor no pudo venir. Ahí yo le digo y nos encontramos (…) solo entonces ahí podemos (Ent-LS-Pre-R).
La maternidad, el estudio y la relación de pareja son la prioridad para estas jóvenes; en ese orden, ocupan toda su energía. Si hay dificultades en alguna de ellas, priorizan su hijo.
Como toda relación de pareja, pueden tener conflictos, pero uno de los riesgos de estas familias jóvenes es no contar con un bagaje amplio de experiencias que les ofrezcan alternativas para solucionarlos. Cuando hay un hijo de por medio, esa contingencia nueva que es la paternidad o maternidad, especialmente cuando son hijos no deseados, hace mucho más difícil tramitar cualquier diferencia en la pareja; por eso requieren mayor acompañamiento. Enfrentar problemas juntos fortalece la relación de pareja
Pero, a veces, cuando nos hemos dejado, él ha tenido parejas y yo también, pero volvemos (…) el problema es que nosotros estuvimos desde muy jóvenes y fuimos las primeras parejas que hemos tenido, entonces la adolescencia, las ganas de experimentar, de pronto conocer otras personas, salir (…) no soy de farras, pero de vez en cuando uno sí necesita una salida. Yo no he sentido eso, pero él sí; pasó la época en que quería salir y esos han sido los problemas, pero fortaleció también mucho la relación con el niño. (Ent-KM-Psic-C).
De otro lado, habría que tener en cuenta que la mayoría de estas parejas llevan poco tiempo, lo que influye en la solidez del vínculo; además, en respuesta a sus búsquedas juveniles, las asumen provisionales. Reconocen las dificultades que tienen por ser muy jóvenes y la necesidad de vivir experiencias juveniles, de tal manera que la relación afectiva no sea el único espacio vincular.
En conclusión, todas las estudiantes del estudio han recibido algún apoyo para el cuidado y crianza de sus hijos; en primera instancia de sus familias de origen, del padre de su hijo o la familia de éste; y, en menor medida, de los amigos, vecinos y de instituciones privadas y públicas.
Discusión
Un aspecto interesante del cambio en las representaciones y prácticas de las relaciones de pareja en Colombia y el mundo (Del Fresno, 2011; Giddens, 1998; Beck y Beck, 2003; Puyana y Ramírez, 2007; Puyana, 2008) es la prevalencia de las uniones consensuales y la disminución del matrimonio, asunto que se refleja en las jóvenes de esta investigación. En concordancia con Duch y Mèlich las jóvenes de esta investigación pertenecen a la generación que ha pasado “del amor romántico al amor pasión (…) y [expresan] una emocionalidad más intensa e intimista” (2009, p. 80). Esto se corresponde con Giddens (2000), quien plantea que los cambios más importantes que se están produciendo a escala mundial, y que influyen fuertemente en la configuración de las nuevas familias, son: la reducción de la influencia de las familias; el reconocimiento de los derechos de las mujeres y los niños, lo que incide en la libre elección de pareja; más democracia en la toma de decisiones al interior de la familia; y mayor libertad sexual.
Las transformaciones que ha tenido la familia en sus funciones y estructura han dado lugar no solo a nuevas tipologías, sino a otras dinámicas relacionales. Esto se ha dado, en parte, por las condiciones socioeconómicas y educativas a las cuales tienen acceso, y por los cambios en las representaciones y prácticas sobre la maternidad/paternidad, la sexualidad/eroticidad, los roles de género, entre otros cambios que las nuevas generaciones ya han incorporado en sus representaciones y prácticas sobre lo que es ser joven, tener pareja, maternar y ser profesional.
Diversas formas en la configuración en los modos de vivir de las parejas obliga a investigarlas en clave de pluralidad, para dar una respuesta mucho más acertada a su complejidad, como dice Del Fresno (2011) “Es mucho más preciso hablar de formas familiares o formas de vida familiar o simplemente familias para investigar y comprender las significativas variaciones de la institución familia que se manifiestan en nuestra sociedad” (p. 18).
Los cambios en la dinámica, funciones, roles y relaciones de las familias se incorporan a los análisis e investigaciones. En este estudio son tomados desde los roles que han generado transformaciones positivas o negativas en las familias. Ser mujer sigue estando unido a la maternidad, al cuidado de los demás integrantes de la familia, aunque se incorporan otras tareas como lo laboral y ser profesional. Estos cambios globales son ratificados por las estadísticas; sin embargo, se hace necesario contar con estudios que aporten a la comprensión de las dinámicas relacionales, especialmente en las familias jóvenes que empiezan a construir los estudiantes universitarios, que además son padres/madres de familia.
Del Fresno (2011) encuentra unas características clave para leer los cambios en la familia, como el hecho de que la mujer-madre ya no es el centro de la familia ni en lo afectivo ni en la administración del hogar; está más ausente del hogar, lo que generó cambios en las relaciones, la distribución de los oficios y la autonomía de las mujeres. Los padres que dieron origen a la familia se incorporan a las familias de sus hijos y asumen muchas de las tareas de las nuevas generaciones, como paternar, cuidar, acompañar, dado que sus hijos están dedicados a la labor productiva. Esto genera una nueva dinámica que no pocas veces es conflictiva, porque se cruzan creencias, patrones y autoridades intergeneracionales. Pero también propicia vinculaciones, en tanto son una ayuda valiosa para la crianza y formación de las nuevas generaciones; algo que las parejas jóvenes no pueden realizar de tiempo completo como en épocas anteriores.
Seguir en pareja, pero cada uno viviendo con su familia de origen, es una experiencia parecida a la que se ha denominado Pareja LAT (Living Apart Togehter), son como lo señala Ayuso (2012) “parejas que se consideran a sí mismas como tales, pero que no viven habitualmente en el mismo domicilio, siendo esta situación independiente de su estado civil” (p. 588). Pueden darse en jóvenes, adultos o personas mayores y la principal característica es que la no convivencia es una decisión libre de ambos integrantes. Hay muchas razones para ello: porque asumen el cuidado de sus padres, la crianza de hijos de uniones anteriores; no quieren repetir la experiencia pasada de pareja; defienden su autonomía, buscando mantener un espacio propio diferente del compartido en pareja, entre otros.
La otra razón por la cual hay parejas que viven separadas es ‘por obligación’. Las razones que encuentran son: parejas que llevan poco tiempo de relación; flexibilización privada de los procesos de emparejamiento; obstáculos para la emancipación del hogar y las dificultades para compatibilizar la vida laboral con la de pareja. (Ayuso, 2012).
Ayuso (2012) también encontró en su estudio una modalidad de parejas separadas que considera una pre-unión, porque se dan al comienzo de toda relación, pero ambos desean convivir en un corto o mediano plazo. “Es muy habitual entre jóvenes estudiantes al inicio de sus biografías de pareja. Las razones para su no convivencia suelen ser las siguientes: no haber terminado su formación, no tener recursos, ni conocerse aun suficientemente” (Ayuso, 2012 p.590). Núñez (citado en Bernal, 2013) describe las parejas jóvenes que estudian y deciden vivir separadamente “para compatibilizar su actividad educativa con las otras actividades que realizan, especialmente cuando están iniciándose en el mundo laboral” (p. 183); experiencia que Del Fresno (2011) tambien encuentra en sus estudios y denomina pareja con hijos.
Si bien la experiencia de las jóvenes de este estudio es similar con las modalidades expuestas hasta el momento, se encuentran diferencias significativas frente a cada una: en primer lugar, la teoría LAT se refiere a la experiencia de personas adultas que deciden construir un proyecto erótico afectivo, se identifican a sí mismas como pareja y las demás personas los reconocen como tal, aun cuando deciden por voluntad propia no convivir bajo el mismo techo. Las jóvenes de esta investigación, que decidieron continuar con su proyecto de pareja, evidencian que la decisión depende, por un lado, de las condiciones sociales y económicas de sus familias, porque, en su mayoría, fueron madres antes de los 20 años, algunas incluso siendo adolescentes; y, segundo, se enfrentan al dilema de asumir la maternidad o continuar con sus responsabilidades académicas, y, si bien tienen el deseo y la capacidad física y cognitiva para asumir ambas tareas, aún no tienen la capacidad de gestionar sus propios recursos.
Otra diferencia con la categoría de Parejas LAT es que la relación ya no es de dos, sino de tres, porque aparece un hijo; es decir, en términos legales ya conforman una familia y aunque no es una unión marital de hecho, porque viven separados, sí cumplen todas las funciones como pareja y familia, exceptuando la provisión económica. En últimas, la continuidad o no del proyecto de pareja depende totalmente del apoyo de las familias, del estímulo que estas den a su nuevo rol como padres, y del acompañamiento cotidiano que les hacen, además de los espacios y tiempos que tengan para para disfrutar su intimidad como pareja, en la cotidianidad que les ofrecen las familias, aspectos que retoman Sánchez et al. (2014).
Estas familias jóvenes también podrían considerarse dentro de la modalidad de ‘parejas separadas’ que plantea Ayuso (2012). Sin embargo, vale la pena considerar que casarse o vivir juntos en el mediano plazo no es una prioridad para la mayoría de esas jóvenes; es decir, no está en sus aspiraciones inmediatas, como sí lo es estudiar para ‘salir adelante’.
Fueron las jóvenes quienes decidieron continuar o romper la relación, independiente del embarazo, de la decisión de sus padres o del impulso amoroso de sus compañeros afectivos. Ellas han perdido el miedo al estigma de un embarazo fuera del matrimonio; incluso, varias decidieron asumir la maternidad y continuar su vida, sin su pareja como una manera de afirmar su identidad. Este aspecto tiene mucha relación con lo planteado por Romo (2008) quien encontró que para los jóvenes universitarios de su investigación:
no hay un tipo ideal de relación de pareja; cada persona hace uso de sus recursos y habilidades, sus experiencias previas y expectativas, para iniciar, mantener y/o terminar una relación según lo que esta le va ofreciendo y en la medida que dicha relación expresa una parte de su identidad. (p. 819).
Esta investigación revela, una vez más, que la crianza sigue siendo una tarea eminentemente femenina, aunque existan muchos más hombres dispuestos a asumirla. En ese sentido, la maternidad a cualquier edad se convierte en una responsabilidad más que deben asumir las mujeres (las madres, las abuelas, las tías) quienes más apoyan a las jóvenes madres cuando asumen el reto de maternar y estudiar.
Para que una joven pueda conciliar ambas responsabilidades exitosamente se requiere una conjunción entre la familia y escuela que garanticen conciliación estudiantil-familiar. Es “el equilibrio entre el cumplimiento de las obligaciones estudiantiles y las responsabilidades familiares, posible únicamente cuando las condiciones académicas, legislativas y relativas a recursos lo garantizan” (Lozano et al., 2016, p. 4).
Los hallazgos sobre las condiciones socioeconómicas de las jóvenes madres y sus familias coinciden con los análisis de Estupiñán y Vela (2012), en su estudio sobre Calidad de vida de madres adolescentes estudiantes universitarias. Se encontró que la calidad de vida para la vivencia de la maternidad, en estudiantes universitarias, está fuertemente ligada a la condición de sus relaciones familiares y al apoyo social. También sobre la importancia del apoyo familiar y escolar (IES, compañeros y docentes) para que estas jóvenes madres puedan cumplir sus responsabilidades exitosamente
Este es un asunto de gran relevancia para considerar cuando se proponen estrategias de permanencia escolar y un fundamento más que aporta a las políticas públicas de juventud, de familia y de educación, pues de sobra se ha comprobado que la educación de las mujeres es la garantía para que los países den un salto cualitativo para salir del círculo de la pobreza.
Conclusiones
Esta investigación pone de relieve que ser joven, madre y estudiante universitaria son condiciones que, en contextos de vulnerabilidad social, incentivan la deserción escolar femenina restándole oportunidades, precariza más a las familias manteniéndolas en el círculo de la pobreza y puede tener efectos adversos en el vínculo de esta joven madre con su hijo. En esta medida, las IES tienen una gran responsabilidad de brindar todo el apoyo necesario para que estas jóvenes madres culminen exitosamente sus estudios. Ello garantizará no solo subir los estándares de permanencia, sino contribuir en gran medida a disminuir la brecha de desigualdad.
El apoyo de las familias de origen es fundamental para que las jóvenes universitarias culminen exitosamente su formación profesional; asuman junto con su compañero afectivo el cuidado y la crianza de su hijo y fortalezcan los vínculos afectivos, como una nueva familia, aun cuando no convivan. En últimas, la comunión familia-universidad serán las instituciones que darán soporte para que estas jóvenes madres desplieguen todo su potencial.
Aunque el matrimonio no es una meta prioritaria en su vida, estas jóvenes asumen las responsabilidades de ser madres, estudiantes y pareja. El embarazo fuera del matrimonio ya no es un estigma, pero sí pone a prueba el amor que han venido cultivando con sus parejas.
Esta modalidad de Familias Jóvenes sin convivencia, se considera novedosa porque, al amparo de sus familias de origen, asumen casi todas las funciones de la familia tradicional en el cuidado y crianza de sus hijos, pero también le apuestan a construir una relación de pareja sin convivencia. Este asunto, además de estar influenciado por sus condiciones socioeconómicas, tiene mucho que ver con los cambios en los ideales juveniles en los cuales la búsqueda de mayor autonomía no se contradice con asumir los compromisos afectivos, académicos y sociales; experiencia cada vez más común en las nuevas generaciones, para quienes la maternidad ya no es un imperativo para conformar familias.
Referencias
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