Tutoría entre pares: un modelo metodológico para el análisis de la enseñanza no-experta1

Peer tutoring: a methodological model for the analysis of non-expert teaching

Néstor Daniel Roselli2

Camila Hernández3

Para citar este artículo

Roselli, N.D., Hernández, C. (2019). Tutoría entre pares: un modelo metodológico para el análisis de la enseñanza no-experta. Tempus Psicológico, 2(2), 15-48. doi: https://doi.org/10.30554/tempuspsi.2.2.3076.2019

Recibido: 02.12.2018 – Aceptado: 06.02.2019

Artículo de reflexión ISSN - 2619-6336

Resumen

Se presenta una propuesta metodológica para el análisis del discurso tutorial no-experto, en el marco de la enseñanza de un contenido epistémico. El modelo se elaboró a partir del análisis del discurso de tutores que basaron su enseñanza en un texto fuente epistémico. La propuesta metodológica está precedida de una revisión teórica de la tutoría entre pares como recurso pedagógico. El modelo de análisis del discurso tutorial que se ofrece discrimina dos dimensiones fundamentales: la cualidad y la calidad de la enseñanza. Para cada una de ellas se discriminan varias subdimensiones. En lo que hace a la cualidad, se distinguen dos subdimensiones: la modalidad o estilo de enseñanza y la correspondencia con el texto original. En lo que concierne a la calidad, se proponen las siguientes tres subdimensiones: recuperación de los contenidos centrales del texto-fuente, grado de corrección de los aportes del tutor y preocupación por el aprendizaje. Para cada una de ellas se explicitan indicadores empíricos y procedimientos de cálculo precisos que permiten elaborar coeficientes particulares y generales, lo cual asegura mediciones de alta comparabilidad.

Palabras clave: enseñanza mutua, método de enseñanza, relación profesor-alumno, proceso de interacción educativa.

Abstract

A methodological proposal for the analysis of non-expert tutorial speech is presented, within the field of epistemic teaching. The model is based on the analysis of the speech of tutors that based their teaching on an epistemic text. This methodological proposal is preceded by a theoretical review about peer tutoring as a pedagogical technique. The model that is offered discriminates two fundamental dimensions: characteristics and quality of teaching. For each of them, several sub-dimensions are differentiated. Regarding the characteristics of teaching, two sub-dimensions are distinguished: teaching style and correspondence with the original text. Regarding the quality, the following three sub-dimensions are proposed: recovery of the central topics of the text, level of accuracy of the tutor’s contributions and concern for the student’s learning. For each of them, empirical indicators and precise calculation procedures are specified. In conclusion, this model allows to elaborate particular and general coefficients that ensure high comparison measures.

Keywords: Peer tutoring; Peer teaching; Teaching methods; Interaction process analysis; student teacher relationship.

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1 Trabajo teórico-metodológico realizado en el marco del proyecto: “Aprendizaje de la colaboración cognitiva en la universidad. Implementación de un modelo de enseñanza basado en el aprendizaje colaborativo”, financiado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (PICT Nº 0960), y realizado dentro del Centro de Investigaciones en Psicología y Psicopedagogía de la Universidad Católica Argentina.

2 Psicólogo. Doctor en Psicología. Director del centro de investigaciones en Psicología y Psicopedagogía, Pontifica Universidad Católica Argentina. Orcid: 0000-0002-7313-4566 - Correo: nestorroselli@uca.edu.ar.

3 Pontifica Universidad Católica Argentina Orcid: 0000-0002-5465-2384 - Correo: camila.shperpi@gmail.com.

Introducción

Aspectos conceptuales generales de la tutoría entre pares

La tutoría entre pares es un fenómeno comunicacional natural ya que implica la “enseñanza” de un procedimiento, una norma, un conocimiento o una información de parte de alguien que lo conoce a alguien que no lo conoce. Esta “enseñanza” va más allá de las diferencias etarias. Así, un niño puede enseñarle a su padre las reglas de un juego o deporte, del mismo modo que lo puede hacer a un compañero, o a su hermano menor o mayor (Calero, Zylberberg, Ais, Semelman, & Sigman, 2015).

Entendida como recurso didáctico, la Tutoría entre Pares se inscribe dentro del amplio campo del aprendizaje colaborativo (Roselli, 2016; Barkley, Croos, & Major, 2007) el cual es mucho más que un conjunto de técnicas o estrategias didácticas, y más que una modalidad didáctica o estilo de enseñanza. Supone una filosofía o ideología de trabajo que coloca a la colaboración en el centro de la escena; implica concebir el vínculo educativo como una comunidad de aprendizaje, que involucra tanto al docente adulto como al joven alumno. Si bien las diferencias etarias, de rol formal y de experticia se mantienen (y deben mantenerse), éstas no anulan las relaciones horizontales entre los alumnos, que no son sólo socio-afectivas, y que pueden optimizar el logro cognitivo de todos. Hacer que la pro-actividad horizontal se sume al aporte experto del docente, optimizando el aprendizaje, es el gran desafío del aprendizaje colaborativo. La cuestión de la tutoría entre pares, como estrategia de aprendizaje colaborativo, suscita numerosos interrogantes que la investigación debe responder.

En primer lugar, cabe preguntarse sobre los beneficios reales, en términos de aprendizaje, tanto para el tutor-alumno como para los alumnos tutorados. Para el primero, se podría hipotetizar que el hecho de trabajar cognitivamente el conocimiento desde otro rol (léase otro sistema de actividad) le permite una relación con éste enriquecida a partir de esta duplicidad de acciones mentales. Se podría agregar que el fenómeno de enseñar supone una externalización del contenido mental, a través de la palabra, que permitiría una objetivación de éste, lo cual sería altamente beneficioso para la relación del sujeto con el conocimiento. Pero además, el tener que enseñar un conocimiento a otros (en este caso sus iguales) supone ponerse en el lugar del otro como sujeto cognitivo (teoría de la mente); esto es más que la simple externalización del propio contenido mental; es salir de sí mismo y ponerse en la mente del otro. Varias investigaciones dan cuenta de este efecto benéfico para el tutor (Fernández & Arco, 2011; Rosemberg, Alam, & Stein, 2014).

Desde el punto de vista del alumno tutorado, cabe preguntarse sobre los posibles beneficios. Uno podría ser que, tratándose de una relación de enseñanza-aprendizaje con un igual, la distancia social se acorta y ello estimularía una mayor y más desinhibida participación, incluso crítica. A través de esta pro-actividad, el tutorado podría tomar mayor control de su propio aprendizaje. También es esperable que, tratándose de un tutor par, la enseñanza de éste se ubique en una zona de desarrollo próximo, aportando puentes y apuntalamientos gracias a la cercanía cognitiva (Fernández, Wegerif, Mercer, & Rojas-Drummond, 2001). Alam y Rosemberg (2009) refieren que son los propios aprendices los que re-orientan la enseñanza a través de sus intervenciones, acercándola a sus representaciones cognitivas.

Hay otras cuestiones que la investigación debe dilucidar, concernientes al papel de las múltiples variables intervinientes que median en los efectos de las distintas tutorías. Algunas de ellas son: la relación socio-afectiva entre tutor-par y tutorados; el grado de prestigio cognitivo del tutor y su nivel de competencia cognitiva en general; la diferencia de edad y género; el nivel del sistema educativo que se esté abordando (estudiantes primarios, secundarios o universitarios); el tipo de conocimiento o de asignatura en cuestión, entre otras. Por ejemplo, no es lo mismo que haya o no una diferencia etaria entre tutor y tutorado.

Finalmente, hay que diferenciar entre los logros específicos de aprendizaje obtenidos con este tipo de tutoría (post-test), y el análisis del proceso tutorial propiamente dicho, o sea el análisis del proceso enseñante. Esto último requiere contar con registros de audio (imprescindibles) y video (deseables), sobre todo si se habla de tutorías presenciales. Este último aspecto (el análisis del proceso de enseñanza) plantea desafíos metodológicos importantes.

Aspectos metodológicos de las investigaciones sobre la enseñanza experta

El estudio del proceso de enseñanza experta ha generado un prolífico campo de investigación conocido como interacción didáctica o interacción en el aula (Delamont, 1984). Como bien lo dicen Coll y Sánchez (2008), en la segunda mitad del siglo XX la investigación educativa dejó de estar centrada en el comportamiento del profesor y las formas más eficaces de enseñar, para pasar a interesarse en la interacción docente-alumnos, en el contexto concreto del aula. La enseñanza dejó de ser vista como determinada básicamente por el docente, para comenzar a entenderse como negociación o construcción conjunta de significados (Coll & Onrubia, 1996; Coll, Onrubia, & Mauri, 2008; Baker, 2016), donde el eje del análisis era la interacción entre profesor y alumnos. Más recientemente, este análisis se focalizó no tanto en el aspecto comportamental, sino en el discurso o intercambio conversacional (Derek, 1996; Cubero R., Cubero M., Santamaría, de la Mata, Carmona, & Prados, 2008, Mercer, 2010; Van der Veen, 2017). Existen excelentes revisiones de este giro sociointeraccionista, situacional y comunicacional de la investigación de la enseñanza (Rosemberg, 2002; Sánchez & Rosales, 2005; Van de Pol, Volman, & Beishuizen, 2010; Van der Veen & Van Oers, 2017), por lo que en este apartado sólo se aludirá a las implicancias metodológicas, objeto de este artículo.

Desde el punto de vista metodológico existen dos corrientes bien definidas: una cuantitativa y otra cualitativa (Coll & Sánchez, 2008; Mercer, 2010). La primera implica disponer a-priori de un sistema de categorías analíticas de la interacción en el aula, tanto del aspecto comportamental, como discursivo; esto conlleva adoptar un criterio más universalista, con categorías aplicables a múltiples registros comportamentales y conversacionales, lo cual habilita a la comparabilidad y la generalización estadística. El ejemplo más emblemático es el análisis de la interacción didáctica propuesto por Flanders (1977). Su grilla analítica se compone de diez categorías: siete corresponden a las intervenciones del profesor (acepta los sentimientos, elogia o anima, acepta o utiliza las ideas de los estudiantes, hace preguntas, diserta, da instrucciones, manifiesta autoridad); dos a las de los alumnos (respuesta de los alumnos, iniciativa espontánea de éstos) y una residual referida a momentos de no-intervención. Dos o más observadores son los encargados de codificar los diversos comportamientos verbales, en intervalos regulares de tiempo. El sistema categorial de Bellack (Villar Angulo, 1984), por su parte, pone el acento en cuatro comportamientos: Estructuración, Solicitación, Respuesta del alumno, y Reacción o evaluación. Esta posición coincide bastante con la ya clásica trilogía de Cazden (1991), quien distingue entre Indagación, Respuesta y Evaluación. Roselli (2009) es más discriminativo en lo que se refiere a las intervenciones del docente, distinguiendo las Preguntas de requerimiento de aporte, Intervenciones cognitivas descriptivas, Intervenciones cognitivas explicativas, Preguntas para chequear comprensión, acuerdo u opinión, Requerimiento de aclaración al alumno, y Evaluaciones o juicio sobre el aporte de alumnos. En verdad, los sistemas de categorías utilizados para analizar cuantitativamente la interacción didáctica son múltiples, dependiendo del objetivo de cada investigación.

En la otra vereda se encuentra una línea más cualitativa, centrada en el análisis del contenido del discurso y no tanto en la forma. Se acerca decididamente al método etnográfico propio de la antropología y al análisis sociolingüístico, que priorizan el significado subjetivo de la acción social, claramente situada y dependiente del contexto (Mercer, 2010; Van der Veen & Van Oers, 2017). Por ello no se busca la generalización, sino la comprensión de casos o situaciones particulares. Las categorías analíticas no son a-priorísticas, emergiendo del corpus discursivo analizado; en esto la hermenéutica del investigador juega un rol fundamental. Esto no quiere decir que no haya ciertas categorías analíticas de referencia. Por ejemplo, Coll y Onrubia (1994) y Coll et al., (2008), distinguen dos niveles analíticos básicos: las secuencias didácticas de actividad conjunta y los mensajes singulares. En la misma línea, en una gradación de lo particular o molecular, a lo más general o molar, Sánchez, García, Rosales, Sixte y Castellano (2008) diferencian en el análisis de la conversación en el aula los ciclos, los episodios, las actividades típicas de aula, las sesiones, y las unidades curriculares; estos diferentes niveles de inclusión permitirían captar mejor la relación de sentido del diálogo didáctico. Esta profundización en la singularidad de la situación didáctica analizada dificulta la generalización de las conclusiones, y por eso muchas investigaciones optan por métodos mixtos.

El análisis específico de la enseñanza tutorial no-experta

El proceso de la enseñanza no-experta tiene características propias que lo distinguen de los contextos habituales de enseñanza de los sistemas formales, donde los roles de experto y de aprendiz están bien diferenciados. Es cierto que los nuevos contextos de aprendizaje, especialmente el Computer-Supported Collaborative Learrning (CSCL), han generado un protagonismo de la horizontalidad y la enseñanza recíproca entre pares, asignándole al profesor el rol de tutor (Gisbert, Cabero, & Llorente, 2007; Gómez, 2016). Sin embargo, la experticia de este tutor adulto no sólo es necesaria en el diseño e implementación de estos nuevos dispositivos, sino que es reconocida por los propios alumnos. La tutoría entre pares sigue siendo un fenómeno atípico en lo que a la enseñanza formal se refiere.

Lo primero que hay que tener claro es la diferencia etaria y de nivel de competencia entre tutor y tutorado. Fernández y Arco (2011) implementaron un programa de tutoría de apoyo académico y hábitos de estudio de estudiantes universitarios de primer año, a cargo de tutores-pares del último año de la carrera. A su vez, Rosemberg, Adam y Stein (2014) implementaron un programa de mejora de la alfabetización de alumnos pre-escolares de sectores socialmente vulnerables, a cargo de tutores de 12 y 13 años. Cabe mencionar que ambos programas no sólo tuvieron efectos benéficos en los tutorados, sino también en los tutores. En cualquier caso, es claro que la situación no es la misma cuando no hay diferencia etaria entre tutor y tutorado, y cuando la actividad de enseñanza es de carácter esencialmente epistémico, donde el primero debe enseñar al segundo, no una habilidad, sino un conocimiento. Precisamente, el modelo analítico que se presenta en este artículo corresponde a la situación que se acaba de aludir.

El campo del análisis del proceso de enseñanza no-experta es ciertamente menos prolífico que el del análisis de la enseñanza experta profesor-alumno. Si bien es posible encontrar mucho material sobre la tutoría entre pares, como técnica didáctica, la mayoría de las investigaciones tiene el objetivo de estudiar el impacto de la implementación de la tutoría en el desarrollo de competencias cognitivas o procedimentales, tanto en los tutores como en los tutorados (Alzate-Medina & Peña-Borrero, 2010; De Backer, Van Keer & Valcke, 2014; Flores Coll & Durand Gisbert, 2016; Topping, Miller, Thruston, McGavock & Conlin, 2011).

Sin embargo, también es posible encontrar artículos que estudian el proceso de la interacción entre tutor y tutorado, en los que se analizan las características de las actividades de ambos (Durand, 2010; Klavina & Block, 2009; Roscoe, 2014; Valdebenito & Duran, 2015).

En cambio, no abundan las investigaciones que centran su análisis específicamente en las características de la enseñanza del tutor no experto, a lo cual apunta el instrumento que se presenta en este trabajo. Algunas de estas investigaciones serán referidas a continuación, resaltando los aspectos metodológicos.

De Smet, Van Keer y Valcke (2008) utilizan un instrumento de análisis de contenido cuantitativo para conocer los estilos o patrones de conducta de los tutores universitarios, en una tutoría entre pares mediada por computadoras. Este instrumento que, vale aclarar, fue utilizado en numerosas investigaciones subsiguientes (De Smet, Van Keer, De Wever & Valcke, 2010; De Wever, Van Keer, Schellens & Valcke, 2010; Ghadirian & Mohd Ayub, 2017), se basa en el uso del modelo taxonómico de moderación de habilidades de Salmon (2000, citado en De Smet et al., 2008) para codificar las transcripciones de la tutoría. En función de dicho modelo, los autores crearon un esquema de cinco categorías: a) acceso y motivación, b) socialización, c) intercambio de información, d) construcción de conocimiento y e) desarrollo, con indicadores de conducta tutorial específicos. Posteriormente, los autores segmentaron las transcripciones de las tutorías en unidades de significado (idea consistente o cadena de argumentos) y luego las procesaron según el esquema mencionado. A partir de lo anterior, los autores concluyeron que el tipo de conducta tutorial varía según los temas de discusión, a pesar de lo cual pueden identificarse en la población del estudio tres tipos de estilos tutoriales, según las conductas predominantes: motivadores, informadores y constructores de conocimiento.

Otro estudio que analiza la enseñanza de tutores no expertos es el de Velasco y Stains (2015) que analiza cómo las percepciones de los tutores sobre la actividad tutorial afectan a la conducta tutorial de los mismos. Para ello entrevistaron a tres tutores universitarios, a partir de un protocolo semi-estructurado compuesto de preguntas como: ¿qué es tutorear? ¿cuál es el rol del tutor? ¿cuáles son las características de un buen o mal tutorado?, ¿cuáles son las características y acciones de un buen o mal tutor?, entre otras. Posteriormente, los tutores tuvieron tres sesiones tutoriales, las cuales fueron videograbadas para su posterior análisis. Los autores codificaron dichos videos a partir de distintas categorías basadas en conductas tutoriales, las cuales fueron compiladas de otros estudios relacionados. Dichas categorías son: a) explicaciones, b) feedback, c) preguntas, d) metacognición, e) scaffolding, y f) otras conductas. Cada segmento categorizado podía ser a su vez clasificado en una categoría superior: I) construcción de conocimiento o II) transmisión de conocimientos. Por último, las explicaciones y el feedback fueron analizados a partir de las siguientes subcategorías: a) conceptual, b) procedural, c) fáctico y d) conexiones puente (entre información conceptual y procedural). En función de todo lo anterior, los autores concluyeron que la percepción que el tutor tiene de los tutorados y del rol de tutor tiene relación con la conducta de enseñanza tutorial. Por ejemplo, si un tutor percibe a su propio rol como transmisor de conocimiento, es esperable que enseñe de forma expositiva; por otro lado, si el tutor percibe que su tutorado participa de la actividad sólo para aprobar un curso, es esperable que la enseñanza esté orientada a que el tutorado apruebe el examen y no a que desarrolle verdaderamente mayor conocimiento.

En otra investigación, Madaio, Cassel y Ogan (2017), con el objetivo de estudiar la relación entre el estilo del tutor y la cercanía personal entre tutor y tutorado, y el impacto que esto tiene en el aprendizaje de los tutorados, codificaron las video-grabaciones de las situaciones tutoriales entre participantes de 12 a 15 años, amigos y desconocidos, primero para conocer el nivel de afinidad entre ellos, y luego para identificar dentro del corpus distintas conductas tutoriales. Para esto último, codificaron las conductas según las siguientes categorías: a) disculpas, b) palabras que reducen la intensidad de los enunciados, c) palabras que indican incertidumbre, d) palabras que reducen la certidumbre, e) feedback positivo, f) feedback negativo, y g) explicación de conocimiento. Los autores aplicaron además pruebas pretest y postest que permitieron conocer la ganancia cognitiva de los tutorados. Concluyeron que el tipo de relación interpersonal entre tutor y tutorado impacta en el estilo de enseñanza, habiendo mayor cantidad de feedback positivo cuando no hay relación cercana entre los participantes. Según los autores, esto puede impactar de forma negativa en el rendimiento de los tutorados, puesto que el feedback positivo excesivo puede generar ambigüedades sobre las correcciones que realizan los tutores respecto a los procedimientos adecuados.

En otro estudio, Alam, Migdalek, Ramírez, Stein y Rosemberg (2017) se propusieron como objetivo, primero estudiar las estrategias empleadas por tutores de 12 años para explicar vocabulario a sus tutorados de 5 años, y segundo analizar el modo en el que se despliega la explicación en el intercambio interaccional. Para ello, utilizaron una metodología mixta, lo cual implicó la identificación de dos categorías para el primer objetivo: a) estrategias que recurren a aspectos semánticos (como apelar al uso de categorías generales, sinonimias y semejanzas, o especificar las propiedades particulares de la palabra explicada), y b) estrategias que se configuran a partir de la contextualización del término (utilizando como apoyo otras formas de representación). Por otro lado, los autores identificaron otras dos categorías para el segundo objetivo: I) modalidad dialogal de la explicación y II) modalidad monologal de la explicación. En función de lo anterior, los autores codificaron las audio-videograbaciones distinguiendo segmentos de secuencia conversacional o fragmentos de interacción delimitados por aspectos temáticos (p. 89), realizando posteriormente un análisis estadístico. Las autoras obtuvieron como resultado que hay un mayor empleo de estrategias que recurren a aspectos semánticos vinculados y una mayor prevalencia de la modalidad monologal.

A partir de la revisión de los estudios existentes, es posible concluir que la metodología más utilizada para el análisis de la enseñanza no experta es la de servirse de un sistema categorial reductivo, generalmente pre-existente, aplicado a la verbalización discursiva. La sola hermenéutica no parece ser suficiente cuando se aspira a cierto nivel de generalización de las conclusiones. La propuesta metodológica que aquí se presenta se inscribe en esta línea, pero se distingue de otros sistemas categoriales por ciertas características que le son propias.

Si bien el instrumento metodológico propuesto posee dos grandes dimensiones de análisis (la cualidad y la calidad de la enseñanza no experta), es posible limitar el análisis a sólo una de las dimensiones en función del objetivo propuesto. Además, el instrumento permite obtener un puntaje para cada dimensión y subdimensión, lo que facilita comparar procesos tutoriales no sólo al interior de una determinada muestra, sino entre muestras distintas, o sea que se puede contar con una escala de medición de alto universalismo.

Por otro lado, si bien en la mayoría de los antecedentes revisados se identifica una unidad mínima de análisis específica (la cual, dependiendo el trabajo, suele ser un episodio conversacional, una unidad temática, una intervención o un mensaje), el instrumento metodológico aquí presentado propone que la unidad de análisis de referencia sean las unidades epistémicas singulares que provienen de un texto-fuente, sobre el cual el tutor debe basar su enseñanza. El texto-fuente, esto es, una referencia epistémica experta externa, es la que guía todo el análisis del proceso enseñante, lo cual no ocurre con la mayor parte de los demás sistemas categoriales.

Modelo metodológico propuesto para el análisis de la tutoría no-experta

Como ya se ha dicho, las categorías analíticas del discurso enseñante han sido realizadas con la mira puesta en la enseñanza experta, esto es, la que está a cargo del maestro o profesor. Estas categorías analíticas pueden centrarse exclusivamente en la verbalización y/o el comportamiento del profesor, o puede también incluir la interacción con y entre los alumnos; es decir, en este último caso, se trataría de un análisis de todo lo que ocurre en el aula. Como también se dijo, estos sistemas categoriales pueden realizarse apriorísticamente (caso típico, a través de una grilla de observación), o pueden a posteriori del proceso de enseñanza, y en este caso las categorías analíticas variarán en función de determinados objetivos del investigador.

Sin embargo, todas estas metodologías analíticas no fueron hechas teniendo en cuenta el caso específico de la tutoría entre pares, o sea, el análisis de la enseñanza no experta. En este sentido, se puede decir que hay un área de vacancia que la presente propuesta pretende llenar. Esta propuesta está dirigida a proporcionar criterios analíticos aplicables a todo proceso enseñante no experto, sin por esto desconocer que es también posible adicionar otros en forma ad hoc que sean funcionales a determinados objetivos específicos de una investigación particular.

La presente propuesta reúne dos elementos positivos. Por un lado, se evita el solapamiento o superposición entre las dimensiones y subdimensiones del análisis, defecto que se constata en muchos de los sistemas existentes. Por ejemplo, es común la confusión entre la dimensión de cualidad del discurso enseñante y la dimensión de calidad del mismo, distinción fundamental que es la base del presente análisis. Por otro lado, se trata de proporcionar indicadores empíricos precisos de estas dos dimensiones y de sus respectivas subdimensiones, evitando así el sesgo de la subjetividad del analista.

Identificación de las unidades cognitivas epistémicas

Todo proceso de tutoría entre pares implica contar con una referencia epistémica bien precisa, o sea, el conocimiento epistémico que el tutor debe enseñar a través de su particular mediación didáctica. Esta fuente epistémica puede provenir tanto de un texto escrito que se le provee al tutor previamente, como de una clase o explicación oral proporcionada por un experto.

El primer paso de la presente propuesta de análisis tutorial consiste en identificar las unidades cognitivas del texto (oral o escrito) provisto por la fuente experta. Estas unidades cognitivas representan los aspectos conceptuales mínimos que es posible diferenciar. Un criterio operacional al que se puede recurrir en esta tarea de desagregado epistémico es la de establecer como criterio identificatorio de una unidad cognitiva lo que se expresa sintácticamente en una oración o enunciado verbal (unidad de sentido epistémico). A los fines de facilitar la exposición del modelo analítico, se aludirá específicamente a las fuentes epistémicas escritas, a las que el tutor debe remitirse como base de su enseñanza. En este caso, los puntos, y eventualmente los puntos-coma, serían los gramaticales que separarían las distintas unidades cognitivas. Esto no descarta, sin embargo, la posibilidad de distinguir hermenéuticamente más de una unidad cognitiva al interior de una oración. También es importante distinguir entre unidades cognitivas reiterativas (repetición con otras o similares palabras un mismo contenido cognitivo) y unidades cognitivas originales (implican un nuevo o complementario aporte cognitivo).

Las unidades cognitivas pueden clasificarse en: simples y complejas. Las unidades cognitivas simples son los elementos epistémicos específicos o moleculares que se reconocen en el desarrollo del texto (operacionalmente corresponderían a las diferentes oraciones o sub-oraciones). La unidad cognitiva compleja (generalmente hay una por texto, al final o al comienzo del mismo) expresa la idea integradora que atraviesa todo el texto; constituye una suerte de síntesis del contenido general del mismo. Hay que aclarar, que no necesariamente se encuentra una formulación explícita de unidad cognitiva compleja o síntesis integradora en un texto, lo que no quita que el tutor pueda elaborarla espontáneamente.

Algunos autores (Coll et al., 2008) distinguen unidades cognitivas intermedias entre las unidades simples y las complejas, las cuales reciben el nombre de episodios o unidades sub-temáticas. En el modelo que proponemos se prescinde de estas unidades intermedias, aunque es posible adicionarlas de manera complementaria. El énfasis en las unidades cognitivas simples está justificado por el análisis cuantitativo y altamente discriminante que propone el modelo.

A su vez, las unidades cognitivas simples pueden clasificarse en centrales y periféricas. Las primeras conciernen a aquellas unidades que hacen al núcleo cognitivo del tema y que resultan imprescindibles para la comprensión del texto (y, por lo tanto, deberían estar presentes en la enseñanza). Las segundas, en cambio, son aquellas que conciernen a información accesoria, la cual no es necesaria para la comprensión del texto, y por lo tanto, pueden estar ausentes en la enseñanza.

A los fines de una discriminación confiable de las unidades cognitivas simples, y su diferenciación en centrales y periféricas (y en originales y reiteraciones), es aconsejable un control intersubjetivo de esta discriminación. El mismo puede realizarse a través de la aplicación del coeficiente de consistencia Kappa aplicado a las versiones de por lo menos dos jueces intervinientes.

Tomando como base el texto experto, el discurso tutorial desarrolla enunciativamente las unidades cognitivas del mismo. Por lo tanto, lo primero que se debe hacer es analizar la correspondencia entre este discurso tutorial enunciativo y el texto de referencia; así, es posible diferenciar entre unidades cognitivas enunciativas coincidentes con el texto (simples y complejas, y dentro de las primeras las centrales y las periféricas), de las no coincidentes, que pueden ser llamadas unidades cognitivas ampliadas. Estas últimas están compuestas por aportes cognitivos del tutor no extraídos del texto, tales como reflexiones, información adicional, ejemplos u otros agregados cognitivos externos al texto. Del mismo modo que las unidades cognitivas presentes en el texto-fuente, las unidades ampliadas podrían subdividirse en centrales y periféricas. Es de fundamental importancia, como se verá luego, a los fines de evaluar la calidad de la enseñanza, constatar la presencia de unidades cognitivas complejas que recuperen la unidad de sentido del texto, ya sea que estén explicitadas en el mismo o adicionadas por el tutor-enseñante. Habría que agregar que en el discurso enseñante enunciativo es común la presencia de unidades no específicamente cognitivas, tales como comentarios no pertinentes, valorizaciones afectivas u opiniones sin fundamento.

En síntesis, el modelo analítico del discurso enseñante no experto propuesto tiene las siguientes características: a) está centrado en el análisis del discurso del tutor, y en este sentido se diferencia de los modelos analíticos del discurso experto que, como se dijo anteriormente, normalmente analizan la interacción discursiva entre profesor y alumnos; b) es un modelo analítico con una finalidad universalista, es decir, aplicable al análisis de cualquier proceso tutorial epistémico. En este sentido, difiere de los criterios analíticos ad hoc que se formulan en algunos estudios en función de un objetivo de investigación específico o atados a una episteme particular; c) el modelo es específicamente válido para procesos tutoriales de enseñanza epistémica, no así para tutorías referidas a aspectos no epistémicos, como por ejemplo enseñanza de habilidades, reglas de realización de determinada tarea, hábitos de estudio, apuntalamiento de la lectura y escritura, etc.; d) las categorías de codificación del discurso enseñante son precisas y están definidas a través de indicadores empíricos muy concretos, lo que evita tener que apelar a criterios interpretativos o hermenéuticos que impliquen la posibilidad de sesgos; e) el universalismo al que se aludió antes no se refiere sólo a las categorías analíticas, sino también al nivel de medición de las mismas, ya que en todos los casos se apela a escalas continuas de 0 a 1, lo que permite comparabilidad multitemática y multipoblacional; f) tanto en las dimensiones, como en las subdimensiones analíticas propuestas, se evita el solapamiento entre ellas, muy frecuente en los análisis de discurso enseñante existentes. El solapamiento es un sesgo que consiste en pretender analizar dimensiones y subdimensiones distintas, cuando en realidad algunos elementos del análisis de unas se repiten o se superponen con los de otras. En otras palabras, el modelo que se propone plantea el carácter excluyente entre las dimensiones y subdimensiones consideradas.

Por todo lo dicho, el modelo se inscribe dentro de una tradición metodológica cuantitativa, tanto por el hecho de proponer indicadores empíricos objetivos del análisis, como por el hecho de apelar a escalas continuas de medición 0-1 y al cómputo estadístico, lo cual habilita la posibilidad de comparabilidad entre discursos enseñantes distintos. En esto el modelo se diferencia de las propuestas cualitativas, que normalmente quedan circunscriptas al discurso específico del caso que se analiza.

Modelo categorial propuesto para el análisis del discurso tutorial

El modelo contempla la distinción de dos dimensiones fundamentales: análisis de la cualidad de la enseñanza y análisis de la calidad de la enseñanza.

Dimensión cualidad de la enseñanza

Se reconocen dos subdimensiones: modalidad o estilo de enseñanza y correspondencia con el texto original.

1. Análisis de la modalidad o estilo de enseñanza

Tradicionalmente, se reconocen dos estilos básicos de enseñanza (Roselli, 2007; Roselli, 2010): expositivo y participativo, al que se podría agregar una modalidad mixta. El estilo participativo responde a un paradigma socio-constructivista de la enseñanza, caracterizada ésta como una negociación de significados a través de la interacción entre tutor y tutorados. En este contexto, el tutor alienta permanentemente la intervención de los tutorados, por lo que el conocimiento emerge en forma dialógica, integrando tanto los aportes del tutor como de los tutorados.

El estilo expositivo, por el contrario, responde a un paradigma de la instrucción centrada en el tutor y en la transposición didáctica que él realiza de una fuente epistémica externa a la situación. Esta traducción epistémica es hegemónica y sujeta a su propia lógica. En esta modalidad, la interacción entre tutor y tutorados es escasa, restringiéndose sólo a la formulación de preguntas de certificación de comprensión (en el caso del tutor) o a requerimientos de aclaración conceptual (en el caso del tutorado).

El estilo mixto es una combinación de los dos estilos aludidos. En verdad, más que de estilos excluyente, correspondería hablar de un continuum entre ambos polos, ubicándose cada modalidad docente dentro del mismo.

1.1. Relación entre las unidades dialógicas o comunicacionales y el aporte cognitivo del tutor.

Las unidades dialógicas o comunicacionales son los intercambios que se producen entre tutor y tutorado. Este intercambio puede ser más o menos fluido. Una unidad dialógica puede estar iniciada por el tutor (requerimiento de participación cognitiva) o el tutorado (aporte cognitivo espontáneo); lo que cuenta es que de lugar a un intercambio, o sea que sea retomada por el alter. Una reflexión del tutorado, que se pierde sin ser retomada por el tutor, o una pregunta que hace el tutor y que el tutorado no responde no es una unidad dialógica o comunicacional. Tampoco pueden considerarse unidades dialógicas (o en todo caso se excluyen de esta subdimensión) el intercambio tutor-tutorado referido específicamente a la certificación de comprensión o requerimiento de explicación (este aspecto concierne a la calidad de la enseñanza más que a la cualidad). Obviamente, el estilo participativo implica mayor cantidad de estas unidades conversacionales; in extremis se puede pensar en una ausencia total de estas unidades.

Pero lo que importa no es tanto la cantidad de unidades dialógicas sino la distribución del aporte cognitivo del tutor en las mismas, o sea el peso cognitivo (cantidad de unidades cognitivas) que el tutor vuelca en estos segmentos comunicacionales. No es lo mismo una enseñanza que da lugar a diez intercambios dialógicos que implican un rico aporte cognitivo del tutor, que una enseñanza con la misma cantidad de estos intercambios pero de escaso aporte cognitivo de parte del tutor. Es por ello que la cantidad de unidades comunicacionales debe ponerse en relación con la densidad cognitiva que el tutor imprime a sus intervenciones.

Ésta es una manera indirecta de comparar la cantidad de aporte cognitivo efectuada por el tutor con la del tutorado, ya que en este modelo el análisis no se focaliza en el intercambio discursivo tutor-tutorado, sino en el discurso del tutor.

La fórmula propuesta es la siguiente:

N° de intercambios dialógicos entre tutor y tutorados

N° total de unidades cognitivas aportadas por el tutor

El coeficiente resultante puede oscilar entre 0 y 1, siendo 0 el extremo Expositivo (al aporte cognitivo del tutor se realiza con nulo intercambio) y 1 el extremo Participativo (las unidades cognitivas aportadas por el tutor se distribuyen o fragmentan en una igual cantidad de unidades comunicacionales).

1.2. Relación entre la densidad de las contribuciones recíprocas

Además de la distribución del aporte cognitivo del tutor en función de los distintos segmentos dialógicos, interesa también la relación entre el peso comunicacional del tutor y del tutorado, siempre que se trate de intervenciones pertinentes al desarrollo temático (no necesariamente cognitivas). Se trata simplemente de medir la densidad o peso de ambas contribuciones, y para ello la forma más directa es través del cómputo de palabras pronunciadas por cada uno.

La fórmula propuesta sería la siguiente:

Cantidad de palabras (pertinentes) pronunciadas por el tutorado durante la enseñanza

Cantidad de palabras (pertinentes) pronunciadas por el tutor durante la enseñanza

El coeficiente resultante varía entre 0 (hipotética nulidad de intervención del tutorado) y 1 (hipotética igualdad de ambas contribuciones).

Es posible calcular un coeficiente integrado de 1.1. y 1.2. , sumando ambos y dividiéndolo por dos.

2. Correspondencia con el texto original

Esta dimensión del análisis concierne a la correspondencia entre el discurso del tutor y el texto-fuente. Esto implica un reconocimiento de dos modalidades básicas de enseñanza: la que se atiene escrupulosamente a la episteme ofrecida y la que hace un desarrollo más libre y propio de la misma. Esto no implica una relación directa con las modalidades expositiva y participativa, ya que ambas pueden implicar una sujeción mayor o menor a la fuente epistémica. Tampoco se relaciona con la calidad de la enseñanza.

Es posible diferenciar tres subdimensiones.

2.1. Correspondencia secuencial

Esta subdimensión apunta a determinar el grado de correspondencia existente entre el orden secuencial de las unidades cognitivas aportadas por el tutor en su desarrollo docente y el orden secuencial de las unidades cognitivas del texto-fuente. Hay que tener presente que sólo interesa la coincidencia (o no-coincidencia) ordinal entre las unidades cognitivas recuperadas por el tutor y las del texto-fuente, independientemente de si esta recuperación es mucha o escasa. Lo que importa no es la coincidencia de contenido entre tutor y texto, sino la secuencia relativa en la que son recuperados. Así, suponiendo un caso hipotético de 6 unidades cognitivas presentes en el texto-fuente y de una recuperación de sólo 3 unidades cognitivas por parte del tutor, la correspondencia será total (1 punto) si esas 3 unidades se alinean secuencialmente en el mismo orden en que aparecen en el texto-fuente. En este cálculo tampoco intervienen las unidades cognitivas ampliadas que puede aportar el tutor.

La fórmula correspondiente es la que sigue:

Cantidad de coincidencias secuenciales entre tutor y texto-fuente

Cantidad de unidades cognitivas recuperadas por el tutor

El coeficiente que se obtenga variará entre 0 y 1, siendo 0 ausencia de correspondencia secuencial y 1 correspondencia total.

2.2. Correspondencia lingüística

Esta subdimensión se focaliza en la correspondencia entre la verbalización empleada por el tutor en la enseñanza de las unidades cognitivas que recupera del texto-fuente y la formulación lingüística de éstas en dicho texto. Si no se dispone de algunos de los programas de análisis textual del discurso (que permitirían un análisis sintáctico), una de las formas más simples es relevar en cada una de las unidades cognitivas recuperadas por el tutor las palabras que son sintácticamente centrales en la semántica discursiva: los sustantivos, los verbos, los adjetivos y los adverbios (no así los artículos y las preposiciones), haciendo un cotejo con las del texto-fuente. Esta correspondencia no necesariamente debe ser completamente idéntica, con tal de que se preserve la raíz lingüística. Finalmente, después de este relevamiento de coincidencias para cada unidad cognitiva recuperada por el tutor, se puede hacer una comparación del total de correspondencias.

El procedimiento se resume en esta fórmula:

Cantidad de palabras centrales empleadas por el tutor coincidentes con las del texto-fuente, en el total de las unidades cognitivas recuperadas

Cantidad de palabras centrales presentes en el texto-fuente, en el total de las unidades cognitivas recuperadas.

También aquí el coeficiente oscila entre 0 (coincidencia lingüística nula) y 1 (correspondencia lingüística total).

2.3. Ampliación del contenido

La presencia de UC ampliadas, esto es, las que agrega el tutor de su propia cosecha, sean estas centrales o periféricas, es un indicador inverso de correspondencia con el texto, en el sentido de que una alta cantidad de ampliaciones indica un alejamiento del texto-fuente. Es lógico suponer que cuando se trata de una transposición didáctica de una formulación epistémica escrita a una enunciación comunicativa oral, se recurra a elementos adicionales ampliatorios tendientes a generar una red conceptual comprensiva. De lo que se trata es de la diferencia entre registro conceptual escrito (dirigido a un destinatario anónimo) y formulación comunicacional oral (dirigida a un sujeto o sujetos concretos).

La fórmula a utilizar para medir esta subdimensión será pues la siguiente:

Cantidad de unidades cognitivas ampliadas aportadas por el tutor

Cantidad de unidades cognitivas del texto fuente recuperadas por el tutor

En este caso, el coeficiente 0 significa ausencia de ampliación, en tanto que el coeficiente 1, alta o máxima ampliación. En este caso, lo aconsejable es reconvertir la escala, de manera que 0 represente la ausencia de correspondencia con el texto fuente y 1 la mayor correspondencia.

Del mismo modo que se propuso para la subdimensión “modalidad/estilo de enseñanza”, es posible calcular un coeficiente único de correspondencia con el texto original. Dicho coeficiente resultaría de la suma de los tres coeficientes parciales, dividido por 3.

Dimensión calidad de la enseñanza

Para el análisis de la calidad de la enseñanza, se proponen tres subdimensiones.

1. Recuperación de contenidos centrales enseñados

1.1. Unidades cognitivas simples centrales

Se considera como criterio de calidad el grado de recuperación que hace el tutor de las unidades cognitivas centrales presentes en el texto-fuente. Una mayor recuperación de dichas unidades centrales habla de una mayor calidad de la enseñanza. Por el contrario, la omisión de muchas unidades centrales es un indicador de una enseñanza deficiente.

Corresponde aclarar que en esta subdimensión no se considera a las unidades cognitivas periféricas, las que tienen un papel secundario en el desarrollo conceptual.

La formula que corresponde para el análisis de esta subdimensión es la siguiente:

Cantidad de UC centrales recuperadas por el tutor

Cantidad de UC centrales del texto fuente.

El coeficiente resultante variará entre 0 (valor extremo de la mala calidad de la enseñanza) y 1 (valor extremo de la buena calidad de la enseñanza).

1.2. Unidad(es) cognitiva(s) compleja(s)

La presencia de unidades cognitivas sintetizadoras tiene un gran peso a la hora de definir la calidad de una enseñanza. Es posible diferenciar cuatro posibilidades básicas:

a. Omisión por parte del tutor de la unidad cognitiva compleja presente en el texto fuente, lo que indicaría mala calidad de la enseñanza. Obviamente, si existiese en éste más de una cognitiva compleja, correspondería relativizar el valor de la calidad de la enseñanza en función de la cantidad de las omisiones.

b. Recuperación por parte del tutor de la(s) unidad(es) cognitiva(s) compleja(s) presentes en el texto fuente

c. Omisión por parte del tutor de referencia a la(s) unidad(es) cognitiva(s) compleja(s), pero que tampoco aparece(n) en el texto-fuente.

d. Aporte del tutor de unidad(es) cognitiva(s) compleja(s) que no aparecen en el texto fuente, lo que sería un indicador extremo de la buena calidad de la enseñanza.

En términos de una escala discreta, haciendo referencia al caso típico de presencia de una sola unidad cognitiva compleja en un texto, la posibilidad A tendría un valor 0, las posibilidades B y C tendrían un valor 0.5, y la posibilidad tendría un valor de 1.

2. Grado de corrección de los aportes del tutor

Esta subdimensión se refiere al nivel de corrección de cada uno de los aportes que realiza el tutor. Así, un discurso enseñante en el que todas las unidades cognitivas del tutor sean correctas, indicaría el extremo de máxima calidad. Viceversa, una hipotética incorreción de todos los aportes, expresaría el nivel máximo de mala calidad. Se reconocen dos tipos de incorreción; la mas grave es el error de significado, que implica afirmar algo que es opuesto a la significación correcta que aparece en el texto-fuente; existen errores menos graves, que pueden ser gramaticales, sintácticos o menciones erróneas de cifras y/o nombres referidos en el texto-fuente.

Una forma adecuada de preservar esta diferencia de gravedad es diferenciar la corrección total de una unidad cognitiva de la corrección parcial, que implica reconocer la mitad del valor de corrección de dicha unidad cognitiva (independientemente de la cantidad de errores parciales que puedan identificarse en la misma). Por lo dicho, una unidad cognitiva aportada por el tutor puede ser totalmente correcta, y en ese caso se computa 1; en cambio, una unidad cognitiva parcialmente correcta se computa 0.5. De este modo, solo quedarían catalogadas como unidades cognitivas incorrectas aquellas que poseen error de significado, las cuales tendrían un valor 0.

De acuerdo a lo dicho, la formula pertinente para el cálculo de esta subdimensión sería la siguiente:

Cantidad de unidades cognitivas total o parcialmente correctas del discurso tutorial

Cantidad de unidades cognitivas aportadas por el tutor

El coeficiente resultante variará entre 0 (extrema incorreción) y 1 (extrema corrección).

3. Preocupación por el aprendizaje

Esta subdimensión busca identificar si el tutor se preocupa o no por el aprendizaje de su(s) tutorado(s), o sea, por la correcta comprensión de los contenidos enseñados. Los indicadores más comunes de esta preocupación, por parte del tutor, son los siguientes:

a. Pregunta inquiriendo por la comprensión del contenido enseñado

b. Atención satisfactoria de requerimientos de repetición o de mayor explicación de los contenidos enseñados efectuados por el tutorado.

c. Re-explicación espontánea de un contenido enseñado efectuado por el tutor.

Lógicamente, la cantidad de estos indicadores que se constatan en el discurso enseñante debe guardar relación con la cantidad de contenidos enseñados, esto es, la cantidad de unidades cognitivas centrales (incluyendo las simples centrales y la(s) cognitivas compleja(s) aportadas por el tutor, ya sea que hayan sido recuperadas del texto-fuente o adicionadas por el tutor.

La fórmula del cálculo que se propone para la medición de esta subdimensión es la siguiente:

Cantidad de indicadores de preocupación por el aprendizaje.

Cantidad de unidades cognitivas centrales (tanto simples como complejas) aportadas por el tutor

Coeficiente resultante puede varias entre 0 (ausencia total de preocupación por el aprendizaje) y 1 (máxima preocupación por el aprendizaje).

Del mismo modo que se calcularon coeficientes integrados para las subdimensiones estilo de enseñanza y correspondencia con el texto original, dentro de la dimensión del análisis de la cualidad de la enseñanza, se puede también calcular un coeficiente unitario de dicha calidad, integrando los coeficientes de las tres subdimensiones consideradas: recuperación de contenidos centrales enseñados, grado de corrección de los aportes del tutor y preocupación por el aprendizaje. Este coeficiente unitario resultaría de la sumatoria de los valores de los tres coeficientes subdimensionales, dividido por el número de subdimensiones, o sea, 3.

Otra cuestión que también hace a la calidad del discurso del tutor es la coherencia lógico-epistémica del mismo, pero este aspecto no forma parte del modelo propuesto ya que la medición de la coherencia implica la intervención de criterios hermenéuticos de evaluación que el modelo no considera.

Conclusiones

El sistema categorial propuesto fue pensado específicamente para el caso de la tutoría entre pares. Esto no quiere decir que muchas de las categorías no puedan utilizarse para el análisis de la tutoría experta. Sin embargo, la tutoría no-experta tiene características propias; quizás la más importante sea que no tiene “marcaje social”, o sea que no es una condición socialmente natural en lo que hace a la enseñanza epistémica institucionalizada, y en este sentido es una especie de rol-playing. De esto se deriva que la experticia del tutor del tema que enseña está fuertemente vinculada a un texto-fuente que le ha sido provisto o a una clase de un experto real. En otras palabras, se trata de una experticia de amplitud limitada, sobre todo si existe igualdad etaria o de grupo escolar. Como se dijo en la introducción, estas particularidades intrínsecas de la tutoría de pares habilitan a hipotetizar ventajas y desventajas para el tutor y el tutorado, pero esto no ha sido el objeto de este trabajo.

El modelo metodológico propuesto para el análisis de la tutoría no-experta, pensado específicamente para la enseñanza de un tema epistémico en un contexto educativo formal y de igualdad etaria, se basa en la distinción de dos dimensiones fundamentales: la cualidad y la calidad de la enseñanza, reconociendo dentro de cada una distintas subdimensiones. Los puntos fuertes y las limitaciones del modelo pueden resumirse así:

Fortalezas

Limitaciones

Aunque no estuvo entre los objetivos de la presente investigación, esencialmente metodológica, queda abierta la posibilidad futura de estudios destinados a comparar el proceso de enseñanza experta con el de la enseñanza no-experta, así como los efectos de aprendizaje logrados por ambas, y específicamente por los distintos niveles de calidad de la segunda.

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