Hacia una psicología social en la gestión del riesgo de desastres1

Towards a social psychology in disaster risk management

William Oswaldo Gaviria Gutiérrez2 y Lina Andrea Zambrano Hernández3

Resumen

Este artículo de investigación expone la experiencia de la Escuela de Psicología de la Universidad de Manizales en materia de atención psicosocial a emergencias y desastres y su posterior tránsito a la gestión del riesgo de desastres, desde los postulados de la Psicología Social Comunitaria. Plantea reflexiones sobre la tensión intra-disciplinar que precisa la psicología en clave de problematización teórica, praxeológica y ético-política. Es una investigación cualitativa con enfoque histórico-hermenéutico, primando como técnica el análisis de contenido de entrevistas, diarios de campo, trabajos de grado y un grupo focal. Concluye que el saber psicológico no puede limitarse sólo a los momentos de atención y recuperación en situaciones de emergencia y desastre: es necesario vincular la psicología en los escenarios de enunciación prospectivos y correctivos del riesgo de desastres. Enfatiza la importancia de la equivalencia epistemológica entre el pensar académico e institucional y el saber comunitario, resaltando la responsabilidad de las comunidades en la edificación de sus realidades.

Palabras clave: comunidad, gestión del riesgo, desastre, atención psicosocial.

Abstract

This research article exposes the experience of the School of Psychology of the Manizales University in the field of psychosocial attention to emergencies and disasters and its subsequent transition to disaster risk management, from the postulates of Community Social Psychology. It raises reflections on the intra-disciplinary tension that psychology requires in terms of theoretical, praxeological and ethical-political problematization. It is a qualitative research with historical-hermeneutic focus, prioritizing the content analysis of interviews, field journals, degree works and a focus group as a technique. It concludes that psychological knowledge can´t be limited only to moments of attention and recovery in emergency situations and disasters: it is necessary to link psychology in the scenarios of enunciation prospective and corrective of disaster risk. Emphasizes the importance of epistemological equivalence between academic and institutional thinking and community knowledge, highlighting the responsibility of communities in the construction of their realities.

Keywords: community, risk management, disaster, psychosocial care.

Para citar este artículo

Gaviria, W.O. y Zambrano L.A. (2019). Hacia una psicología social en la gestión del riesgo de desastres. Tempus Psicológico 2(1), 109-129. doi: 10.30554/tempuspsi.2.1.2569.2019

Recibido: 06.03.2018 – Aceptado: 05.04.2018

Artículo de investigación

ISSN - 2619-6336

1 Resultado de la investigación “Actuación psicosocial en gestión del riesgo de desastres: un aporte desde el análisis de contenido. Programa de Psicología, Universidad de Manizales 1985 – 2015”. Financiado por el Centro de Investigaciones y Posgrados de la Universidad de Manizales. Apartados de este artículo fueron presentados bajo la modalidad de ponencia en el “Foro REDULAC capítulo Colombia –El papel de la universidad en los procesos sociales de la gestión del riesgo de desastres-“desarrollado en Manizales el día 19 de agosto de 2017 bajo el título “Psicología social comunitaria de la gestión del riesgo de desastres. Marcos teóricos y praxeológicos”

2 Psicólogo. Maestrante en Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente. Docente investigador, Universidad de Manizales. 0000-0003-4228-4665. Correo: wgaviria@umanizales.edu.co

3 Psicóloga. Magíster en Salud Pública. Docente investigadora. Universidad de Manizales.
000-0001-8675-3203. Correo: lzambrano@umanizales.edu.co

Introducción

El fenómeno de los desastres es un objeto de estudio crucial en la actualidad. Identificar y comprender el impacto que los desastres producen en las personas, en las comunidades y en la dinámica institucional, es un reto para los científicos sociales en los últimos años (Zambrano y Gómez, 2015), lo que crea tensiones comprensivas que procuran transitar de una atribución natural del desastre a su construcción social (Narváez, Lavell y Pérez, 2009; Calderón, 2011).

Esta transición procura resignificar un pasado en el que se ha establecido una relación de equivalencia entre un fenómeno natural y un desastre, y las personas parecen tener un rol pasivo ante las situaciones de crisis. Una definición ampliamente divulgada sobre el desastre, en la cual se identifica la ausencia de responsabilidad del hombre en su ocurrencia, concibe el ambiente natural como un medio hostil para la vida, como lo señala Assar (1971) que propone un conjunto de aspectos en relación con el saneamiento y los “desastres naturales”, en la perspectiva de la Organización Mundial de la Salud –OMS–. Al respecto el autor indica que:

Un desastre natural es un acto de la naturaleza de tal magnitud que da origen a una situación catastrófica en la que súbitamente se desorganizan los patrones cotidianos de vida y la gente se ve hundida en el desamparo y el sufrimiento; como resultado de ello, las víctimas necesitan víveres, ropa, vivienda, asistencia médica y de enfermería, así como otros elementos fundamentales de la vida, y protección contra factores y condiciones ambientales desfavorables (p. 14).

Esta postura sobre el desastre se integró a las dinámicas humanas, y promovió la concepción de que la naturaleza recibe atribuciones de recurso vital cuando favorece la dinámica humana, pero es un enemigo en la medida que lesiona los designios de este (Da Cruz, Próspero, Francia y Cob, 2003; Romero y Romero, 2015).

Numerosas investigaciones se han adelantado con el fin de comprender el fenómeno de los desastres, resignificar la premisa de que los “desastres son naturales”, e identificar la influencia humana en la materia. Así, se encuentran los trabajos adelantados por Maskrey1 (1993), Lavell y Franco (1996), Blaikie, Cannon, Davis y Wisner (1996), Campos (2000), Narváez, Lavell y Pérez (2009), Lavell y Maskrey (2013), Zambrano y Gómez (2015), Ramírez, Zambrano, Gutiérrez, Carvajal y Armijos (2017), entre otros, cuyos aportes a la comprensión del fenómeno de los desastres implican:

  1. Reconocer que el ser humano es un agente constructor de situaciones de emergencia y desastres.
  2. La naturaleza es un actor territorial de capital importancia para el desarrollo y por consiguiente deben respetarse sus dinámicas.
  3. Los desastres son una expresión de los problemas estructurales de un país.
  4. Las comunidades construyen una memoria sobre sus riesgos y con base en la misma definen su accionar.

Si bien los avances investigativos señalan la importancia de reformular las comprensiones sobre los desastres, construir nuevas formas de enunciación ha originado una gran variedad de bifurcaciones, de modo que no es claro cómo la Psicología puede aportar a la lectura del fenómeno y al trabajo relacionado con él, teniendo en cuenta que las sinergias propuestas entre esta disciplina y el fenómeno de los desastres están ampliamente impregnados por un trabajo de la psicología centrado en la atención y la recuperación ante situaciones de desastre (Guerrero, 2013; Gaborit, 2006, De la Barra y Silva, 2010).

Se crea, entonces, una tensión intradisciplinar que invita a revaluar la teoría y praxis de esta ciencia en materia de desastres y gestión del riesgo. La aplicación del saber psicológico no puede ser limitada solo a los momentos de atención y recuperación. La comprensión de la dinámica psíquica individual y colectiva debe trascender las lecturas de su afectación en situaciones de crisis, para integrarlas a prevención y la reducción del riesgo de desastres, lo que contribuye a minimizar los posibles daños y evitar pérdida de vidas humanas.

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Teniendo en cuenta la extensión de los documentos construidos en la materia se sugiere revisar publicaciones de la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina, Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Narváez, Lavell y Pérez (2009) sostienen que el riesgo es una construcción social; reconocen que “el ambiente presenta una serie de posibles eventos físicos que pueden ser generados por la dinámica de la naturaleza,

pero su transformación en amenazas reales para la población está intermediada por la acción humana” (p. 11). En consecuencia, el desastre no es un castigo divino o de la madre naturaleza (Maskrey, 1993), sino una situación promovida por las dinámicas económicas, políticas, sociales y culturales.

Así, bajo la premisa de que la psicología se ocupa de describir y comprender las dinámicas de la psique humana, el comportamiento de los grupos sociales, las formas de subjetivación y objetivación, sería un reduccionismo fatalista delimitar su accionar solo en los momentos de intervención y recuperación en crisis posdesastre. Se requiere, pues, una problematización ético-política para abordar las relaciones que provcan riesgos de desastre, y poner el saber psicológico, como lo indica Martín-Baró (1977), “al servicio de la construcción de una sociedad donde el bienestar de los menos no se asiente sobre el malestar de los más” (p. 177).

El presente artículo centra su interés en el transitar que ha tenido la Escuela de Psicología de la Universidad de Manizales, en la atención psicosocial en emergencias y desastres y la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD), esto último respecto a preceptos de la Psicología Social Comunitaria. Para ello se sistematizó la experiencia en la materia desde 1985 hasta el segundo semestre de 2017 .

Marco conceptual

La gestión del riesgo se basa en una mirada compleja del fenómeno de los desastres. Inicia sus disertaciones, especialmente en Latinoamérica, en los años noventa (Gellert, 2012; Narváez, Lavell y Pérez, 2009), revaluando las narrativas subyacentes al “desastre natural” y planteando una visión contra-hegemónica a las atribuciones “divinas” o “superiores” que se habían manejado tradicionalmente. Llama a la responsabilidad antrópica frente a estas situaciones. Además, invita a un pensamiento crítico sobre los abordajes políticos, económicos y culturales en este campo. Al respecto, Narváez, Lavell y Pérez (2009) definen la gestión del riesgo como:

Un proceso social cuyo fin último es la previsión, la reducción y el control permanente de los factores de riesgo de desastre en la sociedad, en consonancia con, e integrada al logro de pautas de desarrollo humano, económico, ambiental y territorial, sostenibles (p. 33).

En esta forma, el foco de análisis transita del desastre a los procesos sociales constructores o reductores de riesgo, pues la gestión del riesgo es un ejercicio continuo en el que inciden las dinámicas socioambientales. Se precisan así tres subprocesos que dan vida a esta integralidad, el primero es la gestión del riesgo prospectiva que “atiende la preocupación por la creación del riesgo futuro […] trabaja en evitar procesos y decisiones actuales que podrían potencialmente desencadenar condiciones de riesgo” (Narváez, Lavell y Pérez, 2009, p. 41). Con ello se sugiere un tempus relacional versado en la concepción del futuro cuando las formas de vida no se ven afectadas por los caminos existenciales trazados en el presente, es decir que implica una dialéctica en la que tienen eco las “negociaciones de intereses y desarrollo para cada una de las partes” (Ramírez et al., 2017, p. 51) en una apuesta de sostenibilidad que no oculte las expresiones vitales. Se trata de promover la conciencia para reconocer los modos de vida y habitar de los integrantes del entorno, en procura homeostática. Ahora bien, como toda dinámica relacional es fluctuante y está impregnada por interacciones sociales, es posible que ocurran riesgos que no fueron previstos.

Entonces, se da un segundo subproceso, la gestión del riesgo correctiva, entendida como:

…el conjunto de acciones tendientes a reducir el riesgo ya existente, ya sea que este resulte de prácticas y decisiones inadecuadas de uso y ocupación de territorio, y/o por cambios ambientales o sociales que tuvieron lugar con posterioridad al desarrollo original de una comunidad (Narváez, Lavell y Pérez, 2009, p. 41).

Esto implica un actuar comunitario, institucional y académico mediado por una reflexión sobre las maneras de interrelación que se adelantan en el territorio, la historicidad construida en dicho vínculo y el espíritu de época que habita en el tiempo-espacio de desarrollo comunitario. Por último, cuando el riesgo se ha materializado, es preciso adelantar acciones para la atención, rehabilitación y recuperación de los actores territoriales implicados, es entonces cuando la gestión del riesgo reactiva toma relevancia (Narváez, Lavell y Pérez, 2009).

Concebir el riesgo como elemento principal de análisis, y concebir su reducción por las acciones sociales es una propuesta liberadora, porque la acción humana adquiere un ejercicio constructor. Bajo esta premisa, la psicología social comunitaria encuentra un nicho propicio para teorizar, actuar y promover la transformación social en la materia, porque esta disciplina se preocupa por:

…el desarrollo de comunidades autogestoras para la solución de sus problemas; estudia para ello las relaciones de poder y de control sobre las circunstancias de vida, su efecto sobre procesos psicosociales y […] se orienta hacia la intervención crítica para la transformación social (Montero, 2004, p. 35).

La psicología social comunitaria, trasciende la perspectiva positivista de relación con el otro como un objeto, o como un sujeto sujetado. Más bien, concibe la comunidad como un agente activo, autodefinido, que estructura su propia realidad (Montero, 2004; Martín-Baró, 1998) y, en consecuencia, responsable de ella. No obstante, no niega la influencia de estructuras meso y macrosociales que pueden influir en la gestión comunitaria, pues se han desarrollado dinámicas que “ponen en las manos de uno pocos un inmenso poder” (Martín-Baró, 1998, p. 179).

Consciente de la complejidad de los desastres, esta disciplina propicia un actuar crítico, contextuado, que reconoce y potencia el diálogo de saberes como vía para la transformación (Montero, 2004). Así, el psicólogo social comunitario accede a la comprensión epistémica y ontológica de sus interlocutores, de modo que no impone su conocimiento al de las comunidades, sino que lo pone en tela de juicio y construye con los otros formas nuevas de realidad. Así lo resalta Montero (2004):

…el rol del psicólogo comunitario se definió no como el de un experto, dueño del saber, que se relaciona con alguien que no sabe, sino como el de alguien que posee un saber que le permite actuar, pero que a la vez necesita del saber poseído por ese interlocutor (p. 82).

En esta forma, es posible la sinergia entre la GRD y la Psicología Social Comunitaria, puesto que ambas posturas persiguen el bienestar social, el respeto ambiental y la liberación de las comunidades. Se trata de una liberación del fenómeno de los desastres, que es construido por prácticas que han sido naturalizadas, y ante el cual solo podrán configurarse otras realidades a través de la des-ideologización del territorio como objeto, y comenzar a concebirlo como actor vivo que acciona y reacciona ante las dinámicas sociales.

Método

El proyecto fue de corte cualitativo, puesto que buscó profundizar en elementos determinados de la realidad social, teniendo en cuenta las configuraciones subjetivas que la modulan y la posibilidad de sus hallazgos (Bonilla y Rodríguez, 2005). Se adoptó un enfoque histórico- hermenéutico en el que se resaltó la interpretación de la palabra (hablada y escrita) y la historicidad que esta lleva implícita. Todo ello en perspectiva de investigación documental, cuya técnica fue el análisis de contenido (Hernández, Fernández y Baptista, 2014).

La investigación se desarrolló en cuatro fases tomando como referentes a Jara (1994) y Montero y Hochman (2005):

Dado lo anterior, la unidad de trabajo definida estuvo compuesta por:

Se precisa que en la selección de los datos se priorizó la identificación de posturas teóricas y formas de actuación en materia de GRD del Programa de Psicología.

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1 Se plantea entre paréntesis la forma en la cual se referenciará en el cuerpo del artículo, a su vez tendrá el consecutivo según cronología ET1. Los diarios de campo debido a su vasta extensión fueron condensados en la Tabla 1, y transversalizan los hallazgos, por lo cual no poseen una citación específica en este apartado.

Resultados

Historia del programa de psicología en materia de atención a emergencias y desastres

La actuación en materia de GRD de la Escuela de Psicología de la Universidad de Manizales empezó en 1986, en el marco de ls erupción volcánica del Nevado del Ruiz. La entonces Facultad de Psicología, une esfuerzos con la Fundación RESURGIR para abordar la recuperación psicosocial de la comunidad “Ciudadela del Valle”, ubicada en Chinchiná. De igual manera, en sinergia con el Comité de Cafeteros de Caldas y la Fundación Antioquia Presente adelanta procesos de rehabilitación psicológica y social con comunidades del municipio de Villamaría (Caldas) (González, 1992; González, 2012).

Teniendo en cuenta el reto que significaba para la psicología el abordaje de este tipo de situaciones, la Facultad organizó varios encuentros académicos para disertar sobre la actuación psicosocial que en la materia debería adelantarse, de igual forma, proyecta otros trabajos académicos en un afán de comprender lo sucedido, como lo refieren los entrevistados:

“Hubo tesis, hubo monografías, hubo seminario de grado, […] y apareció la psicología social comunitaria en la Facultad en esa época” (ET1).

“Cuando se da lo de Armero, aquí en la Universidad hay una movilización que lleva a formular para finales del 85 un seminario de grado en psicología comunitaria, ese seminario de grado ahí en psicología termina consolidando una manera distinta de observar el fenómeno de lo que estábamos viviendo nosotros de reconstrucción” (ET4).

La inquietud por el fenómeno de los desastres en Psicología no tuvo sostenibilidad en los años venideros para la Escuela, en la medida que solo se comienza a dialogar nuevamente sobre este tipo de comprensiones, utilizando como pretexto el sismo de 1999, que afectó los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda, con serias repercusiones para la ciudad de Armenia.

Tabla 1. Apoyo psicosocial en situaciones de emergencia y desastre de la Escuela de Psicología

Año

Evento

Participación del programa

1985

Erupción del volcán Nevado del Ruiz con afectaciones para comunidades en Armero (Tolima) y Chinchiná y Villamaría (Caldas)

Desde febrero del 1986 y de forma conjunta con la Fundación RESURGIR, el Comité de Cafeteros de Caldas y la Fundación Antioquia Presente se presta apoyo psicosocial a comunidades de Chinchiná y Villamaría (Caldas)

1999

Sismo con afectaciones para los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda

Movilización de docentes y estudiantes para facilitar apoyo psicosocial a comunidades del municipio de Pijao, Montenegro, Circasia, Finlandia, entre otros (Quindío)

2003

Se presentan aproximadamente 90 desplazamientos de tierra en la ciudad de Manizales, asociados a la ola invernal del momento.

Estudiantes y docentes de la Escuela de forma conjunta con la Cruz Roja Seccional Caldas bridan acompañamiento psicosocial a comunidades de los barrios 20 de Julio, Galán y Colombia. Santa Ana (Villamaría entre otros), así como a los integrantes de los organismos de socorro y grupos de apoyo.

2004

Deslizamiento en el barrio la Sultana de la ciudad de Manizales

Acompañamiento psicosocial por parte de estudiantes a las víctimas de la emergencia.

2005

Deslizamiento en el barrio Bosconia de la ciudad de Manizales

De forma conjunta con la Cruz Roja, estudiantes y profesores de psicología bridan apoyo psicosocial a las familias afectadas. Así como a los integrantes de los organismos de socorro y grupos de apoyo.

2006

Creciente en el sector de la Gruta

De forma conjunta con la Cruz Roja, estudiantes y profesores de psicología bridan apoyo psicosocial a las familias afectadas. Por fallecimiento de menores

2008

Derrumbe sector expoferias (barrio Chachafruto)

Trabajando de forma conjunta con la secretaria de salud se brinda apoyo psicosocial a las familias afectadas.

2011

Deslizamiento Villa Kempis

Trabajando de forma conjunta con la secretaria de salud se brinda apoyo psicosocial a las familias afectadas.

2011

Avalancha sector Maltería, zona industrial de la ciudad de Manizales

Trabajando de forma conjunta con la secretaria de salud se brinda apoyo psicosocial a las familias afectadas.

2011

Accidente de un bus de la empresa Bolivariano que cubría la ruta Bogotá-Manizales

Articula esfuerzos con la secretaria de salud del municipio, Cruz Roja, Defensa Civil, Bomberos, Grupo Especial de Rescate y la Fundación Búsqueda y Rescate para brindar apoyo psicosocial a las familias afectadas, así como a los integrantes de los organismos de socorro y grupos de apoyo.

2011

Deslizamiento en el barrio Cervantes de la ciudad

Acompañamiento psicosocial por parte de estudiantes y docentes a las víctimas de la emergencia, así como a integrantes de organismos de socorro y grupos de apoyo.

2017

Deslizamientos en 18 barrios de la ciudad de Manizales

Este ha sido el despliegue más grande que ha tenido la Escuela de psicología en su historia, movilizó, 41 docentes de psicología, 100 estudiantes y 40 egresados., para brindar apoyo psicosocial a más de 700 personas afectadas.

Fuente: Elaboración propia con base en la información recuperada de los Diarios de Campo, informes de atención psicosocial elaborados por la Escuela de Psicología y datos obtenidos en gestióndelriesgomanizales.com

Después de eso [refiriéndose a la experiencia en Armero] se empezó a enfriar y como que pasó de moda. Sólo catorce años después, en el año de 1999, cuando aparece el sismo del Quindío, es que se reactiva el tema. Entonces, en esa época el decano era G, lo que hace es recopilar la información, recoger toda la experiencia de lo que había sucedido en 1985 […] y armó un simposio (ET1).

Después de 1999, estudiantes y docentes del Programa de Psicología brindan apoyo psicosocial en situaciones de emergencia y desastres, específicamente a los eventos presentados en Manizales, así acompañan a las víctimas de deslizamientos, accidentes, inundaciones e incendios presentados en Manizales y Villamaría durante los años 2003, 2004, 2005, 2006, 2008, 2011, y 2017. La tabla 1 presenta una síntesis de los eventos sucedidos y en los cuales la Escuela de psicología ha tenido algún tipo de participación.

Esta movilización de profesores y estudiantes precisó de una organización interna: en el año 2000, nace la Brigada de Apoyo Psicosocial que, entonces, contaba con una docente encargada de coordinar acciones en atención de emergencias y desastres, con la vinculación ocasional de estudiantes y docentes. En 2004, cambia de nombre y se llama Brigada Psicosocial, por una lectura crítica de la acción que se estaba desarrollando hacía cuatro años.

“Nos sentamos a rayar una propuesta para el decano, que tuviera un componente investigativo, un componente formativo, un componente de proyección social y un voluntariado, que estaría alimentado, lógicamente por estudiantes de psicología. Rayamos la propuesta, armamos la propuesta la presentamos en una reunión de profesores” (ET1).

Esta perspectiva de agrupación vincula las tres funciones sustantivas de la Universidad: Docencia, Investigación y Proyección Social, y se propone como un escenario de reflexión-acción en la materia. Sin embargo, como se expresa en la entrevista, la respuesta de la Escuela de Psicología no fue la esperada:

“A todos nos gustó todas las propuestas, pero quedó frío, eso quedó frio, por la prioridad que seguramente tenían de la re acreditación, igual yo seguí con la idea, la seguí rayando, la seguí rayando, de ahí tuvimos la necesidad de hacerlo como más legal” (ET1).

A pesar de que la estructura organizacional que tenía el Programa de Psicología para ese momento no contemplaba este tipo de agrupaciones, no representó una limitación para gestar un colectivo dispuesto a trabajar: “…esta Universidad es una Universidad que en general es liviana; cuando hay que moverse para algo, ella automáticamente se dispone” (ET4).

En seis años de actuaciones de la Brigada Psicosocial, se han acumulado experiencias que permiten reflexionar sobre las acciones que se han adelantado puesto que “estos ejercicios aislados, de respuesta solidaria a situaciones de desastre en la región, fueron asistencialistas y generaron dependencia en las comunidades afectadas” (Zambrano y Gaviria, 2012, p. 58). En consecuencia, se crea la Organización Voluntaria Brigada Psicosocial, como un punto de inflexión, porque se realizan las dos primeras investigaciones en gestión del riesgo, se adelantan diplomados, seminarios y taller sobre el tema, se hacen alianzas nacionales e internacionales, y se recibe el Reconocimiento como experiencia exitosa y buena práctica para el fortalecimiento del voluntariado en emergencias y recuperación temprana, entregado en Perú (Zambrano y Gaviria, 2012).

Esta organización se divide en cuatro componentes coherentes con las funciones sustantivas de la institución: se tenía 1) Investigación, para formular y gestionar la producción de conocimiento; 2) Escuela psicosocial, encargada de adelantar procesos educativos y formación continuada para voluntarios y agentes externos en GRD desde una perspectiva psicosocial; 3) Compromiso social, en la agencia de los procesos de atención psicosocial en emergencias y desastres y prácticas estudiantiles y proyectos de desarrollo; 4) Compromiso político, para adelantar contactos nacionales e internacionales para establecer alianzas estratégicas en perspectiva de investigación, formación y proyección social.

Estos componentes estaban integrados por estudiantes de psicología que asumían el rol de coordinadores y componían los equipos de trabajo, la dirección general de esta organización estaba a cargo de una docente de la Escuela de Psicología, con este tránsito comienza “a vislumbrarse algo, y es pasar de la noción de atención de emergencias y desastres a la noción de gestión del riesgo” (ET2).

En el año 2014, se presenta una nueva modificación en este colectivo, por dos razones principales, la primera estaba asociada a las representaciones que se adjudicaba en el trabajo comunitario al término “brigada”, que tenía connotaciones militares, característica que distaba de la propuesta de actuación de sus integrantes. La segunda era una modificación estratégica que se gestó para buscar una mayor empleabilidad de los integrantes que obtenían el título profesional, de modo que el nombre fue cambiado por Equipo Psicosocial para la GRD, pero conservaba la misma estructura operativa.

Estas modificaciones de nombres y estructuras surgieron como respuesta a las reflexiones que constantes sobre la práctica:

“Llama la atención esa transición que hicimos, los sistémicos hablan de que la epistemología de segundo orden permite ver lo que no habíamos visto, cierto, esos puntos ciegos que no sabemos, que no sabemos, pero interesante que en el ejercicio referencial la transición fue tan extrañamente fluida, o sea pasar de una lógica asistencial a situarnos en elementos prospectivos, obviamente todo esto muy mediado por la investigación” (GF1).

El segundo componente que influyó en los cambios del Equipo fue la necesidad de acoplarse en el organigrama de la Escuela de Psicología, pues se buscaba reconocimiento e identificación de la Escuela, que hasta 2015 no fue posible tener. Se estimulaba continuar con las reflexiones y el trabajo que se venía adelantando, aunque no se encontraba la manera de visibilizar el Equipo como una organización, ello implicó alianzas con otros colectivos de la Universidad, como los grupos de investigación, y se nutría de los ejercicios de reflexión en el aula por medio de la estrategia de Proyectos de Actuación Psicológica (PAP)1.

Una psicología que trasciende la emergencia y el desastre

Desde 1986, el foco de actuación en materia de emergencias y desastres de la Escuela de Psicología estuvo concentrado en brindar acompañamiento psicosocial a las personas afectadas por estos fenómenos. Ahora bien, a partir del año 2010, la praxis disciplinar comienza a ser reinterpretada y se materializa en un programa ambiental cuyo escenario fue la comunidad del barrio 20 de Julio de Manizales. Entre sus propósitos, se encontraba contribuir al fortalecimiento comunitario para evitar situaciones de emergencia o desastre como las vividas en 2003. Además, fue un momentum investigativo donde se ponía en disertación el saber que en materia de emergencias y desastres venía construyendo la disciplina.

Este programa finaliza en el año 2016, y algunos de sus resultados fueron publicados con el nombre “De la Intervención a la Actuación Psicosocial: Un Proceso de Co-Creación en Gestión del Riesgo de Desastres con la Comunidad del Barrio 20 de Julio - Manizales (Caldas)” (Zambrano, Gaviria y Cardona, 2015), en el marco de un reconocimiento de experiencias significativas en salud mental que adelantó el Colegio Colombiano de Psicólogos.

Esta experiencia tomó los postulados de la psicología social comunitaria para su desarrollo. Así, el primer paso para ejecutar el programa fue un acercamiento a la comunidad, animado por el respeto y el reconocimiento de sus formas de organización. Por esta razón, el primer contacto se realizó con el líder comunitario.

“¿Por qué con el líder? por respeto a la comunidad, yo sé que hay líderes que son nominados mas no laboriosos, como diría mi abuela, pero, para mí es como el conducto regular, como un ejercicio respetuoso hacia la comunidad, de que yo primero antes de entrar a una comunidad, debo documentarme de que es la comunidad, como contextualizarme, todo, sus mapas, sus cosas, y ya luego contactar los lideres legales, así movilicen o no movilicen la comunidad” (ET1).

Este primer acto fue la piedra angular para la construcción de confianza, una forma de enunciación en la que los interlocutores tenían el mismo reconocimiento, el mismo estatus como actores generadores de cambio. De ahí que el primer paso, una vez los profesionales fueron aceptados en las dinámicas comunitarias, fue la elaboración de una cartografía social.

“La cartografía es como la radiografía emocional y social de una comunidad, con la cartografía yo quería recopilar la historia de lo que había sucedido en el barrio y de esa historia tomar la decisión, ellos como comunidad de que querían que nosotros trabajáramos con ellos, entonces las capas las deciden ellos inclusive, nosotros no decidimos las capas” (ET1).

Un elemento del diálogo de saberes impregna la actuación del Programa de Psicología en la GRD para trabajar con la comunidad del barrio 20 de Julio, se reconocen las voces de niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores y, a través de su experiencia, de ese “acto de reivindicar [de] volver a narrar públicamente, esperando penetrar sensibilidades y conocimientos de los interlocutores” (Ramírez et al., 2017, p. 51). Se comprende que el manejo de basuras y el cuidado de las laderas serán temas prioritarios para la comunidad.

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1 Apuesta didáctica de la Escuela de Psicología donde trabajan articuladamente docentes y estudiantes en virtud de “leer consistentemente el contexto, las fortalezas propias para impactarlo, las relaciones con el saber psicológico y su actuación y las oportunidades reales de intervención” (Programa de Psicología, 2014, p. 38).

Esta iniciativa moviliza la comunidad y fomenta el diálogo intersubjetivo, exhortando un posicionamiento de articulación de sentidos y símbolos comunitarios, un semiótica dispuesta a reducir el riesgo, que se materializa en jornadas ambientales de limpieza del barrio, con una periodicidad de un sábado al mes, en colectivos como Parceros en gestión y Trabajando por la gestión del riesgo, concentrados especialmente en niños y niñas escolarizados que habitaban la comuna. Adicionalmente, se realiza un trabajo con líderes electos y naturales.

“Otra línea que tuvo el barrio fue el trabajo con los líderes para que de alguna manera diera continuidad a las prácticas que habían nacido a partir de todas esas jornadas ambientales, no solamente era con líderes de la junta, sino también con líderes naturales […] ahí habían varios, personas diferentes a los de la junta. Se les capacitó en primeros auxilios, se les daba talleres, solito para los líderes, hubo épocas en las que revolvíamos líderes con familias en encuentros grupales también” (ET1).

Como catalizador del hábitus en gestión del riesgo se empleaban las prácticas barriales que han sido cargadas de un alto sentido y significancia. Así, el acto religioso que mensualmente se desarrollaba por el sacerdote, y que congregaba gran parte de la comunidad, se convirtió en un escenario ético-político para disertar sobre las acciones que en este campo se estaban adelantando. Este fue un foro dialéctico donde las narrativas de los comuneros, padres, madres, hijos, profesionales y estudiantes encontraban eco para la toma de decisiones.

Tabla 2. Actividades de construcción de conocimiento

Tipo de actividad

Cantidad

Artículos resultado de investigación

2

Eventos académicos

4

Investigaciones en curso

2

Investigaciones finalizadas

4

Ponencias

6

Tesis posgraduales

2

Trabajos de grado

15

El seguimiento y la valoración de este proceso entre los actores implicados permitieron que en el año 2014 se fuera planeando el cierre a este trabajo conjunto, de modo que para el año 2016, el acompañamiento por la Escuela de Psicología en este tema particular terminó.

“Hace dos años en la reunión con líderes [la practicante] empieza a recoger ideas de que querían que ella trabajara en su práctica, entonces se toma la decisión de que bueno, ellos dicen, “ya lo ambiental, ya está resuelto”, la doctora hizo un trabajo aquí con lo de sismo, y ya nos dimos cuenta que somos nosotros los que nos sabemos cuidar y por eso no nos pasa nada. Entonces creemos que ya podemos ir cerrando y como mirar otras cosas, entonces se toma la decisión de cerrarlo a dos años. Ellos hacen un plan de trabajo a dos años, ahí arman unos subcomités; entonces arman el comité del barranco, el comité red vecinal […] y otro que es el ambiental y manejo de heces de animales” (ET1).

Esta apuesta de enunciación de la disciplina en maneras de actuar diferentes, que implicaran pasar de la atención psicológica a la actuación psicosocial en GRD, se ha soportado en procesos de investigación, reflexión académica y trabajo comunitario, cuyos interrogantes principales consisten en la articulación de la psicología como disciplina con los ejercicios prospectivos, correctivos y reactivos de la gestión del riesgo de desastres (Narváez, Lavell y Pérez, 2009). La tabla 2 resume las actividades de construcción de conocimiento que se han adelantado por parte de la Escuela de Psicología en este campo.

Esta transición se puede identificar en los trabajos de grado adelantados por los estudiantes, puesto que asumen la lectura compleja de la GRD. Estas reflexiones incorporan categorías de análisis como educación, vulnerabilidad y cultura, en el contexto de la GRD y la Psicología (Giraldo, 2011). Estas características y potencialidades grupales favorecen la cohesión para el trabajo en GRD (Matías y Velásquez, 2011; Sierra, 2011, Gómez, 2011); una percepción del riesgo y su dialéctica con los ejercicios prospectivos y correctivos del riesgo (Gómez, 2011; Ospina, 2014) y en situaciones de emergencia y desastre (Gutiérrez, 2011); estrategias de afrontamiento en jóvenes y voluntarios en el contexto de la GRD (García, 2012; Bernal, 2014).

De igual manera, se realizaron lecturas según la neuropsicología infantil y el enfoque diferencial en la GRD (Sánchez, 2012; Patiño, 2012), y se analizaron elementos asociados a la transición de una perspectiva de administración de desastres a una lógica de GRD (Gaviria, 2013).

Este acervo investigativo y esta reflexión académica fueron condensados en marzo de 2016 en un estamento denominado “Observatorio psicosocial para la Gestión del Riesgo de Desastres” adscrito a la división de Proyección Social Institucional, que cuenta con docentes de la Escuela de psicología. Esta iniciativa logra tener el reconocimiento estructural que estuvo buscando. A su vez, sostiene contacto con la Escuela de Psicología a través de procesos investigativos y ejercicios de formación.

Tomando como referente la experiencia acumulada durante más de tres décadas y las formas de organización previas, definieron cuatro líneas de investigación/acción: 1) Epistemologías y ontologías del riesgo de desastre; 2) Participación comunitaria en la gobernanza y la gobernabilidad del riesgo de desastres; 3) Reconciliación territorial y comprensiones sociales del riesgo de desastres; y 4) Actuaciones psicosociales en emergencias y desastres. Actualmente, cuenta con aliados como la Secretaría de Salud de Manizales, la Secretaría de Educación de Manizales, la Unidad de Gestión del Riesgo de Manizales, el Sistema Universitario de Manizales –SUMA–. En el país, cuenta con un convenio marco de cooperación con la Unidad Nacional para la GRD –Presidencia de la República–, y en el ámbito internaional viene trabajando con la Universidad del Este de Anglia (Reino Unido) en varias investigaciones.

Consideraciones finales

La presente investigación plantea tensiones que procuran construir nuevas formas de actuación y teorización de la ciencia psicológica, especialmente para su rama disciplinar en la psicología social comunitaria, en la medida que esta es un medio para adelantar procesos de GRD, mediante el reconocimiento del saber de las comunidades y su capacidad de agencia. De igual manera, resalta la equivalencia epistemológica entre el pensar académico, institucional y el saber comunitario, descarta las verdades absolutas y resalta la responsabilidad de las comunidades en la edificación de sus realidades.

Se observa la importancia de situar el conocimiento psicológico en el escenario comprensivo y de intervención de los riesgos de desastre, superando los modelos asistencialistas en la materia, o de intervención netamente pos desastre, puesto que la comprensión originada por la psicología social comunitaria ha propiciado dinámicas en los grupos sociales que conforman un acervo teórico potente para establecer diálogos en la prospección y la reducción del riesgo.

Por supuesto, no se trata de negar la fuerza que tiene el abordaje psicológico en función de contribuir a la salud mental de las personas y comunidades que se han visto afectadas por una situación de crisis. Por el contrario, permite observar que tomar la Psicología por sí sola, en este marco de acción, implica ahogarla en un solo escenario dialectico y, en sintonía con Montero (2004) y Marín-Baró (2008), esta ciencia debe preocuparse por los problemas del contexto, entendiéndolos en su acepción compleja y en consecuencia proponer una teoría y una praxis que respondan a la complejidad de las situaciones de desastres.

Referencias

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Trabajos de grado

Bernal, V. (2014). Estrategias de afrontamiento y labor voluntaria: un estudio exploratorio en un equipo psicosocial que trabaja en gestión del riesgo de desastres. Manizales: Universidad de Manizales.

García, M.F. (2012). Estrategias de afrontamiento al estrés en población juvenil durante un evento socio-natural. Manizales: Universidad de Manizales

Gaviria, W.O. (2013). Dinámicas de poder, lenguaje y memoria social en la transición paradigmática de la administración de desastres a la gestión del riesgo. Manizales: Universidad de Manizales

Giraldo, A.M. (2011). Influencia de la educación y la cultura en la vulnerabilidad frente a los desastres desde una perspectiva psicológica. Manizales: Universidad de Manizales.

Gómez, K.T. (2011). Percepción del riesgo, una construcción psicológica de la realidad subjetiva del individuo y la comunidad. Manizales: Universidad de Manizales.

Gómez, L.T. (2011). Representaciones sociales de muerte y la relación con la gestión del riesgo: un análisis psicológico de la labor voluntaria. Manizales: Universidad de Manizales.

Gutiérrez, G.S. (2011). Visión desde la perspectiva de la psicología ambiental de las inundaciones ocurridas en la Virginia (Risaralda) en noviembre de 2010. Manizales: Universidad de Manizales.

Matías, L.; Velásquez, D.M. (2011). Narrativas y metáforas de los voluntarios de la Organización Voluntaria Brigada Psicosocial – Universidad de Manizales. Manizales: Universidad de Manizales

Ospina, D.M. (2014). El liderazgo comunitario y la percepción del riesgo de desastre asociado a fenómeno socionatural. Manizales: Universidad de Manizales

Patiño, H. (2012). Plan de emergencia y personas en situación de discapacidad de la Universidad de Manizales. Manizales: Universidad de Manizales.

Sánchez, J.A. (2012). Neuropsicología infantil y gestión del riesgo. Manizales: Universidad de Manizales.

Sierra, J. (2011). Potencialidades individuales y colectivas ante situaciones de riesgo por deslizamiento en la ciudad de Manizales. Manizales: Universidad de Manizales

Entrevistas y grupo focal

ET1, julio de 2016

ET2, diciembre 2016

ET4, febrero de 2017

GF1, septiembre de 2016