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El artículo forma parte de macro-proyecto: “Sentidos y Significados de la diversidad: perspectivas para una educación incluyente en la región Andina, Amazónica y Pacífica de Colombia, desde las voces de los niños, niñas y jóvenes”, con el cual se pretendió comprender los significados y sentidos de la diversidad cultural que han construido los estudiantes en múltiples contextos educativos. Desarrollada durante los años 2012 – 2014, con enfoque cualitativo etnográfico, desde los adolescentes (14 a 17 años), de los grados octavo, noveno y décimo de las instituciones educativas Fray Plácido (Mocoa), Rural Santana (Puerto Asís) y San José (Orito), del Bajo y Medio Putumayo, con resultados obtenidos por medio de entrevistas, diarios de campo, cartas asociativas, talleres lúdico-artísticos, diálogos y observaciones, como aspecto de la capacidad de adaptación y aceptación, marcando una visión colectiva del grupo, que a su vez influyó en el pensa- miento y la conducta, generando entendimiento mutuo, de convergencia globo-local, evidenciando la necesidad por el reconocimiento frente a los roles asignados socialmente en el proceso de aculturación, con gustos, patrones o afinidades de consumo, y a la interculturalidad moderna y sus diferentes manifestaciones, como el sentido de pertenencia por su territorio.
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Recibido: 03 de noviembre de 2014. Aceptado: 09 de marzo de 2015.
Álvaro René Delgado Delgado. Magíster en Educación desde la diversidad; Técnico en sistema y compu- tadores CETEN (Nariño); Licenciado en filosofía y Ciencias Religiosas, Universidad Santo Tomás (Bogotá) Docente Institución Educativa Rural Santana, Puerto Asís (Putumayo). Correo electrónico: luimampa@ yahoo.es
Palabras claves: Diversidad, diversidad cultural, significados, sentidos,
adolescentes, territorio.
Putumayo: Cultural Diversity in the territory of adolescents
The article is part of macro-project: “Senses and Meanings of diversity: prospects for inclusive education in the Andean Region, Amazon and Pacific of Colombia, from the voices of children and young people”, with which it was intended understand the significance and meanings of cultural diversity that students have built in multiple educational settings. Developed during the years 2012 - 2014, with ethnographic qualitative approach, adolescents (14-17 years), of the eighth, ninth and tenth of educational institutions Fray Plácido (Mocoa), Rural Santana (Puerto Asís) and San Jose (Orito), of the Lower and Middle Putumayo, with results obtained through interviews, field notes, letters associative, recreational and artistic workshops, discussions and observations, as an aspect of collective adaptability and acceptance, which in turn influenced the thinking and behavior, creating mutual unders- tanding of convergence globe-local, evidencing the need for the recognition against socially assigned roles in the process of acculturation, with tastes, consumption patterns or similarities, and modern interculturality and its different manifestations, as the sense of belonging through its territory. Keywords: Diversity, cultural diversity, meanings, senses, adolescents territory.
El trabajo de investigación, tiene presen- te para su desarrollo el territorio del depar- tamento del Putumayo visionado desde la población adolescente, objeto de estudio, que para el caso particular, han sido previa- mente seleccionados de las instituciones de labor académica de los investigadores: San José de Orito, Fray Plácido de Mocoa y Rural Santana de Puerto Asís, y así comprender los sentidos y significados de la diversidad cultural del Medio y Bajo Putumayo, a partir de fenómenos culturales característicos de dicha población, desde su afectación a los nuevos integrantes de la comunidad, y como posteriormente se reflejan y crean o recrean indicios en procesos de tradición y transmisión que se copian sin una mentalidad crítica clara.
Respuesta al proyecto “Sentidos y Sig-
nificados de la Diversidad Cultural en Ado-
lescentes en Instituciones Educativas del Medio y Bajo Putumayo” y ligado a la pro- puesta del macroproyecto, cuyo objetivo principal estuvo dispuesto a comprender los sentidos y significados de la diversidad cultural existentes en los adolescentes de las instituciones educativas del Medio y Bajo Putumayo a través de instrumentos de corte cualitativo etnográfico como son la carta asociativa, las entrevistas, los talleres lúdico-recreativos.
Al final se presentan algunas conclusio- nes y recomendaciones frente a la diver- sidad como una apuesta política, de igual manera, en la investigación se reconoce que los adolescentes, entre colonos y nati- vos, son parte del imaginario colectivo que trasciende mezclado entre lo propio y lo foráneo de una diversidad cultural formada en la multiplicidad convergente, aportada desde la convivencia en un mismo territo- rio, direccionando a que los significados
dados contribuyan a mejorar la educación y el rescate de valores culturales desde el reconocimiento de un sujeto integral.
Justificación. Las actuales circuns- tancias socio-políticas y la globalización influyen en el pensamiento y la conducta de los sujetos, generando un entendimien- to social de concordancia globo-local que se transmite a través de representacio- nes sociales y complejos conceptuales o constructos teóricos, que marcan una visión colectiva a una sociedad o un grupo determinado (Castorina, 2006), convir- tiéndose en una necesidad relevante y de primer orden, para lograr adaptar la interculturalidad de la sociedad moderna y vanguardista, a un acercamiento de las diferentes manifestaciones a los seres humanos y en especial a los adolescentes, que parecen haber derribado las invisibles barreras geográficas y culturales.
Este proceso de aculturación, en el cual los medios masivos de comunicación in- troducen en la sociedad, gustos, patrones o afinidades, modos de pensar de una juventud que intenta romper paradigmas pero al mismo tiempo brinda pautas que despiertan el sentido de pertenencia a su suelo, a sus manifestaciones ancestra- les, permite vivir la libertad con equidad, haciendo aprehensible el mundo social, donde cada pueblo es único y diferente.
La cultura como aspecto clave de la capacidad de adaptación y del éxito de la especie humana (Kottak, 1994), se con- vierte en un conjunto de códigos, objetos, leyes, normas, ideas, tradiciones, que guían creencias como factor determinante en el comportamiento de un grupo pobla- cional determinado. Pero la educación como parte de este sistema, está en crisis, requiere cambios de índole estructural que respondan de manera asertiva y acertada a necesidades de individuos, instituciones y sociedades (Reinosa, 2012). El miedo al cambio y la falta de una conciencia crítica hace que las actividades culturales se
vuelvan parte del problema, enfrentándolo al ostracismo por abandonar aspectos que formalmente ha adquirido, para oponerse a situaciones que examina como rutinarias profundizando en su significado como lo afirma Barrio Maestre (1995), referenciado por Álvarez (2008): “tiene que familiari- zarse con lo extraño y extrañarse de lo familiar”.
Desde la comparativa urbano-rural, se encuentran deficiencias y distancia- mientos que aquejan a zonas alejadas, sobretodo en la satisfacción de necesi- dades básicas, sin desconocer algunos esfuerzos estatales para tratar de empare- jarlas. En cuanto a educación, la inclusión en la escuela de la Pedagogía Activa del programa Escuela Nueva se adapta al contexto para alcanzar mejores desa- rrollos (Champollion, 2011), basados en proyecciones de trascendencia social, con formación multigrado en sedes unitarias, común en países como Francia y aun en Colombia, se estanca, por la deficiencia de infraestructura física, tecnología, re- zagando su potencial, debido a recortes presupuestales que acometen en mayor medida a las clases populares, comple- mentario a la desmotivación, la propensión a una vida de ocio (Champollión, 2011), y el escaso acceso a programas de educa- ción superior, sumado al cambio de este- reotipos, modas y comportamientos que se incorporan a las prácticas culturales locales, hace que la falta de ambición por una mejor formación académica sea más fuerte en el sector rural.
La investigación permite entrever la reflexión sobre los sentidos y signifi- cados que los adolescentes entre los 14 y 17 años de edad de las instituciones educativas Fray Plácido de Mocoa, Rural Santana de Puerto Asís y San José de Ori- to, tienen acerca de la diversidad cultural, y su territorio del Medio y Bajo Putumayo, que por sus características particulares como zona influenciada por variedad de culturas tras procesos de colonización, han recreado una sociedad híbrida. Enten- diendo territorio más que el ordenamiento
de lo administrativo y jurídico de los espa- cios de interacción humana, concurre la indivisibilidad ya que las relaciones entre individuos permiten recrear las prácticas culturales y sociales en una convivencia (Champollion, 2011), complementando lo de Ratzel (1871), la parcela de superficie terrestre apropiada por un grupo humano, se plantea como la mayor inmediación de los sujetos que se desenvuelven en un determinado espacio, correspondiendo a las acciones agrupadas y cooperativas, la ampliación de las relaciones sociales para el favorecimiento de oportunidades de convivencia dentro de una zona geo- espacial determinada. Según Gottmann (1970) referenciado por Baigorri (1999), la relación se afianza principalmente en la política, proporcionando la capacidad de la complementariedad con los de fuera e incluso, con el mundo.
Problema. La investigación se desarro- lló en el departamento de Putumayo, en los municipios de Mocoa, Puerto Asís y Orito, específicamente en las instituciones educativas Fray Plácido, Santana y San José, para comprender los significados de la diversidad cultural existentes en los adolescentes de las instituciones educati- vas del Medio y Bajo Putumayo, con el fin de realizar una reflexión pedagógica en el reconocimiento de sujetos cognoscentes con un imaginario colectivo frente a una diversidad cultural ligada a unas relacio- nes socio-vivenciales dentro de un mismo espacio-tiempo.
Las Instituciones Educativas son un escenario donde se presentan todo tipo de sincretismos socio-culturales, mul- tiplicidad de estructuras conceptuales enlazadas entre sí, comportamientos modelables, que permiten conocer com- prensivamente el sentido de la acción social de las conductas simbólicas del pensamiento humano, encadenadas a un mundo acelerado, cambiante, cibernético y con grandes descubrimientos en todos los campos, que genera problemas so- ciales por la desigualdad de condiciones socio-económicas e histórico-culturales,
con la influencia de avances y desarro- llos propios de la globalización, que han propendido por originar un pensamiento superfluo y volátil de rápida comunicación, sin procesos de fijación más que los del momento vivido, precipitando al consumo por el fácil acceso, con carencia de lectu- ras críticas del medio, sin las cuales, los adolescentes desvirtúan la cultura propia, con la presencia de medios masivos de co- municación, redes sociales, que motivan al adolescente a buscar un equilibrio con el deseo de equipararse a otros, modelando conductas, articulando estereotipos que se asumen como forma de vida y que en últimas sentencian la calidad académica.
Pregunta de investigación. ¿Cómo comprenden los adolescentes, los sig- nificados de la diversidad cultural en su contexto escolar?
Para los antecedentes, se buscó identi- ficar algunas reflexiones sobre el concepto de diversidad, como lo relaciona Gimeno (1996, p. 5), al ser distinto, diferente y desigual, en una actitud de respeto y acep- tación del pluralismo existente. Los colec- tivos, así mismo, presentan diferencias y similitudes que pretenden una identidad, para comprender al otro desde la igualdad. La diversidad implica como afirma López Melero (2000, p 26-38,) gozar de un espa- cio y un territorio con los mismos derechos, modulando culturas desde lo positivo de lo distinto, como referente de cambio y cons- trucción colectiva de sociedad bajo criterios de convivencia. Revisando fundamentos teóricos internacionales que permiten iden- tificar procesos colonizantes, la cultura es un conjunto estructurado de las maneras de actuar, pensar y creer (Taboada, 1992, en Devalle y Vega, 2006, p 20) proporcionando respuesta a los problemas que les presenta el medio a los grupos asegurando su cohe- sión, es decir adaptarse y prever problemas futuros. Putumayo, territorio diverso, es el producto de continuas colonizaciones e in- tercambios que han procreado una cultura
mixta, que trasciende a los adolescentes en formas de actuar y pensar de manera fluctuante, debido a procesos migratorios, acentuando diferencias y enriqueciendo la diversidad cultural.
Desde la visión de Danilo Rodríguez Valbuena, en su artículo “Territorio y te- rritorialidad: Nueva Categoría de Análisis y Desarrollo Didáctico de la Geografía”, implica articular la sociedad al concepto de territorialidad como pertenencia territorial supeditada a procesos de identificación y de representación colectiva e individual que generalmente desconoce las fronte- ras políticas o administrativas y no aduce exclusivamente la apropiación espacial estatal o ligada a un grupo de poder. Es decir, el territorio se plantea como la mayor inmediación de los sujetos que se desenvuelven en un determinado espacio, que para el caso del departamento del Putumayo, se han presentado situacio- nes socio–políticas que han propiciado reflexiones desde diferentes ángulos. Torres Bustamante (2012) en su investiga- ción: “Coca, Política y Estado, el caso de Putumayo”, hace un relato histórico sobre la vida de estas comunidades durante el auge paramilitar en la zona, describiendo en muchos de sus apartes la situación de indefensión de los jóvenes y especialmen- te de las adolescentes de los doce años de edad en adelante. Esto permite compren- der las inexactitudes en la convivencia, el origen de la cultura comportamental y el desconocimiento de lo propio.
Por su parte, Sergio Schneider e Iván
G. Peyré Tartaruga (2006), en su artículo “Territorio y Enfoque Territorial: de las referencias cognitivas a los aportes apli- cados al análisis de los procesos sociales rurales”, afirman que “para comprender el dinamismo de determinadas regiones y sus relaciones con los actores y las instituciones, este es explicado con base en la idea de que la mayor proximidad de los actores que actúan en determi- nado espacio corresponde a acciones colectivas y cooperativas (intercambio de experiencias, redes de colaboración)
que ampliarían la espesura y la densidad de las relaciones sociales y, como con- secuencia, favorecerían la aparición de oportunidades innovadoras de desarrollo”, en otras palabras, conocer el entorno co- munitario donde se insertan y actúan los miembros comunitarios, que para el caso de la presente investigación hace referen- cia a sujetos adolescentes en proceso de desarrollo y formación.
Lo visible entonces, comportamientos agresivos y violentos en la adolescencia que afectan la convivencia, implicando tomar múltiples sentidos, que van desde la apropiación del territorio, hasta la re- petición de vivencias traumáticas como la violación de límites espacio-temporales y corporales. Los adolescentes viven cam- bios físicos y emocionales, enfrentando relaciones con su entorno, mostrando la complejidad de su organización psíquica y los riesgos posibles de descomposición mental (Flechner, 2003). La socialización definida como el proceso de influjo entre una persona y sus semejantes, que resulta de aceptar las pautas de comportamiento social y de adaptarse a ellas (Silva Dive- rio, 2005), bajo la influencia social y la respuesta del individuo a la misma, que se complica en sociedades multiculturales.
La investigación abordó por último como los adolescentes generan significa- dos y sentidos a partir de la convivencia, la cultura y su territorio ligados a su contexto, para permitir el desarrollo de la identidad desde lo homogéneo de lo comunitario y lo heterogéneo de los subgrupos, confi- gurando el actuar y la identificación con el otro.
Comprender los sentidos y significados de la diversidad cultural existentes en los adolescentes de las instituciones educa- tivas del Medio y Bajo Putumayo.
Identificar los significados de la diver- sidad cultural en adolescentes de las instituciones educativas.
Describir significados de la diversidad cultural dentro del territorio en adoles- centes de las instituciones educativas.
Analizar e interpretar los significados
de la diversidad cultural en adolescen- tes de las instituciones educativas del Medio y Bajo Putumayo y los sentidos que a partir de allí se configuran.
El enfoque de investigación utilizado fue el cualitativo de corte etnográfico, debido a que el medio circundante afec- ta la concepción que los adolescentes perciben en sentido cultural de lo que los rodea, en interacción con el otro, incorpo- rando, experiencias, actitudes, creencias, pensamientos y reflexiones, tal como son expresadas por ellos mismos (Martínez, 2000), apoyados en la convicción de que las tradiciones, roles, valores y normas del ambiente, se van internalizando poco a poco y generan regularidades, que pueden explicar la conducta individual y grupal en forma adecuada” (Martínez, 2000, p 28). Los resultados fueron obteni-
dos a partir de relatos frente a diversidad cultural.
Parafraseando a Cárdenas (2011), para entender las relaciones éticas de alteridad, todo puede cambiar, comenzar y transformar, saber o no saber. Con el uso de entrevistas, cartas asociativas, diálo- gos, encuestas, talleres lúdico-artísticos, fotografías, videos, diarios de campo, la información obtenida se sistematizó y analizó en unidades y tablas de fácil com- prensión para su posterior interpretación y apreciación, de las cuales se han obtenido conclusiones, refrendadas teóricamente. Desde la perspectiva ética, se solicitaron, previa información, los consentimientos informados los cuales fueron firmados por padres y madres de familia para la realización protocolaria de las entrevistas.
De dicha información, se estructuraron códigos para su posterior categorización según relaciones de semejanza, cohe- rencia y concordancia, visionados desde la percepción adolescente, para luego ser interpretadas y analizadas por los investigadores.
Unidad de análisis | Unidad de trabajo | Instrumentos |
Adolescentes (14 a 17 años de edad) de las Instituciones Educativas Fray Plácido de Mocoa, San José de Orito y Rural Santana de Puerto Asís, con los grados octavo, noveno y décimo, sin discriminación de género. | Instituciones educativas focalizadas. El consentimiento se informó por escrito, tanto a directivos institucionales, como padres de familia y tutores, firmando un documento de aceptación y participación consentida. | Entrevistas: uso de cuestionarios teniendo en cuenta criterios de intencionalidad de preguntas sobre un mismo tema, enlazadas en forma de batería, desde las más sencillas, a las más complejas, determinando identificación, acción, intención, información y opinión, mediante audio, video y escrito, de manera individual, simultánea como mecanismo de participación. Carta asociativa: introduce términos inductores, con elementos que recolectan las asociaciones libres, seguida de una serie de asociaciones, a partir de una palabra que contenga el término inductor y cada uno de los términos asociados. Se llevó en dos fases, la inicial como construcción del concepto de diversidad, y la final con la preselección de las diez palabras más representativas surgidas de la primera fase, donde cada estudiante significó desde sus saberes cada una de ellas. Talleres lúdicos: desarrolla las competencias aprendiendo a resolver problemas, analizar críticamente la realidad y transformarla, a identificar conceptos, aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a ser y descubrir el conocimiento de manera amena, interesante y motivadora. Registro fotográfico, grabaciones sonoras y videograbaciones: representación y reconstrucción de la realidad, con registro verídico. |
Gimeno (1996) sustenta que “diver- sidad” alude a la “circunstancia de ser distinto y diferente, pero también a la de ser desigual, lo que no sólo se manifiesta en una forma de ser variada, sino de poder ser, de tener posibilidades de ser y de par- ticipar en los bienes sociales, económicos y culturales. Lo diverso lo contraponemos a lo homogéneo... lo desigual lo confron- tamos con la nivelación y ésta es una aspiración básica de la educación que es, capacitación para poder ser”, donde la transmisión de la cultura requiere de canales eficaces para consolidarse en un territorio compartido por ancianos, adultos, adolescentes y niños.
Las circunstancias socio-políticas y la globalización influyen en el pensamiento y la conducta de los sujetos, generando un entendimiento social de convergencia globo-local que se transmite a través de representaciones sociales y complejos conceptuales o constructos teóricos, que marcan una visión colectiva a una socie- dad o un grupo determinado (Castorina 2006), convirtiéndose en una necesidad relevante y de primer orden para lograr adaptar el quehacer pedagógico a la interculturalidad de la sociedad moderna y vanguardista, que acerca las diferentes manifestaciones a los seres humanos y en especial a la juventud actual, que parece haber derribado las invisibles barreras geográficas y culturales.
Las fuerzas culturales constantemente moldean y dan forma al comportamiento, adaptando gustos, patrones estéticos, morales, políticos, sociales, sincretismos religiosos, y otras formas tradicionales de hibridación, que codifican pensamientos regidos por modelos característicos (Var- gas 2008), que se trasmiten por genera- ciones y afectan a los nuevos integrantes de la comunidad. La multiculturalidad y la pluri-etnicidad son reconocidos desde la Constitución Nacional de 1991 con la pro- tección de la diversidad y el respeto por la dignidad humana. Es decir, la aceptación
de los grupos minoritarios por la sociedad mundial, ha sido creciente.
El encuentro entre culturas, tiene asimetrías, desde perspectivas religio- sas, políticas, económicas, culturales (Levi-Strauss, 2006), al calificar desde la superioridad, la inferioridad. Casos como el aislamiento geográfico, la falta de comunicación, el reducido número de los grupos humanos aislados ha permitido una visión con accionar hostil, so-pretexto de homogeneizar y clasificar a todo grupo relegando a lo lejano con subsecuente atraso. Toda cultura es “un complejo que comprende conocimientos, creencias, artes, moral, derecho, costumbres y cual- quier otra capacidad y habito adquirido por el hombre en tanto es miembro de una sociedad”. (Tylor, 1975), como herencia, se transmite a las siguientes generaciones a través del conocimiento. Investigar a los otros desde nosotros ha permitido obser- var la presencia o ausencia de elementos culturales comunes dentro del territorio, hasta comprender la otredad. Herederos del modelo europeo, se ha estudiado las diferencias a la luz del método científico, catalogando a ciertas sociedades como primitivas y a las otras como civilizadas al comparar las partes (sinergia) y el todo (holismo) de cada una con el patrón europeo. Con intereses comerciales de explotación extractiva, Catherine Walsh (2011), recalca al agente africano traído desde la conquista española y vendido como esclavo en procesos cosificadores, que con la excusa de seres inferiores, debían aprender del blanco para salvar sus almas y redimir sus mentes como mecanismo de incorporación.
Desde lo relacional, genera el contac- to entre culturas, las cuales se nutren mutuamente. Desde lo funcional busca la inclusión de las minorías hacia la so- ciedad nacional, sin distinguir desigual- dades, pretendiendo una productividad económica. Desde la crítica, se parte de lo estructural-colonial-racial para co- nocer, sentir y vivir la diferencia desde el accionar. Se trata de invisibilizar la
desigualdad real de la pirámide social, en cuya cúspide están los blancos europeos, y en la base los afro-descendientes e indígenas, Walsh (2011)
Las voces de los callados, sus cos- movisiones, es tan solo fragmentos que persisten en costumbres que los mismos colonos han aprendido y han interiorizado. Este tipo de relación ha dado origen en palabras de Krotz (1994), a la alteridad, al reconocer al otro, sus diferencias, su ac- cionar socio-cultural de integración en gru- pos, permeado por estereotipos ajenos. Es el Etnocentrismo el que condiciona la alteridad en los contactos culturales de la dinámica de la historia universal.
El pertenecer a un lugar determinado, a una región, otorga una identidad colectiva, con preponderancia a comportamientos comunes y lenguajes específicos, es decir, la herencia cultural y la identidad comunitaria se transmiten en espacios grupales con valores éticos y religiosos (Cajíao 2.008, p. 6), que según el grado partícipe, generan sentido de pertenencia o exclusión. Las diferentes regiones del país presentan manifestaciones artísticas destacando el sentido de pertenencia y el valor de lo local relacionados con la forma de abordar e interpretar procesos (Reguillo 2000), formando una extensión de lo central con una unidad extensa, así como también, tener o poseer una dinámica social propia (Cajíao 2.008, p 12). En este sentido, Paulo Freire (2004), destaca la apropiación del conocimiento a través de la academia para valorar lo que cada cultura posee, ya que la curiosidad innata en el sujeto, le permite indagar e indagarse sobre los fenómenos que ocu- rren a su alrededor, y de cómo lo afectan en el transcurso tiempo-espacio.
Cuna de figuras como el renombrado pintor Jacanamejoy, el contexto del De- partamento de Putumayo hace que su territorio, diverso en climas, costumbres, gente, productos, presente caracterís-
ticas propias y simbióticas particulares no ajenas al contexto regional, nacional y global, que desde la apreciación de la belleza tropical y lo ético como el proce- der armónico de lo moral, la perspectiva que presenta sea un fluctuante continuo, donde se mezclan la apropiación y el sentido de pertenencia. Sin embargo, el desconocimiento por los orígenes, la toma de ejemplos externos como propios, demuestra en los adolescentes el resulta- do de un continuo confluir de mestizajes, sumado a una convivencia compartida en co-habitabilidad, pero con un escaso compromiso sobre el mismo.
El departamento se encuentra ubicado al sur del país, su nombre proviene del río que lo atraviesa, se divide en 13 munici- pios, 3 zonas geográficas: caracterizado por la presencia de zonas montañosas pá- ramos y un clima tropical húmedo. Cuenta con una población de 378.790 habitantes según el DANE (2005). En 1968, la ley 72 de ese año, creó la intendencia del Putu- mayo con capital Mocoa. Posteriormente la Asamblea Nacional Constituyente, (en 1991), creó el departamento del Putuma- yo, conservando la capital. Aunque por tradición se conserva el año de 1912, en que fue creada la comisaría especial del Putumayo.
Existen etnias indígenas (Sibundoy, Inga, Huitotos, Sionas, Cofanes, Kamzá, Quechuas y Paeces), que cohabitan con colonos, afro-descendientes y mestizos en una población relativamente baja. La vida laboral, es básicamente agropecua- ria, reconocido también por su producción maderera, bovina y pesca de río. La selva ha servido para la proliferación de los cul- tivos ilícitos y la deforestación, sus ríos, caños, riachuelos y quebradas son medio de comunicación y comercio rural para una población dispersa en su mayoría. Sus pueblos jóvenes, con veredas ale- jadas e insuficientes servicios, formados paulatinamente por el deseo de encontrar un futuro para los errantes, explica en cierta medida la dispersión poblacional, que hace vida social en bares y tabernas,
como espacios múltiples de festivales y puntos de integración socio-económico.
Con la llegada de las exploraciones, se abrieron nuevas fuentes de trabajo, tanto con empleados, como fuentes de ingreso indirecto, con relación a servicios y aten- ción a los trabajadores como locales, res- taurantes, hoteles, casas en alquiler, bode- gas de abastecimiento y servicios sexuales, como lo explica Domínguez (2005), en el trabajo de María Bustamante: “en 1964, se censaron 56 casas de lenocinio en el área urbana de Puerto

Asís, para una po- blación de 2.909 habitantes”. La va- riedad de recursos minerales y la ex- plotación petrolera indiscriminada con selectiva genera- ción de empleo, ha traído riqueza para unos y miseria para otros, con un alto costo de vida.
A fines de la década de los se- tenta, con la en- trada y auge de los cultivos ilícitos, hizo florecer una
economía radicalmente violenta a mo- dus vivendi, persistente aún hoy en día, como lo presenta Salgado (1991) en el informe Corpos, “la coca llegó en 1979 con personas provenientes del Cauca al municipio de Puerto Asís”. Y aunque su propósito inicial fue ayudar en la econo- mía del campesino putumayense, ante el abandono estatal, con el tiempo se convirtió en fuente de conflicto, creando en la juventud anhelos de dinero fácil, con enfrentamientos por el control de precios, calidad del alcaloide, y las rutas hacia el centro y norte del país, aliándose con grupos armados ilegales. En palabras de Vargas (2013): “la llegada de las Farc a la región de la amazonia occidental, en 1984, y su consolidación como autoridad
en una región marginal y excluida, se da en medio de una disputa por el control del narcotráfico”, (Vargas-Tisnés, Gloria, 2013), regulando el tránsito de personas.
En 1997 llegan los paramilitares para controlar el accionar de la guerrilla y el negocio del narcotráfico, asesinando a por lo menos 2.500 personas y dejando
5.500 víctimas, según los registros de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía. (Recuperado de http://miputumayo.com. co/2013).
Fuente: hugosalamancaparra.net
La convivencia no hace ser iguales por compartir un espacio y un tiempo deter- minado, ni homogeniza el pensamiento, los sentidos y los significados, el hecho de pertenecer a un mismo territorio, ni siquiera estar bajo la misma normatividad social, cultural, religiosa o educativa. En palabras de Etxeberría (1996): “donde hay variación y diversidad hay riqueza”. Esa diversidad es la que se observa en adolescentes, por constituir diferenciación de unos con otros, donde cada sujeto hi-
brida dependiendo del núcleo social al que pertenece, en procesos de construcción y des-construcción sucesivos.
El origen de la convivencia se da en la familia, cuyo espectro está en proceso de transición, ya que la reestructuración de las mismas ha renombrado los nú- cleos sociales. De esta manera, como reconstruye, protege, proyecta y retroa- limenta, soporta también violencia, abu- so, maltrato, debido a la dependencia económica y socio-afectiva, que produce aislamiento social, ansiedad, depresión, alcoholismo, drogadicción y desadap- tación al medio. Desde lo institucional, familiar y social los adolescentes inician un proceso de aceptación e inclusión de lo representativo de su contexto, identi- ficándose dentro del entorno, respetan- do, valorando, e incluyendo lo que da significado a un pueblo. Sin embargo, la independencia los lleva a excluir ciertas costumbres, creencias y tradiciones por sub-valoración.
Parafraseando a Torres (1997), la dependencia va más allá de la ado- lescencia, de ahí la importancia de las relaciones progenie. Fromm (1996) a su vez afirma que: “El amor es la úni- ca respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana”, donde los lazos afectivos que conforman el tejido social dentro de una gama cultural, se cristalizan primero en el ambiente familiar y trascienden a la escuela, en un espacio vivamente humano, con el esencial re-significado del afecto como una de las vías para valorar la diferencia, constituyendo una potencialidad, que de ser adoptada, puede permear las dinámicas escolares y permitir que los adolescentes tejan relaciones de respe- to, inclusión y admiración; igualmente, despierta el gusto por el conocimiento, reconocimiento y valoración del otro, estableciendo una identidad colectiva e individual, privilegiando la certeza como vínculo de comunicación y la vivencia de las costumbres e identidades, en una corresponsabilidad estatal-familiar.
Los ambientes de aprendizaje y con- texto, se entienden desde una dimensión afectiva, que trasciende las fronteras tiem- po-espaciales, implicando las dinámicas de interacción entre actores, escenarios, estrategias, criterios, experiencias y acer- camientos a los adolescentes, desde una perspectiva de formación que especifica la intencionalidad como el camino que orienta el diseño e implementación, facili- tando la transformación, con emociones y sentimientos en una comunicación verbal y no verbal, posibilitando diálogos desde lógicas emotivas que propongan vínculos afectivos.
El lenguaje como lo esencial del ser humano (Humboldt, 1990), adquiere significado en el campo expresivo, inter- pretando la manera como una sociedad manifiesta su verdadero conocimiento, tanto en la convivencia, como también en el entendimiento, que crea el sentido de lo colectivo. Gadamer (1993) a su vez agre- ga: “Cada individuo que asciende desde su ser natural en dirección a lo espiritual encuentra en el idioma, costumbres e instituciones de su pueblo una sustancia dada que debe hacer suya de un modo análogo a como adquiere el lenguaje”. La forma de transmisión de conocimientos afirma los lazos colectivos, genera en- tendimiento y consolida la cultura (Kottak 1994), guiando creencias, como factor determinante en el comportamiento de un grupo poblacional determinado, reforzado por lazos afectivos, como lo afirma Torres (1997): “los niños entran a la escuela con características ya modeladas, gracias a los años de interacción con sus padres”.
Bejar (1998), por su parte, argumenta que “Si la cultura la entendemos como el modo que un grupo social tiene de comu- nicarse, utilizando una serie de signos o señales que le proveen de una identidad colectiva”, las culturas juveniles no tienen una configuración unitaria, se dividen y di- ferencian tantas veces como lo hacen los grupos humanos en sus diversas razones de estratificación, con modos de compor- tamiento, estilos de vida, interrelación dia-
léctica, que buscan legitimidad a su modo de ser, fenómenos psico-sociológicos que se conocen como multiculturalismo.
La necesidad de concebir el territorio desde los adolescentes (14 a 17 años), se cimienta en el hecho de comprender mejor un fenómeno, que desde explicaciones y alternativas, es representado en una com- paración de datos y a la vez en un proceso ordenado y cuidadoso de gran flexibilidad que solo da el contacto directo con el sen- tir de los participantes. Los factores que inducen a iniciar conductas dentro de la diversidad cultural y social, son múltiples, varían y se atribuyen a factores: familiares, sociales, culturales, religiosos y económi- cos, entre otros, (Moya y Gil, 2001), como lo demuestran en la entrevista del caso 7: “La mitad de mi familia pues viene siendo indígena y la otra mestizos”. Y la del caso 12: “Mi papá viene de Pasto Nariño y mi mamá del Bajo Putumayo”· Las manifes- taciones culturales más representativas, evidencian procesos de colonización nariñense al incorporar rasgos como los carnavales de Negros y Blancos, comidas típicas, jergas y dialectos, acompañadas en menor medida de culturas de otros departamentos.
“El contexto del departamento de Pu- tumayo, ha sido permeado por una gran cantidad de eventos que han recreado una cultura diversa, infestada de múltiples formas foráneas que reinterpretan a sus sujetos desde ópticas nuevas. Cada lectu- ra en un momento y espacio determinado ha sido un aporte importante en la cosmo- visión del entorno, del que hacen parte los nativos y colonos que habitan y comparten este territorio” Tomado del Proyecto de Investigación en construcción “sentidos y significados de la diversidad cultural en adolescentes en instituciones educativas del medio y bajo putumayo”.
El reflejo de actitudes traspasada de sus ancestros como entes políticos des- de contextos locales, evidencia la dife- rencia y la multiculturalidad, recontando historias de sociedades y comunidades subalternas, implicando la subordinación de las formas de producción del conoci- miento (Botero, 2011; Escobar, 2010; p 2), reafirmando en la “diversidad” como la “circunstancia de ser distinto y diferente, pero también a la de ser desigual” Gimeno (1996). La carta asociativa, en el primer anillo evidencia la similitud del concepto con la percepción al destacar palabras de igual sentido: “diferencia, variedad, cosas, cultura, muchas”. A su vez, en el segundo manifiesta el reconocimiento con el entor- no al referirse a: “Flores, colores, plantas, paisajes, lugares, animales, Amazonía, olemos, oímos, sentir, varias, nuestro, original, medio y naturaleza”. La función de la escuela y la familia es transmitir esas diferencias desde la afirmación de la identidad propia, donde las Instituciones Educativas como escenarios presentan todo tipo de sincretismos socio-culturales, multiplicidad de estructuras conceptuales entrelazadas, comportamientos modela- bles; que permiten conocer comprensi- vamente el sentido de la acción social de las conductas simbólicas del pensamiento humano (Freire, 2004).
Las invasiones externas, así como las resistencias internas, son muestra del choque intercultural, al reconocer un espacio confluyente de modelos es- tereotipados. La tendencia común es la complacencia por gustos y afinidades que según la encuesta resalta: los deportes, la diversión, la música, el baile, la tele- visión, las películas y la moda; mientras que las entrevistas acentúan el agrado por la bachata, reggaeton, pop, rap, rock, merengue, romántica, reggae, entre otras. La globalización demuestra su confluencia a todos los rincones, al vender patrones de consumo cuyo principal objetivo son los adolescentes. En contraste, el sentir, pensar y vivir su territorio se evidencia en el sentimiento que genera pertenecer al
departamento del Putumayo, recalcando el orgullo, la felicidad, la alegría, la gratitud y el amor.
La observación realizada, revela pro- cesos de enculturación (Bourdieu, 2012), atendiendo a consideraciones de sentidos y significados, identidades, relaciones sociales y culturales propias que se ven concentradas en experiencias con relación a procesos de transición y construcción de identidad, tomando en consideración la percepción del riesgo generacional (Nilan, 2004).
La apreciación de lo propio, como proceso fundamental en la aplicación y valoración de una interpretación, es lo artístico, que otorga a un grupo específico, a partir de un significante, como fuente principal para su nuevo planteamiento: sus creaciones, aplicando, re-creando, toman- do al concepto, como epicentro cognitivo, obligándose a asumirlo y socializarlo ante sus pares como elemento de cualidad, y de relaciones sociales con planteamien- tos, opiniones y opciones, dando origen a la política con características en lo público del sujeto con ideas (Díaz, 2004). La apre- hensión de modelos, toma el estereotipo y lo moldea a su imagen, para hacerlo entendible en su contexto. A través de la observación directa, dichos modelos emergen en las formas de vestir, en los peinados y cortes de cabello, accesorios y maquillaje.
Como individuos cognoscentes que llegan de diversas subjetividades y formas de mezclar ciencia y técnica con teoría y práctica, la aprehensión, la comprensión, la adaptación de saberes incluyendo los previos, se re-crea a través de instruc- ciones específicas donde cada quién lo gráfica y aplica destacando la particula- ridad, sin dejar a un lado la creatividad y expresión. La diversidad de pensamiento expresada a través de dibujos, murales expresivos, detalla la manera como per- ciben no solo su entorno, su mundo, sino también su posición frente a fenómenos psicológicos arraigados en su subcons-
ciente que salen a flote a través de traba- jos lúdico artísticos, donde el aprendizaje significativo hace posible que la educación se convierta en un acto libre, emancipan- do el pensamiento, actitudes y aptitudes, además de reforzar el trabajo en equipo, la diversidad de identidades , el respeto a la diferencia, apoyando y valorando la identidad diferencial, tomando un sentido de compromiso social sin tener en cuenta la temporalidad, dando paso al reto, la sana convivencia, la participación, la tole- rancia y el liderazgo, donde cada quien es fundamental en el andamiaje constructivo, contribuyendo al logro en aras de una meta común (actividad lúdica 2013).
Parafraseando a Humboldt (1990), al adquirir significados en el campo expre- sivo, para crear el sentido de lo colectivo y a Gadamer (1993), al tomar el lenguaje como transmisor de conocimientos que re-afirma los lazos colectivos, generando entendimiento y consolidación de la cultu- ra, explica a la solidaridad de género en la adolescencia cuando se agrupan hombres con hombres y mujeres con mujeres, como lo hace perceptible el caso 17: “Porque cada uno de nosotros necesitamos perso- nas con las cuales hablar de las mismas cosas, recochar y compartir con personas como nosotros” (Entrevista 2013). Bajo el parámetro moderno y el discurso que es el joven el que sabe (Skliar y Tellez, 2008), pero también rechaza la herencia, la tra- dición, la responsabilidad y la autoridad, creando una actitud arrogante con conse- cuencias ofensivas, que obstruyen el com- ponente comunicativo al aislarse de una realidad vivencial por introducirse a una virtual que las redes digitales acaparan. Cada edad con su lenguaje en mundos desconectados, son pretextos de exclu- sión y autoexclusión que proliferan en la convivencia, donde la juventud amnésica pasa sin dejar huella, ante lo instantáneo y efímero de lo contemporáneo, invasión
de imágenes superfluas, comunicados sin contenido que dejan vacíos y a la juventud como deudora de la transmisión de la herencia.
Los procesos actuales de descomposi- ción y recomposición social surgen desde la familia. En las entrevistas sobresalen las nucleares, como lo señala el caso 11: “Vivo con mi papá, mi mamá y somos 6 hermanos”, pero también se presenta las multi-parentales como en el caso 12: “Yo vivo con mi padrastro, mi mamá y tres hermanitos”. Muchos de ellos han crecido en hogares recompuestos, con pobreza y falta de preparación, lo que hace difícil la convivencia y la aceptación del otro. La ausencia de un progenitor se traduce en momentos de agresividad, (Ramos, Ce- rón, Portilla y Amador, 2013), originando tensiones en ambientes de interacción rodeados por conductas múltiples, donde los “otros” y los “nosotros” se enfrentan y participan. Es por eso que se hace nece- sario resaltar la importancia de la singu- laridad del otro (Ramos y otros, 2013), el reconocer la identidad de los demás en el espacio activo que construye la cultura local. Algunos casos dejan entrever vacíos dejados por los progenitores muertos, pues como lo expresa José Eustaquio Palacios (1984): “porque no hay ser algu- no… que tenga la virtud de llenar el vacío que deja en el corazón de sus hijos, una madre que muere”.
Gómez (1999) afirma que “los aspectos psico-sociales de la adolescencia están influenciados por factores culturales”, generando dificultades en las relaciones interpersonales con otras culturas. Lo anterior, vincula a una conducta orientada a experimentar nuevas formas de actuar y sentir, que hacen de los adolescentes, un grupo expuesto a una serie de factores que pueden o no, atraer consecuencias en su relación con los significados de diver- sidad. El mundo trastornado porque las generaciones se miran con desconfianza, con temor, por eso se ignoran, se temen y no se creen. Es notorio en este sentido, la falta de compromiso ante situaciones
familiares como lo demuestra la mayoría de casos de la entrevista ante la pregunta
¿Cómo te involucras en los problemas de tus padres?
Valorar la diferencia en palabras de Fromm (1996), ratifica que los lazos afec- tivos como formadores del tejido social, re-significa el apego de la estimación entre pares. A partir de la encuesta se pudo determinar que la interrelación apunta a la diversión como la manera de compartir más aceptada, aunque el género mas- culino también tiene la tendencia por los deportes y el femenino al diálogo. Para confirmar este aspecto, la mayoría de en- trevistados prefiere a la amistad, cuando se trata de compartir el tiempo libre, como lo ejemplifican el caso 11: “pues con mis amigos, compartir por acá en el parque, y así “; y el caso 14: “con mis vecinos, amigos o viendo tele”. Por ello las activi- dades lúdicas refuerzan la condición de afectividad al despertar el entusiasmo, el liderazgo, el trabajo en equipo, la capaci- dad de adaptación y la proactividad debido al interés por participar.
Una característica visible de esta etapa es la rebeldía como desajuste en proceso, entendida como el precepto que cada miembro tiende a su realización desde los gustos y diferencias, destacándose la apatía, que trascienden a aspectos como la actitud desafiante, capacidades y limita- ciones, con convergencia hacia grupos al margen de la ley y redes de prostitución, micro-tráfico, pandillismo, como modelos a seguir. Esta tensión, por otra parte permite un accionar en la búsqueda de solucio- nes como lo propone Bertalanffy (1968), referenciado por Ramos y otros (2013), que considera a los sujetos como siste- mas abiertos activos que se organizan en estatus y roles en territorios limitados por características comunes compartidas, regidos por normas y leyes construidas colectivamente, que pretenden regular la conducta humana. Según Foucault (1979), referenciado por Ramos y otros (2013), todas las relaciones requieren de un flujo de poder que se renueva constantemente
entre las tensiones, generadas por los conflictos de la interpretación individual y singular de los sujetos que componen el colectivo, desde las experiencias particu- lares, con afectaciones que impactan de formas diversas y así mismo se interpre- tan. La falta de credibilidad, de dialogo y la percepción errónea de los problemas, es lo que genera discordia, que se traducen en agresiones, por el deseo de imposi- ción de una verdad, produce modelos cíclicos repetitivos. Formar en valores se vuelve utópico cuando la comprensión es trastocada por el actuar bélico, asimilado como paradigma comportamental. Esto se evidencia con la respuesta del caso 7: “en varios, yo pude ayudar a cierta persona que fue un compañero… era burlesco, no “cactaba” (captaba) como en la familia de él, había tenido problemas, para él la vida se había vuelto una oscuridad”.
“No existe una única manera de ser joven” Díaz (2012), ya que los adolescen- tes con su “propia” manera de actuar, sus símbolos, sus identidades, sus prácticas, que en mixtura asumen, viven y trans- forman la necesidad de adaptación en contextos específicos, dando cuenta de las particularidades que asume en la vida cotidiana y su concreción, que les permite comprender su entorno y apropiarse para ser parte de él según gustos y afinidades. Hablando en niveles de generalidad y abs- tracción teórica, es posible caracterizar los rasgos societales de vida de los jóvenes Colombianos
Bajo la mirada de la educación, el comprender la interacción adolescente en un contexto específico, permite la consolidación de la identidad institucional, con sentido de pertenencia a su territorio, interactuando constante y continuamente, en términos de inclusión y reconocimien- to de la diferencia con articulación de condiciones socio-culturales de respeto. Un establecimiento educativo es para los estudiantes, un espacio lúdico, para
aprender y desarrollar competencias, construir relaciones de amistad y afecto, tanto con sus pares como con personas adultas, y así, adoptar de manera signifi- cativa, la formación de estructuras éticas, morales cognitivas y comportamentales, tratando de llevar los procesos más allá de la integración, con calidad y cobertura necesarias en cuanto a atención.
Si la educación es fuente de poder cognitivo, como reconocimiento de la individualidad, pretende también la transmisión de la cultura, la diversidad, el conocimiento a las generaciones futuras, en procesos formativos de competencias, regidos por la normatividad nacional y la estandarización internacional, que desconocen particularidades regionales o locales y diezman el desarrollo; en- tonces, debe convocar al ser humano como centro de desarrollo, basados en las capacidades y habilidades, tanto individuales y colectivas como lo propo- nen, Pedro Guell (2001) referenciado por Ramos, Amador, Cerón y Portilla (2013). La educación como instrumento creador de humanos, integra lo cotidiano a la convivencia, donde el docente juega un rol decisivo. Para que la relación social de equidad, participación y funcionalidad tenga éxito, el compromiso, implica asu- mir un papel determinante en cualquier parte del círculo, cuyo único centro es el educando, acreditando empoderamiento, responsabilidades, sin dejar de velar por la sana convivencia. El reconocer al otro como semejante siempre genera descon- fianza (Skliar, 2008), percibiéndolo como enemigo, que ante a la desigualdad, ori- gina el desprecio hacia lo propio.
Según Naciones Unidas: “en el mundo hay 1.2 mil millones de jóvenes entre 15 y 24 años de edad, que representan el 18% de la población mundial, de los cuales el 85 % vive en países en vía de desarrollo con propensión al analfabetis- mo” (recuperado de http://www.un.org), lo que demuestra que la adolescencia se encuentra en estado de vulnerabilidad. Ante esto, las instituciones en su afán de
cobertura y reconocimiento de la diversi- dad, muestran evidentes esfuerzos frente al tema de integración, incorporando cá- tedras como la de africanidad, diversidad étnica, organización territorial, multicultu- ralidad e interculturalidad, entre otros. Las falencias educativas por desconocimiento del contexto, provocan desfases en la vida real, al perder espacios de reflexión para incorporar conceptos académicos sin ningún tipo de exigencia mental. En este sentido, la enseñanza restringida de instrumentos, limita libertades básicas como participación, oportunidades, de- sarrollo, intereses, creencias y actitudes, transgrediendo necesidades internas que resultan esenciales y necesarias para el mejoramiento de la calidad.
En esencia, el adolescente putuma- yense es el resultado de un continuo fluir de un ir y devenir cultural desde centros y periferias, que han traído consigo cam- bios, aportes, ideas y pensamientos en la construcción de una identidad local y re- gional en proceso de formación, donde la escuela, eje transmisora del conocimiento también ha aportado desde la particulari- dad visionaria del educador. Sin embargo, el Estado en el afán de alcanzar indicado- res cuánticos, ha desconocido distintivos regionales, lo que a su vez se traduce en falencias educativas al ser imposible per- cibir todas las sutiles diferencias que los individuos y grupos poseen entre sí. Dicha dicotomía tiene en un oscuro laberinto a la sociedad, en especial a la juventud.
El medio, el contexto y el territorio son factores determinantes para que los adolescentes aprecien los sentidos y sig- nificados de los contextos donde conviven con la familia y la sociedad. Es necesario asumir la postura centrada en sumar el desarrollo socio-afectivo a los aspectos cognitivos y creativos, como facilitador del aprendizaje, para vigorizar una educación integral y trascender la práctica educativa que prioriza los procesos de inclusión,
aceptación y valoración de todo lo que da sentido a un pueblo.
Las instituciones educativas son el punto de encuentro encargado de la fun- ción de la relación socio-espiritual de la comunidad, donde el elemento emotivo es considerado como portador de sentimiento y afectividades que une al lenguaje con lo simbólico, dando acceso a la cultura, como lo sustenta, Cassirer (1992). La es- cuela más allá de un espacio físico, es el punto de encuentro de diversas formas de pensamiento que cohabitan y comparten la heterogeneidad. Mediar entre ellas de forma armónica no solo es responsabili- dad de los educadores, sino también de la familia, la sociedad y el Estado en una corresponsabilidad equiparada.
La inclusión como una apuesta de la educación, es requerimiento para que maestros y estudiantes acepten las diferencias, las valoren y las respeten, creando lazos de acercamiento y conoci- miento de la diversidad, para convertir la escuela en un espacio con sentido en el arte de convivir, donde el reconocimiento personal y social, recobre el gusto por la enseñanza-aprendizaje. Investigar a los otros desde nosotros ha permitido obser- var la presencia o ausencia de elementos culturales comunes dentro del territorio, hasta comprender la otredad.
Los adolescentes que adquieren herra- mientas, conocimientos, actitudes, valora- ciones y disposiciones éticas, participan de manera democrática y civilizada en su sociedad plural, para ser conocedores y respetuosos de sus derechos. La diversi- dad cultural permite compartir y estimar al otro desde su heterogeneidad, ya que los aportes que cada grupo o individuo traen consigo, enriquecen la pluralidad social y por ende el conocimiento colectivo. En este sentido, los derechos se vuelven par- te esencial de cada individuo y comunidad, bajo el paradigma de asumirlos, valorar- los, promoverlos y respetarlos, así como hacerlos cumplir cuando se considere al- gún tipo de vulneración. La lúdica integra a
los adolescentes disolviendo barreras que pueden tener en algún momento dado.
En zonas con heterogénea geografía, cultura y sociedad, los adolescentes re- conocen el ecosistema amazónico, cuya frontera agropecuaria, es parte esencial del desarrollo socio-económico biodiverso y las prácticas etno-culturales. Ser parte activa es primordial para el desarrollo regional y local, bajo el parámetro del sentido de pertenencia. Más allá del reco- nocimiento está la actitud de producir en pro de un beneficio común, de defender lo propio y transmitir de forma asertiva el afecto por el territorio.
Considerar que la formación de sujetos para que tengan un fuerte vínculo con el de- sarrollo de la identidad y la cultura, dándo- le sentido y significado al contexto social, fundamentado en la ética subjetiva, con valores como autoestima, autorregulación, responsabilidad, honestidad, franqueza, respeto, confianza, solidaridad, y la primacía del bien común sobre el bien individual, orienta a los adolescentes del medio y bajo Putumayo articulados al contexto regional, nacional y global para que vivan en un contexto sociocultural
pleno de experiencias cotidianas e inte- racciones congruentes con los principios de la democracia, en espacios de diálogo, respeto por los derechos y promoción de una sana convivencia.
La realización del proyecto de investi- gación, sirve como reflexión teórica para que dentro de las Instituciones educativas generen espacios de interacción y diálogo para la comprensión y visibilización de la diversidad, sin que esté desvinculada de las políticas de inclusión, siendo posible en el aula a través de la flexibilización curricular, y transversalización dentro del contexto educativo y buscando siempre el mejoramiento y beneficio de la calidad de vida de los estudiantes con culturas diferentes.
Reconocer y compartir las experiencias de los adolescentes, como una población que vive su cultura, reflejo de una diver- sidad globo-local, a partir de la afirmación de los contextos particulares, buscan la potenciación y el empoderamiento de los estudiantes, reconociendo sus raíces, rasgos culturales y características propias, propendiendo que estos conocimientos perduren durante todo el ciclo de vida ante los cambios que surgen permanentemente como producto del mundo actual.
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