Para una arqueología del pensamiento pedagógico en la América prehispánica: las culturas mesoamericanas


céSar ValeNcia SolaNilla1


Resumen


En las culturas prehispánicas el mito se funde la realidad, el tiempo con el espacio, pues todo lo existente se hallaba integrado esencialmente en un universo sagrado. Las instituciones educativas, sociales y políticas, las concepciones del hombre y del mundo, derivaban de unas complejas cos- movisiones que se expresaban en códices o libros sagrados –la mayoría destruidos por los españoles- y en las creaciones verbales que pudieron guardarse por el ejercicio memorístico y la escritura fonética, aprendida en el siglo xVI. Este ensayo es una aproximación sobre la función de la literatura –la poesía, la narrativa, el teatro- en la conservación del legado de los antepasados respecto del pensar pedagógico, que es en esencia la del pensar filosófico que desarrollaron los pueblos mesoamericanos de alta cultura.

Palabras claves: Cultura, arqueología, pedagogía, poesía, mesoameri- canos, narrativa


Pour une archeologie des idees pedagogiques dans l’Amerique prehispanique: les cultures mesoamericains


Resumé


Dans les cultures préhispaniques, le mythe se confond avec la réalité et le temps avec l’espace car tout ce qui existe est intégré dans un univers sacré. Les institutions éducatives, sociales et politiques ainsi que les re- présentations de l’homme et du monde, découlaient de cosmogonies com- plexes représentées dans des códices ou livres sacrés dont la plupart ont été détruits par les espagnols. Elles se sont traduites également dans des créations verbales préservées par l’exercice de la mémoire et par l’écriture phonétique apprise au cours du XVIe siècle. La réflexion que je propose est une approche à la fonction de la littérature -poésie, narration, théâtre- dans la préservation de l’héritage des idées pédagogiques de nos ancêtres qui est, en essence, la préservation de la pensée philosophique développée par les peuples mésoaméricains de haute culture.

Mots clef: Culture, archéologie, pédagogie, poésie, mésoaméricains, narration.


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  1. Doctor en literatura de la Universidad Sorbona de París. Director de la Maestría en Literatura de la Uni- versidad Tecnológica de Pereira. Escritor e investigador.


    Introducción


    Las formas más antiguas de pensa- miento entre los pueblos mesoamericanos pueden examinarse en las herméticas formas de sus esculturas en piedra, en los bajos relieves de sus pirámides y pa- lacios, en las monumentales estelas, en sus complejos calendarios, como también en los textos míticos que componen ese maravilloso acervo cultural denominado literatura precolombina. Los códices o libros pintados con su bella y enigmática escritura pictográfica o jeroglífica, pero sobre todos los manuscritos en lenguas aborígenes elaborados por los primeros amanuenses que aprendieron la escritura fonética prestada del español y gracias a la labor de unos pocos misioneros en el siglo xVI, constituyen las fuentes princi- pales confiables para el conocimiento de ese complejo conjunto de creencias y tra- diciones de los pueblos mayas y aztecas que poblaron Mesoamérica. Algo similar puede decirse de los incas, aunque en este pueblo la ausencia de una escritura fonética es mucho más radical, a pesar del misterio que siguen manteniendo para la investigación especializada los quipus, de los que parece inferirse un sistema no sólo de llevar cuentas sino de escritura sígnica bastante compleja.


    Pero el pasado ha podido reconstruirse gracias a la oralidad, porque todos estos pueblos desarrollaron una conciencia clara sobre la necesidad de preservar sus creencias y tradiciones mediante el ejercicio memorístico. Y fue esa memoria colectiva la que muchos clérigos de siglo xVI se encargaron de recopilar y guardar en manuscritos que representan hoy las fuentes primarias para el estudio de sus instituciones.


    Poemas sacros, épicos, líricos, dra- máticos, formas avanzadas de teatro, contienen relatos míticos sobre los orí- genes cosmogónicos de lo existente, sus héroes culturales, sus formas de pensar


    y entender el mundo, sus valores éticos y morales, todos ellos de una enorme rique- za expresiva, en los que podemos rastrear unos evidentes substratos pedagógicos que servían para conferir coherencia a su cultura.


    Así mismo, existen un número impor- tante de fuentes secundarias en donde se dio noticia de primera o segunda mano acerca de aquél mundo recién descubierto, principalmente en lo que conocemos como Crónicas de Indias, y una cantidad apreciable de estudios es- pecializados contemporáneos que sirven para complementar ese acervo informativo tan sugestivo mediante el cual podemos aproximarnos a lo que fue el mundo pre- colombino.


    Aunque estas reflexiones hacen parte de una investigación mucho más amplia sobre las culturas prehispánicas, es im- portante anotar que de la confrontación de las fuentes escritas traducidas al español tanto primarias como secundarias puede inferirse una aproximación acerca de lo que podemos llamar una Arqueología del pensar pedagógico en la América prehis- pánica, que en esencia es la del pensar filosófico que desarrollaron estos pueblos de alta cultura. De modo que hablar de un

    «pensar pedagógico» es lo mismo que un

    «pensar filosófico», ya que los saberes no estaban aún compartimentados como en el mundo moderno, sino hacían parte de un todo cuya fuente era la religión.


    Para los pueblos de alta cultura en la América prehispánica -aztecas, mayas, in- cas- todo cuanto existía se hallaba integra- do esencialmente en un universo sagrado. La religión no era una institución separada del mundo de la cotidianidad, de lo social, de lo político, ni un refugio para espíritus iniciados, sino representaba el sustrato úl- timo, la fuerza genésica fundamental que confería sentido a todo lo existente, pues mediante ella podía hacerse comprensible y cotidiano el universo de lo tangible y de


    lo intangible para el hombre. Conocer el mundo sagrado de los aztecas, mayas e incas, y de casi todos los pueblos preco- lombinos que desarrollaron avanzadas formas culturales, significa apropiarse de los fundamentos mismos de tales culturas, porque todo giraba en torno a ese núcleo esencial que era la religión. Tiempo y es- pacio, mito y realidad, dioses y hombres, el mundo de lo visible y lo invisible, todo aquéllo que tenía relación con el hombre y con el mundo, constituían manifestaciones de las realidades divinas, convocaban su misterio, evocaban su presencia.


    Alfonso Caso, refiriéndose a los aztecas como el «pueblo del Sol», expresa una idea de la religión que puede extrapolarse a los pueblos de alta cultura en la América prehispánica: la religión, era la suprema razón de las acciones individuales y la razón de Estado fundamental 2.


    La vida cotidiana de los seres, sus instituciones sociales, sus ritos y creen- cias, estaban marcados por una profunda religiosidad, de tal manera que desde la infancia y de múltiples modos, el hombre indígena participaba del simbolismo de lo sagrado, lo hacía suyo y mediante él participaba del destino de la colectividad. La educación en el hogar y en la escuela, el trabajo, el juego, la guerra, el acontecer entero, desde el nacimiento a la muerte, encontraban en lo religioso un sentido unitario, de tal modo que la sensación de totalidad y vacío no eran un simple símbo- lo de la ausencia, sino una manifestación diaria del existir.


    Padres y abuelos, maestros y sacerdo- tes desempeñaban la tarea fundamental de mantener en equilibrio el universo de lo social y de lo mítico, pues les correspon- día aprender meticulosamente el pasado para transmitirlo a sus hijos y alumnos.


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  2. CASO, Alfonso El pueblo del Sol. México: Fondo de Cultura Económica, México, 1970. México:

    La palabra sagrada de los sacerdotes o la profana de los adultos repetía la tradición de manera incansable, confiriendo sentido a cada acción de los seres, dotando de trascendencia el acontecer.


    En lo que respecta a la educación, puede afirmarse que prácticamente todos los actos de la vida cotidiana tenían una orientación religiosa, ya que la perfección suprema del hombre consistía en su rea- lización espiritual, y todo el proceso de enseñanza de la normatividad social que recibía desde niño conducía a mantener el orden que había sido creado por los dioses y desarrollado por sus gobernantes y sacerdotes. Llegar a ser adulto era la forma en que se aseguraba la pervivien- cia del grupo social, pero la madurez no estaba asociada simplemente al paso de los años, sino a la realización efectiva de los niveles de asimilación de la normativi- dad. Para ello, existía una primera etapa de desarrollo ligada al núcleo familiar, en donde se recibían las reglas esenciales de convivencia, pero muy pronto el niño era transferido a ciertas instituciones que se encargaban de moldear su ser indivi- dual desde la perspectiva de lo colectivo, como las «casas de jóvenes» entre los mayas, los telpochcalli, los calmécac y los cuicacalli entre los aztecas, pues uno de los objetivos finales de estas sociedades era desarrollar en los niños y jóvenes un intenso sentimiento de solidaridad social, además de las habilidades y saberes que en cada una de estas instituciones se enseñaban. Se creía que cada individuo debía considerar su conducta como parte de la obra común de mantener un sentido armónico de convivencia en la sociedad.


    La idea central era la de mantener en orden lo existente y por lo tanto preservar el legado más preciado de los dioses: la sabiduría de los códices, la ciencia de los calendarios, la historia en la memoria de la piedra, el conocimiento de los hombres y del universo que guardaban los padres, los abuelos, los maestros y los sacerdotes.


    ... los individuos debían llevar una vida que estuviese de acuerdo con los patrones preestablecidos, y entregarse a la tradi- ción. Esto se debía a que los cambios en el orden existente podían romper la armonía social necesaria para la subsistencia de los dioses y por tanto de todo el universo, lo que produciría el caos. 3


    La educación para los mayas y aztecas se entendía dentro de estos cánones ineluc- tables que propendían por el conocimiento de la herencia del pasado para ponerla en práctica en el mundo de la cotidianidad, dotando así el presente de un sentido de estabilidad para el futuro. La educación, en este sentido, constituía un largo proceso de conformación del ser humano para la sociedad con todo la herencia cultural de sus antepasados, pues no se formaban seres para el cambio sino para mantener la estabilidad social, política y religiosa.


    El carácter vertical de sus instituciones, el monopolio sacerdotal de la sabiduría, la poderosa idea de que la posesión del conocimiento tan sólo llegaba en la madu- rez final del hombres, es decir, que estaba reservado a los viejos y los ancianos -que eran considerados como los que verda- deramente lograban la plenitud material y espiritual- son muestran claras de esta concepción del hombre y del mundo.


    Los niños y los jóvenes debían tutelar- se, es decir, formarse para el aprendizaje del conjunto de principios religiosos, éticos y morales, y por lo tanto sus opiniones no eran tenían ningún valor moral, pues carecían de experiencia, formación y edu- cación. De esta forma, las instituciones educativas estaban encargadas no sólo de formar a los jóvenes en los saberes prácticos o los conocimientos intelectuales


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  3. IZQUIERDO Y DE LA CUEVA, Ana Luisa. La

    educación maya en los tiempos prehispáni-

    y científicos específicos, sino eran tenidas como los instrumentos más eficaces para reproducir los legados culturales prove- nientes de sus concepciones cosmogóni- cas descritas en sus libros sagrados.


    Para los mayas, las ideas éticas centra- les de la educación eran las de la solidari- dad comunitaria, la obediencia y la tempe- rancia4. De esta forma, puede entenderse el nivel superior al que debía acceder en la vejez y la razón por la cual los padres y abuelos eran considerados los seres que lograron la máxima de realización en lo individual y social. La educación en la familia extendida -integrada por el jefe de familia, sus hijos solteros, los casados y la esposas e hijos de éstos- preparaba a los niños y jóvenes para la vida, al igual que las «casas de jóvenes»; los niveles que debía cumplir para llegar a la vejez, esto es, primero contraer matrimonio (aproximadamente a la edad de veinte años), luego tener una familia numerosa, asimilar integralmente la herencia de los antepasados y convertirse en un hombre adulto que posteriormente será un padre y abuelo sabio, son expresiones culturales muy claras de la fuerza de estas concep- ciones éticas y de la funcionalidad que representaban para la cohesión social.


    En la figura del sacerdote, tlamatini,

    «el que sabe algo», conocedor de los libros pintados o códices, especie de maestro supremo, se refleja ese nivel superior al que conducía la sabiduría y el contacto con los dioses. En el Códice matritense de la Real Academia, así lo ilustran estos bellos versos, en los que el sacerdote es,


    El sabio: una luz, una tea, un gruesa tea que no ahuma.


    Un espejo horadado, un espejo aguje- reado por ambos lados.

    cos. Universidad Nacional Autónoma de México,

    Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Mayas, Cuaderno 16, 1998, p. 17.

  4. IZQUIERDO Y DE LA CUEVA, Ana Luisa. Ibid., p. 27.


    Suya es la tinta negra y roja, de él son los códices, de él son los códices.


    El mismo es escritura y sabiduría.


    ...


    Pone un espejo delante de los otros, los hace cuerdos, cuidadosos;


    hace que en ellos aparezca una cara5


    Las instituciones educativas


    Las instituciones educativas impartían enseñanza a través de la memorización de los preceptos morales y éticos, que los maestros transmitían oralmente y los alumnos aprendían mediante la repetición, ante la ausencia de una escritura fonética propiamente dicha. Los códices o libros pintados, que conservaban diferentes clases de saberes, tan sólo podían ser escritos e interpretados por una minoría sacerdotal, debido a su carácter hermé- tico. Al ser destruidos por la implacable labor depredadora de los españoles -en particular por los misioneros que siempre vieron en estos libros manifestaciones de idolatría y superstición- el acerbo del saber no se perdió totalmente, y por el contrario pudo mantenerse gracias a la tradición oral, aunque es inestimable todo el conocimiento que se esfumó en las piras inquisitoriales de los católicos de entonces 6.


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  5. Códice matritense de la Real Academia, vol.

    VIII, fol. 118 r. y v. (Citado por Miguel Angel Portilla, p. 499)

  6. En la Relación de las cosas de Yucatán, el evangelizador y obispo fray Diego de Landa se refería así a los códices y a su propia labor in- quisitorial: “Usaba también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas señales de las mismas, entendían sus cosas y las daban a entender y enseñar. Hallámosles gran número

    La enseñanza oral mediante la memo- rización del conocimiento era una manera complementaria de acceder a la ense- ñanza empírica, es decir, la enseñanza para vida, que se impartía en los núcleos de la familia extendida. Tanto hombres como mujeres de los diferentes estratos sociales, recibían en el núcleo familiar una sólida formación ética y moral que tendía a la perfección espiritual, al mismo tiempo que se les enseñaba las labores cotidia- nas propias de su sexo y condición social: a los jóvenes de los estratos inferiores, lo concerniente al trabajo de la tierra y la producción material; a las mujeres, las labores de la casa y en algunos casos también conocimientos de agricultura. A los niños y niñas de las clases altas, se les preparaba para acceder al conocimiento superior de la ciencia y la escritura en ins- tituciones igualmente especializadas.


    En las «casas de jóvenes» de los ma- yas, los niños ingresaban a la temprana edad de tres años, cuando eran separa- dos del núcleo familiar, y a partir de allí se iniciaba el aprendizaje de los rituales religiosos de la comunidad, como el ofreci- miento de incienso, las oraciones, las puri- ficaciones y los «sacrificios» o costumbre sagrada de sangrarse, como lo cuenta fray Bartolomé de Las Casas 7, para lo cual los jóvenes debían guardar la compostura y vencer el miedo. Así mismo, las «casas de jóvenes» cumplían la tarea de reafir- mar el poder mediador de los sacerdotes con las divinidades, de ejercitar desde la adolescencia a los hombres en el juego de la pelota8, de hacer vida comunitaria


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    de libros de éstas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falseda- des del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena.

  7. LAS CASAS, Bartolomé de. Apologética his- toria sumaria, edición preparada por Edmundo O’Gorman, 2 vol., México: Instituto de Investiga- ciones Históricas, 1967.

  8. El juego de la pelota es ante todo un ritual en que se ponían en movimiento poderosas fuerzas cosmogónicas, con la idea central de mantener


    compartiendo el trabajo y el aprendizaje hasta la edad de los veinte años, cuando se consideraba que ya estaban listos para el matrimonio; pero así mismo, y a pesar de la rigidez de las normas, en estas «ca- sas de jóvenes» o «casas de mancebos» como las llamaban los maya-quiché, se les facilitaba a los jóvenes la relación sexual con mujeres que los visitaban, pues los mayas tenían normas permisivas que no incluían la abstinencia sexual para los hombres y por el contrario pueden con- siderarse como instituciones formadoras de los jóvenes en sus hábitos y libertades sexuales. Así lo cuenta fray Diego de Lan- da un tanto perplejo:


    ... a esos lugares llevaban a las malas mujeres públicas y ellos usaban de ellas, y las pobres que entre esta gente acertaba a tener este oficio, no obstante que reci- bían de ello galardón eran tantos mozos que acudían que las traían acosadas y muertas.9


    Con relación a las mujeres, la sociedad maya sí mantenía estrictas normas res- pecto de la sexualidad. De acuerdo a sus rígidas leyes sociales, a las jóvenes se les mantenía en las casas de sus padres desempeñando las tareas propias de su sexo esto es, hilar el algodón, preparar el maíz, molerlo, elaborar tortillas, cuidar los animales domésticos, hacer cerámica, comerciar y en muchos casos participar en los trabajos agrícolas al lado de los hom- bres, dependiendo de su condición social. Como existía una separación bien radical respecto de los roles que desempeñaban hombres y mujeres, ni siquiera se les permitían a las muchachas asistir a las ceremonias de los sacrificios ni sangrarse, ya que este era un atributo exclusiva-


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    la pelota en el aire, representando el movimiento del sol, de la luna y de los astros.

  9. LANDA, Diego de. Relación de las cosas de Yucatán, 9a. edición, introducción de Angel María Garibay. vol. I. México: Porrúa, 1966, p. 83.

    mente masculino entre los mayas. Ahora bien, la falta de puritanismo respecto de las mujeres que visitaban las «casas de jóvenes» no significa que se les permitiera las relaciones sexuales antes del matrimo- nio a muchachos y muchachas, pues al contrario había una estricta interdicción al respecto; puede interpretarse, al contrario, como un favoritismo masculino a manera de entrenamiento para el matrimonio y prevención de la homosexualidad, que era duramente castigada.


    Para las clases altas, además de es- tas «casas de jóvenes» existían en los templos lugares especiales en que cier- tos jóvenes escogidos eran preparados para el sacerdocio, el aprendizaje de las ciencias y la escritura, en las que debían guardarse unas rígidas normas de con- ducta, y muy similares a loscalmécac entre los aztecas.


    En cuanto hace a los aztecas, existe una mayor diversidad de instituciones estatales, verdaderas escuelas para los jóvenes, situadas al lado de los templos y de los palacios, que propendían por su educación, con funciones formativas bien delimitadas y con un marcado contenido clasista.


    En los telpochcalli, o escuelas del co- mún para los mexica, se les enseñaba desde pequeños los principios básicos del culto y de los ritos, pero principalmente estaban dedicadas a la formación de los guerreros. Constituían escuelas para la guerra, en las que se afirmaba la autori- dad y legitimidad de los gobernantes, se les formaba en religión y moral, aunque en ellas se les permitían ciertas liberta- des similares a las «casas de jóvenes» de los mayas, tales como los bailes, los amancebamientos, ya que se trataba de preparar guerreros. Su composición era variada, pero a ella acudían principalmen- te los macehuales, es decir, los hombres del pueblo.


    En los calmécac, escuelas de educa- ción superior, se transmitían conocimien- tos más elevados, como las ciencias, la historia, la interpretación de los códices y de los calendarios, el aprendizaje de los cantos e himnos rituales, y estaban reservadas para los hijos de los nobles y los sacerdotes. Su dios tutelar era Que- tzalcóatl, la divinidad del autosacrificio y la penitencia, dios de las artes, del saber y del espíritu, por lo que los jóvenes de- bían mantener allí estrictas normas de austeridad, ayuno, obediencia, ascetismo y autodominio, pues se trataba de formar sacerdotes, sabios y gobernantes.


    En los cuicacalli, que eran escuelas en donde se cultivaban las bellas artes, el canto y la música, e institución muy im- portante para comprender el gran avance que la poesía tuvo en el pueblo azteca,»se enseñaban los cantos profanos: hazañas de héroes, elogios de príncipes, lamenta- ciones por la brevedad de la vida y de la gloria, exaltaciones guerreras, juegos y pantomimas, elogios y variaciones sobre la poesía y ‘cosas de amores’. 10. Como las otras, su proximidad a los templos reflejaba en hondo sentido religioso que para el pueblo mexica tenían todas las expresiones artísticas, en la medida en que a través de ella se guardaba viva la memoria colectiva.


    El pensamiento pedagógico en los textos literarios mayas y aztecas


    Gracias a la habilidad memorística que desarrollaron las culturas precolombinas en estas instituciones educativas, se pudo preservar por cientos de años un conjunto notable de creaciones artísticas que se- rían vertidas en los manuscritos mayas y

    se accedió a la escritura fonética, es decir, a partir del siglo xVI.


    Juan de Tovar, testigo excepcional del siglo xVI, presenta su testimonio de la habilidad memorística de los aztecas, en su correspondencia con el padre Acosta:


    «Para tener memoria entera de las palabras y traza de los parlamentos que hacían los oradores... había cada día ejer- cicio de ello en los colegios de los mozos principales, que habían de ser sucesores a éstos, y con la continua repetición se les quedaba en la memoria, sin discrepar palabra» 11


    Pero no se trataba de unas técnicas memorísticas cualquiera. Cuando se analizan las procedimientos estilísticos de la literatura precolombina, tales como el paralelismo, el difrasismo, el estribillo, las palabras broches, se puede explicar cómo en la estructura misma de la creación poética se incorporaban elementos facili- tadores de la memorización a través de la repetición y de la reiteración. Angel María Garibay12, el gran estudioso de la literatura náhuatl, define de manera muy clara esto procedimientos, que son los mismos para la literatura maya y la literatura inca:


    El paralelismo, consiste en armonizar la expresión de un mismo pensamiento en dos frases que, o repiten con diversas pa- labras la misma idea (sinonímico), o con- traponen dos pensamientos (antitético), o completan el pensamiento, agregando una expresión variante, que es pura repe- tición (sintético). El difrasismo, consiste en aparear dos metáforas, que juntas dan el simbólico medio de expresar un solo pen- samiento, o sea la expresión de un con- cepto mediante dos términos más o menos sinónimicos. El estribillo, mediante el cual

    aztecas en sus idiomas originales, cuando

    11 GARIBAY, Angel María. Historia de la literatura

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  10. MARTINEZ, José Luis. Nezahualcóyotl: vida y obra. México: Fondo de Cultura Económica, 1992, p. 95.

náhuatl. Prólogo de Miguel León Portilla. Méxi- co: Editorial Porrúa, S.A., 1992, p.

  1. GARIBAY, Angel María. Ibid., p. 65-73.


    cada etapa del pensamiento poemático se cierra con la repetición de un mismo com- plejo de imágenes. Y la palabras broche, similar al paralelismo y al estribillo, que es la insistencia de un mismo concepto, y en muchos casos de una misma palabra, para inculcar en el oyente la repetición alternante y viva, es decir, para generar emoción estética al variar la expresión, sin alejarse del concepto.


    Estos procedimientos estilísticos son propios no sólo del lenguaje elaborado de la poesía náhuatl, sino en muchos casos del habla popular, pues se hace con base en imágenes acumulativas y construcción de metáforas sugestivas, conforme lo señala también Garibay.


    Es evidente entonces que la estructura misma de estas lenguas era propicia para el aprendizaje del legado cultural de los antepasados, de tal forma que el ejerci- cio memorístico tenía un expreso sentido pedagógico, pues el aprendiz asumía la grave responsabilidad de conocer el pasado para repetirlo y contribuir así al equilibrio por la reproducción del saber y el ejercicio de la norma.


    Los mayas


    Las fuentes escritas principales de los mayas preshispánicos o que al menos refieren la naturaleza de sus institucio- nes sociales y religiosas, como el Popol Vuh, el Rabinal Achí, Los anales de los cakchiqueles, El Memorial de Sololá, El libro de los libros del Chilam Balam, los Cantares de Dzitbalché, dan cuenta de una concepción bastante rígida respecto de la educación, por cuanto ésta derivaba de los preceptos religiosos contenidos en sus libros y relatos sagrados, en los que hombres y dioses se relacionan para mantener el equilibrio y la armonía del uni- verso. Así mismo, en las obras de los cro- nistas de Indias y misioneros del siglo xVI, que pudieron observar directamente este

    mundo desconcertante y ya relativamente decadente, como fray Bartolomé de Las Casas13, Antonio de Herrera y Tordesillas 14 y fray Diego de Landa 15.


    Para efectos de estas reflexiones, se tomarán como base los dos textos ma- yores de la literatura maya: el Popol Vuh y el Rabinal Achí, destacando que el pensamiento pedagógico puede rastrear- se profusamnente en los demás textos mayas que hemos citado.


    Popol Vuh


    En el Popol Vuh, llamado con razón La Biblia americana, se establecen diferentes formas de expresión de lo que pudiéramos llamar un pensamiento pedagógico maya-quiché, es decir, de enseñanzas que servían para preservar la memoria colectiva y proporcionar un elevado sentido de coherencia social y política: relatos de índole cosmogónica, descripción de la organización política, la estructura social y la conformación de las familias nucleares, con un substrato ético y moral fundamental que orga- nizaba el mundo de la cotidianidad y preservaba las instituciones básicas de la sociedad. Como libro sagrado y eje esencial de su cosmovisión, el Popol Vuh no sólo tenía la función práctica de explicar el origen de todas las co- sas desde la perspectiva de lo mítico, sino de impartir enseñanzas morales permanentes para preservar el pasado,


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  2. LAS CASAS, Bartolomé de. Apologética his- toria sumaria, edición preparada por Edmundo O’Gorman, 2 vol. México: Instituto de Investiga- ciones Históricas, 1967.

  3. HERRERA Y TORDESILLAS, Antonio de. Histo- ria general de los hechos de los castellanos en las islas de tierra firme del mar océano, notas de Miguel Gómez de Campillo. Madrid: Real Academia de la Historia.

  4. LANDA, Diego de. Relación de las cosas de Yucatán, 9a. edición, introducción de Ángel María Garibay. México: Porrúa, 1966


    es decir, para que el conjunto de institu- ciones que los hombres tuvieron como patrimonio de sus dioses, le confirieran sentido y estabilidad a la organización social, al mundo de la historia. Estos preceptos castigaban la perversidad, la soberbia, la desobediencia y exaltaban la virtud, la sabiduría, la astucia y el va- lor, y pueden ser considerados núcleos fundamentales en la estructuración del pensamiento pedagógico de la cultura maya. Representan el origen del modelo de educación que serviría como base para esta vital idea de mantener el orden cósmico en la medida en que se mantu- viera la cohesión de los grupos sociales. Las reglas de conducta en el Popol Vuh no se eran el resultado de «la historia» sino que estaban entroncadas con sus concepciones cosmogónicas más anti- guas, pues derivaban directamente de los dioses: la idea de los padres y abue- los como depositarios del saber mayor y de la plenitud vital por la posesión del legado cultural expresan la permanente actualización de la primigenia pareja de dioses sabios y pensadores: Tepeu y Gu- cumatz, quienes a través de la palabra, crearon todo lo existente:


    Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabra y su pen- samiento. (p. 5)


    De modo que el respeto por los padres y abuelos deriva directamente de los dioses primigenios y el saber se estructura por la unión de la palabra y el pensamiento, he- rencia suprema de las deidades para con- ferir sentido a la creación del hombre.


    Siendo el libro de la sabiduría, es llama- do también el Libro del común, la com- pilación máxima de todo lo que los dioses dispusieron para que el universo girara in- cesante y la vida en la tierra se mantuviera

    como un amanecer luminoso. La creación del hombre, fin último de la creación, es tal vez la metáfora mayor de la búsqueda de la perfección, por cuanto los dioses debían asegurar su inmortalidad en la memoria de los hombres. Por eso el hombre es creado luego de varios intentos y consultas entre los dioses: primero se crea a los animales, se les pide que hablen y al no conseguir que lo hicieran como los hombres, se les deja su lenguaje de cacareos, chillidos y graznidos, y como castigo el que sus car- nes fueran devoradas y sirvieran para el alimento; luego se intenta con el lodo, pero tampoco se logra crear al hombre, porque su carne se deshacía, estaba blando, no se movía, se le nublaba la vista, y aunque al comienzo hablaba, no tenía entendi- miento, se humedeció dentro del agua y no se pudo sostener; de modo que deben acudir al consejo de los sabios abuelos Ixpiyacoc e Ixmucamé, quienes luego de echar la suerte en los granos de maíz y de tzité deciden crear al hombre de madera, que pobló la tierra, se mutiplicó, pero sólo tuvo hijos e hijas a muñecos de madera que no tenían alma ni entendimiento ni se acordaron de sus dioses, por lo que fueron destruidos y una gran lluvia de resina vino del cielo, les fueron arrancados los ojos, cortadas sus cabezas, devoradas sus carnes, magullados y molidos sus hue- sos, y hasta los animales pequeños, los comales, los platos, las ollas, las piedras de molar, les golpearon sus caras y de ellos se vengaron, convirtiéndose final- mente en los monos que habitan en los bosques; por último, Tepeu y Gucumatz, cuando faltaba poco para que el sol, la luna y las estrellas aparecieran, decidieron crear al hombre de maíz, ya que el maíz blanco y el amarillo penetró en la carne de los hombres, le dio vida y fortaleza, descubriendo entonces una tierra llena de deleites y abundantes alimentos. Este es el origen de los primeros hombres, Balam Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui- Balam, que ocurre cuando el sol aparece, cuando la luz plena de la vida inunda la tierra y el universo.


    Hay en estos pasajes del Popol Vuh espléndidas imágenes del existir, del carácter inacabado de la creación, de la falencia de los dioses, de la búsqueda de la perfección en la creación de los hom- bres, del castigo que tuvieron los que no alcanzaron el entendimiento, del trabajo conjunto de las deidades para realizar mejor su obra, y desde luego de la expli- cación del origen de las cosas a través de la palabra poética: los animales son los hombres primigenios que no pudieron hablar, los monos los hombres de palo que fueron castigados por su ineficiencia, el hombre de ahora el hijo del maíz, fuente de toda alimentación y de alegría en el mundo. El sentido pedagógico no puede ser más claro, como tampoco la fusión indisoluble entre el mito y el pensamiento, entre la filosofía y la pedagogía.


    Reflexiones similares pueden hacerse respecto de otros importantes principios éticos y morales que abundan en el libro y que le sirvieron al pueblo maya-quiché para conferirle sentido a su universo mí- tico del cual derivan sus nociones para la explicación y comprensión de la realidad histórica, de sus instituciones y formas de pensamiento. Podemos enunciar algunos de estos principios:



    Todo estos principios tienen una ins- piración claramente pedagógica y trans- cendental para la vida el individuo, pues provienen del mito:


    Los hermanos Hunahpú e Ixbalanqué, aunque eran verdaderos dioses y tenían grandes poderes sobrenaturales, guarda- ban siempre la humildad y el respecto por sus padres y abuelos, ya que mediante su ejemplo debían demostrar que tanto hom- bres como dioses no deben ser vanidosos ni soberbios. Ellos eran los encargados de combatir las fuerzas negativas y las malas acciones para preservar a la comunidad y mantener el equilibrio.


    El carácter hondamente humanizado de estos héroes civilizadores los presentaba


    como muy próximos a su pueblo, de tal forma que las enseñanzas morales y éti- cas fueran inherentes al individuo mismo, sin que por estos los dioses perdieran su gloria y divinidad. Puede afirmarse que todas las acciones que emprenden para castigar la vanidad y la soberbia, desde la perspectiva de acciones humanas simples que priorizan la imaginación, la habilidad y la astucia, son formas eficaces vencer el mal, la violencia y la fuerza bruta y mantener el equilibrio cósmico, al mismo tiempo que enseñanzas eficaces en las que el pueblo aprendía los patrones de conducta que debían asumir a lo largo de su vida.


    Rabinal Achí


    En el Rabinal Achí, que es la pieza literaria extensa más auténtica del mun- do precolombino, así mismo, es notable el sentido pedagógico que la inspira, pues sirvió para mantener en la memoria colectiva el profundo sentido religioso que para los mayas representaban los sacrificios humanos, como también la exaltación del honor, la lealtad y el valor de los guerreros.


    Esta pieza teatral fue recuperada gracias a la labor del abate Brasseur de Bourbourg en 1856 en el pueblo guatemal- teco de San Juan de Rabinal y a la cola- boración de un indígena letrado, Bartolo Ziz, que era el director de una compañía que representaba anualmente la obra desde tiempos muy antiguos. Brasseur de Bourbourg no sólo logró presenciar la representación completa del Rabinal Achí conforme la versión ampliada de Bartolo Ziz, sino copiarla y escuchar su música, también transcrita por el maestro de la capilla y el joven indio sirviente Cólash López, que la anotaron durante la repre- sentación. Con todos estos elementos

    ésta obra fue representada ininterrumpi- damente y guardado con mucho celo por su pueblo), el misionero francés escribió la primera versión en lengua maya-quiché del drama-ballet, utilizando la fonética del español, generando así uno de los hechos claves de la historia literaria en hispanoamérica.


    Este es uno de los mejores ejemplos en nuestro continente de cómo la litera- tura no sólo confiere sentido al mundo sino preserva la memoria sagrada de los rituales y los hace invisibles en tiempos de dominación, ya que si bien los sacrificios humanos fueron proscritos rápidamente por los conquistadores y misioneros es- pañoles, las representaciones teatrales como ésta mantuvieron viva la sacralidad y el carácter trascendente de las ceremo- nias sacrificiales. De igual manera, este interesante y hermético drama-ballet, que en esencia debería denominarse Rabinal Vinak por la importancia protagónica del Varón de los Queché, exalta el valor guerrero del perdedor por su dignidad y entereza, convirtiendo la derrota en triunfo y reclamando los honores del sacrificio pues considera que debe perdurar en la memoria de su pueblo.


    Su estructura interna obedece a una complicada relación del tiempo y los números inherente a las concepciones cosmogónicas de los mayas, sobre todo en lo que respecta a los bailes de los caballeros águilas y jaguares y a la lucha entre el dios solar -el varón de Rabinal- y la estrella matutina -el varón de los Que- ché- que ejemplifican un rito de hondo simbolismo con relación a la regeneración de la vida.16.


    En esta pieza teatral, que enfrenta al lector con la aparente dificultad de los procedimientos estilísticos propios de las

    como fuentes primarias de una fidelidad

    absoluta a la versión original (Bartolo Ziz contaba que por cerca de trescientos años

  5. MERINO LANZILOTTI, Ignacio Cristóbal. La representación de los mitos, en El público, No. 88, enero-febrero, 1992.


    composiciones literarias precolombinas, como el paralelismo, el difrasismo y la palabras broche que ya se han señalado, se aprecia la voluntad del pueblo maya para facilitar su memorización. En los lar- gos parlamentos mediante los cuales se enfrentan verbalmente el varón de Rabinal y el varón de los Queché en la primera parte, y luego de éste con el Jefe Cinco Lluvia en el resto de la obra, es notoria la técnica de la repetición y el contrapunto que dan la sensación de no hacer avanzar la obra, en la medida en cada personaje repite prácticamente el parlamento de su oponente. En virtud de ello fue posible preservarla por cientos de años desde el punto de vista de la palabra poética que se enuncia, y hacer perdurar a través de sus bailes y ceremonias rituales el carácter sagrado tanto de los sacrificios humanos como de la búsqueda del equilibrio cósmi- co, aspectos estos en los que es evidente la expresión de una intención pedagógica explícita.


    De igual manera, ofrece matices singu- lares que podrían estar en contradicción con lo analizado respecto del Popol Vuh, si se observa cómo en el libro sagrado del pueblo maya-quiché se castiga la vanidad y la soberbia, se premia la humildad y la obediencia. Sin embargo, se trata de una contradicción aparente, ya que a su vez se está enalteciendo el valor de los guerreros, la lealtad a los principios éti- cos y morales de su pueblo, el amor a su tierra y la dignidad del vencido que quiere ser sacrificado para honrar a los dioses y convertir su derrota en triunfo, como ocurre respecto del varón de los Queché. Esto significa, desde la perspectiva de lo simbólico, que para los mayas el poder político y militar podría ser controvertido, siempre y cuando se opusieran valores éticos y morales superiores que despla- zaran los existentes, pues de otra manera no podría entenderse la acción heroica de ir al sacrificio del guerrero Queché. Un pensamiento pedagógico implícito en esta obra es el carácter trascendente de la vida

    humana digna y valiente que a pesar de su acción transgresora permite salvaguardar el honor y servir como ejemplo para el sacrificio como ceremonia que conduce a la inmortalidad y sirve de alimento a los dioses para la estabilidad de los fuerzas cosmogónicas.


    Los aztecas


    Como los mayas, los aztecas desarro- llaron refinadas formas de pensar e inter- pretar el mundo, que se ven expresadas en numerosos poemas de corte filosófico, algunos de ellos muy herméticos, como también en los huehuetlatolli o «pláticas de ancianos», donde se reflejan de ma- nera muy concreta el conjunto de normas éticas y morales que los padres transmi- tían a sus hijos.


    La fugacidad de la existencia, el mis- terio de la muerte, la inanidad de la vida, el amor a la naturaleza y a los amigos, la ausencia, la celebración de la guerra, la imprecación a los dioses, los relatos he- roicos de sus hazañas, constituyen, entre otros, los temas preferidos de la poesía náhuatl. Mediante poemas líricos, épicos, dramáticos, pletóricos de belleza y signifi- cado, los antiguos mexicanos elaboraron todo un sistema filosófico fundamentado en los mitos de sus antepasados para dotar de sentido a lo existente.


    Si bien no tuvieron un libro fuente como los maya-quiché, sí dejaron una importante producción literaria en donde se articula una visión del mundo de pro- funda raigambre religiosa. De inspiración esencialmente colectiva, la poesía náhuatl es una poesía que tiene un gran sentido de elevación a la deidad, expresa el alma colectiva mediante los sentimientos, las ideas y las emociones del pueblo, tiende a la brevedad en la expresión, utiliza re- cursos estilísticos limitados, en especial los relacionados con la comparación de la belleza, que casi siempre se expresa


    comparándola con las flores, las plumas, las piedras preciosas; y busca la tras- cendencia, con un verdadero sentido de universalidad. No sólo en sus ceremonias de culto sino en cada momento de la existencia, su reconocimiento y su actitud ante un universo esencialmente sagrado se volvían siempre presentes.


    De modo que los valores éticos y mo- rales que a través de la poesía se trans- mitían corresponden igualmente al ideal de la perfección, del sacrificio, el respeto por los abuelos y los dioses, el ascetismo, la obediencia, la solidaridad, como se ha analizado respecto de los mayas. Una comunidad de instituciones y principios cosmogónicos relacionaban estrecha- mente estas dos culturas y es probada la influencia que ejercieron unas sobre otras. Baste mencionar algunas de ellas: la deidad principal de los aztecas, el dios Quetzalcóatl es el mismo dios Kukulkán de los mayas yucatecos de Chichen Itzá o Gucumatz de los mayas quiché; la pareja de dioses Creadores y Progenitores del Popol Vuh es similar al supremo dios dual de los toltecas, Ometéotl, que es también Tloque Nahuaque o Moyocoyani, el Dueño del cerca y el junto, que es Noche y Viento, el que se inventa a sí mismo.


    El pensamiento de los sabios y los sacerdotes los llevó a la formulación de cuestiones trascendentales como la del sentido y propósito de la existencia en la tierra y la del destino humanos más allá de la muerte, la indagación sobre el equilibrio del universo, la interpretación de los signos cósmicos, aspectos todos que integran un auténtico pensamiento filosó- fico. Estas trascendentales ideas fueron expresadas en las creaciones poéticas, que como se ha señalado tenían un fun- damento religioso, y como tal revelaban un universo sagrado al que los hombres acudían cotidianamente para explicarse el por qué del mundo en todas sus mani- festaciones.

    El deber moral del aprendizaje de todo este universo mítico proporcionaba a los seres la posibilidad de conferir sentido a su vida y corroborar el prurito ético del equili- brio, de modo tal que fueron explícitos los fundamentos pedagógicos que animaban la adquisición de los conocimientos más altos y de la normatividad social. La poesía fue uno de los instrumentos más eficaces para acceder al saber filosófico y esoté- rico, como lo prueba la gran estima que para el pueblo tenían los cuicapicque, o

    «componedores de cantos» y el hecho que algunos de los más importantes poetas hayan sido gobernantes17, como en el caso del rey Nezahualcóyotl, cuya poesía revela preocupaciones de índole filosófica en torno al destino del hombre y de la muerte, conforme lo ha estudiado profusamente José Luis Martínez 18.


    Pero en donde es más explícita la in- tención pedagógica de los textos náhuatl es en los huehuetlatolli, las «pláticas de los ancianos», testimonios de la «antigua palabra», que son un conjunto de exhor- taciones de los padres a sus hijos para transmitir una serie de principios éticos y morales tales como la obediencia, la castidad, la justicia, el respeto de los mayores, la lealtad, la honestidad, la hu- mildad y otras tantas virtudes, así como ciertos ritos y modales, mediante los cua- les se preparaba a los niños y jóvenes de ambos sexos para vivir en sociedad. Se encuentran en el libro VI de Sahagún, que es llamado por él mismo como el libro «De la Retórica y Filosofía moral y Teología de la gente mexicana, donde hay cosas muy curiosas, tocantes a los primores de su lengua, y cosas muy delicadas tocante a las virtudes morales. Representa, al decir de Garibay, «una de las fuentes genuinas para el conocimiento del alma indígena. Y como texto literario, propia y estricta-


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  6. LEON-PORTILLA, Miguel. Quince poetas del mundo náhuatl. México: Editorial Diana, 1994.

  7. MARTINEZ, José Luis. Op. cit.


    mente literario, no hay nada comparable, sino, acaso, el contenido del Ms. de los Cantares Mexicanos de la Biblioteca Nacional» 19.


    Estas «Pláticas de los ancianos», de una belleza incomparable en lo literario, son un compendio valioso del pensamien- to pedagógico y filosófico de los antiguos mexicanos y fuente muy rica para la in- vestigación sobre la el sentido integral que para ellos constituyó el ser y el mundo.


    A manera de conclusión


    A manera de conclusión, podemos afir- mar que los ideales de la búsqueda de la perfección espiritual, el mantenimiento del


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  8. En el prólogo al Libro VI de Sahagún, Op. cit., p. 288.

equilibrio cósmico, ,el respeto a la tradición y a los mayores, el carácter trascendental de la vida humana, la solidaridad social, el triunfo del bien sobre el mal, la lealtad, el valor, la humanidad y la cordura, re- presentaban, entre otros, los principios fundamentales que sirvieron de base para la construcción del pensamiento pedagó- gico de las culturas mesoamericanas. Al participar del simbolismo de lo sagrado, las ideas filosóficas se confunden con las pedagógicas, y la belleza grandiosa de sus creaciones poéticas condensan una visión del mundo profundamente religio- sa, que dinamiza la vida y el universo. La palabra poética es la palabra sagrada que sirve para consagrar los principios éticos y m orales con los cuales se hace trascender el mundo de la cotidianidad, ya que el hombre y la sociedad deben mantener la armonía.


Bibliografía


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Códice matritense de la Real Academia, vol.

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En la Relación de las cosas de Yucatán, el evangelizador y obispo fray Diego de Landa se refería así a los códices y a su propia la- bor inquisitorial: “Usaba también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algu- nas señales de las mismas, entendían sus cosas y las daban a entender y enseñar. Hallámosles gran número de libros de éstas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena.


El juego de la pelota es ante todo un ritual en que se ponían en movimiento poderosas fuerzas cosmogónicas, con la idea central de mantener la pelota en el aire, represen- tando el movimiento del sol, de la luna y de los astros.


GARIBAY, Angel María. Historia de la literatu- ra náhuatl. Prólogo de Miguel León Portilla. México: Editorial Porrúa, S.A., 1992, p.

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MERINO LANZILOTTI, Ignacio Cristóbal. La representación de los mitos, en El público, No. 88, enero-febrero, 1992.