Deseo y necesidad de mundo: límites y horizontes


Miguel alBerto goNzález goNzález1


Resumen


El deseo y la necesidad de mundo pueden indicar límites y horizontes del sujeto. La verdad y sus validez universal y el deseo que rompe los límites nos pone en suspenso, tiene algo de universalidad mientras que la nece- sidad pregunta por lo que no se posee y se mueve en los límites.

Se anuncia a Job en la intersección deseo, necesidad y paciencia, compren- diendo que esta triada se equilibra en los grandes hombres. Como puerta o salida a los límites se esbozan elementos lingüísticos que den cuenta de varios horizontes sin llegar a la ingenuidad de no ver las fronteras.

El cuerpo es deseo, apetencia, pero también abulia y abandono, sólo un sujeto que logra leer los límites perfila sus horizontes que no sobrepasan los intereses individuales en deterioro de los colectivos. El mundo está abierto, el cosmos se brinda, es el hombre que rompiendo los límites se atreve a encontrar horizontes.

La puerta como metáfora a la curiosidad nos entrega un mundo por explorar, una aventura por venir que horadan aquellos muros que parecen negarle una oportunidad al sujeto.

Palabras clave: Deseo, necesidad, ciencia, límite, horizonte, sujeto, pa- ciencia.


Desire and necessity of world: limits and horizons Abstract

The world desire and necessity can show limits and horizons of the subject.

The truth and its universal validity, the desire that breaks the limits put us in apprehension, desire has something of universality whereas the necessity asks reason why it is not controlled and it moves in the limits.

Job is announces in the intersection desire, necessity and patience, unders- tanding that this balances in the great men. As door of exit to the limits, it is given outlines linguistic elements that provide several horizons without arriving at the cleverness from not seeing the borders.

Te body is desire, hunger, but also loss of energy and abandonment, only a subject that manages to read the limits can see his horizons that do not exceed the individual interests in weakening of the groups. The world is


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1 Docente Escuela Carabineros Alejandro Gutiérrez, integrante equipo de investigación Maestría Universidad de Manizales, Magister en Educación, Estudios predoctorales en Conocimiento y Cultura Latinoamericana. Manizales-Colombia. miguelalbertogonzalezg@yahoo.com - miguelg@umanizales.edu.co


open, the cosmos offers, is the man who breaking the limits dares to find

horizons.

The door as metaphor to the curiosity gives us world for discover an ad- venture to come that drill those walls that appear to deny a chance to the subject.

Key words: Desire, necessity, science, limit, horizon, subject, patience.


Crítica y libertad


La libertad no tiene más lí-

mite que el saber.


Estanislao Zuleta


Es claro que no logramos concebir lo absoluto de ninguna expresión, tanto así que a la libertad le fijamos límites y al saber se le establecen requisitos, es pro- bable que el saber limita con aquello que no es saber y en su exceso de horizonte puede tornarse en un agujero negro, frente a ese riesgo demandamos o sino inventa- mos las fronteras para estar un tanto más cómodos. La crítica puede asistir al sujeto en el apremio de debilitar los muros y de desplazar los límites.


Ahora, quien tiene el gusto por lo ab- soluto renuncia a la felicidad. Cierto es que a la felicidad se renuncia de múltiples formas, por no conocerla, por no buscarla, por abandonarla, por depositarla en el pa- sado o instalarla en el futuro, esto por no decir que aún no sabemos qué es felicidad ni cómo se llega a esa etapa.


Deseo y necesidad son dos estados de ánimo que acompañan al hombre, pero cuya relación se construye de los modos más curiosos que no siempre acuden a la lógica, el anhelo de felicidad sucumbe en las garras de la codicia, cuando no, en las redes de la impericia. La libertad del hombre emerge en aparente contrariedad, puesto que el sujeto está sujetado a su entorno, a su condición, a sus carencias, por no decir a sus insuficiencias. La escue-


la de Frankfurt hincó sus esfuerzos en la emancipación humana, en la búsqueda de la libertad como una constante exigencia al hombre para reconocer las cadenas y las falacias de la modernidad con sus promesas. En el libro Modernidad líquida (Bauman, 2000, 31) avanza al respecto “El principal objetivo de la Teoría Crítica era defender la autonomía humana, la libertad de dirección y autoafirmación y el derecho a ser y a seguir siendo dife- rente”. Bien es cierto que como respuesta encontramos que el poder político lucha por homogenizar, por unificar, por impo- ner unos estilos, mientras los poderes económicos, los que vienen designando el rumbo de la sociedad, hacen todo lo posible por restringir la liberad humana, por se hicieron al derecho de diseñarle a la sociedad el devenir, en su universalidad deciden los productos a ofertar e incluso el tipo de enseñanza que se debe impartir al niño, marcando así el futuro mediato e inmediato de la humanidad. Para quienes ostentan el dinero y el poder político, la crí- tica no se reconoce, se relega o desdeña, aprendieron a presentar falsos informes con estadísticas manipuladas, maquillan aquellos aspectos que representen ries- gos a sus propios intereses, mientras el sujeto perdido en la información y la pro- paganda no logra distinguir las cadenas, y al no identificarlas difícilmente sentirá la necesidad de emanciparse, de rebelarse contra aquellas formas grotescas que le plantan desde el afuera.


La libertad se conquista desde la pre- cariedad, se conserva frente a los riesgos y se amplía cuando hay grandeza de


humanidad. Esto que se dice con cierta facilidad no tiene fórmulas, siempre exis- tirán circunstancias políticas, económicas, sociales y culturales que no dejan signar una ruta en particular, sólo un sujeto con necesidad de mundo lo entrega todo por conquistar la libertad día a día y la recon- quista cuando se pierde del horizonte.


Deseo de verdad y validez universal: límites y horizontes


El deseo de una ciencia como conoci- miento de validez universal es tan cuestio- nable como sus verdades, puesto que la universalidad de un saber viene dado por circunstancias de tiempo, espacio, energía y materia, que no puede burlar las implica- ciones históricas, éticas, jurídicas, estéti- cas, religiosas, políticas y económicas del momento. Es si honesto especificar que al entender la verdad como la adecuación entre el entendimiento y la realidad, se da un paso significativo para no pretender universalizarla.


El riesgo emerge en muchos sentidos, pero se agudiza desde un pensar a ultran- za o sectorial, en el primer caso agudiza una pretensión de complejidad, mientras en el segundo se resigna a un sólo ca- mino, “En el trasfondo de la catástrofe, entonces, están un pensamiento mutilado, reduccionista, y una inteligencia ciega; el pensamiento mutilado, reduccionista, excluye la contradicción, es mecanicista y determinista, unicausal, no es racional, sino racionalizador. La inteligencia ciega exclu- ye la mutidimensionalidad” (Guarín 2004, 95). Un abstraerse de lo dicho es un caer en los bajos mundos de a imaginación, ello se materializa cuando algunos monstruos han subido al poder, a partir de ahí la ca- tástrofe va adquiriendo forma, las normas son suplantadas, el lenguaje se empobre- ce, el populismo emerge como salvación, los restantes recortan, reducen su pensar, el horizonte se niega para la mayoría y se constituye para unos cuantos.

La dialéctica de lo universal es incom- pleta, pues pretende darle autoridad a la verdad como conocimiento universal- mente válido como deseo y necesidad de mundo es tan frágil al modo de otras tantas pretensiones humanas que han querido ubicar un mundo mejor con la idea inge- nua de que el ser humano se comportará según lo previsto y que nada fallará en ese proceso de ejecución.


Hablar de algo universal es pretender darle crédito a la verdad y como sabemos, en la posmodernidad, todos los criterios de verdad, los dogmas, las concepciones económicas, los postulados políticos y el sueño de progreso que nos traería consigo la felicidad entraron en crisis, mostrando con ello que aquellos ideales de un me- jor devenir colapsaron, murieron desde su misma construcción lingüística. Ello ratifica el supuesto, antiguo por demás, de que la verdad sobreviva en el tiempo perdió cualquier rigor, entonces la cien- cia, si es que tenía alguna pretensión de universalidad, fracasó en su intento, su verdad no superó los propios límites de su edificación, ni siquiera, su opuesto, la mentira logró universalidad en su posibi- lidad de aplicación.


Los científicos serios saben que cons- truyen conocimiento por un tiempo y espacio cuyo ámbito está siempre en movilidades, ya en ciencia nadie habla de un saber para todo el mundo, los límites se reconocen, se piensa en un saber que se ajusta a unas circunstancias que ante cualquier variación, pierde su importancia o incluso su posibilidad de aplicabilidad, exigiendo una auto-revisión permanente para no perder el horizonte, “Así, el co- nocimiento científico es reflexivo: requiere volver sobre sí mismo para reconocer y justificar su certeza”, (Llano 1983, 52). Si ello tal conocimiento no se regresa en sí, no tendrá ninguna opción de ser científico, su idea de universalidad no podrá ni ser pensado, pues no se reconocieron los límites y horizontes, ni mucho menos la


necesidad de mundo, que se condensa en una preocupación por la humanidad.


La física y la matemática, denominadas ciencias exactas, han venido reconfigurán- dose en sus dinámicas internas, pues la cuántica y otras teorías han establecido que no todos sus presupuestos se cum- plen, la física cuántica ha revolucionado y sigue revolucionando cualquier concepto sobre los cuerpos y las leyes que los rigen en sus movimientos, es como si las disciplinas reclamasen al mundo sus necesidades.


El horizonte de las teorías como hijas de la ciencia y la técnica como producto de la ciencia continúan en constantes vai- venes. En ciertas situaciones una teoría antigua no tiene validez, pero en otras es totalmente aplicable. Los productos tecnológicos no siempre tienen la misma suerte, ni la misma aplicabilidad, algunas comunidades los aceptan y comprenden, mientras en otras el rechazo es absoluto o es inviable en su ejecución. Igual suerte corren las teorías sobre seguridad, las investigaciones científicas sobre la salud y otras tantas formas de conocimiento que sólo sirven en un momento y lugar específico, su mundo de acción llega a lo justo, al límite.


Deseo


El deseo es una propensión humana de burlar el presente para precipitarse en la esperanza ¿Cuáles serán los límites de la esperanza?, en lo sicológico no existen, se puedan dar estados de ánimo de desesperanza, pero en algún momen- to reconocen el devenir, mientras en la práctica los límites se hacen notorios. El esperar corresponde a una categoría de tiempo que reclama paciencia.


El deseo y la necesidad de un futuro mejor nunca estuvieron tan mal referencia- dos como en el siglo que nos precedió, en

pleno siglo xxI los deseos se confunden con las necesidades se alargan, desea- mos de todo así no lo necesitemos o ni tengamos claro su valor de uso, a su turno los límites continúan en su lugar.


El esfuerzo pasa por arriar las ideas repetidas, las cargas semánticas del dis- curso no pueden reducirse a experiencias metafísicas. Se llegan a confundir los deseos de un gobierno mejor, de una educación más libertaria, de una sociedad menos controlada con la verdadera nece- sidad de que ello suceda. Buscar respues- tas que no dejen dormir las preguntas más que deseo es una necesidad.


Necesidad


Ningún hombre es superior a su con- versación, denuncia un verso, y parece que tiene mucho de validez. El heroísmo humano por ir más lejos con las palabras que con los hechos nos ha puesto en seria desventaja con el vivir y comprender el presente. Quizás, por ello, nos inventamos el futuro, para tratar de cumplir, de mate- rializar la impotencia del sujeto frente a su tiempo presente, aunque el tiempo vital del hombre es el futuro.


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Título. La mosca

Autor: Jesús H. Libreros Morales Técnica. Óleo sobre lienzo


¿Qué nos pasa con nuestros deseos de justicia frente a la necesidad de volverla realidad?, una respuesta puede estar en la educación, puesto que todo enseñante debe donar un genuino sentido de rea- lidad, buscando que el conocimiento no sea depósito sino río y, en tal sentido, se requiere la configuración de un sistema educativo flexible y adaptable a las con- diciones culturales, en procura de evitar la copia de modelos aplicables a otros escenarios sociales, formatos que son elaborados por cofradías extranjeras. Otra aproximación para resolver el interrogante recae en la política, puesto que las exigen- cias éticas le piden ponerse a la altura de los tiempos, a no ceder su responsabilidad por espejarse en situaciones menores o que en nada apunta a resolver las injusti- cias sociales que son tan comunes en los países tercermundistas.


Es evidente cuando indica (Zemel- man1998, 38) “Asumir la necesidad es un acto de conocimiento y de voluntad relativo a lo que significa saber y querer estar en el momento presente abierto a sus demandas”. Se comprende la nece- sidad como un acto de conciencia para llegar a lo deseado, cuando se despierta del letargo se palpan las necesidades que van desde el orden social hasta el interés individual.


Job: deseo, necesidad y paciencia


Si alguien comprendió los límites y hori- zontes del deseo, la necesidad de mundo y la desaparición de sus conquistas fue el bíblico Job, quien mostró la verdadera madurez de un hombre, el convencimiento por encima de todo capricho por nefasto o favorable que esta fuera. A esto nos indica (Calle 2008, 221) “Job, quien habla y pue- de hablar por cualquiera, por todo hombre que sufre y asume con paciencia y con sabiduría su tragedia, su desgarramiento interior”. Esa paciencia es la que aún no

distanciamos del deseo y de la necesidad. De Prometeo a Pandora, de Job al Odi- seo, de Descartes al Quijote, de Derrida a Ciorán, de Gandhi a Hitler, en todos ellos existe un paso, un salto de enormes consideraciones. Job lleno de tranquilidad frente a la adversidad a cambio el Odiseo desesperado y negándose a cumplir los designios de los dioses, Descartes dudó de todo para llegar a la certeza, mientas el Quijote con sus certezas ponía a dudar a todos. Gandhi con su paciencia y bon- homía humana se alejaba de Hitler quien pretendió imponer una forma de pensar, de actuar y, ante todo, de instaurar una raza superior.


De Job aún debemos seguir aprendien- do, aquel hombre que cierto día dios puso como objeto de sus apuestas, lo entregó al demonio para fortificarse, lo trató no como sujeto sino como prenda y ni aún así el inefable Job se dejó vencer, su grandeza consistió en mostrarle a su hacedor que sus convicciones eran superiores, estaban a prueba de todo, allí el deseo y la necesi- dad se conjuntaron para forzar los límites y avanzar al horizonte. Más adelante en el texto Palabras de pan duro de Andrés Calle desencadena las perspectivas del hombre al referir que quien tome la ruta de Job podrá asomarse a la periferia, a la diferencia, a la sed y al deseo, al des- prendimiento, a la soledad, a las contrarie- dades y al sacrificio, de manera diáfana, coherente y sin perder la paz.


La tarea que nos sugiere es de apertura, de abrirse a lo desconocido, el compren- derse sin compañía, pero sin perder del horizonte al congénere, es una exigencia de quien decide, pese a los vientos de guerra, jugársela por la paz, entregarse sin andar culpando ni juzgando a los de- más, que de por sí es un acto de altísima humanidad, hay que ostentar grandeza de humanidad para no ceder a la tentación de acusar a la sociedad o al mundo de las paradojas de estar vivos.


Límites y horizontes


El orden de enunciar sugiere una acti- tud sicológica, entender el límite en prime- ra instancia para abrirse a los horizontes más que deseo es una necesidad. Cuando se logran reconocer los límites, los muros, los obstáculos, todos diferentes, pero con finalidades similares de obstruir la mirada e impedir el paso del cuerpo, es posible emprender acciones para debilitarlos.


El destino, el factum de Job, su futuro escrito en el pasado, designado por quien tiene el poder, planta la paradoja de las religiones que enfrenta a los hombres, de una parte a soportar una ruta descrita, señalada, y de la otra para liberarse de aquello que no le agrada. Job acepta ese destino con una gallardía a prueba de ten- taciones, con la ambición de ser vencido. Ahí se opone al destino, mostrando que la rebeldía no implica ser predador o violen- to. Es probable, no lo dice el escritor, que Job supiese su destino, sin embargo lo afrontó con una madurez de superhombre: nos dijo a los humanos aquí estoy, estos son mis límites, pero también desde ellos se constituyen horizontes.


Las fronteras hay que reescribirlas para desalojar la falsedad, es probable que se establecieran con justificadas razones, motivaciones en un principio económicas de poder que luego se perpetuaron en la confusión entre fines y medios. En la postmodernidad los mismos intereses económicos hablan de abrirse al hori- zonte, es como si la visión del comercio fuese superior a los sueños del sujeto, los horizontes no son los destinos, las escrituras que del afuera nos hacen, son los venidos del ser que potenciado opta por buscarlos, deconstruirlos, reescribirlos y reinventarlos.


¿Quién se abre el horizonte? aquel que sabe de sus límites, quien se ve como página por copiarse y no en libro redactado, para desde el vacío plantar


la semilla del fruto por venir. Aprender a confrontar lo establecido, el orden es un arte, ya que la sociedad adora el orden, de lo cual nos advierte (Bauman 2000, 61) “El orden significa monotonía, regularidad, repetición y predicibilidad”. Desde luego que la modernidad no se comprende sin el orden, cuyos horizontes y límites han sido impuestos, estandarizados, mante- nidos más que renovados, sabemos que el orden ve en el caos un enemigo más que una oportunidad, ese es su límite, su horizontes es instaurar un orden superior un megaorden o supraorden.


La caída de la modernidad se mate- rializa en las dos grandes guerras mun- diales del siglo xx, pero se inicia en la revolución francesa, cuando a nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad la razón se endiosó para cobrar con muer- tes el posicionamiento del imperio de la razón. Modernos es entonces el que predice y le apuesta al control, incluso una felicidad racionalizada, maquínica y especializada. Aunque cargamos con el cadáver de una modernidad que se so- brepuso en cinco siglos, lo estremecedor es que aún no sabemos qué hacer con el cadáver.


Ícaro, buscando la libertad, cae por no distinguir los límites al creer con ceguera en el horizonte, sus alas ceden al exceso, el cuerpo pagó con la muerte su osadía. Entonces, las caídas se registran por no leer el presente con celeridad, por la poca pre-visión de distinguir los deterioros de aquellos elementos que soportan una estructura física o teórica.


La puerta


Establecidos los límites o las cercas, nos quedan las ventanas y las porterías como posibilidad de asomarse al horizon- te, la caverna platónica estima una salida a la luz, un abrir la puerta, lo que sucede es que, a veces, ni sabemos donde quedan las puertas, pues el límite y la morada


con sus muros nos libra de los peligros externos. Para ello requerimos:



Uno de los textos más apasionantes de la Biblia es el Génesis, y en dicho docu- mento el desorden es la regla y el orden la anormalidad, la paradoja es evidente, nos acomodamos a las normas por ne- cesidad social y adoramos el desorden


por instinto individual ¿Cuál es el término de articulación entre orden y desorden?, bien podría ser un sujeto con necesidad de deseo, superando límites y diseñando horizontes


Lo dado nos agrede como a priori, el deseo y la necesidad de mundo pasan a

otra dimensión cuando el sujeto compren- de que no es suficiente con lo entregado y que superar los límites precisa de puertas que nos enseñen los horizontes.


“La certeza es el estado de la mente que se adhiere firmemente y sin ningún temor a la verdad”. Llano


Bibliografía


Altarejos, Francisco (1991): CIENCIA. En: FILOSOFIA DE LA EDUCACIÓN, Madrid,

Dykinson


Bauman, Zygmunt: (2006). Modernidad líquida.

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