AutorA. isAurA esther bedoyA urrego2
¿Qué es el tiempo? ¿Es real? ¿Es construcción humana, cultural? La reflexión en torno al tiempo se ha dado a través de la historia. En ella se concentra el tiempo en el ser, el hacer y el pensar del hombre como indi- viduo y en su grupo social, con signos, símbolos y significaciones propias del imaginario colectivo; entonces se evidencia que el tiempo individual conforma el tiempo social: alter y ego comparten sensaciones, miedos y acontecimientos en un espacio de manera dialógica: tu tiempo y mi tiempo, nuestro tiempo.
El tiempo social en las categorías de pasado, presente y futuro significa recuerdos, proyecciones, memorias y sueños vividos en el instante mismo del presente, metáfora del tiempo que se mueve en el interinstante del futuro y del pasado desde la cotidianidad, del acontecer con sentido y que queda guardada en la memoria de los individuos.
El tiempo se asocia al desarrollo histórico-social, por lo tanto se mira desde la historicidad como elemento ordenador de la historia y la sociedad, desa- rrollado en el raciocinio del hombre, ligado a fenómenos de la naturaleza y a acontecimientos colectivos: cosechas, producción, guerra, paz; por lo tanto es necesario medirlo, fraccionarlo. Entonces ¿quién controla a quien?
¿El hombre al tiempo o viceversa?
Con los avances tecnológicos de hoy, con la inmediatez del instante que no deja espacio para la memoria, ¿desaparecerá la historia como historia?,
¿Cómo historicidad? Como siempre, en un eterno presente, la pregunta por el tiempo estará inherente al acontecer cotidiano del sujeto, del grupo social, del devenir histórico y también como siempre, el tiempo continúa siendo. Palabras claves: Tiempo, interinstante, tiempo subjetivo, tiempo social, temporalidad, simbolismos, historicidad.
What is time? Is it real? Is it human, cultural construction? The analyzing
aspect of time has been giving throughout history. In it is concentrated the being, doing and thinking of man as an individual and in his social group with signs, symbols and proper meanings of the collective imaginary; the- refore it is understood that the individual timing conforms the social timing: alter and ego share sensations, fears and everyday situations in a dialogic space: Your time and my time, our time.
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Recibido: enero 24 del 2009. Aprobado: marzo 22 del 2009.
Nacionalidad, colombiana. Docente e investigadora, ha publicado textos en otras revistas. Magister en Educación-Docencia de la Universidad de Manizales.
The social time in past, present, and future categories, mean memories, projections, memories, and dreams lived in the very instant of present time, metaphor of time that moves throughout instant time of the future and past coming from everyday life, from a meaningful event that is stored in the memory of individuals.
Time associates with the historical and social development, therefore it’s seen from a historical element of organization of society, developed in the reasoning of men, linked to nature phenomena and to collective events: harvest, production, war, peace; therefore it is important to measure it, split. Then, who controls whom? Men control time or vice versa?
With today’s technological advances, with the instant immediacy that doesn’t leave space for the memory, will the history disappear as history? Like the process of history? As always, in an eternal present, the question for the time will be inherent to the everyday life of an individual, of a social group, of the process of history and as well like always, the time will go on being. Keywords: Time, interinstant, subjective time, social time, temporary, sym- bolism, historicist.
“El tiempo, mi enemigo, El que nos talla sobre el mundo. El que nos trae desde las espinas de la rosa el sol, hasta la muerte. El que nos dice “amor” cuando el instante. El que nos dice “ya” Cuando es madura la estación. El que calla cuando le preguntamos el futuro. El que oculta en la nada sus tesoros y nos los va entregando, sueño a sueño, lágrima a lágrima siempre insospechada”. Hugo Lindo.
El presente artículo recoge las re- flexiones producto de la investigación hermenéutica que en torno al tiempo como concepto y como categoría se realizó en el marco de la Maestría en Educación – Docencia de la Universidad de Manizales.1
Pensar el tiempo invita a profundas reflexiones desde el sujeto individual; reflexiones subjetivas que no se quedan ahí, que están unidas a un colectivo con- textual, histórico, cultural, metafórico, en el cual la sensibilidad del sujeto aflora para pensar el tiempo: ¿Qué es? ¿Existe realmente o es invención humana desde los contextos históricos? Si no existe ¿por qué los grupos sociales y culturales desa-
rrollan su vida, su cotidianidad en torno a espacio-tiempos? ¿Por qué se mide, se controla y se razona el tiempo?
A través de la historia, el concepto del tiempo ha evolucionado ya que como fenómeno ha sido explicado desde lo mágico religioso, desde lo inexplicable, desde los caprichos de los dioses, pa- sando por la invención de lo medible, lo cuantificable, lo fraccionable, que permite la organización del tiempo en relación con las ideas, las actividades, los hechos individuales y sociales de los actores. Se trata de un tiempo primero subjetivo que en la cotidianidad se convierte en social, en psicosocial; un tiempo que responde a la invención humana cargado de símbolos, significaciones y memoria; es decir, de un tiempo de sentido.
La pregunta constante en el presente escrito es acerca del tiempo: ¿Qué es?
¿Controla el mundo-vida del hombre?
¿Va el hombre en pos de él o viceversa? Preguntas de difícil respuesta pues en la inmediatez del instante del presente, como respuesta ya no es, como tiempo ya no es presente puesto que en el intento de responder, en el fluir del instante se pasa a la categoría de pasado2.
¿Cómo entender entonces pasado, pre- sente y futuro? Tarea ardua e interminable como el tiempo mismo, pero que se inten- tará abordar en el desarrollo del tema.
Como invención humana, como orde- nador de la historia, el sujeto siente la necesidad de medirlo, de cronometrarlo, pensarlo y vivirlo desde pequeños y gran- des lapsos, todos medibles aunque no siempre interiorizados en la cotidianidad. Ahí está el papel de la memoria psicoso- cial, simbólica: la esencia del tiempo vive un siempre presente a partir de la huellas mnémicas de los acontecimientos; enton- ces el tiempo se vuelve historia, ligado a la historicidad del individuo y de su grupo social.
En este orden de ideas, tiempo, historia e historicidad desde lo escrito sería dife- rente desde la memoria misma. La me- moria se recrea en el tiempo motivada por acontecimientos del presente, y lo escrito permanece estático, inmóvil, dispuesto a la interpretación en el contexto histórico
social; por lo tanto, el análisis del tiempo y del sentido del tiempo tomaría rumbos diferentes.
¿Es lineal el tiempo? ¿Tiene movimien- to? ¿Es reversible? preguntas de gran profundidad, que quienes lo piensan o intentan responder como Aristóteles o Santo Tomás solo por mencionar algunos de la antigüedad; también en su momento lo intentó N. Luhmann desde la teoría de sistemas en cuanto que éstos se desinte- gran, se reacomodan, se reorganizan y se recomponen para continuar el movimiento poiético. El tiempo es también un instante que provoca cambios, transformaciones, reacomodaciones en las categorías de presente, pasado y futuro; se reacomoda y continua su fluir. En tanto que el presen- te, interinstante entre futuro y pasado, se convierte rápido y sutilmente en un eterno pasado capturado en la memoria del indi- viduo o del grupo social.
¿Qué efectos tendrán las nuevas tecno- logías sobre el tiempo, sobre la memoria,
en la inmediatez de la información, de los actos, del acontecer cotidiano?
Estos y otros muchos son los interro- gantes que intentan resolverse pero que por la naturaleza subjetiva del sentido del tiempo, corren el riesgo de quedar sin respuesta en estas elucubraciones en torno al tiempo, a ese desconocido que vitaliza el mundo vida del individuo y en su infinitud, sostiene la intersubjetividad de la cotidianidad para convertirla en objetividad psicosocial, enmarcada en imaginarios simbólicos culturales desde los que se intenta comprender el tiempo. Mientras tanto, éste fluye sin detenerse, sin esperar al hombre.
El tiempo en cuanto intangible, no es posible verlo como forma, como objeto real; sólo es perceptible a la sensibilidad humana a partir de los actos de la memo- ria, de la vida misma, de la cotidianidad; por lo tanto el tiempo está ligado a las sensaciones de los actos humanos, en los que no tiene ni duración ni medidas exactas ya que como sensación, como sentido, como hilo conductor de dichos actos, puede ser corto o largo, lento o rápido, características independientes de cronos, pues el reloj ó el calendario no tienen relación con el acto sensible del hombre: los unos miden, el otro siente, recuerda.
Entonces desde lo tangible el tiempo es inmensurable, es informe, sólo es percep- ción, sólo es sensación. El tiempo es.
Todos, hombres y mujeres, creadores o no del tiempo, lo sentimos, lo vivimos, nos ajustamos a él, lo controlamos y a la vez nos dejamos controlar. Minuto a minuto se vive el tiempo social cuando éste, el tiem- po, es medido y de acuerdo a ello se está
en actividad o se descansa, se evocan recuerdos y se recrean situaciones; otras veces, por el contrario, se espera paciente o impacientemente que “pase” el tiempo, pues la medición que de él se tiene obliga a vivir en función del lento pero seguro pa- sar de ese fluido interminable que va hacia adelante, que no se detiene ni se regresa, que siempre va hacia el infinito al que el hombre aún no ha podido llegar.
Entonces viene al recuerdo la reflexión de E. Kant: “Nuestra noción del tiempo no es impuesta por una realidad nouménica, sino por las actividades de la mente: es una de las formas de nuestra sensibi- lidad” (Fraisse y Goody, 1974:325); es decir, el tiempo es una imposición de las actividades de la mente y a partir de ello, se hablaría de un tiempo de sentido que permita interpretaciones y sensaciones contextuadas por el individuo, tiempo que orienta las actividades humanas alimen- tando los procesos históricos, emociona- les, llenándolos de sentido.
El tiempo permite cambios en la diná- mica histórico-social propiciando encan- tamientos y desencantamientos, encuen- tros y desencuentros, construcciones y deconstrucciones y, en todo, el hombre está presente como sujeto individual y como ser social.
Entonces, en este diálogo entre indivi- duo, colectivo social y tiempo, se tendrá presente que la duración del tiempo, la cuantificación y la interpretación del mis- mo están ligados al tipo de sociedades y a los imaginarios colectivos: el tiempo “varía evidentemente con la economía, la ecología y el equipamiento técnico; con el sistema ritual y con la organización po- lítica…” (Fraisse y Goody, 1974:330), no siempre se cuantifica pero sí se siente, se percibe, se confronta desde la realidad.3 Significa esto entonces que el tiempo no es el resultado de la naturaleza sino de la sociedad, de la cultura, de los imaginarios del hombre, de sus necesidades, de sus actos, de su propio tiempo4 pero de alguna manera ligado a la naturaleza5.
En el periodo paleolítico, antes de la invención de la agricultura, no hacía falta medir el tiempo, no se le pensaba, la coti- dianidad de los individuos estaba ligada a la naturaleza. Por el contrario, la agricultu- ra, producto de la necesidad del hombre, requiere momentos: preparación, siembra, recolección, almacenamiento y distribución; era importante entonces pensar el tiempo desde esos “momentos”, y como efecto se buscó medirlo, fraccionarlo y distribuirlo en periodos de trabajo y de descanso, cortos y fijos (Villegas Botero, 1994-1995:30).
Igualmente el tiempo se asocia con el movimiento en el pensamiento aristotélico, movimiento medible, cuantificable, con duraciones que determinan un antes y un después ubicados en un espacio, movi- miento que produce cambios en la linea- lidad del tiempo; el tiempo es medida del movimiento, una de las determinaciones esenciales del movimiento mismo: “Si el mismo movimiento tiene lugar en diferen- tes duraciones, simplemente deja de ser el mismo movimiento, ya que su medida temporal es una de sus determinaciones esenciales” (Castoriadis, 2003:29).
El tiempo es el cambio que se refleja en lo tangible: El tiempo va en su fluir intangible y las cosas permanecen, están ahí; se perciben cambios en ellas o ya no están como objeto, sólo permanecen en la memoria y si ya no pertenecen al mundo sensible es porque el tiempo las ha cambiado pues fueron objeto, hoy son recuerdo en el tiempo; hubo un movimien- to en el tiempo que propicio un cambio en las cosas y el tiempo como tal continúa sin cambios en su esencia, con cambios en el ser y en las cosas; en el mundo sensible, en lo tangible.
Se piensa entonces que tiempo y cam- bio van juntos, se interpelan, se afectan: si no hay cambio no se percibe el tiempo; si no hay tiempo entonces no hay cambio y junto a ellos, está el sujeto.
Pero ese cambio parte de la percepción de tiempo del individuo; si no se hace con-
ciente en él, pareciera que el tiempo no cambia, que es estático, que no fluye.6 Se pierde el sentido del tiempo en el individuo y con él en el grupo; el tiempo objetivo se desvanece.
“A diferencia de otros seres vivos, el hombre crea su tiempo asignando conte- nidos temporales a su existencia y entorno vital” (Romero Pérez, 2000:19), entonces el sentido del tiempo cambia a partir de la invención de aparatos, el empleo de instrumentos y el desarrollo de procedi- mientos que cada vez más van atando el tiempo a la realidad subjetiva, cambiando los patrones psicobiosociales.
La realidad sería otra sin la medición y el control del tiempo a partir del reloj y del calendario; éstos son elementos organi- zacionales y coordinadores del devenir, de la historia, de la sociedad7.
El calendario y el reloj manejan la co- municación, los negocios, la economía, la cotidianidad y la vida del sujeto y de la sociedad. El tiempo lo controla todo a partir del reloj, del calendario, de la frag- mentación y la medición: hay tiempo para el ocio, para el trabajo, para el aburrimien- to, para el descanso. Hoy el lenguaje es diferente, las relaciones interpersonales se fundamentan en el manejo del tiempo en cuanto que se gana o se pierde tiem- po y en ese ganar y/o perder tiempo se tensionan o se flexibilizan las relaciones económicas, políticas, sociales.
Las reflexiones en torno al tiempo en la era del desarrollo tecnológico, de la “sociedad red” como le llama M. Cas- tells8 toman otro rumbo. ¿Hay cambios y/o permanencias en el concepto y en el sentido del tiempo? La realidad muestra cambios en el manejo y la percepción del tiempo y con ello en el sentido temporal del sujeto.
En su efecto de inmediatez, la tecnolo- gía a través de los flujos de información tiende al “tiempo atemporal” entendido como “la tendencia social a la superación del tiempo por la tecnología” (Castells,
2006: 420); es decir, el nuevo tiempo de la tecnología cambia la lógica cronométrica de la era industrial, el sentido del tiempo se reduce a instantes que se difuminan de forma virtual por múltiples lugares cam- biando el sentido de secuencia, de historia y de historicidad del sujeto en un mundo diferente: Lo virtual tiende a universalizar el espacio en el instante mismo, o como lo diría Castells, “La tecnología comprime el tiempo en unos instantes aleatorios, con lo cual la sociedad pierde el sentido de secuencia y la historia se deshistoriza” (Castells, 2006:420).
Así las cosas, la dinámica cambia. Ya no es posible observar los fenómenos de la naturaleza y hacer creaciones simbó- licas en torno a ellos, como lo hicieran a través de la historia las sociedades cuyas gentes compartían el mismo espacio
tiempo en función de actividades rela- cionadas con el trabajo, la economía, el poder, los imaginarios y las construcciones simbólicas en correspondencia con su entorno inmediato.
La realidad histórica, temporal es otra. Desde la virtualidad y la instantaneidad, la tecnología y la internet han cambiado las reglas de juego; han introducido nue- vas variables en el tiempo y más aún, en su relación con el espacio. Hoy es la inmediatez del teléfono móvil, la TV satelital, la radio, el computador y con ellos, se altera el sentido del tiempo y el orden social en cuanto que no todas las sociedades tienen acceso a la tec- nología; para éstas entonces el sentido del tiempo no es el mismo que para quienes pertenecen a la sociedad red, a la sociedad tecnificada, a la virtualidad. La realidad del tiempo es atemporal frente al colectivo que ha experimentado cambios en el tiempo.
El futuro de las sociedades tecnologiza- das está ligado a la realidad del presente tecnológico desde un espacio virtual que ofrece presencias desde la ausencia ob- jetiva, los sentidos solo perciben desde imaginarios virtuales, desde marcaciones
externas, lejanas; ese futuro desde la ex- terioridad del presente virtual se estructura en sentido diferente al convencional, al conocido hasta ahora. En adelante se fun- damenta en la inmediatez, en el instante y posiblemente en el azar.
El aquí y el ahora han cambiado y con ellos el mundo simbólico de las nuevas ge- neraciones. El tiempo de la tecnología es el tiempo de la inmediatez: “el tiempo ex- presamente puntual ya no es el resultado de la naturaleza, sino de los problemas de sincronización, de la logística del tiempo mismo” (Luhmann, 1991:181). Entonces el tiempo es una creación cultural que cam- bia con los afanes y características de las épocas y a la vez, como creación humana, en su movimiento propio, promueve los cambios, las transformaciones.
Desde los inicios, el hombre se ha preguntado acerca de la vida, de la existencia, del universo; preguntas a las que a través del tiempo histórico se han intentado respuestas siempre inacaba- das, en construcción. Son respuestas dadas desde los sentidos, desde la observación, pero siempre, desde lo intangible, permaneciendo la existencia del hombre como condición del ser en cuanto se es.
Como la vida misma, el tiempo en tanto construcción humana, es el permanente interrogante del hombre y motivo de re- flexión y de asombro ante el transcurrir de éste, lo inexplicable de su influencia en el mundo vida del sujeto, y su condición de controlador /controlado en y por la cotidia- nidad individual de los sujetos.
Estas y muchas reflexiones se presen- tan en la relación hombre, naturaleza, interacción, realidad histórica y social, y tiempo; reflexiones que han tenido res- puesta en el tiempo mismo del vivir y del sentir; es decir, del mundo vida de quienes lo han pensado, lo han controlado y por supuesto, lo han acompañado de sus propias acciones dándole sentido: “el mío, el vuestro, el tiempo de los aztecas y el tiempo de los occidentales, el tiempo de las ballenas y el tiempo de las abejas; es decir, las variedades de tiempos particu- lares o tiempo para un sujeto (…) también todos los tiempos particulares de cualquier naturaleza” (Castoriadis, 2003: 25)9.
Ese tiempo subjetivo, particionado en tantos fragmentos como individuos existan, da cuenta de la propia creación simbólica del sujeto que por su esencia misma descentra las presiones del imaginario colectivo. Esta creación simbólica subjetiva está en el sujeto frente al colectivo como efecto de la multiplicidad, de las posibilidades creativas y puede interpretarse de dos formas: Como la mismiedad en cuanto esencia y sentido propias del sujeto que en su libertad de ser y hacer, de imaginar y sentir que lo ha creado, y como la alteridad, en cuanto a la presencia
esencia de otro que está frente a mí, que
establece la relación alter / ego; que es.
En su naturaleza, el hombre requiere de otros. En lo cotidiano no existe el so- lipsismo pues el hombre, el individuo es parte de un colectivo, de una organización que conforma un sistema que desde un engranaje propio desarrolla una serie de acciones en cadena que llevan a la centra- lidad aún sin perder el descentramiento: el sujeto es, pero a la vez pertenece, aporta y reconoce al grupo; el sujeto es grupo, es colectivo, es social.
El tiempo del sujeto “es” en cuanto fragmentación. Pero en la relación con el tiempo de alter, se convierte en tiempo social, tiempo objetivo, tiempo de sentido colectivo: el mío, el tuyo, el de todos, en una simbiosis de sentidos y de significa- ciones”10.
El tiempo es inseparable al ser y en esa medida podría pensarse que existen tantos tiempos de sentido como seres que vivan; entonces, podría también hablarse de ca- tegorías del tiempo. Pero si el tiempo es uno sólo, si el tiempo es, en su condición de constructor del tiempo es el sujeto quien lo define, lo categoriza, lo controla.
Estas categorías asumidas como pasado, presente y futuro se asocian a horizontes temporales en cuanto accio- nes, recuerdos y experiencias que desde lo subjetivo permiten entender el tiempo categorial objetivo.
Hay límites de tiempo que le llama- remos horizontes en las categorías: el presente permite un acto en el instante mismo del hecho en un lugar determinado y no en otro; ello lleva implícita la marca simbólica y cultural del grupo cuando se reconoce desde el inconciente que existe una acción concreta en un lugar deter- minado y con una duración precisa, con unos ritmos y periodicidades que permiten pensarlos desde la cotidianidad; estos ritmos y periodicidades dan la sensación de un tiempo pautado, que garantiza la su- cesión normal, la continuidad, lo rutinario del tiempo, los hechos, las acciones. Así, el sujeto no piensa el tiempo, lo vive, lo consume, lo hace cotidiano.
Esa cotidianidad temporal pautada por el imaginario colectivo le permite al sujeto comprender de manera inconciente que hay actos de vida y de interacción para la casa, la oficina o el parque; ellos se desarrollan de diferentes maneras en la mañana o en la noche, en semana o en festivos de acuerdo al horizonte temporal simbólico: se participa del trabajo o del ritual, de la fiesta o del descanso.
Se piensa entonces que el tiempo, con sus categorías y sus límites no es más que una metáfora de la cotidianidad que le indica al sujeto qué hacer para partici- par como aportante en el colectivo, para hacer de su subjetividad un elemento de los psicobiosocial del grupo.
Entender los horizontes temporales equivale a comprender el tiempo: lo que es, lo que está siendo y lo que fue; es el inte- rinstante que debilita el presente en pos de un futuro que cuando es, en la simultanei- dad del acto de ser, se convierte en pasado dejando atrás la sensación de lo nuevo, de lo que está siendo, de lo que fue.
Ahora igual que otrora, el tiempo puede verse lineal, siempre hacia adelante, sin detenerse porque si lo hiciera, la realidad de horizonte temporal perdería su sentido, no habría futuro; habría un siempre pre- sente y se perdería además la sensación de interinstante, porque ya no existiría la incertidumbre de futuro. Entonces, si hay un eterno presente, si el tiempo no fluye, no se llega a la categoría de pasado, de tiempo usado, agotado; de tiempo gastado.
Pero la realidad es otra. El tiempo no se detiene, no se reversa, sigue su marcha lenta hacia la infinitud, creando sensacio- nes de inseguridad, incertidumbre y hasta de temor en el sujeto; sensaciones que se mueven en el límite pues estar cerca de él es permanecer en el presente muy cercano al futuro y éste pertenece a lo des- conocido; o estar muy cerca del pasado y de éste queda la certeza del no cambio.
Todo acto realizado, toda palabra pro- nunciada son elementos del pasado y allí permanecerán; sólo intentarán cruzar el horizonte hacia el presente con los regis- tros mnémicos del sujeto; como metáfora del movimiento del tiempo: hoy se “vive” de nuevo lo ya vivido, lo que permanece en la memoria11.
Traer el pasado al presente mediante los recuerdos mnémicos es simular “mover” el tiempo y con ese símil al sujeto, desde un pasado hecho presente sobrepuesto en el presente que está siendo, incita a un cambio en el sujeto utilizando como ba- samento ese presente que es real, el que está siendo; si no se logra este cambio, esta conciencia de horizonte temporal, no es posible percibir el tiempo como tiempo,
como presente, como pasado; el sujeto se pierde en la medición del tiempo, en la realidad de éste y permanece en el pasado como metáfora del presente. No cambia el tiempo en el sujeto y por lo tanto éste no cambia en el tiempo social; se altera la sincronía del tiempo objetivo.
Entonces el tiempo en la vida del in- dividuo, del grupo social, tiene su propia significación: en sus categorías de pasa- do, presente y futuro, significa hechos, acontecimientos, sueños y memorias vividos en un instante del presente, que llegan y se marchan velozmente en un juego indescifrable de futuro y pasado pues cuando se piensa y se sueña, se es futuro y cuando el sueño es, pasa ese futuro por el filtro del presente y se pierde en el pasado.
El presente es. Desde esta afirmación se mira ese presente como la metáfora del tiempo que está siendo, que sin necesidad de cuantificarlo ni de cronometrarlo está ahí, agotándose en el instante mismo en que el que fue futuro ya pasa a la categoría de pasado pero que igual, puede hacerse de nuevo presente cuando se retrae. El presente es el interinstante hecho puente entre el futuro y el pasado o entre el pa- sado y el futuro.
El pasado ya no está como presente, se ha vuelto historia y posiblemente añoranza o dolor o en otros casos, puede no recor- darse, rechazarse. El futuro conserva la novedad, la incertidumbre, la expectativa por lo nuevo, por lo suceder que cuando sucede, se desvanece como futuro y se convierte en historia y con ella en memo- ria, en huella.
Si el tiempo es irreversible, la memoria actúa como la huella que ancla el hecho en el tiempo, manteniendo un eterno presente en el pasado; pues la imagen del recuerdo permite anclajes mnémicos siempre presentes; se convierten en tatuajes simbólicos de la historia, de la cotidianidad que en el interinstante pasan a ser pasado.
Si el tiempo genera movimientos que producen cambios en el horizonte entre pasado, presente y futuro apoyado en la memoria, es posible observarlo como sistema puesto que también los siste- mas son movimiento. El movimiento genera cambios, transformaciones, nada permanece como es12, pero el tiempo está ahí, pues fuera del cambio no hay tiempo; el ir y venir, el regresar o reconstruir no contradice el tiempo, genera un cambio y desde el cambio permanece el tiempo.
En los sistemas existe una sensibili- dad especial para las transformaciones, para los cambios; entonces, a partir de esta idea, se hace necesario hablar del tiempo como categoría, como concepto, como elemento que está ahí, en la trans- formación del sistema, se hablaría de un antes y un después, de un presente con significaciones y metáforas y un antes con recuerdos, con esencia, con sentido; un futuro con expectativas de transformación en las categorías temporales.
¿Si el presente es, el pasado fue, en- tonces no hay reversibilidad en el tiempo? El presente es irreversible simplemente porque es, es un instante que minuto a minuto va muriendo para convertirse en pasado, tiempo que a la vez dejó de ser futuro pues ya llegó, ya es presente y en un instante será pasado eterno.
El tiempo es irreversible pero sobrepo- ne sobre sí mismo un antes y un después dándole sentido a las transformaciones y a las categorías temporales.
En los sistemas que se desintegran, se reacomodan, se reorganizan y se re- componen para continuar el movimiento poiético, el tiempo es un instante que provoca cambios, transformaciones, “deja espacio para reacomodaciones de irreversibilidades en reversibilidades de orden superior y viceversa” (Luhmann, 1991:63), es continuo movimiento, va y viene sin detenerse nunca, se reacomoda, se recompone mediante transformaciones
y continúa su fluir; el tiempo sigue siendo
a pesar de las transformaciones.
El individuo que sale de su contexto, de su realidad, de su lugar, experimenta una recomposición en su pensamiento, en su sistema simbólico, en su imaginario; el tiempo se regresa a su lugar mediante “los recuerdos del alma” como lo diría Santo Tomás y él, el individuo, vuelve a su lugar, a su realidad, reorganiza su pensamiento, su sistema simbólico y entonces, el tiempo sigue siendo su tiempo pero ya de manera diferente; ahora tiene otra connotación: hubo un movimiento, una transformación y a partir de aquí, continúa el tiempo como fluido, sin detenerse, dispuesto a otras transformaciones, atento a los movimien- tos autopoiéticos del sistema.
El individuo continúa su marcha hacia él, sin alcanzarlo, pero siempre en una interacción dialógica, de afectación, de continua relación. Hombre y tiempo cami- nan uno detrás del otro hacia el infinito.
El acto educativo como elemento impor- tante en la formación del individuo en la sociedad, pensado en y para el otro, díga- se individuo, sociedad, familia, etc., para cumplir las metas formadoras de sujetos interactuantes en su grupo social, debe estar unido a la categoría tiempo: crono- lógico, escolar, presente y futuro, tiempo histórico, social y cultural, desde donde se propicie la búsqueda de sentido temporal del sujeto como tal, con enfoque social y colectivo. Para tal efecto la educación deberá mostrar claramente la vinculación con el tiempo educativo y social.
Es pertinente tener claro que en la educación existe el tiempo subjetivo y biopsicosocial; el tiempo de la enseñan- za, del aprendizaje y el tiempo escolar;
temporalidades claves en la formación de individuos con conciencia social e históri- ca, con lógicas críticas de la realidad como sujeto inmerso en un grupo social.
La educación como acto y como pro- ceso en tanto invención humana, también está unida al tiempo. Es que el tiempo, como “Hilo encadenante” (Fericgla, 2002) va uniendo, uno a uno, todos los procesos del hombre dando cuenta del principio y del fin, de los actos, de las construcciones y a la vez, de los tiempos en el tiempo del individuo.
En su individualidad dependiente de un colectivo simbólico y cultural, el hombre está sujeto a tiempos de sentido que le marcan qué hacer, cómo y dónde hacer- lo. Así entonces, el grupo social indica secuencialmente los acontecimientos de la vida de acuerdo a la cronología de la existencia como individuo y como ser social: Hay un tiempo para el nacimiento y para la muerte, para la socialización y para la soledad, para el trabajo y para el descanso, para el amor y para el desamor. Y el tiempo, ese interinstante que es el presente va permitiendo que cada uno de éstos acontecimientos en la vida del individuo se vayan dando uno a uno hasta que de manera no reflexionada, llegue a la completud, no como ser humano porque ya lo es, si como ser social en cuanto que ha cumplido todos los procesos desde el imaginario colectivo; es el tiempo pautado desde el que se esquematiza, se organiza y se controla la vida social a través del tiempo objetivo.
La educación en la vida del sujeto no escapa a éste esquema temporal. Como proceso y como acto está pautada desde el tiempo social al interior del grupo: la vida misma es un continuo proceso de aprendi- zaje, de enseñanza, de ordenamiento de ideas. Como acto, la educación también tiene sus momentos, sus esquemas: con- tinuamente se están desarrollando actos educativos desde la cotidianidad y desde la institución; hay tiempos pactados, sujetos a un cronograma: tiempo para iniciar y termi-
nar sesiones, para el recreo, para la lúdica; para hablar y para callar, para la actividad y para el descanso; hay tiempo libre.13
Es válido hacer la diferencia entre edu- cación e instrucción como preámbulo para entrar en la reflexión acerca de la educa- ción en el tiempo, pues educar no es lo mismo que instruir, que adiestrar. Cuando se educa, se cuestiona, se reflexiona, se busca formar sujetos críticos; cuando se deja lo educativo se pasa a lo meramente instructivo, al adiestramiento, a la repeti- ción de una información solamente que permite el desarrollo de habilidades en un campo específico en el que sólo existe la imposición de formas sin reflexión, caso propio de los animales; en la educación se reflexiona, se cuestiona, se critica, se busca el desarrollo humano. A los hom- bres se educa.
Como producto social y cultural la educación a través del tiempo ha tenido procesos, momentos, estadios diferentes, pero siempre con un fin determinado: Intentar dar respuesta a los interrogantes acerca del hombre, el tiempo y el universo, interrogantes que se han ido respondiendo a través del tiempo histórico pero con res- puestas inacabadas en el tiempo mismo y en el tiempo biográfico.
La educación en sentido abarcante y totalizador de los procesos mentales, sociales, culturales y simbólicos del sujeto desde su propio ser como individuo hasta la dimensión de hombre en el sentido amplio de su significado, hace presencia en los procesos de éste como elemento de formación permanente a través de su vida desde lo personal, cultural y social; educación que debe estar fundamentada en el respeto por la persona humana, re- conociéndole su dignidad, sus derechos como individuo que conforma un grupo so- cial y que protagoniza y vivencia procesos históricos, políticos, económicos, sociales y culturales en un tiempo y un espacio.
A través de la historia, la educación en su carácter de universal ha estado presen-
te en todas las comunidades y sociedades humanas14; tornándose en una necesidad cultural en cuanto que es “necesaria para la continuidad de la vida social como re- producción biológica, subsistencia econó- mica, comunicación simbólica y regulación social” (Diccionario antropología, 2000:
170) por lo tanto, la educación debe ser impartida/recibida como agente que per- mite a los niños, jóvenes, adolescentes y en circunstancias particulares a los adul- tos una participación apropiada y justa al grupo social y cultural al cual pertenece, con temporalidades acordes a la época y con ella a las necesidades del grupo a través del individuo: el tiempo del apren- dizaje era el tiempo mismo de la actividad, de la labor, del trabajo, tal como sucedía en las sociedades antiguas, agrícolas-do- mésticas. En Grecia el tiempo destinado para la formación de los sujetos era sólo para ello y con objetivos de aprendizaje específicos: se educaba para la guerra, para el deporte, para el arte o de acuerdo a las necesidades de la ciudad- estado. A partir del siglo XIX y hasta hoy y con los cambios propios de cada momento histórico, la educación ha sido ajustada a tiempos y espacios específicos para la actividad educativa.
Desde las sociedades mas simples hasta las mas complejas, la educación ha estado presente entre sus miembros, a partir de formas y procesos de acuerdo al momento histórico y cultural: en las sociedades sin escuela y aún con escue- la pero con miembros que no asistían a ella, la instrucción se daba en la casa o en contextos apropiados a partir de la experiencia de ancianos y/o adultos con experiencia, centrando la enseñanza en habilidades para el trabajo, conocimiento de la naturaleza, relaciones de convi- vencia y “modelos de virtud en contextos de actividades económicas, rituales, y recreativas” (Diccionarios antropología, 2000: 170).
Más adelante en la historia, en socie- dades con organización doméstica con
producciones agrícolas, el proceso ense- ñanza/aprendizaje se da en el campo de trabajo directamente, en el que los niños y jóvenes participan de las actividades productivas y van aprehendiendo el cono- cimiento de manera gradual en compañía de los padres y/o hermanos mayores. En el campo artesanal se habla de aprendiz que va al taller a recibir instrucción en el campo laboral de quien tiene experiencia con el fin de insertar al joven en el mundo productivo y económico de la sociedad.
Se tenían también otras formas de enseñanza a través de la filosofía, de las artes, la poesía, la oratoria y la guerra misma, como sucedía en las civilizaciones de Grecia y Roma, en la plaza pública, en el gimnasio o más tarde en la llamada universidad, siempre con la idea de elevar el espíritu del niño y del joven a partir del conocimiento y la sensibilidad hacia la natu- raleza, el cosmos y la sociedad, además de la búsqueda de respuestas acertadas a la pregunta por el hombre, su origen, su desti- no y su fin. Acompañaba a ésta pregunta la observación del hombre en el grupo social y la interrelación con el mundo.
En el siglo XVI para algunas sociedades urbanas en Asia, Cercano Oriente, Europa e incluso América (imperios Inca y azteca) la instrucción estuvo enfocada a “aprender a leer las textos religiosos tradicionales”. Para el siglo XIX la enseñanza se hace en la escuela, con aulas organizadas por edad, en la mayoría de las sociedades por sexo, con un esquema estandarizado “homogenizado” como lo diría N. Luhman, en la que se visualiza un proceso con connotación burocrática y de poder.
El tiempo está en todos los actos hu- manos, la educación como uno de ellos está acompañada por éste de manera permanente, intangible, asociado a los aprendizajes; desde aquí se evidencian los horizontes temporales en la relación dialógica que se da entre individuo y socie- dad, maestro-alumno desde su condición de seres individuales en un contexto his- tórico y cultural. Se piensa entonces en la
dualidad maestro-alumno como alter-ego autorreferentes en el tiempo y para el tiem- po en tanto que los horizontes temporales dejan marcaciones en la memoria de estos actores en el acto educativo.
El tiempo educativo es un eterno pre- sente en cuanto que como tiempo es. En cada acto o proceso educativo siempre hay un presente; en cada aprendizaje hay un pasado en referencia a que lo asimilado, lo aprendido en el instante del presente queda en la memoria del pasado con la posibilidad de regresar al presente como aprendizaje, como hecho realizado, como lo que ya fue pero quedó en mí como sujeto.
No se habla precisamente de la me- moria, del recuerdo; se habla del conoci- miento que es, que quedó en el ser, que lo utiliza en su cotidianidad; conocimiento aprendido, conocimiento acumulado que puede variar con el tiempo, ajustarse a las condiciones del saber mismo en función del sujeto en cuanto sujeto social. Como el tiempo, el conocimiento tiene movi- miento en el tiempo mismo y se ajusta a los cambios sin perder su esencia. El conocimiento aprendido permanece en el tiempo, tiene su propia temporalidad.
La educación desde la institución se entiende como temporal desde los horizontes: El infante vive su presente continuamente, en los años de escuela va fortaleciendo su pasado desde el pre- sente que agota a cada instante mientras proyecta su futuro en la expectativa del después de la escuela como institución.
Pero en el proceso educativo institucio- nal el individuo no está solo. Allí está el maestro, con su propio mundo simbólico, con su propio sentido de la educación, del proceso que se va haciendo y de cara al futuro frente a la educación, los dos acto- res, alter y ego, con intereses diferentes, con sentidos del presente que se distan- cian entre sí y con sueños de futuro que difícilmente se encuentran, pues como sujetos individuales tienen sus propias temporalidades, sus propias sensaciones,
sus propias condiciones; el encuentro se propicia como sujetos sociales en los que cada uno de ellos hace su aporte individual al grupo, pasando de ser temporalidades subjetivas a temporalidades de grupo social, objetivas. Son entonces en su subjetividad, autorreferentes.
En este proceso, con realidades tem- porales de sentido diferentes, alter y ego se debaten en su individualidad temporal simbólica en el juego que para ellos tiene el tiempo educativo institucional: Un tiem- po cronometrado, programado, pautado, con resultados homogenizantes. Es el maestro el que dirige, es el estudiante el que se acomoda al maestro; es algo así como el futuro del aprendiz ligado al presente del profesor.
La pregunta es entonces: ¿Sobre qué imaginario construye su futuro el estudian- te? ¿Desde el propio, el subjetivo? ¿Des- de el del maestro? ¿Se logra la simbiosis entre ambos? En el caso del profesor hay cotidianidad, en el del estudiante hay ex- pectativas, temores, incertidumbre que en el juego de presente-pasado permanecen, se anclan y en muchos casos establecen un sin sentido del tiempo educativo aun-
que el cronograma de conocimientos se cumpla a cabalidad.
Diferente sería cuando ese mismo tiem- po educativo, el gastado en los procesos, el aportado en las actividades permanece de manera infinita en el mundo vida del sujeto-estudiante a través de la memoria de lo aprendido.
Así podría hablarse de la infinitud del tiempo de la educación, pues permanece con el individuo, ya no como memoria sino con sentido de la vida, como un pasado que permanece en el presente sin intención de moverse hacia el futuro, pues perdería su esencia de tiempo de lo aprendido, tiempo de conocimiento, tiempo aportante al grupo social desde el sujeto, donde un yo se funde con el noso- tros y juntos, desde la infinitud del tiempo, marchan con el tiempo hacia el tiempo mismo pues él siempre va adelante y el hombre, de manera incansable va en pos del tiempo, ambos sin detenerse.
Tiempo y hombre en el espacio, con- tinúan su camino hacia el infinito en un permanente diálogo silencioso, infinito como el tiempo mismo.
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El artículo presentado corresponde al infor- me final de la investigación hermenéutica que tuvo una duración de tres (3) semestres y culminó en octubre de 2008.
En el proceso, a la ves que se abordaba el tema desde los diferentes autores, se realizaba trabajo de campo con diferentes actores para lograr contrastar el concepto y el sentido del tiempo, a partir de la sensibili- dad y la memoria subjetiva, con miras a un análisis colectivo, para finalmente llegar a reflexiones en el contexto educativo, propio de la maestría.
A través de la historia el concepto tiempo ha tenido diversas concepciones, todas ellas ligadas al momento histórico y al contenido simbólico de quienes lo piensan; por lo tanto se leen y se escuchan varios conceptos: en el Diccionario Enciclopédico Norma se lee: “El tiempo es la duración de las cosas sujetas a cambios; es parte de esta duración; es sucesión continuada de momentos que constituye el devenir de lo existente; es el devenir del mundo subordi- nado a un principio y un fin, en oposición a la idea de eternidad; es parte de la vida de un individuo comprendida entre límites más o menor indeterminados…”
Durante el proceso de investigación se escucharon conceptos como: “El tiempo es una sucesión de instantes”, “es un fluido que corre son detenerse”, “es un recuerdo”, “es un instante”, “es un poema en el recuerdo o un dolor en la tragedia”, “es lo que me demoro realizando una actividad”, “no lo se, me da miedo pensarlo”. Lo anterior se resume en el pensamiento de San Agustín: “¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pre- gunta, lo sé, pero si tengo que explicarlo a alguien, entonces ya no lo se” (Confesiones,
4. Citado por Fecicgla: 2002).
Joseph Maria Fericgla reflexiona acerca de la diferencia entre, cuantificar el tiempo y sentirlo, cualificarlo: “En la China tradicional se apreciaba hasta tal punto la cualidad del
tiempo que éste vector constituía al pilar central para ordenar la vida. Cada tiempo con sus propias cargas que lo determinaban, llegaba, pasaba y volvía a llegar, se marcha de nuevo para regresar otra vez ¿Para qué cuantificarlo meticulosamente si lo impor- tante era lo que sucedía en cada período? (…) cada parte del ciclo anual está marcado por una suma de sabores y perfumes que, mezclados con determinado estado de la conciencia particular, sitúan cualitativamente el tiempo”. (Fericgla, 2002:6); es así como los chinos construyen el imaginario del tiempo, desde la sensación.
Los egipcios basaron la medición del tiem- po en el río Nilo, el año era dividido en 3 grandes épocas: Ajet de inundación, Pert de siembra y Shemir de cosechas
Los egipcios también asociaron el tiempo a la repitencia de los fenómenos de la naturaleza. Observaban la secuencia del zodiaco, constelaciones que aparecían rítmicamente y les marcaban con precisión los 12 meses que hoy conocemos como calendario; entonces, la bóveda celeste era su techo y les marcaba el ritmo de la vida y de las actividades. Cada constelación era celebrada en su aparición como el comienzo de un nuevo mes por los esclavos.
La observación de la repitencia de los fenómenos naturales causaba impacto en los individuos, posibilitando construcciones simbólicas colectivas que le dieron sentido a rituales, fiestas y celebraciones que aún hoy, existen. En los países agrícolas asiá- ticos, luego de largas jornadas de trabajo, los esclavos de la Media Luna Fértil se tiraban en el suelo, boca arriba, a conversar, cantar, observar el cielo y la luna la cual fue su inspiración: “ Al verla morir y resucitar de nuevo, la creyeron diosa y decidieron cele- brar en su honor: el Novilunio fue el primer domingo de la civilización agrícola, un día de descanso tras 27 o 28 días de trabajo” (Villegas Botero, 1994-1995:31). Hoy el Novilunio marca el comienzo de los meses chinos, judío y musulmán.
Para hablar de tiempo, cambio y movimien- to, Manuel Sacristán considera que hay “cambio en la cosa que está cambiando” e invita a examinar allí el movimiento y el cambio pero de manera esencial, la percep- ción de tiempo y cambio en el sujeto: “Pero
sin cambio no hay tiempo, pues cuando no cambiamos en nuestro pensamiento no advertimos que estamos cambiando, no nos parece que el tiempo ha transcurrido (…) omitiendo el tiempo intermedio. Por eso, así como no habría un tiempo si el ahora no fuere diferente (si no uno y el mismo), así se piensa que no hay un tiempo intermedio cuando no se advierte que el ahora es diferente. Luego es evidente que el tiempo no es movimiento, pero no hay tiempo sin movimiento” (Sacristán, 2007:279).
La sociedad crea su propio mundo con sus significaciones y simbolismos, imaginarios y representaciones sociales colectivas, ligadas al tiempo y al espacio propio de su grupo, de su institución, de su comunidad-. Esto se visualiza en la medición y organi- zación del tiempo en los monasterios en el Siglo XIV. Fueron los monjes los primeros que intentaron organizarlo y medirlo para las actividades del día y de la semana (Giddens, 2002: 146). Hoy se hace en todas las orga- nizaciones y conglomerados para organizar tiempos, actividades y reuniones. Cada uno de los miembros del grupo lo conoce, lo acepta inconcientemente, lo entiende y lo vive. Se habla de tiempos sociales.
En sus estudios de finales del milenio pa- sado, Manuel Castells centra su atención en los cambios sociales, y con ellos eco- nómicos y políticos que traen consigo los desarrollos tecnológicos, producto éstos de procesos independientes como son la revo- lución de la tecnología de la información, la crisis económica y la reestructuración del capitalismo y el estatismo, y el florecimiento de nuevos movimientos sociales y cultura- les. Los efectos de la conjunción de estos tres elementos traen como consecuencia cambios fuertes en la dinámica mundial: la sociedad red con nuevas relaciones de eco- nomía, nuevas formas culturales en cuanto lo tecnológico virtual informacional, lógicas que cambian los esquemas de la vida social, política, económica y con ellos el sentido de lo cotidiano del sujeto y del grupo social.
Cornelius Castoriadis reflexiona en torno al tiempo subjetivo o tiempo “de un ser para sí” o fenomenológico en tanto tiempo del individuo. Lo piensa desde el sujeto en un espacio, en un mundo o dimensión del mundo en el que muchas cosas podrían
aparecer y realizarse desde lo cotidiano o lo trascendental, lo fenoménico.
Castoriadis llama a éste Tiempo General.
En él coexisten varios tipos de tiempo con igualmente varios tipos de sentido.
Esa memoria se hace presente cuando en el acontecer cotidiano del tiempo colectivo es necesario el diálogo metafórico del tiempo del sujeto, viene el movimiento simbólico del tiempo a través del recuerdo intersubjetivo. Así, la memoria hace “Sentir” el tiempo en los sujetos, en el colectivo y lo trae al presente desde intereses particulares. Lo muestra el siguiente texto tomado de un póster publicitario en uno de los centros co- merciales en la ciudad de Medellín: “Dicen que a las palabras no les pasa el tiempo. Tienen razón. El SÍ que nos diste hace 15 años aún late en nuestro corazón como el primer día. En Avianca Plus, lo mejor que nos pudo pasar fue que hace 15 años nos dieras el SÍ. Hoy queremos decirte que vamos a luchar para que éste compromiso perdure y sigamos felices por siempre” (Centro Comercial “Los Molinos”. Octubre de 2008). Mover la memoria en éste aviso publicitario es traer el pasado al presente y pensarlo hacia el futuro.
Según Luhmann, la Teoría de Sistemas que tenga que ver con la realidad debe partir de que todo cambia, nada permanece como es, todo se transforma. En los sistemas existe una sensibilidad especial para transformar; por lo tanto mirar el tiempo desde la teoría de sistemas tendría que hacerse como categoría o como concepto agregado para las transformaciones. Para los sistemas, se- gún Luhmann, no es suficiente el concepto de medida de un antes y un después. “El tiempo no se presenta como indiferente con respecto a un adelante o un atrás a partir de cualquier punto” (Luhmann, 1991:63).
Pensar en el tiempo libre y en el uso de que de él hacen los individuos resulta inte- resante si se tiene en cuenta que éste está asociado a la felicidad, a la tranquilidad, a lo que es agradable, y a la libertad. La educa- ción tiene un gran reto en este campo, reto aplicable tanto a la enseñanza del manejo del tiempo libre a los estudiantes dentro de la institución como fuera de ella. Este sería tema de otro ejercicio investigativo dada la
importancia que representa en la formación integral del individuo.
A través del tiempo, la educación ha asu- mido diferentes roles en las distintas socie- dades, dándole varios matices y grados de importancia así como ha tenido unos y otros procesos y desarrollos; por tanto, es posible visualizar diversos conceptos y definiciones acerca de la educación y su proceso históri-
co: Según el diccionario, la educación es la “enseñanza y formación que se da a niños y jóvenes”. Es también la acción de educar: “Desarrollar o perfeccionar las facultades y aptitudes del niño o del adolescente. Ense- ñar, instruir, dirigir”. Educar es también “un término general para los procesos sociales que facilitan el aprendizaje en las comuni- dades humanas”.