¿Qué se debe estudiar en psicología, y por qué?*


JeroMe SeyMour bruner


En el sentido más profundo, la psico- logía trata de investigar y de comprender la condición humana. Pero la condición humana, dada su naturaleza múltiple, no es fácil de entender. O tal vez sería mejor decir que se puede entender de muchas maneras, maneras que pueden parecer incompatibles entre sí. Porque en algún sentido profundo, la condición humana está constituida por las limitaciones bio- lógicas inherentes a nuestra naturaleza como especie que vive en un entorno físico determinado, pero al mismo tiempo también es moldeada por la rica cultura simbólica que los humanos construimos, así como por los modos en que vivimos nuestras vidas en comunidad.

De hecho, nosotros como especie estamos limitados biológicamente por la condición humana, pero al mismo tiempo liberados de esa condición por esa capa- cidad sorprendente que tenemos de ir más allá, por nuestra capacidad de imaginar y crear “mundos posibles” que trascienden esa condición En una palabra, entonces, estamos limitados por nuestra biología y liberados de ella por las formas culturas que creamos para actualizar los mundos posibles. No hay ninguna especie sobre la faz de la tierra tan marcada por una dualidad. Nuestra vida humana, por así decirlo, es una dialéctica sin fin entre las limitaciones heredadas y las posibilidades generadas y consumadas a través de nuestros medios culturales.

Y, además, como bien sabemos, nues- tra comprensión de lo posible, de largo

alcance aunque puede ser, también está limitada por lo que podríamos llamar las limitaciones intrínsecas de la cultura. Por- que en su propia naturaleza, las culturas también limitan a los que viven dentro de sus territorios. En su propia naturaleza, las culturas también limitan la libertad de aquellos que viven bajo su influencia. Las culturas también están limitadas a su manera, porque ellas están instituciona- lizadas para mantener la estabilidad y el orden, ya sea por la costumbre o por los sistemas legales destinados a sancionar las desviaciones inaceptables de lo con- suetudinario.

Incluso cuando ignoramos las limita- ciones biológicas, la condición humana, visto culturalmente, es una dialéctica sin fin entre lo ya establecido y lo que imagi- namos como posible, entre convención y tentación, por así decirlo. Sin embargo, es en nuestra propia naturaleza que se moldea un estilo de vida para nosotros mismos que hace que sea posible hacerlo, aunque, por desgracia, a veces pagando un alto precio entre la incertidumbre y la ansiedad por lograrlo.

Esto es, a menudo, una forma de con- flicto para la vida, este compromiso per- petuo entre lo ya establecido y lo posible en imaginación, ambos generan nuestros problemas humanos y, al mismo tiempo, provocan la creatividad humana. Viviendo la vida en conformidad con lo establecido se gesta el aburrimiento y la banalidad.

¡Vivir con una sola mirada es una manera bastante segura de acabar en prisión! De hecho, el desafío de la vida humana es


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* Por fortuna, se pudo contactar al doctor Jerome Bruner, quien después de varios comunicados y las aclaraciones pertinentes sobre el interés de la comunidad académica sobre sus importantes reflexiones e investigaciones ha aceptado publicar este artículo –¿Qué debería estudiar la psicología, y por qué? - en la Revista Plumilla Educativa de la Universidad de Manizales. El profesor Bruner pidió que se publicará tanto en inglés como en español para satisfacer la necesidad de los lectores de conocer el texto original frente a los cambios que puedan suscitarse al ser volcado al español. En tal sentido, la traducción al español fue llevada a cabo por Miguel Alberto González González, director de la Revista Plumilla Educativa.


encontrar un compromiso viable entre lo establecido y lo posible.

Y es este desafío el que quiero abordar. De hecho, es este desafío que da forma al cómo la psicología se acerca o debería hacerlo al investigar sobre la naturaleza del hombre y su condición. Sin embargo, permítanme confesar que no llego a esta conclusión de una manera especulativa. Fui virtualmente forzado a ella tratando de darle sentido a mis propios resultados de la investigación. Así que déjame empezar diciendo brevemente cómo sucedió esto.

Sin duda, empezó con mi primer es- fuerzo para aclarar lo que constituye la percepción, el cómo le damos sentido a lo que afecta nuestros sentidos. Como, por ejemplo, ¿cuánto debe durar un estimulo para ser reconocido correctamente? Mi instrumento de investigación fue un taquis- toscopio, un dispositivo que varía el tiem- po de exposición. Comencé mostrando a cada sujeto una figura o imagen en más o menos una milésima de segundo, luego se incrementó el tiempo de exposición para ver cuánto tardaban para reconocer correctamente la imagen. Bastante simple.

Lo que muy pronto descubrí fue que mis sujetos, sin importar el estímulo ni lo breve de la exposición, no estuvieron esperando pasivamente para ver lo que aparecía en mi agraciado taquistoscopio. Por el contrario, sin importar lo breve de la exposición, ellos fueron dando respuestas, literalmente construyeron sus percepcio- nes sin importar el tiempo de exposición. Y lo hicieron sorprendentemente dentro de lo convencional, incluso de manera banal. Los estímulos no convencionales fueron convencionalizados.

Pero curiosamente, como los tiempos de exposición se fueron alargando en los siguientes ensayos, mis sujetos se que- daron con las percepciones que habían construido en el ejercicio anterior, el de la exposición breve. Sus percepciones, en una palabra, fueron interpretaciones de lo que habían visto - hipótesis sobre el “mundo” en el que se encontraban. Even-

tualmente, con suficiente tiempo de expo- sición, ellos vieron la imagen, el diseño o la palabra correctamente (pero a menudo con una exclamación de sorpresa, hasta convencerse de que no habían “visto” correctamente en la primera exposición).

En una palabra, ellos no habían sido “receptores” pasivos de lo que se les había presentado, pero en la construcción no es- taban alejados de las líneas convenciona- les. Ellos trataron de “construir sentido” lo mejor que pudieron -y quedaron atrapados en sus construcciones convencionaliza- das. A veces les toma el doble de tiempo para que reconozcan una imagen correc- tamente a diferencia de los sujetos que no estuvieron en las primeras exposiciones. Es evidente, que fueron víctimas de sus primeros esfuerzos.

Todo lo cual me llevó a formular lo que denomino como hipótesis de la teoría de la percepción: esa percepción fue guiada por la hipótesis de lo que es convencio- nalmente esperado (La percepción es guiada por lo que es convencionalmente aceptado). Así, por ejemplo, de ocho letras o pseudo-palabras un poco distantes al Inglés requirió de mayor tiempo de expo- sición para ser reconocidas que aquellas que tuvieron mayor acercamiento conven- cional a las secuencias de las letras en Inglés. Las palabras (y pseudo-palabras) se procesan o se ajustan a las conven- ciones ortográficas o, en general, a las convenciones sociales. Y así, por ejemplo, las palabras groseras (y las imágenes lascivas) toman mucho más tiempo en reconocerse que lo convencionalmente “apropiado” aún si se comienza la secuen- cia de la exposición debajo del umbral. Los sujetos se quedan con el error, el de la primer hipótesis.

Pero nótese otra cosa. Una vez que el sujeto ha sido taquiscópicamente expues- to con una imagen obscena o una palabra grosera, él reconocerá con mayor facilidad las imágenes o palabras, cuando poste- riormente se le presenten. Le pregunté a uno de los estudiantes de pregrado por


qué pensaba que esto era así. “Dios mío”, dijo, “¿Uno no espera que se muestren imágenes lascivas en un laboratorio de la Universidad de Harvard, verdad? Y enton- ces las cosas cambian”. La observación de ese joven de diecisiete años de edad, me llevó a otra línea de trabajo - y aún refinamiento de la hipótesis teórica.

Esto tiene que ver con la naturaleza de la expectativa. Déjenme ponerlo de esta manera. Sus expectativas son situacio- nalmente determinadas (Uno no espera que se muestran imágenes eróticas en un taquistoscopio de un respetable la- boratorio de Harvard), pero también más en general, determinada tanto por las características personales como por las costumbres sociales de su propia cultura o sub-cultura, incluso con la convicción de que ambos, a menudo, interactúan en lo que los franceses les gusta llamar la deformación profesional. A veces, miro pasar el mundo por un experimentado viejo Neoyorquino, a veces, lo miro como un psicólogo profesor de derecho, a veces como un aventurero. Y el cómo lo haga depende de con quién esté, del cómo lo hago, amén de otras circunstancias que así lo determinan.

¿Cómo puede un psicólogo ignorar cuestiones tan evidentes en el estudio de la conducta humana? ¿Y nuestros métodos convencionales de investigación en psicología –el laboratorio, la entrevista y las pruebas estándar- son tenidos en cuenta? Un psicólogo puede recibir una o varias lecciones de un antropólogo, de un sociólogo o aún de un historiador. Nunca vamos a entender el comportamiento humano, simplemente estudiándolo in vitro o fuera del contexto, (sólo en el- aquí-y-en-el-ahora), sin tener en cuenta el compromiso histórico que existe siempre entre lo dado y lo por darse.

¿Por qué, por ejemplo, es Estados Unidos el único país del mundo occidental que todavía castiga los delitos económicos con la pena de muerte? Las encuestas de opinión indican que los estadounidenses

no están más a favor de esta práctica que cualquier otro país. ¿Por qué, entonces, continuamos usando esta práctica bárbara e ineficaz? - ineficaz, ya que es sabido que los Estados aún aplica la pena de muerte sin que ello reduzca la taza de delitos con- tra el patrimonio. Mi colega David Garland acaba de publicar un libro impresionante sobre este funesto tema (en una institu- ción peculiar, Cambridge: la universidad de Harvard, 2010) y es evidente que la persistencia de esta práctica bárbara depende de un recurso de casación falso “La preocupación por el bienestar público” (p. 63). La pena capital se presenta como parte de una guerra contra el crimen. Ma- tamos gente en las guerras, ¿no? He aquí una cita textual de los argumentos típicos de un fiscal ante el jurado en un juicio por asesinato, citado por Garland (p. 63): “Yo digo que estamos en una guerra de nuevo en este país, excepto que no es contra una nación extranjera, es contra los criminales del país. (El acusado, Guillermo Brooks, es un criminal, y él es nuestro enemigo)”. Por lo tanto, la administración de justicia hace una “guerra contra el crimen”, y, como en una guerra, tu deber es destruir al enemigo. No hacerlo es antipatriótico.

Garland, el autor de ese libro, es un abogado y sociólogo escocés, lo que lo ayuda a ser un psicólogo sagaz para observar la escena americana. Pero él también destaca la importancia de las historias narradas. Como él señala acer- tadamente, esa historia fue central para la defensa ante el jurado. Un asesino, visto como un combatiente enemigo, no merece nada mejor que la muerte. No es suficiente la retribución, porque la guerra a muerte: condena al enemigo a la muerte.

Así que para volver ahora a lo que la psicología debería estudiar, o más gene- ralmente, en lo que la psicología debería tornarse; definitivamente, incluiría una parte literaria, una parte antropológica y una parte histórica con estudios de eventos cotidianos que estamos viviendo. De hecho, ésta es una lección aprendida prácticamente por todas las disciplinas


que estudian la condición humana -inclu- so en disciplinas rígidas como la ley y la jurisprudencia.

Permítanme referirme ahora a un asun- to relacionado con lo antes insinuado. Tiene que ver con el cómo una cultura es internalizada, incorporada en nuestras formas particulares de concebir el mundo, el cómo nos convertimos en “miembros” de una cultura y el cómo llegamos a inter- nalizar sus formas como características de nuestro Ser -”auto-formación” o como quiera caracterizarlo-. El tema es del do- minio de lo que solemos llamar Psicología Evolutiva, un campo que ha hecho enor- mes progresos en el último cuarto de siglo, gracias, principalmente, a una dialéctica entre dos enfoques. Voy a llamar a uno de ellos el enfoque Piagetano y al otro el enfoque vygotskiano.

Piaget se ocupó fundamentalmente de la estructura, el cómo nuestro cono- cimiento del mundo se llevado a cabo en forma ordenada, primero en forma parti- cularizada y altamente concreta y luego cada vez más organizado en estructuras abstractas, transformadoras y abiertas a una amplia gama de construcciones y reconstrucciones. El cómo, en una pala- bra, organizamos nuestros encuentros con el mundo de una manera que honre la experiencia particular que aún conser- va la estructura que le imponen. Cuáles son estos procesos de conservación que nos llevan de la particularidad concreta a

una más abstracta, de manera que hace perdurable la estructuración de la expe- riencia –el cómo podemos obtener de la mera apariencia un sentido más profundo y continuo de la “realidad”.

El programa de Vygotsky fue muy dife- rente. Su preocupación principal fue con los procesos que intervienen en la socia- lización de la experiencia; el cómo la ex- periencia se socializa de una manera que nos permite relacionar la actividad mental a las formas socialmente relevantes de la cultura en la que vivimos.

Hemos llegado a reconocer que ambos énfasis se necesitan de una psicología bien equilibrada -especialmente en la psi- cología del desarrollo. Y cada vez más se están dando cuenta de lo importante que es tomar en cuenta ambas perspectivas: nuestro apego a lo establecido y nuestra búsqueda de lo posible.

La psicología se ha convertido en una de las disciplinas más desafiantes de es- tos tiempos, especialmente cuando se la compara con sus primas la historia, la cul- tura y la biología. Hemos aprendido como nuestra especie es capaz de afrontar al mismo tiempo lo culturalmente establecido al tiempo que prueba los retos de lo posi- ble. Estamos aprendiendo mucho el cómo nuestra especie se reinventa así misma para afrontar tanto las limitaciones bioló- gicas como las venidas de los entornos culturales que hemos creado. ¡Continue- mos creativamente con nuestra aventura!