Subjetividad:

un tejido por construir 1


MArien AlexAndrA gil sernA 2


Resumen


Este trabajo es una aproximación a la construcción de nuevos efectos de sentido con relación a la subjetividad, que logren romper la marcada antinomia subjetividad-objetividad, para lo cual se propone mirar dicha ca- tegoría como un tejido de hilos que se cruzan o superponen para construir y reconstruir nuestra experiencia humana, dichos hilos son: el lenguaje, la otredad, la conciencia de sí, la cultura y la narración. En esta composición el lenguaje juega un papel configurador, articulador y transformador, en tanto todo hecho humano es un acto de lenguaje. La cultura se muestra como un tejido compuesto de objetos, prácticas, discursos e imaginarios. Lenguaje y cultura son espacios simbólicos de configuración de significado de los demás hilos propuestos.

Se pone en escena la discusión sobre subjetividad como camino proposititvo para responder a las preguntas: ¿Cómo la escuela, las aulas, los maestros, los discursos vivencian la configuración de la experiencia de sí?

Palabras clave: Subjetividad, lenguaje, cultura, narración.


Subjectivity: a fabric for constructing Abstract

This document is an approach to the construction of new effect of sense

related to the subjectivity achieving to break the marked antinomy subjec- tivity-objectivity. In order to do so, it is proposed look at this category such as a fabric of crossed or superimposed threads, in order to construct and reconstruct our human experience; those threads are: the language, the otherness, the self-consciousness, the culture and, the narration. In this composition, language plays a configured, articulated and transformed role that is why every human act means a language act. Culture is shown as a fabric composed by practices, speeches, and imaginaries. Language and culture are symbolic areas of a configured meaning of the other suggested thread.


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  1. Recibido: Septiembre 29 del 2009. Aprobado octubre 09 del 2009.

  2. Nacionalidad, colombiana.Licenciada en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas; Estudiante de tercer semestre de Maestría en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional. Subjetividad: Un tejido por construir: Investigación que se realiza al interior del grupo de investigación: Subjetividad y nuevas na- rrativas en la enseñanza de la ciencias sociales. Dirigido por el profesor Rafael Ávila Penagos. Universidad Pedagógica Nacional. Aportes de Vigotsky a la relación lenguaje, cultura y educación: Investigación en curso para la Fundación Visión y Gestión Ingeniería social, de Manizales. Correo electrónico: marien624@ gmail.com


    For this reason, it is proposed the discussion related to subjectivity as a po- sitive way to answer the following questions: How do the school, classrooms, teachers, discourses live the configuration of their own experiences?

    Key words: Subjectivity, Language, Culture, Narration.


    Introducción


    “En Ersilia, para establecer las rela- ciones que rigen la vida de la Ciudad, los habitantes tienden hilos entre ángulos de las casas, blancos o negros o grises o blanquinegros, según indiquen las relaciones de parentesco, intercambio, autoridad, representación. Cuando los hilos son tantos que ya no se puede pasar entre el medio, los habitantes se marchan: las casas se desmontan; quedan sólo los hilos y los soportes de los hilos.


    Desde las cuesta de un monte, acam- pados con sus trastos, los prófugos de Er- silia miran la maraña de los hilos tendidos y los palos que se levantan en la llanura. Y aquello es todavía la ciudad de Ersilia, y ellos no son nada ….


    Viajando así por el territorio de Ersilia encuentras las ruinas de las ciudades abandonadas, sin los muros que no du- ran, sin los huesos de los muertos que el viento hace rodar: telarañas de relaciones intrincadas que buscan una forma”. (Cal- vino, 61, 199).


    De nuevo estoy ante la página en blan- co, enfrentándome a la paradoja de escri- bir del lenguaje y la palabra con la única herramienta posible: el lenguaje. Cuando me invitaron a escribir un texto sobre subjetividad, quien me invitaba a hacerlo me dijo que él consideraba que yo tenía clara la definición de subjetividad. Salí de la sala en la que me encontraba con una sola pregunta: ¿Qué es la subjetividad? Y heme aquí aún sin una respuesta clara, pero sí con unas cuantas ideas inocentes y una que otra metáfora que ha ido llegando, mientras intento descifrar o construirme una postura en cuanto a la subjetividad. Decidí nombrar el texto Subjetividad: Un Tejido por Construir, porque lo que haré es


    una aproximación y un reconocimiento de que la subjetividad, al igual que la cultura son un tejido, una malla de hilos que se cruzan y superponen para construir y re- construir nuestra experiencia humana.


    La primera metáfora que llego a mí, fue la extensa cita de las Ciudades Invisibles con la que inicio el texto. Se esconde bajo estas palabras llenas de imágenes, musi- calidad y signos la idea de que somos un tejido, es por eso que Ersilia son los hilos más que los mimos hombres, y es que los hombres y las mujeres somos tan solo hi- los, mallas de tejidos que configuran nues- tro ser individual y social. Ya Aristóteles había dicho en su Política que la ciudad antecede al hombre, pues el hombre para ser hombre necesita entrecruzarse con los otros, ser con los otros; de no necesitarlo, de no necesitar la ciudad, de no necesitar tender hilos y construir un tejido, sería un Dios o una bestia.


    Desde las metáforas de los hilos y el tejido asumiré el reto de construir mi pos- tura sobre subjetividad.


    Hablar de subjetividad se ha tornado por estos días en un tema recurrente de análisis sociológicos, políticos, edu- cativos, artísticos, filosóficos etc., pero muchas veces enunciamos este término sin saber con claridad a que nos referi- mos. En primera instancia solemos hacer referencia a la subjetividad como aquello que se opone a la objetividad; oposición dada por el método científico, el cual busca la objetividad intentando dejar de lado la subjetividad, aquello que involucra más la sensibilidad o los sentimientos. Por otro lado para algunas teorías del conocimiento ven la subjetividad como la propiedad de las percepciones, argu- mentos y lenguajes basados en el punto de vista del sujeto.


    Para efectos de este ensayo, que como su nombre lo dice es un ensayo más por construir una postura frente a la subjeti- vidad, intentare desfamiliarizarme de los imaginarios que éste término tiene en mi; esto con el fin de construirme senderos o bifurcaciones que me permitan repensar la subjetividad como algo complejo que abarca una importante condición del ser humano.


    Como el nombre del ensayo lo indica la búsqueda es descubrir la urdimbre que teje la subjetividad, esto implica de entra- da que la subjetividad se halla compuesta de múltiples hilos que la hacen posible. Los hilos que observare son cinco, los cuales he llamado: Lenguaje, conciencia de sí, otredad, cultura y narración. Espero que el tejido y las diversas puntadas que estos hilos pueden forman nos permitan ver el entramado de la subjetividad como una trama de percepciones, visiones, sentidos, objetos, practicas que orientan el pensar y el accionar humano; lo cual nos permite construir experiencia de vida y acciones de sentido.


    1. Lenguaje


      Más allá de decir que la subjetividad es esto o aquello, deseo proponer que la sub- jetividad es una especie de composición que se hace posible por la combinación de diversos elementos. Así como una pintura no es sólo una simple imagen en un lienzo, la subjetividad no es tan sólo una condi- ción del sujeto, sino un entramado que al igual que la pintura encarna múltiples formas, colores, significados, sentidos, experiencias.


      En esta composición el lenguaje juega un papel configurador, articulador y trans- formador, en tanto todo hecho humano es un acto de lenguaje. Somos ante todo lenguaje, tan sólo conocemos e involucra- mos en nuestro entorno lo que estamos en capacidad de enunciar, nombrar o ex- presar, nuestro mundo esta determinado y construido por el lenguaje. Como bien

      lo expreso Wittgenstein “la limitación del mundo no es la frontera de algo extenso, es inherente al mundo mismo. Puesto que mi lenguaje, significa el mundo, las fronteras de mi lenguaje son las fronteras de mi mundo”.(Wittgenstein, 2008)


      Desde esta visión, el lenguaje es una actividad humana natural que se compren- de dentro de un contexto, no es un suceso aislado, sino que pertenece al todo que compone la vida. El lenguaje es parte de una forma de vida, la cual le otorga al len- guaje sentido, a la vez que el lenguaje le otorga, en una relación recíproca, sentido a dicha forma de vida.


      El lenguaje es entonces, nuestro nues- tra herramienta, nuestro medio, nuestro vehículo a través del cual construimos la vida, la hacemos comunicable decible para si mismos y para los otros. Dejando atrás los aportes de Wittgenstein, retoma- re a Jorge Larrosa, en lo referente a los dispositivos pedagógicos.


      Con relación al lenguaje haré referencia a dos dispositivos pedagógicos: Expresar- se y Narrarse, ambos íntimamente ligados a la condición humana del lenguaje como constructor de significados y sentidos.


      Gracias a la capacidad referencial y expresiva del lenguaje, éste sirve al suje- to para entrar en diálogo consigo mismo y para presentar a los otros lo que esos diálogos logran decir de sí mismo. En este ámbito la subjetividad se muestra como significado de lo que enuncio, de lo que expreso y de los que narro.


      Es a través del entramado del lenguaje que yo logro sostener y construir diálogos internos. Así como el lenguaje me per- mite entrar en relación con lo otros, de igual forma me permite entrar en relación consigo mismo. Es así, como lo que logro decir de mí mismo o lo que construyo de mí en relación con el otro no es más que mi subjetividad, una subjetividad que no se ha hecho ni en mi interior, ni en el ex- terior, sino que son los significados, que


      a través del lenguaje interior y con el otro construyo de mí.


      El narrarse, el cual retomare en el hilo de la cultura y al cierre de este escrito, no puede dejarse de lado en este punto, dado que narrar es hacer del lenguaje posibilidad de contar, ordenar o clasificar los significados. La narración, se convierte en la modalidad discursiva de la configu- ración de subjetividades, en tanto permite unir presente, pasado y futuro.


      El narrarse es una prescripción, des- cripción, interpretación y comprensión del relato de nuestra historia personal y social. Teniendo en cuenta que toda aspiración o preocupación por el por-venir nos lanza al pasado y a al presente, en tanto el futuro es un resultado de lo que hemos sido y lo que estamos siendo. El narrarse es hablar de la experiencia humana en su trasegar por el pasado y por el presente con perspectiva de por-venir.


    2. Conciencia de sí


      Me parece difícil hablar de subjetividad sin hablar de la conciencia de sí, pues yo soy tanto lo que logro ver de mí en mi visibilización (conciencia de sí), como lo que logro redescubrir de mí, en mí expre- sarse y narrarse. Hablar de subjetividad es hablar de un sujeto que se objetiva a sí mismo, en un ejercicio reflexivo y retros- pectivo que le da una conciencia de sí.


      Sería pertinente de nuevo recordar a Jorge Larrosa y el dispositivo pedagógico del ver-se: “La óptica, el “ver”, es una de las formas privilegiadas de la metaforiza- ción del conocimiento. Y La misma metá- fora óptica puesta en bucle, el “verse a uno mismo”, es una de las formas privilegiadas de nuestra comprensión de autoconoci- miento.” (Larrosa, 1995, 293)


      El verse como reflexión o retrospec- tiva es hacer de sujeto un objeto para sí mismo, a través de lo cual yo logro ver lo que hay dentro de mí, y en ese verme se da también un conocerme, un redescubrir-

      me. Verse es reconstruir la propia imagen de sí mismo. Seria pertinente recordar a Edgar Morín


      Hay un segundo aspecto propio del sujeto humano, realmente propio, puesto que está ligado al lenguaje y a la cultura. El individuo-sujeto puede tomar concien- cia de sí mismo a través del instrumento de objetivación que es el lenguaje. Vemos aparecer la conciencia de ser conscientes y la conciencia de sí en forma claramente inseparable de la autoreferencia y de la reflexividad. Es en la conciencia donde nos objetivamos nosotros mismos para resubjetivarnos en un bucle recursivo in- cesante” …. El “doble”, especto corporal idéntico a uno, es a la vez alter ego y ego alter. Se manifiesta en la sombra, en el reflejo y el sueño. (Morin, 1998, 81)


      La referencia a Morin nos sirve para ver que la subjetividad esta íntimamente rela- cionada con lo que logro ver de mí, cuando objetivo el sujeto. Lo que nos deja claro esta referencia, es que la subjetividad es significados que logro configurar a través de la conciencia de sí que me brinda el verse, donde se involucran también los sueños e imaginarios que construyo de mí o que deseo para mí.


      El verse esta mediado o atravesado por los sueños, deseos, anhelos que tengo de mí, lo cual se refleja en el doble que construyo, un doble que es a su vez alter y ego y ego alter, en tanto lo construyo con lo que poseo, en tanto lo que soy como conciencia de sí y lo que deseo poseer y que ya esta presente en mí como sueño, deseo o anhelo. Mi subjetividad es lo que soy y a su vez lo que deseo ser (Pasado, presente y porvenir).


    3. Otredad


      El expresarse, el narrarse, el verse y la conciencia de sí tienen como referente no sólo el sí mismo sino también el otro. Expresarse, implica un decir no solo para mí, sino también para un externo que es el otro: “Soy otro cuando soy, los actos


      míos son más míos si son también de todos, para que pueda ser he de ser otro, salir de mi, buscarme entre los otros, los otros que son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia.” (Octavio Paz, 1990, 45)


      Lo que nos plantea Octavio Paz a tra- vés de esta cita, permite ver la otredad como referente desde el cual también nos vemos, nos expresamos y nos narramos. Entramos en sí mismos como posibilidad de ser también en el otro, el otro a su vez nos invita o nos seduce a entrar en sí mismos.


      Es así como la subjetividad es una construcción individual, atravesada por la colectividad, por lo que construyo de mí en tanto soy con el otro. Lo que yo soy, lo que logro ver de mí, lo que logro decir de mí, es a su ver un ver, decir, expresar y narrar determinado por el otro. Soy en tanto el otro también es.


    4. Narración


      El narrarse, en tanto dispositivo peda- gógico, no puede dejarse de lado en esta reflexión, dado que narrar es hacer del lenguaje posibilidad de contar, ordenar o clasificar los significados. La narración, se convierte en la modalidad discursiva de la configuración de subjetividades, en tanto permite unir presente, pasado y futuro.


      El narrarse es una prescripción, des- cripción, interpretación y comprensión del relato de nuestra historia personal y social. Teniendo en cuenta que toda aspiración o preocupación por el por-venir nos lanza al pasado y a al presente, en tanto el futuro es un resultado de lo que hemos sido y lo que estamos siendo. El narrarse es hablar de la experiencia humana en su trasegar por el pasado y por el presente con perspectiva de por-venir.


      Ricoeur (Ricoeur, 2007), recurriendo a la noción de Wittgenstein de juego de len- guaje, asume la narración como un juego de lenguaje que se halla ligado a un estilo

      de vida específicamente humana, como lo es la experiencia histórica y temporal del hombre. El planteamiento consiste en pro- poner la narración como una acción que posibilita la comprensión de la existencia temporal del hombre.


      La experiencia de vida humana posee un ámbito ontológico que se caracteriza por la temporalidad y la historicidad. Los seres humanos vivimos inmersos en un tiempo, en medio del cual hacemos his- toria. La unión de tiempo e historia nos permite vivir de manera histórica nuestra experiencia de vida.


      La narración se define como cualquier forma discursiva que se base en la confi- guración de una trama, y dicha configura- ción aporta a la construcción de identidad, por las siguientes razones:


      • Produce síntesis entre concordancia y discordancia. La configuración de una trama une episodios en una unidad temporal y espacial.

      • La configuración de la trama establece síntesis de elementos heterogéneos, porque une en una historia completa diversos aspectos: agentes, acciones, lugares, tiempos, pacientes.

      • Establece una unidad entre cada epi- sodio de la vida y la configuración en una totalidad, que es organizada de acuerdo con un sentido. Los episodios de la vida adquieren sentido en su con- figuración.


      La narración, como diría Dilthey, logra darle conexión a la vida, en tanto redes- cripción y prescripción creadora de las ac- ciones humanas. La narración nos enseña a articular nuestros sucesos con el tiempo de la historia y del mundo. Logra, a su vez, unir el relato histórico como narración de sucesos en el tiempo y el relato de ficción, entendida la ficción como un acto imagina- tivo de hechos posibles. La narrativa logra entonces describir, a la vez que imaginar nuevas posibilidades.


      Por otro lado y retomando el hilo de la cultura, ésta es la malla sobre la cual el sujeto despliega, construye, transforma o configura la subjetividades. Narrar es convertir el tiempo en tiempo humano, en tiempo vivido y por vivir y al hacerlo ordenamos el tiempo de acuerdo a los referentes culturales que nos constituyen. El develamiento que se da al nárranos, es una develamiento que tare consigo nues- tras construcciones culturales. Cuando nos narramos, nuestra subjetividad es subjetividad culturalmente configurada, la cual es resultante en un cúmulo se practi- cas, significados dados por la cultura.


    5. Cultura


      Abordaré la Cultura desde la metáfora de la urdimbre o del tejido (Geerzt, 1997), el cual logra tejer, o sea entrecruzar lo individual y lo colectivo de tal forma que ambos hilos corresponden al mismo tejido, el de la sociedad. Dicho tejido esta com- puesto de objetos, prácticas, discurso e imaginarios que nos permiten, como seres culturales, instaurar un lugar común, com- puesto de múltiples símbolos, producto de cruces y encuentros, que nos permiten entender la cultura como un contexto de sistemas organizados de símbolos comu- nes, los cuales entretejen un estilo de vida tanto individual como social.


      Es a su vez, también, un espacio sim- bólico, un lugar para desplegar nuestro mundo compartido; es el escenario donde, desde el lenguaje, se hace posible la co- nexión de los hombres con los hombres, de los hombres con el mundo y del mundo con los hombres. La cultura es ese lugar que nos permite ser por el otro y a la vez ser en el otro.


      Hacemos cultura porque a través del lenguaje, que nos permite cruces e inter- cambios, logramos comunicarnos e ingre- sar a un ámbito común de símbolos que nos dicen algo igual. A través del lenguaje una comunidad aprende a comprender su mundo y moverse en él. El lenguaje, en

      tanto construcción social, potencia la posi- bilidad vital de identificarse y pertenecer a un lugar. Se podría decir que la cultura es el tejido que cada comunidad construye e inventa para lograr ser ella misma, y dicho tejido lo elabora gracias al lenguaje que instaura signos de identificación, tanto para una comunidad determinada, como para la comunicación y el intercambio entre comunidades y entre culturas.


      La cultura nos permite no ser simple- mente hombres en su acepción biológica, sino ser hombres en su búsqueda, tanto individual como social, de sí mismos y del otro. Por ello, si algún día logramos mirar a la cara nuestro ser cultural, muy segura- mente nos hallaremos más cerca de noso- tros mismos y comprenderemos qué es lo que nos ata a un espacio, a una persona, a un recuerdo, a una atmósfera.


      Retomando de nuevo el dispositivo pedagógico de la narración, la cultura es la malla sobre la cual el sujeto despliega, construye, transforma o configura la sub- jetividades. Narrar es convertir el tiempo en tiempo humano, en tiempo vivido y por vivir y al hacerlo ordenamos el tiempo de acuerdo a los referentes culturales que nos constituyen. El develamiento que se da al nárranos, es una develamiento que tare consigo nuestras construcciones culturales. Cuando nos narramos, nuestra subjetividad es subjetividad culturalmente configurada, la cual es resultante en un cúmulo se practicas, significados dados por la cultura.


      Los sujetos se construyen subjeti- vamente desde el lenguaje y desde el campo social de la cultura; en un juego de reciprocidad constante. La cultura y el lenguaje configuran la subjetividad y a su vez ésta configura la cultura y el lenguaje. La cultura nos brinda una acumulación social de significados con los cuales se dan procesos de construcción de sentidos y significados.


      El sujeto tiene una connotación impor- tante, y es la relación vital con la construc-


      ción de historia, historicidad y sociedad. La subjetividad es el proceso de producción de significados el cual se lleva acabo en un conjunto o tejido de relaciones. Significados que transforman mundos y urdimbres culturales. Dicha producción de significados se hace a través del lenguaje y de los múltiples relatos producidos con los otros dentro del contexto de nuestra experiencia de vida; relatos que expresan los significados que construye nuestra subjetividad.


      Ahora podemos ver más claro la impor- tancia de las referencias al lenguaje, la otredad, conciencia de sí y la cultura, como pretextos para hablar de subjetividad, pues ésta sólo es posible en los contornos que nos brinda el lenguaje y en las urdimbres que nos brinda la cultura. Por último diría que el lenguaje, la cultura y la subjetividad son “telarañas de relaciones intrincadas que buscan una forma”, el hombre.


      Sería pertinente hacer una referencia a la literatura, que considero es uno de los artes que mejor logra mostrar, desde su recurso metafórico, al hombre en su constante proceso de construcción, trans- formación y renovación de significados:


      Una noche, por la época en que Rebe- ca se curó del vicio de comer tierra y fue llevada a dormir en el cuarto de los niños, la india que dormía con ellos despertó por casualidad y oyó un extraño ruido intermi- tente en el rincón. Se incorporó alarmada creyendo que había entrado un animal en el cuarto, y entonces vio a Rebeca en el mecedor, chupándose el dedo y con los ojos alumbrados como los de un gato en la oscuridad. Pasmada de terror, atribulada por la fatalidad de su destino, Visitación reconoció en esos ojos los síntomas de la enfermedad cuya amenaza los había obligado, a ella y a su hermano, a des- terrarse para siempre del reino milenario en el cual eran príncipes. Era la Peste del insomnio.


      .… Nadie entendió la alarma de Visi- tación. “Si no volvemos a dormir, mejor”,

      decía José Arcadio Buendía, de buen humor. “Así nos rendirá más la vida.” Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexo- rable evolución hacía una manifestación más crítica: el olvido.


      .… Fue Aureliano quien concibió la fórmula que había de defenderlos duran- te varios meses de las evasiones de la memoria. La descubrió por casualidad. Insomne experto, por haber sido uno de los primeros, había aprendido a la perfección el arte de la platería. Un día estaba buscando el pequeño yunque que utilizaba para laminar los metales, y no recordó su nombre. Su padre se lo dijo:”tas”. Aureliano escribió el nombre en un papel que pegó con goma en la base del yunquecito: tas


      .… Cuando su padre le comunicó su alarma por haber olvidado hasta los he- chos más impresionantes de su niñez, Aureliano le explicó su método, y José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde lo impuso a todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre: mesa, silla, puerta, pared, cama, cacerola. […] Enton- ces fue más explícito. El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que her- virla para mezclarla con el café y hacer café con leche. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentánea- mente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita. (García Márquez, 1967, 47)


      Cuando Macondo es invadida por la peste del olvido, se queda sin la memoria de sus significados acumulados y también olvida cómo construir unos nuevos, se queda sin cultura y lentamente va perdien-


      do el lenguaje que le permite tejerla, con lo cual se pierde, también, la posibilidad de configurar subjetividades, pues ésta se halla presente allí donde hay significados por construir, relatos por enunciar y sím- bolos por interpretar. Ya no hay nada de lo cual dar cuenta a través del significado, porque la conexión entre sí mismos y el mundo se ha aislado, ya no queda nada por interpretar porque no hay símbolo alguno. Se ha perdido la posibilidad de enunciar, hablar y comunicar y, por ende hombre y mundo se desligan, ya no hay necesidad de sentidos de vida, pues éstos los construimos porque el mundo, como unión de sí mismos y del otro, nos llama a hacerlo; por que el lenguaje, acto tam- bién de la memoria, nos permite entrar en relación con lo otro y el otro. La peste del olvido es muerte del mundo social, porque ya nada ata al yo, al otro y al mundo. Con el olvido ya no hay necesidad de historia, la cultura muere y el hombre no necesita trascender, ni dimensionar un porvenir, porque desaparece la conciencia, el pen- samiento, la imaginación.


      Somos lenguaje, por eso el olvido es la peste, es el fin del mundo. La peste de Macondo es una tragedia milenaria porque mata la posibilidad de intercambio, al matar la posibilidad de lenguaje, mata la capacidad de nombrar y otorgar con el nombre significados. Por ello la serie de inscripciones sería infinita y siempre incompleta, pues el olvido de Macondo acaba con la memoria, con todo lo que de significado atraviesa la vida.


      Una vida sin recuerdos, sin palabras y sin lenguajes que los enuncien, una vida con letras pero sin sentidos, con formas pero sin significado, con símbolos pero sin inteligencia, con accesorios que dejan de existir porque se olvida el enunciado que los nombra, sería inimaginable. García

      Márquez, con la Peste del Olvido, nos recuerda que Macondo está recubierto de humanidad y por ende de palabra, que se necesita nombrar para poder vivir, por eso José Arcadio Buendía decide escribirle a cada cosa, animal y planta su nombre, su función, su significado. Al perder el lenguaje se desordena la vida, porque se pierde en medio del olvido.


    6. A manera de conclusión


Sólo desde una mirada abierta que este dispuesta a unir o juntar lo injuntable podremos acercarnos como nuevos ojos a la configuración y transformación de subjetividades; la cual se instaura como búsqueda y pregunta ya que hablar, hoy, de practicas educativas es hablar también de cómo la escuela, las aulas de clase, los maestros, los discursos vivencian la enseñanza, transmisión y transformación de la experiencia de sí, en tanto lugar de configuración de subjetividades. Hablar de escuela, de procesos de enseñanza- aprendizaje, es necesariamente volcar la mirada hacia la subjetividad que necesa- riamente siempre interviene la escuela.


Las preguntas que surgen con relación al tema son: ¿Cómo piensa la escuela la subjetividad? ¿Qué significados construye la escuela? ¿Qué nos enseña la escuela acerca de sí mismos? Preguntas con las cuales cierro este escrito en la búsqueda de mostrar que la indagación por la sub- jetividad es un camino propositito hacia la resignificación de sí mismos.


Nota:

Lo enunciado aquí con relación a los dispositivos pedagógicos son una interpre- tación de la lectura del ensayo de Jorge Larrosa Tecnologías del Yo y Educación.


Bibliografía


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García Márquez, G. (1967). Cien Años de Soledad. Bogotá D.C.: Editorial la Oveja Negra.


Geerzt, C. (1997). Interpretación de las Cultu- ras. España: Editorial Gedisa S.A.


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Paz, O. (1990). “Piedra de Sol”, en Poetas de España y América, volumen 21. Bogota D.C.: Editorial Tiempo Presente.


Ricoeur, P. (2007). Tiempo y Narración. Volu- men I: Configuración del tiempo en el relato histórico. España: Siglo XXI.


Wittgenstein, L. (2008). Investigaciones Filo- sóficas. Argentina: Editorial Critica. (Versión Original 1953)

Notas


1 El presente estudio tiene como propósito develar el sentido de las prácticas peda- gógicas, en las actuales condiciones de crisis e incertidumbre que experimentan las instituciones educativas y, en particular, los maestros; y que algunos autores señalan como crisis de identidad de la profesión docente (Bolívar, Fernández y Molina 2005).


Abordar la subjetividad del docente es profundizar en un mundo de significados y símbolos, del cual hacen parte el entorno social, la historia, la cultura y las múltiples demandas a que está expuesto el maestro, en particular, por un estado que lo desco- noce como sujeto creador y transformador de su propia práctica. Es así como este trabajo trata de centrar sus esfuerzos en el estudio de la conciencia histórica1 de los sujetos en términos de construcción subjetiva e intersubjetiva del presente dándose como posibilidad transformadora de futuro, construcción que se corporiza en el conocimiento cada vez más complejo de los sentido y los significados que permiten darse y dar cuenta de la propia situaciona- lidad en su accionar político, económico y cultural.