Memoria y utopía de lo ético en los medios de comunicaciónl


eduArdo gArCíA vásquez2


Resumen


Una mirada a la memoria y utopía de lo ético en los medios de comunica- ción se hace centrándose en la realidad latinoamericana. Los medios de comunicación latinoamericanos pasaron a lo largo de los últimos cien años, de ser meros canales de difusión a convertirse en un campo en donde se construyen las realidades cotidianas y extraordinarias, las ilusiones de clase y prestigio, las nociones de nacionalismo, de espacio y de tiempo, en articula- dores de la moralidad, en juez y parte. Pasaron de ser herramienta del poder a generadoras de ambientes fuera de los cuales parece no existir nada. Se constituyeron en creadores y la sociedad mediada, en su criatura.

El cómo se comunica, las éticas, el tiempo, la memoria y las utopías son el discurrir de esta mirada que no pretende cerrar, sino abrir la discusión en torno a los medios de comunicación, sus éticas y memorias. La educación tampoco puede quedarse a la zaga de esta preocupación, al fin de cuen- tas de los centros de formación emergen los periodistas que entregan la información a la sociedad.

Palabras claves: memoria, ética, medios de comunicación, utopía, tiempo, información.


Memory and utopia of ethics in the media Abstract

A look at the memory and dream of what is ethical in the media is focusing on the

LatinAmerican reality. The media went to LatinAmerica over the past one hundred years, to be mere channels for broadcasting to become a field where the building is extraordinary and everyday realities, illusions of class and prestige, notions of nationalism, space and time, in articles of morality, as a judge and part of. Went from being a tool of power-generating environments outside of which seems not to exist at all. Were constituted in the creative and mediated society, in its creation. How to communicate, the ethics, time, memory, and utopias are the flow of this look is not intended to close, but open the discussion on media ethics and their memories. Education can not fail to catch up with this concern, at the end of the schools be graduated the journalists who deliver information to society. Keywords: memory, ethics, media, Utopia, time, information.


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  1. Recibido: agosto 03 del 2009. Aprobado: septiembre 30 del 2009.

  2. Nacionalidad, mexicano. Licenciado en comunicación de la Universidad de Oaxaca. Magister en Educa- ción Universidad Iberoamerica de Santa fe. Escritor de varios libros y ponente en eventos nacionales e internacionales.


    “No estoy defendiendo a los musulmanes, les estoy defendiendo a ustedes contra sí mismos”. Mahatma Gandhi


    Los medios de comunicación masiva, tal y como los conocemos (radio, cine, TV y más reciente la Internet) han trastocado y siguen trastocando la vida de las socie- dades a escala planetaria. Esto que es un axioma a todas luces, es sin embargo también, aún con sus exponentes más antiguos como el periódico, una realidad sumamente nueva en el milenario curso de la historia humana3.


    En efecto, los medios de comunicación que tanto suelen inquietar el imaginario societal de este edad, son instrumentos, herramientas, artefactos, como señala Walter Ong4, que corresponden a una ora- lidad, a la segunda oralidad5, misma que


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  3. La tecnología ha estado en el centro mismo del pro- greso humano desde tiempos muy tempranos.

    Nuestros antepasados prehumanos adaptaron los palos para alcanzar los alimentos, usaron las hojas de los árboles para absorber el agua y lanzaron piedras cuando estaban enfurecidos, tal como hacen los chimpancés hoy día.

    La primera especie humana fue el Homo ha- bilis— el “hombre hábil”. Sus restos, de unos 2 millones 500 mil años de antigüedad, yacen junto a guijarros astillados, que sin lugar a dudas fueron las primeras herramientas líticas. Al inicio el Homo habilis puede haber utilizado tecnolo- gías tan perecederas como los calabazos para beber agua y tiras de cuero para cargar a los niños pequeños. Unos 500 mil años atrás, en toda África, Asia y Europa el Homo erectus labró elegantes hachas de mano en forma de hoja y al parecer empleaba el fuego. Nuestra especie humana, el Homo sapiens —el “hombre sabio” que hace unos 40 mil años vivió en Europa, el Oriente Medio y Australia—hizo instrumentos de piedra, hueso y cornamentas, así como collares para adornarse, y trazó un arte simbólico en las paredes de las cuevas—la tecnología al servicio de las ideas y la comunicación.

  4. ONG, Walter. “Oralidad y escritura: Tecnologías de la palabra”. FCE, México.

  5. Saussure siempre destacó la relevancia del ha- bla oral y consideró a la escritura como comple- mentaria de la primera, no como transformadora

    comienza con la impresión de la palabra en el piso de las civilizaciones modernas, pero que ubica el principio de sus niveles más altos en la invención de la imprenta (1450)6, tiempo en que se multiplicaron las traducciones de la Biblia a las lengua ver- náculas. Este evento facilitó la posibilidad de poner al pueblo de escasas letras en contacto con la Biblia, lo que incrementó la tendencia biblicista y antiescolástica que se manifestaba en muchos monasterios y universidades alemanas del S. XVI7. Como afirman Briggs y Burke8 “Para los clérigos, el problema básico estribaba en que, gracias a la imprenta, las personas con baja posición en la jerarquía social y cultural estaban en condiciones de estu- diar los textos sagrados por sí mismas en


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    de la articulación. A pesar de dicha ponderación, los estudios del mundo erudito durante los últi- mos siglos se abocaron en forma casi excluyente a las producciones escritas y descuidaron las creaciones orales, las que fueron consideradas para muchos inferiores e indignas de un abordaje científico serio.

  6. Apenas seis años después del “descubrimiento” de América por Colón.

  7. Lluís Pifarré recuerda que uno de los más impor- tantes impulsores de este ambiente fue el filólogo holandés Erasmo, que en 1515 escribía en su “Epiclesis”: “No estoy de acuerdo con aquellos que se oponen a que los ignorantes lean las divi- nas letras traducidas a la lengua vulgar. Desearía que todas las mujercitas leyeran el Evangelio y las epístolas paulinas. Y ¡ojalá que el agricultor con la mano en la arado fuese cantando algún pasaje de la Biblia e hiciese lo mismo el tejedor en su telar, y el caminante aliviase con esas historias el fastidioso viaje! De eso deberí an tratar las conversaciones de todos los cristianos”. PIFARRE, Lluis “Lutero y la Biblia”. En Biblioteca Bíblica Digital / http://www.mercaba.org/FICHAS/ arvo.net/lutero_y_la_biblia.htm

  8. BRIGGS&BURKE; Asa y Peter, De Gutenberg a internet. Una historia social de los medios de comunicación, Taurus, México, 2006 (Título original: A Social History ot the Media. From Gutenberg to the Internet, 2002). Pp 30


    lugar de depender de lo que les decían las autoridades”.


    Pero del tiempo de la invención de la imprenta (o por lo menos de los tipos móviles) hasta nuestros días, los medios no sólo han cambiado sino han mutado, en especial a partir de comienzos del siglo XX en el que crecieron y a la vez indujeron y fueron soporte directa o indi- rectamente de procesos como las grandes migraciones del campo a las ciudades, la revolución científica tecnológica, las guerras mundiales y la posterior carrera armamentista como telón de fondo de las tensiones entre el Este y el Oeste y dando fe u ocultando una serie de luchas por el reconocimiento y la reivindicación de los derechos de la infancia, de las mujeres, de los pueblos indígenas y más reciente de las personas con discapacidad, entre otras procesos9.


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  9. Sobre las características, causas, naturaleza e implicaciones políticas y económicas que han prevalecido en los medios de comunicación lati- noamericanos existe una bibliografía abundante que va de los aportes críticos fundamentales de Paulo Freire y Daniel Prieto Castillo, a la mirada

    Así las cosas, los medios de comunica- ción latinoamericanos pasaron a lo largo de los últimos cien años, de ser meros canales de difusión a convertirse en un campo en donde se construyen las rea- lidades cotidianas y extraordinarias, las ilusiones de clase y prestigio, las nociones de nacionalismo, de espacio y de tiempo, en articuladores de la moralidad, en juez y parte. Pasaron de ser herramienta del poder a generadoras de ambientes fuera de los cuales parece no existir nada10. Se constituyeron en creadores y la sociedad mediada, en su criatura.


    Pero esta mirada corre el peligro de simplificar la realidad, satanizar a los me- dios, ubicarlos como “malos” per se es un recurso fácil y un error absoluto; hay una tonalidad amplia de ellos en cada país, en cada región. Diversas coyunturas po- líticas, movimientos sociales y adelantos tecnológicos han dado pie a interesantes experiencias mediáticas que vale la pena tener presentes; tales experiencias han sido acotadas y muchas veces canceladas por la fuerza, sin embargo siguen existien- do a veces clandestinas, vulnerables y dé-

    abarcadora de Jesús Martín Barbero, pasando

    por textos importantísimos de Dorfman y Ma- ttelart, Dussell y Canclini, entre muchos otros reconocidos autores, por lo que una revisión de tales temas sobraría y al mismo tiempo quedaría corta en este documento. Sin embargo me permi- to recordar que los medios en el subcontinente, en especial, la radio y la TV adoptaron el modelo y las estrategias estadounidenses que implican una serie de formatos o géneros básicos y un sistema de publicidad para su financiamiento, en contraposición al modelo europeo de servicio público.

    Como señala Barale, “…en América Latina las políticas nacionales en la materia se prefirió la faceta de interés público promovida entre otras instancias por la Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR) entidad representativa de los sectores privados del continente. Por supuesto que tal decisión generó efectos económicos y culturales al privilegiarse el lucro del medio por encima de su servicio a la comunidad”. PEPPINO Barale, Ana María. Radio educativa, popular y comunitaria en América Latina. UAM. México, 1999.

  10. Históricamente, el concepto de “cantidad” ha so- bredeterminado a las sociedades industriales; el de “calidad” a las sociedades vernáculas, como la amerindia; tanto calidad como cantidad, tienen como criterio operativo el concepto de herra- mienta. Las sociedades industriales trabajaron sobre la hipótesis de que la herramienta podría sustituir al esclavo, retomando así la vieja discu- sión aristotélica. En este empeño la herramienta se convierte en “máquina-herramienta” y destila, a través de la producción en serie, lo que se va a llamar la productividad industrial, azuzada por el dogma desarrollista del crecimiento indefinido.

    Aramayo no dice que “Terminada la revolución industrial, sabemos que la máquina herramienta se ha metamorfoseado en un implacable pro- ductor de servidumbre para el obrero y de intoxicación para el consumidor. El señorío del hombre sobre la herramienta, como dice Illich, fue reemplazado por el señorío de la herramienta sobre el hombre”. ARAMAYO, Raúl ¿Qué Bolivia, entonces, es posible y deseable?. En “Diálogo democrático” 2005. http://www.democraticdialo- guenetwork.org/index.pl?lang=es


    biles, pero reales, corriendo paralelas a la presencia de las grandes corporaciones11. No hay que olvidar que los medios hoy son un fenómeno social complejo cuyos fines, si bien se ubican generalmente en el lucro y el control del poder económico y político, presentan modos de operación altamente diversificados, descentralizados, ubicuos, flexibles, aglutinantes y factibles de ser apropiados.


    Lo que sí es evidente es que a diferen- cia de otras instituciones que incluso los antecedieron por siglos (como la univer- sidad y la iglesia), los medios han sabido leer los signos de los tiempos y han hecho del suyo, el signo de la historia contem- poránea. Con los apellidos Gates, Slim, Berlusconi y una decena más en la punta de la economía global con sus debidas réplicas nacionales a modo de fractales12, la mediocracia, llevándole la contraria a Marx, fue capaz de percibir que en la base del triángiulo se ubica la cultura, la cual a su vez manejada “adecuadamente” da sentido a prácticas monopólicas de am- plio espectro y complejidad. Entonces los medios de comunicación, los dispositivos


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  11. Carmen Gómez Mont, nos recuerda que existe toda una sociología de los usos cuyos fundamen-

    más poderosos de control que jamás han existido, en sólo cien años, han consegui- do lo que ni en sueños imaginó Alejandro Magno: Dominar al animal metafórico de Schopenhauer, entendido este en sus dimensiones de persona, sociedad y especie y despojarlo de la memoria, esto es apropiarse de su capacidad de mirar el pasado, observarlo, aprender de él y proyectar creativa, libremente, una visión de futuro.


    Memoria y autismo en la edad de la información


    En su célebre “Libro de los abrazos”13, Eduardo Galeano nos trae a la mente un concepto que es al mismo tiempo un poema y un velado llamado a la in- surgencia. El nos dice que “Recordar: del latín recordis- quiere decir: Volver a pasar por el corazón”. Como en otras de sus obras este latinoamericano universal nos grita que la memoria es cualidad de una verdadera democracia, entendida no sólo como un sistema de gobierno, sino como la forma de relación que parte del descubrimiento y de la revaloración de la dignidad del otro y de la otra para construir la convivialidad14. El uruguayo

    tos actualmente están en proceso de reconcep-

    tualización y actualización, pero sus postulados principales se construyen desde una visión que parte de tres ángulos: a) la naturaleza de las TIC´s, b) el contexto en el que se insertan y c) la formación de prácticas sociales ante los nuevos medios, es decir, a partir de los dos principios anteriores. Esta visión de conjunto es la que permite unir la conexión tecnología-sociedad, comprendida como un tejido de constantes interrelaciones.

  12. El término fractal se refiere a fractus (quebrado) y remite a formas o procesos autosimilares en los que el todo replica a la parte y vicerversa. “Todo depende de la perspectiva del observador, esto es de la escala en que se haga la observación”. En este sentido la noción de fractal venido de la física y la matemática, aporta a la teoría de los sistemas complejos y ayudan a explicar dinámicas y procesos complejos. Se sugiere la lectura BRAUN, E. “Caos, fractales y cosas raras”. SEP/FCE, México, 1996.

  13. GALEANO, Eduardo. “El libro de los abrazos”.

    Siglo, XXI Ed. México.

  14. Contra el romanticismo que parece encerrar, el concepto de “convivialidad”, este encierra una propuesta radical que Ivan Illich lanzó como una alternativa necesaria y posible ante una socie- dad que se desmorona en todas y cada una de sus instituciones. Ilich reflexiona sobre la crítica situación de una sociedad capitalista avanzada que produce su propia destrucción y ubica el reto de la convivialidad como una apuesta para crear nuevas formas de relaciones sociales y con la naturaleza, en cuyo eje se encuentran temas tan diversos como la preocupación por la degradación del medio ambiente, la sobreprogra- mación de la vida diaria, el dogma tecnológico, la insatisfacción, la polarización, la superespeciali- zación, etc. Según él “en la sociedad de consumo quien no es prisionero de la adicción lo es de la envidia: unos viven consumiendo sin cesar lo que están acostumbrados a necesitar y otros


    está seguro que “No se puede construir la democracia sino sobre el suelo firme de la justicia que pasa por abrir y enfrentar las viejas heridas. No hacerlo es seguir viviendo en la cultura de la impotencia, que se alimenta del miedo y uno de los miedos que más nos paraliza es el miedo a recordar”.


    La referencia a Galeano aparece en estas páginas porque la memoria como capacidad intelectual y como patrimonio humano15 ha sido blanco de la acción de los medios de comunicación masiva.


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    viven envidiando a quienes consumen lo que ellos no pueden adquirir”. En resumen para Illich “las sociedades debían iniciar el camino hacia un modelo convivencial, donde las relaciones humanas avanzaran, o más bien regresaran, a una convivencia comunitaria sostenible fun- damentada en una cooperación interpersonal radical”. ILLICH,M Iván. “La convivencialidad”, México, Joaquín Mortiz / Planeta, 1985,

  15. Pierre Nora marca una oposición total entre los conceptos de historia y memoria, ya que considera que la memoria ha ido independizán- dose de la narrativa histórica. Le atribuye a la memoria un carácter más “dinámico” en tanto que está asociada a los procesos de la vida. “La memoria es la vida, siempre llevada por grupos vivos y por eso, en evolución perma- nente, abierta a la dialéctica del recuerdo y de la amnesia, inconsciente a sus deformaciones sucesivas, vulnerable a todas las utilizaciones y manipulaciones (…)”. El autor continúa expli- cando que la memoria “es un fenómeno siempre actual, (…) no acepta sino los detalles que le convienen; se alimenta de recuerdos indefinidos, telescópicos, globales o flotantes, particulares o simbólicos, ella es sensible a todos los modos de transferencia, censura o proyección. La memoria instala el recuerdo en lo sagrado”. La memoria nunca puede ser pensada en tér- minos individuales, porque la memoria es una construcción social; dependiendo del grupo de pertenencia, el momento histórico en que una persona vive, etc., es que se tiene capacidad para rememorar ciertos procesos y olvidar otros. El miedo a olvidar tiene un impacto social tan profundo que inmediatamente aparece la conme- moración como acto para poder contrarrestarlo. Es decir que se gesta una memoria del pasado que nada tiene que ver con la rigurosidad que impone la historia como disciplina científica. Tie- nen lógicas diferentes. Por su parte el historiador

    Según Andrés Huyssen16 “hay hechos dramáticos que las sociedades deben reelaborar, y las políticas de la memoria son el modo en que las sociedades se responsabilizan por su historia”. Pero si existe una política de la memoria también existe una política del olvido. Para efectos de esta ponencia cito el antecedente de la política de la desmemoria del que fue objeto el indio mexicano (que en sí mismo ya era una invención). Rastros de esta desmemoria los podemos encontrar en los proyectos políticos elaborados en el siglo XIX para el naciente Estado-nación, que no admitieron a los indios como parte de la cultura y el patrimonio nacionales; no los reconocieron como pueblos con tradiciones específicas y distintas a la de criollos y mestizos. Ajenos al proyecto de Estado-nación, se olvidó su historia, se omitió su participación en las luchas y la construcción nacional, se atacaron las bases corporativas que les habían permi- tido sobrevivir en los siglos coloniales, se combatió a todos los que se rebelaron, se omitió dictar legislación social a su favor, al declarar la igualdad de derechos y obliga- ciones de todos los ciudadanos... Pero lo peor: se perpetuó la imagen negativa de la población indígena, imagen implantada


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    francés Jean Chesneaux, sostiene desde una visión política que en las sociedades actuales la historia es uno de los mecanismos mediante el cual la clase dominante mantiene y reproduce el poder. Entonces si se pretende adoptar una lu- cha contra-hegemónica, uno de los medios para alcanzarlo es mediante una reinterpretación de la historia. Desde otra perspectiva Roger Bartra retoma la existencia de memorias artificiales que funcionan como prótesis para apoyar y expandir las limitaciones de nuestra capacidad natural de almacenar información dentro de la cabeza. Las memorias artificiales, pequeñas o grandes, dice Bartra, son el ejemplo más obvio de lo que él denomina redes exocerebrales. En este sentido remito a la provocadora obra “Antropología del cerebro” de Roger Bartra, editado en por el FCE (México, 2007).

  16. HUYSSEN, Andreas. “En busca del futuro per- dido: cultura y memoria en tiempos de globali- zación” F.C.E. México, 2002


    profundamente en la conciencia nacional desde la invasión española17.


    La importancia de la desmemoria al parecer la comprendieron muy bien los medios y sus estudiosos desde un inicio, de hecho MacLuhan18, se dio cuenta de que los medios de comunicación como la radio y la Televisión son “prolongaciones masivas de nuestro sistema nervioso central” que han envuelto al hombre occidental en una sesión diaria de sines- tesia”. En realidad esta fuerza unificadora sinestésica que se acentuó con los medios había operado desde hace milenios, pero a una escala más reducida.


    Como parte de estos procesos de es- timulación sinestésica algunos teóricos posmodernos como Baudrillard19, han advertido desde hace varios años, que los medios generan y operan en una lógica de presentificación20 de los procesos que reduce todo a lo instantáneo. Además de


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  17. Este tema ha sido extensamente estudiados por los historiadores, antropólogos y otros especialis- tas latinoamericanos, cito sólo algunos nombres que pueden ser de utilidad para interesados en abordar el tema: Enrique Florescano, Fernando

    ello articulan una dinámica en la que los acontecimientos se suceden aislados, sin conexiones, es sí mismos, no como parte de procesos y con un frenesí permanente que no permite la reflexión y que se orien- ta solamente al consumo; las cadenas interpretativas se han roto y han dejado de permitirnos una proyección el futuro, estamos en una situación totalmente im- previsible. Por tanto es preciso combatir contra la aceleración y la fragmentación de la información.


    Así pues la batalla de la memoria se libra en un terreno que los medios común- mente ligados a los poderes económicos y políticos dan por clausurado, anclado en un pasado al que no hay que molestar. Porque esa molestia interroga al pasado

    -devela la trama con la que se construyó la historia, pone lápidas y construye distrac- tores que se institucionalizan para evitar el juicio de la ciudadanía ante eventos graves, tal y como lo han demostrado los observatorios de medios y en el extremo las muchas “Comisiones de la Verdad21” que han dedicándose a la tarea de revisar lo oculto y las forma de ocultar crímenes de lesa humanidad en América Latina.

    Benítez, Carlos Montemayor, Guillermo Bonfil

    Batalla, Eduardo Galeano, Miguel Bartolomé, Alfredo López Austin, etc.

  18. Mcluhan, Marshall. “Understanding media: the extensions of man”. Cap. 31.

  19. BAUDRILLARD, Jean. “El éxtasis de la comu- nicación”. En “La posmodernidad” HABERMAS, Jurgen. Ed. Kairos, México, 1989.

  20. Al respecto Pierre Nora subraya que en Francia, el peso del presente se traduce, por ejemplo, en algo tan simbólico como haber permitido a las parejas dar a los niños el apellido paterno o materno indistintamente. Eso es una ruptura de la genealogía y de la filiación. Dentro de dos o tres generaciones, nadie sabrá de quién desciende. Y nadie parece darse cuenta del significado profundo que tendrá ese cambio para la sociedad. Esto quiere decir, entre otras cosas, que las personas han dejado de vivir para sus hijos: sólo viven para sí mismas”. “No hay que confundir memoria con historia”, Entrevista de Luisa Corradini con Pierre Nora. En “La Nación” (Edición Impresa). Buenos Aires, 15 de Marzo de 2006.

  21. Tal como señalan Esteban Cuya, Nürnberger

    y Menschenrechtszentrum Las Comisiones de la Verdad son organismos de investigación creados para ayudar a las sociedades que han enfrentado graves situaciones de violencia polí- tica o guerra interna, a enfrentarse críticamente con su pasado, a fin de superar las profundas crisis y traumas generados por la violencia y evitar que tales hechos se repitan en el futuro cercano. Buscan conocer las causas de la vio- lencia, identificar a los elementos en conflicto, investigar los hechos más graves de violacio- nes a los derechos humanos y establecer las responsabilidades jurídicas correspondientes. Estas investigaciones abren la posibilidad de reivindicar la memoria de las víctimas, proponer una política de reparación del daño, e impedir que aquellos que participaron en las violaciones de los derechos humanos, sigan cumpliendo con sus funciones públicas, burlándose del Estado de derecho”. “Las Comisiones de la Verdad en América Latina”. KO’AGA ROÑE’ETA, Revista electrónica de derechos humanos. http://www. derechos.org/koaga/sobre.htm


    Los propietarios de los medios de comu- nicación o quienes los representan, suelen decir que dichos medios son empresas, no instituciones cuya responsabilidad sea formar o informar y menos aún conservar la memoria colectiva. Sin embargo, prácti- camente todos los medios convencionales utilizan para el lucro una pseudo realidad22 creada y difundida sobre una serie de es- tructuras de connotaciones teológicas que venden como “la verdad”. Y en este sentido toda omisión o vacilación en la revelación de los hechos no es solamente un falsea- miento de la realidad, sino una negación de derechos ciudadanos. Cuando un Estado hace caso omiso a la demanda de acceso a la verdad reciente o histórica de sus ciu- dadanos, cuando no cumple con normar y vigilar que los medios transparenten el uso de la realidad (o no la manipulen) como recurso, está alentando la impunidad. Y es esta impunidad lo que campea en esta edad en la que de facto se ha ido desman- telando el Estado Nación.


    Tratando de acotar los excesos sobre el uso de la realidad diversos organismos internacionales han formulado acuerdos y tratados de cuya existencia poco se conoce y que debían ser guía para el trabajo mediático y luz para la acción de las sociedades civiles, uno de ello es el Conjunto de principios actualizado para la protección y la promoción de los dere- chos humanos mediante la lucha contra la impunidad, aprobado por Naciones Unidas en 200523, en el que se recono- ce la verdad es un derecho individual y


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  22. En torno al concepto de realidad hay todo un debate filosófico que rebasa por mucho las aspiraciones de esta ponencia, por tanto me limitaré a recordar que Castells dice que toda la realidad es virtual porque la percibimos a través de símbolos; de lo que se desprende que cada quien percibe la realidad a su manera. Por su parte Morin dice que nuestro sentido más “fiable”, la visión, puede engañarnos.

  23. Conjunto de principios actualizado para la pro- tección y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad, aprobado por Naciones Unidas en 2005.

    colectivo. Este Conjunto de Principios comprende:


  24. SANCHEZ, G. Gonzalo. “Trujillo. Una tragedia que no cesa”. Primer Informe de Memoria His- tórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación. CNRR-Área de Memoria Histó- rica. Ed. Planeta. Bogotá, 2008.

  25. Juegos de verdad es el concepto con el cual Foucault hace referencia a los dispositivos, pro- cesos y mecanismos de saber y verdad que va- lidan prácticas y discursos sociales. Podríamos decir que juegos de verdad es la interrelación de fuerzas entre las múltiples verdades en juego, la interrelación de fuerzas que esos dispositivos, procesos y mecanismos de saber y poder ponen en juego enmascaradas en prácticas y discursos. BROGNA, Patricia “La vigencia del pasado en las estructuras sociales presentes”. En BROGNA, Patricia (Compiladora) “Visiones y revisiones de la discapacidad”. FCE, México, 2009.


    trastornos en el que coexisten tres grupos de manifestaciones:


  26. Es básicamente a través de los noticiarios de la TV, como nos enteramos de lo contingente . Noticiarios que al menos en América Latina (con sus muy destacables excepciones) comparten un modelo similar basado en una “carta noti- ciosa” que lo mismo puede incluir una asonada militar que los resultados de un reality show. Así mismo la lógica temporal en que se inscriben los noticiarios, es la de “un programa entre otros”, que debe respetar horarios preestablecidos y definidos, en bloque, por la oferta y la demanda. En este sentido el noticiario se orienta por una parte a procurar el consenso y por la otra a entre- tener. El caso del golpe de estado en Honduras el pasado julio es ejemplar en relación con la construcción del consenso.

    Como se recordará a escasas horas de haber- se producido el derrocamiento del Presidente Constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, la comunidad internacional condenó los hechos, sin embargo en aquella nación centroamericana se dio otro golpe, este mediático apoyado, como señala Carlos Fazio “en una guerra de cuarta generación” (Carlos Fazio; “Obama y el sátrapa Micheletti”, en La Jornada de México. Julio 27 de 2009). Como tal, se consumó y buscó legitimidad a través de medios bajo control monopólico pri- vado. En particular, de los periódicos hondureños La Prensa de San Pedro Sula y El Heraldo de Tegucigalpa, cuyo propietario es Jorge Canahua- ti, proveedor de armas y medicinas del Estado

    han ido cediendo autonomía y constituyen grupos que no ejercen la memoria o la ejercen limitadamente, que han aprendido a restar valor a todo referente pretérito y colectivo y por tanto han dejado de lado su capacidad para resistir como sociedades27. Como resultante de esto ha quedado una experiencia trágicamente dividida: hay una memoria de los intelectuales, de los migrantes, de los indígenas, de la gente de las grandes urbes, de los habitantes de los burócratas, de los aficionados al futbol, una memoria de los racistas, una memoria de los conservadores y otra de los liberales, una de los ocupados y otra de los no desempleados, de los prisioneros. Cada quien en su laberinto.


    La historia es posible en la medida en que la memoria existe, es decir que es ejercida y sobre ello Vigo explica


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    y dirigente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), antiguo brazo de la Agencia Cen- tral de Inteligencia (CIA) desde los tiempos de la guerra fría; el diario La Tribuna de San Pedro Sula, del líder empresarial Carlos Roberto Fa- cussé, ex presidente de Honduras (1988-2002); el diario Tiempo, de Tegucigalpa, que pertenece a Jaime Rosenthal Oliva, empresario, banquero y secretario general del Partido Liberal; la red de canales de televisión de José Rafael Ferrari, y con intereses, también, en radio cadena HRN. Asimismo, el golpe contó con el apoyo de la esta- dunidense CNN, que desde un primer momento buscó legalizar a los putchistas e incriminar a Zelaya, y de grandes medios latinoamericanos ligados a la SIP.

  27. La resistencia es un acto fundamental para la sobrevivencia tanto biológica como cultural, no el acto neurótico de aferrarse al pasado para permanecer igual. Visto desde una perspectiva dialéctica, la resistencia supone la oposición a la imposición echando mano de todos los recursos posibles. En este sentido es célebre y aleccio- nadora la resistencia pacífica de Gandhi.

    En el caso de la resistencia cultural iniciada a partir de la invasión española a lo que hoy co- nocemos como América en 1492, Gruzinski en “La guerra de las imágenes” hace un recuento apasionante de la forma en que los pueblos originarios de Mesoamérica resistieron cultural- mente a pesar del genocidio, dando paso a un sincretismo ampliamente estudiado.


    “Si la historia comenzó alrededor del fuego cuando un hombre decidió relatar su experiencia de caza, ese hombre hizo mucho más que relatar y entretener a sus compañeros. Realizó un acto maravilloso: ejerció la memoria. Su recuerdo se elevó a narración social. Narradores y auditorio, autor y público compartieron así un espa- cio común que hoy vive entrelazándonos en un entramado de palabras y sucesos compartidos. Decidió contar para que su experiencia-recuerdo no fuera un ejercicio individual de la memoria. Al narrar su ex- periencia-recuerdo volvió práctica social lo que de otro modo hubiera quedado relegado al ámbito personal e hizo que lo narrado se volviera experiencia-recuerdo de todos para que no se pierda”28.


    Reflexionando lo anterior se puede deducir que los medios de comunicación al servicio del neoliberalismo se erigieron como los grandes narradores que se apropiaron de la historia entendida como el escenario del conflicto de los deseos, del lugar donde luchan entre sí las dife- rentes praxis y las concepciones que les dan sus bases teóricas. Esos grandes narradores, como Morel29, crearon imá- genes inexistentes que propiciaron la enajenación de la realidad, pero afortu- nadamente no lograron (o no ha logrado del todo) destruir el reducto de la ima- ginación, reducto que tiene un cimiento en el lado del pensamiento y otro en el de la acción y que es a su vez la utopía, el no lugar30 en el que se configura esa


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  28. VIGO, Jorge. “Historia y memoria”. Revista electrónica Asterion XXI. No. 1 http://www.aste- rionxxi.com.ar/numero1/historiaymemoria.htm

  29. BIOY Cazares, Adolfo. “La invención de Morel”.

    EMECE Editores.

  30. Martha Nussbaum propone en su texto “Justicia poética. La imaginación literaria y la vida pública” una relación más justa entre la imaginación de la ficción y la imaginación necesaria para resolver los conflictos inherentes a la vida pública. La propuesta es pensar que el no lugar de la utopía de la ficción permite ver las relaciones entre los espacios de la vida pública con una óptica que rebasa los presupuestos utilitaristas más obtusos

    estructura de imágenes cuya articulación y movimiento conforman toda una serie de elementos que van a juntarse para volverse el nervio anímico de la historia31. De cualquier modo existe el riesgo de que como el fugitivo en La invención de Morel descubramos la verdad: Que Faustine era una espejismo, pero decidamos seguir en el sueño, imbricándonos, a pesar de la evidencia, en la ilusión de la que nos advierte Morin32.


    Entonces el corpus jurídico existe, pero más allá de los observatorios y comisio- nes de la verdad antes señalados ¿Hay un sociedad amplia que demande ese derecho? ¿A “todos” les interesa saber la “verdad”?. Al parecer en este momento no, probablemente porque nuestra mente, de manera inconsciente, tiende a seleccionar los recuerdos que nos convienen y a re- chazar, incluso borrar, los desfavorables; y cada uno puede allí adjudicarse un rol adulador33. Y este patrón individual se refleja en lo colectivo “cuando los pueblos embellecen su propio pasado y afean el de los enemigos, porque mucho más cómodo es sentirse víctima que verdugo. Porque solemos esconder en los rincones de la memoria las injusticias que cometimos con otros, pero mantenemos siempre a mano el recuerdo de las que cometieron


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    que constriñen la posibilidad de la resolución de

    los conflictos.

  31. AUBAGUE nos advierte que “estos elementos son modificables y reversibles. Positivos para la movilización un día, pueden ser vistos a la ma- ñana siguiente como los agentes de una nueva opresión. Como tales, como factores cambiantes en perpetuo desplazamiento, determinan el mecanismo de la transformación de las menta- lidades que recorren la historia y que le dan su propia actividad subjetiva, un poco como esta voz que llama al ser para determinar la conciencia, porque la conciencia histórica es a la vez el ser. AUBAGUE, Laurent. “Discurso político, utopía y memoria popular en Juchitán”. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, Mex.

  32. MORIN, Edgar. “Los siete saberes necesarios para la educación” Paidós, Barcelona, 2001.

  33. Ibid P. 6


    otros con nosotros”34. Esto también tiene relación con el miedo a recordar, pues es evidente que hay una tendencia a no desear recordar lo desagradable, lo frus- trante, lo doloroso. Se hace caso omiso del valor pedagógico del dolor, privilegiando un sentimiento trágico de la vida que im- pide aprender de los fracasos personales y colectivos y esta cultura de la tragedia es y ha sido parte del capital simbólico usufructazo por los medios.


    La utopía y el fin del capitalismo


    La crisis financiera que enfrenta el mundo ha sido un brusco despertar a la realidad que estábamos negando35. Millones de personas se dan cuenta de pronto que habían estado viviendo más


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  34. Adam Michnik, citado por José Antonio Crespo en “Contra la historia oficial”. Editorial Debate, México, 2009.

  35. Son abundantes las obras que previeron desde al menos mediados del siglo pasado la llegada del fin del capitalismo y criticado sus valores, siendo muchos de sus autores no acérrimos comunistas sino ciudadanos de Estados Unidos o Canadá, o instituciones que desde perspecti- vas críticas fueron vistas muchas veces como “aparatos hegemónicos del Estado”. Una de esas instituciones es la propia iglesia católica que está celebrando este año el cuarenta ani- versario de la Encíclica Populorum Progressio del papa Pablo VI. Como señala Miguel Concha “este documento no únicamente tuvo la virtud de volver a proyectar sobre el mundo el magisterio pontificio en materia social, como ya lo había he- cho el papa Juan XXXIII en su Encíclica Pacem in Terris, sino de poner de manera apremiante en el centro de sus preocupaciones no tanto el tema del desarrollo, que desde luego aborda desde Europa a partir de criterios y principios éticos inobjetables, sino sobre todo el del subdesarrollo de los países pobres” CONCHA Malo, Miguel. Actualidad de la enseñanza social de la encícli- ca Populorum progressio” En “La Jornada Sema- nalDomingo 15 de marzo de 2009 Num: 732. Cómo no es el objetivo hacer una revisión del estado del arte al respecto, me concretaré a remitir las obras de De Vivianne Forrester “El horror económico” y “La doctrina del schock” de Naomi Klein.

    allá de sus medios, en un mundo ilusorio peligrosamente destructivo.


    Algunos autores como Esteva36 pien- san que es el fin del capitalismo como sistema. En un comentario reciente, señala que es posible que se abra un nuevo ciclo de expansión capitalista, “una vez que toque fondo y el mundo entero asimile el daño causado”. Pero no le parece probable. Estaríamos –dice- ante la crisis terminal del sistema, en una turbulencia caótica que podría durar bastante Otros expertos consideran que es el fin de la sociedad industrial, en sus formas capitalistas o socialistas, y hablan ya de la sociedad postindustrial, no como planteamiento teórico, sino como realidad concreta.


    En relación directa con los medios algunos plantean un paso en la línea de lo sociedad postextual, la civilización de la pantalla que Ilich veía con horror como el sustituto de la civilización de texto. Desde esta perspectiva el individuo sería un mero subsistema de la máquina glo- bal. A Ilich le parecía que imaginaciones literarias como la de Orwel anticipaban esa catástrofe.


    De cualquier modo gran parte de los analistas coinciden en señalar que este tiempo en el que se augura el fin del ca- pitalismo está íntimamente ligado a una serie de fenómenos que afectan directa- mente los procesos de construcción de la memoria, las utopías de la modernidad y los planteamiento éticos hasta ahora conocidos. Estos procesos se ubican en lo que Alponte ha denominado la Revolución Ciberepacial37, esto es una serie de cambios globales vertiginosos


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  36. CANSECO, Juan Antonio.“El fin de una era y la opción convivial” Entrevista a Gustavo Esteva. Martes, 04 de Noviembre de 2008. http://www. oaxacalibre.org/oaxlibre/index.php?option=com_c ontent&view=article&id=2178&catid=16&Itemid=

  37. ALPONTE, Juan María. “La revolución ciberes- pacial y la privatización del Estado Nación”. Ed. Rino, México, 1999.


    que transformaran dramáticamente la sociedad, la economía, la política y sin duda el medio ambiente. Estos cambios sin precedentes en la historia se sus- tentan en todo el andamiaje científico y tecnológico sobre el que se articulan las relaciones financieras.


    El dinamismo de la revolución ciberes- pacial, según Alponte, tiene dos caracte- rísticas de fondo:



    Entonces el sector cuaternario que hoy da sus primeros pero acelerados pa- sos como causa y efecto de la revolución ciberespacial pone en riesgo los logros sociales del Estado vinculados con el laicismo, la república y las revoluciones sociales. Y esto no es un problema teó- rico, sino una realidad práctica cuyos estragos son cada vez más patentes y para la que no tenemos estrategias ensayadas.


    Los grandes dilemas asociados a las revolución ciberespacial de la que nos habla Alponte ponen a prueba nuestra creatividad intelectual porque como dicen los zapatistas “no se trata sólo de evitar las trampas y concepciones teóricas y

    analíticas que el centro pone e impone a la periferia, ni tampoco se trata de invertir y querer cambiar el centro gravitacional a la periferia, para de ahí “irradiar” al centro. El reto es también romper con esa lógica de centros y periferia, anclarse en las realidades que irrumpen, que emergen y abrir nuevos caminos”38.


    Sin duda pues, aunque esta crisis impondrá enormes sacrificios a mucha gente y causará muy serios transtornos, extendiendo el hambre y la miseria a ca- pas sociales que las desconocían o que las había dejado atrás, y la propia crisis planteará graves riesgos de violencia y autoritarismo, es también una oportunidad de transformación. En este sentido un creciente número de personas39 despierta a la conciencia de que estamos cayendo al despeñadero y es urgente “hacer algo”, lo que permite gestar consensos para es- tablecer los controles políticos que hacen falta para tratar de dar soluciones a este que ha comenzado siendo un dilema del capital pero que tiene proyecciones más allá de lo financiero. Asuntos como el calentamiento global están también con- tribuyendo sólidamente a ese despertar, aunque a veces en dirección equivocada, con nuevas obsesiones tecnológicas. Em- pieza pues a tomar cuerpo, impulsado por necesidades específicas, una forma de organización social y política que va más allá del estado-nación. Se trata de devol- ver la ética y la política al centro de la vida social, desplazando de ahí a la economía, y de rescatar la armonía y la no violencia, como principio para la coexistencia de los diferentes.


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  38. Subcomandante Marcos. “Ni el centro ni la periferia”. Ponencia en el “Primer Coloquio Internacional In Memoriam Andrés Aubry”. San Cristobal de las Casas, Chiapas; México. Martes, 18 de diciembre de 2007.

  39. Dussel llamó “minorías proféticas“ a los diver- sos actores que buscan concienzar y plantean estrategias alternativas al modelo imperante o a la inercia de los acontecimientos.


    Palabras finales: Rescatar la utopía


    Para grandes multitudes que se imagi- naban instaladas cómodamente en una clase media inalterable (o que aspiraban a ella por lo menos en el imaginario) la recesión económica será un tsunami que afectará decididamente sus vidas. Pero este tsunami tal vez sea la piedra de toque para la configuración de una nueva me- moria. Las grandes masas finalmente que- darán afectadas por la historia y podrán librarse del espectro autista; tras el duelo resignificarán su existencia y encontrarán un nuevo potencial de sentido: Habrá un revival ideológico que aportará a lo social un componente aglutinante, mientras que la utopía aportará la distancia del no-lugar necesaria para la crítica de lo establecido patológico.


    Pero la construcción de estrategias que permitan salir de la crisis contemporánea con sus propios esquemas cognitivos incluye el desafío de descubrir los juegos de lenguaje y los juegos de verdad que legitiman los discursos y pugnan por lograr el consenso de las prácticas que nos han llevado a esta situación. Por eso se hace preciso tomar en cuenta, como se dijo en páginas anteriores, que hoy por hoy la realidad social se estructura de modo no lineal, en juegos de lenguaje y juegos de verdad y sobre ello hay que considerar que socialmente, todo discurso y toda práctica social pueden construirse, reconstruirse y consensuar con otros- nuevas verdades. Es aquí es donde se abre un hueco inva- luable para la ética y para la imaginación como método (no como contenido).40


    Marina González señala que frecuente- mente, se piensa que la reflexión ética se ocupa de los derechos y deberes de las personas y se enfoca en el juicio sobre la restauración de lo “violado”. Sin embar- go, la ética no debe ocuparse solamente o de manera prioritaria del juicio sobre


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  40. BROGNA, Patricia. Op. Cit.


    lo acontecido, pues lo que más plena- mente justifica la reflexión ética es su orientación hacia la creación de nuevos futuros41. Nadie que esté conforme con su presente, ocuparía sus recursos en la reflexión. Si se ha dicho con Kant que el conflicto es parte inherente de la condición humana, su resolución y la reflexión ética son elementos siempre presentes en la vida humana. En este orden de ideas, la reflexión ética es el entrecruzamiento del pasado de la historia y el futuro de la uto- pía. En este contexto los grandes medios tienen ante sí la oportunidad de dar un viraje y actuar como cajas de resonancia de la conciencia planetaria, del logos. Podrán, si acuden a su cita con la historia, ser los portadores de un nuevo discurso utópico que remita a lo imaginario, al con- junto de la dialética de las aspiraciones y deseos colectivos que cruce el campo social de la praxis. Utópico y estratégico, ese discurso político se constituirá como una red donde convergerán por una par- te el mito y la fuerza transformadora del sueño y , por otra parte la cadena de los argumentos que deben servir a conseguir los objetivos sociales perseguidos desde la instancia de la comunicación.


    Pero las sociedades civiles deberán recordar y asumir que el discurso utópico no es en sí un valor positivo y fiable, que la revolución debe cesar de ser el lugar de la idealización social porque el mito fundador de sus aspiraciones se vuelve el mito justificador de nuevas opresiones. Recordar que la utopía no es revolucio- naria por esencia, que nutre también los proyectos reaccionarios y totalitarios y que esta utopía, casi sin una memoria sobre la cual crezca deberá significar una aventura de la imaginación y por tanto la invención de nuevas narrativas, con narradores que no serán seguramente los medios, o por lo menos no como los conocemos. Y recor- dar que caído el imperio de los no relatos,


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  41. GONZALEZ Martínez, Marina. “Imaginación, ética y negociación”. En Razón y palabra, Nº.

    62. México, 2008



    de los silencios y la paz de los sepulcos, habrá que comenzar a construir la historia sobre la verdad.


    Esta nueva construcción deberá romper con las formulas caducas que tanto las izquierdas como las derechas impusieron como soluciones, será necesario abolir la lógica de centros y periferia y las grandes narraciones mesiánicas, artificiales, y la doctrina del marketing, que ofreciendo todo nos dejaron sin bienes, sin cultura, sin memoria y casi sin planeta. Habrá que rescatar pues el valor de la utopía pero sobre una mirada conciensal que nos tenga personal y colectivamente en alerta, que nos recuerde que el camino que debemos desandar es largo y que aquí y ahora vamos a trabajar para lograr construir un poquito de esa utopía. Alguien llamó a este proceso que busca eliminar la frustración “utopía triunfante”.


    Quiero finalizar este texto recordando a Gandhi, al gran aventurero de la ima- ginación que logró fundir en la palabra satyagraha, tres conceptos esenciales: verdad, amor y, por tanto, no violencia; cumpliendo así un proyecto pedagógico inmenso que finalmente ha puesto en marcha a un pueblo, “emergente”, que, hoy, produce más de 350 mil ingenieros y científicos anuales.


    Inventor y descubridor de la lengua de la cultura (el sánscrito), Gandhi sintetizó e hizo popular una versión del mundo que él no vería pues sería asesinado por uno de los suyos, que no pudo comprender porqué, siendo hindú, defendía a los mu- sulmanes de las persecuciones hindúes42. Esa síntesis, a la que me refiero son tres palabras admirables: sat-chin-ananda (verdad, conocimiento y alegría). Y hoy no hay de otra: la sat-chin-ananda gand- hiana tiene que ser el destino y proyecto común inmediato de los medios…y de la humanidad.

    Bibliografía


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    . (2003). Los liberadores de la conciencia. México: Aguilar.


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  42. ALPONTE, Juan María “Los liberadores de la conciencia”. Aguilar. México, 2003.