DorA FrieD SchnitMAn2
Los nuevos paradigmas favorecen una concepción plural, polivocal y emer- gente de la ciencia, la cultura y las relaciones interpersonales, co-constituida mediante nuestras acciones comunicativas. En esta perspectiva cobran importancia los procesos generativos, el diálogo, la ética y la ecología social. El artículo propone al diálogo como metateoría que se centra en la explora- ción activa de las zonas de contacto y los enlaces como nuevos territorios del diálogo, en la creación de posibilidades y su puesta en circulación. El diálogo se interesa y busca articulaciones entre las múltiples voces involu- cradas conformando redes de diálogos, que son componentes significativos del círculo de conocimiento y la construcción social que lo acompaña. Una buena parte de nuestra habilidad para permanecer receptivos y abiertos con relación a otros –este otro puede ser una realidad física, una investigación, datos producidos por un experimento, otra/s persona/s, una organización o una comunidad– emerge de nuestra conciencia reflexiva, de la multiplicidad de diálogos en que estamos involucrados y de nuestra participación en los procesos en que estas realidades se “co-construyen” en nuestra experiencia. Palabras clave: Nuevos paradigmas – diálogo como metateoría – procesos generativos – realidades relacionales – complejidad –conocimiento práctico
– red de diálogo – circulo de conocimiento – creación dialógica
The new paradigms favor a plural, poly-vocal and emerging conception of science, culture and inter-personal relationships, a conception that is co- constructed by means of communicative actions. From this perspective, ge- nerative processes, dialogue, ethics and social ecology become meaningful. This article proposes dialogue as a meta-theory focused on the active exploration of areas of contact and links as new territories of dialogue in the creation of possibilities and their circulation. Dialogue is concerned
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Recibido: Septiembre 20 del 2010. Aprobado: Octubre 15 del 2010.
Dora Fried Schnitman. Nacionalidad: argentina. Ph.D. Directora, Fundación Interfas. Profesora de Posgra- do, Universidad de Buenos Aires. Profesora invitada, Universidad Adolfo Ibáñez, Chile. Faculty, Programa de Doctorado, The Taos Institute-Tilburg University. Profesora, Maestría Latinoamericana Europea en Mediación, Institut Universitaire Kurt Bösch, Suiza-Argentina. Codirectora, Red de Trabajo para Diálogos Productivos, www.dialogosproductivos.net. E-mail: dschnitman@fibertel.com.ar, interfas@fibertel.com.ar
with linking the multiple voices engaged in a process in order to build net- works of dialogue, important components of the circle of knowledge and its attendant social construction. Much of our ability to be receptive and open to others –whether that other is a physical reality, a research project, information yielded by an experiment, other persons, an organization or a community– depends on our reflexive awareness, on the multiplicity of the dialogues in which we engage, and on our participation in pro- cesses by which these realities are “co-constructed” in lived experience. Key words: New paradigms – dialogue as meta-theory – generative pro- cesses – relational realities – complexity –practical knowledge – dialogue network – circle of knowledge – dialogical creation
El término nuevos paradigmas consti- tuye una manera sintética y conveniente de referirnos a los cambios que la teoría y la práctica científica han transitado en los últimos cuarenta años. Durante este período, la ciencia y la cultura contem- poránea presenciaron la formación de nuevas perspectivas en ciencias, cuyos componentes tienden a amalgamarse y no son ya configuraciones aisladas.
De acuerdo a la visión del paradigma de la modernidad la ciencia podía conducir a la certeza, a la predicción. Este para- digma se acompañaba de una búsqueda de marcos universales que unificaban las explicaciones y nuestra visión de la realidad; buscaban regularidades, expli- caciones inclusivas, sin espacio para lo inesperado o los desarrollos espontáneos. En la imagen del mundo que emergía, todo lo que ocurría debía ser, por lo menos en principio, explicable en términos de leyes generales e inmutables.
En el marco de esta visión éramos espectadores de una narrativa ya dada, una línea argumental cuyo final conocía alguien que no éramos nosotros. La lógica de este tipo de representación –plantea Fox Keller (1994) – es la historia de una progresiva desaparición del autor- observador [científico]. Esta desaparición devino tan completa que permitió una representación del mundo progresiva y sin sujeto. En esta visión el curso de los
acontecimientos nada tiene que ver con nuestra participación en ellos.
Así como la noción de paradigma nos remite a Kuhn (1970), la noción de nue- vos paradigmas nos remite a procesos de auto-organización, caos e irreversibi- lidad temporal; al reconocimiento de la complejidad, la inclusión del observador y la construcción social de las ciencias, al pasaje de formas monológicas a dialógicas en la construcción científica y cultural, a la fertilización recíproca entre disciplinas, a la heteroglosia (diversidad de discursos) y a la inclusión de dimensiones estéticas y éticas en procesos creativos y científicos, entre otras transformaciones (Foerster, 1984; Fox Keller, 1994; Gergen, 1994; Guattari , 1990, 1994; Latour, 1987; Latour y Woolgar,
1979; Morin, 1994; Pearce, 1994; Prigo-
gine, 1994; Prigogine y Stengers, 1979).
La perspectiva innovadora y creativa del tiempo, el caos como fuente de pro- cesos de innovación, la complejidad como un mundo abierto de posibilidades que se aborda con un método que detecta enla- ces, conexiones, puntos de articulación y dimensiones diversas; la construcción activa que realizan los sujetos involucra- dos en el desarrollo de un trabajo cientí- fico y los contextos donde tiene lugar; la perspectiva del conocimiento como un proceso generativo, son recursos de los nuevos paradigmas que nos permiten re- orientarnos desde visiones asociadas con un mundo ordenado y predictible hacia otras en las cuales las turbulencias, las
oscilaciones y la creatividad forman parte tanto del trabajo científico y los contextos en que tiene lugar, como de la cultura y la vida cotidiana. La perspectiva en la que el futuro está predicho por sistemas políticos, científicos, psicosociales, económicos ajenos a la participación social, da paso a otras en las que el futuro aún necesita ser construido, y las personas y sus relaciones cobran importancia.
En esta inteligibilidad el mundo es un evento emergente que implica una aper- tura hacia lo nuevo, hacia lo inesperado. Los eventos singulares, no sólo las leyes, necesitan ser reconocidos y comprendidos. La creatividad está siempre presente en respuesta a las circunstancias, a los even- tos particulares en momentos particulares. La ciencia deviene un diálogo con la natu- raleza –y con otros–, no un monólogo que podemos proseguir según nuestro arbitrio (cf. Prigogine, 1994; Prigogine y Stengers, 1979). La monologización es una forma de pensar que convierte al diálogo en una in- teracción descarnada, vacía y sin vida. Las formas de conocimiento que acallan las vo- ces sintetizan el contenido pero desvirtúan su naturaleza socialmente construida y su incompletud. Aunque la forma monológica haya nutrido por siglos un hábito de pensar sin autoría, la inclusión de la construcción social y los procesos generativos emer- gentes nos reorienta hacia el diálogo y una ecología de la creación.
En suma, el cambio crucial es un pasaje desde perspectivas basadas en narrativas totalizadoras, monológicas, sin autor, y espacios de interacción no ideológica que nuestras mentes pueden aprehender sin dificultad si están equipadas con el méto- do correcto, hacia la concepción de un uni- verso multidimensional, plural, polivocal, al que podemos integrarnos como parte de su ecología y que está co-constituido más que representado mediante nuestras ac- ciones comunicativas; en esta perspectiva el diálogo y la ética cobran importancia.
¿Qué más tornan posible los nuevos paradigmas? Los nuevos paradigmas nos conducen así a un intento por invo-
lucrarnos con destreza y conocimiento en los eventos únicos que no pueden ser completamente predictibles, en los que es preciso dilucidar cómo proseguir. También nos permiten considerar y con- ceptualizar diseños o pautas orientadas a avanzar en la tarea de construir un futuro, que no podemos predecir, pero sí influir (Prigogine, 1994a-b). No se trata ya de un plan estratégicamente implementado por un operador externo al sistema, sino más bien –como propone Morin (1994)– de ideas-faro, para encontrar el camino adecuado en circunstancias cambiantes, que alertan sobre peligros y posibilidades, señalan un curso y nos permiten navegar al timón atentos a las contingencias de las coordinaciones que surgen o son necesa- rias entre múltiples actores, contextos y dimensiones de los temas tratados.
Los programas prediseñados funcionan cuando las condiciones externas cambian lentamente, cuando no hay perturbacio- nes. Estas circunstancias difícilmente reflejen nuestra situación presente. La estrategia es ahora el arte de trabajar en el marco de la incertidumbre (Morin, 1994). Más que un conocimiento omnisciente, necesitamos un conocimiento generativo y local, enraizado ecológicamente, una conjunción de saberes que incluyen saber cómo hacer y saber cómo ser. Hay un giro hacia una perspectiva que propone que lo más prometedor está definido por el ejercicio de la curiosidad, por la creación, por un conocimiento generativo (Fried Schnitman, 1996, 2002) y por “teóricos/ practicantes” que operen como observa- dores participantes en mundos sociales conceptualizados como pluralistas (Pear- ce, 1994). No se trata de un programa prediseñado por un experto sino de coor- dinaciones distribuidas socialmente entre diversos actores en un fino juego.
Los nuevos paradigmas emergen de nuestro contexto cultural, nos invitan a repensar la ciencia, la cultura y a nosotros mismos, a nuestra ubicación y nuestra res- ponsabilidad, pero no como receptores de una realidad separada de nuestra obser-
vación. Nos invitan a un posicionamiento ético basado y enraizado en la responsa- bilidad por nuestras construcciones y las acciones que las acompañan. Difícilmente sea posible para nosotros determinar o aceptar nuestra visión del mundo y nues- tros programas de acción basados sola- mente en la perspectiva de una realidad objetiva que refleja una verdad evidente. Desde una perspectiva dialógica cons- truimos de manera local, colectivamente, aquello que consideramos verdadero y adecuado en el proceso de llevar adelante diálogos y acciones conjuntas: el recorte de una visión de la realidad, de las relacio- nes, de los valores, de los significados. La noción de verdad dialógica es un proceso, una metanarrativa, no un contenido. Este tiempo requiere que encontremos mane- ras de institucionalizar el diálogo como la forma, “no el contenido” de una metanarra- tiva para nuestro trabajo, las comunidades y sociedades en que vivimos (Gergen, 1994; Pearce, 1993; Shotter, 1993a).
La manera en la cual llevaremos ade- lante esta tarea no se asemeja a un plan monológico a ser implementado estraté- gicamente o aquello que el paradigma de la modernidad reconocería como una respuesta. Nuestras tradiciones intelec- tuales monológicas, descorporizadas, a menudo nos hacen perder el sentido de la cualidad dialógica de la ciencia, la cultura y la subjetividad. En la búsqueda de regula- ridades, leyes generales para caracterizar este emprendimiento, el medio vital en que transcurre se desvitaliza. La actividad deviene quietud, la pluralidad se reduce a una visión única, la irreversibilidad se percibe como reversibilidad, la apertura se torna un sistema cerrado, y las poten- cialidades tienden a ser dejadas de lado.
La tradición modernista de la ciencia se ha dedicado a dilucidar esencias –se trate de la personalidad, las conductas, el aparato psíquico, los átomos, los genes o los mercados– con el objetivo primario de establecer cuerpos de conocimiento objetivo y sistemático. Desarrollos más recientes, in- cluyendo las perspectivas co-constructivista
y construccionistas, enfatizan la pluralidad de las narrativas científicas y sus efectos ilo- cucionarios en la medida en que actúan para crear, sostener o modificar mundos sociales. El co-constructivismo y el construccionismo avanzan nuevas formas de comprensión que interrogan las maneras de entender el conocimiento e introducen nuevas pers- pectivas y prácticas. Ambas concuerdan en no adherir al dualismo sujeto-objeto y al presupuesto de que el conocimiento es sólo una representación del mundo. La construcción del mundo y el conocimiento científico y cultural tienen lugar dentro de formas de relación y vínculos sociales. A nivel metateórico invitan a una diversidad de perspectivas sobre la realidad al mismo tiempo que reconocen la contingencia y ubicación material, histórica y cultural de cada una (Gergen, 2002, 2009).
La acción social conjunta no tiene ca- bida en una perspectiva monológica que favorece la adhesión monádica a un punto de vista o a una idea. En el monologismo los participantes escuchan para refutar los argumentos de las otras personas y pro- bar las fallas en la lógica que utilizan; las preguntas se formulan desde la certeza. En el diálogo, en cambio, tiene lugar una expresión plural, diversa; los participantes expresan dudas, incertidumbres, así como creencias muy arraigadas, y la indagación deviene un instrumento para la creación continua de nuevas posibilidades.
Una característica central del diálogo3 es que es un proceso generativo emer- gente siempre recíproco entre interlocu-
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Estamos utilizando la noción de diálogo que propone Bakhtin (1981, 1982, 1986).
tores que elaboran, crean, construyen, sintetizan, difieren, diluyen significados4, a medida que dicho proceso se desplie- ga. En un diálogo los participantes se dirigen a otros y escuchan activamente con el propósito de comprender y ganar una visión más compleja y rica sobre las perspectivas, datos, investigaciones y preocupaciones de los otros; se formulan preguntas, emerge nueva información y un buen resultado requiere la exploración de las complejidades de los temas que se consideran. Diferentes perspectivas enriquecen la versión y visión de un problema y le otorgan profundidad. En el diálogo, las diferencias entre participantes y las propias de cada uno se revelan en el proceso de explorar la base individual y personal de las creencias y valores, y crean una perspectiva más profunda sobre las circunstancias, tomando la metáfora batesoniana de la visión binocular de la cual depende la visión de profundidad (Bateson, 1979).
La cualidad emergente de una relación dialógica es que puede apoyarse en los recursos del lenguaje y la lógica, pero también va más allá de ellos. Los par- ticipantes crean en conjunto un diálogo en un espacio virtual que se despliega con una comprensión en acción y un posicionamiento recíproco que va trans- formándose.
La perspectiva objetivista del mundo no deja lugar a los procesos generativos ni a los dialógicos. La incompletud del diálogo y una perspectiva abierta a singularidades, diferencias y diversidades personales, cul- turales y de tradiciones científicas, opera como una oportunidad que invita a nue- vas aperturas e indagaciones. Sorpresa, incertidumbre, descubrimiento, interés y curiosidad, más que poder, son las emo- ciones y relaciones asociadas al diálogo y los procesos generativos emergentes.
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Para él, el significado tiene valor semántico-so- cial cuyo depositario es la forma de las palabras, y en este aspecto son ante todo portadoras de valoración social (Bubnova, 2006).
El diálogo, como forma privilegiada de comunicación, en esta visión de un mundo pluralista, polivocal, se interesa y busca las articulaciones entre las múltiples vo- ces involucradas. En este tipo de mundo, toda forma de acción social, incluyendo la investigación, el uso sostenido de todo grupo de procedimientos o formas de par- ticipación marca sus propias perspectivas y desviaciones al conocimiento que hemos creado. La investigación científica no es un monólogo sino un diálogo a través del cual las realidades que estudiamos res- ponderán a nuestras indagaciones, pero lo harán en el marco de los términos con los que hemos formulado nuestras pre- guntas (Prigogine, 1994a-b). La pregunta científica recrea el espacio de producción:
¿con quién se está en diálogo? Los equi- pos, las redes, los grupos de referencia, la interdisciplina, ganan nuevos lugares.
Nuestros intereses y presuposiciones dan forma a nuestras indagaciones e interpretaciones de los datos; nuestra comprensión se relaciona activamente con una multiplicidad de diálogos, inclu- yendo los que sostenemos con los temas y realidades que estudiamos5. Toda vez que producimos algo respondemos a algo que fue hecho antes y nos posicionamos con relación a estudios previos o futuros, y a aquellos con los que se vinculan. En una red de diálogos hablamos desde una tradición, nos posicionamos con relación a otros estudios posibles, a las maneras en que otros –las múltiples audiencias e interlocutores que son parte del medio social interconectado– podrían conside- rarlo. ¿Qué respuestas y evaluaciones podría invitar?
Dejando de lado los contextos más ob- vios siempre presentes como parte de un emprendimiento científico, estas redes de diálogos son componentes significativos del círculo de conocimiento y la cons-
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Significado se entiende como lo utiliza Bakhtin: “Llamo sentidos las respuestas a las preguntas. Lo que no responde ninguna pregunta, para nosotros carece de sentido” (Bajtín, 1982, 350).
trucción social que lo acompaña (Fried Schnitman, 1998). Una buena parte de nuestra habilidad para permanecer recep- tivos y abiertos con relación a otros –este otro puede ser una realidad física, datos producidos por un experimento o cuestio- nario, otra/s persona/s, una organización o una comunidad– emerge de nuestra conciencia reflexiva, de la multiplicidad de diálogos en que estamos involucrados y de nuestra participación en los procesos en que estas realidades se “construyen” en nuestra experiencia (Pearce, 1993).
Las implicaciones de estas transfor- maciones sugieren nuevos criterios para evaluar toda forma de conocimiento, investigación o práctica que hayamos creado. Si éste fuera el caso, un criterio para evaluar todo método de investiga- ción u otra forma de participación y sus resultados está constituido por la habilidad reflexiva que nos permite discernir tanto nuestros propios horizontes como las voces que hablan lenguajes diferentes al propio.
El énfasis en la heteroglosia (pluralidad de discursos), la polifonía (pluralidad de voces), la singularidad, la coordinación y los quiebres del consenso busca pregun- tar y desarticular los puntos fijados por las subjetividades, visiones hegemónicas y dogmatismos prevalentes que limitan los centros de creatividad. La creatividad requiere líneas de fuga, contradicciones, colapsos en aquello que aún no tiene sentido, que sólo puede ocurrir cuando existen aperturas a las más diversas dimensiones del reconocimiento del otro (Guattari, 1990, 1994).
En esta perspectiva es importante mantenernos reflexivamente abiertos a la diversidad, a lo inesperado, a las singularidades que no pertenecen a los códigos dominantes para discernir los registros –que no necesariamente calzan con la teoría o visión de mundo a la que adherimos nosotros u otros– y permitir que surja la disparidad entre los sistemas explicativos y las experiencias, porque
sólo en esta diversidad, sólo a partir de un posicionamiento en relación con otros puntos de vista o perspectivas podemos comenzar a desarrollar una formulación, una representación de nuestra experien- cia lo suficientemente rica como para ser conscientes de esta complejidad. La habi- lidad para desarrollar múltiples narrativas y reunir componentes di versos, ejerce una presión extraordinaria sobre cuerpos de conocimiento cerrados sobre sí mis- mos, reposicionándonos como sujetos generativos en universos emergentes y diversos (Fried Schnitman, 1994).
Descubrimientos inesperados tienen lugar en el proceso de explorar nuevas prácticas y perspectivas, pero los parti- cipantes las registran cuando las pueden construir, reconocer y describir durante el proceso mismo. Una vez que se alcanza esto las decisiones realizadas y los iti- nerarios recorridos se tornan visibles, y devienen marcadores de transformación.
En las humanidades existe una tradi- ción de prácticas constructivas y decons- tructivas que operan entre lo existente y lo emergente como plataforma para expandir posibilidades. Mediante la deconstrucción de presupuestos, diseños y temas implíci- tos en lo existente se puede generar una nueva red de descripciones y prácticas. Los enlaces de descripciones y prácticas nuevas y previas, abren posibilidades y opciones para considerar una multiplici- dad de perspectivas creando un tipo de comprensión no disponible al comienzo del proceso. Del entramado de las rela- ciones surgen nuevas posibilidades que responden y contribuyen a necesidades y oportunidades locales, y en el proceso siembran la creatividad futura (Fried Sch- nitman, 1995, 1996).
Los espacios científicos, culturales y re- lacionales han expandido el conocimiento para abarcar dimensiones estético-creati- vas de la experiencia más allá de un foco territorializado en las artes, cuestionando las distinciones tradicionales entre el arte y las ciencias. La posibilidad de generar
cualidades de existencia novedosas no consideradas, conocimientos o creencias, de transformar potencialidades en posibi- lidades y nuevas realidades existenciales, acerca nuestra experiencia a metáforas abiertas e incompletas de creatividad y aprendizaje (Fried Schnitman, 1994; Guattari, 1990, 1994).
Desde una perspectiva constructivista (Foerster, 1984) derivan las nociones de auto-organización, reflexividad y la uni- dad entre el proceso de observación, la observación misma y la construcción del observador, que permiten considerar tanto la inclusión del observador en aquello que estudia o construye como la emergencia del sí mismo, como parte y producto de los procesos en los cuales participa y que, a su vez, lo construyen recursivamente. El construccionismo enfatiza la manera en que colectivamente –como interlocutores y en nuestras relaciones– participamos en la construcción de nuestros mundos sociales y de nosotros mismos (Gergen, 1994).
Ambas perspectivas proponen una al- ternativa al objetivismo. En contraste con la perspectiva que afirma que las palabras tienen significado porque representan ob- jetos existentes en un mundo objetivo o en la mente de los usuarios, las perspectivas constructivista y construccionista enfati- zan el carácter formativo y la referencia relacional del diálogo, el lenguaje, y su inseparabilidad de acciones humanas generativas.
¿Qué modelos y prácticas necesitamos para atender a los procesos generativos? Los modelos y las prácticas que propo- nen focos de experiencia prediseñados necesitan ser complementados con mo- delos que permitan que los participantes reconstruyan sus centros de experiencia. Investigadores y realidades, grupos y contextos, terapeutas y clientes, devienen autores de cada proceso singular a través de un foco en las actividades específicas, locales y situadas de construcción social de la realidad. Las microprácticas y los microdiálogos resultan de significativa im-
portancia no sólo como datos o ilustracio- nes de temas más generales sino también como objeto de indagación apropiado para procesos generativos.
Podemos llamar creación dialógica a la construcción gradual en el tiempo de algo nuevo por medio del diálogo reflexivo y el aprendizaje conversacional. En el proce- so generativo que se despliega las perso- nas o grupos comprenden, experimentan, describen, desarrollan una perspectiva, y se posicionan a sí mismas de manera diferente. Este abordaje entiende a la creación de significado, experiencia y co- nocimiento como un proceso constructivo en el cual los eventos específicos, accio- nes y episodios tienen la potencialidad de transformar las pautas de relación social y el conocimiento desde su interior. Los episodios con potencialidad de expandir, transferir o crear nuevos significados y prácticas devienen núcleos alternativos que pueden desarrollarse en contextos privilegiados para la interpretación y la práctica. En esta perspectiva la indaga- ción se focaliza en cómo se genera este tipo de episodios, cómo emerge algo nue- vo y se consolida deviniendo un contexto para la nueva perspectiva, la práctica o el significado. Algunas preguntas que nos guían en esta búsqueda son ¿cuáles son las coordinaciones discursivas y sociales que favorecen estos desarrollos?, ¿cuá- les son los contextos o condiciones que facilitan la emergencia y el mantenimiento de nuevas posibilidades de significado y acción? (Fried Schnitman y Schnitman, 2000).
La construcción de futuros como parte del cambio implica la exploración de los procedimientos para acceder a estos futuros mientras se actúa sobre las cir- cunstancias actuales. Las posibilidades creadas en la conversación generativa devienen realidades virtuales que, una vez creadas, pueden ser actualizadas si las sostienen acciones que conduzcan a alternativas existenciales y realidades diversas (heterogénesis ontológica).
El diálogo y la polifonía consideran la posibilidad de un intercambio significativo entre personas y grupos tanto en la pro- ducción científica como en el desarrollo de prácticas. Los diversos lenguajes, ex- periencias y culturas nos acercan a la co- existencia de una pluralidad de realidades sociales, creando alternativas complejas a visiones monológicas excluyentes. Estos acercamientos facilitan la construcción de nuevas maneras de relacionarnos en la diversidad, con mayor conciencia de la multiplicidad de voces y perspectivas involucradas, y la necesidad del diálogo con el otro. Los diálogos con foco en los procesos emergentes registran lo diferen- te y utilizan modelos no lineales de cambio que favorecen visiones complejas y proce- sos de auto-organización novedosa para avanzar hacia formas de relación y cono- cimiento que den respuestas útiles a los interrogantes planteados. Estos diálogos trabajan con los principios sustentados por los nuevos paradigmas y las posibi- lidades emergentes. En este proceso los participantes mismos, sus perspectivas y sus relaciones se transforman.
En suma, el diálogo como metateoría promueve el intercambio entre diversas personas, es diferente al lenguaje y con- tiene una multiplicidad de voces que le otorgan profundidad y sentido. Atiende a las condiciones del contexto y el momento (cronotopo) en que sucede, es resultado de una relación recíproca entre los par- ticipantes que se involucran –devienen co-autores– y sostienen una compren- sión activa. Todo diálogo tiene siempre un proyecto, una cualidad anticipatoria y siempre es incompleto, queda abierto (Bajtín, 1982).
Participar en un diálogo requiere poder escuchar y expresarse, apreciar, identi- ficar recursos, promover innovaciones, reconocer momentos sutiles y novedosos, aprender reflexivamente; estar atento a la
complejidad con un foco en el propósito y el flujo de la conversación; aprender a observar y participar en interacciones dialógicas.
Todo diálogo tiene un dominio –de qué trata–, un propósito –qué objetivo lo ani- ma–, un contexto –en qué situación–, par- ticipantes –quiénes están involucrados–, es específico –sucede en condiciones singulares. Los diálogos trabajan con una “lógica” de la posibilidad, de lo emergente, que expande la creación de valor a límites insospechados.
Puede promover procesos no predic- tibles o necesariamente conocidos, las posibilidades e interacciones que emergen en el diálogo pueden iniciar o favorecer procesos de auto-organización, y devenir progresivamente en nuevas perspectivas y prácticas posibles. La interacción de los participantes puede producir innovaciones o conducir a cambios que van más allá de su propio conocimiento. El diálogo como metateoría tiene una dimensión ética y una referencia relacional: la responsabi- lidad se expresa en el reconocimiento de los límites que nuestras participaciones y descripciones promueven, y una reflexión acerca de hasta dónde y cómo avanzar. La emergencia, la auto-organización y la complejidad tienen lugar en el espacio social del diálogo y la producción del cono- cimiento entre personas y entre diversos campos de conocimiento.
Las dimensiones creativas y reflexivas que aporta –en diferentes disciplinas– el diálogo como metateoría al conocimiento nos permiten repensar presupuestos, perspectivas, formas de práctica y dis- cursos institucionales como procesos interrelacionados y abiertos. La polifonía del diálogo invita a ejercitar nuestra curio- sidad y el interés por la relevancia de los vínculos como centro para tornar el mundo efectivamente habitado; también requiere nuestro compromiso como participantes y activos constructores de un mundo ineludi- blemente social, con responsabilidad por nuestras acciones y relaciones.
Este proceso se centra en aquello que los participantes pueden construir creando posibilidades, en la exploración activa de las zonas de contacto y los enlaces como nuevos territorios del diálogo, y en poner en circulación las nuevas posibilidades.
La habilidad para promover síntesis, re- cuperar recursos y posibilidades, permite crear condiciones para innovar y avanzar. Se trata de una creación dialógica con estructuras cognitivas y constructivas aptas para organizar nuevos significados, relaciones y prácticas.
Los “espacios sociales” pueden ser definidos como una instancia dialógica de acción social coordinada. En estos espacios los participantes interpretan, construyen sentido y acciones conjunta- mente, y se reconocen recíprocamente como copartícipes.
Este tipo de procedimientos incorpora a los participantes como investigadores de la misma situación que se proponen estudiar o transformar, como personas que pueden producir posibilidades inéditas en el diálogo. Es decir, como sujetos- agentes proactivos que utilizan su propias reflexiones para mejorar la comprensión y la acción mientras tienen lugar. Estos procesos incrementan la recuperación de poder (empowerment) y el reconocimiento de los participantes.
Este giro invita a los participantes a focalizarse en la construcción de un futuro en relación al problema que los ocupa, es decir, a especificar hacia dónde quieren dirigirse, cómo transformar la situación actual, cómo quisieran que fuese el futuro si tuvieran la oportunidad de construirlo y cómo comenzar a hacerlo. La mirada hacia el futuro vuelve relevantes las pre- guntas sobre qué investigar, qué podría hacer cada uno de manera diferente, qué ha funcionado, qué puede ser reciclado.
También cobran relevancia los interrogan- tes sobre cómo notarían que cambiaron y qué obstaculizaría imaginar un futuro, qué elegirían si pudieran plantearse opciones.
La reflexión sobre el conocimiento y las posibilidades resultantes torna visibles opciones y elecciones novedosas que pueden, a su vez, ser motivo de nuevas reflexiones, conformando un espiral ge- nerativo.
Desde esta perspectiva el proceso se convierte en un emprendimiento creativo en el que las innovaciones no sólo se descubren sino que pueden construirse activamente, reconociendo y valorizando diferencias, oportunidades y posibilidades, explorando qué funciona bien y cómo incrementarlo, incluyendo las posibilida- des existentes en nuevas combinaciones adaptadas a distintas maneras de ver la realidad, hasta que puedan imaginarse otras relaciones.
Así, en todo proceso hay un campo generativo especificado por dos ejes que ligan, por un lado, los objetivos específicos de la situación a conocer o resolver y una visión a futuro y, por otro, una solución creativa de problemas, recursos y opor- tunidades a ser expandidos.
Quienes participan de un proceso de diálogo generativo están atentos a otras voces latentes o esbozadas en lo dicho
–cómo volverlas audibles, transformarlas o ligarlas–, registran lo sutil o fugaz, las variaciones –aun las casi imperceptibles–, y sostienen consistentemente una óptica dirigida a registrar lo novedoso, las fluc- tuaciones, las variaciones en los posibles enlaces en el diálogo y entre diálogos. De este modo, se conforman en el diálogo pla- taformas para la creación de posibilidades.
Las posibilidades emergentes son estructuras de comprensión humana, imaginativas y transversales, que influyen en la construcción de las significaciones, en su naturaleza, en las aperturas y res- tricciones impuestas por las inferencias que se elaboran. Encarnadas en los diálogos y comunidades discursivas de
donde emergen, estas posibilidades pue- den constituirse en nodos generativos y adquirir –mediante enlaces y procesos de auto-organización, a través de su uso– un espacio expandido en el conocimiento, las prácticas y las relaciones sociales. Cuando operan como nuevos nodos y enlaces, las posibilidades emergentes expanden los espacios de lo dado, vincu- lando descripciones de maneras antes no consideradas, que permiten captar rela- ciones novedosas. Si estas posibilidades emergentes se consolidan como ópticas privilegiadas, ofrecen una nueva visión de la situación y cursos de acción inéditos.
Esta visión presupone que trabajar en la transformación de las posibilidades existentes en un sistema social, así como con su capacidad para desarrollar nuevas alternativas frente a situaciones cambian- tes, requiere estar atentos a aquello que funciona bien, a la diversidad, la posibili- dad y la creación de oportunidades (Fried Schnitman, 1995).
La transformación de posibilidades en acciones efectivas se construye de manera progresiva, área por área, pero no linealmente. Reflexionar en acción sobre esta progresión permite identificar un conjunto de saberes novedosos y de saberes sobre saberes.
Aprehender/se en el acto de construir estos saberes y acciones novedosas, y los saberes que de ellos emergen, impli- ca aprender a trabajar con los procesos formativos de nuevos mundos sociales, de contextos/relaciones/personas y de problemas/posibilidades. Utilizarlos conforma un sistema que aprende; incor- porarlos como conocimiento acerca de la comunicación y los procesos sociales para construir la posibilidad de trabajar con procesos emergentes, los transforma en un sistema generativo.
resolución resulta un proceso transfor- mativo. Estos procesos no pueden ser evaluados exclusivamente por su resulta- do final; también deben considerarse las oportunidades que se abren en el desa- rrollo mismo del proceso, y su capacidad para sostenerse como plataformas para la acción.
En este marco proponemos distinguir un “conocimiento acerca de los fenóme- nos, perspectivas, investigaciones, proce- sos y metodologías considerados por los nuevos paradigmas” de un “conocimiento como metateoría en el marco de los nue- vos paradigmas”, que se pregunta sobre el carácter de nuestras experiencias en diferentes situaciones de acción conjunta
–equipos de trabajo, investigación, docen- cia, relaciones entre equipos, conferencias científicas, vida cotidiana.
Como ejemplo de trabajo con una prag- mática relacional vinculada a los nuevos paradigmas, quisiera citar la organización del Encuentro Nuevos Paradigmas, Cultu- ra y Subjetividad6, para el que diseñamos diferentes experiencias basadas en los procesos de diálogo como metateoría. En este encuentro participaron Ilya Prigogine, Edgar Morin, Heinz von Foerster, Ernst von Glasersfeld, Evelyn Fox Keller, Félix Guattari, José Jiménez, Mark Wigley, W. Barnett Pearce, Harold Goolishian, Mony Elkaïm, Gianfranco Cecchin y Carlos Sluzki, entre otros. Todos ellos tenían contribuciones teóricas, de investigación y prácticas ampliamente difundidas. Creamos un espacio social que permitió que los invitados avanzaran más allá de sus materiales previamente publicados.
Cuando los participantes pueden tomar
resoluciones con sabiduría y valor, reapro- piándose del propio poder y reconociendo al otro –persona, tema, producción, teoría, etcétera– con quien está en diálogo, toda
6 Buenos Aires, 21 al 28 de octubre de 1991, organizado por la Fundación Interfas. Es un ejemplo de nuestro desarrollo de metodologías dialógicas, en este caso aplicadas a la difusión del conocimiento.
En el diseño tomamos al diálogo como metateoría, tanto en la manera de abordar los temas como en la relación entre los participantes y el Encuentro.
La primera tarea fue la elaboración de una propuesta que se envió a todos los in- vitados; a partir de dicha propuesta sostu- vimos diferentes diálogos entre grupos de posibles participantes que culminaron con una reunión de la mayoría de los invitados; los temas de los intercambios fueron cómo organizar un encuentro científico-cultural con un formato dialógico, diferente al habitual de los congresos. Describir cada una de estas conversaciones resulta casi imposible, nos limitaremos a algunas características del proceso. El pasaje al diálogo y a un diseño generativo desde la adhesión de los invitados requirió coordi- naciones , negociaciones y la participación de todos; cada uno contribuyó para dar forma a lo que tratábamos de alcanzar: la creación de un espacio polivocal, poli- discursivo, donde cada uno expresara lo significativo, lo relevante, qué esperaba, deseaba preguntar o le interesaba delos otros, qué podía y deseaba expresar, cuá- les eran los temas o agenda significativa, cuáles eran los bordes del conocimiento, cómo aproximarnos, con qué temáticas y con qué diseño. Tuvimos que crear un procedimiento nuevo: tomar al diálogo y la construcción social del Encuentro como los articuladores de la participación y contribuciones. Compartimos todas las producciones y respuestas, y de ese intercambio surgió la agenda de temas y el diseño; y esta forma de trabajo se sos- tuvo durante el Encuentro. Fue una tarea laboriosa abandonar la forma monológica característica de los congresos y de la producción científica y cultural donde las personas se refieren a lo que ya saben, ya han dicho, seguido por un momento de diálogo generalmente pautado por preguntas y respuestas, pero sin reflexión conjunta ni apertura a lo inesperado.
Una vez que acordamos trabajar juntos y los temas que nos ocuparían, el desafío consistió en diseñar una reunión abierta
a procesos emergentes que, al mismo tiempo, sostuviera su foco. Para ello acor- damos, en un proceso previo al Encuentro, que los oradores se desplazaran de sus temas específicos –lo ya conocido–, para focalizarse en formular los interrogantes relevantes para cada uno. También acor- damos que con anticipación al Encuentro cada uno plantearía su propuesta, interro- gantes y reflexiones en primera persona, así como qué desearía escuchar en las presentaciones de los otros; esta informa- ción circularía entre todos los invitados. De este proceso de trabajo previo surgió el temario del Encuentro. Durante éste cada orador tuvo un espacio para presentar su tema e inquietudes; siguiendo a esa pre- sentación tuvo lugar un diálogo del orador central con otros oradores. Así, cada uno de ellos participó en el dialogo posterior a su presentación y en otros diálogos que siguieron a presentaciones de otros oradores. Un tercer espacio permitió a los oradores dialogar acerca de los diálogos
–previos o próximos–, un cuarto espacio consistió en diálogos con los asistentes. Se acompañó de una reflexión estética sobre los temas tratados.
Consensuar colectivamente este diseño fue laborioso y enriquecedor. Los resulta- dos de la realización de este Encuentro se expandieron a la manera del efecto mariposa: una transformación muy impor- tante a nivel científico-cultural en diversos países y en diferentes disciplinas que abrió diálogos transformativos y promovió reformulaciones; la vivencia expresada de estar participando en un evento único e histórico, y un incremento exponencial de la producción y publicaciones en múltiples disciplinas. Fue calificado como “El mejor congreso de mi vida”, “el Encuentro fue transformativo”, son algunos comentarios de asistentes que sigo recibiendo aun hoy, 20 años después. El Encuentro exploró no sólo la complejidad de los temas sino también los procesos emergentes en el diálogo y la construcción de realidades conversacionales: por primera vez hici- mos nuevos paradigmas. Esto fue posible
porque trabajamos en una red dialógica generativa que sostuvo una comunicación activa y focalizada en las coordinaciones significativas y los procesos que necesitá- bamos promover en diferentes momentos; trabajamos desde el interior la compleji- dad, la emergencia, la auto-organización y la construcción social. Requirió coraje y sabiduría de todos en tanto decidimos avanzar más allá de nuestros límites. Un equipo trabajó en Buenos Aires, uno en Europa y uno en Latinoamérica (fue previo a la instalación de redes informáticas).
Ubiquemos este proceso en el momen- to histórico en que tuvo lugar: en el período 1989-1991. El libro del mismo título fue publicado en 1994. En los últimos veinte años en diferentes campos –economía, desarrollo organizacional, urbano y comu- nitario, cooperación internacional, educa- ción, psicoterapia, docencia, etcétera– se desarrollaron metodologías de trabajo que operan con el dialogo y los nuevos para- digmas como metateoría. Éste fue sólo un comienzo, queda mucho por hacer.
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