Artículo de reflexión
Recibido: 29-08-2024 - Aceptado: 07-10-2024 - Publicado: 09-10-2024
Educación, pensamiento complejo y ciudad: La categoría de comunidad en la crónica Medellín, bajo el milagro de la media luz (1983) de Juan José Hoyos Naranjo
Luz Dory González Rodríguez1
Resumen
En el siguiente artículo de reflexión, cuya connotación es educativa, se considera abordar el análisis de la crónica “Medellín, bajo el milagro de la media luz” (1993) del escritor Juan José Hoyos Naranjo. La crónica presenta una narrativa impregnada de oralidad y marcada por procedimientos discursivos complejos. En ese sentido, dicho análisis hará foco en la educación desde el pensamiento Moriniano y el concepto de comunidad. La obra de Hoyos entrelaza fruición y nostalgia, ofreciendo una profunda comprensión sobre cómo las comunidades han intervenido en las transformaciones de Medellín. Como un observador atento de su ciudad, Hoyos emplea elementos cotidianos como bares, objetos y el ambiente urbano para capturar la esencia de Medellín y delinear el perfil del sujeto urbano. Su enfoque crítico expone tanto aspectos públicos como biográficos, especialmente su experiencia como periodista en los años 1980, un periodo en el que se enfrentó como reportero, a las dinámicas de poder del narcotráfico y a los drásticos cambios urbanos de la ciudad. Esta crónica no solo documenta estos eventos, sino que también deriva de su labor periodística, consolidándose como una pieza que fusiona su trayectoria profesional con una visión crítica y personal de la evolución de Medellín. Aspecto que se amplía en la perspectiva del pensamiento Complejo con foco en la categoría de comunidad.
Palabras clave: Pensamiento complejo, educación, narrativa urbana, crónica, oralidad.
Education, complex thought and city: The category of community in the chronicle Medellín, under the miracle of half-light (1983) by Juan José Hoyos Naranjo
Summary
In the following reflection article, whose connotation is educational; it is considered to address the analysis of the chronicle “Medellín, under the miracle of the half light” (1993) by the writer Juan José Hoyos Naranjo. The chronicle presents a narrative impregnated with orality and marked by complex discursive procedures. In that sense, said analysis will focus on education from the Morinian thought and the concept of community. Hoyos’ work intertwines enjoyment and nostalgia, offering a deep understanding of how communities have intervened in the transformations of Medellín. As a careful observer of his city, Hoyos uses everyday elements such as bars, objects and the urban environment to capture the essence of Medellín and outline the profile of the urban subject. His critical approach exposes both public and biographical aspects, especially his experience as a journalist in the 1980s, a period in which he faced, as a reporter, the power dynamics of drug trafficking and the drastic urban changes of the city. This chronicle not only documents these events, but also derives from his journalistic work, consolidating itself as a piece that merges his professional career with a critical and personal vision of the evolution of Medellín. Aspect that is expanded in the perspective of Complex thinking with a focus on the category of community.
Keywords: Complex thought, education, urban narrative, chronicle, orality.
Educação, pensamento complexo e cidade: a categoria comunidade na crônica de Medellín, sob o milagre da meia-luz (1983) de Juan José Hoyos Naranjo
Resumo
No artigo de reflexão seguinte, cuja conotação é educativa; considera-se abordar a análise da crônica “Medellín, sob o milagre da meia-luz” (1993) do escritor Juan José Hoyos Naranjo. A crônica apresenta uma narrativa impregnada de oralidade e marcada por procedimentos discursivos complexos. Nesse sentido, esta análise terá como foco a educação a partir do pensamento moriniano e do conceito de comunidade. O trabalho de Hoyos entrelaça diversão e nostalgia, oferecendo uma compreensão profunda de como as comunidades intervieram nas transformações de Medellín. Observador atento de sua cidade, Hoyos utiliza elementos do cotidiano como bares, objetos e o ambiente urbano para captar a essência de Medellín e traçar o perfil do sujeito urbano. Sua abordagem crítica expõe aspectos tanto públicos quanto biográficos, especialmente sua experiência como jornalista na década de 1980, período em que enfrentou, como repórter, a dinâmica de poder do tráfico de drogas e as drásticas mudanças urbanas da cidade. Esta crónica não só documenta estes acontecimentos, mas também deriva do seu trabalho jornalístico, consolidando-se como uma peça que funde a sua trajetória profissional com uma visão crítica e pessoal da evolução de Medellín. Aspecto que se amplia na perspectiva do pensamento Complexo com foco na categoria comunidade.
Palavras chave: Pensamento complexo, educação, narrativa urbana, crônica, oralidade.
Introducción
La ciudad suele ser entendida como un territorio, un lugar. La perspectiva compleja que asume esta reflexión, entiende el territorio en la interpretación que nos ofrecen Lavanderos y Malpartida, cuando expresan que
una perspectiva compleja, relacional, se diferencia de una perspectiva simplificadora porque el territorio deja de ser una entidad física espacial: por lo tanto, no es un experienciable como objeto físico (cosa), sino, como la construcción de un proceso de equivalencia efectiva en el intercambio de mapas o paisajes (configuraciones de significado), a partir de la actividad generada en los entornos de observadores en comunicación y que se hace efectiva en lo afectivo (espacio comunicacional humano). (Lavanderos, 2002, p. 63).
En la crónica “Medellín, bajo el milagro de la media luz (1993)”, Juan José Hoyos Naranjo propone un lenguaje literario imbricado en la oralidad y, en ella, fruición y nostalgia. En esa oralidad, Hoyos Naranjo desvenda la transformación de la cultura popular de la ciudad de Medellín, entre los años 1950 a 1990 y, bajo las derivas de la violencia protagonizada y sufrida por sus comunidades, en nuevas lógicas de poder. Desde esa propuesta de Hoyos, resulta pertinente analizar los aportes de El método 5: (Morin, 2003). Dado que este volumen parte de la pregunta ¿Quiénes somos? Profundiza en el cuestionamiento reflexionando que cuanto más conocemos lo humano, menos lo comprendemos. Este trabajo analiza las disociaciones entre disciplinas lo que hace que el ser humano sea visto y estudiado desde lo fragmentario. En ese sentido lo vacían de vida, de presencia, de complejidad, e incluso ciertas ciencias consideradas humanas lo vacían de la noción de hombre. Así, este libro abandona la división de lo humano, objeta concepciones reductoras: homo sapiens, homo faber, homo economicus; que privan al ser humano de tener al mismo tiempo identidad biológica, identidad subjetiva e identidad social. Más que yuxtaponer los conocimientos dispersos en las ciencias y en las humanidades, los enlaza y, reflexiona sobre ellos a fin de pensar la complejidad humana enriquecida por todas sus contradicciones: lo humano y lo inhumano, el repliegue sobre sí y la interrelación con los otros, lo racional y lo afectivo, la razón y la ficción, lo contemporáneo y lo histórico, el determinismo y la libertad.
Es precisamente desde esas dicotomías que se aborda el análisis, puesto que la diégesis del texto gira en torno a “La ciudad de Medellín” y, en ella, “El milagro de la media luz”, metáfora utilizada por el autor para nombrar los lugares de ocio y de arrabal frecuentados y transformados por sus gentes por más de 40 años. Con dicha metáfora, hace hincapié en la ciudad nocturna, ya Borges define la metáfora como «una de tantas habilidades retóricas para conseguir énfasis. No sé por qué razón ha de ser puesta sobre las otras. Yo creo que la invención o hallazgo de pormenores significativos la aventaja siempre en virtualidad» (1996, p. 21). Es a través de la crónica “Medellín, bajo el milagro de la media luz” como Hoyos Naranjo presenta los modos de producción de sentido, la manera de transitar su obra y su imagen como autor.
En su narrativa urbana convergen la fruición y nostalgia; dos aspectos que permiten comprender la intervención de las comunidades en las transformaciones de la ciudad cuyo elemento recurrente durante este recorte temporal es la violencia. Explorador cautivado por su ciudad, narra utilizando elementos simples como un bar, la marca de un objeto o el ambiente citadino; sus trabajos revelan la esencia de la ciudad y, en ella, el sujeto urbano. Su enfoque en Medellín expone tanto aspectos públicos como biográficos, especialmente su experiencia como periodista en la década de los 80, donde se enfrentó a las lógicas de poder del narcotráfico y al conflicto en la prensa periódica. Sus crónicas, derivadas del trabajo como reportero para El Tiempo, las cuales se convirtieron en el libro Sentir que es un soplo la vida (1994), donde relata los viajes y coberturas sobre Medellín y Antioquia.
Ruta metodológica
En este artículo reflexivo con connotación educativa, se expresa la complejidad de la ciudad de Medellín desde la no linealidad que se lee, en los núcleos de representación recurrentes propuestos por el cronista en su narrativa periodística y literaria que abarca dos aspectos fundamentales como son lo socio-político y lo literario; para tal propósito, se acude al relevamiento, ampliación, fichado y análisis de la bibliografía teórico-crítica y literaria a través del manejo de repertorios bibliográficos. A continuación, se detalla este enfoque metodológico que puede servir como guía para futuros estudios sobre la ciudad:
Relevamiento contextual: se acude al mapeo del contexto histórico, social y político de Medellín; esto incluye una revisión de documentos históricos, informes gubernamentales y datos sociodemográficos que aporten una visión amplia de las transformaciones urbanas y sociales en la ciudad. El Análisis Narrativo posibilitó profundizar en la obra del cronista, identificando los núcleos de representación. Este análisis integró tanto la narrativa periodística como la literaria para desglosar las metáforas, símbolos y temas recurrentes a lo largo de su obra; para tal propósito, se acudió al fichado bibliográfico con un exhaustivo inventario donde se pudo catalogar no sólo los textos leídos sino también realizar un fichaje crítico que permita establecer conexiones con el corpus seleccionado para tal fin.
El Manejo de Repertorios Bibliográficos, no prescinde del uso de herramientas tecnológicas para organizar y clasificar la información recopilada, lo cual facilitó la gestión de referencias, así mismo, el análisis resultó ser relevante para establecer comparaciones entre los diferentes núcleos de representación observados en la obra del cronista para comprender cómo estos reflejan dinámicas socio-políticas sobre la ciudad. Esto implicó la creación de cuadros comparativos o matrices desde las cuales se pudo establecer similitudes y diferencias. En suma, esta metodología permitió una reflexión crítica desde la cual se hizo conexión con el discurso académico actual sobre la literatura y el periodismo en contextos urbanos; pues se busca no solo interpretar la obra del cronista, sino también contribuir al debate sobre Medellín como un espacio cultural dinámico.
Educación, pensamiento complejo y diversidad cultural: claves para un futuro urbano sostenible
La educación es un pilar fundamental para el desarrollo de individuos y sociedades. A medida que la ciudad se enfrenta a desafíos cada vez más complejos, la importancia de hablar sobre educación y pensamiento complejo se vuelve esencial, máxime si se pretende un futuro urbano sostenible. Dentro de las razones clave que subrayan esta necesidad están el fomento de la tolerancia y la diversidad dado que las ciudades son espacios donde coexisten múltiples culturas, etnias y modos de vida. Una educación que promueva el pensamiento complejo ayuda a los estudiantes a entender y valorar esta diversidad, estimulando la convivencia pacífica y los lazos comunitarios. A ese respecto, Walter Benjamin, ofrece un enfoque sobre el concepto de comunidad que desafía las nociones tradicionales. Sus ideas son fundamentales para comprender la dinámica social en el contexto de la modernidad dado que comunidad como un espacio de experiencia compartida no se define únicamente por la proximidad geográfica o las relaciones sociales formales, se relaciona con su idea de la “experiencia” como un proceso colectivo que trasciende las individualidades. En este sentido, la comunidad se convierte en un espacio donde los individuos pueden encontrar un sentido de pertenencia a través de la memoria compartida y la historia colectiva. Asimismo, hace una crítica al capitalismo por la forma en que éste promueve la alienación del individuo en la sociedad moderna.
Su análisis revela cómo el capitalismo disuelve las comunidades tradicionales, reemplazándolas por relaciones mercantiles. Esta crítica invita a repensar las formas de comunidad que emergen en contraposición a la lógica capitalista. También vincula la idea de comunidad con acciones políticas y el potencial de transformación social. Su noción de “historia” como un campo de luchas inacabadas sugiere que la comunidad debe ser entendida como algo dinámico y en constante construcción, donde la resistencia y la solidaridad juegan papeles fundamentales. La comunidad, entonces, se convierte en un espacio donde se articulan demandas sociales y se busca la justicia. Por tanto, los aportes de Benjamin al concepto de comunidad invitan a una reflexión profunda sobre la naturaleza de nuestras relaciones sociales en el mundo contemporáneo. Su crítica al capitalismo y la necesidad de experiencias compartidas ofrecen herramientas valiosas para comprender cómo construir comunidades más inclusivas. Benjamin no solo proporciona un marco teórico, sino también un llamado a la acción para repensar el tejido social en tiempos de crisis y transformación (Benjamin, 2005).
Así las cosas, el desarrollo de habilidades críticas se vuelve relevante, pues el pensamiento complejo permite a las personas potenciar la capacidad para analizar situaciones desde múltiples perspectivas. En un entorno urbano, donde los problemas son multidimensionales, educar a los ciudadanos en estas habilidades les permite abordar cuestiones como la pobreza, el medio ambiente y la justicia social con mayor efectividad. Tal como lo plantea Benjamin, la educación hoy tiene la urgente necesidad de experiencias compartidas para construir comunidades inclusivas, aspecto posible desde el pensamiento complejo dado que este tipo de formación permite no sólo comprender los desafíos de la sociedad global interconectada, sino también abordarlos de manera más efectiva y holística, máxime en un mundo donde los cambios ocurren a un ritmo vertiginoso impulsados por la tecnología, es vital que la educación prepare a los individuos para adaptarse a nuevas realidades donde las ciencias y las artes también contribuyan con el fortalecimiento del goce por aprender bajo las motivaciones del ser humano y desde el humano ser.
Esta preparación no solo se traduce en resiliencia personal, sino en la capacidad de contribuir de manera proactiva al bienestar de sus comunidades. En este sentido, el pensamiento complejo también fomenta la colaboración interdisciplinaria, esencial para generar soluciones integradas ante problemáticas complejas que no pueden ser resueltas desde un único campo del conocimiento. La educación que promueva el trabajo conjunto y la innovación puede dar lugar a propuestas que beneficien a todos los sectores de la sociedad; pues, una ciudadanía activa y comprometida, que se nutre de una formación centrada en el pensamiento crítico, se convierte en un actor clave en el proceso de toma de decisiones. Esto resulta también esencial en contextos urbanos, donde la voz comunitaria tiene el poder de influir en políticas públicas que afectan directamente la calidad de vida. Por lo tanto, se hace imperativo que las instituciones educativas adopten este enfoque, ya que la construcción de una sociedad más equitativa y sostenible depende de la capacidad de sus ciudadanos para pensar críticamente y actuar de forma colectiva.
En el mundo actual, marcado por la interconexión y la diversidad de problemáticas, la necesidad de un enfoque que trascienda la simplificación se vuelve apremiante. En este sentido, la adopción del pensamiento complejo no solo es deseable, sino crucial para el desarrollo de comunidades resilientes y efectivas. Este enfoque fomenta la colaboración interdisciplinaria, un aspecto esencial en entornos urbanos donde los desafíos son multifacéticos. La idea de que educar a las personas para trabajar juntas puede generar propuestas innovadoras es una afirmación que merece ser analizada con rigor. En un contexto urbano, donde los problemas sociales, económicos y ambientales están interrelacionados, resulta innegable que las soluciones deben ser integradas. La fragmentación de las disciplinas y la falta de colaboración entre diversos sectores limitan drásticamente la capacidad de respuesta ante crisis complejas. Asimismo, es importante destacar que una ciudadanía activa y comprometida es el resultado de un proceso educativo que prioriza el pensamiento crítico y la participación activa en la toma de decisiones. Sin esta base, es improbable que los ciudadanos se sientan empoderados para intervenir en asuntos que les afectan directamente.
Por lo tanto, es fundamental que las instituciones educativas y sociales fomenten un modelo de enseñanza que no sólo informe, sino que forme ciudadanos capaces de abordar problemas desde múltiples perspectivas. La implementación de este enfoque requiere una transformación profunda en la forma en que se conciben y lleven a cabo las políticas públicas. Los responsables políticos deben reconocer que la participación ciudadana no debe ser vista como un mero trámite, sino como una herramienta esencial para una gobernanza efectiva. Al promover espacios de diálogo y colaboración, se abre la puerta a soluciones más creativas y ajustadas a las realidades específicas de cada comunidad. Por último, el pensamiento complejo es una necesidad imperante en nuestras ciudades. La capacidad de trabajar juntos y construir consensos es crucial para enfrentar los retos contemporáneos. Por tanto, invertir en esta educación es invertir en el futuro de nuestras comunidades, donde la colaboración y la innovación emergen como pilares fundamentales para un desarrollo sostenible y equitativo. De igual forma al preparar a las futuras generaciones para enfrentar las complejidades del mundo urbano, se contribuye con la creación de sociedades más justas, resilientes y cohesionadas. La educación, en este sentido, se convierte en la herramienta clave para transformar nuestras ciudades en espacios donde todos puedan prosperar.
La ciudad desde la perspectiva de la oralidad. Una mirada desde el pensamiento Complejo
Resulta esclarecedor el concepto de complejidad explicado por Morin, que remite a la etimología del complexus o entretejido. Precisamente es en esa dimensión, que incluye la actividad humana en que la ciudad emerge en la obra de Hoyos y desde la cual se expresa esa complejidad, en la no linealidad referida a la evolución y naturaleza de la ciudad estudiada desde la vertiente de los conflictos sociopolíticos por los que ésta ha trasegado. Por otro lado, el pensamiento complejo puede romper con esquemas mentales que guían nuestra visión limitada y egocéntrica del mundo ya que permitirá desarrollar nuevas políticas globales basadas en el pleno respeto por la diversidad, para avanzar hacia una coexistencia futura nueva y, finalmente, humana.
Desde esa perspectiva, el desarrollo de la autoconciencia reflexiva habrá de ser el primer paso hacia una praxis ética compleja. Esto implica una constante revisión de nuestras propias acciones, motivaciones y sus impactos en el entorno, pues al reconocer nuestras propias contradicciones y limitaciones, podemos actuar con mayor responsabilidad y empatía. El interés de esta reflexión sobre la ciudad de Medellín, en la perspectiva del pensamiento complejo, se focaliza en la necesidad y la capacidad de comprender la ciudad en su gestión humana y, en ella, las ambivalencias y contradicciones que se despliegan para procesar la experiencia moderna en sus múltiples dimensiones: la modernización económica, las innovaciones técnicas y las transformaciones urbanas, los cambios sociales devenidos de la masificación de la ciudad de Medellín (incluida la pauperización de vastos sectores de la población urbana), la internacionalización de las grandes ciudades (que suscita una tensión entre la fascinación por el cosmopolitismo y la nostalgia por una identidad cohesionada en disolución); incluso, la emergencia de una nueva subjetividad, atenta no solo a la dimensión racional, sino también a sus aspectos afectivos. Transformar nuestra ética a través del pensamiento complejo nos invita a redefinir nuestra visión y comportamiento en la sociedad.
Al comprender la interconexión de nuestro ser con el entorno, podemos cultivar una moral más consciente, compasiva y equitativa. Este enfoque pretende desencadenar reflexiones profundas sobre nuestras acciones cotidianas y fomentar una ética que abrace y enaltezca la diversidad y complejidad inherentes a la existencia. La estructura de la crónica, objeto de análisis, “Medellín, bajo el milagro de la media luz”, consta de nueve partes, en cada una de ellas el cronista se adentra en la ciudad, se pasea en ella con sus ojos puestos en la historia, pero también toma distancia y la observa, investiga y representa en su narrativa. Desnaturaliza los referentes urbanos a través de su poética. Para ello, se vale de las formas de interacción de las comunidades donde converge por un lado, fruición, —en tanto permite que el lector tenga una experiencia grata y particular de la lectura de su obra siguiendo los trazos propuestos por él—. Por otro lado, hay un tono de nostalgia por esa suerte de evocación de la ciudad que lo vio nacer, pero ahora se transforma y, en el peor de los casos, desaparece.
Esa dualidad entre fruición y nostalgia presente en las comunidades es explicada por Weber cuando destaca que, aunque comunidad y lucha sean opuestas, en las relaciones comunitarias pueden surgir presiones y contradicciones, sin llegar a ser luchas. Advierte que no toda participación en características compartidas implica comunidad; por ejemplo, la herencia biológica no garantiza comunidad. La limitación del comercio puede crear una situación homogénea, pero esto no es comunidad, ni tampoco lo es el simple sentimiento de una situación compartida. Comunidad verdadera surge cuando la acción está referida a otros y hay un sentimiento de formar un todo. Es decir, no basta que todos actúen frente a la misma circunstancia, sino que la acción debe reflejar un compromiso mutuo de los individuos hacia los demás, expresando el sentimiento de unidad (Weber, 1987).
Así, recapitulando lo dicho hasta aquí, hay dos relatos paralelos en esta crónica: por un lado, la nostalgia por la Medellín que se transforma o desaparece; por otro, las derivas de la violencia por la que trasega su gente durante más de 40 años y un elemento que unifica estos dos aspectos: los lugares. Aquí convergen las gentes y, con ellas, la música. Elemento fundamental en su narrativa. A ese respecto, Didi Huberman define la comunidad como un grupo social que comparte valores, normas y prácticas culturales comunes, así como una identidad colectiva. En su enfoque, la comunidad es un espacio donde los individuos interactúan, colaboran y se apoyan mutuamente, creando lazos sociales significativos. Huberman destaca la importancia de la participación activa de los miembros en la vida comunitaria y el desarrollo de relaciones de confianza y solidaridad. Además, enfatiza sobre el papel crucial de la comunidad en el bienestar emocional y social de sus integrantes, así como en la promoción del sentido de pertenencia y la cohesión social. Su perspectiva hace foco en la importancia de reconocer y fortalecer los lazos comunitarios para fomentar el desarrollo humano y el bienestar colectivo (Huberman, 2014).
Por su parte, Walter Ong, en su obra “Oralidad y escritura”, explora la profunda interconexión entre comunidad y oralidad, revelando cómo las culturas orales han moldeado la experiencia humana a lo largo de la historia. La oralidad permite la creación de comunidades cohesivas donde el conocimiento se transmite de manera dinámica y participativa. En este contexto, las tradiciones orales no solo son vehículos de información, sino que también actúan como pilares de identidad cultural, fortaleciendo los lazos sociales. Para Ong, la oralidad es un sistema de comunicación y conocimiento profundamente integrado en el contexto social y cultural de las sociedades preliterarias, que contrasta con las formas más abstractas y permanentes de la comunicación escrita. (Ong, 1982). Este autor distingue entre la oralidad primaria, que se refiere a la forma en que las sociedades tradicionales y preliterarias transmiten el conocimiento y la cultura a través del habla, y la escritura secundaria, que se desarrolla con la invención de la escritura y transforma la manera en que la información es registrada y comunicada. Ong destaca que en las sociedades orales, el lenguaje se presenta como un acto performativo, es decir, como algo que cobra vida a través de la interacción entre hablante y oyente. Este intercambio fomenta una memoria colectiva rica y compartida, donde cada narración incorpora elementos personales y comunitarios. A diferencia de la escritura, que tiende a fragmentar y aislar el conocimiento, la oralidad promueve la continuidad y la cohesión social. La interacción cara a cara en la transmisión oral se convierte en un espacio donde el contexto y las emociones son cruciales, enriqueciendo el proceso comunicativo. Asimismo, reflexiona sobre características específicas que la diferencian la oralidad de la escritura. Estas incluyen la dependencia del contexto inmediato, la repetición y la fórmulaicidad en la comunicación, y la interacción dinámica entre el hablante y el oyente. Esto resalta la importancia de la presencia y la conexión humana, aspectos que son vitales para la construcción de la comunidad, pues la oralidad en sus estudios es más flexible y adaptativa a la interacción en tiempo real. Destaca además la mnemotecnia y la interacción comunitaria. En ese orden de ideas, Ong invita a reflexionar sobre cómo la oralidad, al ser un medio inclusivo y comunitario, no solo preserva la cultura, sino que también nutre la identidad colectiva en un mundo cada vez más digitalizado.
Desde esa perspectiva, la oralidad en la narrativa de Hoyos Naranjo desempeña un papel crucial al capturar la esencia vivencial y comunitaria de los habitantes de la ciudad en proceso de urbanización. Su enfoque oral permite una inmersión directa en las experiencias y voces de éstos, reflejando de manera auténtica cómo la expansión urbana impacta su identidad y cotidianidad. A través de relatos que enfatizan la interacción directa, Hoyos revela las contradicciones y desafíos inherentes a la urbanización, exponiendo aspectos más oscuros y problemáticos de la transformación urbana. Este enfoque crítico no solo documenta los cambios físicos en la ciudad, sino que también profundiza en la desintegración de las comunidades tradicionales y el sentido de pertenencia de sus habitantes. La oralidad, entonces, se convierte en una herramienta poderosa para desentrañar las complejidades de la urbanización y sus efectos en la identidad social y cultural.
En ese orden de ideas, Hoyos Naranjo, en su crónica “Medellín, bajo el milagro de la media luz (1993)”, utiliza los lugares de ocio, frecuentados por los ciudadanos, como un espejo de la transformación de la ciudad y de la vida de sus residentes, ya que estos espacios recreativos no solo representan el crecimiento urbano, sino también la alteración de las dinámicas sociales y personales. La descripción del surgimiento de un nuevo tipo de hombre que en este contexto cambiante sirve como una crítica a la pérdida de valores tradicionales y a la homogenización cultural resultante de la urbanización masiva. La vida del cronista en la ciudad y su lectura de ella permite ese encuentro y acercamiento a la condición humana en todas las dimensiones del ser; por ello, cuando Morin (2001) habla sobre la comprensión humana, plantea que nos llega cuando «sentimos y concebimos a los humanos en tanto sujetos, […] nos vuelve abiertos a sus sufrimientos y sus alegrías; nos permite reconocer en los demás los mecanismos egocéntricos de auto-justificación. […] A partir de la comprensión es posible luchar contra el odio y exclusión» (p.53).
El cronista inicia su relato señalando que estos cambios no son meros accidentes del progreso, sino consecuencias inevitables de un desarrollo urbano desmedido y sin planificación consciente de sus efectos sobre la sociedad. Esta reflexión crítica sugiere que, aunque la modernización trae consigo avances, también conlleva una deshumanización que transforma radicalmente la vida urbana. La metáfora del “milagro de la media luz” enmarca un relato oral que resalta fruición y nostalgia, centrándose en los lugares de recreo de las comunidades en la ciudad de Medellín,
lugares del mundo donde siempre hay un par de sillas y una mesa para hablar o para, simplemente, […]contar la historia de la muchacha que nos tiene locos. Lugares para abrazarse, para llorar. Son como charcos de luz en medio de la noche. No tienen más palmeras que las que están pintadas sobre las paredes, pero en sus playas de arena doradas podemos escuchar un bolero de Agustín Lara, una balada de Palito Ortega o un son de don Miguel Matamoros, mientras bebemos una copa junto a un amigo, junto a una mujer a la que toda la vida vamos a querer […] (Hoyos, 1993, p. 125).
El relato evoca la atmósfera única de estos lugares y cómo han sido testigos de momentos significativos en la vida de las personas, desde la diversión hasta la reflexión sobre el pasado. La expresión “milagro de la media luz” sugiere la magia y la belleza que se encuentran en estos espacios, a pesar de los desafíos y cambios que puedan haber experimentado a lo largo de los años: «cafés, heladerías, tiendas, cantinas, estaderos, grilles, tabernas, discotecas […]» (Hoyos, 1993, p. 125). En la narración el cronista se detiene en estos lugares para dar cuenta de la transformación topográfica y, en ella, sus comunidades. Esto se ilustra cuando el autor dice: «casi todos son lugares que por algún motivo no podemos olvidar. En ellos hemos oído tangos, porros, paseos y guacharacas, valses y canciones que terminaron por confundirse con nuestras vidas» (Hoyos, 1983, p. 104).
En esa mirada, el acto humano cobra fuerza desde la ética porque, como dice Morin,
[t]odo conocimiento puede ser puesto al servicio de la manipulación, pero el pensamiento complejo conduce a una crítica de la solidaridad y de la no coerción. Como he indicado, podemos entrever que una ciencia que aporta posibilidades de autoconocimiento, que se abre a la solidaridad cósmica, que no desintegra el semblante de los seres y los existentes, […] que reconoce el misterio en todas las cosas, podría proponer un principio de acción que no ordene, sino organice; que no manipule, sino comunique; que no dirija sino animen. (1992, p.436)
Este enfoque revela una reelaboración del pasado en la narrativa autobiográfica, que combina invención literaria con datos, permitiendo una reinterpretación de la imagen de Medellín a lo largo del tiempo. Se apoya en tradiciones populares y una ideología arraigada para construir una poética de la oralidad. Así las cosas, el relato privilegia la comunidad vecinal que Weber define como una situación de intereses influida por la proximidad espacial y las conexiones sociales que genera. Reconoce que la acción comunitaria puede variar en intensidad y que, en contextos urbanos modernos, puede debilitarse considerablemente. La visión crítica de Weber sugiere que, en entornos urbanos contemporáneos, la comunidad vecinal puede estar en riesgo de disolverse o perder su cohesión debido a diversos factores, como el individualismo creciente o la falta de participación cívica. Esto plantea interrogantes sobre la viabilidad y la salud de las comunidades locales en un mundo cada vez más fragmentado y centrado en el individuo (Weber, 1987).
Desde esa perspectiva, Hoyos evoca la Medellín de otrora focalizada en “La media luz”, vuelve sobre los sitios en la condición de flâneur, paseante o callejero para comprender la ciudad que se niega a morir y con un tono de nostalgia afirma:
en todas las calles sitios como estos nos encuentran y nos dejan. Cuando nos dejan (“Se alquila”, “Obra en construcción”, “En demolición”), sentimos que se desploma una parte de nuestra vida. Piensa uno que se está quedando sin lugares. La historia […] corre pareja con la música, con las historias de amor, con los barrios, con nosotros. De Aranjuez, Buenos Aires, de Manrique a la Floresta de Santa Cruz a EL Salvador, ellos son también la historia de nuestra educación sentimental. Y, a su modo, son la historia perdida de nuestra ciudad (Hoyos, 1993, p. 126).
El cronista, observa que en las comunidades hay quienes se han vuelto parte de la vieja ciudad que se niega a morir mientras otros desaparecieron. A ese respecto, Didi-Huberman explica cómo la comunidad es algo que se muestra al mostrarse a sí misma. Esto lleva a pensar, dice el autor, cómo la exposición en sí misma es un problema político y ontológico. Y agrega, accedemos a lo que tenemos en común cuando tocamos el núcleo del ser: mostrarse al ser sin fundamento expone la experiencia de algo compartido, algo que no se puede poseer. Aunque Didi-Huberman no profundiza en las implicaciones metafísicas, sugiere que este aspecto compartido, que no puede ser poseído, sucede a través de la imagen. (Huberban, 2014). En ese sentido, los recuerdos de Hoyos, como habitante de ciudad vuelven en un tono de nostalgia, casi idealizadora para decir: « allí, por primera vez, aprisionamos con nuestras manos asustadas los dedos fríos de una muchacha, besamos los más antiguos labios, y tocamos, temblando la primera piel… Y allí, también lloramos la primera traición […]» (Hoyos, 1993, p. 126).
Igualmente, es importante traer a colación a Max Weber quien define la comunidad como una forma específica de relación social, contrastándola con los conceptos de lucha y sociedad. En su enfoque, destaca que la comunidad se manifiesta en diversos ámbitos de la acción social, dando lugar a diferentes tipos de comunidad. Mientras que en una relación social de lucha, los actores buscan imponer su voluntad sobre la resistencia de otros, en una comunidad los individuos se relacionan de manera más cooperativa y solidaria. Weber ofrece una perspectiva amplia sobre el concepto de comunidad, subrayando su importancia en la comprensión de las dinámicas sociales y las interacciones humanas. (Weber, 1987).
Transformaciones de la identidad: la relación entre la estética y la poética de Hoyos, con la Ciudad
El interés estético que la ciudad provoca en este autor, como su poética, expresa una estrecha relación del autor con los espacios que narra sellados por la degradación del ethos identitario. A ese respecto, Bauman señala que en las sociedades premodernas, la idea de un destino predestinado era central, pero en las sociedades modernas, este concepto ha sido reemplazado por el proyecto de vida individual. La vocación ha tomado el lugar del destino, y la identidad humana, que antes se consideraba preconcebida, ahora se ve como algo que se construye a lo largo de la vida. Esta perspectiva crítica destaca cómo la modernidad ha transformado fundamentalmente la forma en que las personas perciben su existencia y se relacionan con su propio futuro, dando lugar a una mayor responsabilidad individual y a la necesidad de tomar decisiones constantes sobre la dirección de sus vidas (Bauman,2003).
Ser habitante de esta ciudad, fundamental en la vida y en la literatura del cronista, fue un feliz derivado de la práctica del periodismo. Ese choque de emociones quedó impregnado en su prosa donde privilegia la metáfora para, desde variadas miradas, hacer registros inéditos de la ciudad, de manera ambivalente. Así, caben las palabras de Borges al decir: « Cuando la vida nos asombra con inmerecidas penas o con inmerecidas venturas, metaforizamos casi instintivamente. Queremos no ser menos que el mundo, queremos ser tan desmesurados como él. » (1996, p. 22). Hoyos Naranjo es un explorador asombrado de la ciudad cuya capacidad discursiva deslumbra al narrar la historia valiéndose de elementos mínimos, tal es el caso del personaje de un bar, la marca de un objeto, el ambiente en el que circula la ciudad, la demolición de un edificio.
Estos trabajos instalan una crisis que irá consolidando el registro valioso de la ciudad y el sujeto urbano en su obra. La enunciación de Medellín revela circunstancias de carácter público, pero también biográfico que ponen en tensión, progresivamente, la relación del autor con su ciudad de origen. Entre otras, por su condición de periodista e investigador, las lógicas de poder con el afincamiento del narcotráfico y, bajo esta condición, el conflicto que suscita la prensa periódica de entre siglos —Hoyos Naranjo como periodista del periódico El Tiempo en durante la década de los años1980 en Colombia—. De su trabajo como reportero derivan las crónicas que salieron de sus viajes y cubrimiento de noticias sobre la ciudad de Medellín y el territorio antioqueño, publicadas en el mismo diario y luego compiladas en su libro Sentir que es un soplo la vida (1994). A propósito de la crónica, es preciso recordar que
una de sus formas más modernas, el reportaje (o crónica de “enviados especiales”), alcanzó un auge particularmente intenso en las primeras décadas del siglo xx, con poetas y narradores ligados profesionalmente a los periódicos, que empezaron a salir de las redacciones—primero a zonas poco exploradas de la ciudad, luego a las provincias e incluso a países lejanos— para traer el relato de acontecimientos recientes. Sus firmas, reconocidas en el ámbito artístico, contribuyeron a aumentar el prestigio y la audiencia de los periódicos, propiciando el traspaso de recursos entre prensa y literatura (Rogers, 2020, p. 11).
Este género sigue teniendo vigencia en el tratamiento del discurso que presenta la realidad sin velo. Treinta y dos años después el panorama sigue siendo desolador en la ciudad. En el discurso que Juan José Hoyos dio al recibir una distinción en la ceremonia de entrega del Premio de Periodismo Simón Bolívar en el año 2017 dijo:
En un país como el nuestro, hundido en un conflicto social y armado tan complejo, la velocidad es uno de los peores obstáculos para encontrar la verdad, razón de ser de nuestro oficio. La velocidad nos hace informar de la matanza de hoy olvidando la de ayer. Nos obliga a renunciar a la memoria, la única que puede explicarnos el presente. Rojas, J. (12 de noviembre 2017).
Desde estas fisuras, la producción periodística del autor con foco en las crónicas, promueve una representación de la ciudad que instala un espacio literario a través de su poética de la oralidad. En este sentido, el referente urbano se representa con recursos literarios que privilegian un registro sonoro, encarnado en el protagonismo de la voz, la música, la conversación, el arrabal, por sobre el dominio especular como modo de subvertir la homogeneidad de las prácticas urbanas para aprehender la ciudad. En otra entrevista que le hace al cronista el periodista colombiano Santiago Cruz Hoyos (2015), donde Juan José Hoyos habla sobre su libro Sentir que es un soplo la vida (2015), que contiene la mayor parte de relatos sobre la ciudad de Medellín, incluyendo la crónica, objeto de estudio. De dicha compilación manifiesta:
Es un libro fundamental en mi vida y en mi obra. En mi vida, porque cada línea de ese libro la escribí con mi sangre: quiero decir sintiendo y viviendo como mías cada una de las historias. En mi obra, porque aunque no me había dado cuenta, este libro es una mirada descarnada de mi ciudad, de mi región, con sus cosas bellas y terribles, y también de mi oficio. (párr. 10).
En la respuesta presenta una postura ambivalente al hablar de lo bello y lo terrible, aspecto que privilegia la ciudad oral y, en ella, lo popular, haciendo, además, una extracción de la condición subjetiva con su capacidad de narrar a partir del mundo de los personajes que incorpora. En ese sentido, posibilita que el lector se ubique en el centro de los hechos. Ahí está, en suma, la vida del escritor en la ciudad donde tuvo lugar el diálogo, el acercamiento a los lugares que conformaron el epicentro de la ciudad y el periodismo de inmersión; sus recorridos por el arrabal, por los sitios de recreo de la ciudad, por las calles del suburbio que lo condujeron a una realidad que subyace a los sitios que sobrevivieron para narrar la historia en la iconografía y en la musicalidad del lugar que sigue conservando su esencia en el tiempo. La urbe se vuelve subjetiva en la voz del enunciador porque la ciudad emerge en la manifestación oral de los sentimientos, ideas y deseos del sujeto.
[…] por las noches, las tiendas de los barrios estaban siempre muy iluminadas. Pero para casi todos los que nacimos en Medellín después de la mitad de este siglo, ellas fueron las más precursoras del milagro de la media luz. Allí ocurrió nuestro primer encuentro con la música. Sitio habitual en el que la gente entraba a comprar chocolate Luker, maíz, panela o fríjoles […] las tiendas de los barrios fueron el punto de encuentro de una generación con los boleros y los tangos que, hasta entonces, sólo podíamos oír de lejos en las cantinas y en la radio. A partir de la década de los cincuenta con el poblamiento acelerado de los barrios, las tiendas empezaron a proliferar (Hoyos, 1993, p. 126).
Hoyos en esta crónica establece una linealidad temporal y construye un orden cronológico que correlaciona con los espacios así: inicia con los años cincuenta y finaliza con los años noventa para contar los hechos como sucedieron, dosifica la información y crea varios clímax narrativos que pone en tensión con los detalles significativos y simbólicos.
Incluso en ese vértigo con el que crece la ciudad y se transforma, el cronista no pierde la sensibilidad para percibir, registrar en detalle y preguntar por el destino de lo más pequeño cuando escribe: (“por las noches, las tiendas de los barrios estaban siempre muy iluminadas / ellas fueron las más precursoras del milagro de la media luz / Allí ocurrió nuestro primer encuentro con la música / con el poblamiento acelerado de los barrios, las tiendas empezaron a proliferar”). Aprecia la brevedad de la vida individual mientras registra acontecimientos del presente en el devenir histórico:
la tienda que más recuerdo es la don Gabriel en Aranjuez, estaba situada junto al despeñadero donde entonces empezaba la tierra del pecado: los grilles[…]. Con la llegada de la oscuridad, la tienda de don Gabriel se transformaba como por encanto en una cantina. Acaba de despedir el show con los acordes de la orquesta del maestro Pietro Mascheronni, y en la radio anunciaban la Hora Calmada: entonces empezaban a sonar los tangos y los boleros y don Gabriel destapaba, sobre el mostrador, la primera botella de aguardiente (Hoyos, 1993, p. 127).
Con estos detalles el cronista crea caracteres y dibuja los personajes mostrando en ellos las formas de comportarse, de actuar o describiendo los rasgos físicos y espirituales de aquellos para connotar su incidencia en la transformación de la ciudad. Por su parte, el espacio es descrito detalle por detalle. Lo mismo sucede con el ambiente. Ambos son marco indispensable en su narración. El cronista muestra la acción, escena por escena, para que el lector viva los hechos como si fuera un testigo
En esa esquina vi la primera pelea de mi vida. Fue entre dos vecinos de la cuadra de abajo, que estaban tomando aguardiente en la tiende. Yo dejé de jugar con mis amigos y corrí hacia mi casa, pero aún de lejos podía oír el ruido de los machetes cuando chocaban en el aire (Hoyos, 1993, p. 127).
También hay la disposición a complejizar las escenas citadinas cotidianas, ofreciendo una cartografía de los espacios públicos a través de recorridos azarosos e impremeditados que muestran la transformación de ciudad, su precariedad, su fugacidad; mientras registra el presente en el acontecer histórico. En la tercera parte de la crónica describe un nuevo lugar que surge con la llegada a Medellín de
Los primeros billares y los primeros pianos, el autor afirma que el destino de las tiendas quedó sellado. Y junto a los mostradores, las balanzas y los bultos de papas y de arroz, los muchachos de entonces empezamos a encontrar estos nuevos aparatos con marcas en inglés: Seeburg, Champion, Wurlitzer. […] A partir de entonces, las viejas tiendas de los barrios se partieron en dos. A este engendro de nuestra pequeña historia ciudadana, los políticos comenzaron a llamarlo “tienda mixta”. […] Hombres solos tomaban cerveza y jugaban billar, mientras Armando Moreno cantaba La Gayola con voz gangosa de los discos de 78 revoluciones por minuto. (Hoyos, 1993)
Su escritura se vale de detalles para enseñar, en ellos, el tratamiento de la actualidad e inscribir el discurso social para resignificarlo, su narración confluye con la heteronomía del mercado y la política. Esa connotación de la inserción de los políticos al nombrar a estos lugares “tienda mixta” o la misma incorporación de los artefactos con sus nombres comerciales comparados con las antiguas marcas representan en estos espacios, una posición exhibitiva para visibilizar las transformaciones sociales subyacentes. Su reportaría no excluye detalle para cuestionarse, afirmar, recordar los más simples datos: (“No sé si los cafés existieron en los barrios desde siempre, junto con las tiendas/ hace unos años ellos recibían el nombre de cantinas / después del mediodía dejaban de vender café y el dueño sólo atendía a la gente que buscaba aguardiente o cerveza/ la presencia de los cafés era anunciada por la voz poderosa de El jefe,
Daniel Santos, cantando “vengo a decirle adiós a los muchachos…”). Hoyos Naranjo, desnaturaliza la cotidianidad para hacer ver y escuchar lo que pareciera normal, así «la relación con lo social tiene lugar en la mediación de los discursos que abordan diferencialmente, e incluso de manera antagónica, lo real. La función comunicativa y poética se entrelazan». (Rogers, 2020, p.19). Arriban los años 1960 y, en ellos, está el recuerdo adolescente de Hoyos Naranjo, en su voz autobiográfica narra su deseo de un lugar dónde poder tomarse una cerveza, oír una canción y conversar.
El lugar apareció como por encanto, a comienzos de la década. Y llegó del brazo de las baladas de Elvis Presley, Paul Anka y de la música ruidosa de los Beatles, los Yetis los Rolling Stones. La gente de Medellín le puso el nombre de heladería […]. Su arquitectura era simple: un garaje con puertas, un pequeño salón, los muros de la esquina de una casa vieja, reformados. […] adentro, unas cuantas mesas, alrededor de un piano… […]¡Y empezó el milagro de la media luz! (Hoyos, 1993, p.129).
La crónica: “Medellín, bajo el milagro de la media luz” está permeada por ritmos musicales desde los cuales hace un reconocimiento espaciotemporal de la ciudad que vibra con su resonancia. Pero más allá de lo estético y de las transformaciones que narra el autor, en la metáfora de la media luz, queda retratada la corporalidad de sus espacios y la historicidad que toman fuerza con los personajes y las situaciones. Pues su interés por la ciudad muestra una presencia relevante en la década de los años setenta, un periodo de prácticas urbanas que supone relaciones entre espacios socialmente incompatibles, como el barrio burgués y los márgenes anómicos. En sus recorridos citadinos escucha, pregunta, comparte y se permite expresar su vida en la ciudad.
Sé que nunca podré recordar la lista completa de las heladerías que, gracias a Dios he pisado en mi vida. […]Les Champs y Charles Aznavour, Sans Souci y Los Beatles, El templo del rock, Bosques de Viena. La voz de Vicky. La Pradera […]. En esa época— ¿finales de los sesenta? ¿Comienzos de los setenta? ¿Ya quién se acuerda? — […] nosotros, pobres muchachos asustados, […] empezamos a ver desfilar ante nuestros ojos a las muchachas más soñadas, en los carros más caros, traídos directamente de Miami y New York: Mustangs, Dodge Demons, Camaros, Porches, Mercedes Benz…Entonces, deslumbrados por esos carros, […] empezábamos a entrar en una nueva vida. Unos años después nos tocó soportar las primeras balaceras, tendidos sobre el suelo, bajo las mesas, arropados por la media luz […]. Mientras tanto en los barrios de Medellín, Envigado y Bello, y en Copacabana, empezaba a ocurrir una historia parecida. Porque uno de los lugares que más ha soportado la violencia de nuestra ciudad, a partir de la década de los sesentas, ha sido la heladería. (Hoyos, 1993, p.131).
Hay un vínculo irremediable entre la historia de la ciudad, sus comunidades, las transformaciones y la vida del autor mediados por la música, la arquitectura de los lugares de recreo nombrados paralelamente con “el milagro de la media luz” que se enriquece con la música y los acontecimientos que marcan el paso de una década a otra. En su poética hay un acto deliberado de desnaturalizar la presencia sensible de los objetos; en este caso, los carros y sus marcas, transformándolos en elementos literarios para enunciar un nuevo momento con otra connotación de violencia, pues ya antes había nombrado con asombro las primeras peleas que le tocó presenciar con armas blancas. Hoyos Naranjo logra desajustar la familiaridad de las rutinas de sus gentes para narrar las complejas dinamias de la ciudad. En el uso de ese recurso metafórico de Medellín, en la media luz, lamenta el empobrecimiento no sólo cívico, sino también cultural y arquitectónico. Por su parte, entrega una versión cuya percepción es de decadencia cuando afirma:
Don Óscar Lizcano era el propietario de una de las más populares heladerías del barrio Castilla. Hace dos años, las cosas empezaron a andar mal en su negocio. Cada semana, cuando llegaban la hora de liquidar las cuentas, el administrador le decía que el viernes por la noche habían llegado uno muchachos armados, pidiendo aguardiente. […] un viernes por la tarde, […] don Óscar fue hasta el barrio con el fin de comprobar con sus propios ojos si el administrador le estaba mentido […].a las once de la noche, las cosas habían ido cambiando de color: los muchachos, todos armados, estaban sentados en el centro del local y repartían aguardiente, a manos llenas, entre sus amigos del barrio […]. Cuando vio las armas sobre las mesas, prefirió regresar […]. Antes de que fuera medio día, liquidó a sus empleados y cerró el negocio. (Hoyos, 1993, p.132).
Esta crónica surge de la percepción del autor de una ciudad en transformación, en desintegración. Enfatiza en la relación del cronista con el pasado de la ciudad cuya relación imprime caducidad de las prácticas y subjetividades urbanas que el autor avizora en anticipada clausura. En su poética hay un narrador autobiográfico dispuesto a reconocer y a articular el lenguaje de una ciudad en transformación negativa como única forma de encarar la realidad.
Desnaturalización de la cotidianidad: la función poética y comunicativa en la narrativa de Hoyos Naranjo
La escritura de esta crónica dispone de una linealidad temporal. Posee la capacidad de despertar la imaginación del lector y evocar nuevas imágenes. Asimismo, el autor presenta escenas llenas de espontaneidad donde es fácilmente comprensible cómo los pueblos exponen sus formas de vida y culturas al mismo tiempo que se exponen a su propia desaparición como pueblos. Ya Georges Didi-Huberman en su libro Pueblos expuestos, pueblos figurantes (2014) se aproxima a la cuestión de la representación moderna de los pueblos pues, hacia la segunda mitad del siglo XX, Medellín se enfrenta a un proceso migratorio vertiginoso que lleva la ciudad a masificarse, aumentar la mano de obra barata en las industrias y a engrosar los cinturones de miseria en su periferia. Al cambiar de perspectiva y narrar otros espacios de la ciudad trae a colación los grilles de los cuales narra su surgimiento en calles concurridas de la ciudad como la Avenida Colombia o la calle Maturín. Asimismo contrasta los lujosos con los peligrosos para terminar contando que
Al grill Hai Alai, situado en un sótano de Maturín […] iban los cronistas judiciales de los años sesenta y setenta […] el sitio era desarrapado. Junto a las mesas de los cronistas se sentaban coperas trasnochadas, emboladores del parque de Bolívar, policías vestidos de civil, ladrones, prostitutas, albañiles y obreros recién echados de Coltejer o Fabricato. (Hoyos, 1993, p.137).
El cronista presenta la fragmentación del espacio en su recorrido por la ciudad en una mirada autobiográfica, al pasar de los grilles a los bares narra cómo en esos lugares enseñó a unos obreros a leer, en medio del arrabal, edificios de pensiones y comercio de mueblerías. Espacios condenados a desaparecer en manos de los alcaldes y párrocos. Este barrio por ejemplo, es recorrido en la óptica del autor para retratar como hacia finales de la década de los años 1970 Medellín es una ciudad que se transforma y muchos de sus lugares legendarios desaparecen
al tiempo que los tractores del gobierno municipal demolían con sus cuchillas de acero los talleres y los inquilinatos del sector de San Antonio, el tango sufría una derrota vergonzosa en los bares de Palacé y en su reemplazo llegaban Richie Ray, Bobbie Cruz, Celia Cruz, Tito Puentes (Hoyos, 1993, p.138).
Hasta aquí se ha señalado una especial atracción, por parte del cronista por los puntos de referencia urbanos de la ciudad de Medellín que paulatinamente han sufrido transformaciones. Su foco se acerca y se aleja de la ciudad real, pues, las prácticas urbanas en franca degradación reclaman un lugar en la narrativa del cronista, al representar ese mundo que se desintegra con un especial énfasis de las relaciones del autor con la ciudad del pasado, en un dialogo efectivo ente observador y espacio. Ya hacia la década de los años ochenta, el cronista se detiene en el surgimiento de otro tipo de establecimientos como discotecas, tabernas, cafés. De ellos dice:
En la historia de la media luz, la década de los ochenta será recordada por la lucha que libraron los propietarios de establecimientos públicos contra las restricciones del gobierno municipal para tratar de contener el deterioro de la paz pública y conjurar la inseguridad. El cronista evoca una crónica que escribió siendo corresponsal del periódico El Tiempo, de Bogotá. En favor de la media luz. (Hoyos, 1993, p.138).
Medellín, a comienzos de esta década, atravesó un periodo donde las problemáticas se desbordaron, ya gestadas en la primera mitad del siglo XX con un aumento desmesurado de la población, alto índice de desempleo, subempleo e informalidad. Cinturones de pobreza en la periferia de la ciudad y un acentuado debilitamiento de las instituciones. Un fragmento de uno de los artículos publicado por el periódico el “Colombiano” de la ciudad de Medellín y que hoy reposa en la Casa de la memoria de la misma ciudad explica cómo,
Nuestra ciudad se llenó de sombras, opacando esquinas, cuadras y barrios. Miedo y terror al amanecer, fronteras invisibles al mediodía, limpieza social al atardecer y toques de queda para irnos a dormir. Vivimos una Medellín sitiada, poco a poco nos fuimos encarcelando en urbanizaciones cerradas y en nuestras propias casas. La oscuridad del narcotráfico corrompió casi todos nuestros rincones: fiestas familiares y bares, colegios, empresas, fuerza pública, políticos, jueces, palabras y hasta la conciencia. Lo que compramos, vendemos, consumimos… y hasta lo que vemos. Sufrimos la muerte como herramienta de guerra, empleo, negocio y mercancía, en manos de narcotraficantes, sicarios, milicianos, policías, bandas, autodefensas. Ya ni sabemos quién es quién, nos inundamos de silencio, dinero “fácil” y desazón (El Colombiano, 08 de abril de 2015).
Hoyos, en esta crónica de temática social, hace foco en los sectores populares, se problematiza a partir de una relación visual y acústica con los espacios transformados o, en su defecto, desaparecidos. De igual modo, se configura una relación explícita entre narrativa urbana y poética que convergen en la recuperación de las memorias que dan cuenta de una cultura, de un espacio de lo común. En el apartado “Repartos de comunidades”, del libro Pueblos expuestos, pueblos figurantes (2014) de Didi Huberman, se habla de un vínculo entre
la especie (común) y el aspecto (singular) de los seres humanos. Podríamos llamar cultura al espacio común de todos esos sitios. […]. En esas circunstancias, una “política de la cultura” escribe Bataile, solo puede llevarse adelante si se “denuncia el equívoco de la cultura” que obedece justamente a su implicación en el juego de los poderes estatales o capitalistas (Huberman, 2014, p.96).
Ambas, —escritura y poética—, vinculan al autor con su ciudad natal, con su cultura, con su comunidad, a medida que la modernización de los espacios traza la imagen pretérita de la ciudad que aún pervive en el recuerdo del autor pero, maquinalmente transformada por el influjo del narcotráfico que llevó al martirio irremediable a sus gentes. Considerando las reflexiones que el autor vierte en el conjunto de sus escritos sobre Medellín, en sus crónicas reformula la presencia visual de los espacios y prácticas urbanas. Por ello, resulta aportante la postura de Max Weber a esta reflexión cuando dice que la vida en sociedad implica establecer acuerdos entre socios que representan entidades con intereses compartidos, como en las sociedades mutualistas o mercantiles.
En los siete saberes para la educación del futuro propuestos por Edgar Morin, se abordan aspectos fundamentales para una formación integral y contextualizada. Incluyen los conocimientos básicos esenciales para comprender la realidad cotidiana y global, así como la capacidad de aplicar estos conocimientos de manera pertinente en diversos contextos. Se enfatiza la necesidad de comprender la complejidad y diversidad de la condición humana, integrando una conciencia global que respete la diversidad cultural y promueva una identidad planetaria inclusiva. Además, se destaca la importancia de desarrollar la habilidad de manejar la incertidumbre y enfrentar lo desconocido, así como de superar la fragmentación del conocimiento mediante una visión integradora. Morin también subraya la necesidad de una ética que promueva la dignidad humana y la solidaridad global, y de educar en la cultura de paz, la no violencia y la resolución pacífica de conflictos como fundamentos para un futuro sostenible y armonioso.
Estos saberes proponen un enfoque educativo integral que trasciende la mera acumulación de conocimientos disciplinarios, buscando formar individuos capaces de comprender y transformar positivamente la realidad compleja y cambiante del mundo contemporáneo. En términos ciudadanos, todo conocimiento es social y está entrelazado con criterios, posturas, ideas y prácticas sociales y políticas. La ciencia debe tener una orientación social y ética, lo cual no se puede lograr desde un currículo tradicional que separa los saberes en áreas especializadas. Morin aboga por una reforma del pensamiento y de la enseñanza, centrada en “aprender a vivir” y en la iniciación a la lucidez, incluyendo la incertidumbre y el error. En resumen, el pensamiento complejo es esencial para enfrentar los desafíos del siglo XXI, promoviendo una transformación profunda en los ámbitos epistemológico, educativo y social.
El pensamiento complejo es no sólo una apuesta viable sino necesaria en los tiempos actuales. Su viabilidad depende de varios factores, y cada persona puede ser pionera en su implementación en los ámbitos educativos, científicos, académicos y sociales. La transdisciplinariedad abre múltiples vías frente a la crisis planetaria de cara a un cambio profundo en nuestra forma de habitar la Tierra y relacionarnos con los demás y con nosotros mismos. En términos epistemológicos, se hace necesario superar la lógica clásica aristotélica y los principios de identidad, no-contradicción, y tercero excluso. Morin propone trascender estos principios para mantener la contradicción y la tensión entre lo uno y lo múltiple, a través de la unidad de lo múltiple y la recursividad.
En términos educativos, la resistencia al cambio y la inercia del paradigma disciplinar y de la hiper-especialización son obstáculos significativos. La configuración misma de las universidades, con sus edificios en unidades separadas, refleja y refuerza este paradigma. Para superar esto, es necesario replantear la formación universitaria en el sentido de la complejidad, promoviendo un currículo que fomente el tejido múltiple de los saberes.
En términos ciudadanos, todo conocimiento es social y está entrelazado con criterios, ideas y prácticas políticas. La ciencia debe tener una orientación social y ética, lo cual no se puede lograr desde un currículo tradicional que separa los saberes en áreas especializadas. Morin propone una reforma del pensamiento y de la enseñanza, centrada en “aprender a vivir” y en la iniciación a la lucidez, incluyendo la incertidumbre y el error.
El pensamiento complejo es una necesidad urgente para enfrentar los retos del siglo XXI, abogando por una profunda transformación epistemológica, educativa y social. En este contexto, la sociedad surge cuando la acción social se basa en la compensación de intereses o en la unión de motivaciones similares. Weber distingue la sociedad de otros tipos de relaciones sociales, enfatizando su naturaleza basada en la racionalidad de fines, valores y motivaciones compartidas (Weber, 1987). Con ello, el registro acústico y visual de la ciudad obedece, en principio y en último término, a los privilegios que la palabra literaria concede al escritor donde se cruzan realidad y ficción. Finalizando la crónica, Hoyos narra la transformación urbana cuando dice:
[Hoy], ya no queda nada. Por encima de las ruinas del grill han construido un puente de concreto…Y en las mangas oscuras de las fincas de los Cock, se levanta como un grito el resplandor de un millón de luces: son los bombillos que alumbran las calles, construidas de afán, de los nuevos barrios populares del nor-oriente de Medellín (Hoyos, 1993, p.139).
Con una suerte de nostalgia Hoyos termina preguntándose: ¿Ha cambiado la ciudad? ¿Hemos cambiado nosotros? La búsqueda de una forma literaria al representar en sus crónicas la ciudad de Medellín surge de una circunstancia biográfica: la necesidad de expresar el espacio arraigado a su vida y a su condición de escritor y periodista. En ese sentido, y como lo plantea Rogers“[e]l cronista reconoce su propia atracción en el revoltijo de emociones, anticipando las tensiones encontradas que suscitará la lectura” (2020, p.90). En esta década, léase, finales del siglo XX, sus crónicas y la poética que las moviliza, se contraponen al silencio homogéneo que enmudece la ciudad de Medellín producto de la expansión del fenómeno del narcotráfico
La gente se enloquecía con la música y los inodoros apestaban a cocaína y a bazuco. Y el disk-jockey tenía que parar los temas en la mitad de la ejecución, aunque la gente estuviera bailando, porque llegaban muchachos, armados de pistolas, a pedirle que pusiera (¡ya!) su disco preferido (Hoyos, 1993, p.139).
En las líneas del cronista, es posible leer la desaparición de lugares emblemáticos bajo “el milagro de la media luz” que revela una Medellín en conflicto, atrapada entre su pasado nostálgico y la violencia moderna. La narrativa entrelaza escenarios difuminados por el tiempo con relatos de violencia, evidenciando la pérdida de legitimidad del Estado y la complejidad de las relaciones urbanas. Desde esa perspectiva, Bauman sugiere que la comunidad es una referencia al paraíso perdido del cual anhelamos regresar con desesperación, un lugar de esperanza que aún buscamos encontrar. Esta visión crítica resalta cómo, en medio de la modernidad líquida, la comunidad se presenta como un ideal irrealizable pero persistentemente deseado, una utopía a la que aspiramos retornar. En ese sentido, la relación humano-animal-ser vivo debe ser replanteada desde la perspectiva de la autopoiesis__ concepto desarrollado por Humberto Maturana y Francisco Varela (1998), quienes describen la capacidad de los seres vivos de mantenerse y reproducirse a sí mismos mediante la auto-generación continua de sus componentes internos. Este concepto subraya la autonomía y organización cerrada de los organismos, permitiéndoles adaptarse y persistir en entornos cambiantes__, según estos autores, lo que implica reconsiderar la tradicional “escala” aristotélica que coloca al humano en la cúspide y fomenta el antropocentrismo.
Por su parte, Walter Benjamin, asume una visión multifacética de comunidad, dice que tiene un carácter tanto histórico como utópico y que se encuentra en constante tensión entre la tradición y la modernidad; analiza este concepto desde diferentes perspectivas, como la política, cultural y social. Para él, la comunidad auténtica se basa en la solidaridad, la reciprocidad y la colaboración entre sus miembros, en contraposición a la sociedad capitalista que fomenta la competencia y la alienación. Enfatiza en la importancia de la memoria colectiva y de la tradición en la construcción de comunidad y precisa que la preservación de las experiencias históricas y culturales es fundamental para mantener viva la identidad y la cohesión comunitaria. Por otro lado, aborda el concepto de comunidad como una aspiración hacia un ideal de sociedad más justa y solidaria. En este sentido, el concepto de comunidad en la obra de Benjamin se vincula con la posibilidad de transformación social y de resistencia frente a las estructuras de poder. Pues concibe la comunidad como espacio de encuentro, colaboración y solidaridad entre los individuos, donde la memoria, la tradición y la utopía juegan un papel central en la construcción de una sociedad más humana y colectiva (Benjamin, 2005).
Este enfoque antropocéntrico extremo ha llevado al Antropoceno, una era marcada por el riesgo de destrucción masiva de la vida. Maturana y Varela destacan que todos los seres vivos, desde bacterias hasta humanos, se perciben como el centro de su propio universo y se auto-trascienden, estableciendo así su unicidad y posición privilegiada. Esta autopercepción ego-céntrica redefine al sujeto como un centro único, excluyendo a otros, incluso a gemelos idénticos. A partir de esta comprensión común, es necesario replantear la ética y la convivencia entre los seres vivos, criticando el cogito cartesiano que ubicó al humano fuera de su enraizamiento biológico y le otorgó un estatus de superioridad. Se propone restituir a todos los seres vivos la cualidad de sujetos, que es vital y no un mero “suplemento del alma”.
La relación del sujeto consigo mismo y con los demás debe basarse en la autopoiesis, reconociendo la subjetividad e interdependencia de todos los seres vivos, promoviendo una ética de igualdad subjetiva. Por último, se discute la relación humano-máquina en el contexto del transhumanismo. Se menciona la evolución histórica de esta relación y la creciente integración de la tecnología en la definición de lo humano. Frente a la inteligencia artificial y la tecnología avanzada, el pensamiento complejo busca evitar la reducción del humano a datos, proponiendo una crítica y reflexión sobre esta interacción.
Así, la noción de comunidad frecuentemente evoca sensaciones de seguridad y calidez, como un refugio acogedor. Sin embargo, en un contexto marcado por la rivalidad y la competencia implacable, la comunidad se convierte en un mundo inalcanzable, un paraíso perdido anhelado con fervor. A ese propósito, resulta aportante volver sobre el libro Para una política de la civilización. (Morin, 2009). Aquí Edgar Morin, define una vía de actuación imposible de abordar sin realizar antes una reforma intelectual y una refundación política. Un sistema que no tiene en sí mismo los medios para tratar sus problemas está condenado o bien a la regresión -incluso a la muerte-, o bien, sobrepasándose a sí mismo, a la metamorfosis
Desde esa mirada, las descripciones sensoriales de los barrios y lugares icónicos de la ciudad de Medellín, sugeridos por Hoyos en esta crónica, crean una retórica que oscila entre lo real y lo ficticio, reflejando la ambivalencia de la percepción del autor hacia la ciudad y sus prácticas sociales, léase, por un lado la fruición y, por otro, nostalgia. Esta voz autobiográfica contextualiza la transformación de Medellín dentro de las coyunturas sociopolíticas, fusionando lo personal con lo histórico en una crónica que trasciende lo factual para capturar la esencia de una ciudad en constante cambio. En ese orden de ideas, es comprensible que, como se plantea en el libro, Educar en la era planetaria. (Morin, 2002), la especie humana tiene grandes potenciales aún no desarrollados, lo que queda patente en el abismo que hay entre nuestros más preciados valores éticos y la barbarie moral real en la que convivimos día a día. Por otro lado, nuestras capacidades intelectuales las empleamos sólo en una mínima parte, como muestran las investigaciones sobre el cerebro. Por tanto, no estamos al final sino al principio de un largo proceso de convertirnos en seres verdaderamente humanos y de hacer de nuestras prácticas de convivencia una auténtica civilización global.
Conclusiones
La narrativa de Hoyos, destaca por su capacidad envolvente, caracterizada por el manejo de la oralidad y un sofisticado uso de técnicas discursivas que tocan con un enfoque crítico desde una perspectiva política. En ella, refleja una crítica mordaz a las estructuras de poder y el impacto del narcotráfico en la ciudad, aspecto que analizado a la luz del pensamiento Moriniano en la educación proporciona una comprensión matizada de las transformaciones urbanas. Hoyos fusiona la exploración del contexto social con lo público y lo biográfico revelando la complejidad de los cambios en Medellín y el papel activo de las comunidades en estos procesos. El cronista, a través de su inmersión en la ciudad, no solo explora su historia y contexto, sino que también mantiene una distancia analítica para investigar y representar con profundidad la realidad urbana. Este dualismo entre inmersión y observación enriquece la narrativa y ofrece una visión matizada de Medellín.
Para poder avanzar en la creciente complejidad del mundo y no perder de vista nuestro proyecto de futuro, Edgar Morin propone su «mapa» del pensamiento complejo. Su estructura multidireccional y polifacética permite captar la realidad y orientarse, pese a sus cambios constantes, pero bajo la condición de aceptar que hoy ya no se puede aspirar a verdades o sistemas acabados. El pensamiento complejo puede romper con los antiguos esquemas mentales que guían nuestra visión limitada y egocéntrica del mundo. Nos permitirá desarrollar nuevas políticas globales basadas en el pleno respeto por la diversidad, para avanzar hacia una coexistencia futura nueva y, finalmente, humana. En esta exploración, se ha intentado desentrañar el modo en que las manifestaciones discursivas logran apresar la verdadera identidad de la ciudad, resaltando su importancia dentro del entramado de representaciones urbanas.
Sin embargo, es fundamental cuestionar si estas expresiones realmente logran capturar la compleja esencia de la ciudad o si simplemente contribuyen a perpetuar una imagen idealizada y superficial. ¿Qué aspectos se omiten en estas representaciones discursivas? ¿En qué medida reflejan la diversidad, los conflictos y las contradicciones inherentes a la vida urbana? Estos interrogantes nos invitan a replantearnos la forma en que concebimos y comunicamos la realidad de la ciudad, dejando espacio para una reflexión más crítica y profunda sobre su representación discursiva. Por último, en el siglo XXI, el pensamiento complejo se presenta como una exigencia apremiante para afrontar los desafíos actuales. Es imperativo abogar por una transformación epistemológica, educativa y social de gran envergadura. En este escenario, la sociedad cobra sentido cuando la acción colectiva se fundamenta en la conciliación de intereses y en la convergencia de motivaciones afines.
Con todo lo dicho hasta aquí, es preciso cerrar reconociendo que la obra de Juan José Hoyos Naranjo, ofrece una profunda reflexión sobre el concepto de comunidad. Su enfoque resalta la importancia de los lazos sociales y culturales que unen a los individuos, explorando cómo estos vínculos influyen en la identidad colectiva con aportes destacados es su capacidad para retratar comunidades marginadas, mostrando la riqueza de sus tradiciones, formas de vida, desafíos, fortalezas y resistencias. Así, el concepto de comunidad en su trabajo no solo funciona como un marco teórico, sino que se convierte en una herramienta práctica para la transformación social. Los aportes de Hoyos Naranjo al concepto de comunidad enriquecen la comprensión de lo que significa vivir en conjunto, promoviendo valores de empatía y cohesión en un contexto donde muchas veces predominan el aislamiento y la fragmentación. Su legado literario continúa inspirando diálogos sobre cómo podemos fortalecer relaciones sociales empáticas y contribuir con sociedades más justas.
Referencias
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1 Luz Dory González Rodríguez. Post-doct en Pensamiento Complejo de la universidad Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Doctora en Pensamiento Complejo de la universidad MMREM en Hermosillo, México. Docente de la Facultad de Comunicación Audiovisual del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid de Medellín-Antioquia-Colombia. Orcid http://orcid.org/0000-0002-7932-0482, email: ldgonzalez@elpoli.edu.co
Universidad de Manizales