Solarte R., S.
M. (2023). El aprendizaje desde la complejidad. Fenómeno sujeto a, confuso y
caótico, 32 (2), 185-203. DOI: 10.30554/pe.2.5012.2023.
El aprendizaje
desde la complejidad. Fenómeno sujeto a, confuso y caótico
Sandra Milena Restrepo Solarte[1]
Resumen
El ser humano ha sido,
por siglos, sujeto de estudio desde diversos enfoques científicos; en algunos
de ellos se ha encontrado que es un individuo que posee comportamientos
similares a algunos animales. Sin embargo, se diferencia de ellos por su
competencia misma para anticipar, analizar y conceptualizar las herramientas
empleadas para su supervivencia y, además, por su capacidad de adaptación al
cambio al que está expuesto de manera continua. Por lo tanto, en el desarrollo
de dichas habilidades han sido necesarios miles de años de estudio de su
entorno; es por ello, que el aprendizaje ha sido uno de los principales
instrumentos de la evolución del ser humano. Así en este artículo de reflexión,
se encuentran algunos de los aspectos que se deben tener en cuenta al momento
de transmitir conocimiento, ya sea en el contexto social, cultural, emocional,
académico, psicológico, entre otros; es decir, para que este sea un aprendizaje
holístico, con base en que los procesos de enseñanza-aprendizaje no se dan de
forma lineal, sino que estos confluyen de manera compleja y caótica.
Palabras clave: adaptación, aprendizaje, especie,
sociedad, subjetividad.
Learning from complexity:
subject to, confused and chaotic phenomenon
Abstract
The human being
has been, for centuries, the subject of study from various scientific
approaches; in some of them it has been found that he is an individual who
possesses behaviors like some animals. However, he differs from them by his ability
to anticipate, analyze and conceptualize the tools used for his survival and,
in addition, by his capacity to adapt to the change to which he is continuously
exposed. Therefore, in the development of these skills, thousands of years of
study of their environment have been necessary; that is why learning has been
one of the main instruments of the evolution of human beings. Thus, in this
article of reflection, there are some of the aspects that must be taken into
account when transmitting knowledge, whether in the social, cultural,
emotional, academic, psychological context, among others; that is, for this to
be a holistic learning, based on the fact that the teaching-learning processes
do not occur in a linear way, but that these converge in a complex and chaotic
manner.
Keywords: adaptation, learning, society,
species, subjectivity.
Aprendendo com a complexidade:
fenômeno sujeito, confuso e caótico
Resumo
O ser humano
tem sido, definitivamente, objeto de estudo de diferentes abordagens
científicas; em alguns deles foi verificado que se trata de um indivíduo que
apresenta comportamentos semelhantes aos de alguns animais. No entanto,
diferencia-se deles pela sua própria competência em antecipar, analisar e
conceptualizar as ferramentas utilizadas para a sua sobrevivência e, ainda,
pela sua capacidade de adaptação à mudança que lhe está continuamente exposta.
Portanto, no desenvolvimento destas habilidades foram necessários milhares de
anos de estudo do seu ambiente; é por isso que a aprendizagem tem sido um dos
principais instrumentos na evolução do ser humano. Assim, neste artigo estão
alguns dos aspectos que devem ser levados em consideração na transmissão do
conhecimento, seja no contexto social, cultural, emocional, acadêmico,
psicológico, entre outros; ou seja, para que se torne um processo de
aprendizagem holístico, baseado no fato de que os processos de
ensino-aprendizagem não ocorrem de forma linear, mas sim convergem de forma
complexa e caótica.
Palavras chave: adaptação, aprendizagem, subjetividade,
sociedade, espécie.
Introducción
A Dentro de la multiplicidad posible, se encuentra la
capacidad de aprendizaje del ser humano, que es entendida como un proceso que
se nutre, de forma constante, y que, lejos de ser una armonía clásica y
monótona, se convierte en un complejo de factores que interactúan y confluyen
entre sí, siendo este un fenómeno complejo y subjetivo que se ve permeado por
las dinámicas de su ambiente. De tal suerte, que se favorece el avance del
hombre, en aspectos inimaginables para sus antepasados, y el continuo progreso
científico en pro de la adaptación al medio, por lo que se transita de las
condiciones más rústicas y prístinas, al opuesto; o sea, artificiales y
elaboradas, que, en la actualidad, le consienten al sujeto un estatus especial,
con respecto a otras especies, por su logro de surgir de la disonancia hacia la
composición (Maturana y Varela, 1998).
La especie humana, por lo mismo, cuenta con un aspecto
único, que lo ha movilizado a la obtención de miles de aprendizajes que, con el
paso de los años, lo han ubicado en una posición diferente a las demás especies
existentes en el planeta tierra, al hacer uso de su medio de forma audaz, no
condicionarse y lejos del comportamiento conformista, buscar y lograr adaptarse
y adaptar el medio a sus necesidades (Bruner, 1997; Maturana y Dávila, 2015).
Con lo anterior, se rompe la relación entre ser humano, sociedad y especie,
como lo expone Edgar Morin (1981) “se rompe la relación permanente y simultanea
de éstos. El problema fundamental es, pues, restablecer y cuestionar lo que ha
desaparecido con la disociación” (p. 22). Lo que permite suponer que el hecho
de estudiar al ser humano, como individuo, irrumpe la armonía de la naturaleza,
de un ser que hace parte de una especie, que convive con otras, en un medio
ambiente pluridiverso.
Lo anterior, sin duda, no se trata de un hecho que
cambió, de modo enigmático, al ser humano y que lo ubicó en una perspectiva
diferente al resto de especie. Al contrario, se presentó más bien, en pequeños
aspectos que lentamente dieron paso a la novedad (Capra, 2000). Un ejemplo de
ello es el hecho de que los monos antropomorfos tomaran una posición erguida,
como medida de adaptación al medio, ello permitió que el ser humano hiciera uso
de los elementos de su entorno como herramientas, que facilitarían su adaptación
(Maturana, 1996). Pero, este hecho no es suficiente para denotar una diferencia
entre animal y ser humano; ya que, diversos animales, como los pulpos,
elefantes y otros, han mostrado uso de objetos (Enesco
y Sebastián, 2012; Rodríguez, 2008).
Sin embargo, el uso de algunas herramientas por parte
de cuervos, primates u otras especies no conlleva a que ellos comprendan el
concepto de dichos objetos, es decir: “el hecho de que cuervos, primates y
otras especies muestren un uso competente de objetos no significa
necesariamente que tengan un concepto de herramienta” (Enesco
y Sebastián, 2012, p. 47). De suerte, que la diferencia fundamental, entre las
demás especies y la humana, radica en que esta última realiza una concepción
mental, en la cual se anticipa el objeto y el plan de la tarea; en otras
palabras, más allá de reaccionar por simple instinto, el ser humano toma
conciencia y decisión de sus propios actos (García, 2012).
Una red en construcción
Partiendo
de esa idea de un ser consciente, capaz de tomar decisiones, es menester
comprender que, desde aspectos biopsicosociales, el sujeto, idealizado a sí
mismo como individuo, con su capacidad de aprendizaje, lucha por la adaptación
constante en un entorno que, en apariencia, ha dejado de confluir y ha marcado
en su historia un crecimiento exponencial que permite pensar el aprendizaje
como un fenómeno complejo (Gómez y Rubio, 2017), que al igual que el humano es
sujeto a diversos factores (Capra, 1998).
Aun
así, es erróneo caer en la generalización y pensar que todos los seres humanos
reaccionan, ante una misma situación, de la misma forma o que poseen en sí los
mismos aprendizajes de manera innata (Bruner, 1997), pues ello depende de los
diferentes contextos a los que se ha visto expuesto y las singularidades de sus
propias experiencias, ante una realidad dinámica y cambiante (Bruner, 1995,
1997). De esto, el ser humano es un ser complejo –no porque tenga una condición
de dificultad, sino que su ser y su realidad están conformados por múltiples
factores que se relacionan entre sí, como una red– (Gómez, 2010), por lo que
debe ser estudiado a profundidad, sin caer en el error de estudiarlo como un
producto terminado, como una totalidad, pues la diversidad del ser humano se
encuentra sujeto a procesos personales y sociales, que, “implica pensar
aspectos identitarios complejamente articulados: lo histórico, lo social y lo
planetario, entrelazados a su visión de pasado presente y futuro” (Egaña, 2004,
p. 63).
Ahora
bien, teniendo en cuenta la diversidad del hombre y los diferentes factores a
los que se ve sujeto, su evolución y adaptación no parece ser lineal, ordenada,
predecible y muchos menos controlable (Maturana, 1996; Rubio y Gómez, 2021).
Incluso estudios, demuestran que la naturaleza biológica del ser humano es
caótica, pues si se piensa en “el inmenso número de cambios evolutivos
aleatorios acaecidos durante los cuatro mil millones de años transcurridos
desde el origen de la vida en la Tierra. Algunos de estos accidentes han
desempeñado papeles capitales en la subsiguiente historia de la vida en este
planeta” (Gell-Mann, 2003, p. 133). En este punto surge el cuestionamiento
primordial de este artículo: ¿deben ser los procesos de enseñanza-aprendizaje orientados
a controlar o disminuir ese caos?
En
relación con esto, Rivera (2019) afirma que es importante “identificar algunos
de los catalizadores sociales (frenos y constructos culturales), que se
utilizan y a los que se recurren, con la intención de contener parcialmente el
cambio social, y evitar en lo posible el desorden” (p. 8). Pues si bien, en
primera instancia, pareciera que esa premisa niega la importancia del desorden
en la adaptación de la especie humana, es necesario clarificar que, en esos
avances, la especie ha logrado, se han identificado aspectos biológicos,
sociales y psicológicos, que resultan ser trances que dificultan la continua
búsqueda de adaptación (Maturana y Varela, 1998). De ahí que, no se debe negar
la importancia de las ciencias clásicas y las ciencias emergentes, que, aunque
no compartan una misma metodología, permiten la comprensión de una especie que,
como se mencionó, lucha por la adaptación constante en un medio con el cual,
aparentemente, ha dejado de confluir (Capra, 1992; Gómez, 2010).
En
este orden de ideas, y de acuerdo con el anterior interrogante, se permite la
posibilidad de establecer una comparación reflexiva, entre la ciencia clásica y
los modelos de aprendizajes rígidos (Gómez y Rubio, 2020). En el sentido en que
ambos buscan esa verdad que esté en pro del control, el conocimiento y el
avance de la especie humana. Por ende, significa una gran responsabilidad con
respecto a aquello que se plantee como paradigma de la educación; pues ello
representa un modelo para el conocimiento y la enseñanza de este, a las nuevas
generaciones que serán, por tanto, las responsables de dar continuidad a la
adaptación constante del ser humano, en los diferentes contextos emergentes
(Von Bertalanffy, 1989). Así, es precisa la advertencia de evitar sumergirse en
una inteligencia ciega; “vivimos bajo el imperio de los principios de
disyunción, reducción y abstracción, cuyo conjunto constituye lo que llamo el
paradigma de simplificación” (Morin, 1999, p. 30).
Continuando
con el paralelismo entre ciencia y aprendizaje, se debe destacar que el ser
humano ha desarrollado diferentes paradigmas que lo han llevado a pasar de
métodos rígidos y tradicionales de enseñanza a métodos flexibles y modernos
(Bruner, 1991). Se puede decir, entonces, que los niños son como la palabra
caos, el cual, en esta física, tiene una acepción bien delimitada: la de
desorden aparente y de impredecibilidad. “Estamos, de hecho, desde la
deflagración originaria y para siempre, sumergidos en un universo caótico”
(Morin, 2007, p. 25). Así, la ciencia misma, en una aceptación de esa premisa,
se ha percatado de que existen diversas formas de generar aprendizaje (Maturana
y Guillof, 2006), y que no se puede limitar al hombre a un proceso de condicionamiento,
pues si bien este tipo de aprendizaje cobra importancia en el desarrollo de un
sujeto, quedarse en esa mera casilla supondría una negación total a las
habilidades cognoscitivas de la especie (Maturana, 2006), que como ya se
mencionó, es esa capacidad lo que lo ha ubicado en una posición especial dentro
de las diversas especies existentes en el planeta tierra (Bruner, 1991).
Por
lo anterior, en el estudio constante de la especie y de sus formas de
adaptación se vuelve necesaria la transición de los estilos clásicos, a los
paradigmas más complejos (Rivera, 2019). En un inicio paradigmas científicos
clásicos, tras la idea de que la ciencia debe ser predecible, controlable y
contener una verdad absoluta, condujeron a que muchos estudios fueran
reduccionistas, y no es que la búsqueda de la verdad suponga un problema para
la ciencia y sus descubrimientos, o para realidad misma del hombre, el punto es
que, centrarse meramente en determinados aspectos deja a la deriva los muchos
otros que confluyen (Rubio y Gómez, 2021). Con respecto a esto, y con énfasis
en el tema en cuestión: aprendizaje similar a otros objetos de estudio, este se
ha considerado como una función adaptativa, y se ha estudiado desde diferentes
perspectivas, tanto clásicas como contemporáneas (Moreno y Sastre, 2012).
Por
supuesto, el método pensado para el aprendizaje no concedía al ser humano
capacidades extraordinarias con respecto a otras especies. Por ejemplo, Watson
(Como es citado por la Fundación Universitaria Konrad Lorenz 1980), explica su
teoría a partir de los estudios del comportamiento animal, y propone que, con
respecto al ser humano, se debe estudiar lo observable, en este caso sería la
conducta, mas no fenómenos efímeros como el pensamiento, las emociones o las
perspectivas y cómo o porqué esto sucede. Puesto que, esos planteamientos
alejan a la psicología de ser una ciencia, al restar el objetivismo de esta,
hablando de constructos que no son verificables, observables, o cuantificables.
Sin
embargo, a medida que la ciencia avanza y reconoce nuevos paradigmas, surgen
también nuevas teorías que reconocen que en el proceso de aprendizaje
intervienen diferentes variables correlacionadas, como una red, en donde más
allá de las herramientas elementales, que no diferencian al humano de otras
especies, se conciben estas herramientas, que permiten que el ser humano se
adapte a los diferentes contextos de forma más equilibrada y estable (Maturana,
1995). Por su puesto, que el hecho de que el ser humano cuente con
posibilidades intangibles que funcionan como herramientas, es un aspecto que se
ha estudiado a lo largo de la historia (Von Bertalanffy, 1989).
Por
lo tanto, a medida que la ciencia acepta nuevas perspectivas, se avanza en las
explicaciones con respecto a estos fenómenos. Según Vygotski (1995), dichas
herramientas, son desarrolladas o adquiridas para ampliar las habilidades
mentales; así, el ser humano cuenta con procesos psicológicos básicos como la
atención y la memoria, los cuales favorecen la adquisición de aprendizajes. De
ahí, que la creación de nuevos instrumentos mentales, que potencializarán sus
capacidades, fuese necesaria. Ahora bien, es importante tener en cuenta que
dichas herramientas tienen fundamento en el lenguaje, y, por ello, algunas de
estas son símbolos, obras de arte, escritura, diagramas, mapas, dibujos,
signos, sistemas numéricos, entre otros (Vygotski, 2006).
Por
lo tanto, el aprendizaje requiere de los procesos psicológicos básicos del ser
humano, los cuales son: la atención y la memoria; con respecto al último
Ballesteros (1999) afirma que quizás, uno de los factores con mayor relevancia,
para las condiciones existenciales de un individuo sea su habilidad para
retener vivencias y aprovecharlas en su comportamiento futuro. Sin embargo,
dichos medios no bastan para desarrollar el complejo proceso de aprendizaje, y
generar en los estudiantes conocimientos críticos, que les permitan crear
nuevos métodos de acuerdo con las necesidades emergentes.
Cultura
y Educación
Otras
variables que se deben contemplar son la cultura y la educación; la primera es
aquella en la cual se forjan las características de un ser sociable, que
comparte, de manera constante, conocimientos y normas, entre otros, mediante el
uso del lenguaje propio de quienes perecen a esta (Bruner, 1995; Maturana y
Varela, 2003). Así, se entiende que la cultura es toda la amalgama de
fenómenos, elementos y factores que permiten que un individuo se comprenda como
parte sustancial y significativa de un constructo sociohistórico en específico
(Bauman, 2002; Choza, 2014; Ron, 1977). Por lo tanto, la cultura es el cimiento
fundante del entramado social que regula las condiciones relacionales de los
sujetos societales entre sí y con las instituciones sociales, políticas y
económicas que rigen y dan vida a todas esas relaciones (Geertz, 2003; Miller,
2011; Rucker y Marrone, 2019).
Como
se evidencia, la cultura condiciona el ser y el estar en el mundo. De este
modo, y siguiendo a autores como Bauman (2002), Cuche (2004), Turino (2013), se
pueden mencionar algunos tipos de cultura, a saber:
· Cultura material
(objetos tangibles que una sociedad produce, como artefactos, arquitectura,
tecnología y herramientas);
· Cultura inmaterial o
simbólica: (valores, creencias, normas, mitos, rituales y lenguaje. Esta es la
dimensión más abstracta de la cultura);
· Cultura popular
(manifestaciones culturales que son adoptadas y apreciadas por grandes
segmentos de la población, como música, cine, deportes y entretenimiento en
general);
· Cultura de masas
(similar a la cultura popular, pero a menudo se asocia con la producción y
consumo a gran escala. Puede influir en las actitudes y comportamientos de
grandes audiencias);
· Cultura subcultural
(grupos más pequeños dentro de una sociedad que comparten características
culturales distintivas, a menudo en respuesta a su exclusión o marginación de
la cultura dominante;
· Cultura corporativa
(valores, normas y prácticas compartidas dentro de una organización o empresa);
· Cultura nacional
(características culturales compartidas por los habitantes de un país en
particular);
· Cultura regional
(características culturales específicas de una región geográfica más pequeña
dentro de un país, con diferencias marcadas en dialectos, costumbres y
tradiciones).
· Cultura de la juventud
(expresiones culturales y comportamientos característicos de los jóvenes, como
la música, la moda y el lenguaje);
· Cultura religiosa
(prácticas, creencias y rituales asociados con una religión específica);
· Alta cultura (formas
de expresión cultural consideradas sofisticadas y asociadas con la elite
intelectual y social).
Como
se pone de manifiesto, la cultura le proporciona, al sujeto, las herramientas
necesarias para modificar el entorno; de este modo, el aspecto cultural es de
suma importancia para el aprendizaje (Bruner, 1997). De acuerdo con esto, el
contexto social, como marco cultural para los estudiantes, debe proporcionar
herramientas, tanto morales, conceptuales, como de lenguaje, entre otras, que
se puedan ver implicadas en la adquisición de un conocimiento (Capra, 1992).
Así, se comprende que la educación es un todo que integra y cohesiona las
diversas perspectivas del ser humano como ser fragmentado (León, 2007;
Touriñán, 2018); por tanto, la educación está estrechamente ligada a lo que las
sociedades son como constructos que permiten que la diversidad humana se
propulse y se vea como una oportunidad y no como un obstáculo (Gómez y Diaz,
2022; Mucha, 2021; Touriñán, 2014; Villavicencio, 2010).
En
este sentido, la educación es la encargada de lograr que los sujetos sean
activos, conscientes, críticos, participativos y propositivos dentro de su
propio contexto social, cultural, político y económico que lo enmarcan en un
estadio histórico determinado. En esta medida, es importante decir que la
educación ha sido –y es– el núcleo constante de la reflexión desde innúmeras
posturas, lo que ha dado cita a perspectivas amplias del proceso educativo,
tanto en su forma como en su fondo; tal es el caso de la educación y sus
variadas formas de aproximarse a los estadios que la integran, y que desbordan
los muros de la escuela para insertase en toda la vida en sociedad.
De
esta forma, el contexto educativo debe pensarse como un campo, que, al ser
social, es de creación de herramientas mentales y potencialización de
habilidades biopsicosociales, que harán de los niños los futuros pensadores,
artistas y actores (Bruner, 1997). Por esta razón, ha sido menester que los
modelos educativos evolucionen y que la ciencia se aboque a la tarea de
estudiar y generar nuevos paradigmas que den continuidad al progreso humano
(Enesco y Sebastián, 2012). Así, dentro del aprendizaje, es necesario pasar de
los modelos rígidos y clásicos, como el aprendizaje por acondicionamiento, a
modelos de aprendizaje en los cuales se contemplen más variables, como las
teorías del aprendizaje social o el aprendizaje significativo (Gómez, 2010;
Rubio y Gómez, 2021).
Lo
que conlleva a que exista una aceptación de que, en el proceso de andamiaje
dentro del aprendizaje, deba ser holístico, con base en diferentes aspectos,
entre estos: los procesos asociativos, experienciales, emocionales, sociales,
biológicos y psicológicos básicos (la percepción la memoria, atención y otras)
y también las variables explicitas e implícitas que se puedan encontrar en el
proceso mismo; como consecuencia, permitir que el aprendizaje sea una actividad
autodirigida (García, 2012; Maturana, y Guillof, 2006). De suerte, que Hull
(como es citado en Ruiz, 2009), planteó que el organismo se ve activado por
diferentes estímulos, a los cuales este responde de forma recíproca, en
relación con su ambiente. Pero, que dicho acto solo se ejecuta cuando existe
una necesidad por reducir. Es decir, se sintetizó la capacidad de aprendizaje a
una capacidad que surge como forma de adaptación.
En
este sentido, el ser humano cuenta con procesos básicos y superiores que son
los que guían el comportamiento humano mediante la autorregulación, y que
provocan una adaptación activa al medio. Así, a través de procesos de
interacción, adquiere, de manera progresiva, un control voluntario y autónomo
de las funciones psicológicas (Vygotski, 1995). En relación con lo anterior
Barba et al. (2007) sostienen que el lenguaje transforma procesos cognitivos
como la memoria y la percepción en acciones conscientes y voluntarias, que los
eleva al nivel de funciones mentales avanzadas. Esto ocurre gracias al
desarrollo de la función simbólica de la conciencia, un proceso que está
influenciado por la interacción social.
Por
consiguiente, el aprendizaje no deberá tomarse como una herramienta que permita
el control y evite el caos (Rivera, 2019), sino que esta evoluciona al ritmo de
las necesidades en que se desenvuelve el hombre y a las que este se deba
adaptar (Rodríguez, 2008). De tal suerte, que el aprendizaje, como acceso al
conocimiento, debe ser tomado con responsabilidad por sus aprendices y sus
enseñadores, pues la relación directa entre este proceso y la supervivencia de
la especie es evidente (Maturana y Dávila, 2015). Por ende, debe el ser humano
mantener una regulación, es decir, sostenerse dentro de un equilibro funcional,
para dirigir sus actividades. En torno a la autorregulación Otero y Martínez
(2006) sostienen que esta “desempeña un papel primordial en el aprendizaje. El
aprender, en palabras de Vygotsky (1987), es el paso de lo interpsicológico a
la intrapsicológico, de la dependencia del sujeto a la independencia, de la
regulación externa a la autorregulación” (p. 2).
Con
respecto a lo anterior, se debe tocar un tema fundamental, que es aquello que
se ha perdido con la disociación, al romper la relación del hombre con su
especie y sociedad, e idealizarlo como individuo. De este modo, y según Santos
(2009), en la detención de lo que está ausente y comprender las razones de su
ausencia, se debe emplear un tipo de conocimiento que no simplifique la
realidad a lo que está presente; o sea, que este es un enfoque de conocimiento
que busca una visión más amplia del realismo, que abarque tanto realidades que
han sido omitidas, silenciadas o marginadas, así como aquellas que están
surgiendo o son fruto de la imaginación.
que
incluya realidades suprimidas, silenciadas o marginadas, tanto como realidades
emergentes o imaginadas.
Una
vez aceptada la idea de que la educación debe centrarse en ser un proceso
holístico, que abarque las diferentes esferas del funcionamiento del ser
humano, es imprescindible que avance más allá de la educación teórica (Gómez,
2010)., y que los contextos educativos se conviertan en escenarios
potenciadoras de herramientas mentales (Maturana y Guillof, 2006)., que
incentiven en los estudiantes, en primer lugar, la curiosidad constante que los
acerque, cada vez más, al deseo de aprender (Bruner, 1991); en segundo lugar, a
comprender que el aprendizaje es una herramienta que debe ser utilizada para a
la adaptación, y que hablar de adaptación es un tema que enmarca al ser humano
como ser sujeto a (Capra, 1992, 1998).
De
ahí, la importancia de que la educación incluya en los contenidos de
aprendizaje el tema de ética y valores; Por cuanto, la educación en valores y
ética, al igual que en la ciencia, debe ser un tema que abarque más allá de
cuestiones moralistas, de la etiqueta del bien o del mal, debe ser una
educación pragmática también, en la cual se trabaje la importancia del
autocuidado, del cuidado de los otros y del medio en el que se coexiste
(Expósito y Marsollier, 2021; Alzate y Guzmán, 2011). Y más allá de ser normas
impuestas, bajo la razón incuestionable de que así debe ser, se trata de
enseñar desde la capacidad de analizar y reflexionar las consecuencias de los
propios actos, tanto a escala local como global, entendiendo que, al compartir
el espacio social, con muchas otras personas, debe existir una responsabilidad
que se aparte del egoísmo y se centre la identificación como sujeto de la
convivencia y el avance social.
En
otras palabras, generar pensamiento crítico y democracia abierta, como se
menciona en la teoría de la complejidad (Rodríguez y Leónidas, 2011). Esa
corresponsabilidad que se debe dar desde la ciencia, para generar métodos de
enseñanza en procura de la adaptación y supervivencia de la especie humana, sus
procesos culturales y sociales. Los cuales están sujetos a su historia pasada y
viven bajo la sombra de lo que será historia en el futuro, y, de este modo, lo
que se toma en el aquí y el ahora como modelos influirá y dará consecuencias,
de esto surge un cuestionamiento, continuando con el paralelismo entre ciencia
y aprendizaje: ¿funciona el proceso del aprendizaje como un sistema reversible
o irreversible?
Es
decir, como ya se mencionó, mediante el proceso de aprendizaje el ser humano
logra avanzar como especie, con lo cual genera cambios, no solo conceptuales,
sino comportamentales y sociales. Estos cambios pueden presentarse de forma
positiva o negativa para el ser humano, con respecto a las dinámicas
contextuales; y si bien un sujeto tiene la posibilidad de contar con nuevo
aprendizaje que le ayuden a mejorar, en aspectos que no funcionaban
correctamente, modificando así comportamientos, no es posible decir que el
aprendizaje del ser humano sea un aspecto reversible, o al menos en una
persona, pues su reversibilidad se vería sujeta a la pérdida de memoria.
En esta medida, hace falta un método orientado a la
corresponsabilidad que represente al ser humano como lo que es: un ser sujeto,
y en lo que se ha hecho énfasis a lo largo del presente escrito. En este
sentido, más que una autorregulación debe hablarse de auto-eco-organización.
Como lo refiere Morin (1998), la noción de sujeto, en función del principio de
Von Foerster, según el cual la autoorganización es dependiente; y, claro está,
se sabe que depende del medio ambiente, ya sea biológico, meteorológico, sociológico
o cultural.
Conclusiones
En
primer lugar, se puede decir que el aprendizaje es un fenómeno sujeto a, en
tanto este depende del contexto en donde se desarrolla, y, también, de las
singularidades de quien lo recibe y lo enseña. Por lo anterior, supone un reto
para los docentes, quienes, día a día, deben actualizarse para estar preparados
en los diferentes escenarios emergentes, y responder ante las necesidades de
aprendizaje que surgen para las nuevas generaciones. Así, aunque se pudiera
considerar que el aprendizaje es un proceso individual, al ser diferente de
persona a persona, este es un proceso en el que interactúan diferentes sujetos.
De ahí, que el lenguaje cobre importancia dentro de dicho proceso. Y depende de
la cultura en la que se desenvuelve una persona, los aprendizajes que pueda
obtener, así como la cultura se nutre de esos aprendizajes obtenidos.
En
segundo lugar, se debe reconocer que el aprendizaje es un fenómeno que no tiene
una única forma de ser abordado o asumido, y que, por lo mismo, debe ser visto
como un constructo en constante dinamismo; en tanto la diversidad de estilos de
aprendizaje no favorecen una generalización de procesos de aprendizaje,
aplicables a la totalidad de la especie humana. Es pues, un proceso que depende
de las características propias de la cultura y del sujeto que se sitúa como
aprendiz. Ahora bien, se habla de confuso, porque se asume como un reto más
para los docentes, quienes, además de estar actualizados con respecto a las
necesidades emergentes del medio, deberán, asimismo, estar en constante
actualización con relación a los métodos de enseñanza que favorezcan el aprendizaje
desde la diversidad y la educación inclusiva. Por lo tanto, son varios factores
que los docentes deben asumir como un reto para el proceso de aprendizaje de
sus estudiantes, si se pretende lograr un aprendizaje significativo.
En
tercer lugar, se debe considerar el aprendizaje, desde lo dicho por Morin
(1999, 2007), como un fenómeno caótico que se adapta a las necesidades del ser
humano, dentro de una realidad dinámica y cambiante; con el término caos se
hace referencia no a desorden o falta de orden, sino a aquellas situaciones
fenomenológicas en las que se hace difícil y complejo predecir su evolución. En
consecuencia, el aprendizaje, como sistema caótico, es sensible a los cambios,
los cuales no son totalmente predecibles o controlables. De suerte, que esta es
una característica propia del ser humano; pero, además, en específico, de las
etapas del desarrollo infantil y adolescente, en las que, a nivel biológico
psicológico y social, el sujeto experimenta cambios, que generan, a su vez,
modificaciones comportamentales, que no pueden ser predecibles en su totalidad,
y que, en múltiples ocasiones, combinado con variables sociales, como por
ejemplo las redes sociales, se convierte en situaciones de tensión, para los
contextos educativos, en tanto los docentes deben mantener un orden, pero deben
adaptarse a las situaciones emergentes y favorecer la adaptación de sus
estudiantes a estas.
En
este tenor, y al reconocer la importancia de la ciencia en el proceso de
aprendizaje, y cómo el avance de la ciencia favorece el progreso de la
sociedad. El hecho que dentro de la comunidad científica se den paso a
revoluciones y a la creación de nuevos paradigmas, y siendo esta un elemento de
la sociedad favorece el desarrollo social desde las diferentes esferas del
funcionamiento humano. Lo que debe permitir, de igual modo, retomar la
perspectiva en la que el ser humano es sujeto a., como lo menciona “el sujeto
del pensamiento complejo no es meramente un sujeto reducido a su dimensión
epistémica-racional; por el contrario, es un sujeto abierto a la complejidad
humana … concierne también “a nuestro conocimiento como ser humano, individuo,
persona y ciudadano” (Rodríguez y Leónidas, 2011, p. 10)
Lo
anterior, confirma la necesidad de que el contexto educativo sea pensado como
un espacio holístico y diverso, que si bien debe procurar un orden, que
mantenga los límites dentro de las normas sociales, se debe comprender como un
sistema complejo, que responde a la condición caótica, de la naturaleza del ser
humano. Es fundamental, por tanto, tener en cuenta las diversidades emergentes
dentro de la actualidad, lo que afecta, de manera directa, a los contextos
educativos; pues allí, el espacio de socialización que los estudiantes tienen
para formarse como ciudadanos, no solo desde el saber sino desde el compartir
humano, lo que genera que la educación sea un fenómeno que deba entenderse
desde la complejidad, mas no como algo lineal y predecible. Ya que, aunque
socialmente se busque un control a nivel general y específicamente en los
contextos educativos, estos responden de forma inestable y cambiante. Por
último, bajo la premisa de que el contexto educativo y, por ende, el
aprendizaje es un fenómeno, sujeto a, confuso y caótico, el reto de la
comunidad educativa y la comunidad científica es generar y abordar nuevos
modelos que favorezcan que el aprendizaje se lleve a cabo de forma
correlacionada con las diferentes variables que puedan confluir en el proceso.
Lo anterior, supone, como lo menciona Kalantzis y Cope (2012), que, en la
actualidad, la ciencia de la educación debe saber interpretar las condiciones
sociales, para, de este modo, ajustar las instituciones y procesos educativos
que generen educación pertinente.
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Recibido: 13
de agosto del 2023.
Aceptado: 30
de noviembre del 2023.
[1] Sandra Milena Restrepo
Solarte. Magíster en Ciencias de la Educación de la Universidad del Quindío.
Docente en la Institución Educativa John F. Kennedy de Calarcá, Quindío. Orcid: https://orcid.org/0009-0003-7707-936X; correo
electrónico: samireso@hotmail.com