Lectoras, lecturas y presencias desde la “Literatura Femenina”1


orFa kelita vaneGas vásquez2.


Para realizar grandes cosas lo que esencialmente necesita la mujer contemporánea es el olvido de sí misma; pero, para olvidarse, es necesario estar antes convencida de que ya se ha encontrado.

Simone de Beauvoir


Resumen


Numerosas son las reflexiones que plantean la capacidad que tiene el espíritu de ver en la obra literaria la ocasión de reconocerse y ejercerse infinitamente; y precisamente es el proceso por el cual han transitado un grupo de mujeres colombianas: madres, esposas e hijas, colectivo femenino víctimas del conflicto armado, que hacen parte del “Bachillerato Pacicultor3” de la ciudad de Ibagué, en Colombia.

Esta investigación ha permitido comprobar una de las afirmaciones de Larrosa cuando expresa que la experiencia de la lectura literaria se mani- fiesta cuando confluyen el texto adecuado con el momento adecuado y la sensibilidad adecuada.

Desde la llamada “literatura femenina” o “literatura escrita por mujeres”, se ha logrado intervenir y vehicular sentidos en la subjetividad de las lectoras4. El hecho lector de la narrativa abordada más que incorporarse con preten- siones cognoscitivas, donde se busca la universalidad de los significados de la lectura literaria, se enfocó hacia una experiencia individual donde primara la indagación en la obra del devenir cotidiano de la lectora, si se quiere una indagación intuitiva de lo narrado, ya que con ello se abría una posibilidad más cercana, por las características e intereses del grupo de


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  1. Recibido: 01 de septiembre del 2011. Aprobado: 11 de septiembre del 2011.

  2. Orfa Kelita Vanegas Vásquez. Profesora de literatura de la Universidad del Tolima, Magíster en literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira. Autora del libro La estética de la Herejía en Héctor Escobar Gutiérrez, (Universidad Tecnológica de Pereira, 2007). Integrante del grupo de investigación sobre Literatura Regional y Colombiana de la Maestría en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira. Vinculada a Colciencias en el Grupo de investigación de Literatura colombiana. Coordinadora del grupo de investigación en Didáctica de la literatura de la Universidad del Tolima, http://rizomaliterariout.wordpress.com, kelitav@yahoo.es

3 Desde agosto de 2006 el Observatorio para la Paz, con el apoyo de cooperación internacional – Consejo Noruego para Refugiados, OIM y ECHO, diseñó y puso en marcha un programa de Bachillerato, llamado Bachillerato Pacicultor, Paz como posibilidad para la vida y la convivencia. Orientado a jóvenes a partir de los catorce años, en extraedad, en situación de desplazamiento forzado o en riesgo. Se privilegia el ingreso de mujeres, madres cabeza de familia, madres y padres adolescentes, y mujeres jóvenes en estado de embarazo, quienes difícilmente encuentran modalidades educativas ajustadas a su condición. Para mayor información visitar el sitio WEB:

http://www.obserpaz.org/index.php?option=com_content&view=article&id=84&Itemid=101

  1. Destaco aquí el papel primordial que ha jugado uno de mis estudiantes de Licenciatura en Lengua Cas- tellana: Carlos Julio Ayram Chede en la investigación en contexto que ha realizado en el “Bachillerato Pacicultor”, asimismo mis agradecimientos por presentarme la oportunidad de conocer éste ámbito.


    mujeres intervenido, de hacer de la lectura literaria una experiencia trans- formadora de su sino femenino.

    Entendemos así, que la obra literaria ha sido abordada sobretodo como experiencia, donde prima la pluralidad ante el concepto, pues no hay una “intencionalidad de estudiar” la obra desde una crítica, postura intelectual o teoría literaria, más bien se asiste a una polifonía de voces femeninas cuestionadoras, subjetivas, donde se ha escuchado la obra y se ha dialo- gado con ella desde intereses muy propios, donde el libro les ha dado qué pensar acerca de su estatus de mujer y les ha permitido resignificar en algunos aspectos su mundo, suspender brevemente el cosmos impuesto para abrirse a uno más propio, más incluyente de Su imaginario femenino. Palabras clave. Literatura femenina, subjetividad, lectoras, conflicto arma- do, cuerpo, violencia, pluralidad, imaginario femenino.


    Readers, readings and presences from “Feminine Literature”


    Abstract


    Reflections showing the capacity that the spirit has in order to interpret literature as the opportunity to self-recognize and exercise endlessly are innumerable, which is, precisely the process a group of Colombian women have gone through. They are mothers, wives and daughters, victims of the armed conflict, members of “Peace-farmer High School” in Ibagué, Colombia. This research has allowed us to confirm one of Larrosa’s statements. He says that the literary reading experience is evident when the appropriate text, the right moment, and the adequate sensitivity come together. Through the so called “feminine literature” or “Women’s literature,” it has been possible to affect and lead opinions in the readers’ subjectivity. The narrative core, more than settling down using cognitive pretensions -sear- ching for the universality of meaning in literature-, it focused on a personal experience where the inquiry about the author’s daily life was first, since a closer possibility to make literature a transforming experience was opened, due to the characteristics and interests of the women intervention group. Therefore, the literary work has been approached as an experience, where pluralism is more significant than the concept, since there is not any “intention of analyzing” the work from criticism, intellectual position or literary theory, but from a polyphony of inquiring and subjective feminine voices instead, where the literary work has been analyzed from personal interests, and the book has made them reflect upon their status of women and has allowed them to give new meanings to their world, stop for a while the role imposed over them in order to create a more natural one, a more inclusive setting sheltering Their women’s imagery.

    Keywords. Feminine literature, subjectivity, reading experience, armed

    conflict, body, violence, pluralism, women’s imagery.


    El papel de la literatura


    Partiendo de la afirmación foucaultiana de que “la literatura no es otra cosa que la re-configuración, en una forma vertical, de signos que están dados en la sociedad, en la cultura, en sedimentos separados” (Foucault, 1996, pág. 94), para aclarar cómo “la obra literaria no se constituye a partir del silencio”, sino que deviene en un lenguaje particular, muy propio, anclado además a una serie de signos de orden religioso, social y económico que le per- miten el habla continua, la circulación de su propia voz como esencia de su misma existencia; justificamos el hecho de abordar la “literatura escrita por mujeres” o también llamada “literatura femenina” como porta- dora de un lenguaje autoimplicado de la condición femenina para reflexionar sobre el papel que ésta ha jugado en la traducción y producción de sentido acerca del estatus de mujer en el grupo de lectoras motivo de esta reflexión.

    Conociendo parte del estado de discu- sión que se ha establecido en el campo de la crítica literaria sobre si existe o no una “literatura femenina” o una “literatura escrita por mujeres” y las implicaciones que de allí se generan5, queremos dejar en claro que nuestro propósito aquí no es entrar en tal polémica, más sí reconocer que hay una literatura que surge del intelecto de una serie de mujeres especialistas y conoce- doras de la disciplina literaria, que revelan en sus producciones ficcionales las marcas históricas, sociales y culturales del implan- tado universo femenino. Además de ciertas constantes estéticas como la prosa cuasi lírica, la denuncia social desde un código especial femenino, la poética del cuerpo, etc. que son precisamente las que llevaron a elegir la narrativa de escritoras para la presente experiencia de lectura.


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  2. Algunas autoras que han incursionado en este campo de estudio: Mery Cruz Calvo, Elena Lo- sada, Ángela Robledo, Carol Zardetto, Martha Luz Gómez, Florence Thomas, -entre otras-


    Libros como “Las horas secretas” y “Eclipses” de la escritora pereirana Ana María Jaramillo, “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón” de la también escritora pereirana Alba Lucía Ángel, “La mujer rota” de la reconocida filósofa e iniciadora de la discusión histórico- filosófica del hecho femenino: Simone de Beauvoir, entre otros, permiten re- configurar desde sus personajes princi- pales el complejo cosmos que entraña la mujer en su entidad individual y social. Y es que compartiendo la idea de Blanchot al expresar que “no escribimos según lo que somos; somos según aquello que escribimos” (1992, pág. 81) encontramos un doble sentido a la labor literaria de las escritoras anteriormente nombradas, y es el de darse la posibilidad de Ser ellas mismas a la vez que están Siendo en la acción creadora de su escritura, es decir, agente y producto del hecho literario, pues “Todo trabajo nos transforma, toda acción realizada por nosotros es acción sobre nosotros” (Blanchot, 1992, pág. 81). Más este fenómeno de la creación literaria no queda allí, transciende hacia el nivel de la recepción, donde las lectoras se exponen al libro y descubren en él un medio para redescribir su realidad, para establecer un modo de comunicación más afín a su autocomprensión del Otro y del mundo, donde la experiencia de la lectura literaria las conmueve, y quizás se pueda llegar a Ser desde aquello que se lee.

    Además es de recordar que la identidad de una persona, al pasar por un lapsus temporal mundano y al relacionarse con los otros, sólo toma consistencia y sentido cuando se narra con su discurso, cuando se dice con su lenguaje frente al contexto que le abarca; se hace tangible en su historia al construirse narrativamente, y en esa proyección toma significado para el otro. De ahí la afirmación de Larrosa de que “la vida se parece a una novela”, novela del yo que se desprende desde la palabra que cada quien articula de si mismo y de la comprensión que el otro le da. La experiencia directa del Ser y del


    Estar deviene de la autocomprensión y del autocuestionamiento en la relación que establece con el tejido narrativo que estructura la cultura, tejido que por su- puesto abarca la mirada literaria plasmada en la novela.

    Más sería ilusorio creer que por el sólo hecho de la experiencia de lectura con la “literatura femenina” las lectoras estarían en capacidad de cambiar radicalmente su mundo y la violencia simbólica que las rodea, pues aunque exista una conciencia del sino femenino y una voluntad de acción sobre el contexto próximo en el que se desplaza, es difícil tener resultados con- tundentes inmediatos, ya que los efectos y las condiciones secuela de siglos de do- minio externo están fuertemente inscritos en lo más íntimo de su naturaleza. Más como expresa Saramago “Ayúdate, que la literatura te ayudará”6 pues si se logra encontrar en el texto literario una forma de evaluar nuestra configuración del mundo y refigurar nuestros juicios, nuestra respues- ta frente al devenir humano en algo y en algún momento ha de cambiar.

    La función primordial de la literatu- ra es proporcionar a sus lectores los medios para redescribir el mundo. La identidad esencial de la literatura consiste en su capacidad para hacer surgir el sentido configurativo de la experiencia y la proyección refigu- rativa de la realidad. (Valdés, 1995, pág. 33)


    Una parte de la identidad de la lite- ratura escrita por mujeres se dispone desde la experiencia y comprensión de la realidad histórica y el papel que la mu- jer ha jugado en ella. Y en ese sentido, las obras literarias presentes para esta reflexión proyectan en sus personajes femeninos la inteligibilidad de esa mujer que no ha nacido mujer, sino que se ha


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  3. En entrevista con Luís García: “José Saramago: Ayúdate, que la literatura te ayudará” en la revista electrónica: Revista Espéculo No 19: http://www. ucm.es/info/especulo/numero19/saramago.html, consultada el 12 de agosto de 2011.

    construido Mujer desde unas categorías de sexo: femenino y masculino, depen- dientes del campo de poder hegemónico heterosexual, donde por supuesto, ha primado el sexo masculino, ya sea como causa de un falogocentrismo; como uni- dad única que evoluciona en y mediante la producción del “Otro” –lo femenino-; o como sinónimo de lo universal: donde sólo existe la categoría de sexo femenino, pues la masculina no está marcada, se impone como neutra, sin la necesidad de enunciarse en un discurso legitima- dor.7 Más la narrativa femenina, con las diversas situaciones que se adiestran en sus líneas presenta también un lenguaje desmontador del ideal socio-cultural de Mujer, haciendo denuncia del someti- miento y la violencia simbólica a la que se ha visto expuesta.

    En la narrativa de ficción, tanto de la pluma de la escritora como de la del es- critor, la violencia sexual contra la mujer es uno de los temas recurrentes, mas ese despojo del primer territorio femenino, su cuerpo, se dimensiona de forma muy opuesta dependiente del ojo artístico femenino o masculino que la cincele, veamos:

    Ana, personaje central de “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón”, novela de la escritora Alba Lucía Ángel, relata esta horrible experiencia que en su adolescencia temprana sufre a manos de Alirio, un peón de la finca:

    “…soltando el alarido porque la estaba hurgando por dentro. Así no,

    ¡que me duele!... la penetraba con violencia y ella sentía las manos su- dorosas sobre su cuerpo tenso ¡no!,

    ¡yo no quiero…! (…) y le tapó la boca para que no siguiera… y era como si la estuvieran abriendo a cuchilladas y él diciendo qué rico, y no paraba,


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  4. Para indagar sobre las diferentes explicaciones sobre las categorías de sexo remitirse principal- mente a los estudios de Judith Butler, Monique Wittig, Simone de Beauvoir, Luce Irigaray, Michel Foucault, Pierre Bourdieu, entre otros.


    y el mundo daba vueltas con cada envión de Alirio (…) cuando se puso en pie, se vio bañada en sangre:

    ¡me reventó por dentro!, y se lanzó a correr desaforada, sin pensar más en el dolor, ni en el derrengamiento (…)

    La sangre no quitaba y entonces decidió enterrar los calzones en el huerto, donde la tierra era blandita, y el camisón no tenía mucha y lo dejó secando mientras que se bañaba en la quebrada, que estaba como un hielo… (Ángel, 2003, págs. 430-431)


    Y en esta misma novela se denuncia el salvajismo con que otro de los personajes femeninos, Saturia, también es violada por otro campesino, además de quedar embarazada y sufrir las afrentas familiares y sociales.

    Genoveva Alcocer, recordado persona- je de “La tejedora de coronas”, representa el imaginario femenino de su creador: Germán Espinosa, y ella también es objeto de abuso sexual, más la representación literaria de la acometida dudosamente podría dimensionarse desde la subjeti- vidad femenina, pues es de vacilar que una mujer añore y disfrute el ultraje y la ignominia causada por su agresor:

    … pero a mí me despetaló un ave de rapiña… a mí me cogió en mi floración un gavilán depredador, y cuando sentí mi sexo inundado por su esperma, cuando lo supe conges- tionado en los intensos relámpagos del orgasmo, entonces no quise que se saliera de mí, y creo que bendije el que otros forbantes se turnasen ahora para poseerme también, aullé de maldito placer y de divina cólera y de sublime humillación entre sus brazos, quise que vinieran más, que vinieran todos, que todos consumaran la infamia y me proclamaran como su recipiente ideal… (Espinosa, 1982, pág. 361)

    ----Gómez propone la literatura “como vehículo de discursos generados, circulan- tes y válidos dentro de una cultura, donde

    ha desempeñado un importante papel como medio para confirmar esa condición alienada de la mujer.” (2003, pág. 84). Y en la literatura escrita por mujeres se hace un especial énfasis en el sujeto femenino al ser hablado, discurseado, intervenido desde una voz más propia, desde una voz que comparte su identidad y sensibilidad de género.

    El estatus ontológico de la narrativa ficcional de las escritoras reside, en parte, en su capacidad de redescribir el mundo de la lectora en términos intersubjetivos, dialogantes, principios que en la expe- riencia de lectura promueven tanto una comprensión consciente de sí, como una validez temporal de la identidad. Cada encuentro con lo literario puede permitir un sentido de realidad más propio, donde la transformación se hace necesaria para no seguir en el yoísmo, o en la simple proyección del Otro.

    El gesto comunicativo que permite la narrativa ficcional se concretiza po- tencialmente cuando el lector “alza la vista, muestra la transformación de su mirada y experimenta el mundo de otra forma” (Larrosa, 2003, pág. 175), pues después de atravesar y ser atravesados por el fenómeno literario se debe estar en capacidad de cosechar lo incorporado durante la lectura. Y en el caso que nos ocupa: la presencia de las lectoras y sus lecturas en la literatura femenina, los cambios motivados en su concepción de identidad como Mujer se han relativizado, internamente se han ido cuestionando sobre las categorías de madre, esposa e hija que culturalmente les ha sido im- puesta, para franquear hacia una postura inicial de su propio cuestionamiento, de la propia observación de su cuerpo, de la capacidad crítica consciente sobre el papel que desempeña en su grupo social primario, de dimensionar la violencia simbólica cultural que la oprime y actuar frente a ello.

    Ahora bien, tampoco se pretende definir o unificar el contenido de “mujer” desde



    una nueva postura, pues precisamente del hecho lector se desprenden diferen- tes respuestas tanto emocionales como intelectuales que ponen en movimiento dialógico a cada una de las implicadas en la experiencia grupal literaria según la categoría de mujer que ha construido en su marco social, político y cultural. Es claro que “insistir en la coherencia y la unidad de la categoría de las mujeres ha negado, en efecto, la multitud de intersecciones culturales, sociales y políticas en que se construye el conjunto concreto de “muje- res””. (Butler, 2007, pág. 67).

    El sustento teórico del programa del

    “Bachillerato Pacicultor” afirma:

    Apostarle a la mujer como prota- gonista de su vida, en condiciones de optar con responsabilidad, como persona con posibilidades y capa- cidades, para permitirle mejorar el desarrollo de todas sus potenciali- dades, entre ellas la capacidad de estudiar, de aprender, de proyectarse en su comunidad, y de acceder a la universidad.

    Utopía que se ha ido ubicando en un espacio, encontrando su lugar, su topo, pero sin dejar de motivar ese proyecto ideal nacido de la esperanza humana de un colectivo colombiano de reconfigurar significativamente el estatus de la mujer de nuestra nación, especialmente la de situaciones de mayor vulnerabilidad. Gonzáles afirma que “la utopía en el mejor de los casos es una apuesta por concretar los ideales” (2010, pág. 103), concreción que se ha ido visibilizando con el grupo de mujeres intervenidas en las respuestas generadas desde la lectura de las obras narrativas escritas por mujeres. Pues la experiencia litera- ria, entendida como vivencia única de sentido, “exige un sujeto insertado en el contexto, que cuestione la externalidad y se haga preguntas en la intimidad, que piense la realidad en movimiento, en potencia para el acto” (Gonzáles, 2010, pág. 105).

    Cuerpo, violencia y literatura


    El “X Informe sobre violencias contra mujeres, jóvenes y niñas en Colombia en el contexto de la violencia sociopolítica y el conflicto armado interno 2000–2010” de la “Mesa de trabajo Mujer y conflicto ar- mado”, da cuenta de las lógicas del poder político y de la guerra, de las violencias ejercidas contra las mujeres, jóvenes y niñas y el impacto en la vida de éstas. El estudio investigativo argumenta y eviden- cia la gravedad de los hechos de violencia que pasan por los cuerpos y las vidas de las mujeres, e insiste en cómo parte de todos los actores armados, incluida la fuerza pública, utilizan actos de violencia sexual como mecanismo de advertencia, medida de retaliación, como una forma de demostrar poder y deshonrar al enemigo y como forma de tortura, es decir, que el cuerpo femenino se ha convertido en botín y arma de guerra polifuncional. Y lamen- tablemente en Colombia la mujer en esas condiciones es víctima doble, pues no sólo se confronta con todo el conflicto histórico al que se ha visto sometida la mujer lati- noamericana, también debe enfrentarse al conflicto armado que vive el país.8

    Así, los grupos armados en Co- lombia, utilizan la violencia sexual como clave para el control social, “Buscan disciplinar el comporta- miento de las mujeres: el derecho a decidir libremente sobre sus afectos y relaciones amorosas, su cuerpo y su sexualidad, y con ello fortalecen los roles tradicionales de género que ahondan las desigualdades de poder en las relaciones entre hom- bres y mujeres”. (“X Informe sobre violencias contra mujeres, jóvenes y niñas en Colombia en el contexto


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  5. Luz Patricia Mejía, relatora de los Derechos de la Mujer de la Comisión Interamericana, en su visita a Colombia, en enero de 2011, para recibir el informe sobre los diez años de violencia contra la población femenina, expresa esa doble victimi- zación que gran parte de la población femenina colombiana sufre.


de la violencia sociopolítica y el conflicto armado interno 200-2010”. 2011, pág 7)

El cuerpo es construido socialmente como realidad sexuada y como deposi- tario de principios de visión y de división sexuantes. (Bourdieu, 2010, pág. 22) La diferencia genético-anatómica entre el cuerpo del hombre y de la mujer se ha con- solidado como una especie de Ley natural sobre la que se apoya el fundamento de la división de género y sus problemáticas significaciones.

Si el género consiste en las sig- nificaciones sociales que asume el sexo, el sexo no acumula pues significaciones sociales como pro- piedades aditivas, sino que más bien queda reemplazado por las significaciones sociales que acep- ta; en el curso de esa asunción, el sexo queda desplazado y emerge el género, no cómo un término de una relación continuada de oposición al sexo, sino como el término que ab- sorbe y desplaza al “sexo”, la marca de su plena consustanciación con el género o en lo que, desde un punto de vista materialista, constituiría una completa desustanciación. (Butler, 2002, pág. 23)


Siendo así, el sexo como norma cultu- ral que gobierna la materialización de los cuerpos ha adquirido el estatus de género, y en ese sentido, el cuerpo sexuado feme- nino adquiere sus significaciones desde la diferencia de género. Por tanto, al saberse que hay unas relaciones de poder entre lo femenino y lo masculino, donde la domi- nación masculina adquiere todas las con- diciones para su pleno ejercicio, se hace evidente que el hombre se ha apropiado del cuerpo de la mujer como un territorio colonizado sobre el cual puede actuar según sus intereses. Corres afirma que desde la mirada del hombre, la mujer es principalmente cuerpo, cuerpo que puede poseerse, ocuparse, marcarse como una propiedad. (2010, pág. 134-135)

El espacio literario creado por la palabra femenina no sólo se ha propuesto dislocar las inscripciones androcéntricas sobre el cuerpo de la mujer, también ha fijado nuevos sentidos transgresores sobre éste. La enunciación poética del cuerpo en cantidad de obras escritas por mujeres genera un nuevo discurso del contorno del alma femenina, pues la experiencia de la dama sobre su propia piel es en todas las expresiones, exclusiva a ella. Constantes naturales como la menstruación, la mater- nidad, la lactancia, Su sexualidad, al ser absolutamente propias, vividas, habitadas, permiten, en gran medida, a la escritora dar un sentido más próximo del acaecer femenino que las líneas literarias producto del imaginario femenil masculino.

Y de cierta manera, la lectora encuen- tra una inquietante complicidad entre su sensibilidad y la de los personajes ficcio- nales que ve pasearse por los diversos escenarios que presenta el texto literario femenino. Y en esa comunicación que se genera surge el desencuentro de sí mis- ma, desencuentro temporal producto del cuestionamiento profundo que le motiva el hecho literario. Bien dice Ricoeur que en la relación que se da en el proceso de lectura, entre el mundo del texto y el mundo del lector, se permite no sólo la actualización del libro, también, y sobre todo, la modificación del sujeto lector como individuo, en su concepción, su visión o representación del tiempo y de la vida misma. (1986, págs. 151-159)

Ahora bien, la escritora en la exigencia fundamental de su obra se sabe determi- nada por ésta, tiene una profunda con- ciencia del arte como dominio supremo de la experiencia que la avasalla. Ana María Jaramillo, en entrevista con Rossi Blengio, expresa que desde sus cuentos “Eclip- ses” quiere enseñar a las mujeres que el silencio es una mala herencia, mostrar que en la realidad una mujer con pasado siempre será sospechosa y le será muy difícil rehacer su vida en un medio social machista, que sus cuentos ponen sobre el tapete la vulnerabilidad femenina de


muchas mujeres en cualquier pueblo de Latinoamérica o del mundo. (“Las mujeres eclipsadas de Ana María Jaramillo. El silencio como mala herencia.” Entrevista con Rossi Blengio)

Y con “Hipólita”, cuento que cierra el libro “Eclipses”, se demuestra el objetivo y la justificación de la escritura de Jara- millo, pues es voz viva de denuncia, es reconfiguración de la realidad, es riqueza simbólica que desarticula y conmueve la conciencia del lector y la lectora al verse confrontados con la violencia y el coraje de una mujer cualquiera por defender su espacio, su propio cuerpo y la vida que ha elegido llevar entre sus manos.

Da comienzo a su acto final. Na- die tocará sus cosas mientras viva. Nadie profanará su santuario. Nadie ultrajará su cuerpo ni su nombre… Con el escalpelo se hace pequeños cortes superficiales en las muñecas, le gritan que no lo haga. Ella sigue ajena al público y se hace otras he- ridas en forma de estrella en los pe- zones. La sangre corre en pequeños hilos. No parece dolerle, su rostro se muestra impávido. Continúa con sus extremidades inferiores, corta en cruz el nacimiento de los dedos de los pies, de nuevo levemente, pero la sangre sigue fluyendo. Ahora la gente aterrada calla… No han podido tumbar la puerta, pero falta poco para que ceda. Hipólita rompe con el bisturí su labio infe- rior por la mitad y en línea recta se dirige a la garganta, pasa por el esternón y baja hasta el ombligo… sus sueños la han abandonado. Está infinitamente sola. La música se apaga. Han derribado la puerta. Atrapen a la vietnamita, gritan los de migración. Ya tiene país de origen. Hipólita entierra el escalpelo con fuerza en su corazón. Cae al piso. Los hombres entran. La cinta de la cámara se termina. Su coño deja de latir. (Jaramillo, 2009, págs. 97-98)

El acto de Hipólita simboliza el dominio transgresor que puede tener la mujer al apropiarse de su cuerpo, que en este caso resulta totalmente violento, pero violencia ritual que la emancipa y le demuestra al Otro, subyugador, que no contará con su piel para la inscripción de su Orden, de su abuso y sometimiento.

Bourdieu expresa que la mujer al haber estado expuesta en la construcción social de las relaciones de parentesco y del ma- trimonio como objetivo evaluable e inter- cambiable definido según los intereses masculinos, fueron condenadas a circular como unos signos fiduciarios, quedando reducidas al estatuto de instrumento de producción o de reproducción del capital simbólico y social. (2010. Págs. 59-67)

La Mujer misma se convirtió en un símbolo, cuyo significado se ha construido al margen de su yo, símbolo-objeto que posee la sociedad patriarcal. Dimensión que se evidencia en los conflictos ar- mados cuando ella se vuelve el medio y el blanco perfecto para ultrajar, agredir o infiltrar a sus “enemigos”. De ahí que en el “X Informe sobre violencias contra mujeres, jóvenes y niñas en Colombia en el contexto de la violencia sociopolítica y el conflicto armado interno 2000-2010” se asegure que “en el contexto de guerra, el cuerpo de las mujeres aparece como un territorio en el cual se expresa el poder de la cultura patriarcal… lo obligan, lo dominan y lo someten a la negación y exigen signos”.

Las secuelas que se albergan en la psiquis y el cuerpo femenino cuando ha sido sometido a los vejámenes de la guerra y demás, se vuelven una de las justificaciones de mayor peso para los pro- gramas que luchan contra los productos de la violencia, reconocen que “arrebatarle el cuerpo a la militarización es recuperar el territorio principal para la civilidad, ya que a través de él es que la mujer podrá vincularse a los múltiples y complejos pro- cesos espaciales y temporales, de orden material, humano y ambiental” (“X Informe


sobre violencias contra mujeres, jóvenes y niñas en Colombia en el contexto de la violencia sociopolítica y el conflicto armado interno 200-2010”. 2011, pág 13).

Más todo proceso de transformación de la concepción del propio cuerpo exige como menos una conciencia y una vol- untad sobre éste, pues sólo desde esta postura puede empezarse a deconstruir la visión del cuerpo femenino como objeto, empezar a cuestionar el hecho de repro- ducir los esquemas corporales producto de la dominación, de contestar frente al acto del simple reconocimiento y sumisión.

Y aunque, según Parrini retomando a Butler y a Foucault, “no podemos des- asirnos de las relaciones de poder que nos constituyen; sí podemos propiciar una transformación de nosotros mismos, de nuestra conformación, desplazando la dominación mediante una práctica subjetiva.” (2008, pág. 21) Siendo así, la literatura femenina como medio poé- ticamente expresivo de las condiciones socio-culturales masculinas que dominan a la mujer y también como posibilidad de rebelarse, de no ser negada o gobernada, permite desde la experiencia de la lectura y de la escritura recuperar, en un momento inicial, ese primer territorio que es nuestro cuerpo.

A modo de conclusión


La sapienza poetica para Vico, consiste en la capacidad poética que distingue al ser humano y le permite crear una visión de mundo diferente. La capacidad metafórica que tiene la obra de arte, el lenguaje poético-literario, confluye de ma- nera decidida en la estructura básica de la realidad construida por el ser humano. Por tanto, cuando en la experiencia de recepción de la obra literaria, se logra la

redescripción de la realidad, el yo como parte de un colectivo de personas y como yo individual se modifica, se transforma para ofrecer otro punto de vista, una voz crítica, una postura de vida que relativiza toda pretensión de verdad, basada en consideraciones absolutas, a priori, de la realidad. (Valdés, 1995, págs. 11-30). La lectura de obras literarias escritas por mujeres han facultado la reflexión acerca del sujeto femenino desde un conjunto de identidades resultado de encuentros dialógicos, de recapitulaciones que devie- nen de las categorías de Mujer que cada lectora ha construido en su marco cultural, social y político. Las mujeres sujeto de este estudio se han ido singularizando, ya que de un estatus abstracto o universal han pasado a confrontarse como “ser indi- vidual” gracias a las diferentes realidades que descubren en las narraciones. Las lectoras han “aprendido” a describirse de otra manera, ya sea por descubrimiento de nuevas formas de ser mujer, o por iden- tificación u encuentro de algo o alguien que ya estaba latente en su interior y ha encontrado eco en el libro.

Desde la experiencia de lectura con la literatura femenina se ha estado pre- sente en el contexto actual de un grupo de mujeres víctimas del conflicto armado colombiano. El abordaje literario les ha permitido un entendimiento y una “nueva construcción de la realidad desde sus precariedades, desde sus horizontes y distopías”, y en ese sentido, como también afirma Gonzáles respecto a la compren- sión de la realidad crono-espacial desde el contexto, se ha “conseguido pensar en la construcción de posibilidades sociales en un presente que constituya un devenir en positivo, pero insertado en lo posible.” (2010, pág. 104)


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Programa Bachillerato Pacicultor: http://www. obserpaz.org/index.php?option=com_cont ent&view=article&id=84&Itemid=101, con- sultado marzo 24 de 2011

X Informe sobre violencias contra mujeres, jóvenes y niñas en Colombia en el contexto de la violancia sociopolítica y el conflicto armado interno 2000-2010:

http://justiciaporcolombia.org/node/328, con- sultado 16 de mayo de 2011

Las mujeres eclipsadas de Ana María Jarami- llo. El silencio como mala herencia. Entre- vista con Rossi Blengio:

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Luz Patricia Mejía, Relatora de los Dere- chos de la Mujer de la comisión Inte- ramericana en entrevista con Cecilia Orozco Tascón: http://www.elespectador. com/impreso/cuadernilloa/entrevista-de- cecilia-orozco/articulo-242962-colom- bia-mujer-victima-doble, Consultado 10 de enero de 2011.