López M., J. E.; Guarín J, G. (2023). Epistemiobiografía, un viaje desde sí hacia la experiencia del otro. Plumilla Educativa, 32 (2), 139-157. DOI: 10.30554/pe.2.4991.2023.

 

Epistemiobiografía, un viaje desde sí hacia la experiencia del otro

 

Julia Emma López Muñoz [1]

Germán Guarín Jurado [2]

 

Resumen

 

Este artículo de reflexión educativa se refiere a la cuestión fenomenológica de despertar a la existencia en la experiencia del encuentro con el  otro,  quien   dona  sentido de vida con su mirada de luchas y revoluciones, de encuentros y desencuentros al  encender el fuego de la libertad que se manifiesta en el caminar por  la vida;  el objetivo es comprender la importancia de la  hospitalidad del maestro en la libertad de la acción y el  lenguaje,  en el  ser-para -la escritura del otro, en el  habitar compartido al  transitar juntos  los diversos lenguajes. 

Se utiliza el método autobiográfico como narrativa alternativa para el darse cuenta de sí y del otro, para la construcción de sentido de vida personal y colectiva. Se plasma así, conclusivamente, la experiencia del otro en mí, del sí mismo otra vía de distintos lenguajes, como experiencia de relación educadora, experiencia de vida comunitaria dispuesta para la acogida, la bienvenida al otro distinto, radicalmente otro.

Palabras clave: habitar, lenguajes, maestro, navegar, otro, rostro, transitar.

 

Epistemiobiography, a journey from oneself to the experience of the other

 

Abstract

This article of educational reflection refers to the phenomenological question of awakening to existence in the experience of encounter with the other, who gives meaning to life with his view of struggles and revolutions, of encounters and disagreements by lighting the fire of freedom that It manifests itself in the walk through life; Its objective is to understand the importance of the teacher's hospitality in the freedom of action and language, in being-for-the writing of the other, in the shared dwelling when transiting the various languages together. The autobiographical method is used as an alternative narrative for realizing oneself and others, for the construction of meaning in personal and collective life. Thus, conclusively, the experience of the other in me is expressed, of the self another way of different languages, as an experience of an educating relationship, an experience of community life ready for reception, the welcome of the different, radically other.

Keywords: inhabit, languages, teacher, navigate, other, face, transit.

 

Epistemiobiografia, uma viagem de si à experiência do outro

Resumo

Este artigo de reflexão educativa refere-se à questão fenomenológica do despertar para a existência na experiência do encontro com o outro, que sentido à vida com sua visão das lutas e revoluções, dos encontros e desencontros ao acender o fogo da liberdade que se manifesta na caminhada pela vida; Seu objetivo é compreender a importância da hospitalidade do professor na liberdade de ação e de linguagem, no ser-para-a escrita do outro, na habitação compartilhada ao transitar juntas as diversas linguagens. O método autobiográfico é utilizado como narrativa alternativa para a realização de si e dos outros, para a construção de sentido na vida pessoal e coletiva. Assim, de forma conclusiva, se expressa a experiência do outro em mim, do eu de outra forma de diferentes linguagens, como experiência de relação educativa, experiência de vida comunitária pronta para acolhimento, acolhimento do diferente, radicalmente outro.

Palavras chave: habitar, línguas, professor, navegar, outro, rosto, trânsito.

 

 

 

Ser maestros, ser maestras: estar siendo  

 

 

Sentirse maestros desde niños, desde niñas, es una experiencia que llega a través de innumerables encuentros con otros, con las palabras, con los libros, en el hogar, en la escuela, en la calle, en el colegio, en la universidad; es un mundo de encuentros   y desencuentros con la mirada de otros, en el que se siente el llamado del otro, la necesidad del cuidado del otro. El llamado del otro se evidencia en el siguiente relato:

… navegando en mis recuerdos llega a mi memoria el día 31 de marzo de 1983, un jueves santo, el terremoto de Popayán, a mis 7 años ya tenía la responsabilidad de cuidar a mis dos hermanas, una de ellas de tres meses de nacida, cuando el Caos se apodero de todo en ese instante, solo vi esos rostros vulnerables, llenos de miedo y angustia. Las tomé en mis brazos y como un guardián de los rostros que me interpelaban, logramos salir de las ruinas de una casa que ya no estaba; en medio del llanto, la miseria, la muerte alrededor, solo esperábamos ver a nuestra madre que angustiada no sabía de nosotros. (J. E. López M., comunicación personal, 2022).

En angustiosos momentos el tiempo se detiene para accionar el impulso que se da ante el llamado del otro que grita, que llora, que se desvanece en sus propias ruinas; el tiempo se detiene para poder ver bien.  Así, análogamente, el maestro en medio del caos, de las propias ruinas humanas, es el guardián del otro que a veces se desvanece en situaciones -problema, en preguntas sin respuestas, en afanes por cumplir en un tiempo de aprendizaje y en un ser sin sentido en la clase.

Maestros y estudiantes son un mirar mutuo en la dificultad para continuar caminando juntos como semejantes que se encuentran en cada clase, en cada espacio de la escuela, y aun de la vida cotidiana; son un abrazarse juntos para ayudarse, para tomarse de la mano en medio de los derrumbes de la vida; en una constante réplica de temblores de miedo y angustias están siempre el uno para el otro

Los maestros, los estudiantes, los otros, todos, han de ser tocados por el dolor, la angustia, la miseria, el hambre de educar, sumergirse en la relación de cuidado mutuo, de constante búsqueda para estar con el otro, y con ese llamado estar dispuestos socialmente a educar con el amor que acoja al otro no para que sea un objeto sino el acontecimiento auténtico de estar siendo juntos, aun en la alteridad, la diferencia de ser.

Los maestros se van acostumbrando a la formalidad de preparadores, documentos, listas de chequeo que reemplazan al otro auténtico, que ha estado ahí siempre, como dice Skliar & Téllez (2008), junto a mí y antes de mí; pero, entre dinámicas humanas, didácticas de la alteridad, pedagogías de las diferencias, los maestros   construyen mundos que logran explorar más allá del muro de los papeles para poder mirar el rostro de quien habla, de quien mira.

En la realidad educativa la práctica del maestro se hace presente con todas sus manifestaciones pedagógicas, formación académica, conversaciones educativas, para integrar diversas estrategias y vencer esa distancia que menciona Guarín (2015), que nos separa del otro, ese otro que siempre ha estado ahí. Solo si los maestros rebasan el muro que no deja ver, el   rostro del otro, del radicalmente otro, toma resplandor.

 

 

 

 

 

Tocando la puerta de la hospitalidad del maestro

 

“En el caminar por los recuerdos llegan a nosotros los momentos después del terremoto de Popayán donde las personas sin conocerse se ayudaban unas a otras a encontrar un lugar seguro, donde dormir y saciar el hambre; se ayudaban a encontrar un lugar con aroma de hogar, donde las lágrimas de los niños fueran secadas por la sonrisa del otro que está ahí para tender la mano” (López, 2022).

Cabe preguntarse hoy como maestros ¿cómo se mira al que siendo conocido se le ve como desconocido en la escuela?, ¿Qué mirada le damos al Otro?, ¿Son nuestras representaciones las que configuran al otro?, ¿Cómo está el otro en mí? ¿Cómo se acoge al otro en momentos de sufrimiento?

Por la urgencia que el maestro tiene en sus afanes de cumplir con currículos fríos, sin rostro, llenos de información, se llega a hablar del otro sin cuidarlo, sin tenerlo en cuenta; para callar su voz, con los gritos del poder, para no ver el rostro que lo interpela. En este juego de poderes el maestro es dueño de la palabra del otro, en las jaulas de las palabras, y la formación del sujeto se queda sin motivación, sin una experiencia colectiva en relación con el otro.

Al poner de presente la hospitalidad como el horizonte de sentido del ser maestros, en la forma de ser para el otro, de ser-con-el -otro, de acogerlo en todas sus miradas, de saber estar ahí con él, en un intercambio de saberes que se retroalimentan entre sí, es que se hace viva la presencia del rostro del otro, con sus cicatrices. En este devenir pedagógico de la mano del otro, con la hospitalidad que se hace presente en el maestro aquel que es capaz de sentirse tocado por el llamo del otro en sus preguntas, sus dudas, silencios y sus ruidos pedagógicos, se estremece el quehacer del maestro.

Los maestros son los llamados a atender este primer anuncio que nos da el otro, un anuncio que llega por la mirada, el abrazo acogedor que invita a hacerse responsable del otro; con la experiencia compartida, construida en mutualidad se forma    un saber del estar ahí para el otro, una hospitalidad que no busca hacer del otro un objeto a manipular, callar.

 

La libertad del lenguaje

 

“El maestro en su caminar pedagógico construye un lenguaje, el que amplia, intensifica”, dice (Zemelman, 1998, p. 48), por su formación académica, por su formación como sujeto, como actor social. Va más allá del lenguaje instrumental, tecnificado, que sólo se basa en indicadores, estándares. Al tiempo que va más allá del roll, de la escuela, se integra a la comunidad, a los grupos sociales, a los colectivos culturales, a los movimientos sociales, siempre potenciando su condición de ser maestro, de ser sujeto, actor social. En dicha colocación social se hace necesario mantener una apuesta con el lenguaje, así que exista un compromiso y accionar con el mismo, una libertad de lenguaje que nutra las conversaciones, que hagan del encuentro pedagógico una experiencia de vida y libertad, de encuentro con el otro para nuclear lo colectivo.

Maestros y estudiantes en el obrar de las palabras y las conversaciones logran vencer los obstáculos para narrarse juntos pedagógicamente, no como una lucha de poderes sino como el poder de hacerse presentes, en torno a la libertad del lenguaje que circula en las aulas expandidas, aulas mundo, aulas ciudad, aulas territorio y comunidad, aulas planeta, como dice Ospina (2012). En este tejido de lenguajes que se ha construido juntos, se vislumbra un identificarse mutuo para ser parte de… y construir relaciones que dan reconocimiento al otro, a lo otro distinto de nosotros mismos, para ser y estar ahí en alteridades múltiples, otredades varias.

Este caminar por la palabra, las conversaciones, surge en el transitar por el significado de los muchos lenguajes que se dan a lo largo de la práctica y la reflexión pedagógica desde la escuela.  Y permite preguntar: ¿qué significado tienen las fronteras lingüísticas en nuestro quehacer pedagógico hoy? En las dinámicas pedagógicas que van de maestro a estudiante, en el hablar y el escuchar, escribir, leer, conversar, interactuar de muchos modos, al palabrear, al lenguajear, se expanden el conocimiento y la comunicación, las fronteras mismas del lenguaje y la escuela, tal como señala Mockus et al. (1994).  Expansión de fronteras que da sentido a la actividad del educador, en una articulación entre el conocimiento escolar y el conocimiento adquirido fuera de la escuela, una articulación que liderada por el maestro se da entre la escuela, la comunidad, el territorio, el campo, la ciudad, el país, el mundo entero, la naturaleza, la tierra.

En este más allá de las fronteras de la escuela y el lenguaje son importantes   los juegos lingüísticos, los lenguajes escolares y los lenguajes extraescolares, los lenguajes académicos y los lenguajes populares, vernáculos, ancestrales, comunitarios, donde las palabras pueden ser las mismas pero los usos son diferentes, buscando una Identidad, una libertad de la palabra. Los modos en que se entrelazan las distintas formas de juegos lingüísticos (preguntar, exclamar, enunciar, metaforear, entre muchos otros), el conocimiento escolar y el conocimiento extraescolar, fortalecen la competencia pedagógica, la competencia comunicativa. 

De esta manera, para avanzar en la ampliación de las fronteras de la escuela y sus lenguajes, ampliar las identidades y libertades humanas, favorecer la inclusión  social de identidades y diferencias ,  radicales otredades y alteridades, hay que reivindicar  la experiencia personal y colectiva,  la imaginación y el arte en las aulas expandidas;   debe darse una relación de  reconocimiento entre sujetos, de entendimiento entre sujetos (intersubjetividad), en movimientos de lenguaje-acción comunicativa como dice Mockus et al. (1994), desde Habermas; una racionalización del mundo de la vida a través  de la acción comunicativa.

 

Ser-en-la escritura del otro.

 

Ser en la escritura del otro a través del encuentro, desde un viaje por la lectura de sí mismo, es un movimiento de apertura en relación con la experiencia colectiva, donde “vencer una distancia” (Ricoeur, 2003, p. 7), permite estrechar los lazos que contiene la experiencia colectiva que se narra en epistemiobiografía como una “huella del otro” que “interpela al ser humano en el instante del encuentro con el rostro del Otro” (Levinas, 1998, p. 65).  Guarín Jurado (2015, p. 5), siente esto como el “transportarse de una vida a otra”, como una “transferencia de sentido”, como una experiencia de si en el otro, en el ser de la comunidad, tal como lo proponen Ricoeur, Blumemberg, Husserl.

Este encuentro, este movimiento compartido, esta experiencia comunitaria da sentido a los sujetos; les pone de frente en su presente histórico y se despliega por las palabras en las diversas moradas que da el lenguaje, en las prácticas educativas, donde no hay tiempo ni límites de narración. Cada encuentro pedagógico es una habitar con el otro, un estar ahí desde la palabra emancipadora que libera las cadenas de los poderes del lenguaje. 

Las moradas pedagógicas del lenguaje que habita en el maestro han de pasar inicialmente por la puerta de la hospitalidad, la que se abre a la humanidad del otro, del ser que llega tocando sus instrumentos de vida, la alegría, la novedad, la de estar colectivamente en un espacio de crecimiento, de nacimiento. Luego continua en segundo paso de atender el llamado, dejarse tocar por la presencia del otro, no como un número más en la lista larga y fría con nombres sin nombres, un volverse a ver nuevamente entre las miradas.

Una tercera morada es luchar con las tensiones que nos da el encuentro del otro, el otro que llega con su palabra para ser escuchado, ser acogido con la limitaciones y vulnerabilidades de saberse estar ahí, presente ante todos, en una relación educativa que compromete a todos. En una cuarta morada es vivir la experiencia del encuentro del otro, que su presencia sea el acontecimiento del respeto por la dignidad del otro, que no se ahogue en la estadística fría y calculadora que dan las notas, que lo minimizan en su integralidad. En una quinta morada es renacer en el Otro al tender la mano que sujeta al Otro que está solo, que se ve desolado en su silencio y su miseria, que tiene hambre de ser en Otros, que vuelva nuevamente su Mirada al Otro.

 

De la relación estadística instrumental a la relación auténtica y recíproca.

 

En el horizonte pedagógico el encuentro con el otro se constituye en dinámica, en despliegue de diversas estrategias de aprendizaje para resolver problemas, más allá de sólo integrar formatos y registros estadísticos, de apenas cumplir con metas de aprendizaje o rúbricas que encasillan a maestros y estudiantes en una experiencia de datos. En esta relación estadística del quehacer pedagógico se va perdiendo el sujeto que interpela y pide a gritos hacerse responsable del otro en un tiempo de la “diacronía (donde) cohabitan el presente, pasado, futuro” (Levinas, 1993, p. 129).

En las relaciones instrumentales va desapareciendo el sujeto de diacronía, el sujeto histórico; lo que importa es la información acumulada, la memoria como depósito de información, el individuo de conocimientos sin sentido de vida, sin significados de mundo, que no encuentra sabor en su relación con la experiencia de sí y de otros, con el mundo. Los sujetos guardan en sí mismos un grito de liberación que es oprimido por las prácticas tecnificadas, instrumentalizadas, los miedos pedagógicos, que son llevados a la acción e interacción educativa a través de los poderes que confiere el uso a crítico de los distintos lenguajes. Al transitar en esta línea entre la práctica pedagógica instrumental, sus estructuras y moldes, se va configurando un sujeto que obedece, acata, y se queda sin rostro para formar parte de las estadísticas y cumplimientos académicos.

 

Habitar, transitar los diversos lenguajes.

 

Transitar por los diversos lenguajes en el quehacer pedagógico, configura y transforma el hábitat en los espacios pedagógicos; conlleva entrar en las moradas del ser maestro que se hace responsable del ser sujeto, aún que el estudiante lo interpela en el entretejido de experiencias. La huella que deja el maestro va más allá de los conocimientos acumulados, provoca un despertar de la existencia pedagógica en la experiencia del encuentro del otro, viajando en la línea del tiempo, en los hilos de la memoria, del tiempo indefinido del sujeto en su historia, historia de presente y futuro que se hace visible en el contacto con los otros.

El maestro sale al encuentro del otro que escribe, ve, configura historia y memoria a través del recuerdo, en las líneas narrativas de las acciones educativas, en las construcciones de currículos que escuchan la voz de los distintos sujetos; en este sentido pedagógico de enseñar y aprender, formarse juntos, se está siempre en búsqueda del rostro del otro, ahí presente. En el encuentro maestro-estudiante aparecen constantemente estas preguntas: ¿quién es el maestro y maestra hoy?;¿Qué rostro estoy mostrando?; ¿cuál es el rostro del maestro hoy?; ¿quién mira mi rostro?, ¿Dónde está el rostro del estudiante?, ¿Quién es el Otro sujeto pedagógico que desea ser visible?, ¿dónde está la huella del otro?, ¿quién soy en relación pedagógica con el otro?

El  rostro del maestro  va en  ese viaje hacia la “proximidad del otro “ (Levinas, 1998);  esto es  signo de la  conciencia del sujeto ético, responsable del otro, que se conmueve  ante el rostro del otro y ha  de construir una nueva morada del lenguaje pedagógico que no se agota  en el sistema educativo instrumental , sino que expande su fuerza relacional  y va más allá de las fronteras de la escuela, donde los muros pedagógicos se conviertan en oportunidades de escalar hacia el encuentro del rostro del otro, porque “…la palabra dice siempre aquello que el lenguaje, a veces, calla; aquello que el lenguaje mal aparenta y mal representa” (Skliar, 2007, p. 85).

Ello implica entrar en lo profundo del ser maestro y accionar cada acto lingüístico pedagógico que se da a lo largo de la experiencia, en la cual se entretejen diversos significados de la vida, situaciones, palabras que dan sentido al tiempo de habitar; igualmente, es válido  retomar en palabras las emociones y el sentir del otro para desencadenar toda una realidad llena de sentimientos, miedos, temores, conflictos, esperanzas, sueños, ilusiones, que se transpiran en la relación con los otros y consigo mismo, hasta decantar la experiencia emocional de los sujetos de esas pasiones tristes que degradan su presente y  su futuro, que derivan su potencialidad de ser.

Estas palabras que se dan en el acontecer narrativo de la experiencia del otro, hilando con las historias del otro las miradas, hacen del acto educativo el pretexto para narrarnos juntos, en las dinámicas educativas que dialogan en relación con la escucha. Ser maestro implica una acción colectiva de trasformación en nuestro quehacer pedagógico que dinamiza saberes en contextos diversos a través de la exploración pedagógica que conquista nuevas formas de llevar el conocimiento al otro a través de los distintos lenguajes y escuchas. 

Ser maestros es estar ahí, como un compromiso consigo y con el otro que abre puertas a una escuela interesante y alegre, llena de sorpresas inesperadas, abierta a la hospitalidad, al intercambio de experiencias, donde se valora a cada miembro de la comunidad educativa. Donde las preguntas, las reflexiones, las emociones y las relaciones de experiencias   logran que la escuela se haga consciente de su necesidad de mirar al otro, permitirle ser, en una cultura del encuentro y cuidado que es un compromiso de todos, que es una forma de vida. De esta manera el ser maestros se alimenta de una formación continua, en un gran reto de saberes por el encontrar el rostro del otro.

 

La renovación educativa: un navegar pedagógico.

 

En la renovación educativa necesaria a jardines infantiles, escuelas, colegios , universidades, instituciones de educación formal y no formal,  se ha de fortalecer el valor  del  encuentro con el otro; lo que significa caminar por los  senderos del conocimiento edificante y compartido, según Santos (2015), como una experiencia de vida donde se evidencia el reconocimiento del otro,  el amor, la tolerancia, la valentía, el compromiso, la amistad, que enriquece la experiencia en la vida personal y colectiva. El conocimiento edificante contrasta con el conocimiento técnico, instrumental, que estandariza, homogeniza desde parámetros de poder instituidos dominantes.

Al transitar por el Poema de Gabriel Celaya (1977), se navega por el barco de educar que pone en escena un sentir en palabras relativa a la experiencia pedagógica del encuentro con el otro, ese conocimiento edificante del que se habla aquí:  

 

Educar

 

 

Educar es lo mismo

que poner un motor a una barca,

hay que medir, pensar, equilibrar,

y poner todo en marcha.

 

Pero para eso,

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino,

un poco de pirata,

un poco de poeta,

y un kilo y medio de paciencia concentrada.

 

Pero es consolador soñar,

mientras uno trabaja,

que esa barca, ese niño

irá muy lejos por el agua.

 

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

 

Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestro propio barco,

en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.

 

 

Gabriel Celaya nos embarca en el encuentro con el Otro, que se hace siempre navegando juntos, un retorno a la mirada del Otro que navega con palabras, gestos y miradas, y en el infinito mar de la vida, soñar siempre que se está ahí con el Otro.

Cada espacio navegado ha de fortalecer el barco que se entreteje con miradas, rostros, huellas que da el encuentro con el Otro, educar va más allá de los horizontes de las encrucijadas que dan los currículos, es volver a ver estando juntos siempre.  

En este navegar pedagógico se vislumbra en el horizonte el ser maestro que va develando rostros , escuchando voces, con las que se construyen teorías, conceptos, prácticas pedagógicas edificantes, saberes, lenguajes múltiples,  y una reflexión plural  constante del saber estar atentos también a las diversas  miradas que se ponen en escena con  todas sus realidades y cosmovisiones de mundo , que configuran  encuentros y desencuentros que encienden el fuego de la libertad, que se manifiestan en el caminar por  la vida en medio de tantas miradas, rostros y voces  que dejan huella.

Es indispensable que la escuela se convierta en ese espacio de enseñar y aprender, educar entre distintos, desde el cruce de miradas, desde la polifonía, desde la proxemia de rostros, que son las huellas del otro, de lo otro, que siempre está ahí esperando ser en las dinámicas del saber.

El maestro de esta escuela abierta a nuevos horizontes de la realidad, a nuevas cosmovisiones, según Guarín (2015), incluso caos visiones, caos intuiciones al decir del profesor González (2021 y 2022), va delineando su rostro con nuevas formas de encuentro, para ser más creativos y dispuestos a dejar que la libertad se tome las ideas, los pensamientos y la rebeldía de crear. El maestro tendrá que desafiarse a sí mismo y lanzarse sin miedo a lo que es capaz de construir y hacer con sus propias realidades, con las de otros, con los conocimientos edificantes que abren nuevas formas de ver y sentir el otro que está ahí.

El viaje pedagógico, el navegar pedagógico, es facilitador del aprendizaje, genera interrogantes sobre sí mismo y la presencia del otro en las dinámicas educadoras; abre caminos que motivan el encuentro y despliegan todo un abanico de posibilidades que contribuyen a cerrar brechas de inequidad para hacer del encuentro pedagógico una oportunidad de vivir juntos. Esta relación de vivir juntos en el proceso de enseñanza – aprendizaje, en los procesos del educar, va más allá del uso de estrategias didácticas sin sentido, para convertirse en un proceso de construcción social del conocimiento colaborativo, edificante, afianzando los lazos de solidaridad, motivación grupal, donde el sujeto es activo, participativo y comprometido con el proceso de construcción del vivir juntos.

 

Vivir juntos en la morada del lenguaje.

 

Es así como el intercambio de conocimientos, opiniones, experiencias sin límites de fronteras y sumergidos desde la diversidad en cada experiencia compartida es posible  encontrarnos en las moradas del lenguaje, donde las lecturas de sí y de otros, encuentros y desencuentros con las voces de sí y de los otros,  van dando forma al sentir, reconocer, perdonar, emocionar, utopizar, confiar;  donde la razón y el corazón se encuentran para tumbar los muros que no dejan ver más allá del solipsismo, del individualismo, del egocentrismo.

En la morada del lenguaje nace el compartir con el otro, que lo dinamiza en su accionar actos de habla, en una sinfonía de lenguajes de negociación y apertura del otro que hace posible explorar rumbos desconocidos tanto en el lenguaje del maestro como en el lenguaje de los educandos. En la morada del lenguaje se llevan a cabo diversas estrategias que permiten avanzar en las dinámicas del saber disciplinar, y a través de un compilar la experiencia existencial y la experiencia teórica disciplinar e interdisciplinar se dan procesos de sistematización del que hacer y saber pedagógico que reconstruyen la vivencia en la escuela, que integra en la escritura una oportunidad de participar en los encuentros, las transformaciones que como educadores y educandos se realizan a diario

En esta gran aventura en las dinámicas del saber y del que hacer pedagógico es indispensable ser testigos del encuentro del otro, en un compromiso y pasión por la profesión docente, que es sin lugar a duda un reto especial en ambientes de aprendizaje, en contextos difíciles de los niños. Es ahí donde se encuentra el tejer juntos que tiene una mano amiga en la escuela donde el maestro en la morada del lenguaje, como   mediador de saberes, abre sus puertas para iniciar nuevas transformaciones que invitan al cambio y a la búsqueda del encuentro del otro. “Es urgente volver a pensar la escuela desde el principio, asignar de nuevo el valor al afecto, a la amistad, a la risa, la ciencia y las relaciones con los demás” (Cajiao, 2019, p. 2).

 

La realidad de los lenguajes.

 

Comprender la realidad de los lenguajes del sujeto  y su significado  desde su relación entre el yo, tu , nosotros, otros   vence las distancias sujeto-mundo, sujeto-sujeto, sujetos-otros , según Guarín Jurado (2014); lo que implica comprender la intersubjetividad   más allá de un relato histórico personal para dar vida a un razonamiento crítico y articulado entre-nos que  trascienda la  propia historia  de vida individual , que  sea el acontecimiento de encontrarnos  en un caminar por nuestra realidad a través del desafío que nos dan las letras y palabras que se construyen desde la historia analizada en perspectiva crítica de sí y de otros.

Hacer una lectura del mundo pedagógico en un encuentro siempre del “acto de enseñar exige la existencia de quien enseña y de quien aprende”, (Freire, 2004, p. 28), en un descubrimiento en conjunto que los hace estar de frente, rostro a rostro. En la vida pedagógica el maestro descubre que no ha escrito solo en su propia vida, en el libro de su propia vida, descubre que ha escrito también en el libro de vida de otros, en cada una de las motivaciones, preguntas, curiosidades y sobre todo en la imaginación y creatividad que despliega cada uno en sus creaciones.

Este camino nos lleva a volver a estar de frente, no como curiosos de un despertar pedagógico sino en el rostro a rostro de quien enseña y aprende, capaz de dejar las soledades pedagógicas que nos internan en islas, en el cada uno, haciendo su mundo pedagógico, sin intermediación critica del quehacer y saber colectivos. El maestro que rompe las cadenas de las soledades pedagógicas ha de salir de sí mismo, para lograr profundizar desde sus conocimientos y los que adquiere en las dinámicas del saber un transformar su realidad y tocar así las realidades del otro. Es lo que nos enseña Guarín Jurado (2015), a trascender las soledades y ser buscadores de compañía. 

Un maestro que navega sólo por sus propias incertidumbres, miedos y olvidos pedagógicos, ha de fortalecer su barca de conocimientos y aprendizajes en estar juntos, navegando por los mares de los innumerables protocolos, documentos, que abarcan la presencia de estar con el otro.  Ser maestro en las dinámicas del poder del lenguaje, de los distintos actos de habla colectivos, nos configuran, aún los mares de las incertidumbres pedagógicas, y se va gestando un maestro crítico y reflexivo que despliega su voz para crear su propia mirada que ve el rostro del otro.

La reflexión, el análisis, la creatividad, la colaboración, el compartir, el lenguajear cada una de las experiencias juntos acrecienta el papel que juega el maestro   en la transformación de las prácticas de su quehacer pedagógico. Existe un compromiso consigo mismo y con otros desde la mirada pedagógica para poder visibilizar al sujeto que se encuentra enredado en una red de metodologías técnicas, formatos, rubricas, plataformas que alejan al sujeto y lo convierten en una estadística que desborda su mirada y alcance por el otro.

Las Instituciones educativas han ido generando espacios de comunidades de aprendizajes que propician espacios de intercambio de experiencias para dejar las islas pedagógicas que nos separan entre los maestros y los estudiantes, que no permiten darle sentido al estar juntos. Generar conciencia pedagógica liberadora, desde la sensibilización, apropiación e identidad del sujeto que está ahí en la escuela, con todas sus realidades y potencialidades ha de producir un despertar pedagógico alimentado del presente histórico que hemos de transitar en las moradas intersubjetivas del lenguaje.

Esta semilla emancipadora pedagógica cubierta de espacios de participación, diálogo, convivencia y oportunidades de formación continua transforma el pensar del que hacer pedagógico para realizar ajustes necesarios para lograr los objetivos propuestos como maestros comprometidos con el encuentro y cuidado del otro. Desde esta mirada la escuela ha de ser un espacio de encuentros inesperados, abierta al intercambio de experiencias, del estar con el otro, donde se valore cada morada de lenguaje en sus múltiples intersubjetividades y expresiones lingüísticas y artísticas, creativas, de preguntas, reflexiones juntos.

En este trayecto pedagógico se despierta una búsqueda de la libertad, de ser maestro hoy deseando comprender las diversas formas de significado de la libertad de sí mismo y la de los demás, donde entran en juego las emociones, pensamientos, la infancia, la cultura, y una revolución interna de no dejar pasar todo sin una lucha, sin contradicciones, sin miedos. En esa orgullosa rebeldía pedagógica y de sentido de la justicia que llevan a reflexionar sobre sí mismo desde las miradas pedagógicas que nos permiten el encuentro con el otro.

Hay que sentir la libertad de la palabra, donde el maestro se siente oído y escuchado, donde las decisiones se toman en comunidad y también renace un diálogo con el otro, un encuentro de liberación, lucha, y grito. Todo ello exige una acción colectiva de reivindicación del espacio pedagógico de la escuela, que le de otra mirada a la interacción de maestros y estudiantes, que enriquezca la educación mutua y permita desde la diversidad dar coherencia de sentido al conocimiento, facilitar las vivencias de experiencias que se ponen de relieve en la propia morada del lenguaje.

 

 

Conclusiones

 

Ser-con-el-otro introduce en la relación pedagógica un horizonte del conocer y del saber, del ser, en sus manifestaciones didácticas, para alcanzar el fortalecimiento de la autonomía del sujeto en la interacción simbólica, en la intersubjetividad, en la proxemia del cara a cara, en su cotidianidad escolar. Esto conlleva explorar nuevos caminos pedagógicos en el accionar de la condición humana más solidaria y participativa, comprometida con el encuentro y cuidado mutuo. Una oportunidad de estar en el mundo del otro, con el otro, con la responsabilidad que da el ser maestros, que va más allá del ámbito laboral, y que se despliega en la reducción de brechas entre el maestro y estudiante, la escuela y la comunidad, el territorio. 

Es necesario reconocerse en el otro, en su huella, en el hábitat de sus realidades, en la morada de sus lenguajes; en la interacción, un maestro, un estudiante pueden vencer la distancia epistémica y cultural que hay entre las miradas que no se encuentran, que estando en el mismo lugar se sientes solas, cual soledades del otro que no dejan ver su presencia. El maestro es ahora un caminante que junto al estudiante hace posible que vayan aprendiendo juntos, iniciando una conversa siempre entre miradas y rostros que se despliegan en preguntas y repuestas.

La relación pedagógica es un estar tejiendo las fibras del ser mutuo, del ser en el otro, recuperando al que está al lado. En este horizonte de sentido, el sujeto que se narra relacionalmente en la epistemiobiografía pedagógica ha de preguntarse ¿qué es la educación?;. ¿Qué es el conocimiento cuando no sabes   dar una clase, establecer una relación con el estudiante?”.

Skliar (2009), hace un llamado a romper con las cadenas que oprimen al sujeto, que lo atan a un sistema que no lo representa desde su condición humana, sino que lo tensiona en un ser con el otro, sin ser consigo mismo, donde los diseños metodológicos ya están dados y un lenguaje prefabricado anula las posibilidades de ser consigo mismo y con el otro, falsifica, simula las relaciones auténticas.

Se propone un maestro que día a día hace de su quehacer pedagógico una narración continua de sujetos que se relacionan, comparten experiencias, se interpretan y se interpelan, dan sentido a la vida personal y colectiva, van en búsqueda de relatarse juntos para construir, para reconocer su humanidad en cada una de las moradas del lenguaje que se habitan. Un lenguaje abierto a la mirada que contiene el rostro del otro.

Instalarse en el lenguaje del rostro del otro ha de visibilizar su presencia; un lenguaje que da voz a sus interrogantes, que vence los miedos de los poderes y puede alzar su voz para expresar libremente sus pensamientos.  Este caminar por entre lenguajes, miradas, va más allá de un encuentro que aparece y desaparece en las planillas de notas o registros evaluativos, es un contarnos siempre, aunque las hojas desaparezcan, aunque la tinta se desvanezca en los cajones de registros del maestro.  Este encuentro no contiene hojas, registros y marcas, sólo está la presencia del otro que se ha quedado en la ´presencia de los demás, como un rostro que mira siempre, que se siente parte del otro y continua ahí en cada mirada, en cada voz y en cada encuentro, en un abrazarse desde las miradas, desde las huellas que quedan del sí mismo-otro.

En este narrarse juntos en la epistemiobiografía se hace posible un palpitar por la vida del otro, que llama a un encuentro siempre; un maestro debe levantar la mirada para ver el que está frente, sentirlo en toda su humanidad. Es indispensable acercarse a la condición humana del sujeto que está ahí en la escuela y no lo vemos por estar en medio de un conflicto de poderes del lenguaje que gobiernan nuestras miradas; esta ha de ser la huella que el maestro deja en su trasegar pedagógico, mirarse cara a cara en el otro en un encuentro pedagógico construido juntos para salvar las distancias que separan, un despertar en medio de las soledades pedagógicas ante la presencia del otro.

 

Referencias

 

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Recibido: 12 de julio del 2023.

Aceptado: 28 de octubre del 2023.



[1] Julia Emma López Muñoz. Maestría en educación desde la Diversidad. Docente: Institución Educativa Técnico Industrial de Popayán. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3970-2312; correo electrónico: juliae241@gmail.com

[2] German Guarín Jurado. Doctor en conocimiento y cultura en América Latina, IPECAL-México; magíster en educación- Universidad Javeriana y Licenciado en filosofía y letras de la Universidad de Caldas. Docente investigador de la Universidad de Manizales- Ceccal. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4542-2552; Correo electrónico: ceccal@umanizales.edu.co