Soliloquio de un espectador furtivo y privilegiado Historia de vida del autor1


oscar alberto villeGas arenas2 consideración3


Resumen


¿La universidad un escenario cultural ante la realidad?, es la idea primaria que surge como una propuesta crítica, sobre la didáctica-educación-sujeto, al cómo se están formando unos profesionales “light”; problema que tiene sus raíces desde que el individuo se inscribe en la educación formal, en este caso desde la perspectiva del médico, anhelando si se quiere como sueño o utopía que este posea excelentes bases científicas con apoyo en la tecnología y, que además sea crítico y estético. Que reciba una preparación no para lo ideal, sino para una realidad que es cambiante, muy influenciada hoy en día por el mercantilismo, que la afecta inevitable y profundamente.

Parte de un proyecto planeado y ejecutado en el diálogo con autores que permitieron construir varias épocas de sentido de las categorías universidad y realidad, con una mirada diacrónica de la pregunta. Con énfasis similar se trabaja una plática con actores de alta calidad que aportan sus vivencias y experiencias por medio de entrevistas y escritos semiestructurados; pero es la autobiografía formativa del escritor la que principalmente cobra vida para mezclar algo de los autores y mucho de los actores en una narrativa fluida que es asumida por un objeto, en un soliloquio que los personifica y diserta sobre el problema, dándole al lector insumos para la reflexión y para el cuestionamiento al respecto. Las historias de vida, son una forma de autobiografía, que tomó auge como técnica investigativa con la “Primera Escuela de Chicago” a fines del siglo XIX (promovida por John Dewey y William James) y retomó su importancia en los últimos 40 años; desarrollada en Europa por William Thomas y Florián Znaniecki con la historia de vida “Campesino polaco” por medio de lo que llamaron “observación participan- te” en 1918 y después, por Oscar Lewis quien escribió “Antropología de la pobreza” y “Los hijos de Sánchez” empleando esta técnica de investigación en México en 1959 y 1961. Y por muchos más; en este proyecto por Oscar Alberto Villegas Arenas en Manizales año 2010.

En esta producción se resalta y se emplea el pensamiento crítico que es base fundamental de la Maestría en Educación Docencia de la Universidad de Manizales y durante el desarrollo de la misma, se fue dando el aval y el soporte epistemológico del proceso investigativo y de este artículo.


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  1. Recibido: 19 de enero del 2011. Aprobado 15 de abril del 2011.

  2. Oscar Alberto Villegas Arenas. Médico y Cirujano, Universidad de Caldas, Especialista en Administración de Servicios de Salud, Universidad de Antioquia, Magister en Educación Docencia, Universidad de Ma- nizales.

3 Producto final de una investigación de maestría, dirigido por el Doctor Dairo Sánchez Buitrago.


Palabras clave: Realidad, universidad, medicina, educación formal, escri- torio, autobiografía, pensamiento crítico.


Furtive and fortunate eyewitness soliloquy Historia de vida del autor


Abstract


¿Is the university a cultural scenario to reality?, is the primary idea that emerges as a critical proposal, on the teaching-education-subject, to how there are forming “light” professionals, problem has its roots since the individual is part of formal education, in this case from physician perspective, longing if you like as a dream or utopia that this holds ex- cellent scientific bases, with technology support and, also be critical and aesthetic. That receives preparation not for the ideal, but to a changing reality, today so heavily influenced by commercialism, that is inevitable and deeply affecting.

Part of a project planned and implemented in dialogue with authors who made possible the building several times sense of the college categories and the reality, with a diachronic look of the question. With similar emphasis on working a talk with high quality players who bring their experiences and expertise through semi-structured interviews and written; but is the formative autobiography of the writer which mainly comes to life to mix some of the authors and many of the players in a fluid narrative that is assumed by an object, in a soliloquy that embodies and expounds on the problem, giving the reader inputs for reflection and for questioning in this regard. Life stories, are a form of autobiography, which became widely as technical research with the “First Chicago School” in the late XIX century (promoted by John Dewey and William James) and resumed its importance in the last 40 years; developed in Europe by William Thomas and Florián Znaniecki with life history “Polish Peasant” by what they called “participant observation” in 1918 and later, by Oscar Lewis who wrote “Anthropology of poverty” and “The Children of Sanchez” using this technique for research in Mexico in 1959 and 1961. And many more; in this project by Oscar Alberto Villegas Arenas in Manizales 2010.

In this production is highlighted and used critical thinking that is fundamental basis of the Education Teaching Master at the Universidad de Manizales and in the course of it, it was giving the endorsement and epistemology support of the research process and of this article.

Key words: Reality, college, medicine, formal education, desktop, autobio- graphy, critical thinking.


  1. Introducción


    Este trabajo es una producción narra- tiva actante y autobiográfica, con la pre- tensión crítica y como objetivo: Entender si la formación académica, incluida la supe- rior, está acorde con la realidad científica, legal, laboral y económica que vivirán los egresados, en la sociedad colombiana u obedece ante todo a intereses mercan- tilistas. Se complementa con: Identificar si realmente esa formación, desempeña un papel de construcción de personas y del cambio social que tanto se pregona.

    Para ello se mezclan unos validados argumentos de autores reconocidos, plas- mados en el marco teórico. Componente fundamental ocupó el abordaje etnográfico de diálogos con actores vivientes de dife- rentes períodos que componen el marco narrativoc.

    Con igual o, más ponderación, se ex- tractaron valiosas vivencias académicas durante el desarrollo de la Maestría en educación docencia y se cotejaron con los diálogos actorales y, con la autobio- grafía humana, formativa y laboral, para finalmente pretender que se acerque a un ejercicio de autoetnografía con resultados susceptibles de ser trasmitidos a aquel lector que me brinde la oportunidad de acompañarme hasta el final del texto y pueda desprender de él un comentario, una reflexión, una crítica, una satisfacción.

    Los marcos metodológico y epistémico fueron legitimados científicamente en diferentes momentos, concluyendo con el “Simposio internacional de investigación en educación: Paisajes educativos. El devenir es una construcción, no un des- tino manifiesto”, celebrado con éxito en Manizales el 29 y 30 de octubre de 2010, magno evento en el cual se presentó la ponencia “Soliloquio de un espectador furtivo y privilegiado”.

    Se trata de un implícito abordaje, donde los actores y los autores juegan un papel fundamental para acercarnos a la realidad social con todas sus dinámicas variacio-


    nes en relación con la universidad y el rol que esta ha y viene desempeñando. Refleja la situación actual de la educación en todos los niveles incluida la superior. Parece ser que entre lo que se oferta en la escuela-colegio-universidad y lo que se da a los egresados, existen grandes diferencias, en una especie de artificio.

    Se confronta lo tradicional y primario; lo sencillo y efectivo con la modernidad y la innovación. Esa necesidad de cambio, ha descalificado inmerecidamente el pasado. No siempre el canje va acompañado de ben- eficios, particularmente en la enseñanza- aprendizaje y ejercicio de la medicina, donde son notorias las funestas consecuencias del cambio de las políticas sociales, tanto que la han afectado desde la academia. La cita con autores mezclada con esa bibliografía viva y presente de personas meritorias, permiten incrementar en claridad sobre situaciones conflictivas y contradictorias de la educación del ayer y de hoy.

    Como una manera indirecta de ver el problema y, con narrativa actante, se emplea el monólogo de un ser inanimado, que ha estado en contacto con todos aquellos que alguna vez asistimos a los claustros para recibir educación formal. Es un personaje cuyo nombre lleva implícita su identificación, con un toque enigmático, aunque sin ser esa la pretensión, se crea un cierto interés por identificarlo. Él nos presenta en el coloquio consigo mismo, los detalles de cómo ha evolucionado la educación en general en las últimas seis décadas; apoyado en la au- tobiografía, por el contacto presencial y real del investigador y de los actores consultados con su entorno formativo.


  2. Este es el soliloquio


    Scrivanio Madera, ese es mi nombre y a lo largo de muchos años sigo campante. “Los cambios extremos” a los que he sido sometido son, a decir verdad, radicales; sin embargo persisto siendo el mismo, quizás con menos defectos. Hoy soy muy versátil y liviano.


    Puedo dar testimonios invaluables: Estuve allí cuando el profesor Ramos, en medio de un guayabo “findesemanesco”, en la clase de geografía una mañana sa- batina de 1966, discernía sobre los puntos cardinales a la vez que empleaba un plano de Colombia colgado en el tablero giratorio y fantasmagórico ya que mezclaba de una manera surrealista y espontáneamente artística, el negro original de la pintura con esa huella multicolor residual de la tiza, dejando plasmada una turbidez cambiante a veces más compleja que el tema que abordaba nuestro maestro. Con voz es- candida pregonaba, “Óigase bien porque solo dicto una sola vez y es mejor que copien al pié de la letra”.

    Y continuaba con su ciencia y su ver- dad, “el Océano Atlántico queda al norte de Colombia porque está arriba y los lla- nos orientales se llaman así porque están a la derecha del mapa”. Esta circunstan- cia obedecía a la descontextualización de enseñar la geografía bidimensional sobre un mapa colgado en la pared. La realidad es otra; pero se precisa de dar el correcto “giro lingüístico”d adecuado para finalmente conocer la verdad en este caso.

    Pero, eran verdades irrefutables, lógi- cas, sin manera de cambiarlas.


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    Imagen 1. Así era Colombia según el profe- sor Ramos: “parada y empinadita sobre el Amazonas”.

    Para esa época yo era demasiado vo- luminoso, moverme era una tarea difícil, tanto o más que la que a esos educandos de la época les demandaba comprender algo de lo que sabiamente enseñaban en las clases el profesor Ramos, don Hugo, doña Sonia y el inolvidable profesor Jesús María de educación moral y religiosa y, todos ellos a quienes conocí al dedillo, puesto que yo les hacía inevitable com- pañía. Estaba en todas partes: compartía simultáneamente con don Hugo en quinto, con don Horacio en tercero y con Carlos Arboleda, con Jaime Calvo, Gonzalo Piña, los primeros directores de grupo y los otros estudiantes.

    Piña, este sí que era aventajado. Vein- ticinco años después en un encuentro ca- sual, recordé que cuando tenía dieciocho, se graduó con honores de bachiller en el colegio Instituto Universitario y estudió después administración de empresas. Desde un principio supe que ese mucha- cho iba para algo grande y como el mundo es pequeño, volví a saber de Chalo Piña, cuando se me presentó la oportunidad de compartir con uno de sus hijos durante pocos años en relación con los que tuve con su padre, puesto que se retiró de la escuela al perder el interés ya que para lo que él quería hacer ahora no demandaba saber que la capital de Francia es París, ni que el presidente de Colombia cuando los gringos nos quitaron a Panamá era José Manuel Marroquín Ricaurte, ni nada de esas cosas. Su padre aceptó esa realidad anhelando que, así como su compañero en los primeros años de colegio apodado “mondongo” un chico bastante picaresco, que sólo asistía a clases por fachada y a pesar de ello sus dones silvestres e innatos le ayudaban a distinguirse por encima de los más dedicados. Rápidam- ente el grupo y el aula, hasta el colegio entero le quedaron chicos y se retiró; se dedicó de lleno al mundo. Negociaba de todo y siempre obtenía algo. Sabía más que cualquiera de sus contemporáneos de política, de deportes, de mujeres y de sexo, de matemáticas veloces y exactas,


    algo de geografía, poco de religión; lo que no sabía era porque no lo necesitaba. Todo lo escuchaba y aprendía en la calle. Después de segundo de bachillerato que cursó pero que no aprobó, jamás volvió a matricularse y perdí contacto directo con él.

    Eventualmente mientras “mis amigos fieles” se desplazaban camino al colegio, se cruzaban con él cuando primero en su bicicleta, después en su moto y final- mente en carros de diferentes modelos se detenía unos minutos para animarlos a seguir y no desfallecer en sus estudios. Desapareció un tiempo indeterminado y, cuando regresó ahora si “muy maduro”, elegante, portentoso, serio, adinerado, voluptuoso, sano, envidiado, rico, bilingüe y muy bien ataviado.

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    Imagen 2. Scrivanio Madera y “un amigo fiel”.


    El país también se rindió ante sus ím- petus y migró al desarrollo. Allí conquistó una cultura cuya manera rígida de pensar y de vivir, le facilitó escalar con más ver- tiginosidad que como lo hizo en su tierra. Varias empresas del ramo automotriz son ahora parte de su patrimonio. Bueno, algo similar pasó raudamente por la mente de Gonzalo y deseó que sucediera con su hijo desertor académico. La escuela fundacio- nal y formacional que emplea una peda-

    gogía tradicional no pudo homogenizar a “mondongo” cómo sí lo hizo con muchos otros. No le permitió al sistema encasillarlo hacia lo que estaba definido como normal para el resto. Parece que al menos en esta oportunidad fracasó la sociedad, fracasó la escuela y “triunfó” el individuo y la dife- rencia, tanto que le cabe perfectamente la sentencia de Terezinha N. Carraher: “En la vida diez, en la escuela, cero”.


  3. Continúo con mi presentación:


Soy omnipresente y polifuncional; envejezco como lo hace generación tras generación mis acogidos, a pesar de que año tras año me someto a “reconstrucción facial”, es decir a recuperar un mejor as- pecto. De alguna manera soy el pionero de la cirugía estética, de la cirugía plástica y de la cirugía reconstructiva que curiosamente para mí, no era ejercido por los flamantes galenos especializados de hoy sino por humildes émulos de José el padre del nazareno. Como estoy empleando lenguaje figurado, entonces también soy precursor de los trasplantes, de los implantes y de las prótesis porque para seguir en pié utiliza- ban partes de uno y otro que estaban más deteriorados, para mejorarme.

Hasta ahora reconozco cuán impor- tante he sido, el tiempo y la historia, han reconocido en mí muchos más atributos; discretamente sigo mi silenciosa labor. Conmigo cuentan todos; muchos me igno- ran, otros me maltratan, otros me respetan y sigo incondicional.

Actualmente soy más chico, estoy y vivo a la moda. Puedo compartir con un estudi- ante y hasta con cuatro simultáneamente de lo que me ufano. Creo que fui injusto cuando sesgaba y discriminaba a muchas personas, considero que en promedio al 10%e de quienes me necesitaban, les faltaba, por lo que no me sentía del todo complacido. He evolucionado y corregido y estoy dispuesto ahora sí para todos, sin excepción.



Ciencias nuevas y términos que desconocía, también los he ido incor- porando y de manera anónima sigo mi destino de asistencia. Los discapacitados, los enanos, los gigantes, todos son ahora aliados míos; las distrofias, las radicu- lopatías, los espasmos y, las contracturas son mis peores enemigos; la salud ocu- pacional, le ergometría y la fisiología son mis consejeros.

El tiempo de empleo no me molesta, al contrario entre más se haga uso de mí, más satisfacciones obtengo, por lo mismo no entiendo por qué de manera unilateral cada día estoy más horas solo, cada se- mana tengo más días de ocio, cada mes es más corto y en cada semestre y año la soledad me acompaña más y más. No me opongo a la virtualidad ni a la modern- ización, ¿saben por qué? Porque aun en la individualidad del trabajo en casa, en la oficina, en las bibliotecas, en las aulas convencionales, estoy.

Fui producto del Lancasterismo y después de la acción de los Jesuitas y de la escolástica, evolucioné con el conductismo, con el modernismo, con el positivismo científico; unos y otros son mis amigos y han decidido a su gusto e intere- ses, los cambios en el aspecto externo y en mis servicios.

Como se concluye, este ser, es un clave personaje inanimado; pero favo- recido, toda vez que ha existido y sobre todo ha estado presente en todos los centros educativos de múltiples lugares y épocas. Este actor toma vida y pro- tagonismo no sólo por contribuciones del autor-actor si no de otros actores que hicieron sus valiosos aportes. Es el momento de reconocerle su valor en el proceso educativo de miles y miles de sujetos, entre ellos, yo.

Permitiendo un arrimo de reserva lo he bautizado Scrivanio Madera, que se rescata de la traducción de la pal- abra escritorio al idioma italiano y del material con el que se fabrican estos enseres.

4. “La banca


Alegoría apológica de un amigo furtivo. Se amaba la “banca” -así se conocía a este mueble-, pues con ella se compartía todo el tiempo, era el dominio de cada uno de los estudiantes, era el tesoro en el aula.

Del modelo más antiguo del cual tengo referencia, rescato que el “sentadero” iba adherido a la mesa donde se colocaban los cuadernos y donde se apoyaba para escribir los dictados de los profesores. Al- gunos escribían sobre la tabla labrándole majaderías tipo grafitis que después eran castigadas por el profesor, casi todas esas bancas eran manchadas, sucias y con surcos hechos con el compás, con la regla, la punta del lápiz u otros objetos; a propósito la madera era tan fina que resistía el uso y el abuso y; el deterioro se solucionaba después. Al final de cada año lectivo y parcialmente en mitad de año, hacíamos unas brigadas de rescate en las que participábamos todos los estudi- antes; esta consistía en lavado, raspado con esponja de alambre para quitar las manchas y, ajuste en la medida de lo po- sible, para lo que disponíamos de martillo y puntillas y las bancas quedaban como nuevas para soportar otro año de rutina y exigencias.

En la banca nos ubicábamos incómo- damente cuatro personas. Era privada compartida, por lo que no se experimen- taba la independencia que ofrecían otros modelos. Entre la tarima de madera supe- rior y la tabla inferior quedaba un espacio de unos cuarenta y cinco centímetros de ancho, treinta y cinco centímetros de profundo y quince centímetros de alto y una gran abertura de acceso donde se colocaban todos los útiles escolares sin ninguna seguridad.

Con similares fines de servicio, después se me otorgó un pupitre tam- bién de madera y con tapa elevadiza con un sistema de bisagras en la parte delantera y la opción de colocar un can- dado como seguridad para que esta vez


sea más propio, puesto que ya era para solo dos personas que compartían esa timidez casi patológica que acompañaba a la mayoría de los estudiantes; el tener un amigo allí al lado, muy cerca daba tranquilidad y con quien conversar e in- disciplinar. No olvido que la tapa que se elevaba también la utilicé como escudo para ocultar mi ignorancia, mi vergüenza, mis alegrías desbordadas o la tristeza y el llanto, comer sin permiso, charlar sin ser visto y otras utilidades progresivamente descubiertas. Sobre la tapa, se apoyaba el cuaderno para escribir “el dictado” y en la contratapa no faltaba el horario de clases, la calcomanía del Ernesto “el che” Guevara y, una que otra foto de calen- dario o del equipo favorito. El esqueleto de este nuevo modelo de escritorio y otros elementos eran metálicos.

Para los dos últimos grados de primaria se nos asignaban escritorios de madera, amplios, individuales, con una gran mesón superior plano y a nivel, de unos sesenta por ochenta centímetros; por debajo de esta superficie y en la mitad izquierda el espacio para colocar la silla y en la otra mitad una alacena con dos ó tres niveles separados por entrepaños, con puerta y posibilidades de cerrar con candado.

Allí se guardaban muchas cosas y ya no era necesario transportar en cada jornada, la totalidad de elementos y ma- teriales requeridos para estudiar, para jugar y para vestir. Esa sí que era una gran conquista que daba comodidad y equilibrio. Era una verdadera bodega personal, propia, llena de secretos y de tesoros. Lo era todo para un estudiante desde los diez hasta los diecisiete años puesto que para el bachillerato persistió la buena costumbre del escritorio individual.

Me tomé el tiempo para traducir el voca- blo escritorio en diferentes idiomas. Desk en inglés. Desktop en noruego, polaco, rumano, alemán, checo, croata y, danés. Escriptori en catalán, boureau en francés y Scrivanio en italiano. Por esto nuestro narrador se llama Scrivanio Madera.


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Imagen 3: “Niños en su pupitre”


  1. Prosigo con el soliloquio


    “Testut versus Gardner” es buen subtí- tulo para este fragmento de la narración que nos comparte Scrivanio Madera:

    Fui testigo de la enseñanza de la anatomía humana, en la Universidad de Caldas en Manizales y en otras facul- tades, para los estudiantes de medicina y futuros médicos de los años cincuentas y sesentas y, con menor intensidad para los setentas y ochentas. Era una ense- ñanza basada en las maravillosas obras descriptivas, de apasionante recorrido por los más recónditos y los más cono- cidos lugares de la economía humana, que eran acompañantes de lectores emocionados y motivados. Obras de au- tores franceses como lo fueron Testut y su discípulo Latarjet, así como Rouviéref, garantes de una excelente preparación para esos galenos.

    Aún conservo contacto con person- ajes como el doctor Hernando Albornoz, uno de esos médicos de antaño, que se prepararon para aprender y para que ese conocimiento topográfico, compara- tivo, de relación y descriptivo perdurara para siempre si se quiere; eran días del médico cirujano, del médico clínico, del


    médico pensador, del médico osado, del médico con iniciativa, del médico libre e independiente para actuar y compartir su ciencia, donde el único límite era su propia incapacidad.

    Agrega el doctor Albornoz, que eran épocas soñadas y funcionales, porque se aprendía actuando “en vivo” sobre un “muerto” real, haciendo que se prolongara en la tierra, “la otra vida” en beneficio de la ciencia y de la medicina para el intangible bien de otros.

    La inevitable evolución, trajo consigo que ya no debo guardar libros pesados y extensos volúmenes de anatomía, fisiología, química y de otros temas. No, ya debo desti- nar mínimos espacios para alojar pequeños manuales de bolsillo en el mejor de los casos, ya que a veces solo lo hago con apuntes y resúmenes; queda fácil reconocer que esos esfuerzos reducidos representan una relación proporcional en la capacidad de resolución de estos nuevos y modernos acompañantes de mis horas.


  2. Veamos un ejemplo de las consecuencias


    Estaba de guardia en su primer tra- bajo, sólo cinco días después de haber concluido sus estudios; ya tiene la opor- tunidad de hacer sus primeros pinos como médico asistencial. Se enfrenta a su tercer paciente, una mujer de medi- ana edad que difícilmente puede apoyar su descalzo pié izquierdo, porta en la mano una chancla por la expectativa que tiene de que aquel nobel médico le solucione rápidamente su problema. Se trata de una uña encarnada a raíz del inadecuado cuidado estético; de inmediato reconoce que la paciente demanda, además de medicarla con analgésicos, antibióticos, de reposo con el pié elevado y medidas locales como calor y curaciones, la extracción de la molesta uña. No tenía confianza para la realización de la onicectomía que re-

    quería su paciente. Está lleno de dudas y desconoce cómo hacerlo.

    Repasa en su mente tratando de su- perar la situación y ocultar su ignorancia, pues desconoce cómo se debe infiltrar la anestesia, en qué sitio exacto, a qué profundidad y cuál es la dosis; qué tipo de aguja, de jeringa y el instrumental que debe emplear; la técnica para realizarla y después cómo hacer la hemostasia y curación y los controles. En medio de su veloz análisis y del insumo informativo que precisa, descubre que su agenda electrónica y su computador no están disponibles; no recuerda cómo están distribuidos el sistema circulatorio y el paquete nervioso. Se lamenta de no haber tenido más compromiso cuando la academia le brindó esta y otras opor- tunidades de desempeño, así haya sido a cuenta gotas.

    El colega compañero de turno no sólo lo supera en unos veinte años de edad sino también en las muchas horas de vigilia diurnas y nocturnas, de fines de semana y días ordinarios en contacto con uno y otro paciente, por lo que esta situación ya la había vivido y se dispuso a realizar la intervención que le sirvió a la paciente para aliviar su dolor y al joven facultativo para “colocar la primera pie- dra” para ser consciente de la necesidad de ser un profesional más científico, técnico y crítico, reconociendo que hasta ahora no lo es, porque ha dependido de manera muy rígida y exagerada de lo que dicen los demás, para dedicarse a aprender de él mismo y ante todo de sus pacientes.

    A manera de moraleja se puede decir: No se sabe si de manera arbitraria o por imposición o por esnobismo o por igno- rancia o por todas las anteriores premi- sas y, otras más, se viene desechando, estigmatizando y ridiculizando esos “tradicionales saberes” sin garantizar de antemano que los nuevos métodos son efectivos.



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    Imagen 4. Uña encarnada (Onicocriptosis)- Onicectomía.


  3. Autobiografía formativa de Oscar Alberto Villegas Arenas


    1. Los primeros años de vida

      Nací en una familia de cuna pobre con algunas comodidades. Somos ocho her- manos: cuatro mujeres y cuatro hombres, ocupo el cuarto lugar. Los tres hermanos mayores se me adelantan en dos, tres y cinco años y yo hago lo mismo con los menores en dos, cuatro, siete y once años. Mi padre –Guillermo- fue mecánico automotriz. Mi madre –Dolly- era ama de casa, esa difícil y compleja profesión que siempre se ha ejercido ad honorem y gracias a ellos dos, todos los hijos surcamos caminos de bien y estudiamos hasta el nivel superior: Tres licenciadas en educación, una enfermera superior, un economista-profesor, un sacerdote, un ingeniero agrónomo y un médico son los beneficios a su dedicación.

      Cuatro días después de mí llegada a este mundo el 15 de septiembre de 1956, mi progenitora cumpliría veintiún años. El nacimiento sucedió un sábado a las 5 de la mañana en medio de una tenue ilumi- nación de velas y lámparas. Dicen que nací en brazos de una comadrona y que a diferencia de los niños de la época que “llegaban con el pan debajo del brazo”, yo

      lo hice con “una casa en el corazón” ya que coincidió mi natalicio con la compra de un inmueble en el barrio Fátima de Manizales (Caldas-Colombia).

      El parto ocurrió incidentalmente en un pueblo del magdalena alto, cómo se dijo casi fortuito puesto que los planes eran regresar a Manizales ese día o al siguiente para que mi abuela –Ana- acompañara a mi madre en ese trance especial. Me tra- jeron una vez mi madre cumplió la dieta y de inmediato fui bautizado en la catedral de Manizales, ciudad donde vivimos sin ninguna contingencia hasta que cumplí los tres años, días en que por asuntos de oficio de mi padre, toda la familia se trasladó a Neira, no sin antes haber lle- gado un vástago más. Mi papá expresaba “me saqué el 5 y 6”g, así lo promocionaba ante sus allegados cuando completaron su quinto y sexto hijos.

      De regreso a Manizales a ocupar la vivienda que habíamos adquirido un lustro atrás, ya jamás nos trasladamos y esa fue la casa de padres que tradicionalmente siguió congregando a la familia cuando uno a uno de sus hijos iban formando la suya y al contrario a la aparente idea de restar un componente, se le iba sumando uno y otro y otro miembro en la medida en que llegaban los nietos. Y el hogar de mis padres cumplió este rol hasta que les sobrevino la muerte.

      A los ocho años, llega el tiempo de ingresar a la escuela. Es a partir de este momento que esta autobiografía busca una intencionalidad formativa que rela- ciona la educación desde varios frentes tanto del estructurado como de los no estructurados.

      Cómo se puede vislumbrar, se trata de la vida de alguien del común que como sujeto que es, es único pero afectado en su vida por miles de contingencias que deseo compartir. Este sujeto tradicional, más aquel y aquel, cimientan una histori- cidad que construyen sociedad. Para mí ha sido muy beneficiosa, ansío que para otros –los lectores- también lo sea.


    2. Educación formal

      La formación de primaria y secundaria la viví en unas instituciones públicas de Manizales, la normal nacional para varones y la escuela anexa a ella, muy reconocidas en su momento, tenían la ventaja de quedar cerca de mi barrio. Rescato en especial al profesor de cuar- to y quinto de elemental. De don Hugo aprendí mucho.

      Sé asignaba un texto escolar para la materia y debíamos aprenderlo “al pié de la letra”h, la memoria era indispensable. Eran los días del método mutuo o de Lan- caster o método inglés: férrea disciplina y premio y castigo. Este sostenía que los alumnos van a la escuela a adiestrarse y a aprender, a repetir lo que la jerarquía –que era el profesor- enseñaba. No se hablaba sin permiso, que se obtiene levantando el brazo y el profesor señalaba quien “tenía la palabra” y solo así estaba autorizado para contestar.


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      Imagen 5. Brazos levantados, no por rebelión; si no para ser autorizados a responder.


      La diferencia de la educación formal im- partida del siglo XX y la que se promociona en los inicios del siglo XXI, no radica en si se debe aprender la información y tenerla guardada en el cerebro sino en las falen- cias de la disciplina, buenas prácticas de conducta y de respeto. Ni tanto como “La letra con sangre entra” frase atribuida por unos, a Apeles y por segundas personas a Domingo Faustino Sarmientoi, ni tan poco como las permisividades de hoy.

      Nos enseñaban matemáticas. Apren- dimos a sumar, restar, dividir, multiplicar, elevar al cuadrado y a la tercera potencia y a sacar raíz cuadrada y utilizar la regla de tres simple y después otras ecuaciones y a trabajar con los números enteros y con los decimales y con los fraccionarios y con las proporciones; sin más herramientas que un lápiz, un papel y el saber. La depen- dencia de las calculadoras y otras ayudas electrónicas en los estudiantes de hoy es tan notoria que sin ellas, no son capaces de dar respuestas seguras y exactas ante problemas mínimos.

      Me gradué como maestro el 29 de noviembre de 1974 y como bachiller aca- démico en el Colegio Mayor de Nuestra Señora académico en 1975, porque ya había decidido hacerme médico.

      Estudié medicina en la Universidad de Caldas y me titulé el 24 de junio de 1983. De las ciencias básicas, destaco varios profesores como los doctores Mu- ñoz, Serna, Díaz Benítez y Samper en el campo de la morfología y de la histología, así como al doctor Aldana por su facilidad para hacernos comprender temas de la fundamental fisiología en el saber y pro- ceder médico.

      Para las ciencias clínicas, el profesor, por lo general un médico experto y ex- perimentado, exponía todo tipo de ideas que eran axiomáticas y “palabra de Dios”, no existía manera de refutarlo, no había bibliografía y no había ayuda tecnológica; existía eso sí mucha facilidad de “apre- nder” con material en vivo y “haciendo”. De la formación universitaria de pregrado


      como médico general siempre me sentí orgulloso. Al médico se le consideraba y se le veía como algo muy especial.

      En veintisiete años he desempeñado diferentes cargos casi siempre en el campo asistencial aunque también lo he realizado en el área administrativa y en los últimos 10 años en la docencia universitaria.

      Durante once años me ocupé en Pen- silvania (Caldas), grata experiencia y perfeccionamiento de mis potencialidades. Cuando estaba en el clímax de buen de- sempeño y beneficios económicos, tuve la suficiente autocrítica de reconocer que me invadía la peligrosa desactualización. Esto me obligó a hacer un análisis a con- sciencia para cortar y arrancar de nuevo. Y siendo el “rey de la plaza”, tomé una decisión radical; cambiar la estabilidad y ese dogma hacía mí, para buscar nuevos e inciertos horizontes en otro lugar. Opté por una alternativa diferente con el retorno a la ciudad.

      Hasta ese momento aún estaba con- vencido que era producto terminado, que el sólo hecho de ser médico era más que suficiente; pero la competencia y el ejemplo de otros fueron el faro de guía y de seguridad para zarpar de nuevo a tratar de ser más competentes y reconocidos, de aspirar a las nuevas iniciativas que el devenir de la permanente construcción social de presente demostró que constru- ye y abre puertas y espacios que si bien no estaban libres, era posible transitarlos (Mejía Valencia, 2009); pero que además giran en la urgente necesidad de concre- ción del sujeto-potencia-existencia que Hugo Zemelman Merinok, expresa.

      Adelanté estudios de especialización en Administración de Servicios en Salud en la Universidad de Antioquia, una institución pública muy prestigiosa. Pero lo que más me impactó y que terminó por realizar cambios trascendentales en mi vida fue el hecho de utilizar el pensamiento, los argumentos y la palabra como las grandes armas para enfrentarse al mundo, que se

      vio renovada y fortalecida en recientes aventuras académicas con posturas críti- cas de ese mundo susceptible de cambiar y mejorar.

      Por eso afirmo también que aprendí como pude, pero creo que aprendí lo básico, lo fundamental y olvidé casi todo; pero volví a aprender y a decantar en un constante proceso de un verdadero cír- culo virtuoso. Las habilidades y destrezas particulares de mi oficio se aprenden por iteración, casi que por rutina y así no se olvidan, se perfeccionan y se realizan más fácilmente si se hacen una y otra vez y por el contrario si se dejan de ejecutar por una época, se debe volver a aprender ahora con los obvios cambios que la dinámica de la vida trae.

      En 1983, me desempeñé como médico ejerciendo el año rural obligatorio en el corregimiento de San Diego, municipio de Samaná-Caldas. Zona cálida, húmeda y selvática. El sitio ideal para la presencia endémica de enfermedades tropicales. De un momento para otro me volví experto en algunas de esas patologías que epidemio- lógicamente eran “pan de todos los días”.

      La Leishmaniosis, es una enfermedad zoonótica trasmitida por los mosquitos conocidos como pitos, se caracteriza por causar úlceras en la piel, se diagnostica- ban unos diez casos mensuales en ese lugar. Esto obligó a estudiar y a aprender de esta patología con todas sus alterna- tivas, es decir, etiología, mecanismo de trasmisión, manifestaciones y en fin todo hasta estar actualizado con el tratamiento, dosis, posología, reacciones adversas del glucantime y demás variables y aprender además a tomar las muestras para hacer evidentes los amastigotes del protozoario y hasta aprender a sortear la contingen- cia porque en esa área había presencia guerrillera y estos sujetos al igual que la población común, enfermaban y enfrenta- ban dificultades para su tratamiento.

      Una vez concluido mi servicio rural y ya en la capital, este no era un problema común y dejé de tratar esta patología; pero


      cuando se me presentó de nuevo un caso, veintidós años después, ignoraba casi en lo absoluto todo lo referente a aspectos esenciales de la enfermedad, después de ser todo un “experto” en esa materia gracias al contacto diario con el tema, por lo que de nuevo en esta ocasión, debí reaprender para tratarla.

      Mis (los) estudiantes aprenden muy probablemente de la misma manera y lo que hoy visualizan como fundamental y “clave” lo mantendrán ó ignoraran de acuerdo a su desempeño particular del momento y de sus necesidades. Se da- rán cuenta que mucho de lo que apren- dieron con esfuerzos se contextualizará ó no, en medio de unas necesidades cambiantes.

      Bien lo dijo Philip Coombs, asesor del presidente John Fitzerald Kennedy en asuntos educativos que “un diploma universitario, no importa a qué nivel, es esencialmente la certificación de que un individuo ha sido preparado para que siga aprendiendo en el futuro”.

    3. Mis maestros y profesores

      Los profesores como dice aquella frase “eran como todo, muy variados y vienen de todos los estilos”. Los hubo y los hay de aquellos que impactan y trascienden. Reconozco los atributos del pequeño don Jaime y de don Hugo. El primero aparte de ser muy respetuoso y prudente, empleaba unas maneras diferentes a las de los otros para hacerse entender y eso era magnífi- co: iniciaba con frases e ideas del común, con términos sencillos como contando una anécdota e iba progresando en compleji- dad hasta que los presentes, incluido yo, deducíamos y entendíamos el mensaje de una manera tan lógica que fácilmente y permanente se asimilaba, creo deducir hoy que era “muy didáctico”.

      Doña Sonia, fue mi profesora de prime- ro de primaria. El sólo hecho de hacer que todos aprendiéramos a leer y escribir, es una misión cumplida por pocos. Siempre le agradecí y cuando me recibí de médi-

      co diecinueve años después de ser mi profesora, la busqué, fui hasta su casa, le entregué una tarjeta de participación y dialogué con ella y desde el fondo de mi alma, le expresé mi eterno reconocimiento por su labor conmigo y con muchas cohor- tes y generaciones de chicos con similares expectativas a las mías.

      Cada docente trae su historia y sus méritos en mi formación, no cabe duda. Es de rescatar que de la mano de la labor informativa de enseñar un tema, esos profesores disciplinaban ya que tenían mucho de maestros, másteres y docentes porque con méritos relevantes enseñaban ciencia y saber.

      Los docentes de la educación superior, como balance general y para ser honesto cumplieron. El verdadero reto y emoción radica en las ciencias clínicas porque son las que dan la forma y la caracterización del médico. A fines de 1970 y principios de 1980, el panorama educativo era muy conductista, hoy día con menos trascen- dencia sigue siendo así. La bibliografía existente era escasa y de difícil acceso. Eso convertía al médico- docente en una verdadera enciclopedia ambulante y singular y él y sólo él, tenía la razón y se jactaba de ello, reflejaba poder y por lo mismo manejaba una arrogancia tal que le alcanzaba para ser injusto, humillar a sus discípulos, a pesar de todo esos as- pectos en contra, aprendíamos a desem- peñarnos porque disponíamos de material vivo en los pacientes. Obviamente este comportamiento de los docentes no era generalizado ya que existieron atípicos y muy consecuentes con las condiciones y necesidades de los estudiantes.

      De mis estudiantes, espero su recono- cimiento a mis esfuerzos y a la buena fe con que me brindo y trato de orientarlos, que reconozcan mis limitaciones del co- nocimiento y de la manera para trasmitir el mensaje, conociendo que la exigencia es mutua; pero sobretodo que trato de ser justo y que me preparo para tratar de ser bueno, el mejor.


      Pareciera que las políticas educacio- nales se basan en innovar por hacerlo, favorecer la formación autodidacta, la despersonalización de la enseñanza y otras medidas que no garantizan el éxito.

      Una anécdota puede dar idea de lo ar- gumentado: Unas estudiantes de primaria (mis dos pequeñas hijas), procedentes de un municipio (Pensilvania-Caldas), aspi- raron ingresar a un colegio privado de la ciudad (Nuevo Colegio Sagrado Corazón) en 1995, casi fueron descalificadas, por- que no sabían escribir con letra pegada lo que era obligatorio en ese establecimiento educativo ya que obedecía a las nuevas y modernas teorías del aprendizaje y ellas sólo lo hacían con letra despegada. Finalmente fueron aceptadas porque durante el proceso de admisión, aún con el estigma de escribir con letra scrip, hicieron una narración muy elocuente de sus vidas y de su familia, demostraron tener mucha estructura para sus siete y nueve años, aspirando a ingresar a 3° y 5° elemental. Según esta lógica, casi que era más importante la forma que el contenido. Y sobresalieron a pesar de que jamás aprendieron a escribir con letra cursiva; pero sí saben comunicarse, redactar y sostener una conversación y mucho más. Una ya es profesional con buen desempeño, la otra está próxima a su graduación, ambas son médicas. En su momento hubo algo de polémica a raíz de este incidente: yo les argumenté que todas las publicaciones como revistas, periódicos y los demás medios escritos, son editados en letra despegada y, que excepto una marca famosa de gaseosas (Coca-cola), por algo será que en todos los demás logotipos comerciales se utilice la letra despegada.

      El tema es complejo y, las opiniones e investigaciones al respecto, están abier- tas y al día de hoy la controversia no ha llegado a su fin y, por lo mismo no se pueden imponer maneras y formas sólo por capricho, descalificando totalmente lo tradicionalmente ejecutado.

      Con la idea de no ser injusto ni de reclamar sin argumentos sustentados con bibliografía, emprendí la tarea de do- cumentarme al respecto y con el tiempo, encontré que Jhon Downing, secundado por Derek Thackray, en “Reseña de Madu- rez para la lectura”, en 1975, expresan al respecto: “No estoy hablando de etiquetas si no de conceptos” y agrega “los niños aprenden a leer y a escribir cualquiera que sea el método que se emplee aunque algunos sean mejores”.

      Por otro lado escribir con letra pega- da, cuyas otras formas de ser conocida incluyen: letra ligada, unida, manuscrita, cursiva, itálica, bastardilla (son inclina- das) se realiza de manera más rápida y al realizarse con menor esfuerzo es menos fatigosa. Por ser más clásica es a su vez más artística y elegante sin embrago es más confusa y demanda del escritor mucho más habilidad y destreza y al hacerse con esta intensión precisa de más esfuerzo. Muchos de los que escriben así, reconocen y dicen que lo hacen cuando hay relajación y tiempo, pero en el apuro prefieren trabajar más con letra despegada. La contraparte es la letra despegada, también conocida como letra scrip, imprenta, caligráfica o letras redondas, suelta, letra de mol- de, letras libres. Es un estilo más fácil para los zurdos y la mayoría de estos argumentan que no solo se les facilita escribir con letra despegada sino con mayúsculas que son a base de líneas. La letra separada es más clara, con la letra pegada pueden llegar a confundirse unas letras con otras. Por ser a base de bolitas y palitos es simple (tienen menos arabescos que distraen). Muchos se han visto obligados a aprender a escribir con letra pegada pero una vez “son libres” se “convierten” a la despegada. Se les facilita a los disléxicos y al contrario la pegada los afecta y dificulta. Sobre estas caligrafías y estilo de letras encontré lec- turas como: “El desarrollo de la escritura: avances, problemas y perspectivas” de Hermine Sinclair.


      Para ampliar el debate, se debe tener en cuenta los argumentos fisiológicos, mé- dicos, sicológicos, prácticos, de estado de ánimo, de tiempo disponible y otras carac- terísticas que no avalan la exigencia única de escribir con letra pegada y convierten esas pretensiones transformadoras en directrices intrascendentes.


      image

      Imagen 6. ¿Escritura pegada o despegada, esa es la pregunta?


    4. Vida contemporánea

      ¿Cómo soy como sujeto y trabajador en un oficio profesionalizado? Muy dedicado, responsable y eficiente. Doy mis mejores esfuerzos por ser justo, honesto y menos procastinador.

      Empleando una de las modalidades de construir una autobiografía como lo es el componente epistolar del autor hacia ter- ceros y de estos hacia el autor, Milena, una compañera en el trabajo asistencial que desempeñamos en una clínica pública de primer nivel de complejidad y que conoce mi desempeño como médico y algo como docente, expresa sus opiniones:

      “Es una persona amable, respetuosa, servicial, esto es lo poco que puedo decir como persona ya conozco poco de él en el campo personal; pero laboralmente sí puedo decir un poco más, es un médico responsable y, debido a su experiencia en el campo de la medicina es conocido como

      un buen médico, es de esos médicos que inspira confianza, le gusta realizar su trabajo rápido pero bien hecho, es perfec- cionista, debido a esto a veces se acelera y sofoca a las personas que lo rodean, hay compañeros de trabajo que le gustan que él sea así y, a otros no tanto, pero al final se calma, así y todo me atrevería afirmar que el 90% de las personas que trabajamos con él lo calificamos como un excelente médico y persona”.

      Es un médico con sensibilidad, arries- gado, asume retos y los logra solucionar así estos presente dificultad, es de esos médicos que uno dice mucho que es como un lobo debido a que estos animales son conocidos por ser ágiles e inteligentes, astutos y como dice el dicho se la saben todas”.

      El autorretrato es otra forma de autobio- grafía. Son reconocidos los de Vincent Van Gogh, Leonardo Da Vinci, Rembrandt y muchos más. Las imágenes exhibidas en esta autobiografía, fueron retocadas con algo de arte para que el lector participe con su imaginación y como es obvio no son autorretratos, si obedecen a situaciones narradas en el texto y permiten recrear y facilitar la lectura.

      Con cincuenta y cuatro años vivi- dos, considero que aún conservo una dinámica, actitud al trabajo, al estudio y al aprendizaje sin debilidades, en este último aspecto mi proceder es muy selec- tivo y puntual ya que obedece a intereses particulares y no para rendir cuentas, lo hago sin presión y lo aprendo. Después de veintiocho años de graduación, más siete y medio de pregrado, que dan recor- rido y práctica y un bagaje ya que son incontables las situaciones vividas y miles de casos atendidos y trabajados, en esa casuística me apoyo para darme y dar enseñanza.

      Poseo muchas debilidades pero en mi autocrítica deduzco que me creo mucho, más de lo que realmente soy.

      Asistencialmente, los últimos dos años

      -2009 y 2010- he estado dedicado a la


      atención de gestantes, del parto y del recién nacido. Actividades atiborradas de riesgos, de conflictos y de retos. Pero es la que compensa con más satisfacción por la alegría de complementar la labor de la naturaleza para traer un bebé al mundo y perpetuar la vida.

      De las más nuevas y gratificantes ex- periencias, viene la de la oportunidad de desempeño como docente universitario en la naciente Facultad de Medicina de la Universidad de Manizales.

      El contacto consuetudinario con la aca- demia y con los académicos incentivaron en mí alcanzar y cultivar una nueva etapa, la de pensar diferente, la de ver la realidad como incompleta susceptible de cambio y de mejoramiento, de buscar alternativas, de saber que la verdad no es única y para siempre, que hay y se debe construir nue- vos saberes según una franca corriente crítico-social con su producción con base al saber y al poder. Casi por casualidad fui absorbido por la inquietud de la inves- tigación, y ya involucrado en estas tareas, reconozco de mi empirismo. He partici- pado en los más recientes cinco años en proyectos ejecutados en el pregrado de los estudiantes de medicina. Me surge la necesidad de avanzar en la preparación para ser mejor docente y no quedar corto en sus expectativas por culpa mía a una generación que como he explicado, va a tener y ya tiene grandes dificultades de desempeño, estabilidad y futuro. Por lo mismo pretendo ser Magister en edu- cación con énfasis en la investigación, claro que por el solo hecho de serlo no necesariamente se garantizan los objeti- vos, pero pueden ser más viables.


    5. ¿Y cómo inició y ha sido el proceso?:

      Con la decisión tomada, me docu- mento sobre las diferentes opciones en la ciudad. Encontré varias, diría que muchas, unas treinta ofertadas por las universidades locales y en extensión de otras foráneas.

      Como muestra de los beneficios de esos paisajes escriturales y de la confi- anza que se genera en los participantes activos del encuentro, me arriesgué a escribir un poema que los recuerdos de mi madre, lo permitieron. Por lo que lo comparto también.


      Amor puro e infinito

      Acróstico.


      Para mi madre Dolly Arenas Granada

      Septiembre 19 de 1935-Marzo 13 de

      1990


      Dios seguro está con ella,

      ¡Oh! qué ausencia tan dolorosa La extraño aún y, su huella La conservaré por siempre Y la amaré como lo hizo ella.


      A sus hijos y su esposo Reunir persiguió con afán En torno a su figura,

      No resignó dar ternura A todos por igual y, Sin energía escatimar.


      Generaba paz y sin pausa

      Reinaba en su hogar. A todos nos comprendía Nació y vivió para dar Amor, cariño y sabiduría De manera especial, con Alegría y felicidad.


      Desde ahí se inician unas acciones llenas de intención en la búsqueda de entender y comprender que el cuest- ionamiento y la duda son la base de construir nuevo conocimiento y saber. Esta etapa de mí recorrido trascurre por caminos “destapados”, alcancé a dar varios tumbos y “fangosos” toda vez que patiné; pero creo que no caí y si lo hice me incorporé y continué adelante.


      Comprendí que la “verdad-la realidad no son ni universal ni eternas y por lo mismo que la ignorancia es creer que el sujeto está lleno de conocimiento y que la utopía va ligada con los sueños”, sue- ños que al menos debemos permitir que existan, perduren y se cultiven. Al parecer estas utopías se han visto truncadas cada vez más precozmente en nuestros estudi- antes y egresados.

    6. Veamos:

      Diana es una afro descendiente que procede del departamento del Chocó. Su gran “sueño” o será utopía, es ser médico… “Vivir no es sólo existir, si no existir y crear, saber gozar y sufrir y no dormir sin soñar. Descansar, es empezar a morir”. (Gregorio Marañón y Posadillo. Médico endocrino, historiador, pensador, ensayista español 1887-1960).

    7. Conozcamos la historia de Diana:

      Parte de un barrio deprimido de Quibdó (Chocó) hacia la ciudad donde se con- vertirá en “doctora de personas”, dejando atrás a sus padres, dos ancianos de setenta y dos y sesenta y nueve años y a sus seis hermanos mayores, que como ella algún día en las dos décadas anteri- ores con ilusiones y sacrificios similares, emigraron para estudiar secundaria, cur- sos del SENA y carreras universitarias, siempre patrocinadas por su padre que no tuvo estudio; pero que se desempeñó muy bien como criador de cerdos, cotero y otros oficios hasta que se estabilizó como fotógrafo de la registraduría hasta alcanzar donde se pensionó. Ella es su hija menor, va a convertirse en médica y sale para Manizales, ciudad intermedia conocida como centro universitario que ha gozado de buen prestigio.

      El recorrido implica salir de su casa con su equipaje donde acomodó todas sus pertenencias y quedó suficiente espacio para los sueños que a pesar de ser in- finitos, no termina en aforar por completo su valija. De su ciudad a la capital del

      departamento de Risaralda, hay 112 Km por una vía catalogada como “trocha o camino de herradura”, invirtiendo unas quince a veinte horas dependiendo de las condiciones ambientales reinantes que suelen ser agrestes: altas temperaturas, lluvias y humedad, el resultado es una carretera intransitable.

      El costo del viaje es de $150.000 (US

      75) y la desazón de no regresar y ver a sus queridos en 6 meses al menos porque puede y suele ser más, pero todo es vá- lido con el fin de estudiar y ser alguien. La matrícula $5.200.000 (US 2600) y, el sostenimiento mensual apenas justo sin sobrarle nada, unos $800.000 (US 400). Un poco la novatada, otro el ébano de su piel, el XX de sus genes, otro su acento, más su humildad, su sencillez y su no- bleza, crearon barreras que se superaron gradualmente con algún costo.

      Otros estudiantes están haciendo lo mismo procedentes de muchos rumbos: de los llanos orientales; del Cauca, de Nariño, de Putumayo; de Barranquilla, de Cúcuta; de diferentes municipios del eje cafetero más próximos y aún de la ciudad, es decir, de heterogéneos sitios con homogéneos ideales y expectativas, ser “discípulos de Hipócrates”, tener una profesión u oficio y ganarse la vida. Pero; sin concluir su preparación profesional y, cuando cursa el 10° semestre, se ha creado un concepto diferente pues critica la calidad de la formación que la califica como “pobre”, cree que el rol del médico general es limitado y restringido y que la remuneración que estiman va a recibir, no compensará las inversiones económicas y la enorme responsabilidad que paradóji- camente si va en aumento. Se siente defraudada y desde ya ha agregado a sus deseos, un periplo por España a buscar un futuro que no ha acabado de construir.

      Dice que lentamente se le están acaban- do sus ilusiones y sueños antes de gradu- arse. Sueños que se van trasformando en pesadilla, la universidad y el sistema no han hecho posible hacerlos realidad.


    8. La desazón, y pérdida de los sueños no sólo compromete a quienes inician o están

      por concluir sus estudios

      Enrique contemplaba el tercer aguacero del día, ya eran las cuatro de la tarde, este con más intensidad y se acompañaba de enérgicas oleadas de vientos huracanados a tal punto que desde la ventana avistó cómo se venían a pique varias, muchas, de las plataneras que con ilusión había sembrado y estaban en vísperas de iniciar producción. Y siguió lloviendo hasta el amanecer y un poco más en la mañana y sólo cuando el cielo escurrió su última migaja, cesó tan abruptamente como había iniciado. Con incertidumbre y tristeza, no tardó en lanzarse sobre las plantaciones para documentar sus dudas.

      Esa lluvia que tanto anhelaba y rec- lamaba cuando prestaba guardia en los servicios de urgencias porque ayuda a disminuir el volumen de la demanda de atención, ya que cuando llueve, sólo va al hospital quien esté realmente enfermo, y, de manera inversamente proporcional se cumplía su predicción: a mas lluvia, me- nos consulta y más realizable el servicio. Bueno, ese mismo fenómeno hoy le lastima sus intereses. Tres años atrás se graduó como médico y ha podido desempeñarse como profesional en varios hospitales e instituciones.

      Hace dos años interpretó que debía explorar otras maneras de surgir y ganarse la vida. Con los ahorros que pudo acumular no compró un carro como si lo hicieron la mayoría de sus contemporáneos. Escuchó a regañadientes el consejo de su padre y aceptó comprar unas cuadras de tierra contiguas a las que sus parientes próxi- mos han cultivado y explotado por varias décadas y antes su abuelo y los padres de estos. Ahora es un poco agricultor y un poco médico y va notando que cada vez disfruta más de aquello que de esto y se llena de nostalgia y de frustración. La vida ha cambiado y dado tantas vueltas que ha regresado al punto de partida de su familia,

      después de llegar a la ciudad y cumplir su gran ilusión de ser doctor en medicina, sin embargo cuando lo ve realizado se decep- ciona y vuelve a las actividades ancestrales de su familia y piensa que quizás se sienta más feliz.

      No es el hecho de ser médico lo que lo ha decepcionado, es la manera cómo debe trabajar para obtener una remuneración demasiado baja para tanta exigencia y enormes riesgos y por otro lado el bajo perfil al que ha caído la profesión.

    9. También a los de tradición. Concluyo con esta:

      Es inaudito que al médico especialista OSG de cincuenta y cinco años, quien invirtió once para capacitación básica en primaria y secundaria, siete más para ser médico general, tres en especializarse como cirujano general, dos más en cirugía pediátrica y dos años para hacerlo en urología pediátrica en Medellín y en Brasil, una IPS privada le ofrece una contratación por salario integral a $17000 la hora (US 9).

      No es comparable la trascendencia para la humanidad, para la sociedad y para el simple sentido común de equidad social que un estilista, un lustrabotas, un vigilante de vehículos tengan ingresos similares y superiores, con la ventaja extra que su paga es recibida en efectivo y causada de inmediato.

      Estas reflexiones motivan la necesidad del cambio (difícil, deseable; pero posible) y terminan por definir la pregunta y el prob- lema que nos centra en una investigación al respecto con el interrogante ¿La Univer- sidad escenario cultural ante la realidad?

      Inicia el proceso de investigación, aparecen ideas en el grupo conformado por Walter –Contador público-, Alejandro

      –Filósofo-, Bernardo –Ingeniero de siste- mas, Yeny y Geiler –Educadores físicos- y yo –Médico-

      En un primer momento fue elegida la pregunta ya citada. En un segundo momen- to se decidió que cada quien de acuerdo a su orientación profesional podía ejecutarla


      desde su perspectiva y consecuentemente se pensaba que surgirían así seis capítulos de esta producción; esta idea cobró fuerza y empezó su ejecución. Se inicia con esta pregunta como problema sub-uno que se desarrolló en conjunto, es decir de manera similar para todos; trabajamos las mismas variables o categorías de igual manera, re- cogiendo bibliografía pertinente –contacto con los autores- y realizando una primera aproximación con personas representati- vas –contacto con los actores- de diferen- tes niveles y formas de desempeño en el campo de la salud y así pudieran expresar sus ideas libres, abiertas y espontáneas cuando se les invitó a reflexionar sobre 3 palabras colocadas aleatoriamente: Universidad-Realidad-Medicina.

      La respuesta de esta tarea fue el sur- gimiento de nuevas preguntas e hipótesis, amplias, complejas en medio de una riqueza bibliográfica, abundante en cantidad y rica en calidad, originando de cierta manera un incremento de la complejidad del problema tal, que obligaba a mayor abstracción que permitiera controlar las fuerzas centrífugas hasta aterrizar en un problema sub-d (prob- lema descriptivo). Para este momento se obra con independencia entre los diferentes integrantes del grupo. Este problema sub- d, es específico sobre la ciencia médica que es la que me atañe. Nueva etapa de partida, procurando utilizar ahora, entrev- istas semi-estructuradas con actores más específicos que desenvuelvan en el campo de la medicina y nuevas consultas a fuentes pertinentes, que de nuevo abren un abanico de complejidad que al compararla con el problema inicial en una especie de viaje de ida y de regreso, que culmina en un prob- lema sub-c ahora más comprensivo.

      Rescato palabras del doctor Dairo Sán- chez Buitragol “la universidad es una insti- tución con remordimiento de conciencia” porque de impartir una educación para lo ideal, debe evolucionar para que sea para una “educación para una realidad que es cambiante” (Pre simposio de investigación Universidad de Manizales, 28 de mayo de 2010) a lo que yo agregaría y, realidad-

      sociedad que es exageradamente econ- omicista y mercantilista por lo que termina por afectarla profundamente.

      Continuando con el historicismo de esta investigación –producción intelectual-, hay un retorno a la idea original, ahora con la nueva alternativa (orientada, motivada y guiada por el Coinvestigador doctor Dairo Sánchez Buitrago) de una narrativa au- tobiográfica para ubicar en las vivencias del autor y, la correlación de esa contexto formacional construido que es producto de la interrelación con la realidad universitaria y social, con las encontradas durante este proceso de confrontación etnográfica con actores y autores de altísima calidad.

      El proceso concluye con esta auto- biografía valiente, plagada de vivencias y experiencias, muchas de ellas comunes, como comunes serán la gran mayoría de las personas a quienes llegue y que están construyendo historia y realidad individual; pero que con la suya y la mía y la de todos, si es que no cae en una farsa ideológica, seremos partícipes de un nuevo mundo ojalá mejor que el que hasta ahora nos ha tocado en suerte. Lo que es posible frente a esta situación es que el hombre de hoy, de carne y hueso, el hombre del aquí y del ahora, “instalado en el mundo” (Mejía Va- lencia, 2009)m comience a leer la realidad que vive para que se dedique más a con- struir el presente, que es el futuro porque en términos estrictos este es ya mismo.

      Para construir la realidad debe recon- ocerse como ser histórico y como tal, re- cuperar la conciencia histórica que ha sido enajenada por lógicas sociales, en especial las lógicas del poder y de la dominación y lo han devenido en “sujeto mínimo”, “civilizado, obediente, controlado, vigilado, sumiso, productivo, desinformado, encer- rados por prejuicios que vendan sus ojos, en una sociedad donde la individualidad y la creatividad son castigadas y marginadas dentro de unos antojos poco escépticos debido a que no se ajustan al proyecto social de dominación y consumo” (Guarín Jurado, 2009)n.


  4. Metodología


    En recapitulación esta es una pro- ducción histórico hermenéutica cuya metodología está basada principalmente en la autobiografía, en parte como historia de vida y algo de etnografía como técnica observación participante a lo largo de 54 años. Los buenos niveles de calidad de los entrevistados, permitieron que este fuera el parámetro de límite del muestreo, al al- canzar altos niveles de claridad, veracidad, autenticidad, significancia y plausibilidad en los resultados.


  5. Discusión y conclusiones


Todos los elementos recibidos de los diferentes tutores en las sesiones de trabajo presenciales y no presenciales durante la maestría, favorecen el surgir el pensamiento y actuar crítico que he ido in- volucrando prontamente en unos aspectos y pausadamente en otros, pero respetuosa- mente en todos los que he detectado, son susceptibles de involucrar en las ciencias de la salud particularmente en el ejercicio de la medicina.

Como docente en la Facultad de Me- dicina, me desempeño en el área que debuta las ciencias clínicas, es decir, es el primer paso que dan los estudiantes en la adquisición y desarrollo de las habilidades y destrezas que implica la filosofía y el proceder del médico. La semiología, trata de la identificación de los síntomas y de la exploración física para la búsqueda de los signos que presenta en un momento dado un paciente y que orientan hacia su enfermedad. Es necesario conjugar adec- uadamente esos insumos para concluir con buenos productos. De aplicar correctos o incorrectos criterios, depende el producto final, es decir el diagnóstico.

¿De qué manera ha influenciado hasta ahora este nuevo pensamiento?: Tradicio- nalmente se ha ejecutado la enseñanza- aprendizaje de la medicina clínica a través de las rondas docentes, donde un médico


por lo general mayor y experto y un grupo de estudiantes por lo general jóvenes e inexpertos, se ubican alrededor de un paciente quien manifiesta sus molestias, acto seguido es sometido a una revisión clínica siempre guiado por el docente, en un acompañamiento que literalmente es de la mano. Antes, durante y después ese do- cente va interactuando con los estudiantes, exigiéndoles un saber y un conocimiento que recién están a punto de formalizar y de ser validado por ese actor.

En compañía del doctor José Fernando Giraldo Cardona, mi compañero en do- cencia, hemos pretendido un cambio, una nueva orientación y unas prácticas dis- tintas, quizás algo revolucionarios, porque le dimos una dinámica y un abordaje dife- rentes. Cómo el contacto con los pacientes durante las rondas docentes sigue siendo un componente clave en la formación médi- ca ya que en ellas hay un acercamiento y contacto, hasta ahora irremplazable, con seres que nos enseñan –pacientes- y otros seres que aprendemos –docente y médicos en formación-, pretendemos darle más trascendencia y extraer de esa actividad, los mayores beneficios posibles.

Volvamos a los pacientes y a los cambios en el accionar como médico y docente, surgidos como beneficio de los aprendizajes en la Maestría y sus diferentes orientadores. Comprendí que cada persona enferma tiene una historia diferente, así su enfermedad sea la misma que la que tiene diagnosticada su vecino de habitación, poniendo en práctica el adagio que dice “el paciente es un libro abierto”, al que debemos aprender a leer e interpretar de la mejor manera; ellos son los que tienen involucrado el diagnóstico y nosotros contamos con los mecanismos para descubrírselos. Si a esto se le suma obedecer a la frase recomendada por muchos clínicos: “del paciente al libro”, permiten que con buenos resultados sea esta manera la elegida para estimular e incentivar el aprendizaje en los estudiantes que por suerte me han asignado.


Una vez el paciente nos narra su vida en relación con su enfermedad, debo pro- ceder a documentarme al respecto si es que realmente quiero ampliar el saber. Con buenos resultados que animan a continuar con esta metodología, después del ejerci- cio presencial, el estudiante y el docente deben prolongarlo yendo a consultar las fuentes teóricas para ilustrarse, resolver dudas y afianzar el saber. Siendo muy importantes los insumos intelectuales pre- vios con que se “llega” al contacto con los enfermos, lo son más con los que se aspira tener al “salir”; lo que es claro y un reto es que definitivamente no debo abandonar al paciente con la misma cantidad y claridad de ciencia y de conocimiento con la que llegué a él y pretendí descubrirle sus mo- lestias. En ese momento o en la extensión del mismo, debo darle gusto a la necesidad de estudiar para resolver esas dudas, para fortalecer el saber en beneficio propio y de mis futuros pacientes. En síntesis, debo estudiar más después de “aprender” con el paciente, con la ventaja que un aprender de esa manera, perdurará a través del tiempo.

Como complemento de esto, cada uno debe buscar y mejorar su mundo, aspirar

-al menos- hacerlo con su pequeño espa- cio, una especie de “holistización” personal que es diferente a la “globalización” que es una estrategia capitalista de expansión y de extensión del poder (Atehortua D, 2009) que es uno de los grandes obstáculos para la independencia y autonomía de la univer- sidad que aunque difícil no es imposible.

Dejando atrás el componente científico, desde el punto de vista social, gran parte de lo que ocurre, sucede por desconocimiento del estudiante de la realidad y la condición global de un país y una región que lo en- vuelve en su problemática. Pero, también a que en su formación, en los planes de estudio, las asignaturas, los programas, la misión, la visión y demás elementos cur- riculares, que evidentemente existen en la universidad para dar a conocer en y desde el medio académico sobre la realidad, no se desarrollan con una orientación relevante y por lo mismo no cumplen su cometido.

La formación y el interés del estudi- ante, van dirigidos casi exclusivamente a una preparación académica que puede ser excelente, buena, regular o mala, de- pendiendo del interés individual de cada estudiante, principalmente para tener un buen desempeño profesional y de manera rápida vender sus servicios con el propósito de recuperar la inversión que en tiempo y sobre todo en dinero que le demandó su formación.

De la mano de una academia más so- cial, más en contexto, más comprometida y, menos mercantilista, se debe hacer un poco más y dar más de nuestra parte, para evitar seguir siendo profesionales “light”; es crecer la reserva de sentido (Guarín Jurado, 2009).

La sociedad necesita no sólo formar burócratas, necesita también crearle a todos los ciudadanos la ilusión de que es una persona con posibilidades, con futuro y que la educación es un ascensor social. La quimera de que somos una sociedad democrática, una sociedad en la cual hay movilidad general e igualdad de oportuni- dades. Esa ilusión justifica el costo de man- tener la educación en especial la pública.

Los mundos que unen estos elementos y que pueden ser considerados como duales son: el mercado, la industria y la universidad. Porque si usamos un diseño netamente mercantilista perderemos la esencia misma de lo que la universidad es hoy en día: un espíritu libre. Ocurre que desde la primaria a la gente se le educa en función de un examen, sin que la ense- ñanza y el saber le interesen al estudiante. Condición que se va a repetir porque al terminar sus estudios, el individuo no va a salir a expresar sus inquietudes, sus tendencias, sus aspiraciones, sino que se va a enganchar en un aparato burocrático que ya tiene sus políticas y definiciones. Así como estudia para no perder la materia, también trabajará para no perder el puesto, sólo obedecerá.

La invitación es a seguir haciendo las cosas bien y mejorándolas muy a pesar de


que los sofismas sigan apuntando hacia el gremio médico y a los claustros en donde nos forman (las facultades de medicina) como los grandes culpables de la heca- tombe, responsabilidad que evidentemente compartimos aunque no en la magnitud y ponderación que se le ha dado y que no debemos eludir para que con sapiencia y decoro terminemos por reconquistar el lugar en la sociedad que nos merecemos y que nunca debimos haber permitido ar- rebatárnoslo.

Anhelar y perseguir como sueño o utopía que la sociedad pueda contar –de nuevo si es que existió o nuevo si es que no lo

hizo- con un médico con buenas bases científicas, con apoyo en las ayudas tec- nológicas, estético y crítico.

Entendiendo la palabra “técnico” como modernizado, actualizado y poniendo esta valiosa herramienta, que facilita la acción, al servicio de la ciencia y no como una cosi- ficación de la misma; lo “estético” como lo bello, agradable, placentero, artístico y que alimenta los sentidos del hombre porque la ciencia y el arte son compatibles y lo “crítico” como un pensador, cuestionador y en búsqueda de la constante cambiante re- alidad –verdad-. (Sánchez Buitrago, 2010).


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Notas:


  1. El análisis narrativo propone distintos mo- delos: El comunicacional, el semiológico, el actante y el pragmático. El actante, em- pleado en mi autobiografía, es propuesto y trabajado por Vladimir Propp (erudito ruso) y Greimas (lingüista e investigador lituano).

  2. “Construcción social del presente”. Mejía M. Universidad de Manizales. 2010.

  3. González González Miguel Alberto. Filó- sofo, Magister en educación docencia. Doctorando en conocimiento y cultura latinoamericana.

  4. Entre 8 y 13% de la población mundial es zurda.

  5. Obras de autores franceses como lo fueron Jean Leo Testut (1849-1925) y su discípu- lo, André Latarjet (1847-1947) así como Henry Rouviére (1876-1952). Compendio de anatomía descriptiva. Testut y Latarjet. Anatomía de Rouviére, 4 tomos.

  6. Este era un juego de apuestas a los caba- llos.

  7. Didáctica mecánica, memorística y repeti- tiva. A partir de la segunda mitad del Siglo XX y gracias a las investigaciones de Jean Piaget, David Ausbel, Gerome Bruner, Lev Vigotzky, Joseph Novack y otros presti- giosos autores, nació una teoría sobre aprendizaje que cambió radicalmente todos los paradigmas existentes hasta ese mo- mento en el mundo occidental. Su nombre:

    Aprendizaje Significativo. Su herramienta de trabajo: los Mapas Conceptuales.

  8. Apeles, pintor de la Grecia clásica. Domin- go Faustino Sarmiento. Escritor y político argentino (1811 a 1888).

j. “Cosificación” del saber y de la ciencia, que es diferente a una ciencia apoyada en la tecnología. Dairo Sánchez Buitrago. Univer- sidad de Manizales. 2010. La técnica en sí no es mala ni es buena, es el sentido que le da el hombre la que termina por definir esta condición: Dairo Sánchez Buitrago. Universidad de Manizales. 2010.

  1. Hugo Zemelman Merino, licenciado en de- recho en la universidad de Concepción de Chile; profesor de sociología en la universi- dad de Wageninge Holanda; director y presi- dente del Instituto de Pensamiento y Cultura en América Latina y profesor-investigador del Centro de Estudios Sociológicos de el Colegio de México.

  2. Sánchez Buitrago Dairo. Médico y cirujano.

    Doctor en ciencia biomédicas y sociosani- tarias.

  3. Mejía Valencia Mario. Licenciado en biología y química. Especialista en desarrollo del potencial humano. Magister en educación docencia.

  4. Guarín Jurado Germán. Filósofo. Magister en educación docencia.