Segura G, J. M. (2023). Límites reales:
sobre el acto de pensar en el trabajo docene universitario. Plumilla Educativa,
31 (1), 133-155. DOI: 10.30554/pe.1.4872.2023
Límites reales: sobre el acto de pensar en el trabajo docente universitario
José Miguel Segura Gutiérrez[1]
Resumen
El aula ha sido, y sigue
siendo, un tema central dentro de las ciencias sociales y humanas. Este trabajo
estudia desde una perspectiva autobiográfica las posibilidades que presenta el
aula para el desarrollo del pensamiento crítico en docentes universitarios
contratados por hora cátedra tanto en universidades públicas como privadas del
ámbito regional en Colombia (2021-2023). El análisis enfatiza en la comprensión
de las imágenes y representaciones que sitúan al aula como un espacio de
gestión educativa institucional, pero no de reconocimiento a las necesidades de
desarrollo profesional y personal del docente. Razón para privilegiar la
descripción testimonial y argumentativa, en tanto herramientas válidas en la
reflexión en torno a las oportunidades y limitaciones que la época actual y de
cuño neoliberal plantea a la práctica educativa y de desarrollo del pensamiento
crítico en profesores de aula vinculados temporalmente.
Palabras clave: docente universitario, neoliberalismo, pensamiento
crítico, sujeción, precarización laboral.
Real limits: on the act of
thinking about university teaching work
Abstract
The classroom
has been, and continues to be, a central theme in the social and human sciences.
This paper studies from an autobiographical perspective the possibilities
presented by the classroom for the development of critical thinking in
university teachers hired as lecturers in both public and private universities
in Colombia (2021-2023). The analysis emphasizes the understanding of images
and representations that situate the classroom as a space for institutional
educational management, but not for the recognition of teachers professional
and personal development needs. Reason to privilege the testimonial and
argumentative description, as valid tools in the reflection on the
opportunities and limitations that the current neoliberal era poses to the
educational practice and the development of critical thinking in classroom
teachers temporarily linked.
Keywords: critical thinking, university
teachers, labor precarization, neoliberalism, subjection.
Limites reais:
sobre o acto de pensar no trabalho docente universitário
Resumo
A sala de aula tem sido, e continua a ser, um
tema central nas ciências sociais e humanas. Este artigo estuda
de uma perspectiva autobiográfica as possibilidades apresentadas pela
sala de aula para o desenvolvimento do pensamento crítico em professores
universitários contratados como docentes tanto em
universidades públicas como privadas na Colômbia (2021-2023). A análise
enfatiza a compreensão das imagens
e representações que situam
a sala de aula como um espaço
para a gestão educacional institucional, mas não para o reconhecimento das necessidades de desenvolvimento profissional e pessoal dos professores. Motivo para privilegiar a descrição
testemunhal e argumentativa, como ferramentas
válidas na reflexão sobre as oportunidades e limitações que
a actual era neoliberal coloca à prática educativa e ao desenvolvimento do pensamento crítico em professores
de sala de aula temporariamente ligados.
Palavras chave: pensamento crítico; professor
universitário, sujeição, precariedade laboral, neoliberalismo.
Introducción
En un contexto en el que las instituciones de
educación superior compiten entre sí por lograr las mejores posiciones dentro
de la clasificación que realizan los rankings internacionales de reconocimiento
a la excelencia (QS World University
Rankings), y el mundo de las subjetividades ciudadanas se ve colmado por el
afán consumista, el cansancio y la persecución del logro individual, en tanto
estandartes de la lucha cotidiana; reflexionar en torno al desarrollo del pensamiento crítico en
docentes de aula amerita una aproximación testimonial y argumentativa frente a
las oportunidades y limitaciones que la época actual de cuño neoliberal y
marcados valores digitales tiene sobre el quehacer profesional docente.
Ante la urgencia por dar cuenta del alcance de indicadores
y logro de metas establecidas en sus planes de gestión, las instituciones de
educación superior, han hecho imperativa la formulación e implementación de
políticas de maximización al trabajo docente, en pro de incrementar el
rendimiento y asegurar la eficiencia en la inversión de capital, en áreas
pilares como la proyección social, investigación y docencia. En el primero de
los casos, al generar un sinnúmero de estrategias de afectación en lo social,
cuya evaluación de su impacto las posiciona como simples actividades
extramurales o de inmersión en contexto para los estudiantes, al no contemplar
una verdadera práctica de la responsabilidad social universitaria hacia las
comunidades y entornos en los que las instituciones de educación superior desarrollan
su misionalidad.
En el segundo, los procesos de investigación, y
entrega de resultados, siguen teniendo dificultades para ofrecerse como
soluciones efectivas a los innumerables problemas que afectan a buena parte de
las comunidades y territorios dentro de un mundo cada vez más tecnologizado y
con profundos cambios sociales. Desde los mismos grupos de investigación, las
apuestas para conformar equipos de trabajo colaborativo, multidisciplinar y de
generación de proyectos de apropiación social de la ciencia, son un desafío a
la cientificidad y carácter productivo de la ciencia. Razón por lo cual, es
necesario gestionar el riesgo, realizar adaptaciones administrativas y
propiciar la comunicación transdisciplinar. Al explorar, imaginar e implementar
se activa el aprendizaje, en pro de transformar el cariz del rendimiento que
caracteriza a este eje misional, en opciones de bienestar social y desarrollo
del capital humano.
En tercer lugar, la relación
enseñanza-aprendizaje-contexto eje de la práctica docente se mantiene
concentrada en la trasmisión de conocimientos hacia el alumnado, la generación
de informes (fallas de asistencia estudiantil, número de entradas por parte de
los estudiantes a los recursos virtuales de aprendizaje, relación de
estudiantes que no entregan compromisos de clase, actualizaciones de la
plataforma, validaciones), respuestas a correos y WhatsApp proyectados por
estudiantes miopes que no distinguen entre horarios y días no laborales, así
como, reuniones de equipo docente, tutorías y preparación de clases. Se vive al
límite, y pensar no es un atributo que se incentive en el docente, aun cuando
“el pensamiento es estrictamente inseparable de una profunda e indestructible
melancolía” (Steiner, 2007), y “la universidad sigue siendo un actor clave en
la construcción de la sociedad civil del futuro, de la comprensión de sus
valores” (Segura et al.,2022), y de cómo la historia, el espacio y poder
influyen en la cultura y constitución subjetiva del docente.
Más allá de su rol como agente transformador del
entorno, el docente, es un individuo humano cuya iniciativa personal y perfil
ocupacional lo ha hecho sabedor de su existencia y capacidad creativa para
elegir, recordándonos de esta manera, que vivir y pensar se dan juntos, incluso
cuando los rasgos de desesperanza y angustia han cambiado las dinámicas
sociales y ejercicio de la autonomía en este mundo global y temporizado.
Solo
cuando vemos el pasado y el futuro como posibilidades abiertas y flexibles, no
como realidades fijas, es cuando nuestra historia se vuelve fuente de valiosas
experiencias para la vida y nuestros sueños les imprimen sentido y fuerza a lo
que hacemos en el presente. (Ospina. 2015, p. 15)
El pensar es acción, en el sentido de que es el modo
más auténtico y primigenio para definirnos a nosotros mismos como seres humanos
y descubrir mediante la promoción del aprendizaje activo, la oscuridad de
aquellas cosas que son importantes para cada uno de nosotros.
En ese sentido, el desarrollo de este ensayo abordará
los siguientes asuntos: Humanizar el aula y vivir lo educativo, pensar para
reaprender y formarse como profesional, conclusiones y referencias
bibliográficas. Aspectos, que sin duda resultan importantes de atender, dado
que es desde la práctica docente que se lleva a cabo en el aula, que se asegura
el cumplimiento de requisitos institucionales y expectativas sociales, pero
también, se logra identificar las necesidades emocionales y de formación que
requieren los docentes para ejecutar bien su trabajo y revalidar su condición
como seres humanos. Por ello:
No hay duda que:
La lengua
tiene alianza con los ojos, por eso hablamos con la mirada, por eso arde la
lengua cuando no podemos decir lo que vemos, y arden los ojos cuando nuestra
lengua dice por fin las cosas que se ha callado mucho tiempo. (Mastretta, 1994,
p. 59).
Humanizar el aula y vivir lo educativo
En
Colombia, el devenir mismo de nuestra historia como nación, ha hecho necesario,
desde las ciencias sociales, la explicación de ciertos acontecimientos a partir
de una perspectiva crítica y plural, que permita pensar la transformación de
las estructuras sociales y relaciones de poder, dentro de un mundo cada vez más
polarizado y adepto a las prácticas de castigo y no reconciliación, como insumo
clave para el perdón y logro de una paz duradera.
Por
ello, es que, desde el aula de clase, deba reconocerse por parte de los
docentes, el potencial que tiene la pregunta en la producción de conocimiento
social reflexivo, además de resaltar el carácter mediador que encripta la
práctica argumentativa en tanto herramienta autogestionada para la formación y
mejoramiento del trabajo docente. Al argumentar, se analiza, se debate y
ofrecen las razones, para reenfocar los problemas, favoreciendo el desarrollo
de una ciudadanía activa y con criterios éticos, que, a su vez, terminan por
impactar en la subjetividad y proyecto de vida del docente.
Ante
un modelo económico que ha convertido a la universidad en productora de
productores, los docentes “[…] ahora deben canalizar toda su fuerza laboral a
cumplir con las tareas organizativas, desdibujando de esta manera el carácter intelectual
y de formación humana que ha caracterizado a la universidad de forma histórica”
(Segura et al., 2022, p. 2). No quiero, decir con ello, que cumplir con el
requerimiento desdibuja la labor docente, pero la vinculación del docente
catedrático, no está pensada para atender tareas administrativas de los
programas o escuelas, sino para gestionar la orientación de clases y atender a
sus estudiantes.
Al
revisar un poco la historia, los imaginarios y representaciones sociales
asociadas al aula de clase han estado aferrados a la idea de medios o canales,
que intervienen en la práctica educativa y de trabajo docente, pero no vistos,
como espacios con un fin en sí mismo. El aula, dentro de las coordenadas
históricas y sociales actuales, puede ser considerada un no lugar, un espacio
de anonimato, términos ofrecidos por Marc Auge (1993), y retomados aquí, dado,
que en ella hoy solo se hacen presentes: la vigilancia como expresión del
control, además de ciertas dificultades para posibilitar la construcción de sentido,
comprensión de la realidad actual y ejercicio de derechos y libertades.
Pensar la Universidad
como un espacio de tensiones latentes, como resultado de la presencia dinámica
de sujetos, saberes y lógicas institucionales gestionadas a nivel global,
permite identificar líneas de trabajo micro y macropolítico, en donde el
docente vía autorreflexión podría cuestionar la forma en que a la fecha se
viene produciendo conocimiento, adoptan discursos, y adelantan prácticas
operativas en pro de garantizar no tanto la formación académica de calidad y
con sentido humano, sino la rentabilidad misma de la organización. (Segura et
al., 2022, p.3)
El
aula, aunque hoy se ha ensanchado en lo que respecta a su espacio al conquistar
la esfera de la virtualidad e implementado el uso de mediaciones tecnológicas,
para lograr mayores índices de cobertura, la participación de los docentes en
iniciativas macro y de fuerte impacto social siguen siendo bajas, lo cual da un
nuevo matiz del aula como no lugar. Aunque todos están allí, ejecutando sus
labores, nadie cuenta con la disposición y disponibilidad para comprometerse y
actuar. Incluso a sabiendas, que:
La administración
neoliberal de la universidad contemporánea dispone de un conjunto de mecanismos
de gestión para capturar y someter la voluntad de sus académicos a las leyes
del mercado, involucrando para ello, disposiciones de orden físico
(arquitectónico, económico) y discursivo/subjetivo (evaluación continua,
perdida de garantías laborales y desprofesionalización docente), que terminan
por establecer un orden simbólico. (Baquero Másmela y Martínez Posada, 2022,
p.16)
Esto
quizás, justificado por el individualismo y las dificultades propias que ha
tenido la tradición educativa (consolidar el saber y práctica pedagógica con
una gestión educativa eficiente) y práctica laboral docente (prontitud y
ligereza), frente al hecho de contar con ciertas capacidades (observar,
explorar, sintetizar, organizar, razonar, profundizar, interpretar), pero no
saber cómo orientarlas a solucionar problemas complejos que involucren el uso
de competencias cognitivas, y socioemocionales.
Ante un mundo que se
encuentra en total conmoción y en donde el futuro aparece como suspendido.
Pensar funciona como una herramienta no solo efectiva para liberarnos de la
incertidumbre que abunda entre nosotros, sino a su vez, para hacer prospectiva
y de esta manera visualizar no solo nuevos escenarios a conquistar, sino la
definición misma de pautas de acción sin daño. (Segura et al., 2022, p.4)
En
la empresa por transformar lo cotidiano, y acceder con serenidad a lo distinto,
agenciar ciertas actuaciones como pensar, “[…] engendra una relación nueva con
la realidad, un mundo nuevo, una comprensión nueva de lo que es” (Han, 2020,
p.15). Tanto así, que en el ámbito educativo y de ejercicio de la práctica
docente, pensar, incentiva el desarrollo de cierta capacidad para comprender
los fenómenos que ocurren en el entorno, incluidos los relacionados con el
conocimiento de sí mismos. Una postura, que no solo beneficia a los alumnos que
participan del proceso de formación, sino también, a los docentes en el sentido
que su experiencia personal y profesional ahora es más consistente y atiende de
manera comprensiva a los síntomas que evidencia esta época. La labor del
pensamiento no es otra que ser receptivo a la verdad.
Al pensar críticamente,
no solo se reducen los efectos negativos de nuestras acciones sobre el contexto
y las personas, sino que, a la vez, se apacigua la tormenta que se cierne sobre
las propias realidades y el cuerpo. Además, de poner en evidencia como a través
de su práctica se va formando ciudadanía, a partir del uso juicioso del
lenguaje, los gestos y otras acciones humanas. (Segura et al., 2022, p. 4)
El
imperativo neoliberal ha hecho de la producción del yo, la única forma de
autenticidad, abocando al sujeto a maximizar sus esfuerzos y ocuparse de sí
mismo. “El yo como empresario de sí mismo se produce, se representa y se
ofrece, como mercancía” (Han, 2020, p.38). Cuestión que subraya cómo el
esfuerzo por ser auténtico, trunca la alteridad y no conduce a la formación de
sujetos libres. Desde el régimen neoliberal del rendimiento:
[…]
la explotación ya no se produce como alienación y desrealización de sí mismo,
sino como libertad, como autorrealización y autooptimización. Aquí ya no existe
el otro como explotador que me fuerza a trabajar y me aliena de mí mismo. Más
bien, yo me exploto a mí mismo voluntariamente creyendo que me estoy
realizando. (Han, 2020, p. 64).
Luminosidades
de una época en donde el frenesí derivado de la mercantilización y sumado a la
aceleración y control constante sobre la vida que provoca el capitalismo de
corte neoliberal, han transformado la vida de los profesores y quehacer
pedagógico, al limitar no solo los esfuerzos por entender lo que pasa, sino a
su vez, invisibilizando la presencia de lo extraño y el señalamiento moral de
quienes se arriesgan a plantear preguntas y problemas desde perspectivas
diferentes al “ […] floreciente mercado
educativo [visibilidad y competencia], verdadero vector de las nuevas
tecnologías políticas educativas” (Baquero Másmela y Martínez Posada, 2022, p
17).
Lo
que cuenta, es la productividad académica y lucha por la perceptibilidad de sus
aportaciones, como criterio de eficiencia técnica promovido por agencias
internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OCDE), al incluir estímulos económicos para aquellos profesores de
mejor desempeño y proclives al saber instrumental.
Hoy está surgiendo una nueva
forma de alienación. Ya no se trata de una alienación en relación con el mundo
o con el trabajo, sino de una autoalienación destructiva, de una alienación de
sí mismo. Está autoalienación se produce justamente con el curso de los
procesos de autooptimización y autorealización. En el momento en que el sujeto
que se siente forzado a aportar rendimientos se percibe a sí mismo como objeto
funcional que hay que optimizar, entonces se va alienando progresivamente de
él. (Han, 2020, p. 65)
La
exigencia a pensar que trae consigo la existencia, permite encontrar nuestro
sitio en el mundo, lo que revela es la presencia de un sujeto atomizado y
desterritorializado, quien, además, es víctima del vasallaje intelectual,
afectivo y emocional que se trasmite por la hipercomunicación y que dada la
performatividad del poder podría ser excluido al prestar resistencia al patrón
cultural instaurado y naturalizado vía repetición. Realidad, a la cual tampoco
escapa la universidad contemporánea:
La finalidad del saber
cómo saber en sí mismo, ya no tiene prestigio ni legitimidad si este no
satisface prioritariamente su uso como valor de cambio, de tal manera que la
visibilidad de la institución depende del logro de este cometido y del
cumplimiento a satisfacción de los protocolos de verificación diseñados a tal
efecto. (Baquero Másmela y Martínez Posada, 2022, p. 19).
Reflexionar
en torno a la praxis educativa que se realiza en el aula, posibilita integrar
conocimientos, saberes y habilidades sociales, en pro de alcanzar un reconocimiento
genuino frente a quiénes somos y cómo nos proyectamos en tanto agentes
educativos. Hoy es clara, la tensión que produce en el trabajador-docente, la
imposición de obligaciones derivadas de la propia institución en tanto esfera
de poder, como de aquellas que esta misma promueve (ocupación del tiempo libre)
y son adoptadas voluntariamente por el educador para desarrollar su labor, y
convertirse en sujeto trabajador... Incluso cuando, en la memoria colectiva
latinoamericana, aún resuenan los tristes apartes del cuento El niño
proletario:
En la escuela, que nunca
termina, es diariamente humillado por sus compañeros ricos. Stroppani era su
nombre, pero la maestra de inferior se lo había cambiado por el de ¡Estropeado!
A rodillazos llevaba a la Dirección a ¡Estropeado! cada vez que, filtrado por
el hambre, ¡Estropeado! no acertaba a entender sus explicaciones. Nosotros nos
divertíamos en grande. (Lamborghini, 2020)
Lo
que evidencia tal pieza narrativa son los graves procesos de crisis que padece
el dispositivo saber-poder (escuela, universidad) , a causa de su captura
neoliberal, y exceso de confianza en el mercado. Al facilitar este la
competencia individual, vía ofrecimiento de incentivos o estímulos, limita la
generación de comunidades de saber, grupos de trabajo social y formas diversas
de ver el mundo. El neoliberalismo, se enfoca en el incremento del capital,
ofreciéndole a las personas una ficción de ser útiles mientras produzcan, pero
sin interesarse por las condiciones humanas, devenires y recursos necesarios
para lograr realizarse a sí mismos.
Situación,
que provoca cierta incapacidad personal para pensar los afectos y efectos de
nuestras acciones, dada la aceleración misma del tiempo social, orientación al
consumo y progresiva deshumanización. Aunque es verdad, que “[…] las escuelas y
profesores/as se encuentran lidiando con un sinnúmero de tareas,
responsabilidades y preocupaciones, atravesados/as por las permanentes
transformaciones del sistema educativo y el cuestionamiento de su función” (Machado,2022,
p. 128), no se debe olvidar que la práctica docente también incluye labores de
cuidado, y resistencia frente a las tensiones que buscan silenciar las voces
defensivas de la justicia social.
La
universidad, en tanto escenario de reproducción de las geometrías del poder
–relaciones asimétricas de poder en espacios/territorios particulares como lo
es el ámbito educativo-, también ha limitado a los docentes de aula por tiempo
requerido a pensar, así como estudiar opciones para cambiar el estado de las
cosas. De acuerdo con Vela Murillo et
al. (2022):
La política de
vinculación de docentes implementada en las universidades estatales ha
conducido a que hoy la mayoría de los profesores que trabajan en ellas sean
temporales, lo que ha derivado, entre otras situaciones, en un alto grado de
inestabilidad y pérdida de garantías laborales. (p.37)
Como
producto de las reformas a los sistemas educativos, con sus lógicas y
regulaciones, no solo se han afectado los procesos de escolarización, sino
también las prácticas educativas de los docentes catedráticos, quienes hoy
desde el uso de tecnologías del yo, no solo deben hacerse protagonistas de su
propia vida, sino auto gestionar el tiempo necesario para comprender la
realidad que los circunda -aislamiento y subcontratación-, y poder esbozar
algunas rutas de intervención tanto en el contexto. Ratificando de esta manera,
como las universidades estatales hoy también se sumergen en una competencia por
ocupar distintos mercados, y sin la mínima intención de mejorar las condiciones
laborales de sus profesores a tiempo requerido. Situación que conduce:
[…] a una precarización
laboral como un proceso en que el sujeto es sometido a presiones y experiencias
que lo conducen a vivir una existencia frágil en el presente, sometido a
incertidumbres acerca del futuro, con una identidad insegura y carente de un
sentido de desarrollo posible por medio del trabajo y el estilo de vida.
(Standing, 2011, pp. 16-18)
Lo
importante, es cumplir con los indicadores de resultado, y responder de manera
efectiva al compromiso y oportunidad que se nos ha dado (confianza) y que
implica a su vez, dirá Sennet (2006), flexibilidad y sentido de pertenencia
institucional. A la universidad, no le interesa saber cómo estás, sino que se
cumpla con lo pactado y pueda aportar algo más. Ese algo más, es el que
posibilitaría una nueva vinculación laboral y las condiciones materiales para
seguir viviendo. Lo que recuerda que, aunque, “El paisaje es agresivo, y reina
en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y
calma cobra una majestad única” (Quiroga, 2022).
Por
ello, que alentar la práctica del pensar y sentir en el oficio docente, no solo
consista en invitar al profesor temporal de aula, a reflexionar sobre su actuar
y aprender de la situación profesional y laboral ejecutada, sino más por el
contrario, en hacerlo partícipe de su ligamen con la realidad social e
institucional que ha eliminado la diferencia y dificultado el reconocimiento de
otros más vulnerables, y en dónde él, a partir de su constitución subjetiva y
experiencial como educador, tiene la oportunidad para ayudar en la
transformación de tales situaciones. Es desde el pensar, como acto humano y propósito
de una educación liberal, que es posible vivir nuestra humanidad y dar sentido
a la tarea de enseñar. Esto requiere, de un docente reflexivo, tolerante,
inclinado hacia el saber y el buen actuar, con capacidad para enseñar a pensar
y lograr la autonomía y juicio crítico, además de ser poseído por la vorágine
del amor hacia los otros y el conocimiento de su ser. (Oviedo, 2014).
No
cabe duda, que es a partir de los eventos que suceden en la cotidianidad, que
es posible identificar problemas, desde esa tecnología de la mente que es el
pensar, y cuya formalización ocurre mediante el uso de la palabra. Conjunto de
signos y símbolos, que nos han acompañado desde nuestros orígenes, como bien
señala el escritor estadounidense Mark Twain (2016):
Viernes. A pesar de todo
cuanto yo hago, sigue el desatinado poner nombres a las cosas. Yo tenía pensado
para esta finca un nombre muy apropiado, que suena bien y es bonito: Jardín del
Edén. Para mis adentros sigo llamándolo así, pero no en público. El animal
nuevo afirma que todo él está compuesto de bosques, rocas y paisajes, no
pareciéndose en nada a un jardín. Dice que da la impresión de un parque, y que
únicamente de un parque. Y por eso, sin consultar conmigo, le ha puesto nuevo
nombre: Parque de las cataratas del Niágara. Yo creo que es una arbitrariedad.
Y ostenta ya un cartelón: PROHIBIDO ENTRAR EN EL CESPED. La felicidad de mi
vida ya no es la que era. (pp.20-21)
Es
gracias a la palabra que se hace posible dar cuenta del mundo, optimizar su
organización y lograr una narración más o menos comprensible, de nuestras
experiencias sensoriales y emotivas, además de poner en evidencia nuestro
compromiso de participar en el acto de aprender de aquellos hechos y
experiencias que llaman nuestra atención. “[…] el docente está en constante
búsqueda de conocimientos y diseño de experiencias que generen el desequilibrio
de las formas de pensar de sí mismo” (Pastrana, 2014, p.74). En otras palabras,
de perturbar los tiempos, modos y espacios que constituyen su experiencia y realización
de la práctica educativa, a fin de disponer de nuevas formas de ser, estar y
pensar el ejercicio profesional y de formación como docentes. “La función de la
universidad queda supeditada al avance tecnológico en la innovación para
aumentar o potenciar los clústeres productivos o la minimización de costos”
(Vela Murillo et al., 2022, p 39).
Humanizar
el aula y vivir lo educativo significa, desde la voz de quien escribe estas
líneas y funge como catedrático en la Universidad de los Llanos, afrontar con
el rostro descubierto y criterio que da la experiencia sumada al conocimiento,
el compromiso con un proceso de formación académica y ciudadana, que logre
transformar las condiciones que limitan el acceso y goce de derechos,
emergencia de la solidaridad, desarrollo del pensamiento crítico y definición
de proyectos de vida autónomos…en concreto el propio proyecto autobiográfico.
Ante
la incertidumbre y precarización de las condiciones laborales derivadas de la
política universitaria neoliberal con sus ejes de mercantilización, eficacia y
eficiencia, y gestionada desde hace más de dos décadas, por organismos
internacionales como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y OCDE,
los profesores de tiempo requerido, solo tiene como opción organizarse sin
temor, para así desmantelar la practica ya generalizada de vulneración de
derechos labores ejecutadas por las administraciones universitarias. Dicha
situación ya ha sido abordada por la Corte Constitucional y el Consejo de
Estado, en las sentencias C-006 de 1996, C-614 del 2009 y C-171 del 2012 y el
fallo del 4 de junio del 2009, Rad. 1873-05.
Por
ello, la necesidad de agenciar una observación analítica, que sumada a la
escucha atenta, y adopción del respeto a las normas jurídicas establecidas
frente a la vinculación de profesores temporales, permita comprender las nuevas
formas de relación laboral que se están generando en la universidad, y cuya
característica principal es la precarización laboral, con sus efectos más
inmediatos en las condiciones socioeconómicas y de riesgo psicosocial, a que se
ven expuestos los docentes vinculados mediante esta forma contractual. El
sentido y significación de los actuales procesos de desarrollo, parecen obviar
lo humano y realidad histórico social del fenómeno educativo, pero, sobre todo,
el carácter sistémico que este guarda para con el ámbito comunitario, laboral y
porque no de ciencia con sentido social.
De
lo que se, trata aquí, es de propiciar en los docentes catedráticos, una
decolonización de los paradigmas y saberes que ha aplicado a su práctica
pedagógica y constitución subjetiva, a partir del desarrollo del buen juicio,
la práctica virtuosa de la prudencia y el alejamiento de cualquier forma de
dominación. De acuerdo con Arias (2009) el aula es el mejor recurso de
investigación, ya que allí es donde se enmarcan la mayoría de interacciones
sociales, además de ser un escenario propicio para identificar las diferentes
demandas, conflictos e influencias de la sociedad y la cultura.
Pensar
para reaprender y formarse como profesional
Para nadie es un secreto que
pensar ha sido y seguirá siendo, una facultad no bien juzgada, dependiendo de
la época, los gobernantes y discursos que amalgaman la esfera social,
científica y cultural. Razón para que, Gómez-Heras (2010) afirme que no es
posible pensar sobre el mundo y la especie humana sin tomar en cuenta su
diversidad y su devenir. Con esta declaración, nos invita a reflexionar frente
a cómo la transformación social y en ella la ejecución de la práctica docente
de aula, requieren del desarrollo de ciertas habilidades a fin de comprender la
complejidad de la época actual y responsabilidad que le asiste al docente en
dicho proceso.
Se asume, que el profesor universitario es un
profesional competente, estratega y pensador. Pero, sobre todo, portador de un
conjunto de actitudes como apertura mental, flexibilidad al considerar
diferentes puntos de vista, prudencia en la realización de juicios, centrado en
el asunto a tratar, persistente ante las dificultades, razonable en la
aplicación de criterios, que, en suma, darían cuenta de un sujeto cuya forma de
pensamiento y estrategia de aprendizaje serían de orden superior. (Segura,
2021, p.123)
El profesor en tanto agente de
desarrollo, y pensador crítico es un individuo comprometido con la oportunidad
de reaprender, a partir de la ampliación de sus propios conocimientos y
saberes, así como de la actualización de los paradigmas que le han servido en
tanto referentes teóricos para aproximarse a los fenómenos del mundo, y lograr
cierta comprensión de lo que sucede a su alrededor. “La verdadera educación
comienza con el educador, quien debe conocerse a sí mismo y estar libre de
patrones de pensamiento ya establecidos; porque según es él así será su
enseñanza” (Krishnamurti,1972, p.115).
Razón, para observar como a
medida que empieza a configurarse un nuevo escenario o realidad para el
ejercicio laboral y profesional del profesor catedrático, se haga necesario
renovar nuestros votos frente al compromiso de enseñar y generar agenciamientos
políticos tanto en los estudiantes como en la misma comunidad docente. Ante
unas condiciones laborales cada vez más precarias y extensiva a todos los
sectores de la economía, el desafío a nuestra capacidad de adaptación, quejarse
“[…] puede ser una expresión de pena, dolor o insatisfacción, algo que es la
causa de una protesta o un clamor, una dolencia corporal, o una acusación
formal” (Ahmed, 2021, p.19).
Con las quejas, se cuestiona el
estado actual de las cosas. Se les otorga rostro y voz a las demandas. Además,
la queja “provee una lente, una forma de notar, de atender las desigualdades y
las relaciones de poder desde el punto de vista de quienes intentan
desafiarlas” (Ahmed,2021, pp.43-44). Por ello, que el trabajo realizado en el
salón de clase, sea un pretexto para estudiar la realidad social y reivindicar
las condiciones sociales y materiales de quienes asistente a ellas,
identificando problemas, pensado rutas de solución y llamando la atención de a
quienes, por ley, o responsabilidad civil, les corresponde intervenir.
Un docente que piensa y se
queja desde el aula, en tanto espacio de socialización y generador de modos de
vida, es un sujeto que, de forma concreta, a potencializado el pensar por sí
mismo y reflexionado sobre su actuar, al punto de ser consciente de como dicha
experiencia alimenta sus aprendizajes y visión del mundo que lo rodea. Pero
también, de cómo la reflexión sobre lo que se hace, es la pauta para seguir
adelante ante la sujeción que se da en la universidad contemporánea y en
especial en las aquellas de carácter regional, en donde la ausencia de
vigilancia, captura política y prácticas clientelistas y nepotistas están a la
orden el día.
Al activar el pensamiento
crítico, el docente gestiona un camino, en donde el análisis y la crítica,
sumada a la investigación y cuestionamiento frente a su trabajo lo hace tomar
conciencia de la tarea de contar con mejores ciudadanos, respetuosos de sus
iguales, civilizados y éticos. Situación que implica, para el docente de aula,
examinar sus propias creencias, a fin de afrontar las preguntas que se derivan
de sus prácticas de adaptación y queja en tanto profesores por tiempo requerido
en la universidad colombiana y que, a su vez, le permitirán fijar posición
frente a las diversas problemáticas (carencias) a que se enfrenta el desarrollo
de su función pedagógica o práctica de enseñanza.
De acuerdo con Martín-Barbero
(2018):
Pensar críticamente es pensar de manera autónoma,
‘con la propia cabeza’, viviendo y valorando la libertad no sólo en el plano de
la voluntad sino en el de la razón. Pensar con autonomía significa ser capaz de
tomar distancia de todas las formas de poder, de chantaje y cooptación que los
diversos regímenes políticos han ido configurando a lo largo de toda la historia.
Y si la capacidad de crítica resulta proporcional a la autonomía y toma de
distancia de los distintos poderes, entonces la otra cara del pensamiento
crítico, en una primera aproximación, reside en la capacidad de indignación y
rabia frente a lo intolerable, ya sea en el terreno de la desigualdad social,
política o cultural. (pp.1-2)
Planteamiento, que corrobora la
necesidad de evaluar nuestras propias creencias y agenciar prácticas de
autocontrol (análisis de evidencias y argumentos) en favor de la construcción
de políticas de la verdad no institucionalizadas, y que no excluyan lo
político. A medida que el pensador avanza en sus etapas de: “a.) interpretar y
analizar la información, b.) juzgar una situación con información objetiva y
subjetiva y c.) inferir las consecuencias de una decisión con base en un juicio
autorregulado” (Olivares, 2015, p.28), va adquiriendo un conjunto de destrezas,
para el desarrollo de un juicio valorativo que, a su vez, le permite
resignificar su condición como sujeto social y actor activo en su cotidianidad.
Actuar como docente, involucra
cierto grado de responsabilidad social en la formación de profesionales
íntegros y democráticos, pero también en la consolidación de una sociedad
basada en el cuidado y la convivencia pacífica. Al pensar desde las aulas tales
situaciones, no solo se hace manifiesto el compromiso social del educador con
la transformación de la realidad, sino que su propio interés por cambiar el
estado de las cosas, se ve multiplicado por aquellos, que en calidad de
estudiantes se ven permeados por su discurso y praxis, logrando avanzar en la
consolidación de un nuevo tejido social para afrontar los retos propios de la
transición política que se vive en un contexto como el colombiano. En palabras
de Hernández et al. (2012), “[…] es en el aula donde como sujetos, personas e
individuos, iniciamos algunos de los procesos vitales para la construcción de
la sociedad” (p.23).
Sentencia que hace visible no
solo el amor al oficio de educar, sino también, el repudio a aquellas
prohibiciones que excluyen el pensar dentro del denominado capitalismo
académico (Slaughter & Leslie, 1997), y hoy lo relegan a un acto de
resistencia, cuya naturaleza hay que domesticar o mimetizar, a fin de hacerlo
dócil. Se olvida, que pensar es una manifestación de la libertad e intención
por descongestionar nuestro espíritu, y contribuir a la problematización de las
relaciones con la vida, la construcción histórica de las civilizaciones y el
conocimiento con sus diferentes disciplinas.
Bajo cierta razón poética,
dejamos de existir cuando los otros nos olvidan, o nuestro pensamiento que es
acción vital condensada, se ve capturado por un trabajo académico sin límites,
derivado de un modelo de gestión administrativa más interesado en la
productividad académica y menos en las condiciones institucionales con que
cuentan las universidades para detonarlo.
Por ello, anhelar la
estructuración de procesos de reflexión en torno a la práctica pedagógica que
adelantan los profesores, desde un anclaje sociocultural, facilite la
explicitación y toma de conciencia de su quehacer profesional y pedagógico,
además de dar cuenta de la pretensión de mejora continua, y ánimo de
fundamentación a partir de la evidencia científica acumulada.
El análisis de la práctica docente se ha desplazado
desde el paradigma proceso-producto, centrado en el comportamiento (Broophy
& Good, 1986), hacia el paradigma cognitivo, con predominio de los estudios
sobre el pensamiento del profesor (Clark & Peterson, 1986). Esta última
perspectiva considera al profesor como un sujeto estratégico que toma
decisiones a partir de sus teorías y creencias antes, durante y después de la
interacción en el aula con los alumnos. Asimismo, el contenido del pensamiento
docente –concepciones, creencias, teorías– se constituye en tema vital para la
comprensión y transformación de la práctica de aula. (Martín, 2009)
Sin duda, es a través de la
reflexión que ejecuta el profesor, que este logra comprender mejor su actividad
profesional; y papel como agente transformador de la sociedad. El objeto de la
reflexión, está orientado a interpretar las acciones en la práctica pedagógica,
con el fin de transformarla y avanzar en la comprensión de los otros y el
conocimiento de sí mismo. Según Mata et al. (2022):
Es mediante la capacidad de reflexión que el sujeto
puede relacionarse con los demás, es la reflexión la que puede generar cambios
en la actitud y, por ende, en la vida del individuo, así como también puede
producir cambios en su medio social. (p.37)
Las experiencias de enseñanza
pensadas y materializadas por el profesor, se constituyen en ese laboratorio
para desafiar la normalización de ciertas condiciones sociales que se viven al
interior de las instituciones de educación superior y de los contextos en donde
éste desarrolla su práctica, y que de
ser reflexionadas, servirán como inspiración, ante una realidad cuyos rasgos
más distintivos son la aceleración del tiempo social, el ruido derivado de la
hipercomunicación, sumado al desborde de las pasiones y la homogenización del
pensamiento. Situaciones, que poseen un impacto considerable en su ejercicio
profesional, al tener la capacidad de afectar el ambiente escolar del aula de
clase, y reducir su posibilidad para reflexionar críticamente sobre su actuar
pedagógico y los aprendizajes que se desprenden de su vinculación laboral.
En últimas, el aula, puede ser
considerada desde el pensamiento foucaultiano (1971/1979) como un dispositivo
disciplinario cuyas líneas de producción -poder, saber y subjetividad- no
encuentran límites definitivos, sino porosidades, quiebres o dislocaciones en
su aplicación, a la vez, que definen unas condiciones históricas, en donde la
gestión de la libertad y el riesgo, establecen una nueva relación entre el
conocimiento que el sujeto tiene de sí mismo y su apego u obediencia a la
institucionalidad, entendida esta última, como artefacto cultural y mecanismo
legal-administrativo clave en el mantenimiento de cierta minoría de edad, en el
sentido kantiano y normalización de las formas y prácticas para acceder al
conocimiento y desarrollo mismo de las comunidades.
Programar estratégicamente las actividades y los
comportamientos de los individuos; se trata, en última instancia, de un tipo de
gubernamentalidad que busca programar-los y controlar-los en sus formas de
actuar, de sentir, de pensar y de situar-se contra sí mismos, de la vida que
llevan y del mundo en que viven, a través de determinados procesos y políticas
de subjetivación. (Gadelha da Costa, 2009, p. 178)
Somos sujetos atados a los
criterios de calidad en que se concretiza a la fecha en la gestión
administrativa de la universidad y cuya realidad invita a pensar de manera
autónoma, crítica y colaborativa, nuestra práctica laboral, así como las
tensiones que pueden derivarse hacia la propia subjetividad y proyecto de vida,
dada la noción de dispositivo de saber/poder que guarda la universidad y su
esencial apego a la gubernamentalidad y control biopolítico actual.
Conclusiones
El desarrollo del
pensamiento crítico, en docentes de aula vinculados a instituciones de
educación superior, a la fecha se encuentra limitado de manera indefectible por
la configuración mercantil y de cuño neoliberal, que ha tenido la educación
universitaria durante las dos últimas décadas, y cuya manifestación, se
encuentra en la implementación de estrategias administrativas para garantizar
la eficiencia en la gestión académica y financiera de tales instituciones.
Situación que ha implicado la exacerbación de los mecanismos de control sobre
el sujeto educador y su praxis, al reducir no solo, la disposición de espacios
de silencio y encuentro consigo mismo, en tanto, escenarios favorables a la
reflexión sobre la propia práctica educativa y las condiciones socio históricas
que afectan nuestra existencia, y terminan organizar de forma repetitiva las
acciones humanas que suceden en esa microesfera de poder como lo es el aula de
clase.
Ante los malestares por los
que atraviesa la sociedad actual, se han reducido los tiempos y espacios, para
pensar y ocuparse del desarrollo humano, la convivencia y consolidación como
sociedad, dado el emplazamiento de discursos y prácticas hegemónicas en las
instituciones de educación superior, que buscan asegurar el alcance de los
acuerdos pactados en las agendas de competitividad global, ya sea dando un
trato marginal al ejercicio pedagógico que se realiza en las aulas de clase, o
deslegitimando aquellas prácticas educativas y disciplinas que aportan al
desarrollo de ciertas habilidades para la vida y formación ciudadana.
Para los docentes de aula
vinculados por tiempo requerido, asumir una actitud propositiva ante los
esquejes de incertidumbre que se ciernen sobre el desarrollo de su función,
coincide con el imperativo estar abiertos al diálogo e identificación del valor
de lo diverso y riqueza que trae consigo la complejidad. Solo así, será posible
resistir a la homogeneización cultural que limita el pensar y dificulta esbozar
escenarios de futuro posible para todos. “En general parece regirnos la
creencia de que sólo los necios sueñan, incluso cuando duermen” (Mastretta,
1994, p. 77). Y se olvida que, “Uno nunca sabe qué va a querer la vida. Lo que
tiene uno que saber es plantarse. Si corres te agarra entre los cuernos”
(Mastretta, 1994, p.93).
Por ello, que estas
conclusiones confirmen la necesidad de observar, describir y reflexionar el
fenómeno educativo y laboral docente, que se lleva a cabo en la universidad
contemporánea, solo así será posible identificar aquellas estrategias de
normalización que hacen presencia en el contexto educativo universitario e
imponen límites reales al propio sujeto, iniciando por su capacidad natural
para pensar e intervenir en aquellos asuntos que le aquejan e impiden la
realización de sí mismo y sus congéneres.
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Recibido: 26 de febrero del 2023.
Aceptado: 26 de mayo del 2023.
[1] José Miguel Segura Gutiérrez.
Magister en Desarrollo Educativo y Social, Universidad Pedagógica Nacional
(Bogotá). Profesor Universidad de los Llanos (Villavicencio). Orcid: https://orcid.org/0000-0001-6679-5895; correo
electrónico: josemielsegura@gmail.com; jsegura@unillanos.edu.co