Aproximaciones en busca de una pedagogía del olvido1


elsi meléndez martínez2 Hubert sadid Henríquez Henríquez3


Consideración4


El presente texto presenta una visión panorámica del olvido como realidad inherente al ser humano, intentando poner de manifiesto el papel del olvido dentro del ejercicio profesional docente.

El trabajo recoge una serie de razonamientos obtenidos como resultado de un proceso investigativogrupal titulado “los olvidos de los docentes”, siguien- do un método de corte fenomenológico, en el cual se indaga con respecto a la importancia del olvido dentro del ejercicio de la práctica profesional de los maestros, que se realizó bajo el liderazgo del profesor Miguel Alberto González Gonzálezen el transcursode la Maestría en Educación Docencia de la Universidad de Manizales por parte de los estudiantes Margarita Alzate, Elsi Meléndez, Freddy Guzmán y Hubert Henríquez.

Como resultado de este ejercicio, se encuentra la gran paradoja del olvido en la educación: El olvido ha sido olvidado. A partir de esta premisa, los autores desarrollan un viaje en busca de las huellas que ha dejado el olvido en el sujeto docente, partiendo del corpus teórico que sobre la materia se encuentra en el arte y la mitología, y de la lectura categorial de algunas historias pedagógicas narradas que sirven como sustento para indagar por el papel del olvido en la acción docente.

Partiendo de la contrastación entre los hallazgos de las historias peda- gógicas narradas y la referencia teórica existente, se hilvana un texto descriptivo que pretende presentar cuáles han sido los principales olvidos de los docentes.

Finalmente, se esboza a manera de conclusión la existencia de una certeza apremiante, el olvido reclama su lugar en la pedagogía.

Palabras clave: Olvido, memoria, docentes, recuerdo, educación pedago- gía, estudiantes, paradoja.


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  1. Recibido: Enero 21 del 2011. Aceptado: Marzo 24 del 2011.

  2. Elsi Meléndez Martínez. Nacionalidad, colombiana. Licenciada en Educación Física y Recreación de la Universidad de Caldas. Docente de la Universidad de Caldas y del Complejo Acuático Ciudad de Manizales. Magister en Educación- Docencia de la Universidad de Manizales. Correo Electrónico. elsimelendez70@ hotmail.com

  3. Hubert Sadid Henríquez Henríquez. Nacionalidad, colombiano. Comunicador Social- Periodista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Docente de Lengua Castellana de la Institución Educativa Pío XII de Villamaría (Caldas). Magister en Educación- Docencia de la Universidad de Manizales. Correo Electrónico. hubert@colombia.com

  4. Texto venido de la investigación “Los olvidos de los docentes” liderada por Miguel Alberto González Gon- zález.


    Abstract


    Approaches in search of a pedagogy of oblivion


    This paper presents an overview of oblivion as inherent human rea- lity, trying to highlight the role of forgetting in the teaching practice. As a result of this exercise is the great paradox of forgetfulness in educa- tion: Oblivionhas been forgotten. From this premise the authors develop a journey in search of thetraces left by the neglect in teaching the subject, based on the theoretical corpus on thematter is in the art and mytholo- gy, and reading some stories categorial pedagogical narrated that serve as the foundation to investigate the role of forgetting in the educational action. Since the contract between the findings of educational stories told and the existingtheoretical framework, it weaves a narrative that attempts to demonstrate what the major omissions of teachers were.

    Finally an outline of a conclusion that there is certain urgency, oblivion claims its placein pedagogy.

    Keywords: Oblivion, memory, teachers, education, pedagogy, students, paradox.


    Introducción


    “El olvido está tan lleno de memoriaque a veces no caben las remembranzasy hay que tirar

    rencores por la bordaen el fondo el olvido es un gran simulacronadie sabe ni puede / aunque quiera / olvidar un gran simulacro repleto de fantasmasesos romeros que peregrinan por el olvido como si fuese el camino de Santiago”

    Mario Benedetti


    Iniciar una serie de reflexiones en torno al tema del olvido, a partir de la óptica de la pedagogía, constituye un esfuerzo innovador que pretende esbozar tan sólo un acercamiento a un tema que, cómo se observará en la disertación, ha sido aparentemente olvidado del discurso pedagógico.

    Es esta, entonces, una iniciativa que pretende hacer una lectura del docente a partir de lo que olvida, y principalmente de lo que olvida enseñar, en un intento por hacer un acercamiento subjetivo a su mundo en su calidad de sujeto.


    La relación entre los términos acusa- dos, olvido, pedagogía y docente debe, seguramente, hilvanar una serie de en- tramados que irriguen el acto pedagógico; situación esta que invita a pensar en cada uno de los términos de una manera más profusa, abandonando la simple definición enciclopédica y acudiendo a la búsqueda de su sustancia como conceptos.

    En fin, parece evidente la urgencia de iniciar una búsqueda del olvido dentro de uno de los actores principales del acto pedagógico: el docente.

    El olvido, a fin de cuentas, podría ser uno de los vestigios más recurrentes del paso de la especie humana por el mundo. Neruda aparenta denunciarlo así cuando expresaba en su célebre verso “es tan corto el amor y es tan largo el olvido”. Y esta sentencia en un país como Colombia adquiere un significado especial, Colom- bia es una tierra fértil para el olvido; preci- samente el cineastaNicolás Buenaventura Vidal expresaría, lacónicamente, en un documento titulado “Memoria y Olvido”: “lo más histórico que hay en mi país es el olvido” (Buenaventura V. 2010, 1).


    Entonces, este terreno del olvido existe y lo sabemos. Sin embargo, lo desconoce- mos. Aquí, simplemente, a la manera de pioneros colonizadores, nos disponemos a abrir caminos a punta de machete y cape- ruza sin saber, en definitiva, qué hallazgos podremos encontrar en nuestra ruta.

    A este respecto, partimos con más inte- rrogantes que con certidumbres, muchas dudas revolotean en las mentes y los espíritus: ¿Qué es el olvido? ¿Cuál es su vinculación con nuestra especie? ¿Cuá- les son nuestros olvidos como especie?

    ¿Somos sujetos del olvido? Y, como es apenas obvio, desde nuestra perspecti- va de docentes preguntamos más allá:

    ¿Cuáles son los olvidos de los docentes?

    ¿Qué hemos olvidado enseñar en nuestro rol de docentes?

    El olvido es el protagonista y a él inten- taremos darle la palabra.


    1. Un acercamiento

      al olvido (1)


      “Necesitamos recordar algo,

      ¿Pero qué?

      ¿Y cómo podríamos recordar aquello que ni siquiera recordamos que debemos recordar?”

      Roberto Juarroz- Memoria Vertical


      He aquí, en palabras ágiles de Juarroz, la naturaleza compleja del olvido, de allí que constantemente hagamos referencia a términos relacionados con éste, tales como recuerdo, memoria, remembranza, añoranza, reminiscencia y que nuestras canciones estén plagadas de referencias específicas con respecto al olvido.

      En efecto, si hablamos de olvido en- contraremos una gran cantidad de fuentes y recursos que hacen referencia a este término. Al iniciar una búsqueda en este sentido lo primero que uno encuentra es que el olvido es un tema predilecto de las artes, en especial de la literatura.

      Resulta claro que desde la noche de los tiempos, esto es desde los inicios mismos de nuestra aventura como especie en este mundo,nosotros, los seres humanos, he- mos vivido en dos estados distintos: el de la memoria y el del olvido. A primera vista aparece como una verdad de Perogrullo que es más lo que olvidamos que lo que recordamos. En nuestra misma experien- cia como especie existen grandes lagunas que no hemos logrado drenar, olvidos his- tóricos que dan pie a las consabidas pre- guntas filosóficas ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?

      Este carácter magnánimo de los olvidos humanos lo advertirían ya en los años se- senta del siglo anterior el periodista Louis Pauwels y el pensador Jacques Bergier, ambos franceses, cuando en su célebre obra “El Retorno de los brujos” afirmaron que Mademoiselle Bertin, modista de Ma- ría Antonieta, habría expresado, mientras realizaba sus labores, la siguiente frase: “No hay nada nuevo, salvo lo que se ha olvidado” (Pauwels and Bergier, 1994, 84).

      Esta <humorada> como la llamaron Bergier y Pauwels, es más bien una pro- vocación a la pregunta, a la indagación por la naturaleza del olvido. Así, haciendo una relectura de la sentencia, se puede afirmar que lo que no es nuevo es lo que se re- cuerda, y desde allí se puede establecer una relación plausible entre el olvido y el tiempo. El olvido, atendiendo a Bertin, se- ría atemporal, pues lo que se ha olvidado permanece en el pasado, pero lo nuevo, es aquello que rescatado del olvido se convierte en presente e incluso en futuro.

      Este probable carácter atemporal del olvido no implica que no tenga relación con el tiempo, sino que, más bien, podríamos indicar que el tiempo cronos, vinculado a un antes y a un ahora, no es propicio para explicar el fenómeno del olvido, en tanto éste supera la barrera del tiempo cronos, no prescinde de él, pero sí lo antecede, lo precede, lo sucede y le sobrevive.

      De acuerdo a las posibilidades del

      tiempo cronos, el pasado figura como algo


      ido(y lo que creemos poseer del pasado es apenas una vaga idea no materializable de lo que éste fue), el presente es un minús- culo momento difícil de captar moribundo desde su génesis y el futuro sería algo así como la eternización del presente, su consumación perenne pero incierta.

      Así, habría finalmente espacio para solamente para dos, esperemos decirlo bien, ‘elementos’ que quedarían luego del paso del tiempo cronos. El primero de ellos sería la memoria (González, 2003,5)

      (2) y nosotros agregamos un segundo, el olvido. La memoria porque, siguiendo a González (quien a su vezcita a Ávila) “lo que queda es la memoria de los hechos que cada hombre recrea subjetivamen- te…” (González, 2003); el olvido, porque no se nos puede escapar la presunción de que memoria y olvido existen recíproca- mente, sin el uno no habría cabida para el otro; en otras palabras la existencia de la memoria presupondría , intrísecamente, la presencia sine qua non del olvido.

      El olvido, visto así, resulta un corpus presente en las dinámicas sociales, en la cultura, en la historia, en los individuos y casi podría decirse que en cada esfera de la actividad humana. Siendo un poco osados incluso podría llegara decirse que el olvido pareciera abarcarlo todo.


    2. El olvido a la luz del mito y la palabra


      “…Y si engullendo lotos se entra al olvido,

      Y entre ebrios lotófagos se olvida ese olvido,

      Penélope quisiera entrar

      en esos predios”

      Juan Manuel Roca- Penélope y el olvido


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  5. http://www.razonypalabra.org.mx/seduc- cion/2003/junio.html

Roca, poeta colombiano, retoma en su poema una de las referencias más impor- tantes que podemos tener en occidente del olvido, al evocar a los personajes de La Odisea de Homero. Aquí el olvido aparece como un canto urgente y como una búsqueda del ser humano que ha sido olvidado, o que cree haber caído en el olvido, en este caso Penélope que se siente olvidada por Ulises (el cual es llamado ‘Nadie’ en el poema de Roca, de manera correspondiente a como es llamado por Polífemo en el canto IX de La Odisea)(Roca, 1990, 24-25).

La palabra es una herramienta de la que el ser humano se ha valido para intentar olvidar un poco menos. Y es precisamen- te desde el maravilloso universo de la palabra, con intención estética, esto es, desde la literatura,que los seres humanos hemos intentado acercarnos a un posible escudriñamiento del olvido.

Es bien sabido el vínculo que existe en- tre la literatura y el universo mítico desde los tiempos homéricos -y tal vez mucho antes-; incluso pareciese que en remotos eones ambos –literatura y mito- hubiesen tenido un nacimiento gemelar. Resulta me- nester apreciar la riqueza de las tradicio- nes de las culturas antiguas con respecto al olvido. De hecho, es observable que en muchas mitologías el acto de olvidar se vincula con la muerte y el de recordar con el nacimiento, con el despertar.

Los antiguos indios y griegos presentan una riqueza evidente con respecto al tema y construyeron una estructura mitológica apreciable sobre el particular.

Por ejemplo, en la India – en plena edad media (siglo IX)- se refiere la historia del yogi Matsyendranath, quien se enamoró de la reina de Ceylán, hecho este que es- tuvo a punto de hacerle perder su carácter inmortal y que, en efecto, le hizo olvidar su identidad. Matsyendranath, luego de múltiples aventuras, fue capturado y con- denado a muerte en el país de Kadali; pero su discípulo Gorakhnath al darse cuenta de ello descendió al reino de la muerte


donde estaba El Libro del Destino en el cual ubicó el lugar donde estaba escrito el nombre de su maestro y lo retiró. Tras diversos trances, Matsyendranath recupe- raría lentamente su identidad y se daría cuenta que el mundo de los placeres “el camino de la carne” derivaba indefectible- mente hacia la muerte, que en realidad era su olvido: el haber olvidado que él era de naturaleza inmortal. (3)

Para los indios, el olvido tenía un es- pecie de doble significación, por un lado podía hacer referencia a una caída, y por otro constituía una especie de muerte. Los dioses que no olvidaban eran inmortales, en tanto que aquellos que sufrían una suerte de amnesia, caían o descendían

Al respecto, Mircea Eliade, reconocido filósofo e historiador, realiza una lectura del simbolismo del olvido en la India An- tigua: “Olvidar es, por un lado, el equiva- lente a dormir y, por otro a la pérdida de sí mísmo, osea a desorientarse, estar ciego (tener ojos vendados)” (Eliade, 1966 , 5).

Por su parte, los griegos aportarían un magnífico cuadro teñido de mitología, arte y trascendentalismo. Fue tan importante el tema para éstos, que incluso poseían una diosa de la memoria, Mnemosyne, hija de Gea y Urano, esposa de Zeus y madre de las nueve musas, según el historiador Hesíodo.

Punto relevante en esta aproximación es el hecho de que para los griegos exis- tiese un lugar físico en el cual los vivos, al morir, y tras descender al Hades iniciaban un proceso de trasmigración. Tal lugar era el llamado río del Olvido, el Leteo, en el cual los vivos habían de beber, instados por Caronte el barquero, para olvidar todo lo que habían vivido. Allí se instala, como en la India, la visión del olvido vincula- do de manera estrecha con la muerte. Homero en La Odisea jugaría también con la relación entre ambos conceptos, cuando Odiseo posee dos enemigos en su deseo de regresar a Ítaca: el peligro de la muerte y el riesgo del olvido. Igualmente, un ser mitológico griego, un centauro,

protagonizaba una historia bella de amor y olvido: buscaba a su amada, intentaba enamorarla, y tras pasar todo el día en esas lides, al fin lograba su cometido; sin embargo, al caer presa del sueño en la noche, el centauro lo olvidaba todo, y al otro día despertaba sin recordar absolu- tamente nada y repetía exactamente la misma historia que había representado el día anterior.

Eliade propone una lectura interesante con respecto al olvido en estas dos cul- turas, India y Grecia: “En la India, como en Grecia, ya no tenemos que tratar sólo con modelos de conducta y expresiones mitológicas, sino más bien y sobretodo con rudimentos de la psicología y la me- tafísica” (Eliade, sf: 7).


  1. La visión latinoamericana


    En América Latina el tema del olvido habita profusamente en expresiones tales como la literatura, la música, en general las artes, y también en las ciencias socia- les, aunque de manera aún embrionaria en éstas últimas.

    Aquí encontraremos someramente los aportes de algunos escritores que, desde México a la Argentina, han pensado en la materia, sin pretender, como es apenas obvio , que en un espacio tan corto como este se presente todo lo que sobre la materia se ha dicho por nuestros autores. Esta es, así, apenas una mirada panorá- mica, un sobrevuelo provocador, un paneo precoz con respecto a la lectura que del olvido han hecho algunos de nuestros literatos más encumbrados.

    Iniciamos con Juan Rulfo, escritor mexicano, quien en la emblemática no- vela Pedro Páramo, inicia la historia con el relato del regreso de Juan Preciado a Comala, enviado por su madre moribunda, en busca de Pedro Páramo, su padre. Ella le diría a Juan: “El olvido en que nos tuvo cóbraselo caro”. Comala en sí es el pueblo del olvido, un pueblo apenas habitado por el recuerdo de sus moradores.


    García Marquez, colombiano, expre- saría magistralmente en Cien años de Soledad’el carácter crónico y patológico del olvido en nuestros pueblos, continua- mente azotados por pestes del insomnio y el olvido.Precisamente, según se narra en Cien Años de Soledad, los habitan- tes de Macondo fueron contagiados por una enfermedad extraña de la cual dió referencia una india a Úrsula Iguarán y José Arcadio Buendía:“…lo más terrible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir… sino su inexo- rable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido… cuando el cuerpo enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de la memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado” (García Márquez, sf: 20).

    En realidad, si se lanza una hipótesis aventurada podría llegar a decirse que Cien Años de Soledad es una novela con un eje central basado en la relación entre el olvido, la memoria y la sociedad. Al res- pecto Plinio Apuleyo Mendoza le preguntó a García Márquez unos años atrás:

    “P.A.: Sin prestarle atención a lo que dicen los críticos, la novela (Cien años de soledad) es mucho más que una recuperación poética de tus recuerdos de infancia. ¿No dijiste alguna vez que la historia de los Buendía podía ser una versión de la historia de América Latina? G.G.M: - Sí, lo creo. La historia de América Latina es también una suma de esfuerzos desmesurados e inútiles y de dramas condenados de antemano al olvido” (García Már- quez, 1996, 104-105).

    En ‘El olvido que seremos’ el también colombiano Héctor Abad Faciolince em- prende una búsqueda por los rincones de su niñez hasta rescatar del olvido a su padre; el mismo Faciolince, lanza una

    segunda obra sobre el tema, ‘Traiciones de la memoria’, en donde expresa que la verdad humana, precaria, se edifica con una suma de recuerdos imprecisos y la resta de los distintos olvidos (4).

    Juan Manuel Roca, poeta igualmente colombiano, explica en un verso lánguido, pero veraz, que el olvido es el ladrón más hábil que existe; mientras que Fernando González en un texto afortunado nos indi- ca que el olvido es una facultad que hace poderosos a los hombres; finalmente, William Ospina asevera que la civiliza- ción es el fruto de la lucha del hombre contra el olvido, que las sociedades que no tienen memoria tienden a la locura y que en Colombia nos hace falta un baño de memoria (5).

    Desde la Argentina, Jorge Luis Borges, entrega su mirada sobre el olvido y la memoria en múltiples relatos. En Funes, el memorioso narra la historia de Ireneo Funes, un muchacho que tenía la capa- cidad de recordarlo todo merced al golpe que sufrió al montar en una bestia. Diría, entonces, Ireneo Funes: ‘’más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mun- do es mundo” (Borges, J. 1982, 118). Interesante mirada, hay allí un hombre que recuerda, Funes, y el resto de los hombres podrían ser catalogados como olvidadores.

    Es curioso encontrar que en Borges, como en el caso ya referido de las mito- logías India y Griega, exista una suerte de vinculación entre olvido y muerte, como se puede observar en suscélebres poemas ‘Everness‘ y ‘Aquí Hoy’ (6).

    También desde el sur del continen- te, Mario Bennedetti, poeta uruguayo, diagnostica que “el olvido está lleno de memoria” (título de uno de sus principales libros), y de hecho gran parte de su obra se dedica a esta materia. Benedetti, qui- zás impelido por las soledades del exilio obligado, nos legó una obra majestuosa con un dictámen certero: no hay olvidadi- zos, sino olvidadores (7).


    De nuevo, encontramos aquí la relación olvido-memoria como un hecho verídico, pero a su vez confuso. ¿Está la memoria hecha de olvido? ¿Está el olvido hecho de memoria? ¿Qué tanto de olvido hay en la memoria y viceversa? A fin de cuentas es probable, como se sugirió antes,que no exista la posibilidad de queel olvido sea sin memoria y de que la memoria sea sin olvido.

    Abordada esta breve pero seguramente incitadora revisión, nos dirigimos a los parajes de la pedagogía en busca del ol- vido. Esculcaremos en nuestras voces de docentes buscando algunos de nuestros principales olvidos afin de dar cuenta de ellos, describirlos y de iniciar un acerca- miento a su realidad.


  2. El olvido olvidado. Una mirada desde la pedagogía


    “Cada vez que nos dan clases de amnesia como si nunca hubieran existidolos combustibles ojos del almao los labios de la pena huérfanacada vez que nos dan

    clases de amnesia y nos conminan a borrar la ebriedad del sufrimiento me convenzo de que mi regiónno es la farándula de otros”

    Mario Benedetti


    Sugerente esta percepción de Bene- detti. Si recibimos clases de amnesia, es porque nuestra educación es proclive a sufrir de olvidos. Estamos convencidos de que el olvido es, en parte, un simula- cro, una invención social que sirve a los intereses del poder.

    Es tarea para los grandes profesores de la educación estar comprometidos con la enseñanza y el aprendizaje, dos categorías que no pueden existir la una sin la presencia de la otra, visto así, el enseñar no puede entenderse como el simple hecho de transferir conocimiento; más bien es tener respeto por ese otro

    llamado sujeto educable y su concepción de mundo.

    A partir de la anterior sentencia es im- portante reconocer que tenemos instalada una racionalidad que le da la espalda a realidad de la educación, una realidad que olvida, que construye otros momentos de vida para que esta continúe. ¿Pero qué estamos olvidando?

    Estamos olvidando todos los males que hemos construido en la formación de sujetos y si se revisa la historia, a lo largo de ella, se han consolidado los distintos sistemas de enseñanza, pero ¿Cuáles de ellos ya son utopías o pasaron a la historia? ¿Será posible que estemos anquilosados en una educación que olvi- da sus principales fines y objetivos, que actúa de espaldas a la realidad en que se desarrolla?

    Son múltiples las quejas y llamados en este sentido, observemos algunos:


    De esta manera, se otea la necesidad de que se abra camino a una pedagogía


    del olvido, en reflexión por una pedagogía que enseñe la esperanza, la lucha, la libertad, el desencanto, la felicidad, cómo afrontar el miedo; una pedagogía que tras- cienda los espacios de aula, los sistemas educativos, las fórmulas de enseñanza y luche en posición por una formación de individuos capaces de problematizar su sistema mundo.Una pedagogía del olvido que nos dé la opción de poder tener una amplia gama de posibilidades para leer el mundo, por que pareciera que olvidar es la solución, pero probablemente en ello nos equivocamos, la lucha debe ser constan- te, el olvido no es una opción dentro de los corredores educativos, dentro de los espacios de aula, reclamamos que no se eduque para el olvido.

    En reflexión la pedagogía del olvido es un derecho que hemos ganado como su- jetos en formación de sujetos. Así, éstos, los sujetos, se deben poner en postura, er- guirse y no dejar ingresar al olvido en sus espacios de clase. Debemos despertar al olvido e invitarlo, hacer parte del proceso de formación de seres comprometidos con su sociedad, sujetos comprometidos ante el devenir de su mundo. Si no des- pertamos el olvido, él se oculta, calla y corremos el peligro de olvidarnos hasta de nosotros mismos.

    En esta lucha contra el olvido, la peda- gogía no puede ser una fuente de olvidos, las políticas curriculares no le pueden ha- cer apuestas al olvido, el mundo no puede jugar al olvido, la vida no puede ser un olvido. El olvido debe ser fruto, entonces, de una reflexión, de una necesidad del ser humano para actuar dentro de los proce- sos de trasformación de una sociedad.

    De esta manera, el olvido no es un atajo para la educación, el olvido contribuye a anclar pensamientos de mediocridad en las personas, para sí mismos y para las cosmovisiones del mundo y de la vida, el olvido debe estar de frente en la edu- cación, hay que darle memoria al olvido.

    Finalmente, necesitamos una pedago- gía del olvido que deje ver maestros que

    superen la instrumentalidad de la ense- ñanza, en función de formar seres desde la integralidad, capaces de ponerse ante el mundo y transformarlo, sin perder la memoria por la historia, recordándola y ha- ciendo de los olvidos un presente y futuro en la formación de sujetos.Esto significa que el desafío del hombre es mantener, a lo largo de su vida, su capacidad de asombrarse para transformar el asombro en imperativo de conciencia, y a éste en necesidad de mundo (Zemelman,2002, 10), agregaríamos que esa capacidad de asombro sea también una necesidad de no olvidar el olvido como presente para afrontar el futuro.

    De igual forma, el planteamiento del Doctor Zemelman, deja ver la necesidad de sujetos que pongan en postura sus discursos, sus potencialidades sin dar espacios para que el asombro se deje cobijar por el olvido y tener siempre en el horizonte esa necesidad de mundo.


  3. Los docentes, una fuente de olvidos


    Desde las historias pedagógicas na- rradas de los cuatro investigadoresde la tesis “Los olvidos de los docentes” (Alzate Echeverry, Guzmán Arias, Henríquez Hen- ríquez, & Meléndez Martínez, Manizales 2009-2010), hemos encontrado que los docentes somos una fuente recolectora de olvidos, y como fuente dejamos que todos lleguen a ella y dejen sus olvidos allí olvidados. Olvidar, evidentemente, puede ser una opción en algún momento de la vida, pero para la educación no, porque para ella los olvidos deben tener memoria, hay que poner a hablar a los olvidos, no dejemos que el pueblo olvide. ¿Será que necesitamos un ángel del olvido para que no se nos permita olvidar?

    En este acto de poner hablar a los olvidos identificamos en las historias ped- agógicas narradas, una serie de olvidos recurrentes en su práctica pedagógica, que a fin de cuentas se erigieron como el


    universo categorial de la investigación: el olvido por enseñar a emplear la libertad, el de enseñar la felicidad, el enseñar a afrontar el miedo, a confrontar los celos, el de enseñar a enfrentarel desencanto, el de comprender la vulnerabilidad y el de aprender a ir a la deriva.

    Todos ellos son caminos posibles para apoyar los procesos curriculares de nuestros discentes.

    Al abordar la categoría libertad se encontró el reclamo de una libertad que no te encierre sino que te abra a la vida, mirando esta apertura con ojos de lib- eración en busca de una libertadque te permita actuar.

    Desde otro lado, la felicidad aparece como un horizonte utópico dentro de la tarea educativa. Sin embargo, la felicidad debe ser un común denominador dentro de todos los procesos formativos del ser humano, tal y como lo propone la profe- sora Elsi Meléndez Martínez, coautora de este texto.

    Contextualizando el miedo desde la libertad,este aparecería no como un dispositivo oculto si no como un agente conector dentro de los procesos de for- mación del ser humano. El miedo como miedo puede asustar, pero el miedo como dispositivo para abrir opciones de creación

    ¡Bienvenido sea!Encontramos, entonces, el miedo como una presencia natural, pero que debe superar los estadios de la limitación

    A partir de allí se deduce que es urgente el llamado a los docentes para que haga- mos prognosis, “Hacer prognosis no es otra cosa que preocuparse por el tiempo, el del hombre y el de las instituciones que lo representan con sus modelados per- files. Prognosis es proyectar, pronosticar, profetizar, prever, interpretar, adentrar, anticipar, augurar, adelantar, disipar la duda, saber de antemano, dosificar el presente, dominar el miedo a lo descono- cido, superar la barrera del viento, es un acechar el tiempo”. 8(González Gonzalez, 2009, 55).

    Allí, en la prognosis enunciada por González, encontramos al maestro de- cidido, quizás no libre del miedo, pero sí consciente de la necesidad de enfrentarlo y superarlo9.

    El miedo le puede dar paso al desen- canto, pero ¿Por qué desencantarse?“Hoy el desencanto ha tocado fondo, ha lo- grado sumergirse en lo más profundo de mi corazón, pero es un desencanto que encanta y rescata aquello que creía había olvidado” nos dirá la profesora Elsi Meléndez en su trabajo de construcción de categorías;en fin, hay que darle un espacio al desencanto como posibilidad de instauración de un sujeto feliz.

    De esta manera, es posible entrar a la felicidad. Probablemente, es poco lo que conocemos sobre la ella, incluso la antrop- óloga Susana Strozzise atreve a afirmar que “la palabra felicidad es una de esas que todos sabemos usar, pero de la cual nadie sabe qué quiere decir”(Strozzi,2006, 121 ). Sin embargo, esta afirmación no será lo que nos preocupe, lo importante aquí es que debemos atender por crear dentro de los espacios educativos seres con opciones de vivir la felicidad mientras están ejerciendo el derecho a la educación o a educarse. Este es un olvido que no nos debemos permitir.

    Finamente, es importante reconocer que somos seres vulnerables, pero ante la vulnerabilidad no podemos dar espacios para ir a la deriva. En consecuencia, es necesario poder pensar en la construcción de posibilidades que se puedan visualizar desde el naufragio y no dejarlas conver- tidas en simples utopías, hay que darles vida en el presente para que así nos co- laboren en la constitución de un devenir de mundo.


    5.1 Un espacio para el olvido

    El olvido le reclama espacio a la pedagogía. El olvido pide a gritos no ser olvidado, el ser humano tiene la nece- sidad de ocupar nuevos espacios que le


    permitan potenciar su construcción de conocimiento.

    En realidad, este reclamo más que un reclamo por el olvido vendría a ser una protesta, una llamada tendiente a que la pedagogía se revise a sí misma y verifique los siguientes ítems: Primero, analizar de qué manera aquella – la pedagogía- está planteando sus concepciones de sujeto y mundo a partir de la instauración de la relación olvido- memoria existente en sus adentros; segundo, reconocer la na- turaleza de los olvidos en la pedagogía y su incidencia dentro del desarrollo de los sujetos (educadores-educandos) y de las sociedades humanas;y tercero, determinar hasta qué punto se está valorando desde la pedagogía al olvido como un fenómeno que puede potenciar la generación de espacios de creación de nuevo conocimiento.

    Por otro lado, pedir un espacio para el olvido dentro de la pedagogía implica recordarle a la memoria que allí está la historia, que hay momentos de alegría, de felicidad, de desencanto, los cuales son contenidos de construcción histórica en la formación de sujetos en este sistema llamado mundo.

    No debemos ser cómplices del olvido, del silencio, el olvido es para no olvidar, el olvido hace presencia y debe estar en cada momento de construcción del ser humano, no dejemos de enseñar muchas cosas porque simplemente quedaron en el olvido.

    Esta reflexión implica asumir una pos- tura desde la individualidad para formar colectividades en función de trabajar los olvidos como una complejidad creciente pero sin reducirla, es reconocer las re- alidades del contexto y permitir que los sujetos busquen leer el olvido para no olvidar persiguiendo la idea de atender realidades de manera crítica.

    La educación es una necesidad, es un instrumento de construcción de so- ciedades, no debemos olvidarlo, por el contrario se debe crear conciencia en los individuos, es decir realimentar sus

    límites, realimentar sus posibilidades y no llevarlos a los reduccionismos fijados por la actual educación; la tarea es la reno- vación en la formación y en la postura para transformar lo actualmente indeterminado en nuevos horizontes de mundo.


  4. Conclusión: Una expedición hacia el olvido


Parece existir, de acuerdo a lo anotado, una suerte de urgencia de búsqueda del olvido en el quehacer pedagógico. Es claro que la educación ha de hurgar en su memoria, analizarse y hacer concien- cia de todo aquello que ha olvidado. Ha de retrotraerse, volver sobre sí. Ha de examinarse para evaluar de qué manera sus olvidos pueden llegar a ocasionar males y problemas en la sociedad, en el universo de la cultura y en el sujeto educador-educando.

William Ospina, escritor y pensador colombiano, expresaba que la tarea de re- fundar a Colombia es “antes que todo una tarea cultural: debemos empezar una gran expedición por el olvido…” (Ospina, 2001, 5). Es posible que esa tarea refundadora, de manera análoga, deba emprenderse en los terrenos de la educación y de la pedagogía. La sugerencia de Ospina, lec- tor perspicaz de nuestras grandiosidades y miserias, no debería pasar en vano. Es una especie de súplica impertérrita, vale- rosa, es una invitación a descubrir que tras los olvidos está gran parte de lo que hemos sido, de lo que somos, de lo que seremos, de lo que no somos y de lo que hemos dejado de ser. La pregunta por los olvidos de los docentes, así, se erige como una posibilidad de iniciar esa expedición por el olvido.

Dentro de los hallazgos del proceso investigativo encauzado por el profesor Miguel Alberto González, emergieron, como ya se vio, ocho categorías en las cuales, con mayor o menor acierto, se han realizado los primeros abordajes en la materia.


Para los cinco investigadores -direc- tor de la tesis y estudiantes-, resultó sorprendente el observar cómo a partir dela auscultación del insumo de las his- torias pedagógicas narradas de sujetos docentes individuales disímiles (y de su correspondiente confrontación con los referentes teóricos existentes), surgieron olvidos comunes, recurrentes, casi podría decirse que identitarios.

Este anuncio del olvido como posible elemento constituyente de identidad en nuestros docentes, podría conjeturarse al mismo tiempo como una señal de que también es el olvido un fundamento que dota de identidad a las sociedades colom- biana y latinoamericana. De este modo, nuestra identidad estaría constituida, en gran parte, por olvidos.

Estos, por supuesto, son apenas los primeros eslabones de una sucesión de enlaces, de nuevos olvidos de los docen- tes que aguardan por ser descubiertos, develados, interrogados e interpretados.

En ese sentido, esta experiencia inves- tigativa intentó apuntara lo solicitado por Ospina hace casi una década: la instau- ración de una historia verbal, narrada por sus protagonistas y no por especialistas, que nos guiara en la expedición por el olvido, la cual “…requiere sin duda esa medicina de una narración profunda, una búsqueda del tiempo perdido, y el lenguaje verbal creador, oral y escrito, tendría que ser su más inmediato instrumento” (Ospi- na, 2001, 10).

Hay que potenciar, entonces, la emer- gencia de nuevas búsquedas en este sen- tido; hacer consciencia de que en la bús- queda del olvido está, al mismo tiempo, la opción de dar génesis a la búsqueda, al rescate y construcción de la memoria individual y social, de esa memoria impu- nemente invisibilizada en nuestros sujetos y en nuestras sociedades por parte de los detentadores del poder. Los docentes no podemos seguir olvidando que esta es una de nuestras primordiales tareas.


Notas


  1. En este apartado se hace menester recono- cer las diferencias existentes entre términos que empleamos en el presente texto. Defi- nimos el olvido como un fenómeno carac- terizado por la incapacidad para recordar información, datos, pensamientos, ideas, conocimientos, hechos o experiencias, que se presenta de distintas maneras (individual, colectiva o socialmente) y que se produce al menos por la injerencia de alguna de las siguientes causas: lesiones cerebrales, fracaso en la recuperación de información, interferencia, imposibilidad de almacenar información y olvido motivado (lo que se llamaría un olvido consciente). Para el caso del presente artículo entendemos el olvido como una expresión social y no meramente individual (de lo cual se ocupa la psicología).

    La memoria por su parte, antítesis del olvido, la entendemos como la capacidad de los sujetos para guardar, registrar y evocar, datos, informaciones, pensamientos, ideas y experiencias. En el presente texto, como en el caso del olvido, hacemos la lectura de


    la memoria como un fenómeno social, que bien podría identificarse con el concepto de memoria histórica – colectiva, de acuerdo a la expresión empleada por Halbwachs, M., retomada por el profesor Darío Betancur de la Universidad Pedagógica Nacional. (Betancur, 1999).

    Otro concepto, el de recuerdo, asociado a la memoria y al olvido, es una imagen de otro espacio temporal (principalmente del pasado) que se archiva en la memoria y que se puede evocar.

    Finalmente, la amnesia se entiende como la ausencia de recuerdos de un periodo de la vida o de la historia y que presenta causas orgánicas o funcionales, en el caso de los individuos, estructurales y funcionales en el caso de los grupos sociales. La denominada amnesia social se define según Russell Ja- coby, psicólogo estadounidense,como “una rampante reducción de todo a mercancía, que dificulta cada vez más la relación con el pasado”. Los trabajos de Jacoby, en ese sen- tido cobran importancia, en tanto se producen


    como una lectura e interpretación histórica de la cultura de la modernidad (Olik, 1998: 126).

    Por último, es conveniente dejar en claro que el olvido no supone la ignoracia, en tanto ésta se entiende como la ausencia del conocimiento y como se ve al inicio de esta nota el olvido refiere a una fenómeno distinto.

  2. La referencia completa a Ricardo Ávila proviene de la siguiente fuente bibliográfica, de acuerdo con el documento de González: Avila R., Brisci, C. (1997). ¿Somos realmen- te conscientes del tiempo?. En Estudios del hombre, núm. 5 página 109. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

  3. Una narración muy completa sobre el parti- cular se encuentra en Mircea Eliade, en su célebre obra Mito y Realidad. El filósofo e historiador rumano, a la luz de lo encontrado por los autores, constituye una fuente valiosa de análisis en este tema dela relación entre mitología y olvido. Aquí se cita en la ciber- grafía la ubicación en la web del capítulo séptimo de la obra en mención, el cual se titula Mitologías de la memoria y el olvido.

  4. Es interesante esta cuestión de la relación entre memoria y olvido. Una lectura sobre el particular nos la ofrece Joan Charles Mèlich en Filosofía de la finitud. Mèlich asegura que la memoria es inseparable del recuerdo y del olvido. Y a renglón seguido estipula que “ hacer memoria significa recordar, pero la memoria implica, también, el olvido” (Mèlich, 2002: 92). Luego el autor francés explicará que para hacer memoria, es necesario hacer un empleo selectivo del recuerdo y por lo tanto se requiere tener la capacidad de olvidar. De esa manera, según Mèlich el recuerdo no sería nada más que la presen- tación de una forma de olvido.

  5. Sobre la visión del olvido que presenta William Ospina es conveniente observar la entrevista realizada por Hollman Morris a este escritor tolimense en el programa de televisión Contra- vía en julio de 2005. El programa se puede ob- servar en el siguiente vínculo de la web: http:// www.youtube.com/watch?v=dZr4gKYcjSc (Ospina, Contravía, 2005).

    El propio Ospina, en entrevista concedida al programa ‘Vidas al 100%’, expresa su visión con respecto al rol del olvido en Colombia y América Latina. En el documento, Ospina expresa que lo paradójico en nuestra socie- dad es que “somos niños con memoria de

    ancianos” tenemos una memoria milenaria, pero somos nuevos como sociedad. Y sin embargo, por cuestiones del olvido, ten- emos unos “sótanos llenos de tesoros que no exploramos y que solamente a través del arte han ido emergiendo…somos socie- dades que tienen todo para contar pero que no han desarrollado el arte para contarlo”. El video se puede observar en: http://www. vidasal100.com/william-ospina/. (Ospina, Vidas al 100%, 2010)

  6. Más allá de los textos citados, Borges pu- blicó en 1960 un conjunto de relatos cortos y poemas en el libro El hacedor, en el cual el olvido es protagonista. Dicho libro fue reeditado en repetidas oportunidades por la Editorial Alianza. El ejemplar al que hemos tenido acceso fue editado en el año 1998. De él extractamos las siguientes frases: “El hombre duerme y sueña, olvidado”,“Cruz, lazo y flecha…no sé por qué me maravillan, cuando no hay en la tierra una sola cosa que el olvido noborre o que la memoria no altere…”, “Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro”. (Borges, 1998: 12, 14, 18)

  7. Sobre este particular evocamos un texto del propio Benedetti llamado El amnésico y el olvidador, en el cual el poeta uruguayo establece la diferencia que existe entre tres tipos distintos de hombre: el amnésico que olvida por sufrir una “amputación del pasa- do”; el olvidadizo, quien a decir del poeta es apenas un candidato a olvidador; finalmente está el olvidador que, afirmará Benedetti, “se lo amputa voluntariamente (el pasado) … no olvida porque sí, sino por algo, que puede ser culpa o disculpa, pretexto o mala conciencia, pero que siempre es evasión, huida, escape de la responsabilidad. No obstante, el olvida- dor nunca logra su objetivo, que es encerrar el pasado”. (Benedetti, 2005).

  8. La prognosis es un término de la medicina y de la meteorología que se ha venido vin- culando paulatinamente al universo de las ciencias sociales. El subrayado en el texto pertenece a la fuente original.

  9. De esa manera, el docente ‘prognótico’ se convertirá en un sujeto capaz de superar los dejos y aflicciones propios de la procas- tinación; esto es, el dejar todo para mañana, el constante posponer las actividades y metas importantes por otras baladíes o un tanto triviales.


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