Maestros e intelectuales frente al pensamiento latinoamericano.

El origen de un pensamiento mestizo1


riChArd Millán2 ConsiderACión3


Resumen


¿Cuál es el pensamiento propio latinoamericano? ¿Existe en realidad un pensamiento propio latinoamericano que sea reflejo de la sociedad? ¿Se mantiene el colonialismo intelectual?

Estos interrogantes reflejan la aparente inexistencia de un pensamiento con identidad latinoamericana, que surja a partir de nuestras propias problemá- ticas y no se soporte en pensamientos foráneos, que aunque le han dado bases a nuestra discusión filosófica, no han permitido aterrizar la discusión a las realidades de la sociedad de América Latina o al menos, no ha sido un aterrizaje afortunado, toda vez que ese pensamiento foráneo ha sido utilizado como paracaídas de nuestros infortunios históricos.

A partir de esta sensación y cuestionando la dependencia de nuestros pen- sadores de escuelas foráneas, especialmente europeas y norteamericanas, considero que debemos tener un pensamiento propio que se aplique o se identifique con nuestra sociedad, una filosofía latinoamericana que tras- cienda nuestras propias fronteras intelectuales y geográficas.

No pretendo resolver estas inquietudes a lo largo del presente escrito, solo busco provocar la disertación sobre el tema propuesto, generar opiniones y especialmente, hacer una reflexión crítica sobre lo que significa ser lati- noamericano.

Este artículo hace parte de un proceso académico en el marco de la inves- tigación denominada “Maestros e Intelectuales en América Latina”, liderado por los docentes Ana Gloria Ríos y Germán Guarín de la Universidad de Manizales.

En desarrollo de la investigación, se consultaron maestros e intelectuales que están pensando una nueva América Latina, proponiendo nuevas po- sibilidades para potenciar una filosofía propia y afrontando las dificultades que significa ser tercermundista en un mundo globalizado, pero con claro dominio de las eternas naciones colonizadoras.

Procuraré a lo largo de este análisis, resultado de una investigación aca-

démica, hacer una reflexión crítica y propositiva frente a lo que significa


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  1. Recibido: 05 de julio de 2012. Aceptado: 20 de agosto de 2012.

  2. Richard Millán. Comunicador Social y Periodista. UTL. Estudios en Ciencias Sociales UV. Docente Uni- versidad de Manizales. Magister en Educación Docencia. Correo Electrónico: richardmillan@umanizales. edu.co

  3. Ana Gloria Ríos y Germán Guarín. Docentes e investigadores. Directores generales de la investigación “Maestros e intelectuales en América Latina”.


    pensar una filosofía propia latinoamericana, sus orígenes y trascendencia

    mundial.

    Es una apuesta por re-pensarnos como latinoamericanos, por re-visar nuestros postulados y re-inventarnos como sujetos pensantes en un continente considerado como la periferia y al mismo tiempo, la esperanza del mundo.

    Palabras clave: Intelectual, filosofía, liberación, pensamiento, mestizo


    Teachers and intellectual thought american front.

    The origin of a thought mestizo


    Abstrac


    What is Latin America’s own thinking? Is there actually a Latin American thought that is itself a reflection of society? Do you maintain intellectual colonialism?

    These questions reflect the apparent lack of thought in American identity, arising from our own realities and do not support foreign thoughts, although you have to base our philosophical discussion, have failed to ground the discussion to the realities of Latin American society, or at least has not been a lucky landing, since the thought foreign parachute has been used as our historical woes.

    From this feeling and questioning our dependence on foreign school thinkers, especially European and American, I believe that we have thought proper to apply or to identify with our society, a Latin American philosophy that transcends our own intellectual and geographic boundaries.

    I do not intend to address these concerns throughout this article, I seek only lead the presentation on the proposed topic, generate opinions and especially make a critical reflection on what it means to be Latin American. This article is part of an academic process in the context of research called “Teachers and Intellectuals in Latin America”, led by teachers Ana Gloria Rios and Germán Guarín University of Manizales.

    In developing the research, consulted teachers and intellectuals who are considering a new Latin America, offering new possibilities to enhance their own philosophy and the difficulties facing it means to be third world in a globalized world, but with clear dominance of the colonizing nations eternal.

    I will try along this research proposal; make a critical reflection against what thinking Latin owns philosophy, its origins and worldwide significance.

    It is a commitment to re-think of ourselves as Americans, for re-endorse our demands and re-invent as thinking subjects in a continent considered the periphery and at the same time, the hope of the world.

    Keywords: Intellectual, philosophy, freedom, thought, mestizo Pensando el problema


    Para los grupos negros, y para los indígenas, la producción de un pensamiento propio se hace desde la diferencia, porque saben que asemejarse es morir; es dejar de ser lo que son. La vida misma es la producción de diferencia.

    Arturo Escobar4


    El origen colonial de nuestra sociedad nos coloca una impronta que marcó nuestro destino como un pueblo nuevo en la geografía mundial, descubierto por quienes ya tenían una historia construida y un poder hegemónico establecido.

    Haciendo un recorrido por la historia de nuestros orígenes como pueblo, encuen- tro que cuando los españoles llegaron a América hallaron unos pobladores a los que trataron de conquistar alienándolos, pero cuando se negaron, fueron desco- nocidos como seres humanos, fueron considerados una subespecie y jamás equiparados a los recién llegados.

    Sus prácticas religiosas, sus costum- bres ancestrales, sus cotidianidades y hasta su ausencia de ropaje, fueron mal vistas por los invasores, quienes soporta- dos en las armas, en la sorpresa y en la religión, arrasaron con lo que encontraron a su paso.

    A partir de allí se inició un proceso de evangelización forzado, pero con el “per- miso” de Dios, que no fue más que la im- plementación de un pensamiento europeo, en este caso español, cuyo soporte era la religión católica como elemento funda- mental en la conquista del nuevo mundo.

    Bartolomé de las Casas asegura en su obra “Apologética, Historia Sumaria” citado por Fraga “El hombre moderno es el resultado de un proceso de desarrollo histórico y cada pueblo, en los orígenes de su existencia, se encontraba en el estado primitivo, igual como los pueblos indios de América.” (Fraga, 2008, 1)


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  4. Maestro, intelectual y académico Colombiano.

Augusto Salazar Bondy, en su libro

¿Existe una filosofía de nuestra América?, dice sobre los inicios del pensamiento en este continente:

Se traen a América y se propagan en nuestros países aquellas doctri- nas que armonizan con los propósi- tos de dominación política y espiritual de la península. De este modo, los hispanoamericanos aprenden como primera filosofía. Esto es, como pri- mer modo de pensar en plan teórico universal, un sistema de ideas que responde a las motivaciones de los hombres de ultramar. (Salazar, 2004, 11)

Por siglos los latinoamericanos hemos estado bajo el dominio de modelos de pen- samiento, sistemas económicos, políticos, sociales y hasta religiosos, provenientes de otras latitudes. Eso es lo primero que aprendemos cuando nacemos en la aca- demia, somos consientes de esa realidad, pero a pesar de ello, se nos hace complejo generar nuevas posibilidades de pensa- miento que trasciendan esos modelos.

Una de las alternativas que han encon- trado nuestros pueblos latinoamericanos para contrarrestar esta problemática, además del discurso de la emancipación intelectual, la filosofía de la liberación y la confrontación de tesis traídas de Europa y Norteamérica, ha sido la del discurso del antiimperialismo, fomentado especialmen- te por sectores de izquierda y de extrema izquierda, también “contaminados” por pensamiento foráneo, como el caso del marxismo, el leninismo, el maoísmo y toda una retórica comunista y socialista que sembró semillas en varios de nuestros países.

La izquierda ha promovido una vista horizontal de unos a otros, mientras la derecha se considera que mira de forma vertical. Esta, demasiado simple y hasta arriesgada definición de las búsquedas de unos y otros, establece cierto parámetro para considerar que la lucha de clases, más que generada por la diferencia entre


ricos y pobres, está cimentada en la mira- da de tercera que siempre se la ha dado a Latinoamérica.

Europeos y norteamericanos y hasta los comunistas, han mirado a Suramérica como una periferia, poco necesaria para definir la suerte del mundo.

El brasileño Ruy Mauro Marini escribe en su ensayo “Las raíces del Pensamiento Latinoamericano”:

Los años 20 implican, para Amé- rica Latina, cambios en todos los planos de la vida social […] Los movi- mientos de clase media y de la clase obrera impondrán nuevas alianzas sociopolíticas, radicalizando las contradicciones entre la oligarquía agrario-comercial y la burguesía in- dustrial y llevando, en la mayoría de los países, a nuevos tipos de Estado, basados en el nacionalismo y en pactos sociales menos excluyentes. Paralelamente, se intensifican las relaciones comerciales y políticas entre los países de la región, soporte necesario para un concepto autóno- mo de latinoamericanismo. Hasta entonces, la idea de Latinoamérica se había esbozado desde Europa, en tanto que simplificación apta para el esquematismo ignorante, tanto por los gobiernos como por la izquierda; no por acaso la Interna- cional Comunista, al plantearse la cuestión colonial, eludirá el estudio particular de nuestros países y prefe- rirá abordarlos como integrantes de lo que llama de “China del extremo occidente”. En otra perspectiva, la concepción del subcontinente como una verdadera región se formulara, desde Washington, en el marco de una política expansionista, inspirada en doctrinas como el pangermanis- mo o el paneslavismo, entonces en boga. (Marini, 1988)


El problema aquí es que las grandes potencias han mirado nuestra región como oportunidad de expansión de sus intere-

ses, una especie de nuevo colonialismo, disfrazado en protocolos diplomáticos, pero al fin y al cabo, colonialismo. Ningu- na potencia ha llegado a Latinoamérica a ofrecer sus servicios, a cambio de nada, siempre buscan algo que necesitan, de lo contrario no llegarían aquí.

Caso contrario ocurre con China, que siendo una potencia naviera milenaria, mucho antes que Europa, nunca buscó colonizar territorios en ultramar, no tuvo colonias, por el contrario, parte de su territorio fue colonia Inglesa; sin embargo creció a partir de sus propios recursos, especialmente los humanos, de sus propias políticas y modelos sociales, que sin entrar a cuestionarlos, podría decirse que le han funcionado, para convertirla hoy en una potencia mundial, que todos los otros países, considerados potencias, buscan para negociar, comprar y vender. Los chinos son “buenos aliados” hoy, no permiten que sus tradiciones milenarias seas pisoteadas y siguen abriéndose ca- minos, hasta en la “periferia” del mundo, nuestra Latinoamérica.

El problema ahora es que ya estamos sintiendo los chinos, mediante una inva- sión de productos de consumo, generada por el bajo costo de la mano de obra en esa nación, donde la densidad demográ- fica superó todos los estimativos y que hoy por hoy adquiere tal relevancia en la producción en serie, que solo India, que tiene similares problemas demográficos, le sigue el ritmo.

Esta situación ha generado ahora que la producción doméstica en nuestros países latinoamericanos sea cada vez más costosa, producir tecnología ya no es negocio en nuestro subcontinente, y para sorpresa de pocos, tampoco somos productores agropecuarios, pues ya nos creíamos países en vía de desarrollo y dejamos las prácticas artesanales para las sociedades pobres que no tienen más opción; como si nosotros mismos ya no hiciéramos parte de esas sociedades deprimidas.


Brasil es reconocido hoy como la sexta economía mundial, su crecimiento ha sido vertiginoso y sus diferencias con el resto de Latinoamérica son también abismales. Desde su génesis las cosas han sido distintas. Allí llegaron conquistadores por- tugueses, con una concepción diferente de colonia. Llegaron por millones, se ins- talaron como en propia casa, no llegaron a explotar minerales, llegaron a sembrar grandes plantíos, siguieron mirando ha- cia Europa y en cierta forma le dieron la espalda a los territorios conquistados por sus vecinos españoles, poniendo la selva del Amazonas de por medio. Brasil fue un reinado, no todo debía irse para Portugal, aquí habían suficientes portugueses como para que se trabajara para la misma gente del lugar.

Los demás países, fueron virreinatos de España y siempre tenían claro que estaban trabajando para la corona, lo de aquí poco importaba, una muestra de esto es que a América no llegaron millones de españoles, solo fueron algunos cientos de miles. Era claro, estas tierras eran para explotar y beneficiarse de ellas.

A partir de estos antecedentes, Éduard Demenchonok dice: “la necesidad impe- rante de la sociedad latinoamericana de tener una filosofía auténtica capaz de ser- vir a la intelección de la realidad, a la bús- queda de vías de desarrollo independiente y de la solución de problemas cardinales de nuestras sociedades.”(Demenchonok, 1990, 43)

Cuando se revisa cada una de las cul- turas, costumbres, intereses y naturaleza colonial de los países latinoamericanos, se puede ver un verdadero enjambre de particularidades que podría explicar la dificultad de este territorio de pensarse como uno solo, tal como lo hace Europa y Norteamérica. Nuestros países están divididos por sus propias raíces, y aunque todos fueron en su momento colonia de otro país, todos se independizaron y todos cuestionaron esa situación; se resisten a romper totalmente los lazos con sus

conquistadores, muchos se enorgullecen de tener vínculos de idioma y sangre, que hasta se olvidan que es necesario pensar- se como autonomía y como región con macroproblemáticas similares que solo se resolverían si se trabaja en unidad.

Latinoamérica es un territorio en evo- lución, no ha consolidado sus bases políticas, económicas y muchos menos sociales. La multiculturalidad puede ser una de las causas de esta evolución per- manente, lo que preocupa es la ausencia de líderes, pensadores, intelectuales lo suficientemente influyentes como para lograr un diálogo común de estos países, por encima de sus intereses particulares.

Las tesis de Bolívar han sido tomadas por movimientos subversivos y por go- biernos antiimperialistas como el de Hugo Chávez, para liderar una reivindicación política, social y económica de Latino- américa, sin embargo, los primeros se desviaron en el camino y contaminados por el narcotráfico perdieron el rumbo y los segundos, como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Ra- fael Correa en Ecuador, han soportado su revolución bolivariana en los recursos del petróleo venezolano, que aunque son mu- chos, solo han servido para mantener un discurso demagógico que no trasciende las fronteras y antes que unir, ha dividido aún más la convulsionada América Latina.

Como lo afirma el periodista Andrés Oppenheimer, no hay región del mundo que actualmente esté más convulsionada en su proceso de trabajo mancomunado como América Latina. Mientras los tres grandes bloques, Europa, Asia y Norte- américa, trabajan por tratados de libre comercio, en procura de garantizar su fortaleza económica, los países latinoa- mericanos no han logrado consolidar un proceso económico autónomo y profundo que garantice que sus cartas serán fun- damentales en el juego de azar que es la economía mundial. Todo lo contrario, nuestros países han entrado o mejor, han caído, en el juego de los grandes bloques


económicos, que atomizan el mercado y cada uno hecha anzuelos por separado y de igual forma nuestros países pican esa carnada que solo genera desunión en el continente. Se pregunta Oppenheimer: “¿Tiene remedio la actual desunión de las Américas? - ¿Podrán los líderes de la región anteponer la urgencia de la dis- minución de la pobreza a su demagogia populista-nacionalista en aras de sus intereses personales?” (Oppenheimer, 2009, 11)

Y es que por andar tratando de pare- cernos a otros, no logramos consolidar un proyecto propio absoluto y llegamos tarde a los momentos en que podríamos generarlo. Dice Miguel González en su obra “Umbrales de Indolencia, educación sombría y justicia indiferente”: “Sabemos pues que el tiempo para Latinoamérica, a veces, no parece el mismo de aquellas sociedades con mayores despliegues en calidad de vida; es curioso, pero aprendi- mos a llegar a destiempo, y nos solazamos con saberlo…” (González, 2010, 21)

Llegar tarde a todo es casi una mar- ca de nuestra sociedad, no solo en las prácticas cotidianas, también en los tras- cendental, como que, teniendo la mayor reserva de biosfera en el mundo, solo nos enteramos que debíamos cuidarla cuando desde otros lares nos lo dijeron, pensando más en ellos que en nosotros mismos.

Caminamos con el paso trocado frente al resto del mundo, y no se propone ir al mismo paso, pero tampoco quedarse de la marcha.

No se trata de homogenizar nuestros países, se trata de potenciar el pensa- miento propio a partir de nuestras parti- cularidades, permitiendo el fortalecimiento de las libertades, las democracias, el pensamiento, la cultura, la educación y la sociedad en general, especialmente la menos favorecida.

Leopoldo Zea dice:

El latinoamericano se ha servido de ideas que le eran relativamente ajenas para enfrentarse a su reali-

dad: la ilustración, el eclecticismo, el liberalismo, el positivismo y, en los últimos años, el marxismo, el histori- cismo y el existencialismo. En cada uno de estos casos, en la aceptación de estas influencias, ha estado en la mente del latinoamericano la idea central de hacer de su América un mundo a la altura del llamado mundo occidental; de sus pueblos, naciones semejantes a las grandes naciones occidentales. ¿Y qué es lo que ha querido imitar, realizar, de esas na- ciones o de ese mundo que le sirven de modelo? Desde luego no todo, sino aquello que más caracteriza a ese mundo y a las naciones que lo expresan. (Zea, 1976, 10).


Y es precisamente a partir de no saber qué queremos ser, o a quién nos quere- mos parecer, lo que nos impide establecer con claridad ese punto de partida para el pensamiento latinoamericano.

Con base en estas discusiones y consi- derando que a lo largo de los años hemos visto en el panorama filosófico de Latino- américa personajes como Tomás Eloy Martínez, Eduardo Galeano, Humberto Maturana, Hugo Zemelman, Paulo Freire, Enrique Dussel; sería muy importante co- nocer los puntos de vista que frente a esta problemática tienen algunos intelectuales y maestros latinoamericanos.


Esculcando realidades


El siglo XX ha probado que nuestra América sabe recibir el legado de Europa pero no se siente agobiada por el peso de sus verdades ni por el deber supersticioso de perpetuar sus errores. Y esa libertad será

fundamental a la hora de aceptar los

desafíos intelectuales del porvenir.

William Ospina


La necesidad de esculcar en nuestro pasado reciente, para hallar posibilidades


de libertad en el futuro, es parte de mi preocupación al plantearme la búsqueda de esta génesis.

Y hablo de un pasado reciente, consi- derando que nuestra sociedad desde el siglo 19 hasta nuestra época ha manifes- tado con mayor claridad el sentimiento de independencia y libertad en sus actos de pensamiento.

Sin embargo no podemos hablar de una total y absoluta independencia en el pensamiento latinoamericano, frente a europeos y norteamericanos que han sembrado su semilla en los pensadores criollos.

A partir de esta necesidad de tener un pensamiento propio, que per se debe repercutir en todas las esferas de la so- ciedad, me interesa encontrar los orígenes de nuestra actual discusión intelectual latinoamericana.

En este proceso investigativo, daré una mirada a varios pensadores latinoa- mericanos quienes a través de sus letras han marcado el rumbo de esa discusión. También me acercaré a algunos intelec- tuales contemporáneos del cono sur, con quienes buscaré más respuestas a mi interrogante.

Decidí profundizar en el pensamiento de Paulo Freire a través de su obra Pe- dagogía del Oprimido; de Luis Vitale y sus obras sobre América Latina desde una perspectiva marxista; de Enrique Dussel y su discusión desde la Filosofía de la Liberación; de William Ospina y su obra América Mestiza; también hablé con el in- telectual chileno Sergio Manosalva Mena y con el pedagogo y escritor colombiano Marco Raúl Mejía.

Uno de los primeros antojos en esta discusión y considerando que todos los anteriormente mencionados están ligados a la academia, fue el de acercarme a tra- vés del proceso educativo que ha tenido América Latina a lo largo de su existencia, sin embargo, aunque lo mantendré muy presente, no será el elemento esencial de esta discusión, contribuyendo a formar un

criterio mucho más amplio del proceso de pensarnos como latinoamericanos desde diferentes esferas del conocimiento.


Recabando en el pasado


Se presume que los primeros habi- tantes de América llegaron a través del estrecho de Bering en Alaska hace unos 100 mil años. Desde allí se distribuyeron hasta ocupar tierras en lo que hoy es centro y sur América. Especialmente se dedicaban a la caza y la recolección de productos para su subsistencia.

Eran pueblos nómadas que fueron en- contrando estabilidad y se constituyeron como comunidades agro-alfareras, toda vez que a la par que avanzaban en sus procesos de desarrollo de técnicas agríco- las, también descubrieron y perfecciona- ron técnicas para elaborar elementos con arcilla. Hubo culturas más avanzadas que otras, especialmente las que descubrieron la forma de procesar los metales.

En ese desarrollo, algunas sociedades como los olmecas y toltecas en lo que ac- tualmente es México, avanzaron en su es- tructura social y surgieron los Chamanes o sacerdotes, quienes establecieron las primeras formas de estructura piramidal en la sociedad primitiva de la época. Es- tos chamanes establecieron la diferencia entre quienes hacían trabajos manuales y los que hacían un trabajo intelectual.

Estos sujetos fueron los primeros que podrían considerarse “pensadores” de la nueva sociedad americana. Eso ocurrió aproximadamente 200 años a.C.

Haciendo un salto a una época más reciente y enfocándonos en la colonia, encontramos todo un proceso de explota- ción de los recursos de las nuevas tierras por parte de los países de Europa, que necesitaban urgentemente financiar sus guerras y llenar sus golpeadas arcas.

Además de llevarse el oro y la plata, trajeron todo su modelo de estructura polí- tica, social y económica a nuestras tierras.


Cuando en medio de un avanzado proceso colonialista, los americanos empezaron a ver que ya era hora de pensarse como hijos de esta tierra y que era necesario trabajar por el desarrollo de la misma, acabando con ese cordón umbilical que teníamos con Europa y que solo alimentaba a los extranjeros, mientras agotaba nuestras riquezas; se encontraron con una auténtica muralla ideológica construida por los europeos. El pensamiento era traído e impuesto desde el otro lado del atlántico, no había como contrarrestarlo, pues los colonos se cuidaron de no generar los espacios para promover un pensamiento propio y contrario al suyo.

Ruy Mauro Marini, expone que:

El pasado nos había acostumbrado a depender de Europa para reflexio- nar sobre nuestra realidad. La colonia no tenía quien ni por qué pensar: la metrópoli lo hacía por ella. Lo máximo a que podía aspirar era formar sus letrados, sus hombres cultos, en la metrópoli, según los patrones cultura- les allí imperantes. La Independencia, con la consiguiente inserción en la división internacional del trabajo y la formación de los Estados nacionales, nos obliga a un esfuerzo para el que no estábamos preparados. Carecía- mos, para ello, de resortes propios: escuelas, universidades, tradición cultural, así como de industrias y tec- nología para asegurar la reproducción de nuestra economía. En otros térmi- nos, no poseíamos las condiciones materiales y espirituales para crear un pensamiento original. En esas condi- ciones, lo que harán nuestros países es importar los productos acabados del pensamiento europeo, del mismo modo como importábamos las manu- facturas y hasta los hombres necesa- rios a la reproducción de nuestra base económica. El liberalismo nos decía que ello debía ser así y lo creíamos. Faltaba, entonces, la justificación de por qué nuestras sociedades, nues-

tros Estados, nuestra cultura diferían tanto de sus congéneres europeos. Independientemente de la penetra- ción entre nosotros del idealismo, el positivismo, el darwinismo social y el mismo socialismo, los ideólogos de nuestras clases dominantes acaba- ron por inclinarse hacia el único fac- tor que, de verdad, parecía explicar esas diferencias: la raza. Explicación tanto más conveniente cuanto que nuestros criollos, por mezclados que fueran, habían excluido de la vida política al grueso de la población, ésta sí confesadamente mestiza. (Marini, 1988).


Y es precisamente desde el mestizaje genético de nuestra población, desde don- de parte esta discusión de pensarse como sujeto independiente, autónomo y libre.

Para entender someramente el naci- miento de este afán emancipador, debo referenciar el pensamiento liberacionista promovido por Enrique Dussel y comparti- do por diferentes pensadores de la época, entre ellos Paulo Freire, Augusto Salazar Bondy y muchos otros, inspirados por la teología de la liberación planteada en el Concilio Vaticano II.

Esta filosofía anticolonialista, se forta- leció con el pensamiento de economistas de la época que empezaron a revisar los modelos económicos que nos regían y su impertinencia frente a la realidad latinoa- mericana. Eran modelos creados a partir de y para otras sociedades, especialmente la europea y en cierta forma, también la sociedad norteamericana.

La transformación de nuestra sociedad está ligada a varios aspectos fundamen- tales. La política, la economía, la religión y la educación.

La declaración dignitatis humanae so- bre la libertad religiosa proferida al término del Concilio Vaticano II, fundamentó la base de las primeras discusiones de estos emancipadores latinoamericanos. En su aparte inicial que sustenta la proclama eclesiástica reza:


Los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de aquellos que exigen que los hombres en su actua- ción gocen y usen del propio criterio y libertad responsables, guiados por la conciencia del deber y no movidos por la coacción. Piden igualmente la delimitación jurídica del poder públi- co, para que la amplitud de la justa libertad tanto de la persona como de las asociaciones no se restrinja de- masiado. Esta exigencia de libertad en la sociedad humana se refiere sobre todo a los bienes del espíritu humano, principalmente a aquellos que pertenecen al libre ejercicio de la religión en la sociedad. (Concilio Vaticano II, 1965).

La discusión planteada en este Concilio fue establecida a partir de la necesidad de un ecumenismo real y aplicado, su- perando las barreras históricas entre las religiones del mundo.

Nuestros pensadores tomaron esa pro- puesta y desarrollaron todo un proceso de análisis y profundización en torno a la rea- lidad latinoamericana y encontraron que nuestro principal problema era la ausencia de libertades en todos los campos, gene- rada por la existencia de un para estado colonialista, que a pesar de no existir le- galmente, mantenía las riendas ajustadas mediante la generación de necesidades que solo europeos y norteamericanos podrían suplir.

Esa especie de colonia disfrazada en asistencialismo bondadoso, mantenía y creo que aún en buena parte de nuestro territorio mantiene, una inevitable depen- dencia política, social, cultural, intelectual y hasta jurídica de nuestras sociedades suramericanas.

La discusión de Enrique Dussel5 en lo que llamó Filosofía de la Liberación,


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5 Enrique Dussel, escritor, filósofo y pensador

Argentino, nacionalizado mexicano.

abrió puertas para que el pensamiento latinoamericano iniciara su proceso eman- cipador. El pensamiento era mirado con ojos eurocéntricos, solo existían Europa, Estados Unidos, Japón y la periferia. La periferia éramos el llamado tercer mundo, es decir, África y América Latina. Cuando la mirada empezó a cambiar y esa periferia empezó a hablar del cómo veía al centro desde este lado en el que nos habían puesto los “poderosos”, se inició una discusión diferente de todas las ciencias, partiendo de la filosofía y la economía.

El pensamiento revolucionario y libera- dor que nacía en las tierras latinoamerica- nas se proyectaba desde México, una na- ción que a pesar de ser latinoamericana, su cercanía geográfica con Norteamérica la hacía parte de muchas discusiones dadas en el mundo desarrollado.

También fue una nación que abrió las puertas a esos pensadores que eran expulsados o huían de la persecución de los dictadores latinoamericanos, quienes veían en la confrontación de discursos su peor enemigo, castigando a sus socieda- des de la divergencia y la oposición inte- lectual, como herramienta para enriquecer los constructos sociales. Bueno, tampoco se esperaba tanto de los militares alzados contra las democracias, más cuando se comprobaba una y otra vez, tiempo des- pués, que detrás de cada golpe militar ha- bía un interés foráneo apoyándolo. Lo que no sabían esos militares golpistas, es que luego el poder que los ayudó a llegar, se convertiría en su acusador, perseguidor y hasta ejecutor, cuando ya los consideraba inservibles para sus propósitos.

Para González, “Si algo ha entorpecido el progreso social en Latinoamérica son las dictaduras, de ellas se engendraron mons- truos dedicados a perseguir y a desapa- recer a cualquier contradictor.”(González, 2010, 92)

Y es que a lo largo de la historia, los propósitos bondadosos que promueven los países desarrollados, disfrazan intere- ses mezquinos que buscan beneficiarse


de las riquezas de cada territorio y usurpar la autonomía de sus democracias.

La debilidad de esas democracias usurpadas está sustentada en la ausen- cia de unas políticas públicas efectivas de promoción del pensamiento propio para resolver nuestras problemáticas a partir de las realidades particulares. Es común encontrar que con modelos foráneos, creados para otras realidades, se busque solucionar nuestras propias problemáticas.

Esa es América Latina, y nuestras deficiencias son aprovechadas por otros para mantenernos relegados a discutir entre nosotros mismos, a mirarnos el ombligo cuando pensamos para un mundo globalizado.

La inconsciencia de eso nos hace pe- queños frente al pensamiento de europeos y norteamericanos.

El académico chileno Sergio Manosal- va6 asegura:

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Creo que si nosotros conversamos de cosas sobre las que estamos de acuerdo, no enriquece nuestra con- versación. Tenemos que conversar también con aquellas personas con las que estamos en desacuerdo, pues con ese desacuerdo, yo puedo seguir construyendo mayores co- nocimientos, pero si vamos a estar hablando más de lo mismo nosotros, no se nos enriquece la conversación; entonces requiero del otro que piensa distinto a mí y el otro requiere que yo piense distinto a él, pero en el ánimo de construir y no de confrontarnos, no de negarnos en este pensar dis- tinto; entonces, cómo puedo mirar mi pensamiento, sólo lo puedo mirar en relación al otro pensamiento, por ejemplo, el de Estados Unidos no me gusta, pero entonces como no me gusta, yo busco mayores argumentos para hacer las reflexiones sobre el por

qué no me gusta y puedo entonces conversar con él, pero si desecho la conversación, como sé que no me está gustando ese otro pensamien- to, si lo privo de la palabra en esa conversación que estamos teniendo. (Entrevista 4).

La discusión que se da en Latinoamé- rica siempre estará ligada a las herencias de la colonia, sin embargo estos precur- sores de la independencia intelectual se mantienen firmes en pensarse como re- sultado de una colonia, pero con claridad de la autonomía que nos da ese mestizaje que nos hace propios.

Dussel dice;

Entonces yo creo que la filosofía latinoamericana no podría ser si no conociera el pensamiento europeo y después lentamente comenzara a definir desde ese pensamiento filo- sófico el propio yendo también a sus fuentes, en el caso de yo como pri- mera generación, crítico del eurocen- trismo, ya no soy de cultura indígena como puede ser una futura genera- ción que puede tener el futuro más hecho, pero sí creo que puede ser una primera cultura latinoamericana que tomó el pensamiento europeo y que viendo las posibilidades que le brindaba pudo construir un discurso propio y construir nuevas categorías, de tal manera que creo que en este momento ya existe una filosofía la- tinoamericana con plena conciencia de sus recursos.(Entrevista 3).


Y es que nuestra identidad como latinoa- mericanos radica precisamente en lo que nos diferencia de los europeos y norteame- ricanos. Tener claras esas diferencias es lo que nos permite potenciar un pensamiento auténtico, discutiendo desde el conocimien- to mismo del pensamiento externo.

Para Marco Raúl Mejía7 esa es la cla- ve de esta emancipación intelectual de América Latina.

6 Sergio Emilio Manosalva Mena, profesor, escritor y

pensador chileno.

7 Pedagogo, filósofo y pensador colombiano.


Para pensarse como latinoameri- canos tiene que discutirle al pensa- miento Europeo, discuten la idea de escrito absoluto, discuten la idea de la razón, discuten una cantidad de cosas, entonces lo que hay es una distancia frente a ese pensamiento y es en esa idea, es en ese pensamien- to que se quiere la especificidad de lo propio, pero lo propio se construye en la alteridad y en la diferencia de la discusión, no es como un pensa- miento propio que brota de la tierra, me parece que ahí, ahí aunque hay sectores que lo sostienen, en algunos talleres que yo he dado últimamente en algunos países, aparecen sectores indigenistas totalmente radicales, diciendo que ese es el pensamiento indígena y que no tienen por qué plan- tearse el problema de la intercultura- lidad; nosotros somos básicamente nuestra cultura, la interculturalidad bá- sicamente es parte de la diversidad. Yo digo, con todos estos elementos, lo que hemos hecho en la alteridad y en la diferencia, tratar de construir un proyecto propio, nos hemos ido construyendo en una especificidad de pensamiento que se distancia de esos procesos europeos, establece una mirada propia, reorganiza desde ahí, pero no abandona eso. (Entrevista 1).


La consolidación de un pensamiento hí- brido o mestizo sería la posibilidad de abrir las puertas del mundo a la intelectualidad latinoamericana.

Y no se trata de pensar como europeos o norteamericanos, se trata de pensar como nosotros mismos con nuestras pe- culiaridades. Unos de los pocos surame- ricanos que ha trascendido las fronteras con sus propuestas visionarias y ha calado en otras latitudes inimaginadas para unas colonias de otrora, fue el brasileño Paulo Freire8, quien propuso desde su atribula- do país, en medio de profundas heridas


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  1. Filósofo, educador y pensador brasileño.

    sociales originadas en una historia de esclavitud y muerte, profundizada por un desorden político que llevó a la dictadura y esta a la vez a su exilio obligado en otras tierras; la oportunidad de generar esperan- za en la sociedad a partir de un modelo pedagógico que permitiera interactuar a los alumnos con sus maestros, a enrique- cerse el uno del otro y a fomentar la discu- sión, el descubrimiento y el pensamiento individual como ingrediente esencial para la búsqueda de la autonomía.


    Un pensamiento libertario


    Freire, movido por la teología de la li- beración y por la opresión que veía en su pueblo, revolucionó la enseñanza y abrió los ojos de la sociedad latinoamericana frente a la necesidad de repensarse ha- ciendo un alto en el camino, revisando las malas prácticas heredadas de la colonia y reorientando sus propósitos de formación de una sociedad más crítica y con concien- cia de lo global.

    Freire en su obra “Pedagogía del Opri- mido” dice:

    El miedo a la libertad, del que, necesariamente, no tiene conciencia quien lo padece, lo lleva a ver lo que no existe. En el fondo, quien teme a la libertad se refugia en la “segu- ridad vital”, para usar la expresión de Hegel, prefiriéndola a la “libertad arriesgada”

    La radicalización permite el aná- lisis crítico y por ende liberador. La sectarización es irracional y trans- forma la realidad en algo falso, que impide transformarla debidamente. Es un obstáculo para la emancipa- ción y genera efectos contrarios a lo que promulga. La sectarización es lo propio del reaccionario, la radicaliza- ción es lo propio del revolucionario. (Freire, 1980, 23 y 24).

    Los vientos de autonomía soplan por ráfagas, pero no son constantes. Algunas de esas ráfagas han llevado vientos de


    libertad a varios lugares, pero lamenta- blemente no estamos preparados para ser libres y pasamos de víctimas a victimarios, y repetimos la historia del opresor y del oprimido.

    Generar esa conciencia de libertad no ha sido fácil, tampoco lo será en la medida que en vez de acumular conocimiento, nos dediquemos a acumular rencores, que tarde o temprano, nos convertirán en opresores de nuestra misma libertad.

    El planteamiento de Freire es tan crítico como pesimista frente a lo que podría ser nuestro paso de oprimido a liberado; toda vez que advierte una fuerte incapacidad de convencimiento de lo que podemos ser y hacer, mejor nos quedamos como estamos antes de asumir retos y riesgos.

    Esta consideración es una de las que más claro me permite comprender el con- formismo en que vive nuestra sociedad latinoamericana, donde muy pocos levan- tan la mano para plantear nuevas formas de pensar y hacer, pero que son dejados solos, a merced de la fuerte influencia foránea de pensamiento y acción, en la política, la educación y la economía.

    Desde aquí se plantea una reflexión clara de trabajo profundo en la renovación de nuestras tesis educativas para formar emprendedores y no labriegos. Nuestro modelo educativo no abre las puertas al futuro profesional de reflexionar sobre su porvenir desde sus propias capacidades de pensamiento y acción, solo lo llena de información que le permite, básicamente, servir a un patrono.

    Freire sustenta su discusión en los procesos educativos. La reformulación del modelo educativo tradicional heredado de la colonia, genera para Freire, la oportuni- dad de emanciparse del opresor.

    La educación como práctica de la libertad, al contrario de aquella que es práctica de la dominación, implica la negación del hombre abstracto, aislado, suelto, desligado del mun- do, así como la negación del mundo como una realidad ausente de los

    hombres. La educación problema- tizadora se hace, así, un esfuerzo permanente a través del cual los hombres van percibiendo, crítica- mente, cómo están siendo en el mundo, en el que y con el que están.

    La educación problematizadora no es una fijación reaccionaria, es futuro revolucionario. Para la educación problematizadora, en tanto quehacer humanista y liberador, la importancia radica en que los hombres someti- dos a la dominación, luchen por su emancipación. Ningún orden opresor resistiría que los oprimidos empeza- ran a preguntar ¿por qué? (Freire, 198, 49).

    La invitación de Freire, para pasar de lo abstracto a lo concreto, con conciencia clara del por qué, permite establecer una ruta de trabajo del docente frente a su práctica cotidiana.

    La lucha emancipadora contra el orden establecido, basada en una educación problematizadora, da pie para pensar que Freire procura encontrar las condiciones libertarias del pensamiento latinoameri- cano en una formación crítica, reflexiva e, inclusiva; pero ante todo con reconoci- miento del ser humano en su estado de opresión y la necesidad de liberarse con base en una actitud problematizadora de su entorno.

    El mundo de hoy es diferente al de Freire, sin embargo los desafíos del pen- samiento latinoamericano siguen vigentes. La educación superior aún es mediocre frente a las expectativas planteadas por Freire. Falta problematizar nuestra reali- dad, falta ampliar el horizonte de nuestros estudiantes, seguimos fomentando la actitud servil frente al eurocentrismo y a la incidencia norteamericana.

    Sergio Manosalva considera que

    Nos falta Cojones. Primero te- nemos que creernos, que tenemos intelectuales, que tenemos discurso, que tenemos conocimiento, que te- nemos reflexión, tenemos que creer-


    nos eso; luego entonces comenzar a discutirlo, publicarlo, darlo a conocer. Acá creo que hay que hacer casi una analogía. Suponte que la gente del campo se siente obnubilado por la gente de la ciudad, y creo que nos pasa más o menos lo mismo; pues latinoamericanamente somos algo como rurales en el planeta, entonces lo que tenemos que hacer, es ya ok, somos rurales, pero tengo conoci- miento, tengo saberes y eso lo tengo que mostrar con la creencia de que eso está bueno y que es para el bien, no solo de Latinoamérica, sino para el bien del planeta. (Entrevista 4).


    Nuestra realidad es que somos mesti- zos, venimos de una mezcla abundante de etnias, de una multiplicidad de pensamien- to y de una búsqueda por el mundo ideal.

    William Ospina9 en su obra “América Mestiza”, sentencia:

    El mestizaje, que era nuestra gran dificultad, es también nuestra gran oportunidad en el escenario de la cultura contemporánea, ya que esa tendencia a los mestizajes y los mulatajes es una de las principales características de la modernidad. El mundo no tiende ya hacia ninguna forma de pureza racial, o cultural, sino hacia todo tipo de fusiones. Ello explica el valor de las culturas mestizas como rostro pleno de la época. Sus desafíos son los más imperiosos, ya que frente al peligro persistente de los fascismos que pretenden reivindicar la superiori- dad de las raza puras, las lenguas puras, de las religiones únicas y de las culturas homogéneas, y que ab- surdamente pretenden imponérselas al mundo entero, la única alternativa es encontrar el valor de las fusiones y encontrar la civilización mestiza como el verdadero rostro del futuro. Así, nuestros países, sobre los cua-


  2. Escritor e intelectual colombiano.

    les el poder hegemónico de ciertas culturas obró tantas atrocidades y tantas violencias, se han visto obli- gados antes que cualquier otro a ser los laboratorios de esa nueva edad planetaria. (Ospina, 2011, 163).

    Somos mestizos y como tal es nuestro pensamiento. La consolidación de este concepto, constituye buena parte del hallazgo en este proceso investigativo. El logro de una conciencia colectiva frente a nuestro mestizaje tal vez es la tarea más compleja que tenemos por delante. Vivimos en una sociedad que se aver- güenza de lo que es, desea parecerse a quienes la colonizaron, pero se resiste a ser colonia.

    Es una serie de ambigüedades y con- tradicciones de una sociedad en la que surgieron grandes percusores de la liber- tad como el mismo Simón Bolívar, pero que se niega a aceptar sus raíces y contra todos los pronósticos, prefiere parecerse al opresor, sin advertir que ese hecho lo sigue condenando a ser oprimido.

    Aníbal Quijano10 en su obra “Colonia- lidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, sentencia severamente la realidad del ser y sentirse latinoamericano frente a la herencia colonial que tenemos. Somos conscientes de la libertad distorsionada que tenemos, pero la mantenemos.

    La perspectiva eurocéntrica de conocimiento opera como un espejo que distorsiona lo que refleja. Es decir, la imagen que encontramos en ese espejo no es del todo quimérica, ya que poseemos tantos y tan impor- tantes rasgos históricos europeos en tantos aspectos, materiales e inter- subjetivos. Pero, al mismo tiempo, somos tan profundamente distintos. De ahí que cuando miramos a nues- tro espejo eurocéntrico, la imagen que vemos sea necesariamente parcial y distorsionada.


    image

  3. Aníbal Quijano Obregón, Profesor, sociólogo y teórico político peruano


Aquí la tragedia es que todos he- mos sido conducidos, sabiéndolo o no, queriéndolo o no, a ver y aceptar aquella imagen como nuestra y como perteneciente a nosotros solamente, De esta manera seguimos siendo lo que no somos. Y como resultado no podemos nunca identificar nuestros verdaderos problemas, mucho me- nos resolverlos, a no ser de una ma- nera parcial y distorsionada. (Quijano y otros, 2000, 225 y 226).


Es como vivir el síndrome de Estocol- mo; nos colonizaron, logramos independi- zarnos, pero quedamos enamorados del que nos colonizó.

Sobre esto, Manosalva tiene su propia visión:

Yo creo que lo que no se debería dar, ya que tú haces lo de Estocolmo, es lo que le pasó a los Balcanes, que de tanto fragmentarse, vino la balcanización. Entonces, yo creo que debemos rescatar el sueño de Bolívar, aunque no sea un estados unidos de Latinoamérica, que por lo menos seamos países que podamos dialogar y compartir, y no entrar en estas confrontaciones que nada favorecen a Latinoamérica. Hemos logrado algunos puntos que tienen que ver con la integración económica en algunos países y a los cuales se van sumando otros. Ahora, yo creo que esta integración económica, debe ser una integración más allá de lo económico, debe ser a nivel cultural, llegar a ser transculturales, ni siquiera multiculturales, transcul- turales; que crezcamos en la cultura del otro con el otro. (Entrevista 4).


Esto se acerca a lo que propone Gon- zález siendo más agudo al hablar del tema “Lo contradictorio es que ese proceso político-militar no se extendió en el tiempo, puesto que en adelante los Latinoamerica- nos pasamos a ser colonizados por otras potencias u organizaciones, quienes em- pezaron a designar el futuro político, ético,

estético, los desarrollos económicos, las perspectivas religiosas, educativas y cul- turales”. (González, 2009, 153).

América Latina sí tiene su propio pensa- miento, es un pensamiento criollo, mestizo o híbrido, no importa el nombre que se le de, lo que importa es que ese pensamiento que construyeron Freire, Salazar Bondy y otros tantos, y que ahora impulsan y desa- rrollan Dussel, Quijano, Zemelman, Mejía, Manosalva y otros muchos intelectuales contemporáneos, se sacuda de la opre- sión a la que lo someten quienes siguen considerándose súbditos de un corona, que hace rato dejó de ser un referente de construcción de pensamiento y sociedad para América Latina.

Dussel ya está en las grandes ligas mundiales, es un pensador que logró pasar la frontera, que tal vez llegó de contrabando, pero que la fuerza de su discusión tiene a europeos y norteame- ricanos revisando su postura frente a Latinoamérica. Esa puerta abierta no se puede dejar cerrar, hay que mantenerla vigente para que nuestra filosofía siga abriendo nuevos diálogos con sociedades de mayor trayectoria e historia, pero con similares interés en un mundo globalizado en todos los aspectos.

¿Será que la clave para trascender nuestras propias fronteras las tienen nuestros literatos? América Latina tiene 6 premios nobel de literatura. Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Miguel Ángel As- turias, Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, lograron el máximo galardón mundial que reconoce esa trascendencia de sus obras, pero no se puede dejar atrás a Jorge Luís Borges, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Juan Rul- fo, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, José Martí, Osvaldo Soriano, Rómulo Gallegos y tantos otros que no lo- gro recordar, pero que le dan un impronta distinta a nuestra región geográfica desde su propia perspectiva.

Pero es que a través de las letras, también se logra filosofar, se piensa


nuestra sociedad y se abren puertas sin importar idioma, etnia o convicción política. Podría ser esa la clave para trascender más rápidamente en el con- texto mundial. Esta hipótesis podrá de- sarrollarse en otro escrito, sin embargo queda planteada como uno de los ca- minos que permitan explicar el encierro en que permanece nuestro pensamiento propio latinoamericano.


Prospectiva


A partir de un análisis detallado de los planteamientos de intelectuales latinoa- mericanos citados en esta investigación, sumados a los testimonios, discusiones y comentarios surgidos de conversaciones informales con académicos de diferen- tes escuelas, podríamos hacer algunas conclusiones que proyecten en cierta medida el futuro del pensamiento propio latinoamericano. No se pretende con esto, cerrar la discusión, seguramente apenas entreabrirá las puertas para plantear la inquietud y provocar el ingreso de quienes tienen interés en esculcar la actualidad del pensamiento generado en nuestra región latinoamericana.

¿Seguimos siendo colonia intelec- tual de Europa y Norteamérica?

La producción intelectual latinoameri- cana es muy alta, permanentemente se desarrollan foros y encuentros en los que se enriquecen las discusiones. Centros de pensamiento como IPECAL en México, abren espacios permanentes para poner sobre la mesa nuevas inquietudes aca- démicas sobre nuestra realidad regional. La producción es alta y surgen figuras notables del pensamiento latinoamerica- no. Sin embargo, todo ese esfuerzo no se ve reflejado en la proyección misma de ese pensar a nivel mundial. Las fron- teras europeas y norteamericanas no se abren plenamente y cuando se abren, son como “huecos del contrabando”, por donde pasan algunas ideas pero no logran trascender.

Nuestro pensamiento es una especie de contrabando no muy bien recibido en las élites mundiales, y solo cala en algunos círculos pro-americanistas o anticoloniales que ven en esas nuevas ideas, la posibili- dad de especular un mundo diferente. Sin duda alguna, como ocurre desde hace varios siglos, América Latina, sigue siendo considerada por europeos, norteamerica- nos y algunos asiáticos, como la periferia del mundo desarrollado. Ser calificados como una economía emergente, o como países en desarrollo, ratifica la mirada discriminatoria que recibe Latinoamérica, sin que se escuchen voces al unísono, reclamando un tratamiento más digno. ¿O acaso, esas denominaciones correspon- den a lo que somos y no tenemos por qué pedir más? ¿Cómo se pueden abrir las fronteras mundiales para nuestro pensa- miento? ¿Es responsabilidad de nuestros intelectuales luchar solos en repensar nuestra sociedad o falta compromiso de otros sectores?

Ambigüedad en las querencias lati- noamericanas.

Desde el origen colonial de nuestra sociedad latinoamericana, existe una di- versidad de culturas, lenguas, intereses, riquezas y costumbres que dan riqueza a este territorio, pero a la vez le quita posi- bilidades de desarrollo unificado.

En el Caribe encontramos países, insulares especialmente, con raíces colo- niales en Holanda, Francia e Inglaterra, en Centro América y Sur América, la mayoría de países tienen ancestros españoles y portugueses.

Pero la colonia en Suramérica no se conjuga totalmente en pasado, aún hay territorios coloniales como las guyanas, dónde se mantiene la hegemonía de paí- ses europeos en un territorio que se utiliza especialmente para realizar experimentos científicos.

Muchos de estos territorios siguen teniendo vínculos ancestrales con el que los colonizó, al punto tal de algunos deno- minarlo “madre patria”; como si una madre


tuviera con su hijo una actitud destructora y de sometimiento. El dolor del parto ya establece un vínculo inquebrantable de madre e hijo, un vínculo de sangre, de pena, de sufrimiento y de felicidad por el alumbramiento. Ninguno de los países conquistadores “alumbró” a América, a ninguno le dolió explotarla sin clemencia, solo querían extender sus dominios. Los países de Europa son muy pequeños en extensión territorial, sus fronteras estaban más que delimitadas al momento de en- contrar el territorio virgen de América, sus arcas estaban vacías de tanto respaldar guerras y ocupaciones; no creo que su alegría radicaba en haber encontrado un hijo perdido más allá del atlántico, su fe- licidad radicó en encontrar una extensión a sus territorios y la posibilidad de llenar sus bolsillos.

Durante siglos gobernaron a su antojo, acabaron con las sublevaciones indígenas que no pasaban de ataques con armas artesanales, hasta que surgieron los su- blevados intelectuales. Los próceres de la independencia en cada país plantearon una guerra intelectual que apoyada en las armas logró generar una condición diferente en la relación colonia – colono.

Siempre se habló de unificar fuerzas y así se hizo. Se logró, incluso, formar un gran país entre quienes hoy somos venezolanos, colombianos, ecuatorianos, bolivianos y peruanos.

La semilla libertaria se regó como pól- vora y poco a poco se acabó la colonia.

Después de todo ese esfuerzo, cada sociedad latinoamericana cogió para su rincón y empezó a darle la espalda a una posibilidad de seguir pensando y traba- jando unidos.

Cada uno echó mano a sus raíces y se encerró a mirarse el ombligo.

Hoy, cuando los latinoamericanos, seguimos siendo mirados como el ter- cer mundo, cuando no tenemos puertas abiertas en el resto de países, pues en la mayoría nos piden visa y tenemos filas especiales para ingresar, seguimos pen-

sando individualmente y considerándonos rivales en todos los ámbitos del desarrollo.

Eso mismo pasa con el pensamiento que surge de mujeres y hombres naci- dos en Latinoamérica. Casi nunca son escuchados en sus propios países, en múltiples ocasiones, ha sido el motivo para ser expulsados de su propia tierra, nuestros pensadores han sufrido el exilio constante, la persecución y la muerte a manos de sus coterráneos.

Nos negamos a buscar un lenguaje común para comunicarnos y pensar en nuestro desarrollo a partir de nuestras fortalezas y capacidades, contando con potencias mundiales, pero a favor nuestro, no en detrimento de lo propio.

La ambigüedad del discurso en nues- tros países con una envidia intelectual, cultural, académica y económica de grandes proporciones, nos mantendrá hundidos en el fango del tercermundismo que tanto beneficia a quienes se lucran de las riquezas que soterradamente nos quitan a diario aprovechando esa división manifiesta entre “hermanos”.


La falta de libertad económica puede alimentar la falta de libertad social, de la misma forma que la falta de libertad social o política también puede fomentar la falta de libertad económica.

Amartya Sen


Reconocimiento de nuestro mesti- zaje

¿Qué tiene de malo ser criollo? ¿O es acaso malo ser mulato, zambo, medio indio, medio negro, medio blanco? Esa ad- jetivación étnica generó conflictos desde sus inicios. Ser lo uno o lo otro, establecía el acceso a privilegios, a condiciones en trato del otro, a la discriminación social y por ende a la clasificación cualitativa de los ciudadanos.

Uno de los principales inconvenientes del pueblo latinoamericano para su de-


sarrollo ha sido el reconocimiento de su origen mestizo. El anhelo de la pureza étnica basada en la raza blanca como la ideal, ha generado guerras interminables y divisiones insalvables en nuestras so- ciedades.

Esta situación, cuyo génesis es el mismo instante del descubrimiento y con- quista, está ampliamente desarrollada por Enrique Dussel, cuando establece que el tema étnico en las relaciones de nativos y colonos, siempre fue una fijación para unos y otros, pero no sólo para avanzar en sus relaciones, también para desarrollar sus procesos sociales, culturales y econó- micos; pues el origen étnico, determinaba el poder de cada uno. (Dussel, 1194, 157)

No hay raza pura en América Latina, no existe comunidad en esta región del continente que pueda considerarse sin mestizaje. Algunas comunidades aboríge- nes, aún enclavadas en la selva amazó- nica, podrían ser ese eslabón perdido de nuestra etnia latinoamericana, pero nada está comprobado.

¿Cuál es entonces el problema de ser mestizos?

La superioridad filosófica no la da el color de la piel, ni los rasgos físicos, ni muchos menos la lengua que hable; la

trascendencia de nuestro pensamiento está en la profundidad de esa ideas.

Nos hemos enfrascado en reconocer- nos como hijos de Europa, en buscar los parecidos que nos acerquen al fenotipo europeo, olvidándonos de lo que real- mente somos.

Muchos autores consultados en esta investigación coinciden en afirmar que es necesario reconocernos como mestizos, como resultado de una colonia y a partir de allí generar una discusión propia.

Es necesario contar con las herencias recibidas, la lengua, el pensamiento, las costumbres y muchas más que dejó la co- lonia. Transformar esas heredades a partir de nuestras particularidades, es lo que nos hace originales. Tampoco se trata de regresarnos a la selva y al taparrabo para poder ser auténticos. Ya tenemos un cami- no recorrido, de la mano de un extranjero seguramente, pero podemos abrir trocha a partir de ahora, podemos des-andar lo caminado y revisar lo aprendido, podemos des-aprender para alimentar las ense- ñanzas que recibimos, podemos hacer lo que queramos a partir de la conciencia de autonomía que tenemos con base en un mestizaje inevitable al que podemos sacarle más provecho y menos lamentos.


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