ánGelA MAríA sánChez ossA2, Flor ánGelA hernández hernández3, zulMA CArolinA CAstro Pérez4, Johny eduArdo quintero sABoGAl5 ConsiderACión6
El presente artículo presenta algunos resultados de la investigación “Imaginarios de responsabilidad Social en jóvenes de la ciudad de Neiva” desarrollada durante los años 2010 y 2012 con asesoría de docentes de la maestría Educación – Docencia de la Universidad de Manizales, pero principalmente con el apoyo constante de la Doctora Dolly Vargas quien con su entrega, experiencia vital y calidez humana orientó todo el proceso investigativo.
Desde aquí se pretende generar un acercamiento a los imaginarios que se han ido instituyendo a los jóvenes del Municipio de Neiva alrededor del tema de la Responsabilidad Social. La investigación fue producto del interés que despierta el tema de la juventud en la actualidad, argumentando que son los jóvenes quienes a pesar del caótico paisaje y de las crisis sociales que enfrentan, son quienes desde su cosmovisión o imaginarios interpretan un mundo lesionado por conflictos y crisis de valores que han suscitado ser un tema primordial en el accionar social.
Esta investigación de carácter cualitativo, se realizó por medio de entre- vistas a profundidad a veinte jóvenes entre los 14 y 18 años de edad del Municipio de Neiva, de los cuales diez hacen parte del voluntariado de la Cruz Roja Colombiana Seccional Huila. En las entrevistas a profundidad, se indagó a los jóvenes sobre la solidaridad, las conductas de ayuda, la cooperación, el altruismo, la participación y finalmente sobre la responsa-
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Recibido: 01 de agosto de 2012. Aceptado: 03 de septiembre de 2012.
Ángela María Sánchez Ossa. Licenciada en Matemáticas de la Universidad Surcolombiana, Colombia.
Docente en Aspaen Gimnasio Yumaná de Neiva. Magister en Educación – Docencia. Correo electrónico:
Tesis realizada durante los años 2010, 2011 y 2012 en la ciudad de Neiva. Dirigida por Dolly Vargas García. Licenciada en Orientación y consejería educativa; Magister en Educación; Doctora en Educación. Universidad de Estadual de Campinas Educação.
bilidad social. Son notables las diferencias -no sólo en actitud sino también en el lenguaje y la forma de expresar los pensamientos- en las respuestas entre los jóvenes que no hacen parte de un voluntariado y las de aquellos que si están inscritos como voluntarios.
El voluntariado es en esencia para los jóvenes, un estilo de vida, dónde además de ayudar a otros, tienen la posibilidad de construir nuevos espa- cios de socialización y participación como sujetos políticos. Se convierte quizás finalmente, en una alternativa para complementar la búsqueda de motivos para la actuación, propias de la juventud, que es vista como una etapa colmada de sueños, anhelos, multitud de posibilidades ante el futuro y mucha energía. No obstante lo anterior, la juventud también es una etapa que está acompañada de infinitos factores de riesgo a los que los jóvenes con frecuencia se ven enfrentados: drogas, delincuencia juvenil, pocas oportunidades laborales o académicas, disfuncionalidad familiar, miedos y temores ante el futuro incierto, emociones de rabia y desconsuelo ante las noticias de corrupción y falsedad de los dirigentes políticos, y muchas incertidumbres.
Las “etiquetas” de desordenados, despreocupados, insolidarios, individua- listas, intolerantes, poco colaboradores, poco partícipes y demás, son otros factores que, mediatizados y multiplicados por los medios de comunicación, ahondan sentimientos y emociones de rebeldía en los jóvenes. Realmente
¿son tan insolidarios y poco colaboradores los jóvenes? ¿Cuáles son sus imaginarios de responsabilidad social? ¿Cómo se instituyen los imagina- rios de responsabilidad social en los jóvenes? , estos son algunos de los interrogantes que animaron la investigación.
Desde este espacio se hace un acercamiento al contexto juvenil, a la conceptualización de los imaginarios sociales desde las referencias de Cornelius Castoriadis y José Luis Pintos, se abordan generalidades sobre la solidaridad, la cooperación y la participación como comportamientos socialmente responsables y finalmente se presentan algunas ideas para generar proyectos educativos que promuevan y refuercen imaginarios positivos sobre la Responsabilidad Social Juvenil.
PALABRAS CLAVES: Jóvenes, imaginarios sociales, responsabilidad social, solidaridad, participación, cooperación.
This article presents some results of research “Imaginary Social responsibility in youth of the city of Neiva” developed during the years 2010 and 2012 with advice from the master teachers of Education - Teaching, University of Mani- zales, but mainly with the support Dr. Dolly constant Vargas who with their de- dication, warmth and life experience guided the entire investigative process. From here is to create an approach to the imagery that have been instituted to the youth of the Municipality of Neiva theme of Social Responsibility. The investigation was the result of interest in the topic of youth today, arguing that it is the young who despite the chaotic landscape and social crises
they face, are those from their worldview or imagined a world interpreted injured by conflict and crisis of values that have been raised to be a major issue in social action.
This qualitative research was conducted through in-depth interviews with twenty young people between 14 and 18 years old in the Municipality of Neiva, ten of which are part of volunteering Colombian Red Cross Sectional Huila. In-depth interviews, we asked young people about solidarity, helping behavior, cooperation, altruism, and finally participation on social responsi- bility. Notable differences-not only in attitude but also in the language and form to express thoughts-in responses between young people who are not part of a volunteer and if those who are registered as volunteers. Volunteering is essentially for young people, a lifestyle, where in addition to helping others, are able to build new opportunities for socialization and participation as political subjects. Become perhaps finally an alternative to complement the search for performance reasons, typical of youth, which is seen as a stage full of dreams, desires, many possibilities for the future and energy. Nevertheless, youth is also a stage that is accompanied by infinite risk factors to which youth are often faced: drugs, juvenile delinquency, few job opportunities or academic, family dysfunction, fears and fears for the future uncertain emotions of anger and grief at the news of corruption and deceit of political leaders, and many uncertainties.
The “tags” messy, uncaring, unsympathetic, individualistic, intolerant, uncoo- perative, bit holders and others, are other factors, mediated and multiplied by the media, deepen feelings and emotions of youth rebellion. Really are they as unsupportive and uncooperative young? What are your imaginary social responsibility? How are instituted imaginary social responsibility in young people? These are some of the questions that inspired the research. Since this space is an approach to juvenile context, the conceptualization of social images from the references of Cornelius Castoriadis and Jose Luis Pinto, deal with generalities about solidarity, cooperation and participation as socially responsible behavior and finally presents some generate ideas for educational projects that promote and reinforce positive imaginary on Youth Social Responsibility.
Keywords:
Young, social imaginary, social responsibility, solidarity, participation, coo- peration.
La sociedad actual viene atravesando un proceso de transformación, en el cual se privilegia la ciencia, la tecnología y la in- formación como herramientas para afron- tar el futuro; sin embargo al paisaje que se observa producto de esta transformación, se suman diversas crisis económicas, ambientales y sociales. Los jóvenes como integrantes de la sociedad, se ven enfrentados a estas crisis, a interpretarlas
y a asumir posturas a partir de las lecturas de realidad que influyen notoriamente en sus comportamientos.
A lo anterior se suma que los jóvenes son con frecuencia etiquetados por los adultos como irresponsables, poco solidarios y poco participativos, pese a que como refiere Sen
& Kliksberg (2007, 187) “tienen una más alta disposición que cualquier otro sector social a comprometerse con causas nobles, con ideales, con retos colectivos” siempre y cuando encuentren justas las causas a las
que se adhieren. Estos paradigmas son los que suscitaron la investigación en torno a los imaginarios de responsabilidad social de los jóvenes de Neiva.
La investigación llevada a cabo desde el año 2011 por estudiantes de la maestría en educación – Docencia de la Universidad de Manizales y orientada por la maestra Dolly Vargas García de la línea de investi- gación de Desarrollo Humano, constituye un primer paso para generar propuestas educativas a partir de los paradigmas sobre los jóvenes y sus comportamientos, deve- lando sus imaginarios que constituyen una poderosa fuerza transformadora.
Llama la atención de manera fuerte que algunos jóvenes actúan decididamente en la transformación positiva de sus co- munidades mientras otros son blanco de críticas por sus violentos o displicentes comportamientos, por lo cual en la inves- tigación se contó con la participación de veinte jóvenes de 14 a 18 años de diversos estratos sociales de la ciudad de Neiva, de los cuales 10 hacen parte de una ins- titución de voluntariado, en este caso la Cruz Roja Colombiana Seccional Huila.
La juventud es tomada como una categoría etaria, generalmente vista como un espacio vital con proyección a amplios horizontes siempre a futuro, pero con pocas posibilidades de actuación en presente, aunque estatalmente se estén empezando a promover algunos espacios “para ellos”, pero sin contar con las dis- cusiones propias “desde ellos” por lo que vale la pena recordar lo que Castoriadis (1975, 141) argumentaba ya hace algu- nos años: “la acción más estrechamente reformista debe, si quiere ser coherente y lúcida, tomar en consideración el todo social. Si no lo hace, vera sus reformas anuladas por la reacción”, reacción juvenil que es poco comprendida en la sociedad colombiana.
En Colombia y particularmente en el Huila, son muy pocos los estudios que
se han adelantado sobre los imaginarios sociales, sobre la juventud o sobre la responsabilidad social inherente a los sujetos, por lo cual vale la pena empezar a profundizar en estos temas como pri- mer paso para generar nuevos proyectos encaminados a humanizar la sociedad. Entre las principales investigaciones en- contradas a manera de antecedentes en torno al tema de la responsabilidad social en jóvenes se encuentran:
En primera instancia, Javier Avalos (1999) investigó como afecta al desarrollo educacional y personal de los estudiantes su participación en actividades de servicio (como parte del llamado aprendizaje en el servicio) una de las conclusiones impor- tantes fue que participar voluntariamente durante la Universidad en actividades sociales desarrolla en el universitario un gran sentido de la pertenencia de su par- ticipación en la sociedad.
Por consiguiente Carmen De la Calle (2010), La formación de la responsabilidad social del universitario un estudio empí- rico, de la universidad complutense de Madrid, su investigación pretende ser un intento de dar respuesta a la necesidad de valorar y evaluar la formación en respon- sabilidad social del universitario de hoy.
Seguidamente Dentro de las investiga- ciones en España se encuentra Ricardo Gaete (2012) con su tesis doctoral “Respon- sabilidad social universitaria una mirada a la relación de la universidad con la sociedad desde la perspectiva de las partes interesa- das”; analiza los orígenes del concepto de responsabilidad social y su desarrollo para luego integrarlo con la universidad.
En el contexto de chile Nelson Rivera y María Rosa Lissi (2004), en su investi- gación denominada La responsabilidad social: como la viven tres grupos de es- tudiantes de enseñanza media en chile. Concluyen que hay un bajo compromiso en los jóvenes a través de la responsa- bilidad social que debe ser analizado en futuras investigaciones para mejorar el entorno social de los jóvenes.
Raúl Marcelo Benavides y Mario Bris, (2009), en su investigación la responsabi- lidad social como instrumento de planifica- ción en universidades ecuatorianas, pro- pician un espacio para el análisis, debate y propuestas para el cumplimiento de la responsabilidad social de la universidad.
Por otra parte Salvador Ortiz, (2000) En su tesis doctoral “Evaluación de la responsabilidad social del egresado uni- versitario”, profundiza en la necesidad de formar personas comprometidas con su entorno y sus semejantes.
En esta línea Juan Rosales & Victoria Ojalvo, (2009) en su investigación educa- ción de la solidaridad en el preuniversitario mexicano, acentúa como principal hallaz- go la carencia del valor de la solidaridad en los jóvenes.
Si bien en Colombia son menos fre- cuentes las investigaciones en torno a estos temas, se encuentran entre otras:
La investigación de Juan Carlos Marín, (2009) sobre Conductas prosociales en el barrio Los Pinos de la ciudad de Barran- quilla, Colombia. Los resultados permitie- ron establecer que aproximadamente 40% de las personas consultadas se mostraron dispuestos a ayudar a sus semejantes.
La universidad de Manizales y el CINDE desarrollaron la investigación La responsabilidad moral y política una mi- rada juvenil de los investigadores Carlos Valerio Echavarría, Paula Andrea Res- trepo García, Alejandro Antonio Callejas Trujillo, Paola Ximena Mejía Ospina. & Ángela María Álzate (2009), concluyendo que “para dicha población las acciones responsables se originan en la percepción del sufrimiento humano y, por consiguien- te, se evidencian en acciones solidarias y benevolentes”.
Finalmente es importante relacionar el Estudio iberoamericano sobre influencia de la educación universitaria en la res- ponsabilidad social de Manuel Martí Vilar, Gonzalo Almerich, Juan Daniel Cifuentes, Miriam Grimaldo, Juanjo Martí, Cesar Merino, & Isabel Cristina Puerta (2011).
Permitiendo conocer cómo se entiende dicho valor desde las universidades y las estrategias para el fomento en los jóvenes universitarios, siendo objeto de análisis en esta investigación la influencia que tendría la educación superior desde la formación académica, en generar un sentido de res- ponsabilidad social en alumnado.
Los referentes teóricos e investiga- ciones que se abordaron en el proceso investigativo fueron ampliamente discuti- dos con diversos maestros que desde su experiencia vital y su conocimiento teórico aportaron sus ideas para el abordaje del tema de la responsabilidad social juvenil desde la mirada de los imaginarios.
¿Cuáles son los imaginarios de res- ponsabilidad social de los jóvenes esco- larizados y los jóvenes voluntarios de la ciudad de Neiva?
Develar los imaginarios que sobre res- ponsabilidad social tienen los jóvenes del Municipio de Neiva.
Comprender los imaginarios de res- ponsabilidad social de los jóvenes del municipio de Neiva.
Generar algunos lineamientos para una propuesta educativa a partir de los imagi- narios que sobre responsabilidad social tienen los jóvenes del Municipio de Neiva.
La investigación es de carácter cuali- tativo con enfoque hermenéutico, enten- diendo la hermenéutica como “El conjunto de conocimientos que permiten que los signos hablen y se descubran los sentidos (Andrés Rubio, 1994, 127) siguiendo este
concepto se pretende comprender los imaginarios por medio de los significados subjetivos y grupales que los jóvenes en el Municipio de Neiva le otorgan a la res- ponsabilidad social.
Dado que la investigación cualitativa es inductiva, se provocó la interacción continua con la unidad de trabajo, de tal forma que a partir de algunos cuestiona- mientos iniciales se generen otros cues- tionamientos que saturen la información, en cada categoría. Por lo anterior se escogió la entrevista a profundidad como un método que permite la comunicación más cercana, humanística y reiterada con el sujeto indagado, para develar y com- prender mejor sus experiencias vitales, su entorno de socialización y los proce- sos mediante los cuales ha configurado su comportamiento.
“Por entrevistas cualitativas en profundidad entendemos reitera- dos encuentros cara a cara entre el investigador y los informantes, encuentros éstos dirigidos hacia la comprensión de las perspectivas que tienen los informantes respecto de sus vidas, experiencias o situacio- nes, tal como las expresan con sus propias palabras” (Taylor & Bogdan 1992 ,205)
La interpretación a partir de entrevis- tas a profundidad permite identificar los imaginarios por medio de los significados que los sujetos atribuyen a las cosas cuando se relacionan con éstas y con otras personas y sus posibles modifica- ciones, por lo cual, para nuestro interés investigativo es indispensable comprender el significado que otorgan los jóvenes a la responsabilidad social desde los ima- ginarios entendiendo el imaginario como esa historia cultural del sujeto , que se va constituyendo de las vivencias y experien- cias a lo largo de su vida para asumir una forma de ver el mundo, de interpretarlo y de proyectarlo mediante la viva voz de jóvenes de colegios y jóvenes que perte- necen al voluntariado.
Las revelaciones sobre experiencias vitales y pensamientos de los jóvenes que se generen en las entrevistas a profundi- dad, así como el lenguaje y las emociones manifestadas permitirán, con una aguda observación, penetrar el universo de los imaginarios de la unidad de trabajo.
Para la realización de las entrevistas se tomo como unidad de análisis los si- guientes sujetos:
Diez jóvenes entre los 14 y 18 años de edad, escolarizados y pertenecientes a zonas urbanas del Municipio de Neiva.
Diez jóvenes entre los 14 y 18 años de edad pertenecientes a una institución de voluntariado, en este caso la Cruz Roja Colombiana Seccional Huila.
“El sujeto está dominado
por un imaginario vivido como
más real que lo real”
Cornelius Castoriadis (1975,163)
Para comprender la importancia de la investigación se hace necesario un acercamiento al concepto de imaginario como fuente de transformación social. Como referentes fuertes en el tema se encuentran Cornelius Castoriadis y José Luis Pintos. Los imaginarios y su estruc- turación, consolidación y proceso de institucionalización, han sido estudiados desde el pensamiento griego hasta el contemporáneo y es en Europa dónde se concentra la mayor cantidad de estudios en torno a este tema.
La importancia del imaginario radica en su potencial capacidad de transformación y ordenación social, ya que éste precede a lo simbólico, es decir, todo lo que se cono- ce está institucionalizado a través de una
red simbólica, donde a los símbolos, que constituyen los significantes, se les otorga unas significaciones (Castoriadis, 1983, 166). El imaginario, lo constituye entonces aquellos significantes, los “inventos” sean absolutos o aquellos que parten de otros imaginarios y que han sufrido algunos deslizamientos en su sentido.
Develar los imaginarios de los jóve- nes sobre la responsabilidad social es una apuesta por la comprensión de su actuación para generar transformación. Es importante comprender que existen diversas clasificaciones sobre los imagina- rios: radical, instituido, periférico, central, entre otros, pero lo realmente importante es identificar cuáles son los imaginarios que se están instituyendo en los jóvenes. Los imaginarios sociales, son aquellos que han sido puestos en la colectividad y han sido aceptados por todos. Para Castoriadis (1983, 220) “una sociedad es una construcción y se mantiene por la consolidación y reproducción de sus producciones de sentido, esta inventa sus significaciones, las cuales organiza, orienta y dirigen la vida de los individuos que la constituyen”, esto es, la sociedad a través de sus imaginarios sociales, regula la vida colectiva.
Los hilos invisibles del tejido social real- mente son los imaginarios, que al institu- cionalizarse, es decir al sancionarse social- mente su red simbólica, cobra fuerza en la actuación de los sujetos. En los jóvenes, los imaginarios periféricos7 han sido instituidos en sus principales entornos de socializa- ción: familia y colegio. De igual forma cobra vital importancia la religión como fuente de institucionalización de imaginarios en torno a la caridad, la solidaridad y la fraternidad, y el voluntariado como una alternativa para reforzar imaginarios relacionados con las conductas prosociales.
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7 Castoriadis (pág 210) se refiere al imaginario central de una cultura como aquel que se sitúa en el nivel de los símbolos elementales, y al imagi- nario periférico como aquel que corresponde a una segunda o enésima elaboración.
Ahondar en los imaginarios de respon- sabilidad social en los jóvenes de Neiva no ha resultado una tarea fácil, primero por el desplazamiento de sentido que ha sufrido el término imaginario en los últimos 30 años, donde se usa de forma indiscri- minada casi en todos los ámbitos de la sociedad, y en segundo lugar, porque a los jóvenes les resulta complicado hablar sobre la solidaridad, la participación, la cooperación y demás comportamientos asociados con la responsabilidad social.
No obstante lo anterior y más allá de las “etiquetas”, se hace imperante indagar en los imaginarios de los jóvenes como una estrategia de afectación; ya que lo imaginario siempre tiene funcionalidad el entrecruzarse con lo simbólico, los imagi- narios de los jóvenes podrían ser la clave para diseñar estrategias pedagógicas y proyectos sociales que refuercen valores y virtudes que alimenten su sentido de res- ponsabilidad social. Por otra parte los ima- ginarios al ser una construcción humana, tiene la posibilidad de transformarse para generar nuevas posibilidades de realidad, y mucho más en los jóvenes que son quienes se encuentran en una etapa con muchas posibilidades el cambio, la deconstrucción y creación de una nueva sociedad.
“Los seres humanos son constitutivamente libres y desde esta su radical libertad han ido creando mundos morales, políticos, jurídicos, económicos y religiosos, que en ocasiones les permiten vivir en buenas condiciones de humanidad y en otras presentan serios problemas”
Adela Cortina (2002, 41)
Entender la solidaridad como una de las manifestaciones de responsabilidad social permite dar otra mirada a la res- puesta individual y colectiva para lograr
el desarrollo social, ya que esta aparece como un requisito de supervivencia de la especie humana. El término solidaridad tiene su raíz etimológica en el adjetivo latino SOLIDUS que indica lo compac- to, macizo o consistente. También fue utilizado en la lengua latina para hacer referencia al todo, a la integridad de una cosa. En el derecho romano este término describió un tipo de obligación, las llama- das posteriormente como “obligaciones solidarias” y en el marco de las ciencias sociales rompe las acepciones anteriores y es presentada como un nexo social que puede ser reactivo, defensivo, endogámi- co o universal. El reactivo corresponde a aquella solidaridad que surge por miedo a los peligros reales o imaginarios y el defensivo es aquel que surge como res- puesta a prevenir los riesgos comunes. Adela Cortina (1997, 84) se refiere a la solidaridad endogámica cuando todos los miembros de una comunidad invierten su esfuerzo en una causa común, pero esta causa es injusta, no corresponde a un valor moral, por lo cual otros autores también la han llamado “de exclusión”, por ejemplo cuando una comunidad re- ligiosa es solidaria entre sí pero excluye a personas de comunidades religiosas diferentes. Cuando las personas actúan no sólo pensando en el interés particular de los miembros de un grupo sino de todos los afectados de las acciones realizadas por el grupo, la solidaridad es llamada uni- versal, por cuanto corresponde a valores morales: “la solidaridad como valor moral, no es pues grupal, sino universal. Y una solidaridad universal está reñida inevita- blemente con el individualismo cerrado y con la independencia total” Adela Cortina (1997, 86).
La solidaridad en últimas, es un vínculo voluntario que recurre al “deber ser”, a la voluntad compartida por la comunidad para resolver las situaciones emergentes de injusticia social y desarrollo social. Para los jóvenes de Neiva, la solidaridad es una manifestación de ayuda que se brinda a otros, generalmente próximos y
que se encuentran en unas condiciones especiales de necesidad de ayuda:
“la solidaridad es dar una mano a otra persona, en momentos que necesitan nuestra ayuda y colabo- ración, esperando el bien de todos”
“Para mí es ayudar a la persona que lo necesite, al pobre, al rico, al enfermo, al necesitado, es decir al que lo requiera sin mirar color, e ideologías, es servir y dar amor, ese es mi concepto de solidaridad”
En la materialización de las conductas de ayuda, los jóvenes siempre tienen como objetivo ayudar a otros, ellos están dispuestos, siempre y cuando encuentren causas válidas, como bien dice Sen & Kliksberg (2007, 214) “la supuesta falta de inquietudes esconde muchas veces en el fondo una búsqueda de causas válidas. En cuanto ellas aparecen, los jóvenes están”. A los jóvenes los inquieta y los tensiona las desigualdades sociales, las catástrofes, el sufrimiento de otros, y cuando perciben este sufrimiento huma- no, cuando perciben la causa válida para actuar, están allí, dispuestos a ayudar y a ser responsables socialmente.
En la construcción del imaginario de solidaridad tiene una fuerte influencia la religión a través de la familia, principal- mente padres y abuelos. Al referirse a la solidaridad, los jóvenes usaron términos como fraternidad, hermanos, ayuda al pró- jimo, entre otros vinculados fuertemente con la religión.
Llamó mucho la atención que una de las jóvenes entrevistadas manifestara su desacuerdo con el término aduciendo que es “un término inventado que no tiene nada que ver con la ayuda sincera, es una palabra que encierra mucho interés […] es un término inventado por un aprovecha- do”. Pese a lo anterior, la joven reemplaza “solidaridad” por “compromiso social”, lo que no toma gran distancia de la respon- sabilidad social que es un compromiso “en construcción” por el desarrollo, la justicia social.
Diferente a los jóvenes voluntarios, para la mayoría de los jóvenes escolarizados que no integran un voluntariado, la ayuda que puede prestarse como muestra de solidaridad casi siempre se encuentra relacionada con aspectos económicos. Mientras para los voluntarios la ayuda puede reflejarse en repartir mercados, hacer un acompañamiento a los niños o ancianos que lo necesiten, cuidar el medio ambiente, o hacer actividades de recreación en comunidades, para los jó- venes que no son voluntarios la ayuda se manifiesta en mayor media en repartir una “limosna”, donar dinero para una causa o regalar lo que ya no se usa.
Entre las motivaciones para generar ese impulso hacia el accionar social, los jóvenes manifiestan la necesidad de man- tener relaciones de hermandad y buena convivencia:
“Me motivó el hecho de que al con- tribuir estoy aportando de una u otra forma a mejorar la sana convivencia de mi comunidad y de mi patria”
“Me motivó el aportar a mejorar las relaciones personales entre los seres humanos”
“Lo que me motivó a ser solidario es que pienso que la unión hace la fuerza”
Lo anterior corrobora que la solidaridad genera un nexo social que está alejado del individualismo y el egocentrismo, lo que refuta algunas de las etiquetas que pesan sobre los jóvenes, como aquellas que los tildan de individualistas. Los jóvenes son conscientes del papel que juegan en la transformación de sus comunidades y están dispuestos a hacerse responsables de ello siempre y cuando se los permitan.
Otra motivación para ser solidarios es la posibilidad de retribución a futuro:
“El deseo de ayudar a los demás, y que algún día cuando yo lo necesite sea ayudado de la misma manera”
“Me motivo el aportar a mejorar las relaciones personales entre los
seres humanos y además pienso que si algún día necesito un favor, alguien me podría ayudar”
Para los jóvenes es importante brindar ayuda para recibir ayuda a futuro. Esta posibilidad tiene fundamento en adagios populares como “hoy por ti, mañana por mí” que generalmente son repetidos en casa y colegio. Además de la posible retribución futura, las conductas pro so- ciales también generan sentimientos de bienestar y satisfacción que van más a allá de las exigencias éticas y que motivan el accionar social, esto por ejemplo, consti- tuye una de las principales motivaciones para ejercer el voluntariado, ya que las conductas prosociales aumentan la posi- bilidad de generar ambientes recíprocos de bienestar, amistad y calidad social que pueden acarrear beneficios para sí mismo o no.
Resulta interesante descubrir también que la displicencia para actuar de algunos jóvenes puede tener raíces en los imagi- narios instituidos desde su casa, cuándo no existe coherencia entre los elementos del todo social o falta unidad de sentido en torno a la solidaridad y a las diferentes manifestaciones de conductas prosocia- les; esto se pudo constatar en algunas de las respuestas como esta:
“En la casa no se practica tanto porque eso es, colaboro regañan, no colaboro regañan, entonces pues y si colaboro no, es que en esta vida hay que ser mierda y no sé qué cosas, ser mierda y triunfaras (…) Yo no les paro bolas y sigo con lo mío, yo ayudo aunque a veces no reconozco si estoy ayudando a bien o estoy ayudando a mal”
La frase “ser mierda y triunfarás” consti- tuye algunos de los imaginarios negativos que padres, maestros, amigos y hasta medios de comunicación instituyen en los jóvenes y que los pone en situación de conflicto interno, de allí que se hace indispensable educar en a los sujetos con pensamiento crítico, de tal forma que
puedan poner en balanza los imaginarios sociales instituidos y puedan proponer nuevos imaginarios.
Con respecto al voluntariado, vale la pena agregar que aunque es un entorno de institucionalización de la solidaridad, “las políticas solidarias en las que se inser- ta el voluntariado no se fundamenta en la prescripción de comportamientos, sino en la sugerencia, orientación y dirección de la actividad ética de los ciudadanos” Madrid (2001, 101), por lo cual los jóvenes que pertenecen a la institución de voluntariado manifiestan haber aprendido a ser solida- rios estando allí, es decir, el voluntariado actúa como un potencializador de conduc- tas solidarias, refuerza los valores éticos y promueve comportamientos responsables para con otros y el entorno.
El destacado profesor Sergio Emilio Manosalva Mena8 en una de sus con- ferencias sobre educación y diversidad manifestó que todos los seres humanos son herederos de otros seres humanos y que a su vez heredarán a otros más, a lo que añadió reflexivamente que aunque los sujetos sean incapaces de conocer al otro, comparten mundos con otros y viven su humanidad en relación con y en otro. De aquí que se indague sobre la coope- ración como una de las manifestaciones de responsabilidad social.
Resulta ser más notoria la competiti- vidad juvenil que la cooperación juvenil
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Sergio Emilio Manosalva Mena: Destacado profesor Chileno. Docente de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano de Chile. Reconocido conferencista y asesor en temas de educación diferencial. La conferencia aquí referida se denominó “Pedagogía crítica y di- versidad: La escuela como aparato disciplinar” y fue orientada el 4 de Diciembre de 2011 en Manizales, Colombia en el marco del II Simposio Internacional Investigación para la Educación “Entramados Humanos y gestión del conoci- miento en educación.
y esto tiene su base en los principales entornos de socialización donde se patro- cina y premia la competencia y el ganar a cualquier precio, siempre se debe ser el mejor por encima de quien sea. Para todos los jóvenes entrevistados fue tan difícil ha- blar sobre la cooperación que finalmente terminaban relacionándola simplemente con las conductas de ayuda:
“La cooperación para mi es ayudar a la comunidad, ayudar a los demás”
“tiene que ver mucho la parte de ayudar pero así, así, no sabría decir- le cooperación”
No obstante lo anterior, cuándo los jóvenes entrevistados hablaban sobre situaciones donde hubiesen sido coope- rativos, sus respuestas se acercaron a los que bibliográficamente se encuentra sobre el tema. Lo interesante de estas y todas las respuestas relacionadas, es que en la cooperación para los jóvenes, persiste la conducta o comportamientos de ayuda, que no necesariamente son sinónimos de cooperación, pero sí manifestaciones de responsabilidad social.
Los jóvenes asocian la cooperación con el trabajo colaborativo donde además se incluyen en el beneficio recibido por la acción. Esto es positivo ya que la coope- ración es obrar junto con otro u otros, es el acto de conjugar la capacidad discursiva o la ética discursiva para generar una cultu- ra de colaboración recíproca y de justicia, porque como plantea Cortina (2002, 44) “en una sociedad inteligente se establecen entre ellas relaciones de cooperación, y no de competencia”. John Nash. (Citado por Sen & Kliksberg, 2007, 20) hace más de medio siglo afirmó que “cuándo hay beneficios derivados de la cooperación, es posible concertar toda suerte de arreglos” y realmente así lo entienden también los jóvenes, para quienes cooperar es sinó- nimo de ayudar para mejorar.
Son muy pocos los imaginarios que se instituyen a los jóvenes con respecto a la cooperación, quizás por esta razón les cuesta tanto referirse a este tema. El reto
es para la escuela que tiene todo un mun- do de posibilidades en la consolidación de los comportamientos cooperativos a través de la institucionalización de ima- ginarios sociales positivos alrededor del trabajo cooperativo. La educación debe llevar exactamente a comportamientos, elucidaciones y decisiones de suma cero, es decir, dónde como dice Adela Cortina todos los jugadores se sientan justamente comprendidos y reconocidos y dónde la meta, que siempre debe tener como fin el bien común, se alcance.
“Para llevar adelante una socie- dad pluralista de modo que crezca moralmente en vez de perder tono moral, las relaciones entre mínimos y máximos han de ser las propias de juegos de suma cero, en los que todos los jugadores puedan ganar, siempre que tengan la inteligencia moral suficiente como percatarse de que lo que importa es crear un mundo más humano, conjugando esfuerzos. Los juegos cooperativos, cuando el objetivo es común, son sin duda más inteligentes moralmente que los conflictivos” Adela Cortina (2002, 53)9
Aunque a los jóvenes voluntarios también les resulta difícil hablar de la cooperación, demuestran más interés en progresar en comunidad y no en la individualidad. Para ellos es importante proyectar su autorrealización, pero siendo conscientes de la necesidad de ayuda de quienes integran su entorno, lo que se evidencia en respuestas como esta: “Coo- peración si es como a la hora de hacer algo por ejemplo de ayudar entre varias personas, por algo el término de coo, o sea de varias, trabajan juntas”
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Adela Cortina en diferentes textos ha abordado su propuesta sobre ética de mínimos y ética de máximos. A la primera, corresponden todas aquellas cuestiones inherentes a la justicia, mientras que la segunda se pronuncia sobre as- pectos inherentes a la felicidad. Estos aspectos fueron abordados anteriormente en el recorrido sobre ética y moral.
Actualmente existen muchos estudios y estrategias de trabajo sobre juegos cooperativos, sin embargo al parecer hay abierto todo un mundo de posibilidades para instituir en los jóvenes estrategias de trabajo colaborativo que permitan construir una sociedad más unida, justa y equitativa.
El discurso de los jóvenes neivanos permitió una breve introspección en los imaginarios de responsabilidad social abordada desde la dimensión participati- va; entendiendo la participación como la actuación junto a otros en la resolución de un problema común, que fundamental- mente es la vida cotidiana de los hombres. Se entiende por tanto la participación no sólo como una necesidad sino como un proceso hacia el desarrollo, es decir; hacia nuevas formas de intervenir la realidad, que constituye un modo de crecer como comunidad; ello implica múltiples formas de participar y modos de actuar.
Los jóvenes son una población muy representativa de nuestra sociedad y en la “medida en que se les forme, el estímulo que se les proporcione para participar, los valores que reciban, los modelos de referencia que influyan en ellos, estarán conformando los ciudadanos que van a decidir con su actividad o pasividad la calidad de los sistemas democráticos latinoamericanos” (Sen & Kliksber 2007, 188), de ahí la trascendencia de ahondar en sus imaginarios como posibilidad de transformación. Para efectos de la inves- tigación, la participación se tomó como posición política, es decir, se indagó en los imaginarios de los jóvenes desde perspectiva de su posición como sujetos críticos frente a la realidad de sus entornos de socialización.
En primer lugar, cabe resaltar que una de las formas de participación en la co-
munidad que predomina en los jóvenes no voluntarios, es la relacionada con los espacios recreativos y deportivos que constituye según Trilla y Novella (2001) una forma de participación simple. El imaginario de participación en este caso, está direccionado hacia el goce y el disfrute que genera integración y cohesión social. Por el contrario, para los voluntarios los calificativos asocia- dos a la participación, fueron enfocados en otra dirección: colaborar, cooperar, ayudar y demás acciones enfocadas en otros, es decir el direccionamiento de esa participación está dirigida hacia tareas de beneficio común.
El grado de implicación de los sujetos en su comunidad es el que finalmente determina su nivel de participación, por lo que vale la pena preguntarse ¿Qué tan motivados están los jóvenes para participar en las instancias de toma de decisiones de su comunidad? ¿Qué tan- to se implica a los jóvenes en los asuntos de la comunidad? Al respecto Habermas (1999, 40) refiere que es indispensable tener razones que motiven la acción en los sujetos: “llamamos a estas razones “pragmáticas” o preferenciales porque motivan la acción y no apoyan, como las razones epistémicas, juicios u opi- niones”, por lo cual se hace necesario que desde la escuela se promuevan los argumentos y razones “pragmáticas” que motiven la participación y por supuesto las acciones responsables socialmente. En los jóvenes entrevistados fue posible identificar que en aquellos no voluntarios la motivación es extrínseca ya que la persona orienta su acción desde lo que espera recibir del conglomerado social, en este caso la diversión, mientras que para los jóvenes voluntarios las palabras “ayudar si alguien se lo pide” son signos de una motivación trascendente en la cual el sujeto orienta su acción desde las consecuencias positivas que la mis- ma tiene en los otros. De lo anterior se puede decir que el tipo de participación de los voluntarios es más responsable
socialmente en la medida que existe algún sentimiento de corresponsabilidad comunitaria.
Es posible identificar otras formas de participación juvenil en las entrevistas realizadas a los jóvenes, como la con- sultiva en la cual se pone en juego las habilidades comunicativas y se acude a la ética discursiva:
“Participación es poder dar su opinión acerca de las cosas y ser escuchado”,
“Para mí es tomar decisiones y hacer conciencia de lo que se quiere en pro de un beneficio para todos”.
Y la proyectiva que tiene relación con su realización como sujetos:
“Para mi la participación es donde una persona sea capaz de realizar logros por sus propias ideas, opinan- do, haciendo participar en cualquier cosa, así sea en eventos ¡no se! en la más mínima cosa que haga
¡participar!”
En los jóvenes voluntarios es más probable identificar posibilidades de cons- trucción de acuerdos a partir de la ética discursiva: “Me gusta participar porque el que participa, tiene derecho a reclamar y a mejorar”, para ellos la participación constituye una posibilidad de construc- ción de futuro y desarrollo. Uno de los objetos de la responsabilidad social es la conformación de una sociedad más justa y equitativa para todos, en donde la parti- cipación es un impulsor importante de los procesos de integración y cohesión social a través del compromiso socio- político de los sujetos, el cual se ve con mayor claridad en los jóvenes que pertenecen a la institución de voluntariado.
De otra parte, la mayoría de los jóve- nes entrevistados manifestó que en la comunidad donde habitan no existe o simplemente desconocen los espacios representativos para la participación como sujetos político. Esto es posible develarlo
en las respuestas que los entrevistados dieron preguntas como ¿conoce los es- pacios de participación para los jóvenes que existen en su comunidad? ¿Conoce lo que hace la junta de acción comunal de su comunidad?
“Como joven, la verdad ninguna. No hay tanta participación de los jó- venes sino es la reunión de los papás quien dice de mayor edad y hablan de la problemática de la comunidad y todo eso y soluciones…”
“No. No conozco, pues he visto que nosotros no tenemos lugar para participar ahí, he visto que han participado como tres vecinas, pues que he visto que participan que dan aportes a la comunidad y todo eso, de resto no, los jóvenes no”
En los jóvenes se evidencia un senti- miento de exclusión en los asuntos de la comunidad, espacio asignado a los adul- tos, quienes no los hacen participes de los asuntos importantes. Resulta lamentable culpar únicamente a los jóvenes por su falta de participación y responsabilidad para con la sociedad, cuando no se les insta con frecuencia a participar en la búsqueda de soluciones a los problemas de su comunidad, no se les invita y vincula a espacios donde se discuten los asuntos importantes, desconociéndoles como su- jetos decisivos en potencia.
El imaginario social de que en la comu- nidad no existen espacios de participación para los jóvenes, conlleva a otro, el de la desvalorización de su potencialidad como sujetos políticos:
“como joven quizás puedo partici- par en algunas opiniones, pero pues no creo que sea muy respetable las opiniones de uno como joven...”
“Mas peleas, si porque por todo se mantienen peleando… entonces prefiero quedarme en la casa y no escuchar griterías y peleas. Ellos por todo reviran, pelean”
Los jóvenes sienten que sus ideas u opiniones son poco valoradas por los adultos, que además los regañan y terminan peleando, lo cual es una gran limitante para que los jóvenes hagan uso del derecho de participar en los diferentes escenarios. Como refiere Cortina (2002,
35) en la libertad participativa se requiere “el reconocimiento de que un hablante competente es una persona y debe ser tenida en cuenta en cuantas decisiones le afecten”. No obstante lo anterior, los jóve- nes voluntarios reconocen su capacidad para aportar al desarrollo de sus comuni- dades y reconocen también que con ese aporte pueden contribuir a la solución de las problemáticas. Ellos se autovinculan por medio de razones pragmáticas mora- les causales diferentes, tal vez adquiridas desde el ejercicio del voluntariado, desde sus experiencias vitales motivadas por el sufrimiento humano de otros. Según Habermas (2007, 63) “cuándo alguien que actúa hace suyas reglas técnicas de la habilidad o consejos pragmáticos de la sagacidad, determina ciertamente su arbi- trio por medio de la razón práctica, pero las razones tienen fuerza determinante sólo en relación con las preferencias y fines causales” tal como al parecer sucede con los voluntarios, que con razones causales actúan en pro de otros, inclusive cuándo no están en el ejercicio institucionalizado de su voluntariado.
Por otro lado tanto en los jóvenes no voluntarios como en los voluntarios exis- te un desconocimiento o desinformación de las políticas públicas para la juventud en Colombia y las formas a través de las cuales se puede participar. Esto es una gran limitante para el ejercicio activo de la ciudadanía a través de la participación, y genera desmotivación o apatía hacia la responsabilidad social, así quedó eviden- ciado en las respuestas de la mayoría de los jóvenes entrevistados, a la pregunta
¿conoce políticas públicas que traten de la juventud?:
“La verdad no, y ese es un grave problema a uno le hablan de dere-
chos y deberes en las clases, pero no hacen hincapié en aquellas reformas y leyes que nos competen y que de una u otra forma nos mejoran el nivel de vida...he oído hablar de la ley de infancia y adolescencia…”
Para los jóvenes resulta importante conocer las políticas que los afecta para poder participar activamente y construir fu- turo. Esto es fundamental para afianzar el sentido de pertenencia de los ciudadanos, ya que aunque los jóvenes desconozcan gran parte del contenido normativo en torno a su grupo etario, son conscientes de la necesidad de “hablar un mismo idioma” para comprenderse y orientar su comportamiento en general. En Colombia, la Constitución Política como norma de normas, enmarca la participación como un atributo de todo ciudadano.
Artículo 1. Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, des- centralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la pre- valencia del interés general.
Así la democracia, la participación y la solidaridad son principios en los cuales se fundamenta nuestra nación y se cons- tituyen básicos en la formación de valores para la construcción de una sociedad en la que sus miembros sean responsables socialmente.
Otro aspecto relevante que se identifi- ca en las entrevistas a los jóvenes, es el imaginario de ineficiencia de las personas que se ocupan de los asuntos políticos. La imagen sobre quienes ejercen roles políticos es muy desfavorable debido a las problemáticas que aquejan al mundo político colombiano como la corrupción y, la ineficacia del Estado para el manejo de los recursos y garantizar los derechos de los ciudadanos, factores que ponen en juego la credibilidad de las institucio-
nes y los valores democráticos como la participación:
“Cambiar esa forma de pensar del gobierno, esa corrupción , esto es una corrupción es como la forma de emplear, la corrupción en si viene de la mano del pueblo, porque el pueblo es el que vota no son ellos, enton- ces cambiar la ignorancia, yo digo que esa gente es ignorancia, que ellos viven solo de lo que digan las demás personas, de los medios de comunicación, que algunos medios de comunicación no dicen la verdad que es, si no que deberían estudiar, aprender más , preguntar, preguntar qué inquietudes uno tenga…”
“Pienso que son unos bobos ja- jajja… no es que son tontos es que me da rabia que no sé porque tanto que hablamos del alcalde, que no hace nada, que no sé qué, pero en el colegio pues igual somos jóvenes y estamos siguiendo el mismo régi- men de ellos y entonces si pienso que no sé, no se está cumpliendo. No los jóvenes de hoy en día, bueno no todos, no, esos jóvenes conse- jeros, personeros, están haciendo igual que los otros, solamente bus- caban ganarse a los estudiantes para llegar ahí, al trono por decirlo así, y ya después de ahí se quedan de brazos cruzados”
Ese sentimiento de desvalorización en las instituciones del Estado y en el Estado mismo expresado por los jóvenes entrevis- tados consolida imaginarios desfavorables alrededor de la participación en asuntos políticos.
La responsabilidad social no toma dis- tancia alguna de la ética, de hecho para su comprensión se requiere un acercamiento
axiológico y evolutivo que la mayoría de los autores adjudican al “Ethos” y a los cambios contemporáneos a nivel político, económico, demográfico, ambiental, jurí- dico, social y laboral, que se han atrevido a llamar la tercera gran revolución de la humanidad10. Aunque el término es muy utilizado en el ámbito empresarial, en realidad surgió como una manifestación ética de la práctica humana. La respon- sabilidad social surge y se desarrolla a partir de la necesidad de que los sujetos comprendan que sus acciones son como efecto mariposa, es decir que sus actos tienen consecuencias y afectan a los otros de manera directa o indirecta.
Berman (Citado en Navarra 2003, 118) definió la responsabilidad social como “la inversión personal en el bienestar de otros y del planeta” que se manifiesta en la interrelación con los otros y que incluye tres dimensiones: Entender que cada persona pertenece a una red social más amplia que tiene influencia decisiva en la construcción de la propia identidad; las relaciones interpersonales basadas en consideraciones éticas de justicia y de preocupación por los otros y; actuar con integridad; consistentemente con los propios valores. Esto es muy importante por cuanto entender que cada persona pertenece a una red social más amplia tiene influencia decisiva en la construcción de la propia identidad y finalmente en la generación de comportamientos social- mente responsables.
Para que se generen esos comporta- mientos de corresponsabilidad es indis- pensable el reconocimiento de que ade- más de un “yo” existe un “tú”, un “nosotros” y un “los otros”, que necesitan un mínimo de conductas que “todos” deben realizar para mantener una relación de común unión que permita la convivencia pacífica y
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Las primeras dos revoluciones serían la del surgi- miento de la agricultura y la revolución industrial. Estas revoluciones han afectado notoriamente el mercado laboral y han hecho que surjan políticas que han cambiado el desarrollo mundial.
el desarrollo sostenible. Lo interesante es que los jóvenes reconocen la existencia de “otros” como sujetos próximos que pueden atravesar por situaciones de necesidad y dónde ellos pueden ser protagonistas de cambios positivos en comunidad.
Inicialmente la responsabilidad es una cualidad de quien libremente y a cons- ciencia, reflexiona, mide y se anticipa a las consecuencias de sus actos. Es una capacidad que involucra la reflexión y vo- luntad. La responsabilidad es un valor que se forma a la par del desarrollo volitivo del sujeto, puesto que requiere de habilidades cognitivas e interrelacionales, dado que ella hace parte también de la construc- ción de identidad, que no se realiza en la individualidad, si no en la relación con los otros, tal y como se generan e instituyen también los imaginarios sociales.
Finalmente, ser socialmente responsa- ble ser socialmente responsable, involucra el lado humano de la sociedad, en el que los sujetos dejan sus pretensiones mera- mente individuales para pensar y actuar en beneficios colectivos apoyando y ayu- dando a otros; es preocuparse y contribuir a la comunidad dónde se desarrolla través de acciones que favorezcan un mejor entorno social, cultural, económico y am- biental en el ejercicio de principios como la solidaridad, la participación y la coo- peración en busca del bienestar común.
Consideraciones finales para pro- mover la responsabilidad social en los jóvenes.
Como resultado de la investigación, se recogen algunas ideas que constituyen unos lineamientos generales para la for- mación y promoción de la responsabilidad social en los jóvenes de Neiva y que po- drían ser la base de proyectos educativos que involucren fuertemente esta temática.
El imaginario de responsabilidad social en los jóvenes, finalmente está organi- zado alrededor de premisas como las siguientes:
El reconocimiento de la existencia de otro u otros, que puede estar próximo
o distante, pero que indudablemente tiene afectaciones
La identificación en el otro de sus
necesidades, para brindar ayuda
El reconocimiento de que trabajando en equipo se logran mejores resulta- dos que trabajando individualmente
El reconocimiento de la importancia de la participación activa como po- sibilidad de construir acuerdos de convivencia.
El sentimiento de ser agentes trans- formadores
Pero ese imaginario que finalmente se consolida en un nexo social, se ve dismi- nuido por:
La falta de espacios de participación para los jóvenes en la toma de deci- siones.
Los estereotipos negativos que sobre ellos se tejen en los diferentes contex- tos dónde se desarrollan.
Los sentimientos de rabia y descon- tento ante las situaciones de corrup- ción, mentiras de quienes ejercen la política, aprovechamiento de la buena voluntad de la gente.
La percepción de inoperancia de las instituciones.
El sentimiento de que sus aportes no son tomados en cuenta.
Se requiere una educación que transforme imaginarios sociales y que como dice el profesor Miguel Alberto González (2010, 60) “pueda estar aten- ta a las demandas de los jóvenes que por biología son incansables, intuitivos, creativos y quejosos de la quietud”, una educación impartida en familia y colegio desde la generación de nuevos imaginarios de corresponsabilidad so- cial. Se requiere una real apertura de espacios para la participación de los jóvenes en la toma de decisiones sobre el desarrollo de las comunidades donde se desenvuelven y conviven, así como procesos formativos, que promueva en ellos el pensamiento crítico, aquel reflexivo y propositivo.
Implementar programas de formación que prepare a los jóvenes para la par- ticipación en la vida de la comunidad y del país –incluyendo el conocimientos y ejercicio de reflexión profundos sobre las políticas públicas que les atañe -, en el que se despierte el sentido de la responsabilidad social, se desarrollen habilidades sociales, se cree el vinculo afectivo solidario con su comunidad y se les brinde el conocimiento necesario para su actuación en la esfera política, es una tarea prioritaria. Por otro lado, dado que existe una gran diferencia en las actitudes y los discursos entre los jóvenes volun- tarios y aquellos que no lo son, donde el imaginario de responsabilidad social de los voluntarios se mueve más entre la au- tonomía y el empoderamiento de participar y contribuir a la solución y el desarrollo de la comunidad, podría apostarse a la promoción de espacios de voluntariado desde las instituciones educativas.
El voluntariado, tal como se evidenció en la investigación, refuerza conductas e imaginarios positivos sobre la solida- ridad, la cooperación y la participación, en últimas, es un defensor e impulsor de conductas socialmente responsables, por lo cual desde los colegios, las universi- dades y las mismas pequeñas comuni- dades, debe promoverse el voluntariado como una manera de reforzar valores morales positivos y acercar a los jóvenes a diversas realidades sociales. Existen diversas modalidades de voluntariado que pueden promoverse, desde el volun- tariado ambiental hasta el virtual y desde el institucionalizado – aquel que se presta por medio de instituciones de voluntariado formal y legalmente reconocidas como tales hasta el esporádico e informal. Todas las modalidades son válidas y de lo que se trata es de mover causas justas entre los jóvenes y alentar su voluntad para ayudar a construir y reconstruir tejidos sociales, a cuidar el planeta y a ser responsables de sus vidas y las de sus congéneres.
De otro lado, los jóvenes necesitan sentir que la sociedad tiene fe en ellos.
Para esto, se hace indispensable eliminar las etiquetas que los tildan de desordena- dos, poco participativos, despreocupados, poco colaborativos, entre otros, que afec- tan el nivel de participación e inclusión de los jóvenes en las diversas esferas de la vida social. Esas “etiquetas negativas” instituyen imaginarios sobre los jóvenes que ellos escuchan pero no comparten, ya que al contrario, están dispuestos a ayudar siempre que la causa sea justa y se les motive.
Se debe propender porque a los jóve- nes se les inste a participar y a ayudar, reforzando “etiquetas positivas” que los motiven y los hagan sentir incluidos e importantes para el desarrollo de sus comunidades.
Existen espacios institucionalizados que deben aprovecharse para consolidar y promover imaginarios positivos alrededor de la responsabilidad social, un ejemplo de ello es el Servicio Social Estudiantil, que aunque es de carácter obligatorio en la educación básica secundaria como
requisito para la obtención del título de bachiller, está subvalorado como potencial espacio para consolidar comportamientos de corresponsabilidad social. La propues- ta es que este espacio que ya está regula- do, sea asumido desde las instancias que les corresponde – colegio, Secretarías de Educación y Ministerio de Educación – con mayor interés para acercar a los jóvenes a su comunidad y responsabilizarlos de su desarrollo. Este espacio debe abordarse desde la crítica de la realidad comunitaria, de forma propositiva, de tal manera que se propenda porque los jóvenes diseñen nue- vos espacios de participación para ellos donde puedan abordar las problemáticas comunitarias y contribuir a la solución de sus problemas.
Finalmente se deben promover todas las conductas prosociales, pero princi- palmente y con el ánimo de generar com- portamientos responsables socialmente, se debe promover la solidaridad como generador neto de nexos sociales fuertes en los jóvenes.
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