González G., M. A. (2022). Homo Mendax. Plumilla Educativa, 29 (1), 07-13. DOI: 10.30554/pe.1.4502.2022
Homo Mendax
No debemos confiar en ningún Gran Hermano que se ocupe de nuestros intereses y deseos. (Harari 2017, p. 311) en Homo Deus.
En medio de las mentiras, nosotros somos una lujuriosa verdad. Podemos agregar que no podemos confiar, en su totalidad, en ningún proyecto político, jurídico, económico, ético, estético, tecnológico, científico, educativo o religioso venido de Grandes o no Grandes Hermanos, al fin de cuentas, ellos, como nosotros y como yo, cuando queremos impresionar para tener fanáticos, mentimos. Mentimos no sólo al afuera sino al adentro, mentimos al plural Dioniso como al particular Apolo, “El problema no es que mientas, el problema es que te creo”, tararea Arjona.
Toda verdad sabe rodearse de mentiras ¿Y las mentiras? También se envuelven de verdades emocionales y/o racionales para hacerse creíbles. ¿Es lo mismo una verdad emocional que una racional? Cada quien haga sus balances, ponga los puntos y acentos donde más le apetezca. Los expositores de la verdad nos sugieren clasificarlas en verdades como evidencia, como adecuación, como coherencia, como utilidad y como consenso, además, nos advierten que se vinculan a escuelas dogmáticas, pragmáticas, críticas, estoicas, subjetivas-relativas, intersubjetivas, objetivas, escépticas y perspectivistas, entre varias más.
Las mentiras tampoco quedan por fuera de las clasificaciones, conocemos de mentiras piadosas, por omisión, de negación, de reestructuración, de exageración, de minimización, deliberadas; mentiras blancas, negras, azules, compulsivas, autoengaños, promesas rotas; mentiras compensatorias, de ocultación, de falsa confirmación, de enmascaramiento; mentiras aditivas, detractoras o difamatorias, así podemos continuar en la lista para cerrar o aperturar con mitomanías.
¿Qué podremos decir de aquel humano que fue en busca de alimentos para su grupo y, al cabo de horas o días, regresa sin nada entre manos e informando que se ha encontrado un unicornio, una sirena, un minotauro, un mohán o cualquier otro relato ficcional? No contento con ello, explica detalles e invita a pintar, esculturar, poetizar, cantar o teatrar esa experiencia, lo curioso es que milenios después, nosotros seguimos hablando de sirenas, súcubos, gnomos, fantasmas, patasolas, brujas, diablos, pandoras, quijotes o supermanes, como si tal; en ese mismo escenario caben deidades y sus representaciones que tanto nos conmocionan. Ese yo narrador supera lo objetivo, se inserta por lo subjetivo, lo fantasioso o lo metafísico para superar, incluso, sus propias expectativas. Disponemos de un yo narrador que va más allá de cualquier presupuesto de verdades y retorna más acá de cualquier discurso denigratorio de las mentiras.
Grandes mentirosos hemos tenido, o, así nos los han presentado. Instituciones religiosas, militares, jurídicas, científicas, gubernamentales e informativas usan la mentira cada vez que de ella precisen, tampoco se quedan al margen, la economía, la historia, la política, la literatura, la navegación marítima, los caminantes o los viajeros del amor quienes complementan el cuadro.
Queremos y nos quieren vender mentiras por verdades, tan imaginativos como salaces. Hablar y demostrar cosas que sólo existen en la imaginación es propio de la humanidad, no se le conoce a ninguna otra especie, esto lo nombra Harari, revolución cognitiva. Los animales tienen juegos donde pueden confundir a sus compañeros, hacerles creer de algo opuesto para derrotarles, envían señales falsas, cambian de forma, de color, se hacen los muertos, engañan a sus propia especie como a otras, algunas aves de rapiña realizan sonidos amistosos para generar tranquilidad y luego lanzarse a cazarlos; es el caso del Cucú que se aprovecha de otra ave, piratea sus nidos para que levante sus descendientes, confunde a las aves mas pequeñas; el Cucú, los lagartos, la aves de rapiña, los meros, las anguilas, entre muchos más, son un ejemplo de que mentir puede tener raíces biológicas- genéticas que van más allá de patrones culturales, como se suele balbucear.
No tenemos claro si todos los animales imaginan, a los perros, cerdos y monos les han encontrado rasgos imaginarios. No obstante, ellos no han gestado ficciones al estilo nuestro; la imaginación nos permite crear empresas, acuerdos, convenios, novelas, cuentos y narrativas ficcionales, aceptar un papel como medio de cambio o validar las transacciones bancarias o monetarias online, sólo es posible si nos ponemos de acuerdo en la ficción. Sólo a nosotros se nos ocurre decir que tenemos dinero en una cuenta bancaria cuando observamos números que lo representan, sólo a nosotros se nos ocurre creer que un papel o plástico sirve como garantía de transacción en cualquier lugar de la tierra, sólo a nosotros se nos ocurre conjeturar que una firma nos representa aquí y acullá, sólo a nosotros se nos ocurre escribir el Quijote e inventar Macondo para que otros repitan esa historia siglos de los siglos como si fueran hechos tangibles. ¿Qué narrativa ficcional es construir un templo para orar a su deidad y lograr que otras personas sigan el ritual? ¿Qué tipo de ficción es una constitución, una bandera o un himno que nos torna patriotas y prestos a asesinar en nombre de un Estado, de un torpe general o de un inepto presidente? ¿Qué ficción es un título de futbol, ciclismo, boxeo, atletismo o fisiculturismo?
Los políticos van entre la ficción y la mentira despiadada, saben que deben subir impuestos, pero prometen lo contrario en sus campañas; ofrecen paz, reconciliación, gobierno de la mano con sus opositores, reducir índices de pobreza, de desigualdad, facilitar accesos a la educación, a la salud o al trabajo digno, pero ya en el poder pasan a otras realidades, no es que olviden sus promesas, es que han mentido durante toda su campaña o ¿qué podemos decir de un dictador que promete vida nueva, sociedad igualitaria y, luego, a la primer crítica, encarcela, somete, asesina, expropia?
Impactar la emocionalidad de las personas, no darle tiempo a pensar por sí mismos, intoxicar con lenguajes mentidos a los electores son las grandes apuestas de los políticos de la tierra en este siglo XXI, no importa si es de una superpotencia o de un pueblo levantado en la polvareda, los políticos se las ingenian para mentir, para hacerse entender, bombardear la emoción, no dejar razonar es la gran apuesta política, el político es el homo mendax por excelencia, no es el único ni el último.
Las fake news son, en la actualidad, la gran campaña humana potenciada por las redes ¿sociales?, no es mostrar las virtudes propias, sino los defectos del opositor, exagerar sus errores; producir información falsa sobre el contendiente es la gran maniobra del siglo XXI, para eso, las campañas políticas contratan, esto parece increíble, pero es cierto, filósofos, literatos, abogados, historiadores, economistas, politólogos, diseñadores de contenido, psicólogos, pedagogos, periodistas, influencers, expertos religiosos y militares, entre muchos más, para que, a partir de esas disciplinas, se produzca todo tipo de información con públicos definidos a impactar, no importa la veracidad de lo informado, es emocionar y no dejar pensar, en esa vía, se elaboran noticias falsas que, las mayorías no tenemos como comprobar y, como papagayos, replicamos cual verdades nuestras. Al poderoso, en general, le importa la verdad o la mentira, mientras ésta se ajuste a su mundo, le intriga el dominar: el homo mendax al poder se centra en los fines sin reparar en medios.
El homo mendax, el hombre que miente sin descanso. En el caminar humano siempre han existido grupos de personas que promueven el desprestigio de otros a través de las mentiras; experiencia cotidiana que se inserta en la gran política del siglo XXI, las fake news o posverdades hacen parte de esa experiencia. La información falsea los acontecimientos, nos recuerda Han. mentir hoy es una de las grandes empresas, tan lucrativa como el deporte, el narcotráfico, la guerra, la producción de alimentos o la salud.
Mentir-ilusionar es el arte, por excelencia de los magos, quienes nos hacen ver lo que no es cierto, de hecho, asistimos a un show de ellos para que nos mientan todo el tiempo, si logramos descubrir el misterio de cada truco, su magia pierde sentido, es un falso mago diremos, sin la menor duda, incluso, solicitaremos dinero de regreso por la estafa, al fin de cuentas hemos pagado para que nos ilusionen, nos mientan. Mentiras que al consumir nos consumen y verdades que al consumir nos desaparecen, visto así, las totalidades no las tenemos en beneficio de nosotros.
La mayoría de juegos humanos guardan mentiras, hacerle creer al contendor que se realizará una actividad para aprovechar el descuido, el ajedrez, los juegos de mesa, las rondas infantiles, los retozos con balones se basan en la misma idea, hacerle creer al contrario que vamos por un lado para irnos por otro; deportes de competición como el boxeo, el ciclismo, al automovilismo, el futbol, el basquetbol, el voleibol conservan ese principio del secreto, del confundir al rival, cuando no es que pagan a sus contendores para obtener un galardón, doble mancha dirán algunos, representan esos títulos. Mentir mientras jugamos nos hace reír y disfrutar, no se conocen muchos juegos que no tengan en su base la mentira.
El homo mendax es muy inteligente, tanto como para crear apuestas religiosas, políticas, jurídicas, económicas, educativas y sociales casi perfectas. ¿Qué podemos decir de ciertos predicadores religiosos? ¿Qué podemos demostrar de muchos libros sagrados? ¿Por qué sus deidades no volvieron a conversar con los humanos? ¿Olvidaron su labor luego de la escritura? Bien, estas no son preguntas menores ¿Será que un homo mendax de extrema inteligencia nos creó estos y otros relatos que no sabemos desnudar?
Pinocho, la representación literaria de las mentiras, nos muestra el como se aperturan los caminos por sus mentiras. La franqueza no es la moneda para conversar con Pinocho, sus certezas caen a la primer verificación. El viejo y el mar de Heminguay, siempre nos pone en esa marea entre mentir y ficcionar para sembrarnos una verdad, la del viejo. Esperando a los bárbaros, primero, un poema de Kavafis, años después, un libro de Coetze, nos hace caer en la cuenta del como miente el poder para vendernos miedo y justificar sus guerras. 1984 de Orwell va en la misma denuncia. No podemos desconocer toda la literatura acumulada a base de mentiras. ¿Qué es un horóscopo? Un juego literario, entre ficción e invención de hechos, donde nos dejamos mentir para estar menos tensos, más esperanzados con el presente potencial.
Usamos, usufructuamos y nos transformamos en la mentira, como la abeja con el polen. Así digamos lo opuesto, así digamos ser profesadores, profesores, comunicadores de la verdad, nadamos entre mentirillas. De hecho, las relaciones sociales se mueven en fingidas sonrisas, en inventadas amabilidades o desquiciados prejuicios, añoramos lo contrario, pero no lo indicamos porque nos puede costar el empleo o la vida misma. Hay una experiencia por la que, casi toda la humanidad, hemos transitado, negar la presencia de una persona en casa o pedir a alguien, a un niño, incluso, que niegue nuestra presencia en la residencia, es tan cotidiana esta acción que, cuando no se cumple nuestra petición, llegarán represalias contra la persona, bien por no querer o, bien, por no saber mentir.
¿El mendax siempre es mendax? Seguro que no, algunas veces lucha por no mentir, otras, por ingeniarse y, algunas, por encontrar verdades para vivir menos desconcertado. La paradoja de Epiménides, “Todos los cretenses son mentirosos, yo soy cretense”. Al menos un cretense, ya dice la verdad, por tanto, no todos mienten. Exponer que, esta oración es falsa o que este escrito es falso es una paradoja y, como toda paradoja, se mantiene en su contradicción sin necesidad de esclarecerse, el caso es que, en occidente, deseamos resolverlas y no siempre es posible, ni necesario.
Hay muchas ofertas del mundo del mercadeo que son incontrastables, que son mendaces, artilugios lingüísticos para vendernos felicidad y no una casa; placer, alegrías y no un costoso paquete turístico; sensualidad y no un frasco con aromas; libertad y no un vehículo; risas, amabilidad y no un licor;¿Lo uno lleva a lo otro? No siempre, no nos aclaran que las cuotas bancarias nos pueden ahogar, ni que la letra pequeña no responde por retrasos en la entrega o por daños o perjuicios del producto ofrecido, el caso es que lo sabemos, pero seguimos de plano con esa mentira, la aceptamos en el momento que cerramos el negocio.
¿Cuántas mentiras contiene una verdad? La pregunta es la vergüenza de la respuesta, otros afirman que la respuesta es la desgracia de la pregunta. En principio, las mentiras alteran las narrativas sin alterar los hechos, la insistencia de las mismas terminan por gestar nuevos hechos y acontecimientos. Las mentiras no sólo alteran hechos, también personalidades y comunidades de vida.
¿La mentira tiene opciones potenciadoras, constructivas? Encontramos muchas experiencias donde una mentira salva una vida, evita un viaje con consecuencias catastróficas, protege a un grupo social, evita un divorcio o previene una confrontación, ¿Cuántos amores, matrimonios y familias se han gestado a partir de una mentira? Tenemos no sólo necesidades biológicas, culturales, materiales, metafísicas y mentales, tenemos necesidad constante de verdades, no obstante, navegamos en mentiras, encontramos verdades con mentiras, no sólo aplica para los enamorados, va para los casos judiciales, políticos, económicos, científicos y educativos. A ningún humano le bastan las verdades, por eso la imaginación, las ficciones y las fantasías mismas, las mentiras suelen ser metáforas, sinécdoques, analogías, hipérboles, ironías, hipálages, oxímoron y paradojas mal comprendidas, figuras retóricas que dominan con maestría los poetas y los grandes libros de la humanidad.
A parte de “Sin miedo al éxito”, “La vida es corta”, “Sigue tu corazón”, “No piense tanto y acate tus impulsos íntimos”, “El que piensa, pierde”, “No dude y vaya por la felicidad”, “Sueñe en grande”, olvidando que todos soñamos en grande, pero se nos cumple muy poco; en ese sentido ¿Qué otras frases cortas decimos antes de tomar paradójicas decisiones?, eso es, nos mentimos con honestidad, nos mentimos con amor, nos mentimos sin piedad, nos mentimos en la tristeza y en la felicidad, y, justo, aquello que nos condena es lo que nos salva: la mentira; por eso aceleramos palabras para creer que, en el medio de las mentiras, nosotros somos una lujuriosa verdad.
Hay mucha creatividad en la mentira, y esto va siendo una verdad.
Miguel Alberto González González
Director Revista Plumilla Educativa
Referencias
Coetzee J.M. (1980). Esperando a los bárbaros. Mondadori
González G, M. A. . (2021). Homo Faber. Plumilla Educativa, 28(2), 7–12. https://doi.org/10.30554/pe.2.4281.2021
González G, M. A. . (2021). Homo Digitalis. Plumilla Educativa, 27(1), 9–13. https://doi.org/10.30554/pe.1.4196.2021
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Han, B. C. (2021). No-Cosas. Bogotá: Penguin Radom House
Harari, Y. ( 2017). Homo Deus. Penguin Random House.