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Intelectuales reprobando al rendimiento académico1


aleJandro VáSquez arango2


Resumen


Consideración3


El “rendimiento académico” ha sido aceptado como el factor determinante de la calidad en los procesos de enseñanza aprendizaje propios de cual- quier academia formal. Las políticas nacionales e internacionales que pro- mueven el aumento de la calidad educativa, han apostado a elevar dicho rendimiento, el cual se materializa en resultados numéricos y busca medir las capacidades de los individuos según determinadas áreas del conoci- miento. No es de extrañar entonces, la lucha frontal de los gobiernos por atacar los fenómenos denominados “deserción escolar” o “fracaso escolar” que han sido vinculados al bajo rendimiento académico. Antes de unirnos a las políticas ya mencionadas, decidimos investigar la pertinencia del “rendimiento” como indicador de calidad en el ámbito académico, después de todo el vocablo “académico”, evoca procesos como la lectura de reali- dades, la reflexión, la duda, entre otros términos lejanos a las mediciones y a los valores absolutos descritos al inicio de este párrafo. Aprovechando la conformación de un grupo de investigación denominado “Maestros e Intelectuales en América Latina”, liderado por los docentes Ana Gloria Ríos y Germán Guarín de la universidad de Manizales, quisimos aumentar la apuesta y buscamos un grupo de intelectuales, quienes mediante entrevistas abiertas nos brindaron otras percepciones sobre el “rendimiento académi- co”. Para esta investigación, se escogieron aquellos intelectuales con una historia propia del llamado “fracaso escolar”, pues nos parece que dicha característica los hace un tanto ajenos a los cánones de calidad vigentes, según los criterios descritos inicialmente. Encontramos cuatro intelectuales (William Ospina, Bernardo Arango Mercado, Julián Serna Arango y Sergio Emilio Manosalva) con quienes construimos, a partir de un ejercicio herme- néutico, una propuesta de calidad educativa que nos ofrece una alternativa al “rendimiento académico” y pone en duda las denominaciones formales aceptadas en la historia oficial de la educación, entre ellas el llamado “fra- caso escolar”. Propusimos cinco categorías clave que describen con mayor detalle la problemática educativa y cualificarán las bases filosóficas de futuras propuestas en este sentido: a) el monstruo burocrático institucional,

  1. la momificación curricular y el culto al almacenamiento de información,

  2. la eficiencia administrativa como falsa calidad, d) poco asombro y mucha


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  1. Recibido: 09 de mayo del 2012. Aceptado: 03 de junio del 2012.

  2. Alejandro Vásquez Arango. Profesional en Ciencias del Deporte y la Recreación de la Universidad Tecno- lógica de Pereira, Colombia; Diplomado en Pedagogía de la misma Universidad. Magister en Educación- Docencia, Universidad de Manizales, Colombia. Autor del libro “¿Cómo jugar al desarrollo humano en Colombia?” (2007). Docente nombrado en la Secretaría de Educación Municipal de Pereira, asignado a la Institución Educativa “Carlota Sánchez”. Correo Electrónico: gennyalejo@hotmail.com

  3. Texto venido de la investigación “Maestros e intelectuales en la educación colombiana”, liderada por Ana Gloria Ríos y Germán Guarín Jurado en la Universidad de Manizales, Colombia.

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codificación, e) carencia de propuestas para derrocar al imperio de la buro- cracia. Sumado a ello, logramos acordar unas líneas de acción y reflexión para abordar los temas de la calidad educativa desde un punto de vista más amplio, aceptando la existencia de diferentes juicios de calidad en los procesos educativos y renunciando definitivamente a las pretensiones de encontrar un criterio universal. Finalmente, construimos seis argumentos que denominamos “las calidades educativas”. Después de presentar esta síntesis, es hora de abrir paso a todas las consideraciones académicas, que ustedes como lectores realizarán a través de las siguientes páginas, en beneficio de las ciencias sociales y en especial del sector educativo. Palabras Clave: Intelectual, rendimiento académico, fracaso escolar, cali- dad, hermenéutica.


Intellectuals reproving to the academic achievement Abstract

The “academic achievement” has been accepted as the decisive factor of

the quality in the processes of teaching learning, characteristic of the official academy. The national and international politicians that promote the increase of the educational quality have bet to elevate the “achievement”, which is materialized in numeric results and it seeks to measure the capacities of the individuals according to different areas of the knowledge. So, It´s not rare the front fights of the governments to attack the denominated “school desertion” or “school failure” that have been linked to the poor academic achievement. Before that we decide uniting to the politicians mentioned, we decide to investigate the relevancy of the “achievement” as indicator of quality in the academic environment, after everything “The academy” evokes processes like the reading of realities, the reflection, the doubt, distant terms to the mensurations and the absolute values described to the beginning of this paragraph. Taking advantage of the conformation of a investigation group denominated “Teachers and Intellectuals in Latin America”, led by the teachers Ana Gloria Ríos and German Guarín from the University of Manizales, we wanted to increase the bet and we look for a group of inte- llectuals who, by means of open interviews, offered us other perceptions about the “academic achievement “. For this investigation, we chose some intellectuals with a history characteristic of the call “school failure” because we think that this characteristic makes them unaware to the current perfor- mances of quality, according to the approaches described initially. We find four intellectuals (William Ospina, Bernardo Arango Mercado, Julián Serna Arango and Sergio Emilio Manosalva), with they we build, starting from a hermeneutic exercise, a proposal about educational quality, which offers an alternative to the “academic achievement” and it questions formal denomi- nations accepted in the official history of the education, among them the call “school failure”. We proposed five categories key that describe with more detail the educational problem and they will qualify the philosophical bases of future proposals in this way: a) the institutional bureaucratic monster, b) the curricular mummification and the cult to the storage of information, c) the administrative efficiency as false quality, d) few surprise and a lot of codifi-


cation, e) lack of proposals to overthrow to the empire of the bureaucracy. Added it, We could agree some action and reflection lines to approach the topics of the educational quality from a wider point of view, accepting the existence of different perceptions of quality in the educational processes and giving up the pretenses definitively of finding an universal approach. Finally, we build six considerations that we denominate “the educational qualities”. After presenting this synthesis, it is time of opening step to all the academic considerations that you as readers will carry through the following pages, for benefit of the social sciences and especially of the educational world. Keywords: Intellectual, academic achievement, school failure, quality, hermeneutic.


Problematización


En la actualidad, las palabras “rendi- miento académico” configuran un modelo de calidad educativa para nuestras so- ciedades, pero es necesario preguntarse

¿Por qué algunos intelectuales (Einstein, Estanislao Zuleta, Gabriel García Már- quez, entre otros) han escapado a esta definición?, es decir, no han sido titulados en un sistema formal bajo los parámetros del famoso “rendimiento académico”, lo cual también se denomina “fracaso esco- lar”. Basados en definiciones para el vo- cablo intelectual, como las mencionadas por Cuenca (2000), De Miguel (1980),

Said (2007), Johnson (2000), Etzioni y Bowditch (2006), Si la capacidad para estudiar y reflexionar críticamente acerca de la realidad es una característica propia de los intelectuales, no es un capricho entonces cuestionar los conceptos de todo el discurso actual sobre el “éxito” educati- vo, la “productividad” de la educación, el “desarrollo” educativo, entre otros.

No es casualidad que el término “rendi- miento” tenga su origen en la economía; una ama de casa cualquiera (o un “amo” de casa cualquiera, para no caer en asun- tos de género), por ejemplo, sabe cuáles de los productos para el hogar, tienen mayor rendimiento (sobre todo si cuenta con poco dinero). Pero ¿Cómo llegó este vocablo a las entrañas de la academia?,

¿Cómo se convirtió el rendimiento en académico? No es gratuito, el rendimiento es hermano semántico de la eficiencia,


es sinónimo de grandes resultados con pocas inversiones, pero pagamos el precio por esta “metáfora”, basta con analizar los informes que presenta un ministerio de educación cualquiera cuando quiere demostrar sus logros: cuatro millones de estudiantes graduados en un año, siete millones de estudiantes alfabetizados, diez millones de estudiantes capacita- dos en… y así hasta el cansancio. Sin embargo, los indicadores que todos esos funcionarios quisieran llevar bajo el ta- pete son aquellos que dan cuenta de los bajos resultados obtenidos por la gran mayoría de nuestros niños y jóvenes en las pruebas para evaluar sus aptitudes o sus conocimientos (ahora le dan por nombre “competencias”). Irónicamente, a ese descalabro en las evaluaciones se le denomina “bajo rendimiento académico”.

En la agricultura, por ejemplo, una hec- tárea de alto rendimiento es aquella que produce gran cantidad de alimentos con muy poca inversión o gasto de energía.

¿Cómo esperamos entonces que este concepto acompañe al término “acade- mia” o “académico”?. ¿Qué entendemos por academia? Según las definiciones oficiales, como la de Carderera (1858) o Sánchez (2009, 93, 94 y 262), esta palabra se origina en Grecia debido a un héroe mitológico (Akademos), quien disponía de una casa con un parque, un jardín y un gimnasio. El mismo Platón adquirió esos terrenos en el año 384 A.C. y dicho lugar se convirtió en un espacio para filosofar, compartir conocimientos en ciencias na-


turales, dialéctica y matemáticas. Según la historia oficial (Riché, 1976), fue en la edad media que la academia se “institu- cionalizó” a partir de reuniones de profe- sores y alumnos en un determinado lugar denominado “escuela monástica”. En la modernidad, y gracias a sus implicaciones en el desarrollo científico de la humanidad, la academia se erigió como el lugar propio para el intercambio de ideas en medio de una gran variedad de disciplinas, algunos ejemplos de estas academias científicas fueron las inspiradas por el pensador Lei- bniz en Berlín, San Petersburgo, Dresde y Viena (Sánchez Ron, 2009, 93, 94, 262). Por ello se entiende igualmente la academia como un cuerpo de profesores,

¡intelectuales!, científicos, literatos, que profesan, enseñan o comparten ciertos conocimientos.

¿Cuál es ese rendimiento que se espera de la academia entonces?,

¿Cuáles son esos abundantes resultados que esperamos de la academia?, peor aún ¿Debe invertirse el menor tiempo posible, o la menor cantidad de energía posible, para obtener esos resultados en términos de eficiencia? Es de público conocimiento en cualquier estado actual, que el rendimiento académico es un criterio para “medir” (supuestamente) las capacidades de un estudiante o los conocimientos que ha aprendido luego de un determinado proceso formativo. Se dice que un estudiante tiene grandes aptitudes si obtiene altas calificaciones, es este a quien se cataloga como un alumno de alto rendimiento. Podríamos sospechar: ¿No es este estudiante un ser práctico que aprendió a responder lo que otros quieren oír?, ¿No será que las evaluaciones o las pruebas de aptitud apuntan a seleccionar un perfil específico de ser humano mientras desprecian otros perfiles?, ¿perdimos el derecho a el error y a la duda?, ¿Si el sabio duda y reflexiona, mientras el ignorante afirma (como lo mencionó Aristóteles hace más de dos mil años), esa evaluación no está dejando por fuera de su criterio gran- des seres humanos?

No somos tan inocentes, también aportamos nuestro granito de arena como ciudadanos y reforzamos este tipo de con- ceptos con una actitud poco reflexiva frente a los mismos, caemos en un juego muy bien descrito por Guillermo Bustamante:“… contribuimos […] pensando que si obtene- mos más puntaje que otro país, entonces somos mejores; buscando en las listas el colegio que tenga mejor posición para inscribir a nuestros hijos, pensando que si nuestro colegio sacó buenas cifras es porque estamos haciendo bien las cosas, que si nuestro hijo gano, entonces merece un premio y si no, un castigo, etcétera.” (Bustamante en Zemelman, 2007, 190)

Es necesario leer más allá de esos in- dicadores de calidad que nos han vendido las teorías nacidas en el mundo industrial. La academia debe pertenecer a otras esferas, debe ser ajena a esas visiones de calidad viciadas por los tecnócratas y los dueños de grandes capitales. ¿Cuál es esa esfera a la cual debe pertenecer la academia?, ¿Cuál es la visión de cali- dad acorde con lo académico?, esa es la ambiciosa tarea de esta investigación, es necesario generar nuevos conocimientos en este sentido si queremos liberarnos de todas esas contradicciones ya descritas.

¿Por qué buscar ese nuevo conoci- miento en los intelectuales con un historial propio de fracaso escolar? Una propuesta epistémica de Hugo Zemelman animó este camino investigativo: “…pensar di- námicamente significa pensar en contra o transgrediendo los límites. Esa trans- gresión de los límites, de la frontera, lleva a su vez a una conclusión evidente: ¡hay que pensar en lo ajeno!, ¡hay que pensar en lo diferente!” (Zemelman, 2007, 37). Luego de analizar este pasaje, y las re- flexiones ya descritas, la conclusión es clara, es posible aventurarse a nuevas concepciones propias de una pedagogía para la emancipación. Quienes han sido ajenos a la naturaleza misma del sistema educativo formal podrían brindar una alter- nativa favorable a una academia reflexiva y dinámica.


Contexto teórico general en el cual se ubica el rendimiento académico


En materia de “rendimiento académi- co” encontramos un número significativo de argumentos cuyo objetivo es analizar las causas del “fracaso escolar” o las “ba- jas calificaciones”, al igual que los efectos psicológicos de todo este fenómeno. He aquí algunos ejemplos puntuales: “… en una situación de éxito, las autopercep- ciones de habilidad y esfuerzo no perju- dican ni dañan la estima ni el valor que el profesor otorga. Sin embargo, cuando la situación es de fracaso, las cosas cam- bian. Decir que se invirtió gran esfuerzo implica poseer poca habilidad, lo que genera un sentimiento de humillación. …” (Covington y Omelich, 1979, 1487-1504). Otro breviario de causas para explicar el “fracaso escolar” es mencionado por Katz y McClellan: “salud mental pobre, […] dificultades escolares, historial laboral…” (Katz y McClellan 1991 p.10). Su enfoque investigativo se centra en encontrar razo- nes lógicas para explicar el denominado “bajo rendimiento académico” en aras de entender mejor el fenómeno y poder “combatirlo” si se quiere.

Por otro lado, algunas teorías consulta- das apuntan a crear ambientes propicios para favorecer la calidad de los procesos educativos, en este sentido encontramos criterios como estos: …el mejor predictor infantil de la adaptación adulta no es el cociente de inteligencia (CI), ni las califi- caciones de la escuela, ni la conducta en clase, sino la habilidad con que el niño se lleve con otros”. (Hartup, 1992, 25). Grandes teóricos de la educación como Gadner (1995) han aportado en este mismo sentido, estableciendo un nexo entre el rendimiento académico, las expectativas y el entorno del alumno. En este tipo de discursos se empiezan a reconocer ciertas consideraciones que invitan a una mayor flexibilidad en los criterios rigurosos de medición que el vocablo “rendimiento” pre-


supone, un ejemplo de esta tendencia se concreta con la idea de que “el desempeño retrasado (escolar) es sólo la capacidad cognitiva manifiesta del alumno en un momento dado, no es una etiqueta para cualquier característica supuestamente estable o inmutable del potencial definitivo del individuo…”. (Maclure y Davies 1994, 8)

Sería pertinente invitar a esta disqui- sición algunos conceptos teóricos que develen la mencionada “metáfora” que encarna el “rendimiento” y sus graves im- plicaciones en el contexto socio histórico de la calidad educativa. Por qué no traer a Jacques Derrida y a su ensayo “La retira- da de la metáfora” (1997), ya que, según nuestro criterio, aquellas investigaciones cuyo objetivo apunta a “mejorar” el rendi- miento académico de los estudiantes, pa- recieran obviar aquella metáfora, que (en esencia) tuerce el sentido de la academia hacia unos fines propios del positivismo y del mundo industrial. Recordemos que Derrida nos abre la puerta a un mundo donde las palabras “construyen” sentidos muy poderosos que escapan, incluso, a nuestra reflexión consciente, no es lo mis- mo hablar de eficiencia y productividad que hablar de trascender el conocimiento humano, sin embargo, el vocablo “rendi- miento” pareciera homologar los concep- tos descritos. Finalmente, proponemos la “deconstrucción” (categoría atribuida a Derrida) como un “marco teórico” viable para esta investigación. Deconstruir las palabras “rendimiento académico” puede guiar con mayor agudeza una verdadera propuesta de mejora en la calidad educa- tiva desde esta perspectiva investigativa.


Estado Actual del Conocimiento del Problema (Nacional y Mundial)


Un buen número de investigaciones conservan la línea reflexiva de las pro- puestas teóricas cuyo objetivo consiste en analizar las causas e implicaciones


psicológicas del fenómeno en cuestión (rendimiento académico). En una investi- gación mexicana, por ejemplo, “se conclu- ye que los principales factores asociados al rendimiento académico de alumnos de preparatoria […] se refieren al promedio de secundaria, las expectativas del alum- no, las expectativas de su entorno perso- nal y sus habilidades sociales, los cuales en la relación que manifiestan, tienen la probabilidad de predecir el puntaje del examen de admisión al Sistema ITESM. (Edel, 2002, 14)

Más representativa en nuestro con- texto, es una investigación que trata de analizar todos los estudios hechos en América latina y el Caribe (Vélez, Schie- felbein y Valenzuela, 1998, 12). Sus doce conclusiones generales para mejorar el rendimiento, recomiendan pedagogías activas, acceso a libros de texto, maestros mejor formados y con mayor experiencia, infraestructura adecuada, menos ausen- tismo de los profesores, currículos y perio- dos escolares amplios, mejorar la actitud de los estudiantes hacia el estudio, mayor atención preescolar, evitar la reprobación y los estudiantes en cursos “extra edad”, menor distancia entre la residencia de los estudiantes y el colegio, mayor apoyo de los padres a los estudiantes. Concluyen también, que el tamaño del grupo no influye en el rendimiento académico pero el tamaño de la institución educativa sí. Al analizar las políticas regionales en materia de educación, este estudio parece ser clave, pues las inversiones (por lo menos en Pereira, Colombia, mi ciudad natal) han apuntado a los llamados “megacolegios”, en los cuales se hacen grandes esfuerzos por una mejor infraestructura, cercana a los barrios menos favorecidos, con jorna- das extendidas, maestros dispuestos a trabajar jornadas más largas que las del promedio en el sector público, entre otras características afines a las conclusiones presentadas. Nuestra distancia concep- tual se presenta frente a la conclusión según la cual el número de estudiantes no “cuenta”, pues la “cobertura” es uno

de los indicadores de eficiencia que más presumen los gobiernos, fenómeno que ya cuestionamos en la problematización y que encarna la contradicción del rendi- miento en el ámbito educativo. Reiteramos nuestra idea de que un mayor número de estudiantes vinculados al sistema educa- tivo no es un criterio de calidad académica confiable.

En nuestro país, pareciera que las “ur- gencias” investigativas sobre este asunto giran en torno a la falta de equidad, vea- mos, por ejemplo, las conclusiones de un estudio local:

…reiteramos la urgencia de de- construir la problemática del fracaso escolar para construir éxito escolar con la participación de los sujetos involucrados en el contexto de la región Caribe colombiana, dejando claro que la cultura caribe es, a la vez, muchas culturas y contextos. Así se evidencia en los dos estudios de caso, en los cuales el fenómeno del fracaso escolar está diferencia- do por el desarrollo desigual que afecta a la escuela rosalimista de La China-Magdalena respecto de la Normal Superior María Auxiliadora de Santa Marta, lo que implica para la primera niveles potenciales y reales de deserción escolar mayores que para la segunda, identificando a las inequidades como el detonante del fracaso escolar en las comunidades […] modelar una política de Estado que permita el desarrollo sostenible de la calidad de la educación, con equidad social, sin reduccionismos a los múltiples análisis de datos cuanti- tativos que terminan en los anaque- les gubernamentales, mientras se profundiza la realidad de pobreza e incumplimiento de los acuerdos internacionales, nacionales y regio- nales, que a su vez obstaculizan el desarrollo humano en todo el país. (Rodríguez y González, 2009, 8)


Podemos concluir, en primera instancia, que esa falta de análisis comprensivo sobre el vocablo “rendimiento” ha creado una brecha entre el valor de lo acadé- mico como tal y sus posibles referentes de calidad en esferas teóricas ajenas al positivismo o al mundo industrial. Esta es la razón por la cual esta investigación estableció sus bases en una reflexión de tipo hermenéutico para buscar la solución a los problemas planteados en el ámbito de la educación y en su potencial como agente de transformación social.


Objetivos


Objetivo general

Comprender las consideraciones de maestros e intelectuales con un historial propio de fracaso escolar, sobre el con- cepto de “rendimiento académico”

Objetivos específicos

  1. Describir las situaciones particulares de “fracaso escolar” o bajo “rendi- miento académico” de algunos inte- lectuales y su concepto frente a estos términos, como base fundamental para estructurar una nueva propuesta educativa al respecto.

  2. Interpretar los discursos y situaciones de vida referentes al concepto de “rendimiento académico” de algunos intelectuales, para llegar a una mayor comprensión de dichos términos y construir una nueva apuesta teórica al respecto.

  3. Comprender los discursos y situacio- nes de vida referentes al concepto de “rendimiento académico” de algunos intelectuales, para llegar a una mayor comprensión de dichos términos y construir una nueva apuesta teórica al respecto


Metodología


Elegimos a la hermenéutica como nuestra lógica investigativa para lograr

ese análisis riguroso del vocablo “ren- dimiento”, desde un punto de vista muy Habermasiano: “El lenguaje […] no hace prisionero a los sujetos, sino que los facul- ta para la productividad libre que incluye la posibilidad de revisión y renovación crea- dora de ese mismo vocabulario que abre mundos” (Habermas, 1999, 26). Nuestra propuesta siguió los pasos del denomi- nado “círculo hermenéutico”: Describir, interpretar y comprender. Cuidando la pre- misa básica de no terminar “sancionando la reflexión y el pensamiento” (Habermas 2000, 32), nos aventuramos a buscar un sustituto al término rendimiento, respecto a lo académico, teniendo en cuenta que en busca de la anhelada “objetividad”, no debíamos descuidar asuntos vitales de las ciencias sociales como la reflexión y la ética. “Los estudios culturales desde una perspectiva interpretativa (hermenéutica) pueden incorporar las reflexiones éticas a las elaboraciones científicas” (Sánchez D, 2011, 171).

Con esta metodología quisimos darle una visión más holística a los asuntos re- lacionados con la calidad educativa, pues “…el todo siempre es más que la suma de sus partes, pues los elementos sólo resultan comprensibles dentro de todo el contexto, pero también el contexto se explica en función de sus partes y de las relaciones existentes entre las mismas…” (Rico, 2001, 292-297). El “rendimiento académico” también se ha configurado en un contexto histórico que (como hemos visto en párrafos anteriores) está ligado al mundo de la competitividad, el mercado, la revolución industrial y por ello ha termi- nado relegando a algunos intelectuales.

Habiendo mencionado que el fin de la hermenéutica es la comprensión, se hace necesario exponer la síntesis de lo que Gadamer considera “comprensión”, dónde y cómo se realiza:

  1. Comprender es ponerse de acuerdo con alguien sobre algo.

  2. El lenguaje es, por tanto, el medio universal para realizar el consenso o


    comprensión.

  3. El diálogo es modo concreto de alcan- zar la comprensión.

  4. Todo comprender viene a ser así un interpretar.

  5. La comprensión, que se realiza siem- pre, fundamentalmente, en el diálogo por medio del lenguaje, se mueve en un círculo encerrado en la dialéctica de pregunta y respuesta.

  6. La dimensión lingüística de la compren- sión, indica que es la concreción de la conciencia de la historia efectual.

  7. La tradición consiste en existir en el medio del lenguaje, en cuanto el pasa- do se actualiza, se reconoce su sentido a menudo con nuevas iluminaciones”. (Gadamer en: Rico, 2001, 293)


Acorde a la guía metodológica de esta investigación se consultaron (me- diante entrevista) algunos intelectuales latinoamericanos (cuatro de ellos), para llevar a cabo un análisis hermenéutico de sus argumentos. El instrumento elegido (entrevista), responde a la epistemolo- gía de esta propuesta. Las entrevistas realizadas a los intelectuales: William Ospina (Entrevista 1.), Bernardo Arango Mercado (Entrevista 2.), Julián Serna Arango (Entrevista 3.) y Sergio Emilio Ma- nosalva (Entrevista 4.) fueron grabadas y transcritas, para facilitar un análisis y una posterior categorización de los concep- tos. La ruta de análisis de la Información con la cual construimos la nueva pro- puesta frente al rendimiento académico, incluyó: a) la génesis de las situaciones problema que se evidenciaron en cada respuesta, b) las ideas fuerza respecto a la síntesis de situaciones problema, c) las palabras clave, d) las marcas vitales o rasgos de experiencia, e) las lecturas de época y contexto en cada respuesta del intelectual, f) las preguntas que me surgieron como investigador, g) los au- tores mencionados y su aporte crítico y

h) las grandes categorías resultantes a partir de todo este análisis.

Características de los entrevistados, ambientes donde obtuvimos sus conceptos, detalles de su historia

y propuesta de cada uno

En este momento mi parte en el grupo de investigación quedó definida y debía desarrollar mi propia idea investigativa. Luego de controvertir la postura oficial, que se lee en textos como los de Navarrete (2007) o Marchesi (2003), según la cual el fracaso escolar se concreta cuando no se logra el título académico mínimo obligato- rio de un sistema educativo, era hora de abordar a los intelectuales que sufrieron dicho fenómeno y empezar a recorrer el camino delineado por los objetivos propios de esta investigación. Para mi fortuna, un encuentro de poesía me ahorró un viaje incierto hasta la ciudad donde residía Wi- lliam Ospina (primer entrevistado, quien abandonó su carrera de derecho para dedi- carse de tiempo completo a las letras, como periodista, poeta, literato o columnista). Él fue un invitado de honor al Festival “Luna de Locos”, entre el 10 y el 11 de agosto de 2011 en la ciudad de Pereira.

Pudiera haberme quedado con sus reflexiones en “La escuela de la noche” (2008) o la conferencia sobre educación que ofreció en la Universidad Tecnológica de Pereira en ese mismo año (de la cual existe registro fílmico), pero eso no es suficiente para mi inquietud investigativa, si yo quería tener en detalle sus argu- mentos sobre “fracaso escolar” y “rendi- miento académico”, él debía resolver mis preguntas concretas, debía permitir mi impertinente curiosidad en nombre de la ciencia… “educativa” si se quiere. ¿Qué concluir? Comprobé que (por lo menos socialmente) William Ospina no fracasó en absoluto, ratificando ciertas dudas, no sólo las mías, también las de otros autores que han desconfiado en llamar “fracaso escolar” a las titulaciones no obtenidas, por ejemplo Carabaña (2004).

Después de explicar las razones por las cuales abandonó la carrera de derecho


en la Universidad Santiago de Cali en 1975, haciendo alusión a que esta no le pareció tan interesante como pensaba en un comienzo y a que el universo de los intereses humanos no alcanza a caber en los currículos oficiales del sistema educa- tivo, William Ospina enfrentó mi segunda pregunta (¿qué fue lo que no le ofreció la educación formal?) con una defensa a la academia oficial; frases como: “yo creo que la educación formal me ofreció muchas cosas […] uno sólo se puede hacer médico en la Universidad, uno sólo se puede hacer ingeniero o arquitecto en una Universidad […] la verdad es que yo recibí de la escuela muchas cosas que me han sido muy útiles en la vida” (Entrevista 1.), Echaban por tierra mi ambicioso pro- yecto de escarnio a los términos oficiales y empezaban a determinar mi verdadero aprendizaje como investigador. Es posible suponer que al denominar su experiencia como “fracaso escolar” me puse ante sus ojos como el promotor de esas palabras que tanto quiero controvertir, tal vez por ello concluyó su respuesta con esta sen- tencia aclaratoria: “no es que a veces haya un fracaso, ni de las escuela con quien aprende, ni de quien aprende con la escuela, sino que hay mucho más saber y mucha enseñanza de la que se agota en el ámbito escolar”. (Entrevista 1.)

Está claro que lo suyo fue una decisión autónoma y bien pensada, tal vez apoyada por su favorable posición económica (o más bien la de su familia), pues para mi renunciar a la carrera de la cual soy egre- sado, y que en algunos semestres sólo costaba unos veinticinco dólares (porque ganaba las matrículas de honor), podría haberse convertido en una tragedia fami- liar de grandes proporciones, como estoy seguro lo es para cualquier familia de la clase media o baja, que no puede darse el lujo de desperdiciar el dinero una y otra vez mientras su “muchachito” encuentra su vocación.

Tal vez el aire de la época, los setenta, donde el libre pensamiento se convertía en el dolor de cabeza del “establecimien-

to”, el ambiente revolucionario (que avivó Fidel Castro desde los sesenta en Latino- américa) y la inequidad en la distribución de la tierra colombiana que daban sentido a movimientos armados como el M-19, las FARC, entre otros., configuraban cir- cunstancias que no podían escapar a las reflexiones de nuestro protagonista quien finalmente pudo encontrar una de esas verdades universales que la academia oficial pareciera querer ocultar: “uno no se puede hacer escritor en una universidad, uno no se puede hacer cantante en una universidad, uno no se puede hacer pintor en una universidad, ni bailarín. Puede pulir el baile una vez que tenga ya la vocación, y puede pulir la pintura, y puede pulir los recursos musicales, pero la vocación pro- funda no.” (Entrevista 1.)

Aunque el rendimiento en el ámbito empresarial ha impulsado grandes desa- rrollos en beneficio de la humanidad, como que las cosechas satisfagan las necesida- des alimenticias de grandes poblaciones o que algunos artículos de primera necesi- dad (como el papel higiénico) se consigan a bajos precios en el mercado, pareciera que a la academia le ha costado su alma introducir esta terminología, que pretende medir numéricamente las capacidades de los seres humanos o de las mismas ins- tituciones educativas. Varios fenómenos mencionados por el mismo William Ospina describen mejor el problema:

…es interesante poner un signo de duda sobre todo lo que signifique valorar las capacidades de la gente exclusivamente por su capacidad de repetir, por su capacidad de almace- nar datos […] Buena parte de la tradi- ción académica privilegia la memoria como manifestación del aprendizaje […] la memoria no se puede confundir con el conocimiento […] no todo saber es un conocer, en el sentido de tener una información. Hay un saber que consiste en una manera, hay muchas personas en este mundo moderno, cada vez más por fortuna, a las que se considera muy productivas no por


lo que saben previamente, sino por lo que se les ocurre en el momento en el que hay que resolver problemas […] hay cosas que si se hacen rápido significan rendimiento, pero hay otras que sólo significan rendimiento si se hacen lentas, si se hacen bien y si suponen un aprendizaje verdadero. (Entrevista 1.)

Podemos afirmar que este término es insuficiente, no da cuenta de la calidad educativa. A partir de este momento sentí un William Ospina más interesado en resolver mis dudas y menos defensivo. Mi inquietud por fin parecía una buena excusa para acceder a las reflexiones de este literato, que respondía ahora con mayor interés a pesar del ruido estridente, causado por un desfile conmemorativo de las fiestas de la cosecha que se desarro- llaba en medio de un aguacero torrencial y pasaba frente al restaurante del Hotel So- ratama, donde Claudia Julián y yo (grupo de investigación interesado en consultar intelectuales) empezábamos a hacer realidad este proyecto de investigación.

Debido a que en el resumen de cate- gorías y situaciones problemas (capitulo siguiente) se detallan mejor las reflexiones generales, enunciaré finalmente, lo que para William Ospina ¡no es! una academia de calidad, según sus respuestas:


entonces tendríamos que hablar de “ca- lidades de educación” no “la calidad”. (Entrevista 4.)


Categorías resultantes a partir de las situaciones problema discutidas con los intelectuales


Categoría 1. El monstruo burocrático institucional.

Al descubrir que la academia institucio- nalizada no da cuenta de la totalidad del conocimiento humano, o que la formación académica y humana puede no ser per- tinente cuando un puesto burocrático o la vanidad de algún alto directivo institu- cional está de por medio, podemos abrir la reflexión hacia una problemática más profunda. Damos vida a la academia como la institución propia para abordar el cono- cimiento, pero la urgencia por convertir el proceso educativo en un estructurado ca- mino de certificaciones, registros y titula- ciones, ha venido diezmando la intensión académica por excelencia: la formación humana, el ganar en humanidad a partir del conocimiento. La historia oficial e ins- titucional de la academia, con todos sus rituales y esquemas, nos ha intimidado por muchos años, tanto que la idea de una educación creativa, más allá del claustro, alegre, amena, vivida en el juego, en la equivocación, en la experiencia vital, en relación abierta con el mundo, parece aje- na a la academia misma. Por otro lado, La educación en este sistema oficial premia demasiado la obediencia y la repetición, no estamos preparados para la diferencia, que un estudiante sea excéntrico o poco participativo no es prueba fehaciente de un bajo desempeño académico. Tal vez, esto es sólo la prueba de una formación docente muy esquematizada, poco prepa- rada para enfrentar los cambios y el relevo generacional. Finalmente la necesidad de orden y el autoritarismo en este sistema, pueden eclipsar el anhelo fundamental del maestro: estimular, animar. Además,

este mismo fenómeno puede diezmar el dialogo y la posibilidad de obtener grandes aprendizajes a partir de nuestros alumnos.

Categoría 2. La momificación curri- cular y el culto al almacenamiento de información:

Hemos centrado el rigor de la academia institucional en la eficiencia con la cual po- demos almacenar o compartir información, relegando aspectos clave que deben tener los actores académicos, como el criterio o la destreza para saberse mover en medio de ese gran mar de conocimientos que a veces nos puede llegar a confundir o hasta nos puede controlar y manipular. La “sacralización” de unos currículos, unas formas, unas llamadas “pedagogías”, nos ha llevado a una creencia absoluta en las “recetas académicas”. Tal vez nos ocultemos en esas certidumbres propias de quienes se creen grandes pedagogos, para huir de una cruda realidad educati- va. En este afán de control, observamos (por desgracia) que en el radar de los contenidos académicos institucionales, las bellas artes están quedando fuera de cobertura. ¿Hasta cuando el arte será un convidado de piedra en la institucionalidad académica?

Categoría 3. La eficiencia adminis- trativa como falsa calidad.

Velocidad y cantidad han sido acep- tados, casi indiscutiblemente, como sinónimos de calidad en las instituciones académicas, creando la percepción erró- nea de que aquello hecho con lentitud o en pequeñas cantidades no puede repre- sentar algún aporte valioso en términos académicos. Por otro lado, hemos llegado a confundir la memoria con el aprendizaje, otorgando las mejores notas a quienes recuerdan todo aquello que han oído decir de su maestro, así no estén de acuerdo con su discurso. Tal vez hemos olvidado que el historial académico perfecto no es sinónimo de una excelente formación humana, por consiguiente, un historial académico bajo no es sinónimo de una formación humana o académica deficien-


te. Es muy pertinente contemplar el argu- mento según el cual la propuesta para una mejor educación no debería hablar de “la calidad”, sino de “las calidades”.

Categoría 4. Poco asombro y mucha

codificación.

La parcelación del conocimiento en especialidades, ha obnubilado nuestro potencial para el asombro y nuestra capa- cidad para darle sentido universal a los sa- beres que hemos descubierto y construido a través de la historia. Sumado a ello, el maestro moderno tiende a percibirse como un ilustrador, no como un formador, lo cual hace muy difícil la relación vital con el co- nocimiento, podríamos preguntarnos por ejemplo, ¿Cómo desarrollar el gusto por la lectura y la escritura en unos ambientes rígidos e instrumentalizados como los de las academias contemporáneas?

Categoría 5. Carencia de propuestas para derrocar al imperio de la buro- cracia

Sólo cuestionamientos acompañan esta reflexión: ¿Cómo lograr la trascendencia de los conceptos académicos hacia ideas y políticas nacionales que buscan una mejor sociedad, sin abandonar factores clave como la duda, la sospecha, las aduanas, el olfato, la desconfianza, y, sobre todo, reconocer que no existen certezas, sólo apuestas?, ¿Cómo hacer de la conciencia crítica y reflexiva, un nivel de cognición común del maestro que está inmerso irremediablemente en un rígido sistema educativo?, ¿Cómo convencer al maestro de su potencial intelectual, más que de sus destrezas prácticas frente a la labor docente?


Prospectiva (Tensiones y desafíos)


Después de presentar las historias de nuestros entrevistados, sus propuestas (denominadas “calidades educativas” y re- dactadas en negativo para evitar la sensa- ción de “verdad absoluta” que despiertan

las afirmaciones) y dejar cinco categorías de reflexión a criterio de los lectores, sólo nos queda enunciar algunas tensiones y posibles desafíos:

Ser partícipes en la construcción de una sociedad a partir de la educación, no es un asunto ajeno a desafíos y contradicciones. El camino se nos presenta con esperanza, pero controvertir unas nociones previas, instituidas por la humanidad a lo largo de la historia, exige gran seguridad en aque- llas apuestas descritas en los párrafos anteriores. El hecho de respaldar esta propuesta con el criterio y las historias de vida de un grupo de intelectuales, pue- de no ser suficiente para el acartonado mundo de la institucionalidad educativa, por ello es necesario analizar en detalle los posibles cuestionamientos que susci- tarán nuestras reflexiones. Una serie de preguntas nos ayudarán a dilucidar mejor dichos asuntos. Por ejemplo: ¿Cómo erguir una propuesta contemporánea sin convertirnos en un nuevo “monstruo burocrático institucional”? Asistimos a una academia que se queda corta frente al cúmulo de vocaciones humanas, la cual termina, en ocasiones, estimulando una actitud obediente, ávida de titulaciones y reconocimientos, pero ignorante de su potencial humano y sus posibilidades de libertad. Ahora que hemos hecho un llamado de atención, debemos liderar un cambio de dirección filosófica hacia las “calidades académicas”. ¿Cómo hacerlo sin abuso de poder o autoritarismo?

El autoritarismo, puede eclipsar el anhelo fundamental de la academia: esti- mular o animar un encuentro formal con el conocimiento. Sin embargo, no podemos renunciar al liderazgo, a la intención deli- berada de mostrar un camino, después de todo la reflexión previa otorga cierto grado de confianza en nuestras palabras. Lo im- portante, para no terminar convertidos en un nuevo “monstruo burocrático institucio- nal”, es reconocer, como lo hemos hecho, la imperiosa necesidad de poner a prueba constante nuestras apuestas, es decir, de revisar día a día el carácter de nuestras


prácticas, pues al convertirse en rutinas podrían dar al traste con el espíritu epis- temológico que las creo. Si esta apuesta por la diversificación de la calidad educa- tiva terminará reducida a un cúmulo de nuevos formatos institucionales, llenos de complejidades, codificados en un lenguaje demasiado inaccesible y sólo aportará a la maquinaria de los entes gubernamentales de la educación, se habrá traicionado por completo su ideal inicial.

¿Cómo presentar los “informes aca- démicos” en la propuesta de “calidades académicas”? Lo primero es declarase en abierta rebeldía con el mundo de los afanes y el culto a la eficiencia. Los pa- dres de familia, los maestros y los mismos estudiantes deben tomarse su tiempo para analizar en detalle esos encuentros y desencuentros que se han suscitado en el aula de clase en torno al conocimiento, dejando de lado la frialdad de los números y concentrando su atención en esos “sen- tires” que hacen de la calidad un asunto diverso y complejo. El reto fundamental es lograr que todos esos criterios normativos de promoción, propios del sistema educa- tivo, se construyan en consenso con todos los actores involucrados y sean acordes a los desafíos planteados por una sociedad moderna, en la cual se demuestra cada vez más que las titulaciones y las gran- des calificaciones de los graduados en las diferentes academias, parecen no ser suficientes para enfrentar los problemas humanos actuales, como la desigualdad, el deterioro progresivo de nuestro medio ambiente o la constante amenaza de guerra mundial.

¿Cómo asombrar con el arte y no con la velocidad, la eficiencia administrativa o la increíble capacidad de almacenamiento de información disponible en la actualidad? No sería erróneo afirmar que el desarrollo industrial y tecnológico alcanzado en los últimos tres siglos, se ha instalado como un preciado baluarte en el imaginario co- lectivo de la humanidad. Por ello, el simple hecho de develar la poca pertinencia de algunos criterios industriales o tecnológi-

cos al ser traídos sin reflexión al mundo académico, no tiene por si solo la fuerza suficiente para generar un cambio social a favor de “las calidades académicas”. Necesitamos argumentos de trascen- dencia, los cuales hagan visible nuestras oportunidades en el nuevo modelo y dejen en evidencia la falsa sensación de libertad que traen consigo algunos “lujos” de la modernidad.

Visualicemos el sueño del Ministerio de Educación Nacional hecho realidad: una institución educativa con la mayor biblioteca física y digital jamás conocida, capaz de instruir cientos de estudiantes año tras año, habilitándolos en diferentes quehaceres del sector productivo. Tan sólo a los diecisiete años, los egresados de di- cha institución podrán vincularse al sector productivo en diferentes áreas técnicas aplicando el conocimiento adquirido en su alma mater, el cual fue dosificado estricta- mente para que aprendieran lo referente a su oficio práctico. No nos llamemos a en- gaños, ese paraíso de eficiencia y empleo sería una invitación a la repetición de la sociedad existente, no a la transformación de la misma, sin mencionar que imperaría el fenómeno de la mano de obra barata muy calificada (a mi criterio, una esclavitud muy sofisticada). Para nadie es un secreto que aquellas élites henchidas de capitales luchan constantemente por negarle a las grandes masas el acceso a un conoci- miento profundo, pues si esto sucede, sus estrategias de mercado fracasarían y la posibilidad de seguir amasando grandes cantidades de dinero escaparía a sus posibilidades. Si los ciudadanos afinaran su capacidad comprensiva, las élites no podrían tener un control absoluto de sus negocios que se basan en una lógica perversa: la riqueza va hacia unos pocos y a los demás se les reparten las sobras.

El arte y la literatura se han resistido históricamente a la conformidad, tienen un criterio universal, no se han dejado tentar por las premisas coyunturales y sus promesas de bienestar. La mirada crítica de la pintura “los relojes blandos” de Dali,


en respuesta a la arrogancia de la famosa frase “el tiempo es dinero”, constituye una enseñanza de gran valor en la propuesta de las “calidades académicas”. ¿Cómo es posible que el “rendimiento académico” haya convertido la clase de artes en una transacción en la cual quien entrega más tareas o pinturas, obtiene mayores notas? Igual ha sucedido con la literatura, quien más libros lee y más rápido lo hace es el mejor valorado. La velocidad, la eficiencia administrativa y la creciente capacidad para almacenar la información, deben constituir herramientas para la emanci- pación humana, no conforman fines en sí mismos, pues eso perpetuaría el estado actual de las cosas, característica ajena a la ciencia y al papel histórico del cono- cimiento.

¿Puedo liderar esta propuesta para derrocar al imperio de la burocracia? No es suficiente con publicar mis reflexiones, mi práctica cotidiana ha de transformar- se. Toda esta reflexión será un campo

fértil para futuras investigaciones, una pregunta insidiosa persistirá en dicha práctica: ¿Cómo lograr la trascendencia de estos conceptos académicos hacia políticas institucionales, sin abandonar factores clave como la duda, la sospecha, las aduanas, el olfato, la desconfianza, y, sobre todo, reconocer que no existen certezas, sólo apuestas?

Luego de obtener el objetivo (una nueva propuesta de calidad educativa para re- levar al “rendimiento académico”), y para terminar este discurso, no escapo a una reflexión maliciosa implícita en la lógica interna de todo este proceso de investiga- ción que me concederá, para constancia, un pedazo de papel con firmas y cellos (título de maestría): mis calidades como docente se jugarán día a día en el cons- tante devenir de las dinámicas educativas, cada vez más impredecibles y esquivas a cualquier tipo de formato. Vamos entonces hacia las calidades, ya que las certifica- ciones poco nos indican ahora.


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