González G., M. A. (2021). Homo Digitalis. Plumilla Educativa, 27 (1), 9-13. DOI: 10.30554/pe.1.4196.2021
Homo Digitalis
La dependencia de la tecnología hará que dejemos de saber escribir. Román Cendoya.
Esta afirmación está por demostrarse, pero es cierto que el riesgo es alto de que olvidemos escribir ¿qué humanos seremos cuando ya no sepamos escribir? Homo digitalis es la respuesta que he encontrado, una persona que se desconecta del mundo vegetal, donde escribió, y desconecta el cerebro de la mano. Visto así parece que vamos al abismo ¿Cuándo no hemos ido como rebaño al abismo?
Algunos vienen afirmando que somos los últimos homo sapiens, que vamos al Homo Digitalis y sus variantes, es decir, estamos transitando a otra humanidad ¡el miedo, el desasosiego acompaña a unos, la esperanza y la ilusión acompaña a otros!
Del australopitecos, habilis, erectus, de Neardental, florensis y del sapiens al homo sapiens sapiens, muchas aguas han pasado por los puentes, muchas especies han desaparecido; bastantes guerras, epidemias, fiestas, carnavales y banquetes hemos vivido; pese a esto, se ha mantenido y cuidado, un poco, lo biológico y cultural del homo, hombre, humus-tierra. Luego vemos algunos comportamientos que nos muestran variantes para referirnos al homo faber, politicus, ludens, demens, empiricus, imaginarius, prosaicus, poeticus, laborans, economicus, consumers, videns y digitalis.
En el Homo Digitalis, las pantallas son el centro, sin pantallas no se entiende un digitalis. La inmediatez es el signo del digitalis, no es la paciencia ni la espera el signo que le acompañe, se debe tener información para ya, se requieren datos de todo orden tan frescos, como en algún momento íbamos a los mercados a buscar queso, pescado, verduras, frutas o flores recién cosechadas; eso ya dejó de ser importante para la humanidad, ahora lo vital es poseer información más fresca que la comida o que cualquier otra necesidad de nuestro ser, la prisa es el signo, el cansancio su resultado.
Los informativos nos fueron enseñando a la extra, a lo último del momento, a la primicia, a la noticia fresca, ansiosos viven por mostrarnos las cosas, ojalá, antes de que sucedan; junto a ellos, las bolsas de valores, el turismo, la farándula, la educación y, ahora, las ciencias precisan de información inédita para poder adelantarse a los hechos, a una enfermedad, a un terremoto o cualquier otro fenómeno natural-social. Hoy, sin información, sin datos, somos ineptos, insoportables, eso lo sabe el digitalis como nadie más en la historia del homo.
El internet de las cosas; podemos controlar utensilios, casas, objetos y personas desde los dispositivos, no importa la distancia, el lugar o el momento. Cualquier poder, incluso, cualquier joven puede controlar muchas realidades desde su sillín, invadir empresas o vidas privadas por medio de sus pantallines. Los objetos están interconectados entre ellos, ya no precisan de autorización humana, casi podemos nombrarlo machina digitalis, objetos que saben cuando encender, apagar, conectarse con este u otro dispositivo, cuando enviar un mensaje político, religioso y turístico a esta o aquella persona.
Las redes sociales digitales son ese enjambre donde nos encontramos sin conocernos, donde nos juntamos sin juntarnos, donde hablamos sin conversar, donde compartimos sin tocarnos. Para el homo digitalis, las redes sociales son el centro de su accionar, lo que no se encuentre en las redes es como si no existiera, de hecho, los grandes periódicos del mundo, las codiciadas revistas científicas y las reconocidas editoriales se vienen convirtiendo en redes sociales especializadas. Cada uno de ellos exige vinculación con usuario y contraseña para poder acceder a determinada información, los datos más importantes hay que pagarlos, gratis ni la risa, parece el lema que se va imponiento. No es que seamos digitalis sin costos adicionales, bien sea en términos económicos o socioculturales.
Los seres humanos, en general, se nos dificulta abstraernos de una marca de época, de las imposiciones sociales, culturales-técnicas del momento; de ahí que muchos somos digitalis sin desearlo, sin proponérnoslo, aún negando y pensando que son los demás; esa es la otra y extraña condición, formar parte de un modo de ser que no se comparte o que ni se cree conformar, la inocencia, la ignorancia y la arrogancia se conjuntan.
No todo son desventajas para el homo digitalis, se conocen de importantes prelaciones que lo hacen novedoso e interesante como prontitud para acceder a los datos, vertiginosa respuesta a distinta solicitudes, solución a muchos problemas desde el hogar mismo, así como disponer del mundo en una pantalla, amplitud de opciones, libertad para consultar y encontrar mayor información de lo que se busca o desea, democracia informativa, deliberación política, certeza estadística.
La base de contratación para el digitalis es la matemática en sus big data, por tanto, los riesgos de equivocación son menores; interacción con personas de cualquier latitud, acceso a bienes y servicios de todo tipo, información médica bastante precisa, opciones educativas particulares y singulares; se encuentran informaciones clasificadas del como hacer una vacuna o reproducir una bomba nuclear; enamorar una persona o teñir el cabello son datos a la mano para el digitalis; desde cocinar, hacer deporte, cantar, poetizar, salvar una vida o suicidarse es el menú para toda persona digital que las redes le otorgan con prontitud; se tiene información más precisa sobre rutas de desplazamiento, estados climáticos, fenómenos naturales o sociales que se gestan en tiempo real; sí el digitalis improvisa es porque así le parece porque cuenta con muchos elementos para tener mayor control de su entorno.
Muchas parejas se vienen conocimiento por el mundo digital, desde ese lugar se intiman y con posteridad se encuentran para empezar a conformar familia, los ejemplos son por miles; opciones laborales, de reconciliación, de empatía y cooperación son fáciles de encontrar en las pantallas digitalizadas.
El crimen, la falsa información, el robo de datos, le perdida de intimidad, la posverdad, las fake news van a la vuelta de pantalla, los riesgos de todo tipo de delincuencia informática están en el menú, pero, también, es cierto que el mundo criminal se adapta a las tecnologías y movimientos sociales del momento, dormir no es su mayor virtud.
Si bien, hay muchas comunidades que no disponen de ordenadores y redes eficientes, también es cierto que pueden acceder a la información en cualquier momento con dispositivos rentados o prestados, la tecnología digital en pantallas de tv, computador, Tablet, celular, reloj, microondas, radio o vehículos les llegará como les ha llegado la democracia, la idea de libertad o las religiones.
McLuhan, comunicador canadiense, vale la pena consultarse en estos momentos, es conocido por sus frases directas a las comunicaciones, al mundo moral, a las tecnologías como “el medio es el mensaje”; “la publicidad es la mayor forma de arte del siglo XX”; “La indignación moral es la estrategia tipo para dotar al idiota de dignidad”; “La guerra de Vietnam se perdió en los televisores no en los campos de batalla”; me queda una corta pregunta ¿cuántas guerras, negociaciones y seres humanos perderemos en las pantallas, en las realidades digitales que luego certificaremos como victorias?
Las tecnologías nos modifican en la medida que las vamos modificando, el Homo Digitalis ya no sólo modifica el medio ambiente o las rutinas de encontrarnos sino que empieza a mutar el cerebro y la idea de conciencia misma, ¿vamos a los poshumanos?
El homo digitalis coquetea con la ciencia ficción, el devenir no le causa miedos, le emociona cualquier ruptura radical, el digitalis tiene menos nostalgias que el clásico, romántico o barroco, es un renacentista que mutará todo orden, así como el medioevo muere por la irrupción renacentista que se consolida con la modernidad, el digitalis dará fin a la modernidad con todas sus bondades y frustraciones para llevarnos a una época que apenas vamos a nombrar porque aún no comprendemos las dimensiones de la avalancha.
Toda la tecnología tiende a crear un nuevo entorno humano... Los entornos tecnológicos no son meramente pasivos recipientes de personas, son procesos activos que reconfigurar a las personas y otras tecnologías similares. Marshall McLuhan.
Miguel Alberto
González González
Director Revista Plumilla Educativa