Lenguajes de la guerra y de la paz en el proceso de reintegración colombiano1


jóseluisMeDrANoBeNAviDes2 Miguel AlBerto goNzález goNzález3


Resumen


El presente artículo contiene el resumen del ejercicio investigativo que se adelantó en el marco de la investigación internacional Los lenguajes del Poder, en donde se analizaron los lenguajes de la guerra y de la paz, a la luz de las narrativas de 5 desmovilizados de grupos alzados en armas vinculados a la Agencia Colombiana para la Reintegración que residen en el Eje Cafetero.

En las narraciones de los desmovilizados se logran vehiculizar los aprendi- zajes que les ha dejado la guerra, las lecturas de los móviles de la guerra colombiana, la influencia de los extranjeros en ella y un vistazo a los espa- cios de socialización e interacción que tienen los guerreros en momentos en los que no hay combates.

Se explora la desmovilización como una salida de la guerra, el horizonte que tienen unas futuras desmovilizaciones en el contexto colombiano y las vicisitudes a las que se enfrentan los desmovilizados luego de su salida de la guerra.

Por último se explora la paz y la manera en la que los desmovilizados desde sus prácticas cotidianas promueven el desarrollo de una cultura de paz, desde un horizonte de paz imperfecta.

Palabras Clave: guerra, desmovilización, paz imperfecta, reintegración.


Abstract


Languages of War and Peace in the Colombian Reintegration Process


This article contains a summary of the research exercise that took the framework of international research Languages of Power, which analyzed the language of war and peace, in the light of the narratives


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  1. Recibido: 03 de noviembre de 2013. Aceptado: 09 de abril de 2014.

  2. Jóse Luis Medrano Benavides. Psicólogo de la Universidad Católica de Pereira, Magister en Educación desde la Diversidad de la Universidad de Manizales. Colombia. Trabaja como colaborador para la Agen- cia Colombiana para la Reintegración en el rol de Profesional Reintegrador en el eje cafetero. Correo electrónico: joselo188@hotmail.com

  3. Miguel Alberto González González. Director de la investigación: Lenguajes del poder ¿Lenguajes que nos piensan?, asesor y director de la tesis de maestría y del presente artículo devenido de la investigación. PhD en Conocimiento y Cultura en América Latina -IPECAL-México; PhD en Ciencias de la Educación Universidad Tecnológica de Pereira. Docente e Integrante equipo investigativo, Universidad de Manizales. Correo electrónico: mgcaronte@me.com


    of 5 demobilized rebel groups linked to the Colombian Agency for Reintegration.

    In the stories of demobilized they explore the learning that has left the war, the readings of mobile Colombian war, the influence of foreign war and a look at the spaces of socialization and interaction with the warriors in times when there is no fighting.

    Demobilization is explored as an outcome of the war, the horizon that have a future in the Colombian context demobilization and vicissitudes faced by demobilized after their exit from the war.

    Finally, we explore the peace and the ways that the demobilized practice daily the peace and promote the development of a culture of peace, from an imperfect peace horizon.

    Keywords: war, disarm – demobilization, imperfect peace, reintegration.


    Abriendo el Telón


    Todo lo que promueva el desarrollo de la cultura trabaja también en contra de la guerra.

    (Freud, 1932, 198)


    Al hacer una revisión sobre el hito que hizo el punto de quiebre entre nuestra especie y las demás, emerge la cultura como el baluarte más preciado y complejo en el que está inscrita nuestra historia, nuestro legado, nuestro código simbólico, que así como el genético, está para que cualquier ser humano que inicia su ciclo de vida tenga la posibilidad de no partir de cero al enfrentarse a un mundo hostil, adverso y que nos encara con la muerte, pues al contar con una cultura, conta- mos con un entramado simbólico que nos proporciona las herramientas para hacerle frente a las adversidades, a los conflictos y a la guerra misma, eventos propios de la semiósfera4 humana, que pese a los avances de la cultura no se ve salvaguardada de eventos violentos y hostiles como los vivenciados en las guerras.

    Partiendo de esa semiósfera humana, donde todo cobra sentido, en el presente


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  4. Semiósfera es el concepto empleado por Jean Valsiner para definir el mundo simbólico en el que está inmerso el ser humano, una esfera de semiósis.


ejercicio investigativo se invita al lector a explorar una relación de eventos pro- pios del encuentro social, la guerra y la paz, a partir de una obra teatral en el que se pretende colocar en las tablas a las narraciones de personajes que han vivenciado ambos papeles protagónicos. Es una representación de dos escenarios que aparecen contrapuestos en el teatro de la vida, dos antagónicos que asumen el papel principal de nuestro tiempo, dos fenómenos que hoy están en escena en el contexto colombiano en el que muchos quieren pagar primera fila y otros ni se atreven a ingresar.

Es el teatro de la vida en el que día a día participamos como protagonistas, como espectadores o como ausentes, pues en la vida siempre asumimos un rol que de acuerdo a la escena nos vemos más visi- bles o más invisibles, y en el escenario de la paz y la guerra todos tenemos un papel que representar.

En escena, lo que nos convoca

La modernidad del presente requiere de un pensamiento complejo que en pa- labras de Guarín (2004, p.105) capture “las relaciones, las interacciones, las implicaciones mutuas, los fenómenos multidimensionales, las realidades a la vez solidarias y conflictivas”, para así poder tener una comprensión de una realidad que no está dada, sino que se construye y se deconstruye en lo cotidiano.


Uno de esos fenómenos actuales que co-existen en nuestra realidad como sujetos son las expresiones de la guerra y de la paz, las cuáles aunque no son exclusivas de la modernidad, si se nos pre- sentan como un desafío, que en tiempos actuales hacen su aparición en diversas sociedades. Es un desafío que requiere comprensión y develación de esas lógicas que subyacen a la guerra y que develan la paz, es un reto que debe emprenderse en aras de saber más acerca de nuestra realidad atravesada por hechos de guerra y de expresiones de paz, ésta última, casi siempre mal entendida como un estado ideal relacionado con el cese de la violen- cia o de hostilidades.

En el contexto Colombiano, se presenta un conflicto armado que lleva más de 50 años desde el surgimiento de las guerrillas de izquierda y a su vez se vive un proceso de paz que lleva más de 25 años, que has- ta el momento sólo ha dejado resultados parciales como acuerdos de paz, el trán- sito de los alzados en armas a la vida civil y la participación política (García-Duran, 2009), hechos que nos hacen pensar que el país ha estado envuelto en la dinámica de la Guerra y de la Paz por más de dos décadas.

Esta situación vivida en Colombia puede ser descrita desde la perspectiva de aquellos sujetos que han estado in- mersos en la guerra y en la paz, quienes a partir de sus narrativas pueden develar las lógicas de la guerra en los grupos ilegales alzados en armas y las lógicas de la paz al participar de un proceso de reintegración la Agencia Colombiana para la Reintegración.

Sobre las obras ya puestas en escena

En el rastreo de las obras ya puestas en escena que han abordado temas relacionados con la presente gesta de conocimiento se presentan dos frentes de búsqueda, el primero estará enfocado a contextualizar la dinámica que ha tenido

Colombia en su apuesta por los procesos de Paz, y un segundo ejercicio donde se recopilan las reflexiones-experiencias investigativas que se han tenido con los desmovilizados o personas en proceso de reintegración en el contexto colombiano.

Colombia y su apuesta fallida a los procesos de paz

En la actualidad Colombia aprobó en su congreso un marco jurídico para la paz que busca generar las condiciones legales y administrativas para que un eventual acuerdo de Paz con los grupos ilegales alzados en armas pueda darse en un presente próximo. Sin embargo, ésta no es una propuesta novedosa ni reciente en la historia de nuestro país, pues desde los años 50 del siglo pasado se han adelantado propuestas y nego- ciaciones de paz con el ánimo de darle una salida pacífica y negociada al con- flicto interno colombiano, un conflicto que según documentos del Observatorio de Procesos de Desarme, desmovilización y Reintegración –ODDR- de la Universi- dad Nacional de Colombia (2009) (2010, (2011), en la situación Colombiana hablar de la terminación de la guerra es algo complejo por la pervivencia del conflic- to; así mismo, Álvaro Villarraga (2005) hace un recuento de 10 experiencias de desarme e inserción social que ha vivido Colombia, a partir de la realización de varios procesos de paz que se han dado con grupos de guerrilla y paramilitares por vías de deserción o desmovilización individual y grupal desde el año 1953 hasta el año 2005, allí se ilustra la forma en que se ha intentado afrontar la guerra con apuestas por la Paz.

En cifras del ODDR (2012) desde el 7 de agosto de 2002 a junio 30 de 2012 se han logrado desmovilizar en Colombia incluyendo a ex combatientes de guerrillas y autodefensas un total de 56.907 perso- nas, de las cuales 21.342 han salido de manera individual de grupos de guerrilla, 3.747 de manera individual de grupos de autodefensas, 31.664 se desmovilizaron


colectivamente con acuerdos de paz de grupos de paramilitares y 154 de una desmovilización grupal de la guerrilla.

La Agencia Colombiana para la Reinte- gración (ACR) es la agencia del estado en- cargada de coordinar, asesorar y ejecutar, en coordinación con otras entidades pú- blicas y privadas, la ruta de reintegración de personas desmovilizadas en el país, adicionalmente, la ACR, entidad que de- pende directamente de la Presidencia de la Republica, diseña, implementa y evalúa la política de estado dirigida a la reintegra- ción social y económica de las personas o grupos armados al margen de la ley que se desmovilicen voluntariamente de ma- nera individual o colectiva en coordinación con el Ministerio de Defensa Nacional, el Ministerio del Interior y anteriormente con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (ACR, 2012). De acuerdo a las cifras de la ACR (2012) desde el 2003 hasta noviembre de 2012 se certificaron como desmovilizados de grupos ilegales a un total de 55.203, de los cuales el 88% son hombres y el 12% son mujeres.

El décimo sexto informe trimestral del secretario general al consejo permanente sobre la misión de apoyo al proceso de paz en Colombia (mapa/OEA) (2012), señala que la dimensión y complejidad del proceso de paz en Colombia plantea constantes desafíos a la institucionalidad y la sociedad colombiana en su conjunto.

Experiencias y reflexiones sobre los desmovilizados en el contexto colombiano

En los últimos 15 años se han realizado unas numerosas reflexiones e investiga- ciones que abordar diferentes aspectos del conflicto Colombiano, entre los que podemos encontrar aquellos que narran las experiencias de los excombatientes durante su permanencia en el grupo arma- do, los que realizan propuestas para salir del conflicto armado y los que retoman las experiencias de vida de los excombatien- tes en la vida civil.

María Clemencia Castro y Carmen Lucía Díaz de la Universidad Nacional de Bogotá que permitieron conocer algunas conceptualizaciones sobre la elección de la vida guerrillera y el paso a la vida civil (1997) y (2001), indagando por las coordenadas subjetivas que soportan a un sujeto en la guerra.

Cárdenas (2006) plantea un cuadro general sobre los procesos de desarme y desmovilización del siglo XX, así como al- gunos resultados concretos relacionados con la situación de los ex combatientes una vez concluye el apoyo gubernamental.

Por su parte, Lara y Delgado (2010) exploraron los desplazamientos de las subjetividades de las y los jóvenes des- movilizados, Aranguren (2011) abordó el proceso de tránsito hacia la vida civil de jóvenes excombatientes, los autores De la Espriella y Falla (2009) indagaron por el panorama de la salud mental de las personas en proceso de reintegración, Salamanca y Londoño (2011) identificaron algunos factores psicosociales predictivos de la calidad de vida de desmovilizados pertenecientes a la ACR; mientras que Gutiérrez (2007) indagó por una posible in- fluencia en la construcción de una imagen prejuiciosa frente a los desmovilizados de las autodefensas y las guerrillas por parte de la prensa colombiana.

Ser o no ser. Cuestiones en la guerra y en la paz

La vida y la muerte, el ser y el no ser están presentes en los escenarios de las guerras, de ella salen como simples actores de reparto aquellos que regresan de las batallas y como actores de olvido aquellos que mueren. Pero también salen de la guerra aquellos que viendo su ser al límite de la existencia, deciden salir de los escenarios de confrontación bélica para iniciar una nueva lucha, la de la supervivencia en escenarios de paz, de convivencia y de mucha competen- cia económica, en centros urbanos en donde no se está acostumbrado a ser y


donde se puede dejar de ser en cualquier esquina.

Como apoyo para aquellos sujetos que intentan construir su Ser en escenarios de convivencia, ciudadanía y prácticas de paz, el gobierno colombiano designó a la Agencia Colombiana para la Reintegra- ción con el fin de impulsar el retorno de la población desmovilizada a la legalidad de forma sostenible, contribuyendo a la paz, la seguridad y la convivencia ciudadana (ACR, 2012). Así mismo, el gobierno colombiano maneja una fuerte ofensiva militar contra los grupos armados ilegales a través de sus Fuerzas Armadas, con el fin de velar por la soberanía del país y avanzar en la derrota militar de los grupos ilegales, es una lucha armada en donde está presente siempre el no ser, que ha tenido sus mayores logros en los últimos 5 años al dar de baja a los principales líderes de esas organizaciones.

Es así como el gobierno colombiano se mueve desde un frente que promueve el Ser, la convivencia y la paz para aquellos que abandonan la guerra interna, pero también se mueve desde otro frente que promueve la guerra y el no ser, reflejado en la muerte de combatientes de diferen- tes bandos, dos frentes que hacen parte de una misma realidad colombiana desde hace décadas.

Vale la pena entonces preguntarse por la Guerra como un fenómeno que tiene vigencia en nuestro país, que tiene una historia y unas lógicas que la perpetúan y logran mantenerla, así mismo, vale la pena preguntarse por la Paz, como un horizonte que se abre para Colombia pero como fenómeno que no es propio de éste momento histórico, que también ha tenido intentos que no han logrado materializarla, por lo que es necesario revisarla, escu- charla e interpretar las lógicas en las que se ha movido.

Para movilizar tales cuestiones, las voces de los ex combatientes pueden ayudar a comprender éstas dinámicas de guerra y de paz que lidera el gobier-

no colombiano, a partir de sus vivencias como sujetos que se debatieron ante la posibilidad de no ser en los combates y de su nueva apuesta por el ser en una dinámica de ciudadanía.

El teatro que nos convoca


Esta relación, Guerra y Paz que para el contexto Colombiano se ha perpetuado desde su consolidación como Estado- Nación, cobra mayor vigencia en la presente histórico, pues en su soberanía como democracia tiene un frente que se encarga de la Guerra y tiene otro frente que se encarga de la Paz; presentándo- se un fenómeno a forma de diada que es sensible para la indagación y para la comprensión de la realidad colombiana, pues cabe preguntarse si se articulan, si se complementan o si son dos frentes que van por caminos diferentes, abriéndose de esta forma interrogándose tales como

¿cuáles son las lógicas de la guerra?,

¿cuáles las lógicas de la paz en el con- texto colombiano?, ¿qué piensan los ex- combatientes de grupos alzados en armas que estuvieron en el frente de la guerra y que hoy se encuentran en el frente de la paz en el marco de un proceso que busca la reintegración a la vida civil?, preguntas que son orientadoras y que movilizaron ésta propuesta investigativa, para tratar de develar la compleja realidad social en la que todos estamos involucrados.

Así el objetivo principal del ejercicio investigativo se concentró en comprender las lógicas que subyacen a la Guerra y a la Paz en el Contexto Colombiano a partir de las narrativas de desmovilizados que hacen parte de la ACR5 en el eje cafetero.

En ese camino general se persiguieron otras intensiones tales como:


Ideas, guiones y abstracciones sobre la guerra y la paz


“¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra? Es bien sabido, que, con el avance de la ciencia moderna, este ha pasado a ser un asunto de

vida o muerte para la civilización tal cual la conocemos; sin embargo, pese al empeño que se ha puesto, todo intento de darle solución ha terminado en un lamentable fracaso.”

(Einstein, 1932)6


La guerra

Entre los pensadores que han abordado el tema de la guerra, Gastón Bouthoul la define (en Castro, 1999) como una lucha armada y sangrienta entre agrupaciones organizadas, es una de las formas como aparece la violencia, es metódica y organi- zada respecto a los grupos que la hacen y la forma como la dirigen, está enmarcada en un tiempo y en un espacio, y por de- finición es sangrienta. De igual forma, el más destacado teórico castrense de la mo- dernidad Karl Von Clausewitz (en Castro, 1999b)se refiere sobre la guerra como una forma de relación entre los humanos que surge con la intención de doblegar y some- ter al otro, donde la esencia de la guerra es el duelo, el combate, cuyo objetivo es el de lograr imponer la propia voluntad al adversario por medio de la fuerza física,


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6 Carta escrita por A. Einstein a S. Freud en Julio d 1932 en el marco de un diálogo propuesto por la Liga de las Naciones a pensadores de la época sobre temas cruciales. (Einstein y Freud, 1932).

es derribar al otro o incapacitarlo mediante el desarme. Son formas de comprender la guerra que la ubican como un escenario de confrontación de humanos que luchan con instrumentos en busca de un objetivo común: triunfar sobre el otro, cueste lo que cueste, y este costo incluye la vida misma, el bien más preciado de los hu- manos, en definitiva la guerra es siempre sangrienta, el derramamiento de sangre es su alimento.

La guerra es asumida subjetivamente por aquellos que se deciden a empuñar un instrumento, puesto que se enfrentan en el campo de batalla a otros y se hacen a un traje que les da identidad de guerre- ros, sin embargo, lejos del espacio físico donde se gesta la guerra se encuentran otros que también están involucrados en ella que desde la indiferencia la aceptan, la comparten y la subjetivan, pues la guerra con el horror que conlleva logra involucrar a todo un grupo social que aunque no esté en el frente asume un posición ante ella, “es incluso la mirada que trágicamente cie- ga a quienes guardan la distancia respecto de la guerra para enunciarse ajenos en la indiferencia, que sin embargo, tolerando su existencia, los hace cómplices en su condescendencia”(Castro 2005, 304), es una posición que se asume en los territo- rios donde el conflicto armado no es tan agudizado, sin bien la violencia permea todo el territorio, el escenario de la guerra no es directo en todos los departamentos, y es desde esos lugares donde no hay un involucramiento directo con la guerra que se asume una posición de indiferencia hacia la guerra, donde se justifica, se tolera y se financia, allí la guerra es una realidad ajena.

Jhon Keegan (citado en Bermejo 2004) coloca de manifiesto que en toda guerra se encuentran involucrados 4 variables que la regulan, ellas son: la sociedad, la economía, la política y la tecnología, pues las cuatro convergen en la guerra y alimentan la guerra, “la guerra continúa la acción política y cada sociedad, de acuerdo con su estructura crea un deter-


minado tipo de ejércitos: el nobiliario, el ciudadano, el mercenario, que aplicará la tecnología más desarrollada para cumplir sus objetivos militares, en función de los medios económicos de que disponga” (p.295), aunque algunas de éstas varia- bles no se encuentren en el frente de batalla, si son factores determinantes al momento de darle continuidad a la guerra y la forma en que ésta pueda ganarse, así la economía, la tecnología y la sociedad política son decisivos en todas las gestas, “El afán de poder que caracteriza a la clase gobernante de todas las naciones es hostil…este hambre de poder político suele medrar gracias a las actividades de otro grupo guiado por aspiraciones meramente mercenarias, económicas…. Individuos que, indiferentes a las consi- deraciones y moderaciones sociales, ven en la guerra, en la fabricación y venta de armamentos, nada más que una ocasión para favorecer sus intereses particulares” (Freud, 1932, p. 184).

La guerra se convierte en un acto colec- tivo, en los tiempos que se convoca a ella, nos otorgamos el permiso para ser hostiles pues solo con el aval de la comunidad la muerte no es mal vista, así como el mito de la horda primitiva freudiana, para dar muerte al padre es necesario que los hijos en consenso lo aprueben y se permitan así la violación de la Ley, la transgresión de la norma; de este modo el sujeto queda sin responsabilidad del hecho, ésta es asumida por el colectivo con el que hay una identificación de sentimientos en el que sopesa la culpa, pero no en el sujeto, de éste modo es en la colectividad de la guerra donde ésta se legitima y pierde su arbitrariedad, “en la guerra, como fenóme- no social, el psicoanálisis habrá de indagar por el sujeto encontrando, como en todo fenómeno de masas, su desvanecimien- to, la posibilidad del levantamiento de la represión y la desaparición de la culpabi- lidad. Subsumido en el colectivo, el sujeto podrá aliviarse del oneroso sentimiento de culpa. Al igual que en la ceguera del amor donde el objeto es puesto en el lugar del

ideal del yo, uno puede convertirse en “un criminal sin remordimientos”” (Castro, 1999, p. 2), así, la guerra también es una inscripción en el colectivo para el sujeto, es una posibilidad para ser alguien en la vida, se deja el anonimato de un sujeto más para ser parte de un grupo con unos elementos en común que le generan una identificación, allí el sujeto se masifica, se estandariza y pasa a ser uno más en la fila al que con órdenes se le doblega, al que con himnos y canticos se le encarga una responsabilidad que no es suya como sujeto pero que como colectivo debe asu- mir, es un lenguaje del poder en el que se dirigen unas órdenes y no queda más que cumplirlas, una de esas órdenes es “ma- tar” con la justificación de hacerlo por la soberanía nacional, así los enemigos sean nacionales, ésta orden aplica tanto en un bando como en el otro, la justificación es la que varía.

De este modo, el “Torbellino de la muerte” (Freud, 1915) al que somos arrojados todos los sujetos –partícipes y no partícipes del frente de batalla- como consecuencia de la guerra, lleva a una confrontación en el sujeto con su lado más oscuro, con su irracionalidad -con su inconsciente diremos algunos-, en donde surgen toda clase de sentimientos de hos- tilidad, violencia, agresión, destrucción, entre otros, que llevan a pensar que el sujeto se encuentra escindido, dividido, entre una serie de fuerzas internas que entran en conflicto y lo llevan en unas ocasiones a hacer el bien, y en otras a hacer el mal –esto sin entrar en juicios morales-, lleva a pensar que el sujeto no tiene una tendencia a la búsqueda de la paz, al encuentro del placer y el alcance de la felicidad, esa es una de sus tendencias, pero suele advenir otra, que es oscura y se inclina por la muerte; así el sujeto se encuentra ante un conflicto interno del que no sabe que es producto, pero si es su esencia, que lo hace partícipe de eventos como las guerras en donde el encuentro con la muerte es cara a cara, que luego del derramamiento de sangre


y del padecimiento subjetivo, lo llevan tardíamente a replantearse la necesidad de cesar en el enfrentamiento, y aunque siempre aparezca de manera tardía, a destiempo, la posibilidad de construir la paz también se erige como una opción en el sujeto quien en ese conflicto interno también busca hacerle frente a su mayor determinismo, la muerte.

Una salida de la guerra: la desmovilización

Aunque la guerra no acabe como fenó- meno social que ha aquejado a gran parte de las civilizaciones, para cada sujeto lle- ga un punto crucial en el que los destrozos del combate afectan la fortaleza del ideal en el que se escudaban para salir al frente de batalla, sucumbe su razón de estar en un grupo y se plantea la posibilidad de salir de la guerra.

Para algunos expertos en el tema de las salidas a las situaciones de conflicto o de confrontación bélica se plantean tres componentes que son esenciales para el mantenimiento de la paz y la posibilidad de construir nuevas relaciones de conviven- cia y reconciliación entre los excombatien- tes y la sociedad civil, esos componente son: “el Desarme, la Desmovilización y la Reintegración”, (ODDR, 2011, p. 3). En el caso colombiano, los que hoy son “desmovilizados” han hecho su salida de los grupos por vía colectiva o por vía indivi- dual, son dos modalidades de salida que si bien se categorizan bajo el mismo término, la manera de vivenciarla y de asumirla subjetivamente varía, pues en el caso de las desmovilizaciones colectivas éstas se dieron desde una lógica de poder, desde lenguajes de poder que ordenaron a los combatientes salirse del conflicto armado por unos acuerdos que se establecieron con el gobierno, para muchos su ligazón con la guerra no había terminado y no era el momento subjetivo para salir de la batalla lo hicieron por órdenes de los comandantes que debían cumplir, aquí, en estos casos la lógica DDR no pudo darse pues se generó una desmovilización pero

el desarme del guerrero en su vínculo con la guerra no se dio, quedó abierta su liga- zón a las lógicas de la guerra generando así nuevas posibilidades de vinculación a las bandas criminales que emergían desde las ciudades.

Para aquellos que hicieron su salida de manera individual las razones que los llevaron a tomar esa decisión pueden ser de diversa índole, “el retiro puede ser renuncia a la vida guerrillera, a la vía de las armas, a la clandestinidad; puede implicar renuncia al ideal, al proyecto, al colectivo; puede ser desencanto, des- ilusión de la fascinación que permitió el vínculo, agotamiento del ideal” (Castro, 1997, p. 25), por salvaguardar su vida, por construir una familia con su pareja del grupo, entre otras posibilidades subjetivas que llevaron a al sujeto a deponer su po- sición de combatiente en la guerra; para éstos que lo hicieron por la vía individual podrían aparecer otro calificativo como el de “desertor”; para la lógica de los grupos armados ilegales el sujeto que abandona la causa de manera individual lo hace rompiendo la fidelidad, la lealtad, el honor y otra serie de valores de pertenencia a un grupo que generan la cohesión y le dan soporte al colectivo, quedando entonces éste como un “traidor”, significante que enfrenta al sujeto, que lo cuestiona y que muchos no reconocen luego de su salida del grupo armado.

La desmovilización, como una posibi- lidad de salida al escenario de la guerra se plantea como una alternativa real sólo si se logra por vía subjetiva, es decir de manera personal, pues ya sea por vía colectiva o por vía individual, sólo desde el involucramiento del sujeto en el cambio de su posición subjetiva frente a la guerra puede generarse un desarme, que lleve al sujeto a generar otras dinámicas de relaciones encaminadas a la convivencia y a la reconciliación, “para cada sujeto la guerra llega a su final cuando renuncia al discurso guerrero y con ello a la pos- tura enaltecida y al poderío que aglutina formando colectivo”, (Castro, 2006, 134).


Sin embargo, ésta salida deja sus conse- cuencias y sus marcas para toda la vida en el sujeto guerra deja sus huellas en el cuerpo, en el psiquismo y en lo social ya que “de la guerra nadie sale incólume, pues allí el sujeto se juega su destino; es una apuesta que deja marcas imbo- rrables y en su final resta como cicatriz. Todo sujeto allí partícipe, exponiéndose y exponiendo a otros al destrozo, quedará sometido a la perennidad de sus huellas que en cada uno harán de ésta una ex- periencia sin fin”. (Castro, 2006, p. 135), una experiencia que para la sociedad queda marcada desde el nombramiento como “desmovilizado” apelativo que ge- nera rechazo, desconfianza y temor; en el cuerpo quedan las marcas del combate, de heridas, de desgaste; en el psiquismo queda la muerte, el haberla enfrentado, el haberla causado, el verla en los más allegados, el ser un traidor, no haber triunfado, el tiempo perdido, una nueva vida por asumir.

La paz, ¿imperfecta?

Al interactuar con expresiones de la vio- lencia como la agresividad, los conflictos o la guerra, emergen otras expresiones que se contraponen a las anteriores tales como la cooperación, los acuerdos, la soli- daridad o la paz, situaciones que ubican a las relaciones humanas en una dicotomía que a lo largo de la historia ha estado caracterizada por dinámicas sociales de guerra y de paz.

Desde finales del siglo XX ha sido de interés investigativo para diferentes disci- plinas como la economía, la política o la sociología, quienes intentan analizar des- de sus especificidades del conocimiento la dualidad de la guerra y de la paz, tal es el caso de la denominada “psicología de la paz” (Ardila, 2001).

Hablar de paz hoy es una consecuencia de la declaración Universal de los Dere- chos Humanos en 1948, como medida preventiva ante la aparición de hechos de violencia que desencadenen en nuevas guerras que en una era tecnológica pue-

dan acabar con la especie humana. Sin embargo, así como la guerra ha estado presente a lo largo de las civilizaciones humanas, la paz también ha hecho su presencia en la historia y en la filogénesis humana, puesto que como lo manifiestan algunos investigadores del instituto de la paz y los conflictos de la universidad de granada (Muñoz & López, 2000), (Molina

& Muñoz, 2004), el ser humano siempre ha estado enfrentado a un contexto cam- biante, fluctuante y dinámico que le ha implicado la generación de soluciones adaptativas al ambiente en el que mantie- ne su existencia, “la paz es una respuesta de los humanos a los desafíos del medio en el que habitan” (Muñoz, 2009, p. 38), y ha sido gracias a esas respuestas que genera ante situaciones de conflicto que ha logrado sostenerse como especie y ha logrado construir todo un mundo simbólico en el que está inmerso y en el que reposa toda su cultura, una cultura que propende por el bienestar personal, grupal y de la especie.

La Organización de las Naciones Uni- das para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO- en su declaración de 1989 reconoce la Cultura de Paz desde una definición que puede ser vista como demasiado amplia y extensa en las dimen- siones que allí se incluyen, pero así mismo es una descripción de lo complejo de las relaciones humanas y del reconocimiento de la existencia de una realidad conflictiva en la que es necesaria adaptar los avan- ces que en materia de cultural ha tenido la sociedad para redefinir la condición humana de la especie, desde una marco de derechos y de respeto por la vida.

El conflicto es entonces una de las condiciones inherentes al ser humano y quizás se convierte en su motor vital, ya que ante los conflictos que se presentan en el entorno ha tenido que responder y adaptarse para evolucionar como especie, es ante la presencia de los conflictos en donde se abren las capacidades creati- vas del ser humano y en donde emergen prácticas pacifistas para tratar de superar


los conflictos, aunque cabe señalar que no todos los conflictos logran resolverse de manera pacífica y derivan en acciones violentas (Muñoz, 2009), así los conflictos son ambivalentes puesto que pueden ge- nerar cooperación, creatividad, violencia o destrucción.

Así, en una nueva dimensión de lo que puede comprenderse bajo el concepto de Paz, rompiendo con el esquema en el que la Paz es el cese de la violencia o la ausen- cia de guerra, “hablaríamos de paz refirién- donos a todas aquellas situaciones en la que gestionamos o regulamos, de acuerdo con nuestras normas y valores, lo más óp- timamente posible los recursos disponibles en la unidad humana de referencia. [..] La paz nos permite sobrevivir, reconocernos como congéneres y establecer vínculos de afecto, apoyo mutuo y ser cooperativos entre nosotros. [..] Representa todas las acciones humanas encaminadas a pre- servar el más alto grado de bienestar de las entidades humanas, personas, grupos y especie”. (Muñoz & Molina, 2010, p. 50). La paz como una cultura es imperfecta, inacabada, que no tiene un estado ideal de plenitud, convive con los conflictos y es reconocida como una herramienta de la especie humana que se utiliza para regular los conflictos de manera pacífica buscan- do el bienestar, el equilibrio para todo un grupo, no solo el personal. Así emerge una nueva categoría de análisis producto de las investigaciones en el campo de la paz y es el de “Paz imperfecta”, comprendida como aquel estado en el que hay prácticas donde se busca el equilibrio en medio de situaciones complejas o de conflicto, Mu- ñoz & Molina (2010).

Camino al escenario

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Se utilizó un diseño descriptivo, desde una metodología de análisis de contenido y de historias de vida, en el que se utilizó como técnica de recolección de datos la entrevista estructurada. Las entrevistas fueron grabadas, por lo que se realizó un análisis de los datos de referencia de manera cualitativa.

Los sujetos que hicieron parte de la investigación fueron 5 personas que perte- necieron al grupo armado ilegal de izquier- da “FARC”, y que ahora se encuentran adelantando un proceso de reintegración con el acompañamiento de la Agencia Co- lombiana para la Reintegración en el eje cafetero. Se adelantaran 3 entrevistas en el departamento de Caldas, 1 en Risaralda y 1 en Quindío, de los cuáles en temas de género, 3 fueron hombres y 2 mujeres.

En escena: la guerra, la desmovilización y ¿y la paz?

Para lograr ubicar los Lenguajes del Poder que se entraman en las lógicas de la guerra y de la paz en el contexto colom- biano, se tomaron 5 actores del proceso de reintegración que adelanta la Agencia Colombiana para la Reintegración en el eje cafetero –los 5 hicieron parte de gru- pos de izquierda en este caso las FARC-, quienes vehiculizaron en el lenguajes sus vivencias y percepciones de los tiempos de guerra y los tiempos de paz que han ex- perimentado como actores protagónicos.

Cada uno de los actores protagónicos hace su aparición en 3 escenas: “la gue- rra”, “la desmovilización” y uno que se pregunta por “la paz”, al interior de cada una de éstas escenas se presentan unos actos en los que a modo de teatro se re- presenta lo que acontece en la realidad de la guerra y de la paz de nuestro país, a la luz de las vivencias de quienes han mutado de roles y se han hecho partícipes de ambos escenarios.

Primera escena: la guerra

Acto 1. ¿Y Por qué hay guerra?

Toda guerra tiene en su trasfondo unos interés políticos, económicos y de poder que develan los intereses de aquellos que según Einstein “ven en la guerra, en la fabricación y venta de armamentos, nada más que una ocasión para favorecer sus intereses particulares” (Freud, 1932, p. 185), tales interés movilizadores de la guerra no se colocan de manifiesto en el


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discurso que se le dirige a los combatien- tes, pues se requiere de algo que haga unidad y genere lazos en los grupos para lograr constituir una masa de combate, es así como se apela a los “ideales de lucha” (Actriz2) que motivan a los sujetos partícipes y no partícipes a inscribirse en un discurso de guerra en el que la sangre, lo mortífero y todo “lo devastador que en sí misma es la guerra” (Actriz2) va a quedar subrogado en ideales altruistas que bus- can el bienestar general y la consecución de algo mejor para una sociedad, es un discurso que refleja el rol que asume el guerrero como salvador, como héroe en su día a día en la guerra, pues se está allí para conseguir fines nobles, para traer una realidad diferente al pueblo que lo saque de su opresión, un discurso que disfraza la realidad de la guerra, del recu- rrir a los medios violentos para alcanzar transformaciones sociales, es así como el guerrero se enviste de héroe o de cualquier otro ideal para obturar su actuar violento.

Algunos de esos ideales de lucha se man-

tienen desde la revolución francesa ta- les como “la libertad”,

“la igualdad” y “la fraternidad”, aparecen otros como “la Patria”, “la democracia”, “la soberanía”, “el Pueblo”, “la equidad”, “la justicia” y más recientemente “la se- guridad”; cada uno de éstos ideales pudo ser usado para justificar la lucha contra el socialismo y el comunismo que aten- taba contra la libertad que promueve el neoliberalismo, para justificar la lucha por la libertad de los pueblos oprimidos por regímenes dictatoriales, para soportar la lucha contra el terrorismo de los grupos que atentan contra la democracia y para convocar a la lucha contra cualquiera que atente contra la Seguridad.

El gráfico evidencia unas lecturas de la guerra en donde es posible señalar que el poder, la economía y el dominio de terri- torios son los hilos principales que tejen la guerra en Colombia, son los mismos intereses que le han dado soporte a otras guerras, y que continúan reproducién- dose en contextos como el nuestro

en el que unos pocos que no van

al frente de batalla la promueven, y lo hacen des- de los ideales

que enuncian como la “segu- ridad democrá- tica”, “la con-

secución


de la paz” o “la búsqueda de la igualdad social”, otros se levantan en la lucha, para no sentirse oprimidos, o porque están en desacuerdo con una forma de gobierno, porque creen que es el camino para alcan- zar ideales como la libertad, la igualdad y el bienestar social, enmascarando con causas justas la ambición por el poder, el dinero y las tierras, los intereses reales de la guerra en Colombia.

Sin embargo, pese a que esta devela- ción de la guerra sea de vieja data, todos los que están en la guerra prefieren que su enunciación sea heroica, de carácter social y con justicia , para hacer así más soportable el encuentro con la muerte, es un recurso del sujeto que le permite hacer frente a lo voraz del conflicto, pues aquel que se inscribe en la guerra le “implica investirse de un discurso que, inscrito en el orden simbólico, tiene una trascendente resonancia impregnada de lo imaginario. Lo simbólico “imaginarizado” deriva en un poder redoblado del discurso y es sostén en una lucha fraterna encarnizada”, (Cas- tro, 2002, 38).

Acto 2. El Fin Justifica los Medios.

Gran parte de las guerras se plantean desde un fin ideal en el que los medios quedan en un segundo plano y son justi- ficados, los medios se legitiman y ante su accionar violento producto del encuentro bélico no hay reproche.

Conseguir la Paz es uno de los fines de las guerras de nuestros tiempos, en el caso colombiano la búsqueda de la paz se ha realizado desde hace más de 50 años por los medios violentos, tratando de eliminar o someter al enemigo por la vía armada, quedando siempre ese fin en un horizonte lejano y perpetuando el medio, al respecto los actores nos mencionan que Actriz1: “ante un agotamiento de recursos, se llega a un punto donde no se ve otra opción que tomar las armas, irse por la vía de las armas para hacerse al poder, pues por la vía pacífica no fue posible. Muchos pensamos que el fin justifica los medios, y quedan muertos de parte y parte, pero el

fin es un fin noble”; al respecto Actor2 se- ñala: “El fin justifica los medios, entonces se utiliza lo que sea en la guerra, sin em- bargo eso varía según el comandante ya que hay algunos que no les gusta mucho la guerra y usan medios más receptivos, pero hay otros más guerreros que utilizan medios violentos contra la población civil, los militares, los puentes”; Actor3: “se dice que se lucha por la paz pero lo que se utiliza es violencia para alcanzarla”; de éste modo puede verse reflejado en los discursos de los actores, que la guerra utiliza en su lógica la frase de Maquiavelo “el fin justifica los medios”, y es una frase que termina validándose al interior de aquellos que hacen parte de los bandos pues el fin es engrandecido y permite el actuar violento sin que se ejerza alguna clase de censura por utilizar medios agre- sivos contra el otro.

Acto 3. Cualquiera puede ser Gue- rrero.

En el torbellino de la guerra, todos en el grupo social pueden verse avocados a ser guerreros, a ser combatientes de la causa, a ser parte de un bando, se puede ser un guerrero desde la legalidad o se puede ser un guerrero desde la ile- galidad, cada quien tendrá sus razones y sus justificaciones para verse convocado en un grupo armado y arriesgar su vida en el fuego cruzado, y ante esa decisión existe una libertad subjetiva de la que cada sujeto tiene plena implicación, nadie podrá entrar a realizar juicios de valor que condenen la vinculación de un sujeto en un grupo armado ilegal, pues en tiempos de guerra todos pueden ser guerreros, lo que si queda es la responsabilidad del sujeto en su participación.

Las descripciones sobre las razones que llevaron a alguien a ser guerrero en un grupo armado ilegal cobran sentido a nivel subjetivo, pues ya sea por motivos ideológicos, por conflictos familiares, por ser la opción de vida más común en la zona, entre otras, todas las razones son variadas y justificadas para cada uno de


los sujetos que tomó la decisión y cobran sentido a nivel personal, sin embargo, “ser guerrero” les posibilitó asumir un lugar desde lo simbólico para hacerse un lugar en el mundo, para ser un verdadero re- volucionario, para cobrar venganza, para ser alguien admirable, para escapar de la vida cotidiana, para demostrar la hombría, entre otras miles de posibilidades que abren la vía al Ser en el mundo, que no los exime de su responsabilidad subjetiva, pues “Cualesquiera que hayan sido los motivos para el ingreso a una vida guerri- llera, siempre interviene el sujeto guiado por su deseo” (Castro y Díaz, 1997, p. 21).

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Ser guerrero en Colombia puede ser una elección forzada, quienes van a la guerra serán las clases sociales menos favorecidas y las más vulnerables, eri- giéndose así una “clase de guerreros” que siempre estará disponible para engrosar las líneas del combate ya sea desde la legalidad o desde la ilegalidad, las narraciones dejan ver la

forma como se puede llegar a ser guerrero, por una elección for- zada, o una

elección por per - tenecer a una clase social, una elección

coartada, en la que no se puede desco- nocer la responsabilidad del sujeto y su implicación en el mero acto de elegir, es una elección que deja huellas y marcas con las que se tendrá que cargar el resto de la vida, pues “no es una elección cual- quiera; compromete el rumbo de la vida y la vida misma…la huella dejada por el encuentro con la guerrilla es imborrable en la historia del sujeto que la vive” (Castro y Díaz, 1997, p. 24).

Acto 4. Lo que se aprende en la guerra.

En las narraciones se reflejan algunos elementos significativos que el involu- cramiento con la guerra le dejo a cada sujeto, algunos la narran desde el dolor

, como una experiencia que quisieran no haber vivido pues sus secuelas hoy en el presente generan una perpetuidad que no hace posible el trámite o el olvido de algo que dejó huellas en el cuerpo, que afec-

tó la función de caminar y que será recordado en cada paso de la vida; otros la narran con nostalgia, evocando

la escena guerrera como un espacio de lucha necesa - ria para


evitar la opresión de muchos, se sigue ata- do a la guerra, se sienten la causa y no se renuncian a ella; otros la narran queriendo comprenderla, explicarla o describiendo lo que acontece en la guerra como queriendo advertir a otros de las consecuencias de involucrarse en ella.

Esos aprendizajes que les dejaron la guerra a los actores de la investigación pueden servir de referencia a otros sujetos que nunca han estado involucrados en la guerra, son aprendizajes que a modo de prevención, le pueden advertir a un sujeto lo que se vive en la guerra.

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Los aprendizajes de la guerra sirven para desentramar lo que sucede en el con- texto colombiano, la guerra es un escenario en el que los ideales de justicia y equidad social quedaron diluidos para devenir en intereses económicos y particulares, en donde la muerte y la pérdida de la libertad son dos constantes, una guerra que utiliza un contexto que en sí mismo

es hostil para el sujeto, una guerra utilitarista que usa a las perso- nas mientras sean funcionales, es un espacio que

destituye al otro de su con- d i ci ó n

humana

y me permite matar al otro, pues así no se quiera se aprende, es cuestión de super- vivencia; se precisa claramente que de la guerra no se sale tan fácil, pues el ingreso a los grupos ilegales deja una sentencia de muerte como salida al sujeto; se aprende que no hay respeto por la diferencia, que no hay equidad y que existen preferencias de género cuestionando de éste modo los ideales de lucha; es un escenario humano atravesado por las emociones, por el odio, la ira, la venganza, en la guerra se es vis- ceral para atacar al otro y se es racional para planear como hacerlo.

Acto 5. Lo que se enseña en la gue- rra.

En los grupos armados ilegales la edu- cación está presente desde unas caracte- rísticas no formales, pues aunque cuentan con una pedagogía específica, se hace en unos días establecidos, se utilizan recursos o medios para direccionar la enseñanza y puede darse de manera estructurada,

carece de todo el susten- to jurídico ante las au- toridades educativas colombianas, ya que como lo señala Co-

lom (2005,

11) “la di- ferencia más de- terminan- te que se


da entre educación formal y no formal es, sorprendentemente, de carácter jurídico y no pedagógico”.

De este modo, puede evidenciarse que en la guerra existe una forma particular de educación en la que no solamente se instruye al sujeto en técnicas y tácticas de guerra, sino que también se realiza todo un esfuerzo pedagógico que busca gene- rar una alienación del sujeto a los ideales del grupo que le sirvan de sostén durante su permanencia en el grupo. Es una edu- cación No formal la que se emplea en el contexto de los grupos armados ilegales.

Acto 6. Los despistes de la guerra.

En la guerra no todo el tiempo los suje- tos están en confrontación bélica, existen algunos momentos de cese al fuego en los que el encuentro con el otro semejante del campo de batalla puede darse desde otras relaciones diferentes a las violentas, es un tiempo fuera que da la apertura de conocer al otro, para socializar con los demás partícipes del grupo o para estar con uno mismo. Durante esos momentos en los que se está aislado del combate y se adentra en la convivencia del grupo emergen actividades grupales o colectivas como los deportes o los juegos de mesa.

También se propician espacios para el disfrute de parrandas donde se puede escuchar música, bailar y consumir licor, es el momento en el que los integrantes del grupo pueden autorizarse a tomar y lle- gar a estados de borrachera sin que sean castigados por ello, son espacios muy controlados en donde las armas son reti- radas de quienes disfrutan y se custodian para evitar tragedias producto del alcohol. La música acompaña a los integrantes del grupo quienes desde la montaña o desde donde se encuentre saben que cuentan con una emisora propia.

Al interior del grupo se guardan tradi- ciones y costumbres que no se dejan de lado así se encuentre en la guerra, entre los mismos integrantes se tejen lazos de fraternidad que permiten la celebración de fechas familiares como la navidad y

fin de año, actos que dejan entrever la humanidad que la guerra no puede elimi- nar en el sujeto.

En ese compartir diario entre los que se hacen partícipes de la causa guerrera se comienzan a tejer vínculos de cercanía en donde las emociones y los sentimientos emergen como experiencias propias de los humanos, aparece el “amor” como experiencia que le da sentido a la expe- riencia vital y que en el caso de la guerra permite salir de ella para adentrarse en un mundo de dos que creen poderlo todo, creen que pueden con la guerra. Sin em- bargo, pese a que ese sentimiento que surge entre dos pueda experimentarse de manera libre, en el interior del grupo existen una serie de reglamentaciones que regulan los vínculos amorosos, pues reconocen que una persona que no logre controlar sus emociones y sentimientos en una relación amorosa puede generar dificultades al interior del grupo, razón por la que las autoridades de la organización armada asumen un papel directivo en las relaciones y pueden tomar decisiones que solo le incumben a dos.

La sexualidad emerge en las narracio- nes como una dimensión del ser humano que también está inmiscuida en los relajos de la guerra, desde la visión del grupo está regulada desde “lo natural”, cada quien es libre de vivirla, es una práctica posible sólo desde una visión heterosexual, pues el ho- mosexualismo es un problema que no se tolera. En el grupo armado las pulsiones sexuales suelen hacer su aparición en la guerra de manera latente y cada quien la vive a su modo, existiendo unas limitantes que están encaminadas a evitar discor- dias, disputas, enfrentamientos entre los miembros del grupo, pues se reconoce que no todos logran manejar sus emocio- nes y sentimientos libremente, ante lo que es necesario un control externo.

Acto 7. Los extranjeros en la configu- ración de la guerra colombiana.

El conflicto armado colombiano no ha

sido ajeno a ese proceso de globalización


de la guerra pues en la estructuración de los grupos armados como las guerrillas de las FARC y el ELN se hicieron presentes ideologías, estrategias de lucha, dineros y armamentos provenientes de otras re- giones del mundo.

La influencia de extranjeros en la es- tructuración de la guerra en Colombia ha estado presente desde los inicios de las guerrillas colombianas, su ideología se ha inspirado en personajes representativos del pensamiento marxista y de las revolu- ciones que se han dado en Latinoamérica. En la actualidad también existen países que colaboran y apoyan desde diferentes frentes a los grupos guerrilleros, algunos lo hacen desde los frentes económicos enviando dineros en forma de donacio- nes, otros se vinculan entregando armas o vendiéndolas a precios favorables, existen otros que ofrecen sus servicios para capacitar a los militantes en tácticas y estrategias de guerra.

Sin embargo, al momento de hacer referencia sobre extranjeros o países que se involucraron con la guerra, algu- nos actores se mostraron evasivos a sus narraciones, se afirma que efectivamente existen países que entregan armamentos a los grupos armados, que hacen dona- ciones de dinero o en especie y también se vinculan con personajes que saben de tácticas y estrategias militares.

Segunda escena: la desmovilización

Acto 1. La salida de la guerra: la desmovilización

Cada sujeto que abandona la guerra tie- ne unos motivos subjetivos para hacerlo, pero la forma en la que lo haga determina su condición jurídica posterior a su partici- pación en la guerra, es así como el ODDR (2008) señala que entre las modalidades de salida de una persona de las organi- zaciones armadas ilegales que participan de la guerra en Colombia, están aquellas desvinculaciones derivadas de decisiones individuales, por decisiones entre un grupo

de combatientes, por acuerdos colectivos o por haber sido capturado, son 4 formas de salida de la guerra que derivan en el término “desmovilizado”.

En el caso de los protagonistas del ejercicio investigativo la salida de la guerra estuvo dada desde la captura en combate, en algunas narraciones puede encontrarse que no se tenía la decisión individual de abandonar voluntariamente las actividades como miembro del grupo, tal como lo define el decreto 128 de 2003, sino que por el contrario fueron capturados siendo parte activa del grupo y ante la pro- puesta de desmovilizarse y acceder a los beneficios de un programa, identificaron la posibilidad de no perder la libertad.

Otras narraciones involucran la decisión del sujeto movilizado por la insatisfacción de estar en un sitio en el que no se está haciendo nada con la vida, en esos casos la salida fue fácil, no tuvieron inconvenien- tes, ni travesías en sus salidas del grupo, la entrega no se dio como consecuencia de los combates, sino más por un “des- moronamiento moral” que los alejó de su causa de guerra y los llevó a salir de ella a partir de la desmovilización.

Acto 2. Las vicisitudes de desmo- vilizarse

El que logró sobrevivir a la guerra no tie- ne más que su vida para seguir adelante, pues independientemente de la modalidad de salida del grupo o de las maniobras que tuvieron que hacer para salir de la guerra son recibidos por las autoridades competentes en los procesos de DDR con lo que tienen encima, el arma, la dotación de campaña, el camuflado y su vida, no tienen más. De ahí en adelante comien- za un camino lleno de incertidumbres de vicisitudes en donde el apego a la vida es sólo el inicio, la tarea es saber que hacer ahora con ella.

Entre los cambios que genera el co- mienzo de una nueva vida después de desmovilizarse, se encuentra el responder a las lógicas del consumo y del modelo económico de la región en donde es nece-


sario aprender a ser generador de dinero para poder responder con éxito al modelo social; pues solo de éste modo se podrá acceder a unas condiciones mínimas de habitabilidad en el que se cuente con un sitio para el descanso, un sitio para el aseo del cuerpo y un espacio para la preparación de los alimentos, sin contar que en cada uno de éstos espacios se requieren ciertos insumos que tienen un costo como lo son un colchón, una estufa o unos elementos de aseo. Es así como los gastos llegan al sujeto luego de la desmovilización, gastos de arrendamiento, de servicios públicos, de vestido, de alimentación, de transporte, entre otros que se quedan cortos en com- parativo a los ingresos económicos que reciben como apoyo por parte del gobierno, situación angustiante que para algunos desmovilizados que recién salen del gru- po armado se traduce en incapacidad, en desilusión ante la decisión tomada y en lágrimas; de ahí que la inserción en lógicas laborales para un desmovilizado es indis- pensable para su adaptación a la dinámica social, pero para lograrlo se debe cualificar a la persona, proceso que se adelanta con el programa de reintegración de la ACR.

Para algunos desmovilizados lo mejor es volver al campo, ya que allí se en- cuentran los trabajos en los que se tiene experiencia, actividades relacionadas con el agro que son remunerados por debajo de los salarios mínimos pero que alcanza para satisfacer las necesidades básicas, además, en el campo está lo conocido allí se saben ubicar, se saben defender.

La desmovilización permite retomar acciones que de niño no pudieron tener continuidad por falta de garantías o por la no existencia de cobertura, es el caso de la educación, dimensión que es asu- mida por algunos desmovilizados como esencial para adaptarse a las dinámicas sociales, a las lógicas laborales y para algunos como necesidad de superación para salir adelante.

Pese a todas las vicisitudes que se presentan con la desmovilización de una

persona, el elemento que más genera arraigo a la cultura de la legalidad y alienta a seguir luchando en la adaptación a la dinámica social de consumo, es el aspecto familiar, tanto para aquellos que ya tenían una familia constituida como para aquellos que inician la conformación de un nuevo vínculo familiar.

Acto 3. La desmovilización no es la salida a la guerra.

Desde el año 1953 se han llevado a cabo en Colombia varios procesos de desarme, desmovilización (DDR, 2009) y reintegración de combatientes de grupos armados ilegales, cada uno de éstos pro- cesos se ha dado con unas características propias del contexto histórico, respon- diendo a las exigencias del momento, pero casi siempre con la intensión de dar solución a las confrontaciones bélicas que ha tenido el país. Así, la desmovilización desde hace 60 años ha sido una estrategia del gobierno Colombiano en aras de dar finalización al conflicto armado con los distintos grupos alzados en armas.

En las narraciones se evidencia una desestimación por la desmovilización como una salida a la guerra, pues existen otras problemáticas de fondo que son las que continúan alimentando el conflicto, como hecho real se tiene que con casi

57.000 personas que han dejado las armas desde el año 2003, un número de combatientes significativo, tal hecho no ha servido para que la guerra en nuestro país cese, y aunque no se tiene un registro exacto de cuántas personas participaron de los procesos de desmovilización ante- riores al año 2003, no se generaron efec- tos significativos en el cese de hostilidades en el país, hechos que llevan a pensar que la desmovilización como fenómeno por sí solo no le aportará en nada a la fi- nalización del conflicto que vive el país, tal como lo plantea el Actor2 “debe ser otra la estrategia”, que posibilite definitivamente la salida de la guerra, aunque quizás esto ya sea fenómeno de análisis y discusión al interior de las mesas de negociación


que sostienen en la habana el gobierno y las FARC, para que se promuevan desde allí soluciones de fondo que ayuden a la finalización total de la guerra.

Es necesario resaltar que la desmovi- lización si es una salida a la guerra, pero desde el padecimiento subjetivo, desde la elección personal, desde el proyecto de vida individual, y sus efectos en el sujeto pueden llevar a la ascensión de un sujeto que se desenvuelve en su cotidianidad en el marco de una cultura de la legalidad, alejado de dinámicas de guerra y ligado al otro a partir de la convivencia. Eso es algo que la desmovilización ha logrado hacer en el ámbito de gran parte de los sujetos que han dejado las armas.

Tercera escena: la paz

Acto1. ¿Qué es entonces la paz?

En las narraciones se hace una referen- cia a la paz que da cuenta de una añoran- za, de una ausencia, de un estado ideal, de un momento que se liga con la guerra, y que la hace no humana, es decir, son des- cripciones de la paz como algo ajeno, como algo que no se tiene y si ha de tenerse será en otra dimensión o posterior a algo.

Éstas representaciones sobre el concepto de Paz son sin duda producto de lenguajes dominantes, quizás el de la guerra, que comprenden la paz sólo desde la necesidad de encontrarla cuando se está en tiempos de guerra, significado que es sólo una de las dimensiones de la paz, pues efectivamente como le señala Muñoz (2004, 26) tras una guerra, lo más apreciable es la firma de la paz a partir de una serie de acuerdos, pactos, tratados, alianzas y otra serie de acciones diplomáticas encaminadas a que las relaciones entre las partes sean los más pacificas posibles.

Así, para aquellos que han estado inmersos en la guerra la manera de signi- ficar la paz en sus vidas está sólo desde una dimensión ligada con el conflicto y así mismo ubicada desde un ideal que podría nunca alcanzarse.

Acto 2. La paz de Colombia: un sueño

En el presente histórico se sueña con la paz en Colombia, un intangible que se piensa alcanzar como producto de la firma de los Diálogos de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, dos actores del conflicto armado que durante más de 50 años han estado confrontán- dose bélicamente. Este hecho ubica a la Paz en el imaginario social como algo que está ligado al cese de la guerra y a la terminación del conflicto armado, pues aunque se sabe que las partes deben lle- gar a algunos acuerdos, la sensación de que la paz está al final de la guerra sigue estando presente.

Para aquellos que han abandonado las armas la idea de alcanzar la paz en el país se refleja como una utopía, difícil de alcanzar o como algo que no se alcanza a dimensionar. Se percibe que para Colom- bia es imposible alcanzar un estado de paz y hay una sensación de desesperanza de alcanzar ese estado, pese a que el mismo concepto de paz connote la esperanza de cambio para un pueblo que ha vivido en conflicto desde su misma constitución como estado, pero es claro que la termi- nación de la confrontación bélica no es garantía ni es suficiente para que la paz llegue.

Al avanzar en las reflexiones sobre lo que implica la paz, en las narraciones de los entrevistados es posible reconocerla como un estado de bienestar para un pueblo, la satisfacción de las necesidades básicas para un grupo social, el goce ple- no de los derechos humanos y la garantía de vivir como ser humano. Se ven más amplias las significaciones que para cada uno tiene el concepto de paz, ya no ligados únicamente al contexto de la guerra, es allí donde emergen los quiebres con los lenguajes del poder y donde afloran las subjetividades, los significantes de lo que para cada sujeto representa la Paz.

Los excombatientes saben que con la

terminación del conflicto armado como


producto de un eventual acuerdo en las mesas de negociación, no son suficientes para que la Paz llegue a Colombia, de ahí en adelante le corresponde al gobierno adelantar una serie de ajustes en sus procesos para que las necesidades so- ciales sean atendidas eficazmente, en el menor tiempo posible, y así evitar nuevos rearmes, nuevas emergencias de grupos ilegales.

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Así mismo, le corresponde a la socie- dad avanzar en temas de equidad, de justicia, de convivencia y de tolerancia para lograr alcanzar eso que hoy se nos dibuja como un sueño, pese a que exista en el recuerdo colectivo hechos de violencia y de desgarramiento social que desde el resentimiento nos impidan generar lazos de reconciliación, esto ya lo planteaba Kant (1795) al referirse a ciertas hostilidades que imposibiliten la mutua confianza, situación que en el caso colombiano aún está presente

en las víctimas del conflicto ar- mado.

Acto 3. Hacia una cultura de paz, las prácti- cas de paz.

Al avanzar en el cami-

no de la paz nos

hemos encontrado con que la primera referencia que suelen tener aquellas personas que han salido de la guerra con relación a lo que comprenden por el concepto de Paz está primariamen- te ligado a un contexto bélico donde hay paz en ausencia de guerra, y es también un concepto ideal al que no se puede acceder en vida. Así mismo, al ir avanzando en la subjetivación del concepto es posible identificar que las redes de la paz se amplían al contem- plar la necesidad de un bienestar social, la atención de las necesidades de las personas y también ciertas condiciones de los sujetos, que son necesarias para que la Paz pueda estar presente en un contexto determinado.

Desde las narraciones pude decirse que en sus cosmovisiones y en las prác- ticas que adelantan las personas que han salido de la guerra puede eviden- ciarse una cultura de paz, en donde

las acciones que se emprenden

están encaminadas a la búsqueda de un bienestar per-

sonal, familiar y social, de - jando de lado las practicas hostiles y

violen -



tas que desde el grupo armado ilegal se autorizaban a realizar.

Cada uno de los comportamientos que se enmarcan dentro de la cultura de paz son una herramienta con la que dispone cada sujeto que ha salido de la guerra para avanzar en la consolidación de prácticas de paz, donde el concepto omnipresente de Paz deja de serlo, para ser una acción que involucra a cada sujeto en su vida cotidiana, en cada uno de los contextos con los que interactúa en pro del avance como especie y como grupo social.

Es posible identificar que todos tienen prácticas de paz, y quizás son comporta- mientos aprendidos desde hace mucho tiempo, que quizás colocaban en práctica antes de ingresar a la guerra y también durante la guerra, sólo que no se encuen- tran ligados en sus representaciones al concepto de Paz.

Así mismo, al ir avanzando en la con- ceptualización de la Paz, ésta categoría se fue ampliando para cada persona pasando de ser un simple acto utópico ligado a la guerra, a ser comprendido como una prác- tica cultural en la que cada sujeto identifica su repertorio de comportamientos y cos- movisiones que se ha venido transforman- do desde su salida de la guerra.

Acto 4. No hay paz absoluta, hay una paz imperfecta.

Se debe reconocer la paz no como un estado absoluto, sino como una po- sibilidad que permite hacerle frente a la conflictividad permanente del ser humano, puesto que el conflicto es inherente al ser humano y ha sido el trampolín que le permite avanzar en su proceso evolutivo, solo que no todos los conflictos logran abordarse desde salidas pacíficas, hay algunas que derivan en violencia y es una realidad inminente ante la que no puede darse la vuelta.

Allí nace entonces la nueva conceptua- lización de la paz, como algo imperfecto, como algo terrenal que sirve para hacerle frente a la conflictividad cotidiana.

Conclusiones


Sobre la guerra

Entre los resultados más significativos se pueden señalar que la guerra es com- prendida como un espacio que genera miedo, en donde el encuentro con la muerte es algo permanente y es quizás lo más seguro que se tiene al estar en un grupo ilegal, desde la guerra se hace una lucha por unos ideales que terminan siendo solo una ilusión, ya que el poder económico y los intereses de unos pocos son los que suelen direccionarla y hacen que se gire en un espiral sin sentido en donde no se llega a ningún termino, de- jando solo devastación en la vida de otros y en la misma.

Se identifican algunas variables que regulan la guerra o que están presentes en el conflicto colombiano, la principal es la económica.

Todos los que participan en la guerra son guerreros y en nuestro país las per- sonas del campo y los hijos de las clases populares son quienes engrosan las filas de los bandos, es un país con un alto potencial de guerreros.

La guerra le genera aprendizajes a los sujetos, aprendizajes que se expresan en su mayoría como carga y dolor subje- tivo, son aprendizajes que pueden servir para hacer prevención temprana y para desentramar las lógicas de la guerra en Colombia.

En la guerra también se adiestra al sujeto, pues las enseñanzas que se dan al interior del grupo armado ilegal de las FARC a través de la educación no formal se constituyen en un aprendizaje significa- tivo, ya que tienen una finalidad y son de gran valor para el sostenimiento del grupo.

Pese al vínculo que se tiene con la guerra, los sujetos no siempre están invo- lucrados en enfrentamientos o contiendas belicosas, hay momentos para el disfrute y el relajo que son vividos intensamente por todo el grupo armado, es así como puede


darse paso para que los combatientes dis- fruten de actividades grupales o colectivas como los deportes o los juegos de mesa, se propician espacios para el disfrute de parrandas donde se puede escuchar música, bailar y consumir licor, así mismo se cuenta con emisoras propias del grupo que le permiten escuchar música de la causa mientras se está en campañas, se permiten la celebración de fechas fami- liares como la navidad y otras propias del grupo; es posible experimentar el amor en pareja pero existen unas directrices al interior del grupo que permiten regular los vínculos sentimentales, así mismo, la sexualidad se experimenta como otra dimensión humana de manera libre pero con controles para evitar los embarazos y el contagio de enfermedades. No todos los relajos están permitidos, pues el consumo de drogas y las borracheras injustificadas son causales de sanciones.

Los procesos de globalización han permeado la guerra en Colombia, desde la estructuración de los grupos guerrille- ros en la configuración de su imaginario e identidad y en la actualidad, con la colaboración de países que se vinculan a la guerra en Colombia a partir de la finan- ciación de los grupos guerrilleros, de las donaciones en dinero, del suministro de armamento y de ofrecer cursos de capa- citación en estrategias de guerra.

Sobre la desmovilización

Luego de la desmovilización comienza un camino lleno de incertidumbres, de vicisitudes en donde el apego a la vida es sólo el inicio, la tarea es saber que hacer ahora con ella. Entre las dificulta- des puede encontrarse la falta de opor- tunidades laborales, el rechazo social, la estigmatización por haber hecho parte de grupos ilegales que le han hecho daño al país, problemas de seguridad pues en su condición de desmovilizados son más vulnerables a ser objeto de atentados; y ante la desesperanza de reconstruir la vida puede darse un retorno a los grupos armados.

De igual forma, la desmovilización le posibilita al sujeto estar en libertad, estar vivo, les permite avanzar en su formación educativa y en la adquisición de habilida- des para el trabajo, pero sin duda la mayor influencia para generar arraigo a la legali- dad son los lazos familiares o la construc- ción de nuevos núcleos de familia.

La desmovilización como fenómeno por sí solo no le aportará en nada a la fina- lización del conflicto que vive el país, esa es la percepción de quienes han abando- nado la guerra. Aunque la desmovilización si es una oportunidad para que cada sujeto que deja la guerra pueda continuar en la construcción de un proyecto de vida en el marco de la legalidad, la desmovilización es solo una estrategia personal, no es la salida a la guerra.

Sobre la Paz

La paz es entendida como un estado ideal al que se pretende llegar, la paz se encuentra ligada a contextos de guerra pues se anhela alcanzarla en aquellos momentos en los que hay conflicto arma- do, razón por la que suele comprenderse la paz como como la ausencia de guerra o su opuesto.

En el contexto colombiano, la paz se vislumbra como como una meta a la que se espera llegar, es el sueño de muchas personas, pero se es claro al afirmar que es casi imposible de alcanzar, Se percibe que para Colombia es imposible alcanzar un estado de paz y hay una sensación de desesperanza de alcanzar ese estado.

En las narraciones de aquellos que han abandonado la guerra se logra vislumbrar una ampliación al concepto de paz a me- dida que se ahonda en su significado, es posible identificar que la paz no es solo cuestión de terminar la guerra, sino que se encuentra ligada a una serie de variables sociales y condiciones del ser humano que se relacionan con la paz, así que no es solo cuestión de acabar con las hos- tilidades, sino que es necesario entrar a atender una serie de situaciones que son


primordiales para que se pueda hablar de escenarios de paz.

En las narraciones todos expresan que viven en paz, porque ya no están involucrados en dinámicas de guerra o violencia, señalan que hoy sus comporta- mientos denotan una apuesta por la paz y la convivencia con los demás, se sienten afortunados pues no todos los que estu- vieron en la guerra tienen la posibilidad de hoy estar vivos y compartir con sus seres queridos.

Recomendaciones


Es necesaria que la conceptualización sobre la paz pueda ser ampliada a una comprensión desde la Cultura de Paz, en donde cada sujeto pueda reconocer su rol en la construcción de paz y su participa- ción activa en la búsqueda del bienestar general, posibilitando la separación de esos lenguajes del poder que justifican la guerra a partir de la paz. La educación sobre la Cultura de Paz debe iniciarse en todos los contexto para lograr ubicar la Paz en un plano real, como una posibilidad que diariamente vivimos todos los sujetos.

Las personas desmovilizadas son suje- tos que estuvieron presentes en dinámicas de guerra por diferentes circunstancias de sus vidas, por ello no pueden ser objeto de discriminación o exclusión. Es nece- sario hacer un reconocimiento de ésta población excombatiente como sujetos que pueden hacer aportes valiosos a la comprensión del fenómeno de la guerra en Colombia.

La labor de generar espacios de recon- ciliación entre las personas que abando- nan los grupos armados ilegales no puede estar sólo como una responsabilidad del gobierno nacional, es necesario que todos los actores que hacen parte de la sociedad colombiana entren en la dinámica de ge- nerar confianza y aceptación con aquellas personas que abandonan los grupos.

La paz no se logra con una firma de un acuerdo, la paz es imperfecta, la paz es algo inacabado que todos los días puede colocarse en práctica por cada una de las personas que convive en un espacio social, esas prácticas están guiadas por ejercicios de ciudadanía, de respeto, de solidaridad, de una visión de sujeto diver- sa desde su otredad.


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