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<Part>
<H1>Los Estudios Culturales británicos: una revisi para su revitalizaci en el campo de la comunicaci </H1>

<P>Raul Anthony Olmedo Neri1 </P>

<P>Artículo enviado: 4 de marzo de 2026 Artículo aceptado: 7 de abril de 2026 </P>

<P>Olmedo Neri R.A. Los Estudios Culturales británicos: una revisi para su </P>

<P>revitalizaci en el campo de la comunicaci. Escribanía. V24i1 </P>

<P>
<Link>https://doi.org/10.30554/escribania.v24i1.5614 </Link>
</P>

<Sect>
<H2>Resumen </H2>

<P>En este artículo se realiza una revisión teórica sobre la escuela de los Estudios Culturales Británicos, con el fin de evidenciar su ubicación dentro de las teorías de la comunicación, recuperar las nociones conceptuales propuestas para el análisis de la relación comunicación-cultura, además de identificar su relevancia actual para el estudio de fenómenos sociotécnicos. De este modo, se busca reconocer la pertinencia epistemológica de esta escuela de pensamiento en la constitución del campo de la comunicación, destacar sus aportaciones conceptuales y con ello evidenciar su vigencia para explicar la realidad actual. </P>

<P>Palabras clave: cultura mediática; representación; ideología; poder; hegemonía. </P>

<P>1 Doctor en Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Adscripción institucional: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 
<Link>raul.olmedo@politicas.unam.mx</Link>
 ORCID: 
<Link>https://orcid.org/0000-0001-5318-0170 </Link>
</P>

<P>British Cultural Studies: a review for its </P>

<P>revitalization in the field of communication </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Abstract </H2>

<P>This paper presents a theoretical review of the British Cultural Studies school, aiming to demonstrate its place within communication theories, revisit the conceptual frameworks it proposed for analyzing the relationship between communication and culture, and recognize its current relevance to the study of sociotechnical phenomena. In this way, it seeks to acknowledge the epistemological significance of this school of thought in shaping the field of communication, highlight its conceptual contributions, and thereby demonstrate its continued relevance for explaining contemporary reality. </P>

<P>Keywords: media culture; representation; ideology; power; hegemony. </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Introducci </H2>

<P>La comunicación trasciende múltiples ámbitos, pero no cabe duda de que la especificidad de su manifestación como un fenómeno y acto característico de la humanidad ha dado paso a la construcción de una ciencia social interdisciplinaria enfocada en su estudio (Schützeichel, 2015). </P>

<P>A pesar de ello, dicha ciencia es relativamente nueva, pues contrario a lo que se piensa, al ser un fenómeno situado en la práctica cotidiana de múltiples ámbitos sociales, políticos y culturales, la comunicación fue percibida como algo ya dado e inmutable en su práctica, que no presentaba un interés de investigación o solo se le enunciaba de manera marginal y dependiente a otros fenómenos. De hecho, como menciona Mattelart (2007), esta percepción esencialista fue incapaz de reconocer que según la sociedad y su contexto histórico se produce y expresa una configuración comunicacional específica, la cual se manifiesta más allá de la mera transmisión de mensajes. </P>

<P>Fue en el siglo XX cuando esta percepción cambió principalmente por la reconfiguración de las formas, los formatos, los alcances y los usos de la comunicación cuando ésta fue sometida a una tecnificación orientada al control social. Dichos cambios tecnológicos ampliaron el número de participantes en el proceso comunicativo, reconfiguraron la temporalidad de su práctica y redimensionaron la escala de su desarrollo (Jensen, 2014). Lo anterior, no solo reconfiguró la comunicación en tanto práctica, sino que la reposicionó como un fenómeno clave que dio origen a su conformación epistemológica en un campo de estudio y estimuló la formación de escuelas de pensamiento que teorizaban, delimitaban y analizaban fenómenos sociotécnicos (Mattelart y Mattelart, 1997). Desde entonces, el estudio de la comunicación como proceso humano se bifurcó en dos grandes áreas: la comunicación humana (enfocada en los procesos biológicos, corporales, verbales y no verbales) y la comunicación humana tecnificada (articulada con nociones de poder, desarrollo, ideología, dominio y capital), siendo esta última la que ha estimulado y orientado en buena medida la conformación y devenir del campo epistemológico de la comunicación como ciencia social. </P>

<P>Dentro de las escuelas de pensamiento que surgen al calor de la teorización sobre la comunicación tecnificada, se destaca la surgida en la Universidad de Birmingham, en Inglaterra en 1964. La Escuela de los Estudios Culturales británicos no solo es clave dentro de la conformación teórica de la comunicación y su articulación dialéctica con la cultura (Mattelart y Mattelart, 1997; Mattelart y Neveu, 2004), sino que además constituye un punto alternativo que rescata a la comunicación tanto de la mirada administrativa de la Mass Communication Research como del tecnopesimismo característico de la Escuela de Frankfurt (Wolf, 1985; Maigret, 2024). </P>

<P>Por lo anterior, este trabajo tiene por objetivo revisar la génesis, los puntos de partida y las aportaciones teóricas que derivan de la escuela británica de los Estudios Culturales. Revisitar esta escuela adquiere importancia para el contexto latinoamericano contemporáneo, pues por su origen inglés -y ahora, además, la carga política e ideológica que supone su desarrollo en el Norte Global-, dicha corriente enfrentó diversas resistencias2 para su reconocimiento y utilización durante los setentas y ochentas en la región latinoamericana (Escosteguy, 2002; Gutiérrez Morales, 2024). </P>

<P>Así, el acercamiento a los Estudios Culturales británicos en un contexto sociohistórico distinto permite (re)descubrir sus aportaciones a la luz de nuevos problemas, fenómenos emergentes y sugerentes articulaciones entre la cultura (global, urbana, digital) y la comunicación (descentralizada, descorporizada y multitemporal). </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>El enfoque sociocultural en la Comunicaci y la regionalizaci de los Estudios Culturales </H2>

<P>El estudio de las teorías de la comunicación supone un campo de interés amplio como resultado de las diversas formas para organizar su devenir epistemológico en función de su ubicación geográfica, el tiempo de su aparición, la línea de pensamiento que construye y los objetos de estudio que analiza (Craig, 1999; Mattelart y Mattelart, 1997; Miège, 2015; Maigret, 2024). Aunque los ejercicios por construir un panorama de las teorías de la comunicación son importantes, muchas de estas propuestas llegan a generar la idea de dispersión o fragmentación teórica, sobre todo cuando parten de una organización histórico-lineal3 o una distinción geográfica, en vez de apostar por una confluencia temática o afinidad a partir de los postulados que sustentan a más de una perspectiva (Miège, 2015; Peña Serret, 2024). </P>

<P>Dentro de estas propuestas, se encuentra la de Robert Craig (1999) la cual resulta útil para repensar las teorías de la comunicación desde el enfoque y el objeto de estudio, (re)construyendo tradiciones donde diversas escuelas de pensamiento convergen más allá de su cercanía o lejanía espaciotemporal. A través de esta propuesta por (re) </P>

<P>2 Entre las críticas destaca la despolitización que se le recriminó conforme su campo interdisciplinario se desbordó a otros ámbitos que fueron minimizando su potencialidad para transformar la realidad (Fernández Hassan, 2011). Esto, sin olvidar, el reconocimiento y el impulso a los trabajos iniciados por autores como Néstor García Canclini y Jesús Martín-Barbero, que ya habían problematizado la relación comunicación-cultura a partir de los contextos latinoamericanos (Escosteguy, 200; Mignolo, 2003). </P>

<P>3 Una de las problemáticas de esta forma de pensar y enseñar las teorías de la comunicación es la percepción de lejanía conceptual de las escuelas y sus aportaciones para el estudio de los fenómenos contemporáneos. Esto ha resultado de revisitar las escuelas de pensamiento y a sus autores principales sin plantear la continuidad o rastrear evolución teórica de sus aportaciones en el presente, para así mostrar su vigencia analítica y capacidad explicativa de fenómenos contemporáneos. </P>

<P>construir el panorama de las teorías de la comunicación desde las perspectivas que le dan orientación a las formas de explicar la realidad, es posible encontrar de manera más clara las afinidades y discrepancias en cuanto escuelas y autores que abordan los múltiples fenómenos de la comunicación. </P>

<P>A partir de esa posibilidad, la ubicación de los Estudios Culturales británicos se encontraría dentro de la perspectiva denominada ‘sociocultural’ (Craig, 1999, Peña Serret, 2024). Esta perspectiva sociocultural posee los elementos teórico-conceptuales que dan forma a ese campo temático, por un lado, y hace factible la identificación de problemáticas comunes entre escuelas y autores, por otro lado. </P>

<P>En este sentido, un rasgo particular de la perspectiva sociocultural es reconocer y analizar la relación dialéctica entre cultura y comunicación, sin perder de vista el papel que juegan ambos procesos dentro de la (re)producción social (Kellner, 2011; Hall y Mellino, 2011). Siguiendo a Peña Serret (2024), un elemento clave de la perspectiva sociocultural descansa en el acento que se pone sobre los procesos de conflicto, negociación e influencia que se da entre la sociedad y los medios de comunicación masiva (sobre todo en la producción y el consumo de los contenidos desde una perspectiva situada), diferenciando dos niveles: uno enfocado en las industrias culturales y creativas que ha sido trabajado desde la segunda mitad del siglo XX; el segundo con el giro teórico-metodológico que suponen las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en el marco de la globalización. </P>

<P>Sumado a lo anterior, y rescatando la articulación de la comunicación-cultura con los procesos de reproducción social, es posible afirmar que la perspectiva sociocultural pone atención en: </P>

<L>
<LI>
<Lbl>• </Lbl>

<LBody>Cómo las estructuras, las asimetrías de poder y sus respectivas formas de resistencia se dan de manera explícita e implícita a través de las matrices, flujos y prácticas culturales/comunicativas que permean en cada una de las sociedades. </LBody>
</LI>

<LI>
<Lbl>• </Lbl>

<LBody>De qué manera se construye una relación sujeto-tecnología en función de sus usos, procesos de apropiación social y consumo cultural, sin perder de vista su contextualización. </LBody>
</LI>
</L>

<P>En otras palabras, el enfoque sociocultural reconoce y plantea que la cultura y la comunicación sirven como canales mediante los cuales la dominación o emancipación sociales se hacen presentes en un contexto y sociedad determinada (Kellner, 2011; Grossberg, 2012). Y que, dependiendo el sujeto y su contexto, los medios y las innovaciones tecnológicas son incorporadas en la vida cotidiana para ejercer procesos de mediación, multiplicando e incluso revirtiendo los sentidos y los usos diseñados desde el poder (Martín-Barbero, 1987; Silverstone y Haddon, 1996). El carácter ambivalente de la cultura y la comunicación en estos procesos depende justamente de ejercicios de resistencia, negociación y dominio que se articulan con diversas categorías que, al enunciarlas, permiten nombrar sujetos, visibilizar jerarquías, reconocer asimetrías, identificar antagonismos y luchas que se expresan de manera tácita o no, en los contenidos, en la producción/apropiación tecnológica o en la conformación del ecosistema mediático (Hall, 2005). </P>

<P>Por lo anterior, los Estudios Culturales británicos se encuentran insertos en la perspectiva sociocultural de la comunicación; ante el énfasis que se le da a la comunicación y la cultura con la reproducción social, esta escuela de pensamiento -y la perspectiva sociocultural en general-tiende, por naturaleza, a un proceso de regionalización. Esto deriva desde las matrices culturales y las infraestructuras comunicativas que varían entre las sociedades y sus respectivas realidades, por lo que la reproducción social no siempre se da de la misma manera ni bajo las mismas circunstancias o estructuras. Así, la adjetivación territorial de los ‘Estudios Culturales’ responde a la profundidad analítica sobre los procesos sociales, culturales y comunicativos que se erigen en cada uno de los contextos donde esta perspectiva opera. De este modo, en la perspectiva sociocultural podrán encontrarse las versiones adoptadas y adaptadas de los Estudios Culturales en Inglaterra, Estados Unidos y América Latina (Rius-Ulldemolins y Pecourt, 2021; Gutiérrez Morales, 2024). </P>

<P>Aunque esas escuelas de pensamiento comparten un interés común sobre las formas en que la comunicación y la cultura sirven como arena y medio de disputa para el control o la emancipación, en contextos sociohistóricos determinados, cada comunidad ha encontrado formas de diferenciarse de sus homólogas para así reforzar identidades metainvestigativas que pueden llegar incentivar o entorpecer los ejercicios de recreación y reagrupamiento epistemológico de las teorías de la comunicación. </P>

<P>En ese sentido, los recursos empleados para dar autonomía, identidad y singularidad a estas escuelas son variados: desde la temporalidad de su surgimiento, pasando por las razones que motivaron su aparición/formalización en su región o el proyecto a futuro que prefiguran, hasta llegar a marcar diferencias ético-políticas sobre el propio papel del investigador dentro de la producción del conocimiento. Esto ha sucedido, con mayor visibilidad en la vertiente latinoamericana para descartar toda adopción acrítica de las aportaciones hechas por la escuela británica. Mientras que autores como Hall y Mellino (2011) reconocen que la pluralización y la glocalización de los Estudios Culturales es un rasgo natural de este campo porque comparten ‘un objeto de estudio’ constituido por el análisis de las formas en que se manifiesta la relación entre cultura y poder- y una forma de abordaje (in)disciplinada, interdisciplinaria e insubordinada-; para el campo latinoamericano se insiste en reconocer las particularidades entre los supuestos teóricos comunes. Entre esas particularidades destaca la pertinencia de Antonio Gramsci en la conformación teórica del campo, la vigencia de su noción de praxis en tanto forma de transformar la realidad desde un contextualismo radical y las implicaciones de su presencia o ausencia en la producción de conocimiento (Rius-Ulldemolins y Pecourt, 2021; Gutiérrez Morales, 2024). </P>

<P>En cualquier caso, a pesar de estas distinciones, el objeto de estudio permanece unificado, por lo que la perspectiva sociocultural permite renombrar esas diferencias en especificidades que surgen, como el propio campo exige, de la relación entre la comunicación, la cultura y el poder en un contexto situado (Hall y Mellino, 2011). Además de ello, la identificación de dichas especificidades permite mirar lo que otras escuelas proponen para hacer ejercicios de adopción y adaptación conceptual, eliminando los prejuicios y más bien avanzando en la forma de construir una perspectiva acorde al momento, lugar y sociedad en la que se presenta. </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Los Estudios Culturales Británicos Génesis </H2>

<P>Los Estudios Culturales surgen con la creación del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos (CCCS por sus siglas en inglés), en la Universidad de Birmingham, en 1964 (Mattelart y Mattelart, 1997; Mattelart y Neveu, 2004; Rius-Ulldemolins y Pecourt, 2021). El surgimiento de esta corriente abre un camino alternativo a los polos opuestos construidos entre la mirada administrativa promovida por la Mass Communication Research y la crítica pesimista-elitista sobre la industrialización de la cultura que impulsó la Escuela de Frankfurt (Maigret, 2024). Ambas escuelas se muestran irreconciliables en cuanto a la función social de los medios de comunicación y la consecuente cultura de masas, pero comparten la consideración de los receptores como audiencias pasivas, homogéneas y que carecen de procesos de interpelación críticos sobre los contenidos que reciben a través de los medios. </P>

<P>Ante este panorama, los culturalistas ofrecen tres planteamientos clave: el primero deriva de recuperar las aportaciones conceptuales de Antonio Gramsci sobre el papel de la superestructura en los procesos de (re)producción social pues entienden la cultura, las leyes y los valores como componentes que, al articularse, dan forma a una visión de mundo que se legitima bajo ciertas condiciones hasta adquirir un rasgo hegemónico que naturaliza su imposición (Hartley, 1997; Kellner, 2011). Esto permite entender que la cultura más que algo dado e inmutable en realidad opera como una arena de disputa permanente donde existen diversos grupos que impulsan, rechazan </P>

<P>o adoptan visiones de mundo que pueden o no representar sus propias condiciones históricas objetivas (Hall, 2005). </P>

<P>Al reconocer que la cultura es una extensión ideológica de la lucha de clases, es posible reivindicar ese campo para que los grupos subalternos puedan reconocer su posición desfavorable y así imaginar e impulsar otras formas de ser/estar en el mundo (Williams, 1994). Esto politiza la cultura, pero también, y ese es el segundo planteamiento clave de esta escuela, plantea entender que la comunicación juega un papel crucial pues no solo facilita la transmisión y adopción de concepciones de mundo externas y ajenas, sino que los medios operan como instituciones ideológicas que se presentan como neutrales cuando en realidad son parte de una maquinaria de control que legitima jerarquías, naturaliza las desigualdades y renombra a los oprimidos desde el poder (Lull, 2009; Olmedo Neri, 2026). </P>

<P>El tercer planteamiento de los Estudios Culturales británicos está en redimensionar el propio acto comunicativo pues, no solo le devuelve el carácter humano que había sido desplazado por las teorías que reducían el proceso de comunicación a uno de tipo mecanicista, lineal, subordinante, de transmisión informativa y siempre exitoso (Sfez, 2007); sino que este ‘giro’ epistemológico situado le regresa la complejidad ontológica a la comunicación, ya que al contextualizar dicho proceso, se evidencia que las contradicciones, las estructuras sociales y la dicotomía entre la producción/ interpretación de los sentidos distribuidos hacen que la comunicación sea heterogénea y contingente (Maigret, 2024). </P>

<P>Dicho planteamiento es crucial, pues se reconoce que el proceso de comunicación es, en esencia, complejo, que no solo depende de las asimetrías o distancia social, política, económica y cultural entre el emisor y el receptor, sino de los componentes que emplean y los recursos simbólicos o de poder que ponen en juego a la hora de construir sentidos de manera intersubjetiva en las prácticas cotidianas.  </P>

<P>Finalmente, estos elementos serán cruciales pues argumentarán que, contrario a las ideas que permeaban en ese momento histórico, los receptores de los mensajes nunca mantenían un rol pasivo y que más bien, siempre ejercían procesos de negociación, resistencia y adopción mediante la interpretación de los sentidos producidos y en función de un conjunto de experiencias previas (Hall, 2005). Para ello, la escuela hará ejercicios para construir y desarrollar conceptos de alto potencial explicativo y con un fuerte compromiso por el análisis situado, la investigación no elitista y bajo una ética-política sobre el papel del conocimiento en la sociedad (Maigret, 2024). </P>

<P>Aportaciones conceptuales </P>

<P>Dentro de las aportaciones que se producen desde los Estudios Culturales británicos se encuentran: </P>

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<LBody>El rechazo a la distinción entre alta cultura y baja cultura. El origen frankfurtiano de esta escisión conceptual no solo era elitista, sino que negaba la cultura popular como objeto legítimo de investigación social. Esto relegó su importancia y desconoció el hecho de que las clases subalternizadas también producían sus propias culturas (Maigret, 2024). </LBody>
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<LBody>Crítica a la noción de cultura de masas. Al igual que la alta /baja cultura, la cultura de masas disolvía las prácticas de resistencia entre los grupos invisibilizados bajo dicho concepto, obligando a reivindicar que ellos también hacían cultura y que de hecho disputan su legitimidad en contextos, medios y procesos culturales específicos (Kellner, 2011). </LBody>
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<Lbl>• </Lbl>

<LBody>Propuesta del término cultura mediática. A través de este concepto, los culturalistas no solo reconfiguran el papel que tiene el proceso de comunicación en la sociedad, sino que perfilan su carácter técnico como un rasgo societal de tendencia global. Así es como la cultura mediática se impone como “la forma dominante y el lugar de la cultura en las sociedades contemporáneas” (Kellner, 2011, p. 46). Es la cultura mediática la que hoy se impone como un eje directriz tanto en los procesos de socialización (des)territorializados como en la construcción/ejercicio de poder en el proceso de globalización. </LBody>
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<Lbl>• </Lbl>

<LBody>El modelo codificación-decodificación (Hall, 2005). Con dicho modelo, el autor no solo enuncia el papel activo de las audiencias ante un sentido producido que ellos interpretan en función de sus experiencias y condiciones objetivas. Esto provoca distintas lecturas que pueden ser: dominante (cuando el sentido producido es asimilado e incorporado acríticamente dentro de las prácticas del receptor), negociada (cuando dicho sentido es parcialmente asimilado pues el sujeto tiene referentes experienciales que le sirven para contraponer lo ofrecido con lo vivido) y de oposición (resultante de dos procesos paralelos; por un lado el emisor y productor del sentido carece de legitimidad o está en crisis y, por otro lado, la capacidad del receptor en recontextualizar el sentido interpretado para así revelar sus intereses y exhibir sus contradicciones) (Hall, 2005; Rius-Ulldemolins y Pecourt, 2021). </LBody>
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<P>Además de estos postulados que dan paso a una prolífica producción de conocimiento en cuanto al “giro cotidiano” de la investigación comunicación-cultura, es posible observar dos grandes áreas en que los Estudios Culturales británicos trabajan: La vertiente situada y la vertiente de análisis cultural: </P>

<P>La vertiente situada. Esta línea de trabajo se caracterizará por emprender investigaciones sustentadas en trabajo de campo, con el fin de observar in situ cómo los medios de comunicación son incorporados en las dinámicas y los espacios locales/ comunes. Es decir, emplean un enfoque no mediocentrista, pensando los medios como un componente más dentro de prácticas que le son comunes a otros objetos y bajo los cuales se producen sentidos articulados que permiten una mediatización. </P>

<P>Dado su fuerte rasgo empírico, esta vertiente emplea la etnografía como método predilecto, poniendo atención, por su impacto histórico, en las múltiples formas en que la televisión llega a la vida pública y a los espacios domésticos (Morley, 1996; Silverstone, 1996). A partir de estos estudios se analiza la relación que se construye entre sujeto y medio de comunicación, para así observar cómo se manifiestan o (re) producen relaciones de poder mediante la enunciación de categorías como género, raza, etnia y clase social (Morley, 1996). </P>

<P>Dentro de esta vertiente, el modelo general (constituido por la etapa de apropiación, objetivación incorporación y conversión) y el ampliado (al que se le suma la etapa de creación del artefacto, construir al usuario, atrapar al usuario, mercantilización e imaginación) de la domesticación de la tecnología permiten entender las etapas y las implicaciones espaciales y culturales que poseen los medios de comunicación dentro de una serie de dicotomías como la producción/consumo, lo público/privado y el diseño/domesticación (Silverstone y Haddon, 1996). </P>

<P>La vertiente del análisis cultural. La segunda línea de trabajo de los Estudios Culturales británicos ha estado enfocada en el análisis crítico de los textos culturales y los circuitos de información que se producen, distribuyen y consumen a través del ecosistema mediático en proceso de globalización. Contrario a la perspectiva situada, este enfoque apuesta por un acercamiento mediocentrista, reconociendo el papel estructural que tienen los medios y sus contenidos en los procesos de cambio o reproducción social a partir de la cultura mediática (Kellner, 2011; Lull, 2009). </P>

<P>Dentro de esta perspectiva existe un interés explícito por analizar los núcleos ideológicos que se esconden o explicitan a fin de naturalizarlos en la realidad de quienes los consumen sin cuestionar su origen, orden ni lógica (Stevenson, 1998). A través de este tipo de análisis es posible observar la formas clandestinas o encubiertas en que las clases dominantes ejercen presión o resistencia a la reivindicación de grupos subalternos como las mujeres, las minorías étnicas o las disidencias sexuales y de género en el ecosistema mediático (Lull, 2009). Esta vertiente analiza las representaciones mediáticas, las cuales pueden ser conceptualizadas como producciones de sentido hechas desde el poder donde la realidad, las subjetividades y las estructuras sociales son reorganizadas, renombradas y resignificadas para así naturalizar estructuras de desigualdad, perpetuar injusticias en la vida cotidiana o subalternizar a ciertos grupos sociales que carecen de legitimidad en el imaginario social actual (Olmedo Neri, 2026). </P>

<P>En este sentido, las representaciones mediáticas adquieren relevancia porque exponen de qué manera tanto la asimetría de poder como la distancia o antagonismo entre emisores y receptores produce contradicciones y -siguiendo a Hall (2005)- diversas lecturas sobre la representación de la realidad y de los diversos grupos sociales. Es por ello que, el análisis de las representaciones mediáticas resulta crucial, sobre todo en una sociedad interconectada que produce sus propias narrativas a través de nuevas infraestructuras tecnológicas globales que se (re)producen y se sostienen en desigualdades sistémicas entre el Norte y el Sur Global (Leung, 2007; Yúdice, 2008; Olmedo Neri, 2026). </P>

<P>Los análisis interseccionales sobre el reconocimiento de la etnia, la raza, el sexo y el género dentro de la cultura mediática permite evidenciar las asimetrías y cómo la representación no es un resultado del poder, sino que paralelamente es un ejercicio explícito de éste en la vida cotidiana (Leung, 2007; Lull, 2009; Olmedo Neri, 2025). De este modo, esta vertiente pone al investigador en una posición receptora desde donde ejerce lecturas oposicionales para desnudar las urdimbres ideológicas que se confeccionan desde los medios de comunicación revestidos de neutralidad operativa y de sentido. Por su extensión mediática, pero también por su impacto sociocultural, este enfoque ha sido prolífico en los contenidos de la televisión, el cine y el streaming pues analiza de manera crítica las formas en que los contenidos son expresiones de ideologías que se (re)producen a partir de las desigualdades estructurales (Kellner, 2011). </P>

<P>Finalmente, el análisis de las representaciones mediáticas no se reduce a la identificación de patrones o en la construcción arbitraria de narrativas, sino que pone atención en la temporalidad de su producción, en la espacialidad de su distribución y en la contextualización de su consumo a partir del momento histórico en el que estos factores confluyen para crear, modificar o reafirmar estereotipos y con ello, contribuir </P>

<P>o no a los poderes en turno, las violencias estructurales y las visiones de mundo con ciertos protagonismos (Olmedo Neri, 2025). </P>

<P>Vigencia para el análisis de la realidad actual. </P>

<P>Este breve recorrido conceptual sobre los Estudios Culturales británicos nos obliga a plantear si dichas aportaciones siguen siendo vigentes. Y aunque en términos generales se puede afirmar su relevancia, lo cierto es que, como en toda teoría, requiere de intensos colectivos y colaborativos procesos de reflexión y reajuste conceptual, a fin de mantener su capacidad explicativa. </P>

<P>A partir de lo anterior, es posible observar que las condiciones actuales que operan en América Latina y el Caribe estimulan el (re)visitar estas propuestas, para vislumbrar su vitalidad analítica y su capacidad explicativa hacia fenómenos contemporáneos que ocurren en la región. Estas condiciones se reafirman con la ampliación de la agenda investigativa en comunicación dentro de la región, pues en sus inicios, dicha agenda priorizó el análisis de los medios y el poder, la construcción de monopolios, el papel de la comunicación alternativa y las posibilidades de pensar el derecho a la información desde una perspectiva situada. </P>

<P>Actualmente, es posible identificar que a esas líneas de investigación se han sumado otras que ponen atención en la perspectiva de género, que integran la perspectiva decolonial y otras más que ponen el foco en los procesos de apropiación en grupos específicos como las mujeres, las comunidades indígenas, las personas LGBTIQA+ y las juventudes latinoamericanas y caribeñas. </P>

<P>Así, el esfuerzo de los culturalistas no debería ser cuestionado solamente por su ubicación geográfica, sino por su vigencia analítica en contextos marcados por la polarización, la desigualdad estructural y el ascenso de proyectos político-ideológicos sustentados en la producción/distribución/consumo de narrativas polarizantes, de odio y resentimiento contra los grupos históricamente marginados que hoy han recuperado parte de sus derechos4. Dicho de otra manera, en los tiempos actuales y bajo el actual proceso de globalización cultural se exhibe con mayor visibilidad la lucha por obtener y monopolizar el derecho a la palabra. Quien sea capaz de concentrar el poder narrar el mundo podrá nombrar, reordenar y (re)significar la realidad, la sociedad, sus valores, ideales y estructuras, por lo que recuperar las aportaciones sobre cómo la apropiación de la tecnología promueve estas dinámicas y cuáles son los sentidos que disputan en la cultura (digital) hacen evidente la necesidad de revisitar estos planteamientos. Si no </P>

<P>4 El creciente impacto de los discursos de odio que circulan en Internet y las emergentes comunidades creadas alrededor del odio han mostrado que el acento democrático y optimista que se le adjuntó al espacio digital desde la década de los noventa del siglo pasado solo fue una arista. Esta configuración de nuevos sentidos obliga a replantear el papel de la cultura digital en contextos de tensión y conflictos intra e interculturales, donde los sentidos producidos y distribuidos legitiman acciones que transcienden la tecnología para anclarse en espacios y prácticas de la vida cotidiana. </P>

<P>se presta atención a la batalla cultural que se libra actualmente, es posible errar en las formas de hacer frente, de manera efectiva, a las batallas políticas que hoy disputan el sentido de sus discursos y acciones. </P>

<P>Entre los primeros ejercicios de revitalización se ha encontrado un interés en poner el modelo de domesticación de la tecnología bajo nuevas revisiones y teorizaciones, producto de la revitalización del espacio doméstico en la vida cotidiana -sobre todo con la pandemia de COVID-19-, la desintegración progresiva de las fronteras entre lo íntimo, lo privado y lo público, así como por los esfuerzos de explicar nuevos dispositivos como las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) desde dicha propuesta teórico-analítica (Sandoval, 2022). </P>

<P>Es posible encontrar el interés por adoptar y adaptar el modelo para explicar no solo la espacialidad doméstica del celular, el Internet y la computadora, sino aproximarse a su constitución interna en términos de hardware y software. Existe un conjunto de nuevos usos y sentidos que operan dentro de las TIC y los Estudios Culturales británicos ofrecen herramientas conceptuales que pueden ampliar los procesos de análisis ya desarrollados. Sumado a esto, la vertiente situada enfrenta una ampliación y complejización de los fenómenos investigados, pues la convergencia digital ha reconfigurado los medios tradicionales -adjudicándoles inteligencia- para así transformar las prácticas ya afianzadas dentro del consumo cultural. </P>

<P>En el caso de las representaciones mediáticas, el proceso de digitalización y convergencia mediática han reavivado su estudio sobre todo ante las asimetrías centro-periferia y urbano-rural que deriva de la globalización, así como el papel creciente de las audiencias en los flujos informativos y culturales (Padilla de la Torre, González Hernández, Heram y Inzunza Acedo, 2026). Por ejemplo, en el contexto actual del Video on Demand (VoD) es posible observar una disputa entre capitales nacionales y extranjeros por concentrar el mayor número de audiencias activas en sus respectivas plataformas para desplegar modelos de negocio que monetizan la interacción entre usuarios y contenidos (Olmedo Neri, 2025). </P>

<P>Esta contienda ‘material’ sobre el modo de producción de contenidos estimula luchas ideológicas a través de las representaciones mediáticas en dos sentidos: el primero es que la hegemonía que se construye sobre las representaciones mediáticas está reafirmando una visión de mundo que reivindica, a su vez, la realidad de los países centrales como modelo a seguir, invisibilizando otras realidades y estimulando la aspiración en vez de la transformación social. Esto no solo robustece los estereotipos, sino que abre una nueva etapa en la lucha: no sobre si los grupos subalternizados son enunciados o no, sino de qué manera están siendo representados y qué papel juegan las categorías como raza, etnia, orientación sexual e identidad de género en la construcción de dichos sentidos (Leung, 2007; Olmedo Neri, 2025). </P>

<P>Por otro lado, se encuentran las nuevas disputas sobre las representaciones mediáticas que reivindican a grupos subalternos/subalternizados en contextos sociopolíticos que progresivamente se inclinan hacia la derechización y al neoconservadurismo de la vida cotidiana. Los avances en materia política, social y cultural que han conseguido algunos grupos históricamente vulnerados en América Latina y el mundo, como las mujeres o las disidencias sexuales y de género, hoy se encuentran amenazados por la proliferación de representaciones mediáticas sustentadas en discursos de odio en Internet, por un lado, y del avance de proyectos ideológicos conservadores y moralizantes que están generando paranoia en la población al resignificar negativamente categorías como raza, género, etnia, orientación sexual y clase social, por otro lado. </P>

<P>Tal es el caso en Estados Unidos donde se ha iniciado una campaña para secuestrar y resignificar el sentido de la ‘libertad’, con el propósito de deslegitimar el avance feminista y LGBTIQA+ mediante su agrupamiento en el concepto woke y su consecuente resignificación negativa como un proyecto que contamina, desacredita y entorpece el desarrollo social, las buenas costumbres y el orden público. Este escenario, aunque particular, está cobrando eco en diversos países de América Latina y el Caribe, como Argentina o El Salvador, por lo que se requiere poner atención en cómo las infraestructuras nacionales y los flujos globales promueven que los proyectos políticos-conservadores ganen terreno en esta región del mundo. </P>

<P>Estos nuevos conflictos intra e interculturales (Gutiérrez Estévez, 2011) son parte de la lucha en la que los Estudios Culturales, sean británicos o no, deberían prestar atención para así ofrecer explicaciones que refirmen el campo de la cultura y la comunicación como una arena de disputa simbólica -ahora global-en la que los sujetos pretenden avanzar para cumplir sus antagónicos objetivos. </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Conclusiones </H2>

<P>Se realizó una revisión teórica sobre los Estudios Culturales británicos, para evidenciar sus aportaciones y reafirmar el lugar que poseen dentro de las teorías de la comunicación. Su génesis, la contribución que hacen sobre el pensamiento comunicacional desde la segunda mitad del siglo XX y la forma en que establecen un vínculo entre comunicación y cultura ubica esta escuela de pensamiento como clave en la formalización de estudios donde ideología, poder y resistencia aparecen dentro de prácticas, consumos y matrices culturales heterogéneas, contingentes y atravesadas </P>

<P>o intervenidas por la comunicación, sus dinámicas y estructuras. </P>

<P>De allí que revisitar los Estudios Culturales británicos en los tiempos actuales resulta estimulante porque no solo muestra que sus aportaciones han impulsado el desarrollo de otras teorías como la Decolonial y la Queer, sino que ofrece elementos para redimensionar el papel de la comunicación y la cultura tanto en los viejos como en los nuevos medios. </P>

<P>Finalmente, recuperar sus conceptos y recontextualizar sus postulados en tiempos de incertidumbre y ante el ascenso de proyectos neoconservadores resulta crucial para comprender que ni la comunicación ni la cultura son ajenas a estos fenómenos. De hecho, los medios y las TIC juegan un rol estratégico en la producción, distribución y legitimación de discursos de odio para la creación de nuevas audiencias activas motivadas en la lucha por un poder que asumen perdido ante el avance progresista del Estado de derecho sobre grupos históricamente vulnerados como las mujeres, los grupos étnicos y las disidencias sexuales y de género. </P>

<Sect>
<H2>Referencias bibliográficas </H2>

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