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</bookmark-tree>

<Part>
<H1>John Oliver y las virtudes latinoamericanas </H1>

<P>Luis Felipe Valencia Tamayo1 </P>

<P>Fecha de recepci: 29 de agosto de 2024 - Fecha de aprobaci: 7 de diciembre de 2024 </P>

<P>Valencia Tamayo, L.F. (2024). John oliver y las virtudes latinoamericanas, escribanía, v22i2 
<Link>https://doi.org.10.30554/escribania.v22i2.5242 </Link>
</P>

<Sect>
<H2>Resumen </H2>

<P>Durante el año 2014 se estrenaba en el servicio de televisión paga un revolucionario programa llamado Last Week Tonight with John Oliver. Con las bases propias del humor político que exige al público un interés por la historia, la filosofía, las ciencias políticas, la antropología y la sociología, el presentador del programa, el señor John Oliver, se lanzaba a brindar una nota de irreverencia sobre lo que está ocurriendo en el mundo y cuántos problemas, tristezas, chistes y payasadas acontecen todos los días en este planeta. Desde entonces, Oliver y su equipo se han convertido en un aliento crítico ante la insolencia de muchas de las instituciones sociales y los males que aquejan a países, gobiernos e individuos que no entienden sus transformaciones ni las de los demás. Este texto surge en la pesquisa de las señales que John Oliver dio sobre Latinoamérica en aquel primer año de su programa de televisión. </P>

<P>Palabras clave: Last Week Tonight with John Oliver, humor político, televisión, Latinoamérica, corrupción. </P>

<P>John Oliver and Latin American virtues </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Abstract </H2>

<P>During 2014, a revolutionary program called Last Week Tonight with John Oliver premiered on the pay television service. With the bases of political satire that demands from the audience an interest in history, philosophy, political science, anthropology and sociology, the host of the program, Mr. John Oliver, launched to provide a note of irreverence about what is happening in the world and how many problems, sadness, jokes and nonsenses happen every day on this planet. Since then, Oliver and his team have become a critical breath in the face of the insolence of many of the social institutions </P>

<P>1 Luis Felipe Valencia Tamayo, escritor, profesor de Literatura y Humanidades en la Universidad de Manizales. Magíster en Filosofía de la Ciencia y del Lenguaje (Universidad de Caldas), con intereses investigativos en el arte, la filosofía, la historia, los lenguajes, la literatura, la sociología, entre otros. Correo electrónico: lvalenciat@umanizales.edu.co  
<Link>https://orcid.org/0000-0002-3798-3587 </Link>
</P>

<P>and the evils that afflict countries, governments and individuals who do not understand their transformations or those of others. This text arises from the research of the signals that John Oliver gave about Latin America in that first year of his television program. </P>

<P>Keywords: Last Week Tonight with John Oliver, political satire, television, Latin America, corruption. </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Introducci </H2>

<P>En la comprensión del mundo que pasa por este siglo veintiuno, difícilmente puede dejarse por fuera el papel de la televisión y sus productos como espejo que resuena con un público que, a veces, sabe responder con juicio a las propuestas. Por lo mismo, cada vez los articulistas, ensayistas e investigadores nos sentimos —de acuerdo a nuestros programas— más afines a rastrear ese fenómeno con inquietud, ánimo revelador, preocupación o alegría. En uno de los ensayos recientes, Miquel Peralta (2012) habla de los nuevos tratamientos que adquiere, incluso, el manejo de la información y las curiosidades que fomentan la interactividad, las redes sociales, los temas virales y las convergencias entre noticias y entretenimiento con una latente posibilidad de que todo cambie en un santiamén y el público participe de un modo inmediato. Las variantes entraron a la palestra y, mal que bien, las mezclas han resultado un enriquecido modo de entender también la sociedad contemporánea. </P>

<P>Entre los puntos fascinantes de esos productos, aparecieron nuevos modos de entender la noticia y también de acercarse a los temas que entran a la mesa de debate. Los talk shows crecieron en el marco de una televisión que se acercaba a los protagonistas de la cultura y también al público mismo como fuente de indagación. “Neotelevisión” es un concepto utilizado en este campo del producto. Así lo describe la profesora Cristina Vera (2021). </P>

<P>La neo-televisión ha sido vinculada frecuentemente con la entrada de la lógica de mercado al sistema televisivo. Se podría decir que la neo televisión supuso la ruptura del modelo monopolístico y la constitución de nuevos criterios, fundamentalmente económicos, para la producción de formatos y programas, así como novedosas modalidades de consumo. En que la vida privada de la gente, ocupa un lugar central, también el carácter morboso de presentarla. </P>

<P>Más allá de los prefijos y de los rótulos con los que podemos beneficiarnos de esas categorías del análisis televisivo, es bueno sumarse a la aproximación de esos enfoques a la luz, también, de lo que podemos hacer al comunicar lo que vemos y lo que conectamos como consumidores y académicos. Si cabe, ofrecer una carta de validación de productos que, a pesar de los sesgos que habitualmente se tiene hacia la televisión, resultan completas obras del ingenio, la crítica y el buen humor para entender la realidad. </P>

<P>En el desarrollo de la televisión que se impuso como modelo desde los Estados Unidos, los programas de entrevistas y de divulgación han tenido también un soporte en el humor y la sátira. Esa historia puede resumirse rápidamente para afincar nuestras reflexiones en el caso que aquí planteamos. La teatralidad, el circo, el vodevil, los espectáculos nocturnos de muy variada temperatura emocional, buscaron su lugar en la caja familiar con antena que parecía se iba a tomar el mundo desde los años cuarenta y cincuenta del siglo veinte. No fue sencillo, obvio. La censura y los reproches de la política ante lo que se podía proyectar en la televisión ponían la moralidad como escudo para todo tipo de proyecto de “entretenimiento”. Y si bien este no es el artículo para profundizar en esa historia, para llegar al año de estreno de Last Week Tonight with John Oliver, en el 2014, muchas batallas tuvieron que librarse y muchas líneas jurídicas debieron escribirse. </P>

<P>Esa guerra la comenzaron a librar hombres y mujeres que cada semana buscaban audiencia en diferentes lugares de las grandes ciudades. El espíritu cómico y teatral se prestaba para que, entre bebidas y cigarros, la gente asistiera a pasar una velada con un toque de irreverencia y humor de muy distintos colores. Esos mismos muchachos que llamaron la atención de ese nuevo público encontraron cabida en escenarios no del todo televisivos, como en los vinilos (grabando sus sesiones y chistes) y en los videos de alquiler para formatos un poco más privados, como el betamax y el VHS. Y así saltaron a la fama personajes que encontraban en cada coyuntura una oportunidad para la provocación. </P>

<P>Un programa que termina siendo una especie de crisol para toda esta historia es el ampliamente conocido Saturday Night Live (1975). El punto de encuentro de una comunidad de selectos comediantes hallaba un lugar en la televisión estadounidense y se convertía en el trampolín para que, de acuerdo a cada origen, trayectoria y talento, todos pudieran bogar algo del aire del clásico sueño americano de fama, cine, excesos, poder e influencia. No faltarían en una ventura de tantos años de trayectoria, los guiños y los chistes, altamente estereotipados, sobre lo que ocurría en Latinoamérica, pero todo se reducía al planteamiento de la parodia sobre cómo son percibidos, y por las márgenes, los emigrantes de los países del sur del continente. </P>

<P>En el cine, Woody Allen había ya acercado, en su ojo crítico, una visión sobre lo que parecía ser Latinoamérica en el filme Bananas (1971). En este se ridiculiza la vida de los países “tropicales” que, bajo el ficticio pueblo de San Marcos, no tienen mucho que hacer, más que esperar lo que la guerrilla decida por ellos. La noción de repúblicas bananeras, si bien no es propia del escritor y director de cine norteamericano, sí hace alusión precisamente a una condición de los pueblos latinoamericanos, algunos caribeños, anclados a una corrupción que no da tregua y a unos líderes que se acercan en sus modos de actuar a los payasos. Fue el escritor William Sidney Porter (o conocido por su seudónimo como O. Henry) quien dio destino al concepto “bananas” en su más representativo libro de cuentos: Cabbages and Kings (original de 1904) </P>

<P>Con el arribo de The Daily Show (1996), los años noventa del siglo pasado perfilaron el desarrollo mucho más punzante de espacios para la tribuna crítica sobre la política y —no podía perderse el cauce—, para los mismos medios de comunicación, fieles proveedores de muchas de las dosis de humor diario de cuenta de sus torpezas e imprudencias. De hecho, John Oliver se formó en el grupo de escritores detrás de la producción de The Daily Show. Y no solo él, por ese espacio ha pasado un buen número de talentosos comediantes dispuestos a sacarle mucho filo a sus lápices. </P>

<P>Con el paso del tiempo y la evolución de los recursos técnicos y las plataformas de televisión, el nicho para la sátira se hizo mucho más amplio y la censura mucho menos posible. En últimas, ésta llega a depender de lo que en su momento George Orwell calificó como autocensura: el hecho de que ya no haya una limitación política y que sean los mismos medios los que quieran guardar las apariencias. El siglo XXI atrae una imperiosa forma de entender el papel de los medios de comunicación y de las audiencias en la comprensión de lo que se dice, se critica, se ridiculiza y se “autocensura”. </P>

<P>Y por lo mismo, la cuota de apreciación de lo que ocurre en países distintos a los Estados Unidos se ha hecho mucho más amplia. La oferta de los nuevos canales creció y en su incremento la audiencia sale recibiendo críticas y parodias cada vez más cercanas, a despecho de que vengan desde los Estados Unidos. Un público juvenil, tal vez en el cansancio propio de las nuevas generaciones ante los formatos clásicos de la televisión, se acerca ahora a los segmentos en los que se les dice algo que sea mucho más personal y cercano en un indestronable modo de entender la realidad: el humor. </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Co se gesteste texto </H2>

<P>Mi primer acercamiento a John Oliver fue —como muchos de los fenómenos que ocurren en este momento de la historia— fruto de un video que se hizo “viral”. Uno de mis estudiantes me compartió al correo electrónico una crítica a la FIFA que había visto realizada por un divertido presentador de televisión. Se acercaba el Mundial de fútbol de Brasil 2014 y el planeta Tierra comenzaba a contagiarse de la ansiedad que brota ante la, tal vez, más apabullante competencia deportiva de la humanidad. Y ese video era realizado por un hombre paliducho, de gafas de marco negro rectangular, cabello negro corto, y aunque con traje, la corbata le resaltaba sobre una camisa tipo mantel de picnic de pequeños cuadros azules y negros. Ese era John Oliver. </P>

<P>Mucho gusto, parecía decirle a su teleaudiencia con una confianza que superaba su imagen de tipo con aire de nerd. Al fondo, la panorámica de una ciudad en la noche. Parecía una ciudad en su conjunto, pero recogía diferentes imágenes de grandes edificaciones como si compartieran el mismo asfalto. Como si esa imagen jugara con la intención de ofrecer veracidad en algo que no era realmente la experiencia del mundo: la unidad. Pero también, como se ha hecho desde que se inventaron los telediarios, el fondo simboliza la noción de que allí se cubre la generalidad de nuestro planeta y, como parecían ser unos rascacielos, también podía ser un mapamundi extendido o el mundo visto desde la altura. Con el tiempo, John Oliver iría generando su propio efecto en la crítica y en el público, como bien lo ha reseñado Rosemary Rossi (2024) en las páginas de la revista Variety: </P>

<P id="LinkTarget_147">What do you call a man who has 19 Emmys, nine Producers Guild Awards, seven WGA Awards, three Peabodys, a Grammy and whose political satire has influenced U.S. legislature? Certainly not “just another comedian.” John Oliver is all that and more.2 (Rosmery, 2024) </P>

<P>El personaje, hasta entonces desconocido, comenzaba su disertación con una atractiva argumentación. “I would like to talk to you about the sausage principle, the theory that says ‘if you love something never find out how it was made’. Tonight, I would like to show you my sausage”3. Y el público comenzaba una ligera ovación cautivado por el doble sentido de lo que decía Oliver4. Solo fue avanzar 13 minutos </P>

<P>2 “¿Cómo le decimos a un hombre que ha ganado diecinueve premios Emmy, nueve premios del Gremio de Productores, siete premios del Sindicato de Guionistas, tres Peabodys, un premio Grammy y cuya sátira política ha tenido influencia en la legislación estadounidense? No lo decimos, simplemente, “un comediante más”. John Oliver es todo ello y más”. Rossi, Rosemary (2024): “How John Oliver Mixes Comedy and Serious Issues When There’s So Much Crazy ‘Low-Hanging Fruit’”. En: Variety, 23 de agosto. https://variety.com/2024/tv/awards/ john-oliver-last-week-tonight-mixing-comedy-politics-emmys-1236109046/ </P>

<P>3 “Me gustaría hablarles del principio de la salchicha, la teoría que dice que ‘Si algo te encanta, entonces jamás averigües cómo se hace’. Esta noche, quiero enseñarles mi salchicha”. Last Week Tonight with John Oliver, emisión del domingo 8 de junio de 2014. </P>

<P>4 Curiosamente, una comediante que llegó después, en el 2016, Samantha Bee, tomaría el juego de palabras con la palabra salchicha para burlarse de la comedia del tipo The Daily Show y Last Week Tonight with John Oliver enfatizando que ella no venía a ser una salchicha más. La propuesta de Bee surgía también de las entrañas del programa padre de todos los demás en esta fórmula de sátira política: The Daily Show y el humor sexual y los golpes bajos afloraban en un espíritu mucho más feminista.  </P>

<P>en el video para percatarme de que realmente allí, con ese personaje, con la sencillez de su programa, ocurría algo importante. Desde ese momento, seguí a John Oliver por donde me llevara, como si fuera un alma gemela que me guía en el mundo de la orfandad noticiosa, pero demostrándome a mí y a los millones de espectadores alrededor del mundo, que había mucho por ver, detallar e indagar en medio del bullicio y la “hipermedialidad” (esta palabra se la escuché a un periodista hace unos días) de estos años. </P>

<P>La salchicha que le encanta es el Mundial de fútbol, y Oliver, como todo un atrevido, desafiaba graciosamente el mentado “principio de la salchicha” para mostrarnos que, aunque el planeta entero ame el fútbol y su más grandiosa competencia, algo que no queríamos ver, o que nos ocultan, está allí en el proceso de brindarnos ese producto. </P>

<P>La FIFA dejaba de ser la Federación Internacional de Fútbol Asociado y se convertía, en los labios de Oliver, en una organización “grotescamente cómica”. Era el momento, sí, en solo pocos minutos, de desnudar a los viejos mañosos que hicieron de la fiesta del Mundial el hervidero de sus miserias, avaricias e hipocresías5. Esos minutos son gloriosos para aquellos que gustan de salir de vez en cuando de la caverna y se permiten el incómodo malestar de lo que la cultura —y nosotros mismos— evita conocer a fondo porque creemos que lo que desconocemos no nos hará daño. </P>

<P>Comencé a devorar los capítulos que me había perdido del programa de John Oliver previos al arribo del Mundial del año 2014. El show no llevaba muchos episodios, así que esa fue una labor sencilla en la que me tomé el gusto de comenzar a ver, disfrutar y estudiar, una y otra vez, lo que el presentador británico señalaba como problema, anécdota, información, reivindicación del panorama del mundo. El desconocido John Oliver pasó a un lugar de honor entre quienes ofrecen una visión del mundo contemporáneo para matizar su locura, inequidad, injusticia, doblez, falsedad, apariencias y, sobre todo, el disparate de sus políticos y líderes, las trampas y ocurrencias de las relaciones internacionales, y las idioteces que pueden surgir de las plataformas más altas de la ciencia, el arte, la cultura y la academia. </P>

<P>Last Week Tonight with John Oliver busca convencernos de que, con la gracia que el humor y la sátira pueden brindar, la humanidad completa un sentido necesario de realidad ante lo que es la tragedia de la historia. </P>

<P>Cuando continuamente se habla de “dar debates serios” en el panorama de la política, la sociedad, la cultura y hasta la educación, John Oliver propone una al</P>

<P>5 Una serie latinoamericana también ha logrado explorar, desde las licencias propias de la ficción y con el ánimo </P>

<P>de reflejar lo que ha ocurrido en el denominado FIFA Gate, la corrupción enraizada en las federaciones de fútbol </P>

<P>y sus dirigentes. La serie está también en un operador de servicio de televisión y se titula El presidente (2020). </P>

<P>ternativa incómoda pero profunda: la burla descarnada ante lo que no está bien. Y no está bien, precisamente, porque ha sido mal planteado, porque defiende a “los mismos”, el poder, la corrupción —que siempre sale a hacer campaña en contra de sí misma—, porque condena las ideas del conocimiento y hasta del periodismo que se han quedado como cómplices del subdesarrollo y la inconsciencia. Vale la pena burlarse, es lo mínimo. </P>
</Sect>

<Sect>
<H2>Brasil el blanco más amplio </H2>

<P>En el cuarto programa de su primera temporada (2014) se hizo mención, por primera vez, a un país latinoamericano. El blanco de las sátiras fue —como no podía ser lo menos gracias a su tamaño— Brasil. Con un ambiente político enrarecido ante acusaciones de corrupción al ex presidente Lula y a la presidenta Dilma Rousseff (al mando del gigante país suramericano entre 2011 y 2016), John Oliver se sirve de fragmentos de la información noticiosa que llega desde el sur para cuestionar lo que en Brasil ocurre: </P>

<P>The protesters want to forcibly remove their president and, as Brazilians know well, you don’t want to remove something slowly and methodically, you want to do it quickly all at once. The Brazilian legislature is moving to impeach President Rousseff, although they may not be in a great position to judge, given that 60% of them face criminal charges of some kind, ranging from electoral fraud to homicide. And, think about that, the Brazilian legislature potentially contains 40% fewer criminals per capita than the Brazilian prison system. But Rousseff latest trouble concerns her predecessor, Lula da Silva, and his connection to the ongoing investigation into bribes and kickbacks at Petrobras, Brazil’s state-run oil company. And, incidentally, is there ever a state-run oil company that is not corrupt? The only two words the more inherently suspicious than “state-run” are “oil company”.6 </P>

<P>Tras esta concisa y dura presentación de la situación en Brasil, llega uno más de los elementos involucrados en el método de trabajo de John Oliver y su equipo: los juegos </P>

<P>6 “Los manifestantesquieren destituir por la fuerza a su presidenta y, como bien saben los brasileños, no se quiere hacer lenta y metódicamente, se quiere hacer rápido y de golpe. La legislatura brasileña se está moviendo para destituir a la presidenta Rousseff, aunque puede que no estén en una gran posición para juzgarla, dado que el 60% de sus miembros se enfrenta a cargos criminales de algún tipo, que van desde el fraude electoral hasta el homicidio. Si lo piensas bien, la legislatura brasileña contiene potencialmente un 40% menos de criminales per cápita que el sistema penitenciario brasileño. Pero el último problema de Rousseff tiene que ver con su predecesor, Lula da Silva, y su conexión con la investigación en curso sobre sobornos y comisiones ilegales en Petrobras, la petrolera estatal brasileña. Y, por cierto, ¿hay alguna petrolera estatal que no sea corrupta? La única palabra más sospechosa que «estatal» es «petrolera».” Last Week Tonight with John Oliver, emisión del domingo 18 de mayo de 2014. </P>

<P>de palabras. Quedémonos con ese juego en inglés de “dos palabras inherentemente sospechosas”: “del Estado” y “compañía petrolera”, porque Oliver luego agrega que se le ocurren otras parejas más bien risibles, como: “relación abierta”, “bien hablado”, “remedio homeopático”, “padre-hija” y “sushi barato”. </P>

<P>El jugoso contenido de la corrupción no es desaprovechado por el comediante británico para acentuar los problemas históricos, endémicos de la vida latinoamericana. Cada movimiento de los mandatarios es mirado con irreverencia para deshacer la habitual mirada de grandeza que, en general, todos los políticos quieren vender al notarse rodeados de miles de fanáticos7. </P>

<P>Muchos son los textos y análisis que se producen a partir de lo que resulta ser el manejo amañado del poder en los países latinoamericanos. Los contextos de nuestra corrupción, además de históricos, deshacen toda semilla de confianza sobre las clases dirigentes. Sería muy sencillo todo si, a la cárcel con los corruptos, también se fuera la corrupción, pero no ha sido así. </P>

<P>El tiempo que pasó entre esta sátira sobre Brasil del 18 de mayo y lo que se diría después, con la lupa puesta sobre el Mundial de fútbol de Brasil 2014, es de veintiún días. Escasos días para preparar un arsenal de dardos acerca de la organización del evento, la complicidad del gobierno, la corrupción imperante en la FIFA y la reprobable inversión de los dineros en los estadios para las ciudades brasileñas. </P>

<P>En países en los que sus ciudadanos tienen como pauta de acción salir a las calles a reclamar, protestar y hasta atacar los bienes públicos, Brasil salía a las avenidas a manifestarse en contra del excesivo costo del Mundial. Raro caso, pues en este país, como en tantos otros, el fútbol es una religión y, por ende, puede pasar de agache ante el derroche de sus organizadores. </P>

<P>A propósito de su origen británico, John Oliver también se siente muy cercano al fútbol. Lo ama. Pero, él mismo advierte: “Lastimosamente el Mundial es organizado por estos tipos, los de la FIFA”8. Metódicamente, Oliver toma las noticias y sus fragmentos para, a partir de aquéllas, apuntar sus energías cómicas sobre la situación. “Extraño —dice—, no tiene sentido que a los brasileños los haga </P>

<P>7 Los productos latinoamericanos y brasileños en torno a la corrupción (o la defensa misma de los acusados) suelen tener un tipo de narración y montaje ajeno por completo a la sátira sobre los casos. En medio de los casos vividos por los ex presidentes Lula da Silva y Dilma Rousseff, destacan los trabajos documentales El proceso (2018) y La democracia en peligro (2019) que, a su modo, siguen el drama de las acusaciones, las destituciones y los bandos que se enfrentan en la particular política suramericana, en este caso, ejemplificada por la sociedad brasileña. </P>

<P>8 Last Week Tonight with John Oliver, emisión del domingo 8 de junio de 2014. </P>

<P>infelices ser los anfitriones de la copa mundial del deporte que más aman”9. Pero las cifras son escalofriantes: se invirtieron más de once mil millones de dólares10. Muchas cosas comienzan a oler mal aquí una vez que se ve a la FIFA como regente de un mercado que en nada aprovecha a los mismos brasileños, con todo y que éstos amen el fútbol. </P>

<P>Brazil, let me put this in terms you might understand. Think of money as pubic hair and FIFA as wax. They are going to be all over you during the World Cup, but when they go they’re taking all the money with them including some from places you didn’t even know you had any money, leaving you teary eyed going “Jesus, what happened here!”.11 </P>

<P>La contundencia de la analogía no deja lugar a la reprobación, y es como si de ese mismo modo lo hubieran notado los brasileños que salieron a manifestarse en las calles de su país. Estos países, los latinoamericanos, no dejan espacio para los términos medios y es por ello que contradicciones, como la que destaca Oliver sobre Brasil y su mundial, son parte habitual de nuestras noticias. A veces solo basta que alguien nos las señale (las contradicciones) para que nos percatemos mejor de su existencia. Y a pesar de todo, el mundial se realizó, Brasil no fue el campeón —eliminado con una de las derrotas más calamitosas de su historia: el 7-1 que le propinó Alemania el 8 de julio—, el malestar social continuó, quedaron grandes estadios para lugares inhóspitos como Manaos, y la FIFA y sus patrocinadores se llevaron todo el dinero. </P>

<P>Un mundial como el de Brasil sirvió para poner sobre la mesa el lugar común de todos los países latinoamericanos como espacio para que otros, de otros lados, de otras lenguas, vengan a servirse de nuestras riquezas y aquí, simplemente, la política de bolsillo, autorice todo con mórbidas sonrisas para las portadas de la prensa. El tiempo se encarga de mostrarnos que, en contextos de la bellaquería política, la rueda sigue girando con las mismas repeticiones y que, aunque cada nueva generación quiera insertarse y ponerle un palo a la historia de siempre, su modo de arraigar ese mismo movimiento termina imponiéndose con triste soberanía. </P>

<P>9 Ibídem. 10 Se debe tener en cuenta en el manejo de estas cifras que la traducción que se hace procede la palabra “billions” en el planteamiento original, es decir, son más de “11 billion dollars”, pero que la diferenciación en el manejo de billones en español y billones en inglés nos lleva a plantear 11 mil millones de dólares como la cifra correcta en nuestra lengua.   11 “Brasil, déjenme que ponga esto en términos que ustedes puedan comprender. Piensen el dinero como vello púbico y en la FIFA como cera. La FIFA se pegará por todas partes durante el Mundial, pero, cuando se acabe, se llevará todo el dinero que había allí incluyendo el de lugares que no pensaron que hubiera, dejándolos con la mirada llorosa y expresando: Dios, ¡qué pasó aquí!”. Ibídem. </P>

<P>John Oliver no tuvo que agudizar su ojo crítico para sacar la caricatura que resultó ser la organización y la corrupción de Brasil para su mundial, solo echó mano de lo que aquí siempre olvidamos, incluso cuando lo mencionan en las noticias. </P>

<P>El periodista Andrew Jennings (2015) también lo ha dicho con una contundencia mucho más escalofriante: </P>

<P>A los detenidos, y a los que temen serlo, les tomará tiempo comprender que hicieron algo malo. Los sobornos y las comisiones ilegales por contratos han sido lo habitual desde que un hombre relacionado con la mafia, João Havelange, asumió como presidente en 1974. El deporte más popular del mundo ha sido cada vez más controlado desde la cima por maleantes sin moral, muchos de ellos con impresionantes trajes de lujo de la FIFA.12 </P>

<P>Y para completar el marco de referencias latinoamericanas, y amén del Mundial, uno de los jugadores más reconocidos de la década, el uruguayo Luis Suárez, comete una de las faltas más impactantes de la historia del fútbol: muerde con sevicia a un jugador del seleccionado rival, en este caso, de Italia. Giorgio Chiellini pasaría a la historia de los mundiales como el jugador al que Suárez dejó las marcas de sus dientes en la parte posterior de su hombro izquierdo. La jugada resultó ser no solo una vergüenza para “el mordelón”, sino también un punto de arranque para una nueva forma de registrar y validar los temas legales en el juego. </P>

<P>Después del Mundial de Brasil, morder a otro jugador entraría a ser una acción de inmediata tarjeta roja, y en el nuevo tipo de arbitraje, bajo lo que sería después el uso del Video Assistant Referee (VAR), una falta que acarrearía la suspensión del partido para que el juez central vaya a ver lo que tal vez perdió de vista. Morder no es una acción habitual de un juego como el fútbol —aunque las patadas y las trompadas sí tengan mayores estadísticas— y por lo mismo, Suárez se apuró a decir que simplemente perdió el equilibrio y cayó de ese modo singular sobre el hombro de su colega. John Oliver afilaba su humor con el siguiente comentario: </P>

<P>He bit that human being and, in his defense, that is one delicious piece of prime Italian steak he’s tucking into right there. Incredibly, this is actually the third time that Suárez has done this. If he bites seven more people he gets a free person. But Suárez did not leave the World Cup without also scoring the excuse of the tournament. […] That makes complete sense, </P>

<P>12 Jennings, Andrew (2015). FIFA. La caída del imperio: El libro que anticipó el mayor escándalo de corrupción del fútbol mundial. Bogotá: Penguin Random House, Aguilar. p. 19. </P>

<P>it’s just like someone claiming they ruined their diet because they tripped and fell face first into an entire cheesecake.13 </P>
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<H2>Argentina, otra carta mundialista </H2>

<P>Si los representantes suramericanos más soberbios en la historia del fútbol y sus mundiales tuvieron sus particulares notas en la agenda de Oliver —con Brasil, su Mundial 2014, y Uruguay, con la histórica mordida de Suárez—, faltaría Argentina para completar el palmarés de la necesaria sátira sobre “nuestros” personajes latinoamericanos. La cita se cumplió en la emisión del domingo 3 de agosto de 2014. No se iba a hablar, como se puede pensar, de la derrota sufrida por el equipo de Messi en la final de Brasil 2014 ante la selección campeona, Alemania. No, de lo que se iba a tratar era aún más preocupante: Argentina perfilaba una nueva crisis económica de cuenta del incumplimiento en el pago de sus deudas. </P>

<P>Argentina’s defaulting is not in itself startling. They’ve done it seven times before. Defaulting is an Argentine tradition every bit as grand as the tango and hiding Nazis, both of which are flamboyantly good at!14 </P>

<P>El dios dinero, las negligencias y discapacidades de quienes detentan el poder en nuestros países, pusieron en una situación realmente crítica a Argentina. La historia se remonta a los comienzos del siglo veintiuno y, como suele ocurrir, muchísimas páginas de tinta se han escrito al respecto. </P>

<P>El “corralito” comenzó a ser una medida para que la gente pudiera manejar “algo” de su propio dinero y la economía no se fuera reduciendo más de lo que ya se había dado. (Hasta una novela como La noche de la Usina, del argentino Eduardo Sacheri, despliega una tragicomedia de las consecuencias de la crisis en la vida social de las personas.15) Y año tras año se fueron sumando medidas que parecían ser pequeños bálsamos para un Estado que no quería perder la cabeza. En respuesta a lo que estaba pasando en la segunda década del siglo, el fervor nacional, bajo el liderazgo de </P>

<P>13 “Mordió a ese ser humano y, en su defensa, estaba frente a un delicioso filete italiano de primera calidad. Increíblemente, es la tercera vez que Suárez hace esto. Si muerde a siete personas más, tendrá una gratis para llevar. Pero Suárez no se fue del Mundial sin marcar también la excusa del torneo. [...] Lo que dijo, tiene todo el sentido del mundo, es como si alguien dijera que se le ha estropeado la dieta porque tropezó y se cayó de bruces sobre una torta de queso”. Last Week Tonight with John Oliver, emisión del domingo 29 de junio de 2014. </P>

<P id="LinkTarget_148">14 “La falta de pago de Argentina no es en sí misma sorprendente. Ya lo han hecho siete veces. El impago es una tradición argentina tan grandiosa como el tango y esconder a los nazis, ¡dos cosas que se les dan tan bien!” Last Week Tonight with John Oliver, emisión del domingo 3 de agosto de 2014. </P>

<P>15 A los amantes de las adaptaciones, esta novela cambió su título a La odisea de los giles (2019) en la versión fílmica que se ha hecho. Como este es un pie de página, puede decirse que ninguno de los dos títulos resulta realmente llamativo, si bien la novela y su película resultan satisfactorias. </P>

<P>la presidenta Cristina Fernández, denostaba las medidas del mundo económico con todas sus siglas y sus billonarios representantes, así como echaban gasolina y fuego a las banderas de los Estados Unidos, en imágenes que son conocidas en diferentes lugares del mundo. </P>

<P>Por supuesto, para una emisión crítica sobre el estado de las cosas en Argentina, sacando a relucir el populismo de la presidenta, el gasto excesivo de un Estado que no se conduele de la situación de sus ciudadanos, John Oliver no iba a ser bien recibido por la líder del gobierno, la señora Cristina. Parte habitual de la energía discursiva del comediante británico es tomar con la misma acidez las respuestas de los líderes a los que tanto les reprocha sus determinaciones. El tiempo pasaría y las cosas en Argentina solo mejorarían en los ojos esperanzados de sus dirigentes, porque el pueblo, bajo una lamentable y continua inflación, no acababa de acostumbrarse a verse relegado en el panorama internacional a ser un país que exporta grandes futbolistas. La caída de Argentina a veces parece un barril que no tiene fondo. </P>
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<H2>Cuba y las deudas de la guerra fría </H2>

<P>El 21 de septiembre de 2014, John Oliver aborda por tercera vez un tema con aristas en países latinoamericanos. Planteando una visión que parece enseñar algo a los países latinoamericanos siempre hay deudas con la historia que no se pueden o jamás podrán saldar. </P>

<P>Durante esa semana de septiembre, el presidente de los Estados Unidos de entonces, Barack Obama —en la Casa Blanca desde el año 2009 hasta el 2017—, renovaba por un año más el embargo a Cuba. </P>

<P>First, I’ll admit this, I had no idea the Cuban embargo had to be renewed once a year. I just assumed it was like Amazon Prime trial: you sign up once and it simply rolls on without you even noticing. But apparently one of the components of the embargo is the “Trading with The Enemy Act” which requires that the president must annually sign a piece of paper saying that its continuation for one year is in the National interest, which is a strangely routine way to go about renewing legislation which in Cuba is deeply controversial.16 </P>

<P>16 “En primer lugar, lo admito: no tenía ni idea de que el embargo cubano tuviera que renovarse una vez al año. Suponía que era como el periodo de prueba de Amazon Prime: te suscribes una vez y se renueva sin que te des cuenta. Pero aparentemente uno de los componentes del embargo es la «Ley de Comercio con el Enemigo» que requiere que el presidente firme anualmente un papel diciendo que su continuación por un año es de interés nacional, lo cual es una forma extrañamente rutinaria de renovar una legislación que en Cuba es profundamente controvertida”.  Last Week Tonight with John Oliver, emisión del domingo 21 de septiembre de 2014. </P>

<P>Es habitual que a lo largo de la historia de los diferentes países latinoamericanos se mencione con reverencia y odio a los Estados Unidos. Es como si no hubiera un punto medio posible. La intervención de los “gringos” siempre deja algún sabor en la boca. Algo llamativo del comediante John Oliver es que también sabe enfrentar esa sintonía y esa discordia entre aquellos y “los nuestros” siendo él como lo es, y lo recalca, de un tradicional y conservador origen británico. Si bien las nuevas generaciones de latinoamericanos, sobre todo las del siglo veintiuno, pueden tener mucha claridad en torno a todo lo que influyen los medios y la cultura estadounidenses en sus estilos de vida, lo cierto es que las relaciones difíciles, tormentosas y románticas entre los involucrados, siguen dando pie a profundas reflexiones sobre el devenir de esta historia de nuestros Estados. </P>

<P>El embargo sobre Cuba —así como en el siglo veintiuno se tendría uno más sobre Venezuela— es uno de los capítulos más trascendentales de la historia de esas “relaciones”, caldeadas en los años sesenta, en el marco de la Guerra Fría, la amenaza de los misiles, el desbarajuste de las democracias y las intervenciones de diversos movimientos que todo lo iban a decorar con conceptos y reevaluaciones desde diferentes orillas del pensamiento, la historia y la ilusión. El embargo bloqueaba a los estadounidenses a tener negocios con los cubanos, sancionaba unas relaciones que tuvieron un gran apogeo en el desarrollo del siglo veinte e incentivaba un nuevo paisaje en una isla que definió también el ideal revolucionario del resto de América Latina. </P>

<P>Se supone que, a estas alturas del tiempo, mucho después de la proclamación del embargo por los presidentes Dwight Eisenhower, en 1960, y John F. Kennedy, en 1962, el mundo es otro y que el presidente, Obama, también tiene otra mirada sobre el mundo. Pero no. </P>

<P>The truth is even our own standards for this embargo seem a little bit shaky. Remember the “Trading with The Enemy Act” from earlier? Well, Cuba is currently the only country on it. There used to be another one: North Korea. Not even North Korea is on that list anymore!17 </P>

<P>Extrañamente, porque la política es así, Corea del Norte salió de su bloqueo comercial con los Estados Unidos porque el presidente George W. Bush, el 26 de junio de 2008, así lo decretó públicamente. Irónico suceso en un antecedente histórico que pareció no influir en el espíritu del presidente Obama. John Oliver logra incluso presentar un video de Barack, a sus 43 años, cerca de su curul en el Senado de los Estados Unidos, </P>

<P>17 “La cierto es que incluso nuestras propias normas para este embargo parecen un poco endebles. ¿Recuerdan </P>

<P>la Ley de Comercio con el Enemigo? Pues bien, Cuba es actualmente el único país que figura en esa lista. Antes </P>

<P>había otro: Corea del Norte. ¡Ni siquiera Corea del Norte está ya en esa lista!”. Ibídem. </P>

<P>hablando de la necesidad de ponerle fin al embargo y permitir que todos se beneficien de un nuevo pacto con la isla. Naturalmente, como lo sugiere Oliver, el Obama del futuro, el presidente, “mágicamente fracasa en su intento”18. </P>

<P>Mucha distancia suele darse entre los políticos cuando pasan de ser candidatos a ser dirigentes. Basta entender que “intereses superiores a ellos mismos” los reubican como si se tratara de una gravedad en la que no pudieran moverse con libertad. Podría pensarse, con un sentido de la generosidad, que lo que Obama creía que debía hacerse cuando él tenía 43 años, no pudo hacerse, al ser presidente casi a los 50 años, porque tocaba fibras superiores a sus intenciones. </P>

<P>En Latinoamérica suele sentirse un mayor descontento al respecto porque la cultura misma de las promesas incumplidas (de las campañas a los cargos públicos) es una enfermedad que deja a todos en la misma miseria. Es un imperio de una moral perniciosa y de mentiras que se caen por sí solas antes de ser servidores y cuando pasan a serlo. </P>
</Sect>

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<H2>La democracia se ajusta a la caricatura </H2>

<P>Tal vez pasa en todos los rincones del planeta y tal vez el hecho de que estas cosas pasen en el vecindario nos hace sentir que sean exclusividad nuestra, de los latinoamericanos. Sí, eso puede ser, si queremos sentirnos menos responsables de la caricaturización de nuestros políticos y sus “ocurrencias”. Sin embargo, para un programa de sátira como Last Week Tonight with John Oliver, esas cosas “nuestras” son, además de llamativas, una huella dactilar de lo que somos. </P>

<P>Para resaltar la crudeza de nuestras caricaturescas democracias, Oliver se las arregla una vez más tomando al país más grande para asestar golpes mucho más divertidos. Y lo digo de esta manera porque en la caracterización del repertorio de casos del Brasil es como si se cocinara el modelo que les encanta repetir a los demás países latinoamericanos. El presentador alude a las elecciones que se realizan en el país suramericano el mismo día de la emisión número veinte de su programa, el 5 de octubre de 2014. </P>

<P>Brazil went to the polls today. They’re voting in presidential and local elections and turnout is expected to be extremely high for one interesting reason: “Voting is obligatory in Brazil”. It’s basically illegal not to vote in Brazil, a well-intentioned law. The problem is when you make something obligatory, people resent it, and when they resent it they fuck with it, which has led to a proud tradition of joke protest candidates in Brazil. Going back to 1959 when Sao Paulo actually elected a Rhinoceros to the </P>

<P>18 Ibídem. </P>

<P>city council. Her ballots were sadly disqualified after they realized what happened, so the second place candidate took office, a penguin in a bowler hat. The beauty is candidates even get free airtime on Brazilian TV whether they are jokes candidates or not. So, election season this year has been spectacular thanks to candidates like Jesus, Satan, and of course Osama Bin Laden, as well as multiple President Obama impersonators, one of whom looks almost bizarrely not like Barack Obama.19 </P>

<P>Las risas del público brotan sin freno a medida que se enumeran y se ven en pantalla los extravagantes candidatos de la democracia brasileña. Y es natural que sea así, la burla es una muestra veraz de cómo todo nos habla de lo que somos, de nuestras dolencias, de los defectos de nuestras historias y los vicios de nuestras democracias. No es extraño que con el pasar del tiempo este tipo de contextos se mantengan vigentes. Dada la situación habitual, año tras año, en la que debemos ir a las urnas, lo normal es que un chiste viejo se repita y aparezca alguno nuevo —o muchos más— porque los candidatos suelen ser imitadores, falsificadores, elegantes rinocerontes o simpáticos pingüinos. No hay que perder de vista que cada denuncia irónica, vehemente, se actualiza como los teléfonos modernos, porque las fallas en el sistema no se hacen esperar. </P>

<Sect>
<H2>La conclusión de la mano de la influencia </H2>

<P>La inventiva de un genio creativo como John Oliver se puso a prueba en su primera temporada del año 2014. La indagación particular que aquí hemos querido subrayar nos deja solo los retazos de los momentos latinoamericanos que, además, persisten como parte de nuestros problemas. Si bien la lengua española sigue siendo una de las más habladas en este planeta y nuestros países tienen valiosos modos de ser vistos en el panorama internacional, las irreverencias de John Oliver nos ayudan a vernos de una manera mucho más juiciosa y crítica, como un conjunto de naciones atravesadas por graciosas sutilezas. </P>

<P>19 “Brasil ha acudidohoy a las urnas. Votan las elecciones presidenciales y locales y se espera que la participación sea extremadamente alta por una razón interesante: «Votar es obligatorio en Brasil». Básicamente es ilegal no votar en Brasil. Una ley bienintencionada. El problema es que cuando haces que algo sea obligatorio, a la gente le molesta, y cuando le molesta lo jode, lo que ha dado lugar a una orgullosa tradición de candidatos protesta de broma en Brasil. Nos remontamos a 1959, cuando Sao Paulo eligió a un rinoceronte para el cabildo. Sus papeletas fueron tristemente descalificadas cuando se dieron cuenta de lo ocurrido, así que el candidato que quedó en segundo lugar asumió el cargo, un elegante pingüino con sombrero. Lo bello es que los candidatos obtienen incluso tiempo de emisión gratuito en la televisión brasileña, sean o no candidatos de broma. Así pues, la temporada electoral de este año ha sido espectacular gracias a candidatos como Jesús, Satanás, por supuesto, Osama Bin Laden, así como múltiples imitadores del presidente Obama, uno de los cuales, extrañamente, casi no se parece a Barack Obama”. Last Week Tonight with John Oliver, emisión del domingo 5 de octubre de 2014. </P>

<P>Era natural que, tras el inteligente impacto que causó ese primer año del programa, llegara la renovación y la continuidad en la graciosa fórmula informativa de Last Week Tonight. Oliver se enfrentaba desde una tribuna muy especial, como lo ha sido HBO, a los poderes del mundo y, aunque en términos muy breves —tipo cápsulas—, despierta con la gracia de la crítica y la sátira la atención sobre problemas que, usualmente, pasan sin llamar demasiada atención en la retina del público. </P>

<P>En aquel 2014, nos encontramos retratados en los casos mencionados: Brasil, Uruguay, Argentina y Cuba. Pero ese fue solo el comienzo de una actividad que con el paso de los años traería incluso programas a los que se les nota la influencia de Last Week Tonight y su modo de enfrentar las ocurrencias de la política y de tantas instituciones consideradas por sus adeptos como “sagradas”. Esa energía es buena para el equilibrio de los poderes, para la recuperación de la confianza en los medios de comunicación y para la construcción de un público que también quiera entender las redes en las que se mueve por el solo hecho de respirar en estas tierras. </P>

<P>Dos años después de que se afianzara la propuesta de Oliver para el público internacional de la plataforma HBO, en Latinoamérica se lanzó un programa casi idéntico al del británico, salvo que tenía otro presentador y otro humor, mucho más enfático con nuestras vergüenzas hispanoparlantes. Surgió Chumel con Chumel Torres (20162020). Y aunque sucumbió tras su cuarta temporada, quedó como reflejo de lo que también se podía decir para encarar nuestras dolencias. </P>

<P>Los países latinoamericanos han tenido mucho humor, y muy inteligente, pero hace falta que nos encontremos también en la mirada de los ojos críticos que, desde otras lenguas, nos señalan algunos lunares y nos reubican en el espectro internacional. Esa apertura es una valiosa forma de comprendernos y de animarnos a ver de igual modo el panorama del mundo. Es general, solemos ser muy extremos en la percepción de lo que creemos ser y para bien y para mal exageramos nuestras desgracias y nuestras ilusiones como si fuéramos como esos medievales que se pensaban el centro del universo. </P>

<P>Lo que logra el humor, casi como función social, es ayudarnos a liberar esa toxicidad interior. No puede decirse con ello que basta con reírnos de nuestros infortunios, torpezas y corrupciones para que las cosas desaparezcan y el mundo sea sonrisas, pero sí se potencia la serenidad para atacar estos problemas con un mejor espíritu cívico, educativo y político. </P>

<P>La acogida de los formatos estadounidenses, sin embargo, también ha potenciado el acercamiento a las propuestas colombianas desde hace ya varias décadas y persiste la fórmula de parodización, imitaciones, monólogos, que se ha destilado en el suelo norteamericano. En el recuerdo de Jaime Garzón y sus propuestas interpretativas (una sociología a la colombiana) en el cierre del siglo veinte también se nota el estímulo que, literario, teatral y televisivo se ha dado desde los proyectos de la sátira internacional. Zoociedad (1990), ¡Quac!: El Noticiero (1995) dieron señales de lo que ya había ocurrido en la prensa nacional, desde la caricatura a la radio, y lo que se estaba brindando en las televisiones del mundo. En esa misma línea, los comediantes colombianos han venido encontrando espacios de sátira en las plataformas, y una serie de jóvenes irreverentes hace lo propio en un fenómeno de gran alcance como lo es el de los contenidos para los celulares y las suspicacias de los llamados “influencers”, todo un tema para extender las reflexiones. </P>

<P>Empezando por Martín de Francisco y Santiago Moure en el programa La Tele Letal (2017), con secciones diversas para las entrevistas, la mordacidad, el monólogo de alta crítica política y las imitaciones llenas de descarnada irreverencia, es evidente que el soporte de la televisión anglosajona catapulta las dosis regionales de periodismo crítico. Juanpis González, un personaje de clase alta bogotana, es también muy parecido a los personajes planteados en The Daily Show cuando se crítica a los republicanos y su visión de la historia y del pueblo. La representación de un personaje que sirve para exagerar lo que somos se hizo poderosa en los programas de humor y de sátira política en una extraña conciencia de que ninguno de los políticos o líderes sabe realmente de qué está hablando como si nuestra geografía se segmentara de una odiosa manera; en estratos, en colores de piel, en tendencias filosóficas, políticas y religiosas: nos segmentamos para reírnos de lo que hemos creído ser. </P>
</Sect>

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<H2>Referencias bibliográficas </H2>

<P>Allen, Woody (1971). Bananas. Estados Unidos: Jack Rollins &amp; Charles H. Joffe Production, United Artists. </P>

<P>Bee, Samantha (2016 – 2020). Full Frontal with Samantha Bee. Estados Unidos: Randy &amp; Pam’s Quality Entertainment, Jax Media, Studio T, TBS. </P>

<P>Borensztein, Sebastián (2019). La odisea de los giles. Coproducción Argentina, España: K&amp;S Films, Mod Producciones, Kenya Films. </P>

<P>Costa, Petro (2019). Democracia em Vertigem. Brasil: Busca Vida Filmes, Netflix. </P>

<P>De Las Casas, Gabriel; De Francisco, Martín; Moure, Santiago (2017 -). La Tele Letal. Colombia: Red+, YouTube, Claro. </P>

<P>Garzón, Jaime; Arias, Eduardo; Throller, Karl; Ortiz, Francisco (1990 – 1993). Zoociedad. Colombia: Cinevisión, Cadena Dos, Canal Uno, Inravisión.  </P>

<P>Henry, O. (2001). Cabbages and Kings. Estados Unidos: Gutenberg Project. Earle C. Beach and Joseph E. Loewenstein, M.D. https://www.gutenberg.org/ebooks/2777 </P>

<P>Jennings, Andrew (2015). FIFA: La caída del imperio. El libro que anticipó el mayor escándalo de corrupción del fútbol mundial. Bogotá: Penguin Random House, Aguilar. </P>

<P>Larraín, Pablo; Bó, Armando (2020). El presidente. Coproducción Chile, Argentina, Estados Unidos: Amazon Studios, Fabula, Gaumont, Kapow. </P>

<P>Michaels, Lorne; Dick Ebersol (1975 -) Saturday Night Live. Estados Unidos: NBC Studios, NBC Universal Television, Broadway Video, NBC Productions, SNL Studios. Productor: Lorne Michaels. </P>

<P>Morales, Antonio; Lozano, Miguel Ángel; Garzón, Jaime (1995 – 1997). ¡Quac! El Noticiero. Colombia: RTI Televisión, Cadena Uno, Inravisión. </P>

<P>Oliver, John (2014 -). Last Week Tonight with John Oliver. Estados Unidos: Sixteen String Jack Productions, Avalon Television, HBO, MAX. </P>

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