Penurias de un Editor

 José Jaime Castaño Castrillón 1

1. Profesor Titular, Investigador, Editor Revista Archivos de Medicina (Manizales).

Un gran número de revistas colombianas se originaron entre los años 2000 y 2005, en universidades colombianas, impulsadas por entusiastas docentes e investigadores, quienes pretendían ofrecer a pregrados y posgrados, una tribuna de divulgación de los artículos científicos producidos por sus respectivas comunidades universitarias. En el momento este objetivo era factible, pues el Publindex de Colciencias, entidad que norma la producción científica colombiana, no castigaba la endogamia, consecuencia lógica de la pretensión de estos docentes o investigadores. Es más, también esta entidad era muy laxa en la exigencia de dos evaluadores por artículo, que si bien tenía explícitamente, en la práctica no la monitoreaba, pues la exigencia era un número determinado de evaluadores por fascículo, sin entrar en detalles de cuantos había por artículo.

Así pues, en estas condiciones muchas revistas medraron, y lograron escalafonarse en C, B, o hasta A2 y A1, con relativamente escasos recursos. Bastaba tener, por ejemplo, 5 artículos de investigación y 2 de revisión, para un fascículo, cada uno evaluado por un solo árbitro, que comúnmente era un docente de la misma institución, y cumplir las condiciones exigidas para cada escalafón, que juzgaban la calidad editorial de la revista. Así era relativamente sencillo escalonarse en C, o B, y en aquellas instituciones que, además, daban un mejor apoyo económico a sus revistas, llegar hasta A2 e inclusive A1.

Hacia el año 2012 [1], se dio el primer gran cambio, en este panorama de cuento de hadas, para nuestro entusiasta editor. Desde mucho antes en el mundo, la endogamia, consecuencia lógica del objetivo inicialmente planteado, comenzó a verse muy mal. Y el Publindex, siempre tardío en adoptar las tendencias mundiales, comenzó a exigirles a las revistas colombianas que no fueran endogámicas, así que se requería una apertura editorial e iniciar la búsqueda de autores externos a la institución editora, al igual que evaluadores. Sin embargo, se seguía juzgando a las revistas colombianas por calidad editorial, y puesto que todavía era posible incluir una buena proporción de artículos científicos de la misma institución, pues la situación siguió básicamente igual.

Hacia el año 2016 se dio el 2º gran cambio, que ya definitivamente arruinaría el paisaje de cuento de hadas para nuestro entusiasta editor [2]. Ya este panorama favorable había dado como resultado que en Colombia existieran aproximadamente 520 revistas científicas, número que según los expertos era demasiado alto, y arruinaba todos los indicadores colombianos de producción científica. Se decía que, por ejemplo, en México había solo 120 revistas científicas. Pero se debe aclarar que este panorama de proliferación de revistas se produjo por la demora del Publindex en adoptar las medidas que finalmente adoptó en el año 2016.

Ya hacía mucho tiempo las revistas científicas en el mundo se juzgaban por el “factor de impacto” [3], un índice que se calcula a partir del número de citas totales que tuvieran los artículos de la revista, en una determinada cantidad de tiempo, comúnmente 5 años. Existe una variada tipología de formas de calcular estos índices de citación. En el año 2016 finalmente el Publindex de Colciencias adopta un modelo de este “factor de impacto” para juzgar las revistas colombianas. O sea, se pasa de clasificar las revistas colombianas con base en la calidad editorial, a juzgarlas por “factor de impacto”. Un cambio que no es menor, pues de sopetón pone a nuestro entusiasta editor, con recursos materiales y económicos muy limitados, a competir por citas con las revistas pertenecientes, a las grandes multinacionales de la edición científica, las cuales invierten en ellas miles de millones de dólares anuales, y que además tienen, mediante estos “impact factors”, perfectamente optimizado el negocio, garantizando que los mejores artículos, de los mejores autores, siempre terminen publicados en sus revistas, vendiéndolos posteriormente a precio de oro, garantizando así una recuperación, con creces, de su inversión inicial. De entrada, este cambio implicó que desaparecieran del catálogo Publindex la mitad de las revistas, y las que sobrevivieron bajaron de escalafón sistemáticamente, hasta el extremo de que en la clasificación A1, solo quedó una revista.

¿Cuál es entonces el panorama actual de las revistas científicas en Colombia? Las instituciones editoras deben entender que ya no pueden pretender que las revistas se escalafonen con los mismos recursos limitados que se tenían anteriormente, tampoco el sendero puede ser “encañonar” a nuestro entusiasta editor y presionarlo a comprometerse para que el próximo año logre ubicarla en este o aquel escalafón. Eso ya no lo puede predecir nadie, pues ya depende de la acogida que tengan los artículos de la revista, por parte de terceras personas. Para lograr que esta acogida aumente se debe invertir en la revista, ya no es suficiente un editor entusiasta, una practicante de medio tiempo, y un diagramador ocasional, por ejemplo, sino que se requieren mayores recursos humanos y económicos para apuntar a un buen escalafonamiento.

De entrada, aparte del editor en jefe, se requiere un asistente editorial de tiempo completo, un corrector de estilo, un corrector de idioma inglés y portugués, un asistente de redes sociales, especialistas en diseño WEB, un diagramador, y si se quiere llegar al ideal de la publicación electrónica, que es la publicación continua, este diagramador debe tener vinculación por lo menos de medio tiempo, ya que debe diagramar cada artículo inmediatamente esté aprobado para publicación. Además, editores de sección, un comité editorial operativo, etc. Y todo este recurso humano contratado exclusivamente para la revista, y esto de entrada. Las revistas mejor escalafonadas tienen secciones de “marketing”, que definen la política de la revista para “venderse” en redes sociales, y en la WEB, una sección de corrección de estilo compuesta por lo menos por tres personas, una sección de maquetación y diagramación, un cuerpo de editores de sección, compuesto por 5 o 6 editores, todos de reconocida trayectoria investigativa. Un editor en jefe que debe ser un investigador con altos niveles de citación, con H5 mayor de 10, y que esté publicando cotidianamente, aunque no se entiende como un investigador de ese nivel, se va a montar en semejante “vaca loca”, si no está ya “montado”. En fin, la lista de medios de que disponen las grandes revistas, que se encuentran en los más altos cuartiles de citación es larga.

¿En definitiva qué deben hacer las instituciones con sus revistas? Lo primero es hacer en ellas la inversión necesaria para apoyar su escalafonamiento. Si no están dispuestas a hacer esa inversión, pues tener paciencia, y no pensar que por el hecho de que una revista no se encuentre en el Publindex, entonces es “literatura gris”, pensar que de todas maneras esas revistas siguen haciendo su función de tribuna de muchos investigadores, que publican cotidianamente, y no llegan a revistas Q1, las cuales publican aproximadamente el 5% de los artículos que les llegan. ¿Y qué hace el otro 95%? ¿Condenarse al ostracismo? Estas revistas, de todas maneras, siguen teniendo citas, y cumpliendo el propósito de divulgación científica y de la institución editora, y constituyen un producto científico, que igualmente se puede mostrar. La 3° opción es acabar la revista, opción que, desde luego, sería desastrosa para nuestro “entusiasta editor”, el cual, pese a todas las adversidades, e incomprensiones sigue “al pie del cañón”, y tampoco sería una buena solución para la institución editora [4].

 Literatura citada

  1. Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación, Colciencias. Indexación de revistas seriadas de ciencia, tecnología e innovación científica. Bogotá DC: Colciencias; 2013.
  2. Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación, Colciencias Informe de la Con- vocatoria para Indexación de Revistas Científicas Colombianas Especializadas. Bogotá DC: Colciencias; 2016.
  3. Rueda-Clausen CF, Villa-Roel C, Rueda-Clausen CE. Indicadores bibliométricos: origen, aplicación, contradicción y nuevas propuestas. MedUNAB 2005; 8(1):29-36.
  4. Mendoza S, Paravic T. Origen, clasificación y desafíos de las Revistas Científicas. Investigación y Postgrado 2006; 21(1):49-75.

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