María de los Ángeles Páramo 1, Flavia Arrigoni 2
1. Doctorado. Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología, Universidad del Aconcagua, Mendoza, Argentina. Correo e.: tanteparamo7@gmail.com
2. Magister. Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología, Universidad del Aconcagua, Mendoza, Argentina. Correo e.: arrigoniflavia@gmail.com
Archivos de Medicina (Manizales), Volumen 18 N° 2, Julio-Diciembre 2018, ISSN versión impresa 1657-320X, ISSN versión en línea 2339-3874. Páramo M.A., Arrigoni F.
Recibido para publicación: 20-09-2018 - Versión corregida: 19-10-2018 - Aprobado para publicación: 06-11-2018
Páramo MA, Arrigoni F. Violencia psicológica en la relación de noviazgo en estudiantes universitarios mendocinos (Argentina). Arch Med (Manizales) 2018; 18(2):324-38. DOI: https://doi.org/10.30554/archmed.18.2.2738.2018.
Objetivo: describir las características de la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo, respecto a su percepción, modalidades y respuesta hacia la misma, en estudiantes de la Facultad de Psicología de la Universidad del Aconcagua. Materiales y métodos: investigación cuantitativa, estudio descriptivo, diseño transversal con encuestas. Muestra intencional de 452 alumnos de las carreras Licenciatura en Psicología y Licenciatura en Niñez, Adolescencia y Familia, ambos sexos, edad promedio de 22 años, que hubieran mantenido o que mantuvieran en ese momento una relación de noviazgo. Instrumento: Cuestionario de Violencia Psicológica en las Relaciones de Noviazgo (Marchiori, Lucientes de Funes, Puente de Camaño y Bordón, 2013). Resultados: presencia, en frecuencias que van desde ocasionalmente hasta siempre, de veintitrés conductas o actitudes de la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo. La conducta más frecuente en las relaciones de noviazgo de los participantes fue el Oposicionismo (72,1%) y la menos frecuente la Amenaza de muerte (3,1%). El 56% de los participantes experimentaron angustia ante la ocurrencia de tales conductas o actitudes, el 50% tristeza y el 49% enojo. Se encontraron diferencias entre las emociones más experimentadas por los hombres y mujeres de la muestra; también en lo que respecta a las conductas o actitudes que refieren recibir de parte de sus parejas hacia ellas o ellos. Conclusiones: las conductas o actitudes de la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo han afectado a los participantes; y este tipo de violencia es considerado, mayormente, problema social y en menor medida como un problema de pareja.
Palabras clave: violencia, estudiantes del área de la salud, violencia de pareja.
Objective: to describe the characteristics of psychological violence in university students´ courtship, with respect to their perception, modalities, and response to it, in students of the Psychology Faculty of the Universidad del Aconcagua. Materials and methods: quantitative research, descriptive study, cross-sectional design with surveys. The intentional sample was integrated by 452 students from two careers: Psychology and Childhood, Adolescence and Family, of both sexes, with an average age of 22 years old, that had maintained or were maintaining a courtship. Instrument: The Psychological Violence Questionnaire in courtships (Marchiori, Lucientes de Funes, Puente de Camaño and Bordón, 2013). Results: presence, in a variety of frequencies that goes from occasionally to always, of twenty three attitudes or behaviors related to psychological violence. The most frequent behavior reported by the participants was oppositions (72,1%) and the less frequent was death threat (3,1%). The 56% of participants experienced anguish because of this kind of behaviors, 50% sadness and 49% anger. Remarkable differences were found between the emotions experienced by men and women of the sample; and also in respect to the behavior and attitudes they received from their partners. Conclusions: the behaviors or attitudes related to psychological violence have affected the participants, and this type of violence is considered, mostly, as a social problem, and in a lower rate as a courtships´problem.
Key words: violence, students of health areas, violence in courtships.
El noviazgo es considerado como “una relación social explícitamente acordada entre dos personas para acompañarse en las actividades recreativas y sociales, y en la cual se expresan sentimientos amorosos y emocionales a través de la palabra y los contactos corporales” (Rodríguez y de Keijzer, 2002, citado en Vázquez García y Castro, 2008, p. 715) [1].
La violencia que ocurre dentro de la pareja de novios ha sido un tema recientemente estudiado, por su avance y preocupante incidencia (Wolfe, Crooks & Hughes, 2011) [2]. Este fenómeno se manifiesta en diferentes sociedades y culturas; y se puede afirmar que puede tener repercusiones psicológicas y comportamentales muy negativas (Wolfe et al, 2009 citados en Wolfe, Crooks & Hughes, 2011) [2].
A nivel mundial, se estima que la prevalencia de la violencia de pareja oscila entre el 23,2% en los países de ingresos altos y el 24,6% en la región del Pacífico Occidental, al 37% en la región del Mediterráneo Oriental y el 37,7% en la región de Asia Sudoriental (OMS, 2017) [3].
Según el Ministerio de Salud y Desarrollo Social de Argentina, durante 2016, el 15% de los llamados que recibió el Consejo Nacional de las Mujeres en la línea 144 fueron realizados por jóvenes. La violencia de género en la pareja durante la adolescencia y la juventud se compara a la que se manifiesta más tarde en la adultez. En cuanto a los tipos de maltrato, el 97,8% denunció haber sufrido violencia psicológica, el 86,2% violencia física y el 27,3% violencia simbólica. Las cifras dejan ver que, en muchos casos, se reportaron más de una forma de violencia [4].
Para Escoto Sainz, González Castro, Muñoz Sandoval y Salomón Quintana (2007, p.15) [5] “la violencia en el noviazgo ocurre en una relación amorosa en que una de las personas abusa física, emocional o sexualmente para dominar y mantener el control sobre la otra”. En coincidencia, Velázquez Rivera (2011, p. 40) [6] sostiene que “la forma de imponer normas y valores de convivencia, a través del uso de fuerza física o manipulación psicológica, con el fin de controlar al otro integrante de la pareja” es conocida como violencia en el noviazgo.
Esta violencia puede mantenerse invisibilizada, ya que las relaciones amorosas de los adolescentes y jóvenes pueden ser consideradas como triviales, pasajeras; o por entender que aquello que ocurre en el seno de la misma debe mantenerse en el espacio privado e íntimo de la pareja, obturando la posibilidad de intervención de terceros.
En los últimos años, la violencia en las relaciones de noviazgo, ha generado investigaciones a nivel mundial. Hasta el momento, los estudios (Castro y Riquer, 2003 [7]; Larrain Heiremans, 1994 [8]; Moreno Martín, 1999 [9]; Plazaola-Castaño y Ruíz Pérez, 2004 [10]; Traverso, 2007 [11]; Tuesca-Molina y Borda, 2003 [12]) habían centrado su interés en las relaciones violentas dentro de la pareja conyugal (conviviente o casada), analizando sus diferentes modalidades para poder dar respuestas eficaces, desde la asistencia y la prevención. Estas investigaciones permitieron detectar que esta modalidad de vinculación afectiva (signada por la violencia), se había establecido ya durante el noviazgo; es decir que la presencia de violencia en las relaciones de noviazgo suele ser un predictor de la aparición de tal conducta durante el matrimonio.
Escoto Sainz et al., (2007) [5], revelan que la violencia psicológica es la de mayor predominio en las relaciones de noviazgo. Póo y Vizcarra (2008) [13] encontraron una alta prevalencia de la violencia psicológica, exteriorizadas en conductas de descalificación y control sobre alguno de los miembros de la pareja.
Pacheco Maldonado y Castañeda Figueroa (2013) [14] destacaron que la violencia psicológica:
(…) Ocasiona un grave daño en la esfera emocional que no se nota a simple vista. Por medio de actos que realizan para atacar los sentimientos con la intención de descalificar, desvalorizar, humillar, insultar, criticar, amenazar, chantajear, etc. con el fin de generar temor, terror y control en la pareja, que pretende que la víctima se sienta culpable de todo, aislar a la persona restringiéndole las salidas, haciéndolo sentir tonto cuando opina en público. Este tipo de violencia ocasiona una grave disminución a su autoestima, trastornos alimenticios, trastornos del sueño y enfermedades como, gastritis, úlceras, dolor de cabeza y muscular entre otros (p.215).
Por su parte Montoya Ruíz, Cruz Torrado y Leottau Mercado (2013) [15] la definen como aquella que
(…) se expresa en todos los patrones de conducta que se manifiestan en actos u omisiones repetitivos, y que se produce a través de intimidaciones, manipulaciones, amenazas, humillaciones, prohibiciones, coacciones, condicionamientos, que provocan progresivamente en el sujeto afectado una disminución de su personalidad, desmotivación, tristeza y afectación psíquica. Esta clase de violencia es más difícil de detectar por ser más “sutil” (p. 187).
Para Almendros, Gámez-Guadix, Carrobles, Rodríguez-Carballeira y Porrúa (2009) [16] el abuso psicológico en la pareja ha comenzado recientemente a recibir atención como un tipo de violencia diferenciada y con entidad propia. El estudio de este tipo de violencia es de gran importancia porque posibilita identificar a las víctimas y entender su impacto sobre el ajuste psicosocial de las mismas.
Así mismo, las investigaciones de Muñoz-Rivas, Graña, O’Leary y González (2007) [17] han analizado la presencia de comportamientos violentos de carácter psicológico y físico en las relaciones de noviazgo en estudiantes universitarios. Pacheco Maldonado y Castañeda Figueroa (2013) [14] detectaron varios tipos de violencia, destacando la psicológica en este tipo de relaciones. González Lozano (2009) [18] encontró que las agresiones psicológicas preceden a las físicas y son mucho más numerosas.
Si bien se han encontrado numerosos estudios sobre la temática en países latinoamericanos, norteamericanos y europeos; son escasos los que analizan la realidad de los jóvenes en Argentina. En Córdoba se realizó un trabajo en el año 2009, con el objetivo de conocer las características principales de los casos de violencia de pareja, dirigida hacia las mujeres (parejas convivientes) a partir de la información de los expedientes de los Juzgados de Violencia Familiar del Poder Judicial de Córdoba; pero no se ha encontrado información referente a estudios similares en las parejas de novios (Croccia y Guerrero, 2009) [19].
Es por esto que surge el interés en estudiar la violencia psicológica en la relación de noviazgo de alumnos universitarios de Mendoza; debido a su marcada invisibilización, naturalización y graves consecuencias que produce en los miembros de la pareja. La etapa de la adolescencia tardía y de la juventud, se presentan como propicias para la promoción de experiencias de aprendizaje que promuevan patrones relacionales que permitan la construcción de vínculos y relaciones sanos, no violentos.
El objetivo general, de la presente investigación, es analizar y caracterizar las particularidades que presenta la violencia psicológica en la relación de noviazgo, respecto a su percepción, modalidades, y respuesta hacia la misma, en estudiantes de dos carreras de la Facultad de Psicología de la Universidad del Aconcagua (UDA), durante el año 2017.
Se trata de una investigación con un enfoque cuantitativo, ya que se utiliza la recolección de datos a partir de la administración de un cuestionario, con base en el análisis estadístico, para conocer así los patrones de comportamiento en la muestra seleccionada.
El alcance es descriptivo (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 2014) [20]. Se trata de un “estudio descriptivo de poblaciones mediante encuestas”. Además es “transversal” porque la descripción se hace en un único momento temporal (Montero y León, 2007, p.850) [21].
Muestra: los criterios de inclusión para participar de la presente investigación fueron: ser estudiantes universitarios, de ambos sexos, de todos los cursos de las carreras de Licenciatura en Psicología (LP) y Licenciatura en Niñez, Adolescencia y Familia (LNAF), de la Facultad de Psicología de la UDA; que hayan estado o estuvieran en ese momento en una relación de noviazgo.
Los participantes fueron 452 estudiantes de 1º a 5º años de las carreras mencionadas, en base a un universo poblacional de 1060 personas (980 de la carrera de Licenciatura en Psicología y 80 de la carrera Licenciatura en Niñez, Adolescencia y Familia).
El instrumento metodológico utilizado es el Cuestionario de violencia psicológica en el noviazgo (Marchiori, Lucientes de Funes, Puente de Camaño y Bordón, 2013, en Bordón, 2016) [22], el cual presentó un coeficiente muy bueno de confiabilidad (Alfa de Cronbach 0,912) y ha sido validado en estudiantes universitarios de la provincia de Córdoba (Argentina) por Bordón (2016) [22]. En cuanto a la presente investigación, el α de Cronbach arrojado fue 0,931.
El Cuestionario de violencia psicológica en el noviazgo consta de diversas partes: presentación del equipo y breve definición de noviazgo; 1- Preguntas sobre frecuencia y direccionalidad de veintitrés (23) conductas o actitudes consideradas por Taverniers (2001 en Blázquez Alonso, Moreno Manso y García-Baamonde Sánchez, 2010) [23] como expresiones de la violencia psicológica, e incluye una explicación de lo que se entiende por tal tipo de actitud o conducta; 2- Preguntas referidas al impacto que estas conductas o actitudes producían en la relación de pareja; 3- Emociones experimentadas; 4- Acciones o decisiones tomadas luego de la ocurrencia de conductas o actitudes consideradas como expresiones de la violencia psicológica; 5- Consideraciones acerca de cómo una relación con indicadores de violencia psicológica afectaba a la persona aun luego de que esta hubiese terminado; 6- Forma de percibir la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo; 7- Si las respuestas han sido emitidas considerando una o varias relaciones de noviazgo.
Las veintitrés (23) conductas o actitudes consideradas por Taverniers (2001 en Blázquez Alonso, et al., 2010) [23] como expresiones de la violencia psicológica son: ridiculización, descalificación, menosprecio, oposicionismo, rechazo, reproches, insultos, amenaza de abandono, amenaza de suicidio, amenaza de muerte, falta de empatía y apoyo, egoísmo, monopolización, críticas, posturas y gestos amenazantes, conducta destructiva, aislamiento, órdenes, insistencia abusiva, control, acusaciones, negación y manipulación de la realidad.
Con el fin de evaluar la frecuencia de estas conductas o actitudes, establece una escala Likert con cuatro puntos donde 0 equivale a nunca y 3 a siempre. Para evaluar la direccionalidad de estas conductas o actitudes se establecen tres categorías: 1- De ambos miembros de la pareja (considerada en este estudio como cruzada); 2- De su pareja hacia usted y 3- De usted hacia su pareja.
Se invitó a todos los alumnos de las carreras mencionadas a participar en la investigación, solicitando la firma del consentimiento informado, siguiendo las normas del comité de ética. La participación fue voluntaria y gratuita. La administración del cuestionario fue grupal, durante una jornada académica, dentro de la misma institución participante; durante los meses de mayo a octubre de 2017 y fueron completados en presencia de las investigadoras del equipo.
Para el análisis de los resultados se utilizó el Paquete Estadístico para Ciencias Sociales, IBM SPSS versión 21 (IBM Corp.). Se analizaron con estadísticos descriptivos (frecuencia, Chi-Cuadrado, α de Cronbach) los diferentes aspectos de la violencia psicológica evaluados mediante el cuestionario seleccionado: por un lado, tipo de conducta o actitud que expresa violencia psicológica presente en las relaciones de noviazgo de los participantes, frecuencia de ocurrencia de la misma y su direccionalidad. Por otro lado, emociones experimentadas y reacciones frente a estas conductas o actitudes. Estos aspectos han sido considerados teniendo en cuenta la variable sexo de los participantes.
Control de sesgos: se aplicó un cuestionario que incluye definiciones operativas de cada ítem evaluado, lo cual impide ambigüedades en la interpretación de los términos. Asimismo, los cuestionarios fueron completados individualmente en presencia del equipo de investigación.
Consideraciones éticas: el proyecto fue presentado en la convocatoria 2016 del Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología (UDA) y fue evaluado y aprobado por dos pares evaluadores, los cuales consideraron los aspectos éticos de la investigación.
Asimismo, se solicitó a los participantes la firma del consentimiento informado, siguiendo las normas del comité de ética.
En el presente estudio se intenta detectar la presencia de conductas o actitudes que representan la violencia psicológica: su modalidad de expresión, las reacciones ante las mismas y los sentimientos que éstas han generado, en las relaciones de noviazgo de los estudiantes universitarios que participaron.
Se trabajó con una muestra intencional de estudiantes que voluntariamente accedieron a participar (n=452): 383 mujeres (84,7%), 68 varones (15,0%) y 1 (0,02%) “otro”. La media de edad de los estudiantes es de 22 años. De los 452 participantes, el 91,4% son estudiantes de la carrera LP mientras que el 8,6% restante lo son de la LNAF. El 33,6% son alumnos de primer año de ambas carreras, el 24,3% de segundo año. El 11,7% son alumnos de tercer año, un 14,8% de cuarto año y el 15,5% restante lo son del quinto año.
Del análisis de los resultados se desprende la presencia, en frecuencias que varían desde ocasionalmente (a veces), muchas veces hasta siempre (todos los días), de las veintitrés conductas o actitudes que Taverniers (2001 en Blázquez Alonso, et al., 2010) [23] considera reflejan la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo.
Así, mientras que el oposicionismo se presenta como la conducta o actitud más frecuente en las relaciones de noviazgo de los participantes, presente en el 72,1% de las mismas; la categoría menos frecuente es amenaza de muerte, presente solo en el 3,1% de las relaciones (ver Tabla 1).
Tabla 1. Presencia de conductas o actitudes que expresan violencia psicológica en las relaciones de noviazgo (n=452). Distribución según el sexo .

Fuente: Elaboración propia
Siete conductas o actitudes que expresan violencia psicológica en las relaciones de noviazgo están presentes en más del 50% de las relaciones de los participantes, es decir, en una de cada dos relaciones de noviazgo: oposicionismo (72,1%); reproches (69,5%); acusaciones (63,6%); críticas (62,8%); falta de empatía y apoyo (58%); manipulación de la realidad (56,3%) y egoísmo (52,1%).
Asimismo, están presentes en más del 40% de las relaciones de noviazgo de los participantes la ridiculización (48,6%); negación (47,5%); rechazo (47,1%) y amenaza de abandono (41,3%). A estas once conductas o actitudes que reflejan violencia psicológica en las relaciones de noviazgo se le suman seis más, presentes en más del 30% de las relaciones de los participantes: insultos (39,5%); insistencia abusiva (38,7%); control (38,1%); menosprecio (35,6%); aislamiento (31,3%) y descalificación (30,8%). Es decir que diecisiete conductas o actitudes que expresan violencia psicológica se encuentran presentes en tres de cada diez relaciones de noviazgo de los participantes.
En porcentajes menores se encuentran las restantes conductas o actitudes: monopolización (29,5%); órdenes (24,6%); posturas y gestos amenazantes (19,1%); amenaza de suicidio (12%); destructividad (10,4%) y por último amenaza de muerte (3,1%).
Se observan diferencias entre las conductas y actitudes reportadas por las mujeres y los varones de la muestra, como aquellas que reciben de parte de sus parejas hacia ellas o ellos (ver Tabla 1). Así, más mujeres que hombres de la muestra, refieren haber recibido o recibir de parte de sus parejas, presentes o pretéritas, en mayor porcentaje que los varones de la muestra, las siguientes conductas o actitudes: falta de empatía y apoyo (23,9%); ridiculización (15,4%); manipulación de la realidad (14,1%); insistencia abusiva (13,9%); descalificación (11,8%); amenaza de abandono (10,7%); egoísmo y control (10,2% cada una); insultos (8,1%); posturas y gestos amenazantes (7,8%); destructividad (5%) y amenaza de suicidio (2,8%).
Por otro lado, un mayor porcentaje de varones que mujeres de la muestra, han reconocido padecer de parte de sus parejas hacia ellos, en sus relaciones presentes o pretéritas, las siguientes conductas o actitudes relacionadas con la violencia psicológica: críticas (45,6%); aislamiento (16,1%); rechazo (14,7%); monopolización (11,7%) y oposicionismo (10,3%).
En las restantes conductas o actitudes no se encontraron diferencias entre los varones y las mujeres de la muestra, es decir que un porcentaje similar de ellos reconocen recibir o haber recibido de parte de sus parejas hacia ellas o ellos: reproches; acusaciones; negación; menosprecio; órdenes y amenazas de muerte. Cabe destacar que, ninguna de estas diferencias, entre hombres y mujeres de la muestra, fue estadísticamente significativa.
El instrumento utilizado permite indagar acerca de las emociones experimentadas por los miembros de la pareja como consecuencia de la ocurrencia de conductas o actitudes de violencia psicológica en sus noviazgos.
Una vez más se observan diferencias entre los varones y las mujeres de la muestra, en lo que respecta a las emociones más frecuentemente experimentadas por unas y otros en virtud de la ocurrencia de conductas o actitudes que expresan violencia psicológica en la relación de noviazgo. Por un lado, un mayor porcentaje de mujeres de la muestra refiere haber experimentado o experimentar: angustia (58%); tristeza (51%); sentimientos de inseguridad (34%) y humillación (14%) debido a la presencia de conductas o actitudes que expresan violencia psicológica en sus relaciones de noviazgo. Por otro lado, un mayor porcentaje de varones de la muestra reconoce haber experimentado: enojo (53%); rabia (22%); indiferencia (13%) y odio (9%). En las restantes emociones reconocidas por los participantes no se encontraron diferencias entre varones y mujeres (ver Tabla 2). En el único ítem donde se encontró diferencia estadísticamente significativa, entre los hombres y mujeres de la muestra, fue en el sentimiento de inseguridad (p= 0,019, o sea p < 0,05).
Tabla 2. Emociones experimentadas por la presencia de conductas o actitudes que expresan violencia psicológica en la relación de noviazgo (n=452). Distribución por Sexo.

Fuente: Elaboración propia.
Es importante destacar que mientras más mujeres reconocen conectarse con la angustia y tristeza (en un 58% y 50% respectivamente), la categoría más frecuente en los hombres de la muestra fue enojo, reconocida como la emoción experimentada por el 53% de ellos; seguida de la rabia (22%), indiferencia (13%) y odio (9%).
Otras diferencias entre los varones y mujeres de la muestra fue que mientras que el 34% de las mujeres reconoce haber experimentado un sentimiento de inseguridad, solo el 19% de los varones de la muestra lo habría experimentado. Asimismo, si bien el 15% de las mujeres reconoce haber experimentado humillación, este sentimiento fue reportado solo por el 4% de los varones. Los varones y mujeres de la muestra no han reportado diferencias en las restantes emociones y sentimientos considerados en el cuestionario.
En lo que respecta a las reacciones de los miembros de la pareja frente a la ocurrencia de conductas o actitudes que reflejan violencia psicológica en el noviazgo, se observa que algunos participantes reconocieron que no lo dejaban pasar como si nada hubiese sucedido y otros refirieron que conversaban con la intención de llegar a un acuerdo (ver Tabla 3).
Tabla 3. Frecuencias y porcentajes de Acciones o decisiones tomadas luego de la ocurrencia de Conductas o Actitudes de Violencia en muestra total (n=452. Distribución por Sexo.

Fuente: Elaboración propia.
La mayoría de los participantes entiende que la ocurrencia de conductas y actitudes que expresan violencia psicológica en las relaciones de noviazgo no lo/la afectaron emocionalmente (ver Tabla 4).
Tabla 4. Afectación emocional por presencia de conductas o actitudes de violencia psicológica en el noviazgo.

Fuente: Elaboración propia.
Mientras que el 76% de los participantes, considera que la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo es un problema social, un 57% la considera como un problema de la pareja. Sólo una persona (0,22%) considera que esto no es un problema (ver Tabla 5).
Tabla 5. Forma de percibir la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo distribuida por sexo.

Fuente: Elaboración propia.
No obstante, más varones de la muestra la consideran como un problema de pareja (62%) en relación a las mujeres de la misma (56,4%). Un 35% de los participantes (n=158, 133 mujeres y 25 varones) consideran a la violencia psicológica tanto como un problema social como un problema de pareja.
Tres de cada cuatro participantes refirió haber respondido el cuestionario en base a una sola relación de noviazgo, mientras que uno de cada cuatro lo hizo en base a distintas relaciones de noviazgo (ver Tabla 6).
Tabla 6. Cantidad de relaciones de noviazgo en función de las que se respondió el cuestionario.

Fuente: Elaboración propia.
El avance e incidencia de la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo de los jóvenes ha sido planteada claramente por Wolfe, Crooks & Hughes (2011) [2], Escoto Sainz et al., (2007) [5], Póo y Vizcarra (2008) [13], Muñoz-Rivas et al., (2007) [17], en investigaciones que demuestran una alta frecuencia de este tipo de violencia, exteriorizadas sobre todo en conductas de descalificación y control sobre alguno de los miembros de la pareja, tal como se observa en el presente estudio.
Rey-Anacona (2009) [24] y Rey-Anacona, Mateus-Cubides, y Bayona Arévalo (2010) [25], expresaron que el maltrato psicológico triplica al maltrato físico. Asimismo, en otro estudio realizado por Rey Anacona, Martínez Gómez y Londoño Arredondo (2017) [26], los resultados confirmaron la mayor frecuencia de los malos tratos de tipo psicológico sobre los otros tipos, particularmente las conductas de control y coerción sobre la pareja. González Lozano (2009) [18] cita estudios donde las agresiones psicológicas preceden a las físicas y son mucho más numerosas.
En una investigación con 863 mujeres universitarias (entre 18 y 25 años) se observó que el 48% refirió haber sufrido o sufrir violencia en el noviazgo y un 39% reconoció la existencia de más de una forma de violencia en sus relaciones de noviazgo (Frederick & Susan, 2005, en Hernando Gómez, García Rojas & Montilla Coronado, 2012) [27].
Rojas-Solís (2013) [28] analizó el tipo de agresión más frecuente en las relaciones de noviazgo “algunos estudios en México han concordado en la mayor frecuencia de las agresiones psicológicas (…) especialmente las agresiones verbales (…)”. Según la Encuesta nacional de violencia en las relaciones de noviazgo “… más del 70% de los y las mexicanos con edades entre los 18 y 24 años han padecido agresiones psicológicas” (p. 7).
Rubio-Garay, López-González, Saúl y Sánchez-Elvira-Paniagua. (2012) [29] observaron que la violencia psicológica/verbal fue la modalidad agresiva más empleada por los agresores y más sufrida por las víctimas. Un estudio sobre la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo en estudiantes de psicología de una universidad pública de Córdoba (Bordón, 2016) [22], evidenció que todas las actitudes y conductas consideradas por Taverniers (2001 en Blázquez Alonso, et al., 2010) [23] como expresiones de la violencia psicológica, se encuentran presentes, en mayor o menor medida, en las relaciones de noviazgo de los sujetos de la muestra. De las 23 actitudes y conductas que expresan violencia psicológica, 15 de ellas, son identificadas en sus relaciones de pareja, por más del 40% de los entrevistados, lo que permite concluir que la violencia psicológica está presente en las relaciones de noviazgo de los estudiantes de psicología de tal Casa de Altos Estudios.
Los resultados presentados en este trabajo son congruentes a los hallazgos de las investigaciones mencionadas anteriormente.
Calla Sisa y Chambi Añamuro (2017) [31] estudiaron la violencia psicológica en las relaciones de pareja de 1248 estudiantes de instituciones públicas de la ciudad de Arequipa y las correlacionaron con el sexo, edad y tiempo de relación de las parejas. No encontraron diferencias significativas en cuanto al género; es decir, en la población estudiada, tanto los hombres como las mujeres reportaron ser víctimas de violencia en igual medida. No obstante la investigación desarrollada por Rey Anacona et al. (2017) [26], en la que comparó la prevalencia por sexo de seis agresiones sexuales entre 902 varones y mujeres colombianos solteros y sin hijos; concluyó que un porcentaje significativamente mayor de varones reportó haber ejercido cuatro de estas seis conductas, comparados con las mujeres. Los hombres del área urbana presentaron un rango promedio significativamente mayor de conductas de maltrato psicológico, emocional y sexual, así como a nivel general.
En los resultados de la presente investigación también se destaca la bidireccionalidad de las conductas y actitudes de violencia psicológica. Estos datos coinciden con los hallazgos de Pacheco Maldonado y Castañeda Figueroa (2013) [14], quienes concluyeron:
Por lo tanto se puede afirmar que la violencia se ha vuelto bidireccional, sobre todo en las relaciones de pareja, en este caso la relación de noviazgo. Tanto hombres y mujeres son susceptibles de ser generadores y receptores de violencia, en diversos escenarios; aunque la violencia no es percibida como tal hay indicadores que sirven para mostrar su existencia en las relaciones de noviazgo, por más procesos y operación psicológicas (minimización, justificación, naturalización, etc.) que realicen y sea difícil reconocerla, la violencia está presente. La violencia es recibida pero no es concebida como tal, ya que se han vuelto dinámicas en las relaciones de noviazgo (p. 219).
Rodríguez Hernández, Riosvelasco Moreno y Castillo Viveros (2018) [31] reconocen que tanto hombres como mujeres pueden ser victimizados en una relación de noviazgo y consideran un hecho que las tasas de victimización son altas para ambos géneros. No obstante, en la investigación llevada a cabo por Rubio-Garay, et al. (2012) [29], los resultados hallados mostraron un patrón recíproco frecuente en la agresión psicológica pero, a medida que se agravaba la expresión conductual de la violencia (por ejemplo, golpes, amenazas o palizas), disminuía su carácter recíproco y se incrementaba la unidireccionalidad de las agresiones.
De las veintitrés actitudes o conductas que expresan violencia psicológica, once (11) de ellas son identificadas por más del 40% de los entrevistados, y diecisiete (17) de éstas estarían presentes en el 30% de las relaciones de noviazgo de los participantes. Es decir que cuatro de cada diez estudiantes universitarios reconoce la presencia de, al menos, once conductas o actitudes vinculadas a la violencia psicológica, y tres de cada diez reconoce hasta diecisiete de ellas. En función de estos hallazgos es posible considerar que la violencia psicológica está presente en las relaciones de noviazgo de los estudiantes de la Facultad de Psicología de la UDA, como en varias de las investigaciones rastreadas.
Rey-Anacona et al. (2010) [25] identificaron, al igual que en el presente estudio, ciertas diferencias entre varones y mujeres en malos tratos ejercidos durante el noviazgo. Así, mientras que, por un lado, un mayor porcentaje de varones de la muestra, en relación a las mujeres de la misma, refiere que sus parejas han ejercido hacia ellos críticas, aislamiento, rechazo, monopolización y oposicionismo; por el otro lado, las mujeres reconocen, en mayor porcentaje que los varones de la muestra, que sus parejas han ejercido las siguientes actitudes o conductas de violencia psicológica hacia ellas: falta de empatía, ridiculización, manipulación de la realidad, insistencia abusiva, descalificación, amenaza de abandono, control, egoísmo, insultos, posturas y gestos amenazantes, destructividad y amenaza de suicidio. En las restantes conductas o actitudes de violencia psicológica, no se han hallado diferencias entre hombres y mujeres.
En lo que respecta a las emociones experimentadas por los participantes Wolfe et al, 2009 (citados en Wolfe, Crooks & Hughes, 2011) [2] han enfatizado las repercusiones psicológicas y comportamentales negativas que entrañan tales conductas y actitudes.
Morales Díaz y Rodríguez Del Toro (2012) [32], hallaron que la mayoría de mujeres adultas que habían sido víctimas de violencia (verbal, emocional, psicológica y sexual) en su noviazgo, reconocieron haber experimentando consecuencias emocionales y psicológicas, tales como síntomas de ansiedad, depresión y baja autoestima. Asimismo, del análisis de sus discursos se desprenden diversas formas de violencia emocional y psicológica padecidas: control, intimidación, humillaciones y manipulaciones.
Rodríguez Hernández et al. (2018) [31] mencionaron como secuelas de la violencia en el noviazgo, entre otras, síntomas del trastorno de estrés postraumático y de disociación; así como síntomas de ansiedad y depresión.
Las emociones más frecuentemente experimentadas por los participantes de esta investigación, en virtud de la presencia de conductas o actitudes que expresan violencia psicológica en sus relaciones de noviazgo, son: angustia, tristeza y enojo; reconocidas estas por el 56%, 50% y 49% de los participantes. Es decir que una de cada dos personas reconoció experimentar o bien angustia y tristeza, o bien enojo. Mientras más mujeres reconocen conectarse con la angustia y tristeza (en un 58% y 51% respectivamente), la categoría más prevalente en los hombres de la muestra fue enojo, reconocida como la emoción experimentada por el 53% de ellos. Otra diferencia notable entre los varones y las mujeres fue la hallada en relación al sentimiento de inseguridad, ya que mientras que el 34% de las mujeres reconoce haberlo experimentado, solo el 19% de los varones de la muestra lo hizo.
Ahora, si por un lado se consideran tres de las emociones más frecuentemente experimentadas por los varones de la muestra, es decir, enojo, rabia y odio; y por el otro lado recordamos que un mayor número de mujeres de la muestra reconoce recibir, de parte de sus parejas hacia ellas (en mayor medida que los varones de la muestra), insultos, insistencia abusiva, posturas y gestos amenazantes y destructividad; se podría inferir que la dificultad en la gestión de las emociones en los varones permitiría explicar por qué más de ellos insultan, destruyen cosas, mantienen posturas y gestos amenazantes, todas estas conductas reportadas por más mujeres de la muestra como recibidas por parte de sus parejas hacia ellas. Asimismo, las ineficaces estrategias de afrontamiento para este tipo de conductas violentas permitirían explicar la razón por la que más mujeres suelen experimentar angustia, tristeza, sentimiento de inseguridad y humillación frente a la presencia de conductas o actitudes que expresan violencia psicológica en las relaciones de noviazgo.
Quizás estos datos puedan arrojar indicios útiles a la hora de elaborar propuestas de intervención más acordes a las necesidades específicas de cada género, con el fin de promover el establecimiento de relaciones de noviazgo libres de todo tipo de violencia por un lado, y por el otro, diseñar propuestas de intervención más orientadas hacia la gestión asertiva de las emociones para los varones y más orientadas a la adquisición de estrategias más eficaces de afrontamiento, el fortalecimiento de la autoestima y el empoderamiento para las mujeres.
En lo que respecta a las reacciones referidas por los participantes frente a la ocurrencia de alguna conducta o actitud de violencia psicológica, Morales Díaz y Rodríguez Del Toro (2012) [32] observaron en su estudio que:
(…) la mayoría señaló no haberle informado a éstos lo que les ocurría en su noviazgo. Es importante destacar que de las narrativas de (8) participantes se desprende, que aunque los padres y madres sabían lo que pasaba en la relación de pareja de sus hijas, no las alertaban, orientaban ni intervenían para protegerlas. Tampoco, los padres y madres las exhortaban directamente a romper la relación de noviazgo maltratante (p. 78).
Los participantes han identificado conductas y/o actitudes que reflejan violencia psicológica en sus relaciones de noviazgo, las cuales han afectado la relación, han generado emociones disfóricas y han influido en futuras relaciones de noviazgo (44,5%).
Algunas participantes se aislaban de los amigos al considerar que “que los juzgaban sin realmente conocerlos”, observándose comportamientos de protección del agresor, la no identificación de la violencia y la justificación de las conductas violentas. Tampoco los profesionales (trabajadores sociales o psicólogos) fueron identificados como fuentes de ayuda o apoyo para trabajar su problema de violencia, coincidiendo todo lo anterior, con nuestros hallazgos.
Rodríguez Hernández, et al. (2018) [31] analizaron la relación entre el apoyo social percibido de familiares y amigos y la victimización en relaciones de noviazgo en 679 estudiantes universitarios mexicanos. Concluyeron que el apoyo social puede amortiguar los efectos negativos de enfermedades y eventos negativos, sin embargo
(…) el impacto del apoyo social en el bienestar de los jóvenes es un fenómeno complejo y con varios matices, uno de los cuales es el referente a las fuentes que proporcionan la ayuda o se perciben disponibles para asistir al individuo (p. 4).
Calla Sisa y Chambi Añamuro (2017) [30] indicaron que el 15.9% de los jóvenes mantenían una relación violenta, lo que implicaría consecuencias nocivas para su desarrollo. Los autores agregan “Además, los más jóvenes suelen ser más reservados respecto a los problemas que afectan a su vida íntima, y pueden optar por guardar silencio e intentar encontrar una solución por su cuenta” (p. 55).
Esto permitiría comprender por qué los jóvenes estudiantes de esta muestra no buscaban ayuda en amigos, familiares o profesionales.
Morales Díaz y Rodríguez Del Toro (2012, p. 81) [32], entienden que, por lo general, las víctimas “(…) no le adjudican responsabilidad social al agresor, sino a sí mismas por la conducta de su pareja y por quedarse en la relación violenta”.
Que este tipo de violencia sea considerado como un problema de la pareja más que como un problema social es alarmante, ya que la circunscribe al marco de la intimidad, lo que puede llevar a las personas a no pedir ayuda. Bordón (2016) [22] entiende que el considerarla como un problema social, permite visibilizar variables generadoras de la misma que no son individuales y puede promover la búsqueda de ayuda.
Una consideración especial merece el 25% de los participantes que contestó el cuestionario en función de distintas relaciones de noviazgo, ya que esto indicaría que estos estudiantes o bien ejercen actitudes y conductas que implican violencia psicológica en sus relaciones, o bien padecen este tipo de conductas o actitudes. Uno de cada cuatro participante se ha visto involucrado afectivamente en más de una relación abusiva, una relación en la que han estado presentes conductas o actitudes que expresan violencia psicológica. Urge pensar programas de promoción de la salud integral en general, y de prevención específica de este tipo de conductas o actitudes, con el fin de disminuir la incidencia del flagelo de la violencia psicológica en las relaciones de noviazgo de los jóvenes estudiantes universitarios mendocinos.
Osorio Guzmán y Ruiz Ortega (2011) [33] entienden que estudiar las manifestaciones de violencia que se presentan en esta etapa, es necesario para poner en evidencia este fenómeno y tomar decisiones que promuevan el diseño de programas psicoeducativos que prevengan la violencia y sus consecuencias.
Es de vital importancia lograr identificar ciertas pautas para advertir que la violencia se va construyendo y reforzando con la interacción cotidiana (Torres Falcón, 2011) [34].
Por último, tal como lo han explicitado en sus investigaciones Martínez Gómez y Rey Anacona (2014) [35]; y Vizcarra Póo y Donoso (2013) [36], se debe hacer hincapié en programas de prevención primaria y secundaria de violencia en el noviazgo, cuya eficacia debe ser probada, ya que es necesario promover el avance del conocimiento sobre la temática y realizar estudios con una metodología más rigurosa para diseñar y evaluar programas preventivos.
Se recomienda, para una profundización sobre la temática por parte de los protagonistas, realizar grupos focales o de discusión, como forma de triangulación de métodos/técnicas desde un enfoque cualitativo.
En virtud de que se trabajó con una muestra intencional, no probabilística, los resultados no son generalizables para la población total, sino que sólo describen la muestra analizada.
Agradecimientos
Se agradece al Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología, Universidad del Aconcagua.
Conflictos de interés: no existen conflictos de interés para que este manuscrito sea publicado.
Fuentes de financiación: la investigación fue financiada por el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad del Aconcagua.
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