Pablo Von Stecher, Doctor de la Universidad de Buenos Aires (Área Lingüística) 1
1. Investigador Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Argentina). Dirección Postal: Instituto de Lingüística, Universidad de Buenos Aires, 25 de Mayo 217/221, 1° piso (C1002ABE) Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Correo electrónico: pablovonstecher@gmail.com
Archivos de Medicina (Manizales), Volumen 16 N° 1, Enero-Junio 2016, ISSN versión impresa 1657-320X, ISSN versión en línea 2339-3874. Von Stecher P.
Von Stecher P. Hacia una medicina argentina: ciencia, nación y escritura. Arch Med (Manizales) 2016, 16(1):167-77
Recibido para publicación: 03-04-2016 - Versión corregida: 06-05-2016 - Aprobado para publicación: 06-05-2016
Objetivo: este trabajo indaga en una serie de reflexiones producidas por algunas de las voces fundadoras del discurso médico argentino entre 1850 y 1930; analiza la conformación del objeto discursivo medicina argentina a partir de los rasgos, obstáculos y desafíos a éste vinculados; y observa las continuidades significativas que, a lo largo de estas décadas, resultan recurrentes en su conformación. Materiales y métodos: el material de estudio es un corpus de discursos médico-institucionales formulados por Manuel Montes de Oca, Eduardo Wilde, José Ingenieros y Bernardo Houssay. En términos teórico-metodológicos, el artículo se inscribe en el campo de la Historia de la Medicina y del Análisis del Discurso, cuyo interés es estudiar simultánea y recíprocamente las dimensiones verbales y socio-institucionales de los discursos. Resultados y conclusiones: el análisis expone la recurrencia de ciertos elementos en relación con la construcción de una medicina argentina: a) las dificultades para producir y divulgar conocimientos locales, así como los desafíos por afianzar la autoridad de una ciencia nacional; b) los conflictos frente a la medicina extranjera y frente a la figura del médico extranjero; c) en términos discursivos, la reiteración de metáforas similares para referirse a la medicina argentina siempre como un proyecto a futuro: “una página a escribir”, “un libro por redactar”, “un edificio por construir”.
Palabras clave: medicina, historia, discurso.
Objective: this paper inquiries into a series of reflections produced by some of the founding voices of the Argentinian medical discourse between 1850 y 1930; it analyses in the conformation of the discursive object Argentine medicine through its related features, obstacles and challenges; and it examines the meaningful continuities that, all the way through these decades, have become recurrent in its conformation. Materials and methods: the materials are a corpus of medical-institutional discourses produced by Manuel Montes de Oca, Eduardo Wilde, José Ingenieros and Bernardo Houssay. In theoretical-methodological terms, the article relies on the History of Medicine and on the Discourse Analysis, discipline that studies the verbal dimension and the socio-institutional dimension of the discourses, in a simultaneous and reciprocal way. Results and conclusions: the analysis exposes the recurrence of certain elements in relation to the construction of an Argentinian medicine: a) the difficulties to produce and disseminate the local researches, but also the challenges in order to consolidate the authority of a national science; b) the problems with the foreign medicine and also with the foreign doctor; c) in discursive terms, the repetition of similar metaphors to refer the Argentine medicine always as future project: “a page to write”, “a book to write”, “a building to construct”.
Key words: medicine, history, discourse.
En 1854 Juan José Montes de Oca -el entonces Vicepresidente de la Facultad de Medicina de Buenos Aires- le encomienda su hijo, Manuel Augusto, la redacción de una obra precursora sobre la medicina nacional: “Hay un libro en blanco que hace muchos años que espera la pluma inspirada de un hijo del Plata que escriba en él la primera página: este libro destinado a jugar, un día, un rol importante en los destinos de la República (…) es el libro, todavía en blanco, de nuestra ciencia médica”(1). En cierto sentido, Manuel A. Montes de Oca asume la tarea y escribe una tesis doctoral pionera en la región, el Ensayo de las enfermedades que se observan en Buenos Aires y, con ello, se empieza delinear el discurso de una medicina argentina. Desde entonces, distintos médicos formularán en sus escritos propuestas o reflexiones concernientes a la definición y a los propósitos de una medicina regional y nacional, y de una ciencia autóctona.
El propósito del artículo es analizar la construcción del objeto discursivo medicina argentina y, en menor medida, ciencia argentina, a partir de los enunciados de algunas de las voces fundadores que guiaron el desarrollo de la clínica en el país. El artículo se inscribe en el terreno de la Historia de la Medicina y también del Análisis del Discurso, disciplina que propone el estudio simultáneo y recíproco de las dimensiones verbales y socio-institucionales del discurso(2). En relación con el concepto de objeto discursivo, Michel Foucault señala que todo discurso es una práctica que forma objetos enunciados pero subraya que son históricas las condiciones para que surja un objeto(3); en tanto, Jean Blaise Grize se detiene en los procedimientos intradiscursivos (selección de vocabulario, uso de figuras retóricas, modalidades enunciativas) que permiten enfatizar determinados aspectos de un objeto discursivo así como filtrar u ocultar otros(4).
El corpus de análisis se conforma por los siguientes materiales: el Ensayo de las Enfermedades que se observan en Buenos Aires (1854) y el “Discurso Inaugural de la Cátedra de Cirugía” (1878) de Manuel A. Montes de Oca; la tesis Disertación sobre El Hipo (1870), el “Discurso Pronunciado en la Asociación Médica, al recibir la medalla con que se premió la tesis sobre El Hipo” (1871a) y la reflexión sobre los “Exámenes de la Facultad” (1871b) de Eduardo Wilde; los ensayos sobre “Los médicos en la cultura argentina” (1915) y “Los estudios psicológicos en la Argentina” (1919) de José Ingenieros; y las conferencias: “La enseñanza de la fisiología” (1920), “La fisiología y la medicina” (1926), “El porvenir de las ciencias en la Argentina” (1929), “Debe ayudarse a la ciencia argentina” (1933) y “Discurso homenaje por sus 25 años como profesor” (1934), de Bernardo Houssay. El arco temporal trazado (1850-1930) inicia con el momento en que la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires asume formalmente tal rango académico-institucional, y se extiende hasta 1930, instancia de proliferación discursiva del fisiólogo Nobel argentino Bernardo Houssay. El criterio de selección de textos y autores del presente corpus responde a recuperar producciones enunciativas que se han constituido como eslabones fundacionales de la clínica nacional, pero que además han referido, comentado o descripto el tópico “medicina argentina” de manera específica. Se trata, en suma, de una serie de enunciados académicos que, sin pretender conformar un programa concreto y sostenido, convergen en la reflexión sobre una medicina de carácter nacional (a)
Se busca demostrar que los propósitos y obstáculos que se definieron como propios de una medicina argentina, entre 1850 y 1930, han sido representados con continuidades significativas vinculadas a una serie de preocupaciones recurrentes: las dificultades para producir y divulgar conocimientos locales, los conflictos frente a la figura del médico extranjero, y las intenciones de enseñar temáticas y logros de la clínica autóctona, así como de afianzar el prestigio de la ciencia nacional en el marco de la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires.
Varias décadas antes de la creación de la Universidad de Buenos Aires, la medicina fue objeto de estudio y de enseñanza en otros espacios institucionales del área del Río de la Plata. El Protomedicato controló la salud pública, instruyó en medicina y se expidió contra el ejercicio curanderil entre 1780 y 1814. Un año después, el Instituto Médico Militar, se focalizó en la formación de médicos y cirujanos, y en su preparación para el accionar bélico. Un Departamento de Medicina tuvo lugar hacia 1821 con la fundación de la Universidad de Buenos Aires5. No obstante, durante las décadas siguientes, el estudio y la reflexión académica en el área atravesarían una etapa de oscuridad devenida de la reducida inversión intelectual y presupuestaria bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosa (b). Durante el rosismo, entre 1835 y 1852, se forzó tanto la renuncia de consagrados profesores, como el abandono voluntario de otros y el uso obligatorio del emblema rosista (la divisa punzó) entre los catedráticos, asimismo, se incrementaron los aranceles y comenzaron a escasear los libros de texto6.
La caída de Rosas en la batalla de Caseros (1852) y la conformación de la Constitución de 1853 resultarían pasos fundamentales en el proceso histórico que orientaría, durante un periodo extenso, complejo y violento, la construcción del estado nacional. Entonces se generaron distintas reflexiones por parte de intelectuales y pensadores sobre la organización futura de la Argentina en un marco político que se suponía más favorable. Entre los distintos ámbitos de saber desde los que se produjeron discursos sobre el quehacer nacional, el dominio médico ha ofrecido enunciados de interés -y hasta el momento poco explorados- acerca de su papel, sus vacíos y sus desafíos.
Es en este contexto que Manuel A. Montes de Oca (1832-1882) -por entonces, Secretario del Consejo de Higiene y profesor universitario- asume la escritura de “la carátula y la primera página del libro en blanco de nuestra ciencia médica”1: el Ensayo de las Enfermedades que se observan en Buenos Aires. Desde la introducción, la tesis se construye sobre una enunciación pionera y original, alejada de las trilladas huellas que retoman los estudios sobre patologías tratadas una y otra vez por la bibliografía vigente. A partir de ello aborda un tema que califica difícil y extenso: las enfermedades que esporádica, endémica o epidémicamente se observan en el país. Como lo muestra la tensión entre este enunciado y el título del texto, la tesis se dedica por unos momentos a los males sanitarios bonaerenses, y por otros, a aquellos propios de la capital y de la campaña. Así pues, bajo la metáfora de la construcción, se propone:
“(…) echar los cimientos del edificio de una Medicina Bonaerense (…) Nuestras enfermedades, nuestra terapéutica, todo en fin cuanto se relaciona con el arte de curar en el Plata, es completamente desconocido en ambos hemisferios. Nosotros queremos, pues, llenar un vacío y borrar una afrenta”(1).
Si bien el texto repasa algunas epidemias, endemias y enfermedades de estación, se concentra en las causas u orígenes de ciertas patologías locales que resultan representativas de costumbres propias y heredadas. En principio, advierte sobre la falta de hábitos higiénicos de las mujeres embarazadas, parturientas y recién nacidos, el descuido de la lactancia materna y los efectos adversos consecuentes del uso del corsé. Le dedica un capítulo completo al consumo del mate, la popular infusión representativa de la zona del Río de la Plata, y observa su propensión a las gastralgias, dispepsias, náuseas, cólicos y caries. También se refiere a las prácticas de equitación como transporte recurrente de los gauchos, y su correlato en hernias, reumatismo, várices y arqueamiento de piernas. Asimismo, señala otros hábitos tan patológicamente peligrosos como antisociales: la embriaguez y su incidencia en las conductas incoherentes y el extravío de la razón; la prostitución, y con ello las herpes, la sífilis y el aumento de hijos ilegítimos y abandonados; el charlatanismo -la creencia en el discurso y las medicinas proporcionadas por el curanderismo-; y el carnaval, “juego bárbaro que nos legaron los Españoles y que merece la reprobación tanto del moralista como del legislador y el anatema de los médicos… durante el cual se cometen excesos y escándalos que afectan seriamente la moral y la salud pública”(1). Para concluir, Montes de Oca refiere las funestas consecuencias que el despotismo del régimen rosista dejó en la salud de los argentinos, en particular, la cultura del miedo, las problemáticas cardíacas y las tendencias hacia la enajenación.
En este sentido, Montes de Oca focaliza tempranamente en elementos que calarán con profundidad en la identidad argentina y, siendo algunas prácticas aparentemente inofensivas y socialmente aceptadas, las ubica en un lugar de peligro sanitario latente. Así pues, en la conformación del objeto medicina argentina se filtra la mirada moralizante del médico higienista, responsable de la salud pública, tanto para advertir sobre males como la embriaguez y la prostitución que, hacia fines del siglo XIX, resultarán un tópico de estudio incansable y de fascinación por parte de higienistas y criminólogos; como para introducir la problemática de las “patologías devenidas del rosismo”, futuro tema de disertación de la psiquiatría nacional(7).
En 1870, el médico higienista, profesor y escritor Eduardo Wilde (1844-1913) defendió su tesis intitulada Disertación sobre el Hipo. Desde sus años como estudiante en la Facultad de Medicina, Wilde manifestó su compromiso con la profesión al aceptar el cargo de interno en el Lazareto de Coléricos, puesto rehusado por médicos recibidos. Asimismo, durante la epidemia de fiebre amarilla (1871) -que llevó a la muerte al 8% de la población y motivó el éxodo masivo a la zona norte de la ciudad- Wilde permaneció en Buenos Aires y colaboró con la causa hasta contraer la enfermedad. Posteriormente, dirigió la cátedra de Medicina Legal y Toxicología, y el Departamento Nacional de Higiene.
En 1871, Wilde escribe un ensayo sobre los “Exámenes de la Facultad” en el que reflexiona sobre la sólida base experimental con que los alumnos argentinos concluyen su formación médica: horas de estudios, especificidad de cursos y sólidas prácticas. En este sentido reivindica su potencial intelectual y su experiencia frente a los médicos extranjeros arribados al país en las primeras oleadas inmigratorias, con poca práctica y menor preparación. No obstante, señala que estos últimos resultan admirados y elegidos (por sobre los locales), a causa de sus apellidos y dialectos foráneos, y del prestigio derivado de una supuesta mejor preparación en el exterior(8).
En ese mismo año, Wilde pronuncia un “Discurso de agradecimiento” por la medalla recibida por parte de la Asociación Médica Argentina en el que percibe -sin embargo- ciertos defectos propios del cuerpo médico argentino. Destaca una gran pereza que se manifiesta al momento de producir ideas originales: a la corporación médica “no se le ocurre nunca nada, ni una idea que transmitir, ni un pensamiento que publicar, ni un proyecto que madurar, ni un adelanto que proponer”(9). La sólida base experimental adquirida en la carrera parece no traducirse en el trabajo de investigación. Dentro de esta problemática, Wilde enfatiza la dificultad de divulgar saberes propios. Se refiere al órgano de difusión de la disciplina: la célebre Revista Médico-Quirúrgica (c) como un espacio “en donde podría mostrarse con ventaja, todo el lujo de nuestra inteligencia latina, todo el brío y la espontaneidad de los más audaces pensamientos”. Sin embargo, nadie parece querer asumir el “honor (de) ser redactor de un periódico científico”(9). Se trata de una publicación que, en términos de Wilde, nadie leía, comentaba, escribía o tenía en cuenta, falencias importantes porque en su concepción de una medicina argentina, la lectura y la producción de conocimientos locales resultaban aspectos fundamentales. Un año antes, en la Disertación sobre el Hipo -investigación apadrinada por Manuel A. Montes de Oca- Wilde comparaba esta situación local frente a lo que ocurría en países como Francia, Alemania, Italia o Inglaterra, espacios en los se producían millones de libros científicos a cada año(10).
En el marco de una situación de homenaje y premiación, lejos de buscar congraciarse con el auditorio, Wilde irrumpe con un tono crítico y amonestador en torno a la actitud apática de la clínica local. Entre los médicos argentinos, Wilde encuentra egoísmo, indolencia y falta de compañerismo. Aún más, remarca cómo algunos, hombres de colosal fortuna, de excelente educación y dedicados a la función política jamás han donado un volumen a las bibliotecas de la Facultad o de la Asociación Médica. No obstante, si todavía no ha sido producida ni una sola página de nuestros médicos ilustres, éste es el momento -entendía Wilde- para mostrar a los extraños que hay en la República Argentina, inteligencias tan poderosas como en cualquier otra parte del mundo. Y así como Manuel Montes de Oca había empezado a forjar los cimientos de esta obra, Wilde retoma la metáfora edilicia y sostiene:
“Ya tenemos la base, no dejemos que el edificio se arruine en sus cimientos (…) Demos libre expansión al pensamiento, comuniquemos nuestras ideas, publiquemos nuestras opiniones científicas, critiquemos nuestros actos a la luz de los conocimientos actuales, con el propósito, no de hundirnos mutuamente, sino de dilucidar cuestiones importantes y habremos animado esta materia semi-inerte que se llama cuerpo médico argentino. Tengamos fe, perseverancia y propósitos firmes, y haremos una medicina argentina”(9).
Wilde se refiere a dos tópicos en relación dependiente: el cuerpo médico argentino y la medicina argentina. Para conformar el segundo, es condición previa abandonar los vicios (egoísmo, pereza) que inmovilizan el primero. Sólo una vez reactivado el cuerpo médico, se vuelven necesarias entonces la labor conjunta, la producción, la puesta en crítica y la comunicación de los conocimientos. El sostenimiento de las últimas virtudes enunciadas (fe, perseverancia, firmeza) augura, a futuro, la concreción del proyecto.
En diálogo con estos enunciados de Wilde, y posicionado ya como profesor de la Cátedra de Cirugía, Manuel Montes de Oca señala en su “Discurso Inaugural” correspondiente al curso de 1878:
“Ahora, oíd y juzgad una aspiración de mi alma, alumnos y amigos. La juventud médica formada en nuestra escuela sobre los libros y el cadáver y a la cabecera de los enfermos, brillante y numerosa, anhela romper los vínculos serviles que la ligan al extranjero, manifestando la independencia de sus juicios y la riqueza de sus conocimientos, bebidos en la inagotable fuente de la clínica civil y de hospitales. Nadie respeta más que yo las opiniones de los sabios que han constituido el cuerpo de doctrina de la ciencia médica moderna; y nadie más que yo se inclina con admiración ante sus descubrimientos grandiosos y sus triunfos sublimes; pero ¡ojalá todos tuvieran la convicción que me anima del poder de nuestra fuerza intelectual!”(11)
La propuesta de Montes de Oca se desarrolla en distintos momentos. En primer lugar y menos escéptico que Wilde, se ocupa de enfatizar el conocimiento local, el entusiasmo, la juventud, la frescura de ideas de los alumnos, la fuerza intelectual e ilustración de los profesores y el conocimiento médico autóctono, forjado en parte en los libros, pero sobre todo en la observación y la experiencia práctica junto al enfermo. En segundo lugar, un poco más cercano a Wilde, busca establecer cierta independencia con respecto al saber médico extranjero, conocimiento necesario pero no por ello absoluto o exento de errores. Si Wilde proponía abandonar la admiración ciega ante los médicos inmigrantes y reivindicar a los galenos locales, Montes de Oca da un paso más y pone en cuestión la actitud de aceptación absoluta de los conocimientos foráneos. En este sentido denuncia “la tiranía del magíster dixit, que escribiendo desde los grandes centros de la Europa urbi et orbi, como la bendición papal, nos impone sus ideas y sus doctrinas y nos arrastra alguna vez (…) en el tortuoso camino de las falsas apreciaciones y de la mala práctica”(11). Ilustra la posibilidad de la propuesta con los antecedentes de la gesta patriótica argentina y la ruptura con los vínculos del coloniaje.
No obstante, no se trataría de una ruptura absoluta. Al contrario, Montes de Oca plantea “una negociación”, una relación de complementariedad mutua que permita abandonar cualquier tradición de servidumbre. Frente al mundo civilizado y cristiano, y a las corrientes de ideas y hombres enviados desde Europa, propone -en contrapartida- el envío de “las corrientes auríferas de nuestra patria, del Perú, de Bolivia, de Chile y de la mayor parte de las repúblicas americanas”(11). En recompensa de sus semillas y animales, les serán devueltos los productos de “nuestra naturaleza exuberante”; por su “civilización”, “le ofrecemos el espectáculo de repúblicas libres”. Finalmente, invita a la comunidad médica a tomar la iniciativa de la revolución científica, en tanto entiende que los protagonistas de las grandes conquistas de la ciencia -Galileo, Newton- generaron rupturas frente a las tradiciones y autoridades de los antiguos sabios y maestros. Proclama, entonces, la necesidad de coleccionar, comentar, escribir, publicar y hacer un cuerpo de doctrina a partir de nuestras observaciones y nuestra propia experiencia. Concluye: “Lancémonos en ese camino; es difícil, pero es glorioso. Experimentemos y observemos para constituir a favor de nuestra patria una medicina propia, argentina, que como las tibias corrientes del golfo americano, lleve el calor de nuestra vida a la ciencia de la vieja Europa”(11).
Algunos elementos proyectados por Wilde y por Montes de Oca convergen en el objeto medicina argentina, en particular, el hecho de apuntalar el esfuerzo y la confianza en la ciencia autóctona -métodos, virtudes, caracteres propios- y la intención de darla a conocer. En ambos casos, tal intención se articula con una modalidad prescriptiva y desde un nosotros inclusivo con la comunidad médica (observemos, experimentemos, comuniquemos, publiquemos) que, antes que dar órdenes, busca guiar las acciones a efectuar por parte de los científicos locales, así como empezar a cuestionar algunos señalamientos y a algunos representantes de la ciencia extranjera.
Desde una mirada historiográfica, José Ingenieros (1877-1925) también se refirió a la cuestión de la medicina argentina. Ingenieros arribó al país desde su Italia natal en 1888. En 1900 se recibió de médico y escribió su tesis sobre La simulación de la locura. Desde entonces, se dedicó a la enseñanza y a la investigación en las áreas de criminología, psiquiatría y psicología, y produjo una multiplicidad de investigaciones sobre la alienación y la simulación que tuvieron alcance internacional. Asimismo, ocupó la función pública al frente del Instituto de Criminología de la Penitenciaría Nacional hacia 1907.
En el año 1915 Ingenieros escribe un ensayo sobre La personalidad intelectual de José M. Ramos Mejía, cuya reflexión introductoria se titula “Los médicos en la cultura argentina”. Allí anticipa: “Cuando se escriba nuestra historia de la medicina, junto con los pocos nombres que han descollado en los dominios propiamente del arte de curar, culminarán media docena de estadistas y pensadores, que también contribuyeron al porvenir de la raza”(12). Significativamente, más de tres décadas después de las reflexiones de Wilde y Montes de Oca, la construcción de una medicina argentina sigue siendo un desafío a futuro, como lo muestra el uso de tiempos verbales que se articulan en el enunciado del psiquiatra.
Ingenieros rescata a aquellos médicos que no se limitaron al estudio de los cuerpos y de las enfermedades, sino que a través de estos tópicos meditaron sobre las inquietudes del espíritu, los vicios que minan la sociedad, el carácter perecedero del hombre, la vida en el universo. De este modo, afirma que son seis los nombres hipocráticos que merecen perdurar en la historia de la cultura argentina: Argerich, Alcorta, Rawson, Muñiz, Wilde y Ramos Mejía. La mayoría de ellos, en efecto, además de dedicarse a la medicina, desplegaron su carrera en la política y se desarrollaron en la escritura: o bien en la redacción de correspondencias y conferencias sobre las problemáticas de higiene local (Rawson); o bien en la escritura de ensayos, reflexiones y relatos sobre viajes, ciencia, cultura y pensamiento argentino (Wilde, Ramos Mejía, Alcorta), o incluso en la conformación de un glosario pionero sobre las voces propias de la zona del Río de la Plata (Muñiz).
Tal como señala su título, este texto reivindica de manera particular la figura de José M. Ramos Mejía (1849-1914). Se trata del fundador del Círculo Médico Argentino (1873) y de uno de los iniciadores de las disciplinas psiquiátricas en el país. No resulta un dato menor el hecho de que Ingenieros destaque que Ramos Mejía, además de ejercer funciones médicas y políticas, era escritor, y que como tal se ocupó de impartir nociones de lectura y escritura, entre colegas y alumnos de la carrera. En efecto, cuando Ramos Mejía pronuncia su discurso como Presidente del Círculo Médico, hacia 1891, denuncia la falsa y antigua creencia que sentenciaba que “el perfecto médico debía ignorar por completo las más rudimentales nociones de la educación literaria (…) y que el clínico perfecto debía apenas saber coordinar dos malas ideas sobre el papel. Error, señores, error funesto para la educación superior que recibíamos”(13). Al contrario, Ramos Mejía enfatiza que el orden y la corrección en la expresión de ideas claras -tanto proferidas en la escritura como en la oralidad- resultaban las reglas constituyentes del buen estilo científico y, para adquirirlas, eran requisitos la práctica constante de la lectura, tanto de obras literarias como científicas.
En este sentido, Ingenieros vincula la construcción de una medicina nacional con la obra de una serie de médicos-escritores fundacionales en el país, pero además puntualiza la importancia de la redacción y publicación de obras que, entre las distintas especialidades médicas, den cuenta de la ciencia y la cultura local. Desafortunadamente, cuatro años después de esta reflexión, en su “Discurso Inaugural de la Cátedra de Psicología” (1919), Ingenieros advierte que hasta el momento “las publicaciones de índole puramente psicológica han sido muy contadas en la Argentina”. De todos modos, es interesante enfatizar la perspectiva que postula para la enseñanza no sólo de la psicología, sino de las ciencias en general: “Todo curso universitario debiera comenzar con una reseña de los trabajos que en el país se han escrito sobre la materia; así tengo el placer de haberlo practicado, desde 1909, en esta misma cátedra”14. Así pues, Ingenieros se ocupa de promover este enfoque hacia las distintas áreas de la enseñanza académica, en tanto lo considera como el método más propicio para educar el carácter de los jóvenes y para enseñarles a seguir el ejemplo de “los que trabajaron por la grandeza de la patria y a no confundirlos con los que vivieron de ella”(14).
En el mismo año en que Ingenieros pronuncia este discurso inaugural -1919-, Bernardo Houssay (1887-1971) gana el concurso que lo califica para ser profesor titular en la Cátedra de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires. A lo largo de su carrera, Houssay apostó a las políticas de investigación en la Universidad a partir de la obtención de cargos académicos con dedicación exclusiva, en efecto fue el primer profesor con dedicación exclusiva en la Universidad de Buenos Aires. En 1947 obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y, una década después, cofundó y dirigió el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas. Dado su interés por promover el trabajo de investigación de los profesores universitarios, las reflexiones de Houssay, antes que limitarse a la configuración de una medicina argentina refieren, sobre todo a una ciencia argentina.
Podría decirse que Houssay se inscribe en aquella propuesta de Ingenieros que revisaba los logros locales al comienzo de cada curso universitario. Si Ingenieros lo efectúa en la cátedra de Psicología desde 1909 y lo reivindica en 1919, Houssay también lo lleva a cabo -al menos hasta donde sabemos- en los discursos inaugurales de fisiología correspondientes a 1920 y 1926 (“La enseñanza de la fisiología” y “La fisiología y la medicina”). En ambos casos, Houssay repasa los nombres y aciertos de los representantes de la medicina nacional, desde Cosme Argerich y Manuel A. Montes de Oca hasta Horacio Piñero: su predecesor en el área de fisiología. En la conferencia de 1920, Houssay señala: “Permitidme, señores, que hable rápidamente de la evolución de nuestra ciencia en el país. La historia de la fisiología entre nosotros no se ha escrito aún”(15). Como puede observarse, una vez más, una escritura que dé cuenta de la medicina argentina, o de alguna de sus especialidades, es todavía un proyecto a concretar.
Pero como señalábamos, Houssay se refiere sobre todo al objeto ciencia argentina, así lo hace a lo largo de la conferencia “Debe ayudarse a la ciencia argentina” (1933), o, bajo denominaciones similares que remiten a nuestra ciencia o nuestra cultura científica en su reflexión sobre “El porvenir de las ciencias en Argentina” (1929). En su concepción de una ciencia nacional, Houssay se inspira en una idea formulada por Louis Pasteur: “si la ciencia no tiene patria, el hombre de ciencia debe tener la preocupación de todo lo que puede hacer la gloria de su patria; en todo sabio encontraréis un gran patriota”(16). A partir de aquí, a la ciencia patriótica se le presentarán dos enemigos fundamentales: el patrioterismo y el antipatriotismo. Bajo los discursos patrioteros, se inscribe la creencia fundamentalista de que son inmejorables las investigaciones realizadas en el país. Houssay denuncia cierta tendencia a caracterizar de argentino a todo medicamento o método formulado por cualquier investigador, suponiendo así que se honra al país sin notar que -en realidad- se está utilizando la bandera para intentar avalar productos deficientes que atentan contra el prestigio nacional. En el otro extremo, el antipatriotismo se traduce en la falta de confianza en la producción científica local. Más frecuentes que los patrioteros, los antipatriotas descreen que en el país haya una ciencia comparable con la de otras naciones, menosprecian la posibilidad de destacarse de nuestros científicos y promueven la convicción de que todo profesional extranjero -“de tercera a décima categoría, que son los que generalmente vienen contratados”- tiene más valor -y se les debe pagar más- que (a) un nativo(16).
Entre ambos extremos igualmente dañinos, Houssay propone una posición intermedia. Se trata del “verdadero patriotismo”, basado en una confianza realista en el progreso científico del país. En términos estructurales, el objeto ciencia nacional-patriótica se conforma a partir de una serie de infinitivos que balizan la misión del hombre de ciencias: formar discípulos, estimular las vocaciones, asistir a las sociedades y congresos, relacionar el medio científico del país con el de las naciones más adelantadas, premiar al trabajo original, intensificar la enseñanza práctica, someter los resultados de los trabajos a la discusión mundial, y sobre todo, estudiar con mucha atención los problemas propios del país.
En relación con la cuestión de los médicos extranjeros, las reservas de Houssay no se han limitado tan sólo a sus señalamientos en la definición de una ciencia antipatriótica. En el discurso inaugural de cátedra de fisiología de 1926 (“La fisiología y la medicina”) luego de la recapitulación histórica sobre los logros alcanzados por los médicos argentinos, señala su anhelo de que “pronto no sea necesario traer profesores extranjeros y se acuda a los meritorios fisiólogos nuestros”(17). Así como Wilde ponía en cuestión la preparación de los médicos foráneos arribados al país, medio siglo después Houssay esbozará una suerte de balance sobre el trabajo de aquellos profesionales extranjeros convocados para enseñar la medicina en la Argentina:
“La importación de profesores extranjeros debe reservarse a casos de excepción o bien estudiados, o a los de necesidad urgente. Sus resultados han sido variables, algunos han hecho obra científica señalada, otros se enquistan del ambiente, otros se dejan absorber por las profesiones o los negocios. Rara vez han llegado figuras de primera fila, varias veces han sido deficientes y algunos inferiores a otros del país. Es difícil que comprendan el ambiente de nuestra historia, el espíritu de los jóvenes, que sepan estimularlos sin desmayar por las dificultades, que tengan fe y perseverancia patriótica. Muchos aprecian poco al país y los hay que lo desprecian”(16).
En su mirada, la experiencia no ha sido satisfactoria a causa, en parte, de la falta de comprensión de nuestra cultura y del compromiso con la patria en materia de desarrollo científico. Puede observarse, tanto en Wilde como en Houssay, el interés por no sobrevalorar la medicina extranjera y al mismo tiempo dejar de subestimar la producción y el potencial local. En este sentido y en tanto los discursos están dirigidos a estudiantes, egresados y colegas, las palabras apuntarán a enfatizar la responsabilidad pero también la confianza y el prestigio de los médicos argentinos. Dentro de esta problemática, Houssay destaca, entre los “vicios” frecuentes de los egresados locales, los deseos de figuración y de generar admiración, así como el afán sensacionalista y la búsqueda de honores extranjeros. Se podría decir que, en correspondencia con los señalamientos de Wilde, Houssay da cuenta de la otra cara del fenómeno. Si Wilde criticaba el desmedido prestigio social con que la comunidad argentina recibía y pretendía vincularse con los médicos extranjeros, Houssay destaca -como otro obstáculo para la ciencia nacional- el superficial deseo de los médicos locales de alcanzar distinciones y renombre en el exterior, antes que colaborar en el desarrollo científico nacional.
Finalmente, debe destacarse que así como en los enfoques de Wilde, Montes de Oca e Ingenieros, la idea de una medicina argentina estaba muy vinculada no sólo con el desarrollo de las ideas científicas autóctonas sino también con su escritura y con su posterior divulgación en el ámbito internacional; también Houssay enfatizará este punto. En el “Discurso homenaje” (1934) por sus 25 años como profesor, el fisiólogo refiere la importancia de difundir las investigaciones locales, siempre y cuando se trate de un trabajo correcto y verificado. La aclaración surge a causa de que en el pasado, muchas elaboraciones sudamericanas no han resultado serias y han otorgado una “mala reputación” a la región. En este sentido, Houssay subraya: “No permito que se publiquen notas previas, porque eso suele querer decir un trabajo incompleto”(18). Sólo el esfuerzo intenso, prolongado y paciente tiene como fruto una obra científica seria, jamás es consecuencia de la suerte, de la intuición o de los conocimientos casuales. Asimismo, refuerza la idea de que si bien los trabajos argentinos no tienen una difusión muy rápida y fácil, llegan a ser conocidos y valorados cuando son sólidos y precisos. Como portavoz de la investigación universitaria nacional -no ya limitada al área médica, sino a las distintas dimensiones científicas- concluye: “La investigación es la característica de la Universidad, que debe crear y propagar los conocimientos. Lo primero es crearlos, lo segundo divulgarlos”(18).
Resulta lógico comprender que las primeras reflexiones acerca de una medicina argentina tengan lugar a partir de la segunda mitad del siglo XIX, momento en que se comienza a imaginar una unidad en el país y una organización nacional, así como se producen los inicios de una vida asociativa entre los médicos argentinos: en 1860 se funda la Asociación Médica, en 1864 surge la Revista Médico-Quirúrgica, en tanto que el Círculo Médico Argentino tiene lugar en la década siguiente. El tema en cuestión ofrece sus primeros abordajes con los enunciados de Montes de Oca (1854) y, luego de distintas aproximaciones, el tópico de la medicina y de la ciencia nacional manifiesta una exposición mayor en la extensa obra discursiva de Bernardo Houssay, hacia las décadas de 1920 y 1930, y en una serie formulaciones en las que se reiteran no sólo algunos elementos referidos anteriormente, sino también las formas enunciativas que daban cuenta de ellos.
Sin embargo, la construcción una medicina argentina parece no implicar únicamente una revisión histórica de sus padres fundadores, tampoco parece comprender sólo la exposición de las patologías locales o el planteo de las problemáticas esbozadas (la dificultad de producir y divulgar, los conflictos de competencia y prestigio frente a los médicos extranjeros). Sus reflexiones han llevado a indagar rasgos constitutivos de la identidad, del compromiso patriótico y de las actitudes y conductas representativas de la idiosincrasia argentina. De ahí que se trate de un desafío todavía más profundo y que prevalezca -como otra significativa regularidad que hace a su construcción discursiva- su recurrente formulación metafórica como un programa a futuro: un edificio a construir, una página a escribir, un proyecto a materializar.
Notas al pie de página.
a. Este trabajo se desprende de un proyecto de investigación mayor titulado: “La palabra de Bernardo Houssay (1910-1940) en la tradición discursiva de los médicos argentinos” y financiado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet, Argentina), cuyo propósito general es el estudio de los enunciados de Houssay a partir del análisis de tópicos y formas enunciativas instaladas previamente en el discurso médico nacional.
b. Militar argentino, representante de la aristocracia rural, Juan Manuel de Rosas (1793-1877) dirigió políticamente el país entre 1835 y 1852. Se trata de una figura controversial, considerada por sus detractores como un tirano, instigador del terror de Estado, la tortura y la muerte; y por sus admiradores, como un líder de los sectores populares.
c. Esta publicación pionera tuvo lugar entre 1864 y 1888, y debatió sobre la enseñanza médica, la asistencia hospitalaria, el estado sanitario de la población y las iniciativas en torno a epidemias, vacunación, limpieza de las calles y reglamentación de la prostitución. A pesar del pesimismo de Wilde, se considera que la Revista Médico-Quirúrgica colaboró tanto para que la esfera médica encontrara una dimensión fundamental de identidad, exaltación y reconocimiento, como para exponer la afirmación combativa de los ideales positivistas frente a las tradiciones religiosas que persistían en las instituciones de la salud.
1. Montes de Oca MA. Ensayo sobre las enfermedades en Buenos Aires. Tesis de doctorado. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires; 1854.
2. Maingueneau D. L´analyse du discours et ses frontières. Marges linguistiques 2005; 9:64-75.
3. Foucault M. La arqueología del saber. México: Siglo XXI; 2008.
4. Grize JB. Logique et Langage. París: Ophrys; 1990.
5. Buchbinder P. Historia de las universidades argentinas. Buenos Aires: Sudamericana; 2005.
6. Pérgola F. Historia de la medicina argentina. Buenos Aires: Eudeba; 2014.
7. Ingenieros J. (Ed). Archivos de Psiquiatría y Criminología. Buenos Aires: Talleres Gráficos de la Penitenciaría Nacional; 1902-1913.
8. Wilde E. Exámenes en la Facultad. En: Peuser J. (Ed). Obras Completas. Primera Parte: Científicas. Buenos Aires: Peuser; 1923. p.171-174
9. Wilde E. Discurso Pronunciado en la Asociación Médica, al recibir la medalla con que se premió la tesis sobre el hipo, en noviembre de 1870. En: Peuser J. (Ed). Obras Completas. Primera Parte: Científicas. Buenos Aires: Peuser; 1923. p. 162-166.
10. Wilde E. Disertación sobre El Hipo. En: Peuser J. (Ed). Obras Completas. Primera Parte: Científicas. Buenos Aires: Peuser; 1923. p. 3-46.
11. Montes de Oca MA. Discurso Inaugural de la Cátedra de Cirugía. En: Cantón E. (Ed). La Facultad de Medicina y sus escuelas. Tercera Parte, Tomo VII. Buenos Aires: Casa Editora Coni; 1921. 62-68.
12. Ingenieros J. La personalidad intelectual de José María Ramos Mejía. En: Obras Completas, Tomo VI. Buenos Aires: Mar Océano; 1961. p. 418-446.
13. Ramos-Mejía, JM. Estudios Clínicos de enfermedades nerviosas y mentales. Buenos Aires: Félix Lajouane; 1893.
14. Ingenieros J. Los estudios psicológicos en la Argentina. En: Vezzetti H. (Ed). El nacimiento de la psicología en Argentina. Pensamiento psicológico y positivismo. Buenos Aires: Punto Sur; 1988. p. 61-78.
15. Houssay B. La enseñanza de la fisiología. En: Barrios Medina A. (Ed). Escritos y discursos del Dr. Bernardo Houssay. Buenos Aires: Eudeba; 1989. p. 101-109.
16. Houssay B. El porvenir de las ciencias en Argentina. En: Barrios Medina A. (Ed). Escritos y discursos del Dr. Bernardo Houssay. Buenos Aires: Eudeba; 1989. p. 271-283.
17. Houssay B. La fisiología y la medicina. En: Barrios Medina A. (Ed). Escritos y discursos del Dr. Bernardo Houssay. Buenos Aires: Eudeba; 1989. p. 110-120.
18. Houssay B. Discurso en el homenaje que se le tributó al cumplir 25 años de profesor. En: Barrios Medina A. (Ed). Escritos y discursos del Dr. Bernardo Houssay Buenos Aires: Eudeba; 1989. p. 559-568.