González G., M. A. (2020). Humanitas demens. Plumilla Educativa, 25 (1), 09-12. DOI: 10.30554/pe.1.3825.2020.

 

Humanitas demens

 

Mi mente esta hecha de tal modo que nada puede apreciar más en esta vida que la amistad.

¿Puede, por ventura, amar a alguien aquel que a sí mismo se aborrezca? ¿Es posible, acaso, que esté de acuerdo con otro, quien no lo esté consigo? ¿Puede agradar a los demás el que para sí sea molesto e insoportable? Erasmo de Rotterdam en Elogio de la locura.  

 

 

El elogio de la locura (1469) de Erasmo es un libro de su época, aborda varias dimensiones sociales y personales donde conversa de todo sin que le surja grave riesgo, al fin de cuentas es la locura quien habla, es la locura llena de palabra, llena de ideas. Afirmaciones como “Aborrezco al oyente que se acuerda de todo”, “Odio al invitado que tiene buena memoria”, “los filósofos… creen saberlo todo ni se conocen a sí mismos”, son el eco de su vivacidad. Poco se le escapa a la locura, se ríe del uno, del otro, del religioso, del pensador, del allí, del acá, de ahora, del mañana y, como no, se burla de sí misma. Es todo un juego de ironías para describir a las gentes de su época, y si vamos con cuidado, aún encontramos líneas para este siglo XXI que va como las cabras.

El homo demens confunde lo objetivo con lo subjetivo, es anarquía entre razón y emoción, acude a la superposición de una voluntad sin norte. Lo demens no realiza filtros a la emoción, donde la ilusión, sueño y mito se confunden con la realidad cotidiana, científica y religiosa. Lo demens posee las vertientes, lo biológico, el desorden neuronal, una enfermedad; lo cultural o pérdida de conexión con el entorno;  la que lleva a la creatividad, a la producción artística, a la genialidad -el Quijote el clásico ejemplo-, o la que conduce a la destrucción, a la justificación de las mayores perversidades políticas o religiosas.

Del homo demens, en particular, hemos saltado al socio-humanitas demens, en colectivo, un caso tipo en esta sociedad del siglo XXI, donde la mayoría parecemos demens que perseguimos a los otros porque sí, porque no, porque piensan, porque juegan, porque hablan, porque silencian, porque ordenan, porque desordenan, porque follan, porque se abstienen, porque son famosos o porque nadie les identifica.

Vamos por demencias colectivas, los poderes y sus lenguajes nos vienen vendiendo, cada vez, en periodos más cortos enfermedades generalizadas, del Sida, la H1N1, el Ébola, el zika, hasta que llegamos al Coronavirus ¿A quien le interesa tornarnos demens? ¿En cuál poder o en qué laboratorio duerme la próxima pandemia?

En miedos y olvidos pedagógicos, González (2014), en relación con las pandemias, expone que “La literatura ha hecho buenos acopios de estas ficciones-realidades. Las distintas religiones siempre han anunciado y temido a las plagas, de hecho, han hecho su fortín para los fanáticos. La biblia las tiene en varios lugares conversaciones sobre enfermedades, en el Éxodo sitúa sus siete plagas de Egipto, una a una fue llegando como castigo divino -agua en sangre, ranas, piojos, moscas, peste al ganado, úlceras, lluvia de granizo y fuego-.  Decameron (1351-1353) de Boccacio, con ingenio literario, en las afueras de Florencia ubica la historia de unos personajes que huyen de la peste bubónica o negra. Diario del año de la Peste (1722), Daniel Defoe, una ficción, no es claro que así lo sea del todo, donde describe a Londres invadido por una plaga.  El último hombre (1826) de Mary Sheley, la autora de Frankenstein, nos relata un mundo futuro arrasado por una plaga. La Peste Escarlata (1912) por Jack London, coloca una sociedad en el año 2013 que es arrasada por una peste. La peste (1947) escrita por Camus, nos va llevando por las penurias sociales en Orhan, su confinamiento ordenado por el Estado, los dramas de vida y muerte que se viven donde fracasan las tradiciones y resurgen nuevas solidaridades. El amor en los tiempos del Cólera (1985) de García Márquez, narra una historia de amor en medio de la devastación por el cólera, al fin de cuentas, en medio del dolor, el amor y la esperanza siguen. La ceguera, de Saramago, nos vuelve a mostrar que ante las enfermedades masivas los estados acuden al aislamiento y, si es el caso, a la desaparición de los infectados; los grupos criminales no se detienen, pero tampoco el Estado deja de hostigar a los enfermos. Como sabemos, la literatura, el cine y otras series televisivas han hecho de las pandemias todo un escenario de desolación humanas. En general las pandemias nos enrutan de otras maneras, las dificultades de seguir la vida normal, de encontrar alimentos, medicinas y servicios que hemos naturalizado se agudizan en las sociedades cuando surge una peste, a esas precariedades le tememos”.

No podemos generalizar, pero en la mayoría de estos textos se encuentran salidas a esas locuras generalizadas por una pandemia entre las cuales aparecen la paciencia, la prudencia, el sentido del humor, la solidaridad, el cooperativismo, la confianza y la aventura a no dejarse vencer. Hoy parecen olvidadas dichas expresiones, en lugar de solidaridad es soledad, en lugar de confianza es desconfianza, en lugar de amor a las multitudes es odio por ellas, como si nosotros no fuésemos esa multitud; en lugar de humor agriedad; en lugar de paciencia exigencia, en lugar de democracia imposición. Estamos no en el homo demens en particular sino en la Humanitas demens en general.

 

En los inicios de la esta crisis pusimos el acento donde no es, papel higiénico harán por toneladas, para eso están las empresas de papel, incluso, de no haberlo, hay sustitutos, para lo que no hay remplazos es para la muerte, no hay resurrecciones, excepto en ficciones religiosas, la ciencia no avanza en eso lo suficiente. El caso con youtubers, influencers actuales, que parece ser el último gran avance de la humanitas demens, dicen cualquier barbaridad y el mundo les premia con dinero, con fama, justo ahí, muchos académicos cayeron, olvidándose que de ellos esperamos y requerimos fuerza intelectual para encontrar caminos, alternativas a los problemas, pero, a tal liviantés, llegaron algunos intelectuales que, sin conocer a profundidad el problema, publican análisis apurados, libros oportunistas con soluciones rocambolescas, faranduleras, apresuradas e impracticables.

 

Estamos plagados de youtubers inundando redes con sandeces o faranduleros entregando alternativas imposibles; aquí es donde requerimos a los académicos, ayudándonos a pensar en serio, a ver alternativas, poniendo el acento en lo que gentes sin formación no logran visualizar, o lo que presidentes y dirigentes no logran resolver. Se nos están muriendo los viejos que han construido lo que hoy tenemos, que ingratitud, incluso jóvenes que se creían liberados, pagan con la vida la irresponsabilidad de los estados para confrontar esta crisis.

 

Requerimos de gentes académicas para que nos ayuden a ver opciones en la crisis, para tensar a los ineptos dirigentes, a la corruptela que se lucra con la salud, con la medicina, con los mercados para los más necesitados; precisamos intelectuales para exigirle a los poderes acciones serias y programadas porque esto de los virus, bacterias, hongos (gérmenes), no nos siga sorprendiendo de la peor manera. Invertimos más dinero en guerras, en construir muros para encerrar universidades, colegios, escuelas, en teléfonos ¿inteligentes? en youtubers, en escenarios deportivos, en moda, en farándula, que en grandes investigaciones científicas que elaboren  medicinas para adelantarse a las enfermedades que son, entre otras cosas, como los políticos, previsibles.

Un abrazo y esperamos importantes apuestas intelectuales en torno a serios problemas sociales, epocales, no a viajes faranduleros a la realidad, para youtubers e influencers nos bastan una millonada exponiendo barbaridades que, junto a dirigentes y a sujetos perdidos en la codicia, la envidia, el egoísmo, la ingratitud, la irresponsabilidad y la insolidaridad, estamos haciendo el tránsito del homo demens en particular al humanitas demens en general; cuan vigente es Erasmo de Rotterdam con su Elogio a la locura: “Pero yo pregunto: criticar la especie humana sin atacar a nadie en particular ¿es morder? ¿no es más bien educar y aconsejar?”.

 

Miguel Alberto González González

Director Revista Plumilla Educativa