González G, M. A. (2019). La voluntad del ciclismo y sus esperanzadores valores. Plumilla Educativa, 24 (2), 09-13. DOI 10.30554/p.e.2.3581.2019

La voluntad del ciclismo y sus esperanzadores valores

 

La buena voluntad no es buena por lo que efectúe o realice, no es buena por su adecuación para alcanzar algún fin que nos hayamos propuesto; es buena sólo por el querer, es decir, es buena en sí misma. Kant en Fundamentación metafísica de las costumbres.

 

 

No sólo estamos inscritos, también escribimos, podemos tener mucha información, pero no disponer de la correcta o no lograr comprenderla por desajustes lingüísticos; de hecho, estamos intoxicados con exceso de datos que no nos permite pensar con tranquilidad. La voluntad es viable en sí misma, carece de carga valórica, si la voluntad carece de valoración, no ocurre lo mismo con sus acciones, entre voluntar y hacer existe un espacio que reordenan potencia y acto. Voluntad, su origen es latín, voluntas, que traduce querer, desear, de ahí viene voluntario, benevolencia, malévolo.

Se explicitan valores universales, disciplinares y locales, todos en la línea de que los humanos aprendamos a vivir mejor, a vivir en juntedades. He decidido adentrarme por el ciclismo, uno de los deportes más vistosos del mundo, no índica ello que sea el mejor pago ni el más fácil de practicar, pero lo que sí es innegables es la práctica de valores que viene movilizando, un esfuerzo envidiable, de pedal a pedal. No es una actividad humana perfecta, tiene bastantes errores, pero, aún así, lo viene haciendo mejor que los demás deportes.

Para quienes no conocen, les informamos que existen más de cien carreras al año, pero tres son las más destacadas, Giro de Italia, Vuelta a España y Tour de France. Triunfar en el Tour es como ganarse un mundial de futbol, es de enorme prestigio, uno de los eventos con mayor audiencia en el mundo, el que mayores aficionados lleva a las carreteras, es de los pocos espectáculos donde el asistente no paga, no obstante, todo lo anterior es anecdótico, pero lo que deseo exponer no lo es.

No hay un deporte en el mundo, de este siglo XXI marrullero, con la dignidad del ciclismo, es el único deporte en el que un ganador de una etapa o de una vuelta puede ser desposeído al día siguiente o muchos años después si le encuentran actos ilegales, desde motores en una bicicleta, ayudas indebidas de aficionados o las consabidas adulteraciones sanguíneas, el dopaje.

Los olímpicos suelen desposeer de las medallas a los ganadores, bien por irregularidades en la competencia o por uso de dopajes, ese, es otro buen ejemplo por destacar, pero es el ciclismo el deporte con mayores controles a los estimulantes, con las normas más estrictas para evitar jóvenes entregados a la ilegalidad de su quehacer.

El estadunidense Armstrong, quien no supo desacelerar la sed de victoria ni desacelerar el tiempo, triunfó en siete tours de 1999 a 2005, una cifra impensada, cuando la máxima han sido cinco -Merckx, Hinault, Induraín. En principio, una hombrada, pero años después de su último tour le encontraron practicas de dopaje y, leer con atención, sus siete tours, junto a cada una de las etapas donde venció le fueron despojadas, no hubo abogado, que los hay para todo, que lograra devolverle lo que adquirió en forma ilegítima, esa decisión fue adoptada en el 2012; hoy se dedica a comentarista deportivo, actividad que por lo visto ejerce cualquiera, y, desde ahí trata de responderle, evadiendo sus tiempos, a la humanidad por sus conductas antideportivas ¿Cuál es la humanidad que puede darse el lujo de exigir actos correctos a sus deportistas? ¿Es Armstrong un hijo de su tiempo que al ser exigido de ganar más y más no supo resolverlo para dedicarse a dopar su cuerpo? Lo que emociona es que apareció todo el poder ético del ciclismo para decirle basta, para mostrarle que la gloria mal habida no tiene sentido en ese deporte; decisión que nos alegra para no caer en ninguna justificación o enredo tropical.

En la mendicidad vital de los valores sociales no sabemos por donde va el agua a los molinos. Es el caso del futbol, pleno de malos ejemplos, pleno de periodistas que venden la guerra, que maltratan a los propios deportistas; recuerdo que hubo un jugador que hizo un gol con una mano, su equipo fue campeón y hasta hoy nadie le ha podido suspender el título a los argentinos, allí celebran con Maradona, ese extraño ser que idolatran muchos medios de información, sin sentir un ápice de remordimiento ético o siquiera cultural, “La mano de dios”, responden, como si tal; existen múltiples ejemplos de goles con la mano, de fingir penales que sirvieron para titular equipos, otros casos de goles que nunca fueron porque el arbitro fue comprado y los validó, el caso es que hasta hoy nadie, dentro del futbol, se siente capaz de suspender esas mentidas, esas lamentables victorias.

En el deporte colombiano, existe el pensamiento asteroide, el de hacerse fugaz y veloz para no ser visto, varios equipos fueron campeones con dineros del narcotráfico, con asesinatos de árbitros, de jugadores, de periodistas y a ninguno le han quitado un título, allí reposan sus trofeos sangrantes, sus trofeos del dolor humano, sus trofeos untados de drogas, de crímenes, sus trofeos de cementerio y cárcel, pero nadie ha dicho, siquiera por gallardía, los devuelvo, no los merecemos, son títulos de la tragedia, del asco, del horror, momentos que deseamos superar; no hay tanta gentileza para ello. No conozco algún aficionado o directivo movilizando conciencias para desposeerse de esos logros ilegales; igual podemos revisar en otras esferas del mundo.

Uno está hecho de su pasado, por ello, los jugadores del fútbol, aún hoy, con tecnologías de por medio, siguen gambeteando las realidades, mienten al arbitro, a sus dirigentes, a los aficionados, fingen faltas, golpean al rival, gritan groserías, ofenden con gestos obscenos, hacen escenas de dolor o fingen falta para que expulsen al contrario y cuando pierde encuentran mil disculpas, pero es raro que reconozcan la superioridad del rival sin encontrar excusas; en ese deporte no existe un control antidopaje extendido, algunos han jugado drogados, alcoholizados o bajo el efecto de diversas sustancias que no controlan, eso lo han dicho futbolistas y entrenadores retirados; por suerte, no es ese el caso del ciclismo de este milenio, dos ciclistas que se agreden a manos o palabras pueden ser excluidos de la competencia, si les encuentran faltas de comportamiento indebido les pueden generar multas o expulsiones; al ganador de una etapa se le reconoce y al otro día la mayoría de los participantes le aplauden, le felicitan, nadie intenta desprestigiar su triunfo; esa victoria no lo libera del control antidopaje, incluso, puede saltar los controles del presente, no obstante, si en el futuro descubren algo ilegal le suprimen su triunfo y no existe abogado, político o criminal que pueda invertir esa decisión.

Giramos de la inquietud a la alarma porque vemos que, en el futbol, boxeo, golf, béisbol, basquetbol, hockey, futbol americano, esto por citar los más reconocidos, no les rigen controles ni normas éticas que pongan en riesgo el devenir de sus triunfos, de ahí que su quehacer pasa por la victoria a toda costa, sabedores que nadie les va a despojar del título, de ahí que no les tensione ese orden simbólico de vencer sin atender a las mínimas prácticas éticas.

Cierto, estamos un poco confundidos, creemos que los jueces son corruptos y nosotros no; incluso, Nietzsche nos aclara al enunciarnos que la diferencia entre buenos y malos es que nosotros nos creemos los buenos. Estos deportes con tanta audiencia vienen signando a la humanidad, haciéndoles creer que la trampa y la pillería si valen la pena, que ser grosero, fingidor y mentiroso es una habilidad a cultivar. Por suerte, tenemos el ciclismo, un deporte que viene mostrando que no todo es válido,  que ganar no tiene sentido cuando se realiza de malas maneras, por buena nueva, al futbol le han integrado el VAR (Video Assistant Referee - Arbitros asistentes de video) para no permitir goles fantasmas, goles irregulares, jugadas previas ilegítimas, para sancionar a jugadores provocadores, pendencieros o que simulan faltas, no obstante, periodistas hay que se oponen a esta tecnología porque le quita dizque intensidad al partido, porque dizque esperar un poco es una tortura para sus afanes, prefieren el error, la mentira a un juego limpio, así estamos.

Nos falta una visión panorámica de muchos actos humanos, hemos aceptado y aprobado el derrumbamiento de ciertos valores que no podrían ser conmutables, hoy hemos caído en el exitismo, en el triunfalismo a todo vendaval, de ahí que aprendimos a tener hambre después de haber comido para justificar cualquier acción. Eso es lo que nos ocurre con los grandes deportistas, eso nos viene sucediendo en los distintos deportes, nada es suficiente y entonces toca dopar los cuerpos, así como en cierta ciencia se dopan las mentes y en ciertas academias se dopan las hojas de vida con publicaciones improcedentes.

 

La voluntad del ciclismo y sus esperanzadores valores nos animan a creer que sí es posible confrontar la ilegalidad, que sí es posible la hermandad, la dignidad y la justicia deportiva. Si existe algún deporte que nos esté poniendo a la vanguardia en valores sociales es el ciclismo, de sus prácticas éticas debemos aprender, de sus prácticas deportivas disfrutar porque allí no todo vale, no se dejaron enceguecer con las pifias del futbol, las groserías del boxeo o las fantochadas de los corredores de autos a quienes nadie les controla su dopaje ni su grosería.

Se dice que quienes quieren cambiar el mundo suelen dañar el suyo; pero es un buen momento para asumir riesgos más amplios como lo emprende hoy el ciclismo y algunos grupos sociales minoritarios. Cada rato se lee sobre ciclistas que van a la cárcel, de falsos médicos, de empresas dedicadas a la venta de dopajes que son llevadas a la justicia, de eso nada se sabe en el fútbol, basquetbol, motociclismo, tenis, cricket o béisbol, ya es tiempo de cambiar su mundo sin dañar el de los demás.

Un deontólogo purista podría cuestionar los paradigmas sociales, pero jamás dejar a la deriva ciertos rituales del encuentro con el otro que le corresponden al deporte conservarlos. Sea esta la oportunidad para que los teóricos de la educación, para que los formadores de formadores entendamos que no todo es practicable y que el límite de mis acciones no han de ser regladas sino sustentadas en una voluntad seria, de una voluntad por el no todo vale, de una voluntad que obvie los atajos, porque para hablar sobre diversidad,  inclusión, educación,  equidad o justicia, primero debemos tener una alta voluntad, al estilo kantiano, para potenciar los valores que dignifican al Ser Humano, que en un deporte como el ciclismo, nos viene enseñando. Por fin, una embriaguez de lo racional y lo emocional. 

 

Miguel Alberto González González

Director Revista Plumilla Educativa