Ortotanasia y distanasia

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Luis Miguel Ramírez

Resumen

Una de las principales funciones del médico general o especialista es el cuidado del enfermo terminal o concluyente con ayuda de todo el personal paramédico de la institución hospitalaria (si la persona se halla internada en una institución) o de la familia en el hogar. La importancia de este procedimiento guarda relación con las denominadas ORTOTANASIA Y DISTANASIA.
La ORTOTANASIA (del gr. orthós, recto, -derecho, correcto-; thanatos, muerte), o muerte correcta, precisa no alargar la vida por mecanismos artificiales. Muchos enfermos requieren asistencia respiratoria, circulatoria, alimentaria y eliminatoria por medio de cánulas o sondas idóneamente instaladas en los sitios precisos para ayudar a prolongar la vida de aquéllos. Este procedimiento garantiza, en parte, un soporte, pero no el alivio del dolor que pueda soportar el enfermo. Asimismo, la decisión voluntaria, previamente considerada por el paciente, o la familia de no aplicar tecnología médica compleja y costosa o de retirarla en el tiempo prudente en el paciente concluyente no exime a éste de síntomas algésicos o dolorosos que, en muchas ocasiones, no puede expresarlos o el médico percibirlos.
En el primer caso todo el personal médico, general y especializado, y paramédico deben responsabilizarse de toda la atención mínima y máxima que requiera el enfermo. Es necesario evitar la negligencia médica o la distracción burlona de enfermeros, enfermeras o auxiliares. No se deben prescribir medicamentos innecesarios que “justifiquen la atención privada y la estancia en la institución” o satisfagan la vanidad seudoboyante de la economía inope de la familia. Ningún sentido tienen los exámenes paraclínicos de alta tecnología si el clínico de turno ha precisado con antelación la patología del enfermo terminal. Ni qué decir tiene acerca de las maniobras físicas o de posición que provocan más dolor y molestia que alivio al paciente. Ojalá que los profesionales especializados, afectados de procesos virales, tengan la precaución de usar tapabocas para evitar otro mal de aquel que pretenden tratar en el paciente concluyente. Si los enfermos se quejan y piden ayuda por medio de sus familiares, no tratarlos de “mimados”, “difíciles” o “poco colaboradores”. Frente a estas circunstancias no se puede olvidar que se trata de enfermos finales a los cuales hay que colaborar con dedicación, sinceridad, responsabilidad y esmero.

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Editorial